www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4922199
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 921 - ver ahora
Transcripción completa

Nunca había sentido lo que estoy sintiendo.

Padre, estoy... estoy enamorada de usted.

-"De ti, sí,"

me pensé "prendao",...

pero con ese beso...

Total, que...

me he "dao" cuenta que mi corazón sigue siendo de Pilarín.

-Ya, ya, que sigues "enamorao" de tu difunta.

-A lo mejor,... cuando los dos nos sintamos menos...

o más solteros,...

-A lo mejor entonces. -Doña Celia, ¿se marea usted?

-No, no, es que estoy un poco cansada.

Nada más. Prima, ¿está segura?

Ayer dijo lo mismo y el descanso no parece haber surtido efecto.

Ahora me siento con fuerzas para enfrentarme a la situación,

para encarar a Lucía. No pierdas de vista

que esto no va a ser cosa de un momento decirle "no"

y asunto concluido.

Llegaré al final.

-Mañana tengo que viajar a Oporto por unas cuestiones del marqués,

¿tendría usted a bien hacer compañía a las mujeres de esta casa?

Faltaría más.

-"El cartero te acaba de dejar este sobre".

-¿Quién lo manda? -Tu primo Jacinto,

dice que viene para Acacias. -¡No!

-¡Está peleando! -Ah.

Estará empezando el combate.

-¡Ah! ¿Con quién se está peleando,

y por qué?

-En el cuadrilátero, como los caballeros.

-Voy a impedir ese combate. -Y yo voy de refuerzo.

(Suena la campana)

(Griterío)

-¡Dios mío, pero qué salvajes! -Es un deporte de caballeros.

¡Cuidado, Liberto!

(GRITAN)

-¡Madre! Muy oportuna.

-Nueve, ocho,

siete, seis, cinco,

cuatro, tres,...

-¡Madre! -¡Rosina!

-Ya, ya, ya. -¡Suéltame!

-Había sido un combate limpio hasta que ha llegado usted.

Te quiero muchísimo.

No, no...

No, padre, por favor.

(Griterío de niños jugando)

-Cuando veamos al médico, se lo voy a preguntar.

-A mí me da igual lo que diga el doctor, si yo quiero dos suizos,

me voy a comer dos suizos, hombre ya.

(CARRASPEA)

-Buenos días. -Buenos días.

Sentaos a desayunar antes de que mi querida esposa

acabe todo lo que hay en la mesa.

-Uy, claro, que tiene que comer por dos, a ver ¿qué quiere,

que se muera de hambre? -Lolita, no te esfuerces

que no te van a entender, ahora, estate preparada,

que cuando te quedes encinta, este será igual de metomentodo que este.

-Bueno, que este tiene algo que contarles.

-No sabes los escalofríos que me entran cuando alguien en esta casa

me dice que tiene algo que contarme.

-Que esto es bueno, don Ramón.

-Que nos casamos.

-Pero eso no es nada que contarnos, ya lo sabíamos,

lleváis con eso un año.

-No, no, doña Trini, que nos casamos ya,

sin esperar a "na", dentro de cuatro días.

(GRITA) -¡Cuatro días, ay, por favor!

Por favor. -¿Cuatro días?

O sea, que habéis estado esperando un año

y ahora tenéis que arreglarlo todo en cuatro días.

-Así es, padre, antes de que llegue otro vecino de Cabrahígo

con nuevas costumbres. -Oye, cuidadito,

no te metas con Cabrahígo. -Ya hemos "reservao" la iglesia

y hemos "hablao" con el padre Telmo. -¿Y el convite,

y los invitados, y el vestido? -Nos tenemos el uno al otro, padre,

es todo lo que necesitamos. -Lo que tenéis es la cabeza

del revés, que ni para llevar pelo os sirve.

-Ay, Ramón, por favor, no protestes. Ya está todo dicho,

se casan en cuatro días y punto.

¿Has "mirao" si hay luna llena? -No, doña Trini.

-Hay que mirarlo. -¿Qué... es eso de la luna llena?

-"Pos" que no os podéis casar en luna llena porque

el niño os va a salir con dos cabezas.

-Pues le compramos dos sombreros. -No te tomes esto a chanza, ¿eh?

-Pero bueno, vamos a ver, ¿alguna vez ha nacido en Cabrahígo

un niño con dos cabezas? -Uy, no, Ramón, claro que no,

porque nadie en Cabrahígo nunca se ha casado en luna llena.

-Yo creo que hay un remedio "pa" lo de las dos cabezas, yo pregunto.

-Pues pregunta, pero rápido.

-Bueno, pues arreglado.

Habrá que escribirle un telegrama a María Luisa,

aunque no sé si va a poder venir en cuatro días.

Me voy corriendo.

-Sí, sí, le acompaño. -Ay, Lola, por favor, ay.

Que nos vamos de boda.

(Sintonía de "Acacias 38")

Buenos días, ¿qué haces despierto tan temprano?

"A quien madruga, Dios le ayuda", dice el refrán.

Bah, vaya refrán más puñetero, con lo bien que se está en la cama

hasta las tantas.

Aunque no sé si eso de madrugar

se puede llamar madrugar sin apenas haber dormido.

Te he estado escuchando toda la noche.

Es cierto.

Ha sido una noche muy larga,

de esas en las que los remordimientos,

los malos pensamientos y los miedos

no han dejado de rondar mi cama. Ya.

¿Quiere tomar un té? No.

Vamos a esperar que se levante Úrsula y nos prepare un desayuno

como Dios manda. Mientras tanto podríamos charlar

y aprovechar la quietud y el silencio de la mañana.

Necesito esa charla, sin la menor duda.

Ay... ¿Qué leías?

Pasajes escogidos al azar del nuevo testamento.

La carta de los corintios.

¿Crees que, como hemos creído todos,

que eres el único hombre de fe

tentado por el diablo? No diga eso de Lucía,

no es una enviada del maligno,

es un ser bello y encantador.

Ah, si el demonio nos presentara seres horribles,

no conseguiría nunca sus objetivos.

¿Te imaginas perder la fe por una mujer antipática, fea,

con una verruga horrible en la nariz?

Desconfía de la belleza, Telmo. No siempre es mala,

pero a veces esconde lo peor.

Ayer hablé con ella.

Ya. De aquí el motivo de esa noche ajetreada.

Le dejé claro que debíamos alejarnos el uno del otro,

para poder seguir adelante en nuestras vidas.

Sí, es un buen propósito, aunque no lo haya más difícil de cumplir.

Fray Guillermo,... ¿cree que estoy abocado al fracaso?

No, yo confío en las personas, ¿cómo no voy a confiar en ti?

Lo que pasa es que es difícil.

Contar uno a uno los granos de un kilo de arroz

sería tarea menos ardua.

Una vez lo intenté y cuando llegué a los 22 000 perdí la cuenta,

y faltaba casi medio kilo por contar.

Siempre me hace sonreír.

Sí. No me imagino contando granos.

Ah, ni lo intentes.

Ahora debes centrarte en abandonar el amor mundano.

Piensa que con el dolor de la pérdida se va a unir

el sentimiento de culpa y el arrepentimiento.

Es lo que me ha impedido conciliar el sueño esta noche.

Conoce muy bien el alma humana, hermano.

A mí también me pasó.

Se llamaba Elena.

Era la mujer más bella que nunca he conocido.

¿Y logró olvidarla? No.

Sigo pensando en ella desde entonces,

todos los días. Tendría yo 23 años,...

pero aprendí a no desearla.

Quizá también yo lo logre.

¿Y la ha vuelto a ver? Sí, hace tres años, por casualidad.

Tenía la esperanza que el tiempo hubiera marchitado su belleza,

pero no fue así,

seguía igual. Incluso más bella que entonces.

¿Habló con ella?

Ni loco. Salí corriendo como alma que lleva el diablo,

y nunca peor usada esta expresión.

Solo quería que el diablo no me robara el alma.

Ya ves, solo soy

un hombre corriente, con sus virtudes

y sus defectos.

Y si yo lo logre,

tú también lo harás.

Dios le oiga, hermano.

Pase el tiempo que pase, siempre será mi maestro.

Me reconforta consultar con usted,

me hace mejor persona y mejor clérigo.

Y ahora voy a avisar a Úrsula, para que prepare ese desayuno.

Bien.

Buenos días. Buenos días.

¿Quieres té? No.

Voy a tomar solo zumo, gracias.

Se echa de menos a Felipe.

Por las mañanas es todo un torbellino.

Sí.

No sé cómo puede tener tanta energía todos los días cuando se levanta.

Tú y yo, desde luego, no somos iguales.

Y menos yo, que llevo varios días con el estómago revuelto.

¿Y por qué no va al médico? Porque ya sé por lo que es,

son las almejas de Nochebuena, que me debieron sentar regular,

pero vamos, que no es grave.

Si a mí lo que me pasa es que echo de menos a mi marido.

Anda que marcharse a Oporto ahora, justo cuando íbamos a ir

a visitar a Tano a Londres. Bueno, prima, serán solo

unos días de retraso del viaje. Sí, tienes razón,

soy una caprichosa.

¿Vas a hacer algo hoy?

No, no, tenía pensado... leer y poco más.

¿Y no vas a ir al taller a seguir con la restauración?

Es que ando sin ánimos, la verdad.

Tengo una idea: vámonos de compras.

No, no, prima, no necesito nada.

Me huelo que en unos días va a ser la boda de Antoñito y Lolita,

¿no vas a querer estrenar un tocado? ¿Ni encargarle un vestido a Susana?

Prima, tengo dos vestidos que estrenar, el verde y el azul,

y no sé, ya veré cuál me pongo. Y usted tiene por lo menos tres,

no seamos derrochadoras.

Sí, es verdad, que tengo un agujero en la mano que parece

que se me van a caer los dineros.

Pero lo que sí tengo que hacer es comprar regalos para Tano.

¿Me acompañas?

Si es que yo no tengo habilidades para con los chicos jóvenes.

Sería más un estorbo que una ayuda.

Ajá. Vas a quedarte encerrada todo el día en tu alcoba

sin tener mayor contacto con la humanidad, ¿no?

Prima,... de verdad, que no me apetece salir.

Lucía, ¿por qué no me cuentas de una vez la verdad?

¿Qué te ocurre?

Nada, nada en concreto.

¿Me vas a decir que no estás triste?

Sí, sí que estoy triste,

pero son los desengaños de la vida.

Eres muy joven para hablar de desengaños.

¿Te ha ocurrido algo con Samuel?

Prima, no se preocupe, de verdad, todo lo que me ocurre

lo cura el tiempo.

Bueno,...

me voy a mi alcoba.

(TARAREA)

-Bueno, pues este es el tradicional, es el roscón de Reyes

de toda la vida, y este es otro que tiene una innovación secreta,

la receta. -¿Cuál?

-Leonor, si te lo cuento ya no tendría gracia, no sería secreto.

Tú pruébalos, dime cuál te gusta más.

-Este.

Este, es como el de toda la vida.

-¿De verdad? -Porque me recuerda mucho

al que hacían Juliana y Víctor aquí, cada año, por Reyes.

Y a todos los vecinos les pasará.

-Pues nada, nos dejamos las innovaciones para el año que viene.

El nuevo llevaba zumo de limón en lugar de agua de azahar,

pero nada, volvemos a la tradición. -Sí.

-Hombre, a las buenas.

Oiga, pues sí que le ha mejorado el ojo, ¿eh?

Vamos, no se le nota nada el golpe. -A simple vista no, pero todavía

siento la zona un poco dolorida. -Qué barbaridad.

Es que no sé cómo podéis llamar sport a una pelea a puñetazos.

-Con normas. Sport de caballeros.

Liberto, le voy a poner un chocolate y un trocito de roscón.

-Oye, Liberto, ¿dónde has ido tan temprano esta mañana?

Cuando me levanté ya no estabas.

-Tenía una reunión con el promotor de la velada.

-No me digas que quieres volver a combatir.

-Era mi intención

Mi derrota de ayer fue por un simple despiste.

Hubiera ganado con facilidad, si Rosina

no me hubiera hecho perder de vista a mi contrincante.

-Pues claro que sí,...

y debía programarse una velada de revancha.

-Eso le he pedido a Alfonso Vivar,

pero se ha negado. -¿Por?

-Porque dice que nadie que se despiste en el cuadrilátero

puede dedicarse al "box".

Ese no conoce a Rosina, como para no hacerle caso.

-Bravo por el señor Vivar, queda alguien con sentido común.

-Entonces, si él no quiere seguir siendo promotor...

-Mi carrera como profesional del pugilismo se ha terminado.

-No, no, no, no, eso no puede ser. No, Liberto, no se puede rendir.

-¿Y qué hago?

-Pues hombre, se puede competir sin promotor.

Es que usted no puede abandonar el don que Dios le ha dado.

-¿Las ha "mandao" también llamar a Lolita a todas?

-Sí, y en menuda hora, que yo me he dejado la limpieza

por la mitad, espero que don Samuel no me eche en falta.

-Yo he pedido permiso a doña Susana.

Esa mujer se pone como una hidra cada vez que me ausento del trabajo

un momento. -Sí, sí, pero luego no le importa

que se quede usted terminando la faena a deshoras.

-No,... eso no.

-"Ende" luego que son "toas"

iguales, unas explotadoras. Ya lo decía mi Martincico,

que en paz descanse, no nos "tien" de esclavos

"pa" despedirnos fácilmente.

-No, eso no. -Casilda,

no empieces a hacer la revolución, que estamos en vísperas

de Reyes Magos. -"Pos" que me traigan carbón.

-Fabiana, ¿y usted sabe para lo que nos ha llamado Lolita?

-Ay, a mí que me registren, Carmen, yo no tengo ni idea.

-Esperemos que no se trate de otra de sus costumbres de Cabrahígo,

porque ya nos "tie" más "mareás" que un pollino.

-No, por Dios, cualquier cosa menos eso.

(RÍEN)

-Uy, ¿qué son esas risas? -Nada, nada, Lolita, hija,

pues cosas nuestras. -Ay.

-Lolita, dinos algo ya, aprisa, que estamos en horario de labor.

-Que me caso.

-Ah.

Pues menuda novedad.

Creo que alguna de nosotras ya lo había "escuchao" antes, ¿no?

-Llevamos casi un año sin oír hablar de otra cosa.

-Que no, que me caso en cuatro días, que "pa" qué esperar más.

-¿Cuatro días, Lolita? Eso no es posible.

-Hasta la iglesia está "prepará".

-Uy, uy, uy, pero si no tienes vestido, chiquilla.

-"Desnua" no me voy a casar. -Bueno, pero tampoco

vas a ir en delantal y cofia.

-Pues, aunque así fuera, yo feliz, que me caso con mi Antoñito,

¿"pa" qué quiero más?

-Ya, Lolita, pero tú seguramente, a ti te van a comprar un vestido,

pero nosotras tendremos que apañarnos algo que ya tengamos,

y deprisa.

-Bueno, no me pongas nerviosa,

que seguro que va a ser una boda pinturera.

Yo he "venío" a decirles eso,

y me voy, hala.

Ah.

Y que están "toas" "invitás".

Claro. (RÍE)

-Esta muchacha se ha vuelto loca.

-No, no, "señá" Fabiana, ya llegó así de su pueblo.

-Tendremos que hacerle un regalo.

-"Pos" "pa" una alhaja no nos alcanzan los ahorros, ¿eh?

-¿Y un pañuelo?

No, eso es poca cosa, ¿no?

-Bueno, pues algo le tendremos que regalar,

tampoco nos vamos a presentar con las manos vacías.

-"Pa" una vez que nos invitan.

-Como no le hagamos una actuación.

Eso es, ¿por qué no le cantamos?

-Eso, más que un regalo, es un castigo.

-Bueno, un regalo bien bonito sería un viaje a su pueblo,

pero entre todas no sacamos ni "pa" mandarla

a los Jardines del Príncipe.

-Bueno, ya pensaremos.

Lo que tenemos que hacer esta tarde es probarnos nuestras mejores ropas,

así, si hay que hacer arreglos, me da tiempo.

-Sí, pero a pensar en el regalo que seguro que se nos ocurre algo

vistoso y barato.

-"¿Cuatro días?".

No da tiempo.

-Ya lo sé, hija, pero no sé, este matrimonio

ha tenido tantos contratiempos que no me atrevo a poner pegas.

-Pero ¿qué va a casarse, sin banquete?

¿Sin invitados? ¿Sin vestido de novia?

-No, pero por eso tengo que organizarlo todo,

yo no me fío de Lolita y Antoñito, me tengo que ocupar de todo yo.

-Mejor, porque esos dos pueden organizar cualquier desaguisado.

-Pero necesito tu ayuda, ¿puedo contar con ella?

-Por supuesto que sí.

De momento te avanzo cuál va a ser el regalo de bodas de Felipe y mío.

El vestido de novia. Si te parece bien,

y si llegamos a tiempo para prepararlo.

-Me parece perfecto, y no sabes lo que te lo agradezco,

ya le he mandado recado a Susana para que nos atienda hoy mismo.

Ven, que me fío mucho de tu buen gusto.

-Claro que sí.

Entre las dos tenemos más posibilidades de convencerla

para que trabaje día y noche.

-Protestará, pero al final lo hará, eso no me preocupa.

Me ha dicho Ramón que se encargaría de las invitaciones,

pero con tanta premura algunas no llegarán.

-Yo voy a ir a la boda aunque no me llegue la invitación.

Lo que lamento es que Felipe esté en Oporto,

le hubiera encantado ir a la boda de Lolita.

-Bueno, hija, ¿qué le vamos a hacer? Cosas de la vida.

Ya me habría gustado a mí que estuvierais los dos en primera fila.

Ah, por cierto, Lucía también está invitada, ¿eh?

-Pues a ver si la convences tú para ir,

está otra vez triste y sin ganas de salir a la calle.

-No sé qué le ocurre a esa chica, si lo tiene todo para ser feliz.

-Pues a lo mejor es eso, que lo no cuesta no se aprecia.

Tiene belleza, una buena posición, cultura,...

-Y un hombre que está loco por casarse con ella.

-A lo mejor es eso.

-Me gusta tanto hablar contigo, que se me olvida lo que tengo que hacer.

-Te acompaño.

-Celia, ¿estás bien? ¿Qué te pasa?

-Nada, nada,...

es un mareo.

Las almejas de Nochebuena, que no me sentaron muy bien.

-¿Sí, no quieres que llame al doctor?

-No, no, no, no, esto son unos días revuelta y luego se me pasa.

-Bueno, si te encuentras mal, me mandas recado y vemos qué hacer.

-Vete, que tienes una boda que organizar.

-Venga.

-¿Qué pone?

-Ni idea.

-Ay, Casilda, si pudiera cambiar algo

en mi vida, aprendería a leer y a escribir.

-Bueno, sabemos que es una lista con las cosas que la "señá" Agustina

necesita "pa" los arreglos de las galas "pa" la fiesta,

así que ahí "tie" que poner botones, hilos,...

De todas formas, nosotras se lo damos a la de la mercería

y ella ya sabrá qué "tie" que darnos.

-Sí, y engañarnos también.

Ay, Casilda, tú deberías ponerte a aprender las letras,

que eres joven y le vas a sacar provecho, mujer.

-El día menos "pensao".

Si doña Leonor siempre me está diciendo que ella me da clases.

Bueno, ¿vamos?

-Venga.

-A los buenos días. -A las buenas, Marcelina.

"Pos" verás, nos pillas ahora mismo que nos vamos.

-Si es solo una pregunta. ¿El Jacinto ha "llegao"?

-Pues no, que yo sepa.

-Bueno, nosotras le hemos "invitao" al casorio de la Lolita,

ahora, lo que no sabemos es si va a venir o no.

-Es que a mi primo, vamos, ni le va ni le viene que se case la Lola.

-Uy, ¿es que se llevan mal?

-No, "na" de eso, Marcelina,

lo que pasa es que "pa" mi primo es más importante que un casamiento,

que una de sus ovejas se ponga de parto o que los pastos

estén mejor en otras zonas.

-Y...

bueno, ¿usted qué interés tiene

en que venga antes o después? -No, no, no,

interés ninguno, ninguno más allá

de la curiosidad y los deseos de volver a verlo.

Que hicimos buenas migas cuando estuvo por estos andurriales.

-Ah, "pos" hale, ya sabe, cuando escuche su grito borreguero

es que ha "llegao". Con Dios.

-Con Dios. -A más ver.

-El mejor es el tradicional, no te empeñes.

-Pues yo creo que este, con un poquito de ralladura de limón

y canela, está muy rico. -A ver, malo no está,

pero los clientes quieren el de siempre.

-Flora, ¿es que va a llegar aquí el año 2000 y en La Deliciosa

se va a seguir haciendo el mismo roscón que hace 50 años?

-Pues ojalá, pero a saber cómo será el mundo en el año 2000.

-Pues igual que ahora,

habrá criadas y señoras y la gente vendrá a La Deliciosa

y se tomará su chocolate con sus melindres.

-No creo,

seguro que en vez de en carruajes, la gente va volando.

-Dios no lo quiera.

-Buenas.

Vengo a devolver los moldes de pudin que nos dejaste

para la cena de Nochebuena. -Me lo hubieras dicho

y hubiera ido yo. -Leonor, ¿cómo crees

que será el mundo en el año 2000? -Uf, vaya pregunta,

no sé... Yo supongo que será maravilloso.

No habrá guerras

y las máquinas harán todo el trabajo, así que los hombres

y las mujeres solo tendremos que... pasear, leer, ir al teatro,...

-O sea, que para las señoras va a ser igual que ahora.

-Para todos, no habrá ni señoras ni criadas.

-Pues a mí lo que me interesa es que los roscones

sean los mismos que ahora. -Espero, porque están buenísimos.

-¿Ves, Íñigo?

El de siempre, el roscón no admite modernidades.

-Te voy a poner un chocolate, que es lo que mejor entra.

-Gracias.

Flora,...

yo no sé si hice bien en contarle a mi madre que Liberto va a pelear.

-Imagínate que le dan un buen sopapo.

-Se lo dieron, y ahora el promotor ha roto el contrato con Liberto.

-Mejor, ese sport es muy peligroso. -Ya, pero...

yo no sé si tengo derecho a impedir que lo practique.

-Puedes haberle salvado la vida, no le des más vueltas.

-Pero bueno, me voy y estáis sonrientes,

vuelvo y hay caras largas.

-Es que estamos hablando de Liberto y el "box".

Que yo no sé si tendríamos que haberle forzado a no practicarlo.

-Pues yo creo que no lo va a abandonar.

Liberto tiene un don y, aunque vosotras no lo creáis,

es una práctica para gente de alto nivel.

Para aristócratas, para nobles,

para gente de alcurnia. -Es una salvajada.

-No, las justas y los torneos eran una salvajada,

y hasta lo practicaban los reyes, pero el boxeo es

inteligencia, es habilidad, estrategia.

Yo creo que Liberto

volverá al cuadrilátero, estoy seguro.

-Ay, Dios mío, por el amor de Dios, si llega el caso, por favor,

que mi madre lo entienda. -Puede imaginarse cómo estamos

encantadas de que una de nosotras vaya a casarse.

-Ya me imagino, ya.

-Y revolucionadas con el arreglo de la ropa de los domingos,

para no hacer mala figura en la boda.

-Si os hace falta algo, yo puedo prestaros.

Unos pendientes, un pañuelo...

-Agradecida, señora. Se lo digo a mis compañeras.

Y, si tiene usted una idea para el regalo, se lo agradecemos también.

-Pues eso sí que ya no sé.

Nosotros le vamos a regalar el vestido de novia.

-Ya nos gustaría a nosotras tener posibles para tanto.

Voy a avisar a don Samuel, ¿quiere usted algo?

-No, no te molestes. Doña Celia,

qué grata sorpresa. Carmen,

¿no le has ofrecido nada a doña Celia?

Sí, pero no desea nada.

-Solo quiero hablar con usted. Perfecto,

¿nos dejas, Carmen? Sí, señor.

¿En qué puedo ayudarla?

Seré directa, iré al grano. Noto muy decaída a mi prima Lucía.

Ignoro el motivo, no sé si es por la Navidad

o porque tiene algún problema.

Voy a ser tan sincero y directo como usted.

Observo lo mismo, me preocupa, y no sé cómo ayudarla.

He notado cierta distancia entre ambos.

Por eso no sé cómo hacer que salga de este pozo.

Y yo tampoco estoy en mi mejor momento.

¿Qué le ocurre?

Se lo podrá imaginar.

He sido paciente, he esperado todo lo que puedo

por Lucía,

pero siento que no me merezco el trato que estoy recibiendo

por parte de ella. Le pedí permiso a usted

y a su esposo para cortejarla,

le he demostrado que mis intenciones son honestas,

pero solo he recibido desprecios.

No lo vea así, solo que está pasando

por muchas vicisitudes en muy poco tiempo.

Pasa del amor a la frialdad y no sé a qué atenerme.

¿Ha desistido de casarse con ella?

Por mi parte no.

El amor que siento hacia Lucía me hace seguir insistiendo,

pero no quiero hacer el ridículo, quedar en evidencia,

ser el hazmerreír del barrio.

Si Lucía persiste en su indiferencia hacia mí,

me veré obligado a claudicar.

No lo vea así, no se lo tome así.

No olvide, doña Celia,

que ella me dejó con la rodilla en tierra

esperando una respuesta a mi oferta de matrimonio.

Ya, y de no ser por mi enfermedad, nada de esto habría ocurrido.

Pero su desdichada enfermedad terminó, ha pasado mucho tiempo

y Lucía debe aclararse.

Tiene usted razón, y lo entiendo,

lo único que puedo decirle es que trataré de ayudarle.

Se lo agradezco.

Como ya le he dicho, mis sentimientos por Lucía

no han cambiado.

Uf, vaya frío hace hoy.

Cómo se nota que has olvidado los inviernos del seminario.

Tiene razón.

Venimos a la ciudad y nos ablandamos.

Úrsula.

Les estoy preparando un cocido,

que es lo que pega en un día como hoy.

Oh, me encanta el cocido. Yo comería cocido

hasta los días más calurosos del verano.

Iba a pedirle dos cafés con leche,

pero ya nos esperamos al cocido.

Sería una lástima que perdieran el apetito.

Siéntense y les traigo una quina. Ah, otra gran idea.

¿Nos sentamos? Claro.

Esa mujer, Úrsula, es muy atenta.

A veces me da la impresión de que tiene mucha cultura para ser criada.

Úrsula tiene una vida curiosa y enrevesada.

No siempre fue criada,

vivió en el principal del 38,

pero la vida la ha traído hasta aquí.

Algún día me encantará escuchar el relato de su vida.

Sí, algún día con tiempo. Sí.

Ahora quiero preguntarle algo que llevo pensando

desde que usted llegó.

¿Por qué ha venido en este preciso momento,

como si hubiese adivinado que yo precisaba de su ayuda?

Bueno, ya te dije que no tenía poderes sobrenaturales.

En realidad recibí una visita de alguien del barrio

en la que me indicaba que te estabas saliendo del camino recto.

Una visita ¿de quién?

Don Samuel Alday.

¿Samuel?

Ese hombre es un patrañero,

solo quiere que me aleje de Lucía.

¿Y te parece raro?

Te recuerdo que eres sacerdote y has tomado los votos,

entre ellos el de castidad. Sí, sí, sí,

pero sus intenciones no son honestas.

¿Quién sabe si don Samuel Alday,

con sus intereses espurios, acaba de salvar el alma de un hombre de Dios.

Hay algo que quiero hacer por encima de cualquier otra cosa

y, es proteger a Lucía de Samuel Alday y el prior Espineira.

¿Por encima de la gloria de Dios Nuestro Señor?

Me cuesta creerlo,

y me duele oírlo. No, hermano,

por encima de Dios no hay nada.

Me refiero a mi deber en el barrio.

Todos quieren el dinero

de Lucía Alvarado, coger esa herencia y deshacerse de ella

como un insecto sin valor. Yo creo que esa muchacha

es capaz de defenderse sola o de contar con sus allegados,

doña Celia y don Felipe, para protegerse.

Ahora, tras mi ruptura con ella, me siento impotente.

Ay, Telmo, si no hubieras llegado tan lejos,

si hubieras puesto una barrera entre vosotros,

si no hubieras dejado que el amor carnal os uniera.

Solo tú tienes la culpa. Sí,

no lo dudo, pero ahora es tarde para pensar en eso.

Tendrás que atenerte a tus votos y, si no eres capaz

de vencer la tentación, quizá deberías plantearte

dejar este destino.

Olvidarla y evitarla

es tu deber como sacerdote. Espero que sepas estar a la altura.

Pues me alegro mucho. -El promotor de los combates

no quiere tratos conmigo ¿y tú te alegras?

-Sí. No quiero que vuelvas a hacer esa salvajada que es el "box".

-Y mi opinión no la tienes en cuenta, claro.

-No. ¿No tuviste bastante con un solo combate?

Pasaste la Nochevieja con un filete en el ojo.

-¿Por culpa de quién? -Del que te pegó.

-No, si no me hubieras distraído, no hubiera habido puñetazo.

Que más vale un ojo morado ahora que un mal golpe en el futuro,

ni se te ocurra volver a ponerte los guantes.

-Pues quiero que sepas que estoy pensando en volver a boxear,

sin promotor, ser yo mismo mi promotor.

-Liberto, te lo pido por favor, ¿eh? Déjate de combates.

-Pues Íñigo también está de acuerdo. Dice que tengo mucho futuro.

-Íñigo no es responsable.

-Es que lo que tienes que hacer es no ver el boxeo

como una forma de llamar a las peleas de taberna, quiero que sepas

que es un deporte muy bien reglado y de caballeros.

-Ni de caballeros ni de caballos, hombre, por favor,

de asnos, más bien. -Si por lo menos te aficionaras.

¿Por qué no me acompañas un día a un combate?

Yo mismo te explicaré todos los intríngulis.

-Ay, ¡basta ya, Liberto! ¡Por favor!

No voy a cambiar de opinión, no pienso ver como dos brutos

se lían a mamporros, ni consentir que uno de los dos sea mi esposo.

-Cariño, por favor, escúchame. -Ay.

¿Es que quieres hacerme llorar, es eso?

¿No te basta con que tu esposa te pida que no pelees?

-Bueno, ya hablaremos de esto.

-Mira, lo que tenemos que hacer es pensar

en lo que le vamos a regalar a Antoñito y Lolita, ¿eh?

Le preguntamos a Trini si hay algo que necesiten.

-Que sí, Rosina, que sí, pregúntaselo a Trini,

y si me encuentro yo con Antoñito, pues le preguntaré también.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir.

Tieta.

-Buenas noticias. Telegrama de Simón y Elvira,

por fin.

-Ay, ¿ha nacido el niño?

-(LEE) "Es usted abuela, stop,

precioso niño, stop, la madre está en perfecto estado,

stop, sigue carta".

"Saludos de su hijo Simón". -Enhorabuena, tieta.

Enhorabuena.

Pero que estaba yo pensando que entonces,

este niño qué sería, ¿mi primo?

-No, hombre, no, sobrino segundo.

-Pues me encanta ser tío segundo.

-Cuánto me alegro, enhorabuena.

¡A mis brazos, abuela!

-Ay, Rosina, qué felicidad.

Lo siento, pero el padre Telmo no está.

Él y fray Guillermo salieron a visitar a algunos fieles.

¿Podría dejarle un mensaje?

Por supuesto, siéntese.

Tenga. Sírvase.

Úrsula, ¿no sabe cuándo llegará?

Pues no sabría decirle,

pero no me extrañaría que fueran dando un largo paseo.

Ahí donde lo ve, fray Guillermo, a pesar de su edad,

es un andarín consumado,

y tienen tanto de qué hablar.

Sí, sí, supongo que sí.

No sé si sabe que fray Guillermo fue uno de los mentores

del padre Telmo. Sí, me lo comentó hace tiempo.

El padre ha estado unos días atribulado,

pero ha bastado la llegada

de fray Guillermo para que recobrase su paz.

¿Lo ha notado?

No, apenas he visto al padre Telmo.

Algo había que lo alteraba, al parecer,

algunas compañías mundanas

le estaban perturbando.

Bueno, el padre Telmo siempre está rodeado de feligreses.

Ya, pero no hay que olvidar que es un hombre joven

y que debe

protegerse de las tentaciones.

Úrsula, ¿lo dice por algo en concreto?

¿Yo? No, no.

No, no, Dios me libre.

A mí la menor apetencia del padre

me parece más que digna.

Después de lo que ha hecho por mí,

beso el suelo que pisa,

pero sentiría que un hombre de su altura moral

se perdiese por las pasiones.

¿Y hay alguna posibilidad de que eso ocurra?

Espero que no, todos los que de verdad

lo apreciamos, velaremos para que eso no suceda.

Úrsula, ¿y qué cree que debemos hacer esos que le apreciamos?

Mantenernos alejados de él si creemos que podemos apartarlo

del camino de Dios.

¿No le escribe esa nota?

No, no, ya le veré en persona.

Con Dios, Úrsula.

Con Dios.

-Hale, más roscón.

-¿Más roscón? -Más roscón.

-Me va a salir por las orejas.

-Mujer, la última probatura. -Ay, a ver.

Está perfecto. ¿Qué le has puesto?

-Secreto.

-No hagas el payaso y dímelo, que la chocolatería es de los dos.

-Bueno, está bien. He buscado en los libros

hasta encontrar la receta original, escrita de mano de doña Juliana,

que era la antigua dueña de la chocolatería,

que le enseñó su abuela

y que se hace desde mediados del siglo "pasao".

Y lo único que he hecho ha sido seguir la receta al pie de la letra.

-Pues has dado con la fórmula. Vamos a tener cola en la puerta.

-¿Tú sabes que llevaba años haciéndose mal?

Con menos huevos de los necesarios. No sé, supongo

que para abaratarlo.

-Si hay que ponerle más huevos, se sube el precio.

Hay que dar calidad, aunque haya que pagarla.

-Buenas. -Prueba.

-Con perdón, ¿eh?

Qué rico.

-(RÍE)

A mí lo que más me gusta del roscón es que me toque la figurita.

Dicen que hay una pastelería que le pone una moneda de oro

en lugar de la figurita. -Pero ¿cómo, a cada roscón?

-Solo a uno, y al que le toca, le ha "tocao".

-Un momento, voy a hacer cuentas.

-Que me han dicho que te casas.

-En cuatro días. Don Ramón ha alquilado una casa

"pa" la celebración.

-Supongo que la comida la llevarán de un restaurante.

-Pero el aperitivo se dará aquí,

en La Deliciosa. Y el postre también quiero que sea de aquí.

-Con poco tiempo lo encargas, pero bueno, por ser tú.

-Pues quiero que sea un pastel como el de la tata Concha, de higos.

-Si es el de la tata Concha debería hacerlo ella, ¿no?

-Eh, Lolita, nos traes la receta y nosotros lo hacemos.

-Y de los aperitivos también,

que eso sí que tenemos claro que queremos que sea en el barrio.

Que "haiga" de "to": morcilla, chorizos, torreznos,

oreja a la plancha, corteza de cerdo.

-Espera, espera,

¿tú estás segura de que quieres eso?

-"Pos" claro, que es un casamiento, y que no falten las mollejas.

-¿Y saben don Ramón y doña Trini lo que vas a encargar?

-(CARRASPEA)

-Flora, la boda es mía, claro, que si le parece mal, me lo dice.

-No, a mí me da lo mismo, lo que no quiero es comprar todo eso

y que venga doña Trini y me pida canapés.

-(RÍE)

-Canapés, dice, que en un casamiento hay que salir bien "comío"

y sin hambre "pa" tres días, mujer. -Eso será en Cabrahígo,

en la ciudad no. -¿Me está llamando paleta?

-No.

Yo, si quieres, te hago morcillas, chorizos, torreznos,

y que los invitados de don Ramón

se limpien los dedos en las mangas del traje.

-A ver, Lolita, que nosotros hacemos lo que tú mandes,

pero lo que mi hermana te quiere advertir

es que las celebraciones matrimoniales

en la ciudad son distintas a las de los pueblos.

A nosotros, como a ti, las de los pueblos nos encantan.

-Lo que yo quiero en un casamiento es empapuzarme de grasa.

Oye, que si quieres, te hago también gallinejas.

-Oye, por favor,

que reine la concordia. A ver, Lolita,...

los platos que tú estás pidiendo

tal vez no le gusten a don Ramón.

Es que, mujer, son muy de pueblo.

-Pues como yo.

¿Qué pasa, que ahora ustedes son hermanos de Alfonso XIII?

-No, pero sabemos lo que hay que servir en una boda.

-No será en la mía, porque no van a preparar ni aperitivos

ni postre

ni "na" de "na", que ya me encargo yo, hala.

Adiós. -Lolita, por favor.

-Ni Lolita ni Lolito. Me voy.

-¿Una caja de música? ¿Eso no es muy caro?

-Para nada, la "señá" Fabiana ha "entrao" a preguntar y le han dicho

que nos llegan los monises. -¿Y qué música suena?

-Pues eso no se me ha "ocurrío" preguntarlo.

-A lo mejor se puede pedir que pongan la de...

el pasodoble ese que cantaba Lolita, el de la niña de Cabrahígo.

-Arrea, pues eso sería una idea fetén, "señá" Carmen.

Lo que pasa es que yo creo que esas cajas no hacen más ruido

que "din don din don don" y poco más.

-Qué pena. Bueno, pero sigue siendo

un buen detalle. Tú piensa que a Lolita no le va a faltar nada

en lo que le quede de vida, mejor un recuerdo

que algo útil.

-Ya, pero anda que no le vendrían bien unas sábanas de hilo.

-No. Mejor una caja musical.

Yo misma tenía una,

de mi madre, que perdí.

Una caja que Lolita, cuando escuche la música,

se acuerde de nosotras siempre.

-Ojalá que sí,

ojalá que no se olvide de nosotras, aunque se convierta en una señorona.

-A lo mejor no se convierte en una señorona.

-Que sí, hombre, si seguro que la van a vestir "toa estirá",

con un corsé así "apretao", con un meriñaque.

-¿Un meriñaque? Casilda, que eso no se usa

desde el siglo pasado, o desde el anterior.

-Pero ¿quién sabe?

Se pone de moda otra vez y doña Susana tiene que hacer meriñaques

"pa" "toas".

Y "aluego", cuando estén viejos, los heredamos nosotras.

-No me veo yo faenando así.

Que lo de la caja de música me parece bien,

si todas estáis de acuerdo, yo también.

Nada, me voy al zapatero,

que tengo que recoger unos zapatos de mi señor.

-Con Dios. -Con Dios.

-¡A las buenas! -A las mejores.

-¿Qué, ha "llegao" ya el Jacinto?

-Marcelina,... ¿usted me va a hacer la misma pregunta

cada vez que se cruce conmigo?

-Ay, no se incomode, Casilda.

-"Pa" chasco que no, descuide.

Le digo una cosa, en cuanto llegue mi primo, de los gritos que da,

se le va a escuchar a una distancia de dos leguas,

ni que él viniera descalzo "pa" no hacer ruido.

-No se incomode, que no lo pregunto más.

-Eso, que no por mucho preguntar aparece más temprano.

-Tanta impresión hicieron sobre el ánimo del hombre

las palabras de su protector, que al oírlas

y después sintió indecible consuelo...

-Perdonen que me haya "retrasao" con el té.

-Nada, Lolita, no te preocupes,

bastante que te hayas acordado del té con la de cosas

que tienes que tener en la cabeza. Lolita, me he enterado

que te casas en cuatro días. Enhorabuena.

Si llego a saber el lío que es...

Tienes que decirnos si necesitas algo para que te lo regalemos.

Buf, déjese de eso ahora, que no hay tiempo,

que llevo un disgusto encima. -¿Qué ha pasado?

-"Pos" que he "estao"

en La Deliciosa, "pa" pedir los aperitivos,

y me han "tratao" como si fuera una cazurra.

-¿Flora e Íñigo? Pero si siempre son muy amables.

-Será con las señoras, a mí me han "tratao" como una fregona.

Cuéntanos lo que ha ocurrido.

Venga, siéntate y nos cuentas, con confianza.

-Me da reparo.

-Empieza a comportarte como una señora

y dejarán de tratarte como una fregona.

-"Pos" con permiso.

He "pedío" los aperitivos y...

me han "llamao" paleta y pueblerina.

¿Y qué pediste?

Pues lo normal.

Chorizos, morcillas, torreznos.

"Pos" "to", que si está bien hecho, te rechupeteas los dedos.

-Lolita, tú sabes que a mí me encanta el chorizo a la brasa.

-A usted y a "to" el mundo.

-Pero a lo mejor para una boda no es lo más apropiado.

Ten en cuenta que los invitados

van con sus mejores galas y no quieren que se les manche.

Y la grasilla del chorizo ya se sabe.

-Bueno, pues que se pongan baberos, que yo quiero chorizos

en mi casamiento. Pues nada, Lolita,

si es lo que quieres, adelante.

Habla con Trini y que ella te asesore.

Pero no te enfades. Eso, no te enfades,

que estos días tienes que ser la mujer más feliz del mundo.

-"Pos" no sé yo,

que a ver si "to" van a ser desazones.

Bueno,

muchas gracias por escucharme.

Me voy, a ver qué bomba me explota ahora en las manos.

-(RÍEN) Con su permiso.

-Pobre, le va a costar pasar de criada a señora.

Sí, y de soltera a casada más.

Bueno, no te creas, la vida de casada es agradable.

Ya me lo dirás si al final llegas a casarte con Samuel Alday.

Aunque últimamente no os veis mucho, ¿no?

Es que no estoy pasando por un momento muy jovial

y no quiero perturbarle con mi melancolía.

A lo mejor te ayudaba a salir de ella.

Sí, tal vez, quizá cuando me sienta preparada.

Bueno, tú decides.

Lo que no puedes hacer es quedarte aquí encerrada.

¿Me acompañas a la sastrería?

Tengo que pedirle a Susana que me haga unos arreglos

en el vestido que voy a llevar a la boda.

¿Solo a la sastrería?

Así me aconsejas.

Por favor.

De acuerdo, voy a por algo de abrigo.

Dígame, doña Celia.

-Lolita, llévale esta nota a Samuel Alday.

Ahora. Corre. -Sí, señora.

-Yo, sin ánimo de ofender a los que practican el noble arte

de la lucha leonesa, prefiero el boxeo.

-Bueno, aquí hay menos golpes y es más difícil hacerse daño.

-Pero hay agarrones y revolcones.

Todo muy sucio. -Es menos aristocrático

que el boxeo, sin duda, pero es lo que practicábamos en mi pueblo.

-¿Y te ha servido alguna vez en tu trabajo como sereno?

-No, no, no,... y Dios no quiera que lo necesite,

es mejor convencer al malhechor con filosofía.

-Eso es, mucho mejor no llegar a las manos, aunque si se tercia,

mejor el pugilismo. -Seguro que sí.

¿Qué se debe, don Íñigo? -Nada. Estás invitado.

-Bueno, pues muchas gracias.

Con este frío, el café asienta el estómago.

Con Dios. -Con Dios, Cesáreo.

-¿Qué? Ya ha visto la admiración que provoca

ser un luchador de primer nivel.

Hasta el sereno viene a hablar con usted.

-No soy ningún luchador.

-No sea modesto, amigo.

Si no se llega a despistar con la entrada de doña Rosina,

habría acabado con el otro púgil, en un pis pas.

-Yo creo que sí, pero eso hay que demostrarlo entre las cuerdas,

no aquí hablando en la chocolatería.

-¿Y va a renunciar a demostrarlo? -No insista.

Está decidido.

-No entiendo por qué.

-Por amor. ¿Es que hay un motivo mejor?

Estoy completamente enamorado de mi esposa.

Es una mujer maravillosa, lo mejor que me ha pasado nunca,

y no voy a poner en riesgo mi matrimonio por nada.

-¿Y va a desperdiciar un don?

-Me lo ha pedido mi esposa, y sus deseos son órdenes para mí.

Eso por no hablar de que el promotor ha roto el contrato.

-¿Y si apareciera otro promotor?

-No pienso buscarlo. -¿Y si...

ese promotor... fuera yo?

Dichosos los ojos, qué sorpresa. Buenas tardes, Samuel.

Íbamos a la sastrería a hablar con Susana, aunque debe estar

hasta arriba de trabajo. Imagínese,

preparar una boda en cuatro días. Los hombres lo tenemos

mucho más fácil, con estrenar corbata nueva

nos es suficiente.

¿Ha pensado ya qué llevará usted, Lucía?

No, no, todavía no he tenido tiempo.

Será, sin duda, la más bella,

junto con doña Celia, claro está.

Es usted un halagador.

Si me disculpa, voy a la sastrería, a ver si Susana puede atendernos.

Está el taller muy vacío sin usted.

¿Acaso he hecho algo que podría haberle incomodado?

No, no, Samuel, en absoluto.

En ese caso,

supongo que tampoco le importará que la invite alguna tarde

a ir al teatro, están programando La Caprichosa, de Amadeu,

con unas críticas excepcionales.

Samuel, siento decirle que no,

pero es que no tengo ánimo para ir al teatro.

Como desee.

Ya le dije que esperaría el tiempo que fuera necesario.

Y se lo repito.

Se lo agradezco.

Ahora, con su permiso, voy a acompañar a mi prima.

Maldita niña malcriada.

Te vas a casar conmigo, lo quieras o no.

¿Y su esposo? He escuchado que está de viaje.

Ha tenido que marchar a Oporto a resolver unos asuntos del marqués.

Es de entender que estará para la boda de Lolita.

Estoy muy contento de poder casarles.

Dos jóvenes que unirán sus vidas para siempre,

que están hechos el uno para el otro.

El destino ha unido a dos personas tan distintas,

pero sin duda serán felices.

El destino algunas veces es muy caprichoso.

-¿Se ha fijado? De seguir así va a destrozar el saco.

-Es un púgil de Valencia, acaba de llegar nuevo a la ciudad.

El promotor que le fiche, tendrá un buen púgil.

Disculpe que le moleste, me gustaría presentarle a un amigo.

-A las buenas tardes, señores. -Este es mi buen amigo Íñigo.

-Baltasar, a su servicio. -Pero todos le llaman Tito.

-Lo que tenemos que hacer es pensar en cómo colocar a los invitados,

porque habrá gente de mucho relumbrón y no quiero que nadie

se me ofenda por colocarle en mal lugar.

-En la presidencia tenemos que poner al alcalde de Cabrahígo,

que vendrá.

También hay que contar con la tata Concha, y con algunos paisanos más:

el Quinocho, la Juana la porquera, el Pablo, el del borrico Tordo,

la familia Porrón.

-A ellos vamos a tener que colocarles en las últimas filas

para que no desluzcan la boda.

-Don Ramón,... ¿tiene usted algo en contra de los de mi pueblo?

-"He tenido una idea genial".

-Los churros con chocolate, ya están inventados.

-No, he pensado en hacerme, atención...

(Redoble de tambores)

promotor de boxeo. -Pero ¿qué estás diciendo?

Que ese deporte, hasta ahora, no nos ha traído más que desgracias.

-Es precioso.

-Pues te voy a tomar medidas y te lo arreglo.

-Pare el carro, doña Susana, que antes le quiero pedir unos cambios.

Que está muy "bonico", pero un poco soso.

-¿Cambios? -Se me ocurre...

en el vuelo le puede poner unas flores de colores, bien pintonas.

-Bueno, y ya que te vas a poner a trabajar, pues ponle también

unas puntillas en el pecho y en las mangas.

-Ah, bueno, y encajes, muchos encajes, por "tos" "laos".

-De ninguna manera voy a permitir que me destrocéis la obra.

El vestido es como es y punto redondo.

Prima, prima, ¿qué le ocurre?

¿Está bien?

Tiene... Está pálida.

Me he sentido caer como si desapareciera el suelo

bajo mis pies. ¿Quiere que avise a un médico?

No, no, no, no, qué va, ya me encuentro mejor, gracias.

-Lo que tienes que hacer es ponerle al vestido de Lolita

bien de puntillas, y lo que te haya dicho ella, te olvidas.

-Me parece muy bonito.

Aquí las dos, hablando a mis espaldas.

Percibo la influencia del sacerdote sobre Lucía.

No tiene nada que temer, su comportamiento

está siendo el apropiado.

Pero la tensión entre ellos sigue existiendo.

No por parte de él.

¿Entonces? Es ella...

la que le persigue.

-Todo son alegrías, desde luego. -Menos "pa" la señorita Lucía,

que yo cada día la veo más mustia, ¿eh?

-¿Tendrá mal de amores? -Pero no por don Samuel,

que "pa" mí que hay otro que le hace tilín.

-Mi amigo Íñigo quiere presentarle un trato que va a ser muy ventajoso

para usted. -Vamos a ver, Tito,...

yo me haría cargo de todos los gastos de su carrera, eso sí,

a cambio de repartir las ganancias obtenidas en los combates.

-Es decir,...

él paga todo... y a cambio se reparten todo lo que usted gane.

¿Lo ha entendido? -"Hace mucho tiempo"

que no tengo noticias suyas.

y quería saber cómo van las cosas. La parroquia

ocupa todo mi tiempo. Ya me figuro,

pero lo que a mí me interesa es saber si ha habido algún avance

en su misión.

Sé muy bien cuáles son sus intereses.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 921

Acacias 38 - Capítulo 921

03 ene 2019

Telmo cuenta a Fray Guillermo su ruptura con Lucía, el joven a duras penas intenta esquivar a Lucía que le busca desesperada. Lolita y Antonio anuncian que se casan sin esperar a más, comienzan los preparativos de la boda. El promotor ha roto con Liberto por haber perdido el combate, a pesar de las recomendaciones de Iñigo, Liberto da por concluida su carrera pugilística por la negativa de Rosina.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 921" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 921"
Programas completos (978)
Clips

Los últimos 3.391 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. ANGELES GONZALEZ RUBIERA

    QUE PASA? PORQUE NO HAN DADO LA SERIE DESDE EL 4 DE ENRO,ESTAMOS A 8 Y NADA,CUANDO VUELVE?

    08 ene 2019
  2. Piamcis Vinueza

    Personalmente me encanta acacias 38...por fin veo una serie sin decir palabrotas. Que tiempos aquellos.

    08 ene 2019
  3. Pepi

    En Aragón se dice "tieta" y el actor que hace de Liberto es Aragonés....

    05 ene 2019
  4. Susana

    ¡Qué hartura con Lolita!. ¡Qué hartura con Casilda! ¿No podrían empezar a hablar un poquito mejor? Cada capítulo que pasa, peor hablan, hay veces quite hasta sangran los oídos. Demasiado exagerado me está resultando ya...¡Los aspavientos de Lolita!.... ¡Cansina!

    04 ene 2019
  5. Antonio Gualda Jiménez

    Con mis respetos (y para los guionistas de "Acacias 38"): Sobre el personaje que en los últimos capítulos está probando a boxear, don LIBERTO, según creo recordar, es originario de Granada. Bien: este personaje, dirigiéndose a su tía, la de la sastrería, suele llamarla "tieta". Lo que choca bastante, porque en Granada, "de toda la vida", el diminutivo cariñoso que se utiliza para referirse a una tía es "tita". (Y "tito", para el tío). Tanto es así, que uno de los puntos más conocidos de Granada es el famoso QUIOSCO DE "LAS TITAS", junto al río Genil. Un granadino nunca diría "tieta", porque ya tenemos nuestra manera de decir eso. Saludos, precisamente, desde el Córner Sudoeste de Granada. Antonio Gualda. ***

    04 ene 2019
  6. Marilu

    Siguen ( y hasta cuando ) los encontronazos entre Lolita y sus costumbres pueblerinas y , sobre todo, su futuro suegro por la élite de sus invitados .- Mas allá de pretender seguir las costumbres de su pueblo, Lolita no se esfuerza en lo mas mínimo a " pulirse " un poco, es inútil, quien nació para pito no llegará nunca a corneta.- En cuanto a Celia, en su caso personal,¿ no estará embarazada ? no sería la primera ni ultima mujer que por mucho tiempo no ha podido y de buenas a primeras se embaraza y en lo demás, no debería inmiscuirse tanto en la relación entre Lucía y el enano maldito, flaco favor le está haciendo a su prima

    04 ene 2019
  7. Almudena

    Por fin una bod y una alegría, esperemos que esta boda no nos la fastidien los guionistas matando a alguien como hacen siempre, en esta serie ninguna boda a transcurrido bien por desgracia, solo espero que no se les ocurra marcar a Velia que ya les estoy viendo venir con tanto mareo y no me gusta

    04 ene 2019
  8. Victoria

    Me están gustando mucho estos últimos capítulos. Por fin Telmo le preguntó a fray Guillermo si su visita ha sido casual o no; la respuesta del fraile le ha hecho pensar de nuevo en que Lucía necesita protección y no se equivoca, porque la situación actual que atraviesa Lucía, sobre todo ahora que Telmo se ha alejado de ella, me recuerda mucho a lo que le pasó a Blanca con Samuel que se casó con él amando a otro; Lucía no va a dejar de amar a Telmo pero su prima Celia (a la que no le gusta Samuel) me ha dejado asombrada yendo a hablar con el Alday y, sobre todo, preparándole un encuentro con su prima. Al final, espero que Lucía se mantenga fuerte y no ceda a casarse con el Alday. También espero que Telmo siga protegiendo a Lucía. Qué gusto oír de nuevo a Liberto hablar con tanto amor de Rosina y decir que abandona el boxeo porque: "Estoy completamente enamorado de mi esposa, es una mujer maravillosa, lo mejor que me ha pasado nunca y no voy a poner en riesgo mi matrimonio por nada"... echo en falta alguna escena romántica entre ambos. Bueno, en unos días tendremos otra boda que oficiará Telmo, a ver qué pasa con Lucía.

    04 ene 2019