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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 871 - ver ahora
Transcripción completa

Todo lo que sucedió en aquella ermita

es como una nebulosa para mí.

Lo que sí que tengo claro es que el padre Telmo me engañó.

Es un manipulador y un endriago.

Por suerte, no será necesario que se vuelva a cruzar con él

nunca más en la vida. "Hable con el tribunal, señor,"

se lo ruego,

pídales que me permitan seguir en mi parroquia.

Usted no está en condiciones de pedir nada, padre.

Escriba la renuncia de su parroquia...

y fírmela.

-"Soy sincero, y un hombre de negocios, y quiero decirle"

que le doy 50 pesetas más

de lo que habíamos acordado, y le publico la obra.

¿Qué le parece? ¿Acepta?

-Por supuesto que acepto. -Bien.

-Casilda, bienvenida, ven, ven. Ay, ay, ay.

Mi niña.

-"Señá" Fabiana, que me rompe usted. -De la alegría que tengo

de tenerte aquí otra vez. -Yo sí que estoy contenta,

porque vamos, para mí el altillo ha sido siempre como mi propia casa.

-"¿De dónde han salido" los vestidos de la obra?

Los que llevaban los actores. -Yo los confeccioné.

-¿Que hiciste qué? -Carmen

y mis compañeras del altillo me pidieron ayuda

y no fui capaz de negarme.

-Pero bien que fuiste capaz de mentirme a mí.

-"¿Qué dice ahí?".

-"Perdóname, hija".

-Espero que, esté donde esté,

pueda rehacer su vida lejos del Higinio.

No voy a marcharme a ningún monasterio ni a ningún sitio.

¿Qué? Voy a quedarme

a defender mi honor.

¿A defender su honor?

¿Acaso me está diciendo que quiere ir a juicio?

Si es necesario, sí. -Quiero darle las gracias

a Casilda

por haberse comportado como una señora.

Eres un ejemplo de integridad y de honestidad.

Aunque al final has resultado no ser la hija de Maximiliano,

te has convertido en mi hija,

en mi propia hija.

"Necesito que testifique" ante las autoridades religiosas.

Necesito que declare en contra del padre Telmo.

Con su testimonio, el padre acabará condenado.

Por los clavos de Cristo, Lucía, diga algo.

Señor Alday, se lo ruego. Perdóneme.

Tomemos asiento.

Tal vez no lo ha entendido bien, señorita.

Un juicio al padre Telmo supondría, entre otras nefastas consecuencias,

mayor desprestigio para usted y para los difuntos marqueses.

Lo he entendido perfectamente.

¿Entonces? ¿Por qué no quiere testificar contra él?

Debería estar ardiendo de furia. Él la mancilló

a usted, la envileció. Al tiempo que profanaba

su propio credo y sus hábitos.

Eso yo no lo sé. ¿Qué es lo que no sabe?

Lo sé yo y no desperté medio en cueros junto a él.

Señor Alday, le repito de nuevo que modere sus expresiones.

No sé lo que el padre Telmo hizo o dejó de hacer,

no recuerdo nada.

Todos los indicios le condenan.

Pero yo no. De veras, prior,

que no conservo nada de esos momentos en mi memoria.

Intente recordar. Necesitamos su testimonio.

Lo siento, pero no testificaré en contra.

Convendrá, al menos, en someterse a un reconocimiento médico,

creo que eso sería suficiente.

Jamás.

Señorita Lucía, si no accede a ese reconocimiento, la gente murmurará

sobre sus, digamos, costumbres.

Yo no tengo nada que ocultar.

Mi castidad es asunto mío y de nadie más, y menos de murmuradores.

Piense en su futuro, señorita, se lo ruego.

Si se extiende la especie de que no está inmaculada,

podría poner en peligro su posterior matrimonio.

Los pretendientes

son muy estrictos... Cállense, por favor.

Se lo ruego.

No le ayudaré a crucificar al padre Telmo.

No lo haré.

(Sintonía de "Acacias 38")

No se preocupe usted, el padre Telmo y su abominable conducta

no quedarán sin pena ni sanción.

Eso lo decidirá un tribunal eclesiástico.

Naturalmente. Y el tribunal eclesiástico

tendrá las manos atadas si esa muchacha

no presta testimonio.

Y si no lo hace, necesitaríamos que al menos los jueces

recibiesen de un médico

la prueba de su desfloramiento.

No.

No, no podemos hacer eso. Ya la ha escuchado usted,

y en buena parte estoy de acuerdo con ella.

Sería cruel en exceso, después de todo lo que ha sufrido,

verse sometida a un examen de tales características.

No tenemos otra alternativa. Sí la tenemos, créame.

Usted y yo somos testigos de los hechos.

Usted y yo les encontramos desnudos,

eso debería ser suficiente para castigarle.

No estoy convencido de eso.

Condenar a un religioso es un hecho tan grave, que Dios

y su tribunal necesitarán de las máximas garantías.

Y las tendrán, pero sin el certificado.

Además, puede que el reconocimiento

sea contraproducente. No veo por qué.

El médico podría irse de la lengua,

lo que, no hace falta que se lo diga, desataría habladurías

y podría perjudicar el prestigio de su orden.

¿Y qué es lo que usted propone?

Yo me encargaré de que Lucía testifique, confíe en mí,

solo necesito un par de días.

Usted encárguese de reunir las pruebas necesarias para la condena.

Pero, señor... No hay alternativa, prior.

-¡Compañeras, ya he vuelto!

¿"Señá" Fabiana?

¿Lolita?

Arrea, pues sí que han "cambiao" las costumbres en este altillo.

Qué pronto se han ido al catre.

-(TODAS) ¡Sorpresa!

-Pero qué agonías eres, Casilda. ¿Cómo se te ocurre pensar

que nos íbamos a olvidar de tu vuelta al redil, mujer?

-Hemos "cocinao" de "to", Casilda.

-Ven, ven, ven.

-Te he hecho un dulce de higos, que como te lo termines

vas a estar "taponá" un mes. -Y yo, unos mantecados,

que llevan bien de azúcar y canela.

-Mira, servidora, tortas de aceite.

Mira.

-Yo, unos roscos de anís, que pueden durar hasta un mes.

-Pero qué bueno, y "to" esto ¿lo han "cocinao" "pa" mí?

-"Pa" todas, Casilda, "pa" celebrarlo.

-Claro, si los señores tienen sus ágapes, pues nosotras también.

-Hale, venga, a sentarnos y a festejar como la ocasión merece.

-Eso. -Señorita.

-Gracias.

"Pos" sí que se han "tenío" que dejar ustedes sus buenos cuartos

en este agasajo. -Menos de lo que te mereces.

-¿Y Servando, no le estaremos

molestando? -Nos ha "dao" su bendición.

Dice que lo único que le apena es no poder estar aquí con nosotras

para darte a ti la bienvenida. -Pero mejor, que aunque aquí

hay comida para un regimiento, si estuviera el Servando,

nos hubiera "dejao" a dos velas con el saque que tiene.

-¿Te pasa algo, hija?

¿No estás contenta de volver a estar aquí con nosotros?

-Yo ya sé lo que le pasa, que eso de subir a señora y bajar a "criá",

te da qué pensar.

Díganmelo a mí, que no sé ni quién soy.

-No.

No es eso, Lolita.

Es que...

se me acaba de venir a la cabeza... Me acuerdo de mi madre.

-Venga, deja a tu madre en paz, que bastante estropicio te ha hecho ya.

-Por eso mismamente, "señá" Fabiana. -Entiendo cómo te sientes, Casilda,

pero deberías olvidar lo antes posible.

-Es que me cuesta un potosí.

Por un "lao", yo sé que ella vino a estafarme, pero por el otro "lao"...

-Por el otro,

sigue siendo tu madre. -"Pa" chasco que sí.

Y me da mucha pena y mucho coraje el camino que ha "elegío".

-Hale, venga,...

pelillos a la mar, ¿eh? Que aquí estás ahora con nosotras,

que estamos más unidas que nunca. -Eso, lo "pasao",

"pos" "pasao" está. Aquí somos tus primas, tus hermanas,

tus madres, "to" el árbol "ginecológico" "pa" ti.

-(RÍEN)

-Genealógico, Lolita, genealógico.

-¿Y qué he dicho yo?

-A ver.

-Hija.

Ay, estamos aquí de nuevo, ¿eh? En casa, y bien instaladas.

-Sí, madre, ya lo ha dicho usted tres veces.

-Nunca debimos dejar esta casa. -Pero ¿no quería usted rentas?

-Menudos inquilinos hemos tenido que aguantar.

-El coronel, otra cosa no, pero pagar, pagaba bien.

-Eso sí, pero nos dio algún que otro disgustillo.

Pero eso se acabó,

empezamos una nueva vida.

-Que se parece bastante a la que teníamos antes.

-¿Perdona? ¿Lo dices tú, precisamente tú,

que te vas a ver encumbrada a la fama con tu obra?

Por Dios, si a Benjamín Corral lo tienes comiendo de tu mano,

te has convertido en la autora de moda.

-No puedo negar que estoy muy contenta, madre, y esperanzada.

-Ay, qué bien está saliendo todo. ¿Y la recepción, viste?

Los vecinos acudieron como si fueran un solo hombre.

-Sí. Madre, precisamente de eso quería yo hablarle.

Gracias, Casilda.

Quería agradecerle las palabras que le dedicó a Íñigo,

me emocionaron mucho. -Bueno,

solo dije la verdad. Es que en contra de mis predicciones,

y eso que casi nunca me equivoco, por no decir nunca, bueno,

en contra de mis predicciones,

he visto que estáis hechos el uno para el otro.

-Yo, señora, también quería decirle a usted lo "mu" "agradecía"

que he "quedao" con las palabras que usted le dijo de mí a "to" el mundo.

Eso de que fuera quien fuera mi padre,

yo "pa" usted soy como su propia hija, eso,

señora, me llegó a las entretelas.

-Bueno, dicho está, pero ahora no te crezcas, ¿eh?

Que no se hacen buenas migas

con las criadas crecidas.

-¿Y Liberto, ya ha desayunado?

-Sí, tenía que despachar unos asuntos bien temprano.

Está tan contento como yo volver a casa.

-Y que lo diga,

se ha "marchao" al alba silbando la "mayonesa".

-La marsellesa. -Ah, sí, eso,

la canción de los franchutes.

La verdad es que es la mar de animosa.

-Hija,

he pensado en tener un detalle con mi marido

por lo bien que se ha portado todo este tiempo, ni una queja,

siempre respaldándome.

-Como "pa" no hacerlo, señora. -Casilda, por favor,

ya no eres una señora, no quiero tener que llamarte la atención.

El caso es que quiero tener un detalle con él

y, he pensado en invitar a merendar a Susana.

-¿"Pa" qué?

-Casilda, ¿qué te acabo de decir?

Leonor, quiero que Liberto y Susana pasen más tiempo juntos

ahora que vivimos más cerca todavía.

Y bueno, yo sé que él la echa de menos,

y ella a él también, aunque no lo diga, la muy ladina.

-A mí me parece de perlas, madre. -"Pos" a mí no.

No.

O sea, acabamos de hacer una fiesta de bienvenida,

¿y ahora usted está pensando en otra fiesta?

¿Qué se cree que tengo, cuatro manos?

-¿Qué pasa, que has perdido el ritmo de la faena?

-Pero ¿qué ritmo ni qué ritmo? Si me he hecho la mudanza

con más brío que una cuadrilla.

Hay qué ver. -¡Menos quejarse y más pencar!

-Pencar, pencar, pencar y pencar, como si una se tirara "to" el día

con los brazos "cruzaos", hombre. -¿Esto?

-Supongo que no tendremos género suficiente.

-¿A qué viene eso?

-Ese pedido debe ser grande, por el tiempo que has estado con ellos.

-¿Ah, eso? No, son solo dos chocolates y churros.

Hemos dilatado la conversación porque son mis admiradores.

Querían felicitarme.

Me han dado más enhorabuenas que a unos recién casados.

-Flora, mi vida, eres chocolatera, a mucha honra, pero chocolatera,

no actriz, que no se te suba el pavo.

-¿Y eso me lo dice usted, caballero remilgado?

¿Cómo no voy a creerme

comedia de la legua, si en mi alma tengo el arte

y en mi voz llevo la comedia?

-¿Qué haces? -Practicar el verso,

quizá mi próxima función me lo exija.

-¿Qué próxima función? No va a haber más obras de teatro,

pues no tenemos trabajo aquí.

-Y yo seguiré cumpliendo, pero también me subiré a los escenarios.

Ese grupo del que te quejas forma parte de una compañía

que monta funciones benéficas y me han pedido que me una a ellos.

-¿Y les has dicho que sí? -Toma, no, pues claro.

Muchas grandes actrices empezaron en compañías de aficionados.

De aquí a la fama, Peña.

-Flora, déjate de soñar y espabila. Y sirve la mesa, anda,

que es lo que toca, vamos. -A sus órdenes, señor,

pero no por chocolatera seré menos comedianta y sí más farandulera.

"Sí, claro que sí, claro que hay novedades".

Gimeno Batán y Samuel han llegado a un acuerdo.

Batán tendrá paciencia hasta que Samuel consiga el dinero.

¿No se imagina de dónde piensa sacar ese dinero

y por qué Batán se encuentra tan desacostumbradamente paciente?

Pagará a Batán con su herencia,

pero antes tiene que casarse con usted.

Samuel ha puesto su dinero, su herencia

y su patrimonio, en garantía del préstamo.

¿Por qué ha roto el secreto de confesión?

¿Por qué se expone usted a la excomunión?

Yo no me lo merezco, padre.

Y no me diga que lo hubiera hecho por cualquier otra feligresa.

Por otro pecado.

¿Qué pecado?

Porque siento algo que...

no debería sentir por usted.

Toma, cúbrete.

No me lo puedo creer, señorita Lucía, no ha "probao"

los dulces que con tanto mimo le ha "mandao" don Samuel.

Gracias, Lolita, pero no tengo apetito.

¿Los ha traído el propio Samuel?

Quía, ha "mandao" a la Carmen, como está "mandao".

¿Quiere que hablemos de algo?

No es bueno rumiar siempre la misma cosa.

Lolita, sé que lo haces con la mejor intención,

pero no tengo mucho que contar. Me voy a la cocina

o, como le llamo yo, mi calvario.

Si quiere parlotear, allí me encontrará.

(Se abre una puerta)

Doña Celia, "na", sigue igual, ni "p'alante" ni "p'atrás".

No ha "probao" el condumio ni ha dicho esta boca es mía.

-Gracias, Lolita.

Qué buena pinta tienen estos pasteles.

Desayunos así, ni en palacio.

Están deliciosos.

¿Has perdido la confianza conmigo?

¿Por qué dice eso?

A la vista está que no me quieres tener al tanto de tus cuitas.

¿Ha ocurrido algo en Salamanca que no quieres o no puedes contarme?

¿En Salamanca?

Sí, en Salamanca, sí.

Es allí donde fuiste, ¿no?

Sí, sí, claro.

No ocurrió nada que merezca ser contado.

Me limité a pensar.

¿En Samuel?

No querría meterme donde nadie me llama, pero supongo que sabes

que aunque hayas aceptado el cortejo, no tienes por qué

aceptar el compromiso, ¿verdad?

Quiero decir, que aún estás a tiempo

de rechazarle si no cumple con tus expectativas

o si sencillamente te lo has pensado mejor.

Quizá lo haga, sí, tengo la sensación que en este momento

es mejor que esté sola.

Te ayudaré en todo lo que necesites.

Pero no te tomes todo tan a la tremenda.

Para empezar, come algo, luego iremos a dar un paseo

y merendaremos algo en la plaza. No me apetece salir

y tampoco recibir visitas.

Ninguna visita.

¿Conoce usted el contenido de este pomo?

¿Cómo iba a conocerlo?

Yo sí. He ordenado a un boticario que lo analice.

Es un hipnótico natural, adormidera.

Anula la voluntad de quien lo ingiere, en la dosis adecuada.

¿Y? Según las apariencias,

el padre Telmo lo utilizó para adormecer a la señorita Lucía

y consumar el pecado. Lo sabía.

Imaginaba que algo parecido tendría que haber ocurrido.

Le pregunté si se había servido de alguna maña.

¡Malnacido!

No juzgue usted si no quiere ser juzgado.

¿Cómo dice?

¿A qué viene esa máxima? El asunto está más que claro.

No, no tanto si se conoce al padre Telmo como le conozco yo.

El padre Telmo de ayer puede que fuera incapaz de hacerlo,

pero no el padre Telmo al que yo vi yacer con la muchacha.

No niego que cabe dentro de lo posible que el padre Telmo

haya perdido la cabeza por la señorita Lucía, todos somos hombres,

pero es un hombre piadoso

por encima de todas las cosas,

incapaz de cometer un acto tan deshonroso y contra natura.

¿Y qué dice él? Lo niega.

¿Lo ha interrogado usted? Afirma que ese frasco no es suyo,

que todo es una trampa,

y le creo.

Por el amor de Dios, ¿una trampa, de quién?

¿Está usted seguro de que no ha visto jamás este pomo?

Es suficiente, prior, es más que suficiente, no siga por ahí

o terminará por ofenderme.

Si lo dice un hombre de su apellido...

Vuelva a interrogar a ese criminal. Lo haré, no lo dude,

terminaremos conociendo la verdad.

Eso es lo que necesitamos todos, la verdad.

Si no nosotros,

el tribunal eclesiástico la alcanzará.

Con nuestro testimonio y el contenido de ese pomo,

el tribunal podrá dictar sentencia,

siempre que la señorita confirme todas las acusaciones.

Lo hará, no lo dude.

Me he comprometido con usted y, lo hará.

La justicia caerá sobre ese antiguo hombre de Dios.

-¿"Pa" qué la voy a engañar, Carmen? Tener a Casilda otra vez

en el altillo, es como tener a mi familia reunida de nuevo.

-Entre todas podremos hacerle olvidar a su madre.

-Dios la oiga.

Y hablando de Dios, se echa de menos al padre Telmo, ¿eh?

-Cierto es, ese hombre había sabido ganarse la parroquia,

y en bien poco tiempo. -¿Qué, comentando la juerguecilla

que pasamos con la vuelta de Casilda?

-Pues sí,

algo de eso hemos "hablao", sí.

-Ayer, al final, la contentamos, pero bien mal que lo ha pasado,

la pobre.

La vida no está siendo muy clemente con ella.

-Nadie está libre del infortunio, Agustina,

ni criadas ni señores,

que en eso todos somos iguales. Y hablo por experiencia,

pero no podemos quedarnos con lo malo, al contrario,

hay que olvidar los sinsabores

y empezar de nuevo,

siempre que sea posible, claro.

Ya hablamos luego, que voy al mercado.

-¿Qué mosca le ha picado a Carmen?

Dice que hay que quedarse con lo bueno de la vida y se va,

como si fuera a tal pario.

-Es que ella también ha tenido muy mala suerte con su familia.

-Pero ¿tiene familia?

-¿No ha de tenerla, mujer?

"Tos" tenemos una sangre que nos ha "venío" de algún "lao"

y algunas dan su sangre a otros. -¿Tiene hijos?

-Uno. -Ay, cuente, por compasión,

que me tiene en ascuas.

-Carmen casó con un guapo al que le llamaban "el Adonis",

un calavera que le dio una vida peor

que la de un galeote.

Ella fue señora y, mire, acabó en la rúe.

-¿El marido hizo la del humo?

-No, fue ella la que tuvo que poner pies en polvorosa,

eso tengo "entendío", y lo peor,

dejando a su hijo "abandonao".

Y eso, Agustina, no es moco de pavo.

Luego ella trató de rehacer su vida.

-Con Riera, eso ya lo vi yo.

-Entonces, ya sabe usted que la mala fortuna volvió a cebarse con ella.

Riera palmó y Carmen quedó de nuevo sola como la una,

y de nuevo con un puñal "clavao" en las carnes.

-Ay, pobre.

Ay, pobre.

-Venga, Peña, que el café es para hoy.

Y para el desayuno, más concretamente.

¿Ocurre algo?

-No. Su café.

-Te he pedido un café con leche.

-Perdón, ahora le traigo la leche.

-Es un chocolate, Peña, me has puesto un chocolate.

-No es para ponerse así, ahora mismo se lo cambio.

-Deja, deja, que me lo tomo. Sí,

también entona.

Pero si me dices qué te tiene tan trastornado,

no sueles tú confundir un pedido.

-Es Flora.

-Flora, ¿qué?

-Le ha dado por hacerse artista, ya ve usted.

-Ah... Actriz.

-Sí, por el éxito de la función y los halagos y parabienes

que ha recibido. Se le han subido a la cabeza.

Dice que tiene talento.

Si hasta practica el verso.

-Bueno, no está de más un poco de praxis y experiencia.

-Se ha apuntado a un grupo de teatro

que representan obras en una parroquia o algo por el estilo.

-¿Y a ti por qué te amarga esto? -¿Que por qué?

Pues, para empezar, porque tiene la cabeza llena de pájaros

y en vez de servir con celeridad, que es nuestra marca,

se demora con los clientes hablando de comedia, tragedia y el Cristo.

-Peña, es normal que quiera compartir sus aficiones.

-Antoñito, las aficiones

sin talento, no traen más que ridículo.

-Ya. Y eso es lo que a ti te ofusca.

-Eso y que su afición implica...

exhibirse ante los demás,

ante otros hombres,

que hoy puede que representen un auto sacramental, pero mañana

podría ser una comedia de sicalipsis.

-No digas tonterías. El teatro es algo muy digno,

creo que incluso es el arte más clásico que existe.

-Sí, pero envalentona a las mujeres.

Si yo digo que no hay teatro, es que no hay teatro.

Es mi novia, debería escucharme, ¿o no?

-Peña, "cuidao" que estás más antiguo que don Rodrigo.

Hoy en día, las mujeres progresan y reclaman

más igualdad.

-Gracias. Igualdad, lo mismo también quieren

llevar calzones y afeitarse la barba, no te digo.

-¿De quién es, por qué estás tan...?

¿Le han ofrecido a Flora el papel de su vida?

-A la paz de Dios, tieta.

-¿No te encanta que volvamos a ser prácticamente vecinas?

-Buenos días. -Si es cuestión de números,

Liberto puede echarte una mano. Lo hace todo bien.

Ay, a las cifras las hace bailar mejor que a mí, si cabe.

-No es necesario.

-¿No nos lo vas a contar?

-Tía, que somos familia. -Claro, y familia de bien.

Si tienes algún problema financiero, puedes contar con nosotros,

un poco, por lo menos. -No es ningún problema financiero,

es un fallo y no pararé hasta encontrarlo.

-Y además de ese fallo, ¿hay algo más?

-Mira que eres entrometida.

¿Qué más va a haber en la vida de una sastre viuda?

-La soledad, por ejemplo. Pero eso tiene solución,

ahora que nos tienes más cerca. Como te decía,

vamos a hacer muchas cosas, Susana. -Uy,

miedo me das cuando hablas tú de hacer cosas.

-Que no, que no debe usted asustarse.

Lo único que queremos es confraternizar.

-Claro, y para eso, qué mejor que compartir mesa y mantel.

Venimos a invitarte a una merienda hoy mismo.

-¿Otra merienda? ¿Adónde?

-En nuestra casa.

Liberto y yo queremos

que te sientas parte de nosotros.

-Ya está bien de jolgorios, ¿eh?

¿Acaso no acudí ayer al ágape que organizaste?

Yo creo que ya he cumplido.

-Pero es que no se trata de cumplir,

tía, se trata de ser un clan bien avenido.

De confraternizar,

de sentir que nos tenemos los unos a los otros.

-¿Y para eso es necesario estar comiendo todo el santo día?

¿No será más bien, Rosina, que te ha sobrado condumio

y quieres encasquetármelo? -Desde luego,

mire que es usted malpensada. Se lo voy a tener que contar todo.

Pues mi esposa, aquí presente,

ha tenido la sensibilidad y delicadeza de pensar

que usted y yo, tía y sobrino,

debemos pasar más tiempo juntos.

-¿Ahora?

¿No será que estáis pensando que me voy a morir pronto?

-Ay, qué morir. Susana, mira que eres cabezona

y ceniza.

-Pero si usted acabará enterrando a todos.

Que no se trata de falta de tiempo, se trata de hacer ese tiempo

más feliz y fructuoso.

A ver, usted y yo nos queremos, ¿no es así?

Y cuando yo llegué a Acacias, usted me sirvió de guía.

Bien, pues ahora que yo he vuelto al barrio, me gustaría que usted

pasara a formar parte de mi rutina.

-No es que no me plazca, Liberto,

pero en otro momento.

-De acuerdo, está bien, si Mahoma no va a la montaña,

la montaña irá a Mahoma. -Eh,

no hables de herejes en mi tienda. -Nada de herejías,

esta misma tarde vamos a bajar la merienda aquí,

y los tres vamos a disfrutar de un rato de solaz conversación

y buenos sentimientos. -¿Aquí?

-(ASIENTE)

-¿En la sastrería de mi difunto esposo?

Ni hablar. -Esto es lo último.

¿Es que pretendes prohibirnos la entrada ahora?

-Bueno, está bien, iré esta tarde a vuestra casa, pero un ratito solo,

¿eh?, nada de largas veladas de vino y rosas.

Este barrio se está convirtiendo en una verbena.

(TOSE)

-Pues esta noche mucho mejor, apenas he tenido fiebre,

si acaso unas decimillas de madrugada.

-Pues no sabes lo que nos alegramos.

-¿Hasta cuánto le ha subido la fiebre?

-Unas décimas por encima de 38 grados.

-Pues eso es muy buena señal,

Servando, se nota que el medicamento experimental te hace efecto.

-Sí, ojalá, ojalá fuera así,

pero lo que realmente me animó

fue su obra,

doña Leonor, eso sí que fue mano de santo.

-Me alegro de que te gustara.

-¿Gustarme?

Gustarme, me gustan los caracoles a la riojana,

o los callos a la madrileña. No, me entusiasmó,

y es más, me hizo pensar.

-Pues eso sí que es noticia.

-Ahí ha estado usted muy jocoso,

verbigracia, muy agudo, don Íñigo.

-Perdone, Servando. -No, me hizo pensar,

fue como si lo estuviera viviendo, me metí en la historia

y recordé cosas,

cosas tan bonitas, que...

Fue un verdadero bálsamo.

-Pues más te alegrarás cuando te cuente que don Benjamín Corral...

-¿El empresario? -El empresario, sí.

Vino a ver la función y le encantó.

He cerrado la venta del texto con él.

-¿Y la va a representar por todo el mundo?

-Y alrededores. -Pero primero

la publicaremos como libro.

-Bueno, a mí me gustaría

que un actor famoso interpretara mi papel por toda la orbe, claro,

pero ¿a quién le amarga un dulce? Muchas gracias, Leonor, de corazón.

-Si no hay por qué darlas, Servando.

El mérito es tanto tuyo, como mío como del resto del elenco.

-Bueno.

-Y para que veas que mi agradecimiento

no son solo palabras,

aquí tienes la parte que te corresponde por tu aportación.

-¿Cincuenta pesetas? -(ASIENTE)

Pero...

nunca habían visto junto tanto dinero

estos ojitos que se van a comer las lombrices.

-Es lo justo.

-No, no, no, no sé si debería aceptarlo.

-¿Desde cuándo le hace usted asco

a 50 leandras contantes y sonantes?

-Bueno, está bien, pero por no hacerle un feo.

-Ya verás, Servando, cuando te recuperes

lo vamos a celebrar por todo lo alto,

y será la juerga más sonada de todo el barrio.

-Eso, si me recupero. (TOSE)

Señora, si me recupero. (TOSE)

-¿Qué necesidad tiene usted de llegarse hasta la sastrería?

Yo misma lo llevaré. -Muchas gracias, Agustina,

se trata solo de meter un poco la cintura de los pantalones,

y que le entallen la levita. Don Samuel está adelgazando.

-Descuide usted, que su patrón quedará contento.

-¿Qué me decías de la señorita?

-"Pos" eso, que está "desganá", ni siquiera probó

los dulces que le trajo de de don Samuel.

-Por tristeza, claro.

-Se conoce. -No debe ser fácil soportar

con la cabeza alta, que se digan cosas de ti

como las que los periódicos dijeron de ella.

-Pues sí, eso debe de ser.

Se le han "metío" esas barbaridades

en las entrañas y no le dejan vivir. Le dijo a doña Celia

que no quería salir ni recibir visitas.

-A parte del veneno de los periódicos, también ha debido

de pasarle algo durante los días que pasó fuera.

-Algo grave, seguro, antes de eso se le veía feliz,

quizá un poco enrabietada por las acusaciones, pero feliz.

-Deberías fijarte. Y usted, Carmen,

está en condiciones de recordárselo, que hay gente que la quiere

y está dispuesta a ayudarla, pese a todo.

-Sobre todo los Álvarez-Hermoso,

anda que no la buscaron cuando desapareció,

"to" el día "p'arriba" y "p'abajo". -Yo también les he ayudado.

Les dije quién podía ser el tal Gutiérrez,

el cochero con el que al parecer se había ido, pero parece ser

que no lograron dar con él.

Perdonen que me entrometa, pero podría ser importante.

¿Qué sabe de ese cochero?

Su semblanza, que era alto,

fornido, moreno.

-¿Se "pué" saber quién le ha "dao" vela en este entierro?

Quizá no me crean,

pero yo podría ayudar a la señorita Lucía.

¿A quién le dio usted su descripción?

A don Felipe y a don Samuel Alday.

Estaban los dos más que angustiados.

-¿Hay algún problema, Úrsula?

No, no, ninguno. Con Dios.

-Uh, si esta mete el cazo,

apaga y vámonos.

¿Un poco más de té, Susana? -No, gracias.

-Es de Ceylán, la isla del imperio británico

que da las hojas para la infusión. Era el favorito de Cayetana.

-Con más razón. No, gracias.

-¿Y pastas de mantequilla? Que no las ha probado usted todavía.

-No, gracias.

-¿Sabe que yo quiero escribir

otra obra?

Pero estoy pensando en hacer algo más arriesgado.

-¿Más que una obra pecaminosa de dos mujeres enfermas?

-¿Qué me cuenta usted de Trini? Infórmeme, porque a los hombres

no se nos cuenta nada cuando hay un embarazo de por medio.

-(RÍE) -Trini está bien.

-Por cierto, por cierto,

¿te han encargado ya los trajes para la boda

de Antoñito y Lolita?

No estoy muy enterada, pero deben estar al caer.

-No llevo la cuenta.

-¿Y Servando, ha ido a visitarle ya? Él dice que está mejorando

y que por las noches le baja la fiebre.

-Tengo que pasarme un día de estos, eso sí que tengo que hacerlo.

-¿Y sabe algo de mis primos? Anda que no tiene que estar usted

orgullosa ni nada de los hijos que tiene.

-Cualquier buena madre lo estaría.

-Casilda, ya puedes traer el fin de fiesta.

Son buñuelos de cabello de ángel. Liberto dice que le pirran.

-Pirrarme, pirrarme...

no sé yo.

-Bueno, doña Susana, aquí le traigo yo

los cabellos de ángel.

Hay que ver, han "tenío" que rapar a un montón

de angélicos "pa" traerle a usted tanto cabello.

-(RÍEN)

-Ay.

-El pelo.

-Con perdón.

-¿Veis? Está fatal.

Peor de lo que me pensaba, y eso que yo ya pensaba que estaba fatal,

pero no tanto, o sea, fatal, pero menos.

-Mi tía nunca fue la alegría de la huerta.

-Pero ahora es un erial.

-Bueno, madre, no todo el mundo es como usted, una cotorra sin mesura.

-¿Estás de chanza?

-Sí, sí, sí, madre, estoy de chanza.

-Ya veo que no me creéis, pero a Susana le ocurre algo

que la atenaza, la entristece

y hace que se comporte como una desabrida.

Lo voy a demostrar, como que me llamo Rosina.

Susana, ¿sabes por qué la obra de mi niña

ha tenido ese éxito arrollador?

-No, madre, no. -Por el beso.

No te lo vas a creer, pero un beso entre dos mujeres

se va a convertir en un hito en el teatro.

Eso si no se pone de moda y empiezan las mujeres a practicarlo

por la calle, ¿te imaginas?

(TOSE)

-No, si ya me dijo Leonor que tu temperatura se está estabilizando.

-Bueno, estabilizar, estabilizar... a veces sube, otras veces baja,

como la tripa de un pobre, pero que me encuentro mejor, eso sí.

-No sabes cuánto nos alegramos.

Se nos hace extraña la finca sin verte de arriba y abajo.

-Y en medio. -Sí, no, yo también lo extraño.

Aunque no se lo crean, extraño mis largas jornadas laborales,

que eran mi vida.

Laborar de sol a sol sin quejarme nunca.

-Vamos, Servando,

que lo dices como si no fueras a doblar la bisagra nunca más.

-No sufras más de lo necesario.

A la vista está que el medicamento que estás tomando

está produciendo en ti efectos benéficos y salutíferos.

-Bueno, la medicación no diría yo que no, pero si les digo

lo que siento, lo que siento realmente es que me da la vida

que todos ustedes me estimen tanto,

criados, señores, señoras, mucamas.

-No te quejes, que la admiración por ti ha subido varios enteros

desde que conocimos los aspectos de tu vida por la obra de Leonor.

-Cierto, ahora eres un héroe. -Sí, con los pies de barro.

-Servando, no te hagas la víctima.

Y dinos, ¿es cierto todo lo que se cuenta en la función?

¿Son tus propias vivencias? -¿Lo duda?

No, no, claro, de pe a pa, lo único la interpretación del actor,

que dice cosas que yo no hubiera dicho.

-Y tú eres mucho más guapo.

-Por supuesto, vamos.

-No te lo tomes a mal, hombre, todos los escritores y actores

tienen derecho a tomarse alguna licencia.

-Claro, si no me lo tomo a mal, incluso hasta los he perdonado.

-Eso dice mucho a tu favor. -Lo que no perdono...

-No, no, Servando, no perdonar es de cerriles.

-No, pero si no iba a hablar de eso, don Ramón, lo que no perdono

es el dineral que se ha "gastao"

usted en aviar mi salud. -No tienes ninguna deuda conmigo,

lo hice con mucho gusto.

-Bueno, con gusto o sin gusto, no permitiré

ese dispendio hacia mí, y le devolveré el dinero.

-Pero yo no me sentiría bien si tuvieses que gastar

todos tus ahorros en compensarme. Dejémoslo.

-No, no, si no voy a tirar de alcancía, si he cobrado ya

por la autoría de la obra, muy bien llamada

"La gran aventura de Servando". -¿Compartió Leonor

las ventas contigo? -Sí, sí, se empecinó en ello.

-Pues ya lo gastarás en otra cosa. -Además, el doctor García-Paredes

presenta unas minutas que tiran de espaldas y no te dejan levantarte.

-¿Sí? Pero ¿cómo de cuánto? ¿Cómo 50 pesetas?

¿Cuánto más?

-Digamos que con los medicamentos y los servicios de enfermería,

pues bastante más.

(TOSE) -¿Estás expectorando?

-No, no, no es la neumonía, no,

es el humor, pero ¿cómo puede ser más de 50 pesetas?

Eso no lo cobra ni un ministro, sin contar los chanchullos.

-Tenemos que escribir a Paciencia, nuestro Servando ha vuelto.

-Sí, y me parece muy bien. Y con respecto a lo nuestro,

don Ramón, creo que le recompensaré con un buen guiso de castañas

de Naveros y teniendo las escaleras como los chorros del oro, eso sí,

cuando me recupere del todo.

Ya tiene su traje compuesto, señor. De la mañana a la tarde.

No debía ser tan complicado. Dale las gracias a Agustina,

que seguro que es ella quien ha puesto esmero y prisa.

Cuélgalo en el armario.

¿Es que no me has oído?

Con su permiso, señor, y con el debido respeto,

me gustaría hablar de la señorita Lucía.

¿Qué pasa ahora con la señorita Lucía?

Se encuentra muy desanimada, señor, prácticamente descompuesta.

Apenas se alimenta y, Lolita dice que no quiere salir ni recibir.

¿A nadie? A nadie, señor.

Bueno, Carmen, no te lo tomes tan a pecho,

es normal después de todo lo que ha sufrido su fama.

Pronto saldrá a flote de su hundimiento y yo no escatimaré

en mi esfuerzo por ayudarla.

(Llaman a la puerta)

Iré a abrir, señor.

Dígame, Lucía,...

¿el padre Telmo le ha hablado de un tal...

Jimeno Batán?

Es un prestamista sin escrúpulos...

con el que en mi momento de desesperación,

tuve que hacer tratos.

Él fue el responsable de que sus hombres me destrozaran la mano.

Últimamente frecuenta la iglesia, ¿sabe?

Como si se tratara de un buen cristiano.

Y también le he visto cercano al párroco,

es por eso por lo que he temido que pudiera haberle comentado algo.

Señor, hay alguien que quiere verle.

Se trata de la señorita Alicia Villanueva.

Hazle pasar. Y ve a buscar a Lucía,

seguro que le interesa conocer a la señorita.

-Perdón, señora, ¿es usted del barrio?

-De toda la vida. Propietaria de la sastrería Séler,

para más señas. ¿Quién lo pregunta?

-Un viajero. ¿Conoce usted a los habitantes

del número 38?

-A todos. ¿A quién busca usted, joven?

-A la señora Asensio.

-¿La señora Asensio? Me temo que se equivoca,

no hay ninguna señora Asensio en ese portal.

-¿Está usted segura?

-Naturalmente.

Me parece usted un poco atrevido, nadie ha dudado jamás de mi palabra.

-No, no quería que pensara usted eso.

-Bueno,

a lo mejor hay un error en el apellido.

¿Cómo es esa señora?

-No hay error en el apellido. -¿De dónde ha salido usted?

-Muy buenas tardes. Muchas gracias.

-Cesáreo, venga.

-A sus pies. ¿Qué desea?

-Advertirle, mire a mi espalda.

-Ya miro. -Pues haga algo,

ese muchacho parece un merodeador. -¿Qué muchacho?

(Se cierra una puerta)

Lucía.

Me alegro de que haya venido.

Había oído que no quería usted salir ni tampoco recibir.

Ese era mi propósito. ¿Qué quiere de mí, Samuel?

Solo quiero hablar con usted.

Pues aquí me tiene,aunque le agradecería que fuera usted breve.

¿Le gustaron los pasteles que le envié con Carmen?

Le agradezco el presente, pero no tengo opinión,

no llegué a probarlos.

Aunque no creo que me haya llamado para hablar de repostería.

En eso tiene usted razón.

Supongo que quiere usted que testifiquen

contra el padre Telmo, pero lo siento, Samuel, no lo haré,

por mucho que usted y el prior se empeñen.

¿Qué le hace ser tan leal? No es lealtad,

es solo honestidad. No recuerdo nada, Samuel,

yo no puedo condenar al padre Telmo solo porque ustedes me lo exijan.

Debo marcharme. Aguarde, serán solo unos minutos.

No me va a convencer, mi postura es firme.

Ni siquiera pienso hablar.

Solo quiero que espere y escuche a una persona

que ha hecho un largo viaje solo para conocerla a usted.

¿A mí?

¿De quién se trata? Enseguida lo verá.

Solo le pido que la escuche y luego decida libremente,

sin presiones ni imposiciones,...

pero escúchela, por favor.

¿Dónde está?

Aseándose, ha llegado cansada por el viaje, no tardará.

¿Se puede?

Pase, por favor, como en su casa.

Lucía,...

le presento a Alicia, ella también conoce muy bien al padre Telmo.

¿No es así, Alicia? Por desgracia.

Yo soy otra víctima de ese cura.

-Susana, íbamos a tomar un chocolate, ¿nos acompañas?

-Ay, lo siento mucho, voy con prisa. Me voy a casa.

-Pero, pero si es muy temprano para cerrar la sastrería, ¿no?

¿No será que te encuentras mal? -Tengo muchas cosas que hacer.

-Está rara, no me digas que no. ¿Adónde irá?

-"¿No has tardado mucho" en el grupo de teatro?

-Tengo una noticia maravillosa, me han dado el papel.

Secundario, pero ya me harán protagonista.

Es una zarzuela.

-Enhorabuena. -Ya hemos tenido el primer ensayo

y al director le encanta mi voz.

Me veo siendo una gran estrella actuando en los mejores teatros.

-Ten cuidado no te vayas a estrellar.

-Hazle caso a tu hermano, no lleves tanto el cántaro a la fuente

que se rompe. -"¿No me crees?".

-No, Rosina, habrá sido un malentendido.

-Pregúntale a mi hija, lo vio tan bien como yo.

Tu tía Susana está enamorada.

-Por birlibirloque, de un hombre que ha aparecido de la nada.

-De un hombre apuesto, seductor, un verdadero Adonis,

de su misma edad, no te creas que era un lechuguino.

Tenías que haber visto cómo se miraban

el uno al otro, cómo le tomó él a ella la mano para besársela.

"Estaban los dos desnudos"

en un lecho. Yo mismo les vi.

Por favor, sea razonable.

No sé cómo llegamos a esa situación.

Y su obligación como prior,

no es culparme, sino creerme y averiguar la verdad.

¿Y si llegamos a juicio y yo aportara pruebas?

Imposible. -"Qué barbaridad".

-¿Qué dice?

-Que han abierto en Gran Bretaña una cárcel para niños.

-Jesús, María y José.

Ay, cuánto me alegro de no saber leer

para no enterarme de lo que vendo.

Eso es igual que cuando dicen que un volcán se ha "llevao" "p'alante"...

-"¿Puedo? -Puedes".

Tienes hambre.

-Más que una manada de lobos.

La última vez que me eché algo a la tripa fue... ayer por la mañana.

-¿Y qué te trae por Acacias?

-Busco a una mujer, la señora Asensio.

-"¿Qué,"

ensayando otra obra indecente?

-Una zarzuela, y para representar con un grupo de teatro parroquial.

No hay nada más decente que eso. -Mejor así.

He de usar el teléfono, tengo que pedir unas telas.

-Pues ya sabe dónde está,

y lo que cuesta.

Qué hipócrita.

Si supiera lo que se va contando de ella.

-¿Qué se va contando?

Me dijo Felipe que habías estado en casa de Samuel con una conocida.

Así es.

Alicia, una mujer muy interesante. ¿Y quién es?

Ayer llegabas un poco melancólica y hoy también te noto triste.

No, en absoluto,

no estoy distinta a cualquier otro día.

Es una amiga de Samuel

que se dedica a la restauración de arte

y, Samuel me la presentó

por las muchas cosas que tenemos en común, sobre todo aficiones.

Qué buena idea. Es bueno encontrar amigas

con las que compartir aficiones. -"Tú no vas a ningún lado,"

tú me acompañas a comisaría. -¿Qué?

-Llevas todo el día rondando, viendo a ver qué robas.

Sabía que te iba a prender.

-¡Voy a hacer que se trague sus palabras! ¿Yo un ladrón?

No sabe con quién habla.

-Lo sé, un ratero que va a pasar la noche a la sombra.

-Cesáreo,

deje al chico. -¿Y eso por qué?

"Si me disculpa, Felipe,"

tengo que irme. Muchas gracias por el café.

Con Dios. Con Dios.

Huye,... que ya te alcanzará tu destino.

"Todos quieren"

que perdamos poder, y solo lo conseguirán

si nos hacen más débiles.

Usted es ahora mismo nuestro flanco más débil,

y ya que no atiende a razones,

voy a hacer todo lo posible por expulsarle de la orden.

(Campanilla)

Tendrá que acudir al tribunal eclesiástico.

"Esa mujer vivió" una pesadilla

por culpa de los abusos a los que Telmo la sometió.

Supongo que no le contaría los detalles.

No, no se extendió en ellos.

No le deseo a nadie lo que pasó ella.

Bueno, es muy distinto a lo que yo viví.

No se puede comparar.

Hoy es el tribunal eclesiástico que tendrá que afrontar el padre Telmo.

¿Ha decidido qué va a hacer?

En pie.

Damos inicio a este acto, encomendándonos a Dios

y pidiendo ayuda al Espíritu Santo para no errar.

En el nombre del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Tomemos asiento.

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  • Capítulo 871

Acacias 38 - Capítulo 871

18 oct 2018

Lucía se niega a declarar en el juicio en contra de Telmo y Samuel le presenta a Alicia, que se anuncia como una víctima más del párroco. El prior muestra a Samuel un bote de adormidera, pero no está seguro de que Telmo lo usara contra Lucía.

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Añadir comentario ↓

  1. Luchito

    Pienso q Samuel caerá gracias a Úrsula..... q obviamente se va a vengar d lo que él le hizo....

    19 oct 2018
  2. Chenchu

    Hay días que me gustaría no verla... cansa mucho lo de los malos que se salen con la suya... es todo tan doloroso..

    19 oct 2018
  3. Martis

    Francesca, déjame que apoye tu comentario y que diga también que, además de repetir las maldades, siguen siendo igual de inverosímiles.

    19 oct 2018
  4. Pilar

    Estoy de acuerdo con los comentarios, la historia se vuelve a repetir. Al menos por una vez me gustaría ver que ganan los buenos y los malos reciben lo que se merecen. Que triunfe la verdad y el padre Telmo no pague por algo que no ha hecho. Me encanta este personaje y el de Lucía y me gustaría ver que son felices.

    19 oct 2018
  5. Francesca Johnson

    Acacias 38 me encanta y no dejo de verla pero, precisamente por éso, quiero hacer un comentario constructivo. Los actores, directores, casting, fotografía, estilismo, peluquería y maquillaje, decoración y música, todos y cada uno en su cometido son Extraordinarios, de lo mejor que puede haber pero, la parte donde "flaquea", "languidece" y más débil es la serie, está en los guiones y no porque los guionistas sean malos sino me da la sensación de que se han "acomodado". Un ejemplo: los 3 "malos", Cayetana, Ursula y Samuel, están repitiendo las mismas "atrocidades"; por éso lo que hace ahora Samuel se ha vuelto tan predecible, lo único que cambia entre los tres son las víctimas y los motivos (como es lógico) pero hace falta más garra, atractivo, dejar un poco de lado ese tipo de maldad para que no decaiga la audiencia y haya más "gancho". Por supuesto ésta es mi opinión.

    19 oct 2018
  6. Marilu

    Habitualmente podemos leer en este sitio, críticas hacia los guionistas de la serie, personalmente soy una de las " criticonas " y con debido fundamento. Tomemos por ejemplo lo que ha tramado Samuel para hundir al cura y " adueñarse " de Lucía y de su escaso carácter y de su fortuna - Siguen recurriendo a viejas y ya vistas situaciones, nada nuevo bajo el sol, realmente a mí me dá vergüenza ajena.- Es una goma de mascar INTERMINABLE, la estiran, la estiran y nunca se acaba

    19 oct 2018
  7. Mabi

    Otra cómo la " Santita " que trajo Ursula, para convencer a Blanca.... Que habilidad tienen una cómo el otro, para conseguir gente inescrupulosa como ellos para no dejar vivir en paz a nadie y mandar al garrote a todo inocente que se les cruce... Espero no se alargue demasiado ésta participación, porque lo de la santa....

    19 oct 2018