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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 896 - ver ahora
Transcripción completa

Lucía. Traigo buenas noticias de El Hoyo.

No se las guarde.

Las buenas noticias no suelen visitarnos.

Los trabajos para acondicionar el albergue están muy adelantados

y ya hay un ala a la que se puede ir trasladando a los damnificados.

"¿Sabe lo que ha hecho el padre Telmo?".

Convencer a Lucía para que ponga su fortuna como aval

para reflotar las casas de unos miserables.

Eso es mentira.

Ha cometido un grave error, prior,

y ahora deberá asumir las consecuencias.

-No es una fotografía, es mi ruina.

¿O es que no me ven en la imagen, sentado fuera en la calle?

¿Qué problema hay con que haya salido retratado por error?

-Que mis jefes no piensan así.

Al igual que Servando, creen que estoy durmiendo.

-"Preciso una cosa de ti,"

que encuentres a Susana, aunque sea debajo de las piedras la buscas.

Haré todo lo que esté en mi mano.

-Por tu bien, espero que hagas más que eso.

-Madre, ¿por qué tal desesperación en encontrar a su amiga?

-¿Qué?

-A juzgar por su actitud, deberíamos preocuparnos.

-"Pos" muy bonito, el broche.

-Lo compré el día que supe que tenía que esperar un año entero

para casarme contigo

y lo he estado guardando todo este tiempo.

Y quiero casarme contigo, Lolita, me da igual el día,

no hay nada que pueda hacerme más dichoso.

"Insisto, lo próximo que quiero" leer en este diario es el escándalo

entre la heredera más rica de España y el párroco de su barrio.

Quiero escapar de este tormento que me está corroyendo.

-No, ni lo sueñes, ¡no me vas a dejar sola en semejante embrollo!

-Suelta. -Pero...

Susana, ¿qué te pasa?

¿Estás bien?

¿Qué te pasa? "En los próximos días"

me dispongo a hacer un viaje en busca de un retablo muy especial.

¿Ese viaje lo va a emprender junto a Samuel Alday?

(ASIENTE)

Ya has oído al médico, no hay de qué preocuparse.

-Parece mentira que tú digas eso.

-Me refiero a tu salud, clínicamente estás como un roble.

Ni el galeno ha sabido explicarte el motivo de tu desmayo.

-Porque no es mal de médicos, pazguata.

Tengo una "escalonitis" de miedo.

¡Me doy el dos!

-Quieta, que viene Liberto. Quieta, quita.

-El doctor se ha marchado haciendo cábalas.

No encuentra ningún mal en usted. Me lo ha dicho al despedirse.

-¿Y le has preguntado si está contagiada del mal ese

que tienen los pobres de don Telmo?

Esas cosas se contagian.

-Lo descarta por completo.

No hay fiebre ni disfunción pulmonar, es otra infección.

-Entonces, ¿me puedo marchar ya? -No.

Usted se queda ahí.

No va a moverse hasta que sepamos que el episodio no se repetirá.

-Pero ¿estoy sana o no?

-Lo que tiene que hacer es guardar reposo

y templar sus nervios, también.

-Eso, déjaselo claro, querido, que está más nerviosa que una liebre.

-No me hagas hablar, que entre tú y ella, ella y tú,

me tenéis con la mosca detrás de la oreja.

En cuanto se recupere, tía Susana,

vamos a hablar seriamente los tres. Se acabaron las extravagancias.

¡Casilda!

-¿Me llamaba el señor?

-Hay que tener rostro para preguntar si te llamábamos

cuando llevas todo el rato con la oreja puesta.

-Eso era por si la enferma necesitaba algo.

Mírela, tiene una cara de pachucha...

-Esa va a ser tu tarea hasta que se encuentre mejor,

cuidar de mi tía.

-¿Necesita usted algo, doña Susana? -No.

-¿Y qué hago ahora? -No te separes de ella.

Voy a comprar estas hierbas que ha prescrito el doctor.

-Uy.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ay. -¿Dónde vas?

-Casilda, ¿no has oído al señor de la casa?

Ha dicho que tienes que hacer mi voluntad

y, mi voluntad es poner tierra de por medio.

-Casilda, otra manta para doña Susana.

-Si con esta estoy que me asfixio. -Otra manta.

-A ver, señora, a mí, don Liberto

me ha dicho que no me separe de doña Susana.

-¿Quién te paga?

-Usted. Otra manta.

-Estate quieta, que pareces una lombriz en el anzuelo.

-No me voy a quedar aquí a esperar que los Escalona nos escabechen.

-¿Y dónde te crees que vas a ir? -A donde sea.

A Pernambuco. Despídeme de mi sobrino.

-¡Quieta!

Susana, ¿no te das cuenta

de que la decisión de Liberto es lo mejor?

Aquí, en nuestra mansión, ni los Escalona se atreverán

a atentar contra nosotras.

-¿Nos enterramos aquí de por vida?

-Durante un tiempo estaremos a resguardo,

tenemos tiempo de pensar en nuestra cuitas.

Pensándolo bien, tu desmayo ha sido una bendición.

-Bueno, en eso puede que tengas razón.

-Claro.

Aquí podremos descansar, pensar tranquilamente...

-Y Liberto también podrá interrogarnos.

Sospecha que hay lío.

-A eso también le buscaremos solución.

¿Eh?

Pase, por favor. Tome asiento.

¿A qué debo este placer?

Solo quería agradecerle

la confianza que ha depositado en mí

al permitir que Lucía me acompañe.

Lo he hecho por ella.

Unos días de asueto le vendrán bien

después de los trabajos que ha tenido.

Bien dice usted.

Procuraré que el viaje se ameno y que lo disfrute.

Me alegro.

Quería que supiera que el marfil para la marquesa está casi listo.

Quedan unos retoques

que Lucía podrá ultimar antes del viaje,

quizá en casa de los marqueses.

Me alegra. Ese detalle será importante en mis relaciones.

Solo me queda desearle buen viaje. Agradecido.

Aunque la bondad del viaje está garantizada gracias a la compañía.

-¿Se marcha? Así es.

Venía a intercambiar cumplidos.

Buen viaje entonces.

Cuide mucho de Lucía.

Pierda cuidado. Su bienestar será mi única preocupación.

Con Dios. Con Dios.

-Con Dios.

-Cariño, ¿vas a visitar a los Hidalgo?

He oído que doña Susana se desmayo en la calle.

-¿Qué me ocultas?

-¿Cómo?

-Sé que sucede algo.

Me duele que no me lo quieras contar.

-Cariño, no pasa nada, de veras.

¿Sabes cómo se besan los esquimales?

-Con "cuidao", porque con ese frío, si se aprietan mucho, se rompen.

-No, se besan así, mira. Igual que nosotros.

-Deja, que me haces cosquillas. -¿Te parece gracioso?

-Es que, las cabras también se besan así cuando están en celo

y en salva sea la parte.

-Qué manía con la fauna de Cabrahígo.

-Deja de quejarte, que tenemos cosas de mayor enjundia que hablar.

-¿Qué hay de mayor enjundia entre enamorados que darse cariño?

-"Pos" fijar la fecha de nuestra boda, por ejemplo,

y así dejaremos de ser novios, que es lo que tú quieres, bobalicón.

-Ahí, ahí, tú sí que sabes darme contentura.

Lo he pensado. Creo que podríamos celebrarla dentro de tres semanas.

Coincide con el cumpleaños de mi padre

y así podemos hacer ambas cosas. -A ver qué dice el almanaque.

Ay, dentro de tres semanas imposible,

tiene que ser dentro de cuatro.

-Pero dentro de tres ya habremos cumplido un año de noviazgo.

-Ya, pero no hay luna llena.

-Ya, y en Cabrahígo todas las bodas tienen que ser...

-Sí, en luna llena.

Qué listo eres y que poco hace falta que te explique las cosas.

Es una tradición del pueblo

"pa" que el matrimonio sea sano y tenga descendencia.

-Eso es absurdo.

En el resto del mundo la gente se casa cuando quiere

y siguen teniendo descendencia. -También puede ser el caso.

-Pero entonces, tendríamos hijos más velludos que un jabalí en invierno.

-Ya. Allí también creéis en licántropos.

-¿Mande?

-Sí, que nos casamos cuando tú quieras.

Si tú eres feliz, yo también.

Nos casamos cuando quieras y tenemos hijos.

-Más que los conejos. -Muchos más.

-Vale, pues entonces hay que decírselo a la familia

y a los "allegaos".

El Antonio y la Lola se casan "pa" luna llena dentro de cuatro semanas.

-Eso es. Descuida, que yo hablo con mi padre.

Pero antes podrías darme un besito, ¿no?

-"Tos" los que tú quieras,... pero de estos.

Creí que me había dicho que hoy iba a trabajar

y que por eso hoy no hacíamos retratos.

-Trabajando estoy, poco, pero trabajando.

-¿Y para qué ha mandado recado de que quería verme?

-Quería compartir penas con usted.

-Ah. -Siéntese.

-Vaya, hombre.

Ya podría querer usted compartir ensaimadas. En fin...

A ver, ¿cuál es la acongoja?

-¿Cuál va a ser? Cesáreo, que no se me va de la cabeza.

-Ay. -Yo no quería sacarle en el retrato.

Yo solo quería sacar el cartel,

y ahora va a pagar él las consecuencias.

-Que no se preocupe por Cesáreo. Además, él es un angustias.

Le habrá caído un rapapolvo por haberse "quedao" dormido,

pero de ahí a que llegue la sangre al río...

-Bien sabe Dios que yo no quise perjudicarle.

-Una regañina no perjudica a nadie.

Le habrán dicho que no solo tiene que estar despierto,

además tiene que parecerlo.

-Buenas tardes.

¿Le queda a usted algo de bollería?,

de esa que se le va a quedar dura para mañana.

Y me la deja a precio. -Claro, algo queda.

Por cierto,

¿cómo está la sastra?

-En casa de doña Rosina.

Ha de seguir perjudicada.

-Pobre. Si es que, Cesáreo

tenía que haber estado más atento y llamar a una ambulancia,

que es su deber.

-No culpe usted al sereno.

Esta el pobre para pocos trotes.

-¿Sigue alicaído? -Toma no.

Por lo visto, le han abierto un expediente.

-¿Y eso qué es? -Que sus superiores

van a indagar en lo de su siesta en plena faena.

Y es probable que lo pongan de patitas en la calle.

"Ahora os traigo algo de comer".

"Prudente no sé,..."

cabezón sí.

(RÍE)

No se ría.

Es la verdad.

Cuando algo me importa de verdad,

jamás abandono.

Jamás.

"Le ruego que sigamos manteniendo las distancias".

De acuerdo.

Si ese es su deseo,

no la importunaré más.

Se lo agradezco.

"El tiempo terminará por abrirle los ojos por completo

y, entonces comprenderá lo canalla que es ese hombre".

¿Estás bien?

Sí. Sí, estaba...

viendo unos grabados de arte sacro que han sido restaurados.

Estoy algo nerviosa por el viaje.

Te apetece ir, ¿verdad?

Sí, por supuesto.

El retablo de San Miguel es una de las joyas de nuestro arte,

daría cualquier cosa por verlo.

¿Te agrada también la compañía?

¿Samuel?

Sí, por supuesto que sí.

Sin él no podría ir.

No solo es eso.

Resulta evidente...

que él no quiere hacer ese viaje solo por el retablo.

Trata de estar a solas contigo.

Prima, ¿me está advirtiendo de un posible peligro?

No, de ser así no te permitiría ir.

¿Y qué trata de manifestar exactamente?

Solo quiero que veas que Samuel tiene...

la pretensión de tener un acercamiento

contigo.

Si vas a ese viaje,

le estarás dando esperanzas.

(Llaman a la puerta)

Ya está aquí, padre.

Aquí me tiene.

Buenas noches.

Déjenos, Úrsula.

¿Quiere usted sentarse?

No será necesario. ¿Para qué me ha hecho llamar?

Gracias por venir.

Hasta he dudado de que lo hiciera.

Vaya al grano, padre,

no tengo tiempo que perder con usted.

De acuerdo. Seré breve.

Ha llegado a mis oídos que viajará con Lucía.

Y quiero advertirle.

Si de alguna forma le hace daño,

tendrá que vérselas conmigo.

¿Celoso, padre? Deje el sarcasmo.

Más le vale que el viaje se desarrolle con decoro,

y que Lucía no tenga queja alguna.

¿O qué?

¿Es que me está amenazando usted?

Le advierto, sí.

No está usted en condiciones de imponerme nada.

Tiene usted mucho que ocultar.

¿Quiere que todo el mundo sepa de su trato con el prior Espineira?

¿Quiere que sea de dominio público

que Espineira y su orden tratan de apropiarse del dinero de Lucía?

Si intenta usted cualquier cosa, no lo dude,

la propia Lucía será informada

de sus manejos con el prior.

Sabrá que ha intrigado usted con Espineira

para tratar de despojarla de su fortuna.

Dedíquese a las cosas de Dios, que es su obligación

y, deje de jugar a caballeros y doncellas.

No quiero que vuelva a inmiscuirse en mi relación con Lucía.

Es usted despreciable.

Pero yo no escondo debajo de una sotana mis fines inconfesables.

¡No me voy a amilanar, padre!

¡No se saldrá con la suya!

¡Ya es suficiente!

Váyase.

Salga inmediatamente de esta casa.

¡Por el amor de Dios!

¡Samuel!

Basta.

Hueles a achicoria desde mi cuarto.

-¿Qué haces levantado? -Madre,

llevo días descansando.

-Vuelve a la cama, que ya te estaba llevando la sopa de pan.

Desayunaré aquí.

Además, como ya me han quitado el cabestrillo, haré vida normal.

-Vale, pero en cuanto te notes cansado, vuelves a la cama.

-No me cansaré, madre.

Me noto perfectamente.

Es más, pienso ir a trabajar.

-¿Cómo? No, eso sí que no.

Ni aunque tuviera que atarte a la pata de la cama.

-Está exagerando. -Ni un poco.

No estás en condiciones de deslomarte cargando todo el día.

Es más,

no creo ni que te permita volver al mercado para un trabajo como ese.

-De alguna forma tendré que ganarme la vida, ¿no?

Además, no estamos como para despreciar una faena por cansada.

-Ya, pero con lo que yo gano, viviendo en el altillo

y sin caprichos,

creo que podríamos mantenernos, al menos hasta que te recuperes

y encuentres otro trabajo menos fatigoso.

-Ni lo sueñe, madre.

Con lo que nos ha pasado a usted y a mí,

y con todo lo que he visto y aprendido estas semanas,

no voy a tolerar que sea usted la que traiga la comida la mesa.

-No sería por mucho tiempo, ya te lo he dicho.

Cuando puedas, buscas otro trabajo,

pero algo que sea menos extenuante.

-He cambiado, madre.

¿No se ha dado cuenta?

Gracias a usted y...

en parte también a esa gente del altillo,

he comprendido que ya no soy un niño.

-¿Y qué eres, hijo?

-Un hombre, todo un hombre.

Y más aún,

quiero ser un hombre digno, ganarme el pan con el sudor de mi frente.

Y también el suyo si es necesario.

-Ay.

De acuerdo, cabezota,

hagámoslo como tú quieres, pero...

prométeme que primero le darás tiempo a tu cuerpo

para que se reponga como Dios manda.

-Lo haremos a su manera.

-Gracias, hijo.

-Pero cuando recupere las fuerzas, buscaré trabajo de lo que sea.

-Que sí, hijo.

Primero ponte bueno, luego ya encontrarás algo.

-Ya está.

Voy a dar un paseo.

-Pero si ni te has comido las migas de pan.

Reposa un poco el desayuno, anda.

-Acuérdese de lo que hemos hablado.

Necesito recuperar fuerzas

y, darme un garbeo por ahí es la mejor forma de recuperarlas.

-(BOSTEZA)

Hoy va a ser un gran día, sí.

-Casilda,

tu señora suele levantarse tarde, ¿verdad?

¿Te importaría acompañar a mi Raúl a dar un paseo?

-Prefiero ir solo, madre, no soy un niño de teta.

-Tú te callas.

¿Me harías el favor, Casilda?

-Me viene muy malamente, la verdad.

Ya tengo otro encargo de vigilancia.

Don Liberto me ha pedido que vigile

a la sastra y, entre eso y la chaladura de doña Rosina,

pues no voy a tener tiempo ni "pa" estornudar.

-Qué pena,...

yo que te pensaba hacer la colada de los Hidalgo.

-¿En serio? -Sí.

-Pues hala, niño, termina de desayunar,

que te voy a llevar a pasear, aunque sea al mismísimo infierno.

Voy a terminar de aviarme.

¿No está Lolita? Debería traer otra cafetera.

-Anda haciendo el equipaje de Lucía.

Si quieren más café, yo lo traigo.

Por mí no es necesario. -Yo estoy tomando té.

-Señorita, ¿qué gabán le meto en el hatillo?

-Lolita,

¿tienes que interrumpir por un viaje que será dentro de dos días?

-Fíese de la Virgen y no corra, que luego vendrán los olvidos.

¿Cuál de ellos señorita? El que tú prefieras.

Pero no lo metas en un hatillo, hazlo en la maleta.

Hoy tienen ganas de cuchufleta,

que no es que no me guste verla con ganas de bulla.

Pues meteré este,

que se siente más calentito.

-No te vuelvas loca, que es un viaje de ida y vuelta.

-Como si los chuzos no cayeran en una sola "jorná".

Y más en esta época, que el tiempo engaña que da gusto.

Inclemencias del tiempo aparte,

se te ve muy ilusionada con el viaje.

Es una oportunidad única.

Con suerte podremos conseguir el retablo de San Miguel.

Y aunque no fuera así, estarán expuestas otras obras de arte.

-Espero que tengáis suerte y encontréis algo de tu agrado.

(Llaman a la puerta)

¿Quién será tan temprano?

-Disculpen, el señor Alday.

Señoras. -Don Samuel.

Siéntese, por favor. ¿Quiere desayunar algo?

No, gracias, doña Celia, solo venía a recoger Lucía.

No sabía que tuvieran nada previsto hoy.

Me he permitido regalarle

a la marquesa de Viana,

en nombre de don Felipe, una talla de marfil

que Lucía ha restaurado. Quedan algunos retoques,

pero la marquesa ha consentido que los ultime en su casa.

Como nos vamos de viaje... Claro, en ese caso, vayan.

Volveré en cuanto termine. Pierde cuidado.

¿Me vas a explicar por qué Samuel Alday tiene que regalar nada

en tu nombre?

Últimamente, mis relaciones con los marqueses

no están pasando por su mejor momento.

Samuel se ofreció a suavizar el trance.

-Por eso has aceptado que Lucía viajara con él tan fácilmente.

-¿Cómo puedes pensar eso?

¿Crees que trafico con tu prima como si fuera mercancía?

-Ni yo habría podido decirlo mejor.

-Celia, soy un caballero.

-Un caballero que conozco mejor que a mí misma,

que se que es capaz de venderme hasta a mí,

con tal de mantener su posición.

¿Ha desayunado bien, tía?

-Sí. Incluso creo que he comido de más.

Estaba muy apetitoso.

-¿Y tú, querida?

-Bien, yo también, aunque tomaría...

algo más de jalea real, porque me siento débil.

Yo necesito... -Ya está bien, Rosina, ya está bien.

No vamos a retrasar lo inevitable.

Tanto...

a Leonor como a mí no se nos ha escapado

vuestra actitud de los últimos días. Así que ha llegado el momento

de poner las cartas sobre la mesa y que nos contéis la verdad.

-¿Sabes de qué está hablando, Susana?

-No nos vamos a mover de aquí hasta que todo quede aclarado, ¿estamos?

De vosotras depende.

-Madre, como siempre me ha dicho,

es mejor soltarlo de golpe, que dejarlo dentro y que se haga bola.

-Es una tontería que seguro que os hace gracia cuando la conozcáis.

-Pues mejor que sea para reír y no para llorar.

-(RÍE)

Todo comenzó, bueno, principió... -Rosina.

...cuando don Venancio nos pasó a la clase

de avanzado. -Rosina.

-Sí, esa clase para los mejor dotados.

-Rosina. -En esa clase

había un señor de mediana edad que de golpe y porrazo,

como si Cupido lo hubiese flechado, se enamoró perdidamente de Susana.

-Pero sin que yo tuviera nada que ver.

-No, claro.

Susana siempre dio muestras de decoro y recato.

-Está bien, pero no me parece

un lance de tanta enjundia como para que ustedes se comportaran

de esa forma.

-Ya, pero es que, el señor, al creernos artistas del pincel,

se creyó que éramos un poco liberales.

Buen, hasta libertinas, diría yo.

Y claro, por esa razón abandonamos la dichosa academia.

-Ya, pero hay algo que no entiendo.

Si ya han dejado de ver a ese hombre, ¿dónde está el problema?

Muerto el perro se acabó la rabia.

-Bueno, eso hubiera sido en circunstancias normales, pero...

el hombre no se arredró, parecía que sus ansias fueran a más.

-Rosina, por favor, que me avergüenzas.

-No, no, no.

Tú nunca le diste pie para sus disparates.

-¿Qué disparates? -Bueno,...

el señor, empecinado, se enteró de dónde estaba sita

la sastrería de Susana

y colgó ese horrible dibujo en la pared.

-Rosina, eso no me parece muy convincente.

Según lo que cuentas, las dos estáis exentas de culpa.

-Y si eso es así, ¿por qué no lo contaron desde el principio?

-Por el pudor de Susana.

Y por ti, querido, porque sabemos que eres muy hombre

y que nunca consentirías esa afrenta.

-Claro que no. De hecho, ahora voy a ir a hablar

con ese sátiro y le voy a cantar las 40.

-No, querido, solo se trata de un pobre enamorado

que ha perdido el oremus. Ya se cansará.

No hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Pelillos a la mar.

-¿No se considera usted ofendida, tía?

-No.

-Bien. En ese caso, aquí paz y después gloria.

Me alegro de que por fin nos hayáis contado vuestro tejemaneje.

Eso sí, como vuelva a ver a ese hombre por el barrio,

que se atenga a las consecuencias, ¿estamos?

¿Me acompañas, Leonor?

Creo que tía Susana necesita el consuelo de tu madre.

-Ay.

-(RESOPLA)

¿Por qué tenía que ser yo la implicada?

Has hecho que parezca una libertina.

¿No podrías ser tú la que atrajera al sátiro?

-Chist. A ver, compréndeme,

si me pongo yo como objeto de deseo de ese señor,

mi Liberto lo busca y lo bate en duelo sin pensárselo.

-Pero ¿qué señor?, no hay señor.

-No vuelvas a decir eso.

Sí que hay señor, y uno muy requeteguarro.

Defenderemos nuestra historia a capa y espada

y, ante el mismísimo papa de Roma.

Bueno, pues yo quería comentarles un asunto.

Y es que, Lolita y yo,

ya tenemos fecha para la boda. -¡Ay!

¿Cuándo? -En cuatro semanas.

-Hijo, pues yo no es que quiera verter un jarro de agua fría

sobre vosotros, pero no crea que sea el momento adecuado.

Trini está en un estado avanzado de gestación,

y no va a poder disfrutar del evento.

-Yo lo siento, pero ha sido Lolita.

-Que no, que no te preocupes. No tienes que darme explicaciones.

Os tenéis que casar en luna llena. -¿Por qué?

(AMBOS) Cabrahígo.

-¿Otra vez estamos con las supersticiones?

-¿Supersticiones?

-Padre, es que si no, su nieto va a nacer con pelo en las uñas.

-¡Qué tontería! Trini y yo no nos casamos con luna llena.

-¡Va!

Oh, sí, tal vez. Puede que sí, no me fijé.

-Claro que sí.

Más llena que el buche del cura.

Pero no te dije nada porque coincidían fechas.

-Esto es terrible.

-Mírelo por el lado bueno.

Mi hermanito solo va a tener pelo donde tiene que tenerlo.

-Eso es.

-Está bien, para vosotros la perra gorda.

Casaos cuando queráis,

pero tú, Trini, nada de excesos.

Ni bailes, ni excesos de bizcocho,

ni saltitos, ni nada. -Que sí, Ramón.

Cuando tengas un rato, escribes una lista con las privaciones,

y luego, me la aprendo.

-Muy bien.

-Ay...

¡Susana! ¡Mira quién ha venido a visitarnos! ¡Qué bien!

Bueno, siéntense, señoras. Están en su casa.

-Veníamos a interesarnos por ti. Menudo susto nos has dado.

-¿Y Agustina qué hace aquí?

¿Ha pasado algo?

-Nada, no te apures, que no hay por qué.

Agustina se interesó por ti y le hemos dicho que venga.

-Espero no ser molestia.

-No, claro que no.

Estoy muy bien, ya me veis.

-No tienes muy buena cara.

-Bueno, es normal.

A nadie le gusta que le pinten la fachada

por muy enamorado que esté el pintor.

-Ah, ya os habéis enterado, por lo que entiendo.

-Tu Liberto se lo ha contado a Ramón.

-Bueno, Susana, que levanta pasiones.

-Yo no quiero levantar nada.

-No querrás, pero las levantas.

-No entiendo por qué os empeñáis en ocultarlo. No es culpa vuestra.

-Bueno, a mí me pone en boca de todos.

-No es más que un loco, Susana.

-Pero un loco de amor. Es lógico que la gente hable.

-¡Ya está bien!

-No te lo tomes a mal.

Pensándolo bien, debería hacerte gracia

ser la musa todavía de algún hombre.

-¿Te quieres callar?

-No tardarás en abrir la sastrería, ¿no?

-¿Yo?

Ni hablar.

-Ya veis lo mal que le sienta seguir levantando pasiones.

Lo mejor será que Agustina levante el cierre lo antes posible,

porque lo necesitas para comer.

-Descuide, señora, que yo no haré nada que usted no hiciera.

-Pues todo arreglado. Todo ha salido a pedir de boca.

-En fin, nos alegramos de que todo haya quedado en un susto.

-Sí, pero deberías animarte y salir.

Aunque yo entiendo que no quieras exhibirte

dado cómo los encandilas a todos.

-Bueno, ¿no os ibais?

-Ah, pues sí, mejor.

Venga, os acompaño a la puerta.

-Rosina, hija, cómo estás.

A más ver.

(SUSPIRA)

¡Lo has adrede para reírte de mí!

-¿Cómo puedes decir eso? ¡Me ofendes!

¡Después de que he inventado una historia

que todo el mundo se ha tragado como si fuera merengue!

¡Pero no deberías haberte negado a abrir la sastrería!

-¡Como que voy a bajar yo a exponerme

a los bestias de los Escalona,

para que me piolen!

-¡Nadie va a piolar a nadie!

Te prometo que aunque ahora creamos que no,

todo se va a arreglar.

Todo será olvidado dentro de unos días.

-Espero que Dios te oiga.

Este es el retrato.

No me dirán que no aprecian el arte de su portero.

-Sí, sí.

Un poco desencuadrada, pero no está nada mal.

-No seas tan tiquismiquis, hijo.

Es una fotografía callejera que trata de capturar el instante.

Se supone que el fotógrafo debe actuar deprisa,

en un impulso de cazador.

-Así es, así es.

Cómo se nota que usted entiende de actualidad.

Me ha descrito perfectamente.

Rápido, intuitivo, instintivo.

Así soy yo.

-(CARRASPEA)

Ah.

No, no, y Flora, que en este negocio vamos a la limón.

-¿Les ha gustado? En el periódico estaban encantados.

-No está nada mal.

Nos ha gustado mucho, y no está de más que el barrio sea noticia.

-Lástima que el sereno haya salido trasquilado

por tener la mala fortuna de estar ahí, en ese momento.

-¿Trasquilado? ¿Sabe usted algo de él?

-No con esa actitud, pero según me dicen,

es bastante probable que no le conserven en el empleo.

Termina el café, hijo.

-Me queda un trago y ya está.

Hasta más ver. -Con Dios, señores.

Si despiden a Cesáreo,

lo llevaremos sobre nuestras conciencias.

-Si despiden a Cesáreo es porque se quedó dormido.

-Él dice en que se estaba sacando una piedra del zapato.

-Excusas, y las excusas son como los traseros,

todo el mundo tiene una.

Un café bien cargado,

que luego, algunos dicen que me sobo.

-Marchando un café cargado, cargado.

¿No se le cae el alma a los pies de ver al sereno tan decaído?

-Hombre, no se me saltan las lágrimas,

pero sí me toca,

que aparte de ser rápido, instintivo y todo lo demás,

uno es sensible.

-¿No cree que deberíamos hacer algo por él?

Le damos el dinero que ganamos con el retrato.

-Eso tampoco estaría mal,

pero si le van a echar, sería pan para hoy y hambre para mañana.

-¿Nos quedamos de brazos cruzados?

-Está bien, no se preocupe, que Servando se ocupa de esto.

-¿Qué va a hacer usted? -Yo hablo con él.

-A ver si va a ser peor el golpe que el coscorrón.

-Cuando digo que soluciono una cosa, soluciono esa cosa.

¿O es que usted no se ha estudiado mi biografía?

Carmen.

Carmen.

Espera.

-Disculpe, comisario, pero don Samuel no está en casa.

-Vengo a verla a usted.

-¿A mí?

¿Y eso?

-Pase, por favor.

No me es grato tener que darle esta noticia,

pero su marido se ha fugado durante el traslado al penal.

-No...

Otra vez no.

-Es un trasegador de cuidado.

Fingió no sé qué añagaza para crear tumulto y escapar.

Lo siento.

Espero que su fuga no dure demasiado.

Todos mis hombres están buscándolo.

-Sus hombres, perdone que se lo diga, no son muy duchos.

¿Sabe usted si vendrá por aquí?

-De más está hacer cábalas.

He venido a prevenirla por si apareciera.

-Descuide, estaré alerta.

-No dude en comunicarme cualquier actividad

que le parezca sospechosa,

aunque no sea su presencia.

-Así lo haré. No se preocupe.

Con discreción. Está de más decirlo.

-Por mí no se sabrá, comisario.

-Se lo agradezco.

Con Dios.

-Con Dios.

Carmen.

¿Qué ocurre?

¿Ha empeorado su hijo?

Pues algo ha debido pasar, Carmen, porque usted...

Usted no está en su ser.

-Fabiana, es que he prometido no contarlo.

-Le guardaré el misterio. Descuide.

Desahóguese, mujer.

-No lo repita usted por ahí,

pero mi esposo se ha vuelto a escapar.

-¡Arrea!

¡Pero qué mañas tiene ese hombre!

-Y los guardias qué incautos.

Estando ya sobre aviso de que Javier era un zorro.

Y el comisario Méndez teme que vuelva otra vez por aquí.

-Dios no lo quiera.

¿Lo sabe Raúl? -No.

Y tampoco sé si contárselo.

Aún no está recuperado del todo,

y no me refiero solo a la herida.

Su padre, aparte de decepcionarle,

le ha enseñado lo que es capaz de hacer.

-De darle a usted matarile.

-Si sabe que está otra vez libre,

se preocuparía por mí.

No le haría ningún bien.

-Ya.

Por otro lado...

no sé si estará bien dejar al muchacho a verlas venir.

Piénseselo bien, Carmen.

Mientras tanto, será mejor que no vaya sola a ninguna parte.

Que la acompañe quien sea, pero no vaya sola.

-Ay, Fabiana...

-Temple, Carmen.

Tengo que darte le enhorabuena,

porque con un poco de suerte,

vas a ser abuela un poco después de ser madre.

-Si Dios lo quiere, bienvenidas sean las dos criaturas.

Dele a Lolita y a Antoñito mis felicitaciones.

-Y a mí el pésame, porque me quedaré sin servicio

Dios sabe cuántas semanas.

Hablando de servicio,

no hemos comentado la labor que ha hecho Úrsula estos días.

-Si la hubiera conocido en otros tiempos...

-Esperemos que sea cierta esa transformación.

Eso significaría que las personas podemos cambiar

para bien y no para mal.

-Esperemos que le dure.

Lucía, ¿tú, qué? ¿Qué tal tu trabajo?

Bien, sigo aprendiendo.

-No seas modesta.

Sus restauraciones han recibido toda clase de alabanzas.

-¡Qué maravilla! Pues que dure la racha.

Eso espero.

Pasado mañana salgo de viaje en busca de nuevas piezas.

Y me acompaña Samuel,

que ha demostrado tener muy buen ojo.

-Es un viaje de ida y vuelta, no te vayas a creer.

-Bueno, como si es de una semana.

Yo no me atrevería a decir ni media.

Pero se ve que entre Samuel y tú hay muy buena sintonía.

Bueno, sintonía o no, necesito hacer ese viaje.

Salir un rato de Acacias y alejarme de aquí.

Hija, ¿y por qué ese ansia por dejarnos?

No se lo tome a mal, que no lo decía por los vecinos.

Es solo que bueno, han sido días muy duros

atendiendo a los damnificados.

Claro.

Claro, es de entender.

(Puerta)

¡Ya va!

¿Qué hace usted aquí?

No se ponga de uñas.

Solo le traigo un bizcocho a su hijo

y mis mejores deseos para su recuperación.

Aceptarlo no significa aceptarme a mí.

A él le gustará.

¿Puedo pasar?

Adelante.

¿Va mejorando el muchacho?

No es una pregunta de cumplido.

Lo cierto es que desde que le acogí, cuando llegó al barrio,

le he ido tomando mucho cariño.

Va mejorando, sí.

Quería haberlo visitado mientras estaba en la cama,

pero... sabe que hemos estado muy atareados.

¿Qué es lo que quiere?

Carmen,

no sé si me creerá, pero...

estoy recuperando algunos recuerdos.

No son claros, pero...

tengo la sensación de que usted y yo hemos compartido mucho.

Cosas buenas y malas.

Sí, pero yo solo recuerdo lo malo.

La entiendo, no crea que no.

Sé que tardaré lo que no está escrito

en ganarme la confianza de ustedes.

Quizá me cueste la vida entera

hacerles ver que he cambiado.

Eso no está en mi mano remediarlo. Ni yo se lo pido.

Mi única demanda es...

que me deje visitar a su hijo.

Podría hacerlo a sus espaldas, pero...

me gustaría contar con su consentimiento.

Le daré el bizcocho a Raúl. Es todo lo que puedo prometerle.

Está bien.

No quiero molestarla.

¿Ha terminado?

Sí.

¿Se encuentra en casa don Samuel?

Úrsula.

Carmen, déjanos solos, haz el favor.

Enseguida estoy con usted.

vaya echando una ojeada al género mientras tanto.

-Tan solo quería hablar con doña Susana.

-¡Ah!

¡Es usted!

Doña Susana no está.

-Ah. Esperaré.

-No creo que venga hoy.

-Ah.

¿Podría decirme dónde encontrarla?

Es que tengo que hablar con ella un asunto personalmente.

-Lo siento, no puedo ayudarle.

Pero quede tranquilo,

le daré el recado de que usted ha venido.

-Ya veo.

Perdone la molestia.

-Ha sido un gusto.

¡Huy!

Perdone. ¿Le he hecho daño?

-No, en absoluto, señorita.

Aunque...

sí que podría ayudarme.

-Dígame cómo y no lo dudaré.

-¿Sabe usted dónde podría encontrar a doña Susana?

Es que tenía una cita con ella y no logro localizarla.

-Está enferma.

-¡No me diga!

Qué fatalidad.

Me gustaría tanto... interesarme por ella.

-Nada más fácil.

Está pasando la convalecencia en el 38,

en casa de doña Rosina, la esposa de su sobrino.

-No sabe cómo se lo agradezco. -No hay de qué.

No siga insistiendo en que me marche porque no me voy a ir.

Al menos, no antes de haberle hecho un par de advertencias.

¿Tú a mí?

¿Advertirme tú a mí, de qué?

Hablemos antes del padre Telmo.

¿Qué tengo que hablar yo contigo de ese individuo?

No eres más que la criada de un cura.

Así es.

Pero le conviene escucharme.

Por mucho que se empeñe en negarlo,

el padre Telmo es un hombre de bien.

Y en el caso que nos ocupa,

solo pretende proteger a la señorita Lucía.

Protegerla... de usted.

¿Qué payasada es esta?

No tengo por qué escucharte.

Vete agradecida porque no te echo a patadas.

¿Crees que me puedes impresionar con tu falsa dignidad?

Eres un hombre rastrero y vil,

capaz de cualquier ignominia, y un cobarde.

Capaz de asesinar a alguien por la espalda.

No se te ocurra tutearme, vieja loca.

¿Acaso tú no eres capaz de todo?

Te conozco. Eres una loba.

Pues tome nota.

Usted lo ha dicho.

Soy capaz de todo.

No puedes enfrentarte a mí.

Todo el mundo sabe que tienes el alma podrida.

Pues ándese con ojo.

El padre Telmo quiere proteger a la señorita Lucía,

y yo he decidido proteger al padre Telmo.

Se las tendrá que ver conmigo.

Quizá no me haga falta.

Hasta la fecha, todos los que has tratado de proteger,

han terminado mal parados.

Ojalá el padre Telmo tenga el mismo camino.

Eres despreciable.

¡Oh!

Cállese o se arrepentirá.

Me aburren tus delirios.

¡Lárgate de aquí!

Estoy derrengada.

Me voy para el catre. No voy a cenar.

-¿Dónde está mi hijo?

-¿El qué? ¿Todavía no ha llegado?

-No.

-Él venía en tranvía. Ya tendría que estar aquí.

-¿Cómo que venía en tranvía?

-Sí, señora Carmen.

Es que nos fuimos más para allá del río,

y cuando ya no podíamos más,

su hijo dijo que por qué no nos volvíamos en tranvía.

Pero no juntábamos parné suficiente para comprar dos billetes,

así que solo compramos uno

y él fue en tranvía,

porque como está medio enfermico yo le dejé.

Don Antoñito, me gustaría pedirle un favor.

Me gustaría que me acompañe al consistorio.

Me gustaría ir con don Ramón, pero me da vergüenza pedírselo.

-Bueno, por lo menos eres sincero, Servando.

-No te preocupes, Servando, que yo dejo esto aquí

y me marcho para que sigas hablando con Antoñito.

¿Más azúcar? -Usted eche sin miedo.

Eche. -Mejor te la dejo aquí.

Permiso.

-Dime por qué quieres hablar con el responsable de servicios.

-Cosas mías, don Antoñito. Cosas mías.

-Ya.

-"Dejen de dar largas y paguen".

-Pero yo no tengo esa cantidad que piden.

-Pero doña Rosina sí.

¿No era propietaria de una mina de oro?

Ese dinero para ella es calderilla.

Y los Escalona... han hecho sus buenas averiguaciones.

-¡Ay, Dios mío!

¡Saben lo de la mina!

-"¿A qué se debe este buen humor, Cesáreo?".

-A que mis superiores me han retirado el expediente.

Se han dado cuenta de que cometieron un error

al acusarme de negligencia por la imagen del diario.

-¿Y no corre peligro su puesto de trabajo?

-Hasta están pensando en darme un ascenso.

He hablado con el padre Telmo.

Podemos ir a hablar con él cuando queramos.

-¿Con el padre Telmo para qué?

-Tendrá que casarnos, digo yo.

-Antoñito, una cabrahiguense se casa en Cabrahígo.

¡Faltaría más! -¡Ja!

Si hay un responsable de la muerte del pobre Alexis, es usted.

Usted es el dueño de la academia.

-Mire, no le consiento...

-¡Usted me consiente esto y mucho más! ¡Ya está bien!

Está usted hablando nada más y nada menos

que con la viuda de don Maximiliano Hidalgo,

que fue secretario del subsecretario

del Ministerio de Salud Pública. -Rosina, calla.

-No me gusta nada su tono, señora mía.

Les advierto que van a pagar.

No voy a consentir que los Escalona la tomen conmigo.

Y si no pagan,

yo mismo las denunciaré ante la policía.

"Yo le respeto".

Y aunque me ha costado reponerme a lo sucedido en aquella ermita,

he trabajado con usted codo con codo

y con los afectados por las inundaciones,

y padre, he admirado su tesón.

Por eso le pido que se aparte del camino de Samuel

y no se inmiscuya.

Lo hago por usted.

Sí, pero yo no se lo he pedido.

No necesito que nadie dirija mis pasos.

Soy una mujer adulta que sabe lo que hace.

Y si va a seguir así,

le pido que no se acerque más a mí.

Eres una vieja patética,

indecisa y acabada,

sin fuerzas para luchar ni defenderse.

Pronto te veré en la puerta de una iglesia pidiendo limosna.

Ese será el final de tu viaje.

¿No te apetece pedir limosna?

Pues intenta matarme y lo evitarás.

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  • Capítulo 896

Acacias 38 - Capítulo 896

23 nov 2018

Lucía está ilusionada con el viaje a Toledo con Samuel para encontrar el retablo de San Miguel, perdido hace siglos. Celia se enfada con Felipe asumiendo que Samuel ha comprado su favor enviando la estatuilla de marfil a los marqueses de Viana. Liberto y Rosina instalan a Susana en casa después de su ataque. Rosina sale del paso afirmando que un alumno de las clases de dibujo acosaba a la sastra, para vergüenza de Susana. Don Venancio descubre que la viuda de Séler se esconde en casa de los Hidalgo. Lolita impone la fecha de boda y a Antoñito no le queda otra que aceptar, pero Ramón no. Cesáreo se juega el puesto de sereno tras aparecer la foto de Flora y Servando en el periódico. Raúl afortunadamente se recupera rápido del disparo. Méndez informa a Carmen que el Adonis ha escapado en el traslado a prisión. Telmo y Samuel se enfrentan delante de Úrsula. La criada defiende al párroco y le deja claro a Samuel que jamás permitirá que le haga ningún daño al sacerdote.

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Añadir comentario ↓

  1. Saro

    Llevo tiempo teniendo la sensación de que esta web está "dejada de la mano de Dios" por las personas encargadas de ella y no sólo porque dejen capítulos sin la posibilidad de comentar, como es el caso del 897 y 898, sino que también me he fijado en que, desde el capítulo 894 al 898 ambos inclusive, los porcentajes de "popularidad" que aparecen son los mismos un 8% y éso me parece rarísimo ... algo está fallando estrepitosamente. ¡Qué pena!!!, la serie no se merece ese trato porque, aunque hayan grandes fallos de guión, al resto no se le pueden poner peros.

    28 nov 2018
  2. Marilu

    Es verdad que hay muy pocos comentarios, pero además el sitio no dá posibilidad de hacerlos, ya que van dos capítulos, el 897 y el 898 en los que no se puede enviar nada.- Y se repiten situaciones (¿hasta cuando? ) problemas en esos caminos de Dios, "accidentes " , " artimañas" ( me juego a que Samuel pagó para que aflojen la rueda del carruaje) y porqué no, el vendedor de antigüedades, cómplice de alguna manera del enano maldito.-Y Lolita, que mujer pesada ( y no me refiero a los kilos de su persona precisamente),; Antoñito nunca me gustó pero en esta ocasión estoy de su parte, su noviecita quiere TODO como a ella le place y no hace ninguna clase de concesión.- Entre ella y Trini ya aburren con sus insufribles y ridículas costumbres del pueblo, un poco vaya y pase pero..........................

    27 nov 2018
  3. Eloísa

    Que pocos comentarios últimamente, que pasa con los "# seguidores " de la serie ? ¿ será que están cansados de tantas bobadas ? y están abandonando ?

    27 nov 2018
  4. Marilu

    Aires de conflictos entre Celia y Felipe? , excelente la reacción de ella antes ciertas actitudes de él, lo bien que hizo en " aclararle los puntos".- Difícil situación la del padre Telmo, entre su, innegable ya, "amor terrenal " por Lucía y sus " deberes " hacia sus superiores y nunca mejor dicho, solo Dios sabe lo que decidirán al respecto los guionistas.- " Romance " entre Casilda y Raúl ? un poco mayorcita ella pero hay pequeños indicios, veremos

    25 nov 2018
  5. angie

    Era mas que obvio que el profesor de artes estaba en ese plan de sacarles plata a rosina y a Susana, tema que ya esta aburriendo, me alegra que ursula se enfrentara a Samuel por el padre telmo ya sale la ma de ursula, la novela era mas divertida con ella que con Samuel sus marañas aburren mucho, pero otra que aburre mucho es lucia con su estupidez, que manera!!! Esa vieja delen un giro a la serie y agilicen el plan del padre telmo, para ver si es capaz de hacerle daño a lucia igual se lo merece.

    24 nov 2018
  6. Victoria

    ¡¡Esa es mi Ursula, defendiendo al padre Telmo!!!! ... y si para éso tiene que enfrentarse al Alday lo hace, aunque tenga que sacar lo peor de sí misma. Me encanta esta Ursula de ahora, buena, agradecida (aunque ningún vecino la ha perdonado) a pesar de que todos tenemos derecho a cambiar. ¡Qué gran actriz es Montse!

    23 nov 2018