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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 899 - ver ahora
Transcripción completa

No hay nada que me haga más feliz en este mundo,

que compartir tiempo con usted.

Yo también disfruto mucho de su compañía.

¡Por Dios! ¡Tenga cuidado, agárrese fuerte!

Samuel, ¿qué ha ocurrido? "Espero que hayas pensado en algo",

que no es fácil disimular la desaparición de 10 000 pesetas.

Mi sobrino no es ningún lila.

-Ya te dije que no sacaría el dinero de mi cuenta.

-Entonces, ¿de dónde?

¿Se ha roto el engranaje? No, solamente se salió la rueda.

¿Qué ocurre?

Se ha salido la rueda. Pero así no podremos continuar

y pronto caerá la noche.

He estado en el banco y, me he percatado que Rosina

ha retirado 5000 pesetas del fondo que tenemos en común.

-No puedo creerme que Rosina haya cogido el dinero sin más.

-Averigüe dónde va el muchacho.

-Pero ¿cómo hago yo eso, Fabiana? ¿Qué soy, una detective?

-Pídale el favor al sereno.

No va a encontrar usted a nadie que esté más tiempo que él en la calle.

-"Me ocurre"

es que quiero saber por qué ha sacado usted 5000 pesetas

del fondo que tenemos en común.

Es usted muy amable ofreciéndonos de nuevo su hospitalidad.

Es lo mínimo que podía hacer después del percance que han tenido.

Al menos Lucía podrá descansar hasta que resolvamos la situación.

¿Qué te parece, Trini?

-Pues que no se gastaría 5000 pesetas en libros,

ni aunque su hija escribiese el tercer tomo de "El Quijote".

De verdad, ¿no hay un solo coche disponible en el pueblo?

Solo he podido conseguir un carro de bueyes,

y con él tardaríamos mucho más tiempo que si fuéramos andando.

-Aquí van 5000 pesetas.

Sí, sí, ya sé que es más,

pero dentro de dos días le daremos el resto.

-Ya hablaré con ellos, no creo que pongan muchas pegas en esperar.

¿No es un poco tarde para seguir de viaje?

Sí, así es.

Me dijo que estaría aquí por la tarde.

Me siento muy afortunado.

Le aseguro que conmigo no tiene nada que temer, nada.

Creo que este vino es de la zona.

Don Nicasio ha sido muy amable dándonos algo de comer

y ofreciéndonos su casa para pasar la noche.

Sin duda, su hospitalidad es admirable.

(Pasos)

Mi criada les ha preparado las habitaciones.

Espero que sean de su agrado.

Si necesitan algo más, háganmelo saber.

Trataré de complacerles.

Gracias por su hospitalidad, don Nicasio.

Les veré mañana. Buenas noches.

Buenas noches.

Hay pocos hombres que muestren tanto amor y pasión por el arte

como don Nicasio.

Creo que entre él y su hijo llevan el negocio.

Sin duda, parecen el equipo perfecto.

Como nosotros.

Sí, como nosotros.

Y todo gracias a usted.

Si no fuera por usted, yo no estaría aquí.

Fruslerías.

Usted hizo posible el taller de restauración

y encuentra obras de arte increíbles.

Es usted quién está consiguiendo que el taller funcione

gracias a su talento y esfuerzo.

Usted lo ha dicho, somos el equipo perfecto.

Me alegro de contribuir en hacer realidad su sueño.

Es para mí un lujo que me deje formar parte.

Soy yo quién tiene que darle las gracias.

No, no sabe lo mucho que significa para mí.

Fracasé como empresario cuando intenté levantar solo las Galerías.

Por ambición.

Por mala suerte.

Fracasé como esposo al tratar de hacer que mi matrimonio funcionara.

Pero gracias a usted, tengo la oportunidad

de reconstruirme como empresario y como hombre.

Y no tengo la más mínima duda de que lo conseguirá.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Sabe tocar?

Solía tocar de niño con mi madre.

¿Cree que estará en venta?

¿Fue ella quién le enseñó?

Ella era una gran intérprete. Y una buena profesora.

¿Qué le sucedió?

Falleció cuando yo era niño.

Los dos hemos crecido sin madre.

¿Cómo lleva el enfrentarse a su pasado?

¿Le cuesta asumir que es hija de los marqueses de Válmez?

No termino de encajar que mis verdaderos padres fueran nobles.

Quizá por eso me gasté cada céntimo de mi herencia.

No me siento una Válmez.

Ellos me rechazaron y, de alguna manera,

donando su herencia... Es como si ahora

usted les rechazara a ellos.

Usted está empleando su herencia

en ayudar a los más desfavorecidos y para sacar adelante su proyecto

y, eso tiene mucho valor.

Lo que está haciendo usted es algo maravilloso.

Gracias por sus palabras.

Solo digo la verdad.

¿Por qué no toca un poco el piano?

Está bien. Pero tocaré solo porque usted me lo pide.

(TOCA EL PIANO)

Ay.

Ay... Cuando yo era señora.

(Se abre la puerta)

-Ay.

Ya era hora, ¿no? ¿Dónde se habían metido?

Ya no sabía si servir la cena o guardarla para mañana el desayuno.

¿Dónde estaban? -No te importa.

¿No está Liberto?

-Nones.

-¿Mi hija tampoco? -Tampoco, señora.

¿Les sirvo la cena? -No.

¿Te parece que tenemos hambre? Fuera, largo, vete.

-Que me vaya, ¿y adónde?

-A hacer lo que tengas que hacer.

-Si yo lo que tenía que hacer ya lo he hecho.

A mí lo único que me queda es que cenen, recoja la mesa

y me vaya "pa" la piltra.

-Pues haz lo que quieras, pero déjanos a solas.

-Saca el cartel, a escape.

Es clavadito a Alexis, lo mires por donde lo mires.

Aquí pone que es el "Guapito de Benajaluz".

Pues el "Guapito de Benajaluz" es clavadito a Alexis.

-A lo mejor es su primo. ¿Tan parecido?

O un hermano gemelo quizás.

-O es Alexis.

-Eso no puede ser, Susana, Alexis está muerto, Susana.

-O no.

-¿Y qué pretendes que hagamos, Susana? ¿Vamos a la policía?

-¿Para contar qué?

¿Que creíamos que habíamos matado a un hombre y, nos callamos, y ahora,

que creemos que está vivo nos da por hablar?

-¿Y si se lo contáramos a don Venancio?

-Voy a decirte algo, Rosina.

Cada vez estoy más convencida de que ese hombre no es trigo limpio.

-(RESOPLA)

Ha sido precioso.

Es usted una caja de sorpresas.

Y aún puedo sorprenderla más.

¿Qué significa esto?

Es un regalo.

Pero... Quería sorprenderla.

Pues lo ha conseguido.

Cada vez que lo mire, verá en él reflejado el rostro más bello.

El suyo.

Todo hombre debería respetarla y cuidarla, Lucía.

Es lo único que usted se merece

y a lo quisiera dedicarme el resto de mis días,

si usted me lo permite.

Dulces sueños.

Es muy tarde y aún no están aquí.

No sé si enfadarme o empezar a preocuparme.

-Deben estar a punto de llegar. -Esto no está bien.

Lucía es una chica soltera y vive en nuestra casa.

-Seguro que les ha pasado algo

y, cuando lleguen, nos darán la explicaciones.

-Tendrá que aceptar nuestras normas o tendré que hablar con ella.

-Con ella y con Samuel, querrás decir, ¿no?

-No vayas por ahí, Celia.

-¿Por qué no?

Fuiste tú quien le dio permiso para viajar.

-¿Qué quieres decir?

-Que no sé si tu enfado es con Lucía o contigo mismo.

Querías quedar bien con Samuel Alday

y ahora te arrepientes. Te conozco.

-Será mejor que dejemos esta conversación aquí,

antes de que digamos cosas de las que nos podamos arrepentir.

Lolita.

Me voy a descansar.

Avísame cuando lleguen. Y si no llegan,

avísame también.

-Doña Celia, ¿está bien?

-Sí, ha sido solo un mareo, tengo dolor de cabeza.

-¿Le preparo una infusión?

-No es nada, es tensión y el cansancio, solo eso.

Se me pasará en cuanto vea a Lucía entrar por esa puerta.

Si no viene hoy a dormir,

Felipe no se lo perdonará.

(Llaman a la puerta)

Ahí están.

-No son ellos, doña Celia.

Es un mozo que trae una nota para usted.

-¿Qué dice?

-"Pa" chasco que se va a quedar de piedra.

Que...

han sufrido una avería con el carruaje

y no llegan hasta mañana.

¿Qué hago, aviso a don Felipe?

-No, no, no, ni se te ocurra.

El mal ya está hecho, de nada va a servir darle el disgusto ahora.

-Peor será que se entere por ahí.

-No se va a enterar. Se lo diré a su debido tiempo.

Tienes que guardar el secreto, Lolita.

A nadie, ¿me oyes?

Nadie debe enterarse.

Si esto llega a oídos de los vecinos,

empezarán las habladurías y será el fin de Lucía.

-Lo que usted diga, doña Celia. Soy una tumba.

¿Crees que Alexis sigue vivo

y que don Venancio estaba al tanto? Eso no tiene sentido, Susana.

Nosotras vimos morir al muchacho.

-O creímos verle morir.

No, no, me niego, no puede estar vivo.

Después de lo que hemos pasado.

-Vivito, coleando y zapateando en dos días dentro de un tablao.

-Ya está, ya está. ¿Y si ese cartel fuera antiguo?

Lo imprimieron antes de que él muriera.

Podría ser. Tendría sentido.

-Hay algo que tiene más sentido que todo eso.

-¿Qué?

-Que los Escalona y don Venancio hayan decidido estafarnos.

-(RESOPLA)

-Analicemos lo que ha pasado hasta ahora.

Don Venancio se interesó por nosotras desde el principio.

Nos siguió a Acacias.

-Sí, sí. Descubrió que teníamos una buena posición económica.

Y atacó. Nos convenció para ir a esas clases avanzadas.

¿No se curó demasiado rápido de su lesión en el brazo?

Hasta Casilda lo dijo.

Propongo ir a ese tablao

y comprobar de una vez por todas

si Alexis está vivo o muerto.

-Pero ¿qué hacemos si todo ha sido un engaño,

si nos han intentado estafar?

-Les denunciaremos a la policía.

Esos indecentes no van a salirse con la suya.

-¿Y si nos equivocamos?

-Pues no tendremos más remedio que pagar la extorsión.

Mañana regresaré a la sastrería,

debemos aparentar normalidad, tú la primera, ¿de acuerdo?

-Lo intentaré, lo intentaré.

-Madre,... no permita que a mi hijo le pase nada malo.

ni permita que su padre le estropee embaucándole con sus fechorías.

No es más que un niño que quiere que su padre esté orgulloso de él.

Pero si él no confía en mí, no voy a poder ayudarle.

Madre, se lo ruego,

haga que confíe en mí,

haga porque me cuente qué está pasando.

-Carmen.

Carmen.

-¿Qué hace usted aquí?

-He venido a darle una noticia.

No sé cómo se la va a tomar.

Se trata de su esposo.

Se encontró con unos guardias que le dieron el alto.

-¿Sí?

-No obedeció, le dispararon

en la pierna.

Al final, cayó por un precipicio a un río.

Ha fallecido.

-¿Qué ocurre?

-Verás, hijo,

tu padre...

-Hable, madre. Me está asustando.

-Tu padre ha fallecido, hijo.

Lo lamento.

Lo lamento de veras.

-¿Cómo? Estaba en la cárcel.

¿Una reyerta?

-No, hijo.

Escapó en su traslado hace unos días.

Los guardias le encontraron y él se resistió a que lo apresaran.

-¿Usted lo sabía?

¿Sabía que se había escapado? ¿Por qué no me lo dijo?

-No sé, hijo, porque... -Yo se lo prohibí.

Le pedí expresamente que no le dijera nada a nadie,

ni siquiera a ti.

Siento tu pérdida, muchacho.

Ahora toca cuidar de tu madre, es lo único que tienes en el mundo.

Valor, hijo.

Con su permiso.

-Madre...

-Lo sé, hijo, lo sé.

Padre, disculpe,

¿tiene un miaja "pa" hablar? Quería aclararle lo de mi boda.

No hay nada que aclarar, Lolita. No se apure.

Sí me apuro. No quiero que piense que tengo algo contra usted.

Cómo voy a pensar eso.

Porque mi Antoñito le pidió que oficiara la boda y, luego que no.

Y no es que yo no quiera, que sí quiero,

pero quiero casarme en Cabrahígo como manda la tradición,

¿lo comprende? Más o menos.

Lo grande sería que nos casara, pero en mi pueblo

y con las costumbres de allí, que es lo que manda la tradición.

Estoy seguro de que el párroco de su pueblo

tiene mucho más salero que yo.

No crea usted.

Y conoce mejor las tradiciones. Eso sí, no se lo niego,

pero no es ni la mitad de bondadoso de lo que usted es.

Y le huelen los pies, que lo sabe "tol" pueblo.

(RÍE) Que yo quería que lo supiera.

Que supiera que "pa" mí, usted es agua bendita.

Va a tener usted una boda preciosa.

Me consta que su prometido la quiere a usted más que a sí mismo.

Lo sé. Gracias, padre. Marcho, que tengo "recaos" que atender.

Aguarde un segundo, Lolita. Quería preguntarle algo.

¿Cómo le fue a Lucía el viaje?

¿El viaje?

La verdad es que no lo sé.

¿Cómo que no lo sabe?

Es que no me ha dado tiempo a preguntarle.

Anoche ella llegó tarde.

Esta mañana me he ido al mercado y ella aún estaba en la cama.

Supongo que ella me lo contará con todo lujo de detalles.

Bueno, marcho a oficiar misa.

Vaya usted con Dios, Lolita.

Siéntate, Leonor, hija. Siéntese.

-Y bien, don Ramón,

¿por qué nos han citado a Leonor y a mí, sin Rosina?

-No quisiéramos preocuparles,

pero queríamos hablar con ustedes en privado

porque tenemos que hablarles de un asunto algo delicado.

-¿Delicado?

-Sí. Y...

por el cariño que le tenemos a Rosina, no queremos incomodarla.

-¿Sucede algo con mi madre?

-Hablen, se lo ruego. Nos están preocupando.

-Rosina ha cogido 5000 pesetas de la caja del yacimiento.

¿Cinco mil pesetas?

-¿Y eso para qué? ¿Se lo han preguntado?

-Según ella, para publicar la nueva novela de Leonor.

Me pidió que no les contara nada porque se trataba una sorpresa.

-Yo no he escrito ninguna novela.

-Nos lo imaginábamos. Sabíamos que estaba mintiendo.

-Sí. A mí también me pareció una actitud rocambolesca,

además, de que la cantidad que ha cogido prestada de la caja

me pareció excesiva.

-Supongo que todos aquí sabemos que ese dinero no es para eso.

-Sí, pero ¿para qué otra cosa podría ser?

-Ojalá lo supiéramos, doña Trini.

-¿Y no imagina para qué puede ser?

-No. Pero sí hay algo que sé.

Que sea lo que sea, mi tía está implicada en el asunto.

-Susana lleva una semana rarísima.

-Seguramente tenga que ver el hecho de que no haya abierto

la sastrería últimamente.

Les pido disculpas en nombre de mi esposa.

-Llevamos unos días tratando de averiguar qué les pasa a ellas dos.

-Pero ¿para qué podrían necesitar Rosina y Susana tanto dinero?

Solo digo que podrías ceder un poco con lo de celebrarlo allí, nada más.

-Haré como que no he oído eso.

-Mi padre ha cedido en lo de la fecha,

pues cede tú en esto, ¿no?

-Y tú te puedes casar con tu prima la del pueblo.

-Él tiene que invitar a gente importante, tiene compromisos.

-No hay nadie más importante que la gente de mi pueblo

que me han visto crecer.

-Muy bien, muy bien, escucha.

Podemos casarnos en Acacias,

pero luego nos vamos de luna de miel a Cabrahígo.

-¿A Cabrahígo de luna de miel? ¿A qué?

A pasear por el campo y a ordeñar a las cabras,

¿así quieres pasar la luna de miel?

-Pero no entiendo nada. ¿No has dicho que quieres ver a tu gente?

-"Pos" no. Bueno, sí, quiero verles,

pero lo que quiero es celebrar la boda en Cabrahígo,

que es lo que manda la tradición.

-Sí. Lo que manda la tradición de Cabrahígo,

que parece que es la única que importa.

-¿He oído eso con retranca?

-Es que se tiene que hacer todo a tu gusto,

parece que mi opinión no cuenta.

-Pues sí que cuenta, Antoñito, pero en esto, pues menos.

(RESOPLA)

Está claro que Rosina no es ninguna ladrona,

si ha cogido ese dinero es por necesidad.

-Por necesidad, sí, pero tiene que ser algo malo,

porque si no, ¿por qué no pedirlo?

-¿O por qué no sacarlo de nuestras cuentas personales?

Si lo ha cogido de esa cuenta es porque no quería que yo me enterara.

-Y porque pensaba que yo no me iba a dar cuenta

de que faltaban 5000 pesetas.

-A lo mejor tenemos que sentarlas

y obligarlas a que nos cuenten la verdad.

-Sí, estoy de acuerdo usted, con doña Trini,

hemos de hacerles una encerrona y obligarlas a hablar.

-No creo que sea la mejor manera de sacarles información,

al menos no a ellas dos.

Las conozco, se van a cerrar en banda. Van a estar a la defensiva.

-Entonces, ¿qué proponen?

-Se me ocurre una manera de averiguar qué está pasando,

pero necesito su ayuda.

-¿Nuestra ayuda?

-Y la de Íñigo.

-Lo que sea menester.

-Discúlpenme.

-Antoñito, aguarda.

Antoñito, hijo, ¿qué te ocurre? -No se lo tengan en cuenta,

anda en litigios con su novia por la organización de la boda.

-Espero que no sea grave. -No, claro que no.

Terquedades de Lolita.

-¿Terquedades de Lolita? -Ahora no, Trini.

-Luego hablaremos de eso. Los problemas, de uno

en uno.

Entonces, ¿qué sugieren hacer y en qué podemos ayudarle?

¿Por qué has tardado tanto?

-Había mucha gente en el mercado,

y me he encontrado al padre Telmo y a Antoñito.

¿Sabe que hemos vuelto a reñir por el asunto de la boda?

-Ahora no, Lolita, que no tengo la cabeza para tus asuntos de amor.

-Disculpe, doña Celia.

¿Sigue con ese dolor tan fuerte?

-No he pegado ojo en toda la noche.

De amanecida he oído como Felipe se levantaba y se encerraba a trabajar.

-¿Le ha contado ya lo de la señorita?

-No he sido capaz.

-El cura me ha "preguntao" por ella, en la calle.

-¿Y qué le has dicho?

-¿Qué le voy a contar? Un embuste como mi cabeza que le he "soltao".

-No es justo que Lucía nos obligue a mentir por ella. Ni a ti, ni a mí.

-¿Y qué le va a decir a su esposo?

-No sé.

Me da miedo que ponga el grito en el cielo cuando sepa

que Lucía no ha dormido aquí.

-No lo puede demorar más.

Lo que sea ha de hacerlo ya, que ha "llegao" la hora de su café.

-Odio mentir a Felipe.

-Piense que él la ha mintió mucha veces,

y eso quizá le haga coger bravura.

Mejor que guarde la húmeda.

-Voy a preparar el café para mi marido.

Yo ya veré cómo puedo embaucarle.

Que Dios nos pille confesadas.

-Al toro.

Hola. Buenos días.

Hemos hecho millones de fotografías y ninguna tiene interés alguno.

-Y hemos malgastado todo el material que habíamos comprado.

Al final, este negocio nos cuesta dinero.

Desde luego. Ya no nos queda casi dinero

del que ganamos con la publicación de mi retrato.

¿Cómo puede ser que no suceda nada interesante ni digno de fotografiar?

-¿Y si generamos nosotros la noticia?

-¿Otra vez?

¿Piensa convencer otra vez a las criadas para que riñan?

-Estaba pensando ahora mismo en hacer un socavón

en medio de la calle o en romper una farola.

-¿Ha perdido el oremus? ¿Quiere acabar en la cárcel?

-¿Puedo hablar un momento con usted?

Quería darle las gracias. -¿A mí? ¿Por qué?

-Porque fue usted a hablar con don Antoñito a mis superiores

para convencerles de que no me pusieran de patitas en la calle.

-¿Yo? Ni hablar. ¿Me ha visto a mí con cara de quererle ayudar?

A mí me da igual si pierde usted su empleo o no. Me da igual

Qué raro, me habían dicho que el portero que se dejó ver

por la administración era un hombre educado, elegante, apuesto

y respetado en el barrio.

Y que trabajaba en la finca con más clase de toda la ciudad.

¿Y sabe qué más dijeron? -Pues no.

Que tenía tal capacidad de oratoria,

que por momentos dudaron si se trataba de un señor o de un criado.

-Sí, es cierto que estuve yo en la administración.

Seguramente estén hablando de mí.

Pero fui a tratar un asunto sobre la recogida de basuras.

Nada sobre su despido.

Con Dios. -Entiendo.

No me lo puedo creer. ¿Muerto, muerto?

-Parece ser que por ahogamiento.

Y les voy a decir una cosa

que espero que no llegue a oídos de mi hijo.

Ni un padrenuestro he rezado por su alma.

No sé si es un pensamiento muy cristiano, pero...

Ahí se pudra en el infierno.

-Cristiano no lo sé, pero humano sí es,

que ese endriago la hizo pasar a usted un calvario.

-Voy a ver cómo anda Raúl,

que no ha salido de la habitación desde que se enteró de la noticia.

-A fin de cuentas, un padre es un padre.

-Sí.

(LLAMA A LA PUERTA)

Buenos días.

Venía a ver a Agustina.

Me dijo Fabiana que usted podría darme consejo.

Necesito ayuda con el cuello de la sotana del padre.

¿Qué ocurre?

No sé cómo montar el armador para que el cuello quede bien alisado.

Este alzacuellos

es demasiado ancho para esta camisa.

Es cierto.

Olvidé que lo había estrechado para disimular la tela desgastada.

El padre Telmo no quiere gastar dinero

en comprar trajes,

solo quiere gastarlo en ayudar a los desfavorecidos.

Sí. Es un hombre caritativo y bondadoso.

No sabe usted cuánto.

Tendrá que meter un armador más fino.

Creo que en mi habitación tengo alguno.

¿Sería mucha molestia si...?

Vengan y ayúdenme

a buscarlo, ¿quieren?

Claro que importa, que la tradición es la tradición

y, más en mi pueblo, que es casi la ley.

-No te sulfures.

¿Qué tripa se te ha roto? ¿A qué tanto nervio?

-"Na".

-No será por la boda, ¿no?

¿Y entonces?

Por doña Celia.

-¿Qué le pasa a tu señora?

Si te lo cuento, ¿prometes no contárselo a nadie?

Que anoche,

la señorita Lucía no llegó de su viaje con don Samuel.

-¿Estás de chanza?

-No. Y doña Celia le ha "engañao" a don Felipe.

Ella cómplice y, yo también, que la ayudo.

Yo temo que cuando don Felipe se entere, se enfade.

-Y te despida.

-La pifié.

Lo han oído "to". -Lo suficiente.

-Por favor, no cuenten "na",

que me meto en un embrollo y de los gordos.

-Nada vamos a contar,

pero deberías tener más cuidado, cualquiera podría haberse enterado.

-Tiene razón, Agustina.

¿Me prometen que no dirán "na" de "na"?

¿Me dan su palabra?

Lo importante es que ella no advierta que estamos tramando algo.

-¿Qué quiere que haga?

-Aparentar normalidad, sobre todo.

Tú has venido a visitar a tu novia,

como si fuera algo normal, ¿de acuerdo?

Sí. -Ahí tenéis el ajedrez.

Vamos.

-Buenas. ¿Qué hacéis?

-Ya ve, madre, pasar el rato. ¿Y usted?

-Nada importante. Susana ha ido a la sastrería.

Ya se encuentra mejor. -Me alegro mucho.

¿Qué planes tienes esta semana, cariño?

-¿Esta semana? No sé, ¿por?

-Pues no sé, porque quizá podríamos hacer

algo diferente.

Podríamos ir a cenar o al teatro. ¿Qué día te va bien?

-Cualquiera, menos mañana tarde.

-¿Qué ocurre mañana tarde?

Es que he quedado, he quedado con una amiga

para acompañarla a una tienda, se tiene que comprar un sombrero.

-¿Qué amiga? -¿Cómo?

-Conozco a todas tus amigas. ¿Qué amiga es?

-A esta no la conoces. Es de la infancia.

Me la encontré por casualidad.

Quedamos en vernos esta semana sí o sí.

-Ya. Pues es una pena que no puedas venir.

Me han comentado que un restaurante del centro

inaugura su terraza y regalaban champán francés.

-¿Champán francés, francés?

-Sí. Gratis. -¿Gratis, gratis?

-Sí, madre. Nosotros vamos a ir. -Sí, claro.

-Ah, y también invitan a canapés.

Es una pena que no puedas venir, pero otra vez será.

-Sí, otra vez será.

Bueno...

-Cariño, piénsatelo.

-Sí, sí.

-Sea lo que sea, va a pasar mañana por la tarde.

Mi madre no se pierde por nada del mundo

una degustación de champán francés gratuita.

Doña Celia, qué gusto encontrarla. ¿Va usted de paseo?

-Así es. A ver si el aire despeja mi cabeza.

-¿No se encuentra usted bien? No tiene buena cara.

-Solo un poco de malestar pasajero.

¿Está esperando usted a Trini? -(ASIENTE)

-Tal vez pueda acompañarme en mi paseo.

-No lo creo. Vamos camino del médico.

-¿Está todo bien?

-Una revisión rutinaria por el embarazo.

Pero le reconozco que no me quedaré tranquilo

hasta que el médico confirme que todo está bien.

Últimamente, Trini ha tenido algún que otro disgusto

y no le conviene en absoluto. Necesita calma y tranquilidad.

Sé que usted lo sabe también como yo.

Hemos discutido por las manías de Lolita de casarse en su pueblo.

-Algo he oído, pero no por su esposa, si no por la propia Lolita.

-Puede llegar a ser muy tozuda. -Sí.

Aunque no estoy de acuerdo con ella,

creo que puedo a entenderla.

-¿De verdad? -Hay costumbres

que solo una sabe cuán importantes son.

Lolita tiene las suyas, yo tengo las mías.

-¿Y las costumbres de mi hijo, y las de nuestra familia,

acaso no son importantes para casarse?

-Ramón, que se te oye desde el primero.

Otra vez hablando de la boda de Lolita y Antoñito, ¿no?

-No. Hablaba de la tozudez de Lolita,

cosa muy distinta.

-¿Tú no puedes entender que en Cabrahígo

tenemos férreas costumbres que no podemos cambiar?

-Todo puede cambiarse.

-Antoñito y Lolita se quieren y, eso es lo único que importa.

Llegarán a un acuerdo.

Y no vale la pena que ustedes discutan por ello.

Como usted dice, Ramón,

Trini necesita calma, no disgustos.

-En eso estamos todos de acuerdo.

¿Vamos, querida? -Vamos.

-Ay, Dios mío, qué día más largo.

Vamos.

Siéntate.

-¿No tendrá usted problemas con su señor por darme de comer en su casa?

-No, hijo. Mi señor está de viaje.

Tendría que haber regresado ayer, pero tuvo un contratiempo.

Estamos solos.

¿Cómo estás, hijo?

Sé que querías mucho a tu padre.

Pero quiero que sepas que aquí me tienes,

te ayudaré a mitigar tu dolor.

¿Sabes qué pensé

cuando el comisario me contó que tu padre se había fugado?

Que eras cómplice de su fuga.

No sé, hijo, te notaba tan raro,

como si me estuvieses ocultando algo.

-Ya ha visto que estaba usted equivocada.

Sin embargo,

he de decirle que sí le estoy ocultando algo.

He pedido dinero a un prestamista.

-¿Que has hecho qué? -Para pagarme un billete.

-¿Un billete, adónde?

-A las vascongadas. Allí hay trabajo, madre.

Yo tengo educación.

Quizá allí tenga más posibilidades.

Me han hablado de una empresa nueva en Vizcaya.

Quizá encuentre algo en administración.

-Pero Vizcaya está muy lejos. -Lo sé, madre.

Pero es una buena oportunidad.

Me puse en contacto con ellos porque me enteré que buscaban a gente.

-¿Y te han dicho que sí?

-El trabajo es bueno y el jornal también.

Allí tengo un futuro, madre.

-Un futuro lejos de mí,

justo ahora que te había recuperado.

-No se aflija, madre.

Siempre ha dicho que quiere lo mejor para mí, ¿no?

Al menos no tendré que cargar con las cajas en el mercado.

-Supongo que no me queda otra que aceptar.

Pero entiende mi egoísmo.

Nuestra separación ha sido...

larga y... muy dolorosa.

-Que no se volverá a repetir, madre.

Ya sabe que mi corazón siempre estará con usted.

Uno no puede vivir sin corazón.

-(RESOPLA)

Bueno... Pase lo que pase,

tú piensa que aquí me tienes.

Me tienes a mí, a Servando

y a las chicas del altillo,

que somos tu familia.

Nunca lo olvidaré, madre.

-Te echaré de menos.

Estoy muy orgullosa

de que quieras labrarte un porvenir por ti mismo

y de que quieras salir adelante solo.

-Eso lo he aprendido de usted, madre.

-Anda, come.

No sabe usted cómo mueve el esqueleto mi Paciencia.

Es una diosa, bueno, qué digo una diosa, una princesa.

Qué digo yo de princesa, no, no, es una reina hindú, qué digo...

-Creo que he entendido la idea.

-Si ella estuviera aquí, iríamos a ver ese espectáculo.

Con ella y con Fabiana. -¿Con Fabiana?

-Ahí donde la ve, es una artista de los pies a la cabeza.

Es casi tan buena como yo.

Vámonos. Ole, ole.

Venga, vámonos. -Déjelo, Servando.

-Pero alegre esa cara, mujer.

-Pensé que las cosas nos irían bien con esto de la fotografía.

-No siempre se gana.

-Hemos gastado más dinero del que hemos ganamos.

Solo hemos vendido un retrato y, encima, don Eulalio nos pide

que le devolvamos la cámara.

-Vaya, me va a deprimir a mí también.

-¿Qué hubiera hecho con el dinero de habernos ido bien?

-Bueno, pues con el dinero,...

de momento, me hubiera comprado un pasaje para Cuba.

Sí, para ir a ver a mi Paciencia. Hace mucho que no me escribe.

Me da miedo que se enfríe por la distancia y eso.

Bueno, ya sabe.

-Hubiera sido maravilloso, Servando. Lo siento.

-Bueno,... la vida del pobre es así. Nunca se gana.

Pero bueno... Ha sido un placer

ser socio suyo durante unos pocos días.

-Lo mismo digo.

-Caramba, caramba.

Con esa carita tan dulce que tiene,

aprieta la mano como un hombre de pelo en pecho.

-¿Le he hecho daño? Lo lamento.

-No. Solo quería sacarle una sonrisa.

Bueno, y ahora,

marcho a trabajar, que mañana será otro día.

Un segundo, un segundo, un segundo.

Cesáreo.

Écheme una mano.

Arriba, venga.

-Tire de aquí, tire. -Venga, ahí está.

Un poco más. Venga un poco más, que ya sale.

Susana, querida. Hija, qué recuperada te veo.

-Sí, solo fue un malestar pasajero. -Me alegro.

Quería pasarme por la sastrería a tomarme medidas,

necesito un traje nuevo. -¿Cuándo te vendría bien?

-Pues mañana por la tarde. Es que es la única tarde que puedo.

-¿Mañana? -Sí.

-Mañana no puede ser.

-Ah, ¿y eso?

-Tengo que, tengo que, ir a visitar a una amiga,

se le ha muerto el marido.

-Vaya, lamento mucho oír eso.

¿Y quién es? -¿Perdón?

-Tu amiga, ¿que cómo se llama? -Matilde.

-¿Matilde qué más?

-Matilde Buenaventura.

-Ah. Pues no tengo el gusto de conocerla.

De todos modos, dale el pésame de mi parte.

-Así lo haré.

-¿Me paso entonces el próximo martes?

-Sí. -Gracias.

-¿Y bien? -Estaba usted en lo cierto.

Rosina y Susana mañana acudirán a algún sitio.

-Y me temo que no irán solas.

Tengo un plan.

Doña Celia, ¿por qué no me deja que llame al médico?

Ya dura mucho su tabardillo.

-¿Cómo no me voy a poner mala?,

si yo le miento a mi marido y tú le cuentas a todos

lo único que tienes que callar

-A "to" el mundo tampoco,

a... unas pocas amigas del altillo.

Se me escapó. Que no lo hice a propósito.

-¿Qué amigas? ¿Quién lo sabe?

-Algunas criadas. Me dieron su palabra de no decir "na".

Las de Acacias son chismosas por naturaleza.

-Eso no es verdad. -¿Lo dices por ti?

¿Qué criadas, Lolita?

-Fabiana,

Agustina, Casilda

y...

Úrsula.

-¿Úrsula?

Dios...

-¿Está usted bien, doña Celia?

Que esta niña llegue de una vez, por Dios.

¿Cómo que Lucía no ha regresado?

Lolita me dijo que sí lo había hecho.

Lolita le mintió por orden de doña Celia.

¿Está segura, Úrsula?

La señorita Lucía no regresó anoche a casa

y doña Celia quiere ocultárselo al mundo.

Espero que Samuel Alday no se haya atrevido a hacerle nada malo,

o le juro que...

No diga que yo se lo he contado.

Lolita metió la pata y nos hizo prometer que no diríamos nada.

No se apure, Úrsula.

Sé lo mucho que le ha costado ganarse la confianza

de las muchachas del altillo,

no voy a poner en riesgo su confianza.

Padre Telmo.

¿Qué le han parecido las flores que le ofrecí a la Virgen?

Ha quedado la iglesia bonita, ¿verdad?

Hubiera sido mejor usar el dinero en ayudar a los pobres,

y no malgastarlo en cosas inútiles.

Me va a perdonar, padre,

pero mi esposo hace generosas donaciones para los pobres.

A mí me hacía feliz hacer esa ofrenda a la Virgen.

¿Hay algo de malo?

Disculpe mi mal humor, no quería ofenderla.

Usted es libre de hacer las ofrendas que quiera.

Su esposo siempre se ha sido muy generoso con sus donativos.

Espero que no me lo tenga en cuenta.

No se apure, todos tenemos malos días.

¿Quién debe ser?

Debo subir a escape, mi prima debe estar preocupada.

Adelántese. Yo me encargo del cochero y del equipaje.

Enseguida le alcanzo.

¿Se puede saber por qué lo has hecho?

Prima...

Me has metido en un problemón.

Sí, pero no era mi intención. Les mandé avisar,

¿no llegó mi mensaje? Sí. pero ¿crees que es suficiente?

Lucía, ¿no lo entiendes?, estás poniendo en juego tu honra.

Prima, le juro que no ha sucedido nada entre nosotros.

No es eso lo que va a pensar todo el mundo.

-¿Quién le ha disgustado de tal forma, que rompe el corazón verla?

-Nada, mi... niño Raúl.

-¿Qué ha "pasao", qué le ha hecho?

-Nada que se le pueda recriminar, pero...

me ha roto el corazón. -"Tú no eres más"

que una niña ingenua, que no está preparada para la vida.

Yo te confié a Samuel Alday.

Él es el verdadero culpable.

Voy a pedirle cuentas ahora mismo. No, no, deténgase, Felipe.

Llevaremos el dinero que nos piden al tablao.

-¿Crees que la entrada es tan cara?

-Si Alexis está vivo, no hay nada más que hablar.

En el caso improbable de que no sea el muchacho,

les damos el dinero a los Escalona y quedamos en paz para siempre.

-Me dijo que no pasaría la noche fuera.

Y le aseguro que no ha ocurrido nada deshonroso.

Pasamos la noche en habitaciones separadas.

Faltaría más. Pero ha olvidado que no solo hay que ser decente,

también hay que parecerlo.

El honor de Lucía puede quedar en entredicho.

-"Ay, Susana,"

esto está oscuro como boca de lobo. -¿Qué esperabas, Rosina?

Me temo que aquí nadie viene a leer una novela.

Padre.

¿Se encuentra usted bien?

Úrsula,

preciso hablar con urgencia con un feligrés de mi parroquia.

Su nombre es Gimeno Batán.

Le recuerdo.

Ese hombre hizo un importante donativo, hace poco,

cuando lo del Hoyo.

Busque su dirección en la ficha de los donantes de la parroquia.

Es vital que lo encuentre.

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Acacias 38 - Capítulo 899

28 nov 2018

Samuel y Lucía abren sus corazones en la noche que les toca quedarse en Toledo. Lucía hace un amago de besarle, pero Samuel se retira a su habitación. Celia recibe el aviso de que no llegarán esa noche y se lo oculta a Felipe, pero no puede impedir que Lolita lo cuente en el altillo.

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  1. Eugenia

    Conociendo a " Samuel " como si lo hubiera parido, me atrevo a decir que lo del " inconveniente " con la rueda del carruaje, no fue otra cosa que algo promovido por el mismo para pasar la noche fuera de Acacias, provocar las habladurías consecuentes y poner a Lucía en la situación de aceptar su pronta concreción en matrimonio para " salvaguardar su buen nombre y honor",. En cuanto a Lolita, estaría " fetén fetén " que Antoñito, a efectos de bajarla un poco de la nube de soberbia y capricho, le imponga algún tipo de " castigo ", diciéndole que él suspende el casamiento, que lo va a repensar.- JAJAJA me imagino la cara que pondría Lolita, y no le van a alcanzar las dos manos para rascarse el cuello con su TIC

    29 nov 2018
  2. Sarah

    Gracias x la serie me encantan.Samuellll vete ya que es muy cansino su personaje.

    29 nov 2018
  3. Saro

    Susana como detective está de sobresaliente. Esa sonrisa del padre Telmo, esas caritas que pone ... ¡me encantan!!!. Vamos a ver, Felipe fue quien le dió permiso a Lucía para ir con Samuel (por agradar a éste) y ahora se pone "nervioso y gallito" con Celia que es la que no se fía del Alday ni de su prima?; no me gusta que Felipe se haya "plegado" a Samuel conociendo cómo ha sido éste. Por qué será que estoy harta de Samuel?. No me gusta que Lolita sea tan terca, está bien que quiera respetar sus tradiciones pero debería ceder un poco y no ser tan intransigente. Me encanta que Ursula sea tan leal y sincera con Telmo, al fin y al cabo fue el único que se compadeció de ella cuando llegó.

    29 nov 2018