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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 906 - ver ahora
Transcripción completa

¡Don Felipe! Soy yo, Servando.

Haga un poder y abra la puerta.

Si don Felipe no contesta,

solo hay una posibilidad.

¿Qué quiere decir?

Que se ha contagiado y ha terminado desfalleciendo.

-No voy a salir. -Pues claro que va a salir.

Nos prometió que nos dejaría la casa para nosotros solos.

-Ay, pero ¿qué exigencias son estas, hija?

Además, tú lo has dicho,

es tu novio, no tu marido, a ver si me quedo de carabina.

-¿Cómo? -Voy ahora mismo

a la casa de los Álvarez-Hermoso a saber qué ha sucedido.

-No, Ramón, tú no vas a ningún lado.

-Alguien tiene que socorrerles. -¡Pero tú no!

-¿Me estás engañando? -Claro que no.

¿A qué viene eso?

-He hablado con tu hermana y me ha dicho que no tenías ninguna reunión

y que te habías cogido la mañana para desayunar conmigo.

¿Y si es demasiado tarde?

Yo no pienso abandonarles a su suerte.

No se ponga usted en lo peor, es posible que solo estén durmiendo.

¿Y si no, qué, y si les ha pasado algo?

-No se preocupe, que su mal es inventado.

-¿Y tú cómo lo sabes? -Si tan preocupada estás,

ves al médico y sales de dudas.

-(TOSE)

-Creo que me voy a la trastienda a descansar.

"No pienso esperar más,"

si no viene el doctor,

¡yo entraré! No puede hacer eso, es peligroso.

-Es una auténtica locura. Es la única manera de ayudarles.

Si muere usted, no podrá ayudarlos. ¿Cree que Celia querría eso?

-Si doña Celia fallece,

ya no serán necesarios sus esfuerzos para que Lucía corra a sus brazos.

La muerte de su prima hará que inmediatamente

se refugie en el convento.

La señorita Alvarado es una mujer decente,

una buena cristiana, nunca vería en un cura un objeto de deseo.

Se equivoca, yo sé lo que vi.

¿Qué vio?

Cómo Lucía y Telmo se miraban tras su paseo.

Apenas recuerdo lo que es el amor,

pero creo que era algo parecido a eso.

-Lo que no "pue" ser, no "pue" ser, y hay que casarse.

-¿Otra vez molestando a mi novia? ¿No se cansa?

-Y dale con que es su novia, que Dolores es mi novia.

¿Es que no lo entienden?

Si no entro yo, nadie lo hará.

Yo entraré.

Padre, ¿está usted seguro de sus palabras?

Así es, don Ramón, voy a entrar en esa casa.

Debemos saber en qué condiciones se encuentran

don Felipe y doña Celia.

Lucía, tranquila,...

haré todo lo que esté en mi mano para salvar sus vidas.

Padre,...

¿acaso ha perdido el oremus? No puede entrar ahí.

Eso es precisamente lo que quiero hacer, Úrsula.

Eso sería prácticamente un suicidio.

Escúchela, don Telmo.

Creo que Úrsula lleva razón.

-Crea que me duele lo que le voy a decir, pero por desgracia

ha llegado la hora de asumir la realidad.

¿A qué se refiere?

Lucía, me refiero a que nuestros queridos Felipe y Celia

están abocados a una muerte segura.

Quizá hasta es posible que ya haya llegado su hora.

Padre, se lo ruego, su sacrificio es admirable,

pero me temo que es inútil, y perdóneme la crudeza.

-Además, no se olvide

de que Samuel se ha puesto en contacto con el doctor Quiles.

Sí, y no debería tardar en llegar.

Llevamos todo el día esperándole y sin resultado.

No podemos aguardarle mucho más. Y menos don Felipe y doña Celia.

El tiempo se les acaba.

Padre, se lo ruego, haga caso a sus feligreses.

No puedo, Úrsula.

Entrar en esa casa es mi obligación como sacerdote

y como hombre.

Les agradezco sus advertencias,

y la sincera preocupación

que muestran por mí, pero la decisión ya está tomada.

Entraré a cuidar de ellos,

es lo que dicta mi fe y mi conciencia.

(Sintonía de "Acacias 38")

"¿Hay algún enfermo entre vosotros?".

"Llame a los presbíteros de la iglesia,

que oren sobre él

y le unjan con óleo de Nuestro Señor

y, la oración de la fe

lo salvará y el Señor hará que se levanten".

"Y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados".

"Amén".

Ya está todo dispuesto para administrarles la extremaunción.

Le he preparado una muda y un pañuelo con sus iniciales.

Se lo agradezco, Úrsula.

No sufra por mi partida,

el Señor me protegerá.

No me cabe la menor duda de que va a necesitar su auxilio.

Padre,...

sé que solo soy una simple criada y que no estoy en condiciones

de pedirle nada, pero...

temo que se contagie.

No es justo que un hombre tan bueno como usted

corra un peligro tan grande.

Le agradezco la estima que me muestra,

pero sabe tan bien como yo que no puedo eludir mi deber.

No sería el hombre que conoce si lo hiciera.

Rezaré por usted cada segundo que esté en esa casa.

No hagamos esperar a los enfermos.

Padre.

Así que es cierto,...

va a entrar en casa de Celia. Ahora mismo me dirigía allí.

Es usted un santo.

No. Tan solo soy su párroco.

-Aguarda, Antoñito.

Arrea, ¿es que ahora me ignoras?

-Ya me gustaría, pero de verdad que me lo pones algo complicado.

-¿Has "perdío" el oremus?

Con lo que está pasando en esta casa, no está el horno

como "pa" andar dando el espectáculo.

-Lo sé, pero eso no quita que me hierva la sangre al ver

cómo mi prometida está con un hombre que pretende desposarla.

-No la tomes con Ceferino, si él no tiene la culpa de "na".

-No, si encima serás capaz ahora de defenderlo.

-Le conozco desde que éramos unos críos, Antoñito.

Que no es un mal hombre, que no hay de eso en Cabrahígo.

-Si ya he podido comprobar lo considerado que es,

apareciendo en el barrio para amargarnos

con esa estúpida costumbre.

-Estúpida tampoco.

-Que sí, como casi todas las costumbres de ese pueblo.

-¡Para el carro! No me hables así de Cabrahígo.

-Lolita, estoy harto de Cabrahígo.

Llevo un año esperando para casarme contigo, he aguantado

todas las supersticiones, pero esto ya es la gota que colma el vaso.

-Bueno, "pos" para mí no son "tontás".

Me faltas hablando así de mi pueblo.

-¿Ahora soy yo el que te está ofendiendo a ti?

Pues mira, escucha, ojalá se borrase del mapa ese pueblo

con todas sus locuras dentro.

-¿Locuras, dices?

¿Acaso lo es que el padre pague la dote de la novia?

¿O que la novia tenga que ir de blanco al altar?

Son tradiciones, Antoñito,

tradiciones,

así que respetar la voluntad de mis padres y ese maldito beso,

lo mismito.

-No es lo mismo,

porque esas tradiciones no se oponen a nuestra dicha.

Lolita, yo,...

yo te quiero con locura,

por ti he sido capaz de enfrentarme a todo.

-Lo que me faltaba por oír.

¿Es que acaso no te crees que yo te amo, mastuerzo?

-Pues no lo sé, sinceramente

empiezo a dudarlo, porque si no,

no antepondrías esa estúpida costumbre a nuestro futuro en común.

Lo siento, pero yo ya no puedo esperar más.

-(LLORA)

-¿Qué sucede aquí? Me pareció escuchar voces.

Lolita, ¿estás bien, qué te sucede?

-Disculpe, que estaba yo con mis congojas

cuando mis señores están a punto de espicharla.

-Ahora, al menos, hay un rayo de esperanza para ellos.

Don Telmo va a entrar en la casa,

pronto tendremos noticias. -Ay.

Padre, le estaba aguardando.

Discúlpeme, debía coger todo lo necesario para los sacramentos.

Padre, le agradezco lo que está dispuesto a hacer,

yo misma tuve el impulso de entrar en esa casa,

pero estaba aterrorizada.

No se culpe por ello, es normal sentir miedo.

Nunca voy a olvidar su gesto tan valiente y generoso.

No, Lucía, el valor y la generosidad me lo demostraron

usted y su prima cuando ayudaron a esa pobre gente de El Hoyo.

Yo tan solo estoy cumpliendo con mis votos.

No, padre,...

usted está haciendo mucho más que eso,

usted está poniendo su vida en riesgo por los demás.

Todo saldrá bien, no tema.

(CARRASPEA)

Samuel, no le he oído llegar.

Estaba despidiéndome del padre Telmo.

Sí, eso ya lo he apreciado.

Aquí tiene las llaves. Sinceramente, admiro su coraje,

pero no así su cordura.

Creo que está corriendo un riesgo innecesario,

el médico debería estar a punto de llegar.

Es posible que ni don Felipe ni doña Celia

dispongan de más tiempo que esperar.

También parece olvidar que el piso está en cuarentena,

nadie debería entrar contraviniendo las decisiones

de la autoridad, pero en fin,

eso usted ya lo sabe.

No voy a insistir más en contradecirle.

Es lo mejor,

tan solo perdería el tiempo.

Lucía,... es preciso que localice al doctor.

Infórmele de que he entrado en la casa,

debe enviarme instrucciones precisas para tratar

de salvar a los enfermos. Sí, lo haré,

pero deje que le acompañe a la puerta,

necesito que cuando entre en la casa,

me confirme que mis primos siguen con vida.

Vamos.

-Como puede ver, su valentía es digna de elogio.

-No puedo estar más de acuerdo.

Y no le resta ningún mérito ser sacerdote. A saber

si el mismísimo papa de Roma estaría dispuesto a entrar en esa casa

y poner en juego su vida.

-Esperemos que el sacrificio de nuestro párroco no sea inútil

y que sigan con vida.

En fin,

hablando de temas menos graves, ¿cómo van sus cuitas con Leonor?

-Malamente, ¿para qué le voy a engañar?

Le regalé el libro que tanto ansiaba como disculpa por mi retraso.

-Y me imagino que no ha tenido el efecto esperado.

-Pues más bien al contrario, a Leonor pareció molestarle

el presente, como si le hiciera desconfiar aún más

de mis intenciones.

-Jordi, qué grata sorpresa, ¿qué le trae por nuestras calles?

-Buenas, caballeros. Pues ustedes.

-¿Por qué motivo? -Se va a celebrar

una fantástica pelea en un pueblo cercano.

Había pensado que tal vez les gustaría acompañarme.

No se van a arrepentir de hacerlo.

-Eh,... me temo

que debo declinar tan tentadora propuesta.

Esta mañana he llegado tarde a una cita importante

y, creo que será mejor que me concentre por unos días

en enmendar mi error.

-Sí, yo tampoco voy a poder acompañarle,

no quiero marcharme muy lejos, estamos todos pendientes

de unos vecinos muy queridos que están muy graves por unas fiebres.

-Bueno, pierdan cuidado.

El que lo siente soy yo, será una gran pelea.

Me enfrenté a uno de los contendientes hace un tiempo

y pude comprobar en mis propias carnes todas sus habilidades.

-Oiga, ¿y por qué no se sienta y nos cuenta con más detalle?

Tómese un chocolate o lo que quiera, que la casa invita.

-Eh... se lo agradezco mucho, pero he de marchar.

Espero de corazón que sus vecinos mejoren y, que muy pronto

se animen a acompañarme a una nueva contienda.

Con Dios, caballeros. -Con Dios.

-Sí que resultaba tentadora la pelea.

¿Y si mandara todo a tomar viento

y me fuera con él a verla? -No se lo aconsejo,

a no ser que quiera tener más trifulcas con Leonor.

-Aún estoy impresionada por el arrojo que mostró nuestro párroco.

-Y no es para menos, yo también siento cierto alivio

al comprobar que aún quedan hombres como él en nuestras calles.

Así si caigo enferma, sé que tendré quién me salve.

-¿Aún temes estar contagiada? -Bueno,

poco a poco empiezo a encontrarme mejor,

y pasan los días y la enfermedad no termina de desarrollarse,

pero todavía no me encuentro bien.

-Bueno, será fruto del cansancio. -Eso espero.

Pero sé que no me has hecho venir aquí para hablar de mis males.

¿Qué te preocupa?

-Tu hermano. No te faltaba razón, Flora.

Tiene un comportamiento muy extraño.

Hay algo de su actitud que no me encaja.

Mi novio siempre ha sido leal, pero ahora está claro que algo oculta.

-Y seguro que nada bueno.

-Y tiene mala conciencia, por eso la trata de limpiar

haciéndonos regalos, primero a ti y luego a mí misma.

-Si te dije que mi hermano no era dado a tales dispendios.

Seguro que esto es grave. -Pues sí, Flora,

yo me temo lo mismo.

Cuando tu novio se muestra de forma tan repentina, tan atento,

es que algo pasa.

-No estarás pensando que te está siendo infiel, ¿no?

-No, no, no sería el hombre que amo si yo pensara eso.

Tiene que haber otra cosa, pero...

no sé de qué manera sonsacarle información.

-Pues si él no quiere decírnoslo, no nos quedará otra que averiguarlo

por nuestros propios medios.

-Ya has adivinado por qué te he citado.

Flora, te necesito,

juntas tenemos que averiguar qué está pasando.

(Golpean la puerta)

-Antoñito, ¿qué haces aquí? -Quería verte,

y supe que estabas cocinando en casa de Samuel.

-Bueno, pues ya ves que no te han "engañao".

Ahora vete por donde has "venío" que tengo mucha faena.

-¿Has estado llorando por nuestra discusión de antes?

-Nones, es por culpa de la cebolla.

-Lolita, que aquí no hay cebolla.

-Ya, pero es que estaba pensando en cortarla y, ya ves,

de pensarlo a una le da la llorera, que soy muy sensible.

-Bueno, ya me he enterado que el párroco ha entrado

en casa de los Álvarez-Hermoso.

-Y que Dios le bendiga por eso, que además ha "confirmao"

que mis señores no han "entregao" la pelleja.

-Sí, eso he oído.

Ellos todavía tienen esperanza.

-"Pos" no tanta, que... como era de temer,

don Felipe también ha "cogío" las fiebres.

-Ya, pero no pienses en eso, mujer, piensa que don Telmo

les va a cuidar con tanto cariño, que seguramente pronto

se recuperen de todos sus males.

-Eso es lo mismito que piensa una servidora.

Por eso estoy aquí, "pa" poner el poco buen humor que me queda

en hacer un caldo que levantaría un muerto.

Quieto "parao",...

que esto no es "pa" ti.

Que mis señores y don Telmo "tien" que alimentarse.

Va.

-Lolita, lo que no entiendo es qué haces aquí, cocinando,

en vez de hacerlo en mi casa.

-¿Acaso lo dudas, mastuerzo?

"Pos" le he "pedío" permiso a la Carmen,

porque no quería verte ni en retrato.

-Yo debo pedirte perdón.

-Ya estás tardando.

-No debí comportarme así con Ceferino.

-Pierde "cuidao", pero si es que era normal

que perdieras los estribos ahí.

Lo que no es de recibo son otras cosas.

Supongo que no estarás solo "arrepentío" por lo de Ceferino.

-¿Y por qué más iba a estarlo?

-Antoñito, ¿hace falta que te lo diga?

Por las barbaridades que dijiste sobre mi pueblo.

-Te pido perdón si mis palabras te ofendieron.

-"Pos" vaya disculpas.

-Lolita, es que me estoy disculpando por la forma, pero...

no por lo que te dije, yo sigo muy ofendido con tu proceder.

-¿No te ondula? Pero...

¿qué quieres, que te pida disculpas yo?

-No, no, no te puedo pedir que me pidas perdón por cómo eres, Lolita,

pero...

es que tú me has roto el corazón...

al poner a Ceferino por encima de nuestro amor.

-Antoñito, eso no es cierto.

Antoñito, que lo que no "pue" ser es que...

yo deje las usanzas de mi pueblo así, a la ligera, como tú pretendes.

-Lo sé, Lolita, y por fin lo he entendido,

pero yo sí que he puesto nuestro amor por encima de todo,

de mi familia, de mi clase, de mi mundo. Todo.

No sé, a lo mejor ha sido...

muy egoísta pretender que tú hicieras también lo mismo por mí,

no lo sé,...

pero... Lolita, para mí has sido lo más grande,

lo único en el mundo.

Simplemente, pensaba

que tú me considerabas a mí de la misma forma.

-Antoñito.

-No, no, déjame, déjame.

Me siento traicionado, Lolita,...

y no sé si voy a poder superarlo.

Hay algo...

que se ha roto... para siempre...

y nunca más será igual.

-"Pobre doña Celia y pobre don Felipe,"

no me quiero ni imaginar lo mal que lo "tien" que estar pasando.

-Al menos esos señores se encuentran en buenas manos.

-"Pa" chasco que sí.

La verdad es que el padre Telmo es pan de Dios.

-Ay, sin duda es un santo en vida.

Ni la madre superiora de mi convento,

que era piadosa como la que más, se hubiese "atrevío" a tanto.

-Eh,... Marcelina,...

me dejaste "escamá" con ese asunto.

¿Se "pue" saber qué hacías tú en un convento?

Mujer, habla sin miedo, que estás con una amiga.

-Está bien. Ya sabes que una servidora

siempre ha "sío" "mu" religiosa.

-"Toa" una meapilas, con perdón.

-Decidí seguir la que creía mi vocación

y me enclaustré en un convento "pa" llevar una vida de retiro y oración.

-"Menuo" capricho. Así que decidiste hacerte monja.

-Así es, Casilda,

estaba "decidía" a tomar los hábitos.

-¿Y qué te hizo cambiar de parecer?

-Un sueño.

Una noche, mientras dormía, me vi a mi misma con 80 años,

"vestía" con el hábito de monja tras haberme "pasao" "toa" la vida

"encerrá" en el convento.

-Si ese era tu deseo, tampoco "tie" "na" de malo el sueñecito de marras.

-Lo sé, pero al verme "asín", me sentí "desdichá",

como si esa no fuera la vida

que en verdad quería.

-Ah, y entonces fue cuando dejaste el convento

y te "veniste" "pa" la ciudad.

-Estoy segura de que ese no era el camino que Dios me había "reservao".

-"Pos" mira, di que sí,

porque la vida es muy bonita como "pa" pasársela entre cuatro paredes,

por muy santas que estas sean. -Así lo creo yo también,

por eso me hacía mucha ilusión volverme a encontrar

con tu primo Jacinto. Era un mozo "mu" "resalao",

pero lo debí de apabullar con tanto santo y tanta misa.

-Ah.

Entonces te has "salío" del convento "pa" disculparte con mi primo.

-Nones, que ya te he dicho que no ha "sío" solo por eso.

-Bueno, "pos" siendo así, pierde "cuidao", Marcelina,

que ya le daré aviso

en cuanto sepa algo del Jacinto, porque claro,

seguro que cuando haga la trashumancia, se pasa a visitarnos.

(GRITA DE ALEGRÍA)

-Te lo agradezco, Casilda.

Ay. Ahora no te entretengo más, que tendrás faena.

-Casilda,

aguarda un santiamén. -¿Qué ocurre?

¿He "incumplío" alguna norma?

-No, tranquila, muchacha, no es eso. Solo quiero preguntarte algo.

-Usted dirá.

-¿Es verdad eso que se rumorea de que la mujer de Servando

está en Cuba con un negro?

-Nones. No, porque negro, negro, tampoco es,

es más bien chocolate "mezclao" con leche,

pero sí, la "señá" Paciencia está en relaciones con un mulatón de 50 años

para ser exactos. -Correcto.

Cincuenta, ha dicho.

Uh.

-¿Por qué me miras así, sucede algo?

-Nada. Solo admiraba lo bien que atiendes el negocio.

-Tan solo ponía unas tazas sobre una bandeja.

-Sí, pero es que lo haces con una maña digna de elogio.

¿Hoy no vas a salir?

-No, no tenía intención, ya ves que tenemos mucha faena aquí.

-¿Así que ni siquiera vas a acercarte a la sociedad gimnástica

a ver ese deporte al que tanto te habías aficionado?

-No, no tengo ganas, además, estando así los Álvarez-Hermoso,

pues prefiero quedarme cerca, por si hubiera alguna novedad.

-Aun así, me extraña que no quieras ir,

con lo entusiasmado que parecías.

Por cierto, ¿qué tal ayer, lo pasaste bien?

-Bien, muy bien.

Oye, ¿y tú qué tal?

Mejor, ¿no?, no te he oído quejarte más.

-Sí, ya estoy mejor. Aunque todavía sigo teniendo síntomas.

-Pues deberías prepararte una tisana.

Para no contraer las fiebres

es vital hidratarse, beber mucho y, si es posible, bebidas calientes.

-¿Tú crees? -Sí, he oído comentar eso.

-Ay, pues entonces te haré caso, que más vale prevenir que lamentar.

Oye, ¿sabes si obligatoriamente tiene que ser una infusión?

Porque, ya puestos, prefiero beberme un chocolate.

Íñigo, ¿me estás escuchando?

Será canalla. Me las ha dado con queso.

Pues vamos a ver si no te arrepientes.

Qué diantres.

-¿Quieres estarte quieta, mi amor? Me estás mareando con tanto paseo.

-Es que lo que no puedo entender es cómo tú estás tan parado.

No vivo en mí desde que sé que Felipe también está enfermo.

-Míralo por el lado bueno, temíamos que la suerte de nuestros amigos

fuese mucho peor aún. -Sí,

la verdad es que yo ya me veía llevando un luto por ellos.

Pobrecillos. -Ahora, y aunque la situación

siga siendo desesperada, sabemos, gracias a nuestro párroco,

que están vivos. -Sí, pero ¿en qué estado estarán?

Imagínate lo débil que ha de estar Felipe

para no ser capaz ni de atender a nuestra llamada.

Mira, yo ya solo pido un milagro a Dios,

y que el padre Telmo, por favor,

no se contagie y nuestros amigos se recuperen.

-Toda Acacias habla del arrojo de nuestro párroco.

Dios no va a consentir que su gesto resulte infructuoso.

-Eso espero.

Lo que está claro

es que nos esperan muchos días de incertidumbre.

-Sí, la convalecencia

de Felipe y Celia se prevé larga y dura para todos nosotros.

-Estoy pensando que... la espera en compañía

es más agradable. Voy a salir a convocar a nuestros amigos

y vecinos a casa.

Quizás, unidos tengamos más fuerzas.

-Como siempre, has tenido una brillante idea, mi amor.

-Lucía.

¿Tiene un minuto? Pase, por favor.

Sí.

Buenas tardes.

Lucía. ¿Tiene novedades?

Algunas.

Vengo de hablar con el doctor Quiles y de comprar unos remedios

en la botica para subirlos a don Telmo.

Pero ¿le ha dado indicaciones para que el padre Telmo

los pueda administrar?

Sí, pero no solo eso, también me ha brindado

esperanza.

Me alegra oírlo, porque no andamos precisamente sobrados de eso.

-Explícate mejor, haz el favor.

Este es un tratamiento experimental,

que está dando muy buenos resultados

a la hora de tratar su mal.

Pero ¿ya se lo han aplicado a otros enfermos de las fiebres?

A unos pocos, pero en casi todos los casos

ha supuesto una cura casi inmediata.

Y por ese motivo,

el doctor no ha venido en todo el día,

trataba de procurarnos este compuesto

para que se lo pudiésemos administrar.

Esperemos que también sea efectivo para Celia y Felipe.

Sí, yo también deseo creerlo. Y ahora voy a llevárselo,

que cuanto antes les demos la medicación

a Celia y Felipe, mejor. Sí, ve, yo salgo contigo.

Sí. Con Dios.

-Ay, ay, ay, anda, tómate esta tisana

"pa" que te asiente el cuerpo.

Pero ¿ahora qué te ha "pasao", mastuerza?

-Que a mi Antoñito también le gusta la tisana.

-Ay, muchacha, no sufras por ello.

Si no, ahora te traigo un vaso de agua.

No me digas más,

a tu Antoñito también le gusta el agua.

-Tráigale un vasito de aguarrás,

que seguro que eso no es del gusto del señorito.

-Ay, Fabiana,...

que me he "quedao" compuesta y sin novio.

-Ay, muchacha, no digas eso,...

que prometidos no te faltan,

precisamente ese era el problema. Aún tienes a Ceferino, ¿no?

-Uy, a ese ni lo miente, Agustina.

Menudo mastuerzo que se quiere esposar con quien no lo quiere a él.

-Ay, diga usted que sí.

Y en qué momento que le ha dado por aparecer.

-No la tomen con él, pero si...

es un pobre muchacho que no ha "tenío" suerte con el amor.

-Vaya, ¿todavía me lo defiendes después del embrollo

en el que te ha "metío", hija?

-Si es que él no tiene la culpa.

Él solo quiere hacer lo que cree que es correcto.

Lo que nos han "enseñao" "toa" la vida en Cabrahígo.

-A tus antepasados ya les podría haber "dao" por otra cosa,

Lolita.

-¿Y qué vas a hacer ahora?

-No lo sé, ni pensar puedo.

-Bueno, esa tampoco ha "sío" siempre tu especialidad,

todo hay que decirlo.

-A mí solo me apetece meterme en el catre,

taparme con las mantas y no salir nunca más.

-Quía, Lolita, anda, con lo "tirá" "p'alante"

que has "sío" siempre tú, venga.

-Es verdad, Lolita, no te reconocemos.

Si contigo no puede nadie.

-A ver...

Así que, mira,...

ve dándole a la mollera de cómo arreglar este entuerto,

pero dejándote vencer,

no vas a conseguir "na" de "na".

-"Pos"...

quizá más tarde, Fabiana, pero...

yo ahora me voy a recostar en el catre y luego bajaré,

a ver si hay novedades de mis señores.

Gracias.

-En menudo lío que se ha "metío" la mastuerza.

De esta no la saca ni san Pedro que baje del cielo con la llave,

ni san Antonio con el niño en brazos,

Agustina. -Uy, uy, uy, uy.

(Golpean la puerta)

¿Quién anda ahí? Padre, soy yo, Lucía.

Dígame, ¿cómo se encuentran Celia y Felipe?

Igual. Delirando por las altas fiebres.

Lucía, están muy débiles.

¿Y usted?

Yo estoy bien, por mí no se preocupe, algo cansado,

pero satisfecho por cumplir con mi deber.

¿Ha logrado hablar con el doctor?

Sí, sí, vengo de verle. Me ha pedido que le encargara

que haga un reporte cada cuatro horas

que incluya el pulso, la temperatura y el estado general

de los pacientes. Comprendo.

Así podrá saber cómo evolucionan.

Padre, escúcheme bien.

Dios no lo quiera, pero...

me ha advertido que si sus latidos empiezan a bajar,

será síntoma

de que su cuerpo comienza a rendirse.

Pero eso no es todo, a parte de sus indicaciones,

el doctor Quiles me ha dado un frasco

con un compuesto experimental

que al parecer está dando buenos resultados.

Me ha asegurado

que en algunos casos, las fiebres han remitido en horas.

Recemos pues para que se repita el resultado

con don Felipe y doña Celia. Sí.

Le ha apuntado en una hoja

la manera correcta de administrárselo.

Haga el favor de pasármela por debajo de la puerta.

Y en cuanto al remedio, déjelo ahí mismo, y márchese, por favor.

No abriré la puerta hasta que esté bien lejos.

De acuerdo, padre, lo haré.

Pero antes prométame algo.

¿El qué?

Que no se contagiará del mal.

Volveré pronto con más noticias.

Y, por favor, padre,

cuídese, se lo ruego.

Lucía, márchese.

No debe estar tan cerca.

Gracias, padre. Gracias por todo.

(Se abre y cierra una puerta)

-Ya he hablado con nuestros vecinos,

ya saben que les aguardamos en casa.

A todos les ha parecido buena idea.

Por lo menos no pasaremos solos

esta angustiosa espera.

Ramón, querido, estás llorando, ¿qué ocurre?

-Me he emocionado pensando en nuestros vecinos.

Tan solo unos metros de distancia

y debatiéndose entre la vida y la muerte.

-Yo tampoco me los quito de la cabeza.

-Trini, ruega a Dios por que se salven los dos,

porque si solo sobrevive uno, no sé si serían capaces de aguantarlo.

Trini, tú eres lo más importante para mí,

por eso entiendo lo que ha hecho Felipe arriesgando su vida.

Yo habría hecho exactamente lo mismo,

porque una existencia sin ti no tendría sentido.

-Ay, Ramón.

Me pones los pelos de punta con tus palabras,

que sepas que yo también te amo por encima de todas las cosas.

-Entonces, sabrás perdonarme lo bravo que me he puesto

con el asunto este del novio que le ha aparecido a Lolita.

-Sí.

Te perdono, pero que sepas que no has sido muy comprensivo.

-No ha ayudado mucho a que tuvieses tranquilidad, ¿verdad?

-Pues no, pero bueno.

Entiendo que las tradiciones de Cabrahígo a veces pueden acabar

con la paciencia de cualquiera.

-¿A veces?

Acabaríais con la paciencia del mismísimo santo Job.

-Ramón, no te aproveches.

Pero bueno,

ya veremos cómo resolvemos el entuerto.

Ahora, lo único que podemos hacer es...

esperar

a que nuestros amigos salgan con bien de esta.

-Mira Servando, Casilda,

se me rompe el alma verlo tan cariacontecido.

-A ver, si es que la "señá" Paciencia lo ha "coronao".

-Suelta el cubo.

Vayamos a animarlo, venga.

-Bueno, pero lo que pide usted es casi un milagro.

-Bueno, recuerda, sé "delicá", que el asunto lo es,

¿eh?

-Me alegra verlas.

¿Han tenido buenas nuevas de los Álvarez-Hermoso?

-"Na" de "na", Servando.

-Bueno, al parecer, "tos" están esperando

a ver cómo les sienta el nuevo remedio.

-Dios quiera que fetén, porque sin don Felipe y doña Celia,

este edificio no sería lo mismo.

-Bueno, y usted, Servando, ¿qué, cómo se encuentra?

-Bien, ¿por qué me iba a encontrar mal, a qué viene esa pregunta?

-¿Es que hace falta que se lo recordemos, Servando?

Porque la "señá" Paciencia le ha puesto a usted una cornamenta

que he visto toros de lidia con menos cuernos.

-Sí, hija, sí, tú así de "delicaíta", muy bien.

-Aún me cuesta creérmelo.

¿Por qué me habrá "abandonao" mi Paciencia?

-Y encima por un mulato más joven.

-Pues es normal que esté usted así de "desolao", Servando,

si es que nadie se esperaba algo así.

-No, fíjese que más que dolido, estoy desconcertado, pero...

¿qué le ha podido pasar a mi Paciencia?

-Pues ya lo sabe usted, Servando, bien se dice

que la distancia es el olvido y que los mulatos son bien dispuestos.

-Ella, que bebía los vientos por mí, que besaba el suelo

por donde yo pisaba. -Y ahora besa los morros

de un mulatón, "ende" luego.

-¿Qué tendrá ese mulato que no tengo yo?

-Pues no lo sé, Servando, no se me desanime usted,

a lo mejor "tie" más músculos, los labios más carnosos,...

-Eso son menudencias,

teniendo como tiene un macho ibérico guardándole.

-Bueno, Servando, hombre, tampoco es eso.

-¿Cómo que no? Les voy a enseñar un retrato

de cuando era joven para que se deleiten con mi belleza

como lo hizo mi Paciencia cuando me conoció.

-Bueno, que no le digo yo que no haya sido usted un mozo de buen ver,

pero los años no pasan en balde "pa" nadie.

-No, esperen, esperen, y verán como sigo siendo

todo un hombretón, esperen.

-"Ende" luego que Servando no "tie" abuela.

-Bueno, mejor no desengañarlo, yo prefiero tenerlo así

a llorando por las esquinas.

-¿Eh?

¿Qué les parece?

¿A que era guapetón, eh?

No, pero... Digan, digan la verdad,

venga, digan. -"Pa" chasco que sí, Servando.

-Arrojo, querido, hemos de reunir fuerzas

para atender a nuestros invitados. -Lo intentaré, mi amor.

-Y cuando todo esto acabe, habremos de ocuparnos de otras cuitas.

-Sí, y te aseguro que no van a resultar nada sencillas

de solucionar.

-Señora, ¿desea usted algo de comer?

Mire usted que dicen

que las penas con pan son menos.

-Te lo agradezco, pero no tengo apetito.

-Por más que te escucho decirlo, no doy crédito.

-Lo sé.

La tristeza y la preocupación por nuestros amigos

parecen haberme cerrado el estómago.

-Estamos todos igual, Rosina.

Fabiana, haz el favor, tráenos un par de jarras con agua fresca,

no creo que podamos tomar nada más.

-Deje que la ayude, que no aguanto "sentá"

muerta de preocupación por mis señores.

-Esta tensa espera acaba con mis nervios.

Si al menos Felipe y Celia supieran lo que estamos sufriendo

por su destino y sintieran todo nuestro apoyo.

-Estoy segura de que lo sienten, querido.

Tanto amor no puede caer en saco roto.

-No somos los únicos que están preocupados por ellos,

todo Acacias está pendiente de nuestros vecinos.

-Es cierto, antes de venir aquí he salido a la calle y al volver,

en el portal había un grupo de vecinos esperando noticias.

-Todos estamos rezando por ellos.

-Esperemos que estando juntos,

estas horas pasen rápido. -Hasta el momento no ha sido así.

Hasta el reloj parece haberse detenido.

¿Cuánto tiempo más tiene que pasar para que Felipe y Celia

reaccionen con la medicación?

-Si es que reaccionan favorablemente.

-Me parte el alma ver cómo sufre esa criatura por los suyos.

-Al menos está bien atendida.

Samuel no se ha separado de ella

ni un segundo.

¿Quiere que nos marchemos, Lucía? Quizá prefiera estar sola.

No. No, la compañía de los vecinos y su sincera preocupación

por Celia y Felipe me reconfortan.

(Llaman a la puerta)

-Alguien tendría que ir a abrir la puerta, ¿no?

-Ramón.

-Ya voy yo.

Agustina, ¿hay novedades?

-Tu rostro no parece presagiar nada bueno.

-Traigo informe de don Telmo,

me lo ha pasado por debajo de la puerta.

-Lucía, no nos tenga más tiempo con el corazón en un puño, ¿qué dice?

Las noticias no son nada halagüeñas.

El estado sigue siendo grave

y el remedio no da resultado.

-Íñigo no ha estado haciendo nada que pueda considerarse sospechoso.

-¿Estás segura de eso?

-No le he perdido de vista y ha estado faenando en La Deliciosa

sin descanso como acostumbra.

-Qué extraño cambio de proceder. Nuestras sospechas eran infundadas.

-Me temo que no del todo.

Aprovechando un descuido suyo,

he encontrado algo.

-Bueno, pero no te lo guardes más para ti, ¿qué has encontrado?

-Un fajo de billetes escondido.

-Pero podrían ser de las ganancias del otro día

que se ha olvidado de llevar al banco.

-No.

Íñigo es bien cuidadoso con esos temas

y, nunca se dejaría tanto dineral en una caja al alcance de cualquiera.

Yo no sé de dónde puede proceder ese parné,

pero de La Deliciosa no es.

-Por eso pudo regalarme un libro tan costoso.

-Leonor, ¿tú sabes si tu madre ha bajado ya a casa de los Palacios?

-Creo que sí, pero tampoco te lo puedo decir con total seguridad.

-Entonces voy a tener que comprobarlo por mí mismo. ¿Vienes?

-Antes quiero comentarte algo.

-Tú dirás. -Se trata de Íñigo.

-Parece que ha perdido la color.

-No, Flora,

simplemente me sorprende, nada más. ¿Ha ocurrido algo con Íñigo?

-Pues precisamente eso es lo que tratamos de averiguar.

Vais mucho juntos a la sociedad gimnástica, ¿no?

-Así es.

-Bueno, pues entonces, dime,

¿has notado algo raro en él?

-No, nada fuera de lo normal. ¿Por qué?

-Porque últimamente Flora y yo le vemos muy ausente, y muy misterioso.

-Ya. Pues yo no lo he apreciado así.

Lo lamento.

Se ha hecho muy tarde.

Demasiado. En su estado,

doña Trini precisaba de descansar. Ella y todos.

Ha sido un día muy largo. Y que aún no ha terminado,

Samuel, al menos para mí.

Lucía, debería acostarse,

tampoco le hace bien a Felipe y Celia permaneciendo despierta.

No pienso retirarme hasta que haya recibido el parte de don Telmo.

Aún sigo admirando su valentía y dedicación.

Don Samuel, señorita, no sabía si les encontraría aquí.

Por poco. Acabamos de llegar de casa de los Palacios.

Carmen, ¿has pasado por casa de mi prima?

¿Se sabe algo de ellos? Sí.

El padre Telmo me ha dado una nota más.

¿Ha habido algún cambio con respecto al anterior?

Me temo que sí, su estado es aún más alarmante.

Déjeme ver. Dios se apiade de ellos.

Están empeorando a pesar del remedio experimental.

Así es, la fiebre de Felipe

y Celia está aumentando y las pulsaciones cada vez son más bajas.

Han presentado vómitos con sangre

y hemorragias nasales.

No me lo puedo creer,

este informe es aún peor que el primero.

La medicina debería haber puesto remedio.

Parece ser que no es así.

Lucía, tenga coraje.

Me temo que debemos estar preparados para lo peor.

No quisiera que mis palabras sonaran duras, pero lo que deberíamos hacer

es sacar al padre Telmo de ahí.

¿Por qué dice eso?

Quizá el riesgo que esté corriendo sea estéril.

Si la medicina no da resultados,

el que él siga en esa casa, solo logrará enfermarlo a él también.

Podemos tener tres muertes en vez de dos.

Aquí me voy a quedar, aquí mismito, sin techo, sin lavarme

y hasta sin comer esperando por tu sí.

-Muy bien.

"Pos" te vas a quedar "helao", cochino y flaco, porque ese "sí"

no lo vas a tener de mi parte.

-Amor es una palabra que es pura ponzoña.

Es una ilusión venenosa, padre, no...

Yo no creo en el amor.

Antes sí, antes creía

que era uno de los pocos afortunados que habían conseguido beber

de las mieles del amor, pero ahora... patrañas.

No creo que exista el amor verdadero puro, eterno, sin fisuras.

-Te equivocas,

mira si no a Celia y a Felipe, es un ejemplo claro de abnegación

y de amor incondicional.

No pretendo ser agorero, pero deberíamos hacernos a la idea

de que nos encontramos cerca

de un fatal desenlace.

No, Samuel, yo no me resigno a eso.

Me niego.

Felipe y Celia son fuertes y luchadores.

-"Para más inri," don Telmo ha dejado de pasar la nota

por debajo de la puerta, ¿así cómo vamos a conocer

la evolución de nuestros amigos? -Dios mío,

a lo mejor también ha enfermado él.

-O haya perdido el sentido del tiempo,

encerrado en esa casa, sin más compañía que la enfermedad.

-Quiera Dios que no tengamos que sacar a tres difuntos de esa casa.

"¿Cómo está el padre Telmo?".

¿Se sabe algo de él? No, no, Úrsula, no sé nada.

Que sigue cuidándoles

y sigue mandando notas con sus impresiones

y explicando la situación, nada más.

Creo que deberíamos rendirnos a las evidencias.

Los señores Álvarez-Hermoso tienen pocas posibilidades

de sobrevivir, y el padre Telmo tendría que salir de esa casa.

Yo creo que no debería ser tan ruda con la señorita.

Ni a nosotros, ni mucho menos a ti, nos corresponde

sentenciar a los Álvarez-Hermoso.

Pero el padre Telmo...

El padre Telmo se debe a Dios y sus almas en la tierra.

El sacrificio forma parte de la vida que eligió llevar.

Solo a Nuestro Señor le corresponde guiar los pasos

del padre Telmo y, no a nosotros.

-Si descubre que está apostando, está usted...

Mire, no sé ni cómo decirlo.

-"Fastidiao". -No, muerto.

-Caramba,

mal me lo fía usted, don Liberto. -Pues ya las conoce.

A partir de ahora no me cuente nada de sus tejemanejes,

no quiero tener que volver a mentir a Leonor.

Si no sé nada, no faltaré a la verdad.

-Sí, sí, así lo haré, que yo no deseo incomodarle con mis asuntos.

El padre Telmo no se ha retrasado ni una vez en darnos noticias,

algo ha debido pasarles.

El Señor escuchará nuestros rezos, ya verás.

Estamos todos aquí porque tus primos y el padre Telmo son almas buenas.

-¿No sería conveniente entrar de casa Felipe y Celia?

-¿Y propagar las fiebres por todo el barrio?

La señorita Lucía

ha enviado una carta a Tano, el hijo de los Álvarez-Hermoso.

Le previene de lo peor.

Es lógico que informe al muchacho. No,

no lo es.

Le están advirtiendo de la muerte de sus padres,

de don Felipe y de doña Celia y, ahora, el padre Telmo

también parece que está en las últimas.

-"Vamos a rezar"

"pa" que todo esto pase, "pa" que Dios les salve.

-¿Y si no...?

¿Y si no volvemos a escuchar sus voces?

-Ya, ya.

"Señores,"

señoras, presten oídos.

Habla ya, nos tienes a todos en ascuas.

Me temo que ya no hay por qué.

¿Qué, qué quiere decir, Úrsula?

Del piso de los señores Álvarez-Hermoso

solo sale un silencio sepulcral.

El padre Telmo no atiende

a mis llamadas ni mis súplicas, y él no es así.

No se tome a la ligera lo que sucede.

No te tolero que la trates así. (LLORA)

Y yo no tolero que se pidan rezos inútiles.

Son las almas de ellos tres las que necesitan nuestras plegarias,

no sus cuerpos.

Respeta el dolor de Lucía.

Cada uno reacciona como puede, y no es fácil asimilar

que haya podido perder a la única familia que le queda.

Pues ya va siendo hora de que lo haga,

de que todos lo asimilemos.

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Acacias 38 - Capítulo 906

10 dic 2018

Samuel. Telmo confirma que Felipe está vivo, pero contagiado por la enfermedad. Lucía habla a través de la puerta con Telmo y le da una medicación experimental que le ha traído el doctor Quiles que parece que está funcionando con el resto de los infectados, pero las noticias que transmite Telmo son desalentadoras: los Álvarez Hermoso no mejoran.

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  1. Paquita

    Yo dejé de verla hace ya mucho tiempo, no me gusta que me tomen el pelo. Simplemente me parece un mal folletón.Como AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS no habrá ninguna que le llegue ni a la suela de los zapatos

    11 dic 2018
  2. Almudena

    Creo que es innecesario deshacerse de Celia , es un personaje entrañable , no me gusta que se deshagan así de lis personajes que llevan desde el principio , esto se va pareciendo a puente viejo que deje de verla porque ya no quedaba ningún personaje ni era como empezó , de seguir así está también dejaré de verla

    11 dic 2018
  3. Cristina

    @Carmen, Debe ser por alguna incidencia suya, ¿el navegador quizá? Yo los veo desde Ginebra, tanto en directo como en diferido sin problema, usando Chrome.

    10 dic 2018
  4. Carmen

    Por qué no puedo ver los capítulos desde hace varias semanas?

    10 dic 2018