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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 900 - ver ahora
Transcripción completa

Está claro que Rosina no es ninguna ladrona,

si ha cogido ese dinero es por necesidad.

-Por necesidad, sí, pero tiene que ser algo malo, porque si no...

-Entonces, ¿qué proponen?

-Se me ocurre una manera de averiguar qué está pasando,

pero necesito su ayuda. -"Tu padre ha fallecido, hijo".

-¿Cómo? Estaba en la cárcel.

Escapó en su traslado hace unos días.

Los guardias le encontraron y él se resistió a que lo apresaran.

¿Qué significa esto?

Es un regalo.

(SONRÍE)

Pero... Quería sorprenderla.

La señorita Lucía no llegó de su viaje con don Samuel.

-¿Estás de chanza? -Pues no.

La pifié.

Lo han oído "to". -Lo suficiente.

-"Me han hablado" de una empresa nueva en Vizcaya.

Quizá encuentre algo en administración.

-Te echaré de menos.

Estoy muy orgullosa

de que quieras labrarte un porvenir por ti mismo.

-"Está en lo cierto".

Rosina y Susana mañana acudirán a algún sitio.

-Y me temo que no irán solas.

Tengo un plan.

"Todo hombre debería respetarla"

y cuidarla, Lucía.

Es lo único que usted se merece...

y a lo quisiera dedicarme el resto de mis días,

si usted me lo permite.

"¿Está usted bien, doña Celia?".

-Que esta niña llegue de una vez, por Dios.

Debo subir a escape, mi prima debe estar preocupada.

Adelántese. Yo me encargo del cochero y del equipaje.

Ahora la alcanzo.

¿Cómo se le ocurre a Lucía hacer una cosa así?

-¿Qué cosa, doña Celia?

-Acaba de bajar del carruaje con Samuel a la vista de todo el mundo.

-No se sulfure. Lo importante es que la tenemos aquí, sana y salva.

-¿Y eso es lo que le vamos a decir a Felipe?

¿Eso le vamos a decir cuando sepa que le hemos mentido?

Cuando todos traten a Lucía como a una casquivana

por haber pasado la noche con un hombre.

-Ahora que lo dice, don Felipe me ordenó que lo avisara si no llegaba

y, no lo avisé. ¿Cree que me va a echar por eso?

-Lolita, por favor, ponme un vaso de agua.

(Se abre una puerta)

¿Se puede saber por qué lo has hecho?

Prima... Me has metido en un problemón.

Sí, pero no era mi intención. Les mandé avisar,

¿no llegó mi mensaje? Sí. Pero ¿crees que es suficiente?

Lucía, ¿no lo entiendes?, estás poniendo en juego tu honra.

Prima, le juro que no ha sucedido nada entre nosotros.

No es eso lo que va a pensar todo el mundo.

Me da igual lo que piensen.

Es que es la verdad.

Samuel se ha comportado como un caballero.

¿Solo te importa eso?

Tus actos afectan a más gente, no solo a ti.

¿A más gente?

Sí, a Lolita y a mí, por ejemplo, que hemos mentido para cubrirte.

¿Qué han mentido ustedes?

Pero ¿por qué lo han hecho?

Porque no queríamos que la gente hablara mal de ti.

Lolita ha mentido al padre Telmo y yo he mentido a Felipe.

Y tú nos lo pagas así, apareciendo... sin esconderte.

Ahora todo el mundo sabrá que somos unas mentirosas.

Lo siento, pero yo no se lo he pedido.

Le daré a su esposo las explicaciones que tenga que darle.

Espero que me crea, porque yo no he hecho nada.

Y respecto al padre Telmo, sinceramente, ese hombre

no es nadie para preguntar por mí y para meterse en mi vida.

Es un cura, tu guía espiritual y el de todos.

Sí, pero eso no le da derecho a opinar sobre mi vida.

Lucía, ¿qué te pasa?

¿A qué viene esto?

¿Ha ocurrido algo con el padre Telmo?

¿Qué ocurre?

Me lo vas a contar. Me lo vas a contar ya.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lucía, te he hecho una pregunta.

¿Qué ha pasado para que estés así con el padre Telmo?

Nada, nada en absoluto.

Simplemente, que no me gusta que se inmiscuyan en mis asuntos.

No confundas cotilleo con preocupación por ti.

Hemos estado muy preocupados.

He tenido el corazón en un puño. Bueno, prima, pues...

lamento haberle causado tales inconvenientes con su esposo.

No es la discusión que tendré con Felipe lo que más me preocupa.

Y entonces, ¿qué?

Tú, cariño.

Descuide, que por mí no hace falta que se inquiete.

Me gustaría poder hacerlo,

de verdad, pero me resulta imposible.

Lucía, sinceramente, no te entiendo.

Has pasado de no querer hacer ese viaje con Samuel,

a pasar la noche con él.

Y no me contradigas, porque eso es lo que es,

aunque hayas tenido un motivo que te haya impedido venir.

No, es que fue así.

No podíamos continuar el viaje...

Ya tendrás tiempo de darme explicaciones.

¿A qué se debe ese cambio de actitud con Samuel?

Le advierto que más se va a sorprender cuando escuche esto.

¿Qué pasa, Lucía? Dímelo ya.

Bueno, pues...

sepa que el viaje ha resultado ser precioso.

Como un sueño que no creo que pueda olvidar.

He... conocido al verdadero Samuel

y, me ha demostrado con creces que me ama y me respeta.

Me hablas de sus sentimientos, pero ¿los tuyos?

Bueno, después de estos días, creo tenerlo todo más claro.

Prima, ya sin más dudas,

Samuel podría ser mi compañero de vida.

-Disculpen,

me voy a la cocina, que todavía tengo que preparar la cena.

Prima, ahora parece ser usted la que se ha quedado sin palabras.

¿Acaso no me ha escuchado decir que creo amar a Samuel Alday?

Lucía, te he escuchado, pero no termino de creerlo.

Duda de mis sentimientos.

Claro, si no dejas de cambiar de opinión.

Se equivoca.

(Llaman)

Aunque hayamos tenido diferencias,

siempre he sentido algo muy profundo hacia Samuel.

El viaje ha servido para aclarar mis ideas.

(Pasos)

Déjalo ahí mismo.

Celia, le ruego que me disculpe por el contratiempo de ayer.

Espero que usted y su marido sean comprensivos al respecto.

Ante esto, no hay nada que se pueda hacer.

Me gustaría estar segura de eso

y no tener ninguna duda de que usted hizo

todo lo que estaba en su mano para solucionarlo,

para que no tuviera que pasar la noche fuera.

Prima, ¿cómo puede decir tal cosa?

Me ofende usted, doña Celia.

¿Acaso cree que soy un canalla sin palabra?

Eso ahora no tiene importancia.

Las explicaciones se las tiene que dar a mi marido.

Y no será el único.

Felipe no está al tanto, yo he encubierto a Lucía.

Descuide,

asumiré toda la responsabilidad, yo hablaré con su marido.

Además, preciso hacerlo con la mayor urgencia,

hay algo que deseo comunicarle.

¿El qué?

Deseo invitar a toda la familia a un ágape que organizaré mañana

para los vecinos.

¿Acaso cree que es momento de reuniones sociales?

Sin duda alguna.

No tema, ya le he dicho que yo mismo lo aclararé todo

con su esposo.

"Pues como me escucha,"

y que me caiga muerta si miento, pero la señorita Lucía

llegó con don Samuel a plena luz del día.

-Y un día más tarde de lo acordado con la familia.

-Así es, Casilda. Como si nada, tan anchos.

-Todos apreciamos a la señorita Lucia,

que es más buena que el arroz con leche,

pero eso no está nada bien.

-Don Felipe

se va a poner hecho un basilisco con Celia y Lolita por mentirle.

-Doña Celia es su esposa y terminará perdonándola,

a mí quien me preocupa es Lolita.

-"Pa" chasco que sí.

Y menos mal que se iba a casar,

que si no de esta, la ponen de patitas en la calle a la "esgraciá".

-Y mucho le iba a costar encontrar colocación como criada.

-Arrea, no se pongan tan tremendas.

Yo no creo que los Álvarez-Hermoso la vayan a echar.

Ella solo cumplió las órdenes de su señora.

Y les digo una cosa, si la echan, tendrían problemas con los Palacios.

-Ahí tienes razón, Casilda. -Hombre,

dicho así,

no creo que Lolita se lleve más de un rapapolvo.

La que lo tiene peor es la señorita Lucía,

porque está en juego su reputación.

-"Pos" tampoco, "señá" Fabiana.

Lo único que pasó es que tuvieron un accidente con el carruaje

y no pudieron llegar antes.

-¿Y crees que eso va a parar los chismorreos?

Ella durmió fuera de casa con ese hombre.

-"Señá" Fabiana, "tos" sabemos que la señorita es un ángel

caído del cielo.

-Y lo ha "demostrao" mil veces, pero el Alday es un demonio con cuernos.

El problema es que la gente no "tie" memoria ni "na" de "na",

pero a mí me sobra.

-Buenas tardes. -Uy.

Arrea, Carmen, pero ¿a usted qué le pasa?

-¿Quién le ha disgustado de tal forma?,

que rompe el corazón verla.

-Nada, mi niño... Raúl.

-¿Qué ha "pasao", qué es lo que ha hecho?

-Nada que se le pueda recriminar, pero me ha roto el corazón.

Raúl ha encontrado ocupación

en unos hornos de Vizcaya.

Se marcha de Acacias mañana.

Se vuelve a alejar de mí.

-Ya, Carmen. Ya, ya, ya.

No puedo creerlo, Celia.

Quería que te enteraras por mí y que no te llegara por otro lado.

-Supongo que no esperarás que te dé las gracias por eso.

¿Desde cuándo lo sabías?

-Recibí una nota de Samuel y Lucía disculpándose

por no poder llegar y tener que pasar la noche fuera.

-¿Y tú, ante eso, optaste por engañarme como a un tonto?

-Quería ahorrarte el disgusto. -Ya ves que no lo has conseguido.

¿Ocultas algo así a tu esposo, mientras nuestra criada

no tiene problemas en comentarlo con quien quiera escucharlo?

-Felipe, no culpes a Lolita.

Yo soy la única responsable, la obligué a mentir.

-No, Celia, no eres la única.

Tiene razón, Felipe,

es responsabilidad mía.

No eres tú en quien estaba pensando.

Tú eres una niña ingenua que ha demostrado

no estar preparada para la vida.

Yo te confíe a Samuel Alday,

él es el verdadero culpable.

Voy a pedirle cuentas ahora mismo.

Deténgase, Felipe.

Está equivocado por completo.

Yo no soy ninguna niña.

Mía fue la decisión última de no buscar otro cochero

y de enviarles una nota dándoles aviso.

¿Acaso perdiste el juicio? Bueno,

equivocada o no, fue decisión mía.

Soy perfectamente capaz de manejar mi vida.

No lo demuestras así.

Quiero que sepa que...

me siento muy dichosa por haber pasado ese tiempo junto a Samuel.

Gracias a eso, he podido comprobar que me ama de veras.

¿Y te permites decirlo así?

¿Has olvidado que estás bajo mi techo y mis normas?

No podría hacerlo,

le estaré eternamente agradecida por haberme acogido.

Le hablo desde la más alta estima.

Por eso, le ruego que no se enfrente a Samuel,

no hay ningún motivo, él me respetó en todo momento.

Pero no a mí.

Faltó a la palabra que me había dado.

-Tienes toda la razón, pero te pido que no vayas ahora a verle.

Tu justa indignación no sería una buena consejera.

Mañana te acompañaré. El mismo

quería verte.

Así podrás pedirle explicaciones, pero ya más tranquilo.

-¿Temes por él?

-No le he defendido antes, no lo haré ahora.

Temo que hagas algo de lo que luego te arrepientas.

Hazme caso, aguarda a que se te pase algo el enfado.

-Para eso habría que esperar años.

Pides un imposible.

No olvidaré lo que habéis hecho. Tú incluida.

No has probado bocado, Susana,

¿no tienes apetito? -Claro que no,

lo que me extraña es que tú lo tengas.

Qué quieres que te diga, a mí, los nervios me dan hambre.

-Hoy es el gran día, Rosina.

Hoy comprobaremos si nos han tomado por tontas.

-¿Tú crees que el joven del cartel es en realidad Alexis?

-Estoy segura. ¿Tú no lo has reconocido?

-Es que, así, vestido, no acaba de sonarme.

-Es él, estoy segura. Está vivo.

Debemos desmontar esta farsa

y dejar en evidencia a don Venancio y sus cómplices.

No veo la hora de marchar a ese tablao.

-Yo tampoco, pero en mi caso es de puro miedo, lo reconozco.

¿Qué hace ahí Íñigo

plantado como un pasmarote?

-Disculpen, tan solo venía a preguntar...

¿Quieren tomar algo más?

-Pues ya que lo dice. -No queremos nada, gracias.

Aparte de que nos deje tranquilas.

-Susana, ¿y si el joven no es Alexis

y nos encontramos allí a los Escalona?

-Descuida, ya sé qué hacer en ese caso.

-¿Salir corriendo como unas posesas?

-No.

Escúchame, Rosina.

Llevaremos con nosotras el dinero que nos piden al tablao.

-¿Crees que la entrada es tan cara?

-Si Alexis está vivo, no hay nada que hablar.

Pero en el caso improbable de que no sea ese muchacho,

les damos el dinero a los Escalona y quedamos con ellos en paz.

-Muy bien pensado, Susana.

Samuel, ha abusado de mi confianza.

Eso no es del todo cierto. Tuvimos un contratiempo.

Me dio su palabra de que Lucía no pasaría la noche fuera.

Le aseguro que no sucedió nada deshonroso.

Pasamos la noche en habitaciones separadas.

Faltaría más. Pero olvida que no solo hay que ser decente,

también hay que parecerlo.

El honor de Lucía puede quedar en entredicho.

Descuide,

no permitiré que se murmure sobre el honor

de la que espero sea mi esposa.

-¿Qué acaba de decir? ¿Acaso pretende desposarla?

Siempre que cuente con el permiso

de ustedes, claro está.

He tallado este anillo de pedida para Lucía.

Anoche no dormí terminándolo.

Es muy bello. Lucía no merece menos.

Ese es el motivo del ágape que he organizado para esta tarde.

Delante de todos, declararé mi amor hacia ella,

acallando de una vez las habladurías.

Le pediré la mano con la esperanza de convertirla en mi esposa.

¿Y por qué esa decisión tan repentina?

¿Repentina, dice?

En absoluto.

Mi admiración por su prima

ha ido creciendo gota a gota con el roce diario,

desde que ella me ayudó en mis frustradas galerías.

La amistad y la admiración

que le profesaba no han tardado en convertirse en verdadero amor.

Y creo estar seguro de que el sentimiento es mutuo.

No le vamos a engañar.

Creo que no se equivoca,

creo que mi prima también siente por usted algo más que simple estima.

Por eso, nuestra opinión no vale mucho,

no vamos a oponernos a su dicha.

Sin embargo, no sé si deberíamos advertirla

de lo que se propone. No, por favor,

quiero que sea una sorpresa para ella.

Algo que nunca olvide.

Correré el riesgo de pedir su mano delante de todos.

¿Cuento entonces con su permiso?

-Sea.

Hijo, te estaba esperando.

-Vengo de la estación.

Ya tengo el billete para Baracaldo.

-¿Finalmente sales esta misma tarde?

-Ya sabe que quedé en incorporarme con la mayor brevedad.

-Descuida, entiendo que es lo mejor para ti.

Y has tomado la decisión correcta.

Aunque me va a costar un dolor acostumbrarme a tu ausencia.

-Yo también la añoraré, madre. Con todo mi ser.

He de confesarle que me encuentro inquieto ante la aventura

que voy a emprender.

-No, hijo, no, no temas,

estoy segura de que sabrán apreciarte en tu justa medida.

Y yo estaré aquí esperándote,

para cuando desees volver.

-Madre, mejor que no les diga nada a los del altillo.

Ya sabe que les echaré de menos,

pero no me gustan las despedidas.

-Me temo que para eso ya es demasiado tarde.

-Sorpresa. -Sorpresa.

-(RÍEN)

-¿Qué significa esto? -No te amuela,

muchacho, ¿acaso pensabas que íbamos a dejarte marchar a la francesa?

-Al enterarse, todos han querido hacerte una despedida sorpresa.

-Vamos a echarte de menos, aunque solo sea por la guerra

que nos ha "dao".

-Aquí tienes a tu familia, no lo olvides.

-Bueno, déjame, déjame

que te diga unas palabras en nombre de todos.

-¿Y no puede decirlas otro? -Ay...

Raúl, desde el cariño,

y con el tiempo te has convertido en uno más de los nuestros.

Aunque al principio todos creíamos

que eras un cretino,

un lechuguino y un orgulloso... -Servando.

Menos mal que se lo iba a decir desde el cariño.

-Vamos a ver, para que nos entendamos,

lo que te quería decir

es que, antes eras un arisco, un patán

y un señorito. -Servando,

no trate de arreglarlo, que si no,

el muchacho se va a ir corriendo a Vizcaya.

-A ver, a ver, Servando.

Yo creo que lo que Servando quiere decirte es que,

aunque al principio tú no eras santo de nuestra devoción,

al final

te hemos cogido todos un profundo cariño.

-Y que te deseamos toda la suerte del mundo.

-Debes saber que, en tu ausencia,

tu madre será cuidada y querida por todos nosotros.

-Se lo agradezco de corazón.

Yo tampoco podré olvidarles nunca.

-Tienes que saber también

que aquí, aquí... siempre tendrás

catre, techo y compañía.

El altillo es también tu casa.

-Sí.

Bueno y, ahora,

ahora vamos a dar cuenta de esas viandas,

antes de que terminemos todos llorando.

Cesáreo, écheme usted una mano con este vino...

y estos embutidos.

Venga.

Ahí está. Lolita, saca la tabla.

-Menudo diablillo has sido, ¿eh?

# Porque es un muchacho excelente,

# porque es un muchacho excelente, porque es un muchacho excelente

# y, siempre lo será. #

¿Has averiguado algo? -Sí.

Cuando tu madre ha acudido a desayunar junto a Susana,

he puesto la oreja. -¿Qué ha podido escuchar?

-Poca cosa, tan solo algo de un tablao.

A Rosina no le hacía mucha gracia,

pero Susana parecía decidida a que acudieran esta misma tarde.

-¿Mi tía y mi esposa en un tablao?

No entiendo nada.

-A mí, viniendo de mi madre, cada vez me sorprenden menos cosas.

-No sé que se proponen,

pero debe tratarse de algo de suma enjundia.

Algo se cuece en ese tablao.

-¿Qué pueden pretender hacer ahí dos mujeres como ellas?

Esto ya es el acabose.

¿Acaso Rosina ha cogido dinero del yacimiento para irse de juerga?

-No puede ser, Liberto,

mi madre está loca, pero no tanto. -Tiene que haber otra explicación.

-Lo sé, lo que ya dudo es que sea algo más satisfactorio.

Está claro que aquí sucede algo turbio.

¿Está seguro que hablaban de un tablao?

-Sin la menor duda.

-En tal caso, hay que ponerse en marcha sin perder ni un segundo.

Se me ha roto el corazón al devolverle la cámara a don Eulalio.

-Y a mí, ya me había aficionado a esto de la fotografía.

-Es una desdicha que se nos haya acabado el negocio.

-Y tanto que se ha terminado.

Ni siquiera me han querido comprar el último retrato que tomé.

-Por cierto, ese no me lo enseñó.

-Eso tiene fácil remedio. Aquí mismo lo tengo.

-A ver, a ver.

Anda, si soy yo con el Cesáreo.

-Sí. Les retraté cuando ayudaron a la criada con el carrito.

-Casi me alegro de que no la hayan comprado.

-¿Acaso no le parece bonito? -La foto está fetén.

Pero me hubiera fastidiado haber salido en los papeles

con el lechuguino.

-Pensé que le gustaría al redactor,

pero me dijo que, aunque sea una imagen entrañable,

que ver a dos hombres ayudando a una criada no es noticia.

-Eso es porque está Cesáreo,

si llego a estar solo, somos primera plana.

Vamos.

-Buenas.

Un café, Flora, por favor. -Marchando.

Qué elegante va hoy, don Antoñito.

-Qué remedio,

don Samuel nos ha invitado a un ágape esta tarde en su casa.

-Algo he oído en las escalera.

-Sí, Carmen bajó a encargar unos canapés para el festejo.

-¿Y a qué se debe el convite?

Es muy extraño así tan repente.

-No me ha quedado claro, pero me viene de perlas.

Así me despejo un poco de mis cuitas con Lolita.

-¿Todavía no han decidido el lugar de la boda?

-Mi prometida es terca como una mula.

-No es por asustarle, pero espere usted a estar "casao".

-Genial.

¿Y este retrato? -Lo he hecho yo.

¿Le gusta? -Sí. ¿Cómo no me iba a gustar?

Es una fotografía estupenda.

-Y eso que está el Cesáreo, que estropea el bodegón,

verbigracia, el conjunto.

-¿Sabe? Han organizado en el Ateneo un concurso de fotografía popular.

A lo mejor está a tiempo de mandarla.

-¿Usted cree que cogerían mi fotografía?

-No me cabe ninguna duda.

-De ninguna manera voy a permitir que se me exhiba en el Ateneo

junto al Cesáreo.

Olvídelo, Flora.

Flora... Flora, Flora, olvide...

-Creo que no lo ha olvidado.

Dígame, doña Celia, ¿cómo se encuentra de sus malestares?

No la veo muy católica.

-Estoy algo mejor, pero no termina de pasárseme del todo.

-Haga caso a la Lolita y vaya al médico.

Le dará un remedio que la reconforte.

-No tengo tiempo para eso.

Además, creo que solo necesito un poco de descanso,

sin más sobresaltos. -Eso en Acacias es pedir "demasiao".

Si al menos no tuviera que ir al ágape.

No tengo ni fuerzas.

Buenos días. "El Adelantado".

Gracias.

Perdone que sea curiosa, pero...

¿quién va a ir a la fiesta del señor Alday?

-Samuel ha invitado a los más cercanos,

pero ha avisado con tan poco tiempo, que no sé si podrán acudir.

-¿Y sabe si entre los que van a ir está mi Antoñito?

-¿No deberías preguntárselo a él directamente?

-Quía.

Es mejor ni arrimarse, que últimamente

solo nos tiramos los trastos a la cabeza.

-Lolita, perdona que te diga, pero, quizá deberías ser

más tolerante con el tema de la boda.

-Si una es de lo más tolerante,

tan solo quiero que me haga caso en el dónde, cómo

y cuándo hay que casarse, y santas pascuas.

-Pero así estás disgustando a todos.

Empezando por tu novio y acabando por tu suegro.

Lo único que debería importarte es que al fin

vas a casarte con el hombre que amas.

-Si ya lo sé, doña Celia,

pero no por eso quiero renunciar a mis orígenes.

Bastante tengo encima con pasar de criada a señora,

como para renunciar a mis tradiciones.

-Lolita, te comprendo,

pero no tiene sentido comenzar esta aventura

enfrentada con tu esposo y tu suegro, ¿no crees?

-Quizás tenga razón.

Me lo pienso.

-Padre, queríamos hablar con usted.

¿Sucede algo? Tenemos que disculparnos,

porque ayer Lolita le mintió al decirle

que Lucía ya había regresado.

-Y supongo que mentir a un cura es un pecado de los gordos.

-Fui yo quien le pidió que lo hiciera.

Tan solo quería salvar la reputación de mi prima.

Se lo oculté a mi propio esposo.

-Y sin mucho "resultao", "to" sea dicho,

que al final se descubrió el pastel.

Descuiden,

como hombre, acepto sus disculpas.

-¿Y cómo sacerdote? Las espero en el confesionario.

Ahora que la veo,

permítame que le pregunte,

he oído que Samuel ha organizado una reunión esta tarde en su casa.

No le han engañado, padre, así es. ¿Y conoce usted

el motivo de una citación tan intempestiva?

Disculpe, no quería importunarla.

Tan solo era curiosidad. Lolita, déjanos a solas.

Padre, ya sabe que entre mi prima y Samuel hay algo más que amistad.

No termino de comprenderla.

No quiero adelantarme a los acontecimientos.

La propia Lucía se lo contará cuando sea oficial.

¿De qué habla?

¿Qué es lo que tiene que ocurrir?

Samuel se propone pedirle la mano a mi prima.

Por eso nos ha citado a todos.

No llore, madre.

Esto no es un adiós,

si no un hasta pronto.

-Lo sé, hijo, lo sé,

pero... por más que me lo repito,

mis lágrimas se resisten a escucharme.

-Este trabajo es una oportunidad que no podía perder.

-Yo también lo creo así.

Y estoy muy orgullosa

de ver cómo te labras un camino.

Lo que me parte el corazón es que ese camino te aleje de mí.

No quiero perderte de nuevo.

-No lo hace.

Volveremos a estar juntos, confíe en mi palabra.

-Te creo.

No hagas caso a la tonta de tu madre.

Siempre tienes que hacer lo que creas más conveniente para ti.

Vuela alto, hijo,

que nada te ata.

-Madre, yo marcho,

pero mi corazón se queda aquí,

a su lado.

En un tiempo espero ganar lo suficiente

como para que pueda marchar conmigo,...

sí es su deseo, claro.

-O quizás... puedas reunir el parné suficiente

para poder volver a Acacias y montar un pequeño negocio

del que los dos vivamos dignamente.

-Eso es un sueño aún más bello.

-Yo lo que quiero que sepas es,...

que siempre tendrás a tu madre aquí,

para lo que precises.

Te deseo la mejor de las suertes, hijo.

Bien sabe Dios que la mereces.

Ahora vete,

¿o quieres perder el tren?

-Volveremos a vernos, madre, no lo dude.

(Algarabía)

Ay, Susana, esto está oscuro como boca de lobo.

-¿Y qué esperabas?

Me temo que nadie viene aquí a leer una novela, Rosina.

¿Dónde nos sentamos?

-Pues fuera de este antro, en nuestra casa.

-Mira, ese sitio parece discreto. Vamos.

-Susana, todos nos miran.

-Ayudaría a evitarlo

que no temblaras como un flan.

Disimula un poco.

Todo el mundo va a saber que llevas algo valioso.

"Muy valioso", una fortuna.

-Será un milagro si salimos con vida.

-Quizás debería haber hablado más bajo.

-Quizás deberías haberte quedado en casa.

-Estoy a tiempo de regresar.

Por darte contento lo que sea. -Tú te quedas aquí ahora mismo.

Aunque lo que te voy a pedir es casi un milagro,

intentemos no llamar la atención.

-¿Y si pedimos una botella de fino y unas aceitunas?

Mujer, por mezclarnos mejor con el resto.

-Dios mío, por favor, que el espectáculo empiece pronto.

-Sí, ya que estamos, a mí también me apetece oír algo de flamenco.

-Yo lo digo por saber de una vez si Alexis,

el Guapito de Benajaluz,

o como se llame el interfecto, está vivo o muerto.

-Claro, por eso también.

A la buenas, encantada de conocerle.

-¿Has perdido el oremus?

¿Qué haces? -Mujer, hay que ser educada.

Servando. -¿Dónde va con tanta urgencia?

¿Ha ocurrido alguna desdicha?

-Nada de eso, Servando, traigo una noticia estupenda.

Vengo del Ateneo, de la exposición.

-Ya le dije que no llevara allí mi retrato.

-En un santiamén me dará las gracias por no hacerle caso.

Un coleccionista francés, que está de paso,

ha visto la fotografía en el Ateneo y me la ha comprado.

Le ha fascinado, sobre todo, su rostro y el de Cesáreo.

No sé lo que habrá visto en el de Cesáreo,

pero servidor siempre ha tenido el guapo subido.

-No fue exactamente lo que dijo.

Según él, sus rostros son de otros tiempos,

medievales, prehistóricos, casi primates.

-Toma ya. El gabacho ganando amigos.

-Pero dijo que a pesar de llevar la incultura

y el analfabetismo dibujado en sus facciones,

eran capaces de ayudar al prójimo,

como si fueran los más civilizados hombres.

-Mire, le salva porque no he entendido prácticamente ni jota,

pero al coleccionista ese le iba a dar otro dibujo, pero en la cara.

Y el primero iba a ser de un buen mamporrazo.

-No se pierdas en detalles,

lo importante es que me ha comprado el retrato.

-Lo que faltaba, que nos vean en Francia a Cesáreo

y a mí como si fuéramos uña y carne.

No, si... -¿Y a usted qué le importa?

-Uno tiene una reputación y amistades en todas partes.

Imagínese que de repente, don Leandro y doña Juliana

ven el retrato en París.

-Quizá esto le haga considerarlo de otra forma.

El francés me ha pagado 150 pesetas.

-Pero bueno, ¿acaso ha perdido el juicio?

-Pues ojalá encontremos más locos.

Escúcheme bien, aunque el retrato le haya hecho yo,

lo considero como el último de nuestra asociación.

Así que, quería compartir las ganancias.

Bueno, es que... me deja usted de piedra.

Y que Dios la bendiga, de verdad.

Vamos, vamos... Ochenta pesetas para mí solo.

-Servando, la mitad son 75.

-Bueno, sí, yo lo decía por redondear.

Es un dineral.

Llevo tiempo ahorrando para un billete a Cuba

para ver a mi Paciencia, y,

ahora lo he completado y podré ir a comprarlo.

Esto es maravilloso.

-¿Ocurre algo?

Miedo me da ver tan contento al portero.

-Cesáreo, sepa que sus caras se van a hacer famosas en Francia

por ser tan buenas personas. -Sobre todo la mía.

-Les hice un retrato ayudando a la mujer con el carrito

y un coleccionista me lo ha comprado.

-Mi enhorabuena.

-Tome esto, Cesáreo.

Sujételo un momentito, porque ahora mismo me voy a poner un telegrama

a mi Paciencia.

Y en cuanto los señores me den permiso, me voy a ir a verla.

Sabía que me estaba echando de menos con el pensamiento.

¡Que me echa de menos mi Paciencia y me voy a reunir con ella!

¡Paciencia, Paciencia!

¡Ten paciencia, Paciencia!

Esto es un desastre. -Y qué lo digas,

no hay manera de que nos traigan unas olivitas.

-No sé si ha sido buen idea venir aquí solas.

Deberíamos marcharnos antes de que sea tarde.

-Ahora es muy razonable, va.

Ah...

Susana, Susana, Escalona al completo.

Al completo no, Rosina,

falta Alexis.

-Ay, por favor, que nos hemos lucido.

Va a ser verdad que está muerto.

-Nos hemos metido en la boca del lobo las dos solas.

Ese Escalona no te quita ojo.

-¿Tú crees?

-Calla, insensata, quizás te ha reconocido.

-Templa, no creo que ese hombre vea algo desde el escenario,

y tan oscuro. -En eso tienes razón.

-¿Qué hacemos ahora, Susana?

-Tratar de disimular y salir pitando en cuanto tengamos ocasión.

-Ahora es muy razonable.

(Suena una guitarra española)

# Lere, lere...

# Lere, lere...

# Lere, lere... #

-¡Ole! -¿Y ahora qué haces?

Mujer, haya dónde fueres haz lo que vieres.

# Con mi voz cerrada.

# Con lo que yo te quiero.

# Que yo te quiero.

# Unos zapatitos nuevos...

# que te acabo de comprar

# para que me bailes, gitana... #

Ramón, explícamelo otra vez.

¿En un tablao flamenco? Imposible.

Íñigo ha tenido que escucharlas mal.

-Yo también lo creo así.

Si hubiese ido Rosina sola, tendría sentido,

porque de ella puedo esperarme cualquier locura,

pero estando Susana con ella, no doy crédito.

-De haber sido así, hubiese dado un brazo por poder verlas.

Susana de bulerías, con lo pacata que es.

Su ausencia va a resultar de lo más llamativa en el ágape.

-No lo creo, querida.

Con el poco tiempo que Samuel ha convocado la reunión,

se produzcan ausencias.

Estoy convencido que Liberto mandará una nota excusándose.

-¿Han terminado de arreglarse?

Vamos, que no quiero llegar tarde. -Vamos.

-Antoñito...

¿Ya te vas?

-Olvídate de ser puntuales. -Sí, sí,

nos están esperando en casa de Samuel.

-No me has "pedío" que te acompañara.

-No, por una sencilla razón, porque no quiero que sigamos discutiendo.

-Ya. Por eso estoy aquí.

Le he "estao" dando a la mollera, y esto no puede seguir así.

-Vaya, me alegra oírlo. -Calla.

-Antoñito,...

estoy dispuesta a dar mi brazo a torcer,

"pa" que todo esto se apañe.

-Es que no se puede apañar.

Al final, ninguno va a quedar satisfecho.

O nos casamos aquí o allí.

-Yo creo que esto sí tiene solución.

-Algo me dice que no me va a gustar el remedio.

-Lolita, me refiero al tío Genaro,

él es el más anciano del pueblo,

seguro que conoce todas las tradiciones.

-Claro, él sabrá que hacer.

-Lo mejor que podemos hacer es enviarle una carta

explicándole el problema.

-¿Estás sugiriendo que pongamos el asunto en manos de un anciano

al que no conozco?

-¿Tienes algo que decir?

-¿Si me opusiera valdría de algo?

-Lo lamento, querido, pero no.

Asunto resuelto, Lolita.

Esta noche le escribo una carta y esperamos su respuesta.

Él tiene la solución.

-Anda, corre, vete a cambiar.

Quiero entrar en el ágape del brazo de mi prometida.

-Me voy a sentar.

Ramón, querido, tráeme unas pipas para ir abriendo boca,

haz el favor.

(Música flamenca)

# Te quiero yo. # Te quiero yo.

# Viva la madre que te parió.

# Te quiero yo. # Te quiero yo.

# Viva la madre que te parió.

# Viva la madre que te parió.

# Que te voy a querer. # Que te voy a querer. #

(ININTELIGIBLE)

-¡Guapa! ¡Eh!

¡Bravo!

¡Bravo! -¿Quieres estarte quieta?

Mujer, lo cortés no quita lo valiente. Han estado estupendos.

Qué arte.

-Estimado y distinguido público, atención.

-Ahí está don Venancio.

-Cómo está el mundo del arte, que además de dar clases,

tiene que trabajar en un tablao.

-Ese de artista no tiene nada, es un pintamonas.

-Ahora, para todos ustedes, el número que estaban esperando,

el gran bailaor, José Escalona, El Guapito de Benajaluz.

-# Tenía una penita muy grande... #

-Lo sabía, está vivito.

-Y zapateando.

# Te pensaste que de mí marchabas,

# de la verita mía. #

-Será descarado. -Detente, Susana.

-¡Desgraciado!

¡La que nos has hecho pasar creyendo que estabas muerto!

¡Muerto vas a estar como te pille!

-Tiene razón. Eres un golfo. ¡Nosferatu! ¡Eso no se hace!

-Esta gentuza es una panda de timadores.

Llamen a la policía.

-¡Todos quietos, que no se mueva nadie!

-Qué rápido han llegado, ni siquiera ha hecho falta llamarles.

¡Oh! Hija, Íñigo, ¿qué hacéis aquí?

¿Acaso ahora os gusta el flamenco?

No, madre, hemos venido a salvarla.

-Las hemos seguido.

Por suerte las escuché hablar del tablao.

-Qué suerte que tenga usted un oído de tísico, hijo.

Hija. -Ay, madre,

por el amor de Dios.

¿Dónde cree que va, canalla?

Padre, ¿se encuentra usted bien?

Úrsula,

preciso hablar con la mayor urgencia con uno de mis feligreses.

Su nombre es Jimeno Batán.

Le recuerdo.

Ese hombre hizo un importante donativo, hace poco,

cuando lo del Hoyo.

Busque su dirección en la ficha de los donantes de la parroquia.

Es vital que lo encuentre.

Claro, enseguida te ayudo con los "canapieses".

-No, Lolita, Carmen te está ofreciendo para que cojas.

Cagüen... Estoy muy nerviosa. No doy pie con bola.

Gracias, Carmen.

-No tienes que estar nerviosa, eres la más guapa de toda la casa.

-Que pico de oro que tienes.

-(CARRASPEA)

-Uy.

Gracias.

Va a sobrar mucha comida.

Al final, y como nos temíamos,

somos cuatro gatos. -Y falta el más hambrón de todos,

Rosina.

-¿Un canapé? -Gracias, no tengo apetito.

-Cariño, no tienes buen color.

¿Estás nerviosa por lo que va a pasar?

Discúlpenme.

Antes de todo, quería agradecerles su presencia.

Sobre todo, habiéndoles avisado con tan poco tiempo.

Aunque me habría gustado contar con más amigos,

me siento más que dichoso pudiendo contar con ustedes.

Además, permitidme que les diga,

que la invitada más importante,

la única cuya presencia hoy era imprescindible,

sí se encuentra entre nosotros.

Ya no hay marcha atrás, la suerte está echada.

Lucía,

esta reunión no podría haberse celebrado sin usted.

Su sola presencia le da sentido.

Le agradezco sus palabras, pero no merezco este trato.

No puedo estar más en desacuerdo.

Y espero que se vaya acostumbrando a ser tratada por mí de tal forma,

como la mujer más importante.

Lo único que le da sentido a mi existencia.

La "campaná", que el pollo le va a pedir matrimonio.

¿Qué hace, Samuel?

¿Acaso no lo sospecha todavía?

Lucía, me haría el hombre más feliz del mundo

si aceptara casarse conmigo.

-Mírala, se ha quedado pasmada.

-Señorita, diga algo, que nos tiene con el corazón en un puño.

Ya ha escuchado a Lolita, todos esperamos su respuesta.

¡Celia! -¡Felipe!

Cógela, por favor.

-Llamad a un médico. -Mírame.

Cariño, mírame.

Uy, uy, uy. -¿A qué las risas?

-Venancio,

Alexis,...

seres repugnantes y malditos, eso es lo que son.

-Alexis, repugnante no era,

acuérdate qué pechos, qué brazos, qué trasero turgente.

-Yo no le recuerdo. Y tú deberías hacer lo mismo.

-De eso nada, para algo bueno que me llevo de esto.

-Yo me llevo algo mejor que la imagen de desnudez de ese muchacho.

-¿Qué hay mejor que eso? -"Creo que reúno el dinero"

suficiente como para sacarme un pasaje para Cuba.

-Arrea, cruzar el charco "na" menos.

-Eso sí que es un viaje, señor Servando.

Ha de tener usted valor, que el océano es mucho océano.

-Y hay mucha agua, ¿eh?

Pero uno es un macho español que se viste por los pies.

Que me llama mi Paciencia, zas,

pues ahí estoy. -¿Te ha "llamao" Paciencia?

-Mentalmente.

Sí. -"Esto es inconcebible".

Vivimos peor que en el África negra.

Peor que en las Filipinas. ¿Qué sucede, Felipe?

No hay ni un solo médico que pueda atender a mi esposa.

¿Qué les parece?

¿Ha acudido usted al hospital?

De allí vengo.

Están desbordados con los refugiados del Hoyo.

Había enfermos por todas partes.

No puede ser. ¿Y quién atenderá a mi prima?

No lo sé, Lucía. No sé qué hacer.

-"Un favor quiero pedirle, padre".

Que me deje pasar al jardín trasero que hay en la iglesia.

Allí tiene usted "plantaos" unos buenos matojos

de hierbas de lo más sanadoras.

Y yo quisiera preparar un bebedizo que reviva a un muerto.

Por descontado puede coger lo que precise.

¿Se puede saber quién es ese muerto al que hay que revivir?

Doña Celia, la pobre.

¿Celia enferma?

Buenas tardes.

Lucía.

Doña Celia, ya me han contado que está usted indispuesta.

Aquí...

hecha una debilucha.

Ojo con hablar así de mi querida Celia.

(RÍE)

Lucía, ¿qué síntomas aquejan a su prima?

Fiebre alta, algo de tos y mareos.

¿No ha venido el médico? No.

Le conozco, pero no se regocije en demasía.

Cuando Celia se recupere, Lucía me dará el sí.

Iba a hacerlo antes de que su prima se mareara.

Está usted muy seguro. Lo estoy.

Será mi prometida y, en breve mi esposa.

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  • Capítulo 900

Acacias 38 - Capítulo 900

29 nov 2018

El viaje a Toledo parece haber consolidado el amor entre Lucía y Samuel. De hecho el Alday convoca a los vecinos a un ágape para pedir la mano de la muchacha. Rosina y Susana acuden al tablao flamenco donde baila Alexis. Temen que su plan sea un fracaso porque están todos los Escalona excepto el muerto. Pero finalmente sale Alexis y la policía le detiene, advertidos por Liberto, que siguió a su mujer y a su tía hasta el local.

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Añadir comentario ↓

  1. Clara Martinez

    Excelente capítulo, en casa hubo gritos y aplausos

    30 nov 2018
  2. Betty

    Muy buenas, a mi parecer, las escenas de hoy en el tablao con las que por fin se dió por terminada esa historieta y como neófita en ese tema, pregunto, sin ánimo de ofender, si los bailaores y cantaores tienen problemas de constipación; lo digo por sus caras serias y desapacibles, que no coinciden con el ritmo de su música

    30 nov 2018
  3. Victoria

    ¡Cuánta razón tiene Servando! le dice a Antoñito: ... "no es por asustarle pero, espérese usted a estar casado". Pobre Celia, que mal se lo están haciendo pasar tanto Felipe como Lucía, ella no se lo merece y encima, ahora enferma; siempre ha sido una mujer muy sensata y que buenos consejos le da a Lolita. Rosina no pierde el apetito con nada y qué bien se lo pasa en el tablao. Se nos va Raúl, que llegó hecho un "lechuguino" (Servando dixit) y se nos va hecho un hombre de bien. Muy guapo Liberto... qué ganas tengo de verle SOLO CON ROSINA en alguna escena romántica, amorosa y bonita porque, últimamente, las mentiras y actitudes de Rosina dejan mucho que desear y a la pareja se le ve bastante "alejada" el uno del otro y cuando no es Casilda es Leonor siempre en medio.

    29 nov 2018
  4. Saro

    Hoy el capítulo 900, todos los Acacieros debemos felicitarnos, tanto los que la hacen posible desde dentro, como los que la disfrutamos desde fuera ... ¡Enhorabuena!!! y, ahora por el 1000.

    29 nov 2018