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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 872 - ver ahora
Transcripción completa

No sé a qué se refiere cuando dice que ha sido también víctima

del padre Telmo.

Viví lo mismo que usted, no hay razón para que me lo oculte.

No, yo no oculto nada.

Lucía, he creído conveniente que conociera a Alicia,

para que le ayude a comprender

lo sucedido.

Samuel, no sé de dónde sale esta mujer.

No sé ni quién es ella

ni qué derecho tiene a juzgar lo que he vivido o no.

Entiendo lo que le ocurre,

por lo que está pasando, la vergüenza, el sentimiento de culpa,

a mí también me sucedió. Durante meses no quise

hablar de aquello con nadie, ni con mis seres más queridos.

Ni sé de qué me habla ni usted puede saber nada de mí,

porque a mí no me ha pasado nada.

Siento un gran aprecio por el padre Telmo, y yo no me considero

una de sus víctimas.

Lucía,... me he estado informando por lo que ha pasado usted

y he encontrado un escrito de una mujer francesa

que asegura que cuando una mujer es atacada por un hombre,

en muchas ocasiones, suele generar una sensación de culpa

que le hace negarlo. El padre Telmo no me atacó.

Esta misma autora también habla

de que en ocasiones se tiende a negar lo ocurrido, como un bloqueo,

por eso, cuando me enteré de la existencia de Alicia,

no dudé en buscarla.

¿Se enteró? ¿Y cómo se enteró?

A través de la Orden del Cristo Yacente.

Por boca del prior Espineira.

El nombre de Alicia figuraba en el historial del padre Telmo.

Es evidente que el prior

no quiere que esto se sepa, y es un tema muy grave.

Escuché rumores y fui a su despacho,

asegurándole que no me iría hasta saber la verdad.

Yo me sentiré más feliz si la puedo ayudar.

Créame que solo busco que se haga justicia.

Creo que lo mejor es que las deje a las dos solas,

para que hablen con el corazón de mujer a mujer.

Lucía,... escúchela,

luego tome su decisión.

Le aseguro que lo que le voy a contar no es grato para mí.

Tampoco lo será para usted escucharlo,

pero ni una sola palabra de mi boca será falsa.

(Sintonía de "Acacias 38")

-¿Que firme la obra de teatro con seudónimo?

-Sí.

Ya sabes que yo no me escandalizo por nada, pero es que la obra

tiene sus bemoles. -Madre, la obra fue un éxito,

y el beso fue la clave del éxito.

-Por eso mismo. Que sea éxito porque dos mujeres

se besen en la boca, que nadie habla de otra cosa, obliga

a que te cambies de nombre. -Que no me lo voy a cambiar.

La obra gustó a todo el mundo y la gente entendió,

a pesar de que fuera chocante, que ese amor está limpio

como cualquier otro. -Ay, no digas cochinadas.

El mundo es mucho más complejo que todo esto, hija.

-No, el mundo fuera de Acacias es más comprensivo de lo que cree.

-Ay, paparruchas, qué inocente.

A saber qué pensará León de todo esto.

-¿León? ¿Qué León? Madre, yo no sé qué me quiere decir.

-El Papa León XIII, que parece que vivas en otro mundo,

por favor, hija. ¿Y si te excomulgan?

-Pero ¿cómo me van a excomulgar? Es una obra de teatro, madre,

peores cosas se han visto.

-Y han excomulgado a gente.

Y porque vivimos en tiempos modernos,

si no, acabas en la hoguera.

-Si me excomulgan, qué le voy a hacer.

-Si te excomulgan, te vas de casa.

Yo no quiero vivir bajo el mismo techo que alguien

que haya sido expulsado de la santa madre Iglesia.

-¿Me está diciendo que me va a echar de casa?

Le recuerdo que soy su hija. -Ni lo dudes, en mi casa,

o eres cristiano o no duermes. -¿Sabe a qué me recuerda todo esto?

A cuando publiqué por primera vez bajo el seudónimo

de Leopoldo Safo, ¿se acuerda? ¿Y de qué sirvió?

De nada, madre, de nada. No voy a ocultar mi nombre

y, si me excomulgan, que me excomulguen,

y si usted me echa de casa, qué le vamos a hacer.

-Vale, luego no digas que no te avisé.

-Me voy a ir a vivir debajo de un puente, ¿le parece bien?

No sé si se ha fijado, pero ni doña Susana ha protestado por la obra.

-Claro que me he fijado. Yo le tendí la trampa en casa.

Le mencioné lo del beso y ni se inmutó.

¿En qué andará pensando para no quejarse?

-Pues no lo sé, pero por ahí viene, ahora se lo pregunta.

-Susana, íbamos a tomar un chocolate, ¿nos acompañas?

-Ay, lo siento mucho, voy con prisa. Me voy a casa.

-Pero, pero si es muy temprano para cerrar la sastrería, ¿no?

¿No será que te encuentras mal? -Tengo muchas cosas que hacer.

-Está rara, no me digas que no. ¿Adónde irá?

Vamos. -No, no. Madre, no sea entrometida.

-Pero ¿y si está en un embrollo y necesita nuestra ayuda?

Acuérdate cuando llegó Simón. (GRITA)

Tendría que haberlo imaginado,

un hombre que la corteja.

-Madre, a lo mejor es un pariente, o un conocido.

-Qué inocente eres, de verdad. Vamos a ver si podemos ver algo

por la cristalera al menos. -No, madre, madre.

(GRITA DE ASOMBRO)

-Se han metido para dentro. No me lo puedo creer.

Si esto no es lo que parece, tú me dirás.

Es que no me lo puedo creer, Dios mío.

¿Quién lo iba a pensar de ella? -Por favor, vámonos.

-Ay, ya no quedan valores.

Reconozco que adoraba a Telmo, era un hombre encantador,

guapo, culto, alegre.

El hombre que cualquier mujer hubiera deseado para casarse,

yo entre ellas.

Pero había entregado su vida a Dios.

No, eso fue después.

Hablo de cuando apenas éramos unos críos abriéndose a la vida.

Entonces, ¿cuál era el problema para que no pudieran estar juntos?

Que éramos muy jóvenes...

y que pertenecíamos a diferentes clases sociales.

Mi familia es muy acomodada,

tenemos tierras y fortuna, la suya es más humilde,

eran carpinteros.

Un día en las fiestas del pueblo intentó besarme,

reconozco que era lo que más deseaba,

pero me resistí.

¿Por qué?

Era una niña.

Me dio miedo, no sé.

Para mí era como un juego.

Quizá si se lo hubiera permitido, todo habría sido diferente.

¿Qué hizo él?

Yo pensaba que nada, que seguiría siendo mi amigo.

De hecho, las primeras semanas actuó como si nada hubiera pasado,

pero era solo para que me confiara.

Una tarde fuimos a dar un paseo a una ermita cercana,

hacía calor y nos sentamos a la sombra de un árbol.

Cuando me dio a beber agua de su zurrón,...

¿Le dio a beber agua?

...empecé a sentirme mal,

estaba mareada, se me cerraban los ojos.

A mí también me pasó y, de repente, caí fulminada.

La dosis no debió de ser muy fuerte...

porque, aunque intenté defenderme,

noté los abusos.

Perdone que no le dé detalle, pero me da tanta vergüenza.

No, no se apure, no hace falta.

Yo no sentí nada, y tampoco vi nada

raro en mi cuerpo cuando desperté,

solo que estaba desnuda en medio de toda esa gente.

No me atreví a contarlo hasta que Telmo partió para el seminario,

pero entonces ya nada podía hacer. El prior de su orden

lo tapó todo.

Llegaron a decir incluso que yo lo seduje, que era una cualquiera.

Me cuesta creer de ese hombre, pero no puedo dudar de usted.

Sé que usted no me miente.

La sotana es su salvoconducto,

con ella cree estar protegido de todos sus desmanes.

Solo usted puede evitarlo.

¿Y qué puedo hacer yo?

Si usted no declara contra él,...

Telmo seguirá abusando de otras mujeres.

Es un animal peligroso que debe estar encerrado,

tiene que pagar por el daño que nos ha hecho.

(RESOPLA)

-Vaya día, no hay una mesa libre en la terraza desde la hora del café.

-Mejor, para eso están los negocios, para funcionar.

Ojalá fuera así todos los días. -Sí, pero estoy agotado.

Solo en ir y venir, he debido de hacer dos jornadas

del camino de Santiago.

-Anda, Peña, no exageres.

-Si Flora va a faltar muchas tardes, habrá que contratar otra camarera.

-Pues, hombre, si el negocio sigue igual, lo podemos hablar.

-Esto es lo de la mesa de don Francisco.

-Ay, don Francisco. Marchando, don Francisco.

-Buenas, ¿cómo vamos?

-Pues muy bien de facturación, pero tu enamorado está que trina,

y tiene razón, porque no ha parado de ir y venir bandeja en ristre.

-Ahora me pongo a ayudar.

-A ver, para la mesa de don Luciano, dos de chocolate,

una de picatostes

y otra de tarta de san Marcos. -Marchando.

-¿No me vas a saludar? -Ah, perdona, mi amor,

es que voy sin tiempo.

No has tardado mucho en el grupo de teatro.

-Tengo una noticia maravillosa, que me han dado el papel.

Secundario, pero en nada me hacen protagonista.

Es una zarzuela.

-Enhorabuena. -Ya hemos tenido el primer ensayo

y al director le encanta mi voz.

Ay, si es que me veo siendo una gran estrella

en los teatros de España.

-Ten cuidado, no te vayas a estrellar.

-Hazle caso a tu hermano, no lleves tanto el cántaro a la fuente

que al final se rompe. ¿Está ya el pedido de doña Eugenia?

-Sí, sí, ese, ese es. -Me lo llevo,

antes de que se enfríe la tila.

-Me parece que no le gusta nada mi aventura teatral.

-Flora, es que está cansado de trabajar el doble.

-No, son celos de verme rodeada de otros actores, del director.

¿Por qué no le dices que es normal?

Que Leonor también alterna con otros cómicos y no pasa nada.

Mi novio es él y no pienso cambiarle.

-Lo que le tengas que decir, se lo dices tú,

que yo no me pienso meter en tus asuntos con el Peña.

Y ahora ponte a servir mesas

que, es tu trabajo, y no el teatro.

Esto es para la mesa de don Luciano.

-"Liberto, ¿no me crees?".

-Por supuesto que no, habrá sido un malentendido.

-Pregúntale a mi hija, lo vio tan bien como yo.

Tu tía Susana está enamorada.

-Por arte de birlibirloque, de un hombre que ha aparecido de la nada.

-De un hombre apuesto, seductor, un verdadero Adonis,

de su misma edad, no te creas que era un lechuguino.

Tenías que haber visto cómo se miraban

el uno al otro, cómo le tomó él a ella la mano

para besársela, lo rápido

que entraron en la sastrería.

-Estás exagerando, Rosina.

-Que no digo que entraran en la sastrería para pecar,

con lo beata que es tu tía, que no sé cómo has salido tú tan procaz.

-Rosina, no hagas circular falsos testimonios de mi tía,

porque al final te creerá todo el barrio.

Lo que tienes que hacer es preguntárselo.

-¿Qué te crees,

que me va a contar la verdad? Con lo discreta que es tu tía,

es más callada que una tumba.

-¿Y doña Leonor, no va a venir a cenar?

-No, ha ido a dar un paseo con Íñigo.

Me tiene muy preocupada, un día de estos nos la excomulgan.

Empieza a servirnos a nosotros, ella cenará después.

Te digo una cosa, no me extraña que tu tía quiera mantener

su enamoramiento en secreto. ¿Por qué tendría que hacerlo?

Que yo sepa, mi tía es una mujer libre, puede volver a casarse,

no creo que nadie se lo eche en cara.

-Pero yo sí, y muchas mujeres, a todas a las que ha criticado.

Tu tía siempre critica a todas las mujeres del barrio.

Si no vas a misa dos veces al día, no eres cristiana ni nada para ella.

Ya sabes lo que dice el refrán, a quien hierro mata, a hierro muere.

-Mira que eres tremebunda.

Ni mi tía es ese monstruo de tres cabezas ni una impúdica Mesalina,

por supuesto que no.

-¿Escuchando la conversación de los señores?

¿Interesante o qué? -¿Yo? Qué va.

No, si yo no estoy "namás"

que pensando en mis propios asuntos, bueno, y también

en servir la sopa buenamente.

Hala.

Por favor, padre Telmo, no sea usted terco.

Haga el favor de hacerme caso e impedir que su situación empeore.

Si llegamos a juicio,...

ya nada tendrá remedio.

No soy culpable.

Las pruebas dicen que sí.

Las pruebas son falsas.

Creo en Dios y él me ayudará a demostrar mi inocencia.

Un tribunal eclesiástico será muy duro.

Le estoy proponiendo una salida,

otra parroquia, lejos de esta ciudad,

un tiempo en un monasterio,

trabajando en la recopilación

del patrimonio artístico de la orden, lo que usted prefiera.

Siempre le ha gustado el mundo del arte,

podría seguir siendo muy útil para nosotros.

No. No voy a admitir una mentira.

Jamás hice daño a Lucía y jamás abusé de ella.

Estaban los dos desnudos en un lecho.

Yo mismo les vi. Por favor, sea razonable.

No sé cómo llegamos a esa situación,

y su obligación como prior de la orden,

no es culparme, sino creerme y averiguar la verdad.

¿Y si llegamos a juicio y yo aportara pruebas?

Imposible.

Desisto. No puedo con su cerrazón.

Yo tenía confianza en usted, padre Telmo.

Le consideraba

uno de los hombres más válidos en la Orden del Cristo Yacente,

incluso llegué a pensar en usted para sucederme.

Dios sabe

que he intentado ayudarle por encima de lo razonable,

y usted no se deja.

El hombre propone y Dios dispone.

¿No se da cuenta de que Samuel Alday manejará todo esto

para que no veamos ni un céntimo de la herencia de los marqueses?

No la merecemos. Esa herencia es de Lucía.

¿Y cree que ella la disfrutará?

¿Cree que ese hombre lo consentirá?

No,...

pero usted no se da cuenta de que el enemigo de la fe y de la Iglesia

es Samuel Alday, no yo.

Y usted ha olvidado el motivo por el que fue enviado a Acacias,

que Lucía Alvarado renunciara

a esa herencia en favor de la orden.

Doy gracias a Dios por haberme iluminado y por haberme hecho ver

que mi propósito no era justo.

Todos nos atacan,

todos quieren que perdamos poder,

y solo lo conseguirán

si nos hacen más débiles.

Usted... es ahora mismo

nuestro flanco más débil, y ya que no atiende a razones,

voy a hacer todo lo posible por expulsarle de la orden.

(TOCA LA CAMPANILLA)

Tendrá que acudir al tribunal eclesiástico.

Haga el favor de llevar al padre Telmo a su celda.

Se equivoca, prior.

Me llevo esta.

-¿Una revista de moda, Carmen?

Mire que son muy caras,

que "pa" las señoras bien, pero "pa" nosotras...

-Es que tengo unas horas libres, Fabiana.

Y hace tanto tiempo que no me siento tranquila en un banco,

a mirar los últimos modelos de moda, que...

estoy dispuesta a gastarme unos reales.

-Ay, mire lo que le digo, Carmen, lo del teatro

las ha vuelto a "toas" majaretas.

Usted y Lolita son criadas, no actrices,

y de la señorita Flora ya... ni le hablo.

-No sea usted tan criticona, Fabiana,

que no es eso, que ya sabe una que no es actriz, sino fregona,

pero no siempre fue así en la vida.

-Las cosas son como acaban, no como empiezan, por desgracia.

-Así es,

pero quedan en la memoria los buenos ratos,

y yo me acuerdo de los que pasaba mirando los figurines

de las revistas e imaginando cómo me sentarían.

-Ande. Llévesela gratis, pero tenga "cuidao"

y no me la manche, que después la vuelvo a vender.

-Es usted más buena que el pan, Fabiana.

-¿Y "pa" qué vivimos? -Y, como dice usted,...

(LAS DOS) Si no nos ayudamos las unas a las otras.

-Eso es así.

-Hablando de ayudar, qué bien le ha venido a Servando

el médico que trajo don Ramón.

-Que Dios bendiga a ese hombre, que le ha "pagao" el médico

a un portero.

Ojalá el mundo estuviera lleno de personas así.

-Don Ramón es un santo.

Algún día, las criadas de esta casa deberíamos hacerle un homenaje.

Porque no lo hay más preocupado por los demás que él,

ya sean señores o menestrales. -Pues diga usted que sí.

-Y a Servando le veo mejor cada día. -Ya, ahora lo que hace falta

es que pueda volver a trabajar. -Sí.

Fabiana, que las dos conocemos a Servando,

y tratará de evitarlo todo el tiempo que acierte a fingir que está mal.

-Ya nos encargaremos nosotras

de ponerle un cohete salva sea la parte,

que si los señores lo han "ayudao",

lo vuelven de nuevo a Naveros...

en lo alto de un burro. -(RÍE)

¿Son de hoy? -Sí.

-Qué barbaridad. -¿Qué dice?

-Que han abierto en Gran Bretaña una cárcel para niños.

-Jesús, María y José.

Ay, cuánto me alegro de no saber leer

para no enterarme de lo que vendo.

Eso es igual que cuando dicen que un volcán se ha "llevao" "p'alante"...

Buenos días. Buenos días, don Felipe.

¿Otro café?

Se lo agradezco. Por favor, dos cafés.

¿Alguna novedad en el mundo? ¿Ha visto lo de Gran Bretaña?

Una cárcel para niños en Boston.

A ver si se dan cuenta que la solución no es el castigo,

sino la educación.

La noticia habla de que los delincuentes

son cada vez más jóvenes, y no solo cometen simples hurtos,

también asesinatos.

Algo mal habrán tenido que hacer con su educación para que ocurra eso.

No creo que una cárcel

de menores sea más severa que nuestros orfanatos.

No creo que en Inglaterra sean muy distintos.

En fin,... quería preguntarle por Lucía.

¿Ocurrió algo ayer en su casa?

Cuando regresó, estaba triste y se metió en su alcoba.

No, que yo sepa, aunque a decir verdad

no pase rato con ella.

Pensaba que había pasado la tarde con usted.

Vino a casa una vieja amiga

y decidí dejarlas a las dos solas mientras ordenaba la biblioteca.

Hay libros que aún no han salido de las cajas.

¿Quizás algún problema con esa amiga suya?

No creo, yo pienso que simplemente mantuvieron una conversación amena

para olvidarse de los problemas. Cuando fui a la biblioteca

las escuché hablar de moda, con eso se lo digo todo.

Qué extraño. Entonces no entiendo nada.

Por favor, si le dice algo, comuníquemelo.

Celia está muy preocupada por Lucía.

Ha tenido mala suerte desde su llegada, siempre metida en diretes.

Por supuesto, todo lo que pueda ser de ayuda se lo diré,

aunque yo creo que se trata

de que su estado de ánimo andará subiendo y bajando,

pero no tiene de qué preocuparse, Felipe,

seguro que todo vuelve a la normalidad.

Si me disculpa, Felipe, tengo que irme.

Muchas gracias por el café. Con Dios.

Con Dios.

Huye,...

que ya te alcanzará tu destino.

Buenos días, don Samuel.

¿Se encuentra bien? Parece que hubiera visto un fantasma.

No diga sandeces, Cesáreo.

¿Tú sabes por qué sigue Úrsula en el barrio?

Es la criada del padre Telmo y él ya no está aquí.

Lo ignoro, será que la parroquia sigue dándole cobijo

a la espera del párroco.

Pues alguien debería hacer algo para que esa mujer desaparezca.

-"Mucha mina de oro, mucha familia de postín,"

mucho apellido de la pata del Cid, pero a don Liberto

hay que zurcirle los calcetines como a "to" cristiano.

-¿Qué querías, que los tirara?

-Hombre, yo te digo una cosa, Lola,

si "entoavía" yo fuera rica, yo "to" nuevo,

y los domingos todos de estreno, como si fuera

el domingo del día de Ramos. -Menos humos,

que has "estao" dos o tres semanas de ricachona

y, no eras capaz de no dejar de contar los duros.

-Ya, eso es verdad, sí. Si es que la que nace pobre,

muere pobre.

Y si tu situación cambia,

seguro que al tiempo vuelves a tu situación original.

-¿Qué estáis, de tertulia como las señoras?

A ver si os voy a tener que servir también las pastas y el té.

-Pues trabajando estamos, Fabiana, que "acompañás" se pasa mejor.

¿Y usted?

-A por el costurero, "pa" un botón que se le ha "soltao" a Antoñito.

-Pues déjelo, que ya se lo coso yo luego.

-No, la criada de esa casa soy yo, pero si me lo coses

por ser tu "enamorao", esa labor que me ahorras.

-Claro, yo por mi Antoñito lo que haga falta,

que así me acostumbro a cuidarle como un sol "pa" cuando nos casemos.

-Entonces, tengo cinco minutos "pa" contaros un chisme muy suculento.

¿A que no sabéis quién anda "enamoriscá" de un caballero?

-Doña Susana.

-Arrea, Casilda, ¿y tú sabías eso y no habías dicho "na"?

-Ah, es que se me había "olvidao".

-Yo acabo de verla andando

con un caballero muy pinturero. A la sastrería iban.

-Uh. Pues la que menos me pensaba,

yo creía que esa mujer el día menos "pensao" se hacía monja.

-Directa a madre superiora.

-Bueno, ¿y eso tú cómo lo sabías, Casilda?

-Bueno, verán, ayer doña Rosina se lo contó a don Liberto,

y claro, este no se lo creía, pero ella le dijo que sí,

que la había visto por la calle con el mismo hombre.

-Pues "confirmao".

Voy a decírselo a Antoñito y, ya de paso, le coso el botón.

Casilda, ¿me recoges la plancha, por favor?

-Sí.

-Ay, el costurero.

-"Señá" Fabiana,

pues si doña Susana se echa un "enamorao",

usted también podría darse una alegría.

-Qué cosas se te ocurren, Casilda.

-¿Qué haces? No son tuyos. -Claro que lo son,

los he pagado y me los llevo. No sé quién se cree que es usted.

-Soy el propietario de este local,

el que ha dejado este plato mientras retiraba las tazas de allí.

También sé quién eres tú, eres un ratero.

-Miente, yo estaba ahí sentado, y se los he pedido a una camarera,

y si me marchaba, es porque este local no es de mi categoría.

Voy a llamar a la policía. -Vamos a llamar a la policía,

porque además de ladrón eres un sinvergüenza.

-Suélteme. -Pero ¿qué pasa aquí?

-He pillado a este ladrón en la terraza.

-Son solo unos bartolillos, ni que hubiera robado el banco de España.

-Vas a dormir esta noche en el calabozo

por caradura y por deslenguado. -Íñigo, tranquilo,

que el chico tiene razón, que son solo unos bartolillos.

-Sí, claro, tú defiéndelo, para que se corra la voz

de que no tenemos mano dura con los rateros.

Estos se van a llevar hasta los cuadros de las paredes.

-Déjamelo a mí, que ya verás que del repaso que le pego,

no vuelve a intentar robarnos.

-Habría que darle una lección.

-Siéntate.

Vamos, siéntate.

-¿Puedo? -Puedes.

Tienes hambre.

-Más que una manada de lobos.

La última vez que me eché algo a la tripa fue...

ayer por la mañana.

-¿Y qué te trae por Acacias?

-Busco a una mujer, la señora Asensio, vive en el número 38.

-En el 38 no hay ninguna mujer que se llame así.

Vamos, que yo sepa.

-Eso es imposible, es la dirección que tengo.

-Pues te la habrán dado mal. Lo mejor será

que busques en otros portales y le preguntes a porteros,

pero ya te digo yo que en ese portal nadie tiene ese nombre.

-Muchas gracias.

-Espera.

Para el camino.

Vete antes de que venga mi hermano. -Es usted una buena mujer.

-Flora, ¿has dejado irse a ese sinvergüenza?

-No te imaginas el rapapolvo que le he echado.

Ese ya no se atreve a descuidar nada más de una persona honrada.

-Bien.

(RECUERDA) "Reconozco que adoraba a Telmo, era un hombre encantador,"

guapo, culto, alegre.

El hombre que cualquier mujer hubiera deseado para casarse,

yo entre ellas.

"La sotana es su salvoconducto,"

con ella cree estar protegido de todos sus desmanes.

"Solo usted puede evitarlo".

Si usted no declara contra él, seguirá abusando de otras mujeres.

"Es un animal peligroso que debe estar encerrado,"

tiene que pagar por el daño que nos ha hecho.

-Buenos días.

¿Has desayunado? Sí, hace rato.

Y yo. Me lo llevó Lolita a la habitación.

Me dijo que Felipe que habías estado

en casa de Samuel con una conocida suya.

Así es.

Alicia, una mujer muy interesante. ¿Y quién es?

Me pareció que ayer llegabas melancólica

y hoy también te noto triste.

No, en absoluto,

no estoy distinta a cualquier otro día.

Es una amiga de Samuel,

restaura objetos de arte

y, Samuel me la presentó por las muchas cosas que tenemos en común.

Sobre todo aficiones.

Qué buena idea.

Es bueno encontrar amigas con las que compartir aficiones.

¿Y cómo se llama de apellido?

¿Es conocida? No, no, conocida no,

aunque dudo que haya ninguna restauradora

que se haya hecho famosa. Se llama Villanueva,

Alicia Villanueva.

¿Y habéis quedado más veces?

Es bueno que te centres en esa pasión,

te ayudará a libertarte de los sinsabores del día a día

y de las preocupaciones.

Eso hice yo con los tintes.

¿Los creó para despejarse?

Estaba pasando una mala racha con Felipe.

Hasta nos separamos.

Los tintes me ayudaron a liberar de la cabeza todo lo negativo.

(Llaman a la puerta)

Abre Lolita.

No sabía que su matrimonio había pasado por momentos graves.

Todos los matrimonios los tienen,

y quien diga lo contrario miente,

pero lo bueno es salir unidos de los problemas.

Ya lo verás cuando estés casada.

Buenos días. Disculpen que las visite

sin previo aviso. Es usted siempre bienvenido, Samuel.

Les dejo a solas para que hablen. Gracias, prima.

He coincidido esta mañana tomando un café con don Felipe,

me dijo que ayer llegó usted muy afectada a casa.

Supongo que la conversación con Alicia la removió por dentro.

Le reconozco que así fue.

Esa mujer vivió una auténtica pesadilla

por culpa de los abusos a los que el padre Telmo la sometió.

Supongo que no le contaría los detalles.

No, no se extendió en ellos.

No le deseo a nadie lo que pasó ella.

Bueno, es muy distinto a lo que yo viví.

No se puede comparar.

Hoy es el tribunal eclesiástico que tendrá que afrontar el padre Telmo.

¿Ha decidido qué va a hacer?

No. No, aún no lo he decidido.

Abandona usted a muchas mujeres que no tienen quien las ayude.

Mi papel es Menegilda. -De acuerdo,

pues yo te hago de doña Virtudes.

Bonita obra, esta.

Te doy el pie.

"¿Hay paciencia y hay cachaza para aguantar estas cosas?".

-¿Y a 'ustés' quién las aguanta?

-"Desvergonzada".

-Señora, no se me "inrite" usted que es lástima,

y para zarzaparrilla

no hay dinero en casa. Yo he "servío" "pa" esta señora

dos semanas, y me fui por no morirme,

que yo sé lo que ahí se pasa.

Y ya ve usted como el "marío"

está "empleao" en la trampa con 6000 reales.

-"Falso". -"Falso?

Falsos son los 6000 reales, pues el sueldo es una ganga.

En fin,

que ahí se pasa mucha hambre, ¿sabe usted?

Malos modos, ¿sabe usted?

Malas palabras, ¿sabe usted? Mucha plática.

-¡Muy bien, muy bien, Flora!

Te lo sabes mejor de lo que esperaba.

-Y lo digo con intención. -Eso te lo dirá el director,

te dará indicaciones, pero yo lo veo bien.

Tienes que fijarte en cómo hablan las criadas de Acacias,

en Casilda, Fabiana, Lolita.

-Lo que más me cuesta es aprendérmelo, pero lo consigo.

(RÍE) -¿Lo ensayamos de nuevo?

-Sí.

-¿Qué, ensayando otra obra indecente?

-Una zarzuela, y para representar con un grupo de teatro parroquial.

No hay nada más decente que eso. -Mejor así.

He de usar el teléfono, tengo que pedir unas telas.

-Pues ya sabe dónde está,

y lo que cuesta.

Qué hipócrita.

Si supiera lo que se va contando de ella.

-¿Qué se va contando?

-Que tiene un querido y que se encerró con él en la trastienda.

-A ver, Flora, yo le vi entrar en la sastrería con un hombre,

y de amante nada, que bien podría ser un cliente.

-Pues no es lo que se dice por ahí.

-¿Quién lo dice? -A mí, Antoñito.

A Antoñito, Lolita, a Lolita, Casilda y a Casilda, no sé.

-Pues mi madre,

mi madre ha sido la del chisme. -Yo ahí no me meto.

Lo que sí sé es que doña Susana debería mirar menos

la paja en el ojo ajeno y más la viga en el propio.

-Pero ¿qué? A ver.

¿Qué viga tengo yo y, en qué ojo?

-Perdone, doña Susana.

-No, ahora me lo cuentas, no me gusta andar en boca de la gente

y no saber el por qué. -Doña Susana, déjelo,

son habladurías de la calle sin importancia.

-Me las contáis y así nos reímos todas juntas, ¿eh?

-Pues que dicen que tiene usted un pretendiente y se ha visto con él.

-¿Yo? Es falso, un infundio.

-Pues dígaselo a doña Rosina,

que es la que la ha visto. -Pero qué tontunas dices, Flora.

Doña Susana, son bobadas que no tienen importancia.

Vale más que las olvide a que se haga mala sangre.

-No la tendrá para ti. Me va a oír, tu madre me va a oír.

-No. -Yo que pensaba que era mi amiga.

-Flora, es que desde luego...

-Oiga, joven,

lleva un buen rato rondando de un lado a otro, ¿qué busca?

-¿Es usted el sereno? -Para servir a los vecinos.

-Y a los que no lo son, espero. Verá, busco a la señora Asensio.

La dirección que tengo de ella es Acacias, 38,

pero dicen que aquí no vive.

He preguntado en otros portales, y tampoco.

-No me suena ese apellido y yo conozco a todos los vecinos

y, ellos me conocen a mí.

-Buenas tardes. -Don Ramón, buenas tardes.

¿Conoce usted a una señora que se apellida Asensio, aquí en la finca?

-¿Asensio? No.

-Quizá sea el nombre de soltera

de alguna de las señoras, esos no los conozco todos.

-No, no creo.

Doña Rosina se apellida Rubio, su hija Leonor, Hidalgo;

doña Celia, esposa de don Felipe,

Verdejo; Lucía, su prima, Alvarado,

y mi esposa, Trinidad, Crespo. Lo que no sé es cómo se apellida

doña Susana, la sastra,

siempre la he conocido como Séler.

-¿Y alguna antigua vecina?

-Pues no, no, no, definitivamente ninguna se apellida Asensio.

Lo que no sé es el apellido de las criadas.

-No, busco a una señora, no a una criada.

-Pues entonces se ha equivocado de portal, cuando no de calle.

Siento no poder ayudarle. -Se lo agradezco.

-Con Dios y mucha suerte en su búsqueda.

-Ya lo has oído,

esa señora no vive aquí, así que, deja de merodear por el barrio.

-No le he hecho nada a nadie. -Y es mi trabajo

que eso siga siendo así, venga, circula.

-¿Difamándote yo? Por favor, Susana, que nos conocemos

de hace más de 30 años, y yo tendré mil defectos, pero no el de cotilla.

-No, qué va.

-¿Cuándo me has oído a mí hablar mal de alguien a sus espaldas? A ver.

-Dos o tres veces al día, cada uno de los que han pasado en 30 años.

Vamos, Rosina, que nos conocemos. No la hay más maledicente.

-A ver si me vas a ofender ahora tú a mí.

-Ah.

-Susana, cuéntame lo que te han dicho.

-Que vas contando por ahí que me veo con un hombre,

que me corteja...

y que me lo traigo a la sastrería para encerrarme con él.

-¿Que yo he dicho eso? Cuánta maldad, no te lo creas.

-Pues sí me lo creo, porque la fuente es la mar de fidedigna.

-¿Ah, sí? Pues dímela si estás tan segura.

-Flora, y a Flora se lo ha dicho Antoñito,

y a Antoñito, Lolita, y a Lolita, tu criada Casilda.

Y no sé si me salto pasos.

Pero lo ha oído todo el barrio, seguro.

-Susana, que Casilda no tiene casi entendederas.

-Las suficientes para saber que se está contando un chisme

y propagarlo.

-La voy a matar. -No, tú mata al mensajero

cuando la culpa la tienes tú... por difamarme.

-Es verdad que le conté a Liberto que te había visto con un hombre,

y que ese hombre parecía tener

mucha confianza contigo. -Era Romualdo.

El amigo de mi difunto esposo,

si le conozco desde que era niña. -Pero yo eso no lo podía saber.

-¿Y eso de que me lo traía a la sastrería para encerrarme con él?

-Eso es verdad, no lo niegues, yo te vi con estos ojos.

-Pero por trabajo.

Romualdo viene a enseñarme a hacer los nuevos cortes

de chaqueta de caballero.

-¿Y os encerráis para eso?

-A ver, Rosina,...

¿a ti te parece que puedo reconocer

en público que hay detalles de mi profesión que no domino?

No puedo.

Por menos de eso se han echado a perder muchas reputaciones.

Pero...

sí estoy pensando pedir ayuda en la sastrería.

-¿Y echar a Agustina? -No, estoy encantada con ella,

plancha, cose, corta, pero no es un sastre.

Los hombres se sienten más cómodos

cuando les atiende otro hombre. Y yo también, si te digo la verdad,

que cuando les tomas medidas, a veces rozas sus partes.

-Bueno, pero te pongas como te pongas,

parecía otra cosa. -Pues no lo era.

-Bueno, bueno.

¿Estás segura que no te gusta un poco el tal Romualdo?

-Rosina,

por favor, que soy una viuda. -Yo también lo era,

y por eso no tienes que estar sola el resto de tu vida.

Bueno, vamos a dar un paseo, para que se te pase el sofoco.

-Está bien.

Pero quiero verte desmentir todos los rumores

a cada uno de los que pregunten.

Don Felipe.

Perdone que le moleste. Dígame, Úrsula.

Quería preguntarle por la señorita Lucía, al no estar el padre Telmo,

no he vuelto a recibir su visita e ignoro si regresó bien.

Está bien. ¿Se sabe algo del padre Telmo?

Recibí una carta desde Asturias.

Me decía que había tenido que viajar

repentinamente para cuidar un familiar.

Sí, la desaparición del padre Telmo y Lucía coincidieron en el tiempo,

pero no tenían nada que ver, como era de esperar.

Y ahora, si me disculpa, debo irme.

Perdone, solo una cosa más. Les mencioné a un cochero.

Sí, un tal Gutiérrez, uno que paraba

en la Plaza de Calderón con su carruaje.

Ese. ¿Pudieron hablar con él?

Desgraciadamente no, por mucho que lo buscamos, no lo localizamos.

Qué extraño, ¿no? ¿Quién sabe?

Quizá fue quien llevó al padre Telmo a Asturias.

No.

Habiendo trenes, nadie viaja en coche de caballos esas distancias.

¿Le buscó usted o don Samuel Alday?

Ambos.

¿A qué vienen tantas preguntas?

A nada.

Discúlpeme y vaya usted con Dios.

Mis respetos a doña Celia. Con Dios.

-Eh, usted, sí, usted.

¿Cuándo se va del barrio?

El padre Telmo ya no está,

tendrá que buscarse otro patrón.

Nada, ni caso.

¿Ustedes no creen que debería irse del barrio?

-No es plato de buen gusto encontrársela por la calle,

pero cada uno vive donde quiere. -No, donde quiere según se mire,

porque hay barrios para pobres y para ricos,

como toda la vida de Dios. -Eso creo yo.

Aquí los pobres solo pueden vivir si trabajan para los ricos y ella,

que yo sepa, no trabaja para nadie. -Pero seguro

que sigue viviendo en la parroquia.

-Pues espero que el próximo párroco no sea tan caritativo

como el padre Telmo y la ponga en la calle,

que son muchos los vecinos que quieren verla bien lejos.

-Y que lo diga, que lo único que se le puede recriminar al padre Telmo

era haber acogido a esa harpía.

-En todo caso, eso es decisión del párroco,

aunque nadie nos impide que le aconsejemos

como buenas cristianas que somos.

-Con Dios.

Antes de comenzar quiero darle a usted la oportunidad

de declararse culpable de los hechos y admitir ser apartado

de la parroquia.

Es lo mejor para usted y para nosotros, padre Telmo.

Lo hemos hablado muchas veces

y sabe que no acepto componendas, prior.

Lo lamento. En pie.

Damos inicio a este acto encomendándonos a Dios

y pidiendo ayuda al Espíritu Santo para no errar.

En el nombre del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Tomemos asiento.

Comenzaremos detallando los hechos.

El padre Telmo acudió con una de sus feligresas

hasta una ermita abandonada de la orden.

Allí pasó la noche con ella.

Cuando este prior que les habla llegó, encontró a ambos

yaciendo desnudos en una cama.

No hice nada. En ningún momento puse una mano encima de ella.

Hable cuando se le pregunte.

De momento, nadie ha dicho que usted le hiciera nada,

estoy narrando los hechos probados,

¿o me va a decir que es mentira que yo mismo les vi

sin nada que tapara su desnudez?

No. No puedo negar tal cosa.

Espero que conteste la verdad en todo lo que sea preguntado.

Le recuerdo que estamos ante la atenta mirada del Señor.

¿Para qué acudió con la feligresa

Lucía Alvarado a esa ermita?

Necesitaba apartarla de sus vecinos,

y de las malas influencias

que había a su alrededor, para que esa muchacha

aclarase sus ideas y obrase en conciencia.

¿Se refiere a su herencia?

También a su herencia, pero no exclusivamente a eso.

¿A qué más?

A la influencia de don Samuel Alday,

que me parecía perniciosa para ella.

Samuel Alday había empezado a cortejarla.

No sé si da cuenta de que...

apartarlo de ella y, a continuación ser acusado de abuso,

pueden ser dos comportamientos que tengan mucho que ver.

¡Yo no abusé de ella! No me levante la voz.

Para decidir y analizar

lo que sucedió estamos aquí.

No encontrará ninguna prueba de que yo abusara de ella.

Ya veremos.

¿Deseaba usted a doña Lucía?

¿Desearla?

¿Se refiere a desearla como mujer?

Pues claro que me refiero a eso.

No.

Quiero que tengan ustedes en cuenta lo que ha tardado

en contestar nuestro hermano.

¿Acaso necesita un pañuelo para secarse el sudor

que le ha producido tamaño esfuerzo?

El modo en que los encontré

me hace pensar que sí la deseaba.

¿Cómo no hacerlo con una mujer joven y bonita?

Hermanos, en esa ermita solo había dos personas,

y una de ellas, Lucía Alvarado, no recuerda lo que sucedió.

No hay pruebas, es cierto,

así que, lo que tendré que demostrarles

es que este hombre es un embustero,

un mentiroso profesional.

Lo que tengo en esta mano es adormidera.

¿Saben dónde encontré este frasco?

Entre las pertenencias

del padre Telmo. No,

eso es falso. Siéntese.

Nunca había visto ese frasco. Siéntese,

o haré que se lo lleven y no tendrá ocasión de defenderse.

-Vuelve a dejar la cartera en el suelo.

-Solo me la he encontrado, no he hecho nada.

-No la has devuelto.

-Se equivoca con respecto a mis intenciones,

pero todo arreglado, devuélvasela usted al caballero.

Yo marcho. -No,

tú no vas a ningún lado, tú me acompañas a comisaría.

-¿Qué?

-Llevas todo el día rondando, viendo a ver qué robas.

Sabía que te iba a prender.

-¡Oiga usted, voy a hacer que se trague sus palabras!

¿Yo un ladrón? Usted no sabe con quién está hablando.

-Lo sé, un ratero que va a pasar la noche a la sombra,

vamos. -Cesáreo, deje al chico.

-¿Y eso por qué?

-Porque es mi hijo.

Exijo poder hablar a mis hermanos y contarles mi versión de los hechos.

Nada se lo impide.

Los hermanos están deseosos de escuchar su declaración.

¿Puedo ponerme en pie?

Puede hacer lo que crea conveniente.

Vuelva a tomar asiento,

padre Telmo. Tengo derecho a defenderme.

Lo hará luego, si es que todavía tiene intención de intentarlo.

Ha llegado una persona

que nos aclarará todo lo sucedido.

Por favor, pase.

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  • Capítulo 872

Acacias 38 - Capítulo 872

19 oct 2018

Alicia cuenta su historia con Telmo a Lucía y la muchacha parece creerla. Felipe curiosea quién es Alicia, pero Samuel le miente ¿con qué intención? Rosina sigue intentando descubrir qué le pasa a Susana y sospecha que tiene un amor cuando la ve con Romualdo, que resulta ser finalmente un sastre amigo de su marido.

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Añadir comentario ↓

  1. Mabi

    Cap 873/874 sin opción... Me alegra mucho los nuevos bríos en la amistad de Susana y Rosina, el agua y el aceite juntas van a dar que hablar!! Por lo pronto hoy se vio como Rosina se adelantó al " cubismo " en su bodegón y la picardia en su mirada y gestos cuando Susana le dice al profesor " que se pone en sus manos " si termina haciendole " gancho " con alguna de sus ocurrencias, veremos que logra, o casar a la sastra o enemistada para siempre.! El hijo de Carmen es insoportable y mal educado como Samuel, si hasta hablan igual, y ahora con la compañía de Ursula veremos en que se convierte, no olvidemos que ésta la tenía agarrada de las pestañas a Carmen con su dilema familiar... Y a ver cuando crece la tripa de Trini y vemos algunas situaciones divertidas con ella, su embarazo y los cuidados extremos de Don Ramón

    24 oct 2018
  2. ana

    buenooooo con la Ursula que pasa ser Catalina de Medicis cruel y poderosa a Madre Teresa de Calcuta humilde y generosa. Para la temporade que viene seguro que la santifican y la sacan en la procesión del barrio bajo palco. Quién pretende que la gente no puede cambiar??????

    23 oct 2018
  3. Almudena

    Los guionistas no se en que mundo viven , cansan ya con tanta historia sin fundamento y lejos de realidades , señores Samuel no puede haber conseguido la nulidad en dos dias , se están riendo de nosotros ? Y luego presentan a una mujer salida de la nada contando mentiras sin ningún fundamento , a Lucia nos la presentan como una ingenua que se cree todo , hombre por dios trabanjen un poco más los guiones ,sean más creíbles ,esto ya cansa de que solo los malos se salen con la suya y nadie se entera de nada ,

    21 oct 2018
  4. Ángela

    Qué triste como los guionistas presentan al personaje de Lucía, testificará contra el padre Telmo porque es pusilánime, inmadura, no tiene criterio, ni sentido común. Espero que acabe casándose con Samuel y que este le haga pasar lo indecible, es lo que se merece. El padre Telmo necesita una mujer, no una tonta sin cerebro. Espero que pase de ella y continúe con su vocación de sacerdote.

    20 oct 2018
  5. Alicia

    Cómo sigamos pidiendo que Lucía testifique a favor de Telmo, los guionistas harán todo lo contrario, sólo para llevarnos la contra¿¿

    20 oct 2018
  6. Mabi

    Cesareo es a Samuel, lo que Ursula a Cayetana...bueno ya!!! Solo le falta matar a alguno y con su gran inteligencia y maldad zafar de la autoridad, bueno...de que autoridad? Si en Acacias los únicos que imparten justicia, y por sus propias manos, son los malos de la novela...en capítulos primigenios se veían, por lo menos, guardias, policías o como se les diga, arma en mano recorriendo las calles, ahora ni eso...donde está el comisario?????

    20 oct 2018
  7. Elizabeth

    No puedo creer que lucia va a declarar encontra del padre Telmo sería una catástrofe y el no la perdonaría después. Espero que los guionistas hagan bien su trabajo esta vez.

    20 oct 2018
  8. María

    Yo antes la veía a diario, ahora lo hago cada tres o cuatro. Me aburre, siempre es más de lo mismo.

    20 oct 2018
  9. Bruno

    Como sigan por este camino me da gana de no verla... para estar sufriendo

    20 oct 2018
  10. Susana

    Se da muchas vueltas y cansa ya.

    20 oct 2018