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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 880 - ver ahora
Transcripción completa

Solo quiero aclarar las cosas.

Deje que me explique. Usted no tiene nada que explicar.

Fue una trampa, y usted lo sabe.

Yo solo sé lo que vi, no me lo haga recordar.

Más le vale no dirigirle la palabra a Lucía

o tendrá que vérselas conmigo.

Marrones glacé.

Voy a buscar a mi hijo.

-Pues sí que se ha tomado molestias en contentar al zagal.

-¿Sabe que ha "empeñao" un chal que tenía para darle al hijo

capricho y contentura? -¿Un chal?

-¿Otra vez tus tíos? -¿Vienen a menudo?

-No, no, no te muevas. Yo me ocuparé.

-¿Qué hacen aquí tus tíos?

-Mi familia, los Escalona.

Estará mi papá, los tíos y el abuelo Remualdo.

Somos un clan. -Ah, ¿y?

-No les gusta que quiera dedicar mi vida al arte.

"Cuando desapareció" le busqué por todas partes,

hasta que di con el nombre del cochero,

un tal Gutiérrez.

Después, me enteré que don Samuel Alday

conocía también ese dato.

¿No cree que son muchas casualidades?

Parto de viaje esta noche,

necesitaré ropa para un par de días.

Enseguida. ¿Quiere que le contrate un cochero

para que le lleve?

No es necesario.

Prepara el equipaje, yo me ocupo del resto.

Me han hablado de un tal Gutiérrez.

¿Le conoce usted? Así es.

Pero ese hombre lleva unos días desaparecido.

"¿Desaparecido?".

"Recuerden que mañana dibujaremos"

el desnudo integral de Alexis.

-¿Cómo íbamos a olvidarnos?

-Si me lo permite, doña Susana, me gustaría acompañarla a casa.

-Entonces, hasta mañana.

-Buenas noches, Rosina.

"No he venido a hablar con usted esta vez, sino con el padre Telmo".

He de confesarme.

¿Confesarse?

"Gutiérrez".

¿Dónde cree que va? Voy con prisa.

¿Samuel le pagó para que le diera información sobre mi paradero?

¿Es o no es cierto?

Está esperando a Samuel Alday, ¿no?

¿Trabaja ahora para él?

Responda de una vez.

Está al servicio de Samuel Alday,

¿verdad? Por el amor de Dios, baje la voz,

podrían escucharnos. ¿Y qué problema hay?

¿Acaso oculta algo?

No crea que le voy a dejar marchar tan fácilmente.

La vida de una joven,

la que viajaba conmigo ese día, está en peligro.

Yo no tengo responsabilidad en eso.

Se equivoca, Gutiérrez.

Esas malas monedas que de buen seguro está recibiendo

por sus servicios, pueden ser la causa de la ruina de Lucía.

Sí,

ese es su nombre.

Seguro que la recuerda de aquel día.

Su inocencia,

su bondad...

Es a ella a quien está perjudicando

con sus tratos.

Dígame, ¿acaso le pareció que esa muchacha

mereciera algún tipo de castigo?

No crea que el dinero que recibe no le está manchando sus manos.

Sus actos tienen consecuencias sobre una inocente.

Sé que he hecho cosas de las que no puedo sentirme orgulloso,

pero ya es demasiado tarde. Se equivoca.

No podemos borrar nuestros errores del pasado,

pero sí mostrar arrepentimiento por ellos

e intentar solucionar

el daño que causaron.

Debe contarme toda la verdad.

¿Quién maneja los hilos?

Lo organizó para que nos descubrieran en la ermita.

Es eso lo que ocurrió,

¿no es cierto?

Fue una trampa bien orquestada.

No se imagina hasta que punto.

Que les llevara hasta allí, no fue lo único que me pidieron.

No calle ahora y cuénteme toda la verdad.

¿Qué más ocurrió?

Márchese, padre, no puedo hablar con usted ahora.

Estoy esperando a un cliente que llegará en cualquier momento.

Venga aquí mañana a las ocho de la tarde y le diré lo que quiere saber.

¿Cómo sé que acudirá?

Tiene mi palabra.

No le fallaré.

Sabrá todo lo que no tengo tiempo de decirle ahora.

Créame que la espera le valdrá la pena.

De acuerdo.

Mañana continuaremos con la charla.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ven, hombre, ya lo verás.

Las sorpresas no se dicen.

Toma.

-Marrón glacé.

Me hace recordar a la infancia.

No sabe lo bueno que está.

-Desde luego, desde aquí lo parece.

-Hijo, dale a los demás que lo prueben.

-Gracias.

-Oh, pero ¿quién ha "inventao" esto?

Pues sí que está requetebueno.

-Nunca, nunca, nunca había probado algo más exquisito.

-Oh.

-Así de contentos van los señores si se echan esto al buche.

-Fabiana, nos vamos o llegamos tarde.

-Venga.

Carmen, vamos a dar un paseo antes de dormir, ¿viene?

-No.

-No sabe lo mucho que estoy disfrutando con estos sabores.

Me recuerdan a tantos momentos felices cuando estábamos juntos.

-Te entiendo, hijo.

Y parece que fue ayer.

Eras un crío que no levantaba ni dos palmos del suelo.

-Usted también ha cambiado mucho.

-A todos nos pasan los años.

-A usted es como si le hubiese pasado una carreta llena de cubas.

-¿Tan mal estoy, hijo?

-Podría cambiarse el chal,...

así de lana y lleno de bolas...

Desde que llegué, es lo único que le he visto.

-Quizás tengas razón.

-Ser una criada, no es ser una menesterosa,

que es lo que usted parece.

-Será mejor que me vaya a cambiar.

-Hace bien.

¿Se ha dejado usted algo?

-Sí, la gorra, pero ya volvía a por ella.

Estaba esperando a que se fuera tu madre para decirte a ti algo.

-¿A mí? -Sí.

Que eres un botarate,

un gañán, un bocazas

y un cenutrio.

-¿Perdón? -Un maleducado y un berzas.

-¿He hecho algo que le haya molestado?

-Un desagradecido, un malcriado y un sopla...

Soplavientos.

-¿Y a qué se debe? -Se debe...

a que has despreciado a tu madre.

-No.

Solo le he dicho que cuide más su vestuario.

-Tu madre tuvo que ponerse a trabajar siendo señora,

cuando solamente sabía bordar y bailar el minué.

Adiós a los aceites,

a los sombreros, y adiós a la enaguas de seda.

¡Arremangarse y fregar, con dos narices!

¿Tú sabes que ha vendido...

un chal carísimo de cuando era señora

para comprarte a ti esos dulces? ¿Sabes lo que le ha "costao"?

Bueno, ¿qué más da? Bueno, pues ahora lo sabes.

Además, si en vez de haberte traído esos...

marrones "glaciales" o como se llamen, que por cierto,

no le llegan a las castañas de Naveros ni a la zapatilla,

se lo hubiera gastado en ella, sí que iba a estar más guapa.

Y tú con las tripas vacías.

Así es que,...

buenas noches, chaval y que te aprovechen.

Señora, ¿se ha enterado usted de que el gobierno

va a sacar una ley que prohíbe hablar mal del prójimo?

¿Se lo puede creer?

-Que enterada te veo de las noticias de política.

-La Lolita me lo ha leído en el diario.

Y también salía una caricatura de Sagasta la mar de "divertía".

-Hoy en día, cualquiera puede burlarse de nuestros gobernantes.

-"Pa" eso están, no te jeringa.

Señora, si en España no criticamos, ¿qué vamos a hacer,

de qué vamos a hablar, no le parece a usted?

-Deberías dejarte de palique y aplicarte con la faena, Casilda.

(Llaman)

Tarea no te falta. Empieza por abrir la puerta.

Va. -Qué "desaboría".

No se puede hablar de "na" con usted.

Señora, tiene visita.

-Casilda, seguro que tienes muchas cosas que hacer en la cocina.

-Ah, sí, sí.

-Uy. Susana, no te esperaba.

Perdona que me plante a estas horas en tu casa, pero como don Venancio

se ha empeñado en acompañarnos, no hemos podido hablar a solas.

-Tenemos mucho de lo que hablar.

No dejo de darle vueltas a lo que nos ha prepuesto.

-Ni yo.

Pero ¿cómo vamos a pintar a Alexis

tal y como vino al mundo? -Calla,

a ver si nos escucha Casilda.

Que sepas que por desgracia, ya sabe algo de nuestros dibujos.

-¿No será verdad?

A ver si corre la voz y nos tachan de degeneradas.

-Solo vio el manual de anatomía, pero va a guardar silencio,

por la cuenta que le trae. -Espero que no te equivoques.

Estarás conmigo en que esas clases son del todo inmorales.

-Sin duda, sin duda. -Entiendo entonces...

que mañana no vas a acudir a la academia.

-Claro que no, ¿por quién me tomas?

-¿Y tú?

-¿Lo dudas? No y mil veces no.

Eso que nos ha propuesto nuestro profesor es pecado.

Además, no es venial, no.

(Se cierra una puerta)

Disculpe por el retraso, Gutiérrez.

Ya sabe donde nos dirigimos.

(RESOPLA)

Al parecer, la cosa va en serio.

Van a multar a todo aquel que difame, aunque sea una miaja.

-Arrea. Pues fíjate, yo anoche se lo comenté a doña Rosina,

y no le dio mucha importancia,

y eso que ella puede salir bien "escaldá",

vamos, con lo que le gusta criticar,

que le gusta más que a un tonto un lápiz.

Pues que Dios nos coja "confesás",

porque también hay que saber, qué entienden por "defamación"

los políticos.

Claro, lo que ellos llaman

"columnias", injurias y todo tipo de palabros que una no entiende,

nosotras lo llamamos simplemente, pegar la hebra.

-Pues tienes más razón que un santo, Casilda, di que sí,

que no hay nada malo en interesarse por las cosas de los vecinos.

-Ni tampoco en decir la verdad.

¿O me van a llevar al presidio por decir que Servando

es un "aprovechao"

o que mi señora es más "agarrá" que un chotis?

-O que doña Susana es una chismosa.

-O que tú eres más terca que una mula.

-Quieta "pará", ¿quién ha dicho eso?

Eso sí que tendría que estar "penao", ¿eh?

Le meto un mandoble, que se traga las muelas.

-Pues... no, no, eso... no lo ha dicho "naide".

Era por poner un ejemplo, simplemente.

-Pues pon otro ejemplo, que al final vamos a salir tarifando.

-Nada, si lo único que está diciendo servidora,

es que como prohíban el cotilleo,

van a tener que hacer más grandes los penales.

-A las buenas, "señá" Carmen. -A las buenas.

¿Habéis visto a mi hijo?, no está en el altillo.

-Nones. Y llevamos aquí un buen rato dándole a la sin hueso.

"Na" más que ha "pasao" la Fabiana.

-¿Dónde se habrá metido este muchacho?

Quizás haya madrugado. -No lo creo.

"Amos", su hijo no parece de los que se levantan al alba.

-Casildilla, que lo mismo por eso te pueden multar.

¿O no es eso mismo difamar contra Raúl?

-No sé de qué estáis hablando ni tengo tiempo para explicaciones,

que hoy me espera buena faena.

Voy al mercado y, aprovechando que mi señor no está,

haré limpieza a fondo de la casa.

Abur.

-Pobre Carmen, con la buena pasta que tiene,

y el malaje de hijo que le ha "salío".

-"Pa" chasco que sí.

Le va a dar más de un quebradero de cabeza a la pobre "desdichá".

Veo que me ha preparado el desayuno.

Se lo agradezco, Úrsula.

Vaya al salón, ahora se lo llevo. Descuide, lo tomaré aquí mismo.

No se me van a caer los anillos por desayunar en la cocina.

Así le daré menos trabajo.

Gracias.

Sepa que estaba esperando a que se levantara.

Anoche no pegué ojo aguardando

su regreso, pero volvió usted tan tarde, que...

no me pareció oportuno ir a molestarle.

¿Qué pasa?

¿Algún encontronazo con las vecinas?

No, no, no.

No debe preocuparse por mí, sino por usted.

Explíquese. Se lo ruego.

Ayer vino Cesáreo.

¿Qué quería?

Le buscaba a usted.

Estaba inquieto, disgustado.

Quería confesión.

¿Le dijo qué le ocurría?

No quiso soltar prenda.

No me gusta hablar mal de nadie, pero...

ándese con ojo con él, no es un hombre en quien confiar.

Sé qué clase de persona es,

débil de voluntad, ambicioso,

y eso, a la larga, acaba pasando factura.

Temo que esté planeando algo contra usted.

Le agradezco su preocupación,

pero no creo que el sereno sea peligroso.

Está viendo fantasmas donde no los hay.

Ojalá tenga usted razón,

pero debería fiarse de mi intuición.

Tengo el pálpito de que algo malo le va a suceder, y...

Cesáreo podría estar implicado, por mucho que ahora

quiera aparentar tener piel de cordero.

Acusaciones tan graves deberían fundamentarse

con algo más que un pálpito.

¿Le ocurrió algo con Cesáreo que yo ignoro?

No, no, nada.

Pero creo que anda en negocios con don Samuel y,

y ya sabe usted que el señor Alday le tiene entre ceja y ceja.

Le agradezco su preocupación,

pero pierda cuidado,

muy pronto, toda esta maraña se va a desliar.

Quizá hoy mismo se sepa toda la verdad sobre Samuel Alday,

entonces, podremos estar tranquilos, tanto nosotros,

como Lucía.

Dios le oiga.

Hablando de Lucía,

hay algo que me inquita.

¿Qué le pasó cuando estuvo esos días fuera de la ciudad?

¿Usted sabe algo?

"¿Eso soy para usted,"

una tentación?

Usted es para mí mucho más que una tentación,

es la razón de mi vida.

Toma,

toma, cúbrete.

¿Qué está ocurriendo?

¿Qué hacen aquí?

Contemplar hasta dónde llega tu desvergüenza.

¡¿Qué has hecho?! ¡¿Qué malas artes has empleado para seducirla?!

Déjelo, bastante tiene con responder ante Dios y ante la Iglesia

por sus pecados.

No comprendo nada, no sé lo que está ocurriendo,

pero les juro que no la he tocado. ¡Mientes!

Lucía, ¿me has escuchado?

¿Te encuentras bien?

Sí, disculpe, estaba distraída.

-Parece que está todo aprobado para que el congreso vote la ley

contra la difamación. -¿Crees que saldrá adelante?

-Lo dudo mucho.

Pero hubiese sido una herramienta muy útil cuando algunos empezaron

a acusar a Lucía en los periódicos.

Sí.

-Una pena que no existiera entonces.

Se habrían cuidado de hacer acusaciones sin sentido.

Bueno, aquello ya pasó, es mejor ni recordarlo.

¿No les guardas rencor?

No ganaría nada haciéndolo.

Tan solo trato de dejar atrás todo eso.

Por fortuna, he dejado de estar presente

en los periódicos.

Sí. Parece que cada vez se habla menos de los marqueses de Válmez.

Así es.

Llegó el momento de dejar de mirar al pasado.

-Tu actitud te honra. Hay mucho que olvidar.

Para empezar, el susto que nos diste cuando te fuiste a Salamanca.

-No creas que lo olvidaremos fácilmente, nos alarmaste.

Todos los hospitales recorrimos. Hasta a la policía avisamos.

-¿Te acuerdas del cochero que trajo Cesáreo?

(RÍEN)

¿De quién están hablando?

-Úrsula

nos habló de un cochero que había visitado al padre Telmo.

-Como pensábamos que os habíais marchado juntos,

intentamos localizarlo.

-El sereno parece que le conocía y le trajo a casa.

-Resultó ser un borracho que no recordaba ni su nombre.

Y no se parecía al hombre que nos dijo Úrsula.

-Nada sabía ni de ti ni del párroco.

Gracias.

Salga, por favor.

Bájese.

No se lo pediré más de buenos modos.

¡Suélteme, suélteme! ¡Suélteme o grito!

Nadie la va a escuchar. Váyase.

¡No, no, no, por favor!

No deberías quejarte tanto, cariño.

Intenta ver el lado bueno de las cosas.

-Claro.

Pues aclárame cuál es ese.

Que mi socio me haya dejado abandonado a mi suerte

o que mi hermana esté tan hundida, que sea incapaz de ayudarme.

-No. Lo importante es que Flora entienda que tiene que pasar página

con el Peña. Le ha salido rana.

Le ha interesado más la aventura y la supuesta gloria,

al amor que sentía por ella.

Pero mejor que haya pasado ahora, que después de casarse.

-Ya, pero mientras, el que se desloma faenando como una mula

es el menda.

Como Flora tarde en salir del altillo, seré yo el que suba,

pero a cantarle las 40.

-Si quieres, yo te ayudo hasta que todo se normalice.

-Que no, Leonor, de ninguna de las maneras,

no eres tú quien debe dar el callo, sino mi hermana.

Íñigo, ¿no entiendes que Flora necesita pasar unos días de duelo?

-Que no es ninguna viuda.

-Peña no era su esposo ni está muerto.

Aunque tendría que haberle puesto remedio.

-Ella estaba enamorada de él

hasta los huesos.

Se ha marchado dejándola plantada.

¿Cómo quieres que venga a faenar,

si no es capaz de levantarse de la cama?

Estará hundida,

presa en la melancolía.

-(CANTURREA)

-Pues muy melancólica no la veo.

-Flora,...

me alegra verte en la calle

y tan animada.

-¿Por qué no iba a estarlo, Leonor? La vida me sonríe.

-¿Sí, tú crees?

-Pues claro.

He retomado los ensayos del teatro, estoy la mar de ilusionada.

-Pues me alegro de que hayas decidido seguir adelante

y coger el toro por los cuernos.

La vida, me refiero.

-Sí, yo también me alegro mucho.

Oye, ¿tú no querías retomar tu vida?

Pues venga, sal a la terraza, que hay mucha gente esperando.

Yo no creo que está nueva ley sea una tontuna, Servando.

Recuerdo mis años en EE. UU., y allí la mentira estaba mal vista.

A veces, incluso penada duramente.

-Qué ocurrencia la de los americanos.

¿Cómo van a prohibir mentir y hablar mal de los vecinos?

Vaya un país más aburrido que es ese.

-A lo mejor es ese respeto al prójimo

el que les está llevando a convertirse en una gran potencia.

-Eso fue fruto de la buena suerte. Y nosotros porque nos despistamos,

que si no, en Cuba les hubiéramos "dao" "pal" pelo.

-Disculpen. ¿Han visto a mi hijo?

-No, lo lamento, pero hace tiempo que no le veo.

-Llevamos conversando un rato y no ha aparecido.

-¿Dónde se habrá metido?

Ni en el altillo ni por el barrio saben de él.

-¿Desde cuándo no sabe de él?

-Desde la pasada noche, ya me preocupa su ausencia.

¿Usted no le vio después?

-No, nones. ¿Yo por qué le voy a ver?

-En fin, a ver si aparece, que me va a matar a disgustos.

-¿Y esa mirada qué, tengo monos en la cara?

-Me da en la nariz que acabas de mentir a la pobre Carmen.

-Qué tontunas está diciendo usted.

Déjeme, que tengo que seguir con mi faena.

La ley contra la difamación me parece una iniciativa brillante.

No se puede acusar sin tener pruebas.

-Lamento disentir, Liberto.

Me parece una estrategia de los políticos para no ser criticados.

-Es que no es solo a ellos a los que se les pretende defender,

sino a todos los ciudadanos. Leonor, no se puede decir

barbaridades de la gente y quedar impune.

-¿Olvidas que la maledicencia es deporte nacional?

-Eso parece.

Si no, fíjate en Lucía, la prima de Celia,

lo que se dice de ella. -No hace falta irse tan lejos,

yo misma he sido diana de críticas.

Tanto en mi primer matrimonio con Claudio, como después con Pablo.

-Lo cierto es que también se dijeron cosas malas de tu madre y de mí.

-Cómo olvidarlo.

-No hay nada obsceno en la representación artística

de la realidad.

Y me alegra haber confiado en mi instinto

y haberlas invitado a la clase. ¿Vendrán mañana?

-Claro.

-Recuerden...

que mañana dibujaremos el desnudo integral de Alexis.

-¿Acaso es usted una sátira, madre?

-¿Qué dices, Leonor?

-¿No era lo que decían de usted cuando empezó con Liberto,

que era una sátira, una pecadora?

-Y cosas peores.

-Bueno, prefiero no recordar esas tontunas.

-Amor, ¿se puede saber dónde vas ahora?

-Acabo de recordar que tengo unas cuitas importantes que hacer.

Ya vuelvo a la noche.

-Rosina.

(RESOPLA)

-¿Está usted bien?

-Sí, sí, no es nada, Agustina.

-Parece cansada.

Si quiere, yo termino de recoger esas telas.

-Pues te lo agradezco.

-Se hace raro no ver al Peña en La Deliciosa, ¿no cree?

¿Qué se le habrá perdido a ese hombre por esos mundos de Dios?

No deja de consultar la hora. ¿Espera a algún cliente?

-No, ¿por qué?

Pero ahora que me acuerdo, tengo que ir a hacer unas gestiones.

¿Podrías hacerme el favor de cerrar la sastrería?

-Claro que sí, señora, a mandar. Yo lo que...

-Uy, Susana.

Susana, querida, que estamos aquí, en La Deliciosa.

-Siéntate, que llegas a tiempo de merendar con nosotros.

-Os lo agradezco, pero tengo que hacer gestiones

para la sastrería. -Querida,

por favor,

que siempre estás pendiente de tu negocio.

Tómate un descanso.

-Lo sé. -Que no hay más que hablar,

que te sientes a merendar con nosotras.

Si ahora no puede, déjela marchar. Lucía, no digas tontunas.

¿Qué puede ser tan importante, que no pueda esperar a un chocolate?

-Flora. Ya ven que mi esposa no acepta un no por respuesta.

-Uy.

Uy, Flora, querida,

permíteme que te diga que hoy tienes el guapo subido.

-Sí, se te ve jovial y radiante.

-Agradecida. Así me siento.

Doña Susana, ¿qué va a tomar? -Un chocolate.

Pero que no esté muy caliente.

-¿Ahora te gusta frío?

-No. Pero así me lo bebo más rápido.

-Susana, les estaba comentando que no se me han aparecido

más santos en sueños para pedir misas por mi hijo.

-Y espero que así siga siendo el resto del embarazo.

-Descuide, que el asunto parece estar resuelto.

-Así es. Y todo gracias

al padre Telmo.

-Y a san Dimas, no te olvides.

-Vaya, hablando del rey de Roma, por allí asoma.

-¿Estás viendo a san Dimas?

-No, mujer, qué cosas tienes.

Se trata del padre Telmo. -Ay.

Padre, acérquese, haga el favor.

-Se ve que pretendes invitar a todo aquel que pasa por la calle.

-Padre,

les comentaba el favor que nos ha hecho

al dar la misa por mi hijo. Muy agradecidos.

-Sobre todo yo, que así he dejado de escuchar a mi esposa.

No tiene mayor importancia. Solo cumplí con mis obligaciones.

-No sea modesto.

Estamos encantadas de tenerle por nuestras calles, ¿verdad, Susana?

-Sí, claro.

-¿Nos acompaña, padre? Lo lamento,

me resulta imposible.

-Como si eso fuera suficiente excusa para ellos.

Tengo que estar en el confesionario. Ya saben,

si alguien necesita expiar sus pecados o simplemente conversar,

estaré en la iglesia dispuesto

a escucharles.

-Nosotras somos unos ángeles,

estamos en paz con Dios.

En ese caso, les dejo disfrutar de su merienda.

Agradecidos.

Susana, tu chocolate.

-Gracias.

Carmen, ande, coma algo. Este salchichón es pan de Dios.

-No lo dudo, pero es que no me entra nada.

Tengo el estómago cerrado.

-Pues haga un esfuerzo, mujer.

-Estoy muy preocupada por mi hijo.

Es raro que no dé con él en todo el día.

-Ande, mire, Servando ha subido

al olor del salchichón.

Pero qué bien sabe él cuándo merendamos.

No me sea agorera, seguro que su hijo aparece.

No hay motivo "pa" preocuparse tanto.

-Lo sé, Fabiana, pero una tiene un mal pálpito.

-¿Acaso pasó algo la última vez que se vieron

o algún motivo como para que Raúl quiera poner pies en polvorosa?

-No que yo sepa.

Mire, mejor me voy a dar una vuelta por los alrededores

a ver si alguien le ha visto, que aquí no me quedo tranquila.

-Pobre mujer, ese niño la tiene en un sinvivir.

Servando,

que parece que no es capaz de abrir la boca

si no es "pa" llenar el buche. -Es que a mí,

los remordimientos siempre me han "dao" hambre.

-A ver, ¿remordimientos por qué?

-Quizá tenga yo algo de culpa en la desaparición del hijo de la Carmen.

Sepa usted que anoche tuvimos unas...

palabras y le abronqué al oírle hablarle mal a su madre.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-Pues que a lo mejor fui demasiado duro,

que yo, es que, cuando me crezco, pues...

soy temible.

Y... a lo mejor se ha largado a la francesa por eso.

Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre,

del hijo y del espíritu santo.

Vete y no peques más.

¿Hay alguien ahí?

Hijo mío,

¿deseas confesar tus pecados?

Habla sin miedo.

Dios siempre está dispuesto a escucharte.

Ave María purísima.

Sin pecado concebida.

Te escucho, Cesáreo.

Lo que diga se quedará entre estos muros.

Solo nuestro Señor lo sabrá.

A Él debo rendir cuentas.

He cometido graves e imperdonables faltas,...

y ahora no se cómo salir del embrollo en el que me he metido.

Continúa. Me he comportado como un cretino.

El deseo de prosperar a cualquier precio,

ha resultado ser mi perdición.

¿Qué es lo que has hecho?

He despreciado a mis iguales.

He tratado como no lo merecían al servicio de Acacias.

Tu falta es grave,

pero fácilmente solucionable.

Basta con que cambies de actitud...

y te muestres cercano con ellos.

Ojalá sea así, padre.

Pero antes hablaste

de otro tipo de errores,

algunos que no tenían tan fácil remedio.

¿A qué te referías?

Estoy esperando.

Confiesa esos pecados que tanto te torturan.

No puedo, padre.

Lo siento, pero no puedo.

Doña Susana,

qué alegría.

He de confesarle que ya no le esperaba.

-Me han entretenido mis amigas.

-Descuide, lo importante es que haya venido

y que esté usted dispuesta a entregarse al arte

puro y desnudo.

-Sobre todo lo segundo.

-Puede sentarse aquí, al lado de su amiga Rosina.

-¿Cómo, es que ha venido Rosina?

-De hecho,

estaba aquí esperando antes de que abriéramos.

Vil mentirosa. ¿Se puede saber qué haces aquí, Rosina?

-Dibujando.

-Pues no parece que hayas avanzado mucho.

-Porque estoy meditándolo, aún no sé por dónde empezar.

-Buenas tardes, señoras.

-Más que buenas.

Ay, Dios mío,

desnudo del todo.

Vamos de cabeza al infierno.

-¿Qué esperan? Vamos, a trabajar.

Tienen que estudiar

cada detalle de su anatomía.

-Estoy aprendiendo, no me he dejado ni un centímetro

de piel sin estudiar. -Fíjense sobre todo

en los abdominales de Alexis,

son un reto para la mano del dibujante.

Traten de captar su perfección

y firmeza, ¿eh? -Y que lo diga.

Ni las tentaciones del desierto se pueden comparar con tus abdominales.

-¡Ah!

Perdón.

-¿Lo ven? La gente se escandaliza por cualquier menudencia.

-Hombre, don Venancio, menudencia, menudencia, yo no diría.

-La reacción de esa ignorante

ha demostrado tener falta de cultura y de sensibilidad artística.

Pero afortunadamente,

ustedes no son así, son mentes abiertas

sensibles al arte.

No las entretengo más.

A dibujar.

¿Cómo está, Carmen?

He sabido que lleva todo el día buscando a su hijo.

-Y sin ningún resultado, Agustina.

He recorrido todos los alrededores preguntando

por si alguien le había visto,

pero parece que se lo ha tragado la tierra.

-Ya sabe cómo son los jóvenes de desconsiderados.

Tendría algo que hacer y no se habrá dado cuenta de avisarla.

Seguro que no tarda en dar señales de vida, no se preocupe.

-No sé, no estoy segura.

¿Y si le ha pasado algo malo?

¿Y si ya no vuelve?

No sé qué hacer.

Quizás debería hablar con la policía.

-Descuide,

que si esta noche aún no ha vuelto,

yo misma la acompañaré a recorrer la ciudad de extremo a extremo.

(Pasos)

-Ay, hijo.

Al fin apareces.

-Yo también me alegro,

que una no tiene años para recorrerse las calles de noche.

-¿Dónde has estado?

¿Qué te ha pasado?

Hijo, tienes mala cara.

Te noto cansado.

-Les dejo solos.

-Temple, madre, que estoy bien.

Sepa que anoche decidí salir a buscar colocación.

-¿Has ido a buscar trabajo?

-Y con éxito. En el mercado me dijeron que precisaban de un mozo.

-¿Has estado toda la noche trabajando?

-Y el día, cargando cajas con el género.

-Con razón te notaba tan cansado.

Y tan sucio.

-Descuide, madre,

no me pasa nada que no tenga solución.

Tan solo preciso asearme y dormir un poco.

-Bien entonces.

Hijo,

estoy muy orgullosa de ti.

Anda, ve.

-Lo olvidaba.

Esto es para usted.

-¿Para mí?

¿Qué es? -Ábralo y lo sabrá.

Le agradezco que haya venido, Lucía.

Estaba deseando entregarle mi presente.

No debería haberme traído nada.

Por supuesto que sí.

Le di mi palabra de que le traería un regalo de mi viaje.

¿Qué puede haberme traído? Me muero de curiosidad.

Enseguida saldrá de dudas.

Estoy seguro de que será de su agrado.

Don Telmo.

Qué sorpresa. Buenas tardes.

Estaba paseando para matar el tiempo.

¿Le apetecería acompañarme a La Deliciosa y conversar conmigo?

Me resultaría un placer, pero me temo que debemos posponerlo.

Tengo una cita a la que no puedo llegar tarde.

No le entretengo más.

Ya conversaremos en otra ocasión.

Con Dios, padre. Con Dios.

No me falle, Gutiérrez.

Nada, soy incapaz de concentrarme.

-Haz un poder, no te rindas fácilmente, mujer.

-Mira quién habló.

Yo he trazado un par de líneas, tú ni has manchado el papel.

-Porque estoy estudiando los abdominales de Alexis

con mi vista, como nos pidió don Venancio.

-Y lo que no son abdominales. Como sigas mirándolo así,

lo vas a desgastar. -No creo,

Alexis tiene carne y músculos de sobra.

-Creo que no deberíamos haber venido.

Creo que deberíamos irnos inmediatamente.

-Por favor, ya que nos hemos condenado, quedémonos más.

-No. Me voy... directa a confesarme.

-Por favor, Susana. Al menos acaba tu dibujo.

Susana, lo digo para que el cura conozca más con detalle tu falta.

-¿Sucede algo, doña Susana?

-Sí, que me voy por donde he venido,

antes de condenar mi alma para siempre.

-Se equivoca.

No hay nada de indecente en ese cuerpo.

-(RÍE) ¿Usted lo ha visto bien, don Venancio?

-No insista.

Esto no es decente, por mucho arte que sea.

-(TOSE)

-¿Ves?, ya has disgustado a Alexis.

-Parece que se está ahogando.

-No, descuiden, es uno de sus ataques.

Alexis es asmático.

-¿Sí? Quién lo diría, con esos pulmones...

-Siempre lleva la medicación.

-Ya, pero no creo que tenga donde guardarla ahora, ¿no?

-La habrá dejado en el vestuario.

Voy a por ella.

Asistan al muchacho. -¿Cómo?

-¿Y qué hacemos?

-Uy, pues... ¿y si le damos un masaje?

-¿Tú crees que un masaje le ayudará a respirar mejor?

-No, creo que no ayudaría, no.

-Trae un abanico.

-Vale, sí, un abanico, buena idea.

-Alexis, Alexis, tranquilo.

Respira profundamente. -Eso, eso.

-El abanico, Rosina.

¡Es para él! -¡Sí, sí!

-Denle una pastilla, rápido. Voy a buscar al médico.

-Dame. -Si pierde el aliento, se nos va.

-No puedo.

Está cambiando de color.

-Está morado. ¿Cómo es posible que le favorezca?

-Se está muriendo, Rosina.

-Toma, intenta abrirlo tú, yo no puedo, estoy muy nerviosa.

(GRITAN)

-Justo al aguarrás.

Podía haberle pedido ayuda a un cuadro.

-No es mi culpa, me ha golpeado.

-No es momento de discusiones.

Trae la pastilla, que Alexis se nos muere.

-¡Oh, Dios mío! ¿Tú crees que el aguarrás le sentaría mal?

¡¿Me oyes?! ¡Las pastillas se han disuelto en el aguarrás!

-Rosina,...

Alexis se ha muerto.

-Imposible.

Oh, Dios.

Qué maravilla, son una belleza.

Sabía que sabría apreciarlas.

¿Cómo no podría hacerlo?

Son auténticas joyas de un gran valor artístico.

Es una pena que estén tan mal conservadas.

Precisamente por eso se las he traído.

No le comprendo.

Se las compré a unos conocidos por un precio irrisorio.

Las tenían abandonadas en un desván,

fruto de una herencia que no supieron apreciar

en su justo valor, dejando que el tiempo las deteriorara.

Hicieron mal.

Estoy segura de que su valía es más alta de lo que creían.

Yo también.

Por eso creo que merecería la pena restaurarlas,

e investigar sobre su origen.

Estoy seguro de que podemos llevarnos alguna sorpresa.

Yo podría encargarme de eso, puedo mirar en mis libros.

¿Y por qué conformarse solo con eso?

¿No se atrevería a restaurarlas?

¿Yo? ¿Me cree capaz de semejante tarea?

Posee criterio, paciencia y técnica artística.

Es todo lo necesario para llevar la tarea a buen puerto.

La verdad es que me apasiona el reto.

Y me vendría bien mantener la cabeza ocupada.

En tal caso, ¿a qué está esperando para aceptar de una vez por todas?

Cuente conmigo.

¿Tenemos entonces un trato?

Le agradezco todo lo que está haciendo por mí, Samuel.

Es usted un hombre maravilloso.

Me ha engañado.

No tenía ninguna intención de acudir a la cita.

(Relincho de caballos)

¡So, so! Quietos, quietos, quietos.

Tranquilos, tranquilos, tranquilos. Muy bien.

Tranquilos, tranquilos. Quietos, quietos.

Quietos, tranquilos.

Es el coche de Gutiérrez.

¿Dónde está el cochero?

Gutiérrez.

Gutiérrez. ¡Gutiérrez!

¡No, Gutiérrez!

Por Dios.

Cómo pesa la jodía.

-Uy, esa boquita, muchacha.

-¿Han visto unos pantalones míos de faena?

-Échanos una mano, anda,

que ahora no se te han de caer los anillos.

-No hacía falta que me lo pidiera usted.

Déjenme a mí.

-"No estamos haciendo" lo suficiente.

Deberíamos...

Mira, no sé, algo que le quite al Peña de la cabeza.

-Sí, sí, tengo la solución, lo acabo de leer ahora mismo.

Mira, la editorial Nolaste va a lanzar un libro de recetas

de cocina

y, quiere contar con aportaciones de la gente, cocina popular.

-(RÍE)

Eso, ponla a los pucheros, que seguro que así se olvida de su amor.

-No es cocinar por cocinar. Mira,

van a organizar un concurso de postres.

La receta que más guste va a aparecer en el libro.

-"Se trata de mi hijo, Raúl".

Creo que ha cambiado.

Se ha puesto a trabajar de mozo en el mercado.

Y hasta me ha desempeñado mi chal con las perras que ha ganado.

-Pues me alegro por usted.

-¿Qué crees que pasará cuando aparezca don Venancio con un doctor?

-Que certificará el fallecimiento.

-Que nos encontrarán aquí a las dos, en la misma habitación

con un hombre desnudo y cadáver.

-¿No pretenderás que le vistamos?

-¿Tú sabes la de chismorreos que habrá en la ciudad?

Dirán de todo de nosotras.

Yo, una viuda

casta, en la misma habitación que un joven sin ropa.

-Claro,

eso es lo importante, que esté sin ropa,

que esté fiambre es lo de menos.

-Debemos irnos ipso facto.

-No has dicho ni una palabra sobre los disparates de tu señora.

-Es que, desde que se ha "apuntao" a eso del arte, no da la murga.

Es más, fíjese usted, viene de la academia bien entrada la noche.

Ayer, cuando me subí, no había aparecido.

Rosina.

Cariño, ¿estás llorando?

"¿De verdad cree que seré" capaz de restaurar esas piezas?

Debe confiar más en usted misma.

Es demasiada responsabilidad,

por eso quería asistir a un curso antes.

No tengo la suficiente técnica.

Pero tiene la suficiente pasión.

La técnica es algo que se adquiere con la práctica.

Sí, pero necesitaría ciertos materiales e instrumentos.

O sea, que está dispuesta.

(RÍE)

"¿La policía ha aportado algo más?".

Baraja la hipótesis de un atraco.

¿Llevaba Gutiérrez algo de valor?

No, que nosotros sepamos.

Hable con el comisario.

Presiónele para que profundice en el caso.

Si es un atraco, deberán demostrarlo.

Presiónele,...

porque...

podría haber gato encerrado.

"Cesáreo,"

¿alguna novedad?

La policía no encuentra ningún misterio.

Van a archivar el caso.

En fin, uno de tantos atracos.

Lástima.

"Tenemos que hablar, Lucía".

No puede negarme el derecho a mi defensa.

Me gustaría que me escuchase con paciencia.

Alicia no le ha contado toda la verdad.

Lo siento, padre.

"Estoy tan interesado como usted"

en que esa boda se celebre cuanto antes.

¿Qué quiere decir con eso?

Que voy a garantizar que ponga usted sus manos

sobre el dinero de la heredera.

Esa boda se celebrará, nadie podrá impedirlo,

ni siquiera el Altísimo, ni siquiera...

ninguno de sus sacerdotes,

¿me entiende?

Usted sabe que no me va a temblar el pulso.

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  • Capítulo 880

Acacias 38 - Capítulo 880

31 oct 2018

Telmo se cita con Gutiérrez, el cochero, al día siguiente. Él tiene la clave para saber qué ocurrió entre el cura y Lucía en el monasterio abandonado. Rosina y Susana acuerdan no regresar a la academia de dibujo, sin embargo las dos acuden a las clases con Alexis como modelo.

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  1. Pol

    Si lo pones en calidad HQ no se oye al narrador

    pasado viernes
  2. Anonimo

    Esta fallando muchísimo la página, además te obliga a verlo con audios para personas con problemas de audición, en el cual te va explicando que va sucediendo en las escenas. Es horrible cuando te ponen mil veces el mismo anuncio super largo y escuchar esos audios por obligación

    03 nov 2018
  3. Eloísa

    2/11/2018, siguen de feriados en España ?

    02 nov 2018
  4. Marilu

    Hace bastante tiempo soy " adicta" a Acacias 38 y no me pierdo (o trato de hacerlo ) ningún capítulo, pero esto del narrador es la primera vez que lo " oigo ", no así el subtitulado que no siempre sale, a veces debajo de la pantalla o a un costado. Me parece muy bien que los responsables piensen en las personas con problemas para ver o leer, pero el volumen de la voz del narrador tapa muchas veces el diálogo de los personajes, superponiéndose las voces .- No se si una solución sería bajar un poco el volumen de la voz narradora, que por cierto no es de las mas agradables, bastante monótono su tono.- En fin, es solo mi opinión

    02 nov 2018
  5. Juana

    Soy argentina seguidora de acacias 38 desde el comienzo y la verdad muchas veces me decepcione un poco sobre todo cuando murió Germán y Manuela pero lo queme gusta muchísimo de esa novela es que los problemas se descubren rapidísimos cuando alguien esta por contar la verdad que sirve para aclarar un problema lo hace sin interrupciones no como otras novelas que comienzan con un problema y un capitulo antes se descubre recién

    02 nov 2018
  6. Maribel

    Soy española, vivo en España y estoy totalmente de acuerdo con los seguidores de otros países, nunca he podido entender el POR QUÉ desde que hay un día de fiesta, eliminan de la parrilla cualquier serie o programa diario, sustituyéndolo por películas; una de las causas parece ser porque la gente se marcha fuera de casa y éso baja la audiencia pero, los que nos quedamos, echamos de menos el capítulo correspondiente que, al no ser emitido, no se puede subir a la web. También entiendo que, la mayoría se queje del narrador pero, tenemos que tener en cuenta que hay personas que lo necesitan sea por la ceguera o, como el caso de Jaione, por su migraña, sé que puede costar un poco pero tengamos un poquito de comprensión con estas personas que también tienen derecho a disfrutar de la serie.

    02 nov 2018
  7. Jaione

    Cómo que el narrador para ciegos es molesto ! Por favor! Un poco de empatía y consideración. Hay gente que por desgracia lo necesitamos. Unos debido a su ceguera . En mi caso porque sufro de migrañas y no puedo cansar mucho la vista. La voz del narrador.me ayuda mucho a seguir la trama.

    02 nov 2018
  8. Silvana

    Silvana. Hace tiempo que vengo pensando en dejar de ver esta comedia.Cada día la miro con menos entusiasmo. Ya es eterna. Agregamos personajes, desaparecemos a otros, la maldad de algunos es algo tan de ficción que es difícil de creer, nadie paga por sus actos, o se vuelven tan buenos que hasta dan pena después de haber hecho cualquier porqueria. Los buenos... ya ni sé de tanto hasta parecen tontos algunos. Personajes con actuaciones tan exageradas que disgustan. En fin, están matando a la gallina de los huevos de oro y ahora para colmo este relato que es insoportable!!! MAL, MUY MAL. Una ayudita más así no la miro más.

    02 nov 2018
  9. Pao

    Me incomoda q no den el capitulo hoy, pero bueno. Respeto sus costumbres y tradiciones. Coincido con las acacieras el narrador para ciegos es molesto. Saludos para tod@s

    02 nov 2018
  10. Laura Bianchi

    yo quiero saber xq hay series como La republica q en argentina no se pueden ver

    02 nov 2018