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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 915 - ver ahora
Transcripción completa

Se lo he lavado, aunque no todas las manchas de pintura han salido.

Es normal.

Las manchas van indicando que se ha usado mucho para trabajar con él.

Debemos estar orgullosas.

Como las patas de gallo. Muestran que se ha vivido,

aunque la gente quiera ocultarlo con afeites.

Sí, algo así.

¿Va a trabajar mucho rato esta mañana?

Lo voy a intentar, si nadie lo impide.

Entonces la dejo a solas. Si necesita algo, llámeme.

Gracias.

Buenos días. Hoy empieza a trabajar temprano.

Sí. Y espero que me cunda.

Tengo que mezclar pintura

para alcanzar un tono concreto de azul,

y necesito mucha concentración. No la molestaré.

Samuel, si pudiera trabajar en soledad...

Claro, pero dígame si hay algo que le esté turbando.

Tengo la sensación de que algo la tiene inquieta.

No, no piense eso.

Es que este tono de azul me tiene absorta.

Siento que necesito toda la luz de este cuarto para descubrirlo.

Siendo así, lo mejor es que me ausente

y no la apague con mi mera presencia.

Si desea algo, estaré en el salón.

Sabe que siempre puede contar

conmigo,

cosa que no se puede decir de todo el mundo.

Con permiso.

¿El señor va a desayunar? Sí.

Cuando me haya servido, quiero que vayas a la Plaza de los Sauces

y me contrates un carruaje. ¿Adónde irá?

Tengo que avisar al cochero, estas fechas son difíciles.

A Segovia. Un viaje de ida y vuelta en el día.

Quiero regresar para las Navidades.

Lo que mande, señor.

(Sintonía de "Acacias 38")

Gracias.

Muchas gracias.

-Don Liberto.

¿Qué, ha mirado si dice algo en la página de los "sports"?

-¿Algo acerca de qué? -Del KO,

que según dicen los entendidos sufrió Jordi Baró en este barrio.

Tuvo que ser un puñetazo formidable.

-Por favor, Cesáreo, no me siento orgulloso en absoluto.

No se debe usar el box fuera de los cuadriláteros.

-Lo que no quita que fuera un golpe demoledor.

Procuraré no irritarle. Con Dios.

-Con Dios. -(RÍE)

Don Liberto, apenas me quedan ahorros y quiero proponerle algo.

-Dime, Servando.

Le doy un duro por enseñarme a dar un mandoble

como el que le dio a ese individuo.

-Por favor, no hay que frivolizar con estos temas.

Un puñetazo es la última opción entre hombres,

hay formas mejores de resolver las diferencias.

-Ya, pero cuando no hay más,

un remoquete de ese calibre le quita la tontería a uno.

-Servando, no insistas, no solo no te lo voy a enseñar,

sino que pretendo no volver a dar uno en lo que me queda de vida.

-Usted piénselo nada más.

Imagine lo seguro que estaría Acacias si usted y yo nos pusiéramos

a defenderla atacando a puñetazos, espalda con espalda.

Ni la banda de Luis Candelas se atrevería a robar en Acacias.

-Qué sí, Servando, lo pensaré.

Ahora, si me disculpas, tengo que... Sí, sí.

-Don Liberto, venga, que la casa invita.

El barrio tiene dudas, no saben si llamarle a usted,

Liberto Puños de Hierro

o Liberto...

el Destructor de Acacias.

-Íñigo, esto es una locura.

-Gracias a usted, Jordi Baró puso pies en polvorosa.

Esta mañana le han visto coger un tren.

Y con un ojo a la virulé como recuerdo de este barrio.

-Es irresponsable que se considere un acto de violencia

como algo bueno, fue algo irresponsable.

-Cosa que mi hermana Flora y yo se lo le agradecemos

como si fuera usted un héroe. Hoy desayuna gratis.

Ahora le traigo un chocolate y churros, que no los hay mejores.

-Buenos días, Liberto.

¿Puedo tomar asiento con usted?

-Claro que sí. Nada me resultaría más grato.

-Me cuentan que las clases de pugilismo

que lleva tomando estas semanas han dado muy buen resultado.

-¿Usted también, don Ramón?

No me siento orgulloso de haber golpeado a ese hombre.

-Dicen que se lo tenía merecido. -Aun así.

Espero no tener que volver a hacerlo nunca más.

-¿Me va a decir que no siente ni un poco de vanidad?

-Un poco sí,

pero no se lo diga a nadie.

-Don Ramón, usted que tiene tino para estas cosas,

¿qué apodo prefiere,

Liberto Puños de Hierro

o El Destructor de Acacias?

-El Destructor de Acacias, claro.

Eso mejora la fama del barrio.

(RÍEN)

Mire lo que le traigo, padre, croquetas.

¿Le gustan? Me encantan, pero no hacía falta.

Las hay de carne, de carne de cocido y de pescado.

No las he hecho yo, sino Lolita.

Usted se lo merece todo.

No olvido los días que pasamos en casa cuando la epidemia.

Deje de recordarlos y traiga las croquetas,

que las dejo en la cocina.

¿Quiere un té? Me estaba haciendo uno.

Si no es molestia.

En absoluto. Tome asiento y vuelvo enseguida.

Aquí está. Tenía que echar el agua caliente y listo.

Este para usted...

y este para mí.

Coja una. Las hace Úrsula, son de canela.

A veces pienso que debería confesarme

por lo mucho que me gustan.

Están exquisitas.

Doña Celia, ¿a qué se debe en verdad su visita?

Saludarle, como siempre.

Ya se podía imaginar que hay algo más.

Estoy inquieta por mi prima.

Usted sabe que ha rechazado la propuesta de matrimonio de Samuel.

Lucía es joven, tiene mucho tiempo para enamorarse

y encontrar a la persona con la que compartir su vida.

Sí, pero la experiencia me dice que el verdadero amor

no proviene de un simple enamoramiento.

Mire a Felipe.

Un verdadero ejemplo de amor hacia usted.

Ojalá hubiese muchos como él.

Sí. En estos tiempos pasados, con las fiebres,

lo ha demostrado sobradamente, pero no siempre fue así.

Ha sido un calavera, infiel, nocherniego...

Ignoro lo ocurrido, pero don Felipe es un hombre

que siente devoción por su esposa.

A eso me refiero, el verdadero amor llega poco a poco.

Temo que Lucía esté dando vueltas como una veleta

esperando un amor romántico

y desprecie a alguien como Samuel Alday.

Confiemos en la madurez de Lucía,

no creo que sea una mujer llena de pájaros en la cabeza.

Sí, si a mí Samuel Alday no me gusta.

Pero lo que noto en ella me gusta menos.

No sé a qué se refiere.

Creo que está enamorada de otro hombre.

Tan pronto está taciturna, como alegre,

a veces se ríe y otras deja la mirada perdida a través del balcón.

¿y no le ha preguntado? Sí,

pero no me ha dicho nada.

Temo que se trate de un mal hombre.

(RESOPLA) También puede no serlo.

En el caso de que sus sospechas sean ciertas

y realmente exista ese hombre, claro.

Tal vez sea ese hombre

quien la amará como don Felipe la ama a usted.

¿A usted no le ha confesado nada?

Doña Celia, lo que se confiesa a un sacerdote

es completamente confidencial

y secreto.

Faltaría a mi compromiso si lo desvelara.

¿Y como amigo?

Nada en absoluto.

Solo le aseguro una cosa,

si viera que Lucía está en peligro,

haría todo lo posible para salvarla de él.

-"Doña Susana, creo que está sacando las cosas de quicio".

¿Un sobrino mío a mamporros con un hombre en un bar

y dices que lo saco de quicio?

-Sí, porque no fue una pelea de taberna,

Liberto salió en defensa de una mujer que estaba siendo humillada.

-¿Humillada? Exageras.

Lo que me han dicho es que ese arrastracueros

solo pretendía robarle un beso.

-Madre, por favor, ¿robarle un beso?

¿Qué estamos, en el siglo XVI?

Estaba intentando forzar a Flora para hacer algo que ella no deseaba.

-Sí, sí, en eso llevas razón.

Pero yo me siento avergonzada de que mi esposo

sea la comidilla del barrio

por meterse en una reyerta. -Hombre...

Leonor, yo no digo que ese hombre hiciera bien,

pero no sé por qué Liberto tuvo que inmiscuirse por medio.

¿No tiene esa mujer un hermano?

¿Es que si te pasa algo a ti, Íñigo no va a dar la cara?

-Pues yo se lo digo, tía.

Me metí por medio porque alguien le tenía que parar los pies

a ese canalla. -¿Y si busca venganza?

-Pues aquí le espero.

Aunque no deben preocuparse,

me han dicho que abandonó la ciudad en tren.

-Gracias a Dios.

-Así que, no se inquieten más.

-Y no me siento orgulloso de lo que hice.

-Ah, al menos lo reconoces.

-Pero si me volviera a ver en la misma situación,

volvería a hacerlo. -¡Ay!

-Bien dicho. -Leonor, esas maneras.

-Creo que las mujeres deberíamos aprender también pugilismo,

para que ningún hombre tuviera que usar los puños por nosotras.

-Lo que faltaba.

De verdad, espero que el Señor me lleve pronto,

yo no quiero vivir en este mundo.

¿No le gustaría saber dar un buen puñetazo, tieta?

-¿Para pelear en las tabernas, como un bandolero?, no.

-Pues se me ocurre a más de uno al que le pegaría un buen sopapo.

¿Te acuerdas de los Escalona? -Ni me acuerdo,

ni ganas.

Y me voy de esta casa, que os habéis vuelto locos.

-Bajo con usted,

así doy un paseo a la librería y recojo un pedido.

Hasta luego, madre. -Hasta luego.

-Cómo me habría gustado ver el puñetazo que le diste a ese hombre.

-¿No estabas avergonzada de mí?

-Sí, un poco avergonzada, pero sobre todo, orgullosa

de la fuerza de mi esposo.

(RÍE)

No me molesta que me invites a un chocolate, lo que pasa es que...

una no está "acostumbrá" a estar "sentá" aquí como una señora.

-¿Hay que ser señora "pa" tomar un chocolate "sentao"?

Pensé que con pagarlo bastaba.

-Y así es, pero si me ven "tumbá" a la bartola,

van a preguntarse por qué no estoy trabajando.

-¿No habías "terminao" ya la faena?

-Sí, pero amén de ser trabajadora,

hay que parecerlo,

que la señora piense que siempre haces cosas.

-Madre mía, qué complicado es "to" en la ciudad.

En Cabrahígo "to" es más fácil.

Si "ties" labor, laboras; y si no, descansas.

-Ahí te doy la razón.

Aquí "to" es ilógico,

en Cabrahígo sabes lo que "ties" que hacer.

Y pensar que los señores dicen que estamos locos con nuestras normas

y, los locos son ellos, que "to" lo dejan a la mano de Dios.

-Sin normas quería ver yo al mundo...

-Y hablando de normas,

¿cuándo nos vamos "pal" pueblo?

-¿Qué prisa "ties", mujer?

-Las prisas son tuyas.

-Ya, pero, dejar a tus jefes sin criada ahora

que se acercan las fiestas...

-Mu "considerao" tienes tú a los señores.

Si hay una revolución,

te pilla debajo la higuera.

-No sé, se han "portao" bien contigo.

Que pasen las Navidades,

que busquen una sustituta y después nos vamos "pal" pueblo.

-Me parece muy bien, que las prisas eran tuyas y no mías.

A saber

por qué habrás "refrenao" las ganas.

-Casilda.

-Hale, ahí te quedas, Lola.

-Tenía que darle las gracias a Casilda

por lo bien que se portó conmigo en la comida.

-Eso, eso, es de bien "nacío" ser bien "agradecío".

Y Casilda,

de lo bueno, lo mejor. -Sí que es maja

la Casilda, sí.

-Me voy, que tengo que poner en el fuego la comida de mis señores.

Y tú, Cefe, si te encuentras a Casilda,

invítala a un chocolate,

que pasas muchas horas solo por Acacias.

-Ea, si la veo esta tarde le echo un ojo...

-Me invitas tú, ¿no?

-Sí, claro. -Vale.

¿Cómo se llama? Cabrahígo.

Se habla más de ese pueblo en este barrio, que del mismísimo París.

Sí, Cabrahígo. Son raros, hay que reconocerlo.

Lo que no creo es que Lolita sea mala cristiana.

Tal vez mala cristiana, no.

Pero ligera de cascos, no me lo puede negar.

Ayer la vi pasear con Antoñito y, hoy,

no hace ni media hora estaba tomando un chocolate

con el chico ese de su pueblo.

Está prometida con los dos.

Si confío en alguien, es en don Ramón.

No creo que en su casa no se respeten las leyes

de la Santa Iglesia.

Yo solo digo que los malos ejemplos se copian de inmediato.

A ver si se nos va a llenar el barrio de mozas

que pasean con un enamorado por la mañana y con otro por la tarde.

Tranquila, que estoy seguro de que eso no va a ocurrir.

Y si las cosas van a mayores, hablo con ella.

Se lo agradezco, me deja más tranquila.

Aunque cuando el pecado entra por la puerta,

la virtud sale por la ventana.

Buenos días.

¿De tertulia?

Le comentaba al padre Telmo el asunto de Lolita.

Paseando con un novio cada día.

A que no se imagina a Lucía dudando entre dos hombres, hoy uno,

mañana con otro... Estoy seguro de que Lolita

tampoco tiene duda.

Lo de Lolita es una costumbre de esas raras de su pueblo.

Por lo visto, si se besa a un hombre

en una noche de luna llena poco después de que haya granizado,

es obligatorio casarse con él. Vaya disparate.

¿Y qué dice Antoñito?

¿Qué va a decir?

Está tan patidifuso como usted y como yo.

Viendo a ver cómo arregla el entuerto, porque Lolita,

cuando era una moza, besó a ese tal Ceferino

en esas circunstancias. Espero que se arregle.

Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios

y a Cabrahígo lo que es de locos. Si me perdonan,

voy a la parroquia.

A veces parece que le da todo igual,

que no le importa si los feligreses pecan o no.

¿Venías a verme?

Sí. He perdido un botón de este abrigo.

¿Tiene usted uno similar? A ver.

Sería mejor cambiarlos todos.

Déjamelo y esta misma tarde lo tienes.

No hay prisa, si tiene que ser mañana, que sea mañana.

Pues perfecto.

¿Sabes que impresión me da

la manga ancha de don Telmo? No, ni idea.

Pues que los tropiezos como el de Lolita

no le impresionan,

porque tiene que estar acostumbrado a los pecados de la carne.

No estará insinuando que él...

No, él no. Es un hombre santo, solo hay que verle.

Pero las cosas que tiene que oír

en el confesionario, deben ser como para perder la fe.

Hay una vecina

del 32 que creo que tiene un amante

y, lo peor no es eso, su marido lo sabe

y lo consiente. Dios mío.

Así de mal va el mundo.

Me voy a trabajar. Con Dios.

Con Dios, Susana.

"¿Se 'pue' pasar?".

-"Pa" chasco que sí.

Pasa hasta dentro.

Aquí me pilla, zurciendo calcetines, que los señores serán "mu" señores,

pero también llevan tomates en los calcetines.

Hasta los reyes se tenían que descalzar

para ver si se les sale el dedo gordo por los bujeros.

-Sientan sus posaderas en tronos,

pero el suelo es el mismo "pa" tos.

-Bueno, si exceptuamos sus buenas alfombras, que bien gordas

las pisan.

Siéntate y cuéntame qué se te ofrece.

-Verás,

estamos como quien dice

en vísperas de la Nochebuena

y no veo que el Jacinto haya "venío" a la ciudad.

-Yo le mandé una carta, lo que no sé es si la tiene en su poder.

-¿Y qué "pue" haber "pasao"?

-Hombre, Marcelina, verás, es que,

mi primo es pastor, y lo mismo está con su rebaño aquí, que allá.

Así que le tiene que encontrar el cartero "pa" darle la carta

y leérsela, y eso puede ocurrir este invierno o la próxima primavera.

-Ay,...

tenía tantas ganas de verlo

y disculparme por mis modos antes del Año Nuevo.

-Pero si mi primo no sabe ni en la fecha en la que vive.

Él vive en una cabaña en la montaña

y, lo mismo le da que la Nochebuena sea esta noche, mañana, que "pasao".

Pero no te preocupes, que cuando él asome la oreja, te hablará.

-¿Y no me puedes dar su dirección

"pa" escribirle con los mejores deseos "pal" Año Nuevo?

-Bueno, sí lo puedo hacer, Marcelina,

pero si el cartero no le encuentra,

no asoma la oreja ni "pa" ti ni "pa" mí.

-Hola, Casildilla.

¿Me puedes dar una "puntá" a esta blusa que se ha roto?

-Pero Servando, ¿se ha roto o la ha "destrozao"?

-No es "descosío", hecho trizas está.

-Un ataque de rabia que he tenido.

Esa blusa se la puso mi Paciencia la última vez que fuimos de verbena.

-Pero ¿no quería tirar usted "toas" sus cosas a la basura?

-Sí. Quería y no quería,

que a veces lo destrozaría todo y, otras veces,

besaría por donde ella pisó.

-Bueno, Servando,

yo voy a intentar arreglar la blusa.

Y si yo no sé,

le pido ayuda a la "señá" Agustina,

que ella es un hacha con las agujas y los dedales.

-Y "uste" no se apesadumbre, que Dios aprieta

pero no ahoga.

-A mí me ha "apretao" tanto, que me ha "ahogado"...

Que he perdido a mi Paciencia para siempre.

-Servando, pero le digo una cosa, no se me desmorone usted,

en cuanto se enteren las criadas del barrio de que está usted libre,

seguro que hacen una fila muy larga en la puerta de su casa.

-Con lo buen mozo que es.

Se las va a tener que quitar de encima como a moscas.

-Yo solo quiero a mi Paciencia,

que para eso nos prometimos en el pueblo,

hasta que la muerte nos separara.

(LLORA) ¡Que nada dijimos de mulatos!

¿Se va ya?

No me concentro, he hecho de todo, menos trabajar.

Hasta he llevado un abrigo a la sastra.

Y ahora es casi la hora de comer

y no quiero que Celia y Felipe esperen por mí.

¿Consiguió el tono de azul que buscaba?

Creo que sí,

pero no estaré segura hasta que no se seque.

Es un tono muy complejo,

a simple vista parece azul mezclado con negro

y un poco rojo.

Pero he tardado en descubrir el secreto,

creo que la mezcla lleva

trazas mínimas de amarillo.

Qué complicado. Sí.

He hecho pruebas sobre el lienzo.

Cuando se seque, sabré si fue la combinación que usó el pintor.

No dudo de su habilidad.

Ahora debo irme. Un momento, quiero comentarle algo.

¿No puede esperar? No tardo ni un minuto.

Solo decirle que voy a iniciar un corto viaje.

Ya le he dicho que este no es el momento de salir de Acacias

y dejar sola a mi prima, y mucho menos en vísperas de Navidad.

Estoy segura y confío en que usted encontrará los mejores materiales

y obras que restaurar sin mí. Se equivoca.

No voy a casa de don Nicasio y no le estoy pidiendo que me acompañe.

Es un viaje que debo emprender solo.

Disculpe, pensé que quería que le acompañara.

Soy consciente

de que no lo desea y, no tengo intención de forzarla.

Este viaje

es por un motivo personal. ¿Algún problema?

No, no, todo va bien,

y espero que cada vez vaya mejor. Bueno, pues lo celebro.

Si no tiene nada más que decirme,

voy a comer y a hacer un recado.

Descuide, no quiero entretenerla. Y recuerde,

nada corre prisa.

Esperaré por usted el tiempo que haga falta,

toda la vida si es necesario.

Samuel, no es cuestión de esperar el momento...

No, Lucía, no hable, no son necesarias las explicaciones.

Sabe que cuenta con mi amor.

Haga usted con él lo que crea oportuno.

Nada corre prisa.

"¿Hoy?".

-Sí, no podemos dejar que se enfríe el asunto.

-Tienes a Ceferino a punto de caramelo.

Bebe los vientos por ti, Casildilla.

-Pero a mí no me parece decente esto que me piden.

Yo no bebo los vientos por él.

-Eso es lo de menos, no queremos os caséis.

Lo que no queremos es que haya boda.

-Es como un descompromiso, como echarse "pa" tras.

-Yo no estoy segura.

-¿Es que no vas a ayudar a tu amiga?

-Claro que quiero ayudar a mi amiga.

Lo que pasa es que he conocido al Ceferino

y no me parece que esto esté bien.

-¿Cómo? -Es que Ceferino es muy buen zagal.

Yo no quiero engañarlo. -Casilda,

¿me dejas en la "estacá"?

¿Vas a dejar que me lleve al pueblo y no vea a Antoñito?

-Yo digo que se puede encontrar otra solución.

Llevamos días pensándolo y te aseguro que no la hay.

-¿Quieres que me arrodille y te lo pida arrastrándome?, pues lo hago.

-Que no, que no. Levanta de una vez.

Levántate, mujer.

Que lo que no quiero es hacerle daño a nadie,

que nunca lo he hecho a sabiendas.

-Está bien,...

no lo hagas.

-¿Qué dices? Ahora no podemos echarnos para atrás.

-No, no lo hagas.

Yo me caso con Ceferino y me voy "pal" pueblo.

Poco a poco iré viendo a Antoñito,

pero no pasa "na", ¿eh?

Una noche, pues,...

de estas de invierno en la chimenea, me acordaré de él

y se me caerá una lágrima.

Pero me limpiaré rápido "pa" que el Ceferino no la vea.

-Arrea, no digas eso.

-También me acordaré de la buena gente de Acacias.

Pues bueno, Casilda,

lo mismo no volvemos a vernos nunca más.

Pero en el pueblo diré que no había mejor amiga que tú.

-No te preocupes, Lolita,

no te preocupes, que nosotras no nos vamos a olvidar de ti.

Yo iré a ver a Casilda y hablaremos de ti todo el rato.

Nos acordaremos de cuando cantabas pasodobles.

-Casilda, si tienes una hija,

puedes llamarla Lolita de nombre. -Qué bonito eso.

-Bueno, está bien, está bien. -¿El qué?

¿Le pondrías a tu hija Lolita?

-No. Está bien que sí, que intentaré que Ceferino

me dé un beso. -¡Ay!

Gracias, Casilda. Gracias.

-Pero que sepan que por esto iré al infierno de cabeza.

Y hasta ahora no me lo merecía.

-Todo arreglado. Vamos a ponernos manos a la obra.

-Yo le cito en la pérgola, que es un sitio "pa" darse besos.

Anda que no me los he "dao" allí con Antoñito.

-Perfecto.

Y cuando él llegue, le damos el cambiazo, y en lugar de estar tú,

estará Casilda.

-Ay.

Padre.

¿Ha oído la locura del compromiso matrimonial de Lolita?

Las cosas que se cuentan sobre las costumbres de Cabrahígo.

Eso, lo del beso y la luna llena después del granizo.

Todo lo que se cuente sobre ese pueblo es poco.

En el barrio llevamos escuchando las insensateces de Lolita

y de su pueblo desde que llegó a servir

a casa de los Álvarez-Hermoso,

por no decir de la señora de Palacios.

Recuerdo lo de la misa para que el hijo no saliera pelirrojo.

Cosas de Cabrahígo.

Habría que escribir un libro.

Usted tiene buena pluma, que lo veo en los sermones.

Sería una bonita ocupación.

Como si tuviera tiempo para ser algo más que párroco.

¿Está la comida? Sí.

Le he preparado unos garbanzos con bacalao, se va a chupar los dedos.

Mmmm.

Vaya usted a servir los garbanzos, ya abro yo.

Padre.

Espero no incomodarle. Si lo desea, vuelvo más tarde.

No, no, claro, pase.

No sé qué diría doña Susana si la viese en la puerta.

Últimamente ve pecados por todas partes.

Doña Susana siempre ha sido así.

¿Desea tomar algo?

Nada, ya me esperan Celia y Felipe para almorzar,

pero antes quería pasar a darle una noticia.

Dígame.

He localizado a la mujer del cuadro

gracias a los datos que usted me dio, se llama Mari Ángeles.

Y también tengo su dirección.

Qué gestión más exitosa.

Sí.

Mari Ángeles está dispuesta a hablar conmigo.

Me recibirá esta misma tarde.

¿No le parece maravilloso? Claro.

Me hace feliz que lo haya conseguido.

Padre, quiero que usted me acompañe.

No sé si es adecuado.

No puede decirme que no.

No después de todo lo que hemos compartido.

Padre, estamos unidos por la fascinación

que ese cuadro ha causado en nosotros.

Está bien, la acompañaré.

El carruaje nos espera a las tres de la tarde delante de la iglesia.

Allí estaré.

Recuerde que debo regresar a las siete, tengo que dirigir

el rosario. Llegaremos a tiempo.

Nos vemos a las tres. Allí le veo.

Padre,

he escuchado a la señorita Lucía.

No quiero extralimitarme, pero...

Hable, se lo ruego.

Usted sabe bien lo que tiene que hacer,

si me permite mi opinión, no debería acompañarla.

Ni siquiera debería permitir que le viesen subir

a un carruaje con ella.

Me encanta el queso de pueblo.

Y si es con higos, más. -No es época de higos.

-De la mermelada de higos de la tía Camila sí.

¿La sigue haciendo? -Ahora la hace su hija,

que la tía se fue "pal" otro pueblo.

-¿Se murió?

-No, "pal" otro pueblo, el de su "marío", "pa" Cabraperales.

-Ah, qué susto.

No sé qué es peor, si estar muerta o vivir en Cabraperales.

-Llevas mucho "alejá", ahora los de Cabraperales son amigos

ya no hacemos batallas de "pedrás". -¿No?

-No. Ahora nuestros enemigos son los de Antejuela.

-Pero si éramos uña y carne.

-Ya ves, todo cambia, pero en cuanto llegues al pueblo

te pones al día, que tampoco pasan tantas cosas.

Oye, ¿no lo echas de menos?

-"To" los días.

Todas las noches rezo la oración de Cabrahígo.

-Que ya sabes que no se "pue" pronunciar a la luz del día.

-Como si no me acordara. -Pues chitón.

Oye, estaba pensando que cuando vayamos al pueblo,

nos podíamos instalar en casa de mi familia,

hasta que arreglemos la nuestra. -O en la mía.

-La mía es más grande. -Y la mía más bonica

y está al lado de la plaza. Bueno, ya,...

ya lo veremos cuando lleguemos al pueblo.

¿Sabes si tus señores ya han "encontrao" sustituta "pa" ti?

-Como si fuera tan fácil.

Una es discreta, "educá", limpia y cocino como los ángeles.

-"Ea" pa ti. Pero que tampoco tarden un año.

-Un año no, pero una semana no hay quién se la quite.

¿Qué pasa, qué prisas te han "entrao"?

-Ninguna, que hay que dejar las cosas bien hechas.

Te está gustando mucho la "ciudá", me parece a mí.

-Algunas cosas y algunas personas que no esperaba.

(Suena la campanilla)

-Me voy a casa de mis señores, que últimamente la señora parezco yo.

-Y yo me voy a dar un paseo, que no me gusta estar "to" el día parao.

-Nos vemos a la tarde, en la pérgola, enfrente de La Deliciosa.

-¿A la hora del morcón? -En punto.

Hala, tira.

Voy a recoger esto. Con Dios.

-Lolita, ¿la hora del morcón?

-Sí. La de después del chambergo, a las seis de la tarde.

-Mira que sois raros en tu pueblo.

Pero bueno, "to" va bien.

Solo hace falta que Ceferino bese a Casilda.

-No sé, Fabiana, que a la Casilda la veo "arrepentía".

-Calma, si Casilda dice que va, va.

-Dios la oiga.

(Suenan las campanas)

Vengo a traerle un recado del padre Telmo.

¿Se retrasa?

No, no va a poder acompañarla. Le pide disculpas.

Si necesita, le espero.

Ha de dar los santos sacramentos a un anciano del barrio

que está moribundo en el hospital.

Como sacerdote no puede negarse.

Lo entiendo.

Siento que se hayan trastocado sus planes.

Gracias por venir a avisarme, Úrsula.

Me iré sola.

Con Dios.

Buenas tardes.

Veo que les han servido café. Me dijo Casilda que me esperaban.

-Sí, sí.

Perdone que nos presentemos sin avisar,

es un empeño de mi hermana.

-Es que, después de lo de ayer, creo que debo darle explicaciones.

-No necesito explicaciones de ningún tipo.

-Pegó a ese hombre, querrá saber si hizo bien o fue un desatino.

-Cada vez que vea a un hombre

propasarse con una mujer, actuaré de la misma forma.

Me dan igual las circunstancias o cómo se haya llegado hasta ahí.

-Pero yo me quedo más tranquila si se lo explico.

-Hágale caso, Liberto.

A mí me lo ha dicho y, creo que para ella es importante, que quede claro.

-Claro, Flora. Adelante.

-Le juro, le doy mi palabra por los hijos que algún día espero tener,

que no le di alas a Jordi Baró,

que no le hice insinuaciones

y, que en ningún momento pretendí

hacerle pensar que podía comportarse así.

-Lo sé.

Como le decía, no hay motivos para que me dé explicaciones.

En ningún momento pensé que fuera de otra forma.

-Me quedo más tranquila después de que lo haya escuchado.

Y eso nos da más detalles

de lo canalla que es ese hombre.

-Ya no está en la ciudad, creo que debemos dejar de pensar en él.

-Y con el sopapo que se llevó, no creo que quiera volver a por más.

(RÍE)

Anda, Casilda.

-Ya sé que no soy a quien usted esperaba.

-He "quedao" en encontrarme aquí con Lolita a la hora del morcón.

-Ahora son las seis.

-"Pos" eso, el morcón.

He ido a dar un paseo,

he ido más allá del río.

-Pues eso es un paseo largo. -Siete leguas de Cabrahígo.

Unos diez kilómetros, entre ida y vuelta.

-Buen andarín está hecho.

Que yo venía a decirle que la Lolita no "pue" venir.

Es que su señora le ha "encargao" un asunto.

Yo solo venía a informarle.

-Esta cordera,... me da un plantón tras otro.

Menos mal que estás tú, que "ties" buena charla.

-Vaya, pues gracias.

¿"Ties" que ir a algún sitio ahora

o te "pues" quedar a comentar un rato?

-Un rato tengo, tengo una hora libre.

Pues hasta que suene la hora del lechonzuelo en las campanas.

-Hasta las siete.

-Eso.

¿Sabes?

Quería hablar con Lolita "pa" hacer planes de futuro,

dónde vamos a vivir y eso.

-¿Y por qué tanta prisa? Ya tendrán tiempo

de hablar de eso.

-Ya, ya. Es que yo quiero arreglar una casa que he "heredao".

Una casa grande, con su pozo

y su huerto,

con su establo "pa" las bestias.

Mis gallinas ponen los mejores huevos, ¿te lo había dicho?

-No. -Pues sí.

Esta casa tiene un "emparrao"

ande te sientas en verano al caer la noche,

y aquello,

con el olor a jazmín

y el canto de los grillos...

(RESOPLA) -"Tie" que ser el paraíso.

-Lo es.

Y el cielo, Casilda, no te lo imaginas.

El cielo

"to" "estrellao", no como el de la ciudad,

que parece que me han "robao" la mitad de las estrellas.

-¿Hay más estrellas allí?

-¿Allí? Allí el cielo "paice" una verbena,

pero de las grandes, llena de luces.

Me sé el nombre de muchas.

-¿Tienen nombre las estrellas?

-Casi "toas".

Y de la que no sabemos el nombre, la bautizamos.

Le voy a poner a una el nombre de Casilda,

"pa" que te vengas un día a conocerla.

-Pues sí, sí que me gustaría...

-"¿A qué hora han quedado?".

-"A la del morcón".

-No soy de Cabrahígo, no sé qué hora es esa.

-Te lo he explicado mil veces,

las cinco es la hora del chambergo,

las seis, la del morcón,

las siete, la del lechonzuelo, las ocho...

-Para, para, que no tengo el menor interés en saber

cómo son las horas en Cabrahígo,

me basta con saber cómo son para el resto de los mortales.

-¿Habrán llegado ya a la pérgola? -Pronto nos enteraremos.

-¿Qué hora es? -Trini, solo ha pasado un minuto.

Si antes eran las seis menos diez, ahora son las seis menos nueve.

-No sé cómo puedes estar tan tranquilo.

-No estoy tranquilo,

lo que pasa es que no puedo hacer nada

para que el tiempo vaya más deprisa.

-¿Y si sale mal? -Pero es que

no tiene por qué salir mal.

-¿Y si Casilda se echa atrás, y si Ceferino decide no besarla,

y si aparece el sereno y amenaza con multarles por lo que están haciendo?

-¿Y si cae un rayo en la pérgola y lo incendia todo

un centímetro antes de que sus labios se rocen?

-En lo del rayo no había pensado.

-Trini, por Dios, que no va a caer ningún rayo.

-Nubes no hay.

Si no hay tormenta, tampoco hay rayos, ¿no?

-No, si no hay tormenta, no hay rayos. Anda, ven.

Ven, Trini. Siéntate y tranquilízate.

Vamos a pensar en que todo va a salir bien.

-Yo no puedo pensar en otra cosa.

Solo me entra en la cabeza que Lolita se vaya a Cabrahígo

y Antoñito a las Américas.

-Pues por eso vamos a pensar en que todo va a salir bien.

Además, no tenemos otro plan.

-Mira, a lo mejor es el momento de ir armando el plan.

-No hago más que darle vueltas a la cabeza, pero no se me ocurre nada.

-Ay, solo le pido a Dios que todo salga bien.

Qué rabia me da no poder rezar una oración de Cabrahígo.

-¿Por qué?

-Porque solo se puede rezar de noche, no a plena luz del día.

Mi difunto esposo, Martín y yo, soñábamos con tener muchos hijos

y educarlos en una casita en el campo,

con su huerto y sus gallinas.

¿Y sabe qué? También queríamos hacer quesos.

¿Se imagina? Martín y Casilda, maestros queseros.

-Quesos de esos que huelen a pies.

-Esos eran los que más le gustaban, los más olorosos.

(SUSPIRA)

Pero

yo no tengo mucha suerte con los hombres.

Primero fue el Pablico,

después Martín.

Los dos muertos. -Vaya.

Bueno, a la tercera va la "vencía".

-No. -Que sí.

Con el próximo consigues "to" lo que quieras.

-Que no.

Que yo no creo que vaya a haber otro hombre más.

Yo soy gafe, Ceferino,

y a hombre que miro, hombre que la espicha.

¿Quién me va a querer así?

-Cualquiera.

-Que no, que yo no voy a tener hijos, ni huerto, ni gallinas,

ni quesos olorosos.

(Campanas)

-La hora del lechonzuelo,

no me creo que haya "pasao" una hora, aquí, los dos de plática.

-Ni yo. La verdad es que...

estaba tan a gusto aquí "sentaita",

habla que te habla... -Ya.

-Casilda, eres una mujer estupenda

y "divertía".

Si no anduviera por medio Lolita, te daba la casa, el huerto,

las gallinas y los quesos que huelen a pies.

Pero no puedo engañar a Lolita, ni ir contra las normas de Cabrahígo.

-Vamos a ver, Ceferino,

¿a quién le importan esas normas?

Ven aquí. -No, no. A mí.

A mí me importan.

Son las tradiciones de mis mayores y yo soy un hombre de ley.

¡Me voy!

Me voy antes de hacer una locura.

-Casilda, no te ha "besao". ¿Y yo ahora qué hago?

-Lo siento mucho Lolita.

Te vas a casar con él,

pero te digo una cosa, te llevas a un hombre de los que ya no hay.

Te va a hacer "mu" feliz.

-Casilda,

¿no te habrás "enamorao"?

-¿Yo? Anda, Lola, qué cosas.

-Casilda.

-Gracias.

Te lo agradezco, pero al final me voy a buscar un problema en casa.

-Don Liberto. -Don Felipe.

Ayer vi paseando a Celia y parecía completamente recuperada.

Enhorabuena. -Gracias a Dios.

Por un momento pensé que no lo contábamos.

Ni ella ni yo. -Bien está lo que bien acaba.

-Este año tendremos unas navidades tranquilas y espero que felices.

-Dios lo quiera así.

-Le dejo, tengo que ir a comprar turrones a la calle de los Pinos.

-Esa es la que se jacta de suministrar a la familia real, ¿no?

No deje de comprar turrón del duro, del de Alicante.

Ni del blando, ni guirlache... No va faltar ni uno en la mesa.

-Diga que sí, todo un homenaje.

He decidido que estas Navidades en mi casa

solo entre de lo bueno lo mejor, que bastante hemos sufrido ya.

¿Quiere que le traiga algo de turrón para su familia?

-No, imagino que mañana iremos Rosina y yo aprovechando el paseo.

-Como quiera. Le veo mañana.

-Con Dios, don Felipe. -Con Dios.

-¿Don Liberto Méndez Aspe?

Sí, soy yo. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?

-¿Es usted quien tumbó a Jordi Baró?

-¿Es usted su abogado?

Si quiere hablar conmigo, debe esperar a que llame yo al mío.

-No, no lo soy. ¿Podemos hablar?

¿El sermón del domingo? Así es.

Voy a hablar de la parábola de la paja y la viga,

a ver si vecinos y vecinas se dan por aludidos.

Se refiere a doña Susana, supongo. Sí.

Hoy ha venido a avisarme

de que Lolita peca al dejarse ver con dos hombres distintos,

sin entender el dilema al que se enfrenta esa mujer.

Se lo tendrá que decir bien claro para que se dé por aludida.

Bastante claro lo dijo nuestro Señor Jesucristo:

"no juzguéis para no ser juzgados,

pues seréis medidos con la misma medida que uséis".

¿Por qué miras la paja de tu hermano

y no ves la viga que hay en el propio?

Dudo que alguna señora de Acacias

se considere hermana de una criada.

Y más aún, si esa criada es de Cabrahígo.

Y menos en el caso de doña Susana.

¿Por qué ella menos?

Se las da de señora, pero no es más que una comerciante.

No olvide el dicho:

"No pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió".

Eso es muy cruel, Úrsula.

Si fue así,

habrá que recordar también que todos somos iguales

ante el Señor.

(Llaman)

Iré a abrir.

Padre, la señorita Lucía ha venido a visitarle.

¿Le importaría dejarnos solos?

Hay que cambiar las velas

de la entrada de la parroquia, si no le importa.

Como mande.

Por un momento pensé que me iba a evitar,

como lleva haciendo todo el día.

¿Ha ido a ver a esa mujer? Sí.

Ha sido muy interesante.

Estoy segura de que a usted le habría encantado escucharla.

Por lo menos al Telmo que yo conocía, le hubiera apasionado.

Cuéntemela, si es tan amable.

Siéntese, por favor.

Mari Ángeles Núñez,

la mujer del cuadro era la amante del pintor.

Se nota que hay algo entre ellos.

Quiero pensar que la retrataba con un cariño desmedido.

Era un amor imposible,

él estaba casado cuando se conocieron.

Entonces no era imposible, era directamente pecaminoso.

No juzgue y no será juzgado.

Tiene razón,

es lo que llevo intentando expresar un buen rato.

Se lo exijo a los fieles y no me lo aplico a mí mismo.

Siga con la historia.

La culpa atenazaba al pintor

y eso acabó con su amor.

Solo la pintó una vez, aunque pasaron varios años juntos.

El cuadro que hemos visto... Ella nunca lo vio acabado,

pensó que él lo había abandonado al terminar su relación.

¿Y se lo mostrará?

Así lo haré.

Tengo la sensación que en ese lienzo

no solo está su imagen, también su alma.

Todo el amor que él sentía por ella

lo reflejaron los pinceles.

Cuando le hablé del cuadro, sus ojos seguían vibrando de amor.

Quizá sea mejor el recuerdo.

No.

Hay gente capaz de ver el alma a través de los ojos.

Telmo,

yo puedo ver tu alma,

y tú

puedes ver la mía.

Eso es un milagro

que no sucede muchas veces en la vida

y que no se puede despreciar.

Quizá los ojos mientan.

¿Mienten?

No dejo de pensar en ti,

de desear estar a tu lado

y... temo...

y sé que sea recíproco.

Dime que me equivoco,

por favor, te lo ruego.

¿A Ceferino le gusta Casilda?

Más que la zanahoria a los borricos.

Mi paisano es tradicional y quiere cumplir conmigo.

-¿Cuándo van a dejar de torcerse las cosas?

-Y eso que aún se tienen que poner más feas.

-¿Todavía hay más?

-Tengo unas perras ahorradas

y don Samuel se va a ausentar de la casa.

-Pues ya está. Pídale unos días a su señor

y corra a ver a Raúl.

-He recibido una oferta de un promotor de boxeo.

-Pero ¿cómo se le ocurre semejante idea?

-Parece que todo el mundo se ha enterado

que yo derrumbe de un puñetazo a Jordi Baró.

-¿Y qué piensa su esposa de esto?

-Rosina no sabe nada todavía. Es un puente que tengo que cruzar.

-Si a Casilda le gusta Ceferino, querrá protegerlo

y proteger su decencia.

Que la Casilda, como todas las mujeres,

sabe que a los hombres no les gustan las frescas.

Siempre es un honor sentarse a su mesa

y más en estas fechas tan señaladas.

Estoy segura de que todos lo pasaremos bien.

Quisiera pedirles un pequeño favor.

Si está en nuestra mano.

Voy a pedirles que me permitan llegar justo a la hora de cenar.

Tengo un viaje pendiente que no puedo aplazar.

Mañana te vienes al pueblo.

Recoge tus cosas, que está decidido.

Aquí no nos quedamos ni una miaja más.

-Yo no me puedo ir y dejar a mis señores en estas fechas.

-Me importa un comino.

Que hubiesen espabilado buscando chacha.

Tiempo han tenido de sobra. -¿A qué vienen estas prisas?

-Se me ha acabado la paciencia. -Uy.

Le veo muy emocionado. No me privaría de hacer una prueba.

-¿Usted cree que debo hacerla?

-Si deja pasar esta oportunidad, siempre le quedará la duda.

-En un día tan señalado como hoy,

¿estarás conmigo y te olvidarás de Ceferino?

-Eso no va a ser tan fácil.

Todos somos pecadores.

Seres indignos de la gracia de Dios

condenados por el pecado original

a padecer en los infiernos

y, a que las llamas consuman nuestro cuerpo

por toda la eternidad.

(LLORA)

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Acacias 38 - Capítulo 915

24 dic 2018

Celia está preocupada por Lucía; confiesa a Telmo que teme que se aleje de Samuel porque ame a otro hombre. El párroco de Acacias, por su parte, sigue evitando a la muchacha. Liberto se convierte en un héroe tras dejar inconsciente a Jordi Baró.

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  1. Isabel

    Enamorada de la historia entre Lucía y Telmo... Bonito capítulo el de hoy.

    27 dic 2018
  2. Lolita

    Me parece que nos vamos a tener que despedir de Casilda, que se irá para Cabrahígo con Ceferino. Y a cambio nos vamos a quedar con la de la voz de pito y el pastor primo de Casilda y sus alaridos

    26 dic 2018
  3. Saro

    Este capítulo ha sido el "Regalo de Navidad" de Acacias ... Lucía bellísima, Telmo guapísimo ... ese diálogo entre ellos, esas miradas, ese amor que les sale por todos los poros y, por fin, ese beso; para disfrutar, porque seguro que ahora todo serán problemas para ellos, ojalá me equivoque porque me encanta la pareja. Liberto todo un Héroe pero, no sé por qué me da, que también va a tener problemas con Rosina. Felicitaciones especiales a Vestuario y Compositor de los temas musicales.

    25 dic 2018