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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 890 - ver ahora
Transcripción completa

Tu tía y yo no queremos regresar a las clases.

-¿Por qué?

-Venancio es muy exigente y no tenemos ganas.

-Tenía entendido que os encantaban esas clases.

-Cuando no eran tan exigentes.

¿Qué le une a mi prima?

-Déjeme en paz.

Me está acosando. -No.

No lo haré hasta que no me cuente

¿por qué se empeñan en mantener esta mascarada?

-No es algo que le incumba.

El hombre en cuya casa tenemos que entrar me debe dinero.

-¿A usted? -Se lo gané en una timba de juego.

No me lo quiere pagar.

-Estamos hablando de un tema de justicia.

-Exactamente, de justicia.

De justicia.

Sí, y me tienes que ayudar.

Necesito este dinero para comprar un viaje a Argentina

y empezar una nueva vida.

¿Lo entiendes?

Aún no he decidido cuándo partiré.

Puedes ir pasado mañana. Quizás.

¿A qué se debe esa urgencia por saber?

No es urgencia, solo querría organizarme.

Por ir al mercado o hacerle la maleta.

O por si tengo que dejar comida preparada en la casa.

Sí, prepárala por si acaso.

Si no es para mí, será para Lucía.

¿Un arma? -Sí, para el golpe.

Hay que estar preparado.

-Me dijo que le debía dinero. ¿Es así o no es así?

-"¿Sabes qué planes tiene"

la señorita Lucía? -¿Planes?

-Sí, ¿sabes si va a ausentarse

o si va a ir de viaje a Salamanca o a cualquier otro sitio?

-"Pos na" me ha dicho.

¿Quién es esta gente?

Una desgracia en el barrio de Tano.

Una inundación se ha llevado por delante muchas casas.

No tienen dónde pasar la noche.

Al revisar el cuadro me he dado cuenta

que el lienzo estaba demasiado nuevo.

El cuadro estaba bien protegido.

Seguro que el lienzo se ha conservado bien.

Por eso parece que esté nuevo.

¿Recuera dónde le dijo don Samuel que compró las obras de arte?

"Creo que fue en algún lugar a las afueras de la ciudad".

-"¿Qué es lo que quiere?"

Saber de dónde sacó los cuadros que le vendió.

Lo siento, padre, tengo mucha faena no puedo entretenerme.

Aguarde un segundo, Vicente, por favor.

Tiene la punta de los dedos manchadas de pintura.

Creo que me oculta algo.

Así que dígame,

¿qué trato ha hecho con Samuel Alday?

Estoy aguardando su respuesta.

¿A qué trato llegó con Samuel Alday

Yo solo le vendí un cuadro que pertenecía a mi familia.

Nada más, no sé de qué me habla.

No trate de negarlo.

Sus dedos le delatan.

Es obvio que usted pinta.

Creo que falsificó el cuadro que le vendió a Samuel Alday.

No es un Sánchez Medrano.

Eso no son más que sinsentidos.

Márchese de inmediato si no quiere buscarme problemas con mis señores.

No pienso dejarle tranquilo

hasta que no me cuente toda la verdad.

Es lo único que pido.

Está bien.

Iré a hablar con el comisario.

A ver si a él le parecen absurdas mis sospechas.

Aguarde.

No dé aviso a la policía.

Se lo contaré todo.

Me ha descubierto, padre.

El lienzo que le vendí a don Samuel era falso.

Yo fui quien lo pintó.

Con mucha maña, todo hay que decirlo.

No es la primera falsificación que hace

de un cuadro de Sánchez Medrano.

¿No es cierto?

No.

Llevo años haciéndolo.

Incluso décadas.

¿Cómo es posible que nunca le hayan descubierto?

Digamos... que conocí estrechamente al autor.

Era su empleado.

Alguien imprescindible.

En realidad,

yo era quien pintaba sus cuadros.

Sánchez Medrano tenía un don

para moverse entre la alta burguesía y la nobleza

Era un artista habilidoso,

pero le faltaba constancia y fuerza de voluntad

para pintar noche y día.

Y encontró en usted la solución de seguir vendiéndoles cuadros

sin necesidad de encerrarse en un estudio.

Entonces...

él solo se limitaba a plasmar la firma en sus cuadros.

Así es.

Él vendía los cuadros a una red de clientes muy nutrida

y pronto comenzaron a demandar más y más cuadros.

Sin que estos nunca sospecharan

quién era el verdadero autor de las obras.

Él se hacía cada vez más rico

y alcanzaba fama,

y yo pasaba las horas metido en el taller

pintando a cambio de unas míseras pesetas.

Un acuerdo que terminó con su muerte.

Sí.

Mientras el mundo del arte lloraba a tan insigne pintor,

yo me lamentaba por haberme quedado sin fuentes de ingresos.

Tengo una hija muy enferma

y preciso de dinero para pagar sus remedios.

Con lo que me pagan cuidando caballos, apenas me alcanza.

Por eso... decidí resucitarlo con nuevos cuadros.

Solo dígame, Vicente,

¿Samuel sabía que los cuadros que compraba eran falsos

y que usted los pintaba y estampaba en él

la firma del famoso pintor?

Así es. No comprendo cómo lo supo,

pero no dudó en adquirirlo casi regalado

bajo la amenaza de denunciarme.

Se lo ruego, padre, guárdeme el secreto.

No me lleve ante las autoridades.

Y perder la oportunidad de desenmascarar por fin

a Samuel Alday.

Hágalo por mi hija, no por mí.

Si me llevan a presidio,

ella quedará desamparada,

morirá sola y sin remedio.

(SUSPIRA)

Está bien.

Lo considerará como secreto de confesión.

No seré responsable de su ruina ni de la de su hija.

Gracias, padre.

Que Dios le bendiga.

Aguarde.

Voy a casa de los guardeses a buscar algo para usted.

No hace falta, Vicente, déjelo. Insisto.

Es un pequeño cuadro de la Virgen que he pintado y firmado

con mi nombre.

Acéptelo como un presente.

Nunca olvidaré su bondad.

(SUSPIRA)

(SUSANA SUSPIRA)

-Susana, estaba deseando venir a verte.

¿Cómo te encuentras tras tomarte las pastillas?

-¿Acaso no adivinas la respuesta nada más verme?

Por culpa de las pastillas he empeorado si es que es posible.

Me han dado un sopor irresistible.

Y cuando me he dormido he tenido una pesadilla terrible.

-¿No me digas?

-He soñado que Alexis se me aparecía

Y me acusaba de su muerte.

Supongo que será fruto de mi mala conciencia

y los malos momentos que me hace pasar.

-Es curioso, Susana,

porque... yo también he soñado con Alexis,

pero mi sueño ha sido menos angustioso.

¿Para qué te voy a engañar?

-Pero... ¿es posible?

¿Cómo puedes tener esos sueños?

Eres una insensata y una desvergonzada.

-¡Como si fuera culpable de mis sueños!

Mejor soñar esto que no pesadillas como las tuyas, ¿no?

-A mí estas me parece que me van a perseguir toda la vida

Cada vez me siento más culpable, aunque no lo tomes en serio.

-No me digas eso. Lo tomo en serio, pero ¿qué más podemos hacer?

-Pues podríamos comenzar por confesa nuestros pecados ante la Iglesia.

Por poner un ejemplo, Rosina.

-¿Otra vez estás con eso?

Ya te dije que de ninguna de las maneras.

-Si solo lo sabría don Telmo.

Y sería bajo secreto de confesión.

Yo me podría quitar esta angustia

que me corroe.

-Claro, pero aumentarías la mía

haciéndome temer que se fuese de la lengua.

Por favor,

te prohíbo terminantemente que le digas nada al sacerdote.

No permitiré que tu mala conciencia me cause la ruina.

-No es menester que yo te la procure

¿O acaso has olvidado la amenaza que se cierne

sobre nosotros con los Escalona?

Como esos salvajes nos encuentren, la pagaremos bien caro.

-Ay...

Te estaba aguardando. ¿Por qué me haces esperar?

-No puedo exponerme tanto.

El cerco policial se cierra sobre mí -He venido cuando he podido.

-¿Has traído lo acordado?

-Sí, no temas.

He cogido la llave de la puerta de servicio de mi señor.

Y he sabido que...,

que mañana por la tarde planea salir fuera.

-¿Y la muchacha que pasa allí las horas muertas?

-No, la señorita Lucía no acudirá a trabajar.

No me estás engañando.

-No.

Acaba de terminar la restauración de un cuadro y...

estará con doña Celia ayudando a los pobres

que han acogido en su casa.

-Qué fácil resulta ser generoso cuando se tiene de todo.

-A las seis será la mejor hora para que te cueles en la casa.

-¿Y tú dónde estarás?

-No sé.

Marcharé a ver a Fabiana a su quiosco.

Así tendré coartada en caso de que la policía pregunte dónde estaba

-Muy bien.

Todo será coser y cantar.

-No te confíes.

Sé cauto. -No te preocupes, sé cuidarme.

-No me preocupo por ti.

No quiero que nadie salga herido. -Irá bien.

Subiré por la escalera de servicio para no encontrarme vecinos

y con las ganancias me compraré un pasaje

para irme a Argentina y no me volverás a ver en tu vida.

-Dios lo quiera.

-Parece no importarte.

-Al contrario.

Ese es mi único anhelo.

-¿Por qué no pasamos la última noche juntos tú y yo?

Carmen, tú y yo solos.

-¿No decías que te asqueaba?

¿Que me veías vieja?

-¡No!

Gallina vieja hace buen caldo.

-Eres un grosero.

Suéltame. Jamás volvería a estar contigo. ¡Suéltame!

-Si me lo propusiera,

volvería a conquistarte con solo chascar los dedos.

Ahora que te miro,

no vale la pena tal esfuerzo.

Prefiero fruta más joven

y complaciente.

Chist. Se te olvida algo.

La llave.

-Espero no volver a verte en lo que me queda de vida.

Le agradezco que tuviese listo el desayuno.

Esta mañana me he levantado hambriento.

¡Ah! Se me olvidaba.

Ayer vino un mozo y le trajo esta carta.

Llegó usted un poco tarde y no me atreví a molestarle.

¿Le dijo quién la enviaba?

No, y me he percatado que tampoco lleva remitente.

Le traeré un poco más de pan.

(SUSPIRA) Alicia.

"He tenido que abandonar Acacias de improviso

y quiero recordarte que mi propuesta sigue en pie".

(Puerta)

Ya abro yo.

"Si accedes a mis ruegos,

desenmascararé de una vez por todas a Samuel Alday".

"Piénsalo bien".

"Si cambias de opinión, ya sabes dónde encontrarme".

Doña Celia, ¿en qué puedo ayudarle?

No soy yo quien precisa ayuda esta vez,

sino unos pobres desdichados.

No sé si estará al tanto

de la inundación que ha arrasado la barriada del Hoyo.

No sabía nada. No es de extrañar.

Hasta hoy no se han hecho eco los diarios.

La desgracia se ha cebado con el poblado chabolista.

Hay varios muertos

y muchos heridos.

-Y aún son más

los que se han "quedao" sin techo "ande" cobijarse.

-Nosotros hemos acogido en casa a varios de los afectados.

Dentro de nuestras posibilidades, claro.

Y me preguntaba si usted

podría acercarse a darles ánimo

y apoyo espiritual. Por supuesto.

Esas pobres almas requieren de todo nuestro esfuerzo.

Pero si le parece bien, deberíamos trasladarlos aquí.

Dado su estado,

puede que alguna enfermedad se pueda extender.

Puede que tenga razón.

Algunos de los afectados que están en mi casa

muestran signos preocupantes de fiebres.

Entre ellos hay una mujer embarazada Paca.

¿Lo ve? No hay más que hablar.

Hay que ponerse manos a la obra de inmediato.

Úrsula, lo primero es acondicionar la casa parroquial.

Una vez hecho eso, ya podremos trasladar

a los pobres desdichados aquí.

La casa del Señor es la casa de todos.

Pues cuente con nuestra ayuda para lo que sea necesario.

-Sí, don Telmo.

En ese caso, no esperemos más.

Me alegro mucho de que haya vendido el cuadro.

Y eso no es lo mejor.

El comprador está dispuesto a pagar un precio más elevado

del que habíamos pensado.

Creo que deberíamos celebrarlo por todo lo alto.

Había pensado en que esta noche podríamos ir a cenar

a un restaurante nuevo y lujoso del que me han hablado.

Me alegra verle tan satisfecho,

pero me temo que voy a tener que declinar su invitación.

No tengo ánimos para festejos.

¿Por qué motivo, Lucía?

¿Acaso ha sucedido algo?

Sí.

Sí, las inundaciones han arrasado la barriada del Hoyo

y muchos se han quedado sin casa.

Mi prima ha podido acoger a algunos

Ignoraba que la situación fuera tan grave.

Sí, sí que lo es.

De hecho, tenía pensado usar mi parte de las ganancias

de la venta del cuadro para tratar de socorrerles.

Paca, ¿qué haces levantada?

Está hirviendo.

Le ha subido aún más la fiebre. Ven, vamos a sentarte en el sofá.

Voy a por unos paños húmedos.

Ignoraba que los Álvarez Hermoso habían abierto las puertas

a los más desdichados.

Sin duda, es un gesto que les honra

Sí.

Y por mi parte no va a ser el único

Seguiré su ejemplo, Lucía.

Donaré mi parte obtenida en la venta del cuadro.

Le digo que Carmen nos está ocultando algo.

Anoche vi cómo le daba algo a su pariente al amparo de la sombra

-Ya, pero ¿vio usted de qué se trataba?

-Nanay, la noche estaba oscura como la boca de un lobo.

Pero seguro que "na" bueno traen entre manos.

-Temple, temple. Temple usted que no sabemos nada

de su pariente. -No te amuela,

pues precisamente por eso.

Hasta el sereno dice que hay algo que huele a chamusquina.

-No, a ese ni me lo mientes.

No es santo de mi devoción.

-¿Qué hacen ustedes aquí?

-Aquí, tomando una achicoria. -Sí, ya lo veo.

Lo que me pregunto

es cómo pueden estar ustedes tan tranquilos tomándosela

siendo como es su hora de mayor faena.

-Pierda usted "cuidao", luego nos ponemos al día.

Ahora la estábamos esperando a usted.

-¿A mí?

¿A santo de qué?

-Verde y con asas, Carmen.

Queremos que nos explique de una vez qué pasa.

-No sé de qué me está hablando, Fabiana.

-Que una no se ha "caío" de un guindo, Carmen.

-Anoche Fabiana le vio con...,

con su pariente ese a escondidas, con el Alfonso.

-Bueno, a escondidas tampoco.

-¿Cómo que no?

Buen "cuidao" tuvieron ustedes de estar lo más a oscuras.

¿Qué fue eso que le dio, Carmen?

Responda.

-Lo que a usted no le importa,

perdone que le diga.

-Responder a "respondío", ¿eh?

-Y hagan el favor de olvidarse, no hay de qué preocuparse.

-Y yo le digo a usted que no me cree de la misa a la media.

Déjese de embustes porque estamos muy seguros

de quién es ese pollo.

-Además de verdad... (CARRASPEA)

¿Sabemos qué es?

-El Adonis. -Ah.

-Su marido.

Madre, perdona mis graves faltas.

Nunca debí dejar el cuerpo del pobre Alexis solo.

Nunca.

Sálvame del fuego eterno

y también de los sopapos terrenales

Y protégeme de la justa ira de los Escalona.

A cambio te prometo

que jamás me volveré a apuntar

en una academia de arte.

Ni asistiré a actividades indecorosas.

A partir de ahora, mi vida consistirá en ir

de la sastrería a la iglesia y de la iglesia a la sastrería.

Lo prometo.

Úrsula, aguarde un momento.

¿Ha visto usted al padre Telmo?

He ido a confesar, pero no ha venido.

Lo sé, no ha podido acudir a la iglesia.

Está muy ocupado

preparando la casa parroquial

para la acogida de los damnificados por la riada en el Hoyo.

Así que van a trasladarlos desde casa de Celia.

Cuando esté todo listo.

Me parece bien.

Es más apropiado que estén ahí que en casa de un vecino,

aunque no me haya podido confesar.

-Perdone.

¿Sabe dónde está la botica?

Gracias.

¿Está usted bien?

¡Ah!

Perdón.

-¿Lo ven? La gente se escandaliza por cualquier menudencia.

-Hombre, don Venancio, menudencia, menudencia, yo no diría

¿Conoce usted a esa mujer?

Yo no, ¿y usted?

No sabría decirle con seguridad.

Creo que la he visto alguna vez en la iglesia. ¿Por qué?

Toma.

Cúbrete con esto, que nadie pueda reconocerte.

Descuida, todo va a salir bien.

¿Eh?

Tengo la llave para entrar por la puerta del servicio.

Y dentro de la casa no hay nadie.

-Espero que no se equivoque.

-Si me equivoco,

tengo a mi amiga que nos va a proteger.

-No quiero que nadie salga herido. -No, ni yo.

Y menos que los escaldados seamos nosotros.

Venga, hijo,

y ahora vuelve a tus quehaceres, que nadie sospeche.

Nos vemos justo antes del asalto.

-¿Dónde? ¿Aquí? -Sí, sí, sí, sí.

Desvalijaremos una casa de aquí al lado.

-¿En Acacias? -Sí.

-La casa donde sirve tu madre.

-Me dijo que la víctima era alguien con quien jugó a las cartas.

-Bah... -Que le debía dinero.

-Eso, al final, no salió.

He decidido cambiar de casa.

Vamos a robar en casa de Samuel Alday.

-Eso podría causarle serios inconvenientes a mi madre.

Podría perder el trabajo.

-No, no, no te preocupes, eso no va a suceder.

-Incluso acabar entre rejas. -Tranquilo.

Que lo tengo todo muy bien calculado

-No, padre, no.

Mejor sería no correr riesgos.

Busquemos otra casa en la que entrar No quiero perjudicar a mi madre.

-Por tu madre no te preocupes.

¿Acaso no sabes de quién fue la idea de entrar en casa de su señor?

-¿Dice que el plan fue suyo?

-¿Cómo si no iba a tener yo la llave ¿Eh?

-¿Por qué no me lo contaron antes? -Para protegerte, hijo.

Cuanto menos sepas, mejor que mejor.

Este golpe solucionará todos nuestros problemas.

Y aunque el señor Alday esté arruinado,

sé que tiene unas piezas de mucho valor

que volarán en el mercado negro.

Y además conozco a un comprador

que nos va a dar más de 1000 pesetas por eso.

¡Confía en mí!

-Nunca creí que madre accediera a involucrarse en algo así.

-(RÍE)

-Hijo mío.

¿No te das cuenta que tu madre tiene dos caras?

¿No te acuerdas?

Que nos traicionó.

A su propia familia.

Nos puso a los pies de los caballos.

Tendrían que haber visto

lo bien instalados que estaban en la casa parroquial.

No va a haber cómo sacarlos ni con agua hirviendo.

-Me alegra mucho escucharlo.

-El padre lo ha dispuesto a las mil maravillas.

Y aunque me cueste reconocerlo, la Úrsula

está faenando lo que no está escrito.

¿Y cómo está Paca?

¿La "preñá"?

Más o menos, igual.

Para qué voy a engañarle.

Pero don Telmo se está esmerando en su cuidado.

-Luego iré a verla.

¿Puedes acompañar a la última anciana a la parroquia?

-Sí, ahora mismito, doña Celia.

Bendita la hora en que puse en oídos del párroco lo sucedido.

Se desvive por sus cuidados.

Felipe se lo ha encontrado y va a organizar

una colecta entre los vecinos para reconstruir las casas.

Por mi parte, puede contar con un generoso donativo.

Lo suponía, sé que puedo contar con tu generosidad.

Esa gente va a necesitar mucho más que dinero.

Es mucho el trabajo que hay que hacer.

Ahora voy a ir a llevar mantas y ver qué puedo hacer.

¿Vienes conmigo?

Lo lamento, pero me es imposible.

Como desees.

Estaré allí ayudando, por si cambias de opinión.

Ya he decidido lo que vamos a donar.

-Y yo te digo que no estoy de acuerdo.

-Qué extraño, los hermanos discutiendo.

-¿Cómo no lo voy a hacer? Tiene menos entendederas que un mosquito.

-Eres tú el que está equivocado.

-¿Se puede saber qué pasa ahora?

-Sencillo.

Que el párroco ha acogido a los del Hoyo en la casa parroquial.

Y no sabemos qué emparedados llevarles como donativo.

-Sí lo sabemos, pero no me quieres hacer caso.

-Porque eres un avaro y un ruin.

Les llevarías dos platos con las sobras del día.

-Que tampoco es eso.

No hace falta sacar el jamón y el huevo hilado.

Una cosa es colaborar y otra, perder dinero a espuertas.

-¿Tú has visto la clase de novio que tienes?

Yo de ti, saldría corriendo.

-Hagamos una cosa.

Dejadme haceros una aportación.

Con este dinero, enviáis dos bandejas de lo que os apetezca.

-Menos mal que tu novia tiene el corazón que te falta.

¿Por qué el Peña no se la llevaría?

-Calla, que la quieres con locura.

-Qué remedio, es la única hermana que tengo.

Con otra como Flora, estaría en la tumba.

-(RÍE)

-Oye. Estaba deseando saber de ti.

-¿Mm? -Me tenías preocupado.

¿Cómo acabaron las cosas después de que nos pillaran?

-No llegó la sangre al río.

-Me alivia escucharlo.

-Tuvimos unas palabras, pero se terminó calmando.

Ni que fuera una santa.

Y he averiguado por qué estaba tan nerviosa.

-¿Cuál es el motivo? Me tienes en ascuas.

-Porque ella y doña Susana

han decidido salirse del curso ese avanzado de pintura.

-Yo creía que estaban encantadas. -Eso fue al principio.

Pero el maestro les ha exigido mucho y no van a ir más.

-Espero que tener de nuevo a tu madre desocupada

no signifique que tengas menos tiempo para mí.

-Que no, nada de eso.

(RÍE)

(SUSPIRA)

¡Ay!

¡Ah!

¡Oh!

Ay.

-¡Ay, Susana, basta ya!

Deja de dar vueltas como un león enjaulado.

-Cuando te cuente lo que me ha sucedido,

vas a estar tan nerviosa como yo. -Permíteme que lo dude.

Porque cualquier cosa te altera.

-¿Cualquier cosa?

Esta mañana estaba en la puerta de la iglesia hablando con Úrsula.

-¿Con Úrsula, para qué?

¿Qué tenías que hablar con esa mala mujer?

-Cala, que ese no es el asunto.

Mientras hablábamos, he visto pasar por la calle

a la limpiadora de la academia.

-¿A la limpiadora de la academia? ¿A qué ha venido a Acacias?

Viene a buscarnos.

Quizá esté compinchada con los Escalona.

-Menos mal que no ibas a alterarte.

-Bueno, aguarda, a ver, a ver.

A lo mejor te has equivocado.

¿Estás segura de que a quien has visto es a la limpiadora?

-¡Pues claro!

-También te pareció ver a don Venancio y no lo era.

-¿Me acusas de perder la cabeza?

-No, tampoco es eso, pero reconoce que estás muy alterada.

¿Por qué no te tomas esas pastillas

para templar los nervios? -Ni hablar.

Cada vez que me tomo una de esas, tengo pesadillas con Alexis.

-En ese caso, te traigo una tila.

Y una copa de anisete.

-¿Acaso el anisete es bueno para los nervios?

-Es para mí, que también estoy nerviosa.

A ver, tranquilicémonos.

Esa mujer no puede ser la limpiadora.

¿Qué iba a hacer en Acacias?

Úrsula creía haberla visto en la iglesia.

Pero la haya visto o no,

eso no es lo importante.

-¿Cómo que no? Ahora sí que no te entiendo.

-Rosina, me he dado cuenta

de que hay un testigo más que nos vio

aquella fatídica tarde con el pobre Alexis.

-¡Ah!

-¿Qué pasaría si hablase?

Si le cuenta a la policía, o peor, si informa a los Escalona

de que nosotras somos las mujeres que ellos buscan.

-Ay, Susana, yo no sé tú,

pero al final, sí que me voy a tomar una tila o dos.

-Ay, Dios mío.

Tome, Cesáreo, una galleta.

-No lo he pedido. -Es cortesía de la casa.

-No me apetece. -No se resista.

Le aseguro que va a chuparse los dedos.

Es la receta con la que ganamos el concurso.

-En tal caso, no puedo negarme.

¿Qué ocurre?

-Nada, a ver qué le parece.

-Riquísima.

-¿Qué le decía?

Huy, qué tipo más mal encarado.

-No salen muy favorecidos en las fichas policiales.

-No hace falta que lo jure. Pero si al menos, tuviera

unas patillas o una barba, saldría más presentable.

Lo sabía, sabía que este hombre no era quien decían.

(TOSEN)

Padre.

Las mujeres dormirán aquí, en el salón y en mi cuarto.

Los hombres ocupan su habitación.

Lamento que tenga que dormir en el desván.

No se apure, estaré bien.

Más me preocupa usted, que no tiene sitio en su casa.

Esta casa pertenece a la Iglesia, no a mí.

Dormiré en la sacristía. Si es que estas pobres almas

nos conceden un momento de descanso.

El estado de muchas es preocupante.

Esperemos que con nuestro esfuerzo y la ayuda del Señor,

podamos paliar tanto sufrimiento.

Le agradezco todo lo que está haciendo.

Solo cumplo con mi deber.

Puede contar conmigo para lo que sea menester.

Disculpe, don Telmo.

La puerta estaba abierta. Pasen.

Siempre estará abierta para quienes vengan a ayudar.

-Precisamente, a eso mismo nos mandan nuestras señoras.

-Aquí estamos, para lo que disponga.

No, si faena no os falta.

He de marchar a la botica a por unos remedios.

Úrsula les dirá qué pueden hacer.

Id a lavar las sábanas.

Así podremos terminar de preparar los catres.

Están en la cocina.

Nadie me dijo que tenía que obedecer órdenes de la Úrsula.

-Me hace la misma gracia que a ti,

pero es lo que hay.

Lo único que importa es ayudar a esta pobre gente.

(Tose)

-(TOSE)

(TOSE) -Incorpórese, mujer.

Esa tos no suena nada bien.

-(TOSE)

-Voy a ir a por un vasico de agua.

-(TOSE)

Vengo del Hoyo.

La situación sigue siendo desesperada.

Lamento escucharlo.

He elaborado una lista con las necesidades más urgentes.

Y otra, con las familias afectadas.

Podrá empezar a pensar en un plan

para reconstruir la barriada. Así es.

Son muchos los señores dispuestos a ayudar a don Telmo.

Y no escatimarán esfuerzos.

¿Cuánto dinero necesitará?

Una fortuna.

Solo espero que el municipio se dé cuenta

que no pueden dejar desamparada a esa pobre gente.

(Ruido de cacharros cayéndose)

-¡Ay!

Disculpen, que...

-¿No estabas en la casa parroquial?

-Sí, pero he venido a por unas ollas

para hervir agua, que allí no damos abasto.

¿Cómo está Paca?

Ay, señorita, está más para allá que para acá.

Le ha subido la fiebre.

Don Telmo ha ido a por medicinas, pero no mejora.

Lo siento, no puedo entretenerme.

Me están aguardando. Sí, ve, corre.

Voy a seguir estudiando la viabilidad del plan.

Vuelvo a pedírtelo, madre amada.

Protégeme a mí y a mi amiga Rosina.

Que aunque es una cabeza loca,

es buena persona.

Nosotras jamás deseamos vernos envueltas en semejante embrollo.

(Puerta)

¡Estoy en el taller!

¡Aguarde, enseguida voy a atenderle!

¿Agustina?

¿Eres tú?

¿Hay alguien ahí?

¿Quién ha entrado?

¡Ah!

Calma, Susana.

¿Qué diantres...?

"Mi silencio y su tranquilidad

valen 10 000 pesetas".

(Intentan abrir la puerta)

¿Qué haces aquí?

Acordamos que hasta las seis, no debías entrar.

Y tampoco deberías ir armado. ¿Has perdido el oremus?

-¿Estás sola? -Sí.

-Pasa.

-¿Qué significa esto? Raúl.

Pero ¿qué hace él aquí? Tampoco debería haber venido.

-Ha sido decisión suya.

-¿Por qué has involucrado a nuestro hijo?

Le haces correr peligro.

Eres un fugitivo de la Justicia.

No te será fácil salir de esta.

-¿Qué dice?

La policía no le busca. -Sí, hijo.

Tu padre escapó del penal.

Por eso, tiene tanta prisa por huir de la ciudad.

Y por eso, me ha obligado a esto. -Anda, cállate.

No pierdas el tiempo escuchándola. Tenemos mucha faena por delante.

-¿Es cierto, no fue idea de ella robar en esta casa?

-Pues claro que no, hijo.

Nunca se me ocurriría robar en casa de mi señor.

Él me obligo a que le facilitara la llave para desvalijar la casa.

Si no lo hubiera hecho, me habría matado

sin pensarlo ni un instante.

-Carmen.

Aún estoy a tiempo de hacerlo.

-Entonces, es cierto.

-No le hagas caso, hijo. Está un poquito loca.

Se inventa cosas.

Acompáñame al interior de la casa.

Tenemos que coger todo lo que podamos.

La fortuna nos espera.

-Vamos, padre.

Qué oportuna casualidad.

Iba a su casa a buscarlo.

Samuel.

No tengo tiempo de discutir con usted.

Debo regresar a la casa parroquial.

Una enferma me necesita. Descuide, padre.

No pretendo discutir con usted ni tampoco entretenerle.

Solo quería aportar un pequeño donativo para esa pobre gente.

¿Qué ocurre?

¿Mi dinero no es tan válido como el de otro?

¿O acaso es su soberbie la que le impide aceptarlo?

¿Prefiere que pasen calamidades antes que aceptar mi dinero?

(SUSPIRA)

Si es por ayudar a esos necesitados,

será bienvenido hasta el dinero del mismísimo demonio.

Como es ahora el caso.

Y en cuanto a si ese dinero es peor que otros,

le responderé que así es.

Proviene de la codicia y del engaño.

Pero ¿cómo se atreve?

¿Pone en duda que lo haya ganado dignamente?

Ambos sabemos que no es cierto.

¿O acaso va a negarme

que procede de sus ganancias al vender el cuadro?

¿Cómo ha podido saberlo?

La pregunta no es esa,...

sino cómo ha sido tan despreciable

de traficar con obras falsificadas.

No tiene pruebas de lo que dice.

Se equivoca.

No me costaría mucho esfuerzo.

Pero tranquilo, no voy a denunciarle.

¿Ah, no?

Pero no por usted,

sino para no perjudicar a Vicente y a su pobre hija.

Nuevamente, su conciencia le impide derrotarme.

No cante victoria.

Le aseguro que le vigilaré muy de cerca.

Y a la mínima que involucre a Lucía

en alguno de sus trapicheos,

le aseguro que acabaré con usted sin dudar un segundo.

Os lo ruego, marchaos.

No os podéis quedar aquí ni un segundo más.

Raúl. ¡Raúl!

Raúl, márchate.

Aquí puedes estar en peligro, hijo.

-Bueno, creo que ya estamos.

Ya tenemos todo lo valioso.

Cierra el hatillo y vámonos de aquí volando.

-Espera, espera, hijo.

Quédate aquí.

Quédate conmigo. -¿Quieres dejarle en paz?

-Hijo, si atraviesas esa puerta, no habrá marcha atrás.

Te convertirás en un delincuente.

No quiero volver a perderte. Ya lo hice una vez.

Y me desgarró el alma.

-Ya está bien de palabrería. -¿Qué hace?

-Es tu última oportunidad.

-Estoy harto de tus lloros.

Nuestro hijo ya es un hombre.

No va a quedarse aquí,

bajo las faldas de su madre.

Te lo advierto, Carmen.

O te apartas o te descerrajo un tiro entre ceja y ceja.

-No te tengo miedo.

-Ya.

Eso solo demuestra

lo tonta que eres.

Tú lo has querido.

Debería haberte matado hace mucho tiempo.

-Baje el arma. -Raúl.

-¿Qué haces?

-No voy a consentir que haga daño a mi madre.

-Raúl, cuidado, no juegues con mi paciencia.

¡Apártate!

-No.

Tendrá que dispararme a mí. -Raúl, no le provoques.

-Por una vez, haz caso a tu madre.

¿Te vas a jugar la vida por esta mujer,

que nos vendió sin pestañear?

¿Por esta traidora?

-Por mi madre, estoy dispuesto a morir.

-Me defraudas. -Es usted quien lo hace.

Ella me ha demostrado cariño incondicional.

Usted lo único que ha hecho ha sido contarme mentira tras mentira.

-¡Apártate! -¡Para!

¡Para!

¿Qué haces? -¡Apártate!

-Suelta el arma.

-¡Suelta tú el arma!

¡Suelta el arma!

¡Suéltala! -¡Para!

¡Suéltale!

-¡Ya está bien! -¡Suéltale!

(Disparo)

Hijo.

Raúl.

Hijo.

Ayúdame.

¡Ayúdame! Le has matado.

¡Has matado a mi hijo, maldito!

¡Maldito seas!

-¡Préndanlo, es el que buscan!

-¡Suéltame!

-¿Cómo está?

-Vaya a buscar ayuda.

No pierda tiempo, busque un médico.

(Tose)

Aguanta un poco más.

(TOSE)

Pronto acudirá el doctor.

Está bastante peor.

Procura descansar.

Cierra los ojos.

Te irá bien dormir un poco.

Quería comentarle un asunto.

Ha pasado uno de esos indigentes preguntando por la casa del cura.

-El padre Telmo ha acondicionado su residencia

para el amparo de los damnificados.

-No me agrada mucho decirlo,

pero debería habilitarse una solución pronto.

Tanto desarrapado a la vista podría hacernos perder clientela.

-No haga leña del árbol caído. Lo han perdido todo.

No vamos a echarles del único lugar donde tienen sustento.

Suficiente trabajo tiene el padre Telmo

sin hacer caso a vecinos descontentos.

No podía quedarme en casa de brazos cruzados.

Alabado sea el Señor por su iniciativa.

Necesitamos toda la ayuda posible.

Quizá la señorita Lucía

sepa del revuelo que vio en el 38 de Acacias.

¿El revuelo?

No, lo siento.

No vengo de casa y nada he visto.

He pasado a comprar leche.

Pensé que a las criaturas les vendría bien.

Sabía que no permanecería indiferente a tanta desgracia.

Bienvenida al caos.

(SUSANA) Estoy que no vivo.

Me ha llegado una carta pidiéndome 10 000 pesetas.

-A mí también me ha llegado una carta.

Dicen que debemos pagar entre las dos.

-¡Menos mal!

-¿Cómo que menos mal?

¿Te alegras de que sea chantajeada?

-Pues claro.

-Mal de muchos, consuelo de tontos.

-Tú di lo que quieras, pero no soy la única asesina.

-Déjate de pavadas.

No somos ni asesinas ni culpables de nada.

Fue un accidente. -Eso cuéntaselo a los familiares.

¿Es mi imaginación o no tiene ganas de hablar conmigo?

Lo siento, ya me marcho.

-Espere un segundo, don Felipe, esto es para usted.

(FLORA) Si tan preocupado estás por el monis,

puede que tangamos la solución. -¿En el diario?

-Un cliente comentaba ese anuncio con otro ayer.

Se buscan reporteros colaboradores.

Lee.

-A los señores fotógrafos de profesión

y a los aficionados que envíen fotografías

sobre asuntos de interés y actualidad

se les abonará un generoso estipendio.

¿No tenías que ir no sé dónde?

-Sí, me gustaría ir a la sociedad gimnástica.

Es el último grito en entretenimiento.

Consiste en ejercitar tus músculos

y alternas con lo más granado.

Mens sana un corpore sano. -Liberto.

No me parece bien que hombres sudorosos

y en paños menores compartan espacio.

-Tanto como compartir espacio en paños menores...

Salvo en las duchas, todos van bien vestidos.

-Pero os bañáis en cueros, ergo no te fíes.

Cuando la gente empieza a desvestirse,

nunca se sabe cómo va a acabar la cosa.

Llévensela. -No.

-Que no suba hasta nueva orden.

Señor Alday.

¿Qué ha pasado?

Han intentado desvalijar su casa. ¿Mi casa?

Tengo muchas obras de arte.

Servando y yo habíamos quedado con Carmen

para denunciar al comisario el robo.

-Para que le detuvieran por hacer chantaje a Carmen

y, de paso, a Raúl.

-Y el comisario nos dijo

que le dejáramos actuar como si no supiéramos nada.

Que dejáramos que robara.

-Para cogerle con las manos en la masa.

-Es una fatalidad.

-Pues sí.

Samuel, ¿de dónde viene tan temprano?

Me tenía preocupada.

Preocupación que me halaga.

He ido a ver un cerrajero para mejorar la seguridad.

¿Y cómo está usted?

Me encuentro perfectamente, gracias.

No tiene mérito alguno.

Cuando llegué, ya había sucedido todo.

¿Sabe cuál fue mi única preocupación cuando me informaron?

Que usted estuviera dentro. Cuando supe que no era así,

sentí mucho alivio.

Ni siquiera inquietud por los daños.

Fabiana, que el señor Alday sospecha de la Carmen.

Que se piensa que fue ella la que le abrió la puerta.

-No, si al final, la pobre terminaré en la rue.

O peor. -Todavía no ha regresado.

No sabemos nada del Raúl.

-"Na" de "na", hija.

-Me marcho a escape, que doña Celia me está esperando.

Nos vemos en casa del cura. -Sí.

-¡Ay!

Padre.

La señorita Lucía es pan de Dios.

Pero si continúan llegando tantos indigentes,

no con su bondad ni con nuestro trabajo, daremos abasto.

A las buenas, doña Susana. ¿Se viene conmigo?

Voy a echar una mano al cura y a llevar estas viandas.

-Loable, muy loable.

Dime, ¿qué tal las cosas por allí?

¿Has visto entre la gente a alguien con malas intenciones?

Que sea así rarito.

-Puede ser que todos lo parezcan, pero ninguno lo es.

Digo yo.

Está todo muy desordenado.

El cura va a tener que pensar algo.

-¡Espere, doña Rosina! Casi hay una desgracia.

-¿Le han roto un brazo a Susana? -No, es otra cosa.

-¿Una pierna? -Que no.

Leonor ha tenido un percance, está herida.

-¿Mi niña?

¡Ay! -¡Señora!

-Rosina.

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  • Capítulo 890

Acacias 38 - Capítulo 890

15 nov 2018

Vicente, el hombre que le vendió el cuadro a Samuel, confiesa a Telmo que él es el pintor que está detrás de las obras de Sánchez Medrano. Telmo accede a no denunciarle a la policía para protegerle a él y a su hermana enferma. Tendrá que encontrar otra forma de acabar con Samuel.

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  1. maría

    Sí Saro. Yo también creo que el maestro pintor es el chantajista.

    18 nov 2018
  2. Noelia

    Sí, yo también me he dado cuenta, sobre todo en el caso de Lolita tiene un tic de rascarse el cuello (sobre todo el lado izquierdo); en el personaje de Lucía me fijo menos (sobre todo cuando está con Samuel) me suelo dar más cuenta cuando está con Telmo y claro, me fijo más en Telmo porque es un personaje que me gusta mucho.

    16 nov 2018
  3. Sheerezade

    Cuantos TICS en algunos personajes: Lolita rascándose el cuello, sobre todo del lado izquierdo, Lucía casi permanentemente con sus manos en el vientre

    16 nov 2018
  4. Saro

    Rosina y Susana pobres mujeres!! cuándo va a terminar su angustia?; tengo la impresión que el chantajista podría ser D. Venancio. Siempre he dicho que me gusta Ursula pero en su rol actual me encanta ... y qué decir de Telmo, es un personaje lleno de bondad, muy inteligente y dispuesto a todo por "espabilar" a Lucía ... su forma de hablarle a Samuel hace que el Alday (que siempre se dirige al sacerdote con altanería y odio) termine marchándose acobardado, apabullado. Felipe vuelve a aparecer como el personaje importante que siempre ha sido, muy capaz y dispuesto a ayudar, ahora en el Hoyo. Vamos a ver como va a terminar Carmen porque, entre su marido, su hijo (ahora herido) y Samuel, esta mujer no sale de problemas.

    15 nov 2018