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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 859 - ver ahora
Transcripción completa

Me alegro de que todo saliera como esperábamos.

Ha sido una suerte que usted accediera

a mis planes. No me ha resultado difícil,

a fin de cuentas, ha de pagarme el doble.

Espero... que sirva para algo esta prórroga.

-"Quiero que vivas aquí con nosotros,

con mi hija, Liberto y conmigo".

"Además,"

voy a darte una asignación semanal para que no te falte de nada

desde ahora, para que puedas afrontar tus gastos.

Recelo de todo el mundo. Hasta de Samuel.

Temo que sea atento y cariñoso solo por interés.

¿Es posible que él ya supiera que yo iba a recibir ese dinero

y me lo ocultó para ganarme?

-Estamos preparando

un montaje de la obra de Leonor.

-Quiero probar el texto antes de darlo por acabado.

-¿Eso quiere decir que aún no has entregado el manuscrito?

-No.

-Y no has cobrado ni una peseta aún, ¿no?

-Madre, es que no quiero coger nada, porque quiero estar segura

de que la obra está tan terminada como las de Lope.

-Es "pa" sus gastos.

-Pero este dinero lo puedes necesitar tú.

-Déjese de melindres. A mí no me va a hacer falta.

Ande, deme un abrazo.

"La señorita está para pocas charlas".

"Yo me barrunto que lo que más le importa ahora"

es escapar de las habladurías de la gente, que son muchas.

Supongo que la noticia es la causante de su comportamiento.

Sí.

-Me he pensado bien lo de la obra y no quiero que participes en esto.

-¿Cómo? Ramón, querido, si es por lo de mi embarazo, no te preocupes,

ya te he dicho que no me voy a esforzar.

-No, no es por eso. Es porque

me he enterado de lo que trata la obra

y no quiero que participes en una representación tan inmoral,

pero si tú misma lo has dicho. Ayer le vi hablando

con un tal Gimeno Batán,

un sucio prestamista.

Me resultó muy chocante que...

Samuel estuviera a buenas con alguien que ha sido capaz

de romperle la mano por no devolverle el dinero.

-A Casilda le vamos a sacar hasta el último real

y después, cuando lo tengamos todo, a tomar las de Villadiego.

-No será tan fácil.

-¿Por qué dices eso?

Esquilmar a esa moza es la única razón por la que estamos aquí.

(LLORA)

Señorita,...

pero ¿qué le ocurre?

Señorita, dígame qué ha ocurrido. ¿Qué tiene?

¿Ha pasado algo con el padre Telmo?

(NIEGA)

Y entonces, ¿a qué ese disgusto?

No puedo confiar en nadie, Carmen, en nadie.

Estoy sola.

Siéntese.

Y no diga eso, que hay mucha gente que la quiere.

Por interés, por conseguir algo de mí.

Nadie me quiere de verdad, Carmen.

Nadie.

Mire,...

¿sabe lo que vamos a hacer?

Le voy a preparar una tisana bien calentita

y usted tratará de sacarse todas esas cosas de la cabeza.

Ya verá como le sienta bien.

-¿Ocurre algo?

-La señorita Lucía, que ha tenido un ataque de nervios.

Piensa que todo el mundo quiere aprovecharse de ella.

-De la noche a la mañana se ha convertido en una rica heredera

y eso hace cambiar a la gente.

Sobre todo a los que quieren sacar "tajá".

-Con lo sencilla y llana que es.

Voy a prepararle una tisana, ¿quiere usted una?

-No.

(Sintonía de "Acacias 38")

A ver.

Mira, Casilda.

A parte de las vocales, que son estas,

también están las consonantes,... y juntas forman el abecedario.

-¿El "abece" qué?

-El abecedario, pero ya tendrás tiempo de aprenderlo,

ahora todavía estás un poco verde para eso.

-¿Verde?

Yo lo que estoy es marrón, Leonor, de tanto mirar letras y letras

y no ver la luz del sol. Hay que ver,

yo no pensé que fuera a ser tan difícil.

¿Cómo lo haría la Lola "pa" aprenderse todo esto tan fácilmente?

-Fácilmente no se lo aprende nadie.

Poco a poco. Tienes que tener paciencia.

A ver, ¿por cuál íbamos?

-Ah, por esta, por la del rabito, por la "bubú",

que me ha dicho que se llama. -Es be, Casilda, se llama be.

-Ah.

Bueno, que ahora que estamos las tres juntas,

que yo quería decirles algo.

-¿Qué, qué ocurre ahora?

-Pues es que... yo quería darles las gracias,

por todo.

Y "na", que yo espero estar a la altura.

Que nos conocemos, y "aluego" "tos" sabemos que yo meto mucho la pata

y que soy muy zote. -No, Casilda, no eres zote,

lo que pasa es que nadie te ha enseñado.

-Eso también es verdad.

Es que "naide" me ha "enseñao" nunca.

Pero también es que yo puedo llegar a ser muy zote.

-Bueno, ¿y qué?

-Yo... quiero ser digna hija de don Maximiliano.

Ay.

Él siempre se portó tan fetén conmigo.

Fue tan bueno siempre.

Yo solo quiero que...

allá donde esté, allá arriba en el cielo, que me mire

y se sienta orgulloso de mí.

-Claro, Casilda, Maximiliano seguro que está orgulloso de ti.

Bueno, basta ya de tanta pena y tanta letra.

¿Sabes qué?, mañana nos vamos a ir las tres de compras, claro,

aún hace falta comprarte muchos vestidos

para completar tu vestuario. -Qué requetebién,

eso suena muy divertido.

-Yo lo siento, pero no voy a poder acompañarlas.

-¿Y eso por qué? -Porque estoy preparando las pruebas

para mi obra de teatro.

Hay muchos días, ya encontraremos una oportunidad

para ir las tres de compras.

-Bueno, pues vamos las dos, que lo vamos a pasar igual de bien.

Ay, qué alegría eso de tener familia numerosa, ¿no?

(RÍEN)

Bueno, ya.

-Venga, Casilda, siéntate, que seguimos.

Ahora te voy a enseñar la ce.

Ce de Casilda.

Fíjate cómo se escribe.

Ahora tú.

-Doña Celia, la Fabiana quiere verle.

-¿Te importa, Lolita?

Lo primero, pedirle disculpas por adelantado.

Yo sé que solo soy una simple criada y que no tengo ningún derecho

a entrometerme en la vida de mis señores.

-¿Qué ocurre, Fabiana?

Estás empezando a despertar mi curiosidad.

-Quería que usted supiera que si le digo esto es por el cariño

que le tengo a la señorita Lucía.

-Si no he subido al altillo a ver cómo está

es porque he querido respetar la distancia

y dejarle intimidad. -Y ha hecho muy bien,

que ahora mismo lo mejor es no presionarla.

-¿Entonces?

-Ella no lo está pasando bien, doña Celia.

-Ninguno lo estamos pasando bien con todo este asunto.

-Ya,...

pero ella se está llevando la peor parte.

-¿Te ha dicho algo?

-No hace falta.

Está como un alma en pena y con el corazón "encogío" "tó" el día.

Ayer mismo hasta le dio una verraquera de aúpa.

-No lo sabía.

-Ella cree que todo el mundo se acerca a ella por su interés,

"pa" sacar "tajá" de lo suyo.

Y eso hace que se sienta muy sola. Y piensa

que no tiene a nadie en el mundo.

-Pero eso no es cierto, me tiene a mí.

-Y yo lo sé, señora, pero a lo mejor usted no se lo ha "dejao" muy claro.

Y no digo yo que usted tenga la culpa, pero eso la chiquilla

no lo sabe, y yo de eso estoy segura.

Ella necesita que alguien la cuide...

y que le den mucho cariño.

-Gracias, Fabiana.

Has hecho bien en venir a hablar conmigo.

Tienes razón,

tengo que cambiar mi actitud y hacerle ver que la queremos.

-A más ver, doña Celia. -A más ver.

-"Rafael Hornillos"

es un hueso duro de roer,

no va a ser nada fácil que firme ese contrato.

-Le hablaremos de las virtudes de nuestras cafeteras,

le haremos una demostración.

Trini, ¿quieres que salgamos a dar un paseo?

-No.

-Ya le hicimos una demostración, necesitaremos algo más que eso.

-Si quieres, podemos acercarnos al centro,

me han dicho que han abierto una tienda que tiene unas mantelerías

que vienen de París. -No, gracias.

-¿Sabe qué es lo que le pasa a doña Trini?

-No, ¿acaso lo sabes tú?

-Está enfadada porque no le deja hacer la prueba para la obra.

-¿Es por eso? -Tiene toda la pinta.

-¿Estás así por lo de la obra de teatro?

-¿Así cómo? -Pues de morros,

de mala cara y seca.

-Pues mira, ahora que lo dices, sí,

porque no entiendo por qué no me dejas participar.

-Porque esa obra de teatro trata de un tema escandaloso y polémico.

-¿Y? -Pues que participes en ella

podría afectar a mi negocio.

¿Cómo crees tú que verían mis clientes

tu implicación en esa obra? -Que no se va a enterar nadie.

Tan solo es un montaje para probar el libreto.

¿Qué tiene de malo que quiera ayudar a Leonor y colaborar con el arte?

-¿Eso es arte? -Claro que sí.

-Pues a mí me parece

una barrabasada y me extraña mucho que a Leonor se le haya ocurrido.

-Ramón, que a Leonor no se le ha ocurrido nada,

que esto es la vida, que es así. -Pues mi vida

no consiste en ver a dos mujeres en actitud impía.

-Pero que tú no las veas no quiere decir que no existan.

Esas dos mujeres se amaban como macho y hembra.

-Trini. -Pero ¿qué sabe nadie

de lo que ocurre en las alcobas de los demás?

-¡Trini! -¿Qué?

¿Acaso no estamos rodeados de ejemplos constantes de ello?

Los marqueses de Válmez, por ejemplo, o no, mejor,

Claudio, el que fue marido de Leonor, sin ir más lejos.

-De acuerdo, pero si yo no niego que exista,

y hasta lo acepto,

pero de ahí a poner de nuestra parte para divulgar el asunto...

-Ramón, por favor. ¿Y tú qué,

no vas a decir nada? ¿Acaso opinas como tu padre?

-Eh... A mí...

la verdad es que no termina de parecerme bien

la temática de la obra, no sé, es un asunto muy raro.

-¿Lo ves? -Pero...

a Lolita le hace ilusión participar en ella,

así que yo la apoyo, claro,

no puedo negarme.

-Él sí que es un hombre comprensivo, no como tú.

-Mira, Trini,

yo no tengo más tiempo para seguir discutiendo contigo

soy un hombre ocupado y me espera un cliente.

-¡Obtuso, cerril y antiguo, eso es lo que eres!

¡Y beato!

¡Y gazmoño!

¡Y puritano también!

Uy, ¿qué hora es? Que me tengo que ir a misa.

-¿Estás rezando? -¿Eh?

-Estás hablando sola, lo sabes, ¿verdad?

-Estoy repasando mi papel. -Tu papel.

-Las frases que dice mi personaje en la obra de teatro.

-Ya son las pruebas y, quiero sabérmelo al dedillo.

-Te va a salir estupendamente.

-No sé yo, Peña. ¿Y si me quedo en blanco?

-Va. -¿Y si me acompañas a las pruebas?

-¿Yo?

-Tenerte me dará confianza

y seguro que me sale mejor. -Es que yo tengo mucho trabajo.

-Hermanito, ¿estarás en las pruebas?

-Claro, prometí a Leonor ayudarla. -Yo me he preparado el papel

de Martina.

-No, no seré yo quien tome la decisión sobre el elenco.

-¿Que no? -No, ayudaré a Leonor con el montaje

y representaré alguno de los papeles, si es necesario,

pero la obra es de Leonor

y ella decide. Si actúas en la obra, será por méritos propios.

-Vaya hermano tiquismiquis que me ha tocado.

-Honrado, diría yo,... y justo.

-No le estoy pidiendo que cometa un delito,

solo que me ayude y haga por convencer a Leonor,

pero ya veo que no puedo contar con él.

-Flora, pero si no te hace falta, seguro que la prueba

te sale perfecta. -¿Y si hago el ridículo?

¿Y si con los nervios me olvido hasta de mi nombre?

-¿Sabes lo que haremos?

Ensayaremos ese papel una y otra vez,

hasta que te lo sepas de pe a pa.

Y yo te acompaño para que estés más tranquila.

-¿De verdad?

¿Y el trabajo? -Llamo a una camarera

para que me sustituya.

Si te hace ilusión representar esa obra,

haremos que vean en ti a la mejor de las Martinas.

-Qué raro que Celia no haya acudido a misa.

¿Sabes lo que le ha ocurrido?

-Pues la verdad es que no.

Me ha gustado mucho la homilía del padre Telmo, ¿a ti no?

-Ese hombre habla muy bien, pero no elige bien

los temas de los que habla. -¿Por qué dices eso, Susana?

A mí me ha gustado.

-Ha hablado de no juzgar a los hijos por los pecados de los padres.

-Sí, y claramente estaba tratando de ayudar a Lucía con sus palabras,

pero si no tiene nada de malo. -No sé yo.

¿Él está hablando en nombre de la iglesia o es una opinión personal?

-Pues mira, Susana, no lo sé, pero a mí me ha hecho pensar,

y creo que tiene razón. Vamos a ver,

¿qué culpa tiene esa muchacha de lo que hicieron sus padres,

qué culpa va a tener si no había nacido?

-Culpable o no, es hija fruto de un incesto.

-¿Y tenemos que dejar de hablarle por eso?

¿Tenemos que tratarla de manera distinta?

Susana, no entiendo que seas tú la más obtusa con el tema.

-¿Cómo que precisamente yo?

¿Tienes algo que reprocharme? -No, Susana, por favor,

pero con todos mis respetos, y sin ganas de ofender,

tu hijo Simón es bastardo.

-Fruto de una violación. -Lo sé.

Y precisamente por eso lo digo, Susana.

¿Qué culpa tienes tú de lo que hizo ese hombre?

Pues Lucía tampoco tiene culpa de lo que hicieron sus padres.

-Visto así,... creo que a lo mejor tienes razón.

-Claro que la tengo.

Buenos días. Buenos días, padre.

Le felicito por su homilía, me ha gustado mucho.

Precisamente ahora subía a contárselo a Celia.

Gracias. Con Dios.

Doña Susana. ¿Le ha gustado la misa?

Todavía lo estoy valorando.

Por el momento, me inclino hacia un sí.

Una pregunta que llevo días queriéndole hacer,

el otro día saludó usted a un feligrés.

¿Yo? Sí, Jimeno Batán, ¿lo conoce?

Le conozco de la iglesia,

de verle en los oficios religiosos.

Es más adepto a sus discursos que yo.

A pesar de pertenecer a otra parroquia,

no se pierde ni uno de ellos. ¿Por?

No, no, por nada.

Alguien me preguntó si yo conocía a alguien en las harinas,

el negocio de las harinas, y me sonaba que ese hombre

se dedicaba a ello.

-Sé que es empresario, pero no tengo ni idea de a qué se dedica.

Le digo que le conozco de la iglesia.

Si quiere, cuando lo vea, indago. No, déjelo, yo se lo pregunto.

Padre.

¿Le apetece un trozo de tarta? Creo que Lolita hizo una de higos

antes de ayer.

Don Samuel,... ¿qué le trae por aquí?

He venido a ver a Lucía. No la molestaré mucho,

solo quiero saber cómo se encuentra,

estoy preocupado por usted.

He recibido una nota del despacho de abogados.

Tras hacerse público el testamento, los abogados quieren mantener

una reunión con usted.

Gracias por venir a informarme.

Si necesita que le acompañe, solo ha de decírmelo, ya sabe que a mí

no me cuesta nada tratar con ellos si no se encuentra en condiciones.

Me encuentro en perfectas condiciones

para tratar mis asuntos legales, pero le agradezco el ofrecimiento.

Siento se la he ofendido, no era mi intención.

No, no lo ha hecho,

solo que no voy a consentir que otras personas

manejen mi futuro.

Por supuesto que no, nadie pretende tal cosa.

Solo quería decirle que si necesita algo, ya sabe dónde estoy.

La felicito en su determinación,...

la apoyaré en todas sus decisiones, sean cuales sean.

Lucía,... no permita que nadie le diga lo que tiene que hacer.

Nadie debe inmiscuirse en su futuro.

Eso solo le atañe a usted.

(RÍEN)

-Qué buen ánimo traéis.

Parece que venís de la verbena de la Paloma.

Y achispadas de más.

-Ah, no hemos bebido ni una copita, aun todo se andará.

(RÍE)

Es que no sabes lo que nos acaba de pasar, cuéntale, Casilda, cuéntale.

-Pues es que, doña Susana, nosotras veníamos del centro,

que habíamos "estao" mirando tiendas, comprando viandas,

y nos hemos "cruzao" con un señorito

que iba "to" elegantón.

-De punta en blanco.

-"Pa" chasco que sí. El asunto es que iba

tan "atolondrao" mirando sus papeles, que no se ha "dao" cuenta

de que tenía un charco justo delante...

-Y aquí Casilda...

-Pero yo por ayudarle. -Ya, ya.

va y le dice: "Cuidado, que va a meter el pie en el fango,

¡'atonlondrao'!".

-Y entonces, el pobre hombre, cuando se ha "dao" cuenta,

ha ido a pegar una "zancá" "pa" esquivar el charco y...

-Con tan mala suerte que pasaba un carruaje y lo cala de arriba abajo.

(RÍE)

-Es que tenía que haberlo visto, doña Susana,

se ha "llenao" "to" el hombre de arriba debajo de fango, "pobrecico".

-Pues me alegro, da gusto veros tan bien avenidas.

Y yo, ¿en qué puedo ayudaros?

-Ah, sí, hemos venido a por un tocado nuevo para Casilda,

que le vaya bien a la cara.

-Pues me acaban de llegar unos la mar de bonitos.

(RÍEN)

-¡Arrea! Pero qué "bonico" es,

¿qué le parece, señora?

-No sé, no.

No. ¿A ver este?

Anda, este va a ser el tuyo. Ve al taller a probártelo.

-Pasa, pasa.

Parece que lo de Casilda va viento en popa.

-Ay, a toda vela, no sabes la mañana divertida que llevamos.

-Tengo que reconocerte que me sorprende la rapidez

con que has aceptado a Casilda como una más de la familia.

-Al principio tuve mis reparos, bien lo sabes,

pero Casilda es igual que yo, un calco, le encanta comprar vestidos,

ir de tiendas,

no como Leonor, que iba con cara de boniato seco,

deseando llegar a casa para ponerse a escribir y a leer.

Pero Casilda, para ella todo es nuevo, cualquier cosilla

le emociona, así da gusto.

-Me alegro mucho de que estés tan contenta, solo que...

no te olvides que esa chica no es tu hija.

-Bueno, ¿qué, cómo me queda?

No me digan que me hace muy seria.

-Llevándolo tú, es el tocado más alegre del planeta.

-Arrea, doña Rosina, qué cosas me dice.

-Un poquito de paciencia, por favor, un poquito de paciencia

que enseguida empezamos con las pruebas.

Así, sí, muy bien, como si fuera un teatro, ahí,

las sillitas bien puestas. Por favor, adelante,

pasen, pasen todos, gracias.

Por si no se han dado cuenta, yo soy el creador de tan majestuoso texto

y de tan brillante obra, de tan exquisita pieza artística.

-¿Dónde está el portero? -¿Qué hace usted aquí?

-Hacer su trabajo. -¿Mi trabajo?

-Es cosa del portero procurar orden

en el edificio, pero usted, por lo que parece, no está por la labor.

-Ya, es que hoy no soy portero, Cesáreo, hoy soy el autor.

-Mire, no le digo lo que creo que es usted, por no generar más lío

del que hay aquí.

Y dejen libre la escalera de servicio, que dificultan el desalojo

del edificio en caso de necesidad, vamos.

-¡Quietos ahí "paraos", que nadie se mueva!

¡Usted no es nadie para hablar así a mis actores,

usted no es la autoridad! -¿Quién lo dice?

-Lo digo yo,

el creador, el artista,

el más importante de todos, el que ha pensado el relato

que le da vida a los personajes.

Sin mí, nada de esto sería posible. Así es que...

Si ha venido a hacer la prueba, pues muy bien,

si no, aquí no pinta nada, venga, fuera de mi sala de ensayos.

Eh.

¿Y dónde está la señorita Leonor?

-Me he adelantado yo, ya está viniendo.

-Ya teníamos que estar con las pruebas.

-Ella llega enseguida.

-Ah, no, ni hablar, yo con un subalterno no,

yo espero a mi coautora, sin ella no muevo un dedo.

-Servando, que me ha dicho que está al llegar.

-Bueno, pues cuando llegue, me avisa, estaré en la alcoba,

descansando.

(TOSE)

-No, querido, yo creo que no hemos actuado bien con ella.

-Tampoco mal. -Piénsalo, ella es buena,

generosa, cariñosa,...

su comportamiento para con nosotros ha sido intachable.

No se merece que le demos la espalda.

Lo he pensado mucho,

he hablado con el padre Telmo, con Fabiana,

he analizado los pros y los contras

y he tomado una decisión. Me gustaría que me apoyaras.

-¿Cuál? -Debemos respaldar a Lucía

en todo este asunto, estar a su lado, pase lo que pase.

-¿Es lo que quieres?

-Es que ella no lo está pasando bien, y no podemos dejarla sola

en este duro trance que la vida le ha puesto por delante.

-Está bien.

-¿Me vas a apoyar?

-Tú siempre actúas de forma sensata, y tomas decisiones correctas.

Si crees que es lo que debemos hacer,

yo te apoyaré. Por supuesto que lo haré.

-Gracias.

Aún hay una cosa que me preocupa. -¿El qué?

-¿Cómo crees que se tomará la iglesia que Lucía

sea fruto de un incesto?

-Esto es algo que tendrá que dirimir la iglesia.

Nosotros poco podemos hacer al respecto.

(Llaman a la puerta)

Voy a ver quién es.

-Ay.

Celia, querida, he de hablar contigo de inmediato.

-¿Qué ocurre?

-Antes, cuando acabó la misa, vine a buscarte, pero no estabas,

y lo cierto es que escuchando hoy la homilía del padre Telmo

me he quedado pensando... -Habla, que me estás asustando.

-Pues creo que debemos amparar a tu prima en todo este asunto.

¿Qué ocurre?

¿No os parece bien lo que digo? -Pues que nosotros hemos llegado

a la misma conclusión.

-De eso estábamos hablando. -¿De verdad?

-Será mejor que os deje para que habléis de vuestras cosas.

-Me alegra que vosotros también penséis

que hay que echarle una mano.

-Solo espero que... -¿Qué?

-Que acepte nuestro auxilio,

puede que nos rechace por no haberla apoyado desde el principio.

-Ya.

-Gracias por haber venido,

os diremos algo en breve.

-O no, que sois muchos y no os vamos a escribir a todos.

Si no tenéis noticias, es que estáis rechazados.

-¿Podéis decir a los siguientes que pasen?

Servando,...

hay algo que me gustaría decirte.

Yo no voy a poder asistir a todas las pruebas.

Así que Íñigo lo hará por mí en ese caso, espero que lo aceptes bien.

-Ah, ya entiendo, que ha ido alguien ya con la copla.

-Íñigo me ha contado que el otro día no querías empezar el ensayo sin mí.

Ah, y hay otra cosa que quiero que sepas.

Si no encontramos un actor adecuado para el personaje,

quiero que lo haga Íñigo.

-¿Un chocolatero haciendo de galán?

-Mi novio haciendo de galán.

-Si no hay más remedio. -¿Se puede?

-Flora, pasa. -He venido con Peña,

espero que no le importe. -No, adelante los dos.

-Yo solo vengo a dar apoyo moral. -Es que estoy un poco nerviosa.

-No te pongas nerviosa, que es una prueba.

A ver, vamos a empezar por la escena en la que Martina

llega a la escuela. -¿Te la has preparado?

Yo voy a hacer de directora y de madre.

-Vale, y yo haré de yo.

-Adelante, cuando quieras.

-No me diga eso, señora directora, yo solo cogí la mano de Heliodora

en señal de amistad. -Un poquito.

-"Miente".

"Mi Miguelito intuyó que ahí había algo más".

"Algo más, ¿como qué?". "¿Qué puede haber entre dos mujeres

más que cariño fraternal?".

"Algo nocivo, sucio, pernicioso".

"Estas dos mujeres desafían las normas de la moral".

"Defiéndase, Martina".

"¿Es eso cierto? Diga la verdad".

-La verdad es...

-"¿Qué?".

"Hable".

-La verdad es que yo amo a...

-¡A mí! -¿A usted?

-Sí, no mienta, Martina,

digamos la verdad, demos la cara,

usted me ama y yo le amo.

Hemos nacido para estar juntos. -Bueno, bueno, ya basta, ya basta.

Yo no he escrito esto para que esté recitado en un tono tan elevado.

-No, eso es cierto, Flora, es que está en un tono muy "elevao".

Es que estaba la mar de chillona.

-No, Servando, tú el que más.

La cosa tiene que ser más... natural.

-Ya lo he dicho, como yo, normal, ¿cómo lo voy a hacer mal?

Es que...

-Pues eso mismo me pregunto yo.

¿Y tú?

Peña, ¿por qué no haces de Servando joven?

-¿Yo? -¿Él?

-Sí, creo que sería lo mejor para Flora.

-Muy bien.

-Es...

-Retomaremos desde...

"defiéndase, Martina". "Defiéndase, Martina,

¿es eso cierto?".

"Diga la verdad".

-La verdad es...

-"¿Qué? Hable".

-La verdad es que... yo amo a... -A mí.

-¿A usted?

-No miento, Martina.

Confesemos la verdad.

Demos la cara.

Usted me ama...

y yo la amo a usted.

-Peña,... ¿había hecho teatro alguna vez?

-¿Yo? Nunca.

-Pues lo hace realmente bien. -¿De verdad?

-Sí, la señorita Leonor tiene razón, es que no parecía

que estuviera interpretando, parecía que lo decía de verdad.

Vamos, usted no es tan guapo como yo,

pero sí podría hacer mi papel.

-Yo creo que serías un buen Servando joven.

-Gracias, pero no me interesa.

-¿Por qué?

-No sé, no creo que sea lo mío.

Pero podría ayudar a construir los decorados.

Eso sí que se me da bien. -Peña.

Bueno, al menos tenemos figurinista.

-¿Figurinista? -¿Hola?

Bueno, ¿y yo qué, qué tal lo he hecho? ¿Me vais a coger?

-Es que primero tenemos que ver el resto de aspirantes a Martina.

-Pero a él le habéis ofrecido el papel sin ver más aspirantes.

-Ya te diremos cosas, Flora.

-Flora.

Gracias.

-Hay que ver, señora, qué buenas compras hemos hecho.

Lo único que ¿no nos hemos "gastao" mucha guita?

-No, los cuartos están para las cosas buenas.

-"Pos" eso es verdad, sí. Ah, madre, ¿qué hace usted por aquí?

-Pues faenando, hija, ya ves. -Nosotras venimos de compras.

-Ah. ¿Y qué habéis comprado?

-Pues mire, nos hemos "mercao" un "vestío",

un "tocao" y también unos perfumes.

Mire, huélame.

Este es "pa" doña Leonor. Y ahora, mire.

¿Le gusta? Es el mío.

Ay, pero... no he "cogío" uno "pa" usted, madre.

-No, hija, tu madre no necesita perfume alguno.

-Hay que ver qué cabeza la mía, pues claro que sí, ahora mismo

voy a comprar uno "pa" usted. Espérese aquí,

tenga, señora. Espérese, madre.

-Está usted disfrutando de lo lindo con mi hija, ¿no?

-Siempre lo he hecho.

-Ahora más.

Pareciera que tuviese usted un juguete nuevo.

-Tengo una hija nueva, sí, porque si Casilda era eso antes para mí,

ahora más.

-Usted disfruta haciéndome sufrir, ¿verdad?

-Ni siquiera pienso en ti, María.

-Ella ya tiene una madre.

-Y no lo ha sabido hasta ahora.

No me eches en cara cosas de las que solo tú eres la responsable.

Yo no fui quien la abandonó.

Tú nunca la quisiste Nosotros, siempre.

-Mire, madre.

Le traigo este perfume que huele que es una maravilla.

Tenga.

-Gracias, hija. -Vamos, Casilda,

que nos cierran.

-Bueno, luego la veo, madre, con Dios.

-Con Dios.

-¿Qué pasa? María.

María. ¿Qué te pasa?

¿No me digas que tienes envidia de esa?

-Ella está disfrutando de mi hija y yo no.

-Y bien que hace.

Cuanto más cariño le coja esa señora a tu hija, mejor.

¿Qué quieres, el cariño de tu hija o el dinero de Rosina?

María.

-Muchas gracias, ya les llamaremos.

-¡Siguiente! -Perdón, ¿se puede?

Perdón.

-Doña Trini, ¿qué hace usted aquí?

-Pues engañar a mi esposo, así que, si le veis, no he estado aquí.

-¿Y no será su embarazo un inconveniente para usted?

-Ay, Leonor, hija, las mujeres en Cabrahígo labran ocho horas al día

así llueva, truene o estén embarazadas de trillizos.

¿Ellas pueden hacer eso y yo no puedo recitar unos versos?

-Pues sí, doña Trini, tiene toda la razón.

-No, ni pizca de razón, ninguna de las protagonistas

de la obra está encinta. -No seas picajoso.

Si doña Trini lo hace bien, ¿qué más dará eso?

Adelante, doña Trini. ¿Qué personaje se ha preparado?

-La madre puritana y beata.

-Está bien, yo le leo la réplica. -Ah.

-"No me diga eso, señora directora,

solo le cogí de la mano a Heliodora en señal de amistad".

-¡Embustes!

Mentiras,

mi Miguelín intuyó que ahí había algo más.

-Miguelito. -¿Eh?

-Que es Miguelito, no Miguelín. -Ah, eso.

-Sigo, ¿eh?

"¿Algo más como qué?".

"¿Qué puede haber entre dos mujeres más que cariño fraternal?".

-Ya sabe usted, "meneíllo" y alegría.

Esas dos mujeres se habían echado el ojo

y se miraban con ojos golosones.

-Doña Trini, ¿está cambiando el texto?

-Bueno, Leonor, hija, a ver, yo he intentado hacerlo un poco mío,

porque estaba un poquito triste,

y se me ha ocurrido otra cosa. Había pensado

que en este momento podemos ver aparecer al niño

por el pasillo, a Miguelín, y la madre le llama:

"Miguelín, hijo, ven aquí".

"Ven aquí y cuéntale a la directora lo que viste".

Y entonces, ahí es el momento donde aparece Miguelín, y Miguelín es...

Entonces ahora entra Miguelín.

Entra con unos anteojos de culo de vaso, o una lupa,

porque no ve ni tres en un burro,

y la madre le dice: "Miguelín, Miguelín, hijo,

cuéntale a la señora directora lo que viste con tus ojos de lince".

Y Miguelín: "Pues lo que yo vi exactamente...".

(RÍEN)

-Ay, doña Trini.

Yo no sé si la vamos a coger para esta obra, pero lo que está claro

es que si algún día escribo una comedia,

usted será la primera que llame para el papel protagonista.

(RÍEN)

-Señorita, no se me ponga usted cerril, que a todo el mundo

hay que darle una oportunidad para rectificar.

Ande.

-Hola, Lucía. Prima Celia.

-Las dejo solas para que puedan hablar.

¿Nos sentamos?

Estoy bien aquí.

Está bien, estaremos las dos de pie.

Te he hecho llamar porque me gustaría hablar contigo.

Pues aquí estoy.

Quiero pedirte perdón.

¿Perdón? Por no haberte apoyado

desde el principio.

Me sentí confusa por las consecuencias religiosas.

Las dudas...

y el qué dirán,...

pero me equivoqué,

y me avergüenzo por ello. Solo espero

que algún día puedas perdonarme.

También me gustaría que regresaras a casa.

Prometo darte todo el apoyo que hasta ahora te he negado.

Y será de una forma incondicional,...

como debería haberlo hecho desde el principio.

A partir de ahora, Felipe y yo te apoyaremos en lo que sea.

Puedes contar con nosotros.

Con los dos.

¿Qué opinas? Di algo.

Prima, yo también tengo culpa.

Me equivoqué.

Debí ser más sincera con ustedes y confesarles lo que el tío Joaquín

me había desvelado.

¿Significa eso que me perdonas?

Ven aquí.

-Después de ver a todos los personajes, el único papel

que me preocupa es Heliodora.

¿Es que nadie ha postulado para interpretar ese personaje?

-Si supiera lo que es postular, le contestaría, pero estoy molido.

-Y eso que es un papel muy difícil de interpretar, porque es una mujer

parca en palabras, quiero decir, que dice más por lo que calla

que por lo que dice. Tiene que ser alguien...

con templanza, con aplomo

y con elegancia en sus formas.

-Aguarde, doña Leonor, que aún queda la menda,

que no he "podío" venir antes.

-Lolita, tranquila, que todavía tenemos tiempo.

Ya no nos va de media hora. -Ay.

-¿Qué papel te has preparado, Lolita?

-Heliodora, doña Leonor, el que más me pega.

-¿Heliodora?

Sí, si es el personaje en el que más te ves, adelante.

¿Conoces la escena en la que la directora interroga a Heliodora?

-Me la sé de memoria y al dedillo, se la voy a hacer redonda.

-Ay, Carmen, ¿te importaría leer la directora?

Yo es que estoy tan cansada que se me nublan las letras ya del texto.

Gracias, ¿eh? Es aquí.

Gracias.

-Ay.

-"Profesora Heliodora, ¿sabe usted que este es un colegio

que goza de la mejor de las reputaciones?".

-"Pa" chasco que lo sé.

-"Aquí no podemos consentir ese tipo de comportamiento".

-¿Qué comportamiento ni qué niño muerto?

-Lo de decir el texto tal y como es, ni en broma, ¿no?

-Eh... Mujer, es que yo le doy más verdad.

-Ya, pero es que yo le doy más calidad.

Sigue con el parlamento, por favor.

-"El comportamiento ese dudoso

que usted y Martina están difun...".

Perdón.

"...están difundiendo por todo el colegio,

y hasta por toda la ciudad".

-Espera, espera, no, no. Hay algo que no me funciona.

¿Podríais cambiaros los personajes? -(RÍE)

-Eh...

Doña Leonor, es que yo me he "preparao" es Heliodora.

-Sí, pero será solo un momento, que quiero hacer una prueba.

-"Profesora Heliodora, ¿sabe usted que este es un colegio

que "tié" la mejor de las reputaciones?".

-Sí, claro que lo sé.

-"‘Pos’ no voy a consentir ese tipo de comportamiento".

"¿Me está escuchando?". ¿Eh?

-¿A qué comportamiento se refiere usted?

-"'Pos'...

el comportamiento ese sucio y más feo que un pie que están teniendo

usted y la Martina por el colegio, y hasta por toda la ciudad".

-Nada malo hacemos, señora.

¿No serán más sucios los ojos que nos miran

que nuestro comportamiento? -Ya, ya, ya, ya, ya.

Creo que ya tenemos protagonista.

-Ya lo creo que sí.

-¿De verdad?

-Ay, no, Lolita, lo siento, no me refería a ti, me...

me... refería a Carmen.

-¿A mí?

-Carmen,...

¿quieres ser la protagonista de mi obra?

-Nuestra, nuestra. -¿Quieres ser la protagonista

de nuestra obra e interpretar a Heliodora?

-Señora, me da que esto va a traer problemas.

-Entonces os lo habéis pasado bien, ¿no?

-Ay, ha sido un día estupendo, Liberto, no sabes lo divertida

que estaba Casilda.

Lástima que luego nos hemos encontrado con esa...

con la madre de Casilda, y casi lo estropea todo.

-¿Dónde? -A la salida de la perfumería.

¿Y sabes qué? Esa mujer tuvo la desfachatez

de echarme en cara lo bien que me llevaba con Casilda y, encima,

con retintín. ¿Será sinvergüenza?

No me lo puedo creer, encima que la abandonó de pequeñita

y nosotros la hemos acogido en nuestro hogar.

-Rosina, cariño, haz el favor de tener cuidado con María.

-¿Por qué dices eso?

-Porque por fin reina la paz en casa.

-No gracias a ella. -Por eso mismo te lo digo, cariño.

Casilda se ha integrado y ahora hay muy buen ambiente.

Si cedes a las provocaciones de María y os peleáis,

vas a obligar a Casilda a posicionarse.

¿Entiendes? Y en ese caso, se va a acabar la harmonía

que tanto nos ha costado conseguir.

-Sí, sí, tienes razón, querido.

Pero es que esa mujer consigue sacarme de mis casillas.

-Sí, y ella lo sabe muy bien, pero ¿no te das cuenta

que sabe dónde tocarte para hacerte perder los nervios?

(Llaman a la puerta)

-Bueno, intentaré contenerme las ganas de asesinarla,

pero no te prometo nada.

(Se abre y cierra la puerta)

¿Qué haces tú aquí?

-He venido a ver a mi hija. -Eduvigis,...

aquí...

No permitimos en esta casa la entrada a cualquiera, ¿sabes?

Mal empezamos.

-Por supuesto que vas a poder ver a tu hija.

De hecho, estará descansando.

-Le he traído un detalle, un pastel hecho con mis propias manos,

que sé que le gusta.

A lo mejor no puedo comprar su cariño con dinero porque no tengo,

pero quizá ella solo necesite el amor de su verdadera madre.

-Diga que sí, cuantos más seamos los que la queremos,

mucho mejor para todos.

Eduvigis,

llévate a esta mujer a la cocina y que deje eso allí.

Y busca a Casilda.

Don Jimeno.

Padre.

¿Me conoce? Trato de conocer

a todos mis feligreses, sobre todo a los que no se pierden

ni uno de mis sermones.

¿En qué puedo ayudarle, padre?

Necesito hablarle de un feligrés de mi parroquia.

Se trata de alguien que se encuentra en un gran apuro.

¿En qué apuro?

Se ha arruinado

y creo que ha tenido que recurrir a sus servicios.

Es hijo de una familia de joyeros muy conocida en este país.

Aún no sé qué es lo que me está pidiendo.

Al parecer, ese pobre hombre se siente tan presionado por usted,

que está dispuesto a quitarse la vida.

Lamento contradecirle, padre,...

pero ese joven dista mucho de ser un pobre hombre.

Y, desde luego, no tiene ninguna intención ni de quitarse la vida

ni de volverse bueno de repente.

¿Quién le ha informado a usted?

-Arrea, pero si esta tarta parece la torre de una iglesia

de lo alta que es. -Es un presente para ti, Casilda.

-¿Tenía que ser una tarta igual que le regaló su madre?

-"Pos" muchas gracias, señora, pero es que, verá, estoy que reviento.

Me he puesto las botas con la tarta que me ha "traío" mi madre.

-Seguro que te cabe un trocito más. Eduvigis, sírvele un trozo.

-Sí, señora. -Eduvigis, déjalo.

Ya está bien, Rosina.

-Bueno, basta ya, basta ya. Callaos las dos de una santa vez.

-Arrea, doña Leonor, no hace falta que pegue esos berridos,

que si quería decir algo, "namás" tenía que decirlo.

-Es que no quiero que discutáis por mi obra.

-Si no reñimos por la obra, aquí se riñe porque la Carmen

es una ladrona. -Mira, yo lo último que quiero

es volver a tener disgustos en el altillo, así que si Lolita

quiere el papel, que se lo coma, y aquí paz y después gloria.

"He escrito este artículo para enviárselo a El Adelantado".

¿Con qué motivo? Para defender el honor de Lucía.

Esperemos que sirva para hacerle justicia.

Aunque me gustaría que lo leyera antes de enviarlo al diario.

Mi último deseo sería contradecirla.

No creo que eso pueda suceder, señor.

Últimamente tenéis una relación muy estrecha,

cuéntame, ¿qué tal se encuentra?

Algo mejor.

Sepa que doña Celia fue a hablar con ella y ha regresado a su casa.

Precisamente iba a visitarla. ¿Con qué motivo?

Para invitarla a mi próxima representación.

Y, además, también quería mostrarle todo mi apoyo...

a lo que ha sucedido.

En mi primer matrimonio, yo también fui testigo de la facilidad

con que la gente te juzga por supuestas faltas que no son tales.

Esta sociedad todavía tiene muchísimo por aprender.

Empieza a ser hora de que borremos de nuestras cabezas

las viejas normas morales y los prejuicios sociales

y empecemos a ver a la gente como realmente lo que son.

-"Ya nos conocemos".

-Ramón, se me olvida que a parte de ser el hombre más atractivo

del mundo, también eres el más listo.

No te puedo engañar, ¿eh?

-Trini, deja de darme coba y dime de una santa vez qué sucede.

-Realmente nada, solo que...

has de saber que he subido al altillo a ensayar la obrita

de Leonor.

-¿Cómo?

¿Acaso me has desobedecido? -María, ¿se puede saber

qué estás haciendo aquí? -Comer tarta, ¿no lo ve?

-Preferiría no haberlo hecho.

Ni son formas de estar en mi casa ni esa tarta es para ti.

Se la compré a Casilda.

-Pues no está mal, ¿eh? A ver, está mejor la mía,

hay una diferencia entre comprar algo con dinero

y que lo haga una misma. -Basta ya.

-A decir verdad, yo me siento como un perrillo al que le están tirando

con dos correas al mismo tiempo. Cuando tengo un detalle bueno

con una, la otra se molesta.

-Y tú... ¿qué sientes en verdad,

hija?

-Arrea, "señá" Fabiana, es usted la primera que me pregunta

"ende" que ha "empezao" todo esto.

Parece ser que a "naide" le importa cómo me siento

o qué pienso.

-A mí sí.

-"No será tan difícil recuperar"

el cariño de los vecinos. -Es posible, pero

otro asunto será la actitud de la iglesia.

Y la realidad a la que tendrá que enfrentarse.

Por eso precisaré de su apoyo para llegar a buen puerto.

Sepan que he tomado una importante decisión.

Mis padres me rechazaron

dejándome marcada de por vida.

De alguna forma, dejarme esta herencia

sea una forma de pedirme perdón.

¿Has decidido aceptarla? -"Qué belleza,"

qué delicadeza en el acabado.

Tiene un gran valor económico.

Mayor es su valor espiritual.

Sepa que...

al igual que lo era mi difunta madre,

yo soy muy devoto del Sagrado Corazón.

Así me pareció apreciarlo en nuestra conversación anterior.

Por eso le he hecho venir.

Cójala.

Es suya.

¿Cómo dice?

Quiero que la acepte como parte del pago de la deuda de mi feligrés.

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  • Capítulo 859

Acacias 38 - Capítulo 859

01 oct 2018

Mientras Lucía se refugia en el altillo, Fabiana acude a hablar con Celia para que haga algo por la muchacha. Celia reflexiona sobre lo que le dice la criada y decide hacer las paces con Lucia. Los Hidalgo a partir de ahora apoyarán a Lucia y estarán a su lado para arroparla frente a todo tipo de las habladurías. Telmo intenta sonsacar información a Jimeno Batán sobre Samuel. El mafioso no le da buenas referencias y le previene contra sus malas artes. Casilda se esfuerza por ser una Hidalgo; poco a poco se va integrando, con la ayuda de Leonor y con las atenciones de Rosina, que se esforzará en hacer el papel de madre hasta el punto de enfrentarse con María. Las audiciones para actores comienzan. Trini hace una prueba al igual que Flora que está obsesionada con el papel protagonista.

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Añadir comentario ↓

  1. Pilar Méndez

    Me ha resultado muy tierna la escena de Rosina y María hablando del cariño que la primera tiene hacia Casilda desde que ésta está en casa de los Hidalgo.

    02 oct 2018
  2. Susanita

    Sigo la telenovela desde el capítulo uno y me empiezan a cargar y hasta a aburrir los modos y modales tanto de Lolita como de Casilda. Tanta exageración en los ademanes y tanto hablar mal, ¿no se les ha pegado nada ni de los señores ni de Carmen?, ¡uf, que hartura de vocabulario tan aposta mal sonante!. Pero eso si, ¡Ni un sólo capítulo me pierdo!.

    02 oct 2018
  3. Gabina Perez Sánchez

    Los últimos capítulos me han encantado más que nunca, los siento más creíbles, interesantes y hasta divertidos ya era hora de acabar con tanta maldad. Felicito a los guionistas Bravo!!!

    02 oct 2018
  4. Marce

    Pues a mi porfin me enpieza a gustar. Los Tramas son apenas de novela. El humor es divertido y la maldad tambien a nivel de novela. Està amena y entretenida la serie. Ya era hora. Me gusta el papel que hace Ursula, ahora si le creo. Me gusta la trama de Lucia para esa epoca. Me gusta el calor humano que se muestra, el dilemma de la parte religiosa, y el humor de la polemica al rededor de la novela de leonor. Y lo esperado pero aun asi inesperado de manera divertida que es el vuelco en la vida de casilda y la actitud de Rosina. ¿¿

    01 oct 2018
  5. Saro

    Las escenas en casa de los Méndez Aspe, sobre todo cuando aparecen solos, son preciosas. Ultimamente Rosina está feliz y éso se le nota sobre todo en su comportamiento con Casilda, el cariño que le demuestra y que no repara en gastos con la chica. Liberto es un verdadero encanto y siempre está pendiente de ayudar a su esposa; se ha dado cuenta por lo que ésta le cuenta, que María puede volver a enfadar a Rosina, por éso, le aconseja a su mujer que no caiga en las provocaciones de María porque tratará de alterar la paz de la que ahora disfrutan. Liberto siempre está acertado en los consejos que le da a su mujer, el amor con que lo hace y la forma tan serena que emplea. Siento repetirme pero, Liberto y Rosina son la pareja con más química, quizás por éso sus escenas amorosas nos las dan a "cuentagotas".

    01 oct 2018