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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 876 - ver ahora
Transcripción completa

Señor mío, te lo ruego,

perdóname por lo que voy a hacer, ojalá hubiese otro remedio.

"Van a enfrentarse ustedes"

a la belleza clásica en todo su esplendor.

-Pero si está como Dios lo trajo al mundo.

-Está bien. Entendido.

-"¿Tú no sabrás nada del Peña, no?".

Se fue por la mañana y no sé dónde está.

-Lo mismo está preparando tu pedida de mano.

-¿Tú crees? -Le agradezco lo que ha hecho.

-Se lo advierto, no vuelva a acercarse más a mi hijo.

Como desee.

Pero ha de saber que cuando recogí a Raúl,

yo no sabía que era su hijo.

-"Debe partir" rumbo a Jartum de inmediato.

Antes debería escucharme.

¿Para qué?

Nada de lo que me diga puede cambiar la situación.

Espere a escucharme,

no tardaré mucho.

Le aseguro que no se arrepentirá. -"Samuel Alday"

tiene la determinación de expulsarla de Acacias para siempre

y bajo cualquier medio necesario.

¿Cómo lo sabe? Porque me ha hecho a mí tal encargo.

Me ha exigido que le haga cumplir con su voluntad.

¿Y cómo se supone que va a cumplir usted su encargo?

De ninguna manera.

Pero estoy seguro de que al siguiente al que se lo encargue,

no mostrará muchos reparos. -"Estoy muy feliz"

de que finalmente hayas vuelto al altillo.

Separarme de ti... ha sido...

lo más duro que he hecho nunca.

Parece haber olvidado que si he vuelto con usted,

es por la sencilla razón de que no tenía sitio donde ir.

Por nada más.

-"Debe ser el padre, no debía estar"

dentro de la iglesia.

Bienvenido, padre.

-Le hemos echado a faltar.

Gracias, yo también a ustedes.

-¿Ha venido para quedarse, padre?, quiero decir,

¿se hará cargo de la parroquia?

Sí, descuide, vuelvo para quedarme.

-¡Albricias!

Uy, es que el otro párroco nos tenía un poco...

Que no tiene su labia.

-Lo que quiere decir es, que con usted estamos,

nos sentimos más cerca

del Altísimo.

No soy yo quien les acerca al Señor. Solo ustedes,

con sus actos pueden conseguir la gracia.

-Me alegro de tenerle

de nuevo entre nosotros y con intención de quedarse.

A mí también me agrada el reencuentro.

-Una larga ausencia.

La he acortado en la medida de lo posible.

De hecho, he podido salir

de Oviedo antes de lo previsto.

-Pues ya lo ve, padre,

deseábamos su regreso.

(RÍE TIMIDAMENTE) ¿Quiere que le acompañe

a casa? (ASIENTE)

No comprendo cómo le han podido dejar

en libertad. Deje eso ahora, se lo ruego.

Padre Telmo.

Doy gracias a Dios porque esté de nuevo aquí.

Yo también, Úrsula, yo también.

A Él le doy gracias por el retorno.

Y a todos ustedes por la acogida.

-Qué maravilla, ¿no, Susana?

Lo tenemos de vuelta otra vez. Yo no me lo esperaba.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ay, estoy pensando en invitar a comer al padre Telmo,

se le ve un poco ajadillo.

-Pues temo que no tenga que ver con el alimento del cuerpo,

sino con el del alma.

Dicen que ha estado atendiendo a un familiar enfermo.

-Bueno, a su alma le vendrá bien un buen puchero.

Hola, hija.

-¿Estaban hablando del padre Telmo? ¿Ha aparecido?

-Está vivito y coleando.

Ha sido una sorpresa. -¿Y se va a quedar?

-Sí, de titular de la parroquia, como antes.

-¿Y el otro cura? -Se apañarán.

La Iglesia siempre ha sido muy ducha en jerarquías.

-Y en componendas. Yo me alegro mucho,

aunque solo sea por mi tía,

que no le hacía mucha gracia el nuevo párroco.

-Era un pelmazo.

-Sí, ¿eh? Algo había escuchado.

Al parecer, la oratoria no era su fuerte.

En fin, todos contentos pues. -Pues sí.

Rosina, no me has dicho nada de tus clases de dibujo.

-¿Y qué quieres que te diga? No están, no están.

¿Qué quieres que te diga?

-Pues no sé, cualquier cosa, siempre me dices algo.

¿Vas a seguir acompañando a mi tía? -Sí, naturalmente.

-Pero ¿no me decía que le parecía un aburrimiento esas clases?

-¿Yo? -Sí, Rosina, sí, tú.

Vivir para ver.

-Bueno, tal vez lo dijera de pasada, pero eso era antes.

-¿Antes de qué?

-Pues antes de que me gustara el dibujo

como me gusta ahora. -Vaya.

¿Y esa pasión recién adquirida?

-¿Qué te crees, que solo los intelectuales tenéis sensibilidad

para dominar las formas, la belleza,

el esplendor estético? -Leonor no ha querido decir eso.

Simplemente, nos extraña tu forma y tu cambio de parecer, nada más.

-Bueno, sí, lo siento.

Don Venancio, ese maestro de la pintura

es el responsable de mi cambio de actitud.

Es que tiene una forma de entender la enseñanza, que me cautiva.

-¿Utiliza métodos innovadores?

-Bueno, para mí sí que lo son. Revolucionarios, innovadores,

penetrantes... Sí.

Pues yo me alegro mucho, mi amor. -(RÍE)

-Venga, explícanos. Bueno, explícate.

-Bueno, es que no sé si sabré hacerlo,

porque a mí, su método me gusta de una forma

instintiva. Sí, eso.

Solo sé que me quedo extasiada,

que no me cuesta trabajo concentrarme,

que me abstraigo como antes pocas veces había hecho.

-¿En sus dibujos?

-Sí. Bueno, en los dibujos, en el mundo que me rodea,

en las formas,

en las líneas, en las curvas,

en las rectas...

Y en lo blando y lo duro. A ver, en el mundo

que me rodea.

Pues claro, ahora estoy adquiriendo visión,

¿no?

Es observación,

visión aguda. -Desde luego,

cariño, hablas como si fueras una artista.

-Espero que no te moleste.

-¿A mí? Para nada, todo lo contrario.

Si mi tía y tú sois felices, yo también lo soy.

Mucho te importará a ti, con lo poco capillita que eres.

-No te voy a decir que soy el mejor católico del mundo,

pero, como amante del orden, me alegra el regreso de don Telmo.

No es bueno para el barrio cambiar de guía espiritual

cada dos por tres.

-En eso dices bien. Sus consejos eran imprescindibles.

Todos los vecinos están muy complacidos con su regreso.

-Ya he visto a Úrsula.

Estaba como si le hubiera venido a ver Dios.

-No digas eso.

Lo que me ha extrañado es la frialdad de Lucía.

Ellos tenían muy buena relación y, no ha mostrado entusiasmo.

(Se abre una puerta)

Buenas noches.

Me voy a acostar.

Que descanses, buenas noches.

-Espera, espera un momento.

¿Te encuentras bien? Sí, claro.

Me ha parecido que estabas ausente en la cena.

¿De verdad? No trataba de dar esa impresión.

Y también en la llegada del padre Telmo.

No has mostrado entusiasmo. ¿No te alegra su regreso?

Claro que sí, como a todos.

Si he parecido distante, quizá sea porque estoy dándole vueltas

a una idea. Creo que me voy a ausentar unos días.

Una temporada,

tal vez.

-¿Y eso?

Quiero visitar un taller

de restauración sacra,

de rehabilitación de imaginería policromada.

Y, bueno, si me admiten y me gusta su quehacer,

podría quedarme a aprender el oficio.

No me habías dicho nada. Es que se me ha ocurrido hoy.

-Lucía, no tenemos nada en contra de tus ansias de aprendizaje,

todo lo contario, pero ¿podrías hacerlo en esta ciudad?

Hay buenos talleres de restauración

y en este país no faltan imágenes.

Es que, el taller de Salamanca es muy afamado.

-¿No hay otro motivo por el que quieras ir a salamanca?

No, ninguno.

En fin, me voy a dormir, que estoy que no me tengo.

¿Te parece sincera?

-No podría decirlo con seguridad.

-Nunca se ha mostrado tan caprichosa.

Creo que quiere alejarse de Acacias.

-Deja de preocuparte por ella, ya sabe lo que tiene que hacer.

Mire usted, Agustina, lo que sobró

de la fiesta de anoche, nos va a hacer un buen apaño.

-Dejadme algo, que estoy canina.

-Descuida, que queda suficiente para ti y para otra rezagada.

-Hale, pues ya he "finiquitao" con la plancha.

Ay, qué disparate, si yo tuviera tanta ropa como los señores,...

me quedaría toda la mañana mirando el armario sin saber qué ponerme.

Apartarse, que tengo más hambre que el perro de un ciego.

Ay.

Pero si aquí no queda "na".

Parece que no soy aquí la única tragaldabas.

-Espera, Lolita, que no te vas a ir a la cama sin cenar.

Tengo por aquí un salchichón...

-No, "señá" Carmen, no se preocupe.

Sabemos que ese embutido lo guarda "pa" cuando no le da tiempo a cenar.

No se preocupe, Agustina y yo le daremos a la Lola de lo nuestro.

-Ten, Lolita, que todavía me queda algo guiso.

-Gracias, gracias.

Bueno, me voy a comérmelo a mi cuchitril,

no vaya a ser que a alguien le dé hambre y me despoje.

¿Ha cenado usted con apetito, padre?

Estaba todo delicioso. Gracias, Úrsula.

Ni me había percatado de lo mucho que echaba en falta

una buena comida.

¿Quiere un postre?

He preparado natillas y arroz con leche, para que elija.

O para que coma ambas cosas.

No, gracias, estoy más que lleno.

Solo deseo una buena cama. Ni que hubiera dormido al raso.

Al raso no.

Haya pasado lo que haya pasado, quiero que sepa que,

al igual que el resto de vecinos, estoy muy contenta con su vuelta.

Pensé que no nos volveríamos a ver.

Su marcha fue tan repentina como su regreso.

Se lo conté todo por carta para no preocuparla.

No hay misterio.

Y por fin, de nuevo en casa.

¿Ha temido usted por mí?

A las mujeres, cuando más mayor nos hacemos,

se nos hace todo un mundo.

Pues pierda cuidado, todo está en orden.

Incluido el asunto de la titularidad de la parroquia.

He hablado con mi sustituto y no habrá desacuerdo,

sigo siendo el párroco de Acacias.

Y ahora, marcho a descansar.

Merecido lo tiene.

¿Iba usted a alguna parte?

Eso ya no importa.

Úrsula, cuente, por el amor de Dios.

¿Qué pensaba hacer usted?

Es que,... algunos vecinos no veían con buenos ojos que yo siguiera

aquí sin usted.

Siento haberle causado sinsabores.

No volverá a pasar.

Duerma tranquila. Ya sabe

que esta es su casa. Yo la protegeré.

No volveré a marchar.

Gracias, padre. Todo volverá a ser como antes,

como siempre.

Buenas noches. Con Dios.

Con Dios.

Ir a dormir,

que ya recojo yo los platos.

-¿Seguro, "señá" Carmen? A nosotras

no nos cuesta "na". -Tampoco a mí.

Descansad, que bien merecido lo tenéis.

Buenas noches.

-Gracias.

-Esas mujeres trabajan como mulas.

Se merecen al menos una cena decente para no pasar la noche

dando vueltas en la cama con el estómago vacío.

-Me dijo que aquí me darían cama y sustento.

-Y así lo están haciendo, hijo, no hay más que verte.

-No es mi culpa si sus señores no las alimentan como Dios manda.

-Pero es culpa tuya no compartir

con ellas. -Encima tengo que aguantar sermones.

-No, hijo, solo tienes que convivir con personas, y como una persona.

Te guste o no, tendrás que aceptar...

-¡No soy como ellas!

¿Me ve cara de sirviente?

-Te veo cara de egoísta

y de aprovechado, por más que eso me duela.

-Madre, madre, no es aprovechamiento, es ley de vida,

unos arriba, otros abajo.

Así ha sido siempre y lo seguirá siendo.

-En casa de los señores, aquí no, aquí somos todos iguales.

-¡A otro perro con ese hueso aquí y en la Cochinchina!

Los perdedores, pobres, y humildes siempre se llevan la peor parte.

No soy como ellos, madre, yo he nacido para triunfar,

para que se reconozca mi valía.

-Me parece estar escuchando a tu padre.

Todo para él y nada para los demás.

Te ha cortado por su mismo patrón, hijo, y eso me pesa.

-¿Preferiría que fuera un criado y me fuera a la cama sin cenar?

No soy de esos, madre.

Yo no soy como estas que viven en este altillo, yo soy mejor.

¿Han hecho ya los dibujos del natural que les encomendé ayer?

-Sí, y alguno más. -Como era nuestra obligación.

-Obligación y devoción.

Ahora empiezo a sentir que el arte se me ha metido debajo de la piel

y la carne.

Me alegra mucho oír eso, doña Rosina. Veamos su labor.

Bien.

Con algunos defectillos, pero bien.

Tiene usted buen trazo, doña Susana. Reposado,

preciso... Le falta algo de vida.

Algunas venas en el metatarso.

-Me da no sé qué pintar con excesivo realismo.

-Tiene que quitarse de la cabeza esos prejuicios, doña Susana.

El cuerpo humano es hermoso, pero solo

si lo dibujamos con sentimiento, ¿eh?

Lo que quiere decir que no solo hay que captar la piel,

sino lo que hay debajo, aunque no se vea.

-No tengo tantas nociones de anatomía.

-Y menos de la masculina.

-Ya lo iremos solucionando, para eso están ustedes aquí.

Pero satisfactorio, muy satisfactorio, doña Susana.

-Gracias.

-Doña Rosina, veamos su obra.

Como ve, he intentado captar la fuerza de ese pecho.

Su dureza, pero al mismo tiempo su suavidad.

Pero sobre todo, su virilidad.

-¡Rosina! -Es arte.

-En cierta medida, ha conseguido captar muy bien todo esto.

También tengo que decirle, que con menos técnica que su compañera.

-De vez en cuando se me iba el santo al cielo

mientras dibujaba. -Pero no está nada mal, ¿eh?

Hay mucha potencialidad

en este trazo.

Capta usted muy bien la sensualidad

de la anatomía. -Siempre ha sido así.

-¿Siempre?

Había dibujado usted ya antes.

-No, dibujar, no.

-Yo ya me entiendo.

-Se nota mucho su motivación,

algo que no ocurría con los bodegones.

-Es que no es lo mismo.

-Un momento. Fíjense.

Fíjense.

A ver.

Por aquí.

Fíjense...

en los abultamientos musculares.

Sus luces,

sus sombras, sus volúmenes,

sus tamaños.

Fíjense, fíjense. -Sí, nos fijamos, nos fijamos.

-Es importante conocer la anatomía.

-Ya lo creo que sí.

Hay que conocerla.

Mire esa cadera, da gloria. De formas, digo.

-Las caderas son

muy difíciles según las poses.

-Por eso tú solo dibujas manos y pies.

-Lo más importante es aprender a transmitir

el volumen.

Los principiantes y los que no conocen la anatomía,

suelen ser superficiales.

-No, yo no, ese no es mi caso.

Yo, aunque principiante, siempre me he sentido atraída por el volumen

y el grosor, específicamente. -Una gran virtud,

doña Rosina.

En el caso de la anatomía masculina, como es nuestro caso,

se ha de entender muy bien qué ha de transmitirse fuerza,

potencia, virilidad.

-Yo también he estado casada... y he podido... palpar

esas anatomías. -Hace tanto,

que lo mismo se te ha olvidado.

-Vamos a hacer un ejercicio práctico.

Toquen.

Toquen, toquen y sientan, vamos, toquen los músculos.

Vamos, los huesos duros,

la carne firme. -Sí, sí.

Sí que noto la dureza, la noto.

-Palpe, palpe, doña Susana, que no muerde.

-(RÍE) Más quisiera.

-¿Nota usted los gemelos?

-¿Puedo notar los muslos?

-Naturalmente,

para eso están ustedes aquí.

El dibujo del natural

no debe quedarse en la superficie.

Tiene que ir más... Más hondo.

-Yo voy a dibujar hasta el tuétano. No hay nada más profundo.

(RÍEN)

-Esa es la actitud. Vamos, haga como su compañera.

Y... Y palpe.

Palpe y sienta. Vamos.

Vamos.

(Puerta)

¿Qué ocurre ahora?

La señorita Lucía.

Lucía, buenos días.

¿Ha desayunado?

Carmen, tráenos té y unas pastas.

Enseguida, señor.

Siéntese, por favor.

Había pensado en ir a visitarla

en cuanto terminara mis obligaciones.

¿Ha descansado usted?

Sabía que la llegada de ese cura

terminaría por afectarla a usted. Maldita sea...

Me he pasado la noche pensando.

No entiendo cómo el tribunal eclesiástico

no solo no le ha impuesto otro castigo,

sino que le han enviado al mismo destino

donde cometió su crimen.

Samuel, la verdad es que me siento incómoda.

No tiene de qué preocuparse.

Yo estaré para protegerla.

Y mi prima se ha dado cuenta de esa incomodidad

y ha empezado a preguntarme.

No debería preocuparla con demasiadas explicaciones.

No.

Sería lo último que querría.

Por eso se me ocurrió sobre la marcha

decirle que... estaba dándole vueltas

a marcharme a Salamanca.

A Salamanca.

¿Con qué motivo?

Uno muy razonable.

Entrar en un taller de restauración

de imágenes religiosas. Y todo por ese farsante

que ensucia su sotana y el nombre de la Iglesia.

Bueno, el tribunal no lo considera así.

Pues es lo que hace.

Samuel, no sea tan radical en sus juicios.

Si la jerarquía le considera inocente,

es porque no hubo abuso.

Por lo tanto,

yo estoy libre de deshonra.

Puedo asegurarle que no fue así.

Hubo abuso.

No puede saberlo con certeza.

Maldita sea, lo sé.

Lo vi con mis propios ojos.

Pero no tiene nada de qué preocuparse.

Su honra quedará a salvo.

¿Y qué piensa hacer?

Todavía tengo que pensarlo con detenimiento,

pero no me quedaré parado.

Usted despreocúpese.

Por eso quiero marcharme.

No.

Por favor, no se marche.

Al menos, hasta que indague qué es lo que ha ocurrido

y sepa qué intrigas ha puesto en marcha.

Usted no se preocupe. No tiene nada que temer.

(SILBA)

¡Eh! ¡Muy buenas!

Bueno, no es porque yo lo diga, ¿eh?

¿Eh?

Pero ahora sí que reluce el portal.

-"Pa" chasco que sí.

Deslumbra más que una patena. -Sí.

Si es que el sustito ese que contrataron los señores

dejaba mucho que desear.

Me he encontrado unas bolas de pelusa

por los rincones, que parecía un jilguero

recién salido del huevo. Lo van a notar.

Si es que... Servando es mucho Servando.

-Por cierto, Servando,

no ha dicho usted "na" del cura. Que llegó como una aparición.

Además, justo a tiempo.

Los ha "dejao embobaos". -No, me alegro mucho.

Yo no soy de los de misa diaria.

Por cierto, y hablando de otra cosa,

¿qué haces aquí tan ociosa?

-La señora está en su clase de dibujo.

Bendito sea Dios y benditas sean

las clases de dibujo.

Esperemos que esta afición

le dure mucho tiempo.

Mientras está dibujando, no está dando la murga.

-Huy.

Lo ha vuelto a hacer el "desgraciao". -¿Lo qué?

-Pues el Raulito de mis "pecaos". Se aprovecha de lo que no es suyo.

-¿Qué ha hecho el angelito?

-Vaciar el aljibe... "Pa" lavarse.

¡Ni que se hubiera "rebozao"! Lo necesitaba yo

"pa" hacer la colada. He "echao" más viajes al caño...

-¿No habrás llenado el aljibe tú sola?

-Toma, claro, no nos íbamos a quedar sin agua

por capricho del niño. -Ay... Este mozo

"tie" la cara más dura que el mármol del altar mayor.

-Es más egoísta que un zorro con gazuza.

-¿"Pa" tanto es?

-Hombre, con decirle que anoche se zampó la cena de la Lolita.

-¿Y nadie osa decirle nada?

-Sí, sí, su madre.

La Carmen le ha puesto de vuelta y media, que lo escuché yo.

-"Tie" que estar pasándolo malamente con el mozo.

-Por eso y por respeto a ella, no le he soltado cuatro frescas.

-"Pos" algo tenemos que hacer, ¿eh? Porque se nos sube a la chepa.

-A la chepa... Lo tengo en el cogote. -Ya hablaré yo con él.

No...

-Que no, Servando,

que es tiempo "perdío". Que "tie" más cara que espalda.

-Qué poca confianza en el portero.

¿No sabéis que yo tengo una labia que derrite el plomo?

Ya veréis cómo cambia en cuanto hable yo con él.

Más vale que tu novio tenga una buena excusa.

A este le pienso poner yo de vuelta y media.

-Yo tampoco encuentro explicación. No le veo desde ayer.

-Si le ves, dile que estamos aquí para pencar

y no para que cada uno haga de su capa un sayo.

-Piensa en los demás. -Pensaré en él lo que piensa en mí.

O en nosotros.

¿Tú te crees que no sabe que estamos doblando el lomo

y que nos faltan manos? -A lo mejor le ha pasado algo.

Sabes tan bien como yo que trabaja como el que más.

Voy a pasarme por su pensión

y así nos aseguramos de que no tiene mal alguno.

-Me he pasado yo antes de abrir.

Y la patrona solo sabe que salió temprano.

Yo no sé en qué andará metido, Flora,

pero algo se trae entre manos.

-A las buenas.

¿Le habéis echado el ojo a mi Antoñito?

No aparece ni vivo ni muerto.

-Pues ya son dos. -No le hemos recibido por aquí.

-Ay... ¿Dónde estará?

Es que se me ha "perdío" cuando subía agua al altillo.

Huy, tengo los riñones al Jerez.

-Avisadme cuando aparezca uno de los dos.

Voy a echarle un ojo al chocolate.

-Por lo que he "oío", el Peña no ha "aparecío".

-Y no está en su pensión.

Cuando vi el anillo, pensé que me pediría matrimonio,

pero, al parecer, tiene cosas más importantes que hacer.

-¡Ay! Flora, más importantes no sé,

pero que cosas está haciendo. Antoñito le vio en el centro.

-¿Haciendo qué?

-Concretamente, saliendo de una oficina

que tienen las empresas de navío en la calle Mayor.

-¿En la naviera?

Lolita, que ya está, que ya lo entiendo todo.

Claro como el agua. -Déjate de aguas...

-Mi novio es un primor.

Explícate. Te entiendo menos que cuando el cura habla en latín.

-A ver, primero el anillo, ahora la naviera...

-Sí. -Está preparando la luna de miel

en un barco.

-Oh. -¿Lo entiendes?

-Mejor que el latín.

Enhorabuena.

(RÍE)

-Si es que mi novio es un cielo,

un cielo. -Sí. No estaría yo tan contento

si no supiera dónde está mi novia. -Es que ya lo sé.

Que nos casamos, hermano.

-¿Cómo lo sabes si lo tienes en paradero desconocido?

-Lo sé, está preparando boda y viaje.

Criado.

¿Dónde está la posta de correos más próxima?

-Portero.

Y así, sin por favor ni leches, ¿no?

-Déjese de guasas, lacayo, y responda.

Me corre prisa enviar esta misiva a mi padre.

Y que conste que le llamo de usted porque peina canas,

no por su condición.

-Está "p'allá". (CARRASPEA)

Oye, chaval, tú eres... un poquito engreidillo, ¿no?

-El único que saca los pies del tiesto es usted.

No soy un criado,

solo estoy en el altillo por circunstancias. Y es temporal.

Un poco de respeto.

Un mucho de respeto. -No.

Respeto deberías de tener tú con tus "cohabitantas",

verbigracia, las muchachas del altillo.

-¿Qué mosca le ha picado?

-Y yo no soy un criado cualquiera, no,

yo soy el empleado de más rango en se edificio.

Y por eso me veo obligado a llamarte al orden.

-Labia no le falta, hay que saber si está sobrado de razones.

-Alguna tengo, sí.

Y si estás aquí acogido,

no es por tu cara bonita ni por tus buenos modales,

aquí se te defiende porque, tanto las muchachas como yo,

tenemos cariño a tu señora madre.

-Solo le falta decir que me acogen por caridad.

-¡Por lo que sea!

Si quieres seguir aquí acogido, cambia de conducta.

-¿Se refiere usted a tratarles a ustedes,

a los criados, como iguale?

-No, no, me refiero a no comer de la sopa boba,

y menos, quitársela a los demás.

Colaborar en las tareas del altillo mientras lo uses...

Vaya, agradecimiento y buen temple.

-¿Quién se ha creído para darme consejos?

-No, no.

Esto no es un consejo, no, esto es una advertencia.

-No escucharé ni los unos ni las otras.

Y menos de un vulgar portero.

Por no decir de un doméstico.

Muérdase usted la lengua al hablar conmigo.

-Vaya, vaya, vaya...

Menuda joyita el zagal. -Pero, pero...

Pero ¿usted le ha oído? -Casi "to", Servando.

Un malcriado, que ha debido salir al calavera de su padre.

Menudos humos "pa" no tener donde caerse muerto.

Ay, Dios mío... Pobre Carmen.

-No le arriendo las ganancias. Este...

Este hijo suyo le va a dar muchas amarguras.

Ay...

Gracias, padre.

Necesitaba esa confesión.

No sabe cómo le hemos echado de menos en el barrio.

Yo también a ustedes.

En todo el tiempo que he estado fuera,

no he dejado de pensar en mis feligreses.

Se hacen querer.

A pesar de nuestros pecados...

Quizá por esos mismos pecados.

¿Cómo le va a su prima Lucía?

Bien, bien. Supongo que bien.

Supone.

Bueno, qué remedio.

Ella dice que está bien, aunque yo la veo rara.

¿Rara en qué sentido?

Está poco habladora, no se centra,

está triste... ¿Y sospecha usted la razón?

Es como si no supiera qué carta quedarse.

No sé si esto le dice mucho.

Se refiere a que está en una encrucijada.

Está rumiando algún cambio.

Buscando su camino.

Anoche me dijo que se iba a Salamanca.

¿A Salamanca?

¿Por qué a Salamanca?

Le gustó mucho restaurar la imagen de la virgen.

Parece que allí hay un taller que enseña restauración.

Una ocupación muy piadosa.

Sí, puede ser.

No sé es si se marcha porque desea esa ocupación

o porque huye de algo.

¿Huir?

¿Qué o quién podría perseguirla?

Pues ese es el misterio,

pero no me hace gracia que se marche sola.

Ni a Salamanca ni a ningún sitio.

No va a estar más protegida.

Sí.

Ustedes son su mejor baluarte.

Y Samuel Alday.

Está muy comprometido en hacerle la vida más fácil.

Lucía no es un alma sencilla y Samuel la conoce bien.

Samuel.

¿Por qué Samuel?

Samuel y Lucía...

No hace falta que le explique más.

Ni Lucía ni nadie debería dar ese paso

sin pensárselo detenidamente.

Sí, puede que tenga razón.

Tal vez a usted le dé más detalles.

Es su confesor. Debería hablar con usted.

Si así sucede,

procuraré servirle de guía espiritual.

No se preocupe.

Le mantendré informado

de todo lo que sepa. Gracias, padre.

Bienvenido de nuevo.

Gracias.

Condenado Alday...

He vuelto para protegerte, Lucía.

Y eso es lo que haré.

Hola.

¡Muy buenas! Tía, ¿cómo le va?

-Mira, hijo, trabajando.

-Mira qué bien.

Yo te hacía practicando dibujo del natural.

-Qué cosas tienes...

Todo requiere de su momento.

Una viuda no se puede permitir el ocio más que a gotas contadas.

Mi vida es el trabajo.

Y vosotros lo sabéis.

-Pues, fíjese, que yo pensaba que estaba igual de ilusionada

que mi esposa con el dibujo. No se separa del carboncillo.

-Ya.

Si me lo imagino. -Hasta hace poco,

quería abandonar la academia, ¿no? -El responsable de eso

es don Venancio.

-Sí. Te mete el gusanillo, ¿verdad?

-Es un gran pedagogo.

Mi técnica mejora día a día y sin darme cuenta.

-Yo sí que me percato, ¿eh?

Enséñeme sus dibujos, tía.

Muero de ganas de verlos. -No sé.

Aunque mejore, soy una principiante.

-Eso mismo es lo que me dice mi esposa.

Digo yo que el arte está para enseñarlo, ¿no?

Vamos, tía, no se haga de rogar. -Si te empeñas...

-Oye...

Pero es una artista consumada, tía.

Qué precisión y fuerza tienen.

Estoy muy orgulloso de usted.

Bueno, de las dos. -Gracias, cariño.

-Y ahora, si me disculpan, tengo que dejarlas.

Me tengo que marchar. -Calla.

-Y vosotras dos, a seguir dibujando. -¡Sí!

¡Ay!

¿Dónde tienes el libro? ¿Dónde lo tienes?

-No sé si a mi sobrino le gustaría. -A tu difunto tampoco

y bien que te lo quedaste.

-Ven.

Sé lo que estás buscando.

-Oh... Mira la otra.

Seguro que tú también las has mirado.

Ay... Hay que ver.

Por muy casadas que seamos, y yo en segundas nupcias,

sabemos realmente muy poco de anatomía masculina.

-Ay...

Mi difunto esposo, como tú dices,

jamás se quitó el pijama. -Qué alegría de matrimonio.

-Lo decente.

-Lo aburrido. Pero digo yo

que tendremos que ponernos al día. Por exigencia de don Venancio.

-Claro, claro.

Hola, mi amor.

Uy, uy.

-Pero ¿dónde te habías metido? -Ocupaciones.

Han sido dos días de no parar.

-Pero muy bien aprovechados. Ya lo tiene todo listo.

-¿De veras?

-Sí. -¿Y cuándo será el enlace?

-¿Qué enlace? -Él lo sabe.

-¿Qué enlace?

-¿Pues cuál va a ser? Mira que eres guasón.

¿Crees que me he caído de un guindo?

El anillo,

tus ausencias repetidas,

la naviera. ¿Cuándo es la fecha de la boda?

-¿Boda? ¿Tuya y mía?

Espere, don Samuel.

Si no es mucha molestia,

querría presentarle a mi hijo Raúl.

¿Un hijo? No sabía que lo tuvieras.

Sí.

Fue fruto de mi matrimonio,

aunque tuvimos que separarnos por circunstancias de la vida.

Encantado, muchacho.

Es un honor para mí, don Samuel.

-Por el momento, Raúl se ha instalado en el altillo.

-Es solo provisional. -Don Ramón ha dado su visto bueno,

pero yo querría contar también con su consentimiento.

Desde luego. Por mí, bien instalado está.

Se me hace tarde.

Espérame aquí en la cocina, que voy a airear las habitaciones.

Mi amor, unos ingleses me han enviado una carta.

Quieren que me una a su expedición a Bechuanalandia.

-África.

-Sur de África.

Se trata de culminar una búsqueda que mi padre,

eminente científico y aventurero

dejó inconclusa.

Para los británicos soy imprescindible, y para mí...

es una oportunidad inmejorable.

-A todo el mundo no le ofrecen

irse a un país remoto a recuperar un antiguo tesoro perdido.

-Si tanto te gusta, vete tú.

¿Y el anillo?

¿Qué significaba el anillo que guardabas?

-Me lo enviaron ellos. Es un resto arqueológico

y la prueba de que el tesoro existe.

Pertenece a una tribu que habitó Bechuanalandia hace años.

Y mi padre lo encontró y se lo remitió.

Y gracias a ese anillo,

han conseguido los fondos para esta nueva tentativa.

-¿Y la visita a la naviera?

Calla, no me lo digas, que estabas comprando el pasaje para África.

Del Sur.

-¿Cuánto tiempo va a durar el viaje?

-Qué importa, lo que sea necesario hasta dar con el tesoro.

Bueno, tú quédate con que...

culminaré el trabajo de mi padre

y serás la novia de un afamado explorador.

-¿Que cuánto?

-No lo sé, Flora. Ocho, nueve,

diez meses, un año a lo sumo.

Estaré de vuelta antes de que te des cuenta.

-Pero ¿tú te crees que en un año, doce meses,

un porrón de semanas, no me voy a dar cuenta de que no estás?

-48 semanas.

Puede que alguna más.

-Mi vida, escúchame,

yo te quiero, aquí... y en Bechuanalandia.

Y volveré.

Volveré y nos casaremos. -Yo ya me hacía casada.

Y no solo no me caso, sino que mi novio se va a Bechu, Bechua...

-Di África del Sur, es lo que digo yo.

-Se va a un país que no tiene ni nombre cristiano.

Sinvergüenza, calavera, vete, vete, que no quiero saber nada de ti.

-Flora, por favor. -¡Fuera!

-(RESOPLA)

Hay que ver cómo se ha puesto. ¿Tú la entiendes?

-Yo,...

un poco sí la entiendo, Peña.

Debe de ser valiosísima.

(Pasos)

-Raúl, no toques eso.

No quiero ni pensar si la rompieras.

¿Por qué no me has esperado en la cocina?

-No es la cocina mi lugar.

Está "forrao", el tal Alday.

-Bueno,... su padre fue joyero de palacio.

Es una familia de mucha raigambre, aunque

a don Samuel poco le queda ya.

Quiso asentar el capital de su familia construyendo unas galerías,

pero tuvo la mala suerte de perderlo todo en un incendio.

-Cualquiera lo diría

viendo este palacio. Igualito que en nuestra casa, ¿verdad?

-No pienses en eso, hijo.

Ni siquiera cuando padre, usted y yo vivíamos juntos

tuvimos nada igual. Y eso que nos iba bien.

-No nos enredemos en recuerdos.

-A mí no se me va de la cabeza.

-Vamos.

Ay.

Dios existe.

Vaya si existe.

-Señora,

¿qué hace tan callada?, parece que no hay nadie en la casa.

¿Necesita usted algo?

¿La pillo en mal trance? -Como si eso fuera nuevo.

¡Ve a preparar la merienda!

Y no vuelvas a entrar sin pedir permiso.

-Lo que diga. Pero ¿entonces qué hago,

le pido permiso desde la cocina o me acerco "pa" escucharla mejor?

-¡Lárgate!

Ay.

(Se abre la puerta)

-Mira... Desde luego, nada como volver de las calles

y encontrarte a tu mujercita leyendo,

¿eh, cariño?

¿A que es una bonita estampa hogareña?

-¡Liberto, ven!

-¿Qué te ocurre?

-Abrázame.

Abrázame más fuerte.

Te necesito.

-Rosina, cariño. -Ay, ay, perdón.

Perdón, perdón, no he visto nada, ¿eh?

-¡A ver, ¿qué te he dicho de pedir permiso, Casilda?!

-Ay, lo siento. ¿Qué hago con la merienda?

-¡Cómetela! mientras nos preparas un baño con mucha espuma.

-Arrea.

-Ay. -Rosina, cariño, ¿y este arrebato?

-Liberto, pálpame la anatomía.

¿Qué hace usted aquí?

Déjenos solos, hermano.

¿Y bien? Ha perdido usted la razón.

¿De qué está hablando? Yo se lo diré.

Ha perdido la razón y la consciencia.

¿Cómo permite que ese sátiro vuelva a la parroquia, cerca de Lucía?

Escúcheme, no pienso permitir

que el cura campee por Acacias.

Señorita Lucía,

disculpe, ¿podría usted ayudarme?

¿Qué necesita?

¿Podría dejar estas flores secas en el cubo?

Muchas gracias.

Lucía.

No se vaya, por favor, solo le pido que me escuche.

Fue Samuel Alday el que organizó todo:

nuestra desnudez, el narcótico.

He vuelto a Acacias solo para demostrarlo.

No hubo nada entre nosotros, créame.

¿Quiere usted sumar embuste a embuste?

¿Por qué iba a hacer Samuel algo tan repugnante?

Para alejarla de mí.

Lo que parece haber conseguido.

Ojalá pudiera confiar en usted.

Ojalá. Pero es imposible.

Lucía, Lucía, jamás le habría puesto las manos encima.

No soy así. Él nos embaucó.

Samuel nos tendió una trampa, Lucía.

¿Y fue también Samuel Alday

quien empujó a Alicia a sus brazos,

padre?

¿Conoce usted a Alicia?

(ASIENTE)

Buenos días, doña Susana.

Así que esta es la famosa sastrería.

-Don Venancio, me alegro que haya venido.

-Que buen gusto.

Me recuerda mucho

a la sastrería de mi difunto suegro en la Alameda.

-¿La Alameda?

-(ASIENTE)

Le aseguro que cualquier cosa que me cuente de Alicia

me pillará por sorpresa. Nunca se sabe por dónde puede salir

o qué nueva historia se habrá inventado.

Mire por donde,

es lo que ella siempre me dijo que sucedía,

que usted lo negaría.

¿Dónde la habrá metido?

Samuel, no puedo quedarme aquí y cruzármelo a diario.

Le ruego que no tome decisiones precipitadas.

Lucía, no parta a Salamanca.

No tiene nada de qué avergonzarse, es él quien debe pagar.

Hay que terminar con la costumbre

de que sea siempre la mujer quien dé explicaciones,

aunque solo sea una víctima.

"Señor Alday, quizá no sea"

yo la persona más adecuada para ayudarle.

¿Me estás diciendo que no vas a hacer lo que te mande?

No.

Lo haré, claro.

Por la cuenta que te trae. "¿Alicia Villanueva?".

Sí, sí.

Es posible que haya estado en la ciudad

hace pocos días, incluso en Acacias.

Necesito que la encuentre y la haga venir.

Pero no le diga que yo se lo he pedido.

"Los dos tenemos un objetivo común".

Nuestro primer obstáculo es...

arrebatárselo a Lucía Alvarado.

El segundo es que, para mí, no se lo quede usted;

y para usted, que no me lo quede yo.

Si pude llegar a un acuerdo con don Joaquín,

también podré hacerlo con usted.

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  • Capítulo 876

Acacias 38 - Capítulo 876

25 oct 2018

Todos los vecinos reciben de nuevo a Telmo, excepto Lucía y Samuel. Lucía comunica a su prima la intención de irse a Salamanca y Celia se extraña. ¿Tendrá algo que ver con la llegada del cura? Para salir de dudas Celia habla con Telmo que jura para sus adentros proteger a Lucía de Samuel. Rosina, después de haber amenazado con abandonar las clases de dibujo, decide continuar tras los halagos de Venancio. En su nueva clase tendrán que inspirarse en una estatua ¡desnuda!

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Añadir comentario ↓

  1. Alessandra

    Y el anillo p,a cuando ? ¿¿¿¿¿¿¿¿

    28 oct 2018
  2. Pilar Méndez

    Están muy divertidas Rosina y Susana y sospecho que ésta última termina con Venancio.

    26 oct 2018
  3. Aurora

    Esa Lucía es muy ingenua le advirtieron que Samuel no era buena persona que no confiarse en el tanto Celia como Felipe y no hace caso está ciega pero que bueno que Samuel la destruya para que aprenda la lección

    26 oct 2018
  4. Marilu

    Extraño resulta que al padre Telmo lo "hayan " hecho regresar así nomás y como si nada, aunque ya nada me sorprende de estos guionistas.- ¿ acaso el prior se arrepintió y le dió autorización ? Mmmmm, lo dudo y Samuelito, ni lerdo ni perezoso corrió a sembrar cizaña. A todo esto, no me queda en claro en que lugar de España está Acacias 38 ya que van y vienen de Salamanca así nomás y en un periquete, como si quedara a la vuelta de la esquina

    26 oct 2018
  5. Saro

    La serie ha dado un giro fantástico. Me ha encantado que el padre Telmo haya vuelto y me gusta mucho la relación que tiene con Ursula, él no tiene prejuicios hacia ella y la trata con mucho cariño; es un tema que me gusta, la voz de Telmo ayuda mucho. Rosina es la MEJOR, sus gestos y expresiones son únicos, ella ha "empezado a sentir que el arte se le ha metido debajo de la piel, en la carne", y qué decir de Susana, está extraordinaria y cómo se aplican ambas con el libro de dibujo de anatomía, claro, "D. Venancio les ha metido el gusanillo"; la trama de estas dos mujeres es un enorme acierto de los guionistas. ¡Qué caritas pone Liberto!!! me ha encantado la escena última que han tenido, ya las echaba de menos. El hijo de Carmen ¡menudo chavalín malcriado! muy buena la amenaza de Servando, aunque no sacará nada porque el chico es un desvergonzado. ¿Cómo puede Lucía creer todo lo que viene de Samuel, sin dudarlo nunca, después de cómo la trató al principio y se cuestiona todo lo que le dice Telmo?; otra cosa que no me gusta es que engañe siempre a Celia y a Felipe que son los que le abrieron las puertas de su casa cuando llegó.

    25 oct 2018