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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 905 - ver ahora
Transcripción completa

Ojalá fuera mentira, amor mío,

pero o me caso con el Cefe

o las desgracia se cebará con nosotros.

-Ay, Dios. -"Eres un egoísta".

Me dejas todo el trabajo sabiendo que me encuentro mal.

-No creo que tengas nada de enjundia.

-Lo mismo tengo la enfermedad de doña Celia.

-Doña Rosina está que no para quieta de los nervios.

Teme que la enfermedad

pueda extenderse por todo el edificio.

-Flora también está obsesionada con eso.

-Es que no son pocas las familias que se han ido del barrio

haciendo "fu" como el gato por temor al contagio.

No me cansaré de advertirle el peligro que tienen las apuestas.

-No se apure, que me estoy preparando.

-Pues no se me ocurre cómo. -Hombre,

¿ve ese libro?

-Pues ahí viene escrito todo lo que se precisa saber

para ser un entendido en boxeo.

Podemos dar un paseo por los jardines

y luego rezar por nuestros familiares y amigos.

Me parece una gran idea.

¿Qué has hecho, alma de cántaro?

-Ceferino, que se ha plantado aquí, en el barrio.

-¿Y ese quién es?

-Es un mozo de Cabrahígo al que besé de niña

y ahora ha "venío" "pa" que nos casemos.

La verdad es que necesitaba un poco de paz.

Alejarme de tantos problemas.

Y es usted muy amable por acompañarme.

-"Que te quedes donde estás, Servando".

"Stop".

"Es lo mejor. Stop".

"Verídicamente te lo digo. Stop".

-Pues no entiendo nada.

Qué mensaje más raro me manda mi esposa, ¿no?

-Vaya...

Ay, cualquiera diría que no quiere verle, Servando.

-No me gustaría tener que enfrentarme

a un señorito de ciudad,

pero si hay que repartir "guantás", no voy a achicarme ni una pizca.

-No va a amilanarme.

¿No cree que debería aplicarse el consejo

y poner distancia con él

o es que Samuel Alday le sigue debiendo dinero?

¿Sigue adelante su oferta de compartir con usted

los beneficios del robo

que pretende hacerle a la joven heredera?

Según parece, le tiene usted mucho aprecio...

a Lucía.

¿Me equivoco?

Comprenda que no...

puedo contarle mis negocios con terceros.

No sería ético.

Permítame un consejo.

Aléjese del señor Alday

y de mí.

Meterse en nuestros asuntos no le traerá nada bueno.

Marcho.

No quiero pasar más tiempo

por este barrio.

Padre...

Han traído este sobre para usted.

¿Malas noticias?

Espineira quiere verme.

(SUSPIRA)

¡Les traigo el desayuno!

Lolita no podía.

¡Don Felipe!

¿No me escucha?

¡Abra, se lo ruego!

¡¿Están bien?!

¡Díganme algo, por el amor de Dios!

-Pero ¿qué escándalo es este, hombre?

Va a despertar a toda la casa.

-Lolita me ha pedido que les traiga el desayuno

a los Álvarez Hermoso,

pero... Pero no me contestan.

-Espero que no le haya pasado nada a don Felipe.

(SERVANDO LLAMA A LA PUERTA)

¡Don Felipe!

¡Soy yo, Servando!

¡Haga un poder y abra la puerta!

¡Don Felipe!

(Puerta)

¡Don Felipe!

Me alegro de quitarle un peso a don Felipe.

Espero que así, al menos,

no pierda su trabajo para el marqués.

Me va a costar toda la semana ponerme al día.

Que todo sea por aliviar la carga de don Felipe

y que no haya de arrastrar las consecuencias.

Laborablemente hablando.

Lucía.

Perdón. Perdón, Samuel,

no le estaba escuchando.

Tengo la cabeza en casa de mi prima.

No puedo dejar de pensar en ella.

Debe estar pasando un calvario.

Tan solo le decía

que espero que don Felipe mantenga su buena relación con el marqués

si yo me ocupo de sus cosas.

Seguro que se lo agradece cuando todo esto pase.

¡Se...! ¡Señorita Lucía!

¡Señorita Lucía! ¿Qué ocurre, Agustina? ¿Qué?

Se trata de don Felipe.

¿Qué...? ¿Qué ha pasado?

Habla rápido.

No responde a la puerta.

Hemos tratado de llamar a la de servicio,

pero tampoco responde.

¿Cómo?

No abre, señorita,

y no se oyen ruidos en el interior de la vivienda.

Es como... Es como si no nos oyera.

Pero ¿qué ha podido pasar, Agustina?

Si don Felipe no contesta,

solo hay una posibilidad.

¿Qué...? ¿Qué quiere decir?

Que se ha contagiado y ha terminado desfalleciendo.

¿Qué haces, mujer?

-Machacar semillas de fenogreco para una infusión a doña Celia.

Va bien para bajar la calentura.

-Toda ayuda es poca, sí.

-(SUSPIRA)

He "probao" de "to", Fabiana, pero no me rindo.

-Y así es.

Aparte de que no debería salir a la calle.

El mostrenco ese de tu pueblo

anda haciendo la ronda por la calle a ver si te ve.

-Ceferino.

-"Desesperao" anda preguntando dónde trabajas.

-Conociéndole, no va a tardar mucho en dar conmigo.

Que ese es más terco que la mula de su tío Epitafio.

-¿Y qué piensas hacer tú con este menester, Lolita?

Aquí no vas a estar escondiéndote toda la vida.

-Si ya lo sé, Fabiana,

pero es que estoy hecha un embrollo, tengo un lío en la cabeza...

-Tendrás que desliarte, digo yo.

Que tienes a la gente con el ay en el cuerpo.

-¿Se cree que no lo sé?

(SUSPIRA)

Pero es que tengo una pena con lo de doña Celia

que no tengo la cabeza "pa" pensar en mis tormentos.

-No son tus tormentos, también le afecta a más gente.

Que los señores de Palacios están que no están.

-No sabe el cariño que les he cogido.

Se han "portao" conmigo divinamente desde que llegué.

-Como una hija te han "tratao".

-Y yo no hago más que darles disgustos.

-Y no solo a ellos.

¿O es que te olvidas de que tu Antoñito está pasando un calvario?

-Sabe Dios, Fabiana,

que ni me olvido...

ni dejo de pensar en él ni un solo minuto.

Es el amor de mi vida.

Que yo no he "querío" nunca a nadie como a él.

-Ay, mi niña... Ay, mi niña...

Tú no te lo tomes así.

Ya verás cómo encuentras el modo de salir de esta.

(Respiración agitada)

-Yo.. -Servando, pero ¿qué tiene?

¿Qué tiene?

-Yo sé... Vamos, que quiero decir...

-¿Qué pasa?

-Es don Felipe. -¿Qué le pasa a don Felipe?

Hable, se lo ruego.

Alguien debe entrar y ver qué ha sucedido.

¡No puede entrar, el piso está en cuarentena!

Me da igual,

no pienso abandonarlos. Las normas dicen

que debemos seguir el protocolo. ¿Qué protocolo, Samuel?

¡Me dan igual las normas!

Tengo que saber lo que ha sucedido.

Tengo que saber que están bien. Su vida está en juego.

Pero tengo que entrar ahí.

Tengo que saber lo que ha pasado. ¿Y exponerse a contagiarse?

Voy a entrar, Samuel. No.

¿Cómo que no?

No es decisión suya.

Lucía, es una irresponsabilidad. Por su culpa,

la epidemia podría propagarse. Felipe y Celia necesitan ayuda.

Y se la daremos. ¿Cómo?

Avisaremos al doctor Quiles. Con las medidas necesarias,

el personal sanitario entrará en el piso a ver qué ha pasado.

Y les darán las atenciones que necesiten.

Lucía.

Cualquier otra cosa sería una tremenda irresponsabilidad.

Ay... -Pues, hala...

Té y café.

Enseguidita sale la leche. -Perfecto, muchas gracias.

Íñigo debe estar a punto e llegar.

Quiero que todo salga perfecto. -Descuide,

va a salir a pedir de boca.

No ha "escatimao" en ningún detalle.

Este desayuno parece una de esas mesas de la casa real.

-Escúchame, Casilda...

Necesitamos estar solos.

Tener nuestro momento.

Que no haya nadie más. ¿Me entiendes?

-Sí, claro que sí, "pa" chasco que lo entiendo.

Es más,

lo que no entiendo es cómo no ha hecho esto antes.

Entre tanto ir y venir,

nunca se ven ustedes. -Ya.

-¡Huy!

¿Y este dispendio? -Pero ¿qué haces aquí?

-Vivo aquí, ¿te has olvidado? -La que ha olvidado algo es usted.

Tenía que estar fuera de casa a la hora del desayuno.

-No, no lo recuerdo.

-Pues haga memoria, madre,

para que Íñigo y yo tuviéramos nuestro momento.

-Sí sí, me acuerdo,

pero, hija, no me hagas salir de casa.

Deja que me quede con vosotros.

Es que estando como está Celia

no tengo cuerpo para salir. Fíjate si estaré mal,

que con lo golosa que soy,

no me apetece nada de lo que está en la mesa.

-No es para usted.

Salga por la puerta.

-¿Es que no me has oído? He cambiado de idea. No voy a salir.

-Pues claro que va a salir. Ya lo creo que va a salir.

Nos prometió que nos dejaría la casa para nosotros solos.

-Pero ¿qué exigencias son estas, hija?

¡Oh!

Además, tú lo has dicho,

es tu novio, no tu marido. A ver si me quedo.

-A ver si voy a tener que reír.

-¡Soy tu madre!

-¡Y yo soy su hija,

y soy entradita en años

como para que me venga con remilgos!

Necesitamos nuestro momento a solas como todas las parejas.

Y nos lo va a proporcionar. -De verdad...

No se me notará.

No os molestaré. -¡Adiós!

-¡Huy, está bien! Desayunaré en la chocolatería.

-Muy bien.

Me parece una idea estupenda, madre.

¡Oh!

-Ay...

-A ver, Casilda,

falta la leche y el azúcar.

Íñigo debe estar al caer ya. -Enseguidica voy a por ello.

No puede ser. No puede ser. No puede ser.

¿Cómo que no contesta?

-Hasta han "llamao" por la puerta de servicio, señora,

y al parecer, nadie responde dentro.

-(LLORA) Ramón.

-Respira un poco. -Ramón.

-Respira un poco, mi amor,

o te va a dar algo.

-No le tenía que haber dicho nada.

A ver si le va a pasar algo al bebé por mi culpa.

-No te apures, Fabiana,

que Trini hubiera terminado por enterarse

aunque no se lo hubieras contado.

Es una noticia lo suficientemente grave

como para que no corra por el barrio como la pólvora.

Pobre Felipe...

Quiso salvar a su esposa

aun a sabiendas del riesgo que corría y se ha contagiado.

-Don Samuel ha ido en busca del doctor Quiles,

pero los médicos siguen "saturaos".

-Cada vez hay más casos de contagio en la ciudad.

-Y de aquí a que lleguen pueden pasar horas y lo mismo ya...

-¿Ya qué, Fabiana? ¿Qué quieres decir, Fabiana?

-Hay que ser realista, señora.

-¿Y eso qué significa? -Cuando lleguen,

lo mismo ya es tarde.

-(LLORA) No, Fabiana, por Dios, no digas eso. No seas agorera.

-Trini, no la tomes con Fabiana,

pero la situación es muy crítica.

Pobre Felipe.

Ha hecho un acto de amor por su esposa.

Se ha comportado como un verdadero héroe.

¿Quién sabe si está ahí,

en esa casa, desmayado, y sin poder llegar a la puerta?

-Ay, Ramón.

Ramón, ¿y si es verdad?

¿Y si es verdad

y está muerto? -Señora, por Dios,

no diga usted eso. ¿Quién es ahora la agorera?

No miente usted a la bicha,

se lo pido por favor.

-No voy a dejar que se mueran.

-¿Cómo?

-Voy ahora mismo a su casa

a saber qué ha sucedido. -¡No, Ramón, no vas a ningún lado!

-Alguien tiene que socorrerles. -¡Pero tú no! ¿Me oyes?

¡Si por la criatura tú no me dejaste

ir a visitar a Celia, tú tampoco irás por la misma razón!

-Pero, Trini... -¡Ramón!

Escúchame.

¡Yo soy la madre de esta criatura y tú eres el padre!

¡Me necesita a mí y a ti!

-Es que no quiero comportarme

como un egoísta. -Ramón, déjalo.

Más egoísta serías si dejaras solo a nuestra criatura

en el mundo.

Ay...

Esperemos que Samuel llegue a tiempo

y que Celia y Felipe resistan.

Si pregunta si ha habido avances en Acacias,

temo decirle que no.

Lucía está concentrada en el drama que vive su familia

al 100 %.

¿Qué drama?

¿No sabe lo que está ocurriendo en Acacias?

No.

Doña Celia ha contraído unas fiebres

y está muy, pero que muy grave.

¡Virgen santa!

Lucía está pasando lo indecible.

Ya sabe lo unida que está a su prima.

Por supuesto.

Doña Celia es el único familiar que le queda a esa muchacha

después del fallecimiento de su tío.

Lo que sea que le ocurra,

le afectará enormemente.

¿Y cómo de grave es el estado de doña Celia?

¿Qué quiere decir?

¿Se teme por su vida?

¿Qué está pensando, señor?

Quizá el destino nos brinde la oportunidad

de cambiar de estrategia.

¿A qué se refiere?

Si doña Celia fallece,

ya no serán necesarios sus esfuerzos

para que Lucía corra a sus brazos.

La muerte de su prima

hará que inmediatamente se refugie en el convento.

Allí encontrará la paz que necesita

para paliar su dolor.

¿Se alegra usted?

¿Eso es lo que quiere que ocurra?

¿Que doña Celia fallezca

para que sea todo más fácil? No.

Yo no he dicho eso.

Es lo que me ha parecido por su mirada.

Por supuesto que yo no le deseo ningún mal

y menos la muerte,

pero no podemos luchar contra las vicisitudes

del destino y la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios será que doña Celia no fallezca.

Por supuesto.

Pero si no,

debemos estar preparados para que don Samuel Alday

no se nos adelante

y haga porque Lucía se refugie en sus brazos.

Dios no permitirá que una buena cristiana,

caritativa y bondadosa

como doña Celia halle la muerte

por socorrer a los más desfavorecidos.

Y por eso, cuando todo esto pase,

podremos seguir con nuestro plan.

Cada día estoy más cerca de Lucía.

Y al final conseguiré que confíe en mí.

Lo celebro.

Continúe con su cometido, padre.

Así lo haré.

(Portazo)

¿Te has enterado de lo que ha pasado?

-¿Qué hace aquí? -Felipe no contesta.

-Ya lo sé, me lo ha dicho Flora.

-¿Flora ha estado aquí? -No, he ido yo a la chocolatería.

-¿No estabas desayunando con tu novio?

-Se suponía, pero Íñigo no aparece y estaba preocupada por él.

He bajado a la chocolatería

a ver si Flora sabía algo. -¿Y sabía algo?

-Que se había cogido la mañana libre para desayunar, pero no está.

Madre, ¿y si le ha pasado algo?s

-¿Qué le va a pasar? -Pues no lo sé,

es muy raro que no acuda a una cita conmigo.

Y no ha avisado. -Eso es porque estará al caer.

(Puerta)

Ah, mira, aquí lo tienes.

-Por fin.

-Ah... Os dejo a solas.

-Lo siento, Leonor, lamento el retraso.

No estés enfadada conmigo.

-Eso lo decidiré cuando me cuentes qué ha pasado.

-Pues que tenía una reunión muy importante con un proveedor

en la otra punta de la ciudad y se me hizo tarde.

-¿Me estás engañando?

-Claro que no.

¿A qué viene eso?

-A que tu hermana me ha dicho que no tenías ninguna reunión.

Y que te habías cogido la mañana libre para desayunar conmigo.

-Mi hermana no se entera de nada, Leonor.

Además,

apenas duerme pensando en que se va a morir

de la enfermedad infecciosa esa.

-¿Y por qué no me has avisado?

-Se me ha ido el santo al cielo. -¿Se te ha ido?

-Oye, lo siento, Leonor.

-Me hubieras ahorrado un susto y un enfado, Íñigo.

-Bueno, está bien.

Está bien.

Lo siento.

El susto ha pasado ya. -No, no, no, no.

-Ven. -¡No!

-El enfado se te puede pasar también si quieres.

-Pero ¿y tú qué te crees?

¿Que con un lo siento y cuatro carantoñas lo vas a arreglar?

-¿Qué es lo que está pasando?

-¿No sabes lo que le ha pasado a don Felipe?

(Puerta)

¡Felipe, por favor, diga algo!

(Puerta)

Es que es extraño que no me conteste.

Vamos a casa y descanse usted un poco.

No.

Espera. Espera.

¿Lo oyes?

¿El qué? Mira, acércate.

Alguien se ha movido.

¿Lo oyes?

Presta atención, Carmen.

Lo siento, señorita, quizá si volvemos en un rato...

¿Y si es demasiado tarde?

No pienso abandonarles a su suerte.

No se ponga usted en lo peor. Es posible que solo estén durmiendo.

¿Y si no qué, Carmen? ¿Y si les ha pasado algo?

No...

¡Por favor, Felipe!

¡Por favor!

¡Abrid, por favor!

¡Pare, por favor!

Va a destrozarse los nudillos. ¿Es que no ve que nadie la oye?

Claro que me oyen,

tienen que oírme.

Señorita, si fuese así, ya hubieran abierto la puerta.

Lleva un rato llamando.

Claro,

pero puede que no tengan fuerzas para llegar hasta la puerta.

Aun así, habrían respondido a su llamada.

Tiene razón, Carmen. Hay que actuar ya.

¿Actuar? Sí.

¿Qué sugiere? ¿Tirar la puerta? No.

Tengo una idea.

¿Qué va a hacer? ¡Felipe, escúcheme!

Escúcheme.

Voy a bajar a la calle.

Si me escucha, por favor, vaya corriendo hacia la ventana

y asome algo

para saber que siguen con vida.

Sé que están ahí y no pienso dejarles.

Se lo prometo,

pero necesito una señal para saber que están bien.

¡Por favor, hágame la señal! Señorita, escúcheme.

Míreme.

Míreme.

¿Sabe qué haremos?

Iremos a la calle...

a ver si su idea funciona.

Vamos.

Ya parece que la señorita Lucía se ha "marchao".

-Ay...

A Dios gracias.

Qué alivio.

-Ay...

"Tie" que ser desesperante verse en esa situación.

Seguro que le entran ganas a uno

de arrancarse la piel del cuello a tiras con las uñas.

-No creo que sea "pa" tanto, Casilda,

pero no saber qué ocurre ahí dentro "tie" que ser desesperante.

¿Qué habrá "pasao", Dios mío de mi vida?

-A "to" esto, ¿y la Lolita?

¿Se lo han "contao"? ¿Lo sabe ella ya?

-Yo mismo vine en persona a decírselo.

-Sí, es cierto, yo estaba delante. -¿Y?

¿Cómo se lo ha "tomao"? -Malamente.

¿Cómo se lo va a tomar?

Ella está muy "apegá" a sus señores.

Si ellos murieran, no sé qué iba a ser de la pobrecica.

Y encima el tal Ceferino rondándola.

Ya es tener mala suerte que todo le venga a la vez:

La boda, el novio del pasado que vuelva a pedirle cuentas

y sus señores a punto de irse.

-Yo es que lo del novio del pasado no lo entiendo.

La Lolita debería de dejar de hacer chaladuras

y casarse con Antoñito que es con quien ha "apalabrao" la boda.

-Yo pensaba también como usted, Servando, pero es que...

una promesa de amor es una promesa de amor.

-¿Amor?

Eso del amor lo ha inventado el diablo.

No, no, o peor aún,

que ni siquiera existe.

(Campanilla)

(CARRASPEA)

-Servando, ¿y qué?

¿Cómo va el asunto de Paciencia?

¿Ha vuelto a saber algo de ella?

-Nada, me he dejado la maleta a medias

y he ido a mandarle otro telegrama.

-¿Otro?

-¿Y qué le dice usted?

-Pues que me hable clarito, en castellano,

y abiertamente.

A ver si pasa algo. Aunque estoy seguro

de que no pasa nada de enjundia. Porque esa mujer...

-Besa el suelo por donde pisa usted. -No, eso.

Que me adora. -Claro.

Pues conociéndola, esta vez sí que la respuesta

va a estar más clara que el agüita de la fuente.

-Sí, por eso, por eso. Que sea lo que sea

lo que está pasando, pronto lo vamos a saber.

(CARRASPEA)

Mira la pobre Lucía, Liberto.

Es que ni pestañea.

No se mueve de ahí así le caiga un rayo.

-Y creo que ni con esas.

Ya lo dicen, la esperanza es lo último que se pierde.

¿Cuánto tiempo lleva Lucía ahí fuera?

-Un rato, me temo.

Don Samuel ha ido a buscar al doctor Quiles,

pero deben de estar saturados.

-Estoy algo mareada. -¿De verdad?

¿Se encuentra usted mal? -Tengo la boca seca

y todo me da vueltas.

-Anda, déjate de vueltas y ponte a trabajar.

-Que no puedo respirar.

-Me está empezando a preocupar, Flora.

-No se preocupe usted tanto,

que su mal es inventado. -¿Y cómo lo sabes?

-Si tan preocupada estás, ve al médico.

-¿Y que nos pongan en cuarentena?

-Hace unos días,

querías que pusieran al barrio entero

si no recuerdo mal. -Hace unos días,

pero ahora no podemos permitirnos el cierre.

(TOSE)

Me voy a la trastienda a descansar.

-¿Está mal? -Sí,

pero de la cabeza.

Si estuviera enferma, ¿estaría atendiendo las mesas?

Solo quiere llamar la atención. ¿Qué le pongo?

-Un expreso bien cargadito.

Cuénteme.

¿Cómo fue la velada con Jordi Baró?

¿Qué pasa?

¿Perdieron mucho en las apuestas? -No,

todo lo contrario, si gané un dineral.

-¿A qué viene esa cara?

-Que la pelea era a las afueras de la ciudad y nos dieron las uvas.

-¿Y? -Pues que esta mañana

era incapaz de levantarme y he llegado tarde a la cita.

Y se había esmerado en preparar un desayuno especial para los dos.

-Pues le hará caído la del oso.

-Lo malo es la que me puede caer todavía.

Tuve que mentirle, don Liberto.

No quería decirle

que la razón es que había estado apostando.

-Mire que se lo advertí,

que estaba en terreno pantanoso.

Rosina y Leonor odian las apuestas por culpa de don Maximiliano,

que en paz descanse. -Sí, lo sé,

pero es que estoy ganando auténticos dinerales.

-Sí, pero tan fácil es ganarlo como perderlo.

-Bueno, creo que...

debo emplear mis ganancias en comprarle algo bonito

para que me perdone.

-¿En qué ha pensado?

-Pues me ha hablado de que quería tener un libro muy valioso,

pero que lo había comprado un coleccionista

y que no quería venderlo.

Aunque yo lo voy a conseguir.

-¿Y cómo piensa hacerlo? -Hombre,

utilizando mis artes para la oratoria

y pagando lo que haya que pagar

porque no se va a poder negar. -Ya.

-Así le demostraré lo que la quiero.

-Pues que tenga usted suerte.

Alguien debería llevarse a esa muchacha de ahí.

No hay alma que soporte tanto dolor. -Ni que lo diga.

Así solo alarga la agonía y el sufrimiento.

Señor, por favor,

haz que Felipe halle la manera de llegar a la ventana.

Señorita Lucía...

Por favor. ¿Por qué no vamos a rezar?

Allí estará mejor

y hallará consuelo en los brazos de Dios.

Úrsula tiene razón, señorita, ¿quiere que vayamos?

Por favor, no me abandones, te lo ruego, no me abandones ahora.

Por favor. Está usted agotada.

¿No ve que no tiene sentido

seguir esperando algo que quizá nunca suceda?

Lo sé, lo sé, Carmen.

-Lucía, ¿ha habido alguna novedad? No.

No, nada.

Y viendo el tiempo que ha pasado, temo lo peor.

¿Dónde está el doctor?

No ha podido acompañarme.

Está atendiendo otros casos graves,

pero vendrá a la mayor brevedad posible.

-¿Qué va a pasar con esas dos pobres almas?

No podemos hacer otra cosa que no sea esperar.

No. No.

Yo no pienso esperar más. Si no viene, entraré.

¡No, señorita! -¡No puede hacerlo, es peligroso!

-Es una auténtica locura, Lucía. ¡Es la única manera de ayudarles!

Si muere, no podrá ayudarlos. ¿Es lo que su prima Celia querría?

Pues probablemente no, pero no está para impedírmelo.

Yo sí, Lucía, y no voy a permitir que se suicide.

Usted fue la primera en tratar de disuadir a Felipe

haciéndole ver que lo más sensato era esperar.

Ya ha visto cómo ha terminado su proeza.

De acuerdo.

De acuerdo. Esperaré,

pero no lo haré eternamente.

Si el doctor no aparece,

yo misma entraré en esa casa y nadie me lo va a impedir.

(PARPAN)

¿Por qué me estás haciendo esto, cordera mía?

(Puerta)

Pero ¿qué demonios te ha pasado,

Paciencia de mi alma?

-¿Qué le ha hecho a usted la maleta?

-¿Quién es usted?

-El Ceferino, futuro esposo de la Dolores.

María Dolores Casado, para ser más apropiados

y padre de sus siete becerrillos. -¿Siete?

-U ocho, según se nos dé. ¿Sabe usted dónde se mete?

-No conozco a ninguna María Dolores, no.

-Raro me parece, me han "asegurao" que vive en este edificio.

-Le han engañado a usted. Nadie responde a ese nombre.

-Date, será porque aquí la llaman de otra manera.

No tienen tiempo para decir el nombre completo

y hay que andar acortando palabros.

Por Lola o Lolita responde.

-Ah, sí, que ya... Ya sé quién es usted, ya.

-Perfecto.

Pues ya encuentro yo dónde faena. -No. No va a ser posible. No.

-¿Cómo dice? -No, pues que...

Que no está e horno para bollos en casa de los señores de Lolita

y que no es buen momento para que venga dando la murga.

-Bueno, usted anúncieme,

que ya dirá mi cordera si quiere o no quiere verme.

-Yo haré lo que me venga en gana, no lo que me diga que debo hacer.

Es más, le voy a dar a usted un consejo.

Váyase a su pueblo y deje de molestar.

-Si yo no molesto a nadie, solo busco a mi "prometía".

-La prometida de otro.

Y yo le tengo mucho cariño a ese otro porque le he visto crecer.

Así que un respetito.

-El que no me tienen los de la ciudad.

Y menos a mis tradiciones.

-Será porque son del año de Mari Castaña.

-No me toque los bemoles que me arranco.

-¡Pues arránquese usted, pero a la calle!

¿No he "hablao" lo suficientemente claro?

Mientras que yo esté aquí,

nadie va a molestar a mis vecinos.

La señorita Lucía se ha quedado dormida.

Me alegro.

Es lo que necesitaba, descansar.

Lleva días sin pegar ojo ni bocado.

Le hice una infusión y cayó...

rendida entre sollozos.

Finalmente, el cansancio terminó venciéndola.

Espero que el doctor llegue pronto.

Seguro que Lucía no dormirá mucho, y en cuanto se despierte...

Querrá entrar en esa casa.

La conozco.

Lo primero que querrá hacer en cuanto abra los ojos

será entrar en la casa.

Señor, yo...

No es mi intención contradecirle, pero creo que la señorita

tiene parte de razón.

Ha pasado medio día

sin que sepamos qué ha sucedido

dentro de esa casa. No podemos dejar a esa pareja.

Lo sé.

Debería entrar alguien, señor.

Carmen, he dicho que lo sé.

Si en un par de horas el doctor no llega, yo mismo haré algo.

¿Qué hará?

No lo sé, Carmen, pero basta ya.

(Puerta)

Debe de ser el médico.

Señor.

Es don Jimeno Batán.

Déjanos solos, Carmen.

Si ha venido a presionarme, no es el mejor momento.

No.

No he venido a eso.

¿A qué ha venido entonces?

A contarle que el curita ese me citó para hablar conmigo.

Telmo.

¿Qué quiere?

Información sobre usted

¿Qué le contó? Nada.

No solté prenda. ¿Cree que nací ayer?

Pero sí hay una cosa que creo

que usted debería saber sobre ese sacerdote...

y he venido a contársela.

Pero ¿esto...?

Es...

Esto es... -El libro que tanto ansiabas, ¿no?

-Sí, es una de las primeras ediciones

de "La perfecta casada" de Fray Luis de León.

-Sí, concretamente la cuarta.

Del año 1655.

El vendedor me tuvo dos horas con la explicación.

-Pero este libro pertenecía a un coleccionista

que no quería deshacerse de él.

-Parece ser que cambió de opinión.

-¿Cómo? -Yo le convencí.

-¿Tú?

Tienes que haber pagado una fortuna por esto.

-No, no tanto.

Es cuestión de negociar, Leonor.

Me sorprende tu admiración por ese libro.

-Sí, es que es...

Es una edición tan estupenda...

-Sí, sí, lo es.

Pero dudo que fueras tan considerada conmigo

si opinara lo mismo que el fraile ese.

-¿Te lo has leído?

-Por encima, para no estropearlo, pero...

lo suficiente para hacerme una idea.

Y, desde luego, no es un manual de modernidad.

-Ya, ten en cuenta que fue escrito hace varios siglos.

Una época donde las mujeres

estaban al servicio exclusivo de los hombres.

Pero es una reliquia que ahora mismo necesitamos para avanzar.

-Si es así, me alegra contribuir con mi pequeño granito de arena.

-Me parece excesivo, Íñigo, de verdad.

¿Por qué me lo has regalado?

-Pues porque quería tener un detalle contigo

y porque quería que me perdonaras

por haber llegado tarde.

Sé que no estuvo bien. -No.

No estuvo bien,

pero me parece caro esto.

-Cualquier cosa es poco para ti.

"Es una chaladura pensar que hay algo más".

El padre Telmo solo quiere el dinero de la herencia.

Es un sacerdote, por el amor de Dios.

Es un hombre.

Un hombre que solo sigue las órdenes de su superior.

¿Está usted seguro de eso?

El padre Telmo es un sacerdote convencido.

Jamás podría albergar sentimientos hacia Lucía.

Y la señorita Alvarado es una mujer decente,

una buena cristiana.

Nunca vería en un cura un objeto de deseo.

Se equivoca, yo sé lo que vi.

¿Qué vio?

Cómo Lucía y Telmo se miraban tras su paseo.

Apenas recuerdo lo que es el amor, pero era algo parecido a eso.

No.

No puede ser.

A mi edad ya sé que solo hay dos fuerzas que mueven el mundo:

el dinero

y el amor.

En su caso la cosa está clara.

Usted solo se mueve por dinero.

¿Cuáles son las razones que mueven a ese curilla?

La obediencia.

¿Obediencia a quién?

Obediencia a su prior,

a su fe, a su dios, me da igual.

Y respecto a Lucía,

permítame que le diga que hace solo un par de días

estuve a punto de ponerle un anillo

y fijar nuestro compromiso. Pero no lo hizo.

¿O me equivoco? Lo hará.

Eso espero.

Pero tenga cuidado

no vaya a ser que ese cura, con su labia y con su cara bonita,

nos estropee el negocio.

Eso no va a ocurrir.

Más le vale.

"Pero antes déjame que te diga algo".

He estado pensando, ¿y sabes qué creo?

Que tenemos que empezar a preparar la boda inmediatamente.

-¿Lo "cualo"?

-Estas cosas hay que organizarlas bien.

Y como Dios manda.

También he pensado que a nuestro primer niño

podríamos llamarle Hermenegildo

si es muchachote y María Fátima si es mujercita.

-¡Ya, ya, ya! ¡Chist!

Quieta ahí "pará".

-Cómo me gustan tus gritos,

pero ¿qué te sucede?

-Que me está entrando el tabardillo.

Que creo que vamos "mu" rápido.

-Me besas, mancillas mi honor y ahora no quieres casarte.

-Si ha sido un besito.

-El único de mi vida.

Para mí tiene mucho valor.

-¿Quién te crees que soy? ¿Una fresca?

¿Una mujerzuela que anda dando besos sin ton ni son?

-Si a tú a mí me gustas mucho, mujer.

¿Por qué no me dejas que te pretenda, y después, Dios dirá?

-Dios no dirá nada porque antes lo digo yo.

Y a mí estas modernidades no me gustan.

No me gustan ni un pelo.

Soy una chica decente, Jacinto.

O tienes intenciones de boda decentes y formales

o más vale que te largues por donde has venido.

-A las buenas tardes, Marcelina.

-No sé si son buenas, Casilda, pero tardes sí son.

Así que buenas tardes "pa" ti también.

-¿Qué? ¿Rezando por doña Celia y por don Felipe?

-¿Y por quién si no?

Que son los que más lo necesitan.

-Amén a "to" eso.

Está "to" el barrio rezando por esas pobres almas.

-A ver...

Si a doña Celia la "quie" "to" el mundo.

Y a su esposo, por el roce con ella.

Ay...

Yo he "compartío" muchas horas de iglesia con la pobrecica.

Sentadicas las dos,

una en cada sitio, eso sí. Como corresponde.

-Pues hala.

Reza, reza, Marcelina,

que seguro que con lo religiosa que eres tú

te va a hacer más caso el sagrado.

-No sé si Dios y yo estamos ahora en buenos términos.

-¿Y eso a qué viene?

¿Es que le has hecho algo al santísimo?

Marcelina, ¿por qué te callas? ¿No me lo vas a contar?

(SUSPIRA) Yo era muy fervorosa, sí.

-¿Que eras?

-Ahora lo veo "to" una miaja diferente.

-¿Y qué es lo que te ha "pasao" por el camino?

-(SUSPIRA)

-Muy estrambótica te pones tú.

-Será enigmática.

-Bueno, será lo que quiera ser,

pero ¿por qué no me lo dices ya? Te haces la interesante.

-Ay...

He "estao" en un convento.

-¿Que ibas "pa" moja?

-Ya te lo cuento otro día,

que no tengo tiempo de pelar la pava. Me voy a la faena.

-¿"Pa" monja?

"Señás, señás",

¿sabían lo de la Marcelina? -¿El qué?

-Que iba "pa" monja.

-Bueno, ella siempre ha sido muy piadosa.

-No, no, no, "pa" monja de las de verdad.

De las del convento. Las que llevan ahí

el atuendo y hacen un voto de castidad.

-Ahora que lo dices,

tampoco me parece eso a mí tan raro.

Siempre tuvo cara de madre superiora.

A ver, Servando, ¿qué le pasa

que parece que ha visto un ánima?

-Vengo corriendo y casi me da un infarto.

He recibido telegrama de la Paciencia.

-Arrea. ¿Y qué le dice?

-Eso me gustaría a mí saber.

¿Me lo puede leer usted?

-"He conocido a mocetón".

"Stop".

"50 años".

"Stop".

"Alto como una torre

y mulato como el chocolate".

"Stop".

"No he podido evitarlo".

"Stop".

"Estoy de lo más a gustito con él".

"Stop".

"No vengas. Stop".

"Te deseo lo mejor".

"Stop".

-¿Y no dice nada más?

¿Qué querrá haber dicho con lo de: "Estoy muy a gustito con él"?

"Stop".

¡Cordera!

-¡Ay!

Cefe, no me llames cordera

y no me des esas voces. En una de esas te emborro.

-¿Cómo te llamo si no es a voces?

-"Pos" no me llames directamente.

Y vete "pa" el pueblo, que es lo que "ties" que hacer.

-No me voy si no es contigo.

Y "pa" casarnos allí, como Dios manda.

-¿No te he dicho yo ya que no me voy a casar contigo? Tengo novio.

-Sí, claro que lo "ties". El Cefe.

Que aún me acuerdo el beso que me plantaste.

-Un beso de chiquillos.

-Que yo no te quiero. A ver si te enteras.

-No, la que no se entera eres tú, Dolores.

Que el amor no "tie" nada que ver en esto.

¿Tú crees que a mí no me gustaría darte contentura

y que te casaras con tu señoritingo?

Pero hay que cumplir lo que está "mandao".

-"Pos"...

"Pos" lo que está "mandao" se desmanda en un pispás.

Y no llames a mi Antoñito señoritingo que te doy un sopapo.

No "pue" ser más importante la tradición

que lo que te dice el corazón.

¿No?

-¿Crees que yo no quería a la Pilarín?

Con "toa" el alma la quería.

Y hasta con las tripas.

La muchacha me hacía unos guisos

de garbanzos con entresijos que eso...

Eso era para echarse toda la tarde roncando.

Cómo ha "quedao" la pobre.

-Pero ¿que la Pilarín la espichara es culpa mía?

-No.

No, es culpa no cumplir lo "mandao".

-Si tú haces lo mismo, no serás feliz.

-Lo sabes.

-Me encantaría que casaras con tu novio.

Que nos conocemos desde chicos, te tengo cariño.

¡Pero no "pue" ser hay que casarse, Dolores!

-¿Otra vez molestando a mi novia? ¿Es que no se cansa nunca?

-Y dale con que es su novia, que es mi novia manque le pese.

-Dígalo otra vez y le arreo un mamporro.

-¡Vamos, aquí le espero!

¡Vamos, a brazo abierto! ¡Vamos!

-¡Basta! ¡Basta! -¡No, no, no!

-¡Aquí nadie va a pegar a nadie!

-Bueno, pues dile que deje de decir que tú eres su novia.

-Aguarda, Antoñito. Espera. Antoñi...

¡Cefe, ahora no!

¡Ya hablaremos!

¡Antoñito, espera!

¡Aguarda, hombre!

¿Cómo le ha ido con el prior?

¿Cómo está la señora Álvarez Hermoso?

Ahora mismo iba a interesarme por ella.

¿Ha empeorado doña Celia?

Ahora también tememos por el señor Álvarez Hermoso.

¿Don Felipe?

No contesta a nuestras llamadas.

Samuel, ¿por qué me ha dejado dormir tanto tiempo?

Señorita,

porque lo necesitaba.

Han pasado más de seis horas

y es mi familia la que se está muriendo ahí dentro.

¿Dónde está el doctor Quiles

y dónde está todo el mundo? He ido a hablar con él tres veces

y la respuesta es que hay que esperar.

Está todo colapsado. Samuel, ¿esperar a qué?

El doctor Quiles y las autoridades son unos irresponsables.

¿Cómo pueden abandonar a dos pacientes a su suerte?

¿Dónde está la maldita llave?

Señorita, señorita, cálmese, se lo ruego.

Lucía no va a encontrar la llave porque yo se la quité.

¿Que usted hizo qué?

¿Cómo que nadie ha hecho nada en todo este tiempo?

Llamaron al médico,

pero, al parecer, estaba atendiendo a otros pacientes graves.

¿Y están de brazos cruzados?

¿Dónde queda la piedad de todos?

¿Cómo han dejado pasar tanto tiempo sin hacer nada por esa pareja?

¿Adónde va, padre?

A hacer algo por don Felipe y doña Celia.

Debemos saber cómo se encuentran.

¿Qué va a hacer?

Samuel, deme la llave.

Sabía que iba a querer entrar en cuanto despertara.

Por eso le quité la llave.

Deme la llave ahora mismo.

No. Debo protegerla, Lucía, es mi obligación

pese a ir en contra de su voluntad.

¡He dicho que me la dé!

¡Usted no es nadie

para prohibirme entrar en mi casa!

Samuel. ¿Qué ocurre aquí?

No, no, no. Ustedes no van a impedírmelo.

¡Es mi familia la que se muere ahí dentro!

-Lucía, debe mantener la calma.

No me da la gana. ¡Yo solo quiero la llave!

No pienso dársela.

Traeré al doctor si es necesario, pero no se jugará la vida.

¡No voy a esperar ni un minuto más!

¡He dicho que me dé la llave!

¡No lo entienden!

¡Si no entro yo, nadie lo hará!

Yo entraré.

Lucía,

me refiero a que Felipe y Celia están avocados a una muerte segura.

Quizá es posible que ya haya llegado su hora.

Padre, se lo ruego, su sacrificio es admirable,

pero mucho me temo que también es inútil.

Y perdóneme la crudeza.

-Se va a celebrar una fantástica pelea en un pueblo cercano.

Había pensado que tal vez les gustaría acompañarme.

Les aseguro que no se van a arrepentir de hacerlo.

Temo que se contagie.

No es justo que un hombre tan bueno como usted

corra un peligro tan grande.

Cuando tu novio se muestra de forma tan repentina, tan atento,

es que algo pasa.

-Huy, ¿no estarás pensando que te puede haber sido infiel?

-No, no.

No sería el hombre que amo si yo pensara eso.

Tiene que haber otra cosa, pero...

No sé de qué manera sonsacarle información.

-Pues si él no quiere decírnoslo,

no nos quedará otra que averiguarlo por nuestros medios.

-Ya has adivinado por qué te he citado.

Nunca olvidaré su gesto tan valiente.

Tan solo estoy cumpliendo con mis votos.

No, padre,

usted está haciendo mucho más que eso.

Está poniendo su vida en riesgo por los demás.

Todo saldrá bien, no tema.

(CARRASPEA)

Samuel, no le he oído llegar.

Estaba despidiéndome del padre Telmo.

"Te quiero con locura".

Por ti he sido capaz de enfrentarme a todo.

-Lo que me faltaba por oír.

¿Acaso no te crees que yo te amo, mastuerzo?

-Pues no lo sé. Sinceramente,

empiezo a dudarlo.

Porque si no, no antepondrías esa costumbre a nuestro futuro.

Lo siento, pero yo ya no puedo esperar más.

"Vengo de hablar con el doctor Quiles"

y este es un tratamiento experimental

que está dando buenos resultados a la hora de tratar su mal.

Pero ¿ya se lo han aplicado a otros enfermos de las fiebres?

A unos pocos, pero en casi todos los casos

ha supuesto una cura casi inmediata.

La verdad es que el padre Telmo es pan de Dios.

-Ay, sin duda es un santo en vida.

Ni la madre superiora de mi convento,

que era piadosa como la que más,

se hubiese "atrevío" a tanto.

-Marcelina...

Me dejaste "escamá" con ese asunto.

¿Se "pue" saber qué hacías tú en un convento?

Mujer, habla sin miedo, que estás con una amiga.

Pues, mire, para merendar le recomendaría...

-¿Qué diantres...?

Prométame algo.

¿El qué?

Que no se contagiará del mal.

"Bueno, ¿y usted, Servando, qué?".

¿Cómo se encuentra?

-Pues yo bien.

¿Por qué? ¿A qué viene esa pregunta?

-¿Es que hace falta que se lo recordemos, Servando?

Que la "seña" Paciencia le ha puesto una cornamenta

que he visto toros de lidia con menos cuernos.

-Sí, hija, sí, tú así de "delicaíta", muy bien.

Agustina, ¿hay novedades?

Su rostro no parece presagiar nada bueno.

-Traigo el primer informe de don Telmo.

Me lo ha pasado por debajo de la puerta.

-Lucía, por Dios, no nos tenga con el corazón en un puño.

¿Qué dice ese informe?

Las noticias no son nada halagüeñas.

El estado sigue siendo grave

y el remedio no da resultado.

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  • Capítulo 905

Acacias 38 - Capítulo 905

07 dic 2018

Samuel disuade a Lucía de entrar en casa de sus primos. Tras una larga y angustiosa espera Samuel regresa sin el doctor Quiles. Lucía desesperada, y pese a la oposición de los vecinos, está dispuesta a entrar, pero en el último momento Telmo anuncia que se hará cargo de los Álvarez-Hermoso.

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  1. Mar

    Muy buena idea la de Eugenia, solo que entre la gente "pobre" me temo que no anulan los matrimonios ni siquiera en los tiempos de hoy... ^_^ A mi de Paciencia no sé si me sorprende el gesto porque este capítulo no se reproduce en Canarias, espero que solucionen lo que sea, pero sobre Servando... Ya le compró un billete en su día Ramón Palacios y él huyó de hacer el viaje porque le daba miedo el mar, lo de que quiera hacerlo ahora será para zanjar ya el tema de que Paciencia no vuelve de Cuba o por justificar la sed de dinero desmesurada de Servando, a pesar de que el viaje nunca lo quiso hacer :/ No me gusta la pareja del sacerdote y Lucía, son guapísimos y Lucía me encanta, pero el sacerdote la secuestró, miente sin pudor, a su superior y a Lucía en su momento sin remordimiento alguno, y además es más paternalista aún que el resto de machistas de la serie, que por cierto, han suavizado demasiado el verdadero machismo de la época, aunque lo agradezco ^_^ Me encanta como habla la muchachita que apareció ahora con Casilda jajajaja y ojalá repitan más historias como la de las clases de arte de Rosina y Susana, todos esos capítulos con ellas de protagonistas fueron los mejores, LOS MEJORES, y las actrices (Sandra Marchena y Amparo Fernandez), soberbias! :D

    11 dic 2018
  2. Conchi

    Totalmente de acuerdo con los comentarios de Dori y de Julia.

    10 dic 2018
  3. julia

    Caramba.Se están luciendo con la trama,de ese amor que va retar todas las convenciones sociales,una chica rica pero de origen oscuro y un sacerdote tan honesto.Tendrán que dar una lección de lo que es amor y de lo que es pecado. Seguro que pueden hacerlo. Forman una pareja muy bonita.( Y si uno de ellos dos se enferma que se cure) Ellos nos recuerdan a la inovildable Teresa y a su detective, Ojala que no desaparezcan como aquella bella pareja,una quiere ver todas las tardes a sus personajes favoritos, que ahora son Telmo y Lucía. por favor que empiecen a mostrar sus sentimientos y castiguen a Samuel y a Lolita,hay que darle un buen susto con su novio Antonio , ya basta con ese pueblo ¡Que Fastidio¡..............

    10 dic 2018
  4. dori

    Definitivamente David V Muro es un gran actor.Nos tiene a todos encantados con su personaje. El Portero es ya una imagen de la novela, y está adquiriendo un relieve profundo ,desde la enfermedad el personaje ha cambiado.Cabe destacar que el actor asume los cambios, pero sin perder la interna que ya ha logrado. Muy Bien. Y dela historia de amor del Padre Telmo y de Lucía ¡Qué bella es¡.Lentamente lo inevitable se está expresando.Creo que Lucia no va a poder esconder por más tiempo su amor. Porque, cómo evitar sentir amor por un hombre noble.....

    10 dic 2018
  5. Eugenia

    JAJAJA, quedé anonadada con lo de Paciencia, jamás hubiera imaginado algo así por parte de ella, ¿ Ustedes ?.- Y a Lolita le tiro una idea : que se case con el gordinflón, que no consuman su matrimonio y pidan la anulación, por ese motivo e incompatibilidades y listo, la " costumbre " del pueblo estaría cumplimentada; de nada

    08 dic 2018
  6. Marilu

    Siendo tan rico y vasto el idioma castellano, ¿ para que usar términos foráneos como " spoilers " ? Si la comentarista alude a los " avances " del siguiente capítulo, eso se hace de costumbre y NO siempre reflejan exactamente lo que sucederá; muchas veces los guionistas nos " adelantan " algo que luego no es tal cual, por lo que " de suspenso " NADA

    08 dic 2018
  7. carmela

    Con los spoilers se acabó el suspenso para esperar el próximo capítulo. Sé que no van a a cambiar pero igual, seguiré viendo Acacias 38, con sus personajes interpretados por excelentes actores, que en cada capitulo se destacan todos. ¡¡¡Cordiales saludos desde Argentina!!!

    07 dic 2018