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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 911 - ver ahora
Transcripción completa

-Va a ser cierto que el juego no es bueno,

cuando no se pierde dinero, se pierden cosas de más enjundia.

-Y tanto, por jugarse unas perras,

ha podido perder su relación con Leonor.

-Tengo que cumplir, que me tengo que casar con el Ceferino.

Quiero que prepares la cena más fastuosa que hayas hecho nunca.

¿Para cuándo? Para esta noche.

Seremos dos personas. Muy bien.

-"El Ceferino es viudo" de amor,

así que, la única forma de romper el compromiso es que el Ceferino

le dé un beso de amor a una viuda".

-Según pone en la prensa, un huracán ha barrido la isla de Cuba.

-¿Hay víctimas?

-No. Parece que las comunicaciones están cortadas

y no se sabe nada de la isla.

-Un huracán en Cuba. ¿Y qué hago yo ahora?

¿Acaso le molesta que hable con el padre Telmo?

En parte sí.

No entiendo cómo puede recuperar el trato con una persona

que la trató de forma tan deshonesta.

¿Ha olvidado lo que ocurrió en la ermita?

Hemos tratado este tema en otras ocasiones

y no tengo ninguna gana de volver a hablar de ello.

Me llamo Jordi Baró.

-¿Qué le trae por aquí? ¿No tiene con quién pelear en su tierra?

-Ni en mi tierra ni en ninguna parte, ya estoy retirado.

-A mí me parece bastante joven.

-No para subirme a un ring. -No me extraña,

el boxeo debe de ser de lo más violento,

dos hombres a golpes sin que nadie los separé, qué barbaridad.

-No crea, tenemos reglas para que el combate este controlado,

y se realiza de forma noble

y sin peligro para los contendientes.

-Antonio, Casilda es nuestra salvación.

-Es joven, pequeñita, está de buen ver,

es más maja que las pesetas y está viuda.

-¡Viuda! ¿Querrá hacerlo?

-Habrá que convencerla como sea.

Es mi deseo cerrar el compromiso de boda que quedó pendiente

cuando su prima enfermó.

Ahora que se han recuperado, ha llegado el momento.

Lucia,

¿quiere casarse conmigo?

¿Y bien?

Ese silencio no presagia nada bueno.

Samuel, quiero posponer el compromiso.

¿Qué,... posponerlo?

¿Hasta cuándo?

Hasta que Celia y Felipe se recuperen del todo.

No lo entiendo. ¿Qué ha cambiado?

Nada, Samuel, no ha cambiado nada.

¿Ya no me ama?

Sí que le amo, sí.

Pues entonces diga que sí.

Es que...

Es que tengo que pensar, Samuel.

No lo entiendo.

¿Qué no entiende?

Las razones de su cambio de opinión.

Es que, todos estos días,

lo que ha pasado con Celia y Felipe me ha dado que pensar.

Lo que les ha ocurrido es una desgracia,

pero nada tiene que ver ni con usted ni conmigo.

Lo sé, Samuel, lo sé.

Creo... He sentido la muerte muy cerca de mí, y...

todo eso ha cambiado algo dentro de mí.

No sé, necesito tiempo.

¿Acaso está mal o debo sentirme mal por ello?

Porque es como me está haciendo sentir ahora.

Lucía, la echo de menos.

Samuel,

Samuel, solo le estoy pidiendo un poco de paciencia...

y retomar esta conversación en unos días.

Para mí es muy importante volver a sentir la misma ilusión que sentí

la primera vez que me pidió la mano.

Si me quiere de verdad,

me esperará.

Por supuesto que la quiero de verdad.

Esperaré el tiempo que sea necesario.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ay, mi Martincico.

Lo que te echo de menos.

Y más ahora que se acercan las Navidades.

Bueno, pues ya está todo "recogío", otro día que se acaba.

¡Ay! -Chist.

Soy yo, soy yo, no te sobresaltes.

Qué susto que me ha dado, don Íñigo, por Dios.

Se me ha ido toda la sangre del cuerpo.

Pensaba que eran los ladrones.

Avisaré de que hay visita. -No, espera.

No les digas nada, solo vengo a ver a Leonor.

Es una sorpresa.

-Ah.

Pues tenga "cuidao", porque como le haga lo mismo que me ha hecho a mí,

le da un síncope a la señorita.

-Pierde cuidado, que iré con tiento.

Te puedes marchar. -Buenas noches.

Siento ser la causa de tus desvelos.

-¿Qué haces aquí?

-Vengo a disculparme.

¿Me permites entrar?

-Ya estás dentro.

-Siento en el alma lo que he hecho, Leonor.

Soy consciente de que no me he comportado

como un novio comprometido.

-No, ni de lejos lo has hecho.

-No tenía que haberte ocultado que estaba apostando.

Nada justifica esa mentira. He sido un estúpido.

-En lo relativo a la estupidez estamos de acuerdo.

Pero creo que estás siendo muy condescendiente contigo mismo.

A mí se me ocurren adjetivos peores. -Tienes razón,

merezco tus dardos. -Apenas he empezado.

-Pues antes de que sigas,

déjame decirte que he aprendido la lección.

Y nunca en toda mi vida he querido a nadie como te quiero a ti.

-El amor se tiene que demostrar, Íñigo.

No es suficiente con decirlo.

-Créeme que...

verte tan disgustada me deja sin aliento

y, haría cualquier cosa por recuperar tu confianza.

-Pues lo vas a tener difícil. -Dame una oportunidad.

Te juro por lo más sagrado que no volveré a apostar.

En el hipotético caso de que lo hiciera,

jamás te volveré a mentir, en la vida.

Quiero compartirlo todo contigo, Leonor.

Lo bueno y lo malo... Es que no soporto verte así.

Necesito...

volver a disfrutar de tu sonrisa.

Te suplico que me perdones, Leonor.

Lo siento de corazón.

Eres la mujer más maravillosa del mundo, Leonor.

Te amo con todo mi corazón.

Casilda, ¿"ande" te metes?

-Aquí estaba. Ni que esto fuera el Palacio de Versalles.

-Por fin te encontramos.

¿Qué tripa se os ha roto? -Nada, queremos hablar contigo.

-¿Y de qué?

-Queremos pedirte un favor. -Ah.

Me lo contáis mientras voy cenando,

que tengo las tripas "pegás" a la espalda del hambre que tengo.

Bueno, ¿de qué favor se trata?

-Tienes que enamorar al Ceferino.

-¿Qué? ¿Me lo puedes repetir? Lo siento, ¿eh?

No lo he entendido bien.

-Que tienes que enamorar al Ceferino.

-Pues sí que lo había entendido.

¿Habéis perdido el oremus?

-Eres la única que puede ayudarnos.

-¿Y eso por qué?

-Porque el compromiso se selló con un beso

y solo se puede romper con otro beso.

-Ah, pues que se lo dé otra.

-De viuda tiene que ser.

-¿Estás de chanza?

-"Pa" chasco que no.

-A ver si lo entiendo,

¿una viuda tiene que besar a ese de tu pueblo

"pa" que vosotros os podáis casar?

-Pero con amor, tiene que besarle con amor.

-Y en los morros, como manda la tradición.

-Hay que jeringarse con las tradiciones de tu pueblo.

-Es la solución que nos ha dado el tío Genaro.

-Lo siento, pero yo no puedo hacerlo.

-¿Cómo?

-Que no.

Que no puedo hacerlo. Yo tengo todavía

en la cabeza a mi Martincico. Pienso en él todos los días.

-Casilda, Casilda. -¿No puedes al menos intentarlo?

-¿Cómo voy a enamorar a "naide",

si todavía estoy enamorada de mi Martincico?

Y encima el "Cefrino" ese.

Lola, que no es mi gusto, y que fue tu novio.

-¿Y qué más da eso, Casilda? Es solo un beso, uno.

-Pero es de amor, que lo ha dicho él.

-Casilda, por favor, hazlo por mí.

-Tú eres la única

que puede romper este maldito compromiso.

-A mí me gustaría mucho poder ayudaros,

pero el amor no llega así como así.

Anda que no cuesta encontrar un mozo del que enamorarse.

Como para enamorarse del "Cefrino".

-O sea, que no nos vas a ayudar.

-No. -Pues eres una egoísta.

-No digas eso tampoco, que no es verdad.

-Es lo que pienso.

-La Casilda también tiene razón.

No podemos obligarle a hacer algo que no quiere.

Si es más buena que la canela en rama.

-Sí, es verdad, lo siento, Casilda.

Pues ya me dirás entonces qué hacemos.

-"Pos"...

por ahora rendirnos, que no nos queda otro remedio.

-Yo nunca me voy a rendir, ¿me oís? Nunca me voy a rendir.

-¿Y la sastra?

¿Por qué no se lo dices a ella?

-De amor, Casilda, tiene que ser un beso de amor.

¿Le has perdonado? -Nos hemos reconciliado, sí.

-(RÍE NERVIOSA) ¿Tan pronto, así porque sí?

-Así porque sí, no. Me ha pedido perdón y le he perdonado.

Y antes de que siga por ahí, estoy muy feliz por ello.

-Y yo me alegro mucho por los dos.

Sé lo mal que lo estabais pasando.

-¿Y no crees que has cedido demasiado pronto, hija?

-¿Qué quiere decir?

-¿No crees que has cerrado la crisis en falso?

-No.

-Si le perdonas ahora tan fácilmente,

la historia se va a repetir.

-Pues no tiene porqué, porque confío en él.

-Tú eres la única. -Deje de malmeter y apóyeme.

-Te apoyo. -No lo parece.

-Yo soy mayor que tú, tengo más experiencia en la vida,

sé cómo son los hombres.

-¿Todos? Cada uno será diferente.

-¡Todos están cortados por el mismo patrón!

-Se equivoca, madre.

Íñigo no ha hecho las cosas bien, pero me ha pedido disculpas.

Me ha prometido que no volverá a ocultarme nada.

Le creo. -Yo creo que deberías

¡hacerte valer más!

-Han sido días complicados para todos.

Creo que Leonor e Íñigo merecen una segunda oportunidad, y punto.

Leonor, ¿por qué no os vais unos días de Acacias?

-¿De viaje?

-Sí. Creo que iros unos días de la ciudad os puede venir muy bien.

-Pues sí. Liberto, no es mala idea, así cambiamos de aires.

Voy a avisar a Íñigo, se pondrá muy contento.

-¿Cómo no se va a poner contento?

Después de lo que te hace, le premias con un viajecito.

Muy bien, hija, eso es hacerse valer.

Este sacerdote es un espléndido orador.

-Como pocos hemos tenido. Me ha conmovido su discurso.

-A mí se me han saltado las lágrimas y todo.

-Y no has sido la única,

había varias mujeres

llorando a moco tendido.

Hay que reconocer que este hombre tiene un don.

¿No lo crees tú así?

Sí, supongo que sí.

-¿Supones?

Quiere decir que sí.

Aparte de buen corazón, tiene un don para las palabras.

¿Cómo se encuentra hoy, doña Celia?

Un poco mejor cada día, padre.

El recuerdo de las fiebres es algo lejano.

Me alegro.

Por su cara, parece del todo recuperada.

¿Y usted, doña Trini?

¿Le da guerra esa criatura o parece que va a dársela cuando nazca?

-La verdad es que me encuentro muy bien.

Nunca he estado mejor. Y espero que se equivoque usted

y no me dé la murga cuando venga al mundo.

-Deben ser sus misas, padre,

sus sermones le dan a una la vida.

Ojalá fuera todo tan sencillo.

Yo solo trato de sanar las almas.

Y eso no es poco.

¿Van ustedes a desayunar a La Deliciosa?

Sí, allí íbamos. ¿Quiere venirse?

Sería un placer y un honor seguir disfrutando de su compañía.

No puedo.

Tengo asuntos que atender.

Quedan enfermos de las fiebres y quiero visitarlos.

Pensaba que la enfermedad había remitido.

Así es, aunque pocos, hay algunos pasándolo mal.

Quiero darles mi apoyo.

Lo que yo digo,

es usted un santo.

Al final de la mañana tendré más tiempo libre.

-Acepte entonces la invitación a mi casa, padre.

Estaríamos felices de recibirle.

Por supuesto, vosotras estáis invitadas.

-Estoy deseando seguir escuchando sus consejos y su ayuda espiritual.

-Susana, quizá podríamos cambiar de tema.

Te pones muy beata. -¿Yo beata?

Con Dios. -Con Dios.

-Soy una buena cristiana.

Todo el mundo le admira, padre.

Eso hace que mi corazón se llene de dicha y de orgullo.

Es usted un buen hombre. No es para tanto,

solo cumplo con mi deber.

Qué alegría me das, estaba deseando que os arreglarais.

Es una calamidad, pero lo estaba pasando mal.

-Yo no tenía el cuerpo para verbenas.

-Imagino. Al final, el calavera de mi hermano se hace querer, el muy...

¿Sabes lo que me hizo?

Me dio un frasco de chocolate, coñac y almendras

y, me hizo creer que era un medicamento.

-¿Eso hizo?

Es ingenioso, desde luego.

-Eso, tú encima ríete.

-Te pusiste muy obtusa con ese asunto, insistente.

-Precavida. -Pesada.

-Lo que sea, pero eso no se hace.

-O sí, depende, ¿funcionó?

¿Hizo que se te pasaran los síntomas?

-Odio reconocerlo, pero sí.

-Ah.

-Mira, aquí le tienes.

-Leonor...

No sabes cuánto echaba de menos verte por aquí.

-Os dejo solos y habláis de vuestras cosas.

-(RÍEN)

-Espera, que he venido a contarte algo.

-Cuéntame.

-Liberto me sugirió algo y me parece una idea estupenda.

-¿El qué?

-¿Por qué no nos vamos de viaje juntos fuera de la ciudad?

Al campo, por ejemplo.

Alejarnos un poco de todo esto

y estar tú y yo solos, juntos.

-No me puede sonar mejor. Yo invito.

Emplearé el dinero que gané en la última apuesta.

No hay mejor manera de gastarlo, ¿no?

Pero hay un problema.

-¿Cuál?

-Que prefiero no pasar la noche fuera.

-¿Y eso por qué? ¿Te has vuelto recatado o qué?

(RÍEN) -No, es por mi hermana.

Prefiero no dejarla muchos días sola en la chocolatería.

Y demasiado trabajo, demasiada responsabilidad.

-Y muy poca confianza en ella.

-Eso también.

-Bueno, está bien, lo entiendo, lo entiendo.

Pasaremos un día en el campo

maravilloso. -Espera.

Flora. Flora.

Es que...

¿Mañana puedes hacerte cargo tú sola de la chocolatería?

Leonor y yo vamos a salir de excursión.

-¿Tan inútil te crees que soy?

Pues claro.

-Inútil no, es que me preocupo por tu salud, Flora.

¿Y si caes fulminada por esas fiebres terribles qué?

(RÍE) -Eso, ríete de mí.

-Siempre te puedes beber un poco de chocolate con coñac.

Eso es mano de santo. (RÍEN)

Ay...

-¡Maldita sea mi estampa, maldita sea la isla de Cuba,

maldito sea El Malecón

y maldito sea el huracán que me impide ir a ver a mi Paciencia!

-Servando, ¿qué quiere decir, que es buena idea ir a verla?

-La mejor que he tenido, ojalá lo hubiera hecho antes.

Me voy a acercar por la naviera para que me informen

cuándo sale el primer barco.

-¿Y no sería mejor dejar a su esposa

que pensara las cosas sola?

-¡No, Agustina, no, que me quiero quedar con ella, que es mi esposa!

¡Y con ese, ese mulato...!

¿Cómo será además?

¿Qué, el enfrentamiento? -No, el mulato.

-Pues mulato, Servando, como ha de ser.

-Me refiero a si será más tirando a oscuro,

tirando más a claro, alto, bajo, mediano,...

Si tendrá panza o será figurín, como yo mismo, vamos.

-(RESOPLA)

Por la Virgen y san Cucufato, que parece que me haya mirado un tuerto.

-¿A qué vienen esos lamentos, hija?

-El tío Genaro, que ya ha dado la solución, se ha pronunciado

"pa" romper el compromiso con el Cefe.

-Pero ¿eso es bueno, no?

-Depende, Agustina, depende.

Ay. Depende.

Que ha dicho que solo se rompe si una viuda

le da un beso de amor al Ceferino.

-¿Que viuda "tie" que ser?

-¿Y un beso de amor, no puede ser uno corriente?

-Y boca con boca.

La ley es la ley y la tradición es la tradición.

-Leñe con las tradiciones de tu pueblo.

-Claro, como se pueden imaginar,

pues solo nos ha valido la Casilda.

Le he preguntado si podía hacerlo.

-¿Le has pedido a Casilda que le dé un beso a tu novio de la infancia?

-Después de enamorarle, sí. -¿Y qué te ha dicho?

-"Pos" que no, ¿qué me va a decir la pobre?

Por respeto a su marido que en paz descanse,

no puede. -Bien dicho.

Claro que sí. Una mujer que respeta a su esposo por muy lejos que esté.

-Y tan lejos, como que está criando malvas.

-El Martín era mucho Martín. Si hubiera estado aquí,

me hubiera acompañado a Cuba a ayudarme con el mulato ese que...

-A ti te quería ver yo, Casilda.

Ya nos ha contado Lolita tu problemática.

-Pues también le habrá dicho que no puedo ayudarla.

-Sí, es por eso que me quería ofrecer yo.

-¿Usted? -¿Usted?

-¿Usted? -¿Usted?

-¿Usted?

-Sí, yo, yo, ¿pasa algo?

-No, no, pasa "na", Carmen.

Eh... Con "tos" mis respetos y sin ánimo de ofenderla,

que es que usted, "pos"...

le saca experiencia al Ceferino.

-Ah, experiencia,

que ahora se le llama así. ¿Me estás llamando vieja?

-No. No, no, no. "Pa" él sí.

Pero en general no, que usted "tie" su público.

-Vaya hombre, encima que me ofrezco.

Que no tengo ganas de andar zascandileando con un jovenzuelo,

que lo hacía por ti, por salvar tu matrimonio.

-Y yo se lo agradezco de corazón,

de verdad que sí, pero conozco al Ceferino

y sé que no le va a enamorar usted, y tiene que ser un beso de amor.

-Casilda es la única que puede. -Y vuelta la burra al trigo.

Que yo no puedo, que todavía me acuerdo de mi difunto esposo.

-Y bien que haces.

-Muy requetebién, aunque esto es algo excepcional,

que no "ties" que casarte con él, solo darle un beso.

Uno pequeño.

-"Señá" Fabiana, ¿está de acuerdo con Lolita?

-No he dicho eso,

que "pa" mí, quien inventó las costumbres de Cabrahígo está loco,

pero ella es tu amiga.

-Di que no, Casilda. Que haces muy requetebién.

¿Dónde está el respeto por el sagrado matrimonio?

Pero ¡¿dónde están las mujeres como Dios manda?!

-Mujeres jóvenes, quiere decir.

-Aquí cada loco con su tema.

Carmen.

¿Señor?

¿Sabes por qué no ha venido Lucía al taller

en toda la mañana?

¿Había quedado usted con ella, señor?

Me dijo que hoy retomaría sus labores.

No sabría decirle,

pero creo que la señorita Lucía está en casa de su prima.

¿Por qué dices eso?

Las criadas me han contado que doña Celia ha invitado al padre Telmo

a su casa a tomar un tentempié.

Supongo que Lucía querrá asistir

y agradecerle el gesto que tuvo para con su familia.

Ya sabe,

todo el barrio está deseando agasajarle.

Gracias, Carmen. Puedes retirarte.

Pero es amor entre dos seres humanos,

entre un hombre y una mujer.

"Samuel,"

quiero posponer el compromiso.

¿Ya no me ama?

Sí, sí que le amo, sí.

Pues entonces diga que sí.

Yo sé lo que vi.

¿Qué vio?

Como Lucía y Telmo se miraban tras un paseo.

Apenas recuerdo lo que es el amor,

pero creo que era algo parecido a eso.

Pues claro que es amor. Telmo está enamorado de Lucía.

Te voy a parar los pies, maldito cura.

Es increíble lo rápido que se están recuperando.

Y todo se lo debemos a usted.

No, por favor, no vuelvan con eso.

No lo decía con esa intención.

-Lamentamos el retraso.

¿Han empezado sin nosotras? -Justo ahora íbamos a empezar.

¿Qué quieren tomar?

-¿Un tecito? -Estamos de celebración, Susana.

Había pensando abrir champán,

que uno no vuelve a nacer todos los días.

-Si quieres un té, yo te lo traigo. -No, deja,

una copita no me hará ningún mal.

Pero ¿dónde está Lolita?

-Se ha torcido un pie, apenas puede caminar.

Tenía mala cara... Le he dado el día libre.

Voy a por esa botella. -Te acompaño.

-Doña Susana, ¿me ayuda a elegir las copas?

-Claro.

-Celia,...

la mala cara de Lolita no es por la torcedura,

¿sabes lo que le ha pasado con Antoñito, no?

Ceferino, un antiguo novio del pueblo

ha venido para casarse con ella, dice que tienen un compromiso.

-¿Y Antoñito?

-Ha cancelado los planes de boda.

-No sabía nada.

-No habrá querido contarte hasta que no te viera recuperada del todo.

-Ahora entiendo por qué estaba tan triste.

¿Cómo va su labor restauradora?

Con todo lo que ha pasado,

la tengo un poco abandonada,

pero estoy deseando retomarla.

Pasar las horas en ese taller me hace muy feliz.

Felices somos nosotros cuando nos deleita con uno de sus trabajos.

Sus manos son pan de oro.

Y bien, Lucía,

¿has retomado tu compromiso con don Samuel,

ahora que tus primos están recuperados?

Justo ayer hablaba con Samuel de ello.

¿Y bien?

De momento, hemos decidido aplazarlo.

¿Has cambiado de opinión?

¿Ya no quieres casarte con él? No es eso,

pero lo sucedido recientemente me ha dado que pensar,

y necesito algo más de tiempo para...

recolocar mis pensamientos y plantearme de nuevo las cosas.

-Vamos a brindar. -¿Por qué brindamos?

-Por el padre, Telmo. No, por favor.

Por el fin de la enfermedad

y la recuperación de los enfermos que están por sanar.

Que así sea.

-Padre.

Gracias. -Yo un poquito, don Felipe, que...

Gracias.

-Vamos.

-Salud. Salud.

¿De camino a la sastrería, Agustina? -A ver.

Doña Susana acaba de subir a casa de don Felipe y doña Celia

y me ha pedido que atienda yo el negocio.

-Qué alegría saber

que los Álvarez-Hermoso gozan de buena salud.

-La que nos hace sufrir ahora es la pobre Lolita.

Con todo el asunto del Ceferino,

va a tener razón, y parece que la ha mirado un tuerto.

-Porque ella quiere,

que hay costumbres que deberían olvidarse.

-Desde luego, las de ese pueblo, sobre todo.

A Dios doy gracias de no haber nacido en Cabrahígo.

Que con todo este asunto, hasta Casilda lo está pasando mal.

-¿De dónde viene usted que trae esa cara?

-De la naviera. Que vengo,...

que las rutas hacia Cuba están cortadas a causa del huracán

y es imposible viajar hasta allí.

-Mejor, así no se gasta usted los ahorros en el pasaje

y ahorra el dinero. -De eso nada,

que Servando Gallo no tira la toalla por una ola más que menos.

-Más de más que de menos, diría yo. -Me da igual.

No pienso estar de brazos cruzados esperando que amaine.

Le he estado dando al magín,

y creo que he dado con la solución. -¿Y se puede saber

que ha barruntado? -Muy fácil.

¿Ustedes por dónde van al "mercao"?

-Por la calle ancha y cargadas como mulas.

-Pero también pueden ir por el barrio del Porvenir, ¿eh?

-Eso sería dar mucha vuelta.

-¿Llegarían al "mercao",

sí o no?

-Dos horas más tarde y "arriñonás".

-No entiendo que tiene que ver esto con su viaje.

-Pues que eso mismo voy a hacer yo, ir por el lado contrario,

por las Indias Orientales. -¿Y eso se puede hacer?

-Sí, lo he visto en un mapa da la naviera,

pero en vez de coger un barco, tendría que coger cuatro

y varios trenes, pero llegaría.

Con lo que le ha costado reunir el dinero para un barco,

¿cómo va a hacer para pagar cuatro?

-Ya me las apañaría. -¿Ya le han dicho lo que tardaría?

-Sí, unos dos o tres meses.

-Qué barbaridad.

Cuando llegue a Cuba, la Paciencia no se acuerda de usted.

-De hecho es que esa ahora no se acuerda.

-Servando, no haga usted locuras que ya no es un muchacho

para embarcarse de esa manera. -Ya.

Quizá debería de esperar a que pasara el huracán,

pero es que la premura de ver a mi santa

me nubla el entendimiento.

-Y tanto que le tiene nublado.

Hágame caso y ahórrese el disgusto de ver a su esposa con otro.

Que eso no es plato de buen gusto.

-¡Que no me hable usted del mulato, Carmen!

Pero... ¡¿Qué hacen aquí pelando la pava?!

¡¿Es que no tienen nada que hacer?! ¡Vamos, aire, aire!

Malditas fiebres...

¿A cuántos se habrán llevado por delante?

-No quiero ni saberlo.

Parece que ha remitido y no hay de qué preocuparse.

-Los que se marcharon ya están de vuelta.

Don Aurelio del 23, doña Matilde y su hijo del 35...

-Sí, cierto. En el Ateneo también lo he notado.

Los caballeros que decidieron alejarse de la ciudad

ya están de vuelta.

Da gusto ver cómo todo vuelve a la normalidad.

-Lo que da gusto es comprobar que no hay peligro de enfermar.

-Sí, eso también, y más ahora que están cerca las Navidades.

Queda poco para ver toda la ciudad engalanada y llena de adornos.

¿No te gusta la Navidad, Cesáreo?

-Para un sereno, la Navidad significa más trabajo.

Cualquier fiesta descontrola al vecindario

y pone en peligro el orden establecido.

-No seas tan estricto.

Las Navidades son fechas de alegría,

de estar en familia, cantar villancicos,

coger unos kilos de más...

-Y de borrachos de jarana hasta las tantas.

Que no me convence.

Cuanto antes pasen las Pascuas, mejor.

-Está claro que nunca llueve a gusto de todos.

-Y más cuando el disfrute de unos pocos

depende del trabajo de otros. -Vaya con Cesáreo,

tiene ideas revolucionarias. -Dios me libre.

Yo no tengo eso de ideas revolucionarias ni de disturbios.

Soy más de pies en el suelo y sentido común.

-Y haces muy bien.

A mí, sin embargo,

con estas fechas pienso más con el corazón que con la cabeza.

Sacan a relucir el niño que fui.

-Ese es el problema.

Hombres de barba cerrada comportándose como niños.

No, gracias. -¡Don Jordi!

Disculpa, Cesáreo, luego te veo. -Hombre...

-¿Qué le trae por aquí?

-Iba camino de mi hotel. Vengo de enviar unos telegramas.

-¿Ha ocurrido algo malo? -Todo lo contrario.

Algo bueno es, muy bueno.

Unos empresarios catalanes me han ofrecido

abrir una sala dedicada al pugilismo.

-Y tanto que lo es, qué grandísima noticia.

-En Barcelona hay mucha aceptación.

Y podría ser un gran negocio.

-Desde luego que sí, aquí hay muchos adeptos.

-Estoy por coger el tren mañana.

Y no porque corra prisa,

que las reuniones son la semana que viene.

Me gustaría ver locales.

-Hace usted muy bien.

Muévase con premura para llegar pronto.

Nada, le doy mi enhorabuena, don Jordi.

Es un proyecto muy bonito. -E ilusionante.

-La lástima es que disfrutaremos menos de su compañía.

-Bueno... -Yo, y me consta que Íñigo,

le habíamos tomado cariño.

-Yo también les voy a echar de menos.

Me han hecho ustedes sentir como en casa,

pero el "negoci"

es el "negoci". Ya sabe usted.

-Sí, sí.

¿Me deja convidarle a un café en La Deliciosa?

Así podrá despedirse de Íñigo también.

-Me gustaría, pero aún me quedan recados que atender.

Me pasaré más tarde para despedirme.

-Con Dios.

Padre.

¿Hablar o confesar?

Hablar, hablar.

Me alegro de volver a verle.

Esta mañana me lo he pasado bien con mi prima.

He de reconocer que yo también.

Hacía tiempo que no me relajaba tanto entre amigos.

Me alegro que así nos considere.

Ya sabe que sí.

Disfruto mucho con la compañía de ustedes.

Especialmente de la suya.

¿Ha retomado sus trabajos en el taller?

Sí.

Ahora justo iba camino de casa de Samuel.

¿Y qué tiene ahora entre manos?

Compramos a un coleccionista, don Nicasio,

un retablo y varios cuadros.

Muchos parecen de 1600 e incluso anteriores.

Hay hasta una escultura que no sé valorar de qué época es.

Vaya, suena a que tiene usted mucho trabajo por delante.

Sí, y estoy deseando empezar.

Hay uno de esos cuadros

que cuando lo vi en la finca de don Nicasio me impresionó.

Se trata de un retrato femenino.

Y, no sé...

¿Qué?

Es una mujer mirando hacia el pintor.

Debe tener unos 20 años.

Y tiene la espalda descubierta,

que vemos a través de un espejo.

No sé.

Ese lienzo despertó mi curiosidad.

Me encantaría que lo viera.

Y a mí me encantaría verlo, pero seguro que a don Samuel

le apetece tan poco como a mí encontrarme en su casa.

Vamos, padre,

seguro que ve cosas en ese cuadro que yo soy incapaz de ver.

Cuando habla de arte se le ilumina la cara.

Es algo que me hace realmente feliz.

Tener un cuadro en mis manos

viejo, desvencijado, estropeado,

y empezar a limpiarlo con mimo,

descubriendo poco a poco lo que subyace bajo el polvo,

bajo los restos que el paso del tiempo ha puesto sobre él...

Ir descubriendo un color,

una forma,

incluso a veces una firma,

y cuando ya has terminado,

ver el resultado.

Un cuadro perfecto.

Intacto, como...

Como recién pintado.

Padre,

¿le estoy aburriendo? No, no, no, no.

Usted no podría aburrir a nadie. Ni aunque se lo propusiera.

Si le digo la verdad, pienso en otra cosa.

Lucía, ¿puedo preguntarle algo?

Sí, por supuesto.

¿Canceló su compromiso con don Samuel Alday?

Fue una decisión de mutuo acuerdo.

Bueno,

quizá... la idea fuera mía.

Y yo me alegro de ello.

Buenas tardes, padre.

Buenas tardes, Lucía.

(SUSPIRA)

Que no, Lolita, que no voy a tirar la toalla.

-¿Qué quieres que hagamos?

-Encontrar otra viuda en edad de merecer.

-Como si se pudieran comprar.

"Oiga, póngame un cuartico y mitad de viuda,

pero que esté de buen ver".

"Ah, bueno, y tiernecica,

que le tiene que dar un beso a mi novio".

-Algo se nos ocurrirá.

-Tú me dirás el qué, Antoñito. Que por más vueltas que le doy,

no encuentro la solución. -Tiremos por la calle de en medio.

-¿Qué quieres decir?

-Que nos casamos y punto. -¿Cómo?

-Yo te quiero, Lolita, tú me quieres. Si nos tiene que caer la maldición,

que nos caiga, ¿qué nos puede pasar?

-Que te atropelle un tranvía.

-Prefiero morir joven que estar lejos de ti toda mi vida.

-Eres el hombre más bueno del mundo.

-El que más te quiere sí.

-Pero que no... Que no "pue" ser.

Antoñito, no "pue" ser.

-A ver, Lolita...

¿Por qué?

-Eh...

Es que hay algo que no te he dicho.

-Otra sorpresa. -No, no es ninguna sorpresa.

Que el Cefe me abordó por la calle

y me dijo que..., que..., que...

-¿Qué, Lolita, qué?

-(RESOPLA)

Que si no cumplimos con la tradición,

que no solo nos cae a nosotros la desgracia.

-¿A quién más?

-"Pos"...

a nuestros hijos.

-De verdad, esto cada vez se parece más a una broma macabra.

-Ya, pero es que no lo es.

¡A ti te quería yo ver!

-¿Qué he hecho? -Tender la ropa sin escurrirla.

¿Has visto cómo está el patio?

"Encharcao". ¿No sabes que hay un desagüe

que no traga? Si hay humedades, ya sabes la culpa de quién es.

-Suya.

Hay una fuga sin reparar.

-Una fuga.

Vamos a ver, que tampoco hay tanta agua.

Que no es para exagerar, pero la próxima vez,

escurre bien la ropa,

que hartito me tenéis.

-Servando, ¿quién le "tie" hartito?

-¡Ustedes, las criadas,

que se desentienden y estoy todo el día detrás!

-¿No será que paga su mal humor con nosotras?

-¡Yo no tengo mal humor! -No lo puede tener peor, Servando.

¿Y sabe qué? Que nosotras no tenemos la culpa

de que no salgan barcos a Cuba ni de que la Paciencia...

-¿Ni de que la Paciencia qué?

-Nada. -No me caliente, Fabiana,

no me caliente, ¿eh?

Que...

¡Maldito sea el huracán!

¡Maldita sea la Paciencia!

¡Maldito sea el mulato! ¡Maldita sea mi estampa!

¡Maldito sea...!

Veo que ha retomado su trabajo en el taller.

Sí.

Todavía estoy haciendo recuento de todo lo que compramos

y valorando por cuál empezar.

Pero... estoy deseándolo.

Me alegra verla de nuevo por aquí.

No quisiera entretenerla, pero he venido a decirle algo.

Samuel, antes quería hablarle sobre algo.

Claro. ¿De qué se trata?

Samuel, no me gustaría haberle molestado

con el aplazamiento del compromiso.

Me entristeció, Lucía, no se lo voy a negar.

Tan solo quiero su bienestar.

Verla a usted feliz es lo único que me hace feliz.

Nunca haría nada para presionarla.

Le agradezco su comprensión.

¿Era eso lo que quería decirme?

He recibido una carta de don Nicasio.

El coleccionista.

Eso es.

Dice que tiene piezas nuevas en su finca

y que nos ha invitado para ir a verlas.

Me está proponiendo otro viaje juntos.

Nos lo pasamos muy bien la primera vez.

Sí, fue estupendo,

pero me gustaría rehabilitar algunas obras antes de adquirir más.

Claro.

Cuando quiera. No tiene más que pedirlo.

Verla a usted feliz es lo único que me hace feliz.

Hay algo que sí que me gustaría pedirle.

¿De qué se trata?

De esta obra.

Le hablé al padre Telmo de ella

y me gustaría que la viera y me diera su opinión.

Es un gran conocedor de arte.

¿Y?

No me atrevo a invitarle al taller sin su consentimiento.

Lucía, puede usted invitar a quien considere oportuno.

Es su taller, no tiene por qué pedirme permiso.

Muchas gracias, Samuel.

Eso sí,

si quiere saber mi opinión,

sigo pensando que el padre no es trigo limpio.

Y lamento que usted no lo vea así.

Ojalá abra los ojos.

En fin, no quisiera entretenerla más.

Le dejo disfrutar de su tiempo en el taller.

Carmen.

Señor.

Da aviso al sereno.

Que venga a verme esta noche.

¡Venga, date prisa!

Enseguida voy, señor.

¡Casilda! ¡Ay!

-Señora, por Dios.

Casi me da un pasmo. Casi se me sale el corazón.

-Perdóname, hija, no era mi intención,

pero debo hablar contigo. -¿Qué quiere usted de mí?

-Pues que necesito que...,

que ayudes a tu amiga. -¿Qué amiga?

-A Lolita.

De ti depende que sea feliz o "desgraciá".

-Ya, si ya he "hablao" con Lolita y con don Antoñito de eso.

-Sí, pero no has hablado conmigo.

Hay algo que no sabes porque no te lo han dicho.

-¿El qué?

-Ven conmigo.

-A ver, Casilda, hija,

que Antoñito está dispuesto a saltarse la tradición

y así la desgracia recaerá sobre ellos.

Y no solo sobre ellos.

-¿Sobre quién más?

-Sobre sus hijos.

-¿Sus hijos?

Pero ¿qué hijos?

Ande, me estoy perdiendo. -¡Casilda!

Los futuros hijos de Lolita y Antoñito.

-¿Eh?

-Unas criaturas sin maldad.

Inocentes y sin culpa alguna.

Unas almas que todavía no están...

-Que sí, que sí.

Que ya he "entendío" por dónde va, "seña" Trini.

Que sí, pero...

¿Qué quiere usted que haga yo?

-Que ayudes a tu amiga. A esa Lolita que ha estado siempre ayudándote.

Siempre a tu "lao" en los momentos necesarios.

Dispuesta a ser tu bastón.

-Vamos.

Que quiere que enamore al Ceferino.

-Casilda.

Que la desgracia podría recaer sobre ellos

generación tras generación. Y la maldición será tan grande,

que no se sabe hasta dónde llegará.

Piénsalo, Casilda.

Todo se podría solucionar con un simple gesto.

Un absurdo e insignificante besito sin importancia.

¿Qué dices, Casilda?

¿Eh?

-Pues...

Que no, "seña" Trini, que no. Que no puede ser.

Mire, yo me hago cargo

del sufrimiento de la Lolita, de don Antoñito

y de sus hijos,

pero... yo no puedo ayudarla aunque quisiera, yo no...

No puedo serle infiel a la memoria de mi difunto esposo.

Lo siento mucho,

además, ha "pasao" muy poco tiempo. Lo siento,

no puedo hacerlo. -Casilda, hija.

Martín, digo yo que no sería para tanto, ¿no?

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Mañana...

Pero tampoco te excedas, porque la culpa no va...

Y, bien, las servilletas déjalas todas listas también.

Por la noche, en el caso de que yo no llegue,

esperas a Cesáreo para cerrar. Ya le diré que esté pendiente.

-No le digas nada. ¿Crees que soy inútil?

-No, Flora, inútil no,

tú eres lista, eres capaz, lo harás bien,

pero soy tu hermano, me preocupo.

-¿Andan ustedes riñendo?

-Hombre, Jordi, ¿qué hace aquí? -Qué alegría verle.

-He entrado para contarles algo. ¿Tienen un minuto?

-Sí, sí, sí, pero si me invita a un combate, no,

mañana me voy de excursión con Leonor y aún he de explicarle

a mi hermana varias cosas. Se queda sola al cargo del negocio.

-¿Sola?

-Sí, sola.

-¿Todo el día?

-Y hasta el día siguiente, llegará tarde.

Pero tampoco es para tanto.

No es como manejar un ferrocarril, es una chocolatería.

¿Y qué más lecciones has de darme?

-Flora, te he de explicar dónde se apagan las luces,

cómo se enciende y se apaga el horno...

-Como si no lo hubiera hecho. -La cafetera.

Cuando se enfría se encalla y hay que darle.

-Todo eso ya me lo has dicho. ¿Hace falta que me lo repitas?

Se cree que soy inútil.

-No, no, no, no. Eso no es verdad.

-Y que no sabré apañarme sin él. -Jordi...

Para nada. -Y que siempre la fastidio.

-Bueno, Flora. Sí, lo creo,

ya está. -Lo sabía.

¡Que ya no soy una niña!

-Debería de confiar más en ella.

Es una chica lista.

Seguro que sale todo bien.

No sea tan paternalista.

Las cosas pueden salir mal a ella y a usted.

-Creo que tiene razón.

-Ay, gracias a Dios. -Está bien.

No más lecciones por hoy.

-Gracias, Jordi.

-Y bien, Jordi,

¿qué es lo que me quería decir?

-Eh...

Nada.

Bueno, saber cómo se encontraba

después de la discusión,

pero viendo que se van ustedes de excursión,

intuyo que todo acabó bien.

-Bien, bien. Muy bien. Me perdonó.

Si es que, Jordi, tengo una novia que no me merezco.

Es tan..., tan abierta de mente, tan...

Tan comprensiva.

Y es... tan avanzada a su tiempo.

Bueno, Jordi, es escritora. Léase alguna novela suya.

La verdad es que son formidables.

Uh, qué mujer.

"El padre Telmo solo quiere el dinero de la herencia".

Es un sacerdote, por Dios.

Es un hombre.

El padre Telmo es un sacerdote convencido.

Jamás podría albergar sentimientos hacia Lucía.

Y la señorita Alvarado es una mujer decente,

una buena cristiana.

"Se equivoca".

"Hace solo dos días,

estuve a punto de ponerle un anillo y fijar nuestro compromiso".

"Pero no lo hizo".

"Lo hará".

Tenga cuidado, no vaya a ser que ese cura

nos estropee el negocio.

Eso no va a ocurrir.

(Puerta)

Es el sereno, señor.

Gracias, Carmen.

Déjanos a solas.

Necesito que hagas algo por mí.

Por supuesto, tu ayuda será debidamente recompensada.

¿Qué quiere que haga?

Que entregues esta carta.

Es para don Rogelio Miranda.

En el sobre está la dirección de dónde encontrarlo.

Supongo que no tengo que pedirte discreción

y máxima confidencialidad.

No, sé lo que quiere de mí, señor.

Muy bien.

Ve, no te demores.

(Puerta cerrándose)

Me he levantado sintiéndome... como si fuera capaz de todo.

No, si se aprecia nada más verte. Estás radiante.

Creo que detrás de esa sonrisa

y del mimo con el que te has vestido hay una razón.

Y creo que esa razón tiene... nombre masculino.

-"Dejen los arrumacos"

"pa" cuando estén solos.

¿No saben que doña Rosina sigue de uñas?

Está escamada, doña Leonor.

Le ha "extrañao" que lo perdonara tan pronto.

Ceferino, el prometido de Lola. -Habría que discutirlo.

-He oído hablar de usted.

¿Qué quiere?

-Que le dé la tarde libre a Lolita.

-Pe... ¿Has "perdío" el oremus?

No puedes hablar de eso con mis señores.

-Voy a llevarla al cinematógrafo,

que no tenemos de esos prodigios en Cabrahígo.

¿Cuento con su permiso? "Padre".

Qué alegría que haya venido.

No podía rechazar su invitación.

Estoy deseando ver su trabajo.

Pues en tal caso, no esperemos y acompáñeme al taller.

Les dejo solos.

Tengo asuntos pendientes que atender.

Gracias. Que tenga buen día, Samuel.

"Mientras Lolita queda"

con el novio de su pueblo, Antoñito está en casa rabiando.

-El "desdichao"

ya no sabe ni qué hacer.

Ha visto que por las malas no se llega a ningún sitio.

-Y por las buenas tampoco.

-Pavor me da pensar cómo se va a poner

cuando se entere de que su novia va de paseo con otro.

-"Qué lástima"

que nos abandone tan pronto.

-En realidad,

he pospuesto mi regreso a Barcelona.

Estaré dos días más aquí. -Me alegro.

-Quizá podríamos quedar alguna tarde a dar un paseo.

¿Qué le parece?

Casilda...

"Ties" que ayudarme.

Su rostro es un enigma.

Sin embargo,

hay algo en el cuadro... que transmite sensualidad.

Padre, me da la sensación de que esta pintura

habla de las cosas que escondemos.

Y que solo los que pueden ver el alma, como los artistas,

son capaces de detectar.

"Servando".

He leído en el diario que un huracán azota Cuba.

¿Has tenido noticias de Paciencia? ¿Está bien?

-Disculpe, don Liberto,

pero no le entiendo, no conozco a nadie con ese nombre.

-¿Cómo que no, Servando? Estás de chanza, claro.

-No, no, no, yo no haría bromas con esas cosas.

No, se ha debido equivocar de persona.

-De Casilda no se sabe "na" de "na".

-Al parecer, Lolita le ha pedido ayuda,

pero parece que se le ha tragado la tierra.

Como no aparezca a tiempo,

la Lolita no se lo va a perdonar mientras viva.

-Ya.

Toma, Cesáreo, por tus servicios.

Disculpe, señor,

solo venía a dejar este ramo.

-Ya me marchaba.

No.

Te marchas cuando yo te lo diga.

Aún no hemos terminado.

-"Cariño, tienes que estar muy alerta".

Ambos sabemos que Lucía va a heredar

una de las fortunas más jugosas de España.

Quizás alguien quiere sacar provecho.

-Tal vez la explicación sea más sencilla.

-No te comprendo.

-Es fácil de entender.

Tal vez haya disminuido su afecto por Samuel

porque otro ocupa su corazón.

Tranquila, ya cierro yo.

Jordi...

Disculpe, pensé que era una camarera.

¿Qué hace aquí a estas horas?

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Acacias 38 - Capítulo 911

17 dic 2018

Lucía rechaza la proposición de Samuel; necesita ordenar sus pensamientos y cuenta a todos que todavía no formalizará el compromiso con Samuel. El Alday ya no tiene dudas sobre el interés romántico de Telmo por Lucía. Casilda se niega a enamorar a Ceferino. Trini intenta convencerla. Leonor cuenta a Rosina y a Liberto que se ha reconciliado con Íñigo. La pareja decide hacer una excursión al campo..

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  1. Eugenia

    Capítulos 912 y 913 sin opción a comentarios.- Capítulo 913, días cercanos a Navidad, invierno, todos vestidos con prendas de abrigo y Lucía sale tan campante para ir al museo con un vestido de gran escotadura ( cuando normalmente se viste cubierta hasta le barbilla ) y como "abrigo" una ligera chalina ¿¿?? ; será que tanta " cercanía " física con Telmo como se vio, hace que el frío pase desapercibido? .- Temo por Casilda, que este favor que le está haciendo a su amiga no le comporte algún " problema " y algo de lo que haga o diga inocentemente, le signifique quedar prendida a alguna de las ridículas costumbres y tradiciones de cabrahígo y tenga que soportar sí o sí al gordito ( o quizás, de última y sin olvidar al "Martincico " decida dejar a un lado su viudez )

    20 dic 2018
  2. Alicia

    Qué ha pasado hoy 19 de diciembre con el capítulo de acacias 38?, la novela "Servir y protejer" la emitieron normalmente. Es verdad que hay pocos comentarios, a mi me parece que cuando hacemos comentarios y sugerimos ideas, los guionistas hacen todo lo contrario. En este momento la novela esta interesante (salvo el tema de Lolita, que es insoportable), las situaciones son más creíbles y Samuel está bastante tranquilo. Lentamente las señoras y las criadas se acercan a Ursula, por favor que no vuelva a las andadas.

    20 dic 2018
  3. Felipe

    Hoy, 19/12 no emitieron la serie.-Lo peor es que NO advierten a los televidentes ni a los que la ven por internet de esas anomalías, es una falta de respeto TOTAL

    20 dic 2018
  4. Marilu

    Hoy, 19 de Diciembre, ¿ es día feriado en España ?.- Pregunto porque ya pasaron mas de tres horas del horario habitual cuando suben los capítulos a la página de Internet y NADA ; estoy esperando ver que pasa por RTVE Internacional; en este momento está, creo que se llama, ¿Servir y........? estimo que si pasan esa serie,debería ser igual con Acacias

    19 dic 2018
  5. Betty

    Si bien en este sitio muchas veces no abren los comentarios, ( último ejemplo en el capítulo 912), me pregunto que pasa que cada día hay menos comentaristas, es que le están haciendo blakout a la serie ?.- A Lucía le brota por los poros el amor por Telmo y a él ni hablemos.- Que bueno estaría que a los responsables de la trama se les " prenda la lamparita " y de una vez por todas ( YA SERÍA TIEMPO) dejen de " proteger " al enano maldito y alguien se " ocupe " de el como se merece ( adelante Ursula, confío en ti para ello ).- Por último,me disgusta la actitud servil al extremo de Carmen con su" patrón ", acaso se olvida de las maldades de el hacia Blanca ?

    19 dic 2018
  6. Jesus Mendoza Bautista

    me gustaria que le pusieran los subtitulos a los episodios mis pacientes de la tercera edad se los agradecerian mucho ya que no escuchan muy bien porfavorrr..

    18 dic 2018
  7. Lidia

    Me tienen cansadita con las costumbres de cabraico, soy yo antoñito la mando a paseo a Lolita y sus tonterías.

    18 dic 2018
  8. Eloísa

    Patético Samuel, con su pseudo congoja y casi al borde del llanto cuando Lucía le pide posponer el compromiso, todo un actor el enano, digno de un Oscar

    17 dic 2018