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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 887 - ver ahora
Transcripción completa

Ya no necesitas más dinero.

(RÍE)

-Eso se lo preguntas a un muerto, claro que necesito dinero,

mucho dinero,

pero con mi gran corazón,

te voy a dar un tiempecito de gracia.

-¿Hasta cuándo? -Un día.

-En el caso de Pereda, dado su eclecticismo,

¿cree usted que sería lícito abrillantar sus colores

al uso actual? -Es difícil de decir.

-Mis preguntas y comentarios no tienen pies ni cabeza

y ella, se ha limitado a salir por la tangente.

-Y si a eso sumamos que no sabía quién era Pereda y Salgado...

-Dos y dos son cuatro.

Es más ignorante que yo en materia artística.

-¿Malas noticias, doña Susana?

-Ha llegado el fin, Rosina, el esperado apocalipsis.

-De verdad, qué agorera, Susana, ¿qué fin?

-Don Venancio.

Me ha mandado una carta, quiere que nos reunamos con él.

-Estábamos hablando del entusiasmo con el que Samuel Alday

está dando a conocer el trabajo de la señorita Lucía Alvarado.

-Entusiasmo y parné,

que esto no se paga con el sueldo de un pocero.

-Esta tarde va a dar una recepción, supongo que estará usted invitado.

"Los Álvarez-Hermoso" me andan rondando, sospechan de mí,

no se han tragado mi historia.

Cuando todos estén contemplando el cuadro, tú recoges tus cosas

y te marchas.

-"No creas a tu padre" como si fuera un oráculo,

que no te dejes embaucar por regalos ni por dinero.

-Usted no le soporta, porque él no se resigna a quedarse abajo,

él quiere triunfar, vivir la vida, no como usted.

-"El brazo me lo han partido" los Escalona, la familia de Alexis.

Tenían ustedes que ver la paliza que me han arreado.

Pensé que no terminaban nunca.

-No veo nada que nosotras podamos hacer.

-Las están buscando.

Márchese de aquí inmediatamente. Pídamelo por favor.

Váyase, por favor.

¿Ve cómo no era tan difícil?

-¿Buscarnos a nosotras los Escalona? Eso es un sinsentido.

-Claro, sí, sí, nosotras no fuimos responsables

de la muerte del muchacho, de ninguna de las maneras,

por supuesto que no. -Eso fue lo que les dije

a los hermanos del pobre hombre cuando me arrearon un golpe

digno de un combate de boxeo en todas las costillas.

-Ay.

-Voy a deshacerme de ella, no se vayan, es importante.

-Susana, aprovechemos, cogemos el portante

y nos vamos como alma que lleva el diablo, vámonos.

-¿Huir como dos forajidas? Ni pensarlo.

Yo no le he hecho ningún daño a ese Alexis Escalona.

No tengo por qué huir de nadie.

Ay, Dios mío, esto es un sinsentido, todo.

-Pero a ver, Susana, ¿es que no te acuerdas cómo estaba el muchacho

cuando pereció?

Como Dios lo trajo al mundo, con las partes pudendas al aire.

Por favor, yo no sé tú, pero si eso se descubre,

yo me muero de vergüenza. -Me acuerdo como estaba, me acuerdo.

Y lamento mucho no haberle podido ayudar, pero eso no nos convierte

en unas asesinas.

Vamos a poner las cartas sobre la mesa.

Profesor,...

¿por qué quiere explicarnos esto? -Para que no se hallen como yo,

desprotegidas ante esa familia de matones.

-¿Y cómo podemos evitarlo?

-Protegiéndose. -¿Llamando a la policía?

-La policía, ni se les ocurra.

-¿Por qué no, tiene usted cuentas pendientes con la ley?

-¿Insinúa usted que soy un delincuente?

-¿Y por qué tanta tirria a la autoridad?

-Para que no se vean ustedes en un lío mayor.

Está hablando con un caballero, que nunca haría nada ilegal.

-Dejémonos de Hidalgos, que los caballeros ya no son lo que eran.

-Bueno, voy a hacer algo por el bien de todos.

Voy a olvidar esas insinuaciones y les voy a resumir la situación

para que les quede bien claro.

Los Escalona

piensan que no se atendió a Alexis cuando le dio el síncope.

-Pero ¿qué somos ahora, médicos? Intentamos darle las pastillas.

-Sí, pero tuvimos mala suerte,

las pastillas se disolvieron en el aguarrás.

-Culpan a todos, a mí como profesor y a ustedes como alumnas.

-Pero... ay, Dios mío. Bueno, pues que vengan aquí

los Escalona y se lo explicamos tranquilamente lo que sucedió.

-Me temo que el carácter de los Escalona es más sanguíneo

que tranquilo. Antes de que dijeran

una sola palabra, les pondrían la cara como un mapa de carreteras.

-¡No, la cara no!

-Y si no han ido todavía a por ustedes,

es porque no he desvelado sus nombres,

a pesar de todos los golpes que he recibido.

Pero no les extrañe que lo averigüen de cualquier otra manera.

-¿Cómo?

-Pues no lo sé, pero si lo hacen,

lo van a pasar mal.

Así que les sugiero, les suplico,

que tomen precauciones.

(Sintonía de "Acacias 38")

Mucha tarea tienes por delante con tanta vajilla que lavar.

La fiesta ha sido todo un éxito, gracias a Dios.

La cosa es no asustarse, señorita, se lava una copa detrás de otra

y así se va quitando trabajo de en medio.

Buena filosofía, un paso tras otro.

Como todo en la vida.

Señorita, yo no entiendo mucho de restauraciones,

pero por lo que oí comentar a los invitados,

ha causado sensación su trabajo.

Sí, buenas palabras han dicho los invitados de mi obra.

A ver si son sinceras y no solo por cumplido.

Lo importante es que me lleguen encargos.

Seguro que sí, ya lo verá. El truco está en desearlo

con todas sus fuerzas.

Ya está el último de los invitados subido en el carruaje.

Pensé que el marqués de Valdepiélagos no se iba nunca.

Un hombre muy agradable. Sí,

y le ha gustado mucho su trabajo.

Carmen,

¿por qué no te vas a descansar?

Señor, porque todavía hay que recoger todo esto.

Ya lo recogerás mañana,

ha sido un día largo para todos. Como usted mande,

pero deje que me lleve primero esta bandeja.

Voy a ir a La Deliciosa, a encargar unos bollos para el desayuno.

Buenas noches y enhorabuena por su trabajo, señorita.

Gracias, Carmen.

Samuel, yo también debería irme, es tarde y,

como bien ha dicho usted, ha sido un día muy largo.

Aguarde un instante, hay algo que quisiera decirle.

Pues, encantado de conocerle, don Manuel,

encantado.

-¿Se puede saber qué haces? -Hablando con la gente pudiente

del barrio, algo agradable y útil para el futuro.

-No se te ocurra meter tus sucias manos en este edificio.

-A mí la vida que me interesa es la mía,

y tú no estás colaborando mucho, ¿dónde está mi parné?

-No lo he conseguido.

-¿Hasta cuándo piensas abusar de mi paciencia?

-No he podido conseguirlo. -Roba, extorsiona,

traiciona a tus compañeras, lo que no puedes es no apoquinar,

será peor para ti y para tu hijo.

-Si tocas a Raúl, te vas a arrepentir, te lo juro.

-¿En algo aprecias tu vida?

¿Vas a volver a amenazarme?

¿Es que quieres que tu hijo pague por ti?

-Déjame.

-Que no te cascase en el pasado,

no significa que no pueda hacerlo ahora,

ten mucho cuidado si no quieres que se acabe todo para ti,

lo bueno, lo malo y lo regular. -Buenas noches, Carmen.

-Buenas noches.

-¿Está todo bien?

-Pero bueno, Carmen, ¿cómo no me presentas a esta mujer?

Soy Alfonso, un primo lejano de Carmen.

He venido a arreglar unos asuntillos. Encantado.

-Lo mismo digo.

-Bueno, yo me voy. Recuerda, Carmen, el tiempo apremia.

Tenemos un asunto pendiente

y necesitamos una pronta solución.

-Carmen,...

¿seguro que está todo bien? -Sí, Fabiana.

No se inquiete, está todo bien.

Voy a comprar unos bollos a La Deliciosa para el desayuno.

Me voy antes de que cierren.

Es una restauración primorosa, lo supe en cuanto la vi.

Permítame que esté en desacuerdo, se podría haber hecho mucho mejor.

Todo en esta vida se puede hacer mejor,

pero quienes deciden el nivel son los clientes.

Cuando tenga mi primer cliente lo creeré.

(RÍE)

Lo tiene, Lucía.

¿Por qué cree que he tardado tanto en despedirme

del marqués de Valdepiélagos? Quiere el Pereda.

¿Es eso cierto?

Enhorabuena, Lucía, y muchas gracias por permitirme

vivir este momento junto a usted. Pero, Samuel,

¿de verdad ha vendido el cuadro? No,

nunca me atrevería sin su consentimiento.

El marqués ha quedado en que a lo largo de esta semana

me enviaría su oferta definitiva. Y le adelanto,

me insinuó una cifra que me hizo marearme.

Ay, Dios mío.

Aunque reconozco que me va a costar trabajo ver salir el cuadro,

es el primero que usted restaura en esta casa.

Pero, Samuel, habrá decenas de ellos.

Si cogemos cariño a cada cuadro que se venda,

no podremos mantener este taller.

Pero el valor sentimental no podrá ser compensado

ni por la oferta del marqués, por muy escandalosa que sea.

Samuel, déjese de valores sentimentales.

Con ese dinero se pueden hacer muchas obras benéficas

y también subsanar sus problemas económicos,

por no hablar de invertir en los mejores materiales.

Lucía,

montar el taller fue una idea para su felicidad,

no para mi negocio.

Bueno, puede ser para los dos fines.

Si yo me encargo de la parte artística,

que es la que más disfruto, y usted de la comercial,

la sociedad puede ser beneficiosa para ambos.

No sé.

Iríamos a medias con los beneficios.

Venga, Samuel, no me rechace

y sellemos el pacto.

¿Socios?

Socios.

Telmo.

Alicia, ¿qué se supone que haces aquí?

Necesito hablarte.

Si algo hay que me desagrada en el mundo, es hablar contigo.

¿No crees que ya me has hecho suficiente daño? Aléjate de mí.

Esta vez te conviene.

He tenido un encontronazo con Samuel Alday y me ha amenazado.

Vaya, perro comiendo carne de perro.

No voy a decir que me sorprenda.

Me ha ordenado alejarme de Acacias. Pues deberías hacerle caso.

Hay mundo suficiente fuera de este barrio para desplegar tu maldad.

A lo mejor te interesa saber que estoy pensando en decir la verdad,

en contarle a Lucía que lo que dije de ti es falso.

¿Hablas en serio?

He visto la cara menos amable de Samuel Alday

y necesito a alguien que me proteja de él.

Ese hombre es el demonio.

Y tú, un sacerdote, el único capaz de enfrentarse con él.

Yo podría abrir los ojos de Lucía.

¿Quién sabe si estamos a tiempo de demostrar

quién es de verdad Samuel Alday?

Alicia, te conozco, ¿qué quieres a cambio?

Sé que no haces nada desinteresadamente.

Pasar una noche contigo.

Necesito tus besos y tus abrazos, solo eso.

Te has vuelto loca.

No sería la primera vez, Telmo.

Recuerda nuestra juventud en el pueblo.

¿Cuántas veces nos refugiamos el uno en los brazos del otro?

Eso ocurrió hace muchos años. Antes de ordenarme como sacerdote.

He hecho voto de castidad

y no lo voy a romper.

Una noche juntos y le contaré la verdad a Lucía.

¿Acaso ella no merece ese sacrificio?

Hasta Dios te lo sabría perdonar.

Una sola noche.

Piénsatelo.

-No se dé prisa con el desayuno, que Antoñito

aún no se ha "despertao". -Pues me va a tocar prepararlo

dos veces, porque don Ramón ya espera.

-Uh.

¿Ha "preparao" un bizcocho?

-Ningunas ganas tengo de preparar "na" dulce desde el concurso.

Es un bizcocho de La Deliciosa.

-Uh, entonces ¿no se va a presentar al nuevo concurso?

-No me creo ni que se haga, al final, "to" quedará en "na".

-Que sí, Fabiana, con las mismas parejas

y "pa" decidir la pareja ganadora acaciera.

-Que no, que no habrá acuerdo, ni "pa" normas, ni "pa" jurado

ni "pa" "na".

Mi Ramón está que no hay quien lo aguante, ¿eh?

Me dice que lleva una hora esperando el desayuno.

-Pero no hace ni tres minutos que me lo ha pedido.

Cuando esté la leche caliente, se la llevo.

-Doña Trini,...

¿usted se ha "enterao" de la repetición del concurso de postres?

-Uy, no. Pero ¿por parte de la editorial?

-No, no, solo con las parejas del edificio,

sin editorial por detrás

y puede que sin premio, pero bueno, con la honra en juego

y muchas ganas de competir. -Bueno.

Bueno, Casilda, hija, ¿te has "enterao"?

que tenemos otra oportunidad para ganar el concurso

con nuestro "Suspiros de Cabrahígo". Ole.

-Sí, sí, "señá" Trini, me he "enterao".

Veníamos discutiendo sobre ese asunto el Servando y yo.

-Sí, si es que no te mereces "na" que se haga por ti, chiquilla,

¿pues no venía yo a dar una buena noticia y son "to" quejas?

-Bueno, pues entonces cuéntenos a nosotras la buena noticia

y ya decidimos si nos quejamos o aplaudimos.

-Que para el concurso de postres hay mecenas.

Tintes Albora, doña Celia, va a poner 10 duros contantes y sonantes

para el ganador. -Pero eso es "pa" dar palmas

y no parar. -Servando, no se quede a medias,

cuéntelo todo, no oculte las cosas.

-Está bien, vamos a ver, habiendo un mecenas,

tiene que haber un mínimo de profesionalidad,

claro está, y un "jurao"

incorruptible y profesional también.

-Bueno, visto así,

es como "tie" que ser, desde luego. -Y ahora diga,

diga quién es el jurado. -Pues... doña Celia y yo.

-Uy. -Nasti, Servando.

Vamos, que ya nos lo hemos "pensao"

y hemos decidido que usted no sea juez, que ya la lió con el concurso.

-Oye, que eso fue un error, además,

o me aceptáis como juez o no hay 10 duros.

-Uy. -Ay, con lo bien que nos vendrían.

-Fabiana, por eso no te preocupes porque los 10 duros son "pa" mí.

-Pero doña Trini,

a usted no le hacen falta.

-Bueno, y a Colón tampoco le hacía falta descubrir América

y una calavera que se metió, ¿eh? Que cuando hay premio

no hay amistad. -Doña Trini,

que vamos a ganar Flora y yo, que Flora necesita olvidar al Peña.

-Uy. -Pues entonces que no lo olvide,

que rece por él por las noches.

A mí también me vendrían bien esos 10 duros.

-Bueno, pero serían para compartir, Casilda.

(HABLAN A LA VEZ)

-Pero ¿se puede saber a qué viene este guirigay?

¿Es que nadie va a servirme el desayuno?

-Perdóneme, señor, enseguida voy. -Descuida, Fabiana.

Ramón, que se va a repetir otra vez el concurso de postres,

¿y a que no sabes qué? Celia ha puesto 10 duros para el premio.

-¡Diez duros!

Pues lo mismo se lo digo a Liberto y nos presentamos al concurso

los dos también. -No le veo yo a usted,

don Ramón, batiendo claras de huevo a punto de nieve.

-La nieve la mando traer de la sierra si es preciso.

O me servís el desayuno

o me presento, y no solo eso, sino que compro al jurado.

-Don Ramón,

¿y usted pagaría mucho por mi voto?

-Uy, así que incorruptible, ¿no, Servando?

Anda, anda, fuera de mi cocina, "to" el mundo fuera de mi cocina.

¡Venga, venga!

Ya está, ya está, ya aclaramos, venga, adiós.

-Quería despertar a Antoñito. -Uy, que no, Lola, qué pesada.

-¿Por qué no está servido el desayuno?

-No lo sé, Rosina, algo habrá tenido que pasar para que Casilda

no haya llegado. -Esa muchacha es un desastre.

No recuerdo por qué no la despedimos.

¿A qué espera para llegar?

-No tenemos ni idea, madre.

Lo mismo usted le dio el día libre, cualquiera sabe.

-¿Y por qué le voy a dar el día libre? Eso es absurdo.

-¿Y por qué ibas a estar lista para salir

si no han abierto las tiendas?

-¿Y por qué iba a estar rara mañana, tarde y noche si no le pasa nada?

-¿Y por qué ibas a llegar a las tantas sin decir dónde has estado?

-¿Y por qué iba a irse a la cama sin cenar?

-¿Y por qué ni me saludaste? Eso también es absurdo.

Rosina, reconócenos que estás muy, pero que muy rara.

-Y vosotros estáis muy pesados.

-¿Y desde cuándo se pierde usted un ágape como el de ayer?

-Eso, que había champán y canapés,

las dos cosas que más te gustan en la vida.

-¿Sabéis qué?

Que me voy mejor a La Deliciosa a desayunar,

allí seguro que nadie me agobia.

Adiós.

(Portazo)

-"Suizos y bizcocho"

recién traídos de La Deliciosa.

Que aproveche. -Gracias, Lolita.

Hay que reconocer que Servando es un tunante con gracia.

La idea del patrocinio del concurso tenía su aquel.

Pues si quieres sustituirme como jurado, te cedo el puesto.

No me apetece nada probar un montón de postres.

Por eso acepté que él fuera juez. No, qué empalagoso.

¿Sabes algo de Alicia?

¿La has visto esta mañana? No.

Me extraña que no salga a desayunar. Suele ser la primera.

No sé si ayer acabó tarde,

y tampoco recuerdo si la vi o no en el ágape.

Ya te digo yo que no,

pero la entiendo,

había tantos especialistas en arte. No querría ser descubierta.

Prima, no empiece, por favor.

Voy a su dormitorio, así salimos de dudas.

(LEE) "Gracias por su hospitalidad. Alicia".

Parece ser que tu amiga se ha marchado.

Pero ¿cuándo? No lo sé.

O anoche o esta mañana.

¿No se despidió de ti? No.

En ese caso, será que no erais tan amigas.

Igual que no era especialista en arte.

¿Sabes si mintió en algo más?

(Llaman a la puerta)

Tendré que revisar la cubertería de plata,

no vaya a ser que falten cucharillas.

-Disculpen, tienen visita. Don Samuel.

Buenos días, doña Celia. Buenos días, Lucía.

Parece ser que estoy de más, les dejo a solas

para que puedan hablar de sus asuntos.

¿Estaban discutiendo? No.

Alicia se ha marchado sin despedirse,

con lo hospitalarios que habían sido Felipe y Celia con ella.

De desagradecidos está el mundo lleno.

He venido a hablar de nuestro negocio,

como ayer se refirió usted a él. Tengo que buscar obras antiguas

para restaurar.

Había pensado en bodegones o escenas de caza,

eso le gusta mucho a la nobleza.

Si ve algo interesante, adelante, aunque las escenas de caza

no me gustan nada.

Detesto que maten animales para solaz de algunos.

Pero hay algo que sí que me gustaría mucho más.

Dígame lo que es y moveré Roma con Santiago para encontrarlo.

¿Ha oído hablar del robo del retablo anónimo de San Miguel,

del Monasterio de Pedralbes?

No, nunca.

Bueno, le buscaré información en algún libro.

Pero si hay algo que me llenaría de orgullo sería recuperarlo,

restaurarlo y devolverlo a su capilla.

Difícil me lo pone, pero le he prometido que lo intentaría

y cumpliré mi palabra.

Por el momento, tengo pensado salir de la ciudad

para conseguir otras piezas,

tan solo será un día o dos.

Por ese motivo he decidido darle esto.

Es la llave de mi piso,

así podrá entrar y salir a su antojo para usar el taller.

No sé si sería apropiado,

una mujer soltera entrando en el piso de un hombre así como así.

Lucía,

no piense en los demás,

lo apropiado es lo que usted y yo decidamos que lo sea.

Mi casa es su casa, por favor, no dude en usar las llaves.

Gracias, Samuel, es usted muy amable.

Ahora debo partir.

Que tenga buen viaje.

Y Samuel, una pregunta,

usted tampoco sabía que Alicia pretendía marcharse, ¿verdad?

No,

pero no le oculto que lo celebro,

esa mujer se empezaba a ser una presencia incómoda.

Le hacía recordar a usted el episodio de Telmo.

Olvídelo ya, tenemos que empezar de cero,

nos espera un futuro prometedor. Así lo quiera Dios.

"Alicia, te conozco, ¿qué quieres a cambio?".

Sé que no haces nada desinteresadamente.

Pasar una noche contigo.

Necesito tus besos y tus abrazos, solo eso.

Te has vuelto loca.

He hecho voto de castidad y no lo voy a romper.

Una noche juntos y le contaré la verdad a Lucía.

¿Acaso ella no merece ese sacrificio?

Hasta Dios te lo sabría perdonar.

Una sola noche.

Piénsatelo.

Señora, Madre de Dios,

ilumíneme y hágame saber qué debo hacer.

Padre,... perdone que le moleste, pero es que si no le interrumpo,

no tendré tiempo de preparar sus vestiduras talares.

¿Prefiere usted la casulla dorada o la verde

para oficiar misa?

Me da igual, disponga la que prefiera.

¿Se encuentra usted bien?

¿Ha tenido algún contratiempo?

(Llaman a la puerta)

Ninguno. Abra la puerta, por favor.

Padre,...

tiene usted visita.

Iré a la sacristía a prepararle la casulla.

Le dejaré las dos para que pueda escoger.

Vaya, vaya con Dios.

Supe que al final asistió ayer al ágape que dio don Samuel.

Así es, pero no tema, apenas me quedé unos minutos.

Temí que le hiciera algo, debe andarse con cuidado con ese hombre.

No. Ya ve que estoy en perfecto estado,

pero estoy seguro de que no ha venido a interesarse por mí.

No, al menos no únicamente.

Vengo a ofrecerle una información que quizá le sea útil.

Siento que se lo debo tras no acudir a la comisaría a contar lo que sé.

Yo también lo creo así.

Dígame. Don Samuel ha pedido un carruaje

para salir de la ciudad.

Sé que al menos va a estar un día fuera.

Debo entonces pedirle algo más.

Puede ser mi oportunidad.

Sabe que no quiero meterme en camisa de once varas.

No tema y escuche.

Solo pretendo que mantenga a Carmen alejada de la casa unas horas,

hasta que yo se lo indique.

(GRITAN)

-No entres así como si fueras un ladrón de caminos.

-Pero si he entrado por la puerta, como toda la vida.

-Esto es un sinvivir.

No puedo concentrarme ni para escoger una tela.

-No creo que escoger una tela sea el mayor de nuestros males, Susana.

-No es el mayor, pero es uno de ellos.

Es para el vestido que me ha encargado la baronesa de Orczy.

Si le gusta,

será un éxito, pero si no le agrada,

hablará mal de la sastrería y no vendrá la gente.

-Pues perdona, pensaba que a ti te preocupaba lo mismo que a mí,

los Escalona, y no los clientes de la sastrería.

-¿Y por qué crees que no soy capaz de escoger una tela?

Porque no paro de pensar en los Escalona, Rosina,

cada vez que se abre la puerta, me da un salto el corazón

de pensar que fueran ellos.

Estoy pensando en ir a confesar

ante la policía.

-Pero ¿qué dices, has perdido el oremus?

Nosotras no matamos al muchacho, solo intentamos socorrerle.

-Pero no es eso lo que piensan los Escalona. Vamos a la policía,

les contamos lo que sucedió ese día,

la agresión que ha sufrido don Venancio, y pedimos escolta.

-No, no y no. La policía no tardará

en echarnos la culpa y nos hará morir de la vergüenza.

Tranquila, los Escalona no nos van a encontrar.

Aquel día estaban allí, y por tanto sabían que nosotras también,

nada más que don Venancio y el pobre Alexis, que en paz descanse.

Los Escalona no nos van a encontrar.

¿Quién les va a dar nuestros nombres, nuestras señas? ¿No lo ves?

-Rosina, yo solo sé que debemos confesar.

-¿Ah, sí? Bien, confesemos. ¿Y qué le decimos a la policía,

que estábamos dibujando a un hombre desnudo?

Porque te recuerdo que estaba en cueros,

como Dios le trajo al mundo. ¿Quieres que Leandro lo sepa?

Si Leandro lo sabe, yo soy incapaz

de presentarme ante él, qué vergüenza.

-Pero si yo no miraba a ese chico con pecado.

-No seas falsa, tú lo mirabas igual que yo, relamiéndote,

porque era muy guapo el muchacho, lo tenía todo en su sitio,

y de buen tamaño.

Así que lo que vamos a hacer es andar con cuidado,

no quedarnos solas, no pasear por el barrio de noche, ¿entendido?

-Está bien, pero si pasa algo... -No va a pasar nada, tranquila.

Es más, te juro que dentro de dos semanas estaremos riéndonos

de los Escalona.

(GRITAN)

-Doña Susana, ¿ha escogido ya la tela para el vestido

de la baronesa húngara? Nos tiene que dar tiempo

a que nos la traigan. -Ya basta de preguntar,

cuando la escoja te lo diré.

Es que ya está bien, parece que no sepa yo lo que hay que hacer.

Rosina y yo nos vamos a dar un paseo, después la escogeré.

-"No creas lo que te dice tu padre, que siempre fue muy optimista".

-No, en este caso no.

Ha salido de prisión dispuesto a comerse el mundo.

-No digo que no, pero...

suele exhibir aires de grandeza, hijo.

-¿Por qué no le cree? Es usted un poco rencorosa, ¿no?

-¿Rencorosa?

Abre los ojos.

Tu padre nunca tuvo las ganas ni la paciencia para dedicarse

a una actividad honrada, hijo.

-Muy buenas. Tú eres Raúl, ¿no?, el hijo de Carmen.

-Sí, ¿le conozco? -No, todavía no nos han presentado,

pero a lo mejor has oído hablar de mí, yo soy Antoñito Palacios,

el novio de Lolita.

-Como le llaman "Antoñito", pensé que era más bajito

y como Lolita es tan grande, pues hasta me hacía reír.

-Anda, hazme sitio.

Mi padre me sigue llamando Antoñito

y, digamos que al final, me he quedado con el diminutivo.

A lo mejor cuando sea un anciano, la gente me sigue llamando así.

-¿No le molesta?

-No, ¿por qué? Yo creo que uno solo debe molestarse

por cosas importantes y no por tonterías.

Pero ¿y qué hacías tú aquí,

solo en el banco y tan meditabundo?

¿Problemas con alguna moza? -Ya me gustaría que fuera eso.

-Pues a tu edad es lo único que debe quitarte el sueño.

Mira, cuando yo empezaba mi noviazgo con Lolita,

muchas veces me sentaba aquí, en este mismo banco, a penar de amor.

-Hay asuntos peores.

-Sí, pero se resolverán, te lo digo yo, al final todo se resuelve.

Yo, que me he metido en todo tipo de líos,

hasta de cárcel.

En fin, te dejo con tus cavilaciones.

Nos veremos por el barrio. Y ánimo.

-Así me gusta, hijo, verte hablar con los señoritos

y no con los criados.

-Hay algunos criados que son buenas personas.

-Sí, son buenos para servir y para limpiar, pero tú no eres como ellos.

¿Para qué me has llamado? -Hoy es mi día libre.

-¿Y?

-He pensado que a lo mejor

le podía acompañar a la reunión que tiene con ese empresario.

-Me parece muy buena idea. -Pues marchemos.

-Pero hoy no va a poder ser. -¿Por qué?

-No, hijo, porque hoy no tengo ninguna reunión con él.

Este hombre es un hombre muy ocupado,

hay que fijar las reuniones con tiempo y hoy no tenía ninguna.

El día que tenga una reunión te aviso,

y así podrás ver el mundo de los negocios por dentro, ¿eh?

Es un mundo en el que tú acabarás estando.

-¿Cree que podré dedicarme a eso? -Sí, estoy convencido, tú tienes ojo

para los negocios, como tu padre.

Bueno, venga, vamos a tomarnos un chato,

que te explicaré las veces que he ganado fortunas y las he perdido.

-¿También la ha perdido? -Sí, en el mundo de los negocios

no hay que tener miedo, hijo mío. No, ni al fracaso ni al éxito.

-Ten, prueba una galleta. A estas les he echado más cacao.

Queda un poco más amargo, pero eso nos viene bien.

-Uy.

Hum.

Maravilla.

Esto seguro que es lo que le dan de comer a los ángeles en el cielo.

-¿Y no crees que le falta algo distinto?

-¿Distinto? -Sí, no sé,

algo que no hayas probado nunca.

Por ejemplo, ralladura de naranja. -¿Cómo, por encima?

-No, en la masa, puede que le dé un toque especial.

-Flora, ¿no nos estaremos pasando de modernas?

Una cosa es hacer membrillo y la otra,

hacer un postre que no sepa dulce.

-¿Quieres competir contra Fabiana y Agustina con un postre tradicional?

Que ellas lo bordan. Tenemos que ser...

distintas, originales, contemporáneas.

-Flora,...

si ganan, que ganen,

que no es tan importante. -Esa no es la actitud.

¿Tú sabes lo importante que sería ganar ese premio para La Deliciosa?

-¿Un premio que dan unas criadas de un edificio?

Pues no, no sé lo importante que es.

La Deliciosa puede aspirar a premios en París, Londres.

-Y eso será lo próximo.

Colgaremos los diplomas en las paredes.

-A las buenas, verá, estamos preparando

nuestro postre y se nos ha "olvidao" comprar una vaina de vainilla.

¿Nos puede vender una?

-No, somos adversarias. -Flora.

-Quiero decir, que no se la vendo,

se la regalo. -Ah, pues muchas gracias.

-Aquí tiene,

para que luego no digan que no compito con limpieza.

-Uy.

¿Son "pa" su postre? ¿Puedo probar una?

-Eso sí que no, comprenderá que no queremos que nos las copien.

Nosotras no probamos su postre y ustedes no prueban el nuestro.

-Venga, Flora,

que somos "toas" amigas.

-Riquísimas. Esto está difícil de igualar, ¿eh?

Pero nuestro postre

va a estar de rechupete. -Pero menos que el nuestro.

No va a sacarme el secreto de las galletas.

-Está un poco nerviosa, ¿no?

-"Pa" que la encierren a un cotolengo, Fabiana.

Yo no sé qué va a hacer si perdemos el concurso.

-Pues acordarse del Peña, que es lo que no quiere.

Más vale estar llorando un par de días,

que andar "desquiciá" hasta que él vuelva.

En fin,

qué cosas raras "tie" el corazón y la cabeza.

Me voy. -Fabiana, que se deja la vainilla.

-Ya no la quiero, hija, he "cambiao" de idea.

-Leonor, ayer aquí no llovió, ¿verdad?

-No, que yo sepa no.

-Pues a unos siete kilómetros de aquí cayó una tromba de agua

de las que hacen historia. Inundaciones,

gente a la que hubo que rescatar de su casa,

árboles caídos por el viento. El tiempo está loco.

-¿Dónde fue eso? -En la Quinta de la Candela.

-Encima allí, que es una zona tan pobre,

que ni alcantarillas tienen. Qué desastre.

Luego iré a la parroquia,

a ver si puedo organizar algo para mandar ayuda.

-Pues cuenta conmigo, esta pobre gente no se merece

lo mal que lo está pasando.

(Se abre una puerta)

-Buenas.

Uy, qué caras de funeral. Si es por mí,

que se os pase, ¿eh?

Ha sido fantástica la clase en la academia, me encanta dibujar.

Así que, no empecéis con eso de que me notáis rara.

-No hablábamos de ti, Rosina.

Comentábamos noticias del periódico.

¿No te has enterado de las inundaciones

de la Quinta de la Candela? -Ni me suena ese sitio.

-Sí, es esa zona pobre al lado de la ciudad, cerca del río.

-Claro, se van a vivir cerca del río, les entra agua,

pues que la saquen con cubos ahora. Bueno, pues me voy a cambiar.

-Tu madre nunca ha sido un prodigio de sensibilidad social,

pero creo que esta vez se está excediendo un poco.

-Mira que esas clases de dibujo le están yendo bien a tu tía,

que la ayudan a distraerse y de la falta que le hacen sus hijos,

pero ¿a mi madre? A ella le están haciendo perder el magín.

-Creo que ha llegado el momento de dejar de preguntarle a ella

y descubrir de una vez qué está ocurriendo aquí. Yo me encargo.

-Date prisa, porque yo cada vez la veo más alejada de la realidad.

Que mi madre nunca ha estado muy cuerda,

pero ahora le está resbalando la sesera.

Dios mío, a ver si vamos a tener que ingresarla en una clínica de reposo.

-Dios no lo quiera.

-Parece mentira, aquí, ni una nube, y en la Quinta de la Candela

sacando el agua con baldes. -Eso en Cabrahígo es muy normal.

De la iglesia "p'allá" viven los secos

y de la iglesia "p'acá", los "mojaos".

-¿Y tú en qué lado vivías?

-Ni en uno ni en otro, justo en la mitad,

un día nos mojábamos y otros no. Nos querían llamar los húmedos,

pero el mote no tuvo mucho predicamento.

-Pues menos mal, porque no me gustaría nada que dijeran

que en mi casa sirve Lolita "la húmeda".

Y tampoco creo que a Antoñito

le hiciera gracia para su prometida.

-No se lo diga, pero doña Trini vivía en el "lao" de los "mojaos"

y a su abuelo le llamaban "el chorreao".

Menos mal que la familia no se quedó con el mote.

-Desde luego, vaya pueblo. Tú tranquila, que yo, callada.

Voy a acercarme luego a la parroquia,

por ver si necesitan algo.

-En la chocolatería había gente preguntando.

Yo es que estaba con Flora catando los postres del concurso

y me he "enterao".

Flora está "empeñá" en ganar,

por olvidar al Peña, ya sabe. -Lolita,

no me hables del concurso, que soy juez y me influyes.

Ganará el mejor postre.

-Yo creo, doña Celia, que debería pensar en Flora,

en lo mal que lo está pasando. Es que ella no quiere

que se le note, pero se le nota más.

-Pues que se esmere con el postre, ayudas ni una.

-Buenas.

Lolita, ¿me sirves un café? -Sí, enseguida, don Felipe.

-¿Qué has ido, a ver al comisario Méndez?

-He ido.

Alicia sigue alojada en la ciudad. -¿Cómo lo han sabido tan pronto?

-Porque la siguen de cerca.

Hace unas semanas tuvo problemas con la justicia y la tenían controlada.

-Desde luego, vaya pájara de cuidado.

-Y no te puedes imaginar la causa.

Una pelea en una taberna.

-Pensar que la hemos tenido alojada en esta casa.

Menos mal que se ha ido. -Celia, no es ninguna restauradora.

Además, es una pendenciera de tomo y lomo.

Lo que me pregunto es...

qué la une a tu prima Lucía.

-Se lo voy a preguntar, directamente.

-No, no vayas. Iré a buscar a Alicia y se lo preguntaré yo,

no quiero que te indispongas con tu prima.

-Además del café, le he traído una galleta

que hemos "preparao" la Flora y yo "pa" el postre.

¿Quiere una, doña Celia?

-Lolita, que no me he caído de un guindo.

Como me vuelvas a hablar del concurso, te quito puntos.

-A las buenas tardes, Carmen.

-Buenas tardes. -Se le ha hecho muy tarde

para la compra, ¿no? -Cuando he podido ir.

La verdad es que ya no quedaba nada bueno,

ni de pescado ni de carne, menos mal que hoy don Samuel está fuera.

-Mire, yo no quiero meterme donde no me llaman,

pero el hombre ese con el que estaba usted ayer por la noche,

su primo Alfonso...

-¿Qué pasa? -Pues que me dio muy mala espina,

que me dejó "destemplá".

No quiero meterme en su vida,

pero si puedo ayudarle en algo... A lo mejor me equivoco

y no hay por qué inquietarse, pero ese hombre no iba vestido

como un hombre de negocios. -Ya,

es que son negocios inciertos. No le va muy bien.

-¿Y un primo?

Yo pensé que usted había roto con su familia.

-Es...

un primo muy lejano, de los pocos que me hablan.

Vino a contarme sobre unas herencias.

-Vaya, no me diga que le van a caer a usted unas perras.

-No, ya me gustaría a mí.

Me vino a decir sobre unas herencias de las que voy a cobrar

nada y menos. Él tenía esperanzas,

pero es imposible.

Y ahora le dejo, que la señorita Lucía está en casa,

trabajando, y no ha parado ni para comer.

Voy a ver si por lo menos necesita unas frutas.

Con Dios, Fabiana. -Con Dios.

-Yo tampoco me creo lo del primo.

-Si ella lo dice, no "tie" que ser mentira.

-Asunto de ella es.

-¿Y si anda "metía" en problemas?

-Bueno, lo dirá si necesita ayuda.

Usted tranquila y no se meta en líos, que Carmen se sabe defender.

(Se cierra una puerta)

¿Carmen?

Carmen, ¿estás ahí?

-Gracias.

No, doña Susana, no, esto tiene que ser un poco más entallado.

Parece mentira que siendo usted sastra,

no sepa que este año lo que se lleva es lo entallado.

-De acuerdo, pues más entallado.

-¿No me va a discutir? -¿Por qué?

-Siempre dice que lo entallado es de bailarines, no de caballeros.

-Allá usted si quiere parecer un bailarín.

Yo hago lo que el cliente me manda.

¿Que lo quiere más entallado? Pues más entallado.

¿Que quiere los pantalones pesqueros?

Pues por encima de los tobillos se los dejo. Allá usted.

-¿Le ocurre algo, doña Susana? -No.

Que le hago el chaleco como me manda y punto redondo, ¿algo más?

-No. -Pues ya se lo puede quitar.

-Sí, algo más,

que se anime. Venir a la sastrería y no discutir

me resulta un poco raro.

-Pues ya se puede ir acostumbrando. -¿Cree que lo tendrá para mañana?

-No, pasado. Bueno,

ya le mando yo llamar. -Pues nada, me espero.

Oiga, y alegre ese ánimo,

que los clientes no tenemos la culpa,

sea lo que sea lo que le ocurra.

Muchas gracias. Con Dios.

-(GRITA)

-¿Esa es la tela del vestido de la baronesa?

Muy bonita.

¿Quiere que le ayude a cortar? -Lo que quiero

es que me dejes trabajar tranquila,

¿es que no puedo tener un momento de tranquilidad para mi trabajo?

¿Qué quieres, que me equivoque? -Solo quería ayudar.

-Pues no ayudes, haz lo tuyo y, punto.

Rosina,

Alexis ha muerto.

-Imposible.

-Me temo que el carácter de los Escalona es más sanguíneo

que tranquilo. Antes de que dijeran

una sola palabra, les pondrían la cara como un mapa de carretera.

-¡No, la cara no!

-Y si no han ido todavía a por ustedes,

es porque no he desvelado sus nombres,

a pesar de todos los golpes que he recibido.

-¡Doña Susana!

-¿Qué pasa? -Mire lo que ha hecho.

-(GRITA)

¡Dios mío! -Ha quedado inservible.

Si no tiene la cabeza en el trabajo, debería dejarme a mí.

-¡¿Y quién eres tú para decir lo que tengo que hacer?!

-Perdone, yo no quería... -¡¿Quién eres tú

para corregirme?! ¡Estás despedida!

-Pero, doña Susana,... -Ya me has oído, ¡fuera,

fuera!

Lucía.

Pero, pero... Maldita sea.

Pero, padre, ¿qué hace usted aquí? No quería molestarla.

Espero que tenga solución.

Sí, sí, la tiene.

Pero, padre, no me ha contestado qué hace usted aquí

¿y cómo ha entrado?

Al parecer, he venido a salvarla. No es ese el azul del manto,

debería usar un color azul más celeste.

No tan oscuro.

No tiene usted razón.

Quizá con esta luz no, pero cuando lo vea con la luz del día,

verá que sí que la tengo. Si me permite...

Si se fija aquí,

todavía se ve una parte mínima del original.

Acérquese.

Tal vez sí que tenga razón y deba esperar hasta mañana,

con mejor luz.

Siempre hay que trabajar los colores con luz natural.

Padre, dígame de una vez, ¿qué quiere usted de mí?

-Agustina, ya era hora de que llegara, mujer.

Si no se apura, Servando no deja del chorizo ni el cordelillo.

-Me es lo mismo,

no tengo apetito ninguno.

-¿Qué tiene? Si usted es de buen comer.

-Doña Susana,... que me ha despedido.

-¿Y cómo ha "sío" eso? -¿Ha "discutío" usted con ella?

-¿Qué ha ocurrido que te has ido tan temprano?

-Tenía una cita con un amigo que hace el seguimiento de Alicia.

-¿Hay alguna novedad? -Apenas sale de la pensión

y cuando lo hace es para ir a misa o dar un paseo por los jardines

antes del anochecer. -¿Y no habla con nadie?

-Parece que busca estar sola.

Ha rechazado las pocas visitas que pasan preguntando por ella.

-Todo esto me parece muy extraño.

Tendremos que aclarar este galimatías cuanto antes.

-Con su permiso, vengo a interesarme por lo que ha "pasao" con Agustina.

-¿Te manda ella?

-No, señora, yo vengo porque se me ha ocurrido.

-Pues este no es asunto de tu incumbencia.

-Y bien que lo sé, y con todos los respetos del mundo

y saltándome las diferencias

de condición que nos separan, he de decirle que...

está obrando usted injustamente.

-La veo muy alicaída, ¿no le fue bien ayer con el caballero?

-¿Qué quiere decir?

-No, no quiero decir nada,

parecía que había encontrado un buen partido,

aunque eso de que es su primo, cuesta creerlo.

-Quien sea o deje de ser no es asunto suyo.

-Si le pregunto es por su interés,

y por la seguridad del barrio. -Ya.

¿Y no cree usted que se está excediendo

en su cometido? -Pienso que no,

¿hace mucho que conoce a ese hombre?

-Sí, mucho, desde niños. Ya le he dicho que es mi primo.

-"Hablamos de las obras" de arte de Samuel.

-Al parecer, ha sido todo un éxito. -Y tanto,

el lote incluye un bodegón de Medrano que debe valer un potosí.

Me parece un poco extraño. Las obras de Sánchez-Medrano

no son de las que se incluyan en un lote de saldo.

-Por supuesto que no,

tengo entendido que sus cuadros son muy difíciles de conseguir

y, los pocos que hay, se pagan caros.

No es por presumir, pero me tengo por un entendido en arte

y, tengo que decirles que las copias de ese autor abundan.

-Deberíamos juntar unos cuartos entre para ayudar a la Agustina.

-Sí, para ayudarla

a salir una temporada adelante. -Yo hablaré con don Ramón

para que le deje quedarse unos días hasta que encuentre otra ocupación.

-Yo no estoy muy boyante, pero cinco pesetas sí le puedo dar.

-¿Y usted, Carmen?

-Yo estoy a la cuarta pregunta. -Bueno,

ya lo pone usted la próxima vez.

-"Son decisiones empresariales,"

estrategias de trabajo que difícilmente vas a entender.

-Sí, como que tenga esto cerrado. -¿Quieres que esté desprotegida?

Con la de cosas tan terribles que han pasado en el barrio.

-Por supuesto que no, tía, pero me reconocerá

que su comportamiento y el de Rosina es bastante raro,

y yo creo que una causa tiene que haber para ello.

-Pues si estás tan preocupado por Rosina, deberías estar en tu casa.

-"Yo estoy muy inquieta"

con la Carmen. Anoche ni la vimos llegar,

a saber dónde andaba metida.

-Déjela que haga lo que le dé la gana, que ya es mayor.

Una vez terminada su jornada de trabajo,

se puede ir a dormir a la hora que le plazca.

-Carmen es muy formal,

no es de las que se pasa las noches de picos pardos.

Además,

la vi hablando con un tal Alfonso,

un tipo muy misterioso que decía que era pariente suyo.

-¿Y cómo era ese pollo?

-Alto, muy moreno,

elegante y bien "plantao", pero con unos aires

de facineroso...

-A ver si va a ser el mismo

que estaba de cháchara con el Raúl. -Desembucha,

¿qué querías decirme?

-Voy a hacer lo que me has pedido.

-¿Vas a abrirme las puertas de la casa de tu amo?

-Pero antes me tienes que prometer dos cosas.

-¿Más?

Mujer, ya empiezas a cansarme.

-Júrame que nadie sufrirá daños, no puedes llevar armas.

-¿Y qué más?

-Raúl no va a saber nada de esto,

no puede estar implicado de ninguna manera en el robo.

No limpies la estancia, salvo que la señorita Lucía lo diga

y, siguiendo sus indicaciones. Aquí hay material de mucho valor

y no quiero que de forma inconsciente crees un desaguisado.

Como diga el señor.

La señorita Lucía está muy contenta con el taller

y no me gustaría estropearle nada. Ha sido todo un acierto montarlo.

No sabe usted lo feliz que es trabajando,

no levanta la cabeza ni un instante.

A veces me preocupa que trabaje en exceso.

Le da igual la hora que sea. Anoche estuvo trabajando

hasta después de la visita del padre Telmo.

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  • Capítulo 887

Acacias 38 - Capítulo 887

12 nov 2018

Lucía felicita a Samuel por la presentación de los cuadros, ha sido un gran éxito. Venancio advierte a Susana y a Rosina que los Escalona acabarán dando con ella. Rosina y Susana están cada vez más tensas y la sastra acaba despidiendo a Agustina por metomentodo.

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Añadir comentario ↓

  1. Mari

    Enviar aqui un comentario es un fracaso

    21 nov 2018
  2. Mari

    La serie me gusta mucho pero ya se empieza hacer pesado la maldad que tiene samuel y que nadie descubra su verdadera cara..y lucia ya es demas que sea tan boba y se crea todo lo que probiene de este sr.

    21 nov 2018
  3. Mari

    Ya se esta haciendo pesado que samuel haga tanto daño y nadie puede desenmascararlo.y lucia parece boba siempre creyendose todo. Empieza a hacerse monotono

    21 nov 2018
  4. angie

    Porque dejan que samul se salga con la suya siempre, en esa época las mujeres eran unas bobas, pero por el amor de Dios lucia se pasa, me aburre la situación de rosina y Susana y la de carmen, eso era de saberse que algo malo les pasaba, además es una serie que poco avanza en la semana y aburre, vuelvan a ursula otra vez mala, por lo menos con ella era mas divertida la serie y ahora ppr agradecimiento al padre telmo, ella se enfrente a Samuel, eso si me gustaría. Por favor saquen o despierten a la boba de lucía, ese papel de mosca muerta aburre.

    13 nov 2018
  5. Raquel

    La verdad es q la Lucia cansa además de embustera es estúpida hasta tdecir basta no tiene cerebro. Y ....desde cuando en esa época las chicas recibían visita en bata y ropa de dormir ? El Samuel visitando tan temprano , Celia ni se entera q le da la llave del apto. a una joven decente. Pasan cosas increíbles. . Para quedarse con.el mal nacido de Samuel q sea Telmo , persona decente y no es el primero ni el último q cuelgue el hábito. Ese concurso ya es demasiado, aburrido! La Lolita q vaya puliéndose un poco más, ya es hora. Celia por más mujer de negocio, no parece tan actualizada. El "Sereno" q oportunista, corrupto q llego con aires de decente. Q lo ojean confesado. Esperemos hay tanto q aclarar.

    13 nov 2018