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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 851 - ver ahora
Transcripción completa

Samuel no puede estar implicado en la muerte de mi padrino.

Padre, confío en él ciegamente.

Más que en mí.

¿Usted cree que debo desconfiar de un siervo de Dios?

Es obvio que no,

pero aún es más obvio que algo se ha roto

entre usted y yo.

"¿Una madre" no quiere lo mejor para su hija?

-Descuide que, por desgracia, sé muy bien de lo que habla.

Pero es que hay algo que me escama, y se lo voy a decir,

verde y con asas,

como le haga daño a Casilda, se las verá conmigo.

-¿Cómo no me ha dicho antes que Benjamín Corral vino a verme?

-Al parecer, le gustó lo que le dejaste para leer.

No te duermas en los laureles.

Queremos que la obra esté escrita cuanto antes para estrenarla.

-Pero madre, ¿quién es usted para aceptar los plazos en mi nombre?

-Tu madre y representante. "Me han ofrecido adquirir"

unas piedras preciosas a cambio del oro que utilicé

para hacer las piezas de la marquesa.

¿Y qué puedo hacer yo al respecto?

Aconsejarme si debo adquirirlas. Su gusto es exquisito.

"¿Qué te ha parecido?". -Una castaña.

Pero no una castaña de mi pueblo, es que esa obra es muy mala.

Se habla mucho y se entiende poco, y no se sabe quién dice cada cosa.

-Servando, porque Lolita y yo hemos leído todos los personajes,

pero en el teatro no será así.

Lo lamento mucho, pero no le doy mi consentimiento

para que estrene su obrita.

"Me ha defraudado,

hoy debía haberme pagado un plazo de su préstamo".

"Le advertí que no era paciente".

"Aténgase a las consecuencias". Jimeno Batán.

-"Que quiere echar" a mi madre a la calle.

Esto es una vergüenza, ¡es una vergüenza!

¿Por qué le molesta que María sea mi madre?

-No me molesta eso,

¡lo que me acongoja es que Maximiliano sea tu padre!

No, no.

Chist.

(FORCEJEA)

(GRITA)

Dejen que ella se marche.

¡Samuel, no!

Calla.

(GRITA) No, por favor, se lo ruego.

Se lo ruego, le daré lo que quiera, no lo haga. No lo haga, por favor.

¡Ah!

No.

Le ha dado un síncope.

-Toma, no.

Solo se le ocurre a usted darle esa noticia.

-Soy yo la que precisa de cuidados, no te digo.

Ahora qué se supone que es, ¿mi hijastra?

-Deje de decir sandeces. -Ya está aquí la infusión.

No es para ti. -Otro que tal baila.

-Tómate esto, Casildilla, que esto levanta a un muerto.

Cuando te lo tomes, te sentirás mejor.

Es manzanilla con flor de azahar. -Toma. Toma, toma.

-(RÍE)

(RÍE)

Se van a reír ustedes también.

Pues no me parece haber "soñao" que alguien me decía que mi padre...

es don Maximiliano.

Que en gloria esté.

Mi padre don Maximiliano, no tiene gracia el asunto.

¿Don Maximiliano es mi padre?

-Tanto como el mío.

-Entonces,...

usted y yo somos hermanas.

-(ASIENTE)

-Algo bueno tenía que tener desvelar el secreto.

-A ver,...

a ver, a ver, un momento.

Esto es mucho embrollo y, una es muy poquita cosa.

¿"Ende" cuándo lo sabían ustedes?

-Nos lo contó la bocazas de tu madre.

-Un respeto a mi madre. -Templa, templa,

Casilda. -A ver, a ver,

vamos a tranquilizarnos un poco.

Lo hemos sabido recientemente, y sí, nos lo dijo tu madre.

Entiendo que estés desconcertada porque yo también lo estoy.

Pero quiero que sepas que no estás sola en esto.

Pasaremos juntas el trago. -Por favor,

os pido a las dos, a todos,

que mantengamos la boca cerrada. Nadie debe saberlo por ahora.

-Arrea.

La "criá", hermana de la patrona.

Pero es que, el señor, "na" menos que un funcionario,

es mi padre.

Don Maximiliano.

Usted y yo hermanas.

Que baje Dios y lo vea. Señor.

-¿Dónde vas? ¿No será mejor que te quedes con nosotros?

-No, yo ya... A luego.

Voy a pensar, voy a pensar.

-Yo voy con ella. -No.

No, Leonor, quizá sea lo mejor así.

Ahora tiene que asimilarlo todo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ya sé que no has dormido nada, pero deberías comer un poco

para entonar un poco el cuerpo.

Ya verás como un poco de té te anima.

No sabe usted lo que fue.

Me lo puedo imaginar, Lucía.

Haz un esfuerzo por olvidarlo.

Esta noche, toda la noche,

en cuanto cerraba los ojos,

me parecía volver a ver...

Lucía, deja de pensar en eso.

Al menos tuviste ánimo para pedir ayuda.

Y que Samuel fuera atendido.

(Se cierra una puerta)

-Qué bien huele este café. ¿Trae noticias?

-No deben de ser malas, cuando trae ganas de desayunar.

-Samuel está bien. El médico le ha visitado.

La cura de urgencia que le practicaron

ha evitado males mayores.

¿Qué más ha dicho el médico? Lo esperable,

que guarde reposo.

Le ha recetado unos específicos para su padecimiento.

Quiero ir a verle.

-No, no, Lucía, espera.

-Tranquila. Carmen le atiende con diligencia y cariño.

Estaban con el aseo.

¿Sabe si ha denunciado los hechos en comisaria?

No lo ha hecho. Y dudo que lo haga.

¿Por qué dice eso?

Preferirá no meterse en lances que no llevan a nada.

¿Cómo que no llevan a nada?

Anoche se sentía culpable.

No pude entenderle, pero se culpaba así mismo de lo ocurrido.

Si lo denuncia y atrapan a esos malhechores,

se quitará la culpa de encima.

Lucía, que el señor Alday elija lo que es mejor para él.

Tal vez prefiera que los hechos no trasciendan.

¿Por qué? Si es una víctima.

Nadie debería avergonzarse de ser una víctima.

-Es posible que el incidente... No fue un incidente,

fue una agresión.

Un ataque.

De acuerdo.

Es posible que la agresión tenga su causa

en una mala decisión de Samuel. ¿Qué decisión?

¿Cómo podría ser?

Quizá se acerco a quien no debía.

Tal vez no quiera dar notoriedad al hecho, porque al hacerlo,

la situación podría empeorar.

Entiendo.

En cualquier caso, quiero estar a su lado.

Y consolarle y ayudarle en la medida de lo posible.

Lucía, no vayas, hazme caso.

¿Por qué es tan importante que vaya o no?

Aunque nos parezca una salvajada lo que le hicieron al pobre Samuel,

es posible que sea un aviso.

Y no será el último.

Hoy por hoy, estar cerca de él, es peligroso.

Mucho.

No pienso amilanarme.

Cuando alguien está en peligro no hay que dejarle solo.

Yo no soy una cobarde. -Nadie ha dicho que lo seas.

Pero... Solo espero

que ustedes tampoco le abandonen cuando más nos necesita.

Dicen que las verbenas este año están más que "animás".

-Y los toros.

Anteayer, un morlaco pilló

al don Tancredo de turno y no le dejó ni un hueso sano.

-¿Qué es un don Tancredo?

-¿No has guipao esa clase de suerte?

El don Tancredo es uno que se pone en mitad del ruedo

y no se mueve por muy cerca que le pase el toro.

-Ah, como el Servando, cuando tiene el cubo de la fregona al "lao"

y lo mira así de reojillo

con una aprensión, como si fuera un bicho de 500 kilos.

-Eso lo he visto yo. (RÍEN)

-Por eso me gusta el altillo, por la risa de buena mañana.

Fabiana, ¿me puedes echar una mano? -Lo que haga falta, dígame.

-Había pensado bajar a la sastrería a encargar algo de ropa

para mi criatura y, quería que me aconsejases

qué paño compro. Algo que se planche fácil.

-Pues el lino no, doña Trini, que se arruga más que una uva pasa.

-¿Y tú qué haces aquí? ¿No deberías estar en casa de tus señores?

-Sí, vengo de allí.

Me han "mandao" "pa" arriba. Querían quedarse solos

"pa" animar a la señorita Lucía,

que está en un sinvivir desde que atacaron a don Samuel.

-Dicen que le han dejado la mano como un saco de huesos.

Cuando la mueve, chasquea como un sonajero.

-Fabiana, qué desagradable. Esperemos que sane, y pronto.

En fin,

el barrio, que está que no ganamos "pa" sustos.

-¿Lo dice por la Casilda?

-Es que tiene que ser de sentarse

y no levantar, que se te aparezca la madre.

-Es más insólita la reacción de Rosina.

Parece que le moleste que la Casilda haya encontrado a su madre.

-Mejor tarde que nunca, ¿verdad? -Eso digo yo.

Rosina debería alegrarse de que Casilda tenga familia.

Pero parece que le han mentado a la madre, nunca mejor dicho.

-Lo que pasa es que doña Rosina

no soporta a María. Parece que se pone verdosa cuando la ve.

-Eso es lo que a mí me intriga, Fabiana, ¿por qué?

Te digo que hay algo raro en ese entuerto.

Que me huele a chamusquina, te lo digo yo.

-Si no hace falta que lo diga, ya lo hemos "pensao".

-Doña Trini, lo que pasa

es que no queremos opinar sobre asuntos de señoras.

Pero como ha abierto la veda, yo le voy a decir lo que pienso.

O María no es madre de nadie o en este asunto hay gato "encerrao".

-Pues eso. En fin, dejemos los chismes.

¿Y qué compró para lo que viene en camino?

¿Lo compro todo blanco o compro algunas prendas en rosa

o en azul?

¿Y qué hizo Casilda cuando se enteró?

-Se quedó de piedra.

Tuvimos que sentarla en una silla

y Liberto fue a prepararle una infusión.

La pobre muchacha no atendía a razones.

Se quedó mirando al frente y no decía nada.

-¿No dijo si le parecía bien, mal, regular?

-Mas que la paternidad, le sorprendió que fuéramos hermanas.

No paraba de repetirlo.

-En eso ha tenido suerte,

porque no podría tener una hermana tan atenta y cariñosa que tú.

-En todo caso, no sé si la paternidad le gusta o no le gusta,

se fue a dormir y durmiendo sigue.

-Entiendo a Casilda.

Toda la vida faenando como una mula, para venir a saber que eres hija

de un caballero como Maximiliano. Toda una sacudida para el alma.

-Sí. Peña, tienes razón.

Toda.

Mi familia le debe muchísimo a esa muchacha.

Tanto, que no sé cómo pagárselo y qué forma encontrar

para equilibrar la balanza.

-Sé que es una situación nada fácil

esa de saber que has estado conviviendo con Casilda,

tú entre algodones y ella entre espinas. Pero no es tu culpa.

-Y yo la he querido como a una hermana, y no porque lo supiera

o porque llegara a pensar que esto llegara a suceder, no,

sino porque de la casa, ella era la más cercana a mí en edad.

-Y la has defendido cuando tenía sus más y sus menos con tu madre.

Por eso debes escucharme, Leonor.

No te obceques con el pasado. Habla con ella.

Anímala, que sienta tu amor y deja que las cosas sigan su curso.

-Sí, tienes razón, Íñigo.

Luego está mi madre, que es para darle de comer aparte.

Tiene los nervios a flor de piel.

Échale un capote a ella también.

Anda, dame un beso.

-Calla.

-Uno pequeñito para que se te airee la mollera,

que la tienes echando humo.

Un besito.

Mejor, ¿verdad?

Y mira por donde,

voy a tener lo que más he echado en falta, una cuñada.

-Qué bobo.

-Leonor, ahora en serio, céntrate.

El río terminará volviendo a su curso.

Aprovecha.

Tienes esa obra de teatro entre manos para dedicarle tiempo.

-Esa es la última.

Ayer hablé con Servando. Me puso de vuelta y media.

-¿No le gustó?

-Le horrorizó.

-No te lo tomes a la tremenda, que no es Servando un crítico

del que se pueda el público fiar.

No distinguiría entre el Tenorio

y una obra de títeres. -Así calificó mi texto.

Una obrita, dijo.

-Es un ignorante.

-Lolita y yo leímos todos los personajes

y, él no se enteró de nada. -No te digo.

-Se puso desagradable.

-Bueno, tendría el talante agriado...

por su enfermedad. -No.

La neumonía no tiene nada que ver. Me puso verde porque él es así.

-Y no te da permiso para continuar, claro.

-Da igual. Yo he decidido abandonar.

-Espérate,

mujer, quizás entre en razón. -Que no va a entrar en razón.

Voy a hablar con Benjamín Corral

y voy a rescindir el acuerdo al que llegó con mi madre.

-No, no hay motivo legal para hacerlo.

Que no le guste a ese cenutrio, no es razón para que desistas.

-El cenutrio de Servando, que no digo yo que no lo sea, porque lo es,

no puede apoyarse en la ley.

Pero a mí no me parece cabal

desempolvar una parte de su vida sin que me dé permiso.

Aquí tiene, señor. Le he preparado un caldo de gallina,

que es la llave que abre el estómago.

Gracias, Carmen.

¿Quiere que le ayude? Yo lo haré.

Como prefiera la señorita.

No se olvide de darle las gotas que le mandó el doctor.

Descuida,

que a mí no se me olvidará.

No me alivian el dolor, pero sin ese bebedizo no podría ni hablar.

¿Desean algo más?

Gracias, Carmen. Te llamaré si te necesitamos.

No puedo ni comer.

El dolor me revuelve las tripas. Solo un poco más.

Lo suficiente para que pueda tomarse el analgésico.

El médico dice que el cabestrillo que hizo usted fue mano de santo.

¿Qué más ha dicho?

Que tengo tres dedos fracturados por varias falanges.

Verá que con tiempo de inmovilidad y buenas atenciones,

sanará usted pronto.

No lo ha comprendido usted.

¿De verdad cree que fue casualidad que me quebraran los dedos?

Lo hicieron adrede.

¿Adrede? ¿Por qué?

Para terminar con mi carrera como tallador de joyas.

Probablemente no pueda recuperar la movilidad en los dedos,

palabras del médico.

Me creía capaz de ganarme la vida a partir de ahora.

Samuel, no adelante usted acontecimientos.

Si el doctor ha dicho probablemente,

siempre queda la esperanza.

La esperanza.

En el fondo, tampoco era un gran joyero.

La marquesa de Urrutia tenía razón:

no estaba a la altura de mi padre.

Y hacía tiempo que empecé a desprestigiar su nombre.

No hablé usted así, no se menosprecie.

No es eso, Lucía,

es la realidad.

El error ha sido mío y solo mío.

Me merezco haberme quedado sin medios para ganarme la vida.

¿Quién ha podido ser tan cruel para hacerle eso?

Alguien a quien yo mismo le di vela en el entierro.

Pedí dinero prestado

y, el propio usurero me advirtió:

de retrasarme me atendría a las consecuencias.

Y este es el resultado del brete.

Samuel, me siento culpable.

Usted se ha desvivido por mí.

Le he distraído con mis cuitas, mi padrino,...

mi apellido...

A postergado usted sus propios intereses.

Y mil veces volvería a hacerlo.

Discúlpeme.

Sí, sí, en la pérgola.

¿No le había dicho que me vigilara a las parejas en la pérgola?

-Varias veces, señora, no se me escapa.

-Pues ayer, la chocolatera y el dichoso Peña

estaban haciéndose cucamonas en la pérgola.

¡Qué cucamonas! Se estaban besando.

Sí, besándose, que lo vi con estos ojitos que Dios me ha dado.

-Vigilaré con más ahínco.

-Qué ahínco ni nada.

O impide usted las obscenidades en este barrio,

o termina con esta lujuria o tendré que tomar cartas en el asunto.

No va a salir usted muy bien parado.

-Se hará como usted dice.

Pero le ruego que me trate con más consideración.

La ayuda que le presté con el lance de María,

debería hacernos más cercanos.

-Sí, hombre, uña y carne, no te digo.

Si ni siquiera nos hemos quitado de encima a esa mujer,

que sigue pululando por sus calles. ¡Así que chitón!

Que parece usted un coronel, y lo que es, es un cabo furriel.

Hale, a perseguir sicalípticos.

No sé qué le has hecho al sereno,

pero estaba más pálido que Judas en Semana Santa.

Aunque no es que me importe mucho,

que cosas de mayor enjundia me atormentan.

Casilda ya lo sabe.

-¿Qué sabe el qué?

-Que es fruto de mi extinto Maximiliano.

-¡Lo sabía! Lo sabía, sabía que esa María

no se iba a contentar con agachar la cabeza.

-No te embales, Susana. -¿Que no me embale?

Somos unas buenazas, eso es lo que somos.

Teníamos que haberla subido al tren con destino a los Monegros.

¿Cómo se lo ha dicho?

-No se lo ha dicho María. -¿Y quién, entonces?

¿Quién ha sido tan estúpida?

-Yo. -¿Tú?

Pero ¿por qué estás tan chiflada?

-No, no,...

se me escapó.

No te subas a la parra, tenías que haber estado en mi lugar.

Si no se lo digo yo, habría sido Leonor.

Está tan sentida con eso de tener una hermana. Si la vieras.

-Tenemos que tomar medidas, esto se nos ha ido de las manos,

Rosina, se nos ha ido de las manos.

-(RESOPLA)

¿Habéis visto a Casilda esta mañana? -"Quía".

Doña Rosina, que la ata en corto.

Puede que no le gusta que se junte con la María,

porque esta, al ser la madre, le enseñará fullerías

"pa" engañar a las señoras.

-¿Cómo fue la lectura de la obra de teatro de doña Leonor?

-Un chasco, Agustina.

Servando la puso a bajar de un burro.

-¿A quién, a la señora o a la obra?

-Pues a las dos.

Y eso, que la obra es "pa" poner la piel de gallina, pero ponedora.

-Eso tengo entendido.

Todos dicen que doña Leonor es una gran escritora.

-Si no fuera porque trata temas,

que harían que un obispo muriera de apoplejía.

Lo que me extraña es que a Servando

no le haya gustado verse como protagonista.

-Eso es porque aunque Servando parece

muy "adelantao", es un mojigato.

Y no le gusta verse "mezclao" con según qué cosas.

-Sí, no le digo yo que no.

Pero el Servando se portó como un animal.

Es más cabezón que el sacristán de mi pueblo,

que cuando va a beber de la fuente, se le va el cuerpo al pilón

detrás de la mollera.

-Puede que fuera la fiebre lo que le hiciera tan desabrido.

-Un jamón. Ese estaba en sus cabales.

Le dijo que no hiciera la comedia de malas maneras.

Sus razones tendrá.

A mí no me gustaría que me mezclaran con dos mujeres anti natura.

-¿Y qué va a hacer ahora doña Leonor?

-No lo sé. Pero me da que va a obedecer al portero.

-Bueno,

a no ser que alguien haga algo

para que Servando dé su brazo a torcer.

-¿Algo como qué?

Antes, con Lucía, ¿hablabas por hablar

o crees de verdad que Samuel

se está mezclando con socios poco apropiados?

-No lo sé con certeza, pero tiene toda la pinta.

-La desproporción del ataque y que no le hayan robado,

todo indica que puede ser un ajuste de cuentas.

-¿Qué cuentas puede tener un hombre de buena familia con esa gente?

-El dinero, querida, el dinero.

Es posible,

aunque solo es una suposición,

que Samuel, presionado por los bancos y en su afán de remontar,

haya pedido dinero prestado a un usurero.

-Y terminado el plazo no ha pagado.

-Esa gente no se anda con chiquitas.

Anoche fueron los dedos,

y si sigue retrayendo el pago, pueden ser las piernas

o algo mucho peor.

-¿Peor? ¿Qué puede haber peor?

-Cualquier cosa que conmine a Samuel el pago.

Ya se encargarán de buscar su punto más débil.

-Pero en su caso, su punto débil son sus manos, es tallador.

¿Qué más podrían hacerle? -No solo a él.

También podrían cebarse con alguno de sus allegados.

No sería la primera vez. -Pero Samuel ya no tiene familia.

¿No estarás pensando en... Lucía?

-Por eso le he dicho que se aparte de él.

-No podemos permitir que siga frecuentándole.

-No sé si la insistencia será muy efectiva.

Cuanto más machaquemos, más creerá que debe consolarle.

-Y más se alejará de nosotros y de nuestros consejos.

¿Cómo conseguiremos que se aparte sin decírselo?

-Algo estoy pensando.

-Pues no te demores mucho, por favor.

-No lo haré.

Me voy a trabajar.

-(RESOPLA)

Casilda, recoñe. Dichosos los ojos que te ven.

Llevo todo el día preguntando por ti.

Con lo que ha "pasao", ya tenías ganas de...

-Buenas.

-"Seña" Fabiana, ya sé que yo no tengo derecho a pedirle esto,

porque el altillo es más suyo que mío, pero...

¿podría dejarnos hablar un ratico a solas a la María y a mí?

-No sufras, Casilda, que yo ya me largaba "pal" quiosco.

Con buena fortuna, lo mismo hago algo de venta hoy.

-"Agradecía", "señá" Fabiana.

Tenemos que hablar de un asunto muy serio y particular.

Y no se me ocurría mejor sitio que aquí, "pa" que nadie nos moleste.

-Una última conseja antes de marcharme

y, ahora que estáis las dos aquí.

¿Qué tiene doña Rosina con vosotras?

-Conmigo "na". -Entonces, será con María,

que no soy yo la única que lo barrunta.

También están en los mismo doña Trini y Lolita.

-Mejor harían en no barruntar tanto.

-Bueno, no es "na" de eso.

¿No conoce usted a doña Rosina?

Lo que le pasa es que no está a gusto

si no está metida en todas las salsas.

-Así será si tú lo dices.

Marcho.

-Ande, siéntese,

madre.

¿Está usted segura del "to", del "to", del "to"?

-La pregunta ofende, por muy hija mía que seas.

¿Tú crees que yo podría dudar de quién era tu padre?

-Hombre, no. Si yo la creo a usted, no lo dudo.

Además, aunque nunca he tenido madre,

sé que a las madres hay que tenerles ley,

solamente por habernos traído al mundo.

No me imaginaba que don Maximiliano fuera tan cruel

como para separarnos.

Y mucho menos siendo yo una recién nacida.

-Pues lo hizo. Para aceptarte como criada en su casa,

que yo no apareciera nunca y que nunca te tratara.

-Pero si don Maximiliano me encontró por casualidad en la calle.

-No, hija, eso te hizo creer,

pero él estaba detrás de que nos separaran.

-Es que, no entiendo por qué.

¿Qué le importaba a él que una criada tuviera madre

o no la tuviera?

-Pues sería que en su egoísmo, no quería que le recordaras

su falta de contención y pecado.

Además, ya estaba casado con su señora

y, no le haría gracia que su querida rondase la casa familiar.

-Y aun así, usted, madre,

¿usted no pudo venir a verme antes,

aunque hubiera sido de tapadillo?

-¿Y poner en peligro tu sustento y tu techo

y que nos sorprendiera y te pusiera de patitas en la calle?

Si yo casi no ganaba para mí, ¿cómo hubiese podido sacarte adelante?

-Yo hubiera podido faenar allí donde estuviera usted.

Allá donde estaba yo, no nos hubieran visto como dos criadas,

sino como una madre y una hija polizona.

Ni tú ni yo hubiéramos encontrado casa en la que pencar.

Hice lo mejor para ti.

-Yo nunca me voy a separar de usted, madre,

aunque llegue el día en que no nos vean como dos criadas,

sino a una criada y a su madre polizona.

Deme un abrazo, madre.

Vaya usted con Dios, buen hombre.

¿Hablar o confesar? Hablar, hablar.

Pero no de mí, de Samuel Alday.

¿Sabe que le rompieron los dedos de la mano?

Sí, claro, no se comenta otra cosa.

Espero que se recupere con prontitud.

Dicen que su prima iba con él. Sí.

Eso es lo que me trae a usted. Me gustaría que hablara con ella.

Si está muy asustada, no es para menos.

Asustada está.

No quiero que la consuele, necesito que la persuada

de que siga acompañando a Samuel Alday.

¿Por qué?

Tanto mi marido como yo consideramos que puede ser peligroso para ella.

El asalto podría repetirse.

Siendo así, no lo dude, hablaré con ella.

-"Tenía tal enjuague en casa,"

que no me había enterado de lo de su asalto.

He venido en cuanto lo he sabido. ¿Cómo se encuentra?

Dolorido y humillado.

Me imagino que por no poder ayudar a Lucía.

He oído que se encontraba con usted.

Y probablemente mis dedos no estén peor, gracias a su rápido auxilio

y movilizar al sereno para que trajera a un médico.

Pero no es esa mi humillación.

¿Hubo algo peor? No anoche,

ahora.

Probablemente no pueda volver a tallar con esta mano.

El negocio de la familia,

nuestra fama de joyeros se terminará conmigo.

Pero nadie le arrebatará la ciencia que usted atesora.

Si no puede tallar, bien puede diseñar y dirigir a otros artesanos.

¿Y con qué capital, Liberto? He agotado mis fuentes de ingresos,

mi capacidad de crédito.

La suerte está echada.

No debe caer en la desesperación. Es normal que después del asalto

le vengan pensamientos sombríos, pero...

yo estoy seguro de que renovará su ánimo conforme vaya mejorando.

No, Liberto.

Sé muy bien de lo que hablo. Vamos.

Don Samuel, todavía le quedan buenos amigos.

Yo mismo pensaré algo para sacarle de ese atolladero.

Confíe en mí.

Y ahora,

lo lamento, pero tengo que marcharme.

Mi esposa está desatada y me espera en casa.

Vaya a atender a su esposa, faltaría más.

No es necesario que me acompañe a la puerta. Con Dios.

Con Dios, Liberto.

(Se cierra una puerta)

-Samuel.

He llegado a tiempo para entrar cuando Liberto salía.

Espero que no le moleste que me presente sin avisar.

No, claro que no.

Es simplemente este maldito dolor,

que no me deja ni a sol ni a sombra.

¿No le alivia lo que le ha recetado el doctor?

Recién ingerido sí, algo hace,

pero enseguida el tormento arrecia.

Siento tener que hablar seriamente con usted en estas circunstancias,

pero me obliga un drama familiar.

Contésteme, se lo ruego.

Su agresión tuvo que ver con algún prestamista

con el que tenía cuentas, ¿verdad?

No creo que eso sea de su incumbencia.

Se equivoca,

lo es. Si bien indirectamente.

¿Por qué habla usted de prestamistas?

Cualquier puede ser víctima de un asalto.

Pero cualquiera, una vez pasado el peligro y atendido,

hubiera ido a comisaría a denunciar el hecho.

¿Cree que la policía puede detener a esos delincuentes?

Ni siquiera puedo describirlos.

No trate de confundirme.

Tengo la suficiente experiencia para saber que ahora o en su momento,

el prestamista le advirtió que si hay algo tan malo como no pagar,

es ir con el cuento a la policía. ¿Me equivoco?

Tranquilo, no se acongoje, estoy con usted.

Incluso le puedo defender legalmente.

Y prestarle dinero.

Se agradece. Tan solo voy a poner una condición.

Aléjese de Lucía.

Al menos temporalmente.

Me presto de su amistad, y puede ponerla a prueba.

Pero Lucía no tiene que arriesgar su integridad,

incluso su vida. Aléjese de ella.

¿No se le llama a eso chantaje?

Es la prima de mi esposa, Samuel.

Es mi familia, y no voy a ceder.

¿Acepta usted?

Es mi hermana, no debería decir eso.

-Si yo no digo que no sea tu hermana, que lo sea,

pero de puertas para dentro. ¿Os visto igualitas

y así todo el mundo se entera?

-No utilice la ironía, que no ando yo muy templada.

No sé por qué le molesta que se sepa mi parentesco con Casilda.

Al fin y al cabo, mi padre, sí,

tuvo relaciones con María,

pero eso fue antes de que la cortejara a usted.

-¿No conoces a la gente? ¿Crees que van a sumar con los dedos?

No. ¡Me endosarán la vergüenza y el ultraje!

-Pues entonces tendremos a María para desmentirlo.

Es mi hermana y no tengo que ocultar el amor que siento por ella.

Es más,

creo que todos deberían saberlo.

-Eso sí que no, ¿me oyes? ¡Antes muerta!

-Me temo que no está en disposición de decidir por mí.

-Soy tu madre. A buenas horas se me ocurre a mí

poner a la mía en semejante brete. Me da un sopapo que me quedo lela.

¿No se respeta a una madre? -Le respeto,

claro que sí. Es usted la que no tiene consideración con nosotras

cuando quiere ocultar nuestro parentesco.

-La que faltaba, la huerfanita.

-Usted habla de mí como que Dios es Cristo.

Nada, yo les voy a dejar.

Reunión de pastoras, oveja muerta. -No, Casilda, tú te quedas.

Tienes derecho a estar aquí.

-¿Sí? Eso será si yo lo consiento. -¡Pero ¿será posible?!

¿No le ha bastado con verla faenar, cuando su puesto estaba en esa mesa?

-Señora, no se soliviante usted.

Una está bien donde está.

-Pues como prefieras, Casilda, pero dilo.

Di lo que deseas. Que es de justicia

que obtengas de esta familia lo que a ti te plazca.

-¿Yo? Yo, si yo lo único que quiero "pa" ser feliz,

yo me conformo con tener a mi madre a mi vera.

-Es una egoísta.

Si tantas ganas tienes de estar con tu señora madre,

coge tus bártulos y te vas con ella.

-No, señora, verá usted. Yo, lo que quería pedirles

es que mi madre se viniera a vivir conmigo

a la casita de guardeses.

-Antes muerta.

-Casilda, no lo dice por ti.

No lo dice por ti ni tampoco por tu madre.

Lo único que pasa es que...

mi madre quiere ocultar nuestro parentesco. Es solo eso.

-Bueno, pues si la señora se piensa

que se puede ocultar algo así...

-Estará contenta, ¿no?

-Di lo que quieras, que esa mujer no pisa esta casa.

-¡Es la madre de mi hermana!

¡¿Cómo quiere que me calle cuando la veo pedir en la iglesia?!

-¡¿Quieres que acabe en un manicomio?!

-¡Es insoportable!

-(GRITA)

Eso huele a sustento.

-Vaya, recoñe, Servando,

ni la neumonía le ha atrofiado las napias.

-Estoy de caldo hasta la coronilla, que entrar entra,

pero después se echa como si no hubiera dado provecho.

-Pues porque se le ve a usted más "espabilao",

que si no, por su gazuza diríamos que ha mejorado.

-¿Zampamos, Lolita?

-¿Y a mí qué, que me parta un rayo?

-Siéntese. Quiera que no, algo le tocará.

-No.

-Sí.

-Castañas.

-Y de Naveros.

Eche, eche.

Lléneme el plato hasta el colmo,

que parece que no me he echado al estómago nada,

desde que por el acueducto dejó de pasar agua.

-(RÍE)

-Bueno, ¿y qué...?

¿Y el menda lerenda qué?

-Al menda lerenda ahora le traigo yo su sopita de rigor

y, "pa" que no se me queje, dejaremos que también

se zampe una tostada sin unte.

-Y de postre un poleo, que para la digestión es mano de santo.

-Y ustedes se llamaran cristianas.

¿Dónde está eso de dar de comer al hambriento?

Cristo nunca mencionó nada de castañas.

-¿No puedo ni probarlas?

-¿Una cucharadita tontorrona?

-Sea.

Pero solo una. Que luego se pone a pedir y parece su boca un fraile.

Oh.

Y luego dicen del caviar.

Bueno, las castañas, las castañas de Naveros

son mucho más grandes, pero mucho... ¿Otra?

-¿Se merece otra, Fabiana?

-A lo mejor. Bueno,

siempre que él estuviera dispuesto a dar algo él también.

-Lo que quieran. Pidan por esa boquita.

-¿Estaría usted dispuesto a dejar que doña Leonor

estrenara su obra de teatro?

-¡Nunca! -¡Ay!

-Eso es un chantaje, una vil extorsión y, no cederé.

-Está usted en su derecho.

¿Has "terminao", Lolita?

-No, pero se me han "quitao" las ganas.

-A mí también. -Ea.

-Pero si todavía quedan ahí muchas. -Ya. Zámpeselo,

si es usted tan mezquino y tan ruin

como para coger sin dar nada a cambio.

-¡Ni tocarlas pienso!

-Como usted prefiera. -Hale.

-Ya.

¡Ay, ay!

Lucía, mira quién nos visita.

Me alegro de verle, padre.

Voy a vigilar el guiso, que Lolita no ha vuelto de comer.

Siéntese, padre.

Imagino que seguirá alterada después del trago de anoche.

Fue un caso de mala suerte.

Es Samuel el que se ha llevado la peor parte.

Lo lamento por él.

Parece que no terminará nunca de acoger desgracias.

Hubiera podido pasarle a cualquiera.

Sí, quizá.

¿Acaso cree usted que se lo merece?

No he dicho yo eso, pero...

Pero ¿qué, padre?

Es usted una de mis feligresas

y es mi obligación consolarla.

Y en la medida de lo posible, protegerla.

No necesito su protección.

Ojalá Dios lo quiera así.

Pero no está de más ayudar un poco en su labor.

Diga lo que ha venido a decir, por favor.

Sí, está bien.

Hasta que se aclaren los porqués del incidente,

le convendría a usted alejarse de Samuel.

No voy a darle ese gusto, padre. No es mi gusto,

es su seguridad.

Sea como sea, no abandonaré a Samuel.

Quizá, lo que ha sucedido tenga que ver y mucho

con que se haya desvivido por mí desatendiendo sus negocios.

¿Ya ha olvidado nuestra conversación?

Creo recordar que le advertí a usted

sobre el interés de Samuel Alday.

Sus atenciones para con usted no están exentas de egoísmo.

No puede probarlo usted.

Como tampoco puedo probar que esté relacionado

con la muerte de su tío.

Y tampoco se puede probar que el diablo

habita entre nosotros.

Usted más que nadie, por ser cura de almas,

debería avergonzarse por levantar testimonio sin nada que los apoye.

Aunque no sea cosa que me ataña.

Padre, no dejaré de lado a Samuel por mucho que me insista.

No lo comprende. Solo su bienestar me empuja.

Lo siento, es casi la hora del almuerzo.

Le agradecería que se marchara.

Suéltalo ya, que parecemos dos párvulos frente a la maestra.

-Descuide, que no me voy a andar por las ramas.

Si les he reunido es porque he tomado una decisión

que quiero que conozcan.

-Qué pomposa. Ni que fueras diputada en cortes.

No soy pomposa,

estoy siendo solemne, como la ocasión requiere.

Estarán de acuerdo con que la situación en esta familia

se ha tornado insostenible.

-Por tu cabezonería. -Déjale hablar.

No sabes lo que va a decir.

-Sandeces sobre la fraternidad y salidas de tono

sobre su indiferencia hacia la opinión pública.

-Sí, madre, algo de eso hay,

no lo voy a negar, pero estoy más que justificada.

Lo quiera o no, esta familia se ha ampliado

y, ahora nos toca apechugar con las consecuencias.

-Se habrá ampliado la tuya, porque la mía sigue siendo tú y mi marido,

como ha designado Dios.

-Dios también designó el amor

o la atracción de mi padre por María, y les bendijo con Casilda.

Nosotros no somos nadie para ocultar su obra.

-¡¿Cuándo te has vuelto tan meapilas?"

-¡Desde que no me deja más opción que enfrentarla con la verdad!

¡Quisiera decírselo a palo seco,

pero si se empeña en traer a colación el catecismo, perfecto!

-¡Liberto, di algo, que de aquí a la blasfemia hay un paso!

-Suéltalo ya, Leonor.

-He decidido organizar una merienda, un ágape o lo que se tercie,

da igual, para hacer partícipe a todo el barrio

sobre la verdad de Casilda.

-Yo me muero. ¡Me vas a matar, mala hija!

¡Fallezco! -Ay, madre,

tranquila, que dejaré claro que usted desconocía los hechos

hasta ahora. Y que Casilda fue concebida

antes de que mi padre empezara a rondarla a usted.

No solo voy a decir que Casilda es mi hermana...

-¡No te oigo, no te escucho, déjame!

-¡Pues ya se lo explicará Liberto cuando lo tenga usted a bien!

Decía que no solo voy a explicar que Casilda es mi hermana,

explicaré que la acogemos, y por supuesto,

que también acogemos a María.

-¿Te has vuelto loca, loca de atar?

¡Sal al balcón y desnúdate como hacen las locas!

¡Así todos sabrán por qué no me sostienen las piernas!

-Madre, no voy a discutir ni a negociar, hágase a la idea.

-¡Oye!

¿Y tú qué, no le dices nada?, dile algo,

eres su padrastro.

Pues aquí lo tiene usted.

-Muchas gracias, Agustina.

Vaya, Servando, no sabía que supiera usted juntar las letras.

-Estoy echando un vistazo a las fotos,

que me aburro más que el conde de Montecristo. ¿Me ha traído un bollo?

-No, lo siento. Yo venía a interesarme por su salud.

-Vaya. Que sepa usted que a los enfermos

no hay cosa que más nos agrade que nos endulcen la vida.

-No solo a los enfermos.

Todo el mundo gusta de tener una vida con sabor a confitura.

-¿Y por qué ha venido usted a mediar?

-¿No lo sabe?

-No consentiré que esa obra se represente, ni siquiera a cambio...

de un suizo relleno de nata y "rebozao" en chocolate.

-Servando, ¿ha considerado usted, usted que es bien perspicaz,

el esfuerzo que ha invertido Leonor en esa obra?

¿Es consciente de lo que supone

para una escritora tener que meter ese trabajo en un cajón?

-Pues que no hubiera escrito sobre mi intimidad.

Que los secretos deben de seguir siendo. Eso es de cajón, ¿no?

-De acuerdo, pues,...

Servando, no me deja usted otro remedio.

-¿Qué remedio? -Hombre,

no hace falta que le recuerde las malas pulgas que tiene doña Rosina.

¿Qué cree que diría si se entera de que la obra no se representa

porque no le da la gana?

-Que me quedaría sin chiscón. -Exacto.

Le despediría.

-Sin compasión. -Y sin vuelta de hoja.

No es de las que se desdice.

-(TOSE)

¡Válgame el cielo, que se nos ahoga y agarrota!

¡Hombre de Dios, respire! -Qué más quisiera yo. ¡Agustina!

-Agustina. -Agustina.

-(TOSE) -Ay, por Dios, ¿qué le pasa?

-No lo sé, se ha puesto a toser de repente.

-(TOSE) -Respire.

Hablaré con el doctor para ver si le aumenta la dosis del compuesto,

no puede seguir sufriendo así.

(Llaman)

Por el amor de Dios,

¿es que no ha mejorado nada? Estoy bien.

No se preocupe, estoy bien.

Carmen, déjenos solos.

¿Quiere que yo misma le prepare la cena?

Lo que quiero es que me escuche.

Agradezco todas sus atenciones,

sus cuidados...

Jamás podré olvidar lo que hizo por mí anoche.

Quiero pedirle un favor.

Algo he oído sobre quiénes podrían estar detrás del asalto.

Samuel, no tiene nada que temer,

le dejaré todo el dinero del que disponga.

Si esos rufianes....

No estoy hablando de dinero.

No debe preocuparse, de verdad.

No me siento presionada.

Si me he retrasado es, porque tras la muerte de mi padrino,

son otros abogados los que llevan mi asignación.

Pero pronto me la enviarán... No me ha oído usted.

No le pido dinero.

Lo que le pido...

es que no vuelva por aquí.

Samuel... No quiero recibir sus visitas.

Es cierto que me he apreciado de su amistad, pero...

preferiría que no nos viéramos,

hasta que las aguas vuelvan a su cauce.

No es por mí.

Pienso en usted más que en mí mismo,

pero no regrese.

Mejor será que no volvamos a vernos.

No me contaste cómo fue tu encuentro con Samuel.

-La reunión fue bien.

Su situación es tan mala, que no podía negarse a mi ayuda.

-Me preocupa que tu proposición sea mal interpretada.

-Solo quiero apartarla de él.

No quiero que Lucía pase por peligros.

"Mu" entero le veo para estar a punto de entregar la pelleja.

-Quita, quita, que ha sido todo una simulación.

-¿Qué?

El susto que me he llevado, ¿y usted estaba haciendo teatro?

-No sabía cómo quitarme de encima al señorito Íñigo,

que está muy pesado con que le dé autorización para que Leonor

publique los escritos. -Es un embustero.

-En contra de las normas, que mi novio me dé los besos que quiera.

-Va en contra de las normas que lo hagan en la calle.

Ordenanza municipal de 1896, capítulo tercero.

Multa y privación de libertad,

amén de publicar sus nombres en los periódicos.

-Escándalo es que me quite la ropa y corra por Acacias desnuda.

¿Se cree que no me atrevo? -"Yo la ponía en la calle"

al cruzar la puerta. -Diga que sí.

Muchas gracias por su ayuda.

Es lo mejor que podría decirle a Rosina para tranquilizarla.

-Solo digo la verdad. -¡Pero ¿yo qué hago, ¿eh?!

¿¡Le arranco los ojos en cuanto la tenga delante?!

-Eso ni se te ocurra, Rosina.

Ya me encargaré de esto.

Voy a conseguir que esa mujer no venga a vivir a esta casa.

Mucho polvo.

-Ya sabe mis circunstancias.

-Las conozco perfectamente y, no quiero criticar.

Pero sus obligaciones y su trabajo

no le permiten ocuparse de su casa

y, eso tiene fácil arreglo además.

-Pues dígamela, que yo solo no discurro para tenerlo todo al día.

-Readmitiendo a María.

Últimamente no tenemos a Rosina tan radiante como es ella.

-No lo está, para qué engañarnos.

-¿Ha ocurrido algo?

-No. Es que son asuntos familiares.

-Pues hija, nos matas de curiosidad.

Y de preocupación también.

-Mañana les invito a merendar y les hago un anuncio de cómo es

la nueva situación familiar. "Si se le deja dinero a un amigo,"

se pierde el dinero y el amigo.

Los refranes no siempre llevan razón.

Olvídelo, Liberto. Con lo que consiga,

no solucionaré mis problemas, pero ganaré algo de tiempo.

Si quiere ayudarme, compre uno.

Quién sabe si en un futuro podré comprárselo.

Y no dude que así lo haré.

No olvide difundir la noticia de este mercadillo por el barrio.

El patrimonio de los Alday a precio de saldo.

Cada beso tuyo vale, por lo menos... 1000 o más.

-Pues dime cuánto vale este.

-Pues yo a este le doy...

-Flora. -Oh.

-Flora. Peña.

¡¿Qué es esto?! -Casilda va a heredar una parte...

de la mina de oro que ese hombre dejó en herencia.

Ahora tenemos que lograr que lo comparta contigo.

-Recuerda que es mi hija y quiero lo mejor para ella.

-Y Casilda quiere lo mejor para ti.

No me vengas con remilgos y céntrate en lo que hemos venido a buscar.

Don Samuel Alday... lleva el diablo dentro.

Ese hombre, padre,

es capaz de matar.

¿Por qué me dice eso?

No lo sé exactamente.

Mi mente está confusa y no recuerdo con claridad, pero,...

pero lo sé. "En esta casa está todo"

a la venta. Los tiempos lo demandan.

Carmen, ¿no le has ofrecido una copa de champán

a don Felipe?

-Sí, pero me la ha rechazado.

-No quiero nada. -Don Samuel,

ha llegado nota de doña Susana, no podrá acudir.

Y doña Rosina y su hija Leonor tampoco.

¡Ah!

Hipócrita.

Samuel.

No.

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Acacias 38 - Capítulo 851

19 sep 2018

Felipe y Celia comentan a Lucía que Samuel se está recuperando. Les ha pedido máxima discreción con el incidente y que Lucia no lo denuncie. Los Álvarez Hermoso aconsejan a Lucia que se aleje de Samuel ya que el asunto es turbio. Envían a Telmo que interceda, pero ella se niega. Samuel, tras una larga conversación con Felipe, pide a Lucia que se aleje por un tiempo. Casilda es incapaz de asimilar la noticia de que es la hija de Maximiliano. Leonor quiere que Rosina la acepte como miembro de la familia y que acoja a su madre María. La Hidalgo entra en cólera negándose en rotundo. Servando se muestra reacio a que Leonor escriba la obra; la joven tendrá que romper su trato con Benjamín Corral, el editor.

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  1. Laura

    Las telenovelas nacieron en Suramerica en los '80 ( La esclava Isaura, La Colorina, También los rijos lloran etc.) después empezaron en otros Paìses en Europa...el nivel es lo mismo, hystorias simples sin tener que pensar demasiado, por eso nos encantan (desde Italia)

    21 sep 2018
  2. Lolita

    Sar, el parche de Felipe, por lo wue tengo entendido, oculta el ojo que perdió de verdad en un accidente

    21 sep 2018
  3. Mabi

    Que desagradable comentario el de ésta señora?.... Yo, como descendiente de españoles que se afincaron en mi Bello País, Argentina, huyendo de la guerra y el hambre, en donde labraron la tierra, formaron su familia, criaron y EDUCARON a sus hijos, donde se forjaron un porvenir y en donde lloraron en silencio a su Patria, que muchos jamás volvieron a ver, pienso que comentarios de éste tipo reflejan solo la intolerancia a lo desconocido. Quiera Dios que nunca tenga que salir de su tierra y sentir el mismo desprecio manifestado en su comentario....si esto piensa de una telenovela, no quiero imaginar con respecto a nuestras tradiciones, color de piel o política y gobernantes...

    21 sep 2018
  4. Krispy

    Yo también he visto la serie desde el capítulo 1. Es cierto hay temas que se hacen ya increíbles y, aún así, creo que seguiré viéndola. De más jovencita también vi telenovelas sudamericanas y aunque algunas no eran muy buenas yo siempre las disfruté en grande con mis hermanas. . Hoy por hoy no las veo porque tengo poco tiempo libre, pero tengo que decir que las actuales mejoraron muchísimo, mi hermana mayor aun las ve (tiene dos carreras universitarias) y dice ''a mi me distraen y me ayudan a desconectar de tanto problema en el ambiente ''. Aún a veces nos juntamos las hermanas y nos ponemos pelis latinas.. Viva Sudamérica!!! Y SOY ESPAÑOLA!!!

    21 sep 2018
  5. Jenny

    Y que tienen las novelas sudamericanas? Att. Una Ecuatoriana

    20 sep 2018
  6. liliana

    me acabo de enterar que hubo un comentario discriminativo hacia los sudamericanos. Que pena porque soy argentina, he vivido mas de dos años en España, me case alla con un español, y me canse de las discriminaciones que me hicieron en general (no todos) tanto que me volvi a mi pais. Es triste saber que nada ha cambiado...

    20 sep 2018
  7. Marilu

    Le preguntaría al " equipo de MODERADORES DE RTVE " porque no han tenido en cuenta, un comentario del DÍA DE HOY , que CLARAMENTE, incumple con las Normas de participación, y mas precisamente en el punto 2do., por " racista y xenófobo ". No creo necesario especificar la identidad de esA comentarista, Uds. verán y espero que no cataloguen este mi mensaje como inapropiado ya que sería el colmo

    20 sep 2018
  8. Juanito

    Desde hace tiempo que sigo la serie y estoy encantado con Felipe, menuda evolución más natural. Espero que dure mucho en la serie y no haga como Samuel largándose de la compañía.

    20 sep 2018
  9. Betty

    Los guionistas están perdidos " como turco en la neblina", si vemos la lista de ellos me parece que son demasiados y " muchas manos en un plato hacen mucho garabato ", complican las historias y las situaciones y luego pareciera que NO saben como salir del atolladero. Es cierto que la historieta de Casilda, María, Rosina, etc. NO cuadra para nada.- Aparte, LAMENTO que ciertas personas que comentan en este lugar, sin ir mas lejos Mari...en..., de mas abajo compare una cosa MALA con telenovelas " SUDAMERICANAS " , es por demás ofensivo y fuera de lugar .- Quizás una SUDAMERICANA tenga mucho que enseñarle, a no ofender y don de gente.- Saludos desde Buenos Aires, SUDAMERICA

    20 sep 2018
  10. noelia

    alguien mas cree que cayetana esta viva y que aparecera o soy yo la unica que alberga esa teoria jejje

    20 sep 2018