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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 864 - ver ahora
Transcripción completa

Me llama

"hija del mal y del pecado".

Dice que soy un diablo del averno

enviado por el mismísimo Satanás.

"No me parece adecuado que haya inducido al maestro de Lucía"

a escribir este libelo. He hecho lo que debía.

Sin que importen los sentimientos de esa pobre joven.

Es hija del pecado.

-Es un insulto que esa pecadora toque la imagen.

-¿Cómo?

Retráctese inmediatamente de sus palabras.

Nunca. Esa bastarda

no merece la gracia de Dios.

¡Por favor! -¡Samuel!

"Podría usted detener la nulidad"

que Samuel ha pedido.

Si hacemos que ese amor sea imposible,

Lucía no tendrá otra razón para no entrar en el convento.

Puedo hacerlo,

pero no va a ser fácil detener la nulidad.

Le aseguro que haré todo lo posible para que Lucía

cambie de opinión respecto a Samuel.

No me gustaría alimentar los rumores que corren sobre mí

pasando tiempo con usted a solas.

A mí me gustaría que se quedara más tiempo,

pero comprendo que lo juzgue inapropiado.

Además, había olvidado que tengo que visitar al padre Telmo.

"¿Qué tripa se le ha roto a la sastra?"

-Le ha dicho a don Ramón que no permita que sigamos ensayando.

-Se ha "enterao"

que la obra trata de amoríos entre dos mozas

y ha puesto el grito en el cielo.

-Fastidiará la representación. -Pero ¿cómo va a hacer eso?

Ella se ha ofrecido a confeccionar el vestuario.

Permítanme que les presente. Él es Jimeno Batán,

un gran feligrés de nuestra parroquia.

Encantada.

-Don Higinio tiene a su criada como concubina.

-Lo que nos hace pensar que todo lo que les rodea es una farsa

urdida para aprovecharse de Casilda,

de nosotros mismos y del que se ponga por delante.

"¿No le parece que ella merece" conocer a qué se enfrenta?

Sé lo que quiere decirme. -"Rápido, tengo que ver al doctor".

¿A qué viene tanta prisa? -Rosina está necesita un médico.

"¿Conoce al padre Telmo desde hace mucho tiempo?".

No, no hace mucho.

Yo debería...

"¿Y bien?".

¿Y bien?

Daba la impresión de que iba usted a decir algo.

Algo importante.

¿Señor Batán?

No,...

solo quería

elogiar su trabajo.

La estatua de la virgen le está quedando realmente hermosa.

Gracias.

Es usted muy amable. Soy un gran devoto,

le agradezco su dedicación y su esfuerzo.

Me estoy dejando la piel para que la Virgen quede bien.

Gracias por el té, pero he de marchar.

¡Padre!

Padre, he de marchar,

ya hablaremos.

Ha sido un placer conocerla.

Buenas tardes.

Con Dios.

Un hombre algo extraño, ¿no?

¿Por qué?

Daba la impresión que quería decir algo y, cuando llegó el momento

de hablar solo elogió la estatua de la virgen.

Bueno, yo también marcho,

que se me ha hecho tarde. Gracias por su trabajo.

Con Dios.

Con Dios.

Padre,... ¿se encuentra usted bien?

Estoy preocupado por ella. ¿Preocupado por la señorita Lucía?

Un peligro acecha a esa muchacha y no sé cómo prevenirla de él.

Es usted su pastor, ¿por qué no habla con ella abiertamente?

No, no es tan fácil. ¿De qué se trata?

Puede confiármelo a mí.

(NIEGA)

Pero le diré un nombre.

Samuel Alday.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Se cierra una puerta)

-¡Ay, ay, cómo me duele,

me duele, me duele!

¡Ay, qué dolor, Casilda! -Señora, pero ¿anda malamente,

otra vez con la gota? -Sí, ¿te lo puedes creer?

Ay, de verdad.

-Pues la verdad es que no lo entiendo, hace "na" estaba tomando

litros de champaña y comiendo de lo lindo.

-Porque es un mal que te acecha así,

sin esperártelo de nuevo, así, súbito.

Doctor, ¿puede hacer algo por mí?

-Voy a revisarle las articulaciones, ¿me permite?

-Sí, sí, claro.

-No parece que haya hinchazón. -¿Cómo que no?

Ah, bueno, me ha aliviado un poco, debe ser por el masaje

que me dio Eduvigis.

-Debe ser, sí.

-Pero el dolor ahí sigue, continuo,

molesto, tiene que hacer algo por mí, deme algo. Deme medicación.

-¿Medicación, medicación?

-Sí, sí, por favor, tiene que darme algo

para que se me vayan los dolores. -Doña Rosina,

es que esta no es mi especialidad,

debería acercarse usted al hospital.

-¡Claro, vayamos todos allí! Seguro que usted tiene algún colega

que entienda del asunto.

-¿Algún colega? -Claro, trabajando usted allí

conocerá a todo el mundo. -Bueno, todo el mundo,

-¿Hay algún problema, doctor?

-Ya les dije que mi trabajo aquí era de investigación.

-Ya, pero ¿usted trabaja en el hospital o no?

-Claro que trabajo en el hospital, pero me tiro todo el día

en el laboratorio y no suelo confraternizar con médicos.

-Fruslerías,

seguro que conoce a alguien,

vamos todos. -Lamento tener que negarme,

pero no quiero poner en riesgo mi proyecto secreto.

Pero vayan allí, que seguro que les atienden

con diligencia y profesionalidad.

Hay médicos estupendos que van a poder ayudarla.

Ahora, si me permiten,

he de marchar.

-¿Quiere usted que le acompañe a la puerta?

-No, no, no, no, gracias, sé el camino, gracias.

Con Dios.

-Pues "na", mejor, así me pongo a preparar un ungüento

"pa" echarle a usted en las piernas. Ya verá usted como la va a calmar

en un periquete. Ahora vuelvo.

-Ese hombre miente.

-Claro que miente, es más falso que Judas Iscariote.

Esa ocupación no existe, no trabaja en el hospital,

¿qué proyecto secreto ni nada? -Voy a volver

a ver si averiguo algo. -No. Higinio está prevenido,

se habrá cubierto las espaldas.

-¿Y qué quieres, que nos quedemos aquí de brazos cruzados?

-No. Conozco a un amigo de Germán de la Serna,

trabaja en el colegio de médicos, vive cerca de aquí.

A veces se acerca a saludarme,

es un fiel seguidor de los folletines de Leonor.

Creo que mañana

le voy a preguntar, le voy a pedir información sobre Higinio Baeza.

Veremos cuánta verdad hay detrás de ese hombre.

"Todo el mundo habla de eso".

¿De lo que sucedió en la chocolatería?

Del gesto heroico que tuvo Samuel defendiendo tu honor

ante ese cliente. Un espontáneo,

un entrometido.

Alguien que no me debería de importar,

pero sí que me importa.

La gente puede llegar a ser muy mala.

Aunque no me gusta la violencia, reconozco que admiro la valentía

con la que obró Samuel. Valentía y coraje.

Todo un gesto de un hombre admirable.

Pensé que no le gustaba

Samuel Alday.

No me gustaba el Samuel Alday del pasado, pero empiezo a creer

que está cambiando.

Me alegra oírle decir eso.

Quiero creer que ha dejado atrás ciertos comportamientos

y que es un hombre completamente distinto.

La gente cambia, aprendemos de nuestros errores y evolucionamos.

No puedo decir que piense distinto.

Felipe y hasta yo misma somos ejemplos de eso.

Intuyo que, tras esa afirmación,

hay un pero.

No puedo olvidarme de algunas cosas que hizo Samuel con Blanca.

Fueron episodios muy oscuros.

Me temo que la relación entre Blanca y Samuel

hizo daño a ambos, y eso provocó en Samuel

comportamientos injustificables,

pero...

el dolor a veces lleva a la equivocación, y una persona

no puede estar pagando eternamente por lo que hizo hace tanto tiempo.

Es posible,...

pero aun así,... ándate con cuidado,

¿de acuerdo?

Estoy segura de que no hace falta. Samuel no me va a defraudar.

Por si acaso, no te hagas demasiadas ilusiones

o la caída podría ser desde arriba.

¿Me lo prometes? Se lo prometo.

Prima, gracias por estar aquí,

por cuidarme, por escuchar mis dudas y,...

demostrarme que puedo contar con usted.

Siempre.

Padre.

Don Gimeno. Sé lo que intentó hacer esta tarde.

¿Perdón? Quería que conociera a esa muchacha

para que me diera pena y le terminara contando mi trato

con Samuel.

Quería que conociera a la mujer a la que está engañando.

Lucía es una chica encantadora, no se lo voy a negar,

no merece lo que ese hombre planea contra ella.

Pero no hará nada.

Pondría en peligro mi negocio.

No puede permitir que se haga daño a una inocente,

no puede permitir que Lucía inicie

una relación con Samuel Alday, a sabiendas

de lo que ese hombre se propone.

Es usted un buen cristiano. Soy un buen cristiano,

pero también soy un hombre de negocios y, Samuel es mi socio.

Si él no recibe ese dinero, yo tampoco.

Advertir a Lucía, sería arrojar piedras contra mi propio tejado.

¿Cómo puede meterse en la cama por las noches y acallar su conciencia?

Usted lo ha dicho,... soy un buen cristiano,...

tengo toda la vida para arrepentirme de mis pecados.

Si vuelve a ponerme en una situación incómoda,

o si se va de la lengua,

no dude que actuaré como he hecho otras veces,

y no me va a importar su condición de sacerdote.

(Se cierra una puerta)

-Señora.

¿Cómo se encuentra usted? Ande, levántese los ropajes

que le voy a dar otra friega. -No, de verdad,

si con las que me diste anoche me ha mejorado mucho la cosa, mira.

Estoy muy bien. -Ah, bueno, pues "na",

pero ándese con ojo con lo que desayuna, nada de chorizo

ni tampoco de salchichón. -Ay, ¿qué quieres, matarme?

-No, yo solo quiero hacerle mejor la vida.

-Bueno, pues no te apures que ya me encuentro mucho mejor.

Y de esto, ni una palabra a Leonor, ¿eh?

No quiero que se preocupe.

-Bueno, no se preocupe que no diré nada.

-Bueno, me voy a buscar a Eduvigis para que me prepare el desayuno,

de verdad, tengo un hambre, y nunca la encuentro,

parece que se esconda de mí. ¡Eduvigis!

¡Eduvigis!

(Pasos)

-Madre, ¿por dónde ha "entrao"? ¿Qué hace usted aquí?

-La criada me ha abierto.

-¿Y qué es lo que quiere usted, que se monte aquí otra pelea?

-Pues todo lo contrario, dejar de pelear es lo que quiero.

Y me molesta que pienses que busco jarana porque sí.

-No, no, no es que yo piense eso, madre, pero ya sabe usted

que si doña Rosina la ve,

se puede armar.

-Pues que me vea y hablamos de nuestra marcha.

¿Cuándo nos vamos? Yo ya le he dicho a mi señor

que se busque a otra criada. -¿Que ha hecho qué?

-Le he dicho que se busque otra criada.

-Que sí, que la he oído, pero ¿por qué lo ha hecho con tanta premura?

-Pero ¿no es lo que habíamos hablado?

¿No habrás cambiado de idea? Porque yo ya he dejado

mi trabajo. ¿No irás a echarte atrás ahora?

Hija,... necesitamos este tiempo para nosotras,

la vida nos ha dado una segunda oportunidad

y no podemos desperdiciarla.

Coge tu dinero y deja a esta señora tranquila.

Vayamos a vivir nuestra vida lejos de todo esto.

-Ya, madre, pero es que...

a mí no me hace gracia tener que pedir parné.

-Pero es que el dinero es tuyo. -Sí, pero pedir guita está muy feo.

-Ya, pero es lo que necesitamos. Ya me gustaría a mí

ser rica para marcharme al pueblo contigo y montar una granja

sin pedir cuentas,

pero no lo soy.

¿Sabes cuánta guita hace falta para montar una granja?

Pues pide el dinero que es tuyo y marchémonos de aquí.

Hola.

-¿Qué hacen aquí?

Doña Susana no está. -Ah, ya, sí, lo sabemos,

llevábamos un buen rato ahí fuera esperando que saliera.

-Queremos hablar con usted.

-¿Conmigo? -Sí,

necesitamos su ayuda. -¿Mi ayuda, para qué?

-Para que... confeccione el vestuario de la obra de teatro.

-Uy, uy, uy, uy, ni hablar.

¿No saben lo enfadada que está doña Susana con todo este asunto?

-Y por eso no queremos insistir más a la sastra para que colabore,

pero usted podría hacerlo y no hace nada malo.

-Los señores no están de acuerdo con que se represente esa obra.

Doña Susana habló con el señor Palacios.

-Y el señor Palacios ha hecho caso omiso, no va a parar la obra.

De hecho, ha dado permiso para que los ensayos

continúen en el altillo. -Y no tiene nada que temer,

no hace nada ilegal ni a espaldas de los señores.

-Solo le pedimos que colabore

en una obra que es la ilusión

de todas sus amigas y compañeras del altillo.

-La verdad es que están muy ilusionadas.

-Sí, sí. -Y no queremos caridad, no, no,

pagaremos todos los retales y ropas que use usted.

-Quizá confeccionar todas las prendas usted sola

sea mucho trabajo,

pero seguro que alguien la ayuda.

-A lo mejor la señora Fabiana se anima.

Tiene mano

para la costura. -Claro,

todo es cuestión de preguntárselo.

-Y seguro que Lolita,

Flora y Carmen también arriman el hombro.

-A ellas les interesa más que a nadie que esta obra se represente.

Y que luzcan bien bonitas.

-Entonces...

¿acepta?

-Sí. -¡Sí!

-Bien.

"To" el mundo aplaude la interpretación de la Carmen.

Dicen que tiene madera

"pa" esto del teatro, pero yo le juro que por más que la miro,

no atino a qué se refieren. Será que resulta natural.

¿Qué quiere decir?

Que lo que dicen, lo dicen de verdad.

Ya, pero la gente que va al teatro sabe que eso es mentira

y que los que están ahí son actores. Pese a todo,

no es eso lo que quieres ver.

Lo que gusta es que parezca que lo que dicen, lo dicen de verdad.

(Se cierra una puerta)

Ah.

¿Qué hace aquí?

Disculpen mi osadía.

He venido a ver a la señorita Lucía,

me gustaría hablar con usted.

A ser posible,

a solas.

Claro. Lolita,

déjanos solas.

¿En qué puedo ayudarla, Úrsula?

Soy yo la que ha venido a ayudarla a usted.

Debe alejarse de don Samuel Alday.

¿Perdón?

No es un buen hombre,

está lleno de rencor y solo piensa en sí mismo.

¿Qué le hace decir eso de forma tan categórica?

¿La envía alguien?

¿Le ha dicho el padre Telmo que me diga todo esto?

No, no, no ha sido él.

El padre Telmo está muy preocupado por usted, pero yo también.

Tengo sueños,

señorita Lucía.

¿Sueños? Pesadillas...

en las que aparece don Samuel y... hace cosas malas.

Ese hombre no es de fiar.

Ese hombre tiene el alma oscura.

Quizá tenga usted razón, pero entenderá que no puedo actuar

en función de los miedos y sueños de otra persona.

Lo entiendo.

Por desgracia, no puedo contarle lo que ocurrió en el pasado.

Hay partes de mi vida cuyo recuerdo para mí es pantanoso y difuso

por mi paso por el sanatorio,...

pero sé

que lo que estoy diciendo es cierto.

Úrsula, le agradezco que haya venido a advertirme,

sé que sus intenciones son buenas,

pero no ha de preocuparse por mí, sé cuidarme sola.

Eso espero,...

porque va a necesitarlo.

-A la pregunta de si le habías engañado con otra,

has contestado que no y, eso...

es verdadero,

dice la verdad. Tiene una cara de bueno, el chico.

A ver. Cualquier otra duda, ya sabe dónde estoy.

Dinero.

Muchas gracias.

Hasta la vista.

-¿Qué, probando el invento ese?

-Sí, es una versión simplificada, pero igualmente funciona.

Me va a hacer de oro. -¿No puede meterse en un lío?

-¿Por qué?

-Hombre, ha plagiado una máquina que ya está inventada.

-Yo he mandado telegramas

a James Mackenzie para comprarle uno de sus aparatos,

pero no he obtenido respuesta. Tampoco

creo que genere mucho problema mi versión.

-No lo digo por el inventor, su padre está en contra de esto.

-Ya, pero le voy a demostrar que se equivoca

y que esto es muy buena idea. -Eso nadie nadie lo duda.

A ver, Peña, siéntate, vamos a probarlo.

Póngale los correajes. -¿Qué? No, ni de broma.

Ponte tú los correajes.

-¿Por qué te niegas?

¿Es que acaso tienes algo que ocultarme?

-¿Y tú?

-Perfecto, yo me los pondré, pero cuando tú termines.

Si te niegas, es porque me has dicho algún embuste.

-Anda.

Muy bien.

Pues vamos allá.

Desde luego, lo que hay que hacer para que la novia se fíe de uno.

-A ver, por aquí,

muy bien.

Ahí está.

Muy bien, pues usted dirá, Flora,

¿cuál es la pregunta?

-¿Es verdad...

lo que me dijiste el otro día de que soy una buena actriz?

-Sí. -¿Qué dice el cacharro?

-No queda claro.

Va a tener que repetir la pregunta, Flora.

-¿Crees que soy una buena actriz o no?

-Un momento.

Sí.

-No te oigo. No funciona la máquina si no lo dices más alto.

-Sí, he dicho que sí.

-Que sí crees que Flora es buena actriz.

-Sí.

-La máquina dice que eso es,...

que es verdad.

-(GRITA DE ALEGRÍA) Lo sabía.

-Sí.

-Me debes una.

-Eso es, Carmen, relájate. Déjalo ir.

Ahí está.

Venga, Carmen, puedes hacerlo mejor.

¿Sí? -¿Ya?

¿Han "acabao" de cuchichear? No tenemos "to" el día.

-Sí, sí, Lolita, volvamos a la escena en que la directora

interroga a Heliodora para saber qué hay entre ella y Martina.

¿De acuerdo?

Adelante.

-Profesora Heliodora,

¿sabe usted que este es un colegio que tiene

la mejor de las reputaciones? -Sí, claro que lo sé.

-Pues no le voy a consentir ese comportamiento.

¿Me está escuchando? ¿Eh?

-¿A qué comportamiento se refiere? -Un momento, un momento,

un momento, por favor, Carmen.

Es una pregunta, pero la entonación debería ser más suave.

-A doña Leonor le gusta mi entonación.

-Sí,

pero, Carmen, si Leonor estuviera aquí, opinaría lo mismo que yo.

-Raro me parece cuando siempre aplaude mi forma de actuar.

Y además, ella es la directora. -No ahora,

soy yo quien está dirigiendo.

¿Tú tienes algún problema con eso, Carmen?

-Eso.

A ver si aquí va a ser usted la que más sabe de "tos".

-Carmen.

-No.

Ninguno. -Muy bien,

prosigamos pues. -No me da la gana de proseguir.

Usted se pone muy estupenda.

-¿Por qué? ¿Por defender lo que creo que está bien?

-Pero a lo mejor usted no lo hace tan bien como cree.

-O sí, pero tú no lo ves, porque a la vista está

que esto no es lo tuyo. -¿Cómo?

-Tengamos la fiesta en paz, por favor.

-Pues es que a mí se me han "quitao" las ganas de fiesta, de obra

y de "to".

-(RESOPLA)

-Mejor sola que mal acompañada.

¿Ensayamos mi monólogo? -No, Carmen,

retomaremos el ensayo donde lo dejamos, cuando regrese Lolita.

-¿No se habrá molestado por lo que le he dicho?

-¿Yo? No, no, no. No, no, no, yo no soy tan chiquillo

como para que eso me afecte, no.

-Yo solo trataba de hacerle ver

que a doña Leonor le gusta mi forma de interpretar.

-Sí, sí, Carmen,

estoy seguro y ahora, si me disculpas,

te veo luego.

-Soy buena.

Soy la mejor.

-(TOSE)

-(TOSE)

-¿Y el ensayo?

-Agustina,

¿estás en el taller?

Uy, qué raro

que no esté Agustina. -¿Es que siempre está?

-Suele ser muy trabajadora y cumplida.

-En el fondo me viene bien que no esté,

porque me gustaría consultarle un asunto.

-¿De qué se trata?

-¿Usted no podría indagarle a Agustina sobre María,

ya que son compañeras de altillo?

-¿Te crees que no lo he hecho ya? ¿Por quién me tomas, Liberto, hijo?

-Ah.

¿Y?

-En el altillo, nadie soporta a la madre de Casilda.

-¿De verdad? Pues si yo pensaba que Fabiana

era la única que le tenía ojeriza. -No, al parecer,

esa tal María ha hecho muchos esfuerzos, pero no gusta a nadie.

Todos desconfían de esa farsante. -Lo que no me puedo creer

es que Higinio y María sean pareja. ¿Usted se lo cree?

-Yo de esa mujer me puedo creer cualquier cosa.

-Y de él también, son tal para cual.

-Ay. No os vais a creer lo que he averiguado.

-Pues cuenta, cuenta.

-Parece ser que Higinio Baeza

es un antiguo conocido en la sociedad médica.

-Entonces estábamos equivocados. -Conocido para mal, ni es doctor

ni nada que se le asemeje. -¿Perdón?

-Parece ser que es una práctica que lleva a cabo

desde hace tiempo

en muchas ciudades, se hace pasar por doctor

y así estafa a la gente. -No me lo puedo creer.

-Es un farsante, igualito que su amigo ese, Sisebuto Urdiales.

Los dos son adictos al juego y están en la ruina.

Oh, qué bonito. -No tienen ni un real.

De ahí sus trajes desgastados. -Y de ahí también que nunca

pague una cuenta en La Deliciosa. -Ni a vosotros el alquiler.

-Pero hay una cosa que no entiendo, ¿cómo pudo operarme

si no entiende de medicina? Por el amor de Dios,

que ese hombre me salvó. -Hay algo que no os he contado.

-Ah, ¿que todavía hay más? -Sí. Yo me pregunté lo mismo que tú:

fui al hospital y pedí un informe de tu operación.

Adivinad. Higinio Baeza no aparece por ninguna parte.

-Pero, a ver, ¿cómo no va a aparecer por ninguna parte, Rosina?

Entonces, ¿no me operó él? -No,

fue el doctor Hurtado quien lo hizo.

-Entonces, ¿no es verdad que don Higinio le salvara la vida?

-No, fue una estafa, un engaño. -¿Para qué?

-Por lo pronto, para que Susana le confeccionara trajes gratis,

para que tú y yo le perdonáramos el alquiler, ¿te parece poco?

Pero me da que hay algo más.

Mucho más.

-Y eso es lo que tenemos que averiguar.

-A la pregunta de si la criada robó la gargantilla,

ella respondió que no.

Y esa respuesta...

es...

Fal,...

fal...

fal, fal, fal...

Verdadera.

La criada no robó la gargantilla.

Anda que de buena te has librado, muchacha.

Respira, respira, ya puedes respirar tranquila.

A ver, el siguiente, por favor, que se vaya acercando.

A ver...

El dinero, por favor, cuando pueda.

Ya está. Siéntese.

Gracias.

Usted dirá

en qué puedo ayudarle. ¿Qué quiere saber?

-¿Qué está pasando aquí?

-Cesáreo.

-Todo el mundo a lo suyo, aquí no pueden estar.

-No, no, por favor, vuelva.

¿Se puede saber qué hace? -No, ¿qué hace usted?

¿Qué es esto? -Esto es ciencia, Cesáreo.

-Esto es una actividad comercial ilícita ejecutada sin licencia.

-La licencia está en proceso de trámite.

-¿Trámite?

-Sí, sí, y...

si usted hace la vista gorda,

a lo mejor podemos llegar a algún tipo de acuerdo

y sacar ambos tajada.

-¿Acuerdo? -(ASIENTE)

¿De cuánto estamos hablando?

-Podríamos hablar más o menos de... -¿Antoñito?

Ya me imaginaba que eras tú. ¿Qué diablos está pasando aquí?

¡Has seguido con lo del polígrafo! -Se lo puedo explicar, padre.

-Me sé de memoria tus explicaciones, hijo.

Eres un terco

que no atiende a consejos ni a razones.

Y usted, como figura de la autoridad,

me imagino que estaría poniendo orden y cantándole las 40 a mi hijo

por ejercer una actividad ilegal en mitad de la calle.

-Hablábamos de eso.

-Iba a poner la mano para recibir su parte.

-Miente.

-Pero si me acaba de preguntar cuánto dinero le iba a dar.

-Silencio, me dan igual vuestros tejemanejes.

Una vez más me avergüenzas, hijo.

No solo eres capaz de desobedecerme y de cometer un acto ilegal,

sino que además extorsionas a la autoridad para salirte con la tuya.

-Fue Cesáreo. -¡A callar!

Y a casa, sin rechistar. Recoge todo esto.

-Venga, vamos.

Venga.

Estoy a la espera de unos documentos

que han de llegarme de la Iglesia. Estas cosas suelen ser lentas.

Esperemos que esta vez no lo sean, estoy deseando tener la nulidad

cuanto antes.

He de reconocerle que yo nunca he estado muy a favor

de este tipo de cosas. Lo que Dios ha unido,

ni la Iglesia ha de separarlo.

Pero también reconozco que, en su caso,

debería haberlo solicitado usted hace mucho tiempo,

exactamente cuando Blanca y su hermano decidieron pasearse

por la calle, cogidos de la mano, y a ojos de todo el mundo.

Lo sé,

pero no me lo saque a colación, se lo ruego.

Aún me siento humillado cuando lo recuerdo.

Sufrí mucho por ello,... aunque, por suerte, y pronto,

podré regularizar mi situación y será bueno para todos.

Tiene razón, este trámite

será bueno para usted, pero también para Diego y Blanca.

-Disculpen la intromisión,

es que me ha parecido escucharles. ¿Hablaban de Blanca?

¿Tienen noticias de ella?

-Contradígame si me equivoco, usted le mandó una misiva, ¿no?

¿Cómo? A Blanca,

para que le mandara una declaración escrita desde donde vive.

Así es, le mandé misiva a la dirección que tenía,

pero parece ser que se han mudado,

cosa que no me extraña.

Es típico de Diego andar de un lugar para otro

y no quedarse en el mismo sitio.

Si averigua la dirección de donde viven, ¿me podrá avisar, por favor?

Me encantaría escribirles.

No dude de que así lo haré.

Si me disculpan. Sí, yo también he de irme,

llego tarde a misa. Buenas tardes.

-Buenas tardes. -Con Dios, señores.

Con Dios. -Con Dios, don Felipe.

-No hay moros en la costa.

-Yo no sé si todo esto está bien. -No te apures, Agustina,

que está requetebién.

Eso sí, vamos al grano que de volver Susana la liamos.

A ver, necesitamos que nos hagas

unos retoques en los trajes para la obra.

-Lo nos ha hecho el Peña no nos convence nada.

-No son cortes que nos favorezcan,

y nosotras queremos lucir bonitas, lo entiendes ¿no?

-Sí, lo que no entiendo

es cómo se han enterado ustedes que me ocupo del menester

de confeccionar los vestidos de la obra.

-Las noticias vuelan, Agustina.

-Y en este barrio más.

Con el tiempo que llevas aquí, no sé de qué te sorprendes.

-Más que sorprender, me angustio.

No me gusta que de volar tanto, llegara a oídos de doña Susana.

-Uy, no te apures que eso no va a pasar.

-¿Y usted cómo lo sabe?

Si la sastra se entera de que estoy haciendo esto en horas de trabajo,

me pone de patitas en la calle, y con razón.

-Solo lo saben los que están en la obra,

y esos no van a decir nada, no les interesa.

-A ver,... ¿qué retoques quieren hacer?

-Pues mire, yo, en mi caso, quiero...

algo más recatado y elegante,

pero vamos, si usted no llega a todo, en cuanto me ajuste el patrón

yo me lo coso, y así la descargo un poco.

-No le digo yo que no.

Eso me ayudaría. ¿Y usted, doña Trini?

-Yo lo quiero... más ajustado, de la cintura,

y no se preocupe por el embarazo. -Usted es señora,

lo que mande estará bien mandado.

Solo que... -¿Qué?

-Doña Leonor y don Íñigo,

¿están de acuerdo con todos estos cambios?

-Sí, sí, sí, claro que sí. De todas maneras,

tampoco te preocupes, que son pequeños retoquitos.

-No, pequeños no son.

-Con todo lo que tienen encima, no se van ni a enterar.

¡Ay!

¿Qué hace usted aquí,

don Samuel? ¿Cómo ha entrado?

Gracias a su descuido.

Cosa que me ha extrañado, se lo reconozco.

¿Tan confiada está que no echa ni la llave?

No sé qué debería temer.

Los peligros de este mundo son impredecibles.

No le debo nada a nadie.

Si usted lo dice.

¿Qué desea, don Samuel?

Información.

Me han dicho que la vieron salir de casa de Lucía.

¿Por qué fue a verla? ¿Quién se lo ha dicho?

A estas alturas,

¿no ve que nadie puede engañarme?

Tengo ojos y oídos en todas partes, debería tener más cuidado, Úrsula.

¿Para qué fue a verla?

Fui...

a advertirla.

¿A advertirla sobre qué?

Sobre usted.

Le dije que era usted

un mal hombre, pero no se preocupe, no me creyó.

Está cegada con usted.

Tenga mucho cuidado, Úrsula.

No acabo con usted ahora mismo por mi recién conquistada reputación

de hombre bueno, pero como vuelva a meterse en mi vida

va a acabar muy mal.

No se lo volveré a repetir.

-Íñigo, por favor, te he dicho que respetes mi...

-Tengo que venir de aquí... -No, Leonor me ha marcado a mí...

-Pero que está usted cogiendo mi sitio.

(HABLAN A LA VEZ)

-Silencio, por favor.

Silencio, por favor.

(HABLAN A LA VEZ)

¡Silencio!

-Uy.

(RESOPLA) Vamos a ir desde el principio.

Flora, desde "No me diga eso, señora directora".

-No me diga eso,

señora directora, solo cogí la mano de Heliodora

en señal de amistad. -Embuste embustero,

mi Miguelito

intuyó que ahí había algo más.

-No sé a qué se refiere.

¿Algo más como qué?

¿Qué puede haber entre dos mujeres

más que cariño fraternal? -Algo lascivo,

sucio como un cochinillo.

Estas dos mujeres

desafían las normas de la moral.

Esto no tiene gracia.

-No mucha.

Agárrate los machos.

Defiéndase, Martina, ¿es eso cierto?

Diga la verdad.

-La verdad es...

-¿Qué? Hable.

-La verdad es que yo amo a...

-A mí. -¿A usted?

-No mienta, Martina,

confesemos la verdad,

usted me ama a mí, yo la amo a usted.

¿No podría decir mejor: "Yo la amo a usted,

usted me ama a mí?". ¿No sería mejor al revés?

-¿Y Heliodora no se arranca a hablar muy tarde?

Yo creo que debería decir algo por delante, no sé.

-Eso, Carmen, usted, como siempre, queriendo ser la protagonista.

¿No se cansa nunca?

-Ahora que hemos interrumpido, aprovechando que hemos parado,

creo que deberíamos hacer algo un poco más divertido,

el texto es aburrido.

-No, no es que sea aburrido,...

-Sí, es aburrido. -(HABLAN A LA VEZ)

-Me rindo.

No puedo, no puedo con ellos. -No me extraña, Leonor,

son solo unos aficionados

y ya tienen los vicios de los actores.

(TOSE)

-¿Te encuentras bien, Servando? -Sí, solamente...

necesito descansar. Voy al altillo a...

cerrar un rato los ojos.

(HABLAN A LA VEZ)

-Por favor. ¡Silencio!

¡Que ya basta!

Volvamos todos al principio.

-Higinio,

¿dónde te has metido? Ven a la mesa.

Higinio. -Voy.

-¿Está buena la sopa de ajo?

-Podrías echarle un poco de morcillo la próxima vez,

un huevo hervido al menos. -¿Ah, sí, y de dónde saco el dinero,

si nos hemos quedado otra vez sin un real?

-¿Y tu hijita querida no te suelta más billetes?

-Ya bastante hace ella.

-Y más que va a hacer, en cuanto demos el golpe final.

¿No te irás a echar atrás?

-No.

-¿Seguro?

¿Serás capaz de quitarle el dinero a la muchacha

y dejarla en la estacada?

-Ya lo hice una vez, ¿no?

La dejé con mi madre.

Pues lo volveré a hacer. Rosina y Leonor no la van a abandonar.

-Menudas estúpidas,

les vamos a quitar la mitad de su fortuna

y encima va a tener que cuidar

a la criada.

Qué ganas. Estará echa un mar de lágrimas

del disgusto que le vas a dar.

(RÍE)

-¡No me vais a quitar ni un céntimo! -Rosina.

(HABLAN A LA VEZ)

-Carmen, Carmen,

oiga, un poquito de humildad,

que aquí ninguno hemos "nacío" "enseñao".

-Yo creo que deberíamos

darle algo divertido, una broma,

una imitación podríamos hacer, por ejemplo.

¡Oh! ¿Y si la madre fuera coja?

Imagínate.

-(RÍEN)

"Mi Miguelito intuyó que ahí había algo más".

-No, doña Trini, no, no, la madre no es coja,

y la obra no es una comedia,

¿lo entiende? -Sí, no hace falta que lo jures.

-¿Tiene algún problema con mi texto?

-No.

No, no, no, con el texto no. Tenía un problema con el vestuario,

pero ya lo hemos resuelto.

-¿Que han hecho qué? -No pueden cambiar

lo que ha hecho mi Peña con todo su cariño.

-Cariño sí, lo que le faltaba a eso era buen gusto.

-A ver, que tan solo hemos ido junto a Agustina y le hemos dicho

que nos haga unos retoquitos para ajustarlo un poquito más a nosotras.

-En mi caso, a mi personaje, que es una mujer elegante.

-Leonor,

haz algo. -Claro que voy a hacer algo,

claro que lo voy a hacer. ¡No puedo más!

Se acabó,

cancelo la obra. -(TODOS) ¿Cómo?

-Leonor, no puedes hacer eso. -Claro que puedo hacer eso.

Os quejáis todo el rato, me cambiáis el texto, me cambiáis el vestuario,

os inventáis las cosas.

¿Qué os creéis, que la obra es vuestra

y que los personajes son vuestros? Yo así no puedo,

así no la hago.

-"Pero ¿cómo puedes ser tan desalmada?".

-Pero ¿qué voces son esas?

-"¡Y en mi propia casa, sinvergüenzas!".

-Esa es mi madre.

-Uy, sí. -Aguarda, Leonor.

-"¡Sois unos malnacidos!". -Doña Trini.

-¿Lo de coja os gusta? -A mí sí.

-Embustes, mentiras, mi Miguelín intuyó...

Pero ¿qué va a intuir Miguelín, si tiene una madre coja?

Que no le da tiempo a llegar a...

-¡Chist! ¿Quiere calmarse? -¡No, no me da la gana!

Eres un monstruo, eres Belcebú, eres un endriago.

-La van a oír los vecinos. -¡Me da igual, que me oigan!

Así se dan cuenta de la calaña que vive en esta casa.

Os voy a poner de patitas en la calle.

-(RÍE) -¿Tú de qué te ríes?

No te mereces la hija que tienes.

Le voy a contar quién eres y lo que tratas de hacerle, te lo juro.

-Dígaselo, que no la va a creer.

Tardará más en echarnos, que yo en hacerme con la herencia.

-¡No lo conseguirás! -Póngame a prueba.

¿A que me quedo con su dinero antes de que acabe el mes?

-¡Pero será...! -No.

-¡Madre! -¡Ayudadme!

-¡Madre, madre, suéltela! ¡Pare, pare!

¡Pero ¿se puede saber qué hace?! -¡Se está volviendo loca!

¡¿Qué está haciendo?!

-¡Doña Rosina, ¿se ha vuelto usted loca, qué le pasa?!

-¡Cálmese! -¡Ya está bien!

-¡Usted no mata a nadie, como que me llamo Leonor!

-Vale ya, vale ya. -Madre, madre,

ya está bien.

¡Ya está bien!

-Cálmese. -Ya está, ya está.

-(SE QUEJA)

-Parece que las voces vienen de casa del médico.

-Sí, parecía que era Rosina la que gritaba.

-No quiero saber lo que está pasando allí.

-¿No crees que deberíamos ir a ver? -No.

Será mejor cenar tranquilos y no meternos donde no nos llaman.

-¿Y si necesitan nuestra ayuda?

-Me ha parecido escuchar la voz de don Ramón, si fuera algo grave,

seguro que mandaría a alguien a avisarnos.

Cambiando de tema, ¿qué tal los preparativos para la procesión?

-Ya está todo dispuesto. Mañana mismo

saldrá de esta casa. ¿Has visto lo bien que ha quedado

la Virgen después de pasar por las manos de Lucía?

Solo había perdido algo de brillo y de color,

después de la restauración tan desastrosa

a la que había sido sometida, pero yo tampoco he hecho gran cosa.

-Un trabajo exquisito y muy fino.

-Debo felicitarte, Lucía,

este tipo de trabajos de restauración nunca son fáciles.

(Llaman a la puerta)

-Ay, yo iré.

-¿Y Lolita?

-No está, me ha pedido permiso para ir a los ensayos de teatro.

-Espero que no tenga nada que ver con los gritos de antes,

quiero terminar el día en paz.

Samuel. Espero no molestar.

-No. ¿Quiere acompañarnos en la cena?

No, mi visita será fugaz. Solo venía a decirles algo.

Parece contento.

Lo estoy. He recibido un telegrama de urgencia

y quería compartirlo con ustedes. ¿Un telegrama?

¿De qué se trata?

El obispado me ha concedido la nulidad matrimonial.

Blanca envió una misiva confirmando la versión de los hechos

que yo adelanté y no ha habido problema.

Así que, de acuerdo a lo que pacté con usted,

y con su esposa,...

señorita Lucía Alvarado,...

¿me permite cortejarla formalmente?

Dime qué te sucede, Servando. Ya ves que estoy aquí

solo para ayudarte. -No.

No está en su mano, don Ramón, ya llevo unos días

que me empiezo a encontrar algo peor.

-¿Te estás tomando la medicación? -Sí, pero...

eso es como el que tiene tos y se acuesta

con su abuela, ya no me hace efecto.

(TOSE)

-Y además de la tos, ¿qué más síntomas tienes?

-Tengo jaquecas, y cada vez me cuesta más respirar.

Me temo que esta enfermedad esté terminando conmigo.

-"Tienes que recapacitar," no puedes suspender la obra.

-No puede ser. -¿Verdad?

Es que sería una pena suspender la obra después de tanto trabajo.

-He tomado una decisión y no voy a volver atrás,

la función se suspende.

Y cuando tenga cabeza, ya se lo comunico a Servando.

-Pero... -Flora, es mi última palabra.

-"¿Qué te sucede?". -Nada.

Que esta mañana he "salío" a pasear bien temprano,

"pa" pensar en mis cosas, y al salir de los jardines,

la portera del 30 me ha "contao" que doña Rosina anoche zurró a mi madre.

Díganme que no es cierto, por favor.

-Si bien es verdad que doña Rosina ha "atizao" a tu madre,

hay algo más que debes saber, hija.

-"Pude escuchar cómo planean"

estafarnos y luego abandonarla, dejarla en la estacada,

confiando en que nosotros volvamos a hacernos cargo de ella.

-Por el amor de Dios.

Tenemos que salvar a Casilda de esos canallas.

-Y entregarlos a las autoridades por estafa.

-No sé si eso podremos probarlo. -Pues quizá no, Leonor,

pero sí que don Higinio practica medicina ilegalmente.

-"Te quiero más que a la sal en el agua,"

pero una cosa te digo, estoy dispuesta a marcharme para siempre

si así lo deseas.

Entendería que prefirieses quedarte con ellos.

Piénsatelo bien, hija,...

quizá sea lo que más te convenga.

Una no tiene dónde caerse muerta.

"Le agradará saber que esta tarde"

todos dejarán de hablar de su esposa.

Tendrán un nuevo chisme que les tendrá entretenidos.

¿Eso lo dice por usted y Lucía?

Durante la procesión, daremos nuestro primer paseo en público,

ya comprometidos.

Vaya.

Por cierto, todavía no hemos brindado por haber conseguido

tan rápidamente la nulidad matrimonial.

Me siento muy dichoso por ello.

He de reconocerle que por primera vez en mucho tiempo,

no estoy pensando en mis dificultades financieras.

Y no sabe cuánto me alegra escuchar eso.

Don Telmo, soy Gutiérrez.

Mis compañeros me han dicho que quería verme.

Así es. Tome asiento, se lo ruego.

Úrsula, haga el favor de dejarnos solos.

"Permítame que le muestre"

mi agradecimiento por permitir que pretenda a la prima de su esposa.

No me lo agradezca.

Al estar todo solucionado, no me podía negar al deseo de Lucía.

Además, me gusta verle así, como hacía tiempo que no le veía,

como relajado, aliviado de una pesada carga.

Así es. Y la culpable es Lucía, ella me ha devuelto las esperanzas.

¿Ocurre algo?

Me había parecido ver al padre Telmo, iba hacia el callejón

de los Jardines del Príncipe.

Disculpe, un mozo ha traído esta nota, es "pa" usted.

Gracias.

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  • Capítulo 864

Acacias 38 - Capítulo 864

08 oct 2018

Jimeno no cuenta nada a la joven y amenaza de muerte a Telmo si desvela su secreto de confesión. Quiere cobrar la deuda de Samuel y Lucía es la que le proporcionará ese dinero. Úrsula advierte a Lucia sobre las malas intenciones de Samuel; la joven termina dudando.

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