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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 854 - ver ahora
Transcripción completa

En estos últimos tiempos he tenido una suerte de lo más adversa,

a pesar de que hice todo lo posible por tratar de ayudar a mi hermano

y a Blanca. Eso, sin duda, le honra.

Pero no he hecho que mejore mi destino.

Traté de demostrar a todo el mundo que era capaz de triunfar

por iniciativa propia...

y fracasé estrepitosamente con las Galerías Alday.

Eso no fue culpa suya.

Nadie podía haber previsto semejante desgracia.

Es posible,...

pero al verme arruinado, pedí ayuda a un prestamista.

Era una suma enorme.

Y los esbirros del prestamista me han atacado.

No es solo hija de María,...

también lo es de mi difunto esposo Maximiliano.

"El dolor ha disminuido, sí,"

pero hasta que no se retiren los vendajes,

no se sabrá el alcance de la lesión.

Seguro que se recupera a escape y su suerte empieza a cambiar.

De eso estoy seguro. De hecho, ya ha empezado a mejorar.

Ha entrado en mi vida un rayo de luz inesperado capaz de eclipsar

todas las decepciones que me estoy llevando.

Me consta que no tiene mala intención,

pero a mi padrino lo mataron

unos ladrones y no hay más que hablar.

Temo que sus sentimientos

estén nublando su razón.

No sé de qué me habla. No albergo ningún sentimiento

romántico hacia él. "No tienes que preocuparte"

por la honra de tu hermana.

La amo con toda mi alma, como nunca he querido a ninguna en mi vida.

Y por eso la respeto profundamente.

No voy a propasarme con ella ni una pizca.

-"Ya sé que la obra no les convence,"

pero si me echaran una mano, para Leonor es muy importante.

-Pues claro que el tema de la obra no me convence en absoluto,

una relación pecaminosa anti natura,

pero no voy a permitir que un portero ponga palos

en las ruedas de la carrera literaria de mi niña.

No se apure, algo haremos.

"Pero ¿cómo es posible?".

Está como nueva.

Se lo agradezco con todo mi corazón.

Lucía,...

ha despertado en mí sentimientos que...

creí que no sería capaz de volver a sentir.

Ha... quedado como si fuera nueva, ¿verdad?

¿La he incomodado?

No. No, es solo que...

(Llaman a la puerta)

(Abren la puerta)

Lucía,

yo...

Buenas noches.

Carmen me ha abierto la puerta. Espero no molestar.

¿Qué sucede, padre? ¿En qué puedo ayudarle?

Sé que es tarde, pero estoy intentando contar con la asistencia

de todos los vecinos del barrio para un acto que quiero organizar

en la iglesia.

Y su casa era la última que me quedaba por visitar.

Cuente conmigo, allí estaré. Lucía,...

¿se encuentra usted bien?

Perfectamente, padre.

¿Por qué ha tardado tanto en venir a ver a Samuel?

¿Por qué ha tenido que hacerlo a esta hora tan tardía?

¿Acaso creía que no iba a colaborar en los actos de la iglesia

por no ser un gran devoto?

No, por supuesto que no.

He ido improvisando el orden de visitas.

¿Ya ha terminado de cenar, quiere que le acompañe a casa?

No es necesario, no se moleste.

No, no es ninguna molestia. Gracias, padre.

Podré subir sola los peldaños que me separan de mi casa.

He de marchar,

ya es tarde. Gracias por esta estupenda velada,

lo he pasado maravillosamente bien.

Yo también marcho.

Buenas noches, don Samuel.

Buenas noches, padre Telmo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Casilda, venga, vamos, que ya es muy tarde.

-Ya nos hemos "enterao", hija. -Se refiere al bombazo

que ha "dao" tu señora en la chocolatería.

-Ah. Pues ya lo saben.

-Bueno, ¿y tú por qué no nos lo habías dicho antes?

-¿Desde cuándo lo sabes? -Lo sé desde hace unos días.

Y no les he dicho "na" porque ni yo misma termino de encajarlo.

Además, se trataba de un secreto que a mi señora le afecta mucho.

-Ya no es tu señora, Casilda. -Es que no me lo puedo creer.

El vuelco que te ha "pegao" la vida de un día "pa" otro,

y así, de sopetón. -Sí, de sopetón.

-Ayer "criá", y hoy, hermana de doña Leonor e hija de una familia

que tiene minas en propiedad. -¿Y cómo está viviendo "to" esto

doña Rosina? "Pa" una mujer como ella,

este menester no ha de ser fácil.

-¿Y acaso se cree, "señá" Fabiana, que "pa" mí está siendo fácil?

¿Cómo puedo ser yo hija de don Maximiliano?

-No te tengo que explicar cómo, Casilda.

-Lolita. -Ay.

-No, yo no me refiero a eso, me refiero a que...

acuérdense cómo era don Maximiliano, un hombre grande, robusto,

y la hija "cortá" con la misma tijera.

Y ahora fíjense en mí, estoy "escuchimizá".

-Bueno, estas cosas pasan, Casilda,

a lo mejor te pareces a los abuelos,

quién sabe, o a cualquier primo hermano de la familia.

-Cosas más raras se han visto.

-La verdad es que esto no me gusta "na".

Es más, estoy empezando a mirar raramente a mi madre.

-¿Cómo que raramente?

¿A qué te refieres?

-¿Por qué no me contó la verdad antes?

¿Por qué ha "esperao" tantísimo tiempo "pa" decírmelo?

Hasta ahora estaba más feliz que unas castañuelas

por haberla "recuperao", pero con "to" esto nuevo

que me estoy enterando...

-A ver, no seré yo quien defienda a María,

pero a mí me pasa lo mismito con mi hija Cayetana.

Yo pensé que lo mejor para ella sería que creciera muy lejos de mí,

igual me equivoqué, pero si lo hice,

fue porque pensé que era lo mejor para mi niña.

-Ya, "señá" Fabiana,

pero usted estuvo siempre a su vera.

Lo único que hizo fue no decirle que era su madre.

-Circunstancias de la vida, hija mía. "Ná" más.

Yo, al menos, pude seguir a su servicio,

pero tu madre no tuvo la fortuna tan propicia.

-Ya. Se separó de mí, sacrificándose.

-Pues seguro.

-A mí "to" esto se me está haciendo bola en la garganta.

-Es normal, ha "venío" "to" de golpe.

Tú ya verás que en pocos días la cosa se coloca sola.

Y tú, poquito a poquito,

encontrarás tu sitio. -¿Tú crees eso?

-"Pa" chasco que sí.

-Bueno.

Yo, lo que les ruego, es que no se separen de mi "lao".

Al fin y al cabo, son la única familia que he "tenío",

y no quiero perderos por culpa de esto.

-Ay, ven "pacá".

Cómo vas a perdernos, Casilda, ¿eh?

Tú no vas a perder nada, mi niña.

Y no tengas miedo, nosotras siempre, siempre vamos a estar a tu "lao".

¿Qué haces despierta? Es muy temprano.

Llevo un rato en pie.

¿No has dormido bien?

No he pegado ojo en toda la noche.

Lucía, estoy preocupada por ti. ¿Qué te ocurre,

qué te tiene tan atormentada? Ahora mismo, usted.

¿Yo?

¿Cómo se le ocurre avisar al párroco para que vaya a ejercer

de policía de la buena moral? Yo no he avisado a nadie.

¿Me va a mentir a la cara, prima?

De acuerdo.

Hablé con el padre Telmo, porque estoy muy preocupada por ti.

Pero preocupada ¿por qué?

Lucía, aunque no te guste,

es mi obligación velar por... tu virtud.

Con todos mis respetos, prima, no, no lo es.

Usted no es ni mi padre ni mi madre,

figuras que, le recuerdo, nunca han existido.

Siempre me he ocupado yo sola de mí misma.

Pero ahora me tienes a mí.

¿Tan horrible es?

Yo puedo velar por ti, Lucía.

Le agradezco el detalle, pero ya es un poco tarde para eso.

Ya no lo necesito.

Pero ¿por qué no te dejas querer?

¿Por qué te cuesta tanto aceptar nuestros consejos?

¿No ves que solo queremos lo mejor para ti?

¿Tan difícil es de entender?

Nunca me has contado qué te turbó tanto de la discusión

con el tío Joaquín.

¿Qué es lo que te ha estado atormentando todo este tiempo?

¿Viste la cara que pusieron los vecinos?

-Estaban lívidos tras escuchar las palabras de mi madre

contando que Casilda era hija de Maximiliano, es que, claro.

Todavía se están recuperando del impacto de la noticia.

-Sí. Bueno, tu madre también se quedó conmocionada.

-Es que,... han sido unos días de mucha tensión.

El poder contarlo, al fin, debe haber sido liberador, pero...

también difícil.

-Ayer salió a dar un paseo a altas horas de la noche.

De hecho, tuve que salir a buscarla

para traerla a casa. -Al menos pudiste hablar con ella.

Yo lo intenté con Casilda, para darle apoyo, y no hubo manera.

-Me lo imagino. -La pobre estaba tan nerviosa

que ni me escuchaba.

(Pasos)

-Mi amor. ¿Cómo te encuentras? -Estoy bien, cariño.

No os preocupéis.

Es que...

necesitaba estar sola.

Caminar, pensar. Asimilar todo esto.

-¿Y lo ha podido asimilar?

-Bueno, hoy es un nuevo día, la vida sigue, se impone.

Borrón y cuenta nueva.

-Me gusta su nueva actitud.

-Hay que asimilar los cambios,

adaptarse a ellos. -Amén,

como diría usted.

-Además, cuando al fin una se enfrenta a lo que le turba,

se da cuenta que no era tan dramático como pensaba.

-Fue muy valiente ayer, madre.

Quiero que sepa que estoy muy orgullosa de usted.

-Gracias, hija.

Y ahora a lo nuestro, ¿qué vamos a hacer con Casilda?

-¿Qué vamos a hacer de qué? -Ah, ¿cómo que de qué?

Ahora es una Hidalgo, habrá que hacer cambios.

-Sí, yo propongo que se siente con nosotros en la mesa.

Como comprenderán, ya no puede seguir siendo nuestra criada.

-Bueno, me costará, pero lo entiendo.

Buscaremos una nueva criada, claro.

-Y tendremos que hablar con ella y explicarle toda la situación.

Yo creo que le va a costar encajar que su vida esté dando este vuelco.

-Desde luego, su vida va a ser muy distinta a la que era hasta ahora.

-Y le voy a regalar el mejor regalo que una persona le puede hacer.

El acceso a las letras.

Quiero enseñarle a leer y a escribir.

-Estupendo, me parece estupendo, Leonor,

pero te olvidas de lo más importante.

-¿Qué es lo más importante?

-La facha, hay que cambiársela.

No pretenderás que vaya por la casa y se siente a la mesa con nosotros

a comer como si nada en mandil y alpargatas.

Vas a ir a la sastrería y que Susana le haga trajes, sí,

y luego a comprar perfumes.

Yo le buscaré una peluquera que le cambie el pelo,

aunque no sé si hará milagros.

-Está claro que nuestras prioridades, desde luego,

no son las mismas,...

pero me alegra ver su buena disposición.

-La que no sé si se va a alegrar tanto es Casilda.

No sabe lo que le espera a la muchacha.

Lucía.

¿Por qué no te dejas cuidar? No lo entiende.

Tengo pesares en mi vida que usted jamás entendería.

Pues cuéntamelos.

Soy... hija de los marqueses de Válmez.

¿Cómo?

Soy una bastarda.

Ya lo he dicho, ¿contenta?

Y esa es la cara que no quiero que todo el mundo ponga.

¿Qué cree que dirán en este barrio de bien pensantes y metomentodo?

¿Cómo cree que me van a tratar cuando se enteren?

Samuel lo sabe, y le da igual.

Por eso me gusta estar con él,

por eso deseo su amistad.

A él no le importa quién soy yo, y eso tiene mucho valor.

Por eso no voy a dejar de verle.

-¿De don Maximiliano?

-Eso es. -¿La Casilda?

-¿No me ha oído? -Sí, sí, sí, no, simplemente

quería asegurarme que no es la fiebre

la que me hace delirar.

-Pero si no tiene usted fiebre. -Eso me parecía a mí.

-Lo que le digo es lo que hay en la calle hoy,

en boca de todo el mundo.

-Madre del amor hermoso, uno se pone enfermo y se acaba el mundo.

-No me imagino a Casilda compartiendo mesa y mantel

con doña Rosina.

-No, no, ni usted ni nadie.

No, lo que sí le puedo decir es que ese hombre, don Maximiliano,

quería mucho a Casilda. Vaya si la quería.

-Hale, ya estoy aquí. -(TOSE)

-Agustina, váyase a sus cosas

que ya me quedo yo con el enfermo.

Aunque no sé si está tan enfermo.

Que veo yo mucho cuento aquí.

-Marcho, que tengo faena en la sastrería.

-Con Dios, Agustina, con Dios.

Mira,...

me alegro que te haya tocado a ti, que tenía un asunto

que tratar contigo.

-¿Qué asunto? -Se trata de la obra

que quiere escribir doña Leonor.

-¿Ha "cambiao" usted de parecer? -En parte.

No quiero dar problemas en esa casa, que ya tienen bastante,

pero sigo negándome a que ella la escriba.

-¿Entonces? -La escribiré yo.

-Servando, corríjame si me equivoco o si ha "cambiao" la cosa,

pero usted no sabe ni leer ni escribir.

-Por eso te quería ver.

(RÍE)

Ahí está.

Yo te la voy a ir dictando y tú vas apuntándola palabra por palabra.

Así me aseguraré que lo que se cuenta

es lo que quiero que se cuente.

Y una vez que la tengas escrita, se la pasamos a la señorita Leonor

para que ella le añada cosas, le dé forma o le dé su toque final.

-Su toque final. -Sí, claro, y así,

una vez ha dado su toque final, le daré permiso

para que se haga la función, ¿eh?

¿A que es un plan brillante?

-Brillante, lo que se dice brillante, "apañá",

no más. -Necesario, diría yo.

O si no, seguiré negándome a que se represente la función.

Y si a la señorita Leonor le da por escribirla otra vez,

igual la denuncio por difamación,

o por infamias a la intimidad

o cómo se diga eso, vamos, no sé. -A mí me da que así no.

-Bueno, ¿me vas a ayudar o no?

-¿Acaso me queda otro remedio?

-Mira, ahora voy a reposar un poco que me estoy encontrando

un poquito mal.

¿Habían discutido usted y su prima alguna que otra vez en el pasado?

Tan acaloradamente no.

Está realmente afectada.

Es una joven con mucho carácter.

Y todo esto la está atormentando por completo.

Padre,...

creo que se ha enamorado de Samuel Alday.

Es un vecino del barrio y le tengo estima, pero, entiéndame,

no quiero que tenga una relación íntima con mi prima.

Porque está casado, intuyo.

Sí, porque está casado y por más cosas.

¿El qué?

Lucía es una chica buena, ingenua,...

y él... está hecho de otra pasta.

¿Qué quiere decir? Hace tiempo que conozco a Samuel,

y sé que alberga maldad en su interior.

Yo no le deseo ningún mal, pero no me gusta

que esté cerca de mi prima.

La entiendo, doña Celia, no hace falta que me dé más explicaciones.

¿Podrá usted hablar con ella entonces?

¿Hacerla entrar en razón?

A mí ya no me escucha.

Lo cierto es que creo que a mí tampoco.

Inténtelo, al menos, se lo ruego, yo ya no sé qué hacer.

No sé cómo puedo ayudarla. No se preocupe, doña Celia,

haré todo lo posible para hablar con ella.

Le prometo que, al menos, lo voy a intentar.

Muchas gracias, padre.

Con Dios. Con Dios.

"¿Ya ha terminado de cenar, quiere que le acompañe a casa?".

No es necesario, no se moleste.

No, no es ninguna molestia. Gracias, padre.

Creo que podré subir sola los peldaños que me separan de mi casa.

He de marchar,

ya es tarde. Gracias por esta estupenda velada,

lo he pasado maravillosamente bien.

Yo también marcho.

Buenas noches, don Samuel.

Buenas noches, padre Telmo.

(Se abre una puerta)

Buenos días, padre.

Vengo muy contenta del mercado.

Mire qué pimientos más hermosos he encontrado.

¿Se encuentra usted bien?

Sí, sí, estoy bien.

Se trata de Lucía.

Temo que se está alejando del buen camino y eso me preocupa.

¿Puedo hacer algo por ayudarle? No, gracias.

Tengo que encontrar la forma de hacerle regresar a mí.

Pero no tengo ni fuerzas ni argumentos.

Úrsula,

prepare mi equipaje. ¿Va a salir?

Debo hacer una visita.

-¡Cesáreo!

Espere un segundo.

¿Podría hablar con usted? -Buenos días, Peña.

-¿Adónde iba? -A visitar a Servando,

pero no es urgente. ¿Qué quiere?

-Pase ahí un momento, por favor.

Tome. -¿Qué significa esto?

-El pago de la multa por adelantado. -¿Qué multa?

-La que me va a poner la próxima vez que me vea besándome con mi novia.

Porque pienso volver a hacerlo, le guste a usted o no.

Y me gustaría hacerlo tranquilo.

-Tranquilo no va a estar, eso ya se lo digo yo.

Ni por mí ni por doña Susana, que anda todo el tiempo

ojo avizor. -No me va a ayudar.

-Yo no he dicho eso.

Haré la vista gorda para que tenga con su novia

el momento de intimidad que tanto ansía.

Haré que doña Susana no aparezca

por el callejón en el momento que usted y yo pactemos.

-¿Y cómo piensa conseguirlo?

-¿Olvida usted que soy la autoridad competente en la calle?

Cuando doy órdenes, se me respeta.

-A doña Susana no le da órdenes nadie, lo sabe usted mejor que yo.

-¿Quiere que le ayude? -Sí.

-¿Cuándo? -¿Esta tarde le parece bien?

-¿Tan desesperado está por hincarle el diente a Flora?

-Eh, un respeto,...

que está hablando de mi novia.

Y más le vale mantener la boca cerrada

y no hablar de esto con nadie.

-Puede estar tranquilo, soy una tumba.

-Gracias.

-¿De verdad que puedo escoger lo que quiera?

-Lo que tú quieras.

-Leonor, esto es muy extraño, no me veo yo haciendo vestidos para...

-Ande, dígalo, doña Susana,

para una criada. -No, Casilda,

ya no eres criada. -No, no, si no se preocupe, señora.

Si a mí no me sienta malamente, es más, que yo la comprendo a usted,

Si esto es más raro "pa" mí que "pa" usted.

-Bueno, pues estamos aquí para que sea menos raro.

A ver, ¿qué estilo te gusta?

-Yo creo que algo sencillo e informal va a ser lo mejor.

-Si puedo opinar en algo, a mí me gustaría llevar

muchas florituras, volantes, colores alegres.

Vamos, ir como va doña Trini.

-Ya. -Pero eso no te va a favorecer

en nada, Casilda.

Eres demasiado estrecha de hombro y de cadera

como para que te caiga eso en gracia.

-¿Y por qué a doña Trini le sienta fetén,

si ella también es muy chiquita, como yo?

-Bueno, podríamos echar el día valorando

la certeza de esa afirmación,

pero no tenemos todo el tiempo del mundo.

¿Qué te parece esto?

Más discreto,

elegante, moderno,

más como Leonor. Una falda,

una blusa y sanseacabó. -No sé yo.

-Yo te lo digo por tu bien,

que son muchos años confeccionando vestidos para mujeres

y sé muy bien lo que le queda a cada una.

Y vaya por delante que lo digo para que no tengáis tanto gasto,

que confeccionar varios vestidos con florituras, volantes

y plumas en el sombrero, es infinitamente más caro

que lo que yo propongo.

-Pues "na",

si es menos gasto, es lo que tengo que elegir.

-No, no, no, no, Casilda,

no has de hacerlo por eso.

Por el gasto no te tienes que preocupar.

Escoge lo que a ti más te guste.

-Entonces...

yo tengo que reconocer

que quiero ir como doña Trini, que sí,

que quiero florituras, colores alegres, volantes

y también pajarracos grandes en la cabeza.

-Bueno.

Si es así,

y muy en contra de mi voluntad,

te voy a poner un vestido que le sugerí a Trini y lo tengo a medias.

-Arrea.

¿Está hablando usted en serio? -Si es por florituras y volantes,

no te preocupes que el vestido va sobrado.

Y lo tendría preparado para esta tarde.

-¿En serio, para esta tarde? Pero eso es fetén.

-Ay, solo que...

creo que no va a poder ser.

-¿Por qué? -Eso, ¿por qué?

-Porque el vestido es rojo.

-¿Y qué?

El rojo es un color la mar de rebonico.

Además, que es lo que yo quiero, colores alegres, que vaya yo

que parezca que soy una verbena.

-No. Tú no puedes,

estás de luto.

-¿De luto? -Tienes que ir de negro,

obligatoriamente.

-Pero voy a parecer una urraca.

-Has de respetar las normas que el protocolo impone.

-Es que yo no me quiero parecer

a doña Úrsula. -Lo que vas a parecer es

una muchacha formal y respetuosa,

no tienes otra opción,

es lo que te toca. No te voy a confeccionar nada

que cuando te vea me arrepienta y me avergüence.

-Doña Susana, ¿y no hay alguna opción de que no sea todo negro?

-Ay.

Haré algo de color, apropiado,

juvenil, sencillo, ¿eh?

Lo tendré listo para mañana.

-¿Qué más, Servando?

-A ver, ¿por dónde íbamos? Léeme el último párrafo, a ver.

-"Y en mitad del incendio

que asolaba la provincia, Servando,

el valeroso, el corajudo, el hombre más fuerte

que nunca nadie había visto, atravesó las llamas

'pa' rescatar a esas dos mujeres

indefensas y desprotegidas, salvándolas de una muerte segura".

-Ahí, ahí, "de una muerte segura".

Y ahí estaba él, con las dos mujeres a cuestas.

-¿Con las dos a cuestas?

-Sí, con las dos a cuestas, ¿algún problema?

-No, Servando, es que le veo a usted un poco "escuchimizao"

"pa" ir con las dos mujeres a cuestas,

atravesando un incendio terrible. -Bueno, pues es lo que pasó,

¿acaso estabas tú ahí? No, pues a callar y a apuntar.

Y cuando creían que se habían salvado de ese infierno de humo

y de llamas de dos metros,

le salió a su encuentro un oso.

-¿Un oso?

-Sí, un oso, ¡un oso!

grande como una montaña, un oso

que sobresalía por encima de las llamas.

-Mire, Servando, está usted exagerando una miaja.

-¿Exagerando por qué?

-Porque esto era la historia de esas dos mujeres que se amaban,

y usted las ayudaba un "poquico". -Sí. ¿Y?

-Pues que parece más bien su historia.

A este paso va a tener que cambiar hasta el título.

-Cierto, cierto, hay que cambiar el título, sí, sí.

Lo llamaremos...

"El héroe y las dos mujeres".

No, no, espera, no, no, no apuntes eso, no, no.

Lo llamaremos...

"La gran aventura de Servando Gallo".

No, un momento, un momento, que ya lo tengo.

"El canto del Gallo".

-Esto no le va a gustar a doña Leonor, ¿eh?

-Pues esto se hace como yo digo o no se hace.

-Bueno, mire, como quiera, acabemos que tengo mucha faena.

-Un momentito, un momentito, que un autor

no puede trabajar bajo presión. -Pues un autor no sé,

a usted, que es portero, es lo que le toca,

así que arreando. -No, espere, nos falta algo.

-Sí, que esto sea cierto. -No, no, un villano.

-¿Lo "cualo"? -Un villano, ya lo tengo.

Le vamos a llamar... Cesáreo.

¿Qué pasa, no sabes cómo se escribe Cesáreo?

-Buenos días, Agustina, ¿cómo te va todo?

¿Estás contenta en la sastrería?

-No sabe usted cuánto.

Doña Susana me está enseñando cosas muy útiles,

es una mujer muy exigente, pero buena como pan de oro.

-Bueno, me alegro. ¿Y has visto a Casilda?

-No la he visto aún. -Qué pena, quería ver

cómo había encajado la noticia. No debe ser fácil

asimilar que es hermana de Leonor.

-No, muy difícil ha de ser, y más conociéndola,

que no hay muchacha más sencilla que ella.

Ahora justo iba a buscarla.

Doña Susana quiere verla

para ajustarle las medidas de un vestido

que le está confeccionando. -¿Doña Susana le está confeccionando

un vestido a Casilda? Yo eso quiero verlo.

-No se ría usted, no vaya a abochornarla,

que bastante tiene la pobre. -No, no, que lo digo de broma.

Lo último que quiero es abochornar a la muchacha.

En fin, subo para casa, que tengas un buen día.

-Lo mismo le digo.

-El portal está especialmente sucio, ¿no?

-Ni que lo diga.

Somos el tema de conversación hoy en el barrio.

Eso parece.

¿Quiere que vayamos al centro o a algún otro lugar

donde nadie nos conozca?

No sé por qué tendríamos que escondernos.

No hacemos nada malo.

Además, que estoy bien aquí, me gusta pasear por el barrio.

Me gusta verla tan segura.

A mí también a usted, parece cambiado.

Poco a poco estoy recuperando fuerzas y, me gustaría empezar

a pensar en la manera de salir del atolladero en el que estoy metido.

Samuel, necesita tiempo para recomponer

sus negocios.

Ojalá solo fuera tiempo.

Lo que necesito es dinero. Lo sé, y por eso

quería hacerle una propuesta.

Quería ofrecerle más dinero para ayudarle a salir adelante.

No, ya ha hecho usted bastante por mí en ese sentido.

No he hecho nada.

No quiero abusar. No está abusando usted, Samuel,

no me lo ha pedido, soy yo la que me he ofrezco.

Y yo se lo agradezco, pero una vez más he de negarme.

Insisto.

De hecho, ya he pedido un adelanto en mi asignación para entregárselo

a usted y que cuente con liquidez. Me gustaría que estuviera

tranquilo en ese sentido.

¿De verdad ha hecho eso?

El único problema es que, tras la muerte de mi padrino,

el asunto ha pasado a manos de otro despacho de abogados.

De hecho, se han retrasado en el primero de los pagos.

Estas cosas son relativamente normales

cuando hay asuntos de herencia de por medio, pero una vez más

he de negarme a su ofrecimiento.

Lo que ha de hacer es dejar de negarse

y ayudarme con los abogados.

¿Ayudarla? ¿Cómo?

Consiguiéndome una cita

con esos abogados para que pueda acceder a la herencia.

Al fin de cuentas, ese dinero es mío.

¿Lo hará?

En cuanto llegue a casa

me pondré con ello.

-Uy, pues se ha quedado muy buena tarde, una tarde perfecta

para salir a pasear con mi esposo. -Pero agárrate a la escalera,

no te vayas a caer y tengamos un disgusto.

-Ramón, pero ¿qué disgusto?

Eso son ganas de llamar a la mala suerte, ¿eh?

Uy.

Pero ¿qué ha ocurrido aquí?, si el portal está que da pena.

-Esto es una zarabanda.

-Buenas tardes. Este portal necesita una limpieza.

-No le voy a decir yo que no, Cesáreo, a la vista está.

-De eso precisamente quería hablar con usted, don Ramón.

Llevo días viendo la portería del 38 hecha un estercolero.

-No puedo contradecirle.

-Han de hacer algo de forma inmediata.

-Sí. La verdad es que no lo había pensado hasta ahora.

-Es normal, con el portero de baja por enfermedad.

-Sí, Servando lleva muchos días en la cama, el pobre.

-De pobre nada.

Bastante bien se han portado ustedes que no le han puesto

de patitas en la calle por estar tantos días sin trabajar.

Conozco a señores que han despedido a sus porteros

por mucho menos. -No vamos a despedir a Servando.

-No digo que lo hagan, pero algo deben hacer

para solucionar el problema que tienen.

-En eso le doy la razón. -Buenas tardes.

-Con Dios. -Buenas tardes.

(Llaman a la puerta)

Carmen.

Por favor, déjeme pasar.

¿Qué quiere? El señor no está.

He venido a hablar con usted.

"¿Sabe lo que vamos a hacer? Vamos a esperar a que todos vuelvan,"

porque hoy se sabrá toda la verdad sobre usted".

¿Me está escuchando? ¡¿Me escucha?!

¿Pensabas que me tenías en tus manos?

¿Creías

que no había descubierto que me habías traicionado,

que no sabía que desde hacía tiempo estabas ayudando a mis enemigos,

a Blanca, a Samuel, a Diego?

En realidad, era yo quien te manejaba a mi antojo.

Lástima,

ya has dejado de serme útil.

¿Qué quiere?

¿Por qué quiere hablar conmigo?

¿Puedo pasar?

¿Qué es lo que quiere de mí?

He venido a hablarle de la señorita Lucía.

¿Qué pasa con ella?

El padre Telmo está muy preocupado...

por su relación con don Samuel y,...

para serle sincera, yo también.

Ella siempre se ha portado muy bien conmigo.

¿Y? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

¿Usted sabe cuáles son las intenciones de don Samuel?

Yo no me meto en los asuntos de mi señor.

Pero ¿las conoce?

¿Sabe si son unas intenciones honestas...

y decentes?

¿A qué está jugando?

¿Perdón?

Que no me fío de usted.

Lo lamento, yo solo me preocupo por la señorita Lucía, solo eso.

Carmen,...

tuve un sueño,...

una pesadilla, más bien,

y en ella aparecía don Samuel.

¿Mi señor?

Era el demonio.

Mi pasado es una zona...

turbia y difuminada, pero...

algo me dice, tengo la intuición de que ese sueño...

era un aviso.

¿Un aviso? Sí.

Un aviso premonitorio.

Algo me dice que don Samuel Alday es malvado,

y temo que pueda hacerle daño

a la señorita Lucía. Se equivoca con mi señor.

Y ahora, si es tan amable,...

he de pedirle que se marche.

No puedo irme si no me da una respuesta.

¿Cuáles son las intenciones de su señor?

Nada voy a decirle.

Váyase, se lo ruego.

-¿Esto es todo lo que hay de cena? ¿Sopa de ajo?

-Y un chusco de pan.

Y no te quejes, que menos da una piedra.

-¿Por qué hemos de pasar hambre, cuando tu hija

ya ha empezado a heredar? -Eso no es verdad.

-Hoy la vi salir de la sastrería, con su hermanita,

y adivina.

La sastre le va a confeccionar un traje de gran dama.

-¿Te imaginas? Mi hija convertida en una gran señora.

-Lo que me imagino es a nosotros convertidos en señores.

Me muero de ganas de verte vestida con sombrero de alta costura

y vestidos ceñidos a la piel.

Hace muchos días que no estamos juntos, te deseo.

-Tengo que acabar la sopa.

-Olvida la sopa. Comer eso y nada es lo mismo.

Vamos a la alcoba, me alimentaré de tu piel y de tus besos.

(Llaman a la puerta)

¿Esperas a alguien? -No.

-Madre, soy la Casilda. -Dile que ahora no puedes atenderla.

-No, no, déjanos solas, será solo un momento.

-Pero no tardes, te espero en la alcoba.

-Pero ¿qué pasa aquí?

¿Por qué tanta insistencia en llevarme al callejón?

-¿No querías que tuviésemos un momento de intimidad?

-Sí, de intimidad sí, pero aquí estamos en medio de la calle.

¿Por qué no vamos a tu pensión? Si yo solo quiero una cena romántica

y poder darte un beso sin escuchar

los gritos de doña Susana. -Tampoco los escucharás aquí.

-¿Y el sereno? -He hecho un pacto con el sereno.

Él se ocupará de que la sastre no aparezca.

-Ay, eso ya es otra cosa.

Entonces, si es así,

dime algo bonito, como me decías en la pérgola.

-Tus ojos... son como dos luceros.

Tu sonrisa, como la luz del cielo.

-Pase por la otra calle, señora, que por aquí

están haciendo labores de limpieza.

-Cesáreo.

¿Ha visto usted a mi esposa?

La dejé con unos vecinos y la he perdido de vista.

-La vi entrar hace un rato en la perfumería,

seguro que todavía está dentro.

-¿Qué es esta indecencia? -Doña Susana,

¿de dónde ha salido? -Doña Susana, suélteme.

-Se supone que debía usted vigilar. -¿Qué?

¿Estaba usted metido en el ajo, ha consentido esta sinvergonzonería?

-Puedo explicárselo. -No expliques nada.

-Se lo va a explicar usted a su hermano,

vamos directas a hablar con él.

-¿Por qué no has llamado a la puerta principal?

Ya no eres una criada. -Pero llevo siéndolo "toa" la vida.

Yo siempre he "entrao" por la puerta de servicio,

no por la principal.

Si me he "tirao" media juventud faenando en esta cocina.

-Pero eso ya se acabó.

-Madre, ¿por qué no me contó la verdad antes?

-Ya te lo conté, fue el acuerdo al que llegué con Maximiliano.

Solo así me podía asegurar que tuvieses un futuro digno,

un trabajo, que en los tiempos que corren ya es mucho.

-Ya.

-¿Qué tal tu nueva vida? A ver, cuéntame.

Siéntate. ¿Qué es lo que más te gusta?

-En realidad, no me gusta "na".

-¿Nada?

-"Ná", de hecho, echo de menos fregar el suelo.

-No me estás diciendo la verdad. -Que sí,

si es que a mí fregar el suelo me gusta. Me distrae.

-Pues a ver, piensa un ratito algo que sea digno de una señorita

que también te distraiga.

-¿Algo como qué?

-A ver, algo que hayas querido hacer siempre y que no hayas podido.

-Ah.

Pues, madre, a mí siempre me hubiera "gustao" ir a la chocolatería,

sentarme allí en la terraza, tomarme un chocolate

y ver a la gente pasar. -¿Ves? Pues ahí lo tienes,

hazlo. -Pues sí,

"pa" chasco que sí. Hale, madre, vámonos a merendar

a la chocolatería. -No, yo no puedo.

Mi señor espera por mí.

Cualquier otro día. -No, cualquier otro día no,

diga uno, ¿mañana, por ejemplo?

-Pues es que no sé qué decir, no quiero abusar.

-Madre,... deje de decirme "tontás"...

y dígame que sí.

-Venga, así sea.

-Lo sé, Lolita, sé que Lucía está

en boca de todo el barrio.

-Doña Celia, no se piense que se lo digo con maldad,

que ya sabe que a mí no me gusta pegarle a la húmeda,

pero esas criadas me preguntaron, y si me preguntaron, ¿qué no dirán?

-No, si está claro que Lucía no piensa esconderse.

-Yo les callé la boca a esas muchachas,

pero es que la señorita Lucía, pues... no trataba de esconderse.

Luego se fue con don Samuel como si "na".

Con la de reparos que tuve yo hasta que dejé que Antoñito

me cortejara en público. Bueno, que me voy a hacer la cena.

-Ya sé lo que me vas a decir. -Lo dudo.

-Que Lucía no nos está poniendo las cosas fáciles

y que está tomando una actitud del todo errónea.

-Sí, eso es cierto, pero... no era eso lo que te iba a contar.

De hecho, estaba deseando que nos quedáramos a solas para contártelo.

-¿Qué ocurre? -Ya sé por qué Lucía

estaba tan esquiva desde que tuvo la conversación con el tío Joaquín.

-¿Por qué?

-Le contó quién era su auténtico padre.

-¿Y quién era?

-El marqués de Válmez.

Por eso estaba buscando ayuda en Samuel.

-Ahora lo entiendo todo.

Ha tenido que ser un terrible impacto para ella,...

pero sigue sin gustarme esa cercanía con Samuel.

No es que la asignación de Lucía sea una fortuna,

pero suficiente para ayudar a un hombre asediado por las deudas.

-¿De verdad crees que es capaz de hacer algo así?

¿De acercarse a Lucía solo por un interés económico?

-La situación de Samuel es realmente desesperada,

o encuentra pronto una salida o se verá en la calle,

o en el cementerio.

Hasta yo mismo haría cualquier cosa antes de verme abocado

a una situación como esa. -¿Eso es un sí?

Siento presentarme sin avisar.

Lo cierto es que le estaba esperando. Siéntese.

He escuchado un rumor

y aguardaba deseoso que viniera para confirmarme su veracidad.

¿Qué rumor? La proximidad

entre Samuel Alday y Lucía Alvarado.

¿Cómo se ha enterado? No gracias a usted.

¿Cómo lo ha permitido?

Yo... Ha vuelto a fallar, padre.

Ha permitido que esa relación prospere.

¿Ha enviado a alguien a seguirme y espiarme?

¿Ha contratado informantes que actúen en mis espaldas?

No me cuestione usted por adelantarme a su posible fracaso.

Le agradezco su confianza. ¿Qué quería que hiciera?

Usted debía conseguir que Lucía Alvarado cediera su herencia

en favor de la orden, pero estaba tardando demasiado.

Las cosas llevan su tiempo. No.

Usted debía actuar con celeridad, y ha permitido que la relación

con Samuel Alday se hiciera cada vez más estrecha.

Su falta de eficacia nos ha colocado

en una posición de desventaja.

Cuando Samuel Alday se entere de todo lo que tiene Lucía,

se ocupará

de dejarnos fuera.

No entiende la gravedad de su error.

A ese hombre, lo único que le interesa es la herencia.

Y, gracias a la relación con Lucía,

podrá manejarla a su antojo.

¿Cómo que "todo lo que tiene"?

¿Qué?

Ha dicho que cuando Samuel Alday se entere de todo lo que tiene Lucía,

nos dejará fuera.

¿Qué significa "todo lo que tiene"?

Pensaba que Lucía solo había heredado las pinturas

y una asignación mensual.

¿Acaso hay algo más?

Dígame la verdad, prior, hay algo más, ¿verdad?

-"Oh, Servando, ¿cómo podremos olvidarle?".

"Siempre nos acompañará

su valentía, su gallardía,

su porte,

su calva reluciente".

-Por fin se ha dicho una verdad en todo este disparate.

Que Servando no tiene un pelo de tonto, ¿eh?, pero de listo tampoco,

que todo hay que decirlo.

-Pero... pero ¿qué está diciendo, Fabiana?

Les hace reír en el momento más dramático.

-Menos mal que ha sido así, Servando,

que llego a aguantar la risa un poco más y, me da un síncope.

-Pero ¿qué están diciendo?

Si eso es la mar de "sentío". Yo lo estaba escuchando y...

como alcayatas, se me han puesto los pelos.

-Seguro que han reparado en el estado de suciedad

que tiene nuestro portal desde que Servando no puede cumplir

con sus obligaciones. -No podemos seguir así

por mucho más tiempo. -No le falta a usted razón.

Da reparo hasta subir las escaleras.

-Don Ramón ya me adelantó el problema.

Sepan que al haberse alargado la enfermedad, tenemos derecho

de prescindir de sus servicios y contratar otro portero.

-Disculpe, no quería yo interrumpirles, vuelvo en un rato.

-Madre, no puede seguir así.

Lleva demasiados días sin dirigirse la palabra con Casilda.

-Casilda.

Tenemos que hablar.

-"Debería daros vergüenza".

Tenemos un negocio decente en estas calles

y un buen nombre que mantener.

-Pues si nos ponemos tajantes, la verdad es que ni siquiera

ese nombre es el nuestro. -Flora, no me provoques.

-Yo solo estoy diciendo que... Está bien, chitón.

-Mejor. Espero, por vuestro bien,

que esta sea la última vez que suceda algo así.

-Descuida, tendremos más cuidado para que la sastra no nos pille.

-No, Flora, no.

Lo que vais a hacer es portaros decentemente.

Peña,...

te he confiado el honor de mi hermana, no hagas que me arrepienta.

-No le amenaces. -No es una amenaza,

es un aviso.

-Bravo, Casilda. Estás estupenda.

-Ah.

Muy bien.

¿En serio? Porque, entre mi tamaño

y este color, parezco una berenjena. -Nada apetitosa.

-No digas eso, Rosina.

Lo cierto es que mi tía se ha superado con tu vestido.

Te... sienta como un guante. -Y tanto, me aprieta

una "jartá".

Creo que lo mejor sería que dedicara todos sus esfuerzos a la parroquia

a la que ha sido destinado.

Olvide, al menos de momento,

el motivo por el que fue enviado a Acacias.

¿Pretende que deje de tratar a Lucía Alvarado?

Así es.

Buenas noticias.

Pues no se las guarde para sí.

Últimamente no abundan en estas calles.

He contactado con el despacho abogados

que llevaban los asuntos de su padrino y su asignación.

He citado a uno para que pueda hablar con él.

Qué diligente. Se lo agradezco.

Aquí está.

La copia del testamento del marqués de Válmez.

No puede ser.

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  • Capítulo 854

Acacias 38 - Capítulo 854

24 sep 2018

Lucía y Samuel en su cita romántica son interrumpidos por Telmo. La joven se molesta ya que intuye que su visita es obra de Celia. Cuando llega a casa Lucia acusa a Celia de intentar manejarla. Lucia termina por confesarle que es la hija de los Marqueses de Válmez. La joven pedirá un adelanto de su asignación para ayudar a Samuel; tras la revelación Felipe empieza a sospechar que el interés de Samuel por Lucia es algo más que amor. Rosina y Leonor hacen todo lo posible por hacer de Casilda una señorita; empiezan por encargar a Susana unos vestidos acordes a su nueva posición. Cesáreo ensucia el portal por indicación de Rosina, los señores achacan esa suciedad a la enfermedad de Servando quien sigue inmerso en la idea de escribir él solito la obra de teatro. Telmo acude a Salamanca a visitar al prior quien lo tacha de inútil por no impedir el acercamiento entre Lucía y Samuel. Por su culpa se van a quedar sin todo lo que tiene de Lucía. Telmo sorprendido pregunta al prior a que se refiere con todo.

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  1. Laura

    Lucìa es un personaje muy positivo y la actrìz muy buena; al fin se fueron de la novela Blanca y Diego los pejores actores de la serie!(Desde Italia)

    30 sep 2018
  2. Mar

    Qué bonita pareja la de Lucía y Samuel, un hombre que se enamora de verdad por el interior de la persona, no por interés ni simple y fugaz deseo sexual como Blanca y Diego, que les recuerdo que planificó apuñalar a su hermano, al mismo que había puesto en riesgo su vida al darle su sangre para salvarlo, y lo dejó sin pedir auxilio con la esperanza de que muriera, eso es un intento de asesinato premeditado y con alevosía. El homicidio que cometió Samuel contra su padre fue por enajenación mental transitoria, si ahora los guionistas lo ponen de asesino con lo del padrino de Lucía solo promoverán la justificación de actos irracionales y egoístas, faltos de principios como los cometidos por Diego y Blanca, que aunque ya no aparezcan en la serie no los olvidamos, ni a ellos ni a su historia puramente carnal, que lo más probable es que termine con ambos separados. Está de nuevo interesante la serie con la intriga de la madre de Casilda, qué niña más linda, se merece todo lo bueno y me emociona que ahora sienta que tiene familia aunque siga un poco en shock y le acarree problemas de aceptación social :( Ya era hora de que le volviese a pasar algo bueno, y más que espero que le pase, por faaaaaa.

    28 sep 2018
  3. Manuela

    Por favor que vuelva Blanca. ¡La echamos de menos!

    25 sep 2018
  4. Eugenia

    Que indisponente es esa " señorita " Lucía y bastante mal educada también. Celia le tiene excesiva paciencia.- Lo bien que haría yéndose de esa casa a vivir por su cuenta ( "posibles " no le faltan ), quizás le puede pedir a Samuel que la invite a vivir en casa Alday !!! que gorda se armaría,!!!! JAJAJA ) El día que Samuel se saque la careta, el golpe para ella va a ser terrible y allí se arrepentirá de no haber escuchado a los que la aconsejaban. Y lo de hija " bastarda " creo no cabe, bastardo es un hijo fuera de un matrimonio, creo que no es el caso de los marqueses, por mas matrimonio irregular que haya sido.- Tema aparte:Lucía es la MEJOR VESTIDA de la serie, hermoso vestuario

    25 sep 2018
  5. Eloísa

    Que pena y que ternura da Casilda, que de tonta parece no tener ni un pelo y está sospechando algo respecto a " su madre ", pero por lo demás, un trabajo muy arduo tendrán quienes pretendan hacer de ella una " señorita bien " y ni que hablar del aspecto, ¡¡la mona por mas que se vista de seda..........!!!!!!!!! con ese sombrero parece mas una seta que una mujer, horrible, que flaco favor le hizo Susana

    24 sep 2018