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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 904 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué va a ser de mí si mi prima se muere?

Usted nunca se quedará sola,

somos muchos los que la amamos.

"Van a poner la casa en cuarentena".

-Sí, pero ¿la de don Felipe y doña Celia o el edificio entero?

-Creo que el piso de ellos solo. -"Doña Celia"

ha contraído las fiebres, pero además su evolución

está siendo más rápida que en otros pacientes.

-¿Por qué? -Es posible que las defensas

de su esposa no sean capaces de combatir la infección.

-¿Debo ponerme en lo peor? -Intentaremos evitarlo,

pero no con seguridad.

"Se tiene que quedar en casa,"

solo puede verla personal sanitario.

Qué crueldad.

-Vamos a hacer una cosa, Lucía, Felipe y tú os quedáis aquí en casa.

Gracias, doña Trini,

pero no hace falta. ¿Por qué?

Porque ya se ha ocupado Samuel.

Si Celia muere, alguien tendrá que cuidar de...

Celia

no va a morir, ¡¿entendido?!

Por supuesto.

-Estamos hablando del asunto de las fiebres, pero claro,

a usted no le inquieta porque como se va a Cuba.

-Bastantes preocupaciones tengo yo. Vengo de pagar el billete.

-¿Sabe si se va a celebrar un combate en la sociedad gimnástica?

-¿Sabe usted que don Maximiliano, el padre de Leonor

y primer esposo de Rosina, tenía problemas de adicción al juego?

-No, no lo sabía.

-Pues será mejor que Leonor no sepa nada de las apuestas, se alarmaría.

-¿Quieres que esta tarde demos un paseo por el río?

Van a inaugurar el puente nuevo. -Esta tarde, imposible.

-¿Qué tienes que hacer?

-Quería acompañar a Liberto a la sociedad gimnástica.

Ayer fui con él y me acabó gustando mucho eso del "sport".

-¿No te parece raro?

Es que si fuera el deporte ese que se juega con los pies,

el "football", pues me lo creería, pero ¿pugilismo? No.

A Íñigo nunca le ha gustado la violencia.

-Pero no es violencia.

-Marcelina, ¿le quieres tú "pa" algo a mi primo?

-"Pa" "na". Simple curiosidad.

-"¿Ceferino?".

-Ay va, la Trini. -Ay, tienes que ver a Lolita.

-Esperando que me diga algo estoy. "Pues que la Lola y yo"

estamos hechos el uno "pa" el otro. Ha "llegao" la hora

de que vayamos a la iglesia.

No puedo faltar a las tradiciones de Cabrahígo.

-Dime que no besaste a Ceferino

cuando la luna estaba en cuarto menguante.

-"Esperemos que se cure".

-"Difícil lo veo, encerrada con esos bichitos en casa".

-¿Qué bichitos? -Los de la enfermedad.

Unos bichitos que ni se ven,

pero que hacen más daño que un perro rabioso.

-Váyase podría contagiarse. -Yo cuidaré de ella.

Celia, cariño.

-Es una locura.

-Sí, pero este es mi lugar.

-No he podido hacer nada por impedirlo,

se ha acercado a su esposa y la ha besado

sin tener en cuenta lo que eso supone.

No puedo creer lo que me cuenta.

¿Cómo ha sido capaz Felipe de hacer algo así?

Es de suponer que por amor a su esposa.

Pero es una locura, se ha expuesto innecesariamente

al contagio. No creo que eso a él le importe.

Lo único que deseaba era permanecer junto a doña Celia.

Por eso la ha besado, porque era la única forma que tenía

para conseguir que les dejaran seguir juntos.

¿Cree que Felipe ha contraído ya la enfermedad?

Es pronto para saberlo.

Depende de la resistencia que tenga ante este mal.

El tiempo dirá.

Qué insensatez.

Las circunstancias de la cuarentena

cambian a partir de ahora. Él cuidará de su esposa.

Dios quiera que pueda hacerlo

sin enfermar y que los dos salgan con bien de este brete.

Espero que sea así, mientras tanto,

le he dado instrucciones precisas de sus cuidados.

Si alguien puede cuidar a Celia, es Felipe, tanto cariño

no puede caer en saco roto.

Lástima que eso no sirva para sanar ciertos males.

Regresaré pronto para ver cómo evoluciona la situación.

No puedo comprender cómo un hombre juicioso como Felipe

ha podido cometer semejante disparate.

A mí me parece de lo más natural,

ama a su esposa por encima de todo.

Pero por mucho que se quieran, es una insensatez jugarse la vida,

él también podría enfermar.

Él es consciente de lo que puede sucederle,

y ha asumido el riesgo.

Pero podría morir.

Podrían morir los dos.

Pero estoy convencida de que eso a Felipe no le importa,

porque él no podría seguir viviendo sin su esposa.

Es posible, pero no esperaba algo así.

Samuel,...

¿tan difícil le resulta entender que alguien

pueda hacer semejante sacrificio?

Si se quiere de verdad,

se tiene que ser capaz de cualquier cosa

por permanecer junto a la persona que se ama,

hasta de perder la vida.

Sí.

Supongo que tiene razón.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Lolita, ¿qué te pasa?

Tienes los ojos rojos como un pimiento.

¿Has llorado?

Pero... Pero... ¿qué, qué pasa, ha empeorado Celia?

¿Ha sucedido alguna desgracia en el barrio o qué?

-Has "dao" en el clavo, Antoñito, hijo.

Ha ocurrido algo muy gordo.

-E intuyo que nos afecta a nosotros.

-(LLORA)

-Antoñito, hijo,

coge aire,

que lo que te tiene que decir tu prometida no te va a gustar.

Lolita, hija, por favor, sosiégate

y cuéntale a Antoñito lo que ha ocurrido

antes de que le dé un tabardillo.

-A ver, Antoñito,...

te tengo que decir que...

ha "venío" un mozo del pueblo aquí al barrio, el Ceferino.

El Cefe, le llaman.

-No me parece tan grave, ¿qué pasa, que quieres invitarle a la boda?

-No, no corras tanto que...

ahora viene la miga.

-El Cefe y yo

éramos uña y carne cuando éramos niños.

Él me tiraba de las coletas y yo le tiraba piedras,

más de una vez le abrí la cabeza.

-No, si desde luego es un milagro que lleguéis a adultos en Cabrahígo.

-"Pos"...

éramos tan amigos,

que sus padres y mis padres

decidieron casarnos cuando tuviéramos edad.

-Cosas de pueblos, lo mismo se concierta una boda

que se vende una vaca, yo qué sé.

-Ya,...

pero el Ceferino y yo nos hicimos a la idea,

y nos fuimos enamoriscando,

pero vamos, que cuando te conocí a ti,

supe que lo que pude haber "sentío" por él no era "na".

-Porque son cosas de niños, cariño,

yo también tuve una novieta en el barrio, y ya ves tú.

-Es que... Con 13 años...

nos dimos el primer beso.

-Con tan mala suerte, que la luna estaba en cuarto menguante

y el día anterior había "granizao".

-Qué casualidad, pero vamos, que a mí me da exactamente igual, Lolita,

que te dieras un beso con 13 años con un zagal,

me importa un comino. Anda que no habrá granizado desde entonces.

-No lo entiendes, Antoñito, que en Cabrahígo,

un beso de esa guisa es comprometerse en matrimonio.

-Y para nosotros, esos compromisos pesan más

que si estuvieran escritos en piedra.

-¿De verdad me estáis diciendo que tú estás comprometida

porque te diste un beso con 13 años bajo la luna menguante?

Desde luego, sois de traca.

¿Te lo estás tomando en serio, Lolita?

-Ojalá fuera mentira, amor mío, pero o me caso con el Cefe

o la desgracia se cebará con nosotros.

-Ay.

-Que no, hombre, que no, que no me lo creo.

-Yo pensaba que el compromiso se había roto, porque el Cefe

se había "fugao" con la Pilarín, una del pueblo de al "lao",

más fresca que las gallinas.

-De hecho, "to" el pueblo pensaba que se había "marchao" para casarse.

-¿Y qué, cuál es el problema? -Antoñito,...

la Pilarín murió antes de que se casaran, ¿lo entiendes?

Y ahora el Ceferino ha "venío" a reclamar sus derechos.

Me tengo que casar con él. -En ese pueblo

no os falta imaginación ninguna, Lolita, pero si esto es una broma,

estás llegando ya demasiado lejos.

No es una broma.

-No, Antoñito, hijo, ni una coma de lo que te hemos contado es mentira.

-Lolita, ¿tú de verdad vas a permitir...

que darte un beso con 13 años cambie por completo tu vida?

Es que ni me puedo creer lo que estoy escuchando.

-Pues...

así son las tradiciones de Cabrahígo.

"Ties" que entenderlo.

-Que no, que estoy hasta las pestañas

ya de las majaderías de ese pueblo.

¡Que no me da la gana, y ni pienses que vas a seguir con esta tontería!

Ni lo sueñes.

-(LLORA)

-Ya podrías echarme un capote, que estás ensimismado con ese libro.

-¿Me puedes dejar un momento?

-El tiempo que quieras, pero cuando no trabajemos.

-Flora, apenas hay gente, te puedes apañar tú sola

que yo estoy "ocupao". -Eres un egoísta.

Me dejas todo el trabajo a mí sabiendo que me encuentro mal.

-No creo que tengas nada de enjundia.

-Pues lo mismo tengo la enfermedad de doña Celia

y tú te lo tomas a chiste.

-Póngame una bandeja de pasteles, quiero llevarle algo a mi esposa,

a ver si se anima un poco.

-Está desasosegada con lo de doña Celia, ¿no?

-No se hace una idea.

-Don Liberto, que no le he comentado cómo me ha ido esta tarde

en el combate de la sociedad gimnástica.

-Lamento no haberlo visto, espero que no perdiera mucho dinero.

-Qué iba a perder, hombre, mire. Todo han sido ganancias.

-Tenga mucho cuidado,

no me voy a cansar de advertirle del peligro que tienen las apuestas.

-No se apure, don Liberto, que yo me estoy preparando.

-Pues no se me ocurre cómo.

¿Ve ese libro? Pues ahí viene escrito

todo lo que se precisa saber para ser un entendido en boxeo.

-¿Cree que esto será suficiente para no perder en las apuestas?

-Por supuesto. Con toda esa información,

yo sabré de antemano qué boxeador tiene más posibilidades de ganar.

-Si fuera tan fácil, todo el mundo tendría este libro.

-Bueno, pero es que no todo el mundo lo sabe interpretar.

-De veras lamento que vea el pugilismo

de una forma tan materialista.

Este deporte es algo mucho más que ganar dinero fácil.

-Pues no sé qué decirle, don Liberto, yo solo veo a dos tipos

dándose mamporros y si se acierta quién se da más tortas,

se pueden ganar unos buenos cuartos.

-Ya, ¿y la estrategia, la nobleza de la lucha,

la virilidad de la contienda?

Nada, ¿no?

Me temo que esto es como predicar en el desierto,

solo ve la parte material de tan noble deporte.

Tenga,... yo me subo a casa a ver si hay noticias de Celia.

Con Dios. -Con Dios.

-Oye, ¿no me ves mala cara? Creo que me encuentro peor.

-Tienes la misma cara de siempre,

pero estás tan ofuscada con el tema de la enfermedad

que al final te vas a terminar contagiando.

Mira, yo me voy a poner a trabajar, que prefiero eso que escucharte.

-¿Por qué estará leyendo esto mi hermano?

-Dicen que la pobre de doña Celia tiene un pie en la tumba.

-No se apure, ya se encargará su esposo de sacarla adelante.

-Eso si no cae él también.

-A mí me parece de lo más romántico lo que ha hecho.

Se tiene que querer mucho a una persona

para jugarse la vida por ella.

-Pocos hombres son capaces de hacer algo así.

Muy enamorado debe de andar el abogado.

-Y tanto.

Don Ramón y doña Trini se han "quedao" de piedra

cuando se han "enterao" de eso. -Ellos y todo el barrio.

-Pues a mí me parece un mastuerzo.

-Fabiana, que no sabía yo que fuese usted tan descreída.

-¿No le parece una prueba de amor de las gordas?

-Quía,

"to" lo que queráis y mucho más, pero me parece del género tonto

arriesgarse a entregar la pelleja de esa guisa.

Tano podría perder a sus padres de una "tacá".

-Lo mismo caemos todos como chinches.

-Según cuenta Casilda, doña Rosina está que no para quieta

de los nervios.

Teme que la enfermedad pueda extenderse por todo el edificio.

-Flora también está obsesionada con eso.

-Es que no son pocas las familias que se han ido del barrio

haciendo fu, como el gato, por temor al contagio.

-Ay. Esperemos que no llegue a tanto, que ya vivimos una cosa así

en Acacias y yo no quiero ni recordarlo.

-¿Cómo se va a organizar la atención a la enferma?

-De momento nadie va a entrar en la casa.

Será su propio esposo el que la cuide.

-Pues como tenga que cocinar don Felipe,

se van a morir, pero de hambre.

-Lolita hará la comida

y la dejará en la puerta para que luego él la recoja,

igual que las sábanas y la ropa limpia.

-Vaya una calamidad tan grande por la que están pasando.

-¿Y Lolita?

Qué raro que no haya subido ya.

-Ay,

porque en todos sitios cuecen habas.

Lolita está en casa de los Palacios hablando con Antoñito,

y yo me barrunto que han "tenío" tormenta,

porque la chiquilla no paraba de llorar.

-Serán cosas de enamorados. -O los nervios,

que se revuelven

teniendo tan cerca la boda.

-Pues Dios quiera que no sea más que eso,

porque ya bastante pena tenemos.

-Venía a ultimar los detalles para el rosario que vamos a rezar

para la pronta recuperación de Celia.

Y por el resto de enfermos. Las plegarias han de ser para todos.

Por supuesto que sí, no es cuestión de escatimar con nuestros rezos.

Y menos en estos momentos tan convulsos,

pero no se apure por este asunto, ya he encargado que preparen

el altar de la Virgen. Siéntese, por favor.

¿Qué opinión le merece el gesto de Felipe?

¿Es razonable una acción así?

Es algo desesperado y, en cualquier caso, muy generoso.

Lo da todo por su esposa.

¿No hay algo de pecaminoso en ello?

No veo en qué puede ofender su actitud a Nuestro Señor.

Felipe se expone a un peligro extremo.

Casi podría decirse que es un suicidio.

Le está buscando usted pelo al huevo.

Lo único que ha hecho don Felipe es anteponer sus cuidados a Celia

a su propia seguridad. Para eso no hacía falta besarla,

es una temeridad.

Debía asegurarse que iban a permitirle acompañarla.

Preocúpese más de su propia conciencia y no de la del resto

de sus conocidos.

Tendré que callarme, para eso tiene doctores la iglesia.

(Se abre una puerta)

Lucía. Padre, venía a visitarle,

pero si está ocupado, regresaré en otro momento.

Buenos días, Susana. No, no se apure.

Solo estábamos charlando.

¿Cómo se encuentran sus primos? ¿Sabe algo de ellos?

Nada más despertarme he pasado por la puerta de casa

y he podido hablar con Felipe.

Espero que Celia haya mejorado.

Me gustaría decirle que es así, pero mentiría.

¿Sigue con fiebre?

Según me ha contado Felipe, la fiebre no le ha bajado

en toda la noche y, la pobre no ha tenido ni un rato de sosiego

por culpa de los delirios.

No sabe cuánto lo siento. ¿Y Felipe, está bien

o ya ha empezado a padecer la enfermedad?

Gracias a Dios, sigue sin síntomas.

Confío en que la Virgen de los Milagros

escuche nuestras plegarias esta tarde y Celia mejore.

Por supuesto que sí,

una mujer tan piadosa como ella

no se merece otra cosa.

Bueno, tengo que abrir la sastrería, con permiso.

Les veré esta tarde.

Con Dios.

Gracias por su visita.

Lucía, ¿en qué puedo ayudarla?

En realidad no he venido por nada en concreto.

He recordado lo que me dijo ayer, que podía contar con usted

en todo momento y aquí me tiene. Hace bien

en haber venido. Estoy a su disposición.

Necesitaba hablar con alguien, y lo cierto es que me siento

muy reconfortada en su compañía.

Me alegra que sea así. Si le parece, podemos dar un paseo

por los jardines y luego rezar por nuestros familiares y amigos.

Me parece una gran idea, no lo dejemos para más tarde.

-Nos ha "quedao" de rechupete. -Sí.

-Un altar digno de Nuestra Señora. -Ya, ahora solo falta que esta tarde

nos den permiso para ir a rezar a la iglesia.

-Ay, "señá" Fabiana,

si solo con rezar pudiera sanar a doña Celia,

iba a salir humo de las cuentas de mi rosario.

(Campanillas)

-Lolita,... ¿cómo están tus señores?

-"Pos"...

les he "dejao" en la puerta una bandeja con el desayuno.

Don Felipe me ha dicho que está todo igual, o peor,

que doña Celia no mejora.

-Hay que ver, qué suerte más perra.

"Ende" luego que no se merece una desgracia así.

-Anda y reponte, mujer, mira, que "ties" los ojos

que parecen dos boniatos y...

llorando no vas a solucionar nada.

Has de ver como doña Celia sale de esta tan campante, ya verás.

-Bueno, me voy a mi cuarto, a ver si descanso una miaja.

-Lolita, tienes muy mala cara, mujer,

¿seguro que no te ocurre nada más? -No.

Como si fuera poco.

Bueno, que sí, que sí que me pasa algo y bien gordo.

Que no solo estoy "preocupá" por doña Celia, que...

también estoy "preocupá" por mi boda.

-Si ya me olía yo algo. Ayer en casa de los Palacios

parecía que ya pintaban bastos, pero no quise preocuparme porque pensaba

que era cosa de poco.

-"Pos" no, Fabiana, no es cosa baladí.

Que yo no sé si me voy a poder casar con Antoñito.

-Arrea. Lola, siéntate, mujer. ¿Y eso por qué?

No me digas que ese tuercebotas

se va a echar "pa" atrás, porque por muy señorito que sea,

le pego un par de mandobles.

-Tente quieta, Casilda, que él no tiene la culpa de "na".

Que he "sío" yo, que lo he "echao" "to" a perder.

-¿Qué has hecho, alma de cántaro?

-Pues el... el Ceferino, que se ha "plantao" aquí, en el barrio.

-¿Y ese quién es?

-Es un mozo de Cabrahígo al que besé de niña

y ahora ha "venío" "pa" que nos casemos.

-"Pos" que cosa más tonta, Lola, le dices que no y a otra cosa, mujer.

-Que no puedo, Casilda, que estoy "comprometía",

que hicimos algo que nos obliga a pasar por vicaría.

-¿Yacisteis juntos? -Quía, que yo no soy una fresca.

-¿Entonces, Lola?

-"Pos"...

le besé.

Le besé cuando la luna estaba en cuarto menguante

y había "granizao".

Cosas de Cabrahígo.

La cosa es que yo pensaba que el Cefe se había "casao"

y había "dao" el asunto por "finiquitao", pero no,

resulta que no, y ha "venío" a reclamar sus derechos.

-Pero tú no pensarás casarte con él, ¿no?

-Que no, Lola, que tú a ese lo mandas

a freír monas, mujer, no te vas a tomar en serio una cosa tan tonta.

-Ojalá pudiera, pero el compromiso es el compromiso.

-Que te dejes de extravagancias. Al Cefrino, Cefrano,

como quiera que se llame ese hombre, lo mandas al pueblo

con viento fresco, y punto redondo. -"Pos" menuda "tontá".

Don Ramón se va a poner hecho una hidra como le vayas con ese cuento.

Le dices al Cefe ese que nones y punto.

-Que no puedo.

¿No entienden que no puedo? Que no lo puedo hacer. Ea.

-Ay, Cabrahígo, Cabrahígo, qué cosas.

Me encanta ese jardín.

Es de los más agradables de la ciudad.

Recuerdo la primera vez que lo visité.

Celia compró barquillos y fue echando trocitos a las ardillas

para que se los comiesen mientras conversaba despreocupadamente,

y, cuando llegamos a la salida,

nos seguían más de una docena. (RÍEN)

Por suerte no las devoraron.

Las ardillas asesinas.

Animalitos.

Nos seguían en grupo y...

la gente nos miraba como si fuésemos artistas de circo.

Me alegro de verla más sosegada.

La verdad es que necesitaba un poco de paz,

alejarme de tantos problemas,...

y es usted muy amable por acompañarme.

La felicidad del que ama consiste en lograr

la felicidad del ser amado.

Desde entonces he pasado tan gratos momentos junto a usted.

Respirando su olor,

perdiéndome en sus ojos

y enamorándome no solo de su belleza, sino también de su alma.

No sé qué decir.

Padre, ¿le sucede algo? Discúlpeme,

por un momento me he quedado perdido en mis reflexiones.

¿Y puedo saber en qué pensaba?

Reflexionaba sobre cómo algunos recuerdos

perduran en nuestra memoria... y vuelven a nosotros cuando...

es menester.

Coincido con usted.

El recuerdo de mi prima me ha animado mucho

y me ha dado la esperanza de que volveré a verla sana.

¿Seguimos el paseo?

Mucho se está acercando el curilla a la chica.

(Suena una campanilla)

-Venga.

"Pos" "pa" mí que Lolita está perdiendo el oremus

con las costumbres de su pueblo. -Yo no he visto cosa igual.

Tienen manías para todo.

-Y bien raras, Agustina.

A ver, ¿qué tiene que ver el pedrisco con el matrimonio?

-A parte de lo destructivos que son los dos, poca cosa.

A saber lo que hubiera tenido que hacer si nieva.

-A ver, una cosa es mantener las tradiciones vivas

y, otra es amargarse la vida por una "tontá".

-Lo malo que Lolita, todo lo que tiene de larga,

lo tiene de cabezota.

-Y tratándose de su pueblo,

es bien difícil hacerla entrar en razón.

-Pues el problema no es baladí.

-No me extraña que doña Trini esté en un ay.

Esto, "pa" el niño que lleva, no "tie" que ser "na" bueno.

-¡Eh! ¿Qué les parece la guayabera que me he "agenciao"?

-Pues...

muy requetebonita, Servando, y no le queda nada mal, vamos,

que parece usted un indiano. (RÍE)

-Con un sombrero de paja y un puro, se van a creer todos que es cubano.

-Sí, eso también me lo he comprado, que dicen que allí

el sol pega de firme.

-Igualito que si viniera ahora mismo de la plantación.

-¿A que me caen bien estas vestiduras?

se va a quedar mi Paciencia "pasmá" cuando me vea bajar del barco.

-De eso no tenga duda.

-Seguro que le impresiona,

pero no se pavonee usted demasiado de esa guisa por el edificio,

que la escalera no está "pa" alegrías, Servando.

-¿Qué pasa, está peor doña Celia?

-No. Está más o menos igual.

-La Lolita, que se ha "presentao" un novio que tuvo en el pueblo

y pretende casarse con ella.

-Que le diga dónde está la estación y que lo despache de vuelta.

-No es tan fácil,

parece que tiene un compromiso con él que no se "pue" romper.

Costumbres de Cabrahígo.

-Pues pinta mal "pa" don Antoñito,

que ya sabemos lo importantes que son las costumbres de su pueblo

"pa" la Lolita.

-Pues eso lo sabemos "tos", Servando.

-Están pasando tantas cosas, que a uno le da casi coraje

irse a Cuba sin saber en qué termina "to" esto.

Ay va, mira, mira, un telegrama para mí.

Muchas gracias, muchacho.

De mi Paciencia. Si es que está loquita

por que vaya. Ya verán, pisa por donde servidor pasa.

¿Me lo puede leer usted?

-Vaya, pues recibe usted más cables que un ministro de gobernación.

-Sí.

-(LEE) "Que te quedes donde estás, Servando, stop".

"Es lo mejor,

stop".

"Verídicamente te lo digo, stop".

-Pues no entiendo nada, qué mensajes más raros me manda mi esposa, ¿no?

-Vaya... Ay, cualquiera diría que no quiere verle, Servando.

-Quía,

pero si esta mujer está loquita por mí, bueno,

amén de que cuando me casé con ella, fue como si le tocara la lotería.

¿De verdad que pone eso?

-Palabra por palabra.

-Ya, bueno, pues...

creo que me voy a cambiar de ropa.

-Pobre.

-Pobre Celia. Al menos, nuestros rezos le llevarán algo de alivio.

Qué días más tristes estamos pasando.

-Estamos todas

como alma en pena.

He pasado por casa de los Palacios para comentarles lo del rosario

y me he encontrado a Trini desencajada.

-Normal, está muy preocupada

por la enfermedad de Celia.

-Y tanto, no he podido sacarle dos palabras seguidas.

-Liberto ha ido esta mañana a interesarse por ellos

y, Felipe le ha dicho, a través de la puerta,

que todo seguía igual de mal.

-A mí me parece una temeridad lo que ha hecho el abogado.

-Bueno, pero es el deber de un esposo, velar por su mujer, ¿no?

Como hizo Liberto, ¿no indagó en lo que nos sucedía,

no fue al tablao a impedir lo de los Escalona?

-No me recuerdes ese entuerto,

que me tiemblan las canillas. -Lo que digo, un esposo

debe velar por su esposa, y ya.

¿No te acuerdas lo que dice el cura siempre?

"En la salud y la enfermedad". Pues ahora toca e la enfermedad.

-Lo que tú quieras, pero no sé qué cariño hay en jugarse la vida.

-No sea agorera, doña Susana,

yo quiero pensar que Celia se recuperará pronto.

-Y yo quiero pensar que soy una moza de 15 años, pero no es así.

-Celia cuenta con la ayuda de Felipe y de Lucía,

tanto cariño no puede ser en vano.

-Lo que yo digo, un esposo tiene que estar dispuesto a todo.

Yo, la verdad, es que no tengo queja.

No la tengo con Liberto ni la tenía con Maximiliano.

-Porque son dos hombres

que se visten por los pies.

-Es que mi padre era un hombre admirable.

-Ay, sí, sí que lo era, todo un caballero.

Qué saber estar, qué porte.

Lástima de su afición por el juego.

-Bueno, todos los hombres tienen que tener algún defectillo.

-Ya, pero ese del juego es dañino y acarrea muchos pesares.

Yo no puedo quejarme, estoy contenta de tener a Íñigo de mi lado.

-Menos mal que se ha encauzado. -Eso parece.

-¿Ustedes creen que debería hacerle un detalle?

No sé, ¿eh?, quiero decir,

algo como cenar o algo por el estilo,

por lo bueno que es. Es que ahora

que veo a Celia y a Felipe... -Claro, hija,

nunca está de más ocuparse de las personas

a las que queremos.

-Pues eso es lo que voy a hacer.

Voy a pensar a ver qué se me ocurre para sorprenderle.

-Qué bonita y breve es la juventud. -Hija,

disfruta mientras puedas,

que todo en esta vida se acaba. -Me marcho.

-Ay, estos picores no son de chinches,

seguro que caigo enferma en menos de decir "Jesús".

-Mira, he comprado ingredientes nuevos

para añadir a los dulces.

-Si a la gente le gusta como están.

-Les agradará más si les añadimos unas frutas exóticas

y unas especias de las Indias.

-Uy, me escama este dispendio.

Si por ti fuera, harías los churros con arena para gastar menos.

-No seas suspicaz.

Que yo he pensado que son como un regalo para ti,

así tienes material para experimentar.

Por algo has ganado un concurso de postres.

-Sí, la verdad es que tengo buena mano.

-Además, no es este el único regalo que te traigo.

Toma.

-¿Esto es para mí?

-Sí ¿Te gusta? -Mucho.

Pero ¿qué pasa, que te ha dado por gastarte todo el dinero de la caja?

No te habrán entrado a ti las fiebres también, ¿no?

-No, no, no. Estos días he estado poco atento contigo

y entonces he pensado ahorrar un poco

y hacerte este regalo.

-Muy generoso te has vuelto tú de repente.

-Es lo menos que puedo hacer por ti. ¿No te agrada?

-Sí, pero estando como estoy, me vendría mejor alguna medicina.

-¿Te sientes mal?

-Pues a un paso de derrumbarme en el suelo.

Debo tener más fiebre, que ardo como una caldera.

-A ver.

Pero si estás como un témpano de hielo.

A ti te va mal la cabeza. -Pues yo siento que ardo.

-Pamplinas, tú estás más sana que yo, y deja de rascarte,

que vas a espantar a la clientela.

-¿Quieres un chocolate con churros? -No, no, gracias.

Con todo lo malo que está pasando en el barrio,

no me entra nada en el cuerpo.

A Celia no le ha bajado la fiebre en toda la noche.

-Pobre mujer. ¿Y a mí cómo me ves? ¿A que tengo mala cara?

-¿Qué dices, Flora? Si tienes buen color.

No seas tan aprensiva.

La vida son dos días y no es menester pasarlos sufriendo.

¿Y esa pulsera? -Me la ha regalado mi hermano,

cosa que me extraña mucho.

Íñigo tiene menos detalles que un botijo de dos reales.

Para mí que algo le pasa. -Pero ¿qué le va a pasar, Flora?

Tu hermano es más generoso de lo que te piensas.

Deja de desconfiar de él...

y disfruta de tu regalo.

-Me voy a atender las mesas.

-Íñigo,... mañana por la mañana mi casa se va a quedar vacía

y me gustaría disfrutar de un buen desayuno contigo.

-Me parece una idea excelente.

-Escucharemos música,

comeremos ricas viandas y... lo que surja.

-Es una idea que va mejorando por momentos.

Yo llevaré mi presencia y el champán.

-Lo primero, y antes que nada, quería agradecerle

que haya acudido. Trini me dio la dirección

de su pensión y por eso le mandé recado.

-Bueno, aquí me "tie", "pa" lo que sea menester.

-Imagino que ya sabe el motivo de nuestra conversación.

-Ya me barrunto, ya, y me da que va a ser corta.

-Bueno, yo tengo que rogarle que recapacite y sea consciente

del dislate que está cometiendo.

-Mal vamos. Si no hemos "empezao" a hablar

y ya me trata de borrico. -No, no, créame

que no es mi intención, pero entienda que Lolita y yo

estamos enamorados. Llevamos un año prometidos,

y ahora vamos a casarnos.

-Eso está por ver.

-No, no está por ver,

porque no vamos a romper nuestro compromiso por una niñería.

-No, "pa" empezar, un respeto por las costumbres de mi pueblo,

que no son cosas de críos.

-Sí, pero usted entenderá que para los forasteros

son costumbres que, como poco, pueden resultar peculiares.

Que tengan que casarse por beso cuando eran unos niños...

-¿Usted se cree que yo estoy aquí por gusto?

Yo no tengo ganas de casarme con la Dolores.

-Pues entonces sí que no entiendo nada.

-Pues que las costumbres de Cabrahígo son "mu" puñeteras,

que si uno no cumple lo "mandao", pasa las de Caín para siempre.

-Pero ¿usted de verdad se cree eso?

-Como que lo he "sufrío".

Desde que me escapé con Pilarín las he "pasao" canutas,

y ella la espichó.

-Yo lo siento, pero eso no tiene nada que ver con Lolita y conmigo.

-Ah, no, no, es usted el que anda "errao".

Ni Lola ni yo vamos a encontrar la paz hasta que nos casemos.

Si me hubiese quedado con ella cuando era mi novia,

mejor nos habría ido a "tos". -Deje de llamar así a Lolita.

-La llamo así que para eso es mi novia.

-No es su novia, no le llame así porque es mi prometida.

-Por poco tiempo.

Es una hembra cabal, sabe lo que "tie" que hacer.

Ha de ver cómo se viene conmigo, es lo que manda la ley,

o seremos unos "desgraciaos".

-No sé cómo puede ser usted tan obtuso.

-No, "cuidaico" y sin faltar, que yo no le he "insultao" a usted.

-A ver si le entra esto en la piedra berroqueña que tiene por cabeza,

le prohíbo que se acerque a mi Lolita, punto.

-No me gustaría tener que enfrentarme a un señorito de ciudad,

pero si hay que repartir "guantás", no voy a achicarme ni una pizca.

-No va a amilanarme.

-"Pa" que lo sepa,...

he "sío" campeón de frontón de mi pueblo tres años "seguíos"

y allí jugamos con pelotas

de madera.

(Campanadas)

-Me siento mucho más reconfortada después de rezar el rosario.

-Y yo, espero que sirva para algo.

Nuestra amiga necesita mucha ayuda, y si es divina, mejor que mejor.

-Las últimas noticias

que ha dado Felipe por la puerta siguen siendo pesimistas.

-Es muy desalentador.

-Había poca gente en la iglesia. -El miedo,

que es más fuerte que la devoción.

Muchos están refugiados en sus casas.

-Varios de los socios del Ateneo

han abandonado la ciudad por temor al contagio.

-Hasta Flora está obsesionada con contraer la enfermedad.

-Mi hermana cree ver síntomas cada vez que respira.

Es solo sugestión, y ha aprovechado para irse a casa a descansar.

-Si se está en paz con Dios, no hay nada que temer.

Al fin y al cabo, todos tenemos que irnos al otro mundo.

Pero cuanto más tarde, mejor.

Padre,

gracias por la devoción con la que ha dirigido

el rosario. No hay de qué.

Estoy seguro

que nuestras plegarias ayudarán a nuestra vecina a superar el trance

por el que está pasando. Es una lástima que la iglesia

estuviera casi vacía.

No es la cantidad de rezos lo que cuenta,

lo importante es que los que han acudido, lo han hecho de corazón.

Nosotros regresamos a casa,

no quiero que Trini permanezca por mucho más tiempo en la calle.

-Mi esposo está empeñado en que el reposo es fundamental

para mantenerme inmune.

-Bueno, y además tenemos que hablar con Antoñito.

-Con Dios.

-Sí, nosotros también nos vamos a ir ya.

-Voy con vosotros, que quiero ir a la sastrería

a seguir rezando.

La acompaño a casa. Pensaba quedarme un rato más.

Como quiera. Si hubiera alguna novedad

con su prima, volveré a contarle.

No, no, será mejor que marche.

Me dolería en el alma que precisara de mi ayuda y no poder estar allí.

Vámonos entonces, no perdamos más tiempo.

Padre.

Gracias por su apoyo.

-Pues a la postre, nos hemos "quedao" sin rosario, Casilda.

-La obligación es antes que la devoción,

"señá" Fabiana, además, que teníamos que hacer la colada.

-Ya, ese es el sino

de las criadas, hija.

-"Pos" sí, cuando una nace estera, no hace más que recibir palos.

-Y "pa" una que se iba a escapar y ser señora,

va y lo echa "to" a perder. -Ay, "señá" Fabiana,

con la alegría que teníamos "toas"

en el altillo pensando que la Lola iba a ser señora.

Y ahora, si se casa con el Zafrino ese,

se va a tirar "toa" la vida sirviendo a un cafre.

-Si es que parece que nos ha "mirao" un tuerto.

Servando ha vuelto a recibir

otro telegrama de Paciencia. -¿Ah, sí?

Pues "pa" no saber escribir, anda que no manda "telemagras".

-Y "tos" muy desabridos.

-¿Qué es lo que le dice esta vez? ¿Otra vez le dice que no vaya?

-Y bien clarito. Yo, "pa" mí,

que en Cuba ha "pasao" algo muy gordo.

A ver por qué le pone tanta pega

Paciencia a que no la visite su Servando.

-"Señá" Fabiana, ¿no estará pensando usted

que ese algo muy gordo tiene nombre de varón?

-A mí me cuesta creerlo de la Paciencia, pero en esos lares,

entre el calor que hace y que van "tos" medio desnudos, pues...

la carne es muy débil, Casilda. -Y el Servando, ¿qué dice?

-Creo que está in albis, que no hay más ciego que el que no quiere ver.

-Pobre hombre, solo y "engañao".

-Servando, ¿qué, cómo andamos? -Pues ¿cómo vamos a andar?

Pues poniendo un pie delante y otro detrás.

-Bueno, ¿qué, ya se le ha "pasao" el disgusto ese del telegrama?

-¿De qué disgusto me habla? Ah, no, lo del...

telegrama, no, pero no pasa nada malo.

Que a mi Paciencia hay que saberla leer entre líneas.

-Solo era un renglón, y estaba más claro que el agua.

-Parece que no se entera, de verdad, Fabiana,

mi Paciencia tiene muy mala memoria,

lo que le pasa es que teme no reconocerme cuando llegue

y que pase la mujer bochorno.

-¿Eso es lo que cree usted?

-No, pero eso está todo "solucionao".

Le voy a mandar

un retrato mío con la guayabera, puesta para que así

no haya lugar a confusión cuando me vea bajar del barco.

-Bueno, pues también

puede haber otra explicación, hombre.

-Pues no se me ocurre qué otra explicación, la verdad.

-Mire, Servando,

ha "pasao" mucho tiempo y la soledad es muy mala.

Allí, en Cuba, están "acostumbraos" a beber aguardiente de caña

como si fuera agua. Y los bailes son muy fogosos,

y los nativos lo son también mucho. -Claro, y puede que Paciencia

también haya "cambiao". Ya sabe usted que la distancia

es el olvido, Servando, y "pa" ella más.

-Ya sé de qué me están hablando ustedes, que sí,

que voy a llegar allí y me la voy a encontrar más mayor,

pero a mí eso me da igual, yo a mi Paciencia la voy a querer igual

tenga la piel de porcelana o rasposa como una bota vino.

-Servando, "pa" mí que no se entera usted de la misa la media, ¿eh?

-Servando, lo que... Vamos a ver, Servando,

lo que la "señá" Fabiana y servidora le queremos decir es,

que a lo mejor la "señá" Paciencia ha "conocío" a alguien.

-Vamos, que se ha "buscao" un apaño. -¡Eso es imposible!

A mí mi santa, mi santa, no me haría nada de eso.

Menudo disparate, de verdad.

Y yo a ustedes las tenía como amigas y han "resultao" ser

¡un par de víboras!

A mi santa no se le insulta. Quita, que...

-Pues buena la hemos hecho, Fabiana.

-Mira, mejor que se haya "disgustao" con nosotros,

a que siga haciendo el canelo.

Hala, vamos a seguir con la labor.

Coge otra.

(SUSPIRA)

-Estoy deseando que Antoñito llegue ya, ¿eh?

¿Cómo le habrá ido con Ceferino? -No lo sé,

pero tenía que haber ido yo

y con la escopeta de caza.

-Ramón, sosiégate, que esto no es asunto para resolver a tiros.

-Solo espero que mi hijo haya hecho entrar en razón

a ese gañán de pretendiente de Lolita.

-Pues no lo va a tener fácil,

conociendo a los mozos de Cabrahígo, no.

-Trini, tú nunca besaste a nadie, ¿verdad?

-¿Yo, después de una granizada? Seguro que no.

Pues no lo tenía yo todo bien cuidado.

-Sí que has tardado, hijo. -Después de hablar con el Ceferino

he ido a dar una vuelta, a ver si se me pasaba un poco el sofoco.

-¿Y cómo ha ido?

-Mal.

Este hombre sigue en sus trece, que nada, que o se va con Lolita

o que no se va de aquí. -Esto es un delirio.

¡Maldito sea ese pueblo y sus costumbres!

-Oye, Ramón, que las tradiciones de mi pueblo son tan respetables

como las de cualquier otro sitio.

-Respetable es llevar a las mozas del brazo al baile

de las fiestas patronales,

respetable es colgar flores

en el balcón de la que pretendes

por las cruces de mayo, pero lo vuestro es peor que los salvajes.

Perdóname, Trini, no,...

no quiero molestarte, pero es que

tengo los nervios de punta.

-No pasa nada, Ramón, estamos todos muy alterados.

-Pues mire, doña Trini, yo lo siento mucho y no es por echar más leña

pero creo que tiene razón.

Las costumbres de Cabrahígo ya han ido demasiado lejos.

Estoy a punto de tirar por la calle de en medio.

-Será mejor que no te ofusques, hijo.

Es mejor actuar con tiento y no soliviantarse.

-Pues ya me dirá usted qué hacemos, padre.

-Trini,...

Trini, tú podrías ir a hablar con ese tal Ceferino y convencerle,

al fin y al cabo sois paisanos. -¿Yo?

De ninguna de las maneras.

-¿Se puede saber por qué?

-Porque no, Ramón, porque yo no me meto en medio de un asunto

tan serio, que todo el pueblo sabe que esto es un compromiso sagrado.

-Ni que fueran las tablas de Moisés.

-Para nosotros es como si fuera lo mismo,

que yo de ese tema no voy a decir ni chus ni mus.

-Vas a hacerlo por tu hijo.

-¡Que te digo yo a ti que no! -No llegara una tormenta

y borrara del mapamundi ese maldito pueblo.

-Mira, Ramón, ¡no te consiento que hables así de mi tierra!

-Trini, Trini, tú y yo no hemos terminado de hablar todavía, ¿eh?

Trini. ¡Trini!

-(RESOPLA)

-Pues es una suerte que esté de paso por nuestras calles,

porque sus consejos sobre pugilismo me van a servir mucho.

-Debería animarse a competir. Le he visto entrenando

en la sociedad gimnástica y tiene usted dotes.

-No, esto yo lo veo simplemente como un entretenimiento nada más.

No me veo disputando un combate. Me llevaría todos los golpes.

-No si sube un poco más la guardia y mejora su juego de piernas.

Le he visto golpeando el saco y tiene usted un buen gancho.

-Vaya, pues me halaga el comentario viniendo de un púgil

tan reputado como usted. -Es verdad, yo me cuidaría mucho

si coincidiéramos alguna vez en el cuadrilátero.

-Yo, por mi bien, prefiero que eso no se dé nunca.

¿Ya está recogiendo, Íñigo?

-Qué remedio, con esto de la epidemia apenas hay gente.

-Permítame que le presente a Jordi Baró.

-Hombre, Jordi Baró,

si he oído hablar de usted. -¿Qué tal?

-No ha perdido un solo combate y casi todos los ha ganado por KO.

-Ahora estoy retirado.

-¿Y qué le trae por aquí?

-Desde que dejé de pelear, suelo visitar

las salas de boxeo que se van abriendo por España, para apostar.

-¿Y le va bien? -Digamos que algo he aprendido

en estos años. Con solo mirar a un púgil,

puedo ver qué probabilidades tiene de acabar tumbado en la lona.

-Eso es una gran ventaja.

Bien que me gustaría verlo.

-Me pueden acompañar esta noche

a un combate que hay en un municipio cercano.

Conozco bien a los dos púgiles, es una apuesta segura.

-Yo le agradezco la invitación,

pero he de subir a casa y acompañar a mi esposa.

-Bueno. -A mí sí que me gustaría

acudir a esa velada, sí.

Pero tengo una cita mañana por la mañana.

No... no puedo trasnochar, no.

-Hay tiempo, iremos y volveremos en un carruaje.

Le garantizo que estará de vuelta a una hora razonable

y con los bolsillos llenos, es dinero seguro.

-Pues entonces sí, vamos.

Padre.

El señor Jimeno Batán ha venido.

¿Desea recibirle? Sí, hágale pasar.

Gracias, Úrsula.

A punto he estado de no venir. ¿Hay muchos vecinos enfermos?

Las fiebres se extienden poco a poco y nadie está libre

de contagiarse. En ese caso, despachemos pronto.

Cuanto antes termine esta entrevista, mejor.

No quiero estar más en este sitio, es peligroso.

Este y otros muchos.

Le recomendaría que ponga en orden sus cuentas con Dios.

¿Para eso me ha hecho llamar, para sermonearme?

No. Le he convocado para hablar con usted.

Hace tiempo me confesó usted que se dedicaba a negocios

no del todo legales

y que conocía muy bien a Samuel Alday.

Así es. Me habló de ese hombre

como un diablo del que hay que alejarse

y me confesó que Samuel Alday pretendía esquilmar

hasta el último céntimo de la fortuna

que recibiría Lucía Alvarado.

Y le recuerdo que todo eso está bajo secreto de confesión,

no puede divulgar esa información.

Ni puedo ni quiero.

Mis intenciones son otras.

Me preocupa mucho usted y la salvación de su alma.

Confiaba en que pusiera fin a aquellas actividades turbias,

pero no hace mucho le vi junto a Samuel Alday

y temo que ande asociado con él...

en algunos asuntos... sucios.

Gracias por su interés, pero no se apure por mi alma,

si se salva o si se pierde, es asunto mío.

No sería buen párroco si me desentendiera de mis fieles.

¿No cree que debería aplicarse el consejo

y poner distancia con él?

¿O es que Samuel Alday le sigue debiendo dinero?

¿Sigue adelante su oferta de compartir con usted

los beneficios del robo

que pretende hacerle a la joven heredera?

Agustina, ¿qué ocurre? Se trata de don Felipe.

¿Qué ha pasado?

Habla, rápido.

No responde a la puerta.

Hemos tratado de llamar a la de servicio, pero tampoco responde.

-Es don Felipe. -¿Qué le pasa a don Felipe?

Hable, se lo ruego.

No puede entrar, el piso está en cuarentena.

No pienso abandonar a mis primos.

Debemos seguir el protocolo.

¿Qué protocolo, qué protocolo?

Me dan igual las normas.

Tengo que saber lo que ha sucedido,

tengo que saber que están bien. Su vida está en juego.

Tengo que entrar ahí, tengo que saber lo que ha pasado.

-¡Es tu novio, a ver si me quedo de carabina!

-A ver si me tengo que reír.

-¡Menos humos, que soy tu madre! -Y yo soy su hija,

y soy viuda y entradita en años como para que me venga con remilgos.

Íñigo y yo necesitamos nuestro momento a solas

y usted nos lo va a proporcionar.

-Pobre Felipe, quiso salvar a su esposa,

aun a sabiendas del riesgo que corría, y se ha contagiado.

-Don Samuel ha ido en busca del doctor Quiles,

pero los médicos siguen "saturaos".

-Cada vez hay más casos de contagio en la ciudad.

-Ay, Ramón, Ramón, ¿y si es verdad?

¿Y si es verdad y están muertos?

-Si doña Celia fallece,

ya no serán necesarios sus esfuerzos

para que Lucía corra a sus brazos.

La muerte de su prima hará que inmediatamente

se refugie en el convento.

Debemos estar preparados

para que don Samuel Alday no se nos adelante

y haga por que Lucía se refugie en sus brazos.

Cada día estoy más cerca de Lucía

y, al final conseguiré que confíe plenamente en mí.

-No te enfades.

-Eso lo decidiré cuando me cuentes qué ha pasado.

-Pues que tenía una reunión muy importante con un proveedor

en la otra punta de la ciudad y se me hizo tarde.

-¿Me estás engañando?

No, yo no pienso esperar más, si no viene el doctor,

entraré yo. No puede hacer eso, es peligroso.

Es una auténtica locura, Lucía.

¡Es la única manera de ayudarles!

Si muere, no podrá ayudarlos, ¿cree que su prima Celia querría?

Pues probablemente no, pero ella no está aquí para impedírmelo.

Pero yo sí, Lucía, y no voy a permitir que se suicide.

-Le voy a dar a usted un consejo,

váyase a su pueblo y deje de molestar a los demás.

-Yo no molesto, solo vengo a buscar a mi "prometía".

-La prometida de otro, y da la casualidad

que yo le tengo mucho cariño a ese otro porque le he visto crecer,

así que un respetito. -El respeto que no me tienen a mí

ni a las tradiciones de mi pueblo.

-Será porque sus tradiciones son del año de Maricastaña.

-No me toque los bemoles que me arranco.

-Pues arránquese usted.

Y la señorita Alvarado es una mujer decente,

una buena cristiana, nunca vería en un cura un objeto de deseo.

Se equivoca, yo sé lo que vi.

¿Qué vio?

Cómo Lucía y Telmo se miraban tras su paseo.

Apenas recuerdo lo que es el amor,

pero creo que era algo parecido a eso.

-Y dale, que Dolores es mi novia.

-¿A qué le doy un mamporro que le estampo contra la pared?

-Vamos, aquí le espero, a brazo abierto.

Vamos, vamos. -Basta, basta, ¡basta!

¿Dónde va, padre?

A hacer algo por don Felipe y doña Celia.

Debemos saber cómo se encuentran.

¿Qué va a hacer?

Oh.

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Acacias 38 - Capítulo 904

05 dic 2018

Lucía busca refugio en Telmo, desatando la indignación de Samuel, quien marca territorio con el párroco delante de los vecinos a la salida del Rosario por la salud de Celia. La familia Palacios discute por la situación de Lolita y Ceferino y esa absurda creencia de Cabrahigo. Antoñito intenta que Ceferino entre en razón, sin ningún éxito.

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  1. Adriana Ramos

    Samuel no le llega a los tobillos ni a Cayetana ni a Ursula!!! Por otra parte, la historia de Cabrahigo...... ya es bastante ridícula!!!

    16 abr 2019
  2. Ileana Páez

    Como me hicieron de falta hoy jueves.. qué feriado, qué esto que lo otro... no sé vale. Ya mañana los veo.. espero

    07 dic 2018
  3. Ari

    El tema de Cabrahigo ya me parece esperpéntico, exagerado, ridículo y aburrido .... desmerece mucho la trama de la serie.

    06 dic 2018
  4. Marilu

    Evidentemente y diciendo esto NO INVENTE LA PÓLVORA, cada país tiene sus usos y costumbres. Por lo que percibo, en España, ademas de tener MUCHOS feriados, parece que en ellos, prácticamente se paraliza el país; tanto que muchas veces posticipan la emisión de la serie por televisión y no suben a la web el video del capitulo correspondiente al día, aún siendo que cada capítulo está grabado con anterioridad y no se emite en vivo y directo. A los acacieros del resto del mundo, les cuento, a solo título de curiosidad y refiriéndome a los usos y costumbre de mi país, Argentina, " excepcionalmente " se dejan de transmitir programas de toda índole: salen al aire programas de noticias, magazines de toda índole, deportivos, telenovelas ( por supuesto y como es lógico, ya grabadas), etc. etc., en fin, se celebra lo que hay que celebrar, se conmemora lo que hay que conmemorar, sin necesidad de parar al país.

    06 dic 2018
  5. alyss

    Cuando hay fiesta nacional,ya es sabido que no se emiten las series.

    06 dic 2018
  6. FRANCISCO RUBEN

    POR FAVOR QUE PASA CON CELIA, NO PUEDO CREER QUE HOY ES FERIADO EN ESPAÑA

    06 dic 2018
  7. Victoria

    En España, el día 6 de Diciembre, se celebra el DIA DE LA CONSTITUCION y es día festivo nacional; ése es el motivo por el qué se cambia la programación. Mañana viernes si que podremos ver el capítulo 905 al ser día laborable.

    06 dic 2018
  8. Betty

    Vaya, vaya, si es como dice Alicia y hoy es feriado en España ( ¿? ) me pregunto CUANTOS DÍAS FERIADOS HAY ANUALMENTE EN ESPAÑA ? Aparte de ello, veo que por RTVE Internacional, bastante seguido, NO respetan los días de transmisión ni los horarios, hay muchos " cambios " circunstanciales que hacen que un teleespectador que está esperando su programa favorito habitual, quede con tres cuartos de narices

    06 dic 2018
  9. Alicia

    Creo que no podremos ver el capitulo de hoy jueves, porque en España es feriado. Espero que el viernes si lo pasen, ¿o siguen con los festejos?.

    06 dic 2018
  10. alyss

    Me encanta la serie,ayer tuve que ver 3 episodios de golpe por haberlos perdido.Que desaparezca Samuel,no sabe hacer de malo como Cayetana o Ursula.

    06 dic 2018