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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 918 - ver ahora
Transcripción completa

Habla usted del prior Espineira.

¿Cree que podría estar siendo manipulado?

Deje el asunto en mis manos.

Iré a ver al padre Telmo

en cuanto me lo permitan mis responsabilidades.

-¿Qué haces así vestido, Liberto?

-Pues nada, que me han regalado esto para mis entrenamientos.

-¿Entrenamientos de qué?

-Pues...

Mis entrenamientos para hacer deporte.

-¿No estarás preparándote para emprender carrera en el pugilismo?

(AMBOS) No.

Ya sé lo que estáis tramando.

-No sé de qué me hablas.

-Del combate que va a disputar don Liberto para el promotor.

-¿Y de dónde sacas esa chaladura?

-De la conversación que acabáis de tener.

La he escuchado de cabo a rabo.

-¿No pensarás decirle la verdad?

-No se lo merece, "señá" Fabiana.

No es justo lo que le estoy haciendo.

-¿Justo "pa" quién? Tampoco es justo "pa" Lolita

que venga a pedirle la mano cuando su primera novia la ha diñado.

-Por lo menos, él va de cara.

No va haciendo trampas.

-No debería haberse puesto tan tozudo.

-Tozudo o no, tiene derecho a saber la verdad.

Y yo tengo derecho a vivir tranquila sin esta culpa.

-¡Casilda! -Te he mentido.

-¿Qué? -Te he ocultado información.

-¿Qué información?

-Que he vuelto a frecuentar la Sociedad Gimnástica.

-¿Que has hecho qué?

-Para ayudar a Liberto, no para apostar.

-¿De qué estás hablando?

Liberto va a pelear en dos combates porque ha llegado a un acuerdo

con un promotor.

Si los gana, le ofrecerán un contrato para ser boxeador.

¿Qué hace aquí con Dolores, de qué hablaban?

-Pues de,...

de los regalos

que nos han echado nuestros señores por Navidad.

Dígame algo, padre, por favor, se lo ruego.

No. No.

No podemos caer de nuevo en la tentación.

Lucía,

lo nuestro es imposible.

Es un insulto a Dios.

Y a todo aquello en lo que creo.

Pero tampoco podemos negar lo que sentimos, padre.

Aunque sea un pecado tan grande,

explíqueme qué debemos hacer.

Yo acataré lo que me diga.

Pero por favor, explíqueme

cómo podemos dejar de sentir lo que nos dice el corazón.

(Sintonía de "Acacias 38")

Mírate, Trini, pareces agotada.

-Uy, querido, ojalá solo lo pareciera.

No puedo con mi vida.

-¿Cuándo vas a tener más cabeza?

En tu estado no deberías estar todo el día

zascandileando por ahí.

¿Y qué querías que hiciera?

Nuestras amigas querían que estuviéramos reunidas

en La Deliciosa para tomarnos un chocolate por las fiestas.

¿Cómo negarme?

-Podías haber bajado, saludarlas y volver a casa con rapidez.

-Sí, hombre, me iba a ir sin probar ni un dulce.

Ramón, en vez

de regañarme tanto, podrías ponerme

un cojín bajo los pies

para estar más cómoda, por favor.

-A ver...

-(SE QUEJA)

-Bueno, ¿y cómo te ha ido?

Espero que al menos haya ido bien

y haya merecido la pena el dolor de pies.

-Pues sí, ha sido un rato la mar de entretenido.

Bueno, para unas más que para otras.

Lucía, no tenía buena cara. Esa muchacha lo está pasando mal.

Y no soy la única en darse cuenta.

Celia la miraba de reojo con mucha preocupación.

-Es normal que esté afectada.

La situación por la que está pasando esa muchacha

no es fácil de entender.

Hasta hace poco parecía enamoradísima de Samuel

y ahora todo se ha quedado en agua de borrajas.

-El compromiso está más que en el aire.

-Trini, no me hables de matrimonios que no llegan a concretarse.

-Es cierto que estoy mentando la soga en casa del ahorcado.

Nosotros no tenemos nada que envidiarles.

-¿Y cómo van las cosas entre Casilda

y ese tal Ceferino?

-Vaya, querido, pensé que no aprobabas nuestro plan.

-Como todo lo relacionado con este disparate que estamos padeciendo.

Si hay algo que funciona,

quiero saberlo, porque todos tenemos un límite, hasta mi paciencia.

-Vas a tener que seguir haciendo gala de ella,

porque parece que la cosa se ha complicado.

-Qué extraño.

¿Acaso se os ha olvidado otro rito de Cabrahígo

que lo ha estropeado todo en el último momento?

-Ramón,

no te metas con Cabrahígo que no estoy tan cansada

como para tolerarlo.

No tiene que ver con nuestras tradiciones,

tiene que ver con el corazón de una mujer.

-No te comprendo.

-Pues que Casilda se ha enamorado de Ceferino

y no quiere hacerle daño.

-No se le puede culpar por ello.

La habéis metido en un embolado sin comerlo ni beberlo.

-Pero no teníamos más remedio.

Teníamos que escapar de ese callejón de alguna manera.

-Y seguimos inmersos en él.

La verdad es que lo lamento

por mi hijo, sé lo mucho que ama a Lolita.

-Con locura. Pero la muchacha le corresponde,

¿eh?

-Esa fue la razón por la cual acepté su matrimonio,

a pesar de los inconvenientes que conllevaba.

Me costó.

Pero sé que el amor funciona si es sincero, no por conveniencia

ni interés.

-Qué piquito de oro tienes, querido.

Todo eso que dices es una verdad como un templo.

-¿Quién me iba a decir a mí que el principal escollo para su amor

no iba a radicar en la diferencia de clases ni de orígenes,

si no en esto?

-La vida siempre nos sorprende, y habitualmente para peor.

-Pues por eso tenemos que estar preparados y nunca rendirnos.

Yo tuve la mayor de las fortunas de que tu camino

se encontrara con el mío y, no quisiera para mi hijo algo peor.

-Ay, Ramón, que eres un truhan.

Consigues hasta que se me olvide el cansancio.

-A ver... -Ay, sí.

Ay, sí.

"Telmo, yo puedo ver tu alma".

"Y tú puedes ver la mía".

No dejo de pensar en ti,

de desear estar a tu lado.

"He de reconocerle que el beso que nos dimos

es lo más hermoso que me ha pasado nunca".

Jamás había sentido nada igual en toda mi vida.

Diga algo, se lo ruego.

"¿Qué debemos hacer?".

"Yo acataré lo que me diga".

"Pero por favor, explíqueme cómo podemos dejar de sentir

lo que nos dice nuestro corazón, padre".

Señor mío, te lo ruego,

aparta el pecado de mi camino.

Padre Nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre;

venga a nosotros tu reino...

(LLORA)

¿Qué haces tan concentrada, preparas una novela nueva?

-No, me temo que es algo menos artístico.

Estoy contestando a las felicitaciones que hemos recibido.

-¿Y tu madre, no está en casa?

-No, ha bajado a la sastrería.

Tenía que recoger unas cuentas que le sobraron de un vestido.

-En tal caso no te molesto más.

-Espera, espera, no tengas tanta urgencia,

que las felicitaciones pueden esperar.

Tenemos que hablar.

-¿Ocurre algo? -Sabes que sí.

Íñigo me ha puesto al tanto de tu combate.

-Vaya, me alegra ver la capacidad que tiene de guardar un secreto.

-No ha sido él quien ha tenido una actitud reprochable,

sino tú por ocultarle eso a tu esposa.

-Leonor, es la primera vez que me comporto de tal manera

con mi esposa.

Y sabrás que Rosina no es el mejor ejemplo de confianza.

¿O tengo que recordarte lo que ocurrió con los Escalona?

-En eso no te falta razón.

Y eso solo por citar su última locura.

-Escucha, llevo tiempo practicando este noble deporte

y...

Me gustaría probar ante mí mismo mi valía.

Por eso he aceptado la propuesta del promotor.

-¿Y piensas ocultárselo siempre?

-No sé qué pasará mañana, si ganaré, si perderé, no lo sé.

Lo que tengo claro es que cuando esto termine, hablaré con ella.

Te ruego la discreción que no ha tenido Íñigo.

-No me gusta mentir, y mucho menos a mi madre.

-Para mí tampoco es un plato de buen gusto.

-Está bien. Comprendo tus motivos y no te descubriré.

-Disculpen los señores.

-Casilda, no te he escuchado entrar. ¿Llevas mucho tiempo ahí?

-No, "na" más que una miaja.

Quería preguntarles si necesitaban algo,

porque si no, me subo al altillo a descansar.

-Sí, sí, sube, Casilda, claro.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Lucía.

¡Ah!

Créame, don Liberto,

lamento haber traicionado su confianza.

-Descuide. He convencido a Leonor de que no diga nada.

Eso sí, esperaba más discreción por su parte.

En caso de guerra no puedo esperar que me delate frente al enemigo.

-Yo temo más a Leonor que al tormento

del más cruel de los ejércitos.

Pero comprenda que su secreto me estaba corroyendo.

Y dado mis últimos acontecimientos con Leonor, temí

que fuera motivo de una nueva disputa, no sé.

No le quería volver a mentir, necesitaba hablar con ella

y decirle que le estaba ayudando a preparar los combates.

-Que sí, que no se disculpe más, olvídelo.

El Adelantado.

Gracias.

Ahora tenemos que preocuparnos de lo importante

y, es que hoy es el primer combate.

-Sí, es vital salir victorioso.

-Me conformo con quedar contento con mi actuación.

Cuando todo esto pase, me sinceraré con Rosina.

-Ay, Dios mío. Debería usted

preocuparse más por ella,

que por los púgiles a los que se enfrentará.

-En eso no le quito razón, pero tengo que hacerlo así.

Si gano, necesitaré su apoyo y comprensión

para comenzar con mi carrera.

¿Y si pierde?, Dios no lo quiera.

-Si pierdo tendré que contárselo para que entienda que era un sueño.

-Y si está decidido a terminar confesando,

¿por qué no se lo ha dicho antes?

-Muy sencillo, porque no quería preocuparla.

Rosina no entiende de pugilismo y pudiera temer que me dañaran.

-Lamento decirlo, pero lamentablemente podría ser así.

-No, eso no será así si yo me esfuerzo en evitarlo.

Ahora tengo que preparar muy bien el combate.

Y lo primero que tengo que hacer es encontrar la ropa adecuada.

-Uy...

Reunión de pastores, oveja muerta.

¿Qué os trae por aquí?

-¿No podemos venir a visitarla sin más?

-Querido sobrino, tu visita a hora tan temprana

y acompañado, no puede ser solo por cortesía.

Precisas algo de mí.

-No se equivoca usted.

Quería saber si tuviera algún calzón deportivo que pudiera utilizar.

-No es un género que demanden mis clientas, pero...

tratándose de ti, estoy dispuesta a confeccionártelo.

Siempre que no lo vayas a usar en un combate de boxeo.

-¿Qué le hace pensar eso?

-Disculpa, tienes razón.

No sé cómo he pensado algo parecido.

Tú no pelearías como un vulgar maleante, ¿verdad?

-Claro que no.

Solo lo preciso para cruzar unos guantes.

-¿No querrás decir guantazos? -Doña Susana,

no desprecie el deporte del boxeo,

porque no es una pelea callejera. Liberto no va a pelear,

sino a entrenar. -Usted mejor calle, Íñigo,

que me fío menos de usted, que de mi sobrino.

Lo tendrás en unos días.

Espero no arrepentirme.

-No, no, no, el problema es que lo preciso para hoy.

-¿Para hoy?

Liberto, pides un imposible.

Si tanta urgencia tenías, no deberías haber acudido a una sastra,

sino a una maga.

-Claro.

No se preocupe, ya localizaré el calzón en otro lugar.

-Y si no lo localizas no pasa nada, como es solo para entrenar.

-Claro. No le diga de esto nada a Rosina.

Tampoco es algo de vital importancia, que no...

-Ay...

(NIEGA)

(RÍEN)

Señores, que bien que ya estén aquí.

Estaba con el corazón en un puño.

Bueno, ¿qué les ha dicho el doctor de sus males?

Sepan que todas mis comadres del altillo me preguntan.

Estamos muy "preocupás".

-Gracias, pero las noticias no pueden ser mejores.

-El médico nos ha asegurado que estamos curados.

Ya no quedan rastros de aquellas malas fiebres.

-Ya podemos hacer vida normal, esta pesadilla ha terminado.

-Qué alegría más grande.

-Tenemos mucho que celebrar.

Es como si hubiéramos nacido de nuevo.

Felipe,...

he pensado que podíamos hacer un viaje a Londres para visitar a Tano.

-¿Para cuándo?

-Para Año Nuevo, a más a tardar.

-No dejas margen para prepararlo todo, pero... déjame pensarlo.

-Lolita, ¿dónde está Lucía?

-En su cuarto, que no hay quien la saque de ahí ni con agua hirviendo.

-A ver si va a precisar de un médico.

-Ya se lo he propuesto.

Insiste en que no es menester. -Por su estado

no lo parece, algo le pasa. -Sin lugar a dudas.

Pero creo que lo que le aflige no tiene que ver con la medicina.

No es físico.

Aguardaré unos días a ver si mejora y si no, volveré a hablar con ella.

-Hazlo. No podemos dejar que su estado se prolongue más tiempo

sin buscar un remedio.

-Por cierto, Lolita,

te alegrará saber que Carmen ha regresado de su viaje.

La hemos visto abajo, estará subiendo al altillo.

Puedes marchar a verla.

-Me gustaría, pero además de imposible no va a poder ser.

He "quedao" con Ceferino

"pa" verle antes de almorzar. Eh...

El noviazgo en Cabrahígo es así, aunque me pese, he de cumplir.

-Ya nos dijiste que tienes que verle tres veces al día:

de mañana, antes de comer y antes de cenar.

-Vamos a saber más de las tradiciones de Cabrahígo

que de las nuestras.

-Por lo que veo, no has encontrado la solución.

¿Cómo le ha ido el viaje?

-¿Y su Raúl?

¿Qué tal está ese demonio de chico?

-¿No será mejor que antes de contestar a sus preguntas,

deje la maleta?

-Que no, que estamos deseosas de saber de usted

y de su hijo.

-Pierda cuidado,

que ahora les doy capricho.

No podría haber vuelto más dichosa.

Mi Raúl está muy formal y muy trabajador.

-Muy formal dice, pues sí que ha "cambiao" el mastuerzo.

-Sus vecinos y compañeros de trabajo le tienen aprecio.

Ha hecho amistades.

-¿Y entre esas amistades no hay una buena muchacha?

-Creo que sí, Agustina.

Tiene una conocida por la que bebe los vientos.

-A ver si vuelve con faena y con un nieto "pa" usted.

Que de haberlo sabido,

antes teníamos que haberlo mandado a las vascongadas.

-(RÍEN) -Marcelina,

le estoy muy agradecida

porque haya atendido a mi señor en mi ausencia.

-Pierda "cuidado", que no ha sido "na".

-Buenos días, Servando. Mire quién ha venido.

-Buenos serán "pa" ti, Casilda.

A la "señá" Carmen ya la he visto antes.

-Veo que hay cosas que no cambian.

-"Pa" chasco que sí, Carmen.

Servando empeora con el tiempo. -Se avinagra.

-Dejen de burlarse de un servidor y atiendan, que quiero

preguntarles algo. -Miedo me da.

-Vamos a ver,

¿se puede saber qué puede ver una mujer en un mulato?

-Agustina, tenía usted razón

en tener pavor a la preguntita de marras.

¿A quién se le ocurre preguntar eso? -A buen sitio ha venido a preguntar.

Mulatos no es que hayamos visto muchos.

-Pues nones. A lo mejor

un hombre moreno porque le ha dado el sol.

-Ya pero pueden ustedes imaginárselo, ¿no?

-Eso sí.

Es de imaginar que serán más fuertes que los blancos.

-Y más altos.

-Y más exóticos que los de mi pueblo.

-Sea como sea,

la realidad es que eso importa menos que un comino.

-Servando, haga el favor de no darle más a la mollera con ese asunto.

No se nos mortifique más, hombre.

-Entonces ¿será...

porque son más altos?

Malditos seáis los mulatos.

A este paso vamos a tardar una eternidad

en dar la vuelta a la manzana,

que nos pesan los pies.

-Más que dar un paseo como "prometíos",

parece que marchamos en velatorio.

-Quía, que servidora ha estado en velatorios más "animaos" que esto.

-Será que no nos hemos "acostumbrao" a tratarnos como novios.

-¿Por qué será? -Mujer,

si no nos hemos dado ni una vez la mano.

Y eso lo hacen todas las parejas en el pueblo.

-Cefe, yo creo que no se trata solo de darnos la mano,

se trata de que nos hemos ennoviados a la fuerza.

Hemos reconocido que no nos amamos.

-No sé, tampoco perdemos nada por intentarlo.

¿Cómo te sientes?

-¿Qué quieres que te diga?

Ni frío ni calor.

-¿Y tú? -Mismamente.

Como si le hubiese "dao" la mano a mi abuela, perdona que te lo diga.

-"Perdonao" quedas.

-¿Y si nos diéramos un beso?

-Arrea, Cefe, que te dan la mano y te coges el brazo.

-Mujer, no sé, era por si sentíamos algo.

-¿Qué contento?

-Tampoco mucho, "pa" qué te voy a engañar.

Debería de habérseme removido algo por dentro.

-Pero "na" de "na", como a mí.

Por mucho ánimo que le pongamos, el amor no surge así como así.

-Bueno, no sé, mujer, las verduras hay que regarlas,

dedicar esfuerzos, atenciones...

-Ya, pero es que ni tú ni yo somos coliflores.

Mira, Cefe,

yo creo que tú tienes que probar con una mujer a la que ames de verdad,

verás que la sensación sería otra, ea.

-Tampoco esperaba yo semejante consejo por parte de mi novia.

-Y dale con lo de novia...

Ay...

Para no haber visto a un mulato,

parece que tienen claro lo que les gusta de ellos.

Que si son altos, exóticos, aventureros...

-No se olvide de lo de guapos.

-No, no me he "olvidao", mastuerza, descuida.

-Marcelina, ¿usted qué opina, que no ha dicho ni esta boca es mía?

-Es que...

a una le agradan más otro tipo de hombres.

Más de aquí,

de pueblo,

simpáticos, animados, naturales... -Caramba, Marcelina,

parece que me estás describiendo a mí mismo.

-No creo que le esté describiendo a usted exactamente.

-Pues "na", que...

me han "servío" ustedes de mucha ayuda.

Ya sé que mi rival será más fuerte

y más guapo que un servidor.

-Bueno, Servando, pero eso tampoco era difícil

de imaginar, fuera mulato o no lo fuera.

-O sea que...

-En fin, será mejor que vaya a deshacer mi equipaje.

-Deje que le ayudemos, Carmen. ¿Viene, Agustina?

-Sí que voy a necesitar ayuda para deshacer una maleta tan pequeña.

-Así nos sigue hablando de su Raúl. -Sea entonces.

-Vengan.

-Qué curioso, Marcelina,

porque la descripción que ha "dao" usted de su hombre ideal

es exactamente igual a la descripción de mi primo.

-Qué tonta, Casilda,

si una hablaba por hablar.

-Ah.

-Pero ya que me lo nombra, ¿habrá visto ya mi felicitación de Navidad

o cree que debería de mandarle otra?

-Claro, que todo eso que ha dicho antes

lo ha ido pensando al momento, ¿no?

-No, no, no, ¿por qué dice eso?

Si una solo quiere ser amable con él.

-Ah. Pues yo creo que quiere ser amable con mi primo en demasía,

vamos, que no se lo quita de la mollera.

-Nanay, es que me ha "impresionao" lo que me contó de que el Jacinto

ayudó a "to" el pueblo.

-Y no exagero, no.

Mi primo es más bueno que el arroz con leche.

Si alguien en el pueblo tiene una cuita, sabe que puede acudir a él.

(SUSPIRA)

¿Ha visto, doña Susana?,

Servando es un hombre guapísimo.

-No te falta razón.

Qué porte, qué planta.

-Por no hablar de su buen color de cara.

-Servando, hoy tiene el guapo subido, perdóname que le diga.

-Está usted hecho un Adonis.

-Lástima que no tenga la cámara de fotos,

no podría parar de retratarlo.

-Sí que está hoy apuesto.

(GRITA)

¡No, no, no, no, no!

Aguarde, aguarde, aguarde, don Íñigo, se lo ruego, por favor.

Dígame,... ¿cómo me ve?

-¿Cómo dice?

-No, no, que si tengo el mismo color de siempre.

-¿Qué clase de pregunta es esa, Servando?

¿De qué color pretende estar, verde, azul...?

-No, no, no, nones, le quiero decir

que si me ve más oscuro, por no decir negro, vaya.

-No, no, le veo... Al contrario, le veo más pálido

y más cetrino de lo que acostumbra.

-¿Por qué, qué le sucede, está enfermo?

-No, nada, no lo entendería.

Gracias.

(RESOPLA ALIVIADO)

-Bueno, hasta luego.

-Adiós. Aguarde, aguarde, don Íñigo.

Por favor, me...

¿Le puedo preguntar algo?

-Hombre, conociéndole, de nada me valdría negarme.

-¿Usted cree que los negros son más guapos que los blancos?

-¿Qué? ¿A qué viene esa pregunta?

Yo qué sé, si no he visto a un negro en mi vida.

-(RESPIRA ALIVIADO)

(LLORA)

Venga, vamos, Liberto, ¿está listo? -Sí.

Ya lo tengo todo preparado para el combate.

-¿Cómo se encuentra, animado?

-Así es. Pero le reconozco que estoy un poco nervioso.

-Hombre, no debería.

Va a tener la oportunidad de demostrar todo lo que ha aprendido.

-Sí.

Parece ser que ha llegado mi gran momento.

-Oiga, ¿su esposa no está en casa, no?

-No. Se ha vuelto a marchar de compras.

Nuestras finanzas lo lamentarán.

Ella sabe que las Navidades son las Navidades, además,

eso me puede venir bien para ir al combate tranquilo.

-Íñigo, no sabía que estabas en casa.

-Sí. Había venido, que... -Cállate, que prefiero no saberlo.

Cuantas menos cosas sepa, mejor.

Así no seré tan cómplice de vuestro engaño.

Eso sí, Liberto,

te deseo mucha suerte en aquello que no sé qué te dispones a cometer

y que prefiero no saber. -Te lo agradezco.

-Mi madre no tardará en llegar, no os entretengáis.

(RESOPLA)

(Llaman a la puerta)

Lucía, no la esperaba.

Siento molestarle. Pase, pase.

Sabe de sobra que usted nunca lo hace.

Al contrario, me alegra tenerla de vuelta en esta casa.

Venía a comunicarle que he tomado una resolución

sobre el cuadro en el que estaba trabajando.

Aquella pintura que le inspiraba curiosidad.

Sí.

He decidido devolvérsela a su dueño.

¿Su dueño? Pagamos un justo precio por ella.

Nos pertenece.

Samuel, ya no lo siento así.

Creo que debe tenerlo ella, la mujer que fue retratada.

¿Y pretende regalarlo sin recibir nada a cambio,

después del esfuerzo que dedicó en esa pintura?

No podría aceptar nada suyo.

María Ángeles es una mujer mayor y sin posibles.

Usted sabe que no le doy importancia al dinero.

Lo sé. Pero es justo que usted recibiera alguna compensación

por su labor.

Y así será.

Me siento pagada al poder rescatar

una preciosa historia de amor prohibida.

Me gustaría pensar que María Ángeles vaya a obtener la paz

pudiendo admirar el retrato que le hizo su amado.

Es usted una romántica.

Pero me extraña lo repentino de su decisión,

que ahora quiera desprenderse de una pieza

por la que sentía tanto apego. Creo que es hora de pasar página.

He descuidado otras muchas obras de arte.

Y, usted, como mi socio, espero que no tenga inconvenientes

en no sacar beneficios de la pintura.

Lo compensaremos con otras piezas.

Desde luego.

Jamás me atrevería a contradecirla.

Si usted quiere regalar ese cuadro, hágalo,

yo nunca me opondré.

Le agradezco que no lo haga.

Ahora voy a preparar la pintura para su traslado.

Aguarde un momento.

No me deje sin su compañía tan pronto.

Hay algo que me preocupa.

No quisiera molestarle al preguntarle.

No lo sabremos hasta que no lo haga.

¿Qué sucede entre usted y el padre Telmo?

Últimamente se les veía muy cercanos.

Ahora he podido apreciar que usted le evita.

¿Ha vuelto a tomarse libertades con usted aprovechando la cercanía?

No. No, Samuel, en absoluto.

Veo que no quiere hablar de ello.

Aunque entiendo que algo ha sucedido,

respetaré su silencio.

No insistiré más.

Se lo agradezco.

Lucía,...

sea lo que sea lo que haya sucedido,

tan solo quiero que sepa que yo siempre voy a estar a su lado,

como su prometido o como su amigo.

Lo que usted decida.

Gracias, Samuel.

Aquí tiene.

No era menester que se molestara.

No tengo apetito.

Haga un poder, por favor.

Un hombre como usted no puede alimentarse del aire

por muy santo que sea.

Menos mal que ya terminó el ayuno.

Usted no precisa de tales sacrificios.

Se equivoca, Úrsula.

Todos precisamos limpiar cuerpo y alma.

Su alma está limpia como los chorros del oro.

Tome algo, hágame ese favor.

Quizá deberíamos hacer una comida especial por estas fiestas.

Sabe que no soy amigo de dispendios.

No deberíamos gastar mucho dinero.

Pero tenemos que celebrar tantas cosas...

Que por fin ha vuelto la paz a nuestras calles,

que ya hemos superado los malos momentos vividos.

Quién sabe,

quizá el año que se avecina nos traiga

algunas bodas.

Agradezco su intención, Úrsula, pero no quiero celebrar nada.

Recuerde que quedamos que le remendaría la camisa, y...

si se la quita ahora, se lo puedo hacer.

Le dejo una muda limpia.

Ahora mismo me cambio.

Todavía sigo emocionado, amigo.

Creo que no olvidaré este combate en lo que me queda de vida.

-El que lo va a tener más presente es su oponente.

Menudas pesadillas va a tener recordando sus golpes.

-Era muy bueno, ¿eh? Probablemente, la suerte me sonrió a mí.

-La suerte no lanza ganchos. Está en plena forma.

-Parece que los meses que llevo entrenando dan sus frutos.

-Eso ni lo dude.

Se ha comportado como un maestro. Ha bailado a su rival

golpeándole cuando era preciso y certeramente.

-La verdad es que me he sentido a gusto en el ring.

-Pero si parecía que estaba en su propia casa.

Y eso que no le había dado tiempo a acostumbrarse,

porque su rival no ha aguantado ni dos asaltos.

-Cuando he escuchado al juez contar hasta 10,

no podía creer que había ganado.

Pensaba que se iba a volver a levantar.

-El pobre estaba grogui perdido.

Si no hubiese así, no creo que se hubiese levantado de nuevo,

porque no querría seguir recibiendo guantazos.

-Estoy pensando que quizá sí que tenga posibilidades de continuar

en este deporte. -Yo vi al promotor,

que estaba entre el público, y le aseguro

que estaba más que satisfecho viéndole pelear.

Tal vez me encuentro delante del futuro campeón.

-Me alaga en exceso.

Hágame un favor. -Hombre.

Cualquiera le contradice.

-Compruebe mi rostro.

Observe que no tengo ninguna magulladura antes de subir a casa,

que no quiero que Rosina me descubra.

-¿Cómo va a quedar rastro de la pelea

si el desdichado no ha llegado a rozarle?

Rosina no debería preocuparse por usted.

Ha mostrado una maestría

insólita esquivando golpes. -Pero por si acaso,

compruébelo.

-A ver. Bueno...

Apenas tiene una rojez

en el mentón. Pero eso no es nada.

-¿Qué le sucede a Liberto?

-Nada, nada en absoluto. -¿Por qué dice eso, tía?

-Porque te estaba mirando la cara y de forma muy extraña.

-Ah, ¿eso?

-Sí, eso.

¿Qué estáis haciendo?

-Nada. Es que Liberto se estaba quejando de que...

le había entrado una pelusa en el ojo.

-A ver, déjame.

-No, si ya... Yo creo que ya se me ha quitado.

Con Dios. -Con Dios.

Padre, Telmo...

No ha probado bocado.

Cosamos esa camisa, que no se diga

que el padre Telmo parece un pordiosero.

¿Qué diantres?

Sangre.

Vamos.

-No bebas más.

A las buenas, Ceferino. ¿Qué, desea tomar algo?

-Sí, un café de esos tan sabrosos que preparan.

A ver si me anima una miaja.

Tengo que buscar a Lolita "pal" paseo de la noche.

-Quién lo diría.

Más que pasear con su prometida, parece que va al matadero.

Pues sí que parece usted animado, sí.

¿Seguro que no le pasa nada?

-No es "na", no se preocupe.

-Parece que a nuestros clientes, las comidas navideñas

no les quita el apetito.

No paran de pedir chocolate con churros.

-Mejor para nosotros.

Si nos pidieran bicarbonato, no ganaríamos ni un céntimo.

-Oye, dime, ¿cómo le va a Liberto con los entrenamientos?

¿Tiene posibilidades? -Flora, sin duda.

Liberto se está aplicando sobremanera

para ganar esos combates.

-Pues que no se aplique tanto.

Como gane, tendrá que enfrentarse a doña Rosina,

y no hay púgil más temible.

-Yo también creo eso, sí.

¿Qué tal por aquí?

¿Alguna novedad? -Nada, poca cosa.

Había quedado con Casilda para comprar retales.

-¿Para qué los necesitas?

-Para hacerle una blusa a Fabiana.

-Pues marcha ahora si quieres. Me quedo al cargo de echar el cierre.

-A buenas horas, mangas verdes,

ya estará cerrado.

Casilda no puede acompañarme.

Estaba atareada, o eso dice ella.

Yo creo que me ha mentido, el verdadero motivo era otro.

-¿Ah, sí?

¿Acaso le sucede algo a Casilda?

-He escuchado a Fabiana comentar con Trini

algo de un mal de amores, que está hecha un mar de dudas.

-¿No me digas?

-No hagas mucho caso, he cogido la conversación al vuelo.

Pero eso explicaría muchas cosas.

La veo muy rara.

Como despistada.

-Quizás tengas razón.

Es extraño en ella.

Todos sabemos cómo es Casilda, de aquella manera, eso es verdad.

-Yo siempre la he tenido por una mujer con los pies en el suelo

y la cabeza bien amueblada. -La cabeza, quizá,

pero el corazón es otra cosa.

¿Adónde va este con tanta urgencia?

¿Te ha pagado el café? -¡No me ha pagado!

-¡Será sinvergüenza el pueblerino!

¿Has visto qué guantes más bonitos?

-"Pa" chasco que sí. Parecen de piel, no de tela.

-No solo lo parecen, lo son. Me los regaló mi Raúl.

-Pues le han tenido que costar un potosí.

-Sí. Y mira que le insistí en que no se gastara nada en mí.

-Ande, tampoco diga eso.

Usted se lo merece, y si el muchacho "tie" posibles...

-No se puede quejar, es un buen trabajo y bien pagado.

-Eso parece. Ha encontrado una colocación que tiene futuro.

-Creo que sí, Casilda.

Puede llegar a labrarse un buen porvenir.

-A lo mejor al tiempo se marcha con él.

-Ay, Casilda, vete a saber.

La vida da tantas vueltas...

-Pues sí. La verdad que sí, la vida da más vueltas que un tiovivo.

-Si algo he aprendido es que es mejor no hacer planes,

que luego las cosas salen por donde menos lo esperas.

-Esa es una muy buena conseja.

-Si me perdonas, marcho a mi cuarto.

-"Perdoná" queda. Seguro que está usted "fatigá" del viaje.

-Así es. No veo el momento de echarme al catre.

No tengo ganas ni de cenar.

Buenas noches, Casilda.

-(SUSPIRA)

Que si da vueltas la vida, que se lo digan a servidora.

-Casilda.

-Ceferino.

¿Qué hace aquí? Lolita no ha "subío" de la faena.

¿Le pasa algo? ¿Por qué me mira así?

(SOLLOZA)

Padre,

ayúdame a ser fuerte.

No permitas que me abandonen mis debilidades.

Que traicione todo aquello en lo que creo.

Guíame por un camino de luz y santidad.

No abandones a este pecador.

Escucha mis plegarias, te lo ruego.

Solo tú puedes ayudarme.

¿Qué te aflige, hijo mío?

Fray Guillermo.

Gracias, padre.

(LLORA)

Tengo tantas ganas de abrirme a usted...

Pero a la vez me da mucha vergüenza

que vea en lo que me he convertido. No digas enormidades, hijo.

Siempre has sido muy dramático.

Voy a recibir más puñetazos que un púgil,

cuando mi madre se entere de tus aficiones.

-Te ruego más paciencia, Leonor.

Cuando acabe el segundo combate se lo contaré a tu madre.

-Deberías habérselo contado ya.

-Yo lo hago para ahorrarle preocupaciones prematuras.

Tal vez esto no llegue a mayores y hubiera sido absurdo inquietarla

pensando que pueden marcarme la cara. Lo entenderá.

-Mucha suerte. -"Todos sabrán que soy"

una "perdía".

-Chiquilla, pero qué cosas dices.

-Pues lo que hay, las cosas que hago.

Que es que... ayer me besó Ceferino.

Y fue un beso..., un beso...

Vamos, me hizo un repaso que ni el sacamuelas de mi pueblo.

-Yo venía a casarme contigo, Dolores, y ahora...

-¿Y ahora qué?

-Que el beso que le di a tu amiga me ha "dejao" "trasconejao".

-Lo que su sobrino tiene "abandonao" es el "Atineo".

-Ateneo, burra.

¿Y eso?

-Ahora pasa las horas muertas en la Sociedad Gimnástica.

Le "tie" "sorbío" el seso el sport ese de darse "guantás".

Nunca había lavado tanto calzones ni camisas de tirantes como ahora.

Anoche, al fin, no escuché ruidos en el cuarto del padre.

Últimamente andaba desazonado.

Creo que es la primera noche que ha podido dormir después de días

de profundos sufrimientos.

Me alegro de que mi estimado Telmo cuente con alguien como usted, hija.

Su afecto por él se nota a la legua.

Siga, siga a su lado.

Ya verá como entre los dos

conseguimos que nuestro estimado Telmo

vuelva a ser el hombre animoso de siempre.

-¡Embustera! -Oye,

¡un respeto, que te arreo con la sartén en los morros!

-¡Respeto el que tenías que haber tenido tú con mis sentimientos!

He hablado con Dolores. Se me han abierto los ojos, Casilda.

Me camelabas para librar a tu amiga.

"Todo sea porque su estancia"

en Acacias sirva para solucionar la situación de nuestro párroco.

Aún no sé sus cuitas, pero espero averiguarlo.

Me quedaré en la ciudad el tiempo que sea necesario.

Telmo es como un hijo para mí. Eso está muy bien saberlo.

Y también que esté pendiente de él.

A más ver. Con Dios.

-"Lolita, ¿qué ha pasado?".

-Pues... que pensé que el beso no iba a ser "na" "pal" Cefe,

pero se ha "encariñao" más de la cuenta.

-Y la Casilda es muy "sentía", como ya saben.

Ella no es capaz de hacer daño a una mosca, y la chica está compungida.

-Paisana, que la hemos liado gorda.

-El ganador del combate.

Le pareceré fato, pero me hace ilusión ver mi nombre en la revista.

-No, no, de fato nada, menuda campanada.

Eso sí, ojito que no lea esto ni su tía ni Rosina.

El combate lo va a tener en su casa.

Entre ver a don Remigio, a la cacatúa esa o ver a don Telmo

con esa facha, pues yo elijo don Telmo.

-Vas a ir derechita al infierno por hablar así de un cura.

-Anda, Susana, que un cura también es un hombre.

-No para el resto del mundo.

Es un siervo de Dios y se debe a sus votos, Trini.

-¿Te ha ido mal la reunión con el marqués?

-Me envía a Oporto.

-¿Cuándo? -Eso es lo malo.

Ya.

-Imposible, nos vamos a Londres.

-Nos íbamos.

-No voy a anular el viaje.

Felipe, pospón lo de Oporto. -Vamos a ver, cariño,

tengo que supervisar unas inversiones

en unas bodegas. Ahora.

-En Navidad. ¿Qué pasa con Tano?

Tenemos planes. -Y tenemos trabajo,

al menos yo.

-Te hemos "librao" de casarte conmigo.

Reconoce que yo "pa" ti, ni frío ni calor.

-Y sin embargo, con la Casildilla sí, ¿no?

-Pelusa.

Esa sí que me la ha "dao" con queso.

Con lo pequeñita que es y lo duro que me ha pegado aquí.

-Eso sí que no, ¿eh?

Con la Casilda no la tomes, que las culpables somos nosotras,

que la convencimos "pa" que te robara ese beso.

Tengo miedo de no poder ser fiel a mis votos.

Por mucho que me martirizo y rezo...,

no me la puedo quitar de la cabeza...,

ni del alma.

¿Una mujer?

Lucía Alvarado.

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  • Capítulo 918

Acacias 38 - Capítulo 918

28 dic 2018

Lucía y Telmo no consiguen aclarar qué ocurre entre ellos y cómo deben de proceder. El cura, lleno de sentimiento de culpa, hace penitencia para olvidar a la muchacha. Lucía quiere deshacerse del retrato de la mujer que investigó con Telmo y así olvidarle.

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  1. Andrea Giovannoni

    Hola, Acacias 38 me acompaña desde que empezó, en Argentina primero y ahora viviendo en Australia (la veo x internet) también. Espero que siga por muchos años más, me encanta ! Felicidades para todos !

    07 ene 2019
  2. Raquel Pinales

    Yo veo Acacias 38 desde la primera historia y esta es por mucho la mejor, la mirada de Telmo y de Lucía parece que sale de la pantalla y se hace real. Felicidades a los guionistas y espero que siga así de interesante en las tramas. Saludos desde Bélgica.

    02 ene 2019
  3. Saro

    A lo largo de toda la serie siempre han habido tramas muy interesantes: Germán y Manuela; Mauro y Teresa; Liberto y Rosina; Simón y Elvira: Arturo y Silvia; Jaime Alday y Ursula; Diego y Blanca y algunas otras pero, en este momento para mí, la mejor es la de Telmo y Lucía, sobre todo por la singularidad de la pareja (como pasó en su momento con Liberto y Rosina). Les deseo a todos los equipos que hacen posible que podamos disfrutar cada tarde de Acacias 38, un muy Feliz 2019.

    31 dic 2018
  4. Maria Dolores

    He mirado la serie desde el capítulo1. Actualmente me atrapó!! Esta nueva trama está muy interesante con, Lucía y Thelmo. Desde Uruguay deseo...FELIZ AÑO 2019.

    31 dic 2018