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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 913 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué ha pasado entre Samuel y tú?

Antes de que yo cayera enferma

parecías estar segura de tu amor por él,

¿qué ha podido estropearlo? No ha pasado nada, prima,

simplemente, que en estos últimos días,

algo ha cambiado dentro de mí.

-Casilda. Tú "ties" que ayudarme.

Padre, qué alegría que haya podido venir.

No podía rechazar su invitación,

estoy deseando ver su trabajo.

En tal caso, no esperemos más y acompáñeme al taller.

Les dejo solos,

tengo asuntos pendientes que debo atender.

-Estaré un par de días más. -Me alegra saberlo.

-Quizá podríamos quedar alguna tarde a dar un paseo.

"Hay algo en el cuadro"

que transmite sensualidad.

Creo que esta pintura habla de las cosas que escondemos.

-"Todo me recuerda a mi Paciencia".

Bueno, todo... menos ella,

que está muy lejos.

-Nos ha caído buena con el portero. -Ay, Carmen, pierda "cuidao"

que ya se le pasará.

-Me han dicho que vais al cinematógrafo

y yo quería acompañaros.

-Arrea, Casilda, qué guapa se ha puesto,

que ni siquiera la reconocía.

-Buenas noches, señoritas. Saludos a don Íñigo.

-Ea, para arriba.

-Ese Jordi...

no me fío de él. -"Que ha "sio" un placer, Casilda".

-Casildilla, le has "encandilao".

-¿Tú lo crees?

-"Pa" chasco que sí, si es que eres un solete,

que nadie mejor que tú

me puede sacar de este embrollo.

Este es el hombre al que quiero que investigue.

¿Un sacerdote?

(ASIENTE)

¿Acaso eso le supone algún problema?

¿Está usted seguro?

Lo único que me importa es que me dé lo que quiero.

Preciso saberlo todo sobre el pasado de don Telmo.

Prima, menudo frío,... pero está el centro precioso.

La gente engalana sus balcones, los portales...

Se respira la Navidad.

Y la alegría.

Estás pletórica. Sí.

¿Y usted cómo ha pasado la tarde?

Pues muy bien, porque... Bueno, yo la veo estupenda.

Le ha vuelto el color. Ya no queda ni rastro

de esas dichosas fiebres.

Ah, por cierto, he pasado por una biblioteca

y luego he llegado a una librería que es tan grande y tan bonita...

¿Sabe cuál es?

La de los mostradores labrados y el anciano con la boina.

Sí, esa.

Y he comprado este libro al padre Telmo.

Es un compendio de varios artistas de arte sacro,

y no se imagina la edición tan maravillosa que he encontrado.

Es para agradecerle su ayuda.

No tiene nada que agradecerme.

Padre, no sabía que estaba usted en casa.

Pero si es que no me has dejado meter baza para decírtelo.

Ya, soy una cotorra.

Padre, qué alegría verle.

Y más alegría le va a dar cuando le diga

que tengo un presente para usted.

De ahí que me encuentre en casa de sus primos.

Padre, su presencia es suficiente regalo.

Desde luego, por eso le he invitado a cenar con nosotras.

Ah, pues estupendo.

Pero... entonces iré a avisar a Lolita

de que disponga un cubierto más. No, Lolita no está,

le he dado permiso. Seremos tres, Felipe tiene una cena de trabajo.

Espero que le agrade la cena, padre.

Pan y queso serían manjares junto a tan deliciosa compañía.

Creo que Lolita se ha esmerado un poco más.

(RÍE)

Por favor, padre, siéntese.

Gracias.

Con permiso.

Padre, lo siento, pero mi impaciencia me puede.

Tenga. Espero que le guste.

Estoy seguro, pero... lo abriré después de cenar.

¿Podrá?

Eso sí que es voluntad. Yo soy incapaz

de aguantar mi curiosidad. No es voluntad, es gazuza.

Ah, bueno, pues coma, coma,

mientras me dice dónde ha escondido ese regalo que tiene para mí.

Lucía, no seas impertinente.

Sincera solamente.

Se lo entregaría gustoso, pero me temo que tendrá que esperar,

no sería adecuado.

¿Qué traman?

Nada, eh... Es solo que el regalo del padre Telmo

tiene que esperar a después de la cena.

Señores,

está muy feo regodearse en las debilidades ajenas,

y la curiosidad es uno de mis defectos.

¿Qué es ese regalo?

Buen provecho.

-Eso suena fetén.

-Sí, al final la jugada ha salido de órdago.

Nuestra Casilda ha conseguido engatusar a Ceferino.

-¿Engatusar? Yo no diría tanto.

-La Casilda es "mu" modesta,

pero yo vi como al Cefe le hacían los ojos chiribitas

cada vez que esta decía una "tontá". -Ah.

-Yo no decía "tontás", yo estaba desplegando "tos" mis encantos.

-Seguro que lo hiciste fetén, yo te lo agradezco en el alma.

-Bueno, pues ahora lo único que queda es que el borrego este

quiera probar los labios de la niña.

-"Señá" Trini, suena usted la mar de cochina, con perdón, ¿eh?

A mí se me dijo que solamente

se trataba de un beso.

-Uy, que sí, Casilda,

que sí, que es solo eso lo que pedimos, tranquila.

-Yo estoy segura de que en esa cita, la única que sobraba era yo,

vamos, es que no llego a estar de cuerpo presente,

valga la expresión,

y el Ceferino la morrea.

-¡Uy! -Lolita, qué bruta eres, demontre.

-Casilda, nuestra felicidad depende de ese ósculo,

por eso mi prometida, aquí presente, pues se excede un poco en su verbo.

-¿Mande? -A ver, Casilda, hija,

que la Lolita es más burra que un "arao", pero que si queremos

que estos dos se casen, tú vas a tener que seducir a mi paisano.

-Y que si ahora te quiero más que al pan con vino

y azúcar, pues imagínate lo que te voy a querer

si nos quitas a ese becerro de en medio.

-Pero ¿y cómo voy a lograrlo?

Mira, Lolita,

tú eres mi amiga del alma, mi todo, y yo por ti...

Pero es que tú lo sabes, que yo nunca he "sio"

una mujer de bandera, una de esas que con una caída de ojos los "tie"

a "tos" ahí suspirando a su alrededor,

conmigo, más bien resoplan.

-Casilda, no digas tonterías, pero si tú eres la mar de mona,

y Ceferino es más de pueblo que la matanza.

Lo único que tenemos que hacer es encontrar la llave

"pa" que caiga rendido a tus pies.

-Y no ir muy "enfilás", "pa" que luego no se espante.

-Vamos a ver,

Ceferino es de pueblo, y es muy tradicional

y está muy "aferrao" a las costumbres de Cabrahígo.

-Un ceporro.

-Más simple que el mecanismo de un botijo.

-¿Qué le gusta a ese animal?

-Aquí la que se va a espantar es Casildilla.

Yo lo que sé que le gusta es el dominó

tranquero. -Ah, no, no, no, de eso ni hablar,

que con ese juego se le saltó un ojo a mi primo Doroteo.

-No sé cómo llegáis a adultos en Cabrahígo.

-Yo es que al dominó tranquero no sé jugar, pero sí juego al cinquillo.

-"Descartao" el dominó tranquero. -Yo apuesto por algo más clásico,

algo que nunca falla a la hora de seducir al sexo opuesto.

-Aquí no tenemos pajar. -No.

-No, no, sin pajar, Lolita, algo más casto, pero igual de efectivo.

Una comida romántica,

con ricas viandas, un buen caldo.

-Pues eso sí, eso sí, además, que yo hago un caldo de gallina

que se caga la burra.

-Vino, Casilda, un buen vino.

-Eso suena fetén,

y te daremos un par de consejitos "pa" que le encandiles

y caiga en tus redes como una trucha en un pantano.

-Exacto. Pues ahora pensemos.

Vamos a ver, ¿qué es lo que enamora a los hombres de nuestro pueblo?

Coge papel y pluma, que vamos a hacer una lista infalible,

venga.

Te digo yo a ti que el Ceferino va a besar a Casilda,

si no, tú y yo no merecemos ser llamadas cabrahigueras.

-Bueno, mientras que después del suceso

yo no merezca ser llamada pelandusca, "to" va bien.

(Sintonía de "Acacias 38")

Este libro es una verdadera gloria.

Ha dado usted en mi punto flaco, Lucía.

Me alegro. Las almendras

se deshacen. Celebro que su prima

la haya dejado probarlas. (RÍE)

Lo siento, este bienmesabe

me hace pecar de gula.

Luego le doy la absolución.

Muchas gracias por su regalo, padre.

Será un pecado muy dulce.

Lo peor de los pecados es que hay una gran lista de ellos

que son muy dulces, como usted bien dice.

Padre, le aseguro que este es el mejor regalo

que me podía haber hecho. Le pediré a Úrsula

que cocine el postre por arrobas.

Solo para usted. Por favor, padre,

no haga que mi prima pierda su cintura tan joven.

Bueno, si es por culpa de este postre, no me importa

acabar pareciéndome a un odre.

(RÍE)

Y a usted, padre, ¿le gusta el obsequio que le ha hecho mi prima?

Me fascina. Escuche lo que dice aquí

sobre Divino Morales.

"Su relativo aislamiento en Extremadura

no le impidió ser reconocido por sus coetáneos,

siendo famoso su esfumato leonardesco".

Adoro

gran parte de sus obras. Sus madonas, desde luego,

son divinas. De ahí el apodo.

Hay grandes obras de Morales en el museo del palacio,

aquí en la ciudad.

Prima,

¿la invitación de Servando no era para ese museo?

Sí, creo que hay una nueva exposición, pero Felipe no puede ir,

así que tendremos que excusarnos.

¿Y por qué no vamos los tres?

Podríamos aprovechar para ver sus cuadros.

Yo pensaba pasarme el día trabajando con la empresa de los tintes.

Estoy un poco mejor para empezar a trabajar, pero no sé

si como para pasarme horas fuera de casa.

Yo también lo lamento, mi deber me llama,

he de reportar a mis superiores el avance de la parroquia

y las mejoras de los desfavorecidos.

No me valen sus excusas.

El acto del museo es por la tarde y pueden hacer sus gestiones

por la mañana.

Y si siguen insistiendo en no ir, me sonará a camelo.

Menuda eres, Lucía, cualquiera te dice que no.

Yo iré. Yo tampoco podría negarme.

De acuerdo, vayamos a ver a Divino Morales por la tarde.

Maravilloso. Siendo así, me retiro,

habré de ver a mi superior a primera hora.

Bueno, me marcho a descansar, se ha hecho tarde.

El tiempo vuela entre amigos. No me voy sin mi tesoro.

Gracias, Lucía. Y gracias, doña Celia,

por esta exquisita e improvisada cena.

Por favor, Lucía, acompáñale a la puerta.

Es un hombre encantador.

Ojalá todos los hombres de iglesia fueran como él.

Sí, me ayuda tanto en mi afición.

Sabe de arte, entiende de matices,

no me canso de escucharle, la verdad.

Se nota que le admiras.

Mucho.

Yo, ni te imaginas.

Nunca se me olvidará que estoy viva gracias a él y a su sacrificio.

Se metió en la boca del lobo y se ha desvivido por cuidarnos

como un ángel de la guarda.

No sabe cómo la entiendo.

Yo también he de agradecerle estar viva.

Me sacó con bien de esa terrible explosión

en las Galerías Alday. Es cierto, ya ni me acordaba.

Mucho tenemos que agradecerle en esta familia.

Usted le ha descrito a la perfección.

Es un ángel,...

pero... un ángel

con los pies en la tierra, que está ahí cuando le necesitas,

un verdadero amigo

y un alivio del alma.

Sí, es un santo, es un verdadero sacerdote,

un sacerdote de los de vocación.

Ese hombre debió nacer para dedicar su vida a Dios,

¿no crees?

Sí, sí. Sí, claro.

¿Qué te sucede?

Nada, ha sido un día muy largo y...

bueno, yo me encargaré de todo esto, prima, no se preocupe.

-Sí, desde luego, no se puede decir que los varones de Cabrahígo

sean extravagantes en sus gustos: que sea limpia, cariñosa, alegre,...

Lo raro sería que les gustasen antipáticas y poco higiénicas.

-La Lola también dice que le gustan las que son de buen comer,

y yo trasiego menos que un monje franciscano.

-Casilda, hija, vas a tener que hacer un poder.

-No, si al final voy a salir "estragá".

-Lo que no vas a poder fingir es lo de las manos y los pies grandes.

-Un momento, la "señá" Trini también es chiquitica como yo

y ella ha "enamorao" a algunos de su pueblo.

-Pero tú no me has visto la peana, Casilda, hija,

que yo puedo dormir de pie. -(RÍE)

-Doy fe. Cuesta más calzarla, que alimentarla.

¿Qué, cómo va la instrucción? -"Pos" bien.

Yo le he dicho a la Casildilla que "pa" conquistar al Ceferino

"pos" "tie" que hacer lo que le gusta a "tos" los hombres,

reírle las gracias, desabrocharse el primer botón de la blusa,

mirarle fijamente,

a las majaderías que dice como si le parecieran la mar de interesantes.

-Nos han calado, hijo.

-Sí, sí.

-Yo estoy convencida

de que Casilda va a lograr deshacer el compromiso

y los chicos se van a casar.

-Dios te oiga. Casilda, estaríamos en deuda contigo

para los restos.

-Ya, pero don Ramón, no venda usted la leche de la vaca

sin haberla "ordeñao" antes. Una es "mu" poquita cosa

y yo no tengo muy seguro que vaya a poder encandilar a Ceferino.

-Que no digas eso, tú eres muy salada.

Verás como Ceferino acaba besando el suelo por donde pisas.

-Con que le bese nos apañamos. -Sí, bueno, es un decir.

-Pues yo les digo una cosa,

por lo que quiero yo a mi Lola

y por lo que les aprecio a ustedes,

me voy a dejar la piel en conquistar a Ceferino.

-Uy, uy. -"Pos" listo, Casilda,

si ya sabes cómo encandilarle,

yo lo que voy a hacer es liarle "pa" subirle al altillo.

Le digo que "toas" las "comares" le quieren conocer,

y una vez que lo tengamos ahí, al lío.

-Y que Dios reparta suerte.

(SUSPIRO)

-De verdad que se me está haciendo durísimo volver a la realidad

y al trabajo en la chocolatería. -Ya,

pero tampoco hubiera sido justo desaparecer y dejar a Flora sola.

-Eso es cierto. -Y más ahora,

que no me gusta nada el tipo que la ronda.

Jordi.

-¿Jordi Baró? -Sí, ese.

Anoche, cuando llegamos al barrio, los encontré abajo.

Me dio la sensación de que él se enfadó cuando ella lo despidió

para subir a saludarte. -Qué extraño.

Jordi vive temporalmente en la ciudad y dudo que esté interesado

en mi hermana.

Pero además, es un hombre que vive para el boxeo y no tiene ni tiempo

ni cabeza para nada más.

-Yo no estaría tan segura de eso.

(Se abre una puerta)

-Buenos días, parejita. -Liberto.

-¿Qué, cómo sienta la vuelta a la rutina?

-Pues mal, para qué nos vamos a engañar.

-Le estaba contando a Íñigo que me da la sensación

de que Jordi ronda a Flora.

-Pues ahora que lo dices,

sí es verdad que últimamente frecuenta mucho La Deliciosa,...

y, la verdad, sí que hubo algo curioso.

Ayer, Jordi Baró se despidió de mí, y pensé que marcharía, claro,

pero de repente me lo volví a encontrar en la chocolatería.

-¿Lo ves?

-Y, de hecho, me parece muy raro que siga todavía en la ciudad.

Debería estar ya en Barcelona. -Eso es verdad.

De todos modos, mi hermana es joven y soltera,

muchos se interesarán por ella.

-Claro, pero me da miedo que se deje engatusar por cualquiera,

que ya sabemos lo cándida que es.

Y si ese señor solo vive por el boxeo y ahora se quiere ir a vivir

a Barcelona,...

me da miedo que lo único que busque es entretenimiento con ella,

ya me entendéis. -No sé, Íñigo,

quizá debería prevenir a su hermana.

-Tenéis toda la razón, así lo haré.

Qué alegría verle en plena forma, Felipe.

Gracias.

No hay nada como pasar una mala enfermedad

para agradecer el sentirse fuerte y entero.

Brindo por eso.

No sabe cuánto le agradezco que tomara el timón de mis gestiones

con el marqués de Viana. Gracias a usted, mis asuntos

no se han visto resentidos por mi ausencia.

Lo hice de mil amores, pero le ruego

que no se preocupe en exceso, aún no está bien de salud.

Si necesita cualquier cosa, yo estaré dispuesto a ayudarle.

Si no fuera por usted,

tendría tanto trabajo que me resultaría inasumible.

Mi oferta sigue en pie.

Aunque evidentemente lo hice lo mejor que pude,

no soy abogado y hay asuntos que dejé a la espera de resolución

por mera prudencia.

Hizo bien.

Y llegó hasta donde pudo, y me quitó muchas cuestiones farragosas

de en medio. No tiene importancia ninguna,

al fin y al cabo, usted y doña Celia son como mi familia,

o eso pensaba yo a estas alturas.

Lo dice por Lucía, ¿verdad?

Sí que es extraño.

Parecía encantada con la posibilidad de prometerse con usted

y ahora...

¿Sabe qué demonios pasa por la cabeza de mi prima?

¿Hay hombre en la faz de la tierra que sepa qué pasa

por la cabeza de las mujeres? (RÍE)

Ninguno, doy fe de ello, y si lo hubiera, conquistaría el mundo.

Cierto.

Felipe,...

me gustaría pedirle un pequeño favor.

En confianza.

Lo que quiera.

Quizá podría indagar usted en los sentimientos de Lucía.

Me extraña en gordo el cambio que ha tenido en los últimos días.

Tal vez al ser usted familia,

ella se abra y confiese lo que le ocurre.

Sí que es raro, sí.

Las mujeres son volubles por naturaleza, pero no por eso

el bandazo que ha dado Lucía es normal.

De declararse enamorada,... a darle largas.

Eso mismo opino yo.

¿Indagará entonces usted?

Lo mejor será esperar y darle espacio.

Estoy seguro que dentro de unos días,

y con su saber hacer,

Lucía le volverá a ver con los ojos de cariño que seguro le profesa.

Le aseguro que yo estoy haciendo todo lo posible

por reconquistarla.

Será mejor esperar. ¿Le parece?

Y ahora, si me disculpa, me retiro, todavía me fatigo un poco.

Por supuesto, Felipe, vaya, vaya a descansar.

Le agradezco mucho su visita y sus consejos.

Con Dios. Con Dios.

Le acompaño a la puerta.

-Quieres un traje para Casilda. -Sí.

-¿Y a cuento de qué?

Si no es ni tu criada. Además,

debe tener de cuando creía que era una Hidalgo.

-Susana, pues porque la aprecio,

a ver si no voy a poder comprarle yo un traje a quien yo quiera.

-Oye, no hace falta que te pongas grosera, yo solo digo

que hacer dispendios en alguien que a ti no te toca en nada...

-La única persona que me está tocando algo ahora mismo

eres tú y, son mis narices.

¿Tienes algo que le valga,

que no me da tiempo a que le confecciones desde cero?

-En confianza, Trini, te voy a decir que estás teniendo un embarazo

muy malo, y sí, sí que tengo, un vestido, sencillito,

uno que me dejó tirado una clienta que,... en fin,

que pasó a mejor vida.

-Enséñamelo, que no soy supersticiosa.

-Pues será ahora, porque tu futura nuera y tú lo sois por arrobas.

-Uf, mira,...

-Y cuando digo "nuera" lo digo por decir algo,

porque se comenta que ha venido un pretendiente del pueblo

que quiere casarse con la novia de tu hijastro.

-Sí, bueno, chuminadas y maledicencias, Susana.

-Pues dicen que esa maledicencia se llama Ceferino.

-Sí, un conocido, nada más.

-¿Y todo esto del vestido de Casilda tiene que ver con ese conocido?

-Ay, Susana, hija, mira que eres cansina.

Esto es un detalle que quiero tener con la muchacha

porque nunca se ha dado un capricho, que tú y yo conocemos a Rosina

y sabemos lo agarrada que es.

Seguro que se ha desecho de los trajes que le compró a Casilda.

-Si tú lo dices.

Espérate, que te faltan los guantes.

-Ah.

-Doña Trini,

"to" "apañao". -Ahora me cuentas,

que le estoy comprando este traje a Casilda "pa" que deje patidifuso

a Ceferino, ¿eh? -Qué buena idea,

ese no ha visto un traje de señorita ni en retrato.

Yo ya le he "invitao" a comer.

-Fenomenal, así le da tiempo a la sastra

a arreglárselo a Casilda, que como está tan "escuchimizá",

le va a sobrar por todos los lados. Oye, y tú hazme el favor

y esmérate con la comida, ¿eh?

-No se apure, que va quedar "to" de guinda en aguardiente.

Y otra cosa, ha escrito el tío Genaro.

-Ay. Ay, por favor, dime que son buenas noticias.

-Se lo digo, doña Trini, son buenas noticias.

-¿Y bien?

-"Pos" que como su don Ramón, su esposo, dio el pregón en Cabrahígo,

ha "demostrao" la vinculación con el pueblo.

Y como él está aquí, vamos, que la boda puede ser en Acacias.

-Gracias a Dios. Ramón se va a poner como unas pascuas.

-No lance campanas al vuelo, que no está "to" el "pescao" "vendío".

-Ay, Lolita, no me seas ceniza, ¿eh?

Casilda va a besar a Ceferino y tú te vas a vestir de novia,

vamos, que eso te lo juro yo por mi difunta madre.

-Ay, es que tenemos el tiempo "mu" "apurao", usted lo sabe.

-Apuradas, ¿para qué?

-"Pa" que me arregles el traje, para ya es tarde.

-Mira que estás misteriosa. ¿A qué tanta prisa?

-A que estoy preñada.

¿Me puedes arreglar el traje para hoy, por favor?

Dame esa alegría.

-¿Si te doy esa alegría me das la respuesta?

-Lo que le va a dar, doña Susana, es un buen "bufío", que a las "preñás"

no se les lleva la contraria. -Ya no me cuentas nada.

Ten amigas para eso.

-Prior, disculpe, está aquí el padre Telmo.

-Hágale pasar.

Disfruto mucho de su santa compañía,

pero soy un hombre muy ocupado, padre Telmo.

¿Novedades? Algunas y halagüeñas.

¿No me diga que tengo ahí fuera una horda de periodistas

preguntando por el escándalo de la heredera

de los Válmez? Todavía no,

pero vamos por el buen camino. Aleluya.

He logrado paralizar las intenciones que tiene Lucía

de dar el "sí" a Samuel Alday. Le pidió su mano formalmente

y ella se resiste a aceptar ese compromiso.

Y supongo que usted tiene mucho que ver en esa negativa.

He arriesgado mi vida por salvar la vida de los primos de Lucía,

los Álvarez-Hermoso.

Me he convertido en una especie de héroe para ella.

Además de un héroe de santidad,

ha de ser un héroe carnal, querido Telmo.

Noto cómo me mira, prior,

y no es solo fervor religioso lo que veo en sus ojos.

También noto cómo me miran las beatas del barrio,

me he convertido en casi su mártir particular,

en un hombre que ha sido capaz de arriesgar su vida

por cuidar a unos feligreses.

Ya veo.

Corromper a un simple cura de barrio no es lo mismo que hacer tambalear

los principios de fe de un santo, de un sacerdote abnegado

devoto de su dios. Exacto.

Cuando las damas de Acacias comprendan que una mujer

ha usado las malas costumbres de manera tan sibilina

como para hacerme romper mis votos de castidad y obediencia,

la vilipendiarán de tal forma que su vida será un infierno.

La sociedad biempensante jamás la perdonará,

tendrá que internarse en la más oscura de las celdas

de las monjas jerónimas

de por vida. Mientras

nuestra orden hace bien uso de su herencia.

Le seré sincero.

Muchas veces dudo de si hago bien

en apostar todas mis cartas en su persona,

pero ya no puedo echarme atrás.

Falta muy poco para que Lucía Alvarado cumpla 23 años

y reciba la herencia de los marqueses.

Para bien o para mal,

ahora ya no puedo cambiar mi estrategia.

Le aseguro que su riesgo será recompensado,

no le fallaré. Por su bien

y el de la orden... espero que así sea.

Espera, que no he acabado.

Tú no te preocupes, hija, que todo va a ir como la seda.

-Ay, "señá" Agustina, si ya sabe lo que dicen, que "aunque la mona

se vista de seda, mona se queda". -Ay, que no.

Ya verás qué traje tan bonito te va a conseguir doña Trini,

irás hecha un primor.

Listo.

-Mire, "señá" Agustina, no se ofenda, pero con este pelo

me parezco a la urraca de la Úrsula.

Yo no creo que así vaya a camelar al Ceferino.

-Pues no te falta razón, hija, que tú eres muy bonita y demasiado joven

como para llevar ese moño. -¿Y si llevo el pelo suelto,

y luego me pongo una flor, de las de la "señá" Fabiana?

-Muy buena idea.

Y por el vestido no te preocupes,

que si la sastra no llega, yo te coso algo en un periquete.

-"Señá" Agustina, "ende" luego, qué buena es usted.

Bueno, usted y "toas". Lo malo es que "to" esto

sea "pa" algo tan,...

eso, tan regulero, usted me entiende.

-Un beso no compromete a nadie, hija,

y lograrás felicidad a tu amiga.

-Pues en eso "tie" razón, pero es que "ende" mi Martín

yo no he "mirao" otro hombre y se me hace "mu" raro.

-Estará orgulloso desde el cielo...

viendo a su esposa...

más buena que el pan blanco. -¿Usted lo cree?

-Seguro.

Mañana te vamos a poner entre todas más bonita que una artista

de esas del cinematógrafo. -Ah, bueno, pero tampoco se excedan,

"señá" Agustina, que tampoco la vamos a liar, no vaya a ser

que el Ceferino se encele y se piense que con una

"to" el monte es orégano.

-Tú te sobras para parar los pies a cualquiera,

que ya has estado casada y conoces cuándo a un hombre

se le alteran los instintos. Ea.

Y me bajo, que tengo que seguir mi faena.

-"Aluego" la veo en el taller. -Sí,

para la prueba del vestido.

Ánimo, hija.

-(SUSPIRA)

-¡Coñe! ¡Ni te conocía con el moño!

-Por eso mismo me lo estoy quitando.

-¿Has "mandao" ya llamar a tu primo "pa" que venga las Navidades?

-Ay, pues nones, no,

se me ha ido el santo al cielo, es que he "tenío" muchas cuitas.

Aunque te digo una cosa,

a mí me escama las ganas que tienes tú de ver a mi primo.

-Es que...

echo de menos sus quesos.

-¿Sus quesos?

No te estarás refiriendo a sus pinreles, ¿no?

-Mira, Casilda, ¿"pa" qué engañarnos?

Pues también. Echo de menos sus pies y sus gritos,

su persona toda, pero no por nada malo, ¿eh?,

sino porque la última vez que nos vimos una fue un poco...

¿Cómo decirlo?

-¿"Pesá", cansina?

-Podría decirse así, sí,

y quiero pedirle perdón antes de Año Nuevo.

"Año nuevo, vida nueva",

eso dicen.

Y a una le gusta comenzar el año con sus "pecaillos"

"perdonaos". -Eso está fetén,

porque pasar las cosas malas de un año "pa" otro,

lo único que hace es que a una se le encorve más la chepa.

Así que "na", si es tu deseo,

le haré llegar tu carta a mi primo.

-Ay, eres pan de Dios.

Gracias.

(Música)

Qué hermosa pieza, ¿quién es el intérprete?

Preciosa, ¿verdad? Luis Balboa.

Era el pianista favorito

de mi madre. Por ósmosis, el mío también.

Es delicado y apasionado a la vez.

Y vivo todavía.

No podemos perdernos el que sea posiblemente

uno de sus últimos recitales.

Es... esta tarde. Sí,

a las seis.

Samuel, lo lamento de veras, pero no voy a poder acompañarle.

Ya he quedado con Celia y el padre Telmo para ir al museo.

Bueno, dígales que cambien el día,

el museo no se va a mover de ahí.

Verá, es que el padre Telmo me está ayudando a descifrar

el origen del retrato que tengo entre manos

y me gustaría agradecérselo de alguna forma.

Entonces, aprovechando que vamos al museo del palacio,

donde se exhiben obras de uno de sus artistas favoritos,

he logrado que un experto en ese pintor nos guíe la visita.

Pero no van a estar allí todo el día.

Hemos quedado a las cuatro, pero de seguro que la visita

se extiende varias horas.

Samuel, entienda que no puedo deshacer el compromiso.

Por supuesto, yo acudiré a ese recital,

no puedo perdérmelo por nada del mundo.

Lo siento de veras.

Seguro que lo disfruta igual sin mi compañía.

Claro, de seguro que paso una velada inolvidable.

Disfrute usted con sus cuadros.

-Servando, hombre de Dios, ¿usted sabe lo que está haciendo?

-Perfectamente, echar de mi vida

todo lo que haya tocado esa acémila, esa tarasca infiel.

-Pero se va a quedar usted con las cuatro paredes de su casa, sin más.

-Pues mejor.

-Mire esta mesa, Servando, y este aparador,

han costado unas buenas perras, va a tener usted

que comprarse otros enseres. Piénselo.

-Me da igual. Dormiré en el suelo.

Este caballero español

no piensa tener ni un cazo

que haya tocado esa mujer infiel.

-¿Qué, Servando, de zafarrancho?

-De aquelarre.

-Señor Palacios, a ver si usted con su aplomo puede convencerle

de que no tire todas sus cosas por un desengaño.

-Por,... por dignidad, señora Carmen.

De verdad, que no pienso ver nada que hayan visto los ojos

de aquella que fue mi esposa. -Hombre de Dios,

que esa es tu chaqueta de los domingos.

-A ver

si usted le convence, señor, que me cierran la mantequería.

-Amigo Servando, yo sé muy bien lo lacerante que puede llegar a ser

que la esposa de uno lo traicione, pero has de ser pragmático.

Si tiras todo aquello que esa mujer vio, rozó o tocó, te vas a quedar

con una mano delante y otra detrás. -Bueno, pues mejor en cueros

que cornudo.

-Servando, con todos los respetos,

la cornamenta ya no hay quien te la quite

y te aseguro que puede llegar a ser muy desagradable

vivir en una casa sin una mísera mesa camilla.

-Más desagradable es tener el recuerdo que tengo.

Lo tiraré al albañal como ella tiró

nuestro matrimonio.

-"Flora, una cosa,"

nos ha dicho Liberto que Jordi Baró viene a menudo por aquí.

-Sí, le gusta el café, creo.

-¿Y... qué, qué te parece, es agradable?

-¿Y eso a qué viene? Pues a ver, es simpático,

me hace reír, pero yo qué sé,

tampoco le conozco tanto. -Ya, bueno, en fin.

¿Y no te gustaría conocerle más?

-Espera, espera, espera. ¿Me estáis preguntando si me gusta?

¿Un tipo al que acabo de conocer?

Pero ¿por quién me tomáis? -Pues por alguien que se enamoró

de un señor 40 años mayor, sereno, para más señas.

-Como si Jordi

le llegara a la suela de los zapatos a Paquito. Me ofendéis.

-No, a ver, Flora, tampoco nos malinterpretes.

No estamos diciendo que a ti te haga tilín Baró,

sino que a ver si te has planteado la posibilidad de que seas tú

quien le guste a él.

-Ah, eso es otra cosa.

Pues a ver, una es irresistible, eso es verdad,

pero ahora que lo decís,

puede que sí, Jordi es la mar de atento

y cordial conmigo. Y me preguntó si tenía novio.

-Eh, tate, tate. Tú abre bien los ojos y mantén las distancias,

hay gente que puede malinterpretar ciertos gestos,

y pensar que se les está dando pie. -Yo no creo que le haya dado pie,

pero bueno, estaré atenta. -Paso corto

y vista larga.

Disculpe que le haya reunido aquí,

Lucía está en el taller y no quería que nos escuchara.

Lo que a mí me gustaría escuchar es que le ha dado el "sí"

a su propuesta de matrimonio,

y me consta que ha dejado en suspenso su contestación.

Por decoro.

Cuando doña Celia y don Felipe se recuperen, Lucía me dará el "sí".

Creo que miente.

Felipe está ya en el despacho del marqués de Viana,

doña Celia ha retomado su actividad con los tintes,

y Lucía, como usted mismo acaba de contarme,

está trabajando en su taller.

En la casa Álvarez-Hermoso todo ha vuelto a la normalidad

y no hay ningún "sí" a su proposición de matrimonio.

¿Cómo demonios sabe usted todo eso?

Yo lo sé todo, Alday, todo.

Y me gustaría que me contara por qué su antigua enamorada

le está dando largas, o mejor aún, me gustaría que me explicara

si se ha dado cuenta de que Lucía no le da el "sí"

porque cierto hombre con sotana le provoca más deseo

que usted mismo.

Debería preguntarse por qué.

-"Pues sí,"

los pobres les darán buen uso.

Son de Paciencia.

O eran.

Pobre Servando, le ha salido rana la desmemoriada.

Buenas, señoras.

¿Qué le ocurre al bueno del portero?

Su santa,

que se fue "pa" Cuba "pa" ayudar a una hermana

y ahora resulta que a quien ha "terminao" cuidando es a un mulatón

con quien está "amancebá". Inaudito.

Claro, y el pobre Servando está medio loco tirando "pa" la calle

"to" lo que ha "podío" tocar la Paciencia.

Estos son sus vestidos, no digo más. Ay, qué historia más triste.

La traición de un ser querido debe ser lo más doloroso

del mundo.

Debo ir a verlo e intentar darle alivio.

Se lo ruego, páter, porque Servando no solo está "amostazao" "perdío",

está insoportable, más que antes, imagine.

Le prometo que intentaré hacerle entrar en razón.

Haré lo que pueda. Queden con Dios.

Mi señor es un santo varón, Fabiana.

Sin que se acostumbre usted, le doy la razón.

Por mucho que me duela, creo que está usted en lo cierto.

No podía creerlo, porque aunque sabía que el padre Telmo

era capaz de enamorar a las mujeres con su halo de bondad

y ternura, también sabía que sus hábitos

eran una muralla infranqueable.

Pues ya ve que no.

No será el primer cura enredado en una relación carnal.

Pero siempre con mujeres de dudosa moral

o cuando la vocación del cura era impuesta por sus superiores

por la necesidad, pero Lucía es un alma inocente y casta,

y el padre Telmo, mal que me pese,

es un hombre entregado a Dios, sin embargo...

Sin embargo,

la tentación ha sido mayor que la devoción.

Eso creo. Me espanta, pero es así.

Parece que entre estos dos hay algo más que la sana complicidad

que debería haber entre un cura y una feligresa.

Se lo dije. No hay nada más irresistible que lo prohibido.

Si permitimos que este sentimiento pecaminoso

evolucione, sería el final de nuestros planes.

Yo soy un hombre religioso,...

de fe inquebrantable,...

jamás haría nada contra un clérigo,...

a no ser...

que ese clérigo esté pervirtiendo

su propia condición.

Hay que acabar con ese sacrílego,...

sacar a don Telmo de la vida de Lucía antes de que lo arruine todo.

No.

No pienso convertirlo en mártir.

Él mismo será víctima de su propia moral.

Conseguiré que el padre Telmo se aparte de Lucía,

tan solo necesito un pequeño empujón.

No le sigo. Se lo explicaré.

¿Conoce a Rogelio Miranda?

-Cesáreo, ¿me puede decir la hora? Haga el favor.

-Sí.

Las tres y veinticinco. -Oh.

Vaya aparatejo se gasta, le ha "tenío" que costar una "riñoná".

-Maquinaria suiza, niña, lo mejor.

Un sereno debe cuidar su elemento de trabajo principal, el tiempo.

-Y descuidar los ahorros,

que ha debido empeñar hasta las muelas del juicio.

No sabía que los serenos ganaran tantos cuartos.

-Soy una hormiguita y, además, no tengo familia,

y si no quiere nada más, uno tiene trabajo que hacer.

-Sí, sí, sí, sí, un segundo.

Qué prisas, hombre, ni que fuera ministro.

¿Ha visto por ahí al Ceferino? -"Demasiao" lo estoy viendo.

Está preguntando a todo el vecindario por ti.

Mira, ahí lo tienes. -Entonces no la ha visto, ¿seguro?

Gracias. -Cefe.

-¿"Ande" te metes, cordera? Que no doy contigo.

-Pues ya has "dao", y de bruces. -Pues casi te quedas sin "despedía".

-¿Qué "despedía"?

-Sí, ahora que "to" está claro entre nosotros, me marcho.

Que la Manuela está a punto de parir y quiero estar allí.

-¿Tu hermana se ha "casao"? -No, mi Manuela,

la oveja del ojo izquierdo azul. -No puedes irte.

-Lo que no puedo es seguir gastando los monises en la ciudad,

que aquí "to" es de caro a carísimo. Hasta el aire.

-No. Y la comida de mañana con mis "comares" del altillo, ¿qué?

-Pues a la vuelta, "asín" les traigo un tintorro de garrafa

"pa" convidarlas a "toas".

-Que tienes que ir a la comida. -Pero ¿por qué?

-Han hecho mollejas...

y no van a aguantar hasta que tú vuelvas, tú verás,

lo "delicás" que son las mollejas.

-Os las coméis a mi salud. Con Dios, que el viaje es largo

y noto los "balíos" de Manuela aquí, en el tímpano.

-¡Cefe! -¿Qué?

-No me dejes, por tu padre.

-Uh.

En cuanto nos casemos te llevo "pa" el pueblo de a una,

que aquí te están entrando unas "moñás" que no te aclaras.

-Es que,... pues...

que si te vas "pa" el pueblo, temo pecar con Antoñito.

-Pero si tú nunca has sido una sinvergonzona, Dolores.

Si al que se te arrimaba en el baile del gorrino

le dabas una "guantá" que le saltabas "to" los dientes.

-Pero la ciudad "ma" "maleao", tú lo has dicho,

y que no quiero que te lleves mercancía "estropeá".

-No sé,...

mujer, lo dices de una manera que, me dan ganas de atarte a la garrota

hasta pasar por el altar.

Ea, me quedo.

Pero no sé de dónde voy a sacar cuartos "pa" la pensión.

-Tú por eso no te preocupes, pero no te vayas "pa" el pueblo,

que me pierdo.

Íñigo.

Disculpe.

¿Ha visto usted a Servando? Sí, ahí se ha pasado todo el día,

tirando la casa por la ventana, literalmente.

Y ahora se ha marchado con los basureros, a cerciorarse

de que sus recuerdos mueren en el vertedero.

Pobre hombre. Y tanto.

Si me dispensa, tengo faena.

Lucía.

Deberían prohibirle la entrada en el museo.

Los visitantes no van a admirar cuadro alguno,

sino su belleza.

Padre, los novelones románticos han perdido un gran autor

con usted. No es ficción lo que recalco,

sino realidad.

Van ustedes al museo, supongo.

O quizás no. Está usted muy arreglada, Lucía.

Sí, allí vamos, pero me he dado el capricho de vestirme con mimo.

Supongo que el padre le habrá informado de que la soberbia

es un pecado capital.

La señorita Alvarado no conoce ese pecado,...

así que no he de aleccionarla. Lucía, ¿y su prima?

Nos pide disculpas,

pero ha trabajado demasiado y se ha quedado en casa a descansar.

¿Irán solos entonces?

Con la preciada compañía de Jacobo Zuloaga,

profesor de la Escuela de Artes.

Él nos acompañará en nuestra visita.

¿Quiere usted venir, don Samuel?

Le veo hondamente interesado

en nuestra salida.

Gracias, pero tengo entradas para un recital de piano

que no pienso perderme,... y una señorita me acompaña.

Me alegro de que al fin vaya acompañado,

seguro que será una velada encantadora.

¿Nos vamos, padre? Desde luego, la belleza

nos espera. Don Samuel,

disfrute. Con Dios.

Que pasen buena noche. Espero verles mañana.

-Buenas noches a lo más bonito del barrio.

¿A que me pone un licorcito?

-Pues estaba cerrando ya, pero bueno, si se lo toma rápido.

Yo voy recogiendo, si me disculpa.

-¿Por qué no se toma algo conmigo?

Beber solo es tan triste. Mire, mire...

(FINGE QUE LLORA)

(RÍE)

¿Eso es un sí?

-Lo siento, es que estoy cansada y me quiero ir a casa.

-Y este caballero va a acompañarla, faltaría más.

-No hace falta, vivo aquí al lado.

-Insisto.

Una mujer tan bonita como usted debería divertirse más.

-Yo me divierto, pero a mi modo.

-Podría llevarla a los cafetines de la Plaza España,

a estas horas se llena de enamorados.

-Mayor razón para que yo no vaya.

-¿Acaso no quiere tomarse algo conmigo?

-Lo cierto es que ya le he dicho que no.

-Creí que le resultaba agradable.

Bien que la hago reír. -Sí, sí, es simpático,

pero no es adecuado que una señorita vaya de noche

con un hombre y a solas.

-Entonces, déjeme llevarla a casa.

¿Tengo pinta de ser un mal tipo?

¿Le asusto o qué?

(GOLPEA LA BANCADA)

¿Quién cree que soy?

Lucía, un millón de gracias por preparar esta visita.

El señor Zuloaga conoce muy bien la obra de Divino Morales.

Gracias a usted por aceptar este regalo, padre.

Disfruto mucho de su compañía.

Me resulta tan fácil hablar de todo con usted.

Puede confiar en mí siempre, pase lo que pase.

Lo sabe, ¿verdad?

He echado de menos su compañía y su amistad.

Padre, necesito desahogarme, serle sincera.

Durante meses he estado sumida en el desconcierto más absoluto.

Confiaba plenamente en usted, pero aquel terrible incidente

me hizo perder esa confianza.

La entiendo perfectamente y no la culpo.

Todas las evidencias apuntaban a que yo había cometido

aquella terrible acción.

No se imagina lo que he sufrido.

Deseaba acercarme a usted, abrirle mi corazón

y contarle que en ninguna circunstancia, ni la más terrible,

osaría violentarla.

Lo sé... No, déjeme acabar.

No me importa haber sido encerrado o estigmatizado

por mis superiores,...

lo que me tortura es perder su estima.

Le juro que nunca le puse una mano encima,

todo fue un vil montaje, Lucía.

¿Me cree?

Pero sobre todo, ha caído ese muro invisible que nos separaba.

Podremos hablar como hacíamos antes, con libertad,...

y volver a vernos

sin reticencias, sin miedos

y sin sofocos.

La visita de esta tarde,

la contemplación de las pinturas junto a usted.

Padre, me hace muy feliz tenerle otra vez cerca.

A mí también.

-"Flora,"

no bajes la guardia.

Es un hombre de recursos, si no quieres que te agobie,

deja de hablar con él de asuntos íntimos o se crecerá.

-Vaya, es que ahora una no puede ni hablar.

Es injusto, yo no le doy confianza, se la toma él.

-Flora, no quiero discutir.

-Te digo que yo no le he dado pie. -"En el altillo"

se esmeran mucho con los pucheros de convite.

-La Casilda, señora, que algo le habrá visto a este gañán.

-¿Cómo que...? ¿Va a guisar Casilda?

-Bueno,

y menuda mano tiene, que lo dice la Trini,

con los fogones es... estupenda,

aunque no se prodiga mucho, ¿eh?

Va a ser que la Fabiana tiene razón y que algo ha visto en ti.

Lucía ha estado muy afectada,

tardará un tiempo en recuperarse y volver a ver la vida con optimismo.

Hasta entonces,

nuestro compromiso esperará.

Tenga cuidado, padre.

¿Por qué dice eso?

Si sigue usted mostrando tanto interés en la señorita Lucía,

no le quepa duda de que alguien

acabará malinterpretándolo.

Nadie podrá decir que he transgredido

ningún mandamiento u ordenanza. Lo dirán, padre.

Lo dirán.

-Tienes que tener precaución con Jordi.

Ese hombre me da mala espina, a ti no te gusta, ¿no?

-No. -Pues entonces,

a partir de ahora, no le des carrete, nada,

ni un poquito, que luego encima dirá que eres tú quien le provoca

o algo por el estilo. A mí no me engaña, Telmo,

ya no solo somos rivales en un complot,

en una carrera por conseguir la herencia de Lucía,

ahora somos rivales como dos hombres

que compiten por la misma mujer.

No sabe lo que dice.

Perfectamente, curilla. Apártese de Lucía,

la está manchando con su suciedad pecaminosa.

Apártese de ella.

No la haga caer en su podredumbre de hereje y renegado.

-Que digo que hay que ver cómo se ha puesto el pimpollo, ¿eh?

-Arrea.

Parece una señora de esas de los carteles de las ferias.

-¿Qué tiene de natural cambiar a un mulato que no conocemos

por alguien como yo?

Ella sí le conoce, Servando.

Cuando me lo eche a la cara, le voy a convertir en chocolate a la taza,

y no muy espesito, precisamente.

No siga por ese camino, Servando.

La venganza solo trae desgracias,

lo sabemos muy bien en este país de ultrajes

y honores.

No ofende quien quiere, sino quien puede. Piénselo.

Mire, padre, que lo piense Rita, y déjeme de zarandajas,

que esa mujer me ha coronado y me la va a pagar.

-Es usted muy buena moza, Casilda,

y con cabeza, "pa" llevar más que la cofia, que no hay tantas.

-Usted también es un buen mozo,... y con boina.

(RÍE)

-(RÍE)

-Me gustaría hablarle de su hermana. -Sí,

¿qué hay con ella?

-Creo que no nos hemos entendido bien,

quizás yo he pecado de espontáneo y...

me he permitido ciertas libertades que no me correspondían,

pero jamás, jamás, he pretendido ofenderla.

-Les puedo decir que cuando ya creía que lo tenía en el bote,

me pidió que le enseñara los pinreles.

-¡Anda, Casilda, hija, haberlo dicho antes!

(GRITA) -Que lo tienes en el bote, cordera.

-Tanto como en el bote, no sabemos, pero la cosa no va mal.

-Anda, "pos" menos mal que es para bien, porque yo, la verdad,

pasé un apuro y una vergüenza que... -Eso es muy buen comienzo,

y aunque no está ganada la batalla, tenemos que pensar el paso.

-Solo tenemos una vida, Servando,

con lo bueno y lo malo que nos traiga, pero solo una,

y de la parte que ya hemos dejado atrás,

solo nos quedan los recuerdos. No los pierda.

-Déjeme en paz.

-Tenemos que ser astutos y sagaces, que no podemos dejar nada al azar.

-¿Se le ocurre algo que funcione, doña Trini?

-Algo tengo pensado, sí.

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Acacias 38 - Capítulo 913

20 dic 2018

Telmo y Lucía han dejado atrás el pasado. Celia nota la cercanía pero jamás piensa que pueda ser algo romántico. Samuel se da cuenta de cómo el cura le está ganando la partida y Jimeno Batán aprovecha para apretarle todavía más: debe hacerse con esa herencia.

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