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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 884 - ver ahora
Transcripción completa

Samuel, es increíble,

aquí hay todo lo necesario para restaurar obras de arte.

Quería que tuviera su propio taller.

Me ha hecho muy feliz con este regalo, Samuel.

-"No te atrevas" a hacerle daño a mi hijo.

-Pero ¿por quién me has tomado, eh? También es hijo mío.

Tú ten mucho cuidado en volver a traicionarnos,

porque Raúl no te lo va a perdonar.

Ese chico a mí me adora...

y a ti no te tiene en muy alta estima.

Así que vete con mucho cuidado.

¿Podemos pasar más tiempo juntas?

Estoy segura de que sí.

Primero debo pedirle permiso a mi prima.

No quiero ser una carga para ustedes.

No, no lo va a ser.

Quizás, en un altercado nocturno,

acabarías recibiendo cuatro puñaladas

en el vientre. No, no, no, Dios no lo quiera.

Mantén la boca cerrada y no tendrás

nada de lo que preocuparte. Te lo garantizo.

Estaré más callado que el cadáver de un mudo.

-Ese hombre tiene más paciencia que el santo Job.

¿No piensa irse nunca?

-Tú le distraes y mientras yo hago mutis por la puerta de atrás,

que yo ya no puedo más con esta situación.

Y ni media palabra de esto a nadie, ¿eh?

-"No termino de creerme"

nada de lo que ha dicho mi madre. -Pues yo no sé qué pensar, Leonor.

Pero mi Rosina es capaz de cualquier cosa.

-"Puede estar tranquilo,"

yo nunca diré nada.

Estoy de su lado y voy a vivir aquí,

¿qué más puede pedir? "Ha de echarle valor".

No me pida lo que no tengo.

Yo de héroe no tengo nada, ya se lo dije.

Allá usted con su conciencia...

o la falta de ella. "Vaya,"

va a tener que perdonarme, he olvidado la billetera.

Tengo que regresar a casa si quiero convidarla.

¿Le acompaño? No, regreso en un segundo.

Padre, ¿qué hace usted aquí?

Iba a su casa.

Hay cosas que tenemos que aclarar, Lucía.

No tengo nada que hablar con usted. Tiene que escucharme.

Ha de saber todo lo relacionado con la muerte del cochero

y lo que pasó entre Alicia y yo.

Déjeme ir, no quiero que siga asediándome.

Solo le pido que me escuche un momento

y luego la dejaré marchar.

Debe conocer la verdad,

darse cuenta que tras la muerte del cochero

está Samuel. Eso es un disparate, padre.

El conductor era la única persona que sabía lo que pasó

en aquella ermita. Y estaba dispuesto a contármelo,

por eso lo ha matado.

No quiero seguir escuchándole.

Samuel es una gran persona y le prohíbo tajantemente

que manche su nombre con acusaciones tan horribles.

Debe creerme,

ese hombre es un peligro para usted.

Tiene que alejarse de él. Padre, deje de calumniarle.

¿No se da cuenta que ya ha hecho bastante daño?

No se atreva a tocarme. ¿Qué está ocurriendo aquí?

Simplemente trataba de hablar con la señorita Lucía.

Lucía, regrese a casa, yo me encargo del párroco.

Le prohíbo que vuelva a acercarse a Lucía.

Usted no es quién para darme órdenes

y mucho menos para prohibirme nada.

Es hora de que escuche

que usted es un maldito embaucador y un ser deleznable.

¿Qué, es que no va a hacer nada?

Venga, reaccione, sea valiente y defiéndase.

¿De verdad es tan cobarde?

¿De verdad no va a hacer nada?

No.

¿Qué?

Ya me ha escuchado. No.

No voy a hacer nada. ¿Tan cobarde es?

Diga usted lo que quiera de mí, pero no voy a golpearle.

No somos animales.

Golpéeme tantas veces que quiera,

yo seguiré poniendo la otra mejilla.

Es un cobarde afeminado.

Como usted diga,

pero creo que golpearme es lo mejor que puede hacer.

Golpearme hasta la muerte.

Porque solo si me mata,

conseguirá usted apartarme de Lucía.

Haré lo que sea, ¿me oye?,

todo lo que esté en mi mano para que Lucía Alvarado abra los ojos

y vea lo que es usted realmente.

¿Lo que soy?

El demonio.

(Sintonía de "Acacias 38")

Hable de una vez, mujer.

¿No ve que si echa "pa" fuera lo que tiene se va a sentir mejor,

sea lo que sea que le atormente? -No puedo.

-Anda la bicha, ¿y eso por qué? -Porque no.

-"Señá" Carmen, ¿es que usted no confía en nosotras?

-Que no es eso. -¿Cómo que no, Carmen?

¿Qué "tie" usted por dentro que la hace estar con esa cara

de uva pocha?

-"Señá" Carmen, usted conoce a la "señá" Fabiana

y sabe que no va a parar hasta sacar

qué es lo que le aflige a usted.

-Está bien.

Lo contaré.

-"Ya te dije que tarde" o temprano daría contigo.

-Déjame. -No.

Me ha costado mucho encontrarte.

¿Acaso no te alegras de mi visita? -¿Cómo has salido de la cárcel?

-No hay penal lo suficientemente seguro como para tenerme encerrado.

-Acabarán atrapándote. -Quizá sí,

pero eso será después de que pagues

por tu traición.

-Carmen.

Carmen, me está empezando usted a preocupar, ¿eh?

Hable, se lo ruego.

-Nada, que solo es cansancio, Fabiana, que...

-No,

eso es algo más que cansancio. ¿Quiere usted

que llame a un médico? -No.

-Pues sí que tiene que ser algo de enjundia, sí, tiene usted cara

de haber visto un ánima.

-De verdad que...

es solo fatiga, nada que no se pase con un poco de descanso.

Siento mucho haberles hablado mal.

Mejor me voy a cerrar un poco los ojos.

-"Pobrecica" mía.

"Ende" luego que hay días que a una le duele

hasta el alma.

Bueno, "señá" Fabiana, lo que le estaba contando,

que "tie" usted que ver el carácter que tiene doña Trini.

Yo no sé si nos vamos a poder entender "pa" concursar

en el concurso de postres de la editorial Nolaste.

Ay. Y usted y la "señá" Agustina,

¿ya han "pensao" en lo que van a hacer?

"Señá" Fabiana.

-¿Qué, hija, qué, qué? Dime, ¿qué? -El concurso de postres.

-Pues ahí anda.

-Venga, mi amor, un besito chiquitín, uno pequeñito.

-Ay, no, no, hombre, ahora no. Ahora no.

-¿Ahora no, cariño, por qué ahora no?

-Porque se acerca la hora de la cena y Casilda estará al llegar.

-Es muy pronto. Casilda ya está acostumbrada a vernos acaramelados.

-Pues por eso, ¿hace falta ser tan cruel?

¿No recuerdas que la pobre perdió a su esposo?

-Hace mucho ya de eso, Rosina, ya lo tiene olvidado.

-Bueno, eso y que no quiero que Casilda vaya pegando la hebra

por ahí sobre lo que hacemos. -Casilda no es así,

lo sabes,

pero está bien, no te preocupes, no pasa nada, si ese es tu problema,

iremos a la habitación, allí estaremos tranquilos.

-Te he dicho que no, Liberto.

-¿Se puede saber qué es lo que te pasa?

Rosina, estás muy rara.

-No, no estoy rara, es que tengo hambre y prefiero comer a encamarme,

¿no puedo tener hambre? -Sí, claro que puedes,

pero me resulta muy extraño.

Con lo poco que has comido últimamente...

¿Te ha venido el apetito de repente? -Pues sí,

el apetito es así, viene y se va, y ahora tengo la tripa pegada

a la espalda.

(Llaman a la puerta)

Voy a ver quién es.

¿Quién llama?

-Soy yo, Susana, abre. Apúrate.

-Susana, pero ¿qué haces aquí? ¿Qué sucede, sucede algo?

-No sabes la tarde que llevo.

Llevo dando esquinazo a don Venancio desde esta mañana.

-Pasa, pasa.

-Me he recorrido medio barrio ocultándome bajo los soportales,

he entrado por la parte de atrás de los Jardines del Príncipe

y he salido por la puerta que da al callejón de Acacias

para llegar hasta aquí sin que ese hombre me viera.

-Ya. Yo lo he visto hoy en La Deliciosa

hablando con Trini y Celia.

-Y ahí se ha quedado sentado todo el santo día.

-Qué persistente, ¿qué quiere? -¿Y yo qué voy a saber?

¿Ha venido a verte a ti también?

-No, pero reconozco que ahora pensaba que era él.

-¿Qué querrá hablar conmigo?

¿Qué pretende? -Pues a saber, desde pretenderte

a decirnos que nuestro modelo humano está frito, ¿quién sabe?

-Ay, Señor.

Llegaría y encontraría a Alexis muerto.

Bueno, lo encontraría...

y nosotras, esfumadas. ¿Qué habrá pensado?

Pero ¿se irá? No va a quedarse sentado en La Deliciosa eternamente,

¿verdad?

¿Qué vais a hacer hoy?

-Me gustaría dar un paseo por el centro.

Quiero comprarle algo a mi hermana. -Muy buena idea.

¿No conoce la ciudad? -No.

-Su marido apenas le deja pasear por el pueblo,

como para venir a la ciudad sola. -Pobre, ni que fuera algo malo.

Llegará el día en que las mujeres podremos salir solas a la calle

y sin necesidad de pedir permiso a nuestros maridos ni padres.

-Lamento contradecirla, pero lo dudo, no mientras los hombres

tengan tanto poder sobre nosotras.

-Parece un poco desencantada.

-Tuve una relación hace muchos años,

una relación que resultó ser decepcionante.

-Lamento oírle decir eso.

-Conocí al hombre más cínico y canalla sobre la faz de la tierra,

un lobo con piel de cordero. -Pues lo siento de veras,

pero que se encontrara con uno,

no significa que se vaya a encontrar con otros. Hay hombres buenos.

Sin ir más lejos, el padre Telmo.

Lo único malo es que es sacerdote,

pero ese hombre es pan de oro.

Se está desviviendo con sus homilías por ese pobre cochero fallecido.

Todo el mundo está conmocionado

por ese fallecimiento y, sin embargo él, a pesar de su juventud,

es capaz de dirigir a su rebaño y darle paz.

Ese hombre tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Si no fuera porque quiero ir a misa a escuchar su homilía,

le acompañaría al centro, pero además he de hacer un envío

de tintes a Francia y tengo mucho lío.

-No se apure, puedo ir yo sola. -Le recomendaré una tienda

que hay en una bocacalle de la plaza mayor, ahí es donde compro yo

las postales para Tano. Tienen unos recuerdos

preciosos de la ciudad. -Le agradezco el dato, me acercaré.

-¿Y no vas a acompañarla, Lucía?

Estás muy callada.

Lo siento, estaba pensando en mis cosas.

¿Y qué cosas son esas que no nos quieres contar?

Estaba pensando en el regalo que me ha hecho Samuel.

Tengo muchas ganas de empezar a trabajar

en ese taller. Alicia, ¿le importa

que no le acompañe en su paseo? Haga lo que le pida el cuerpo.

Además, me gusta pasear sola por la ciudad,

ir descubriendo los rincones. -La entiendo,

a mí a veces también me pasa eso. Marcho a trabajar, luego me cuenta.

Ayer me crucé en el portal con el padre Telmo.

¿De verdad?

Es increíble, ese hombre sigue defendiendo su inocencia.

No me lo puedo creer.

¿Es que no se va a cansar nunca?

¿Acaso nunca va a reconocer las barbaridades que nos ha hecho pasar?

"Ese hombre es el mismísimo demonio".

Esto le calmará el dolor

y le bajará la hinchazón.

¿Quién le ha hecho esto, padre? Dígamelo.

Olvídelo, Úrsula.

No me gusta que se metan con la gente que me ayuda.

Y usted siempre me ha defendido.

Nadie se ha metido conmigo, no se apure.

Me caí bajando del púlpito de la iglesia.

Si esa es la excusa que quiere que crean los vecinos,

no se preocupe, eso diré,...

pero a mí ha de decirme la verdad.

Esa es la verdad.

(CONTENTA) -Mi bizcocho de higos de Cabrahígo

recién salido del horno.

Con esto no va a haber quién nos supere.

-¿Usted lo cree de verdad? -Hombre, ¿quién lo va a hacer mejor?

-La "señá" Agustina y la "señá" Fabiana, por ejemplo,

con su receta tradicional, que seguro que le rechifla al jurado

por ese aire a tradición que "tie". O a lo mejor la Lolita y la Flora,

que seguro que han hecho algo

"mu" moderno que los deja hechos pasta de boniato.

-Casilda, hija, eres la mejor dando ánimos, ¿eh?

-Pero ¿qué es eso que huele tan bien?

-A ti te lo voy a decir.

-No, con probarlo me doy con un canto, que no he desayunado.

-Pero ¿tú qué te crees,

que me chupo el dedo? Eh, quieto ahí "parao", suelta.

-¿Perdón? -Vamos a ver,

que eres el novio de mi competidora,

que no te voy a dejar que pruebes mi bizcocho.

-Muy bien dicho, "señá" Trini, que "aluego" se lo cuenta usted

a la Lola y lo casca "to". -Lo que tengo es hambre,

no malas intenciones.

-Y mucha labia "tie" usted, ¿qué se cree,

que nos la va a dar con queso? Ande, fuera de la cocina, aire.

-La escalera de servicio huele a bizcocho, ¿qué se cuece por aquí?

-Pues aquí nos tiene,

con nuestro postre para la competición.

-Ah, si quieren, lo pruebo y les doy mi opinión profesional,

que para eso soy catador oficial de concursos.

-Lo que es usted es el caradura oficial,

que entre idas y venidas, se está poniendo las botas.

-Bueno, pues si no me dais un trozo, no os digo lo que sé.

(SILBA)

-¿Qué sabes?

-Pues...

está bien, pero yo cambiaría los higos...

-¿Qué? -...por membrillo.

-¿Membrillo?

El bizcocho de Cabrahígo se hace con higo, no con membrillo.

-Ya, pero he "escuchao" a un miembro del jurado de la editorial Nolaste

que le rechifla el membrillo.

-Venga ya. -Y que...

pondrá especial atención en los postres que lleven ese fruto.

-Se lo dije, que no era buena idea.

-Dijiste, dijiste.

¡Dijiste muchas tonterías, Casilda, hija!

-Pero bueno, ¿qué es lo que está diciendo?

-¿Otra vez discutiendo? -No, no, es un debate intelectual.

No las interrumpa.

Eso sí que,... si a mí me pregunta, la Casilda lleva una razón que...

-¿Cómo? -Tú te callas, Servando.

No metas más leña al fuego, venga, y vete, fuera.

-Con su permiso, me llevo este trocito "pa" la merienda.

-Y vosotras dos, ¿es que no podéis dejar de discutir

ni siquiera un momento?

A ver, ¿qué habéis preparado?

Dádmelo a probar.

Pero... este bizcocho

está buenísimo. De verdad.

La masa suave,

el higo calentito y bien mezclado.

Este postre es estupendo.

Seguro que es un digno competidor para el concurso.

-Ah, no, Ramón, no queremos un digno competidor, queremos un ganador.

-Señor, ¿cómo cree usted que estaría con un poquito de membrillo?

-¿Membrillo?

-Pero hombre, Carmen, ¿cómo me vienes con esas pintas?

Pareces una menesterosa.

-Soy una criada, trabajo de sol a sol.

-Trabajar de sol a sol es de cobardes y perdedores.

-Es de gente honrada que se gana su jornal dignamente.

-Sí, sí, sí, claro que sí. Mi dinero.

A ver, a ver, a ver, a ver.

¿Qué es...

esta miseria? ¿No tienes nada más?

-Es todo lo que he podido conseguir.

-Con esto no tengo ni para pagarme el alojamiento del hotel

en el que me estoy hospedando.

-Son todos mis ahorros, Javier, lo guardaba para Raúl.

¿En qué hotel te estás quedando?

-En el París, por supuesto.

Ese hotel es carísimo, ¿has perdido la cabeza?

-Nones, allí nadie me encontraría, ¿o acaso quieres que vaya

a un tugurio de mala muerte? Para que me encuentren, ¿no?

Esos...

hoteluchos no están a la altura de un hombre de mi categoría.

-Javier, pues yo no tengo más dinero.

-Ese no es mi problema,

encuéntralo. Necesito 200 pesetas.

-¿Doscientas pesetas? -Y tienes hasta mañana.

Y ya sabes lo que te va a pasar si no pagas.

-Ya, Javier,

pero es que... yo no... -¡Padre!

¿Cómo ha logrado salir de prisión? -Pues portándome bien,

¿o acaso no ves a tu padre capaz de portarse bien?

-Claro que sí, padre. -Pero eso ahora no importa,

soy libre como un pájaro y feliz de estar de nuevo contigo, hijo.

-Espero que no siga enfadada por haberle dicho a padre dónde estaba.

-¿Por qué se iba a enfadar?

Si entre tu madre y yo solo hay que buenas palabras y cariño,

¿verdad que sí, Carmen? -Sí.

-Pero hijo, vamos a tomarnos un chato,

tenemos mucho que contarnos, ¿eh?

Estás hecho un hombretón.

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

-Casilda, hija, ¿estás por aquí? -Sí, "señá" Agustina, aquí estoy.

¿Qué se le ofrece?

-Quería que me dejes un cedazo tupido, solía guardar yo uno

en ese armario de ahí.

-No. No me suena haberlo visto, no está.

-Mira a ver.

-Que no me suena haberlo visto. Si estuviera, lo sabría.

-Tú lo sabes,

pero no quieres prestármelo por lo que no quieres prestármelo.

-¿Y por qué no quiero, a ver?

-Porque soy tu competidora y temes que te gane.

-Paparruchas. -Verdad.

-¿Y... para qué quiere usted un cedazo fino?

¿Para cernir azúcar molida

o harina? -A ti te lo voy a decir.

-Pues si no me lo dice, se queda sin él.

-Que te lo crees.

-"Señá" Agustina, pero ¿se "pue" saber qué está haciendo?

Que no puede usted entrar aquí y rebuscar en mi cocina

como si aún fuera suya. -Lo sabía.

-Pues nada, lléveselo,

lo mismo me da que me da lo mismo.

Con o sin cedazo, vamos a ganar el concurso.

-Eso ya lo veremos.

¿Podríamos dejar de pelear?

Es que quiero comentarte un menester.

-¿De qué se trata?

-De tu señora, de la mía,

y de las clases de dibujo esas a las que van.

-¿Qué les pasa a las clases de dibujo?

-¿Tu señora no está rara?

-"Señá" Agustina, mi señora es rara.

-¿No has notado algo... fuera de lo común?

-Pues... ahora que lo dice, sí.

Últimamente está más rara de lo habitual.

-¿Qué, pegando la hebra a mi costa? -No.

No, no, señora, si la "señá" Agustina y yo no estábamos "namás"

que hablando del concurso de tartas, ¿a que sí, "señá" Agustina?

-Sí. Del concurso.

Bueno, y un poco también del profesor ese de ustedes,

que le ha cogido gusto al barrio.

-Ah, don Venancio, ¿qué, ha vuelto otra vez?

-Así es, señora. Y se ha llegado hasta la sastrería

a preguntar por doña Susana,

y luego se ha sentado en la chocolatería a esperar a mi señora,

y ella, que no sé ni dónde está, porque no aparece,

entenderá que peguemos la hebra.

¿Y bien?

-¿Y bien qué?

-¿Sabe usted algo?

-Qué va. Si don Venancio se ha instalado en la chocolatería,

será porque le gusta mucho el chocolate que ahí sirven, yo qué sé.

¿A ti qué te importa, cotilla?

¡A trabajar y a callar, que para eso se os paga!

-Aquí hay gato encerrado.

-Y uno muy gordo.

Señorita, ¿se va a quedar usted a almorzar?

Señorita.

Carmen, no te había oído entrar.

Perdona, es que estoy muy concentrada con esto.

Ojalá tuviera yo una ocupación que me evadiese tanto

como a usted sus obras de arte.

Carmen, ¿te aflige algo?

No, nada importante.

Le preguntaba si se va a quedar a comer.

Sí, sí, prepárame algo rápido,

un bocadillo, unas croquetas, es que no quiero distraerme mucho.

No le distraerá mucho sentarse a la mesa a comer,

apenas le llevará media hora.

Gracias, Carmen, pero lo prefiero así.

Y avisa a mi prima que no subiré hasta por la tarde.

Carmen tiene razón, debería usted comer con tranquilidad,

pero así es la pasión, te absorbe tanto,

que hasta las cosas más mundanas como alimentarse

carecen de sentido.

Carmen, prepárale ese tentempié.

Un día no pasa nada, pero mañana se sentará usted a comer en la mesa

como es debido. Samuel, gracias por este regalo,

lo estoy disfrutando como una niña pequeña.

No sabe lo feliz que me ha hecho.

¿Sabe qué es lo que me hace a mí feliz?

Ver su sonrisa en su rostro.

¿Y Alicia?

Salió a dar un paseo por el centro,

y lamenté no poder acompañarla,

pero estaba deseando meterme aquí y empezar a trabajar.

Me alegro de que lo haya hecho. A ver si se distrae un poco,

esa pobre mujer vive atormentada.

No consigue sacarse al padre de la cabeza.

La entiendo, yo tampoco consigo olvidarme de ello.

Pasan los días

y no termino de creer lo que sucedió.

¿Qué no termina de creer?

No puedo imaginarme al padre Telmo haciendo algo tan horrible.

El padre Telmo es un lobo con piel de cordero, y un ser peligroso,

ya lo hemos hablado.

No quería contarle lo que ocurrió ayer, pero...

¿Qué pasó?

Ayer, en el portal,

cuando usted se marchó,... ¿Sí?

...ese hombre me provocó para que me comportara de una manera

que ni yo mismo reconozco. Me hizo perder los nervios

de una forma habilidosa y sibilina. Samuel, ¿qué sucedió?

Terminé golpeándole, Lucía.

Yo no quería.

Bien sabe Dios que yo no soy así,

pero me provocó para sacarme de mis casillas.

Pero ¿qué le dijo?

No, no quiero hablar de ello,...

pero le diré una cosa,

no pienso permitir que nadie le haga daño ni hable mal de usted.

Y quien se atreva, tendrá que vérselas conmigo.

Lo sé, Samuel, y le agradezco el gesto,

sé que por defenderme acaba haciendo cosas que no quiere.

Pero... ver hoy su sonrisa en su rostro,

bien merece todos los sacrificios del mundo.

Lo que no comprendo es...

cómo ha convencido a Espineira

para que le dejara regresar a su parroquia.

¿Qué le ha ofrecido?

Sea como sea, no pienso permitir que el padre Telmo

vuelva a acercarse a usted nunca.

Está claro que él ha venido a por usted.

Ese hombre lleva ahí dos días sentado.

-Es raro.

-Raro es que Susana no aparezca por la sastrería.

Desde que la conozco, no se ha ausentado más de dos horas seguidas.

-A la que tampoco le hemos visto el pelo es a Rosina.

Hace dos días que no baja, ni ayer ni hoy.

-Aquí está ocurriendo algo.

-Algo gordo.

Estas dos nos están ocultando algo que no sabemos.

-Que no sabemos aún.

-Buenas tardes, ¿han visto a Íñigo?

-(ASIENTE) Estaba por aquí hace un rato.

Oye, Leonor,...

¿tú sabes algo de ese hombre?

-Lleva dos días sentado en esa mesa.

-Bueno, habrá ido a dormir a su casa, se entiende.

-Pues no tengo ni la más remota idea,

pero a mí también me inquieta el asunto.

-Nosotras ayer hablamos con él.

-¿Y qué les dijo? -Pues poca cosa,

que estaba buscando a Susana para hablar con ella.

-Sí, algo relativo a las clases de dibujo.

-Sí, algo así dijo.

-Pues si es eso, no tiene la mayor importancia, ¿no?

Íñigo,...

¿es verdad que ese hombre lleva sentado ahí más de dos días?

-Lo que oyes, y casi sin consumir, dicho sea de paso.

-¿Y te ha dicho qué quiere?

-Solo sé que está esperando a doña Susana.

Subió a hablar con tu madre, pero no estaba en casa.

-¿Que no estaba en casa?

Mi madre no se movió de casa en toda la tarde.

Don Venancio, buenas tardes.

-¿Nos conocemos?

-Sí, soy Leonor Hidalgo.

-Sí, a mí también me conoce, soy el propietario de la chocolatería.

¿No desea tomar nada más?

-Sí, seguro, seguro, estoy bien. ¿Hidalgo, ha dicho?

-Sí, mi madre nos presentó.

Soy la hija de doña Rosina. -Ah.

Encantado.

-Ay.

Ay, por...

Pero ¿qué le estará diciendo? Ay, Dios mío de mi vida.

Buenas tardes, padre. ¿Qué tiene ahí, qué le ha pasado?

Me caí bajando del púlpito, una torpeza sin importancia.

Lo dudo, debió de ser aparatoso para que le saliera ese moratón.

¿Por qué no viene y le invito a un chocolate?

Gracias, Flora,

pero tengo recados que hacer. Como guste, ya sabe dónde estoy.

Uy, ¿qué te ha pasado en la cara?

Samuel, supongo, ¿no?

Seguro que te lo tenías merecido.

No tengo ganas de discutir contigo, Alicia.

Mira la postal que me he comprado.

Un recuerdo de la ciudad en la que por fin se va a cumplir mi sueño,

ver cómo vuelves a mis brazos.

Eso no va a ocurrir jamás.

Si te vas, prometo gritar y armar un escándalo.

¿Qué quieres de mí?

Que sientas el mismo dolor que yo sentí cuando me abandonaste.

Me enamoré perdidamente de ti, Telmo.

Nunca antes había querido a nadie con tanta fuerza y con tanta pasión

y, tú me dejaste tirada

y te olvidaste de mí.

Sentí la llamada de Dios, te dejé para unirme al seminario.

Me destrozaste la vida,...

y nunca, ¿me oyes?, nunca te lo perdonaré.

Nunca te prometí nada, éramos dos críos.

Te pedí perdón y te lo pido de nuevo,

lo siento, ¿de acuerdo?

Lamento que lo pasaras mal.

Eso no te va a salvar. Ahora por fin ya no estoy sola,

ahora Samuel Alday está conmigo

y me va a ayudar a que pagues por lo que hiciste,

que vuelvas a mis brazos.

Nunca renunciaría al sacerdocio por estar contigo, Alicia.

No pido tu renuncia, sino tu expulsión.

Acabarán echándote de la iglesia,

no tendrás adónde ir,

no tendrás a nadie que te ayude, solo a mí.

Porque cuando ya no tengas apoyos,

cuando te sientas completamente solo,

allí estaré yo para recogerte.

Nunca estaré solo.

Tendré mi fe, mi vocación,

eso nadie podrá quitármelo.

Mi pacto es con el Altísimo, no con la curia.

Nada de lo que hagas servirá, Alicia,

nada.

-Lo siento, lo siento, lo siento.

No... he podido venir antes,

doña Susana no ha aparecido por la sastrería

y he tenido que ocuparme yo sola del negocio.

-Bueno, respire, Agustina, respire, que le va a dar un tabardillo.

Ya sabe que somos un equipo, y donde usted no llega,

llego yo.

-¿Qué le pasa?

¿No ha quedado bueno?

Uy.

Esto está de muerte.

Creo que debería dejarla sola más a menudo.

¿A qué esa cara?

-Agustina,

¿usted no cree que hemos "buscao" una receta

demasiado moderna "pa" nosotras?

-¿Moderna?

-"Sofisticá". A ver,

bizcocho de avellanas con nata,

flambeado con licor de naranja y miel.

-Reconozco que no tiene nada que ver

con dos mujeres de nuestra quinta, pero ¿qué más da?

Hemos arriesgado,

y si se arriesga, se gana.

Además,

lo que importa es el sabor, y le prometo que esto está de lujo.

¿La ha probado?

-Dios mío de mi vida.

-¿Dios mío de mi vida? ¿Qué?

-¿Qué, qué quieres?

-Saber qué están escondiendo detrás de su trasero, "señá" Fabiana.

-Y yo quiero saber cómo se hace el oro y, fíjate, aquí me tienes.

La vida es muy dura, Casilda,

y llevas desde ayer intentando

sonsacar la receta del postre.

-Y tú no sueltas prenda. Cuando fui a pedirte el cedazo

cerraste la boca y ni mu dijiste,

que no quisiste ni prestármelo.

-Eso no es verdad, que yo soy muy buena compañera.

(HACE UNA PEDORRETA)

-"Ende" luego, "señá" Agustina,

se comporta usted como una cría.

Y para demostrarles que se equivocan,

les voy a contar un secreto que me ha "llegao".

-¿Un secreto?

-¿Saben...

que el jurado del concurso "tie" preferencia

por los postres de membrillo?

La "señá" Trini y yo estamos buscando recetas para contentarlos.

-A mí la tarta de membrillo, receta de mi abuela, me sale de maravilla.

-Eso es verdad, que yo la he probado cuando la ha hecho usted alguna vez.

Esa tarta es caballo ganador.

¿Alguien sabe qué están preparando

Lolita y la señorita Flora?

-¿Qué, qué opinas?

-El sobao es más curiosón,

es que la cuajada no tiene ni chispa ni gracia.

Uy. -¿Dónde te metes, Maritornes,

que llevo todo el día buscándote?

-Cierra los ojos.

Abre la boca.

-Sobao.

-No digas "na" más, espera.

Abre.

Ahora sí, ¿cuál te gusta más?

-¿Sinceramente? -Sí.

-Ninguno.

-¿Cómo?

-No, los dos están buenos, pero son recetas que podría hacer hasta yo.

-Te lo dije, estas recetas son más viejas que mi tatarabuela.

-Los postres de ayer estaban mejor, eran más modernos.

¿Sabéis lo que podéis hacer? -¿El qué?

-Hablar con Servando. -¿Para qué?

-Porque va contando que tiene un secreto para ganar el concurso.

-¿Estás seguro?

-Tan seguro como que Casilda y Trini están como locas

diciendo que van a triunfar. -¡Ay!

-¿Qué hacemos? -¿Que qué hacemos?

Ir a por el Servando, si quieren jugar,

van a jugar.

¿Qué?

(Llaman a la puerta)

Pensaba en lo listo que he sido haciéndole este regalo.

Usted está feliz...

y yo la tengo siempre en mi casa, cerca de mí.

(Se abre y cierra una puerta)

¿Lucía?

Carmen me ha dicho que estabas aquí.

Prima, estoy aquí, trabajando un poco

y conversando con Samuel. Tan solo quería ver

cómo estabas. No has venido a comer y estaba preocupada.

Discúlpeme,

es que mis obras me absorben por completo.

Mire.

Estoy limpiando los pigmentos, y cada minuto que pasa

estoy más convencida

de que se trata de un Antonio de Pereda y Salgado.

Y, bueno, si mi sospecha es cierta,

tenemos ante nosotros una joya de valor incalculable.

¿Y cómo puedes tener la certeza de que es un Pereda?

No es certeza, es un pálpito. Tengo la corazonada

de que el marco es posterior y oculta la firma del pintor.

¿Me ayuda a desmontarlo?

Por supuesto.

¿Te imaginas que aciertas y es un Pereda?

Vamos a salir de dudas.

Todo el mundo me pregunta por mi tía en el barrio.

Yo no sé qué decir.

-Di la verdad, que está cuidando al antiguo párroco, que está enfermo.

-No sé, no me cuadra.

-¿El qué no te cuadra?

-Pues que lleve tantos días sin atender la sastrería.

-Bueno,

es que ella aprecia mucho a ese hombre y, ya sabes lo beata que es.

-Aun así, Rosina, no me cuadra. Que su sastrería es su sastrería,

que siempre es todo lo contrario, Rosina,

que hay que convencerla para que deje de trabajar.

-Bueno, pero tu tía, asúmelo, tiene una edad, los años pasan para todos.

(Se abre la puerta)

-¡Madre! Madre, madre, ¿dónde cree que va?

-No, disculpad, es que voy a buscar

una cosa a mi alcoba. -No, ahora no, tenemos que hablar.

¿Por qué nos ha engañado?

-¿De qué hablas?

-Madre, no se haga la tonta. Don Venancio me lo ha contado todo.

-¿El qué te ha contado?

-Que ha faltado a las últimas clases.

-Es verdad.

-Rosina, te encantaban esas clases. ¿Por qué no has ido?

-Porque... don Venancio...

nos encomendó una tarea

a Susana y a mí y, yo no sabía hacerla y, no quería ir

sin haberla hecho. -Claro, ahora lo entiendo todo.

Por eso tenías tu libreta en blanco y con las páginas arrancadas.

Tenías miedo a ser reprendida por tu maestro, ¿no?

-Exactamente.

-Ay, madre. Es usted como las niñas.

Pese a todo, tiene que plantarle cara,

enfrentarse a su maestro y decirle la verdad.

¿Eh?

Don Venancio me ha dicho que quiere hablar con usted, ¿lo hará?

¿Y?

Es un Pereda y Salgado.

Estaba usted en lo cierto. ¿Cómo has podido saberlo?

Qué buena intuición tienes, Lucía. Sin duda, esto es lo tuyo.

Y me temo que esto significa que tampoco vas a venir a cenar.

¿Puede usted encargarse de Alicia?

Todo el día voy a tener a esta increíble mujer bajo mis dominios.

Soy un hombre afortunado.

-Me ha encantado el café al que hemos ido.

Era puro lujo. -Lujo es lo que nos merecemos

tú y yo, los hombres de buena familia,

acostumbrados a todo tipo de comodidades.

-Aún no entiendo cómo ha podido salir de la cárcel tan rápido.

-Por buena conducta, hijo, ya te lo he dicho, y que las autoridades

se dieron cuenta que habían cometido un error teniéndome allí preso.

Un hombre de mi estatus y entre menesterosos, ¿dónde se ha visto?

-¿Y ahora qué?

-¿Qué, ahora qué? ¿De qué?

-Estamos con una mano delante y con otra detrás.

Necesitamos dinero. -¿Desde cuándo el dinero

ha sido un problema para tu padre?

He conocido a un empresario y estoy a punto de empezar

un negocio con él.

-¿De verdad? ¿Qué negocio?

(Llaman a la puerta)

Vaya a abrir. ¿Quién será a estas horas?

Don Samuel, don Samuel...

¿Importación de productos? -De las colonias, hijo.

Materias primas que aquí no hay.

Se cotizan al alza y se llegan a ganar auténticos dinerales.

-Materias primas, ¿cómo qué?

-Va, cosas que tú no entenderías.

Lo que tienes que saber, hijo,

es que pronto dejarás de cargar cajas arriba y abajo en el mercado,

que da pena verte con esos harapos, este trabajo no es para ti.

-No pagan mal, y gracias a eso me gano unos dineros.

-Calderilla comparado con lo que vamos a ganar.

Ya verás, hijo, nos va a salir el dinero por las orejas, y me voy,

que llego tarde a una partida de cartas.

-¿Una partida de cartas? -Sí.

-¿Puedo ir yo? -(RÍE)

-¿Con esas pintas, hijo? Es un sitio muy selecto.

Solo los caballeros más distinguidos tienen acceso.

¿Crees que te dejarían entrar vestido así?

En otra ocasión, ¿de acuerdo?

-Eh, Raúl,

¿cómo estás, muchacho? -Maldita sea.

¿Por qué tengo que ser tan miserable como los que viven en el altillo?

-¿Quién será ese hombre?

Permítame que insista, padre, pero no debería recibir visitas

a estas horas. Márchese, Úrsula, por favor.

Está bien, iré a calentarle la comida.

No, salga de la casa.

He dicho que fuera.

¿Ha venido a terminar lo que empezó?

Aunque me gustaría,

no he venido a pegarle.

¿A qué ha venido entonces? A poner las cartas sobre la mesa.

Lucía y yo estamos enamorados y, no voy a permitir que usted

se interponga entre nosotros.

¿Enamorados?

¿De verdad piensa que voy a creerme

que siente amor por ella?

Aléjese de Lucía Alvarado...

o me va a obligar a emplear otros métodos.

¿Qué otros métodos? Hable claro.

Sabe perfectamente a lo que me refiero.

Métodos que no tienen vuelta atrás.

Y me va a dar igual que sea usted el sacerdote de Acacias

o el mismísimo papa de Roma,

porque si he de pararle los pies, no me va a temblar el pulso.

Parece que va a dar comienzo el concurso.

-Pero ¿y la Casildilla?

-Mejor, un competidor menos.

-Bueno, no se muestre tan satisfecha, doña Flora,

que aun así tienen todas las de perder.

Nosotras ganaremos el concurso. -Fabiana, ¿no ha "escuchao" eso

de no vender la piel del oso antes de haberlo "cazao"?

-Venga, que el concurso tiene que estar a punto de empezar.

Ramón, ¿qué hora es? -Mejor ni te lo digo.

-Ay, Casilda, que no tenemos tiempo, corre.

Ay. -No, no, señora,

esto todavía no está listo. -Bueno, da igual, no nos da tiempo,

sácalo. -Esto va a acabar

como el rosario de la aurora. -Ay, Ramón.

-¿Qué celebra tu señor?

-Nada que sea de tu incumbencia. -En eso tienes más razón

que un santo, hay otras cuitas que me interesan mucho más.

¿Dónde está mi dinero?

-Aún no se ha cumplido el plazo, me quedan unas horas.

-¿Lo tienes o no?

"Sospechaba que el marco" podía estar ocultándonos la firma

de su verdadero autor, pero por el estilo de pintura,

yo ya sospechaba de quién podía ser.

Y no se equivocaba.

Así es,

la pintura es obra de Antonio de Pereda y Salgado.

¿Perdón?

Sí, el pintor famoso, el representante de nuestro barroco.

Claro que sí, no,... no lo había escuchado bien.

Así que es un Salgado.

(RESPIRA ALIVIADA)

-Por fin se ha ido. -"Padre".

¿Tiene un momento?

Por supuesto, Cesáreo, ¿qué le ocurre?

Ya ha pasado,

y temo que solo sea el principio.

Descuide, no volveré a tropezar en el mismo escalón.

No estoy muy seguro de eso, pero debería evitarlo,

manténgase al margen de ciertas cuitas, cada uno tiene su sitio,

yo ya sé cuál es el mío y, me apenaría que usted

no supiera cuál es su lugar. Como ha visto, puede acabar mal.

Le agradezco su preocupación, Cesáreo, y sé que es sincera.

No lo dude, temo por usted, padre. No debe preocuparse,

sabré apañármelas.

Y, aunque lleve sotana, no soy tan blando.

Aquí me tienes, Carmen, ¿qué querías decirme?

Disculpe que le moleste, señor, créame que no es plato de buen gusto

tener que pedirle esto.

Yo estoy muy satisfecha a su servicio y por nada del mundo

me gustaría importunarle.

Empiezas a hacerlo con tantos rodeos. Ve al grano, Carmen.

Señor,...

¿usted podría concederme

un adelanto de mi jornal?

-No debes temer nada.

-Pero si llevo días que no hago otra cosa, temerlo todo.

¿Cuándo terminará este calvario?

-Me temo que acaba de comenzar. Corre, ocultémonos.

-Pero ¿qué sucede?

-He visto a don Venancio, ha vuelto a por nosotras.

-¿Seguro que era él? -Segurísima.

Debemos poner pies en polvorosa. -¿Dónde lo has visto?

-Ahí mismo.

-Ese no es don Venancio, creo yo.

-Sí que es, está hablando con tu yerno.

-Me temo que tienes razón. -¿Qué le estará contando ahora?

"Quizá usted cuente"

con más contactos y sea capaz

de elucubrar mil maneras de hacerme daño,

pero yo también podría sorprenderle.

Soy capaz de hacer cosas que no atisba a imaginar.

Aunque sea un sacerdote,...

estoy dispuesto a todo.

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  • Capítulo 884

Acacias 38 - Capítulo 884

07 nov 2018

Telmo no se enfrenta a Samuel y el Alday se marcha. Úrsula cura las heridas del párroco y él miente al negar que nadie le pegara. Samuel aprovecha la situación para hacerse la víctima. Carmen calla la llegada del Adonis en el altillo y le entrega parte del dinero que él le pidió, pero no es suficiente. Raúl se encuentra con su padre y él se avergüenza de su hijo por ser un mozo.

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  1. Pepa

    Ya cansa..tanta maldad de Samuel, que una y otra vez todo le sale bien y se va cargando al que le sobra. Siempre va por delante de todo el mundo. Ya pasó con Cayetana y con Úrsula...es agotador. Por favor, los guionistas que le den ya una lección al malo de la película. Yo por mi parte, cada vez tengo menos interés en ver la serie.

    pasado jueves
  2. Benjamin varela

    Ya cansa está novela ser e otra que no lo volveré a ver.samuel no se cuando pagará por todo el mal que va echo u está asiendo.a esa tonta de Lucía no tiene nada de espabilada y se porta mal com su familia y tratándose las menyieas de esa alivia. Otro rollo con el marido de Carmen.la verdad es que cansa espero lo ponga e enviado varios comentarios y no saludo ninguno

    pasado jueves
  3. Eloísa

    Sigues siendo irrespetuosos con los seguidores, entre otras cosas, NO respetan los horarios,; la subida de los capítulos a Internet es cada día mas tarde

    pasado jueves
  4. Dianna

    Los capítulos están como estancados en el malo de Samuel, creo que ya cansa. La vida y gracia la ponen las criadas la gente de la deliciosa. A mi ya me asquea lo de Samuel está bien que se vaya de Rositas una vez pero ya son miles. Otra cosa el papel de Licia de que confía más en Samuel que su familia ya es de tonta y media. A ver si espabila la trama

    pasado jueves
  5. Mabi

    Será que el profesor les quiere contar a Susana y Rosina que Alexis no murió???? Si no tanta insistencia y paciencia para tratar de dar con ellas, no se justificaría... Y que " todo " le contó a Leonor, si se quedó tan satisfecha con la respuesta y mentira que le dijo?... Descubran Ya al alfeñique de Samuel, que daba gracia desde su poca estatura haciéndose el mafioso con el padre Telmo, que si desde su altura y porte le pone la mano en la cabeza, lo aplasta tal cual " cucaracha" que es!!! Me encanta los " duelos de reposteras" y a ver quien gana!! Y que pasen la receta!

    pasado jueves
  6. Gsus

    veo esta serie desde que empezo junto con mis pacientes ya que soy enfermero me gustaria pedirles que les pongan los subtitulos ya que ellos son personas de la tercera edad y no oyen bien y con los subtitulos ellos estan fascinados igual que yo espero que lo consideren por favor

    pasado jueves
  7. Sarah

    Me encanta esta serie,la veo desde que empezó.Magníficos actores, vestuario, guiones...Los personajes son ya de mi familia. Maravillosas las criadas. Gracias.

    pasado miércoles
  8. Victoria

    Hoy el capítulo ha sido de Telmo ... "Sólo si me mata, conseguirá usted apartarme de Lucía, haré lo que sea, todo lo que esté en mi mano para que Lucía abra los ojos y vea lo que es usted realmente ... el demonio". Las miradas, los ojos, las lágrimas ¿ ¡la mejor escena de hoy!!!. El papel de Ursula me encanta y es quién puede "ayudar" a Telmo, ya que es la única que conoce de verdad al "pequeño demonio".

    pasado miércoles