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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 869 - ver ahora
Transcripción completa

Santo Dios. Qué ultraje.

¿Cómo han sido capaces de semejante felonía?

-"Déjate de despedidas y emplea esas energías en recuperarte,"

que ya estamos deseando verte en la portería

espantando a los gatos y a los vendedores.

(RÍE)

-Eso es lo único importante ahora, que tomes tu medicina nueva

y que te pongas bien. -"Me marcho con mi madre".

-Te vamos a echar mucho de menos, Casilda.

Que se nos va la alegría del altillo.

"Tiene que proteger su honra,"

no puede decir nada, ni a sus primos ni a nadie del barrio.

¿Me propone que engañe a todo el mundo?

Piense que si se contara lo que ha ocurrido con pelos y señales,

tan solo serviría para marcarla más de lo que está.

"Servando se merece ver la obra".

Se merece estar en el estreno, no puede perdérselo.

-¿Los que están en la función querrán montar

una representación para él?

-Supongo que sí, es de esperar que estarían encantados con la idea.

Encontré este frasco entre sus pertenencias.

¿Cómo explicaría su existencia?

Es la primera vez que lo veo.

Pues yo pienso que no fue así. Y voy a averiguar de qué se trata.

Todo esto se trata de una trampa. ¿Una trampa?

Está todo tal y como pediste. -Si no sabes escribir,

basta con que pongas una marca.

-No.

No, no, no voy a firmar, ni esto ni nada, no.

Si yo no actúo, la obra no se va a poder representar.

-Pues yo no lo creo así, porque he visto los ensayos

y se puede representar sin tu participación.

-¿Esa es tu última palabra?

-No. Mi última palabra es que no vas a actuar en esa obra.

¿Qué haces aquí? Habíamos quedado en casa de Rosina para la firma.

-No va a haber firma, madre.

-¿Qué dices?

-He renunciado a la herencia.

Estás blanca como la nieve, Lucía. -¿Quieres que llamemos a un médico?

No, no, me siento bien. -Pues quién lo diría.

¿Seguro que estás bien?

-Lucía. -Lucía, Lucía, eh.

Usted es para mí mucho más que una tentación.

Es la razón de mi vida.

Lucía. Lucía.

"Lo tienen todo previsto y planeado".

"Cualquier cosa por su dinero".

¿Dónde estoy, sigo en la ermita?

"Santo Dios, qué ultraje. Lucía".

Lucía, ¿está bien?

¿Está bien?

Por fin despiertas.

¿Qué ha pasado?

Ha perdido la consciencia.

Con cuidado, Lucía.

Samuel, quédese con ella.

Avisaré a Felipe de que ya ha vuelto en sí.

Ha ido a buscar a un médico.

Sería conveniente que la reconocieran.

No, no lo creo necesario.

Samuel tiene razón. Nos quedaremos más tranquilos.

Ahora vuelvo.

Déjese cuidar, Lucía,

nos tiene a todos muy preocupados.

Me temo que mi mal no pueda curarlo un médico.

Me siento mal desde que nos encontraron en la ermita.

Me pesa la cabeza, me mareo...

Todo es tan confuso.

Ese canalla de Telmo debió de suministrarle alguna droga

para que no se resistiera a sus ilícitos deseos.

Descuide que,

hasta que no limpie esa sustancia, que al parecer envenena su cuerpo,

no me separaré de usted ni un solo segundo.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Está "usté" bien, madre? Ha "perdío" la color.

-¿Y te extraña?

Casi me caigo sin sentido al oírte.

Dime que no has renunciado a la herencia.

-Sí, sí que lo he hecho. Tenía que hacerlo.

Quería demostrar que no somos dos interesadas.

Esa herencia no nos ha traído más que problemas, madre.

Pero no tema, que no he renunciado a todo.

He "pedío" una pequeña parte de parné

"pa" poder hacer el viaje el pueblo.

Madre, en la granja

empezaremos usted y yo de nuevo, por nuestros propios medios.

-No he podido evitar oíros. Casilda,

dime que no has firmado ningún papel en el que renunciaras a la herencia.

-Sí. Es de suponer que lo he hecho.

Don Felipe estaba en la casa cuando fui a comunicar la noticia.

Lo ha escrito en un papel y yo lo he firmado.

-Está todo perdido.

-¿Has perdido el oremus?

¿Tú eres imbécil?

Con tu estupidez los has estropeado todo.

Maldita ignorante.

Tanto tiempo planeándolo todo

para nada.

-Madre, ¿de qué está hablando este hombre?

-Vete de mi casa o te juro que no respondo.

-¿Todo era verdad?

Todo era un plan, una treta para desplumarme, ¿es eso?

-¡Que te largues, o tendré que echarte a patadas!

-Contente, Higinio, sigue siendo mi hija.

-Madre... Madre, míreme.

Explíquese de una vez,

¡¿qué habían planeado?!

(Martillazos)

Asegura esas tablas, que no se venga el escenario abajo

en medio de la representación.

-¿Se puede saber qué está haciendo? -Ya lo ve,

Cesáreo, construyendo el decorado para la obra.

-Lo veo, pero no lo creo. ¿Pretende construirlo aquí?

-¿Y dónde quiere que lo haga?

Cómo comprenderá, en la chocolatería no cabe.

-Precisa de un permiso del ayuntamiento para montarlo.

¿Lo tiene?

-No nos ha dado tiempo. Leonor e Íñigo lo solicitarán.

-En tal caso, asunto resuelto.

Cuando lo tenga, construye

su condenado escenario. -Cesáreo, no me sea tan sieso.

Piense que es para homenajear al bueno de Servando.

Tenga usted humanidad. -La tengo,

pero antes de todo está el cumplimiento del deber.

Sin permiso no hay escenario, y punto redondo.

-Muy bien.

Hagamos una cosa,

¿por qué no va a hablar con doña Leonor

y le explica en persona que, por un pequeño trámite,

está dispuesto a impedir que se represente su obra?

-Así que es cierto, están preparándolo todo para representar

la obra de Leonor.

-Así sería, doña Susana, si me dejaran faenar tranquilo.

-Descuide, que su trabajo ha terminado.

Ya puede empezar a desmontarlo todo.

-¿Usted también quiere ver el permiso?

-¿Qué permiso ni que ocho cuartos? Es mi permiso el que nunca tendrán.

No consentiré que se represente algo

tan irreverente en la calle Acacias. -Mire, doña Susana,

si detengo la construcción, no llego a tiempo.

Tengo que terminar de pintar los decorados.

-¿Qué decorados? ¡Que no habrá obra!

¿Está sordo o qué?

-Pero...

Madre, se lo ruego, explíquese.

-Casilda, te lo ruego, vete ya. -No.

No me iré sin que antes me diga la verdad.

Dígame por favor que todo lo que "sucedío"

no formaba parte de un plan,

que no me han "engañao" como a un chino.

-¡¿Acaso lo dudas, imbécil?!

¡Claro que te hemos utilizado a placer, mema!

-Basta, Higinio.

-No, María. ¡La tonta de tu hija

quiere saber la verdad, pues aquí la tiene!

Quieres saber hasta qué punto te hemos utilizado, ¿eh?

¡¿De verdad creías que una esmirriada palurda como tú

iba a ser sangre de burgués?!

No eres hija de Maximiliano Hidalgo. ¡No eres hija de nadie!

¡Eres hija de tu madre y de un cazurro!

-¡Cállate! Hija mía...

Te odio.

(Murmullos)

(SUSURRA)

Señores,

les agradezco que hayan acudido

a nuestra llamada con tanta premura.

-No se preocupen, que no les vamos a robar mucho tiempo.

Queremos pedir su consentimiento

para representar mi obra en la calle.

-En tal caso, la reunión, más que urgente, ha resultado innecesaria.

Va a ser muy breve. La respuesta es no.

-Estoy de acuerdo.

Esa obra nunca debería haberse escrito ni ser representada.

-Deja al menos que se expliquen.

-No veo la necesidad.

Me niego a que una obra tan irreverente

se haga en público.

-Y menos en nuestra calle.

-Hay dos razones por las que creo que deberían de aceptar.

La primera de todas

es la pura humanidad.

Servando, en su estado, se merece tal homenaje.

-Es cierto.

Esa es precisamente la razón por la que debo reconocerles

que albergo ciertas dudas

sobre si deberíamos prohibir la representación.

-Leonor, ¿cuál es la segunda razón?

-La libertad. -Confundes libertad

con libertinaje.

-No, doña Susana,

la libertad.

La libertad de compartir la vida con quien de verdad amas.

-Las protagonistas de tu obra son dos mujeres,

no pueden amarse entre sí.

-¿Y quiénes somos nosotros para juzgarlas?

Nadie debería oponerse al verdadero amor.

-No somos nosotros quienes las juzgamos,

sino Dios.

Tú le atacas a Él y a las buenas costumbres.

-Tampoco te pongas tan estupenda, ¿eh?

-Es una lástima que nuestro párroco no esté entre nosotros.

Estoy segura de que me apoyaría. -Pero don Telmo no está.

Así que lo tendremos que decidir nosotros.

¿Qué opinan, señores?

-A nosotros no nos preguntes,

es un rotundo sí.

-No, tan rotundo, Trini, que, a pesar de Servando,

ya te digo que no las tengo todas conmigo.

-Pues decídanse, que tenéis un solo voto.

-Yo voto a Leonor.

Aunque temo que se pueda organizar un escándalo de tomo y lomo.

-Liberto, no solo es a un escándalo

a lo que nos enfrentamos.

Cesáreo, explíqueles a todos lo que me dijo antes.

-Precisan de un permiso del ayuntamiento para poder construir

un escenario y representar la obra en la calle.

-Escúchenme,

Servando se merece el esfuerzo.

Lleva toda la vida faenando con nosotros. Es parte de mi familia.

Y en estos momentos tan difíciles, él no tiene a los suyos cerca.

Su esposa está lejos. -Lo sabemos, Leonor,

pero nos pides demasiado.

-¿Es demasiado pedirles que olviden los prejuicios unas horas?

No nieguen un homenaje a un hombre bueno

que está tratando de sobrevivir.

-Qué pico de oro tienes.

-Los homenajes hay que hacerlos en vida.

Mostrémosle la estima que le tenemos, antes de que sea tarde.

Que luche contra su enfermedad,

pero viéndose arropado por todos nosotros.

-Olviden mis reparos.

Leonor tiene razón,

no dejaremos a nuestro portero en la estacada.

-A mí no me importan los escándalos.

Ya los solucionaremos con el ayuntamiento.

-Aunque sigo siendo reacio a que se difunda una historia tan escandalosa

y libertina, no me opondré a la decisión de la mayoría.

Si es lo que desean,

intentaré que el ayuntamiento dé ese permiso.

Tengo contactos. Todo por Servando.

-No puedo creerlo.

¿Cómo pueden estar de acuerdo en representar esta indecencia?

-Así es, el resto está con nosotros. Así que,

la representación sigue.

-(TRINI GRITA DE ALEGRÍA)

(APLAUDEN)

-Lúcete en tu papel, mi amor.

-Has logrado un imposible.

-Ya lo celebraremos en otro momento. No hay tiempo que perder.

Tenemos mucha faena por delante.

Casilda, estaba haciendo los últimos ajustes

de mi obra.

Mañana al fin, representamos.

-(LLORA)

-Casilda,

¿qué te pasa?

-Señora, servidora tiene que pedirle perdón por tonta.

-¿"Señora"? ¿Dónde ha quedado lo de "Leonor"?

-Nunca debí desconfiar de ustedes,

tenían más razón que un santo.

-¿Has hablado con tu madre?

-"Pa" chasco que sí.

Sí que lo he hecho. Me han "engañao" como a una pánfila,

ella y el matasanos, al que le parta un rayo.

No querían nada más que el monís de la herencia.

Tenía que haberlo visto, doña Leonor.

Se puso hecho una fiera el matasanos

porque se enteró de que yo había renunciado a la herencia.

Solo le falto echarme a patadas de la casa.

-Casilda, no te culpes.

Es normal que decidieras confiar en tu madre.

-En mal momento lo hice.

-Quiero que sepas que yo te voy a ayudar en lo que precises.

No hay nada que no se pueda perdonar entre hermanos.

-Ay, doña Leonor, es que usted y yo no tenemos nada de hermanas.

-¿Qué quieres decir?

-Lo que oye.

Don Higinio, en pleno ataque de rabia,

me confesó que...

don Maximiliano, que en paz descanse, no es mi padre.

De hecho,

mi madre no sabe ni quién es.

Ya ve qué orígenes tengo.

Bueno, pero quizás Higinio lo dijo

porque, porque quería hacerte daño.

-No. No, lo dudo mucho.

Mi madre se calló, otorgando. No trató de negarlo.

Además, doña Leonor,

dígame la verdad,

¿nunca le extrañó que fuésemos hermanas?

Porque mírenos, no nos parecemos en nada.

Somos como el punto de la i y el palito.

-Casilda, quiero que sepas...

que para mí siempre serás una hermana.

Y siempre formarás parte de esta familia.

-Se lo agradezco, doña Leonor,

se lo agradezco mucho.

Lo que no sé es qué va a decir su madre cuando se entere de esto.

-Descuida, yo hablaré con mi madre.

No te preocupes.

-Gracias. Gracias.

No sé yo si esto estará listo a tiempo.

-Tiene que estar, Peña.

La obra es esta tarde, no podemos retrasarla,

o los vecinos pueden echarse atrás.

-No lo digo por el escenario, hay que terminar los decorados.

Si doña Susana

no hubiese interrumpido ayer, otro gallo nos cantaría.

-De nada vale lamentarse. Todos estamos apurados,

las mujeres trabajan en el vestuario mientras repasan los textos.

-Confiemos en que suceda un milagro

y todo termine bien. -Servando así lo merece.

Él va a ser nuestro invitado estrella.

-¿Sabemos algo más de él?

-Al parecer, ha pasado una noche regular.

Pero las criadas siguen confiando en que la nueva medicación lo curará.

Ojalá sea cierto y no lo digan por tratar de animarse.

-A saber, Peña, con estas enfermedades

nada se puede predecir. -¿Qué hace, Antoñito?

-Ayudar, ¿no lo ve? -¿No tenía faena?

-Sí, pero he pospuesto

las reuniones de hoy. Esto corre más prisa.

-En ese caso, sea bienvenido.

Nos viene de perlas.

Voy a terminar los decorados. -Ve, Peña. No te entretengas.

-Menos mal que los vecinos dieron su permiso para representar la obra.

-Faltó poco para que no fuese así.

Pero Leonor, con su labia, consiguió ablandarlos.

-¿Y... también a doña Susana?

-A la sastra no hay quien la ablande.

Esperemos que no encuentre manera

de dar al traste con todo este esfuerzo.

Hoy puede pasar cualquier cosa.

No lo hilvanen del todo, que no da tiempo a coserlo bien.

-Todo sea que los ropajes se rompan en mitad de la representación,

dejándolas como Dios las trajo al mundo.

-No digas eso, Fabiana, que bastante escándalo vamos a montar ya.

-Agradecida por venir a ayudar doña Trini,

nos faltaban manos. -Hoy, tenemos que dar el callo,

criados y señores.

-Estoy muy "preocupá" por la Casilda, no sabemos "na" de ella.

-Pobre muchacha,

en menudo brete le han metido esos dos canallas.

-Es que, de verdad, no paro de pensar en lo sucedido.

No puedo entender como una madre pueda ser tan desalmada

con su propia hija.

-"Pa" mí que no era trigo limpio.

Al menos, Casilda se ha "librao" de esas dos víboras "pa" siempre.

-En verdad,

todos sospechamos que había gato encerrado.

Pero ¿quién podría haber convencido a Casilda?

Estaba tan dichosa

de haber encontrado a su madre. -Una madre así,

mejor tenerla bien lejos "pa" siempre.

-Tienes más razón que un santo.

Pero si es por madre, a Casilda le basta contigo,

que tú siempre has estado cuidándola.

-Aquí están. Necesitamos su ayuda.

-¿Para qué? ¿No nos ven bastante atareadas ya?

-Las entretendremos poco.

Necesitamos que nos corrijan mientas repasamos.

-Quita, que sí queréis salir vestidas a escenas,

más os vale no entretenernos.

-Nos os preocupéis, ya veréis como todo sale bien.

-Arrea, ahora que caigo,

que no hemos hablado del beso final.

-Nada hay que hablar, ese beso se queda en los papeles, y ya está.

-Si no pensábamos besarnos antes, ahora, con todos los vecinos, menos.

-Lo que hay que oír,

menuda "cochiná". Ni se os pase por la cabeza.

-¿Os acordáis cuando Elvira besó a mi Luisi delante de todos?

A más de uno casi le da un patatús.

-Sobre todo a su esposo don Ramón.

-Descuide, que una servidora no piensa dar ese espectáculo.

-Así es, no tienen que preocuparse.

El muy sinvergüenza de Higinio se ha marchado de la casa

arramplando con todo lo de valor que podía llevarse.

-Confiemos que la policía dé con él.

-No creo que corramos esa suerte.

Ya se les escapó una vez. De verdad, maldita sea su estampa.

Ese canalla y su compinche,

esa maldita de María. ¡Mal rayo les parta!

-Rosina, baja la voz, que te va a escuchar Casilda.

-¿No tengo motivos para hablar así de ellos?

-Sí, los tienes, pero no olvides que sigue siendo su madre.

Sí, ya, para su desgracia. Pobre.

(Pasos)

-Señora, está usted aquí.

-Casilda, al fin apareces.

Tú y yo tenemos una conversación pendiente.

-Sí. Es que, anoche con el disgusto,

me dormí antes de que llegara a casa.

-No te apures, que Leonor me ha puesto al tanto.

También sé que no eres una Hidalgo.

-Ni falta que hace.

-¿Cómo? ¿Ahora reniegas del apellido?

-No, no, señora, no se ponga brava, que no es así,

no.

Si yo lo digo porque...

he sido muy feliz siendo su criada,

mucho más que siendo señorita.

Y yo quería preguntarle a usted

si me readmitiría a su servicio.

-No sé, tengo que pensarlo, porque ahora ya tenemos criada.

-Rosina, no le hagas sufrir más.

-Buscaremos otro trabajo para Eduvigis.

Y estamos encantados de que regreses a esta casa.

-Y no solo eso, tienes que reincorporarte

a toda prisa porque ya te tengo preparada tu primera tarea.

Lo que usted mande, señora.

-Debes limpiar el piso de Acacias con la mayor urgencia.

-Ahora que se ha manoseado tanto el recuerdo de Maximiliano,

pero que vuelve a estar en su justo lugar,

tengo ganas de volver a casa, a mi casa.

Siempre y cuando tú estés de acuerdo.

-Ya te dije que sí.

-Volvemos a la casa.

Entonces, yo volveré al altillo, ¿no es así?

Me dan ganas de abrazarla, señora.

-Cuidadito. Pues guárdatelas, que volvemos a ser

señora y criada.

-Y por muchos años, señora.

-Pues a la tarea, que no te falta faena.

Mañana mismo quiero mudarme.

Y he pensado en dar un ágape a todos los vecinos.

No se preocupe usted, le voy a dejar la casa

como los chorros del oro. -Bueno, venga.

Así que, ¿has decidido mudarte de vuelta a Acacias?

-Por ese mismo organizo el ágape.

-Eso es maravilloso.

Mi mejor amiga y mi adorado sobrino volverán a vivir cerca.

Me has alegrado un día tan lúgubre como el de hoy.

-¿Sigues disgustada por la obra de mi niña?

¿Cómo no iba a estarlo, querida?

Tengo en alta estima a tu hija,

pero su empeño en sacar adelante

tal aberración, clama ya al cielo.

El párroco no viene a hacer acto de presencia para impedirlo.

¿Dónde está el clero cuando se le necesita?

-Cariño,... tieta.

Mire, parece que la obra ha generado mucha expectativa.

-Peor, Liberto, mucho peor.

Poco faltará para que acabemos hoy todos en comisaría.

Colóquese junto al escenario y no obstaculicen el tránsito.

Gracias.

Ha "venío" medio barrio.

Por Dios. Si el éxito nos acompaña,

podríamos ir de gira a Cabrahígo.

-No diga eso,

conociendo a nuestros paisanos, terminamos en el pilón.

-¿Quieres que repasemos el texto, Flora?

-Ni me lo miente, Carmen. Temo haber olvidado

hasta la última palabra. -Casi te prefiero muda

que catándola.

-Tome, señorita,

el blusón de Íñigo para hacer de Servando.

Dígale que no se mueva mucho, que si se rompe, Servando nos mata.

-A "to" esto, ¿dónde está don Íñigo?

-Está con Antoñito, ha ido a por Servando.

En cuanto bajen, empezamos la representación.

Ya está todo listo.

(GRITAN)

-Bueno, quizás todo no.

-Tranquilidad, yo me encargo.

-Leonor, ¿sabes lo que podías hacer?

Sal y habla con el público, no sé, presenta la obra para ganar tiempo.

-Sí.

Vamos, Servando, levántese de la cama.

-Qué empeño les ha entrado a ustedes.

No ven que no estoy para ir a ninguna parte.

En todo caso, al cementerio.

-Servando, no digas eso. Te vendrá de perlas tomar el aire.

-Pero ¿cómo voy a bajar a la calle así?,

si apenas me sostienen las piernas.

-No se preocupe por eso, que está todo pensado.

Siéntese en esa mecedora y cargaremos con usted.

-Qué tontuna más grande.

¿Dónde voy a estar mejor que en la cama?

Además, hoy me encuentro especialmente

cansado.

-¿Qué hacemos ahora?

-No tengo ni la menor idea. Es más terco que una mula.

-Así no se puede hacer la representación.

Como no suban aquí y lo hagamos en su habitación...

-Pues sí que íbamos a estar estrechos.

Todos hemos trabajado demasiado y el público espera abajo.

-Lo mismo, si le decimos la verdad, él se anima y baja.

-Me da pena estropearle la sorpresa.

-Creo que se ha dormido.

Aprovechemos que está vulnerable, lo cogemos y lo bajamos.

-No.

Lo mejor será que nos dejemos de remilgos,

despertarle

y contarle la verdad.

-Lo que he dicho yo antes.

Servando, Servando.

Servando.

Sí que tiene el sueño profundo, sí.

-¿Profundo o eterno?

-¿Qué dices, no se habrá muerto ahora?

-Despierte, Servando,

que tiene que bajar a la calle.

Leonor ha montado la obra y la tiene que ver.

-¿Qué obra, qué obra?

Que no. Además, tengo mucho frío. No me apetece ir a ningún lado.

-No hay nada que hacer.

Bajaré a hablar con Leonor y a ver qué decisión toma.

Quédate aquí,

a ver si consigues despertarlo.

Vamos, Servando.

Venga, vamos a la calle, Servando.

Servando.

En definitiva, que lo que van a ver esta tarde

es una modesta representación de una bella historia de amor

que consiguió romper barreras.

Y que fue posible gracias a la intervención

de un entrañable hombre.

Se trata de Servando Gallo,

nuestro portero. Y este es nuestro sentido homenaje.

¿Qué sucede? -(SUSURRA)

-No puede ser. Sin él no tiene sentido.

-¿Qué ocurre?

-No lo sé. Esperemos que no le haya pasado nada

a Servando.

-Lamento comunicarles que Servando, nuestro homenajeado,

no va a poder asistir. Al parecer,

sus problemas de salud se lo impiden.

Y sin él, no tiene sentido continuar.

La obra va a ser...

-La obra va a tener que comenzar cuanto antes.

(TOSE) No nos hagan esperar más.

El respetable, como yo,

estamos ansiosos por verla sobre las tablas.

-No contradigamos al verdadero protagonista de nuestra obra.

Comencemos ya. Íñigo, vístete.

Con todos ustedes,

"La gran aventura de Servando".

(Aplausos)

Por lo menos, la pose la ha clavado.

-¿Qué tontunas dice, Antoñito?

No se parece en nada a mí. Yo soy mucho más apuesto.

-A las buenas. Bienvenida al colegio.

Soy Servando, el conserje.

¿Puedo ayudarla en algo?

Mire que me parece ya crecidita

para ser una nueva alumna, verbigracia, interna.

-Arrea, que se ha "quedao" en blanco la "desgracía".

-Vamos, Flora, tú puedes.

-No soy alumna.

-No, no soy alumna.

Soy Flora, digo, soy Martina,

la nueva profesora.

-Ah,

haberlo dicho antes. Deje que le enseñe el colegio,

es fetén. También le presentaré a la directora,

aunque me temo que esa le gustará menos.

-(RÍE) -A veces pienso que se tragó

un palo de una escoba cuando era pequeña.

-Se lo agradezco.

-Como se ponga a cantar, la estrangulo en medio del escenario.

Se lo agradezco.

Te queremos, Casilda.

Te queremos...

Te queremos ver faenando como una mula.

Hay que ver.

"Tos" viendo la obra de doña Leonor

y, yo aquí, deslomándome con las cajas.

Está bien que yo quería empezar,

pero podían haberse esperado a mañana para readmitirme.

(Se cierra una puerta)

¡Uy!

¿Quién anda ahí?

Miren que tengo una escoba y, "tos" saben que las carga el diablo.

(Pasos)

-No te asustes, Casilda, soy yo.

-Casi que hubiese preferido que se tratara de una banda de ladrones.

¿Qué hace usted aquí?

-Estaba esperando en la calle a que todos se marcharan

para venir a verte. Tenemos que hablar.

-No. No hay nada de lo que tengamos que hablar.

Ya quedó todo muy claro.

-Yo entiendo que estés dolida conmigo, pero...

No puedo desaparecer de tu vida sin, al menos, pedirte perdón.

Y, además, quiero que sepas algo.

A pesar de todo lo sucedido, me alegro de haberte conocido.

Nunca imaginé que mi hija fuera tan maravillosa.

-No ha sido gracias a usted.

-Lo sé, lo sé.

No serías lo buena persona que eres si estuvieras a mi lado.

-Hombre, tampoco diga eso.

Usted no es tan mala.

-Tienes tan buen corazón que parece que me quieres disculpar.

-La culpa la tiene ese endriago con el que anda usted.

-No, Casilda.

Lo que hice no tiene perdón de Dios.

-Madre.

Deje al Higinio y empiece de nuevo.

Aún está a tiempo de enderezar su camino.

-No.

Ya es tarde para mí.

Y eso que me pides es imposible.

Higinio es un adicto al juego y yo soy adicta a él.

Jamás podré abandonarle.

Nuestro destino está unido.

Él ahora está escondido de la policía

y yo me uniré a él.

Y hasta donde nuestros pobres recursos nos lleven.

-Madre, tenga este parné.

Espero que pueda ayudarle.

Pero por favor,

no deje que el matasanos le eche mano.

Es el dinero que me dio doña Rosina

para que nos marcháramos al pueblo.

Yo iré devolviéndoselo poquito a poco

con mi jornal.

-¿Y aun así, quieres ayudarme?

-A ver, es usted mi madre.

Pero por favor, hágame caso. Márchese sola, sin Higinio.

Por favor.

-¿Puedo darte un beso de despedida?

-Bueno.

Márchese, que tengo mucha faena por delante.

Madre, espere.

¿Entonces, don Maximiliano no es mi padre?

-No, Casilda.

Por esa época, el señorito no me tocaba.

Pero para torturar a Rosina, le decía que sí.

-¿Y no sabe usted quién es?

(SUSPIRA)

¿Ves como la obra no resultaba tan pecaminosa?

-Calla.

Me temo que lo peor viene ahora.

-Heliodora, perdona que te interrumpa.

¿Puedo sentarme a tu lado?

-Por supuesto, Martina.

Aprecio más tu compañía que una buena lectura.

-Los sonetos de Shakespeare.

Dudo que prefieras mi compañía a ellos.

Son mis versos favoritos.

-También los míos.

Renuévate en tus fuerzas, dulce amor,

que tu filo no se embote tan pronto.

-Haz como el apetito.

Que hoy, saciado con nuevos alimentos,

resurgirá mañana con idéntico afán.

Debo darte las gracias.

-¿Por qué?

-Porque tu amistad me ha hecho adaptarme a este colegio

y a mi nueva vida.

-En tal caso, debo ser yo la agradecida.

Antes de que tú aparecieras, no tenía con quién hablar.

Pasaba las horas leyendo,

perdida en mis ensoñamientos.

Siento como si ya te conociera de antes.

Como si al fin, el destino nos hubiese unido.

-Lo están bordando.

-Has traído nueva luz a mi insípida vida.

-Carmen ha resultado ser una actriz como la copa de un pino.

-Sí, quién lo hubiera dicho.

-Esto está empezando a resultar pecaminoso.

Cesáreo.

Habría que parar esto antes de que vaya a más.

-Contente, por favor, Susana.

-Buenas tardes.

-¿Ha visto usted qué presencia?

Qué manera de decir el texto.

Nunca se había escuchado decir "buenas tardes"

de esta forma. -Se le cae a usted la baba.

-(CHISTA)

(Risas)

-Debo regresar ya al colegio.

En breve, tengo una clase.

-Lamento que nuestro encuentro haya sido tan breve.

-Quizá podríamos reanudarlo más tarde.

Podríamos quedar aquí, en este banco, esta misma noche.

Y seguir conversando bajo la luz de la luna.

-Me encantaría. Esperaré ansiosa a que el sol se oculte.

(Aplausos)

-El público está entregado.

¿No va a decir nada más?

¿Ni siquiera va a tratar de defenderse?

Ya lo he hecho.

Le he dicho todo lo que tengo que decir al respecto.

Ya ve que yo no lo creo así.

Obviamente, sus respuestas me resultan insuficientes.

Le repito que nos han tendido una trampa.

Debo regresar a Acacias cuanto antes

para aclararlo con Lucía. Su insistencia me sorprende.

Ni sueñe con salir fuera del monasterio

hasta que no me cuente la verdad.

Le juro que nada he hecho de lo que deba arrepentirme.

No tome el nombre de Dios en vano.

Debieron de drogarnos. Como ella, sufrí un desmayo.

Y ya no recuerdo nada más hasta que nos encontraron.

Estoy seguro de que Samuel está detrás de todo esto.

Eso no explicaría por qué llevó a Lucía a la ermita.

Necesitaba alejarla de Samuel y advertirla sobre él.

No fue usted enviado a Acacias para proteger a Lucía Alvarado.

Le prohíbo que intente acercarse de nuevo a esa mujer.

Su caso pasará a un tribunal eclesiástico de la orden.

Ellos decidirán qué hacer con usted.

Seremos afortunados

si conseguimos silenciar todo lo que ha sucedido.

¡No me diga eso, señora directora!

Yo solo le cogí la mano en señal de amistad.

-¡Embustes, mentiras!

Mi Miguelito intuyó que ahí había algo más.

-¿Algo más, como qué?

¿Qué puede haber entre dos mujeres que no sea cariño fraternal?

-¡Algo nocivo, sucio y pecaminoso!

¡Estas dos mujeres están desafiando

las normas de la moral!

-Parece que la obra te gusta cada vez más, Susana.

-Calla.

-Defiéndase, Martina, hable.

Diga la verdad.

-La verdad es...

-¿Qué? ¡Hable!

-La verdad es

que yo amo... -¡A mí!

-¿A usted?

-¡No mienta!

Confesemos la verdad, demos la cara.

Usted me ama a mí.

Yo la amo a usted.

Verbigracia, nosotros hemos nacido para estar juntos.

(Aplausos)

Por fin aparece.

¿Fue usted quien me mandó la nota citándome?

Pensé que se trataba de otra persona.

¿Y quién pensó?

¿Con quién tiene usted tratos en estas calles?

¿Qué quiere de mí? No tengo tiempo para tontunas.

Verá.

Es que estoy muy preocupada con mi señor, el párroco.

Sé que le encargó un trabajo.

Se equivoca.

En efecto, me citó en la casa parroquial

para acordar un viaje.

Pero mi precio le pareció demasiado alto.

Eh...

Disculpe.

¿Adónde se supone que debía llevarle?

A Oviedo.

Y ahora, si me disculpa,

soy hombre ocupado.

(Sirena)

¡El barco rumbo a Argentina zarpará en breves momentos!

-Martina, mi amor, ¿por qué no estás aquí, conmigo?

-¡Lamento el retraso!

-La directora cumplió su amenaza y nos ha denunciado.

-Por todos los santos.

-Nos ha costado Dios y ayuda vencer a los guardias.

-Nos hemos tenido que hacer pasar por marido y mujer.

-Espero no le importe.

-Lo único que importa es que la ha traído conmigo.

-Se ha jugado la libertad

y ha perdido su trabajo por protegernos.

-Yo soy así de desprendido, verbigracia, desinteresado.

-Pues sí que ha cambiado.

-¿Cómo podríamos pagárselo?

-Me basta con saber que el verdadero amor ha triunfado.

(Sirena)

-El barco va a zarpar.

-¡Corran, no vayan a perderlo ahora!

¡Tomen, son todos mis ahorros!

Les servirá de ayuda para la nueva vida que van a emprender

allá, en la Argentina.

Quiera Dios que nuestra historia sea por siempre recordada.

Que se sepa que el verdadero amor

es una fuerza que puede con todo.

-Y siempre triunfará.

Sin tener en cuenta nada.

Ni las clases ni las creencias.

Ni siquiera, los géneros.

(TODOS) ¡Ah!

(Aplausos)

-Ha estado bien bonito.

¿Verdad, Fabiana?

-¡Es una vergüenza, es un escándalo!

-Sus...

-Gracias.

¡Demos un aplauso al verdadero protagonista: Servando!

(Aplausos)

-No parece muy entusiasmado.

¿Estás bien, Servando?

-¡Servando!

¡Servando!

-Ha sido precioso.

Se lo agradezco.

(TOSE)

Llegar a las puertas de la muerte

ha merecido la pena, aunque solo sea por este momento.

-Ven conmigo, Servando.

Este aplauso te pertenece.

(Aplausos)

No entiendo por qué hacemos la mudanza deprisa y corriendo.

-Pero Liberto, si ya lo habíamos hablado.

Allí está...

¿Te importa?

Ahí están nuestros amigos, tu tía.

Mi hija estará con Íñigo.

Pensé que querías irte a vivir a Acacias.

-Sí, quiero vivir en Acacias.

Pero no quiero hacerlo como si huyéramos de la policía.

No entiendo a qué viene tanta rapidez.

-Mañana quiero celebrar el ágape y ya nos quedamos a dormir.

Liberto, es importante para mí.

Necesito pasar página, olvidar lo sucedido.

Empezar de cero.

-Ha sido la obra más bonita que he visto en mucho tiempo.

Sabía que tenía talento.

Pero no sabía hasta qué punto.

Ha sido capaz de convertir una historia controvertida

en un canto al amor y la libertad.

He de decirle que algunos actores han estado realmente mal.

Pero no han empañado el resultado final.

-Es usted muy amable.

-Soy sincero y un hombre de negocios.

Y quiero decirle que le doy 50 pesetas

más de lo acordado y le publico la obra.

¿Qué le parece, acepta?

¿Cómo te atreves a besar a Carmen delante de todos?

-Pues no sé, me salió así, porque sí.

He sentido que debía hacerlo y lo he hecho.

-Y ya está.

-Por el bien de la representación.

Es que me he visto envuelta en el espectáculo,

la emoción, los aplausos.

No sé cómo explicarlo. No era yo.

-¿Cómo que no eras tú?

-Era Martina, ella ha besado a Heliodora.

-Pues eran tus labios los que visto pegándose

a los de Carmen.

Se ha constituido un tribunal

para juzgar su caso y este ha determinado

apartarle de su parroquia de inmediato.

¿Qué?

Temen el escándalo si lo ocurrido sale a la luz.

¿Lo ocurrido?

No ha ocurrido nada.

Pero ¿cómo puede decirme eso?

Yo mismo les vi.

Estaban desnudos en el mismo lecho.

¿Me va a decir que es mentira?

Fue una trampa. Una trampa.

¿Me está diciendo que alguien les engañó,

les desnudó y les hizo creer que habían estado en el mismo lecho?

¿Cómo está su prima?

Creo haber oído que ya ha regresado.

Sí, ha estado unos días en Salamanca.

Me alegro de que se encuentre bien.

Será mejor que me vaya.

Úrsula.

¿Puedo preguntarle algo?

Faltaría más.

¿Qué sabe de la relación entre Lucía y Telmo?

-Si hubiera estado el padre, otro gallo nos hubiera cantado.

Hubiera parado la función.

Habría excomulgado a los actores por herejes.

Agustina, ven un momento.

-Señora.

-¿De dónde han salido los vestidos de la obra?

He preguntado en varias sastrerías y todas niegan

haberlos confeccionado.

Algunas telas me eran familiares.

-Verá, yo...

-¿Ajá?

¿Sí?

-Casilda.

¿Cómo estás después de lo de tu madre?

-Regular.

Poco a poco.

Dicen que madre no hay más que una.

Y no creo que lo digan porque sí.

Porque dos no se aguantan.

-Bueno, tú sabes que...

Que aquí tienes casi una madre.

¿No? -Claro que sí.

-Y casi una hermana.

O hermana del todo. Para lo bueno y para lo malo.

(CARMEN) Buenas.

No es mi intención molestarles.

¿Podría hablar con usted, Flora?

Solo quería preguntarle...

Si... -¿Si qué?

-Lo de ayer.

El beso que usted me dio.

Fue puro teatro, ¿verdad? -Por supuesto.

-No sé, es que pareció tan de verdad...

-Porque estaba actuando.

-Ah.

¿Qué pasa?

-Señora Agustina.

¿Qué pone ahí, es para mí?

-Sí.

¿Estás bien?

No voy a marcharme a ningún monasterio.

¿Qué?

Voy a quedarme a defender mi honor.

¿A defender su honor?

¿Acaso me está diciendo que quiere ir a juicio?

Si es necesario, sí.

Confío en poder demostrar mi inocencia ante el tribunal.

No me parece buena idea.

Esconderme en un monasterio, tampoco.

¿Sabe cuáles son las consecuencias si esto sale mal?

Podría acabar en una celda de por vida.

Si es la voluntad de Dios, que así sea.

¿Llevaste a cabo el encargo que te pedí?

Así es, despisté a don Felipe

llevándole un cochero al que le gusta empinar el codo.

Gracias, Cesáreo.

Para servirle, señor.

Esto ha de quedar entre usted y yo.

¿El qué? No sé de qué me habla.

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  • Capítulo 869

Acacias 38 - Capítulo 869

16 oct 2018

Casilda se da cuenta de que Higinio y María querían engañarla. Higinio echa a patadas a la criada y le aclara que no es hija de Maximiliano. Casilda se lo cuenta a los Hidalgo. Rosina la readmite como criada y decide que se mudarán a Acacias. María le pide perdón a su hija antes de marcharse, la echará de menos.

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  1. Felipe

    Algo positivo, que el fraude de Higinio y María haya quedado al descubierto, pero dos negativas, una es la tristeza de Casilda al enterarse y encima saber que su madre la concibió no se sabe con quien, y la otra es que,de nuevo un o una delincuente escapa y " si te he visto no me acuerdo " , seguramente a seguir delinquiendo por otros parajes. Demasiada impunidad, señores guionistas, por lo menos de vez en cuando hagan que a los responsables de hechos luctuosos los veamos pagando por ellos

    17 oct 2018
  2. Mabi

    Disculpas.... Yo que pido releer lo escrito en las reseñas y mi corrector envía lo que quiere... Quise escribir SERVANDO, no Servido....

    17 oct 2018
  3. Mabi

    Que susto!!!!!.... Pensé que Servido se había muerto al final de la función, pero no de su pulmonía, si no del disgusto por no verse reflejado en el personaje que taaaaannn mal actuó Iñigo!!!!! Jajaja! Al final Trini le puso su impronta de la " renguita " a su personaje. Ante el desagrado de la "directora" Leonor, pero para la alegría de Don Ramón y Liberto! Rosina tan encantada con su risa franca, Susana, tan aguafiestas como siempre, Lolita con su fuerza bruta al golpear la mesa, y muy bonitas tanto Carmen como Flora. El Peña ya podría " largar" la chocolateria y dedicarse a escenógrafo, que se le da muy bien, y gracias por venirse las enamoradas a la Argentina, que aunque pareciera que aquí, por aquellas épocas, todo estaba permitido, como en todos los rincones del mundo, las habas se cocian en secreto.

    17 oct 2018
  4. Saro

    Bueno, parece que los Sres. Méndez Aspe se mudan a Acacias. En el palacete que ahora dejan, han pasado por momentos duros y otros muy bonitos e inolvidables que nos han hecho disfrutar mucho pero ... me gusta muchísimo que vuelvan al piso de Acacias porque me trae unos recuerdos maravillosos de la pareja, de los preciosos comienzos de su relación: en él se conocieron, bailaron, se dieron el primer beso, hicieron el amor por primera vez; incluso la escalera de servicio sirvió para algún encuentro furtivo y para el primer intento, por parte de Liberto, de besar a su amada Rosina. Ella tiene prisa por mudarse, quiere "empezar de cero" (a mí también me gustaría). ¡¡Qué recuerdos tan bonitos guardo de esos preciosos comienzos vividos por la pareja!!!. Respecto a Ursula, empieza a "mover los hilos" para tratar de encontrar a Telmo y evitarle a Lucía la catástrofe hacia la que se encamina con el Alday.

    16 oct 2018