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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 898 - ver ahora
Transcripción completa

¡¿Crees que el padre Telmo es tu hijo para destrozarlo?!

¡Cállese! Allí no podrás mentir,

Belcebú te saludará y te reconocerá

como una de las suyas, una asesina,

ambiciosa y, lo peor de todo, ¡una mala madre fracasada!

¡He dicho que se calle!

-Ay, Dios mío, ¿dónde estará Raúl?

Debería haberle contado que su padre se ha fugado del penal.

¿Y si es mi marido el que tiene que ver con su falta?

-Ay, Carmen.

Tenga fe y olvídese ya de ese hombre.

Para disponer de la herencia, ya debería haber seducido a esa joven,

y ese cura

sigue rondándola como si fuera su sombra.

Cuesta tiempo, pero lo conseguiré.

Y por ese cura no se preocupe.

En mi negocio, uno debe preocuparse por todo,

donde menos se lo espera salta la liebre.

"No necesito"

que nadie dirija mis pasos,

soy una mujer adulta que sabe lo que hace,

y si va a seguir así,

le pido que no se acerque más a mí.

-"Ustedes dos dejaron a ese chico a su suerte,"

abandonado ante una muerte sin auxilio ninguno,

son culpables. Podrán librarse de los Escalona,

pero no de la ley.

Así que, o sueltan el parné

o lo cuento todo.

Tienen... Tienen dos días para pagar,

ni uno más.

-"Raúl,..."

si tienes algún problema, por favor, no me lo ocultes.

-Ay, madre, por favor.

Deje de ver fantasmas donde no los hay.

Me voy a descansar.

-"Rosina,"

no podemos dejar que nos meta en la cárcel.

-Pues entonces solo hay una solución,

ceder ante el chantaje, pagar las 10 000 pesetas.

-¿Y qué le vas a decir a Liberto? -Chist.

Liberto no se puede enterar, no puedo sacar dinero del banco.

-¿Y qué vas a hacer?

-Pues sacar el dinero de otro sitio.

Pasaremos el día entre obras de arte

tratando de localizar el retablo de San Miguel.

Volveremos por la tarde.

Qué maravilla contemplar el campo.

Es una pena que el día se haya estropeado.

A mí no me importa, cada vez que salgo de la ciudad

tengo la sensación de libertad.

Y hoy el mundo parece estar puesto solo para nuestro disfrute.

Me alegra verla tan contenta.

Es una lástima que el camino no sea más largo.

Me pasaría la vida viajando.

Siento decirle que no queda mucho para llegar a nuestro destino.

Pero no puede ser, si no es ni mediodía.

Tenga en cuenta que hemos salido antes de que apagaran las farolas.

Entonces, trataré de disfrutar al máximo cada minuto que nos queda.

Tanto como yo de su compañía.

(Sintonía de "Acacias 38")

Espero que hayan tenido buen viaje.

Estos caminos algunas veces son infernales.

Ha sido un viaje encantador. Y esperemos que no sea en balde.

Ya verá como no, tengo una buena colección de objetos

que compré a esa familia. ¿Es usted amante del arte?

Del arte y de los negocios.

Hace años que me dedico a recorrer nuestro país

en busca de antigüedades y objetos de interés.

¿Y es una actividad rentable?

Se sorprendería de las cosas que he comprado y he encontrado en un pajar

o junto al ganado.

Todos estos objetos los adquirí

de la familia de Toledo. No le vino nada mal

que se arruinaran. Es increíble,

tiene todo tipo de piezas. Yo esta talla la fecharía

en torno... al 1600.

Sin duda es muy antigua, pero no tanto como aquella.

Veo que tiene muy buen ojo.

Esta es una de las mejores piezas de la colección.

¿No le gustaría trabajar conmigo?

Me vendría bien una ayudante.

Me temo que la señorita tiene ocupaciones de sobra,

y yo también.

Comprendo, ustedes han venido a ver el retablo de San Miguel.

Estoy deseando contemplar esa pieza.

Espere un instante que voy a buscarlo,

mientras pueden curiosear entre los objetos que tengo aquí.

Gracias.

Gracias.

Gracias por haberme traído aquí.

Para mí este lugar es el mejor del mundo.

No tiene nada que agradecerme, Lucía.

Verla tan radiante es el mejor pago que podría recibir.

Y si de paso encontramos el retablo de San Miguel,

miel sobre hojuelas.

¿Seguro que no quiere tomar nada mientras espera a mi madre?

-No, no, gracias, Leonor.

-Si me necesita, estoy dentro.

-Esta espera me está matando.

(Se abre una puerta)

¿Tienes el dinero?

-No, solo he podido reunir 5000 pesetas.

-Pero ¿cómo es posible?

-El banco no tiene una suma así por las bravas, tendremos que esperar

un par de días para que nos den el resto.

-Yo pensaba que teniendo

una mina de oro te sería más fácil conseguir el dinero.

-No me vengas con reproches.

Ha sido difícil conseguir esta fortuna sin que se entere mi esposo.

-Qué lástima tener que entregar todos estos billetes

así por las buenas. -Dímelo a mí, que son míos.

-¿Qué hacen? Miedo me da verlas cuchicheando.

-(RÍE) Nada, ¿qué íbamos a hacer?

-No sé, es que como las veo nerviosas.

-¿Nerviosas? Qué va, estamos muy tranquilas.

Tanto, que le estaba proponiendo a tu madre dormir una siesta.

-¿Por la mañana? -Sí, la del carnero,

que es la que mejor sienta.

-Entonces no las molesto, no sea que se les pase el sueño.

-Ay, qué susto, no puedo seguir así, ¿eh?

No gano para sustos, me va a dar un infarto.

-Van a acabar descubriendo todo el pastel

y, será el acabose para nosotras.

-Es verdad, yo no sé qué pasaría si mi Liberto se entera de esto,

es que no me lo perdonaría en la vida.

-Pues no lo vas a tener nada fácil.

-¿Crees que no lo sé?

-Espero que hayas pensado en algo, que no es fácil disimular

la desaparición de 10 000 pesetas.

Mi sobrino no es ningún lila.

-Ya te dije que no sacaría el dinero de mi cuenta.

-¿Entonces, de dónde?

No creo que el banco te lo haya dado así por las buenas.

-Ramón y yo tenemos un fondo para cubrir los gastos e imprevistos

del yacimiento. Lo he cogido de ahí.

-Uy, uy, uy, uy, no me parece buena idea.

Para que no te descubra Liberto, ¿le afanas dinero a tu socio?

Eso es desvestir un santo para vestir a otro.

Y si se entera don Ramón es muchísimo peor.

-No, no se va a enterar, no se va a enterar

porque ese fondo no se toca.

Esa cuenta solo se revisa una vez al año.

Cuando don Ramón quiera darse cuenta,

yo habré repuesto el dinero poquito a poco.

-Ah.

Caramba, Rosina, me sorprende cómo lo tienes de bien pensado todo.

-Bueno, es que cuando la necesidad apremia, se le despierta el ingenio

hasta al más panoli, que no es que ese sea mi caso.

-Mientras don Ramón siga in albis, puede que salgamos con bien

de este brete.

-Sí, saldremos con bien,

porque ya te he dicho que esta cuenta

solo se revisa una vez al año.

-No puede ser, no me cuadran las cuentas por ninguna parte.

-Ramón, querido, tendrías que ver qué arreglo floral tan bonito

han hecho Fabiana y Úrsula para la iglesia.

-Pues me alegro de que le guste, señora.

-Habéis hecho muy buen trabajo.

-Bueno, a mí me cuesta mucho trabajar con...

esa mujer, pero tengo que reconocer que nos han "salío" unos ramos

fetén para la ofrenda.

-Lo sé, Fabiana, y lo entiendo,

pero aunque no te guste estar con ella, habéis tenido muy buen gusto

para elegir las flores.

-Es que yo, por servirla usted, lo que mande, doña Trini,

como si me dice usted que me tire a un pozo, fíjese.

-Uy, Fabiana, descuida, que no va a ser necesario.

Ramón, querido,...

Ramón, querido,

no me estás haciendo ni caso.

Estás más rojo que un tomate, ¿qué ocurre?

-Trini, he estado en el banco y, me he percatado que Rosina

ha retirado 5000 pesetas del fondo que tenemos en común

en el yacimiento.

No suelo revisar esta cuenta, pero mira,

hoy me ha dado por hacerlo. -Ramón, querido, pierde cuidado,

que seguro que Rosina las ha retirado para algún imprevisto.

-Eso es lo raro, que en ningún lado está anotado

que queden pagos pendientes.

-Pues no se me ocurre por qué Rosina iba a retirar ese dinero.

-Eso es lo que trato de averiguar, pero sin éxito.

-Bueno, tranquilo,

que seguro que hay una explicación, y es simple.

-Eso espero,

porque de momento, la explicación es que me han birlado 5000 pesetas.

-Ramón, no digas enormidades, ¿eh?

Yo pongo la mano en el fuego por Rosina.

-Tú eres muy confiada, pero yo no pongo la mano en el fuego por nadie.

-Ah, ¿ni siquiera por mí?

-Padre, tengo algo que contarle.

-Antoñito, es buen momento. -Es algo de bastante enjundia.

-No creo que sea más importante que lo que tengo entre manos.

-Por favor. -Ya hablaremos en otro momento.

-Muy bien, pues nada, como guste.

-A ver, Ramón, querido, piensa, ¿tú estás seguro de que no tenéis

ningún pago pendiente?

-Trini, he revisado las cuentas más de 10 veces

y, estoy convencido de que Rosina ha retirado el dinero

por algún motivo que no tiene nada que ver con la mina.

-No me lo puedo creer.

No puedo creerme que Rosina haya cogido el dinero así sin más.

-Pues pronto lo vamos a saber, porque voy a hablar con Liberto

para resolver este asunto. -No, Ramón, espera un momento.

¿Te puedo pedir una cosa? -Lo que quieras, mi amor.

-Creo que Rosina anda metida en algo turbio.

Así que te pido, por favor, que no le comentes nada a Liberto.

Por lo menos no antes de haber hablado con ella.

Por favor. -No sé yo si será

una buena idea.

-Hazme caso, te lo ruego.

Esta pieza es maravillosa. Nunca había visto nada igual.

Aquí tiene, el retablo de San Miguel.

¿Qué les parece?

Es una maravilla, ¿no es cierto?

Sí, sí, sí que lo es.

Pero este no es el que desapareció del monasterio

de Santa María de Pedralbes.

¿Está usted segura?

Sí, completamente.

Esta obra es muy posterior a la que robaron.

Ni el estilo ni la ornamentación se corresponden

con el retablo de Pedralbes.

Lo lamento, Lucía,

me temo que hemos hecho el viaje en balde.

No, Samuel, de ninguna de las maneras.

Aquí hay demasiadas piezas interesantes

y, será un placer seguir viéndolas.

Está bien, como quiera.

Compraremos todo lo que considere interesante

para llevárnoslo a Acacias.

-Uy, Carmen, ¿ya está usted "atareá" con la comida?

-Sí, Fabiana. Don Samuel se ha marchado

de buena mañana y, a mí me ha dado tiempo a apañar toda la casa.

Le estaba preparando la bandeja a Raúl.

-¿Está descansando? -Ahí le tengo, en la cama.

-¿Y le ha "explicao" ya por qué estuvo tanto tiempo

fuera del altillo?

-Más o menos, algo me contó.

-Ya, y me barrunto que usted no se ha creído ni una coma.

-Me ha dicho que estuvo por el barrio,

y Casilda me dijo que no fue así.

-Bueno, no se apure usted por eso, que tampoco sería el primer rapaz

que le echa una mentirijilla a su madre.

-Bien que me gustaría a mí no estar tan desazonada,

pero no me resulta fácil, Fabiana.

Tengo miedo por mi hijo.

¿Y si mi esposo ha vuelto a la ciudad y está obligando a Raúl

a que le ayude a escapar del país?

-¿Y lo cree usted capaz de eso?

-De eso y de mucho más.

Me da a mí en la nariz que Raúl le está visitando, es más,

que le está ayudando a ocultarse en algún lugar.

-Pues, siendo así, debería usted hablar con Raúl

y sin demorarse mucho.

-Me falta valor.

-Mire que está mucho en juego, Carmen, que ya estuvo a punto

una vez de perder al chico.

-¿Sabe qué pasa, Fabiana?

Que el comisario me pidió

que fuese discreta con este asunto.

Y, además, no me parece buena idea.

-Quizá estaría bien saber qué piensa el muchacho.

-Yo no pensaba decirle nada, para protegerle,

y ahora no sé cómo se tomaría la noticia,

pero por otra parte también puede ser que no sepa nada del padre

y, todo lo que estoy pensando no sean más que fantasías de mi cabeza.

-La verdad es que comprendo que esté usted llena de dudas,

no es fácil el dilema que se le presenta.

Si sabe lo del padre, malo, y si no lo sabe y usted se lo cuenta, peor.

No sé, quizá no sería

ninguna tontería que usted le contara sus sospechas al comisario.

-¿Para qué?

¿Qué le digo, que mi hijo pasa mucho tiempo fuera del altillo?

-No, pero eso "tie" fácil solución, Carmen, averigüe usted

dónde va el muchacho.

-Pero ¿cómo hago yo eso, Fabiana? ¿Qué soy, una detective?

-Pídale el favor al sereno.

No va a encontrar usted a nadie que esté más tiempo que él en la calle.

Padre, le he preparado una tisana, ya verá qué bien le sienta.

Déjela por ahí.

Ahora no quiero tomar nada.

¿Ocurre algo?

No tiene muy buena cara esta mañana.

No se apure por mí,

no es necesario que se preocupe por mis tribulaciones.

Si me permite que le diga algo,

no debería hacer caso a las provocaciones de Samuel Alday.

Es un hombre rencoroso, lleno de dolor.

Lo mejor que podría hacer sería mantenerse alejado de él.

Le agradezco su interés, pero no es él quien me preocupa.

Es la señorita Lucía quien le inquieta.

Teme que pueda aprovecharse de su bondad.

Déjelo, Úrsula,

no quiero hablar de este tema.

(Llaman a la puerta)

Padre, perdone, que yo no quiero molestarle,

solo quería saber si son de su gusto los ramos que hemos "colocao"

en la iglesia por encargo de doña Trini.

Úrsula y usted han hecho un gran trabajo.

Nos costó un poco de trabajo, la verdad, pero saber

que han "quedao" bien, hace que una marche al altillo más satisfecha.

Con Dios, padre, gracias.

Fabiana.

Quisiera preguntarle si sabe usted

cómo montar un cuello de una sotana.

Estoy arreglando una del padre Telmo y no me termino de apañar.

Si fuera otra cosa, yo le echaría un capote gustosa,

pero de coser ropa eclesiástica yo no sé ni papa, la verdad.

Vaya,...

pues no sé cómo resolver este dilema.

Si usted quiere, podemos consultarle a Agustina,

ella tiene mucha mano y seguro que sabrá aconsejarla bien.

Se lo agradezco,...

pero tendrá que ser en otro momento,

ahora debo atender al padre Telmo.

Como guste. Con Dios.

Con Dios.

Padre, ¿le parece bien

si oramos por la señorita Lucía? Es una mujer maravillosa

y no merece caer en las redes de un hombre como Samuel Alday.

(ASIENTE)

Podríamos pedirle a Nuestro Señor...

que la ayude a abrir los ojos.

En nombre del Padre, del Hijo y del espíritu santo. Amén.

Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino...

Quita.

(Voces de niños jugando)

-¿Qué haces?

-A que te pillo.

(RÍEN)

Espero que no le importe que hayamos parado,

las bestias necesitan beber y aquí hay un abrevadero.

Me parece ideal para descansar un rato del viaje,

pero estoy deseando volver a Acacias para revisar

todo lo que hemos comprado.

Tendrá que tener un poco de paciencia.

Primero vamos a imitar a los caballos y bebamos algo.

Nos vendrá bien.

Le propongo un brindis.

Por nuestro exitoso viaje.

Bueno, éxito relativo,

a la postre no hemos encontrado el retablo de San Miguel.

Pero verla tan contenta y poder compartir con usted estos momentos,

me es mucho más gratificante que la compra de cualquier cuadro.

Pues brindemos.

Me encanta ver a los niños jugar.

Para ya. Por supuesto que sí.

Pero al ver a esos niños,

no he podido evitar acordarme de Moisés.

Me pregunto cómo estará.

¿Les echa mucho de menos?

Blanca ya no ocupa ningún lugar en mis pensamientos,

pero Moisés sí,

le quería como a un hijo,

y dejarle marchar ha sido el mayor sacrificio que he hecho en mi vida.

Solo espero que Diego y Blanca le cuiden como se merece.

Es usted un hombre muy sensible, Samuel.

Su preocupación por ese niño es un gran gesto de amor.

Sueño con el día en el que pueda tener mis propios hijos

para protegerlos y cuidarlos

junto a una mujer que les quiera tanto como yo.

Lucía,... ¿usted se ha planteado alguna vez tener hijos?

Sí, sí, por supuesto que sí.

A que te pillo.

-(LOS NIÑOS) ¡Oh!

Vaya.

Lucía, perdóneme. Sujete.

Sí.

No os preocupéis, pequeños,...

esto seguro que tiene fácil solución.

Vamos a ver.

(RÍEN)

-Le has dicho a tu padre dónde va a ser el casorio, ¿no?

-No, no he podido hacerlo, pero no te amostaces,

que no ha sido por falta de ganas. Yo lo intenté,

pero él no estaba para la labor. -Antoñito, tarde o temprano

se lo tendrás que decir, que un viaje a Cabrahígo

no se prepara en dos días. -Sí, si lo sé,

pero hay que encontrar el momento, tampoco es un tema

que se pueda tratar así a la ligera. -Sí, sí, algo espinoso es,

pero tendrás que tragarte la píldora, por muy amarga que esté.

Yo le tengo que decir al padre Telmo que no va a ser él quien nos case.

-Los dos, los dos debemos encontrar el momento fetén,

no es asunto como para pinchar en hueso.

Mira.

Por ahí va tu padre.

Hale, átate los machos y a por él. Arreando.

-No, no, ¿de verdad, que no nos podemos casar aquí en Acacias?

-Si no me caso en mi pueblo, me quedo "pa" vestir santos.

Tira.

-Padre, ¿qué tal, cómo está?

¿Se toma un café conmigo? Hace mucho tiempo que no hablamos.

-Pues ya me gustaría, pero es que tengo un asunto

que resolver con doña Rosina. -Por favor,

es la segunda vez que me da largas. Quiero tratar un asunto con usted.

Fruslerías, si así lo ve, pero quiero compartirlo.

-Está bien.

No quiero que luego me digas que no me ocupo de mi hijo.

-Merceditas,... tráenos, por favor,

el mejor coñac que tengas. -¿Coñac?

Me parece muy bien, pero te recuerdo que lo vas a pagar tú.

-Para mi padre, lo mejor es poco.

Bueno, ¿qué, cómo se encuentra? Yo le veo muy guapo,

y le está saliendo pelo nuevo, ¿no?

-Hijo,...

deja de dorarme la píldora y vete al grano,

que me estás empezando a preocupar con atenciones

que no son propias de ti, ¿qué es lo que quieres pedirme?

-Quiero tratar un asunto con usted que yo espero que comprenda.

-Deja de andarte por las ramas,

¿es que tú no sabes aquello de que "lo bueno, si breve,

dos veces bueno"? -Sí, de acuerdo, está bien.

Ya sabe lo tozuda que es mi prometida,

bueno, como todas sus paisanas, claro.

Y sabe lo importante que son para ella las costumbres de su pueblo.

-Estoy casado con una cabrahíguense,

o con una cabrahiguera, como se diga.

-Entonces, no le parecerá mal que celebremos la boda

en dicha localidad.

-De ninguna de las maneras, hijo.

Para empezar, Trini no está en condiciones

de afrontar un viaje tan largo,

después, quiero invitar a mis amigos del Ateneo,

incluso a algún político, ¿y tú cómo crees que iban a tratarles

los mozos de ese pueblo?

-Les tiran al pilón. -Y, para acabar, porque estoy harto

de las tradiciones de Cabrahígo, no pienso tragar por ninguna más.

Hijo, ¿es que tú no te puedes casar aquí en el barrio

como una persona normal? -Se ve que no, padre.

Lolita es capaz de cualquier cosa si no nos casamos

en Cabrahígo. -Vaya día de disgustos que llevo.

-Bueno, pero entonces, ¿qué, padre, qué dice?

-Que no.

-Muchas gracias, Merceditas.

-A este paso no hacemos ni un retrato.

-Menuda caminata nos hemos "dao" desde la cuesta de las Carmelitas.

-Total, para nada. -Es que es mala suerte

que hayan tapado todos los socavones.

El ayuntamiento no tiene conciencia. ¿A quién se le ocurre

taparlos todos tan rápido? Nos han "fastidiao" la noticia.

-A ver, por una cosa que hacen bien, tampoco vamos a criticarles.

-Vamos a sentarnos aquí, a ver si vemos algo que merezca la pena

retratar. No sé, un niño que muerde un perro,

o alguien que se cae de un balcón, vaya usted a saber.

-¿Qué, ya estamos otra vez con la dichosa cámara de hacer retratos?

-De alguna manera tendremos que sacar unas perras.

-Espero que la próxima fotografía

que vendan, no ponga en apuros a ninguna persona honrada.

-Descuide, que tendremos cuidado. -Me cuesta creerla,

su retrato casi me hace perder el trabajo.

Deberían ser más responsables. -Oiga, oiga, vamos a ver,

que sepa usted que el oficio de cronista gráfico

es de lo más decente que hay.

Y aquí Flora y yo estamos haciendo una labor digna de elogio,

mostrar a la gente lo que no puede ver.

-Y un cuerno.

Lo único que buscan es sacar pesetas a costa de las desgracias ajenas.

-¿Y no puede darse usted una rondita por otro sitio

en vez de venir aquí, que tiene el barrio "abandonao"?

-Menos humos, que puedo ponerle una multa de hasta dos duros

por sacar retratos a las personas sin su consentimiento.

-¡No tiene usted redaños! -Redaños y esta libreta.

-Afloje, que no ganamos tanto como para bravuconadas.

-Está bien, guarde, guarde,

guarde la libreta.

Me voy, pero porque a mí me da la real gana.

Buh.

-No debería gastarse tan mala baba con Servando.

-No veo por qué.

-¿Quién se cree que convenció a su jefe para que no le despidieran?

-No, eso no es posible. ¿Ese mangas de humo?

-El mismo. De no ser por él, ahora mismo estaba buscando un trabajo.

-Nunca hubiera pensado que fuera capaz de hacer una cosa así.

-Hágase a la idea,

Servando será lo que sea, pero es noble,

y generoso como el que más, así que...

-Ya hablaremos en otro momento,

que ahora tengo que hacer un encargo que me han hecho Carmen y Fabiana.

-Pues qué buenas estas pastas, ¿verdad?

Son como distintas. ¿Se las hacen de encargo en La Deliciosa?

-Lo ignoro, pero no la he invitado aquí para que hablemos de dulces.

Esto no es una reunión de cortesía.

-¿No? ¿Qué le ocurre?

-Lo que me ocurre es que quiero saber

por qué ha sacado usted 5000 pesetas

del fondo que tenemos en común.

-Pero ¿cómo es posible que me diga eso?

Pensé que solo revisaba esa cuenta una vez al año.

-Señora, yo tengo a gala conocer muy bien el estado de mis finanzas,

pero ese no es el tema. -Ya, el caso es que...

se va a reír cuando se lo cuente. (RÍE)

-Pues mire usted, lo dudo, porque tengo muy poco sentido del humor

cuando se trata de dinero.

-Verá, la culpa es de mi hija, sí, sí, porque mi hija se ha empeñado

en escribir otra novela, hala, y yo me prestado, como soy tan buena,

a financiar el libro.

-Le honra querer ayudar a su hija, pero eso no justifica el desfalco.

-Ya, ya, claro, no, lo que pasa es que he tenido que recurrir

al dinero del yacimiento porque, claro,

la imprenta, la imprenta, me pide un adelanto

para empezar a trabajar.

-Ni que fueran a imprimirla con letras de oro.

-Bueno, es que... no la van a publicar en rústica, que es muy feo,

y unos lomos de piel,

buenos, valen su dinero. Es que no quiero que la novela de mi hija

parezca de baratillo. -Doña Rosina,

no se pierda en los detalles y deme la explicación que me debe.

-Verá, sí, sí, sí.

Como no quiero que mi marido ni mi hija se enteren,

porque es una sorpresa para ambos, pues he tenido que recurrir,

como le decía, al dinero del yacimiento porque, entiéndame,

si llego a sacarlo de mi cuenta, se dan cuenta ellos, a escape.

-Comprendo sus intenciones, pero aun así me sigue pareciendo una fortuna,

¿no le estarán tomando el pelo en la imprenta?

-No, no creo. Van a publicar el libro de mi hija mucho,

cientos de ejemplares, miles, y en distintos idiomas,

en ruso, francés, inglés.

Quiero que la obra de mi hija

se conozca en todo el mundo.

-Me parece muy bien, pero no a cuenta y a costa de mi dinero.

-Qué agonía, no se preocupe,

que en pocas semanas le reintegraré su dinero.

-Está bien, pero debería habérmelo dicho.

-Sí, sí, sí, lo sé, y siento mucho haber sacado ese dinero

sin su permiso, pero para serle sincera,

pensé que no se iba a dar cuenta.

-Todo esto me resulta muy irregular, porque entre socios...

-Le prometo que no volverá a suceder,

pero no le cuente nada a Liberto ni a mi hija. No estropee la sorpresa.

Bueno, pues si es así me retiro,

porque no quiero entretenerle más,

y supongo que tendrá que seguir controlando sus finanzas.

-¿A ti qué te parece, Trini?

-Pues que Rosina no se gastaría 5000 pesetas en libros,

ni aunque su hija escribiese el tercer tomo de "El Quijote".

-Eso mismo pienso yo.

-Ramón, te lo dije,

esta anda metida hasta las trancas en un lío de aúpa.

Loco me tenía

la hija del tabernero, me pasaba las horas muertas observándola.

¿Y nunca habló con ella?

No,

me daba mucha vergüenza.

¿Cómo terminó el romance?

El tabernero me descubrió y pensó que estaba robando en su despensa.

Me llevó a casa de mis padres cogido por una oreja.

Oiga, no se burle de mí,

todavía me duele la oreja cada vez que lo recuerdo.

Es de entender que desde entonces perdió el interés por esa muchacha.

Y por las tabernas también.

Lucía,...

he pensado que podríamos hacer más viajes como este,

salir una vez al mes en busca de obras de arte

abandonadas en los pueblos. Me encantaría,

pero no sé qué pensaría Celia y Felipe de este asunto.

Todo es cosa de proponérselo.

Lucía,...

no hay nada que me haga más feliz en este mundo que compartir tiempo

con usted. Yo también

disfruto mucho de su compañía.

¡Por Dios! ¡Tenga cuidado, agárrese fuerte!

Samuel, ¿qué ha ocurrido?

Sosiéguese,

no parece ser nada de enjundia. Pensé que volcábamos.

Pierda cuidado,

ya ha pasado el peligro, voy a averiguar qué ha sucedido.

De acuerdo.

¿Se ha roto el engranaje?

No, solamente se salió la rueda.

¿Qué ocurre?

Se ha salido la rueda. Pero así no podremos continuar

y pronto caerá la noche. No se apure, Lucía,

entre el cochero y yo solucionaremos la avería.

Confíe en mí.

-Pues lo cierto

es que han "quedao" fetén las flores que nos ha "mandao"

doña Trini colocar en la iglesia. -Arrea,

"pos" una buena paliza se tuvo que meter usted

"pa" colocarlas todas.

-Bueno, lo cierto es que Úrsula me ha "echao" una mano.

-Mucho anda ahora con ella. -¿Y qué remedio me queda

si es lo que me mandan, Agustina?

-A la postre se van a hacer buenas amigas, "señá" Fabiana.

-Quía.

-¿Quién está a partir un piñón con quién?

-La "señá" Fabiana con la Úrsula, que están trabajando mano a mano

tan ricamente.

-Fabiana, ¿quién la ha visto y quién le ve,

con "to" lo que ha "renegao" de ella?

-Y no sin razón, Lolita, pero...

algo, algo ha "cambiao" en esa mujer.

-Uh, ahora me dirá que esa harpía es buena gente.

-No, no, yo a tanto no llegaría,...

pero la maldad que tenía antaño, en parte

parece que le ha "desaparecío".

-Pero ¿usted no ha dicho siempre que la que es un bicho

lo es "pa" "toa" la vida?

-Lo mismo ha cambiado y se merece otra oportunidad.

-No, "señá" Agustina, la gente cambia muy poco y si cambia,

normalmente lo hace a peor.

-Puede que tengáis razón, que una ya no sabe qué pensar.

-Bueno, y la señorita Lucía y don Samuel, ¿"entoavía" no han "llegao"?

-Aún no, y espero que vengan pronto, que a mi señora le están dando

"tos" los sudores de mirar tanto el reloj.

-No es de extrañar, ya es casi de noche.

-No va a pasar nada.

Doña Lucía es una señorita de lo más decente.

-Por cierto, Lolita,

¿es verdad eso que he oído a mis señores

de que te casas en Cabrahígo?

-Como está "mandao". Allí se casó mi madre, mi abuela

y la madre de esta, así hasta Adán y Eva.

-Ah. Pues muy bien.

Menuda mala amiga que has "resultao" ser, Lolita.

Si te casas allí, ninguna de nosotras vamos a poder ir a la boda.

-Para, que yo no me caso si no estáis "toas".

-Pues ya nos dirás cómo vamos a ir allí, porque ninguna de nosotras

tenemos parné suficiente como para permitirnos semejante viaje.

-Antoñito y yo corremos con los gastos,

vosotras preocuparos de pedirle los días a vuestros señores.

-Eso no va a ser fácil.

-No, ahí "tie" "toa" la razón la "señá" Agustina.

Yo no creo que doña Rosina me vaya a dar permiso.

-Pues tendrás que insistir, Casilda.

-A ver, Lolita,

"toas" sabemos la querencia que le "ties" a tu pueblo,

pero hija, ¿no habría sido mejor que lo celebraras aquí?

-Está "decidío", la boda es en Cabrahígo y punto redondo.

-Y don Ramón, ¿qué dice de esto?

-No creo que a tu futuro suegro

le haga mucha gracia el viaje.

-Pues a san aguantarse toca. Y si dice que no,

pues la batalla de san Quintín va a ser un paseíto por el campo

"comparao" con la que voy a liar aquí.

-¿Qué novedades trae, ha descubierto algo?

-Sí. Y vaya preparándose porque no va a ser de su gusto

lo que le voy a contar. -Pues no sé si quiero saberlo.

-Tiene que ser fuerte, Carmen. Cuente, Cesáreo.

-Seguí al chico, como me pidieron.

Nada más salir de casa, cruzó el Jardín del Príncipe

y se subió al tope de un tranvía.

-Es que el pobre, como no tiene dinero, tiene que viajar así.

-Pues menuda carrera me tuve que dar para coger el tren sin que me viera.

-¿Y hasta dónde fue?

-Hasta el final de la línea. Ya en las afueras,

entró en una casa, se quedó un buen rato y al salir volvió al barrio

sin parar ni un momento.

-Yo me barrunto que en esa casa se esconde mi marido.

-Mal rayo parta al Adonis.

-Yo me temo que ese pollo no anda por ahí.

-¿Y por qué piensa eso?

-Hablé con el sereno de ese barrio

y me dijo que en esa casa solo vivía El Porto,

un prestamista llamado así porque es de Coímbra.

-Qué raro.

¿Y no le dijo nada más?

-Poco más.

Que es un desgraciado que se dedica a prestar pequeñas sumas

a chamarileros y raterillos.

-¿Y por qué fue a ver su hijo a ese canalla?

-No me cabe duda, Fabiana, mi hijo está intentando

conseguir unas pesetas para ayudar a su padre.

-¿Cómo va a hacer eso después de lo que pasó?

-Porque él le obligó. -Pues ponga mucho ojo,

que se está metiendo en tratos con gente muy mala y muy peligrosa.

-Ya, ¿y qué puedo hacer yo, si no sale de una

cuando ya está otra vez en peligro? -Pues no lo dude,

"tie" usted que hablar con el chiquillo antes de que sea peor.

-Y si necesita mi ayuda, no pierda un segundo, que para eso estamos.

-Ya sabe que puede contar con nosotros, Carmen.

-Se lo agradezco con toda mi alma, pero para mí que esto

debo resolverlo yo sola. Con Dios.

Es usted muy amable ofreciéndonos de nuevo su hospitalidad.

Es lo mínimo que podía hacer después del percance que han tenido.

Al menos Lucía podrá descansar confortablemente

hasta que resolvamos la situación. Ha sido una suerte

que unos viajeros hayan tenido a bien

hacernos un sitio en su carruaje. Si me presta

una caballería, saldré a escape para ayudar al cochero.

Enseguida ensillamos un caballo, pero ya es tarde,

y esta casa es muy grande. ¿No sería mejor que pasaran aquí la noche?

No es una mala idea, no creo que resolvamos pronto el arreglo.

Descansen aquí y mañana,

cuando regrese mi hijo, les llevará hasta la ciudad.

No tema por su reputación, el servicio está en casa

y se ocupará de usted.

No, no puede ser, tenemos que volver hoy mismo a Acacias.

Yo le diría que es prácticamente imposible.

Sí, pero es que le prometí a mi prima que regresaríamos hoy.

Sosiéguese, su prima entenderá que se trata de un caso de fuerza mayor.

No. Se va a disgustar mucho conmigo si no regreso.

Ni aunque le prestara dos caballos, dudo que llegaran a tiempo.

Sí, pero es que yo no sé montar.

Samuel, tiene que encontrar la manera de que regresemos

lo antes posible. Lucía,

no pase pena por ello,

iré al pueblo más cercano para encontrar un transporte.

Por favor, le ruego que la trate como si fuera su propia hija.

Eso ni lo dude,

voy a poner todas las comodidades

de esta casa a su disposición.

No me gustaría ser una molestia.

Usted nunca podría serlo.

Estoy encantado de tener tan buena compañía.

Le prometo que estaré de vuelta antes de un tris.

Se lo agradezco, Samuel,

sé que le estoy pidiendo mucho. No.

No tiene usted nada que agradecerme,

He sido yo quien la ha traído hasta aquí

y es a mí a quien le toca resolver este entuerto.

Sabe que haría cualquier cosa por usted.

Gracias.

Tome asiento, mientras voy a buscar a la criada

para que nos prepare algo de comer.

Es una mujer muy afortunada,

se nota que don Samuel solo tiene ojos para usted.

¿Usted cree? Sin duda.

Ese hombre se desvive por complacerla.

-Sí que tarda don Venancio. -Ay, Susana,

no me pongas más nerviosa. Desde que he salido

de la reunión con don Ramón que... Ay.

...que me tiemblan las canillas. Hacía años que no tenía

que mentir de esa manera. -¿Se lo ha creído?

-Por supuesto.

Le he contado una trola. Le he dicho que mi hija

quiere publicar un libro y que yo la voy a ayudar.

Y se lo ha tragado todo, igual que se traga un anzuelo una trucha.

-Gracias a Dios, algo que sale bien. Ah.

-Bueno, aquí me tienen,

cuéntenme lo que quieran.

-Hemos decidido pagar a los Escalona.

-Aquí van 5000 pesetas.

Sí, sí, ya sé que es más,

pero dentro de dos días le daremos el resto.

-Tendrá que hacerle ver a los Escalona que no es fácil

conseguir tamaña cantidad.

-Claro que no lo es, pídales un poco de paciencia.

-Ya hablaré con ellos, no creo que pongan muchas pegas en esperar.

-Oiga, que con esto tienen para unos cuantos gastos.

-Bueno, no se apuren, entrarán en razón.

-Parece que tiene usted mucha confianza con esa familia.

-No. Ni mucha ni poca.

Yo solo intentaba velar por sus intereses.

-Eso será hoy,

porque ayer estaba dispuesto a acudir a la policía.

¿Ya no piensa de esa guisa?

-Mire,...

tengo que pedirles perdón, lo siento, perdí la compostura,

pero tienen que entender que esto me afecta también a mí en gordo.

-Nos puso el corazón en un puño. -Y bien que lo siento.

Bueno,...

lo mejor será que arreglemos esto entre nosotros.

De nada servirá ir a la policía a contarles nuestras cuitas.

-Espero que no olvide sus palabras.

No me gustó nada lo que hizo ayer.

-Bueno,... será mejor que me vaya.

Cuanto antes hable con los Escalona, antes podremos dormir tranquilos.

-Cada vez me gusta menos ese señor. No me fío de él.

-No le busques pelo al huevo. Él está tan pringado en esto

como nosotras.

-Pues podría haber puesto por lo menos 100 duros.

Detente, Rosina. Mira ese anuncio.

-Ay, un tablao flamenco. Susana,

no tengo el cuerpo para bulerías. -No, no, no, no,

pero fíjate en la cara del bailaor. -"El guapito de Benaja...".

Uh, ¿no se da un aire a Alexis? -Más que un aire,

el guapito es Alexis.

-¡Ah!

Buenas tardes, padre.

Vengo a traerle buenas noticias de El Hoyo.

Sentémonos y me cuenta.

Según me han informado, las obras avanzan a marchas forzadas.

Muy pronto las primeras familias podrán volver a sus hogares.

Vaya, esto va a ser mucho antes de lo esperado.

Será cuestión de unas semanas.

Demos gracias a Dios por escuchar nuestras plegarias.

Sabía que a usted le alegraría.

No es para menos. ¿Qué ha dicho su prima?

No he podido contárselo porque aún no ha regresado.

¿No es un poco tarde para seguir de viaje?

Sí, así es.

Me dijo que estaría aquí por la tarde.

Es un alivio saber que la gente de El Hoyo recuperará sus hogares.

Y su iglesia.

Van a construir un pequeño templo consagrado

para la Virgen de los Milagros, la patrona de este barrio,

en agradecimiento a la ayuda que han recibido de la gente de aquí.

No sabía nada de eso,

tal vez podría pedir allí mi traslado.

No sabía que tuviera intención de dejarnos.

En algunas ocasiones siento que mi labor pastoral aquí ha terminado.

Vaya, cuánto lo siento.

Todos sentiríamos mucho su marcha.

La gente de este barrio le ha cogido muchísimo cariño.

Y yo a ellos, pero nada es para siempre.

Solo la iglesia perdura. Sería una auténtica lástima

que se marchara. No se apure,

si yo les dejo, otro sacerdote ocupará mi lugar

y en poco tiempo todos seguirán igual de contentos.

¿De verdad... está pensando en dejar esta parroquia?

"Lo hago por usted. Sí, pero yo no se lo he pedido".

No necesito que nadie dirija mis pasos,

y si va a seguir así, le pido que no se acerque más a mí.

No se alarmen, de momento no tengo intención

de ir a ninguna parte.

Solo Dios es dueño de mi destino.

Es que no me puedo creer lo que me dice.

¿De verdad no hay un solo coche disponible en el pueblo?

Solo he podido conseguir un carro de bueyes,

y con él tardaríamos mucho más tiempo que si fuéramos andando.

No me extraña. En el pueblo, lo más lejos que se va

es al camposanto, y solo es un viaje de ida.

Lo lamento, Lucía, la he fallado.

No, no tenga en cuenta mi rabieta, usted no tiene culpa de nada.

Lo único que se me ocurre es mandar a un mozo a caballo

para que pueda darle aviso a su prima de que regresaremos mañana.

La pobre debe estar muy preocupada por nuestra tardanza.

Voy a mandar que preparen sus habitaciones

y encargar a mi mozo que vaya a la ciudad.

Pero ¿de verdad no tenemos otra opción?

Es que me duele muchísimo contrariar a mi prima.

Pues se me ocurre...

que podríamos mandar al mozo a una venta que hay a unos 10 kilómetros,

allí suele haber carruajes disponibles.

¿Y tardaríamos mucho? En poco más de dos horas

estarían en camino. Bueno,

eso puede ser una solución. Dos horas,

más lo que tardaríamos en llegar, regresaríamos al amanecer.

Bueno, tal vez sea mejor que nos quedemos aquí a dormir.

En ese caso, mandaré al mozo a Acacias para que dé aviso

a su señora prima.

Gracias.

Si no me equivoco, usted prefería pasar aquí la noche.

Me rindo. Me ha descubierto.

¿Sabe una cosa? Me parece una gran idea.

Será maravilloso dormir en el campo

y desayunar con usted al aire libre.

Me alegro de que piense así.

Así podremos hablar de nuestros anhelos, de lo que nos gusta,

de nuestros sueños.

Me siento muy afortunado.

Le aseguro que conmigo no tiene nada que temer.

Nada.

La verdad es que me cuesta encajar que mis verdaderos padres

fueran nobles.

Quizá por eso me gasté cada céntimo de mi herencia.

No me siento una Válmez.

"Aquí pone" que es "El guapito de Benajaluz".

-Pues el guapito de Benajaluz

es clavadito a Alexis. -A lo mejor es su primo.

-¿Tan parecido?

-Bueno, un hermano gemelo quizás.

-O es Alexis. -Ay, pero eso no puede ser, Susana,

Alexis está muerto.

-O no.

-Seguro que les ha pasado algo. Cuando lleguen nos contarán.

-Tendrá que aceptar nuestras normas o tendré que hablar con ella.

-Con ella y con Samuel, querrás decir, ¿no?

"¿Cómo le fue a Lucía" el viaje?

¿El viaje? (ASIENTE)

La verdad es que no lo sé.

¿Cómo que no lo sabe?

Que no me ha "dao" tiempo a preguntarle, anoche ya llegó tarde,

esta mañana me he ido al "mercao" y ella aún estaba en la cama.

-Tenemos que hablarles de un asunto algo... delicado.

-¿Delicado?

-Sí, y...

por el cariño que le tenemos a Rosina, no queremos incomodarla.

-¿Sucede algo con mi madre?

-Hablen de una vez, se lo ruego, están empezando a preocuparnos.

-Rosina ha cogido 5000 pesetas de la caja del yacimiento.

-"Yo lo que quiero" es celebrar la boda en Cabrahígo,

que es lo que manda la tradición.

-Sí, lo que manda la tradición de Cabrahígo,

que parece que es la única que cuenta.

-¿He oído eso con retranca?

-Es que se tiene que hacer todo a tu gusto,

parece que mi opinión no cuenta nada.

-Pues sí, sí que cuenta, Antoñito, pero en esto "pos" menos.

-Me han hablado de una empresa en Vizcaya,

quizá encuentre algo en administración.

-Pero Vizcaya está muy lejos. -Lo sé, madre,

pero es una buena oportunidad.

Me puse en contacto con ellos porque me enteré que buscaban a gente.

-¿Y te han dicho que sí?

-Anoche, la señorita Lucía no llegó de su viaje con don Samuel.

-¿Estás de chanza? -Pues no, y doña Celia

le ha engañado a don Felipe. Ella cómplice y yo también,

que la ayudo. Yo temo que don Felipe,

cuando se entere, se enfade. -Y te despida.

-"Está usted en lo cierto,"

Rosina y Susana mañana acudirán a algún sitio.

-Y me temo que no van a acudir solas, tengo un plan.

-Por favor, no cuenten "na", que me meto en un embrollo y de los gordos.

-No te apures, nada vamos a contar,

pero deberías tener más cuidado, cualquiera podría haberse enterado.

-Tiene razón, Agustina.

¿Me prometen que no contarán "na" de "na"?

¿Me dan su palabra?

"La señorita Lucía"

no regresó anoche a casa, doña Celia quiere ocultárselo al mundo.

Espero que Samuel Alday no se haya atrevido a hacerle nada malo

o le juro que...

Por favor, no diga que yo se lo he contado.

Lolita metió la pata y nos hizo prometer que no diríamos nada.

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  • Capítulo 898

Acacias 38 - Capítulo 898

27 nov 2018

Nicasio, el contacto de Samuel en Toledo, les enseña su colección privada de arte, pero no está el retablo de San Miguel. Sin embargo Lucía está feliz por las obras que han encontrado. Telmo sufre al saber que Lucía está con Samuel de viaje y Úrsula busca cómo consolarle.

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