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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 895 - ver ahora
Transcripción completa

-Si usted no consigue controlar a esa muchacha,

a mí no me va a temblar el pulso.

Algo me dice que es nuestro querido sacerdote quien la está manejando

y no usted.

-Tenemos que resistir, tener entereza, Susana,

resistir ante todo.

-"Estoy muy preocupada por Susana".

Sé que es muy extraño que haya cerrado su negocio.

Dime, ¿tú sabes si...

tiene algo que ver con el dibujo que apareció en el escaparate?

-Ojalá lo supiera.

-Tan reservada como siempre, con lo fácil que sería pedir ayuda.

-Fui a hablar con mi tía sobre el asunto del cierre y me salió

con la excusa de que tenía jaquecas.

-E intuyo que usted no la creyó. -Ni una palabra.

He visto a mi tía faenar detrás de un mostrador al borde de la muerte.

-Ese sí es su estilo. -"Necesito"

que la Lolita y tú os liéis a tortazos.

-¿Mande? -Y cuanto más fuertes

sean los tortazos, mucho mejor. Después vendrá la señorita Flora,

os hará un retrato y ya está. Es fácil, ¿no?

-Se han reactivado los trabajos del albergue.

Y pronto se podrá trasladar a todos los afectados

que se han quedado sin hogar. -De eso quería hablarte.

Creo que Lucía no ha actuado con cordura.

Samuel vino a verme,

está preocupado por cómo arriesga su dinero.

-¿Ahora estás de acuerdo con él? -Parece que se preocupa por ella.

-¡Casilda, ya está bien, que te voy a...!

-¡Eso es, arréame, arréame! -¿Se puede saber qué pasa aquí?

¡Están prohibidas las peleas!

-¿Qué dicen esas letras?

-Fur...

ci...

¡Ah!

-Madre... -¡Ah!

"Últimamente no resultaba fácil"

cruzarse con usted por el barrio,

y mucho menos conversar.

Bueno, pues esto ya está.

¿No quiere compartir un té conmigo?

¿Sigue creyendo que le hice daño?

La verdad es que me cuesta creerlo,

sobre todo tras esta semana que le he visto desvivirse por los demás.

Veo la bondad en su corazón, padre,

y me cuesta creer que...

hizo algo como lo que se supone que me hizo a mí.

Es que yo no le hice nada a usted.

Entonces, ¿cómo explica lo que ocurrió?

Hay una explicación clarísima, Lucía. Samuel.

No, en realidad no quiero volver a eso.

Él me tendió una trampa. Bueno, basta ya, padre.

No quiero hablar sobre todo aquello,

es que no quiero indagar más. Eso forma parte del pasado

y, tampoco quiero que siga hablando usted mal de Samuel.

Él...

ha vuelto a dar sentido a mi vida.

Su vida ya tenía sentido antes.

Sí, pero a su lado, mi vida es mucho mejor.

Pero ¿por qué?

Por su amistad, por sentirme que pertenezco a algún lado...

y porque ha hecho posible algo que me hace inmensamente feliz.

La restauración.

¿Sabe que consiguió un auténtico Sánchez-Medrano?

-"Por eso decidí resucitarlo con unos cuadros".

Solo dígame, Vicente,

¿Samuel sabía que los cuadros que compraba eran falsos

y que usted los pintaba y estampaba en él la firma del famoso pintor?

Así es, no comprendo cómo lo supo,

pero no dudó en adquirirlo casi regalado,

bajo la amenaza de denunciarme.

Padre, ¿qué le sucede? No, nada.

Que me alegro que al fin podamos volver a conversar.

No me gustaría que nada lo enturbiase.

Bueno,... debo marchar.

Si me disculpa.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Qué hace usted aquí?

No esperaba su visita y, menos, a estas horas.

Le ha salido mal la jugada, prior.

No me mire de esa forma,

los dos sabemos a qué estamos jugando.

No sé de qué me habla.

Le hablo de que usted mandó al padre Telmo de regreso a Acacias

para lograr que se camelara a Lucía

y convencerla de que donara su dinero

a la Orden del Cristo Yacente.

¿Sabe lo que ha hecho el padre Telmo?

En vez de seguir sus órdenes,...

convencer a Lucía para que ponga su fortuna como aval

para reflotar las casas de unos miserables.

Eso es mentira.

Ha cometido un grave error, prior.

Se ha equivocado al escoger a su aliado

y, ahora deberá asumir las consecuencias.

Al parecer, el padre Telmo

ha equivocado sus prioridades.

Desde luego, estas nunca fueron derrochar el dinero

de la señorita Alvarado.

¿Ni siquiera por una buena obra como ayudar

a los desdichados de El Hoyo?

No debemos oponernos a los designios del Señor.

Él ya se hubiera encargado de socorrerlos

si fuera de verdad su deseo.

No podemos estar más de acuerdo. ¿Lo ve, prior?

Debería haber tenido más cuidado a la hora de escoger

sus colaboraciones.

Más le hubiese valido aceptar el acuerdo que yo le propuse.

No, ¿acaso hubiera sido sabio confiar ciegamente en usted?

Al parecer, más que dejar sus intereses en manos de ese sacerdote

desobediente.

En fin, prior, usted quiso las cosas así,

ahora deberá correr con las consecuencias.

Le deseo suerte, pero dudo que esta le acompañe

mientras el padre Telmo siga rondando por Acacias.

Pongamos las cartas sobre la mesa,

¿qué papel juega Telmo en todo esto?

No creo que sea necesario que usted conozca mis avances.

¿Qué sabe sobre la herencia de los Válmez?

Tampoco creo que sea necesario que usted tenga conocimiento

de cuáles son mis armas.

Así veo muy difícil que lleguemos a algún acuerdo.

Lo único que importa es el dinero.

¿Qué parte de la fortuna pretende quedarse usted?

Usted piensa que trata con un principiante.

No. Dígame primero qué parte querría usted.

Está claro que hemos llegado a un callejón sin salida

que impide nuestro entendimiento. Ninguno de los dos somos de fiar.

Que cada uno haga lo que pueda

para lograr su objetivo.

¡Maldito sea!

(Toca la campana)

Debe mandar una nota requiriendo la inmediata presencia

del padre Telmo. ¡Vamos!

-Pero ¿cómo no han borrado esto ya?

¿Quién habrá sido?

-Pues estaba la Agustina ayudándome a cerrar el quiosco

cuando descubrimos al pillo. -Le cogimos.

-Qué desconsiderado. -Y dimos aviso al sereno,

pero el muchacho corrió muy rápido.

-Al sereno le dejó con la lengua fuera.

-Qué lástima no haberlo pillado, ¿no, Rosina?

-Bueno, desde luego, señora, le hubiéramos "dao" "pal" pelo, ¿eh?

-Pero ¿adónde vamos a llegar? Dibujar semejante

pintada en un negocio decente.

-Si es que estamos rodeadas de vándalos.

-Parece que se han cebado con Susana.

¿Tendrá que ver con el dibujo del otro día?

¿Qué crees?

-No sé, ¿qué iba a saber yo de tales cuitas?

(RÍE)

-Y Susana, mientras tanto, sin aparecer.

-Es muy raro que no abra el negocio. -Al parecer,

la señora está enferma.

-Anda que, no se pone enferma nunca y se pone enferma justo ahora.

-Si no queremos que empeore,

ya hacer desaparecer esta pintada cuanto antes.

Fabiana, Agustina, id a por más criados si es menester,

pero limpiad esto, vamos.

-Sí, señora. -Yo voy a casa de Susana

a informarle y a ver si está mejor de salud, hasta más ver.

-A más ver.

-A más ver, Rosina.

-Rosina está un poco nerviosa, ¿no crees?

-Y que lo digas, pero ya he perdido mucho tiempo con esto,

tengo que ir a la casa parroquial a ayudar a los pobres.

-Celi, lamento mucho no poder ayudarte.

-No te preocupes, que pronto no va a ser necesario.

Esto no va a tardar en solucionarse. -Que vaya bien.

-Gracias.

-A más ver, y muchas gracias.

-No, si ya sospechaba una que, al final, nos tocaría a nosotras

arreglarle el "desaguisao", Agustina.

-"Le agradezco"

que me ayude a recoger, no sé dónde se habrá metido mi hermana.

-Venía preguntando por ella, pero no se preocupe,

no me importa recoger unas sillas mientras la espero.

-A recoger unas sillas y a dar buena cuenta de nuestros dulces, Servando.

-Bueno, yo lo hago porque no sobren, que si quiere le hago el favor, ¿eh?

Y le ahorro los sudores de tirarlo y me lo llevo yo a casa.

-Le agradezco el sacrificio, pero los bollos que han "sobrao"

ya tienen dueño, los voy a donar a los pobres de la iglesia.

-Bueno, yo soy pobre, no veo diferencia.

-La hay, Servando, me temo que ellos están más "necesitaos".

-Hace usted muy mal en tener consideración,

y lo digo por su bien, que si se les alimenta con dulces,

nunca se querrán ir. En cambio, si les diera pan duro,

estarían deseando recuperarse.

-Mire, Servando, aquí está la niña perdida.

Te has acordado de que tienes un negocio.

-No me vengas con esas ahora, que vengo entusiasmada.

-¿Ha estado en el diario? -De ahí mismito que vengo.

-Cuénteme, que me tiene el alma en un vilo.

-Me han asegurado que mi retrato tiene muchas posibilidades

de salir publicado en el diario. -¿Sí?

-Lo que escucha, Servando. Al redactor que me he atendido

le ha parecido muy buena idea denunciar todo lo que el consistorio

descuida y que pueda resultar un peligro para los ciudadanos.

-Pues a servidor le parece que le han dicho todo eso

"pa" tenerla contenta, porque, ¿a quién le va a importar

un cartel cochambroso que se está cayendo?

Mi idea era mucho mejor.

-¿Se refiere a la de dos mujeres haciendo el bobo?

-No, no, no. La Lolita y la Casilda peleando.

Bueno, esa sí que hubiera sido una foto de portada

y la hubieran "publicao".

-No lo tenga usted tan seguro.

-¿Cómo que no? Pero si es lo que quieren los lectores.

Acción, tragedia,

nada de buenas intenciones ni ayudar a la comunidad.

-Bueno, en eso quizá tenga que darle la razón.

-Quizás, dice.

Servando, por primera vez, y que no sirva de precedente,

tiene más razón que un santo.

-Entonces, ¿puede que ese plumilla solo me haya dado largas?

¿Puede que no publiquen el retrato?

¿Qué puedo hacer?

-Descuida, hermana, que yo tengo la respuesta.

Ayudarme a recoger, eso es lo que tienes que hacer.

-Y yo me despido, con Dios.

-Querido, ¿vas a salir? -Sí.

Me voy a la sociedad gimnástica, pero creo que antes tú y yo

deberíamos hablar.

-¿De qué? -Lo sabes muy bien.

De la terrible pintada que hicieron anoche en la sastrería de mi tía.

-Te has enterado. -Harto complicado era no hacerlo.

No se habla de otra cosa.

-Nuestros vecinos no tienen nada mejor que hacer que chismorrear.

-No critiques con tanta alegría, porque tú hubieras hecho lo mismo.

Escucha, te lo voy a preguntar por última vez.

¿Qué es lo que está pasando aquí?

-Nada.

-Veo que insistes en mentirme. Rosina, primero el dibujo,

luego ese soez insulto, está claro

que aquí está pasando algo extraño, por no hablar de cómo

se encuentra mi tía.

-Bueno, pero aunque fuese así, ¿yo por qué tendría que estar al tanto?

-Porque no eres capaz ni de mirarme a la cara al contestarme.

Rosina, te conozco perfectamente

y sé que estás al tanto de lo que está ocurriendo.

¡No entiendo por qué me ocultas la verdad!

-Te equivocas, Liberto, yo no... -Ya está bien, ya está bien.

Rosina, no es necesario que sigas mintiéndome.

Te advertí que era la última vez que te lo iba a preguntar.

Te he brindado mi apoyo en numerosas ocasiones,

y lo único que he recibido es silencio y embustes.

-Por favor, querido, no te enojes. -No,

Rosina, ya no estoy enfadado, esta vez ya no.

Lo que me corroe ahora es una profunda decepción.

Eso sí,...

si en algún momento quieres sincerarte o contarme tus problemas,

ya sabes dónde encontrarme.

-Liberto, por favor, te ruego que tengas un poco más de paciencia.

-Ya no tengo más paciencia, hace mucho tiempo ya que la agotaste.

-Por fin.

¿Borrasteis anoche la pintada del escaparate de la sastrería?

-Sí, sí, señora,

"pa" chasco que lo hicimos. No hemos "dejao" ni la sombra.

-Pero, por desdicha, más de medio barrio se enteró de lo ocurrido.

-Ya sabe usted cómo es la gente aquí en Acacias.

Las noticias vuelan, y más si se trata de malas noticias.

-Doña Rosina,...

yo me he atrevido a venir a molestarla

por si supiera algo de mi señora.

Hoy tampoco...

ha aparecido para abrir el negocio

y no paran de murmurar sobre ella.

-Bueno, Agustina, es a su casa donde deberías haber acudido

en busca de respuestas, no a la mía. -Así lo he hecho,

me acerqué a primera hora para ponerla al tanto de todo,

pero no me ha abierto la puerta,

no estaba en casa. Y como usted dijo anoche

que iba a ir a verla. -Ya, sí, sí,

fui, pero a mí tampoco me abrió y di por sentado que estaba dormida.

-Qué raro.

¿"Ande" se habrá "metío" la sastra?

-Ay, señora, ¿no le habrá ocurrido algo malo?

-Ay, no.

Tranquilo, José Manuel.

Le daré un poco más de agua, tranquilo.

Venga por aquí.

Tenga cuidado.

Échese sobre estos almohadones, ya verá como está más cómoda.

Lucía. Traigo buenas noticias de El Hoyo.

No se las guarde.

Las buenas noticias no suelen visitarnos.

Los trabajos para acondicionar el albergue están muy adelantados

y ya hay un ala a la que se puede ir trasladando a los damnificados.

¿Qué sucede? No se han alegrado en demasía.

No, claro que sí, es tan solo que creo que no se debería mezclar

a los enfermos con los sanos.

Nos ha costado mucho evitar una epidemia.

No se inquiete,

hay dos zonas diferenciadas, no hay riesgo de contagio.

El espacio no es muy grande, pero hay suficientes camas

y se va a seguir trabajando en el resto del albergue.

Eso significa que podrán ser todos trasladados

y disfrutar de comodidades.

(SUSPIRA)

Tiene usted razón, Celia, es muy buena nueva.

Pronto no tendremos que atenderles más aquí.

En tal caso, habrá que disponerlo todo para el traslado.

Ay, me olvidaba, un mozo me ha entregado una carta para usted

en la puerta.

No esperaba ninguna misiva. ¿Le dijo quién la enviaba?

No, pero es del prior

Espineira.

Tienes que sentirte muy orgullosa, prima.

José Manuel, buenos días. ¿Cómo está usted hoy?

Debo salir de inmediato.

¿Pueden quedarse a cargo de todo? Sí, por supuesto.

(Se abre una puerta)

-Por fin apareces, Maritornes.

-Espero que sea importante, estaba faenando.

-Descuida, que solo va a ser un momento.

Quiero darte...

esto.

-Arrea, pues si tiene más flores que una corona de muertos.

-Bueno, espero que sea bastante más alegre.

-¿Son "pa" mí?

-Sí.

-¿Y ya está?

¿No tienes "na" más que decirme? -Sí, sí, quiero decirte que sé...

por qué estás tan malhumorada conmigo.

-Menos mal, que ya te iba a pasar de un cuerno al otro.

-No, no, no, no es necesario, sé que tu enojo es porque he olvidado algo.

-"Pos" sí, eso es, vas bien "encaminao".

-Perdón, había olvidado preguntarte cómo marchaba el parto

de la vaca de tu primo

y sé el cariño que le tienes al animalito.

-Antoñito, ¿te piensas que estoy "enfadá" por una vaca?

-Claro.

O una oveja. Bueno, la oveja de tu primo.

-Mira, Antoñito, no te tiro el ramo a la cabeza porque es muy bonito,

y porque no se merece que tú seas tan gañán y tan "desmemoriao".

-Una yegua, tu primo tenía una yegua.

(Portazo)

-¿Sucede algo, hijo? Es que me ha parecido escuchar un golpe.

-Qué flores más bonitas, Antoñito, hijo.

-Bonitas e inútiles.

-Pues yo no sé qué le pasará a la Lolita,

pero "tie" al novio a verlas venir.

-¿Y a ti tampoco te lo ha dicho? -Nones.

Yo lo que creo es que teme que me vaya de la lengua.

Que no sé por qué tampoco.

El asunto es que "quie" que el novio adivine qué le pasa a ella

y como no lo haga pronto, "pobrecico" mío.

Porque "tos" lo sabemos, que cuando la Lolita se pone brava,

es muy peligrosa.

-Descuida que al final no llega la sangre al río.

Acabarán arreglándose. ¿Tú no ves que estos dos se adoran?

-Dios la oiga, "señá" Carmen.

-Y de lo de anoche en la sastrería, ¿qué me dices?

¿Se sabe ya quién escribió palabra tan fea?

-Nanay, lo único que se sabe es que lo hizo con pintura muy buena,

porque vamos, ha "costao" que saltara aquello...

-Hijo, al fin, ya me estabas preocupando.

-Si tan solo me he entretenido un suspiro aseándome.

Me venía hasta bien,

ya me siento como nuevo. -Me alegra oírlo.

-Se lo debo a sus cuidados.

Sin usted, no hubiera levantado cabeza.

-"Ende" luego, "ties" una madre que no te la mereces.

-Y también buenas comadres, que yo sola

nada hubiese podido hacer. Todas han arrimado el hombro

para que todo esto no terminase como el rosario de la aurora, hijo.

Me dan escalofríos solo de pensarlo.

-"Señá" Carmen, usted no "tie" ya "na" que temer.

El Adonis ya no puede hacerles daño,

y su hijo está casi "recuperao". -Casi no,

ya del todo. De hecho, estaba pensando

en ir ya hoy a faenar, al mercado.

-¿Has perdido el oremus?

Tú no estás para cargar cajas. -Pero, madre,

quizá pueda ayudar. -De ninguna manera.

No pienso permitir que puedas empeorar por tu mala cabeza.

-¿Pretende tenerme encerrado aquí?

-Así es, como si fueras la princesa de un cuento.

-¿También va a poner a un dragón a vigilarme?

-No, tranquilo, de eso se encargará Casilda.

-Casi hubiese preferido al dragón.

-Muchas gracias por el cumplido.

Y usted, descuide, "señá" Carmen, que ya me encargaré yo

de que no salga.

-Te lo agradezco, Casilda.

-Pero, hijo, ¿cómo se te ocurre pensar que tu novia

se ha enfadado contigo por el parto de una vaca?

-Bueno, pues tampoco es tan raro, Ramón, que en Cabrahígo

lo del ganado es cosa seria. -Disculpa, Antoñito,

que se me olvidaba cómo se las gastan en ese dichoso pueblo.

-Ramón, querido, cuida tus palabras, a ver si en vez

de una cabrahiguera furiosa vas a tener dos.

-Es que yo ya no sé qué pensar, padre, no sé,

no deja de tomarla conmigo, no sé si ya no me quiere o simplemente

se está volviendo loca.

-Lamento no poder ayudarte, hijo mío,

pero la mujer siempre es un misterio para el hombre,

y si es de Cabrahígo, ya ni te digo.

-Pero, vamos a ver, ¿vosotros dos estáis "alelaos"

o qué os pasa?

Que lo que ocurre aquí es verde y con asas, Antoñito, hijo.

-Pues si lo tienes tan claro, ya nos podías iluminar.

-Que a Lolita lo que le pasa es que ayer se cumplió un año

de su noviazgo y su prometido ni se ha "enterao".

-Pues no, se equivoca, pero ese no puede ser el motivo,

porque yo llevo la cuenta y, todavía quedan un par de semanas

para que se cumpla un año desde que le pedí la mano.

-Si que llevas bien la cuenta. -Marco cada día

en un almanaque con impaciencia, y no es para menos, padre, es que...

mi felicidad no estará completa hasta que no me case con Lolita.

(RÍE)

-Pero vamos a ver, alma de cántaro,

¿tengo que explicarte cómo se cuentan los noviazgos en Cabrahígo?

-Al parecer,

ni siquiera los años duran lo mismo allí, hijo mío.

-No sé cómo pudo dudar y llegar a creer que mi foto

no saldría publicada. Es la última vez que os hago caso.

-Mujer, que yo solo te lo decía para que no te hicieras muchas ilusiones.

-La verdad es que es una foto muy bonita.

Se pueden apreciar todos los detalles.

-Sí, muy agradecido, señorita Leonor, estamos muy orgullosos.

-¿Y usted de qué, Servando? Si la foto es mía.

-Nuestra, que somos socios, y los socios comparten todo,

sobre todo los éxitos.

-Y a todo esto,

¿qué, van a cobrar las 10 pesetas? -No, Fabiana, no vamos a cobrarlas.

-No, si ya me parecía demasiado bonito

para ser verdad, bueno,

¿y qué excusa le han puesto para no acoquinar lo "acordao"?

-No vamos a cobrarlas, porque ya lo hemos hecho.

Aquí están las pesetas. Tome, Servando, su parte.

-¿Y ha "pagao" su parte a don Eulalio?

-Sí. -¿Lo ve, lo ve, Flora, lo ve?

La fortuna y la gloria nos aguardan, si es que...

-Pues me temo que poco de la primera y nada de la segunda,

porque debajo de la foto no pone ningún nombre,

tan solo reza lo siguiente: "Imagen captada

por un ciudadano anónimo".

-¿Y ni siquiera pone mi nombre?

-Más indignante resulta que no ponga el mío.

-Bueno, bueno, no nos metamos en menudencias,

Flora, esto hay que arreglarlo. -Bueno, a ver,

háganme caso y no pierdan más el tiempo en esas "tontás",

así que guárdense el dinero, que eso es lo único de enjundia.

Del nombre no se come, del monís, sí.

Ay, que solo algunos tontos quieren figurar.

-¿Es que no ha encontrado el editor noticias más importantes

que el hecho de que se vaya a caer un cartel?

¿Ha olvidado que en Acacias están salvando vidas?

Bueno, Liberto, no olvide que este diario ya relató lo que sucede

en las casas parroquiales con los pobres desahuciados

por la desgracia de El Hoyo. Eso es cierto.

Y aún podría haber sido menos favorecedora la noticia de Acacias

de la que se podría haber hecho eco.

Me imagino que se refiere usted al vil insulto que estaban escribiendo

en el escaparate de la sastrería, ¿no es así?

¿A qué si no? Parece que no hubiera otro tema

de conversación hoy en las calles.

Aunque intuyo que no debería haberlo citado,

aprecio que le incomoda hablar de ello.

No se equivoca. El motivo más importante

por el que he venido a visitarle es para no regresar a casa

junto a mi esposa.

No sé qué diantres le está pasando a mi tía y a Rosina,

pero está claro que hay algo muy raro en todo esto.

¿Y qué piensa hacer al respecto?

Pagarles con la misma moneda.

Si ellas me ningunean, yo haré lo mismo con ellas,

hasta que me cuenten toda la verdad.

Cuente con todo mi apoyo,...

pero dígame, ¿cree que podrían estar corriendo algún peligro?

Estimado amigo, yo ya no sé qué pensar.

Si teme por su seguridad, debería averiguar quién está detrás

de esa pintada.

No, de momento voy a continuar con lo decidido,

voy a dejar que sean ellas las que hablen.

De todos modos, confío en que no sea algo demasiado grave.

(Se abre y cierra una puerta)

Samuel. Disculpen, no sabía que tenía visita.

No, no se apure, Lucía,

yo ya me marcho.

No le entretengo más, don Samuel, le mantendré informado.

Con Dios, Liberto. Con Dios.

¿Por qué me ha mandado llamar? Parecía urgente.

-"¿Lo ve, señora?".

En el almacén tampoco hay rastro de ella,

pero se aprecia que está todo perfectamente recogido.

-Susana ha estado aquí colocando las cosas.

-¿Verdad que es extraño?

Ese profesor suyo

estuvo hace días...

por aquí, buscando a la señora,...

¿no tendrá nada que ver con su desaparición?

-¡Ay, no digas tontunas, Agustina! ¿Qué va a tener que ver ese hombre?

¿Qué hacéis aquí?

-Hemos apreciado movimiento y hemos venido a ver.

-¿Han visto a doña Susana o han encontrado algún indicio

sobre su paradero? -No, nada de nada.

-Madre, ¿e insiste en que no ocurre nada?

Doña Susana ha desaparecido, por no hablar de la pintada esa horrible

insultándola.

-Bueno, tampoco sabemos que lo que iban a escribir fuera un insulto.

-Madre, escribieron "furci".

Esto solo puede querer decir una cosa.

-Ay, qué mal pensada, podría ser cualquier palabra.

-¿Como por ejemplo? -No sé, fur... "furciélago".

-Madre, es murciélago, y se escribe con eme, y lo sabe.

-Quizás la persona que escribió eso,

además de ser una desconsiderada,

era medio analfabeta, yo qué sé. Ay, ay, Agustina,

¿sabes dónde está Casilda? No la he visto.

-Casilda quedó en el altillo cuidando del hijo de Carmen,

pero yo me hago cargo gustosa de lo que precise, señora.

-Solo preciso una cosa de ti,

que encuentres a Susana, aunque sea debajo de las piedras la buscas.

Y no vuelvas sin ella. -Descuide,

haré todo lo que esté en mi mano.

-Por tu bien, espero que hagas más que eso.

-No, madre.

¿Por qué tal desesperación en encontrar a su amiga?

-¿Qué?

-A juzgar por su actitud, deberíamos preocuparnos.

-Preocuparse, ¿de qué? Dices unas tonterías, hija, que...

¿Seguro que no quiere que le diga a Carmen que le prepare algo?

Samuel, no quiero parecer descortés, pero más me gustaría

que me dijera el motivo de su llamada.

Debo volver a la casa parroquial,

me necesitan allí.

Ha cometido usted una gran labor con esos pobres desdichados.

Yo apenas he hecho nada para aliviar su sufrimiento,

es el padre Telmo el que se ha volcado en sus cuidados.

Habla de él con mucha admiración.

¿Y cómo podría no hacerlo? Esa pobre gente le debe mucho.

¿Acaso ha olvidado quién es ese sacerdote en realidad?

¿Es que no recuerda lo que le hizo?

Samuel, puede llamarme ingenua si quiere, pero soy incapaz de pensar

que un hombre con tanta bondad haya podido cometer tal barbaridad

contra mí.

De hecho,... en el fondo nunca

lo he creído.

Lucía,... sé que es muy duro lo que usted vivió,

pero veo que a pesar del tiempo transcurrido, no parece aceptarlo.

No es eso, Samuel, se equivoca.

El tiempo terminará por abrirle los ojos por completo

y entonces comprenderá lo canalla que es ese hombre.

Tranquila, Lucía.

No pretendo presionarla más.

Solo quiero que sepa que, cuando llegue ese momento,

yo estaré junto a usted...

y no permitiré nunca que ese hombre vuelva a hacerle daño.

Adelante.

¿Quería verme? Sí, y de inmediato,

¿no ha leído mi nota? He venido en cuanto la situación

de mi parroquia me lo ha permitido.

No es necesario que siga hablando, por desgracia, sé perfectamente

a qué está dedicando su tiempo. Siéntese.

Los afectados de El Hoyo precisaban de mi ayuda.

No es a esos desharrapados a los que debe sus desvelos.

Mire.

Hasta la prensa se hace eco de sus esfuerzos junto a Lucía Alvarado.

Tan solo trataba de acercarme de nuevo a ella.

Ambos sabemos que eso no es cierto.

¿O acaso forma parte de algún descabellado plan que desconozco

convencerla para que done parte de su fortuna

en reconstruir ese agujero

inmundo? Le recuerdo...

que cuando accedí a posponer su viaje a las misiones de África,

lo hice tan solo porque usted me dio su palabra

de involucrar a Lucía Alvarado en un escándalo tan grande,

que su única salida sería el convento.

Y ese sigue siendo mi propósito.

Me costó creerle entonces y no le creo ahora.

Nunca debí dejarme convencer.

Ante mis presiones por la falta de resultados,

¿me pidió usted más tiempo?

Así es, y lo sigo precisando. ¿Para qué,

para dilapidar por completo esa fortuna en obras de caridad?

No, padre Telmo, no. Mi paciencia

se ha terminado.

Si su nombre va a salir en los periódicos

junto al de Lucía Alvarado,

quiero que sea por ese escándalo que me prometió,

no por estar haciendo obras de caridad juntos.

Créame, prior, le aseguro que no he hecho más que tejer mi trampa

sobre su alrededor, como una araña. Basta.

Insisto, lo próximo que quiero leer en este diario es el escándalo

entre la heredera más rica de España y el párroco de su barrio.

¿Está claro?

Márchese.

-¡Detente, que me dejes en paz, hombre!

-Casilda, ya está bien, dámela. -Vas tú "dao". Que no,

que no te la voy a dar.

¿O has "olvidao" que "ties" que estar en reposo en la cama?

-Está bien. Tú ganas.

Devuélvemela ya, Casilda. -¿Serás malaje? Déjame en paz.

-Que me la des, Casilda, por favor. -Que me sueltes, hombre.

-¡Oye! ¿Se puede saber qué está pasando aquí?

-Menos mal que ha venido, madre. Casilda me ha robado.

-Mucho "cuidaíto" con lo que dices que te meto un mandoble.

-¿No me has quitado la cartera con el dinero y mi cédula?

-Sí.

Así es.

-¿Y qué es eso, sino robar?

-A ver, Casilda, explícate, te lo ruego

porque no estoy entendiendo nada.

-Pues es muy sencillo. Es que,...

se la he "tenío" que quitar, más que "na" "pa" evitar

que salga por esa puerta su hijo.

Es más inquieto que el rabo de una lagartija,

no se está quieto, y está "empeñao" en marcharse a la faena.

-Vuelve a la cama inmediatamente.

Raúl, soy tu madre, no me desobedezcas.

Pero bueno, ¿es que voy a tener que ponerme seria?

-Está bien. Usted gana.

Volveré a la cama. -Sí, pero antes ponte el pijama.

No vayas a querer escaparte de nuevo.

Casilda, gracias por tus desvelos.

-"Na" hay de qué, "señá" Carmen.

Y ahora me marcho, que seguro que doña Rosina se está impacientando,

llevo "toa" la mañana fuera.

¿Quién me lo iba a decir que iba a echar de menos a mi señora?

Aunque, claro, faenando con criajos... Con Dios.

-Con Dios.

-Buenas. Flora, ¿nos marchamos

a hacer la ronda "pa" tomar lo que a va a ser la siguiente imagen

de noticia de la ciudad?

-Lo lamento, Servando,

pero estoy dedicando muy poco tiempo a La Deliciosa

y mi hermano está que trina. -Vaya. Lamento oírlo.

-De todas maneras, ¿no cree que deberíamos disfrutar

un poquito de nuestro éxito antes de seguir?

-Todo lo contrario,

hay que aprovechar, que estamos en racha.

-¿Y tampoco va a descansar para brindar con una copita de digestivo

y merendar a cuenta de la casa?

-Bueno, mujer, si se pone así, vamos, que "pa" no hacerle un feo.

-Por el éxito de nuestra sociedad.

-Por el éxito. Formamos un buen equipo.

-Desde luego, yo hago la fotografía y usted se apunta parte del tanto.

No me mire así que era chanza.

Cesáreo, ¿quiere un digestivo?

Me pilla de buen talante. -Yo, sin embargo,

estoy de un humor de perros.

¿Me pueden decir qué es esto?

-Una fotografía, Cesáreo. Vamos, le hacía a usted

más "enterao" de los avances tecnológicos.

-No es una fotografía, es mi ruina.

¿O es que no me ven en la imagen, sentado fuera en la calle?

-Ah, y durmiendo.

-No estoy durmiendo, me estoy quitando una piedra del botín.

-Venga, hombre, si solamente le hace falta acercarse un poquito

y se le escucha roncar. -A ver, no lo entiendo,

¿qué problema hay con que haya salido retratado por error?

-Que mis jefes no piensan así.

Al igual que Servando, creen que estoy durmiendo.

-¿Ha visto? Yo no soy el único.

-Sin comerlo ni beberlo,

me ha caído la del pulpo, así que díganme

quién ha hecho esta maldita fotografía.

-Ella es la autora, Cesáreo. -Será traidor.

-Vamos a ver, ¿no quería usted que le reconocieran los éxitos?

-Pues ha esperado buen momento para hacerlo,

le recuerdo que somos socios y si quiere compartir los beneficios,

hay que compartir los riesgos.

-¿Han sacado un dinero con mi desgracia?

-Una bagatela, no se crea.

-Pues yo estoy a punto de perder mi trabajo.

-No haberse dormido. -¡Que no estaba dormido!

¿Cómo se lo tengo que decir?

Estoy agotada, han sido unos días durísimos.

Es mucho lo que hemos hecho por esos pobres.

Sí, pero yo creo que les echaré de menos.

Yo también,...

pero no te apures que van a estar mejor atendidos en el albergue.

Recibirán las atenciones médicas que necesitan

los que aún están enfermos.

-Celebro que todo haya terminado.

Y aún celebro más haber recuperado a mi esposa.

Estaba muy preocupado por ti.

-Pues no tienes por qué. Solo estoy cansada.

-Nada que no solucione un buen baño de espuma y un merecido descanso.

-Pues me temo que no podré abusar de tales remedios.

Tendrá que ser un baño rápido y a trabajar,

he dejado cuitas pendientes de los tintes que debo atender

de inmediato.

(Llaman a la puerta)

-Deja que abra Lolita. -Si espero a que abra Lolita,

se van a hartar de llamar, Lolita está en el altillo.

-Si algún día un incendio arrasa nuestra casa,

te aseguro que no cogerá a nuestra criada dentro.

Disculpe que les moleste,

he traído este vino Pedro Jiménez

por si les apetecía brindar por los habitantes de El Hoyo

y su pronta vuelta a la normalidad. -Una muy buena elección, Samuel.

Es un moriles excelente.

-Llamaré a nuestra criada para que nos lo sirva.

-Arrea, ¿la campana de mis señores?

Quita, mal hombre, que tengo faena. -No, no, no,

que tus señores esperen sentados, tenemos que hablar.

-De eso "na". -Lolita.

Sé qué es lo que te pasa.

-Lo dudo. Seguro que me sales con alguna "tontá".

-Por favor.

-Que no he conocido hombre más tozudo que tú.

-¿Me escuchas?

-¿Qué?

-Sé... que crees que he olvidado que hemos hecho un año de noviazgo,

con todo lo que eso conlleva.

(Campanilla)

-No es que lo crea, Antoñito, es que lo has "olvidao" de pleno.

-No, negativo. Yo he llevado mi propia cuenta,

empezando desde el día que pedí tu mano,

Lolita, y para eso quedan un par de semanas,

por eso no te había dicho nada de fecha para la boda.

-El plazo empieza cuando el novio besa a la novia por primera vez.

-No, todo el mundo no, Lolita, que eso solo lo hacéis en Cabrahígo.

-"Pos"...

ayer se cumplió el año.

Tenías que haber "marcao" ese día en el calendario con letras de oro.

-Lo sé, y así habría sido de haberlo sabido.

Que estoy deseando casarme contigo, Lolita.

De hecho, tengo algo guardado

para celebrarlo.

-"Pos" muy bonito, el broche.

-Lo compré el día que supe que tenía que esperar un año entero

para casarme contigo

y lo he estado guardando todo este tiempo.

Y quiero casarme contigo, Lolita, me da igual el día,

no hay nada que pueda hacerme más dichoso.

(Campanilla)

-No le dejan a una ni pensar en la fecha de su boda.

-Esta muchacha debe haberse quedado sorda.

-Te lo he dicho, que no insistas más.

Si estuviera en el altillo, ya habría venido.

Bueno, que su ausencia no nos amargue el momento.

Podemos servirnos nosotros mismos. Desde luego.

¿Me acompañas a elegir las copas? -Claro.

Lucía, querida, ahora que todo ha pasado,

no veo el motivo para no ir a Toledo

en busca de ese retablo de San Miguel

que tanto deseaba encontrar.

¿No cree que le vendría bien cambiar un poco de aires?

Lo lamento de corazón, Samuel, pero sé que ni Celia ni Felipe

verán con buenos ojos que pasase una noche fuera de casa.

Lo comprendo, desde luego, esa no era mi intención.

Había pensado en regresar en el mismo día,

aunque el viaje resulte un poco fatigoso.

¿Qué le parece, don Felipe?

No veo motivo para oponerme.

¿Y usted, doña Celia, qué opina?

-No es a mí a quien debe importarle. ¿Te apetece, Lucía?

Sí, claro, ¿por qué no? Iré con usted a Toledo, Samuel.

¿Abrimos esa botella? Desde luego.

-Aquí estoy. Medio barrio me he "recorrío" buscando a doña Susana.

-Y, por lo que veo, sin éxito.

-Señora, una no "pue" hacer milagros.

Parece que a la sastra se la ha "tragao" la tierra.

Señora, si está tan "preocupá",

¿por qué no avisa a la policía? -No, a la policía ni muerta.

-Madre mía, hay que ver el canguelo

que le ha "cogío" a los guripas, señora.

Ni que usted fuera una "criminala".

-No digas tontunas.

Anda para casa y ve preparando la merienda, que no das una a derechas.

Que me aspen, si esa es Susana.

¡Susana!

¡Susana, aguarda!

-Calla, que te van a oír.

-Descuida, que más ruido voy a hacer cuando te estrangule.

¿Se puede saber dónde estabas? -En mi casa, sin abrir a nadie.

-Y, por lo que veo, tampoco a mí. Has hecho mal, Susana.

Ayer escribieron en tu escaparate. -Ya lo sé,

un guardia vino a informarme.

No aguanto más esta presión, me marcho, Rosina.

-¡¿Has perdido el oremus?! ¡¿Adónde vas?!

-A París, a Italia, como si me voy andando.

-¡Detente, loca! -¡Suelta!

¡Suelta!

Quiero escapar de este tormento que me está corroyendo.

-No, ni lo sueñes, ¡no me vas a dejar sola en semejante embrollo!

-Suelta. -Pero...

Ah, por fin entras en razón.

Susana, ¿qué te pasa?

¿Estás bien?

¿Qué te pasa?

¡Ay, Susana!

Me alegro de verla, Lucía.

Esto es para usted.

Un presente de Paca para que se acuerde de ella.

Ha tenido tiempo de hacerme una a mí también.

Paca no debería haberse molestado,

no he hecho nada más que lo que debía.

Bueno.

Espere, Lucía.

Estos días creo haber recuperado con usted una cercanía

que creía ya perdida.

No la desaprovechemos, no perdamos

la oportunidad de aclararlo todo.

No, padre, no siga, se lo ruego.

No quiero volver a hablar de aquella aciaga noche.

Ya le dije que no puedo creer que alguien tan bondadoso como usted

pueda ser a la vez...

tan perverso.

Por eso tiene que escucharme.

En el fondo de su corazón sabe que no soy capaz de tal infamia.

Padre, todo ha resultado muy difícil para mí

después de aquellos días.

Y no quiero pensar más en ello.

Le ruego que sigamos manteniendo las distancias.

De acuerdo.

Si ese es su deseo,

no le importunaré más.

Se lo agradezco.

Padre,...

en los próximos días

me dispongo a hacer un viaje en busca de un retablo muy especial.

¿Ese viaje lo va a emprender junto a Samuel Alday?

(ASIENTE)

Padre.

Los últimos ya marchan.

Parece que todo ya ha pasado.

-El doctor se ha marchado haciendo cábalas,

no encuentra ningún mal en usted, tía.

Me lo ha dicho al despedirse. -Bueno, ¿y le has preguntado

está contagiada del mal que tienen los pobres de don Telmo?

Esas cosas se contagian. -Lo descarta por completo, Rosina,

no hay fiebre ni disfunción pulmonar, es otra infección.

-Entonces, ¿me puedo marchar ya? -No.

Usted se queda ahí.

No va a moverse hasta que sepamos que el episodio no se repetirá.

-"Cesáreo tendría que haber estado más atento"

y llamar a una ambulancia ipso facto, que es su deber.

-Ay, no culpe usted al sereno, que está el pobre para pocos trotes.

-¿Sigue alicaído? -Toma no.

Por lo visto le han abierto un expediente.

-¿Y eso qué es? -Que sus superiores

van a indagar en lo de su siesta en plena faena.

Y es probable que lo pongan de patitas en la calle.

"Estoy nerviosa por el viaje".

Te apetece ir, ¿verdad?

Sí, por supuesto.

El retablo de San Miguel es una de las joyas de nuestro arte,

daría cualquier cosa por verlo.

¿Te agrada también la compañía?

¿Samuel?

Sé que viajará usted con Lucía y, quiero advertirle.

Si de alguna forma le hace usted daño,

tendrá que vérselas conmigo.

No está usted en condiciones de imponerme nada.

Tiene usted mucho que ocultar.

¿Quiere que todo el mundo sepa de su trato con el prior Espineira?

Es usted despreciable.

Pero yo no escondo debajo de una sotana mis fines inconfesables.

-"Casilda,..."

tu señora suele levantarse tarde, ¿verdad?

¿A ti te importaría acompañar a mi Raúl a dar un paseo?

-Prefiero ir solo, madre, no soy un niño de teta.

-Tú te callas.

¿Me harías el favor, Casilda?

Me he permitido regalarle a la marquesa de Viana,

en nombre de don Felipe, una talla de marfil

que Lucía ha restaurado. Aún quedan algunos retoques

y la marquesa ha consentido que los ultime en su casa.

Como nos vamos de viaje. Claro, en ese caso, vayan.

Volveré en cuanto termine. Pierde cuidado.

¿Me vas a explicar por qué Samuel Alday tiene que regalar nada

en tu nombre? -"Tanto"

a Leonor como a mí no se nos ha escapado vuestra insólita actitud

de los últimos días.

Así que, ha llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa

y que nos contéis la verdad.

-¿Tú sabes de qué está hablando, Susana?

-No nos vamos a mover de aquí hasta que todo quede aclarado.

¿Estamos?

"¿Se encuentra en casa don Samuel?"

Úrsula.

Carmen, déjanos solos, haz el favor.

-"No me es grato tener que darle esta noticia,"

pero su marido se ha fugado durante el traslado al penal.

-No. Otra vez no. -"Bueno, pues"

yo quería comentarles un asunto.

Ya tenemos fecha para la boda.

-¡Ay! ¿Cuándo?

-En cuatro semanas.

-Hijo, pues yo no es que quiera verter un jarro de agua fría

sobre vosotros, pero no me parece que sea el momento más adecuado.

-Uy, perdone, caballero, ¿le he hecho daño?

-No, en absoluto, señorita.

Aunque... sí que podría ayudarme.

-Pues dígame cómo y no lo dudaré.

-¿Sabe usted dónde podría encontrar a doña Susana?

Es que tenía una cita con ella y no logro localizarla.

-Toma, porque está enferma. -No me diga.

Qué fatalidad.

Me gustaría tanto

interesarme por ella.

-Pues nada más fácil, está pasando

la convalecencia en el 38, en casa de doña Rosina,

la esposa de su sobrino.

-No sabe cómo se lo agradezco. -No hay de qué.

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  • Capítulo 895

Acacias 38 - Capítulo 895

22 nov 2018

El Prior Espineira manda a llamar a Telmo y le pone en su sitio: quiere resultados ya. La noticia de la pintada en la sastrería corre por el barrio. Susana desaparece, decidida a irse a París. Rosina trata de impedirlo y Susana se desmaya. Por fin habilitan un ala del albergue para los damnificados del Hoyo. Antoñito sigue sin lograr acercarse a Lolita. Trini le cuenta lo que le pasa: según ella el año de noviazgo ya se ha cumplido; ya pueden casarse. Los novios se arreglan. Raúl pretende ir a trabajar, pero Carmen se lo impide con ayuda de Casilda. Una de las fotos tomadas por Flora ha sido publicada. La chocolatera y Servando lo celebran. Celia y Lucía dan por terminado su trabajo en la casa parroquial y Samuel aprovecha para plantear a Lucía un viaje a Toledo, que Felipe aprueba. Sin los damnificados del Hoyo en la Casa Parroquial, la magia entre Telmo y Lucía llega a su fin. Ella le cuenta que marcha con Samuel de viaje.

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  1. sofia

    los peluqueros y maquilladores de la serie están de huelga???? El peinado de la pobre Celia parece un nido de ratones y que decir del maquillage de samuel se lo echan con una paleta de albañil

    23 nov 2018
  2. Celeste

    ¿ Que le pasó a Rosina ? ¿ un camión por encima ? ¡¡ está feísima y avejentada y Susana con sus " cabellos " de lana cruda de oveja sin devanar !!! dos adefesios y además ridículas señoras maduritas para hacer ciertas chiquilladas.- Que pocos personajes agradables, honestos y cuanto delincuente en esta serie; y ni hablar de la reiteración de situaciones ( la huída del marido de Carmen, por ejemplo ) entre otras cosas, la insistencia insoportable del maestro de dibujo, las " avivadas" de Servando, la inmadurez de Antoñito., las maldades del " enano maldito " (Samuel )..................... en fin, la miro de vez en cuando para ver si algo nuevo y agradable me cuentan, pero....................

    23 nov 2018
  3. Victoria

    Sigo sin entender por qué Rosina sigue mintiéndole a Liberto ... ¿dónde quedaron aquellas escenas preciosas entre la pareja? ahora ella le miente y él (como es lógico) habla decepcionado y cansado de la actitud de su mujer ... están dejando de ser la pareja más atractiva y encima, Leonor siempre en medio de la pareja; por favor Sres. guionistas: ¿cuándo se casará la hija de Rosina de una vez por todas y se marchará de la casa de su madre?. Felipe, con lo inteligente que es, cómo es posible que se esté dejando engañar del Alday?. Increíble y preciosa la mirada de Telmo a Lucía ¡cuánto dice el cura sin abrir la boca!!.

    23 nov 2018
  4. Mari

    Estoy de acuerdo contigo marta. Por favor que se le caiga la mascara ya de una buena vez a samuel es un aburrimiento. Y lo de rosina ya ni hablemos parece un curco

    23 nov 2018
  5. marta

    Veo Acacías desde que empezó, y estoy enganchada pero no aguanto el trama este de rosina y doña Susana, creo K no pinta nada. Y porfavor K no gane siempre la maldad K desenmascaren a Samuel yaaaa y se formalice la pareja de telmo y Lucía que tanta maldad cansa, gracias

    22 nov 2018