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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 886 - ver ahora
Transcripción completa

Queridos vecinos, les agradezco su presencia.

Como muchos sabrán, Lucía es una gran amante del arte.

Está restaurando un lienzo que es una auténtica maravilla.

Me halaga en exceso, Samuel.

Por ese motivo, pienso organizar

una gran recepción para exponer el trabajo de Lucía.

Por Lucía.

-(TODOS) Por Lucía.

Está bien, veo que no puedo negarme.

-"Y la ganadora de este año"

es la señorita Perlado y el chantilly con higos.

-¿Higos?

(Aplausos)

-"Ay, no se me puede quitar de" la cabeza su imagen, allí, muerto.

-Y desnudo.

-Deberíamos hablar con don Venancio, explicarle lo que pasó.

Decirle que tuvimos miedo,

saber de una vez por todas

a qué nos enfrentamos. -"¿Qué es esta miseria?".

Te dije que necesitaba 200 pesetas. -Javier, por favor,

me pediste demasiado dinero, no sé de dónde sacarlo

ni tampoco...

-¿Has visto lo que me obligas a hacer?

Soy capaz de hacer cosas que no atisba a imaginar.

Aunque sea un sacerdote,...

estoy dispuesto a todo.

-"Hablando de Lucía,"

creo que nos está engañando con esa nueva amiga, Alicia.

-¿Por qué lo dices?

-Yo creo que no es una experta en restauración,

y mucho menos en pintura.

No tenía ni idea de quién era Antonio de Pereda y Salgado.

-Tal desconocimiento no es propio de una supuesta amante del arte.

-Eso digo yo.

Samuel, debo darle las gracias.

¿Por qué motivo?

Por permitir

que este cuadro vuelva a ser admirado.

Nuestro acuerdo está más vivo que nunca.

Lucía es una chica ingenua,

no me será complicado volverla loca de amor por mí.

¿Y qué ganaríamos con eso? Sería entonces

cuando descubriremos al mundo que esa chica

ha corrompido a un sacerdote

haciéndolo renunciar a sus votos.

Créame, haré todo lo que esté en mi mano

para que Lucía caiga en mis redes.

No lo dude ni un segundo.

-Carmen.

Carmen, mi Carmencita.

Por qué te empeñas en enfadarme, ¿eh?

Es solo dinero, solo dinero.

-No me toques.

-No entiendo por qué me tienes miedo.

¿Acaso te pegué durante el matrimonio?

-Hay muchas maneras de maltratar.

Tú nunca me pegaste, pero tampoco fuiste un buen esposo.

Me pones a los pies de los caballos

con mis acreedores, acabo en la cárcel, ¿y el malo soy yo?

De todas formas,

no he venido aquí a escuchar quejitas de mujer malcriada,

eres una mujer con suerte.

(RÍE) -Ya no necesitas más dinero.

-(RÍE)

Eso se lo preguntas a un muerto, claro que necesito dinero,

mucho dinero. Muchísimo dinero,

pero con mi gran corazón,

te voy a dar un tiempecito de gracia.

-¿Hasta cuándo?

-Un día.

-Ya te lo he dicho, no podré.

Tanto dinero está fuera de mis posibilidades.

-Traerás ese parné,... ¿de acuerdo?

Sabes que mi paciencia se agota, has sido una mujer con suerte,...

pero 24 horas, Carmen, 24 horas.

Y ni se te ocurra malmeter con mi hijo en contra mía.

Si me entero que le explicas pamplinas, te arrepentirás.

-¿Qué hacen aquí?

-Charlar, ¿qué otra cosa podríamos hacer?

Pero yo ya me iba. Mira,

toma, hijo,

cómprale algo bonito a tu madre.

-No sabe usted lo que me alegra

que empiecen a llevarse mejor.

Pronto estaremos hablando de reconciliación,

ya lo verá.

(Sintonía de "Acacias 38")

También deberíamos avisar a la señora y el señor Menéndez Padilla.

¿Conoce usted esa dirección? Sí, calle del Obispo Acebedo,

número...

Bueno, es igual, búscalo luego en mi fichero.

Vaya. Lucía, no me esperaba encontrarla aquí a estas horas,

cosa que me agrada, ni qué decir tiene.

Lamento tenerle invadida la casa hasta tan tarde.

No, no, por Dios, lo único que me preocupa es que usted

no descanse lo suficiente.

Aunque me fuera a la cama ahora, no pegaría ojo.

Desde que programó su exhibición,

es como si el lienzo me hubiera embrujado.

Quiero que sus invitados puedan detectar la perfección

de las pinceladas del maestro.

Y a fe mía que lo ha conseguido. Parece que acabara de ser pintado.

Bueno, exagera usted, todavía le queda mucho trabajo.

¿Es que no recuerda cómo estaba el cuadro

cuando empezó a trabajar en él? Puede sentirse bien orgullosa.

Esperemos que sus invitados sean tolerantes con mi inexperiencia.

Todavía no me ha dicho cuáles son los suyos.

Bueno, mis allegados son los vecinos de Acacias,

y espero que ya estén en su lista.

Delo por hecho,

todos los propietarios de Acacias han sido convocados.

Por cierto, Carmen, anota también, no sé cómo he podido olvidarlo,

a don Antonio Aracil

y al profesor Pérez Santamaría.

La verdad es que no sé

cómo lo ha conseguido,

pero la tonalidad verdosa ni siquiera se apreciaba

cuando compré el cuadro.

Disculpe, señor, ¿ha dicho... Gómez Santamaría?

No. Pérez, profesor Pérez Santamaría.

Carmen, ¿te encuentras bien?

Pareces algo despistada.

Es solo cansancio, señor. Tienes razón,

ha sido una jornada muy larga, puedes marcharte a descansar.

Mañana revisaremos la lista de asistentes.

Agradecida, señor.

Yo también le estoy muy agradecida, Samuel.

¿Por qué? ¿Por la recepción?

Es un acto de pura vanidad,

solo quiero exhibirme junto a su obra y junto a usted.

¿No me cree?

Hace mal, soy transparente.

Que haya hecho usted un trabajo irreprochable es un dato accesorio,

pero lo que quiero mostrar es que he sido yo quien la ha descubierto.

Gracias de todos modos.

Su talento no me lo debe a mí.

Su agradecimiento debe apuntar más arriba.

También,

pero usted, todo hay que decirlo, ha resultado esencial

en este momento de mi vida.

Y también para mi futuro. Lucía, su futuro será brillante

conmigo o sin mí.

Admirará a todos nuestros invitados

y su fama se expandirá como una riada.

Pronto estará en boca de todos. ¿Será usted exagerado?

Estoy deseando ver qué cara pone el profesor Pérez Santamaría.

Le va a entusiasmar. Además, su palabra es ley

en el arte patrio.

Querida, querida, no te puedes dejar llevar por el pánico.

-Ni mucho menos me voy a dejar llevar por el demonio.

-Parecías más tranquila cuando devorabas canapés en casa del Alday.

-No era hambre, era zozobra. Tú ni los has probado.

-Porque oculto mejor mis emociones.

-Al contrario, de ti se espera que engullas sin tino.

Al verte falta de apetito, no haces más que acrecentar las sospechas.

-Qué tontería. Bueno, sea como sea,

ya podemos sosegar los nervios.

-¿Y don Venancio, qué?

-No ha vuelto.

-Y eso me escama más si cabe. Creo que voy a ir a buscarle.

Le abriré mi alma y que sea lo que Dios quiera.

-No, tú no vas a ningún lado.

A ver, entiendo que su presencia te atemorizara,

pero ahora que el hombre no está, ¿vamos nosotras

a levantar la liebre? No tiene sentido.

-Porque lo sabe, Rosina, lo sabe.

Si me intimidaba su presencia,

ahora me intimida más su ausencia.

Iré a verle.

Iré a verle. -Muy bien, ve a decírselo,

confiesa, y luego que nos mande a los guardias.

-Lo que digas, por un oído me entra y por otro me sale.

Si no quieres venir conmigo, iré sola.

-Si se lo largas a don Venancio,

haré lo propio con Liberto y con Leonor.

Soy capaz de llamar a Leandro para contarle que eres una asesina.

-Por omisión.

-Eso lo va a dejar mucho más tranquilo.

-No podemos seguir así. -¿Así cómo?

A ver, Susana, tranquila, nadie sospecha,

aquí no ha pasado nada.

-Entonces, ¿qué quieres decir?

¿Que esperemos?

Muy bien.

Esperaremos,...

pero si un día el mundo se nos cae encima, tuya será la culpa.

-Susana,...

no va a pasar nada,...

siempre y cuando tú te mantengas en tu sitio y no des que hablar,

¿me oyes?

Controla tus nervios,

mantente fría y todo volverá a ser como antes, te lo prometo.

-Rosina, me dijiste un minuto y llevo esperando media hora.

-(GRITA) ¡Estoy harta de tanta queja!

Vamos, querido. -Ay, adiós, cariño.

Ay.

-Usted siga ahí, comiendo, como el que ve llover.

-Mírale, como si no hubiera roto un plato en su vida.

-Pero ¿cómo se puede confundir "postre con membrillo"

a "postre con brillo"?

Si es que es de "atontaos". -Un respeto, Maritornes.

-Pues yo seré una Maritornes, que bien me lo dice mi Antoñito

pero usted está más sordo que una tapia, por no decir otra cosa.

-Eso si no lo hizo todo por enredar. -No, lo hice todo por ayudar.

-Pues a la próxima vez, se mete su ayuda por donde le quepa.

-Oye, oye, menos humos, que tampoco maté a nadie.

-Menos humos, zascandil, que ya no vamos a salir

en el libro de recetas

ni mi chocolatería será mundialmente conocida.

-A ver si ponemos coto a esas boquitas,

que os estáis cebando conmigo sin ningún miramiento por la justicia,

que yo solamente quería ayudar,

con el peligro que conlleva transmitir

una información confidencial. -¿Confiden...?

¿Con...?

Un soplo falso, Servando.

Más falso que un duro de tres pesetas.

-Quizá me equivoqué, ahora es fácil decirlo, pero no vi a ninguna

de vosotras quejarse cuando recibió el soplo.

-Porque a nadie le amarga un dulce, nunca mejor dicho.

-Que puede que ni me equivocara, ¿eh?

Puede que el "jurao" dijera "membrillo" para confundirme

y que ninguna ganara el concurso.

-Pero ¿y qué más le dará al "jurao" quién ganara el concurso, cabezón?

-De verdad, qué cortitas, qué cortitas sois.

¿Creéis que el "jurao" es limpio como un arroyo de agua limpia?

Quería descalificaros.

-¿A nosotras por qué?

-Para dejar libre el paso a otra concursante.

¿A vosotras os suena de algo la señorita Perlado?

-Sí, era una de las reposteras.

-Repostera y sobrina de uno de los dueños de la editorial Nolaste,

que es la que va a publicar el libro de recetas.

-¡"Cagüen" el copete!

-Lolita, hija, ¿qué es esta escandalera?

-Pues Servando, que hace pan como tortas.

-Que nos dio un soplo falso para que ganáramos el concurso

y ha conseguido que quedáramos como unas lelas.

-Pero que no es verdad, doña Trini, de verdad,

que lo hice de todo corazón,

que yo quería que el premio se quedara en Acacias.

-Servando, cuando no metes la pata, metes el pie, pero hasta el dentro.

-Que no, que el concurso estaba amañado y mi intervención ahí

fue superflua, verbigracia inocua. -Volvamos a eso de nuevo.

Si la que ganó era sobrina de uno de los dueños,

seguro que podemos impugnar el resultado, ¿no?

-Tongo, Flora, mejor di "tongo",

que a esa señora le dieron el premio por el parentesco.

-Bueno, yo no sé cómo habrán sido las cosas en realidad,

pero no creo que impugnar el concurso sea una buena solución,

me parece algo inútil y abocado al fracaso.

-Pero si tenemos razón, tenemos razón.

-Sí, sí, una tautología muy bonita, Lolita, pero imposible de demostrar.

El jurado consideró que vuestro postre no era el mejor.

Punto. Si queréis litigar, adelante,

pero os va a costar años, y una fortuna.

-O sea, que "na".

Flora, no te preocupes, mujer, que más se perdió en la guerra.

Ya habrá más concursos de postres. -Ya, claro.

-Bueno, y si no hay más concursos de postres,

habrá otros bretes en los que te puedas lucir.

Lo que primero que tenemos que hacer es apiolar al Servando.

Parece una tarjeta de invitación.

Debe ser la que Samuel Alday prometió ayer.

-¿Un baile?

-Ha organizado una recepción para que podamos admirar

y valorar la obra de Lucía.

-Pero eso es maravilloso. -En efecto, será un ágape.

"Estimados señores, con motivo de la presentación pública

del trabajo de restauración

de la señorita Alvarado, me es grato invitarles a la recepción que bla...

-Es un hombre generoso y apasionado, el señor Alday.

-Sí, eso parece.

Será muy grato comprobar que la obra de Lucía es digna de ser mostrada

a lo mejor de nuestra sociedad.

-Ya iba siendo hora que las tareas de restauración

de nuestro patrimonio fueran apariencia de lo que valen,

¿no cree usted, Alicia?

-Claro que sí, don Felipe.

De no ser por los abnegados restauradores, ya habríamos perdido

gran parte de ese patrimonio. -Como es el caso

del vallisoletano Pereda y Salgado. -Exactamente.

Ya lo comenté con doña Celia.

-Algunos pintores profesionales

opinan que las tareas de restauración

no deberían ser puntillosas en exceso,

podrían desnaturalizar la obra.

-En cuestiones técnicas siempre hay opiniones para todos los gustos.

-Eso es cierto.

¿Qué cree usted que debería hacerse con los tonos?

-¿Con los tonos? -Ajá.

No entiendo a lo que usted se refiere.

-Hablo de la eterna polémica en el campo de la restauración.

Después de siglos de haberse compuesto una obra,

nadie sabe exactamente qué tono querían utilizar los maestros

a la hora de elegir un color. -Imposible, desde luego,

los tonos de cada maestro son imposibles de recuperar.

-En el caso de Pereda, por ejemplo, dado su eclecticismo,

¿cree que sería lícito abrillantar sus colores al uso actual?

-Es,...

es difícil de decir. -Ah, no tiene opinión al respecto.

Yo soy lego, pero según dicen sobre el maestro,

debería tenerse mucho cuidado.

-Qué gran verdad.

-Lo mismo pasa en otros aspectos de su vida,

sus biógrafos ya nos han informado, ¿no es cierto?

¿Cree usted que su interés por los motivos religiosos

solo cundió cuando tuvo que alejarse de los ambientes palaciegos?

-Eso opinan algunos, aunque otros opinan todo lo contrario.

Dios mío, se me ha ido el santo al cielo, lo lamento,

pero tengo un compromiso y ya llego tarde.

-Vaya, vaya tranquila.

-Con Dios.

-¿Qué crees?

-Pues que mis preguntas y comentarios no tienen pies ni cabeza

y ella, en vez de echarme en cara mi desconocimiento,

ha salido por la tangente.

-Y si a eso sumamos que no sabía quién era Pereda y Salgado...

-Dos y dos son cuatro.

Es más ignorante que yo en materia artística.

-¿Qué hacemos?

-Voy a desenmascarar a esa mujer. -Espera que hable primero con Lucía.

Si está mintiendo, quiero que tenga la oportunidad de confesar.

-Deja de mirarme, que pareces un pasmarote.

¿No tenías tanto interés en aprender

a marcar y cortar con patrón? -Sí, señora.

-Pues a la faena, que no nos la regalan aquí.

Cuando acabes, tienes que ayudarme con lo de la baronesa de Orczy.

-Ha sido toda una suerte que alguien tan afamado como la baronesa

se haya fijado en nuestra sastrería.

-¿Suerte?

Llevo trabajando la intemerata para que mi negocio sea conocido

en la ciudad y en el mundo,

de suerte nada, la baronesa de Orczy sabe muy bien lo que se hace.

-Dicen que en el extranjero, la baronesa

ya se ha hecho un buen nombre como escritora.

A doña Leonor le encantaría conocerla.

-Pues más que en las relaciones sociales,

debemos centrarnos en satisfacer a la de Orczy,

que no va a ser fácil.

De todos es sabido que las escritoras tienen gustos

no ya caprichosos, extravagantes.

-¿Sabe ya lo que va a ofrecerle?

-Estoy en ello.

¿Tú te crees que todo viene por ciencia infusa?

-¿No le sale? -"No le sale, no le sale".

¿Crees que imaginar un vestido exclusivo es fácil?

¿Quieres intentarlo?

-En ese estado de nervios,

puede que sea mejor que lo dejara usted por ahora.

Para darle un descanso a las meninges, ya sabe.

-¿Quieres dejarme en paz?

-No me ha contado usted nada.

¿Cómo sigue nuestro antiguo párroco?

-¡Yo qué sé cómo sigue!

Mejor, está mejor.

Fíjate cómo estaré, que no sabía ni de quién me estabas hablando.

Es que lo de la Orczy me tiene a mal traer.

(Se abre una puerta)

-¿Malas noticias, doña Susana?

-A la faena, metomentodo. Solo faltaba

que tuviera que compartir contigo mi correspondencia personal.

-Hala, esa tubería ya no va a volver a gotear,

hasta que los nietos de mis nietos hagan la mili.

-Servando, usted no tiene descendencia.

-Bueno, pero ¿nos entendemos o no?

Vamos, ha sido un trabajo de lujo, aunque esté mal que yo lo diga,

que ni un fontanero, y todo a base de estropajo y muñequilla,

pumba, pumba. -Muchas gracias, Servando.

-Me las merezco. Hala, con Dios.

-Espere un momento, Servando. -Eh.

-¿Usted no conocerá a alguien que,...

que me pueda... prestar dinero?

-No lo sé, hombre, también depende. ¿De qué cantidad estamos hablando?

-Unas perras.

-Ya, pero unas perras...

Claro, para cada necesidad hay una posibilidad.

Vamos, que hay muchos tipos y calañas de prestamistas,

y depende de lo que uno, bueno, en este caso una, vaya a pedirle,

tendrá que dirigirse a... -120 pesetas.

-Rediez, ¿120 pesetas? Eso son 480 reales.

-Sí, lo sé, Servando.

¿Conoce usted a alguien que me pueda prestar esa cantidad?

-No lo sé, ¿"pa" qué quiere usted tanto parné?

-Por un asunto sobrevenido, un contratiempo.

-Ya, ya, pues ahora mismo, ahora mismo no se me ocurre, claro,

y sin garantías,

porque usted no tiene garantías, es que no se me ocurre a quién acudir.

-Pues piense, Servando, alguien habrá.

-No sé, pues como no se lo comente usted a sus compañeras del altillo

y entre todas vayan poniendo un... -No.

No quiero que ellas se sacrifiquen por mí.

-Pero lo harían de corazón, bien lo sabe usted.

-Ya. Ya lo sé, pero no quiero

que las chicas pasen estrecheces. -Ya, pero si es una necesidad.

-Es que igual usted se ha hecho una idea equivocada.

Necesitar no lo necesito.

Lo quiero...

Lo quiero para comprar ropa nueva para mi hijo, porque...

para aspirar a un mejor trabajo,

también hay que mejorar la apariencia.

-Ah, en eso "tie" razón, pero es que 120 pesetas ya es...

-Olvídelo,

que si no puede ser hoy, ya lo haré cuando esté más boyante.

-No, mujer, no, no se desanime usted.

Además, al muchacho le vendría muy bien

cambiar de aspecto y le animaría,

que últimamente le veo un poco tristón, sí.

-¿Por qué dice usted eso? -No sé,

el otro día e vi como "humillao" y cariacontecido,

mientras hablaba con un hombre en el callejón, y...

-¿Quién era ese hombre? -¿Cómo quiere usted

que yo lo sepa? No sé, era un tipo así

con buena planta, bueno, no tanto como yo, claro está,

pero el tipo bien, así vestido, con planta, con muchas ínfulas,

ya me entiende usted.

A Raúl le veía que estaba como "ilusionao" con él,

pero no sabrá usted de quién se trata, ¿verdad?

-Ni idea, pero ya me enteraré.

Una madre debe siempre interesarse por las amistades de su hijo.

-En eso tiene más razón que un templo,

ahí, señora, sí. Bueno, que yo marcho.

¿De verdad no quiere que le diga a las compañeras lo del monís?

-Que no.

Que ya me las apañaré. -Con Dios.

-Con Dios.

Carmen.

Carmen.

Señor.

Te has quedado en Babia. ¿Han arreglado ya la tubería?

Sí, ya no se escapa ni una gota, y perdón por no atender a la primera,

es que...

Estaba pensando qué hacer de comer.

Descuida, ¿quién no se queda en Babia alguna vez?

(SUSPIRA)

(SE SORPRENDE)

(Llaman a la puerta)

-¡Casilda, la puerta! ¿Es que no la has oído?

-Que sí, que la he oído, señora, que acaban de llamar y yo no vuelo.

-¿Siempre tienes que tener la última palabra? De verdad...

-Dile a la chica que nos deje a solas.

-Señora, doña Susana.

-Ya la estoy viendo.

Se presenta a la gente antes de que entre.

-Échele un galgo a la sastra.

-Déjanos, va.

-Ya que estoy de más, quería pedirle permiso "pa" subir al altillo,

que me he "dejao" allí unos moqueros que tengo que planchar.

-¡Que es urgente, Rosina! -Ve a planchar pañuelos

hasta nueva orden. ¡Ya!

Y no digas "moqueros".

-Ha llegado el fin,

Rosina, el esperado apocalipsis.

-De verdad, qué agorera, Susana, ¿qué fin?

-Don Venancio.

Me ha mandado una carta, quiere que nos reunamos con él.

-¿Para qué? -¿Tú qué crees?

No lo pone, pero que yo sepa, solo tenemos un asunto pendiente.

-No vayas. -Sí, como para que se presente

en la sastrería con bota y merienda por si le hago esperar,

no, ni lo sueñes. No pienso seguir jugando al ratón y al gato,

vamos a verle y sanseacabó.

Y que sea lo que Dios quiera. -¿Vamos?

-Vamos, sí, tú y yo, las dos.

¿O es que no fuimos las dos las que dejamos allí al pobre muchacho

en cueros y sin hálito?

-Buen festín.

-Lo que nos ha encargado el señor Alday para su recepción.

-Que no ha reparado en gastos. -Ya, ya veo, ya.

-Lo mejor de lo mejor. -Pensaba que iba a ser un convite

solo para amigos y conocidos.

y por muy bueno que sea su trabajo,

la señorita Lucía no deja de ser una principiante.

-Pues eso dígaselo usted al señor Alday.

Por cómo habla, se diría que va a ser un acontecimiento mundial.

-Mundial no lo sé, pero nacional, seguro.

Tengo entendido que va a acudir lo más granado de nuestra sociedad.

-Todo aquel que sea algo en cualquier sector:

empresarios, políticos, nobleza y, sobre todo,

afamados expertos en artes plásticas.

-Va a venir hasta el profesor Pérez Santamaría.

-¿Y ese quién es? -Una eminencia

en nuestras Bellas Artes. Es especialista en pintura del XVII.

Su palabra es la Biblia en ese mundillo.

-Pues va a venir. -Me parece una exageración.

Tanto esfuerzo y tanto gasto se deberá,... bueno,

a parte de para dar a conocer a Lucía, supongo que don Samuel

querrá obtener algún tipo de rédito social, o incluso económico.

-Mire que es usted malpensado, Liberto.

-No me parece mal traído ese comentario, Flora.

Samuel necesita un espaldarazo para volver a figurar en los salones

y quizá utilice a la señorita Alvarado como trampolín.

-Sí, la sociedad, el mundo en el que había vivido,

le dio la espalda tras el fiasco de las Galerías.

No sería un mal punto para auparse de nuevo.

-¿Y si fuese así qué? No tiene nada de malo que se apoye en Lucía.

Además, al fin y a la postre no hacen mala cuadrilla los dos.

Sigan hablando, por favor.

Me sabría muy mal haber interrumpido su conversación.

Un café, si es posible.

-No interrumpe usted nada, padre. Estábamos hablando

del entusiasmo con el que Samuel Alday está dando a conocer

el trabajo de la señorita Lucía Alvarado.

-Entusiasmo y parné,

que esto no se paga con el sueldo de un pocero.

-Esta tarde va a dar una recepción, supongo que estará usted invitado.

Llegue a donde llegue la muchacha,

la primera restauración la hizo para usted.

Allí estaré, no le quepa duda.

-Y va el tolili del juez y le dice:

"Antes de 'na' queremos apuntar la falta de originalidad

que han 'mostrao' los concursantes".

"Todos los postres llevaban membrillo".

-Seguro que ese "estirao" se habría "chupao" los dátiles

con mi tarta de higos.

-Sí, higos, como si no estuviera estreñido ya, el andoba.

Si nada más hay que verle la cara y el porte que tiene.

¿Por qué creéis que no le gustan los membrillos?

Porque lo taponan.

-Pues entonces, ¿sabe usted?, le hubiera puesto yo ricino

"pa" que se hubiera ido por la pata abajo.

-El hombre estaba en su lugar, si no le gusta el membrillo...

-Que lo hubiera dicho. -Déjese usted de dimes y diretes.

¿Es que no ha "salío" ya bastante "escaldá" con lo del soplo?

-Sí, hasta la coronilla,

que entre todas deberíamos coger al Servando y quitarle el tapón

que debe tener en los oídos.

-Si fuimos tan mentecatas de creernos un soplo del Servando,

en nuestro "pecao" está la penitencia.

-Pues ahí tienes razón, Lola, de "na" sirve

ya lamentarse.

Aquí lo importante es saber cuál de nuestros postres hubiera "ganao"

si el "jurao" no le hubiera "tenío" tirria al membrillo.

-El nuestro, claro, pero es que de eso no hay ni qué hablar.

Un postre tradicional hecho con el cariño de una abuela.

Sin duda, Agustina y yo hubiéramos "ganao" el concurso

sin despeinarnos.

-Usted sueña.

La Flora y yo nos hubiéramos "llevao" el premio de calle.

-¿Qué dices? De eso "na".

"Pa" empezar, el postre de la "señá" Fabiana y la "señá" Agustina

era de los años de Maricastaña, ¿y el vuestro?

El vuestro estaba más visto que los refajos en el circo, Lola.

Ahí, quienes tenían "toas" las papeletas "pa" ganar

eran la "señá" Trini y servidora.

Nuestra repostería, lo último de lo último.

-Seguís erre que erre dando vueltas a lo mismo, ¿eh?

Es que evolucionáis menos que el Cesáreo, que nació ya con el chuzo.

-Cállese, que no sé cómo me contengo, ¿eh?

Deberíamos arrancarle las orejas de cuajo.

-Y "pué" que "entoavía" lo hagamos. -De verdad,

mira que sois rencorosas, ¿eh?

Por un gato que maté que me llamen matagatos.

-Por no llamarle acémila. -Esperen un momento, todas sabemos

que el Servando es un majadero,

pero también tenemos que reconocer que es un catador de primera.

-Pues sí,

él había "probao" "tos" nuestros postres.

-¿No estaréis pensando en que haga de juez este pinchaúvas?

-¿Cuál de nuestros platos le gustó más a su señoría?

-Mujer, me pone usted en un brete.

-Servando, ¿usted no se moja ni aunque lo tiren a un río?

-A ver, es que todos tenían su aquel.

Que sí, que sí, que sí, que lo estoy captando, ya lo capto, lo...

A ver, los tres postres eran...

una delicia para el paladar

y llenaban,

"joer" si llenaban,

pero es que no me encuentro con la suficiente autoridad

como para decretar una pareja ganadora,

no sé, es que... debería probarlos de nuevo.

-Solo nos faltaba volver a los fogones

para contentar a este tragaldabas.

-En justa ley sería.

Además, así se quitan la espinita esa que llevan ustedes,

haciendo un concurso nuevo.

-Sin favoritismos ni soplos,

un concurso solo para la gente del altillo, sin trampa ni cartón.

-Bueno, pero antes tendremos que encontrar a un "jurao"

que le guste "toa" la fruta.

-Que yo cumplo el requisito, a mí me gustan las frutas

hasta de sartén.

-(LAS TRES) Ni lo sueñes, matagatos.

-¿Le puedo ayudar en algo, caballero?

Estoy a su disposición, soy el sereno del barrio.

-Viéndolo con el chuzo, jamás lo hubiera adivinado.

-¿Se puede saber qué busca por aquí?

Le advierto que soy la autoridad y me debe un respeto.

-Yo no le debo nada a nadie, mi respeto lo tiene.

Y aquí he venido a refrigerarme un poco, llevo toda la mañana caminando

y necesitaba un refrigerio.

-Un refrigerio un poco largo,

lleva usted aquí durante toda mi ronda.

-¿Acaso tengo pinta de maleante?

Continúe su ronda o como le llamen, no seré yo quien le dé problemas,

y muchas gracias por su interés.

Ojalá, ojalá todos los barrios tuvieran un sereno como usted

de cumplidor. -A las buenas, caballero.

-A las buenas, sereno.

¡Eh, eh, jornalero! Aquí me tienes esperándote.

-¿Me esperaba usted? -Sí.

Sí, sí, hijo mío, sí. Sí.

Y no quería dejar pasar la mañana sin decirte

que quien hace trabajos de esclavo, acaba siendo un esclavo.

Y me duele, me duele que alguien arrastre nuestro apellido

por los suelos. -¿Se cree que no lo sé?

Bastante vergüenza me da a mí ya sin que usted me lo recuerde.

-Eh, eh, eh, eh, no he querido ofenderte, no te enfades, no,

quería decirte que cada uno se forja su propio destino.

-Eso será cuando uno puede elegir destino.

En mi caso, y gracias a lo que he tenido que pasar,

no me queda ni elección. -Hijo mío, hijo mío,

tienes que pensar una cosa,

si quieres cambiar tu destino,

es muy importante la apariencia, la labia,

el saber estar, el talante.

-Difícil aparentar cuando uno no tiene un chavo.

-Ya, pues eso...

vamos a ponerle solución.

-¿De verdad? -Sí, para ti, para ti, sí.

Todo hombre que se precie debe tener uno de estos.

-Eso significa que ya ha empezado con el negocio.

-Sí, sí, el negocio

marcha viento en popa, sí. El empresario de postín y yo,

mi socio, ya está a punto de conseguir los permisos

para la exportación. -¿Exportación?

Creí que me había dicho usted que iba a importar las mercaderías

de las colonias. -Exportación, importación...

No hay que tener el dinero parado.

Dinero parado, dinero perdido.

Sí, sí, pero mi socio y yo ya lo tenemos todo bien atado,

atado y bien atado,

y estoy hablando de millones, hijo.

Seguro que un día oyes hablar de nosotros.

-Y me alegraré, ya lo creo.

Mentiría si dijera que no le admiro a usted.

-Hijo, recuerda,...

talante,...

labia,...

apariencia,...

tener los ojos y los oídos bien abiertos también es muy importante.

Por ejemplo, este barrio abunda en oportunidades, ¿no?

De relacionarse, digo. -Desde luego,

hay gente aquí muy poderosa, y con mucho dinero.

Algunos de ellos también empresarios como usted.

-Como el amo de tu madre, el señor Alday.

Me han dicho que su familia es una de las más ricas de la ciudad

y que está a punto de ser heredero de una gran fortuna.

-No es oro todo lo que reluce. -¿No?

-Al parecer, el hombre, Alday de apellido,

perdió toda su fortuna

en un mal trance. Su padre era un joyero muy reputado.

Hasta en palacio llevan sus joyas. -Eso es picar muy alto.

Te veo bien informado, hijo, aprendes rápido, ¿eh?

-Ojos y oídos abiertos, ¿eh? -Aprendes muy rápido.

Algo le quedará, ¿no? El que tuvo, retuvo, el señor Alday.

Además, no se puede quejar, vive en una de las fincas

más importantes de la ciudad.

-Eso sí, todos los vecinos tienen el riñón bien cubierto.

-Ah. ¿Ah, sí?

-Por ejemplo,

está don Felipe Álvarez-Hermoso,

es uno de los abogados más requeridos.

-¿De veras? -Y don Ramón Palacios,

empresario como usted. -A saber.

-Distribuye máquinas de café, estoy seguro que usted ha probado alguno

hecho por sus aparatos. Y agárrese,

tiene participación en un yacimiento de oro.

-Gente importante e inteligente, es bueno que te muevas entre ellos,

con ellos. Recuerda,...

-Apariencia, talante y relaciones. -Y un poquito de labia, hijo,

un poquito de labia, y honradez, hijo mío, honradez.

La honradez es fundamental, la honestidad, fundamental

para los negocios, hijo.

Arrea, señorita, yo no sé si los "invitaos" van a mirar el cuadro

teniéndola a usted a su vera.

Quizá fuera mejor. Me arredra un poco que tantas personas de calidad

vengan a juzgar mi trabajo.

Uy, ¿quién dijo miedo?

Van a comer de su mano, fíjese lo que le digo.

¿Usted no apañó ya la virgencita esa a gusto de "tos"?

Pues lo mismo, claro. Qué requeteguapa que está.

-Por una vez, Lolita no exagera.

Déjame, Lolita, que ya la ayudo yo. -Ya saben "ande" encontrarme.

-Gracias.

Antes he estado hablando con Alicia, una conversación muy entretenida.

¿Y le ha dicho si va a ir a casa de Samuel?

Pues no, pero tampoco me hagas mucho caso,

hemos estado hablando de tantas cosas.

Parece que no le gustan mucho las reuniones sociales.

Es una chica sencilla.

De todos modos, ¿no te parece un poco exagerada?

Que no le interesen las reuniones de parloteo lo entiendo,

pero que tampoco le interesen las que tienen un motivo artístico...

Bueno, cada uno es como es y debemos respetarla.

Claro.

Así lo hago. Si no lo digo con reproche,

es solo que me extraña.

Si te soy sincera, hasta he llegado a pensar

que no es tan experta en arte.

De otro modo, le interesaría la obra de Pereda.

Creo que está viendo usted fantasmas donde no los hay.

Puede ser, no te digo que no,

pero hubo otro detalle.

Me dio la impresión que ni siquiera conocía a Pereda.

Claro que lo conoce, ¿cómo no lo va a conocer?

Y prima,

vamos a dejar de hablar ya del maestro Pereda.

No me lo recuerde más, que ya estoy lo suficientemente nerviosa.

Perdona. Qué boba soy.

Cuando mostremos el cuadro

y todo el mundo lo observe, no sé, me voy a sentir como desnuda,

he puesto mucho de mí al restaurarlo.

Por eso no te preocupes que desnuda no te vas a sentir.

Yo no lo permitiría.

Qué bien te queda el vestido. Gracias.

-Por el momento, dejaremos algunas de las bandejas en la cocina,

las sacaremos a demanda. Fijaos bien en las copas,

que no tengan mácula. Si hay que fregar,

no lo dudéis. Señores,

a trabajar.

¿Cómo va todo, Íñigo?

Dígame si está a su gusto, don Samuel.

Todo perfecto, diría yo. Si necesitara cualquier cosa,

no tiene usted más que pedírmelo. Muchas gracias.

Espero no tener que molestar.

Nada me disgustaría más que ensombrecer el trabajo de Lucía.

Tengo que bajar a La Deliciosa,

falta la repostería, que corre a cuenta de la casa.

Es nuestro homenaje para la señorita Alvarado.

Muchas gracias, Íñigo.

Los Álvarez-Hermoso me andan rondando, sospechan de mí.

No se han tragado mi historia. ¿En qué basas tus acusaciones?

Me hacen el alicate entre los dos,

me preguntan continuamente, tratan de que me contradiga.

Quieren pillarme. ¿Desde cuándo?

Preguntas sueltas desde hace unos días,

pero esta mañana, don Felipe ha insistido,

creo que lo tenía todo preparado para cazarme.

No, no puedo tener a Celia y a Felipe en mi contra,

nos estás poniendo en un brete.

Tienes que marcharte, no deberías haber vuelto.

Fue Lucía quien me buscó y me lo pidió.

Eso me da igual. No le puede dar igual,

porque significa que Lucía no confía en usted tanto como usted cree.

No te metas donde no te importa.

Cuando todos estén contemplando el cuadro, tú recoges tus cosas

y te marchas para siempre.

Si vuelvo a verte por aquí, no seré tan amable.

-Don Venancio.

-¿Don Venancio? ¿Está usted por ahí?

Ya, ya hemos cumplido, hala, para casa.

-Es un informal, me cita por escrito y ni siquiera aparece.

-Nadie podrá decir que no lo hemos intentado.

-Pues a casita tan ricamente.

(GRITAN)

(Llaman a la puerta)

-¿Le pasa a usted algo?

¿Y ese dinero?

-Nada, hijo, del señor, me lo dio hoy para,...

para los gastos de la semana. -¿Me está usted diciendo la verdad?

-¿Por qué habría de mentirte?

-Mire, madre, puede que a veces me comporte como una criatura,

pero no soy lelo.

Si tiene usted problemas de dinero, ya sabe que padre

me dio un buen billete para que me lo gastara en usted.

-Cómprate tú lo que quieras. -Gracias.

Son ustedes muy generosos, los dos, eso puedo decirlo muy alto.

También padre hoy me ha hecho un regalo.

Mire.

-Es muy bonito.

¿Cuándo has visto a tu padre?

-Esta mañana, cuando me encaminaba al mercado.

-¿Y qué te ha dicho?

-Hemos estado hablando un montón, de esto, de aquello.

¿Sabe usted que está a punto de empezar con un gran negocio?

-Sí, hijo, ya me dijiste.

-Su socio es un gran empresario

y lo tienen todo más que pensado. Solo esperan unos permisos

de aduanas o algo así para lanzarse. Ganará dinero, mucho.

-No creas todo lo que te dice tu padre,

que siempre fue muy optimista.

-No. Ha salido de prisión dispuesto a comerse el mundo.

-No digo que no, pero...

suele exhibir aires de grandeza, hijo.

-¿Por qué no le cree? Es usted un poco rencorosa, ¿no?

-¿Rencorosa?

Abre los ojos.

Tu padre nunca tuvo las ganas ni la paciencia para dedicarse

a una actividad honrada, hijo.

-Lo que no ha tenido son las ganas y la paciencia de dedicarse

a un oficio de pobres y perdedores. Y le alabo el gusto.

Si hay que dejarse los riñones cada día, el trabajo no merece la pena.

-No te dejes engañar, tú no.

Siempre ha vivido de los demás, de los que tiene a su alrededor.

Vivió de mí, se gastó el dinero en naipes.

-Si alguna vez lo fue, ya no es así. Ahora regala su dinero, a usted,

a mí, ¿o es que no lo ve?

-Lo veo, claro que lo veo,

veo que quiere camelarte, veo que trata de hacerse pasar

por lo que no es.

Mira,...

voy a contarte algo, la verdad,

así sabrás de una vez por todas...

-"Y ni se te ocurra malmeter con mi hijo en contra mía".

"Si me entero que le explicas pamplinas, te arrepentirás".

-¿Qué iba a decir usted, madre? Se ha quedado pasmada.

-Nada, hijo, que...

que no creas a tu padre como si fuera un oráculo,

que no te dejes embaucar por regalos ni por dinero.

-Usted no le soporta, porque él no se resigna a quedarse abajo,

él quiere triunfar, vivir la vida, no como usted.

-Es un engorro dar clase con el brazo como lo tengo.

No puedo corregir los trazos de los alumnos como siempre lo he hecho.

-Sí, sí, sí, es de lamentar, ¿verdad, Susana?

-Sí, debe ser un tormento, pero descuide que a nosotras

no nos va a tener que corregir más. -Siéntense.

Las he hecho venir precisamente por mi impedimento.

-Pero...

ni que fuésemos médicos, ¿verdad, Susana?

-No, soy yo el que va a ayudarlas a ustedes.

O a intentarlo, al menos.

-Pero es que no necesitamos ayuda. -Ninguna.

-No ha sido un accidente, ¿eh? Ojalá.

El brazo me lo han partido los Escalona,

la familia de Alexis, del finado Alexis.

-Madre mía, Alexis sería modelo, pero su familia, de modélica poco.

-Tenían ustedes que ver la paliza que me han arreado.

Pensé que no terminaban nunca.

-Bueno, pero terminaron, a la vista está.

No veo nada que nosotras podamos hacer.

-Las están buscando.

-A nosotras, ¿para qué?

-Ay.

-Hasta ahora no han conseguido que me vaya de la lengua,

pero no dejan de preguntarme por las alumnas que estaban con su familiar

cuando falleció.

Esa es la razón por la que he estado yendo a Acacias estos días,

mira que son ustedes difíciles de ver.

Trataba de advertirlas.

Todo está resultando ser un éxito.

Me siento muy orgulloso de usted, Lucía.

Excelente trabajo. Tiene usted un gran talento.

Enhorabuena, señorita.

Lucía, le presento al profesor Pérez Santamaría.

Encantado. Encantada.

-¿Se puede saber dónde está tu madre?

-Átale un hilo a la pata a mi madre. -No te lo tomes tan a la ligera,

sabía perfectamente que servirían canapés y champán.

Tiene que haber una causa de fuerza mayor

para su ausencia.

Tendrían que haber escuchado al profesor,

no ha escatimado en elogios. -Nos alegramos mucho, Lucía,

es un gran acontecimiento.

Perdonen, tengo que saludar a un conde o un duque, algo así,

que me ha dicho Samuel.

Es verdad que me alegro por ella,

pero me duele que nos esté mintiendo a sabiendas.

-(RÍEN)

-Lo que yo le diga, Lucía, de aquí a la fama hay un paso muy corto,

y usted, don Samuel, no se va a quedar atrás, ¿eh?

En pocos días estarán en boca de toda la ciudad.

-Una maravilla de cuadro, y un portento de restauración.

-Sí. Lo que le decía a Ramón, al mismísimo Pereda

se le estaría cayendo la baba de ver cómo ha devuelto la luz al cuadro.

Vamos, digo yo que así debería lucir en... ¿Cuántos años dices que tiene?

Ah, tres siglos, del XVII. -Eso.

Me alegro mucho de que les haya gustado.

Discúlpenme un momento.

Márchese de aquí inmediatamente.

No me obligue a montar un espectáculo

y, no dudaré en hacerlo si no desaparece.

Hay formas más civilizadas de expulsar a los no invitados.

No juegue conmigo. Créame, estoy a punto de estallar.

Pídamelo por favor.

Váyase, por favor.

¿Ve cómo no era tan difícil?

-Fabiana, no se dé prisa, que Antoñito aún no se ha "despertao".

-Pues me va a tocar prepararlo dos veces, porque don Ramón ya espera.

-Uh.

¿Ha "preparao" un bizcocho?

-Ningunas ganas tengo de preparar "na" dulce desde el concurso.

Es un bizcocho de La Deliciosa.

-Uh, entonces ¿no se va a presentar al nuevo concurso?

-No me creo ni que se haga, al final, "to" quedará en "na".

-Que sí, Fabiana,

con las mismas parejas y "pa" decidir la pareja ganadora acaciera.

-Los Escalona piensan que no se atendió a Alexis.

-Ay, Dio mío. -Pues que vengan aquí los Escalona

y les explicamos lo que sucedió.

-Me temo que el carácter de los Escalona es más sanguíneo

que tranquilo. Antes de que dijeran

nada, les pondrían la cara como un mapa de carreteras.

-¡No, la cara no! -Así que,

les sugiero, les suplico, que tomen precauciones.

Samuel, yo también debería irme, es tarde y,

como ha dicho usted, ha sido un día muy largo.

Aguarde un instante, hay algo que quisiera decirle.

-"Si tocas a Raúl," te vas a arrepentir, te lo juro.

-¿En algo aprecias tu vida?

¿Vas a volver a amenazarme? "Por el momento,"

tengo pensado salir de la ciudad para conseguir otras piezas,

tan solo será un día o dos.

Por ese motivo, he decidido darle esto.

Es la llave de mi piso,

así podrá entrar y salir a su antojo para usar el taller.

Mi casa es su casa. Por favor, no dude en usar las llaves.

Gracias, es usted muy amable. "Don Samuel ha pedido un carruaje"

para salir de la ciudad.

Sé que al menos va a estar un día fuera.

Debo entonces pedirle algo más.

Puede ser mi oportunidad.

-¿Para qué me has llamado? -Hoy es mi día libre.

-¿Y?

-He pensado que tal vez le podía acompañar

a la reunión que tiene con ese empresario.

-Me parece muy buena idea.

-Pues marchemos. -"Parece ser"

que tu amiga se ha marchado. Pero ¿cuándo?

No lo sé.

O anoche o esta mañana. -"He tenido un encontronazo"

con Samuel Alday y me ha amenazado,

me ha ordenado alejarme de Acacias.

Hay mundo suficiente fuera de este barrio para desplegar tu maldad.

A lo mejor te interesa saber que estoy pensando en decir la verdad,

en contarle a Lucía que lo que dije de ti es falso.

Alicia, te conozco. ¿Qué quieres a cambio?

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  • Capítulo 886

Acacias 38 - Capítulo 886

09 nov 2018

Samuel y Lucía organizan la presentación de las obras restauradas. Telmo se entera y decide ir a pesar de que nadie le ha invitado. Felipe, contagiado de las dudas de Celia, demuestra que Alicia miente, y la muchacha se lo dice a Samuel, que le ordena que se marche para siempre de Acacias.

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  1. Felipe

    Suben los videos a internet cuando les place y no respetan a los que esperamos

    12 nov 2018
  2. Marilu

    En esta serie como si hicieran falta mas de los ya existentes, siguen llegando seres un tanto despreciables, los últimos arribados, por ej. Raulito y el marido de Carmen, que por cierto, tan firme y valiente para algunas cosas y no es capaz de " defenderse " del sátrapa del marido, muy flojita en eso.- Yo creo que lo del brazo del maestro es verdad, recordemos que luego de la " guardia" que se mandó en la chocolateria, desapareció y tanto Susana como Rosina se extrañaron por ello pero al mismo tiempo " suspiraron " aliviadas y luego Susana recibe una carta del profesor citándolas.; en fin, como en esta serie nos tienen " acostumbrados " a cosas sin mucho sentido, y como dice Mabi, veremos, veremos

    12 nov 2018
  3. Mabi

    Pobre Carmen...que castigo tiene pobre mujer con su hijo y su marido... No se por qué no le dijo al " nene" como la está extorsionando y así avivate un poquito, ya que con toda la información que le sacó sobre lo adinerado que son los vecinos, lo va a llevar por mal camino, y ya se demostró que sin ningún empacho, puesto a sacar unas " perras" de donde sea, se hizo con la porcelana de Alday... O va y lo denuncia a riesgo de que no le crean por ser criada, o la mata el zángano, o le pide el dinero a Lucía, que por otro lado le debería el favor por las atenciones que tuvo para con ella en sus días de saber quién era, o Ursula que, aunque beata ahora, sabrá como ayudarla. En cuanto a Don Benancio, lo de su brazo es el cuento del tío, ya que si se fijaron bien NUNCA tuvo el brazo en cabestrillo los días que anduvo por la sastrería y en la deliciosa buscando a Susana y Rosina, para mi ver las quiere escarmentar por su falta de solidaridad para con Alexis.... Veremos, veremos....

    11 nov 2018
  4. Paky

    Sigo todas las tardes esta serie, que me parece muy entretenida, aunque a veces me resulta muy violenta porque siempre ponen a alguien con mucha maldad y en la hora que se emite la ven muchos niños (los mios por ejemplo). Tampoco me gusta que a algunas personas todo le sea negativo, como a Samuel, que comenzo siendo un buen chico y al que todo le sale mal hasta convertirle en alguien malo. Parece que todo se esta tejiendo para que Lucia acabe con el párroco (que por cierto, no me gusta nada).

    09 nov 2018