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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 877 - ver ahora
Transcripción completa

-Bienvenido, padre.

-Le hemos echado a faltar.

Gracias, yo también a ustedes.

-¿Ha venido para quedarse, padre?

¿Va a hacerse cargo

de la parroquia otra vez?

Sí, descuide, vuelvo para quedarme.

"Me voy a ausentar"

unos días, una temporada, tal vez.

¿Y eso? Quiero visitar un taller

de restauración sacra, de rehabilitación

de imaginería policromada,

y si me admiten y me gusta su quehacer,

podría quedarme a aprender el oficio.

-"Te guste o no,"

tendrás que aceptar las normas. -¡No soy como ellas!

¿Me ve cara de sirviente?

-Te veo cara de egoísta, y de aprovechado,

por más que eso me duela.

-No soy como ellos, madre, yo he nacido para triunfar,

para que se reconozca mi valía.

-Me parece estar escuchando a tu padre.

-"El dibujo del natural"

no debe quedarse en la superficie, tiene que ir más hondo.

-Yo voy a dibujar hasta el tuétano, no hay nada más profundo.

(RÍE)

-Esa es la actitud. Vamos, haga como su compañera

y palpe, palpe y sienta, vamos.

-"Me han enviado una carta".

Quieren que me una a su expedición a Bechuanalandia.

-África. -Sur de África.

Se trata de culminar una búsqueda que mi padre,

eminente científico y aventurero, dejó inconclusa.

Para los británicos soy imprescindible y, para mí

es una oportunidad inmejorable.

"¿Ha perdido la razón?".

¿De qué está hablando? Yo se lo diré:

ha perdido la razón y la consciencia.

¿Cómo permite que ese sátiro vuelva a la parroquia, cerca de Lucía?

Escúcheme, no pienso permitir que el cura campee por Acacias.

"Samuel nos tendió una trampa, Lucía".

¿Y fue también Samuel Alday...

quien empujó a Alicia a sus brazos,

padre?

¿Conoce usted a Alicia?

Alicia. ¿Quiere decir Alicia Villanueva?

Esa misma.

La conoce, ¿verdad? Infelizmente.

Me contó lo que sucedió entre los dos en el pueblo,

antes de que usted fuera sacerdote.

¿Entre los dos? ¿Entre ella y yo?

Padre, no se haga el sorprendido.

Le aseguro que no puedo estar de otra forma,

no tengo ni la menor idea de lo que esa mujer le puede haber contado.

He tenido largas charlas con ella,...

me ha narrado asuntos que no se ha atrevido a desvelar a nadie.

¿Qué asuntos son esos?

Usted sabe perfectamente de lo que le hablo.

Le aseguro que cualquier cosa que me cuente de Alicia

me pillará por sorpresa.

Nunca se sabe por dónde puede salir o qué nueva historia

se habrá inventado.

Mire por dónde...

es lo que ella siempre me dijo que sucedía,

que usted lo negaría.

Ella no se atrevió a hablar porque a las mujeres nadie nos cree.

Lucía,... si la conociera como yo,

no pensaría eso.

Está claro que la conocía, en exceso, diría yo.

Por favor.

Por favor, dígame de qué se me acusa y podré defenderme.

Me da vergüenza repetir sus palabras.

Es terrible que me obligue a justificarme de algo

que ni siquiera sé lo que es.

Dígame, al menos,

cómo llegó Alicia hasta usted.

¿No se da cuenta de que la están manipulando?

¿Así lo arregla usted todo,

apelando a embustes, conspiraciones y manipulaciones?

Pero conmigo no le va a seguir sirviendo todo eso.

Con Dios, padre Telmo. Ahora sé cómo es usted realmente.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Quién se cree usted que es para hablarme así?

Está usted frente al prior de la Orden del Cristo Yacente.

O me habla con respeto u ordeno que le hagan salir de inmediato.

No tiene derecho a obrar en la forma en que lo ha hecho.

Ándese con ojo o se arrepentirá.

Sé que anda usted con problemas.

Si sigue enfrentándose a mí, perderá las pocas oportunidades que tiene

de salir de ellos.

¿Me amenaza? No lo dude,

podría acabar con usted en su mejor momento.

Y ahora, piense que los lobos le acechan.

Siéntese.

Y hábleme con educación y respeto.

No es justo que haya enviado de nuevo al padre Telmo a Acacias.

Usted no pide justicia, usted pide que yo le ayude a conseguir

sus intereses espurios.

¿A qué se refiere?

La única persona en el mundo que no sabe que a usted lo que le interesa

es la herencia de los marqueses de Válmez

es a la propia heredera, Lucía.

Usted tiene el mismo objetivo,

¿acaso no envió al padre Telmo a Acacias para lograr que Lucía

cediera su herencia a la orden?

Sí, dinero que sería utilizado

para mayor gloria de la iglesia, no para su único y personal provecho,

como sería su caso.

¿Cree que no conozco su acuerdo con el finado padrino de Lucía?

Sé que don Joaquín y usted pretendían repartirse la fortuna.

Eso es falso. Lástima

que no podamos preguntárselo a él.

Cuando alguien muere en extrañas circunstancias,

hay que preguntarse a quién beneficiaría su muerte.

Y en este caso, solo se me ocurre a usted.

¿Está usted insinuando que yo le mandé matar?

¿Lo hizo?

No lo había pensado hasta ahora, pero algo me dice...

que tal vez fue usted

quien le dio muerte. También le beneficia

que muriera.

¿Quién sabe? Los dos somos muy parecidos.

Los dos estamos dispuestos a que nada se interponga

en nuestro camino,... con métodos no muy éticos

a veces.

Yo creo que a nada nos lleva

esta espiral de acusaciones, ¿no le parece?

Seamos sensatos.

Estoy de acuerdo.

Los dos tenemos un objetivo común.

Queremos algo que de momento no nos pertenece.

Así es. Nuestro primer obstáculo

es arrebatárselo a Lucía Alvarado.

El segundo es que, para mí, no se lo quede usted

y, para usted, que no me lo quede yo.

No podría haberlo resumido mejor. Eliminemos el segundo obstáculo,

que todo nuestro problema sea privar de su fortuna a Lucía.

Si pude llegar a un acuerdo con don Joaquín,

también podré hacerlo con usted.

-Qué bien que estemos todas, echaba de menos estas merendolas.

-Es una costumbre que no deberíamos perder.

-Sí, solo falta Lucía con nosotras.

-Me preocupa.

Sé que hay algo que la atribula y no quiere desvelar el qué.

Se va a ir a Salamanca a hacer un curso de restauración

de tallas policromadas.

Espero que no se ausente del barrio.

-Pues si le gusta, a mí me parece bien.

¿Va a ser por mucho tiempo su ausencia?

-No sé exactamente.

-A mí me parece muy bien que haga cursos,

soy muy partidaria de ellos, yo estoy aprendiendo mucho.

-Sí, Rosina, ya lo sabemos.

Vamos, en los museos no se habla de otra cosa, la próxima Da Vinci

dicen que vas a ser. -O en menos.

-Sí, burlaos,

que ya me pediréis mis dibujos para engalanar vuestros salones.

-Seguro, Rosina. Y decidme,

¿qué os parece la vuelta del padre?

-Pues, sin desmerecer

al que le sustituía, yo me alegro, le echaba de menos,

porque sus misas son más cortas y entretenidas

que las de otros. -Las misas no tienen que ser

entretenidas, sino piadosas. -Bueno, pero se agradece

que duren 10 minutitos menos.

-Y tanto. -Yo la única pega

que veo a su vuelta es,

que Úrsula se iba a ir del barrio y, al volver él,

se ha quedado. -Pobre Úrsula,

si ya no hace daño a nadie. -Fíate del lobo y no corras.

-Buenas tardes, señoras.

-Don Venancio, ¿qué hace usted aquí?

-No sabíamos que era vecino del barrio.

-No, no, no lo soy, ya me gustaría vivir en tan bello entorno,

es solo que me apasiona recorrer la ciudad

y encontrar el secreto de cada una de sus calles.

-Así que usted es don Venancio, el profesor de dibujo.

-Así es. ¿Y usted es?

-Leonor, la hija de Rosina.

-¿Se burla de mí? No puede ser su hija.

-Uy. -Todo lo más, su hermana.

-Ay, ay, no me requiebre, don Venancio, que me sonrojo.

-Lejos de mi ánimo, doña Rosina,

pero lo que digo es tan cierto, como que estoy aquí.

-Teníamos muchas ganas de conocerlo.

No hemos parado de oír hablar de usted.

-Las dos, tanto Rosina como Susana dicen maravillas de usted.

-Las dos son pasmosas.

Rosina aprende a pasos agigantados,

pero lo de Susana es de otro mundo.

Es una dibujante excelente,

muy pronto superará al maestro. -Por favor,

don Venancio. -No, no, lo digo en serio.

Buen trazo, buen gusto, mano firme.

-Qué elogios, Susana, debes ser una gran artista.

-No exagere, don Venancio.

Ya sabe que no llegué sin saber nada,

como sastre que soy, estoy acostumbrada a dibujar patrones

y figurines, pero estoy aprendiendo con usted mucho.

-Sí, es verdad que me había dicho

que tenía una sastrería. -Ahí está,

si quiere conocerla.

-Pues hoy no puedo,...

pero si a usted no le importa, mañana vendré,

y puede que le encargue una prenda.

-Ah, pues estaré encantada.

-No espere descuento.

-(RÍEN)

-Menuda es ella con los cuartos. -Bueno, bueno,

si cose tan bien como dibuja, todo lo que pida será poco.

Bueno,...

no las molesto más, señoras, buenas tardes.

-Buenas tardes. -A más ver.

-Lo que os decía, es su alumna favorita.

-Me da a mí

que no es cómo dibuja lo que más le gusta de nuestra amiga.

-Lo mismo es recíproco. -Por favor.

Don Venancio es un viudo decente,

igual que yo.

-Un viudo que conoce a una viuda y, lo mismo dejan de serlo.

-(RÍEN)

-Ni una broma con esto, ¿eh?

Que ya lo pasé bastante mal cuando se corrió la voz

de que me veía con don Romualdo, el sastre amigo de mi esposo.

-Está bien, Susana, sin bromas, nos callamos.

-Pero yo creo que te gusta un poco.

¿Raúl?

¿Cómo va todo?

¿Ya te has acostumbrado a la vida del altillo?

Nunca me voy a acostumbrar a eso. Todavía no te has dado cuenta

de lo rápido que nos acostumbramos a las cosas.

Que Dios no te envíe todo lo que puedes aguantar.

Los criados son miserables y entrometidos,

no creo que soporte mucho tiempo.

Ten un poco de paciencia,

todo volverá a su cauce.

Mírame a mí,

estaba a punto de marchar muy lejos, para siempre,

y en el último momento, el padre Telmo vino a rescatarme.

Designios del cielo.

Deberías conocerlo. ¿Al padre Telmo?

Sí.

Es un buen hombre y te daría buenos consejos.

Ya seguiremos hablando, ahí está tu madre.

Te dije que no hablaras con esa mujer.

-Es menos zafia que los que viven en el altillo.

-Que no te confundan sus maneras, esa mujer es mala,

la peor que he conocido nunca. -A mí solo me ha hecho bien.

-¡Te lo ordeno! -No es quién para hacerlo.

Estoy harto que todos digan lo que debo hacer.

Yo decidiré por mí mismo con quién hablo y con quién no.

-"Tú, al final harás"

lo que quieras, Peña, como es lógico,

pero yo te recomiendo que antes de irte lo arregles con Flora.

-¿Y cree que no quiero hacerlo?

Pero nada de lo que le digo le entra en la cabeza.

-¿Y qué esperabas? Ella se pensaba que le ibas a pedir matrimonio

y, se encuentra con que no, que te vas de viaje y sin fecha de retorno.

-Lo del matrimonio se lo inventó ella sin que yo diera muestra.

-A mí Lolita me lo ha contado todo, y que si anillo, que si visita

a la oficina de la naviera... -El anillo es un resto arqueológico

de las tribus que mi padre descubrió, y la naviera

era para comprar los pasajes. -Sí, pero ella lo malinterpretó,

que si anillo de boda, que si viaje de luna de miel,

no sé, tendría tantas ganas que lo malinterpretó, punto, pero no sé,

no se inventó nada, simplemente escuchó lo que quería escuchar,

tampoco me parece raro. -Ya, pero yo no tengo la culpa.

Además, la expedición no va a durar para siempre,

no es un viaje sin fecha de retorno. -Serás capaz de decirme

que uno puede volver de Bechuanalandia como el que vuelve

en tren correo desde Aranda de Duero.

-(RÍE)

-Por lo menos se ha aprendido el nombre del país,

eso lo hemos conseguido.

-¿Me da "El Adelantado", por favor?

Gracias.

No solo me he aprendido el nombre, Peña,

también estuve ojeando un par de libros en el Ateneo y...

vas a pasar muy cerca de Sudáfrica,

cerca de donde fue la guerra de los bóeres.

-Va, esa guerra terminó en mayo, pero no comente nada,

que si Flora se entera,

la situación se pondrá peor todavía. Esa guerra es historia, y punto.

-La zona es un polvorín, Peña, yo no me iría tranquilo.

-No, usted aprovecharía la ocasión para hacer dinero,

que nos conocemos.

Usted vendería hielo en el polo norte, amigo.

No, a mí solo me interesa la parte científica de la expedición.

-No lo sé, Peña, yo me imagino lo que me diría Lolita

si se entera que voy a pasar por una zona de guerrilla

y... entiendo perfectamente lo que pueda estar pensando Flora.

-Es una oportunidad de oro, Antoñito.

¿Sabe cuánta gente daría una mano por ir a esa expedición?

-Lo sé, y no te digo que renuncies, pero...

no sé, cuéntaselo muy bien a Flora y asegúrale que cuando vuelvas

te vas a casar con ella.

-Si me dejara explicarme.

-Mira, ahí la tienes.

A por ella.

-"Puede usted hablar tranquila,"

Fabiana, el señor ha salido.

-La he visto y por eso he "venío", Carmen, que no quiero hablarle

en el altillo "pa" que no nos oiga. -Va usted a preocuparme,

¿tan cardinal es lo que va a tratar?

-Es "pa" preocuparse, sí, eso no se lo niego.

Carmen, vengo a hablarle de Raúl.

-Ha hecho otra barrabasada más.

-Ayer tuvo una "agarrá" fea con Servando que, como usted sabe,

"tie" sus cosas, pero Servando es un hombre cabal.

-¿Una agarrada grave?

-Según y cómo. Servando le vino a decir

que tenía que respetar a la gente del altillo

como nosotras lo respetamos a él.

-Eso ya se lo he hecho yo hacer entender.

-Raúl le dijo de "to". Le llamó mediocre,

portero de tres al cuarto,

menestralillo, y hasta le mandó callar.

Y, aunque solo es por la edad que tiene uno y el otro,

Raúl tenía que haberse "callao".

-Fabiana, es que yo ya no sé qué hacer.

-Difícil es dar buenos valores y educación a un hijo, Carmen,

eso ya lo sabemos todas.

-Valores tiene, porque no siempre ha estado a cargo de mi marido.

-Pues mire, los ha "olvidao".

-Hombre,... hay enseñanzas que quedan a uno

prendidas para siempre,

lo que ocurre es que está pasando por un mal momento, Fabiana,

pero se reformará. -Eso espero, Carmen,

por su bien y por el nuestro.

-En cuanto se le pase la influencia de su padre,

volverá a ser el buen chico que fue siempre.

-Pues nada. Si usted está tranquila,

tranquila quedo yo también.

Vuelvo a la faena, Carmen, a más ver.

-Muy bien, Fabiana. Con Dios.

No.

Eso sí que no. Un ladrón no lo voy a consentir.

-"Flora, ¿puedes sentarte"

a hablar conmigo, por favor?

-Tengo trabajo. Si quieres contarme algo, te escucho.

-¿Tan difícil es de entender? Es una expedición

que empezó mi padre y me están dando la posibilidad de culminarla.

-Pues nada, vete, pero que lleves tanta gloria como paz dejas.

-Flora, yo no quiero irme y que tú no lo entiendas.

Es mi oportunidad para firmar

en el libro de la historia, de la ciencia.

-Si lo que no entiendo es por qué no has sido sincero desde el principio.

-Pero ¿cuándo no he sido sincero?

-Tú siempre diciendo que a ti no te interesaban

las correrías de tu padre, que tú no tenías pensado viajar ni explorar,

¿y a la primera de cambio te marchas a África?

Pues nada, si es lo que de verdad te importa en la vida,

echa a correr tras ello. -Flora, por favor.

Nada va a cambiar entre tú y yo. -¿Nada?

Eso es lo que tú te crees. De entrada,

que te marchas casi un año. -Que no va a llegar,

como mucho, 10 meses.

(RESOPLA)

Además,...

lo hago por los dos.

-¿Por los dos? -Sí, Flora.

Porque quiero que estés orgullosa de mí.

No quiero que pienses que soy un simple chocolatero.

-Pero yo sí que puedo ser una simple chocolatera, ¿no?

Mis sueños de ser actriz no valen, no dejas de poner trabas

a mi afición por el teatro. -No es lo mismo.

-¿Y por qué? -Porque no es lo mismo, Flora,

y porque estás haciendo una montaña de un grano de arena.

-Pues no sé si podrás escalar esa montaña.

Y deja de seguirme,

que tengo trabajo.

-¿Muy mal?

-Fatal.

Úrsula,...

deje lo que está haciendo.

Necesito hablar con usted.

Estoy aquí para lo que mande.

Tengo que pedirle algo importante.

Sabe que puedo hacerlo, lo que sea. Necesito encontrar

a una persona. Alicia Villanueva.

¿Solo puede decirme su nombre?

(Llaman a la puerta)

Vaya, vaya a abrir.

En cuanto nos quedemos libres, le daré más datos.

Gracias, Úrsula.

Buenos días, padre Telmo. Buenos días,

doña Trinidad, ¿qué se le ofrece?

No me llame Trinidad, llámeme Trini,

como lo hace todo el mundo.

Después de misa, fui a buscarle, pero se había ido

como alma que llevaba el demonio.

No quiero decir como alma que lleva el demonio,

porque eso no se le debe decir a un cura,

pero usted me entiende, ¿no?, que se iba deprisa.

No se preocupe, Trini, no se lo tendré en cuenta.

Y ahora, si me disculpa, tengo... Tan solo

voy a robarle un minuto.

Quería pedirle una misa para mi futuro hijo.

Eso está hecho. Verá, deje que me explique.

He soñado con san Dimas. ¿Y?

San Dimas me pidió una misa

para que mi hijo no saliera pelirrojo.

¿Pelirrojo?

Imagínese.

Que yo no quiero que mi niño salga con el pelo del color de la panocha.

Que yo sé que también son hijos de Dios,

pero no me apetece, y creo que da mala suerte.

Mueren jóvenes. ¿Ha visto algún pelirrojo anciano?

Mala suerte trae creerse esas supercherías.

Además, no creo que san Dimas se vaya a meter en el color de pelo

de su hijo. Sí, eso puede ser,

y lo cierto es que no soy supersticiosa, y sé que mi sueño

ha tenido más que ver con unas piparras que cené

y no me sentaron bien, antes que con una aparición divina, pero...

no quiero, pienso en el color rojo y me entran los siete males.

Está bien, una misa a san Dimas para que su hijo

no salga con el pelo rojo.

Muchas gracias, padre. Y otra pregunta,...

¿cuándo se puede celebrar la misa?

Lo miro en la agenda de la parroquia y le digo.

Si no le importa, estoy muy ocupado.

Si puede ser el domingo, sería fantástico.

La acompaño, doña Trini. Gracias.

Con Dios. Con Dios.

¿Alicia Villanueva, me dijo? Sí,

sí.

Es posible que haya estado en la ciudad hace pocos días,

incluso en Acacias,...

pero lo más seguro es que ahora esté en mi pueblo,

Puebla de Silvana.

Necesito que la encuentre y la haga venir,

pero, por favor, no le diga que yo se lo he pedido.

Sabré cumplir. ¿Cuándo salgo?

Ahora mismo.

-Perdone que me meta donde no me llaman, doña Susana,

pero ha colocado usted los pañuelos tres veces,

¿le pasa algo?

-No, no, no.

-Cuatro.

-Está bien, estoy muy nerviosa. -¿Puedo ayudarla?

-Mi profesor de dibujo va a venir a la sastrería.

-Usted siempre ha hablado bien de él.

-Lo que me preocupa son las habladurías.

Si con don Romualdo ya pensaban que tenía fecha de la boda,

¿qué inventarán ahora?

-¿Y qué le importa?

Lo que usted haga y siente, es solo un asunto entre usted y Dios.

-En eso tienes razón. -Yo le prometo que si surge

algún comentario en el altillo,

las cortaré de raíz.

-Buenos días, doña Susana.

Vaya, así que esta es la famosa sastrería.

-Don Venancio, me alegro de que haya venido.

-Qué buen gusto.

Maderas nobles,...

telas de primera.

Se parece mucho a las sastrerías inglesas.

Me recuerda mucho...

a la sastrería de mi difunto suegro en La Alameda.

-¿En La Alameda?

¿Agapito Moscardó? -El mismo.

¿Le conoció? -No, no tuve la suerte,

pero esa sastrería marcó una época en esta ciudad.

¿Y dice que era su suegro? -Por poco tiempo, desgraciadamente.

Mi esposa falleció en el parto

de mi única hija.

-No sabía que tenía una hija.

-Y dos nietos.

Preciosos. ¿Tiene usted nietos?

-Sí, uno que vive en París y que pronto me hará bisabuela.

Y otro en camino.

-¿Bisabuela? ¿Bisabuela? Pero, pero si es usted tan joven.

Anda, cuénteme,

¿cómo es eso posible?

-(SONRÍE)

Venga, dígame eso tan importante de lo que quería usted hablarme.

A ver, no es importante, es una tontería, pero a mí me hace ilusión.

Entonces sí que es importante.

No hace falta que te vayas a Salamanca.

Me he estado informando y, aquí también hacen cursos de restauración

de policromías.

Hay uno perteneciente al obispado, y me han dicho

que es de los mejores del país. Prima,

es que no es solo por el curso. Escúchame, Lucía,

se trata de practicar con obras pertenecientes

al obispado y recibir clases de los mejores especialistas.

Serían obras menores, claro.

Ya me imagino que no pondrán en manos de una aprendiz

una talla del siglo X.

Los mejores alumnos se quedan para practicar

con las más complicadas y en los mejores museos,

hasta la Casa Real acude a ellos cuando necesita de sus servicios.

Parece interesante, pero ¿no será muy difícil que me acepten?

Tú tienes muy buena mano, y Felipe y yo tenemos buenos contactos,

podríamos intentarlo.

Nos hemos acostumbrado a tu presencia y te echaríamos de menos.

(Llaman a la puerta)

Son ustedes tan buenos.

Lo que mereces, ni más ni menos.

Bueno, lo pensaré, se lo prometo.

Disculpen, el señor Alday ha "venío" a verles.

Lucía, doña Celia, ¿las pillo ocupadas?

Ya terminábamos. Les dejo a solas.

Mi prima Celia es una mujer maravillosa.

Veo que he interrumpido un momento de camaradería entre ustedes,

lo lamento. No pasa nada, ¿alguna novedad?

Sí.

Ayer fui a visitar al prior Espineira, para cuestionarle

el motivo del regreso del padre Telmo.

¿Y qué alegó?

El tribunal le declaró inocente y decidió ponerle en libertad,

sin condena. Una injusticia.

Le voy a confesar una cosa: no me extraña.

Eso fue lo que me dijo Alicia Villanueva,

que se escuda en el poder de la Iglesia

para cometer sus fechorías.

Samuel, no puedo quedarme aquí y cruzármelo a diario.

Le ruego que no tome decisiones precipitadas.

Lucía, no parta a Salamanca, usted no tiene nada de qué avergonzarse,

es él quien debe pagar.

Hay que terminar con esta costumbre de que sea siempre la mujer

quien deba dar explicaciones, aunque solo sea una víctima.

-"Bechuchulandia". Es que ni siquiera soy capaz

de decir el nombre del país.

-"Pos" por eso se va, "pa" descubrirlo

y que la gente sepa más de ese país.

-¿Y eso es asunto suyo? -Pues ya sabes cómo son los hombres,

que parten

detrás de cualquier majadería. -Pues no, no lo sé,

o sí, buenos para nada, eso es lo que son.

-Hay algunos que creen que han "nacío"

"pa" hacer cosas importantes

y no se dan cuenta de lo bonito que es formar una familia,

tener hijos y que estos salgan buenas personas.

-Y las mujeres a esperarlos, ¿no?

-Pues no debería de ser así, y eso va a cambiar más pronto que tarde.

Pero, por el momento, no nos quedan más bemoles.

¿Seguro que no quieres hablar con él?

Lo mismo se arregla

y se te va la congoja. -Si para eso he venido al altillo.

Lo que me faltaba era tener un rato libre,

salir a dar un paseo y encontrarme con él.

-No será tan malo. Hablando se entiende la gente.

-Si me encuentro con él, le cojo la porra a un guardia y no tiene barrio

para salir huyendo.

-No sabes la de veces que he "tenío" yo la tentación de hacer eso mismito

con mi Antoñito.

-Y eso que a él no le ha dado por irse a África.

-No, a él le ha "dao" por vender la torre Eiffel de París,

por inventarse un lava lunas "pa'lante" del coche,

por vender una máquina de la verdad,

que es más falsa que Carracuca. ¿Sigo?

-Ya, pero nada de África.

-No, ni que se le escurra.

Anda, vamos a tomar una achicoria, venga.

Pues la verdad que el Peña no ha "sío" muy caballeroso.

Creer que ibas a casarte, y luego irse a la selva con los monos.

-Y encima se piensa que va a volver del país

convertido en una celebridad. Una calamidad, eso es lo que es.

-Mujer, eso tampoco.

Antoñito me dijo que iba a hacer los mapas del país y "to" .

-Pero ¿quién quiere mapas de un pedazo de selva?

Ojalá se lo coman los leones. -Uy.

Uy, uy, uy, pero ¿esto qué es? ¿A quién se tienen que comer

los leones? -Al Peña.

-Pobrecito, leones, qué indigesto.

-¿Se ha enterado usted? Mi novio se quiere ir a África?

-Vaya, se refería usted a los leones del África,

ya decía yo que los leones de la casa de las fieras no podían ser.

-¿Qué le parece que se vaya a África?

-Pero ¿"pa" siempre? -No, unos meses,

según dice. -Pues nada, señorita,

que se vaya,

que si los leones no se lo comen, seguro que volverá,

y entonces, nunca más va a querer volver a hacer eso,

que si se queda, seguro que siempre le echará a usted la culpa

por no haberse ido. En fin,

marcho al quiosco. A más ver.

-Pues la Fabiana "tie" toda la razón del mundo.

Si el Peña se queda, va a estar "toa" la vida

pensando que se tenía que haber ido, y ya no habrá quien lo consuele.

-Que no, Lolita, que a mí no me va a convencer nadie.

Que prefiero que se lo coman los leones.

-"No va a ser pelirrojo"

porque ni en tu familia ni en la mía los hay,

pero, además, no sé qué importancia tiene.

-Yo tampoco. Bien guapos que son algunos pelirrojos,

empezando por el hijo de Carmen.

-Sí, guapo es, pero mira cómo le ha salido.

Además, que no, que la única familia de pelirrojos que yo conozco

es la del alcalde de Cabrahígo, y yo no quiero que mi hijo salga alcalde.

-¿No quieres que sea alcalde o pelirrojo?

-Ninguna de las dos cosas, Susana, lo quiero moreno y médico.

-No me importaría que fuese alcalde. -Anda.

A mí también me gusta ese oficio.

Un buen alcalde se preocupa por la gente.

Además, que no, que no.

¿A quién se le ha aparecido san Dimas?

A mí. ¿Y qué me pidió? Una misa para mi hijo.

Pues yo voy y la encargo. -Eso sí.

-Trini,

tú no tuviste una aparición, tú tuviste un corte de digestión,

que te metiste un atracón de piparras de un quilo "pa" ti sola.

-Ah, claro, ahora me vas a decir tú que san Dimas se aparece

cuando te empachas de piparras, Ramón.

-Yo tuve un empacho de piparras y no se me apareció san Dimas,

fue san Judas Tadeo.

Pues esta noche ceno piparras, que a mí también me gustaría

ver a san Melitón. -¿A quién?

-(RÍEN)

-Ya está bien de blasfemias, ¿eh?

Que una bromita está bien, pero más es pasarse.

No van a estar los santos esperando la llamada de las piparras.

-Eso es y, además, yo no he venido a contaros ni mi empacho de piparras

ni la aparición de san Dimas ni el miedo a que mi hijo salga pelirrojo,

lo que yo os quiero contar es lo de don Telmo.

-Ya te he dicho que eso no tiene importancia.

-No me hizo ni caso, Ramón.

Fui a pedirle la misa y, no sé si va a ser la semana que viene,

de mañana o de tarde, me despachó con viento fresco.

-Le pillarías mal.

-En Cabrahígo, a estas alturas, ya estaría en el pilón.

-¿El cura, al pilón?

-Claro. No hay semana en que no le echen.

-Deberíais estar todos excomulgados.

-Va, no exageres, Susana. -Vamos a ver, Susana, por favor,

¿en qué pueblo no tiran al cura al pilón?

-Estarás de chanza, ¿no?

-Pues claro que lo está, doña Susana.

-Bueno, me da igual. A mí,

lo que me ha hecho el padre Telmo, no me parece bien.

-Verás como cuando tenga un momento libre, viene y te hace caso.

-Pues si no va a hacer caso a sus feligreses,

no sé para qué ha vuelto. Bueno, me voy a recoger

unos libros a la biblioteca. Con permiso.

¿Hemos dicho algo que pudiera molestarla?

-No, yo creo que no.

-Ha sido cuando hemos hablado del padre Telmo,

yo creía que se llevaban muy bien.

-Tampoco le demos más vueltas, déjala.

-¿Dónde la habrá metido?

Raúl, ¿dónde has metido...? -Perdone,

tenía que haber llamado, pero me ha dicho Fabiana

que busca usted a Raúl.

-Sí. No sé dónde puede haberse metido.

-Le acabo de ver en la Plaza del Tuerto,

que vengo de llevar unos encargos de la sastrería.

-¿La Plaza del Tuerto? -Sí, ya sabe,

esa donde se ponen los chamarileros y los mercachifles

a vender cosas viejas.

-Gracias, Agustina. -De nada.

Espero que le encuentre y le pueda decir lo que sea.

-Dios mío, que Raúl no haya vendido esa figurita

porque si no,

no voy a poder confiar nunca en él.

Pasa.

Nadie te ha visto subir, ¿no? No, don Samuel.

Bien, pues que nadie te vea bajar. Descuide,

ya sé que Úrsula no se ha ido del barrio, pero hice todo lo que pude.

Hablé mal de ella, malmetí por todo el barrio,

le recordé a las vecinas su antigua relación con ella,

pero la vuelta de don Telmo en el último momento lo aguó todo.

¡De ser más diligente, ella no estaría aquí!

Es solo una vieja sin peligro. No pienses,

limítate hacer lo que te ordeno.

Aunque no te he llamado para hablar de eso.

Tengo un encargo.

Señor Alday, quizá yo no sea la persona más adecuada para ayudarle.

¿Me estás diciendo que no vas a hacer lo que te mande?

No, pero fallé con lo de Úrsula. Y espero

que no se vuelva a repetir. ¿Vas a hacer lo que te mande?

Lo haré, claro.

Por la cuenta que te trae.

Necesito que le des esto al señor Jimeno Batán.

La dirección está en la carta.

Y no falles.

No, señor.

-"¿Te vas así, de buenas a primeras?".

-De buenas a primeras no, ya te dije que...

-No, lo que me dijiste es que lo mismo te invitaban a una expedición,

no que fueras a ir de repente. -Las cosas se dan

como se dan, yo tampoco pensaba que todo se precipitara.

-¿Y dónde me has dicho que es? -Bechuanalandia.

-Bechu...

Bueno, que te vas a África.

Llevas una semana desaparecido y ahora te vas a África.

-Íñigo, es la oportunidad de mi vida.

-La oportunidad de tu vida es este negocio.

Y mi hermana, ¿qué dice ella?

-No me habla. -Claro.

Y es por eso porque no está trabajando.

Pues ya puedes ir a buscarla y decirle que venga aquí.

-Yo esperaba que tú me entendieras y que me ayudaras con ella.

-¿Ayudarte yo? Tú estás loco.

Ahora solo tengo ganas de arrancarte la cabeza.

-Solo serán unos meses, después volveré

y todo seguirá siendo como ahora.

-Pues no te vayas, y todo seguirá siendo igual que ahora.

Y ve a buscar a Flora.

-Buenas.

Vengo a por unos pasteles "pa" casa de los señores de Palacios.

-Ah, sí, ahora mismo se los ponen.

-Perdone que me meta "ande" nadie me ha "llamao",

pero parece que anda usted con todos los problemas del mundo

rondándole la cabeza.

-Todos no, Fabiana,... pero buena parte de ellos.

-¿Es por lo del África? -¿Se lo han contado?

¿Ha visto a Flora?

-En el altillo,... con Lolita.

"Enfadá" con usted.

-Ya.

-Ella tiene miedo de que se lo coman los leones,

y a mí me pasaría lo mismo.

Pero ¿a quién se le ocurre irse "pa" el África

si no es porque lo llevan a uno "atao"?

-"Señá" Carmen, a las buenas. ¿Ha visto usted?

Comer fruta, comer fruta, cada vez que voy a la compra,

vuelvo que parezco una mula de carga. Hay que ver.

Le digo yo una cosa, si yo "entoavía" fuera rica,

comía carne de vaca. -Perdona, Casilda,

que no te puedo ayudar.

-"Señá" Carmen, ¿le ocurre a usted algo?

-Nada, hija, que ando buscando a Raúl.

Agustina me dijo que andaba por la Plaza del Tuerto,

pero debe ser que ya ha vuelto de allí.

-Ah, pues yo sí que le he visto.

Le he visto con un mozo al que no conozco.

-¿Dónde? -Mire, han ido "p'allá".

Si se da prisa, "entoavía" le puede coger.

-Gracias.

-¡Ya va!

Don Venancio.

-Buenas tardes, doña Susana. Tenía un hueco entre clase y clase

y he venido a traerle un libro para que pueda usted

perfeccionar su destreza

con el dibujo.

-Qué preciosidad.

-Le rogaría que no le contara a sus compañeras que se lo he prestado.

Es un libro muy valioso,...

de mi colección particular.

-¿Y... por qué me lo ha traído?

-Pues porque...

porque es usted la mejor alumna que tengo.

Y es la única a la que le dejaría verlo.

-Qué halago. -Y la única que podría copiar

esos dibujos y que se pareciera algo más que un huevo a una castaña.

-(RÍE)

-Tenga por seguro que lo cuidaré como oro en paño.

Ni siquiera a Rosina le diré que me lo ha prestado.

-Son ustedes muy amigas, ¿verdad?

-Sí. Desde hace más de 20 años.

Además, ahora... somos familia.

Cuando Rosina enviudó de don Maximiliano,

se casó con mi sobrino Liberto.

-¿Su sobrino?

-Sí, mucho más joven que ella.

Al principio puse el grito en el cielo, pero...

el hombre propone y Dios dispone. Pocos matrimonios

he visto tan felices como ese. -Su sobrino de usted

¿es sastre también? -No, qué va,

él se ocupa de las rentas de Rosina. Mi amiga es rica, ¿sabe?

Es copropietaria de una mina de oro,

en alto rendimiento.

-¿Una mina de oro? Caramba, qué emocionante.

-Sí.

Bueno, yo no sé mucho de eso, tan solo soy una sastra.

-Y de las mejores,...

por lo que veo.

Bueno, estaría hablando con usted durante horas,

pero debo volver a mis clases.

Cuide el libro, por favor.

-Con la mayor de las cautelas,

y gracias por su visita.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿El que acaba de salir era don Venancio?

-No me puedes dar solo 100. Es una estafa.

-Es lo que hay.

-¿Doscientos duros?

Ciento cincuenta.

Ciento veinticinco.

-No. -Esa pieza

de porcelana no es tuya. -Espera.

-No.

Mira, yo no quiero líos, compóntelas.

-¿Ha visto lo que ha hecho?

Me iba a dar 100 duros, 500 pesetas.

-Pero ¿te has vuelto loco, hijo?

-¿Sabe cuánto tiempo habría vivido con 100 duros como un señor?

-Más del que tú crees, pero no como un señor,

sino como un preso en un calabozo,

en cuanto don Samuel se diese cuenta de que se la habías robado.

-¿Y cómo se iba a enterar? ¿Me iba a delatar?

Ya lo hizo una vez.

Ya nos arruinó la vida una vez a mi padre y a mí.

-Espera. ¿Qué dices?

-Por su culpa metieron a padre en la cárcel.

Usted le delató. Dijo dónde se escondía.

-Si lo dije fue porque me obligaron, hijo, no...

no me quedó más opción.

-Era su esposo,... lo sigue siendo.

-Tu padre es un miserable.

No es el buen hombre que tú crees.

Durante años me maltrató.

Se gastó mi herencia, que era la tuya, en juego, en mujeres,

¿es que quieres seguir sus pasos?

-¿Antes que los suyos y ser un criado?

-¿Tú crees que a mí me gusta pasar estrecheces?

Pero mejor eso y vivir en paz, que penar de cárcel en cárcel

como tu padre.

-No, a mí no me van a pillar.

-Eso es lo que tú crees.

Hijo,...

devuelve esa figura,...

si no lo haces, serás como él.

Y no te voy a delatar, ¿cómo iba a hacerlo?

Eres mi hijo.

-Lo hizo con su esposo, ¿quién se fía de usted?

-Un hijo es más que un esposo, no lo dudes.

Yo sé que tú no eres malo,...

que solo es lo que has visto en tu padre,

pero pocos pueden decidir y, tú tienes la oportunidad

de hacerlo ahora.

Es asunto tuyo devolver esa figura o no,

ser un hombre de bien o un facineroso.

Una cosa más,...

si no la devuelves, me despedirán, me dejarás en la calle.

Demuestra que todavía queda algo bueno dentro de ti.

-¿Dos veces ha venido hoy? ¿Ahora y esta mañana?

-Dos visitas cortas. -Vamos, Susana,

aunque lleves muchos años sin tener relaciones de amistad con un hombre,

tú sabes lo que significa esto. -No digas bobadas, Rosina.

Ya estás igual que con don Romualdo.

-No, no, con don Romualdo me equivoqué, cierto,

pero ahora está más claro que el caldo de un asilo.

Don Venancio te pretende. -Sabía

que ibas a empezar con eso.

Esta ha mañana ha venido para conocer la sastrería y, esta tarde,

casualmente, tenía un hueco entre dos clases.

-A ver, Susana, que somos dos mujeres, y adultas.

Esta mañana vino para verte y, ahora ha vuelto porque le gustó

lo que vio.

Y ahora, la pregunta importante.

Mírame a los ojos y no me mientas, ¿a ti te gusta?

-Por favor, Rosina. A mí lo único que me interesa

es que me enseñe a dibujar.

-Ya sabes dibujar, no me tergiverses.

-Mira, no tenemos 15 años para andar con el jueguecito de si te gusta

o no te gusta.

-No me voy si no me contestas. ¿Te gusta o no?

-Fuera. -Susana...

No ha dicho que no, luego es que sí. ¡Ja!

Telmo.

Cuántos años sin verte.

Por favor, Úrsula,...

haga el favor de dejarnos solos,

y gracias por haber cumplido con mi encargo.

Gracias a usted por la confianza, padre.

¿Para qué me has hecho venir?

¿Qué le has contado a Lucía?

La verdad,...

nada más que la verdad.

-¿Qué sigues, a la gresca con Flora? -Esta mujer no atiende a razones.

Yo no he hecho nada con mala intención,

pero no hay manera de que me escuche y que las aguas vuelvan a su cauce.

-Tienes que admitir que el asunto no ha sido plato de buen gusto.

-Sí, puede ser, pero yo no puedo perder la oportunidad de mi vida

por una pataleta de Flora.

-Entonces pinta mal, Peña. Si haces ese viaje

tienes que estar dispuesto a perder a tu novia.

-"¿Busca" ocupación para su hijo?

-Pienso que le vendría bien trabajar.

-Como es su obligación, Carmen, que a su edad ya hacía años

que una se ganaba el pan, y con mucho esfuerzo.

-Eso es lo que quiero que sepa, que el sustento no lo regalan.

-Por supuesto. La ociosidad

es la madre de todos los vicios.

-Y no va usted a criar un gandumbas.

Yo nunca voy a estar a la contra de celebrar una misa,

pero ya les dije que el motivo me parece un poco peregrino.

¿Y pensaría lo mismo si fuera su hijo?

-Trini, no digas barbaridades, ¿cómo va a tener el padre un hijo?

-Es un suponer, Susana, no digo que el padre vaya a ser padre.

Sea como sea,

me parece que le están dando mucha importancia a un sueño.

Ya, pero... ¿y si el niño me sale pelirrojo?

-Sabe que estoy tratando de colocar a mi hijo, ¿por qué no le contrata?

-No creo que eso sea buena idea.

-Usted no da abasto, y el muchacho es muy mañoso.

En dos semanas lo tiene reparando todas las averías de la casa.

Y usted a descansar, que buena falta le hace.

-Sí, si yo no digo que el muchacho no sea "espabilao",

pero es que es muy rebelde

ya he tenido algún encontronazo con él.

-Ya, ya sé que tiene carácter,

pero le vendría bien alguien le meta en cintura.

-"Quedó en que me pagaría" una cantidad cada mes.

Y créame que me encantaría poder hacerlo, pero estoy sin fondos.

Ese no es mi problema.

Sosiéguese.

Piense lo que va a conseguir cuando tenga en mis manos

la fortuna de Lucía Alvarado.

Apenas quedan tres meses para que cumpla 23 años,

¿cuándo piensa anunciar la fecha de la boda?

-Me voy a permitir invitarlas a una clase especial que he preparado

para esta misma tarde.

Es una clase para alumnas seleccionadas.

Para auténticas amantes del arte.

-Ah, sin duda, somos nosotras. -Sí, pero ¿de qué se trata

exactamente la clase?

-Eso es una sorpresa. -"Por fin doy contigo".

-Pues sí, y por las horas que son, parece que te ha costado mucho.

-De no ser por Fabiana, no te habría encontrado.

-Yo mejor me voy, que tres son multitud.

-No, espera.

Quiero tener testigos de lo que voy a decir.

-"Alexis, por favor".

-¿Este es Sorolla?

-No, no es Sorolla. No digas tonterías, Rosina.

-Ya decía yo que estaba de muy buen ver.

-Esta es la sorpresa

que les había preparado, un modelo de carne y hueso

que se expondrá ante ustedes. -Disculpe.

¿Que se expondrá? -¿Quiere decir

que se va a quedar en porretas como la escultura del David?

Sé con quién me gasto los cuartos. ¿Está seguro?

Ese individuo tiene fama de ser peor que Judas.

He oído cosas muy malas de él.

Mejor que sería que se alejara de gente de esa calaña.

Bueno, ya está bien. ¿Quién te crees que eres para darme consejos?

Bueno, yo solo pretendo servirle lo mejor posible, señor.

Pues entonces, haz lo que te ordeno.

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Acacias 38 - Capítulo 877

26 oct 2018

Telmo intenta convencer a Lucía de que Alicia no es de fiar y ha sido engañada, pero la muchacha no puede fiarse ya del cura. El párroco pide a Úrsula que encuentre a Alicia. Samuel y Espineira parecen llegar a un trato para hacerse con la herencia de Lucía.

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  1. Santi

    Acacias 38 está en Madrid.... en episodios pasados han hecho alusiones a personajes de dicha comunidad El Salamanca de donde procede Lucia es la provincia situada en Castilla y León... los marqueses de valmez son de allí Esos viajes a los que aludís supongo que los decis por las visitas al prior, lo que ocurre es que el prior no está en Salamanca

    29 oct 2018
  2. Mabi

    Alicia de nada!!! Soy Argentina y por deformación profesional, pero más por curiosidad, me gusta investigar cuando surge alguna duda y como soy seguidora de otros programas de rtve dónde muestran distintas localidades, a mi también me picó el bichito de a cuál Salamanca viajaban. Y gracias que pusiste la hora correcta porque yo dejé la antigua... Saludos cordiales!!!!

    29 oct 2018
  3. Alicia

    Nuevo horario de Argentina: 18.55 lunes 29 de octubre.

    29 oct 2018
  4. Alicia

    Gracias Mabi, siempre tan atenta. Un pregunta, vos sos española o argentina?. Te pregunto porque diste una información pormenorizada en donde se situaba Acacias, pero mandabas "Saludos desde Argentina" es simple curiosidad, nada más.

    29 oct 2018
  5. Mabi

    CAMBIO HORARIO ESTACIONAL en ESPAÑA. Les comento que en Argentina a partir de mañana Lunes 29 de Octubre, Acacias se emitirá a partir de las 17.40 hs. Les recomiendo entrar a la página de tve internacional y buscar a que horario lo trasladaron según el país. Saludos cordiales!

    28 oct 2018
  6. Barbara

    Daniel Tatay favoloso, così pure il personaggio di Padre Telmo. Spero che la storia tra lui e Lucia possa continuare in maniera sempre più appassionante , così come lo è stata quella fra Gonzalo e Maria ne "Il segreto de Puente Viejo". Complimenti agli autori in questo caso!

    28 oct 2018
  7. Eugenia

    Sarah: no hay mucho para contar ya que las situaciones se repiten día a día: Samuel que no se detiene en su afán de quedarse con los bienes de Lucía, siempre con sus malas artes,; Lucía que con su escasa personalidad se deja embaucar por quienes, supuestamente la quieren ayudar, ; " aparentemente" Raul está repensando sus actitudes,Lo de Flora y Peña parece que va al "naufragio" ; Rosina y Susana poniendo la nota de humor con sus clases de dibujo; Ursula, que parece estar volviendo a " su " normalidad, por lo menos parece mas avispada.- No se que mas decir, igualmente en el próximo capítulo y para no perder la costumbre, veremos situaciones poco cambiantes como es habitual por parte de los guionistas , o sea NO PERDISTE DEMASIADO

    27 oct 2018
  8. Sarah

    Que lastima que me la pierdo de ver todos los viernes.... alguien puede escribir un corto resumen ...en que quedó.....??

    27 oct 2018
  9. Marilu

    Mabi, también agradezco te hayas molestado en contestar. Sucede que, no recuerdo haber escuchado nunca en labios de algún personaje, mencionar " Madrid " siempre se refieren a " la ciudad " sin especificar, al menos eso recuerdo.-Respecto a los viajes, a y desde Salamanca, recuerdo cuando Lucía decide volver a lo de su padrino en una de sus tantas idas y venidas , Celia y Felipe la despiden como si se fuera muy lejos y no a los " alrededores " de Acacias.- Igual, todo son suposiciones nuestras, ya que en esta serie hay muchas cosas que no quedan claras, algunas importantes y otras no, como es en el caso que nos ocupa ( pero no nos preocupa ), solo que parece que algunas somos muy detallistas o nos la pasamos buscándole el pelo al huevo, JAJAJAJA .- Saludos desde Avellaneda, Pcia. Bs.As.

    27 oct 2018
  10. Alicia

    Gracias Mabi por tu información.

    27 oct 2018