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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 888 - ver ahora
Transcripción completa

Es una restauración primorosa, lo supe en cuanto la vi.

Permítame que esté en desacuerdo.

Cuando tenga mi primer cliente lo creeré.

(RÍE)

Lo tiene, Lucía.

¿Por qué cree que he tardado tanto en despedirme del marqués?

Quiere el Pereda.

-Ten mucho cuidado si no quieres que se acabe todo para ti,

lo bueno, lo malo y lo regular. -Buenas noches, Carmen.

-Buenas noches.

-Soy Alfonso, un primo lejano de Carmen.

He venido a arreglar unos asuntillos. Encantado.

-Lo mismo digo. -"Me temo que el carácter"

de los Escalona es más sanguíneo que tranquilo.

Antes de que dijeran una sola palabra,

les pondrían la cara como un mapa.

-¡La cara no!

-Y si no han ido a por ustedes, es porque no he desvelado sus nombres,

así que les sugiero, les suplico,

que tomen precauciones. -"Mira que esas clases de dibujo"

le están yendo bien a tu tía, le ayudan a distraerse

del trabajo y de la falta que le hacen sus hijos,

pero ¿a mi madre? A ella le están haciendo perder el magín.

-Creo que ha llegado el momento de dejar de preguntarle a ella

y descubrir de una vez por todas qué está ocurriendo aquí.

Yo me encargo. -"¡Doña Susana!".

Mire lo que ha hecho. -(GRITA)

-Ha quedado inservible.

Si no tiene usted la cabeza en el trabajo, déjeme a mí.

-¡¿Y quién eres tú para decir lo que tengo que hacer?!

¡Estás despedida! -Pero, doña Susana,...

-Ya me has oído, ¡fuera!

Tu amiga se ha marchado. ¿No se despidió?

No.

Será que no erais tan amigas.

"He hecho voto" de castidad

y no lo voy a romper.

Una noche juntos y le contaré la verdad a Lucía.

Piénsatelo.

-"Alicia sigue en la ciudad".

"Hace semanas tuvo problemas con la justicia,"

una pelea en una taberna. "Usted tampoco sabía"

que Alicia pretendía marcharse, ¿verdad?

No,

pero no le oculto que lo celebro.

Don Samuel ha pedido un carruaje para salir.

Sé que al menos va a estar un día fuera.

Puede ser mi oportunidad.

Padre, dígame de una vez ¿qué quiere usted de mí?

Carmen.

¿Le puedo pedir un favor?

-Claro.

-Es que en el número 14 han contratado una criada nueva

y tiene problemas con la cocina.

He subido a verla y es igual a la que hay en casa de don Samuel.

¿Usted le podría enseñar cómo funciona?

-Sí, dígale que mañana por la mañana me paso y le enseño.

-¿Y no podría ser ahora?

La chica teme que si no hace la cena como se lo ha pedido la señora,

la puedan despedir.

-Ya, pero... -Será un minuto.

-¿Qué es lo que no entiende de la cocina?

-Bueno, me lo ha explicado,

pero no me he enterado de nada. Mejor que se lo cuente ella.

-Buenas noches.

-Cesáreo, no sé si... si usted conoce a mi primo Alfonso.

-Sí, lo he visto por el barrio.

-¿Sería tan amable de dejarme a solas con mi prima?

Tenemos que tratar unos asuntos. -Tardaremos unos minutos.

-Es urgente. Por favor.

-Carmen, veremos eso mañana.

-Está bien.

-Ese hombre es un cobarde.

Si depende de él la seguridad de este barrio,

estáis todos en peligro.

Mi hijo me ha preguntado por mis negocios.

¿Qué le has contado?

-No le puedes engañar, no le puedes decir que eres un hombre de negocios

que lo va a sacar de la pobreza.

-No te metas, si no quieres problemas, no te metas.

¿Dónde está mi dinero?

-No lo tengo.

-Esa frase, por repetitiva, ya me carga, me cansa.

No tienes el dinero ¿y te atreves a hablarle de mí a mi hijo?

¿Qué hago contigo, Carmen, qué hago contigo?

-No me hagas daño. -Aquí,

ni gota. Si quisiera hacerte daño,

te llevaría a un sitio donde nadie te pudiera encontrar.

Aunque se me está ocurriendo una manera

de que me pagues,

aunque no tengas dinero.

-¿Cómo?

-Me vas a dejar entrar en la casa de tu señorito, el señor Alday.

Allí hay cosas de valor, sí, sí. -No,

no puedo hacer eso. -Sí, sí, sí, sí. Voy a entrar allí

y voy a coger lo que quiera, y me voy a comprar un pasaje

para irme a Argentina y no me verás más,

y así podrás educar a tu hijo

como un criado, como un esclavo, que es lo que quieres, ¿no?

-No voy a permitir que entres a robar en la casa.

-¿No, tú no me vas a permitir?

En la cárcel aprendí muchas cosas, muchas, muchas.

Puedes hacerlo por las buenas...

o por las malas.

(Sintonía de "Acacias 38")

Dígame de una vez a qué se debe esta visita.

He venido a hablar con usted.

Bueno, pues si es sobre arte, ya ha cumplido su propósito.

Así que gracias y adiós.

Permítame que me quede más.

Me alegra que haya encontrado su vocación,

es un aliviodescubrir el trabajo que puede hacernos felices.

Venga, padre, no me venga con monsergas,

no es eso

lo que ha venido a decirme. Es cierto.

Si estoy aquí, es para prevenirla sobre Samuel.

¿Vuelve otra vez con lo mismo?

No tengo otra opción.

¿No se da cuenta de que este taller es un regalo envenenado

que solo busca tenerle a su merced? Eso es totalmente absurdo.

Samuel se interesa por mí y busca ayudarme con una ocupación

que me mantenga entretenida. Ese hombre solo busca enamorarla.

¿Y qué hay de malo en eso?

Tal vez yo albergue los mismos sentimientos hacia él.

Es posible, pero yo le hago esta advertencia porque estoy convencido

de que Samuel no es sincero.

Bueno, padre, puede usted pensar lo que le plazca,

que yo sé muy bien cómo es Samuel.

Es posible que se equivoque. Hay algo oscuro en él

que no conoce. Bueno, basta ya.

Padre, le ruego que salga de esta casa

y no me busque más.

¿No va a sopesar ni un minuto mis palabras?

Padre, me está usted incomodando.

Está bien.

No la molestaré más.

Eso espero.

Padre.

Espere, espere.

Quería pedirle perdón. No tiene por qué.

Bueno, le he fallado, no he podido evitar que Carmen subiera a casa

del señor Alday como me pidió. No tiene importancia,

ya había concluido mi conversación cuando ha llegado ella.

¿Qué es lo que pasa con esa joven?

Ha pasado por momentos muy difíciles y necesita apoyo.

Ah. ¿Y por eso quiere estar tan cerca de ella don Samuel?

No tengo la menor idea. Yo no sé si ese hombre

pretende ayudarla con lo de la restauración o está interesado

en el asunto de la herencia, parece que no es nada pequeña, ¿no cree?

¿No cree que está usted pecando de curioso?

Bueno, pensará que soy un cotilla, pero le hago estas preguntas

por mi condición de sereno y autoridad en el barrio.

Debo tener esta información

para llevar a buen puerto mis obligaciones.

Tendrá que buscar la información en otra parte,

yo no puedo ayudarle.

Además, apenas sé nada de este asunto.

Para no saber nada, está muy interesado en ella.

Ya le he dicho que Lucía ha pasado por momentos difíciles

en los últimos tiempos. Y tanto,

lo que le ha ocurrido desquiciaría a cualquiera,

a pesar del consuelo de haber recibido tanto dinero de herencia,

¿no cree? Por eso ahora es tan vulnerable.

No voy a consentir que nadie le haga daño.

Tan buenos sentimientos dicen mucho de usted.

Lo quiera o no Lucía,

estaré pendiente de ella.

Siempre. Y siempre

contará con mi apoyo.

Esa chiquilla está muy desvalida y don Samuel no es hombre de ley,

no creo que se lo ponga nada fácil.

Mi obligación como párroco es ayudar a mis feligreses,

no voy a amilanarme por nadie. Son unas intenciones muy nobles,

pero muy dificultosas.

Lo sé, y espero no estar solo en este menester.

Seguro que encuentra a alguien que le ayude,

hay gente buena en este barrio.

No me queda duda de ello,

pero necesito a alguien que pase el tiempo en la calle,

que esté al día de lo que pasa

y que sea bien discreto.

Con esas condiciones, reduce mucho la lista.

Ya tengo buscado un candidato para que me auxilie.

¿Puedo preguntarle quién es?

Pues quién va a ser, usted. ¿Yo?

Si tiene a bien ayudarme.

No puedo, no puedo hacerlo.

¿Qué es lo que no puedes hacer?

No le entiendo, señor.

Al entrar te he escuchado decir que no podías hacerlo.

¿A qué te referías?

Nada, una tontería, señor.

No lo parecía, lo has dicho con mucho convencimiento.

¿Qué es lo que no puedes hacer? Dímelo.

Pues verá qué bobada, me decía a mí misma que no me podía ir a dormir

sin limpiar el polvo

de ese busto.

Carmen,... siempre te he considerado una criada eficiente,

pero últimamente te noto algo despistada.

Yo trato de servirle igual que lo he hecho siempre, señor.

Si usted tiene alguna queja de mí, le ruego que lo diga.

No, no tengo queja alguna,

pero intuyo que algo te preocupa.

Nada de enjundia,

se lo aseguro. Será como dices,

pero no es la primera vez que tengo la sensación

de que algo te tiene atribulada. Pierda cuidado, señor,

que no hay nada que me turbe más allá de las pequeñas rencillas

que tenemos algunas veces las criadas en el altillo.

¿Tienes problemas con tus compañeras?

No. Pequeños roces, ya sabe usted.

Espero que solo sea eso.

Se lo aseguro, señor.

Carmen, vete a descansar al altillo,

ya terminarás de limpiar mañana.

Gracias, señor.

Aquí está. Ya están las verduras.

No hay "namás" que berzas y patata cocida.

Bueno, y un trocito también de chorizo.

-Pues a mí "to" eso me sabe a gloria.

Yo con una patata cocida tengo aguante "pa" "to" el día de faena.

-Yo me tomaba un pollo "asao", que también nos haría buen apaño.

-Ay, Lolita, si es que nosotras no estamos hechas a los lujos,

seguro que esa cena nos iba a sentar malamente.

-Pues a mí me entraba ahora mismo un cochinillo y "toavía" dejaba sitio

"pa" el postre. -Me parece muy bien,

pero corte menos chorizo que "tie" que llegar "pa" "toas".

-Servando, más barato sale

comprarle a usted un traje, que invitarlo a comer.

-Es que servidor tiene mucho desgaste en la portería.

-Será que roncar cansa, Servando, que se pasa "to" el día "sentao"

y con los ojos "cerraos". -Descansando la vista,

que yo con el oído no se me escapa "na".

-Si seguro que ni se ha "enterao" que la señorita Villanueva

se ha ido de casa de mis señores.

-Hay que ver, esa casa es como la pensión del peine,

siempre tienen a alguien "alojao".

-Qué raro que Carmen y Agustina no hayan subido todavía.

-Pues si no vienen, problema suyo,

oveja que bala, bocado que pierde.

-Pues Servando,... más vale que usted se dé prisa en cenar,

que me quiero poner el camisón y no quiero que me vea usted

en paños menores. -Un momento,

no pienso irme de aquí sin catar un trozo de este queso.

-Agustina, ya era hora de que llegara, mujer.

Si no se apura, Servando no deja del chorizo ni el cordelillo.

-Me es lo mismo,

no tengo apetito ninguno.

-¿Qué tiene? Si usted es de buen comer.

-Doña Susana,... que me ha despedido.

-¿Y cómo ha "sío" eso? -¿Ha "discutío" usted con ella?

-¿Entonces, qué es lo que ha "pasao"?

-No sé muy bien.

El caso es que me ha puesto en la calle.

-Uh, cómo se las gasta, la sastra. Es que no aguanta

que se le tuerza una vuelta de sisa. -Hay qué ver, no hay derecho.

A una señora se le antoja ponerte en la calle,

lo hace en un tris y, "aluego", si te he visto no me acuerdo.

-Quedarse sin trabajo es muy duro,...

pero según pasan los años, cada día es más difícil encontrar

una casa.

-No se me arrugue,

mujer, que ya verá como encuentra otra casa.

Y mucho mejor que con doña Susana.

-Acuérdese cuando le despidió el coronel,

luego la volvió a contratar.

Pues, con suerte, le pasa lo mismo aquí y recupera el trabajo.

-Si es que "pa" mí, que esto es un pronto de doña Susana

y que no va a llegar la sangre al río.

-No, no lo creo.

Me ha dicho que mañana mismo me pase a recoger el salario que me debe

y que no quiere volver a verme en la vida.

-No se merece que la traten así. -Ni ella ni nadie.

-Dios Nuestro Señor

no "pué" consentir esto. Ya os digo a todos que a la postre

se hará justicia. -No sé yo,

que cuando se habla de pobres, parece que Dios

mira "pa" otro "lao".

# Como una diosa que vino a lidiar,

con su porte pinturero,

# de marzo,

# desde marzo hasta febrero, sus ojos, son de negro azabache,

# que brillan como si fueran de un mapache.

# Sus labios... # -Uy, uy, Servando, Servando,

no le dé con tanto ahínco, que va a llenar toda la calle de polvo.

-Si es que pongo a cantar y se me redoblan las fuerzas,

que ya de por sí son muchas.

-Lástima que las emplee tan de vez en cuando.

-Le he "estao" dando a la sesera y,

tal y como están las circunstancias con Agustina,

igual sería conveniente aplazar el concurso de postres.

-Ya, si yo he "pensao" más o menos lo mismo, la verdad.

-Es que, tal y como está, nos va a amargar la fiesta

y,- sería una contrariedad dado la especialidad culinaria,

que lo que busca es el dulce.

-Desde lo que pasó ayer, yo daba por "finiquitao" el concurso,

que nadie "tie" cuerpo "pa" fiestas teniendo una compañera

pasando las de Caín. -Habrá que informar a todas.

-Ya lo saben todas y están de acuerdo.

-Si es que tengo unas ideas brillantes.

Yo no sé qué sería de ustedes sin mí.

-No se me pavonee tanto, Servando,

que eso lo hemos "pensao" entre todas.

Además, que todavía tenemos asuntos de más enjundia en el altillo.

-Esto se va a parecer a la casa de Tócame Roque. ¿Qué pasa ahora?

-Yo estoy muy inquieta con la Carmen.

Anoche ni siquiera la vimos llegar,

a saber dónde andaba metida.

-Déjela que haga lo que le dé la gana, que ya es mayor.

Una vez terminada su jornada de trabajo,

se puede ir a dormir a la hora que le plazca.

-No. Que Carmen es muy formal,

no es de las que se pasa las noches de picos pardos. Además,

la vi hablando

con un tal Alfonso,

un tipo muy misterioso que decía que era pariente suyo.

-¿Y cómo era ese pollo?

-Alto, muy moreno,

elegante y bien "plantao", pero con unos aires

de facineroso... -A ver si va a ser el mismo

que estaba de cháchara con el Raúl.

-¿Y quién podrá ser, Servando?

Porque "pa" mí que no se trata de un primo ni cercano

ni lejano. -Pues no lo sé.

Lo único que le puedo decir es que estuvieron hablando un rato,

pero no alcancé a oír lo que decían. -Carmen, Carmen,

¿va usted al "mercao"? -Sí, voy a hacer la compra.

-Ah, pues la acompaño. -Con Dios, señoras.

-Ayer se recogió usted muy tarde.

-Tuve mucha tarea en la casa.

-¿Se ha "enterao" usted de lo que le ha "pasao" a Agustina?

La han puesto de patitas en la calle de un día "pa" otro.

-Lo siento mucho por ella.

-Carmen,...

el hombre con el que hablaba usted,...

¿de verdad es su primo?

¿No será otra persona?

-¿En quién piensa? -En el malaje de su marido.

-Mire, Fabiana, Javier está en presidio,

y ahí va a pasar muchos años. Y ahora déjeme ir,

que no tengo tiempo para conversaciones.

-Qué raro que mi marido no me haya esperado para desayunar.

-Al parecer, hoy tenía prisa. -¿Le has visto?

-Sí, bien temprano. Él salía cuando yo llegaba

de recoger le leche.

No ha "querío" que le preparara café ni "na" "pa" tomar.

-Alguna explicación me dará

cuando regrese.

(Se abre y cierra una puerta)

-¿Qué ha ocurrido que te has ido tan temprano?

-Tenía una cita con un amigo que está hace el seguimiento de Alicia.

-¿Hay alguna novedad?

-Apenas sale de la pensión

y, cuando lo hace es para ir a misa o dar un paseo por los jardines

antes del anochecer. -¿Y no habla con nadie?

-Parece que busca estar sola.

Según me ha contado, ha rechazado las visitas que pasan

preguntando por ella.

-Todo esto me parece muy extraño.

Tendremos que aclarar este galimatías cuanto antes.

-Esta tarde pienso abordarla en los jardines.

-No creo que sea apropiado, podrías intimidarla,

será mejor que hable yo con ella. -Cariño, no sé si permitírtelo,

quién sabe cómo puede reaccionar. -Tranquilo,

será más fácil que hable teniendo una conversación de mujer a mujer.

Además, tú tienes un pronto que podría ser contraproducente.

-Tienes razón en todo, menos en lo del pronto.

Si algo me caracteriza, es mi mano izquierda con los asuntos delicados.

-Siempre que no te alteres y pierdas los papeles.

-Deberías saber que estás delante de uno de los mejores abogados

de esta ciudad. Deberías tratarme con más consideración.

-¿Ves lo fácil que es

sacarte de tus casillas?

-Tienes razón,

como siempre, haremos las cosas como dices,

pero si Alicia se cierra en banda,

entonces actuaré yo.

-Está bien, primero haré yo de amiga y luego tú,

de implacable investigador.

-A veces tengo la sensación

de que me tomas el pelo.

Voy a decirle a Lolita que me ponga el desayuno, estoy hambriento.

(GRITA)

-¡Maldita baronesa! Ya he vuelto a cortar mal.

Me estoy complicando tanto, que voy a gastar toda la tela del país.

(Llaman a la puerta)

¿Quién es? -Soy yo, Fabiana.

¿Da usted su permiso? -Un momento.

-Sí que "tie" usted seguro esto, sí.

Le ha puesto usted a la sastrería más candados que el banco de España.

-Es que tengo aquí telas de mucho valor,

no puedo arriesgarme a que entre cualquiera a robar.

-Es de entender, señora, pero con tantos achiperres,

aquí no van a entrar ni ladrones ni clientes.

-Me figuro que no habrás venido a criticar

las medidas de seguridad que he tenido a bien instalar.

-No, señora, líbreme Dios de meterme donde no me llaman.

-Abrevia, que no tengo todo el día para darte conversación.

¿Qué tripa se te ha roto?

-Con su permiso,

vengo a interesarme por lo que ha "pasao" con Agustina.

-¿Te manda ella?

-No, señora, yo vengo porque se me ha ocurrido.

-Pues este no es asunto de tu incumbencia.

-Y bien que lo sé, y con todos los respetos del mundo

y saltándome las diferencias

de condición que nos separan, he de decirle...

que está obrando usted injustamente.

-¿Y se puede saber por qué?

-Porque Agustina es buena como el pan tierno,

que es trabajadora como la que más,

y estoy segura que nunca se le ha "quejao" por echar horas de más,

porque ha "estao" cosiendo hasta la noche

con los ojos "abrasaos" porque había poca luz,

y deje que aún le diga más,

no va a encontrar una costurera como ella,

ni una mujer tan noble, porque ella es incapaz

de llevarse un botón sin que usted le dé permiso.

-Puede que tengas razón, pero... -Ni peros ni peras, señora.

Si usted la despide, cometerá el mayor error de su vida

y estará hundiendo la existencia de una muy buena persona.

Y perdóneme porque sé que me paso

hablándole de esta guisa, pero si no se lo digo, reviento.

-Sí que te has pasado, sí.

Ya sabes que no me gustan estas salidas de tiesto.

-Le juro... por estas que son cruces

que no ha sido mi intención faltarle a usted al respeto.

-Faltaría más.

Si pensara así, ya hace un rato que te habría echado

con cajas destempladas. -Yo solo le pido que reconsidere

lo que le va a hacer a esta pobre mujer.

-Ya haré yo lo que crea menester con mi empleada,

y da gracias que no voy a tenerte en cuenta esta insubordinación.

-Pues, con su permiso, me retiro, señora.

"En esta casa no dejo de recibir sorpresas todos los días".

Espero que esta sea de su agrado. Estoy segura de que sí.

He adquirido estos cuadros

a los que le van a venir de perlas sus cuidados.

Por favor, preste atención a este.

¿Esto es un bodegón de Sánchez-Medrano?

Yo diría que de mediados del siglo pasado.

Eso es lo que me dijeron. Es una pieza de mucho valor,

tendrá usted que tratarla con todo el mimo del mundo.

Bueno, no tiene mucho trabajo,

mi tarea se limitaría a una limpieza.

Mejor, cuanto antes lo tenga, antes podré negociar con ella.

Bueno, no se precipite, tengo alguna duda

sobre este cuadro.

¿No me irá a decir que es falso?

El cuadro está sucio, pero el óleo

no parece que tenga más de 50 años.

No, no puede ser, se lo he comprado a un marchante

en el que tengo plena confianza.

Esto me tranquiliza. Sánchez-Medrano

siempre hacía un boceto de sus obras detrás del lienzo.

¿Eso quiere decir que es auténtico?

Sigo teniendo alguna duda,

pero bueno, no se apure, tal vez la pintura se ha conservado

en un sitio muy adecuado y por eso se ha mantenido en un buen estado.

Entonces, ¿puedo respirar tranquilo?

Sí,

puede seguir confiando en su marchante.

Estoy tan contenta, Samuel.

Voy a contarle a mi prima

la sorpresa que me ha dado.

Gracias.

Carmen, acércate un momento.

No limpies la estancia, salvo que la señorita Lucía te lo diga

y siempre siguiendo sus indicaciones.

Aquí hay material de mucho valor

y no quiero que de forma inconsciente crees un desaguisado.

Como diga el señor.

La señorita Lucía está muy contenta con el taller

y no me gustaría estropearle nada. Ha sido todo un acierto montarlo.

No sabe usted lo feliz que es trabajando,

no levanta la cabeza ni un instante.

A veces me preocupa que trabaje en exceso.

Es que le da igual la hora que sea.

Anoche estuvo trabajó hasta después de la visita del padre Telmo.

¿El padre Telmo ha estado aquí,

en mi casa, por la noche? Ayer...

pasó a visitar a la señorita y es de suponer que se quedó un rato.

¿Sabes de qué hablaron?

No, señor. Yo solo le vi salir.

No tengo por costumbre escuchar las conversaciones de mis señores.

Muy bien, puedes retirarte.

-¿Se ha enterado que el dueño de la licorería va a casarse

con la hija de los panaderos?

-Buena boda es esa, ya pueden hacer bizcochos borrachos.

-Y usted ¿qué, cuándo va a pasar por la vicaría?

Hace ya tiempo que anda de novio de Lolita.

-No será por falta de ganas. Ya se me hace interminable la espera.

-Coja usted a Lolita y una mañana cualquiera

se la lleva a una ermita y vuelve al barrio casado.

-Me encantaría, Liberto, pero ya sabe cómo es Cabrahígo,

allí las cosas tienen sus tiempos y su naturaleza.

Eso sí,

no descarto que, aunque queda poco tiempo para el enlace,

no acabe haciendo alguna extravagancia de última hora.

-Si me permiten la intromisión, me gustaría hablar un segundo

con don Liberto.

-Sí, sí, sí, todo para ti,

Agustina. A más ver.

-Con Dios, Antoñito.

¿Qué querías consultarme, Agustina?

-No sé por dónde empezar.

-No temas, puedes hablar sin miedo, estamos en confianza.

-Cuando servía al coronel Valverde,

callé cosas que tenía que haber contado antes

por el bien de mi señor, pero por no parecer indiscreta,

no dije ni chus ni mus.

-No siempre acertamos en las decisiones que tomamos,

pero no entiendo qué tiene que ver eso conmigo.

-Que, a riesgo de parecer chismosa,

quiero decirle que su tía no está bien.

No sé qué es lo que tiene,

pero en mi modesta opinión,

debería hablar con ella y, si es hoy, mejor que mañana.

¿Dónde está padre?

-Raúl.

Iba camino de la bodega a por un poco de vino.

-Mira qué bien,

prosiga su camino, no sea que se le haga tarde.

-Hijo, deja de estar tan disgustado conmigo,

que se me parte el alma cada vez que te veo enfadado.

Lo estoy pasando muy mal y no quiero que volvamos a estar a la gresca.

-Para mí tampoco es plato de buen gusto.

-Nos están pasando muchas cosas,

pero yo lo único que quiero que sepas es lo mucho que te quiero.

No voy a volver a discutir contigo.

Y mira, si no se puede hablar de tu padre, no se habla y punto redondo.

Eres lo más importante que hay en mi vida

y no quiero volverme a separar de ti.

-Ya sé que lo está pasando mal desde que llegó padre,

el hombre es un poco peculiar.

-No sabes hasta qué punto.

No te mentiría si te dijese

que de él apenas conoces nada.

-¿Va a volver a criticarle?

-No, hijo, perdona.

Te he prometido que no lo haría y no quiero faltar a mi palabra.

-Debería de hacer un esfuerzo por ver lo bueno que hay en mi padre.

-Créeme, lo he intentado durante toda mi vida,

pero por más que lo procuraba,

cada conseguía ver menos cosas buenas en él.

-A lo mejor tenía que haberse empeñado más.

-Hijo, acabamos de decir que no vamos a hablar de él.

Anda,

vete al trabajo, que llegas tarde.

-Sí. No tengo más tiempo.

-Da gusto ver tan formal a su chiquillo.

-Sí,

si no fuera por lo fácil que es que se tuerza.

-La veo muy alicaída,

¿no le fue bien ayer con el caballero?

-¿Qué quiere decir?

-No, nada, parecía que había encontrado un buen partido,

aunque eso de que es su primo

cuesta creerlo.

-Lo que sea o deje de ser no es asunto suyo.

-Si le pregunto es por su interés, y por la seguridad del barrio.

-Ya, ¿y no cree usted que se está excediendo en su cometido?

-Pienso que no. ¿Hace mucho que conoce a ese hombre?

-Sí, mucho, desde niños. Ya le he dicho que es mi primo.

Y ahora déjeme,

que tengo mucha tarea pendiente. -No se amostace conmigo,

yo solo quiero pedirle que tenga mucho cuidado,

hay gente muy perversa

por estos mundos de Dios. -Pues yo que se lo agradezco. Abur.

-Por cierto, la criada del 14

ya solucionó el problema con la cocina. No hace falta que vaya.

-Muy bien.

-¿Qué hace esta tonta de Agustina hablando con mi sobrino?

-A los buenos días, tieta.

Precisamente estábamos hablando de usted.

-Mal hecho.

Agustina, ven conmigo, que tenemos que dejar zanjado ese asunto

que tenemos pendiente cuanto antes. -Espere un momento,

no hemos acabado.

-No tienes nada que tratar con ella.

-Disculpe que le diga, tieta, pero creo que esta vez

se está excediendo un poco. -Si te pica, te rascas.

Vamos, tú, arreando.

-He invertido unas pesetas en una nueva empresa

que se llama "Hispano-Suiza", dicen que en un par de años

van a estar fabricando automóviles en toda España.

-Qué disparate.

Ya verá como en unos años, todo el mundo se ha olvidado

de esos trastos apestosos. -Se equivoca, don Felipe.

Algún día, cada familia tendrá automóvil.

Podremos llegar a Barcelona en pocas horas.

-Y volaremos a la luna.

Creo que lees demasiadas novelas. -¿Quieren unas pastas?

Son cortesía de la casa.

-Como han cancelado el concurso, tiene más tiempo para su negocio.

-Así es, parece que no está el horno para bollos en el altillo,

nunca mejor dicho.

-Mejor, cada uno a lo suyo.

Vienen malos tiempos y no hay que descuidar los negocios.

-Eso nunca, ni en los malos tiempos ni en los buenos.

-He oído que el que está lanzado con las obras de arte

es don Samuel Alday.

-Así es.

La prima de mi esposa da saltos de alegría

con las obras que ha comprado para que las restaure.

-Y a ustedes, ¿qué les parece?

-Pues ¿qué nos va a parecer, don Ramón? Bien, supongo.

Lo que no íbamos a hacer es interferir

en la felicidad de Lucía. -Lolita dice que está pletórica,

que nunca la había visto mejor.

-¿Le pongo un chocolate, Liberto? -No, mejor una cazalla,

tengo que digerir algunos asuntos y necesito ayuda.

Será mejor que no pregunten.

¿Qué tal, señores? ¿Qué se cuece por aquí?

-Hablamos de las obras de arte que ha comprado Samuel.

-Al parecer, ha sido todo un éxito. -Y tanto,

el lote incluye un bodegón de Medrano que debe valer un potosí.

Me parece un poco extraño.

Las obras de Sánchez-Medrano no se incluyen en un lote de saldo.

-Por supuesto que no.

Sus cuadros son muy difíciles de conseguir

y, los pocos que hay se pagan a muy buen precio.

No es por presumir, pero me tengo por un entendido en arte

y, las copias de ese autor abundan.

¿Está usted diciendo que puede haber comprado

un cuadro falsificado?

Es una posibilidad.

Sobre todo teniendo en cuenta lo rápido que se ha adquirido el lote.

-Ese mercado es el más complicado.

Especialmente, si no se anda con ojo.

-Yo, lo siento,

páter, pero sus afirmaciones me parecen un poco osadas.

No sé, no veo a Samuel Alday como un panoli al que se le pueda timar

fácilmente. A ver, yo no he dicho eso.

Solo he comentado que veo difícil adquirir un cuadro de ese autor

a tan bajo precio. A no ser que se trate

de una falsificación.

-Señores, yo creo que están elucubrando.

Tienen razón, antes de seguir hablando,

me comprometo a indagar sobre el tema.

-Pues "señá" Fabiana, me parece fetén que le haya puesto

los puntos sobre las íes a doña Susana.

-Pero "pa" lo poco que me ha "servío",

me hubiera "quedao" aquí en casa.

-Que ha hecho usted bien en no amilanarse.

-Lo que le ha hecho a Agustina no "tie" perdón.

Alguien tenía que cantarle las cuarenta.

-"Pos" menos mal que ha ido usted, si llego a ir yo,

lo mismo me ciego y la agarro del moño,

que "entoavía" estoy "tentá" de ir a leerle la cartilla a la sastra.

-Sosiégate, Lolita, que ya te veo bajando y atizándole con la escoba

a la sastra como si estuvieras en Cabrahígo.

-No se merece menos, Fabiana, usted, que es más "reposá" que un torero.

-Los años, que la templan a una.

Si hay que ponerse gallito, se pone una y que sea lo que Dios quiera.

-Yo opino como usted,

yo también tengo redaños para enfrentarme con los señores,

o con cualquier poderoso.

-Yo jamás le he visto discutir con un señor.

-Porque todavía no he tenido necesidad, pero cuidadito

con tocarme a mí las narices. -Va,

"pos" "pa" mí que usted tiene más miedo que una abeja "perdía".

-Hay que ver las ceremonias que le hace a don Ramón

cuando pasa por la portería.

-Porque es un caballero y le tengo mucho respeto.

-Deberíamos de juntar unos cuartos para ayudar a la Agustina.

-Sí, para ayudarla

a salir una temporada adelante. -Bueno, yo hablaré con don Ramón

para que le deje quedarse unos días hasta que encuentre otra ocupación.

-Yo no estoy muy boyante, pero cinco pesetas sí le puedo dar.

-¿Y usted, Carmen?

-Yo estoy a la cuarta pregunta. -Bueno,

no se preocupe, que ya lo pone usted

la próxima vez.

-Ay, Agustina,

ya le ha "dao" su jefa el despido, ¿no?

-Nada de eso. Este dinero es otra cosa.

Doña Susana no me ha despedido.

Esto de aquí son los atrasos

que me debía. Hasta me ha subido la paga.

-Qué alegría más grande.

La felicito de corazón. -Eso es la mejor noticia

que se ha oído en esta casa desde que nos pusieron la luz eléctrica.

-¿Ha visto usted, "señá" Fabiana?

"Pos" claro que no fue de balde su visita.

-Y eso es porque le puso las peras al cuarto a la sastra.

-Que no, que yo no hice nada. La sastra, que habrá "recapacitao".

-No, no se me quite méritos,

si no es por usted, en un mes estoy haciéndole

compañía a las mendigas

de la puerta de la iglesia. Gracias.

-Qué gracias

ni gracias, Agustina, era lo que usted se merecía,

y ya no se hable más del asunto.

-Bueno, pues ahora lo único que queda es recoger el parné

"pa" celebrarlo.

-Bueno, y volver a hacer el concurso,

que ya no hay razón "pa" anularlo. -Pues claro que sí,

que ya necesitamos nosotras una alegría,

que siempre estamos con penurias.

-Me voy a decírselo a Flora y a Trini.

-Pues date prisa, que hoy mismo lo celebramos.

-Ay, Agustina.

-Ahora me va a escuchar usted, tía, lo quiera o no.

No, no me interrumpa.

Estoy hasta las pestañas

del comportamiento errático de las mujeres de mi entorno, es decir,

de usted y de mi esposa. -Si me permites...

-No le permito nada.

Tengo entendido que están suspendiendo eventos en el barrio

porque usted ha despedido a Agustina.

-Bueno, era un concurso entre amigas.

-A mí eso me da igual.

¿Es consciente del desaguisado que está organizando?

-¿Puedes calmarte un poco, cariño?

-No trate de engatusarme, tía, que vengo lanzado.

Ahora mismo me va a explicar usted por qué ha despedido a esa mujer.

-Pues ya que tanto te interesa, te lo voy a contar.

La he despedido para volver a contratarla

y, de paso, pagarle los retrasos y subirle el sueldo.

-¿Me está tomando el pelo, tía? Porque no le veo ninguna gracia.

-Estoy hablando en serio, Agustina vuelve a trabajar conmigo.

-Explíquese, porque no lo entiendo. -Son decisiones empresariales,

estrategias de trabajo que difícilmente vas a entender.

-Sí, como que tenga esto cerrado. -¿Quieres que esté desprotegida?

Con la de cosas tan terribles que han pasado en el barrio.

-Por supuesto que no, tía, pero me reconocerá

que su comportamiento y el de Rosina es bastante raro,

y digo yo que una causa tiene que haber para ello.

-Pues si estás tan preocupado por Rosina,

deberías estar en tu casa y no aquí.

-Y posiblemente lleve razón, pero usted también me tiene desasosegado.

-Pero lo primero es lo primero,

y un hombre que se viste por los pies,

ha de preocuparse principalmente por su hogar.

-Que sí,

que todo eso está muy bien, tía. -Mira, ve con tu mujer,

que si Rosina está tan rara, por algo será.

A Rosina hay que atarla en corto y vigilarla de cerca.

-Escuche. -Y si tienes algún problema,

se lo cuentas a tu tía,

que yo voy a estar aquí siempre, para ayudarte.

-Y yo se lo agradezco a usted, tía,

pero es que realmente venía... -Corre a tu casa,

que no me perdonaría que a Rosina le ocurriera algo y tú estuvieras aquí

perdiendo el tiempo conmigo. -Bueno, tal vez tenga razón

y lo mejor sea que me marche. -Hale.

Hale.

-Ramón, yo me voy a sentar, ¿eh?

Porque entre los nervios y la presión de la tripa,

lo mismo me hago pis.

Ay.

-Don Ramón,

le veo a usted algo tenso, ¿está "preocupao" por el concurso?

-Pues la verdad es que un poco sí.

-No se preocupe, lo único que nos jugamos aquí es la honrilla

y, bueno, también unas perras.

-Lo sé, pero mucho me temo que si ganamos, a Trini

le entre una alegría desmesurada

y, eso sea malo para el embarazo, pero si perdemos,

es peor, porque lo mismo se coge del disgusto una rabieta

que eso sí que es peor.

-No se soliviante usted,

si al final va a ser lo que Dios quiera.

-Flora, deje de morderse las uñas,

que como tarden mucho en decir quién ha "ganao",

va a llegar hasta el hueso.

-Me da coraje no haber tenido más tiempo para prepararlos.

-"Pos" lo mismo que le ha "pasao" a "toas". Pero si no ganamos,

tampoco perdemos tanto.

-Pensarás que soy una lela, pero me hace ilusión ganar el concurso.

Últimamente no tengo más que amarguras.

(Repiquetean el vaso)

-A ver, un momentito, atención, por favor.

Ya sabemos quién se va a llevar el gato al agua.

Pero antes de decir el nombre del ganador, de las ganadoras,

quisiera decir que no debería haber solamente una ganadora

en este concurso.

-¿Y eso por qué, porque todos los postres estaban igual de buenos?

-Porque estaban todos igual de malos.

Sí, porque nadie ha utilizado

el exquisito y socorrido membrillo.

-Agárreme, agárreme que le sacudo. -Por mí puede hacerlo.

-Era broma, era broma, qué poquito sentido del humor tienen.

-Tiene usted menos gracia, que el cobra los entierros.

-Ande, mejor cállese y deje hablar a doña Celia.

-Yo quiero decir que todos estaban muy buenos,

dignos de cualquier restaurante de la ciudad,

pero solo puede ganar uno. -Ay, por favor, diga cuál es.

-El de Fabiana y Agustina está descartado

porque se ha quemado un poco el bizcocho y amarga.

Y el de Trini y Casilda... es muy fino,

pero creemos que se han equivocado

porque deja un gusto un poco raro.

Por eso, también queda eliminado.

-¿Entonces, quién ha "ganao"?

-¡Pues nosotras!

-¡Toma! ¡Viva!

(Aplauden)

-Buenas tardes, doña Rosina. -Buenas.

Carmen, ¿has visto algo sospechoso?

-¿Sospechoso de qué?

-Sospechoso de ser sospechoso.

-Pues no sabría qué decirle, si no me da usted más seña.

-Hija, qué poco fuste tienes. Bueno, da igual,

tengo que ir cuanto antes a la sastrería.

-Ya no hay moros en la costa.

-Desembucha, ¿qué querías decirme?

-Voy a hacer lo que me has pedido.

-¿Vas a abrirme las puertas de la casa de tu amo?

Te conseguiré la llave de la puerta de servicio.

Cuando mi señor no esté, te podrás mover por allí a tus anchas.

-Si es una trampa, date por muerta.

-Jamás se me ocurriría hacer tal cosa.

-Jamás, jamás, no sería la primera vez

que me traicionas.

-Cuando estés allí, encontrarás muchas cosas de valor,

si las vendes podrás vivir holgadamente en Argentina,

o donde te plazca,

siempre que sea lejos de aquí,

y, sobre todo, siempre que dejes a Raúl en paz, y a mi lado.

-Muy bien, ¿cuándo lo hacemos?

-Habrá que esperar el momento oportuno.

La señorita Lucía pasa muchas horas allí,

en su taller, quizá debamos hacer algo

para que salga. -¿Lo ves como intentas camelarme?

No podemos esperar ni un segundo.

-Solo te pido un poco de paciencia.

-No, no me puedo permitir ese lujo. En una timba

ya ha corrido la voz de mi fuga del penal de Huelva.

Me están buscando por todas partes.

-Pues esto es lo que hay.

O se hace cuando yo digo o no te voy a dar la llave.

-Estás tentando a tu suerte.

-No lo creo.

Me necesitas para entrar en esa casa

y tomar las de Villadiego.

-Muy bien.

Se hará como tú quieras. -De acuerdo.

Pero antes me tienes que prometer dos cosas.

-¿Más?

Mujer, ya empiezas a cansarme, ¿eh?

-Júrame que nadie sufrirá daños, no puedes llevar armas.

-¿Y qué más?

-Que Raúl no va a saber nada de esto,

no puede estar implicado de ninguna manera en el robo.

-Cuenta con ello.

-Espero que cuando termines, desaparezcas para siempre.

-Así será.

Has perdido mucho con los años,

no me quedan ganas de verte.

-Hemos sido testigos de la muerte de un hombre.

-Era un muchacho, y muy apuesto,

dicho sea de paso, y muy joven, muy joven.

-Muy joven. -Sí, casi un crío.

-Con toda la vida por delante.

-Y muy bien dotado.

Pobre Alexis. -Pobre Alexis.

-Pobrecillo.

-Pobrecito nuestro.

(LLORAN)

(GRITAN)

-Chist, hijo. Chist, hijo.

Raúl, ven, ven, vente, vente.

-¿Qué hace, padre?

-Quería comentarte un asuntillo un pelín delicado.

-¿Delicado? -Sí, se trata de un trabajo

en el que quiero que me ayudes.

-Claro, padre,

con gusto le ayudaré. ¿Se trata de algo relacionado

con su negocio de importaciones?

-No, no, no, no, olvídate de ese trabajo,

no salió, olvídate de ese negocio.

Tenemos que entrar en casa de un hombre rico.

-Entrar ¿para qué? -Para llevarnos algunas cosillas.

¿Marchará mañana?

¿Perdón?

Sí, que me dijo que quizás se ausentaría unos días de la casa.

Aún no he decidido cuándo partiré.

¿Puede ser pasado mañana?

Quizás, pero te avisaré a su debido tiempo.

¿Por qué lo preguntas?

Yo... -"No hay nadie en casa,"

y nadie va a venir.

Relájate.

(Se abre una puerta)

-Querido, Liberto,...

(GRITA)

¿Qué significa esto? -Madre,

de verdad que no es lo que parece. -No, es peor.

Fuera de mi casa, Íñigo. -Doña Rosina, por favor.

-¡Ahora!

Pero...

-La situación en el Hoyo es desesperada.

-¿Desesperada?

¿Qué quiere decir, Celia? -Las casas están anegadas,

algunas directamente han desaparecido bajo el agua.

La gente vaga por la calle con lo poco que han podido salvar,

y algunos se han quedado sin nada. -Ay, pobre gente.

-Siempre llueve sobre mojado, como si no tuvieran bastante.

-Desde luego, si la situación en el Hoyo ya era difícil, ahora...

es insalubre.

-¿Insalubre? -Eso es un foco de infecciones

y de enfermedades, y nadie hace nada.

"Quería preguntarle" por la conversación de ayer

con los señores sobre la compra

que hizo don Samuel Alday de las obras de arte.

¿Recuerda dónde le dijo don Samuel que compró las obras de arte?

Pues...

creo recordar que fue en algún lugar a las afueras de la ciudad.

Sí, por lo visto, se las compró a una familia

que pasa por apuros económicos. ¿Una familia?

¿Y sabe usted qué familia es?

"Al revisar el cuadro,"

me he dado cuenta que el lienzo estaba demasiado nuevo,

pese a que se supone que es una obra antigua.

Bueno, el cuadro estaba bien protegido.

Seguro que el lienzo se ha conservado bien por eso

y, es por lo que parece que esté casi nuevo.

Sí, tiene sentido.

Eso puede pasar, ¿verdad?

Tengo plena confianza en la persona a quien se lo he comprado.

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  • Capítulo 888

Acacias 38 - Capítulo 888

13 nov 2018

Lucía se deshace de Telmo. Samuel regresa de su viaje con nuevas obras de arte y se entera de que Telmo estuvo en su casa con Lucía. Carmen se piensa la propuesta del Adonis: darle las llaves de Samuel y a cambio olvidarse para siempre de él. Fabiana sospecha que el primo de Carmen, Alfonso, es en verdad su marido.

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  1. Kassir

    Ay Agustina lo dirá jugando, tengo 9 meses buscando y nada de nada y todo por la edad, que triste e injusto, estando en edad laboral aun.!!! :'(

    15 nov 2018
  2. Alicia

    Tenes razón Marilu, la historia de Rosina y Susana no da para más, ya cansan las dos con tantos gritos y secretos y para colmo ahora toman tranquilizantes y sueñan con Alexis. Es una pena que una historia divertida tenga un desenlace trágico y ridículo. Todos tienen problemas y nadie pide ayuda, pero después terminan ayudándose. Al marido de Carmen espero que lo atrapen pronto y no se venga para Argentina ya con las invertidas tenemos bastante jaja.

    15 nov 2018
  3. Marilu

    Como se están " yendo por las ramas " los guionistas, al menos en los tres o cuatro últimos capítulos; una " posible " aliada del padre Telmo que se escapa, un malandrín y delincuente ( el marido de Carmen ), una " macabra historieta " protagonizada por Susana, Rosina y el maestro, que YA debería haberse definido, NO DA PARA MAS, un ridículo certamen de postres que YA FUÉ, y me pregunto, cuantas habitaciones tiene el piso de Celia y Felipe para albergar a " medio " mundo , un sereno que: " te ayudo pero no me comprometo " o sea NO AYUDA EN NADA, etc etc etc. Les sugiero humildemente a los responsables que se tomen unas largas vacaciones, descansen sus mentes, y quizás tengan mas y mejor imaginación para otra serie ( Y a ver que hacen los " moderadores " con este, mi comentario )

    15 nov 2018
  4. Alicia

    Liliana no sé si te has fijado pero la ropa se repite mucho en los capítulos, en estos momentos la bluas a cuadros de Leonor, la viene usando desde hace mucho tiempo. A mi particularmente no me molesta que repitan el vestuario.

    14 nov 2018
  5. Liliana Camilión

    Ahhh sí!, me olvidaba, los trajes y sombreros me "chiflan". Podrían hacer un sorteo con algunos de ellos entre los que los seguimos, jaja. Hay varios espectaculares, uno de Trini con chaqueta verde y azul, por ejemplo, los que utilizaron todas en la ultima fiesta que presentó Samuel para Lucía, hermosos!! Muy buen vestuario, me encanta. Una intriga que tengo, dónde guardan toda esa ropa?, la vuelven a usar? Gracias, Liliana

    13 nov 2018