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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 850 - ver ahora
Transcripción completa

"Apenas conozco personas ante las que pueda mostrarme como soy,

sin máscaras ni afectaciones".

"Quizás de verdad,

de verdad, solo ante el... padre Telmo".

Estúpida. "¿Se ha ganado su confianza?".

Lo había hecho, pero algo ha cambiado de repente.

¿Qué quiere decir con de repente? Es como si algo

la hubiera alejado de mí.

Alguien, más bien. ¿Quién?

Don Samuel Alday.

Ese hombre no nos interesa, padre. Lo sé.

Antes de regresar a Acacias, me gustaría indagar

sobre lo que ocurrió en casa de don Joaquín.

¿Sabe usted qué inspector lleva el caso?

-"Te voy a pedir una cosa". Tú déjame terminar de escribir

la obra y yo luego te la leo.

Y si entonces decides que no quieres que vea la luz,

yo respetaré tus deseos.

¿Trato hecho?

Venga, Servando, hazlo por mí.

-Trato hecho.

-"¿Le ha gustado la obra?". -Es la obra que quiero que escriba.

Y estoy muy interesado en pagarle una enorme

suma de dinero.

-Siéntese.

¿Cómo de enorme?

-"Hemos venido a llevar a cabo un plan,"

y eso es lo que vamos a hacer.

No titubees, María, o saltará todo por los aires.

-"Me he "enterao" de quién es mi madre".

-¿Quién es tu madre?

-Pues ni más ni menos que María.

-¿Qué?

Poco me importa lo que opine la gente,

disfruto pasando tiempo con usted y voy a seguir haciéndolo,

si usted me lo permite, claro.

Se lo permito.

Esto solo corrobora lo que ya le dije hace unos días.

Es mejor que nadie sepa quién es usted realmente.

Si se ponen así solo con vernos pasear juntos,

qué dirán cuando se enteren que es usted hija de un incesto.

"¿Y qué puedo hacer yo por ella?".

-"Darle cobijo aquí en el altillo, Fabiana".

¿Eso es un sí?

-Anda,... dile a tu madre que se venga "pacá".

-Ay.

Don Samuel Alday estuvo con su padrino

antes de que falleciera.

Antes de que fuera asesinado.

Padre, ¿adónde quiere ir a parar?

Lucía,... creo que tras la muerte de su padrino,

está la mano de Samuel Alday.

Lucía, ¿no va a decir nada?

Estoy demasiado asombrada como para hacerlo.

¿Ha perdido usted el oremus, padre?

¿Samuel implicado en la muerte de mi padrino?

Eso es un completo disparate. Soy consciente

de la gravedad de mis palabras, pero veía necesario advertirla.

Supongo que tendrá firmes indicios que avalen lo que asegura,

que no se ha atrevido a acusar a un hombre de semejante atrocidad

alegremente.

Aún no puedo probarlo.

Me lo imaginaba.

Pero puede hablar con el inspector que llevaba el caso,

él fue quien me reveló que Samuel visitó a su padrino aquel día

y, así lo han atestiguado algunos comerciantes de la zona.

Fue la última persona que le vio vivo.

Se equivoca.

El último en verle con vida fue su asesino.

Sospecho que son la misma persona. Y sus razones para hacerlo

no pueden ser más bajas.

¿Y qué si fue visto en su casa esa misma tarde?

Los ladrones que vilmente acabaron con la vida de mi padrino

pudieron entrar en la casa una vez que Samuel

se hubiera marchado. No puedo ocultarle que la policía

también lo cree así. Y, sin embargo, usted no ha dudado

en contradecirles y acusarle.

Lucía, también hablé con el sereno, y con el propietario de la taberna

que hay frente a su casa. Ambos niegan haber visto

a nadie más la noche de autos. Eso solo prueba que los ladrones

fueron muy cautos. No le he contado lo más relevante.

Su padrino apenas tenía objetos de valor en casa,

y en cuanto a su dinero, no era tan cuantioso como le hubiese gustado,

lo guardaba en el banco, a buen recaudo.

No tiene sentido que unos ladrones

se jueguen el garrote por tan mísero botín.

Lucía,...

creo que tras la muerte de su padrino hay otros motivos.

¿Como cuáles?

Que alguien quisiera sonsacarle información a su padrino

sobre la verdadera identidad de su hija adoptiva.

Pero ¿qué puede ganar Samuel con esto?

Lucía, ¿no lo comprende? Samuel está lleno de deudas

y usted se ha convertido, de la noche a la mañana,

en una rica heredera.

Dígame, le había confesado a Samuel que usted,

en realidad, era hija de los marqueses de Válmez, ¿no es cierto?

Sí, sí, así es.

¿Lo ve, Lucía? ¿Me comprende ahora?

No. No, no,

debe estar equivocado.

Samuel no puede estar implicado en la muerte de mi padrino.

Padre, confío en él ciegamente.

¿Más que en mí?

¿Usted cree que debo desconfiar de un siervo de Dios?

Es obvio que no,

pero aún es más obvio que algo se ha roto

entre usted y yo.

Me entristece comprobar que he perdido su confianza.

En tal caso, solo me queda decirle una cosa.

¿El qué?

Que esté pendiente de los movimientos de Samuel.

No se deje engañar

por sus artimañas.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Ay.

Mire, mire, Agustina, mire.

Ay.

No me acuerdo la última vez que hice este punto.

Me lo enseñó mi tía Catalina, que era un primor para las labores.

Punto de cruz, ganchillo, encaje de bolillo.

-Anda, mira. Como santa Catalina,

que se pinchó con una rueca. -Qué cosas.

María,

puede usted instalarse en su antiguo cuarto.

-Les estoy muy agradecida.

-Pues no lo haga,

que si hemos aceptado acogerla en el altillo es por Casilda.

Que le quede clarito como el agua.

-Mañana hablaremos con los señores para pedirles que la dejen quedarse.

-Así que no se ponga usted muy cómoda

que lo mismo mañana la tenemos que volver a poner en la calle.

-Al menos me habré ahorrado una noche al raso.

-Quieta "pará", María.

¿Dónde cree que va?

-A mi cuarto. -No, de eso nada.

No hemos "terminao" de hablar.

Ahora mismito me va a explicar usted qué es esa "tontá"

de que usted es la madre

de Casilda. -Pues no es más que la verdad.

-Y lo dice tan tranquila.

La abandonó, sin más. -No fue tan fácil, se lo aseguro,

pero no tuve más remedio.

Dejé a Casilda en el pueblo y me fui a la ciudad

para ganarme las habichuelas y mandar dinero a casa.

-¿Y a santo de qué le da por aparecer ahora justamente?

-Culpe a la fortuna.

Me he pasado media vida faenando para mi señor,

nunca imaginé que haciéndolo acabaría viviendo en Acacias,

tan cerca de mi hija.

Y ni se imaginan el vuelco que me dio el corazón

cuando supe que era ella.

Y lo bien que congeniamos desde el principio, como si ella,

en su interior,

supiese quién era yo realmente.

He sufrido horrores por no poder decirle la verdad

y tenerla entre mis brazos al fin. -¿Y por qué lo ha hecho ahora?

-Pues, al verme en la calle y sin empleo,

pensé que no la volvería a ver,

pensé que tenía derecho

a saber la verdad...

antes de que nuestros caminos se separasen

para siempre.

Por favor, no me juzguen por abandonarla,

se lo ruego.

Siempre he procurado hacer las cosas por su bien.

¿Acaso una madre no quiere lo mejor

para su hija?

-Descuide que, por desgracia, sé muy bien de lo que habla.

Pero es que hay algo

que me escama, y se lo voy a decir,

verde y con asas,

como le haga daño a Casilda, se las verá conmigo.

-Leonor.

¿Es que ya no soportas estar en el mismo cuarto que tu madre?

¿Tanto me aborreces?

-No, lo que considero es que es muy temprano para pelear.

-Aguarda, tenemos que hablar, será solo un momento.

-Si quiere convencerme de que hace bien con Casilda,

pierde el tiempo.

-Hija, por favor,

¿no te das cuenta de que te estoy protegiendo?

Solo deseo lo mejor para mi hija.

-Y yo lo que quiero es que se hagan las cosas de manera justa.

Y tenemos que decirle la verdad

a Casilda, saber quién es su padre. -¡Nunca!

-¿Lo ve, lo ve? Puesto que es imposible

ponernos de acuerdo, es mejor no seguir hablando.

-Leonor, no era de Casilda de quien te quería hablar,

sino de Benjamín Corral.

El productor. -Ya sé quién es Benjamín Corral.

¿Qué es lo que me quiere decir de él?

-Bueno, ayer estuvo en casa buscándote,

quería hablar de la obra de teatro

que estás escribiendo.

-¿No están preparados los cafés de la mesa número cinco, Peña?

-Si quieres, no te lo digo, pero así es.

Chocolate...

y picatostes, mesa uno.

-No damos abasto, a algunos parroquianos se les junta

hoy el desayuno con el almuerzo.

-Tenemos más clientes que nunca.

-Creo que yo sí sé la respuesta.

Nuestro repentino éxito es responsabilidad de Flora,

que no dejan de preguntarme por esa camarera tan divertida,

y se ha corrido la voz de que hace cosas muy graciosas.

-¿Y han venido a verla? -Es que es más barato que el teatro

y, además, sales desayunado.

Por una vez en la vida,

las locuras de mi hermana serán de provecho.

-Sí. Y vamos a poder pagar la pieza del horno enseguida.

Qué poco duran las alegrías en casa del pobre.

Flora, ¿qué haces vestida así?

-Disponerme a faenar que, al parecer,

hoy no falta trabajo. -¿Y tus ropas de ayer?

-Tiradas en casa. No volveré a hacer el ridículo.

-No estés tan segura, no dejaré

que se muera la gallina de los huevos de oro.

-¿Por qué te crees que tenemos La Deliciosa a rebosar?

Porque han venido a verte. -¿A mí?

-Claro. -¿Y por qué?

-Para que les diviertas comportándote

como la señorita del pan "pringao".

-Un momento,...

¿me estás diciendo que pretendes que tu novia

haga el payaso frente a desconocidos para sacar más parné?

-Mujer, dicho así... sí.

-Pues no.

-Flora, ¿te tengo que recordar que te gastaste todo el dinero

que teníamos ahorrado para arreglar el horno

en tus ropas? -Hay que recuperarlo.

-Ha de recuperarlo ella, Peña.

Ella nos ha metido en este embrollo y ella nos va a sacar de él.

Anda, cógete esto,

que se lo ha dejado olvidado una clienta.

-Ahora verás.

-Y... esto aquí.

(RÍE)

-Mesa uno.

-¿Cómo ha tenido el cuajo de no decirme antes

que Benjamín Corral vino a verme? -Aguardaba el momento oportuno,

como últimamente ha habido tanta tirantez...

-El silencio va a mejorar las cosas.

-Ay, no, hija, por favor, no te pongas echa un basilisco.

Está todo solucionado.

Yo hablé con él largo y tendido.

-Ya, eso es lo que más me preocupa.

-Recuperé mi papel de representante y velé por tus intereses.

que lo sepas. -Dios mío. ¿Y qué le dijo?

-Bueno, pregúntate por todo lo que te he conseguido.

¡Un contrato más que suculento

por la obra de teatro que escribes!

-No me lo puedo creer. -Sí.

-Sí, sí, créetelo. Al parecer,

le gustó lo que le dejaste para leer.

No te duermas en los laureles.

Queremos que la obra esté escrita cuanto antes para estrenarla.

-Pero madre, ¿quién es usted para aceptar los plazos en mi nombre?

-Tu madre y representante.

-Mire, madre, yo lo primero no puedo evitar que sea así,

pero de lo segundo me niego a aceptarlo.

-Tendrás queja del trato alcanzado.

-Pues claro que sí.

Benjamín Corral es un hombre muy exigente,

y yo no me puedo poner a escribir con prisas.

Y encima, con todo lo que está pasando con Casilda.

Madre, no, tengo muchísimo que corregir.

-Pues tendrás que hacer un esfuerzo,

ha dejado una señal de 75 pesetas

como adelanto y, te va a dar

125 pesetas más cuando tengas la obra terminada,

hija, piénsalo, una auténtica fortuna.

-Bueno, sí, sí.

Es una cifra muy alta para una obra de teatro.

-Pues claro, porque él, como yo, confía en tus posibilidades, hija.

Por cierto, no me has dicho cuál es su argumento.

-Prefiero no darle muchos detalles.

-Bueno, es que no me has dado ninguno.

-Bueno, madre, ya la verá representada,

si es que ese día llega. -Claro que sí, tenemos tu talento.

-Precisamos el permiso de Servando. -¿Servando?

¿Quién le ha dado vela en este entierro?

-Pues porque la obra está basada en una historia que le pasó a él,

y yo no sé si me va a dar la aprobación

para hacerla pública. -¡Faltaría!

No se va a oponer a tu arte.

-Pues madre, así se lo he dicho y así lo voy a cumplir.

-Bueno, pero si le entra el capricho de negarse, ¿qué?

¿Qué vamos a hacer con el dinero del adelanto?

-Lo devolveremos.

-No voy a permitir que ese patán arruine esta oportunidad.

-¿Quién es usted para decidirlo?

-Desde la entrada os he oído discutir.

¿Qué es lo que os pasa ahora?

¿Seguís enfrentadas por Casilda? -No,

pero mi madre no pierde la ocasión para disgustarme.

¿Tú te puedes creer que ahora está intentando negociar mi carrera

como escritora a mis espaldas? -¡Como cualquier representante!

-Ya.

-Es que,... mira que te dije que aguardaras a hablar con Leonor

antes de cerrar nada con ese hombre. -Pero es que temí que,

si le dejaba marchar,

arruinara semejante oportunidad.

-¿No decías que la obra era una inmoralidad?

-Sí, y lo es, y lo es, tiene un argumento de lo más indecente.

Dos machorras amancebadas,

¿no te digo?

Pero...

pensé que el acuerdo la animaría.

Es que,... como últimamente

hemos estado tan distantes por lo que está sucediendo, pues...

Por lo que pude hablar con la policía,

no tienen ninguna pista sobre los ladrones

que asaltaron la casa de Joaquín.

Esperemos que no sea así por mucho tiempo y que esos canallas

paguen por sus crímenes.

¿De qué estaban hablando, que mi presencia ha motivado su silencio?

Nada de enjundia,

Lucía. Me he acercado por si le apetecía dar un paseo.

He creído que le vendría bien distraerse un rato.

¿No le apetece?

No, no es eso.

Se lo agradezco, pero prefiero quedarme en casa.

Quizá tema encuentros incómodos y habladurías,

pero eso tiene fácil remedio, pasearemos por otro barrio.

Lo lamento, pero le aseguro que hoy no puedo,

quiero acabar de coser una labor que comencé hace unos días.

¿No acaba de decir que precisa descansar?

Ya sea por descanso o porque simplemente no le apetezca,

la señorita ya le ha dado una respuesta.

No sé a qué viene tanta insistencia.

Tan solo creí que sería bueno para Lucía dar un paseo.

Lucía no comparte tal parecer.

Disculpe, pero no creo que precise de su ayuda

para decidir si debe dar un paseo o no.

Puede responder ella misma. Ya lo ha hecho,

peor usted no lo entiende.

Nada más lejos de mi intención que importunarles.

Samuel, le aseguro que eso no es así.

Dejemos el paseo

para otro momento.

Por supuesto. Que descanse, Lucía.

Don Felipe.

Lucía.

Pensaba que te agradaba la compañía de Samuel.

¿Ha ocurrido algo?

¿No se habrá comportado de una forma incorrecta?

No, no, de ninguna manera. Entonces, ¿por qué le has rechazado?

Al igual que Samuel, he podido apreciar

que te estabas excusando.

Lucía,...

te recuerdo que tanto Celia como yo tan solo queremos ayudarte.

¿Por qué no confías de una vez en nosotros

y nos cuentas qué está pasando? Entiendo que puedas tener

algunas reticencias sobre mí,

pero nunca dudes de la lealtad de tu prima.

Nadie te quiere como ella.

¿Está usted segura de eso? -Si no fuese así,

no te lo hubiese dicho.

María se ha instalado en el altillo.

-Pues como se entere Rosina de esto, le van a entrar los siete males.

-Pues ahora lo vamos a comprobar, por ahí viene.

-Buenas.

Uh, ¿qué sucede? Tenéis una cara de espanto los dos.

-Descuida, que antes de lo que crees, la tendrás tú peor.

-Es que será mejor que te enteres por nosotros.

-Bueno, por quien sea,

pero decidme qué sucede, que me estoy asustando.

-Pues... el...

Tía, cuénteselo usted, haga el favor.

-Rosina, sé que te vas a disgustar.

La criada de Higinio sigue en el altillo

a pesar de haber sido despedida.

-Parece que no se lo ha tomado tan mal.

-¡María no tiene derecho

a estar en el altillo! -Tal vez sí que le ha molestado.

-Fabiana la acogió. -¡Maldita Fabiana,

no tendría que haberle dado permiso!

-¿Quieres hacer el favor de calmarte un poco?

Que tenga un buen día, don Manuel.

Estamos haciendo el ridículo. -¡Me da igual,

que la gente mire! ¡Fabiana me va a oír!

-A este volumen, ella y toda la ciudad.

-Rosina. ¿Qué te ocurre, estás bien?

-¡Ocurre que acabo de enterarme que Fabiana ha acogido en el altillo

a una delincuente! -Sí, estamos al tanto.

Precisamente, hoy mismo le he dado permiso a Fabiana

para que María siga allí, que tenga algún lugar donde guarecerse.

-¿Y por qué ha hecho usted tal cosa si se puede saber?

-Pues muy sencillo,

porque María es la verdadera madre de Casilda,

y nos parecía una crueldad

que se quedara en la calle. -¡Ese es su sitio,

la calle!

-Rosina, querida, templa,

pero ¿por qué le has cogido tanta ojeriza?

No debería parecerte mal que cuidáramos a la madre de tu criada.

-¡Me parece mal porque María...!

¡María es una indecente, eso es lo que es!

-Tienen que disculpar a mi esposa,

que le ha afectado mucho,

no ha podido soportar enterarse del hecho

de que María abandonó a Casilda

cuando era niña y ahora ha venido así...

-¡Vamos, Liberto, es una indecente!

-¿Quieres hacer el favor de calmarte de una vez?

Nos mira todo el mundo.

-Yo he decirles... que tampoco me fío de María.

Primero roba en la sastrería,

y después, cuando la echan,

dice que es la madre de Casilda. ¿No les parece todo

demasiado extraño?

-Y esa condenada gritando improperios en medio de la calle.

-No eres santo de su devoción.

-Ya, pero no es menester que lo sepa toda la ciudad.

-Liberto tratará de calmarla.

-Pues no será tarea fácil.

Ya debe saber que me he instalado en el altillo.

-Y no parece estar muy satisfecha.

-Yo ya te advertí que se te pondría hecha una fiera.

-Espero que se tranquilice.

A este paso, le va a subir la tensión.

-¿Ahora te preocupa su salud?

-A mí lo que me preocupa es que me llamen para que baje a atenderla.

(RÍE)

-No te lo tomes a chanza,

Higinio, que no tiene gracia ninguna.

Lo lamento,

pero hoy no puedo,

quiero acabar de coser una labor que comencé hace unos días.

¿No acaba de decir

que precisa descansar? Ya sea por descanso

o porque no le apetezca, ya le ha dado una respuesta.

No sé a qué viene

"tanta insistencia".

Úrsula, aguarde.

¿No me ha oído? Deténganse.

¿Qué desea, señor?

Que me responda inmediatamente.

Sospecho que alguien trata de poner a la señorita Lucía en mi contra

y, creo saber de quién se trata. Su señor, el padre Telmo,

¿ha estado recientemente con ella? Yo no sé nada de eso, señor.

Haga memoria. ¿Ha visitado Telmo a Lucía

en las últimas horas?

No sabría qué decirle, señor.

Quizá puede que haya ido a ver a la señorita Lucía

tras su regreso de Salamanca.

¿Ha averiguado algo el sacerdote en ese viaje?

¿Hay alguna novedad que haya podido contarle?

Señor, yo no sé nada de tales cuitas, solo soy una criada.

Se lo juro.

Toma, una taza de chocolate.

-Pero si no la había pedido. -Lo sé,

pero ¿qué publicidad le darás a mi negocio,

si los clientes ven que prefieres beber agua en lugar de chocolate?

Veo que has reanudado el trabajo de la obra.

¿Significa eso que ya has solucionado

las diferencias con tu madre? -Ojalá,

pero nada más lejos de la realidad.

La herida sigue abierta y no tiene pinta de sanarse fácilmente.

-Lamento mucho escucharlo. Sé que lo estás pasando muy mal

con todo este asunto y, por lo que sé, tu madre

también debe estar sufriendo lo suyo.

Antes la ha emprendido a voces en la calle

cuando ha sabido que María se había instalado en el altillo.

-¿Qué? No sabía nada.

¿Han vuelto a aceptarla en el altillo?

-Sí. Al parecer, ya es vox populi que María es la madre de Casilda.

-Mi madre debe estar subiéndose por las paredes.

-Así estará si Liberto no consigue calmarla.

-Lo dudo. Yo, al menos, consigo evadirme un poco escribiendo,

pero mi madre no para de darle vueltas y hacer locuras.

¿A que no sabes cuál es su última ocurrencia?

Ayer, sin ir más lejos,

ejerció de mi representante literario.

-Ya me comentaste que anteriormente lo fue.

-Sí, pero me pensaba que ya estaba olvidado.

-Y... ¿qué hizo

tu flamante representante?

-Se reunió con Benjamín Corral, el promotor teatral que, al parecer,

está interesado en la obra.

-¿Estaría dispuesto a estrenarla?

-Más que dispuesto,

si ya le ha dado un importante adelanto a mi madre.

-¿Y por qué lo dices tan apesadumbrada?

¿No crees que deberíamos estar celebrándolo?

-No es bueno vender la piel del oso antes de haberlo cazado, Íñigo.

Todavía

me queda muchísimo por reescribir, yo solo tengo un borrador.

-Ya sabes que a mí el tema de la obra

no me termina de agradar,

pero terminará siendo tan maravillosa, como todo lo que haces.

-Espero que los críticos compartan tu juicio.

Pero ahora es un mal momento para escribir la obra,

con todo lo que está pasando con Casilda.

Y, además, necesito el permiso de Servando para hacerla pública.

Le di mi palabra de que yo no haría nada sin que él me lo consintiera.

-No dudes de que al final Servando terminará encantado con ella,

¿cómo podría ser de otra forma?

Y, lo lamento, pero debo seguir atendiendo el local,

que últimamente no dejan de venir clientes

a ver nuestro espectáculo. -¿Qué espectáculo?

-En cuanto veas aparecer a mi hermana, lo sabrás.

Estamos teniendo más éxito que cualquier obra teatral.

Quizás tu promotor estaría interesado en contratarnos.

-Señora,

le estaba buscando. -Carmen, ¿ocurre algo?

-No, nada malo,

señora, no se apure.

Es solo que he conseguido

sonsacarle a Servando algunos datos sobre el final de la historia,

aprovechando que tenía un poquito de fiebre.

-Siéntate, siéntate, Carmen, por favor, y me lo explicas todo.

-Como desee, así le pondré al día. -Pero antes, dime,

¿qué se dice en el altillo de María y Casilda?

-Pues de todo, señora,

pero sepa que algunas de las criadas

no terminan de creerse todo lo que ha contado María.

Prima,...

lamento haberme mostrado tan misteriosa.

Estoy decidida a solucionarlo de una vez por todas.

¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

Las palabras de su esposo

me han hecho ver que usted es la única persona

en la que puedo confiar.

Felipe es un buen abogado, es capaz de convencer a cualquiera.

Por desgracia, antes de contárselo, debo pedirle algo.

Que lo que hablemos no salga de este cuarto.

No debe compartirlo con nadie.

¿Ni siquiera con Felipe?

Lucía, lo que me pides no me resulta sencillo, no le oculto nada.

Confío plenamente en mi esposo.

Prima, no se lo pediría si no lo considerara preciso.

(Llaman a la puerta)

Está bien. Puedes contar con mi discreción.

(Se abre y cierra una puerta)

Samuel, ¿qué hace usted aquí?

Disculpen, su criada me ha abierto,

espero no haberlas interrumpido.

Créanme que no las habría molestado si no precisase con urgencia

de usted, Lucía.

¿De mí? Sí.

Me han ofrecido adquirir unas piedras preciosas

a cambio del oro que utilicé para hacer las piezas de la marquesa.

¿Y qué puedo hacer yo al respecto?

Aconsejarme si debo adquirirlas. Su gusto es exquisito.

Se lo ruego,

Lucía, no la entretendré en demasía,

aguarda mi visita.

Está bien, trataré de ayudarle.

En cuanto regrese,

retomaremos nuestra conversación.

Con Dios. Con Dios.

"Gracias al Servando, hemos 'podío' huir,

pero...

¿qué nos tendrá reservado el futuro, Martina?".

-"No lo sé, Heliodora,

lo único que tengo seguro es que, sea como sea,

no lo temo siempre que pueda afrontarlo a tu lado".

-Ay.

-Y entonces, las dos mujeres se van caminando

hacia el fondo del escenario. -Uy.

-Por fin, y para siempre

felices.

Las luces se van apagando...

y fin.

¿Qué?

-Servando, diga algo ya, que nos tiene

con el corazón en un puño. -¿Qué, qué te ha parecido?

-No,... a ver, ¿cómo se lo diría yo para no ofenderla?

Una castaña. Pero no una castaña de mi pueblo,

es que esa obra es muy mala.

-Menos mal que no querías ofenderme. -Pero ¿qué está diciendo?

A mí se me han puesto los pelos como escarpias de la emoción.

-¿Qué es lo que no te ha gustado?

-Bueno, terminaríamos antes diciendo lo que me ha gustado.

Me ha agradado escuchar mi nombre

y yo creo que nada más.

Se habla mucho y se entiende poco, y no se sabe quién dice cada cosa.

-Servando, porque Lolita y yo hemos leído todos los personajes,

pero en el teatro no será así. -No, no,

de teatro nada, y mejor que esto no salga de ahí.

Lo lamento mucho,

pero no le doy mi consentimiento para que estrene su obrita.

-Mi obrita, dice. -Servando,

piénseselo mejor.

-No, no. -Que es un cabezota.

-No, que está "pensao" y ya he "tomao" una decisión,

que no, que no.

-Flora.

¿Qué haces aquí tú sola y tan mohína?

-Nada, estaba cansada y me he sentado un rato,

pero ahora mismo volvía. -No, no, no, no, de eso nada.

Tú no te mueves de aquí hasta que me cuentes qué te preocupa.

-¿Acaso no lo sabes?

-¿Es por haberte hecho servir las mesas vestida de señorita?

-Me he sentido como un mono de feria.

-Flora, solo tratábamos de sacarnos unos cuartos,

no pensé que te fuera a sentar tan mal.

-Pues ya ves que te equivocabas.

-A ver, no lo entiendo.

Si tanto te dolía, ¿a santo de qué te vestiste tú ayer de esa guisa?

-Quería estar guapa para ti.

-Pero Flora,... qué tontada.

Como si fuera menester.

¿No ves que para mí ya eres lo más bonito que ha pisado la tierra?

-No lo parecía cuando hablabas de esa tal Cristina.

Que si era toda una dama, que si tenía mucha clase.

-Estás celosa.

Ya me lo imaginaba.

-Quería demostrarte que yo también podía ser una dama de postín,

pero me ha salido el tiro por la culata.

Me he convertido en el hazmerreír de la chocolatería.

-Flora,... tú no necesitas ropas de postín.

Eres hermosa por ti misma.

Bebo los vientos por ti, yo no tengo ojos para nadie más.

¿O ya te has olvidado de todo el tiempo que pasé detrás de ti,

suspirando por tu amor?

-Aquí estabais. Venga, Flora, vente ya,

que se están impacientando los clientes.

-Que sí. Oye, no me vengas con remilgos, ¿eh?

Hasta que no consigamos el parné para pagar la pieza

averiada del horno, tú seguirás con el espectáculo.

-Quieta. Si los clientes quieren ver titiriteros, que vayan al circo.

-Y la pieza del horno, ¿qué? -La compraremos el mes que viene,

o el siguiente.

Y, si no estás de acuerdo,

ponte el sombrero y sirve las mesas,

que de mi Flora no se ríe nadie.

-¿Cómo vas, Lolita, ¿está todo listo?

-Sí, ya he puesto los retratos de sus difuntos, los de su "marío",...

-A ver, y has puesto el nombre de mi tío Remigio,

el del Facundo y el pocero, perfecto.

-Como manda la tradición. Y el chorizo, el queso y el vino

como ofrenda a los muertos. Faltan las flores.

-Ay, pues déjame que te ayude.

-Doña Trini,...

¿es verdad que doña Rosina se ha puesto hecha un basilisco

cuando se ha "enterao" que María ha estado en el altillo otra vez?

-Pues sí, hija, sí, no te han engañado,

le ha faltado que le saliera espuma por la boca.

¿Y cómo se lo ha tomado Casilda

que esa mujer sea su madre? -Pues la mar de bien.

Las que no lo hemos "encajao" somos las demás,

sobre todo Fabiana, que no la soporta.

-Es todo un tanto extraño.

Esperemos que no acabe como el rosario de la aurora.

Bueno, pues ya está todo perfecto, no falta nada.

-Se equivoca, falta su "marío". -Espero que no tarde en llegar,

y que no se haya olvidado de qué día es hoy.

-Dios no lo quiera, que una vez montado el altar,

hay que empezar el rito, que si no, la mala suerte viene.

-Ay.

Padre,...

permítame que le felicite por su homilía de hoy.

Me alegra que le haya llegado. Así ha sido.

Sus reflexiones sobre la vida en comunidad cristiana

me han hecho reflexionar.

Esa es la intención de las homilías.

Me ha hecho pensar...

en la gente que tenemos alrededor y, que quizás

se esté alejando de la buena senda.

¿No es nuestra obligación preocuparnos por ellos?

Veo que está de acuerdo conmigo.

Sepa que estoy muy preocupada por la prima de una buena amiga,

me refiero a la joven Lucía.

No sé si está al tanto de que pasa mucho tiempo

con el menor de los Alday.

Algo he oído.

He llegado a sospechar que la relación entre ellos dos...

es más que una amistad.

Y, aunque fuera así, eso no sería asunto de la iglesia.

Perdone que le diga que se equivoca.

No podemos olvidar que Samuel es un hombre casado.

Y le agradezco que me lo haya recordado,

pero le ruego que se mantenga al margen.

Ya hablaré yo con Lucía.

Trataré de hacerle ver que no va por la senda adecuada.

Y ahora, si me lo permite,

debo hablar con mi criada.

Claro, claro, no le molesto más.

¿Qué sucede, Úrsula?

Me ha parecido que aguardaba para decirme algo.

Así es, padre.

Don Samuel salió a mi encuentro.

¿Qué quería? Saber si usted

había hablado con la señorita Lucía.

-¿Y usted qué le ha respondido?

Que creía que así era.

Lo lamento, padre, pero...

me asustó,

se mostró arisco, casi violento.

No pasa nada.

¿Y cómo ha reaccionado él al saberlo?

Se puso hecho una furia.

No se preocupe.

Vaya para casa, yo iré enseguida.

-Como Ramón no aparezca, me lo paso de un cuerno a otro, ¿eh?

-Uy, me parece que su esposo

se ha "salvao" por los pelos.

(Se cierra una puerta)

-¿Qué pasa, querido, que no sabes qué día es hoy?

-Por supuesto que sí.

Tu cumpleaños.

Nuestro aniversario.

La oración del retoño. -Eso es.

Venga, Ramón, vamos, a rezar.

-Vamos, que tenemos que rezarle las oraciones

a cada uno de los difuntos. -¿Y no valdría una para todos?

Si total, son familia.

-(CHASQUEA LA LENGUA)

Bueno, al menos ya veo que habéis puesto

de picar. -Quieto,

que eso es para los difuntos, hombre, Ramón.

-Trini, si a ellos no les va a aprovechar.

-Uy,

que se escapa, doña Trini.

-Lolita, Ramón no me puede dejar en la estacada. ¡Ramón!

-Os habéis olvidado de mi tío Mariano y mi tía Pepita.

Ya podemos comenzar.

-Con mi abuelo, con mi abuelo.

-(AMBAS) Oh, familiares

de mis familiares,

parientes de mis parientes,

proteged a este retoño que va en camino

y haced que nazca sano.

Alejad de él

todos los males

y, haced que avance por la vida seguro y sin miedo.

Padre Nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre,...

Le agradezco mucho que me haya acompañado a ver las piedras.

No merezco su agradecimiento,

al final no he llegado a ningún acuerdo con los propietarios.

Sí, no parecían estar dispuestos a negociar un precio, pero de eso

usted no tiene ninguna culpa.

Lucía,...

¿puedo hacerle una pregunta?

¿He dicho o hecho algo que le haya podido molestar?

No. ¿Por qué dice eso?

Lleva toda la tarde distante conmigo,

como si no estuviera cómoda

o le repeliera mi presencia.

Creo que le he dado pruebas de sobra de mi estima.

¿O es que alguien le ha hablado mal de mí?

Quizá don Felipe o el padre Telmo.

No. No es eso.

Entonces, ¿qué le ocurre? ¿Por qué ha disminuido su afecto?

No ha perdido mi estima, Samuel, simplemente

me siento bastante confusa con todo lo que está ocurriendo.

En tal caso, no le molestaré más con mis preguntas.

Le concedo el tiempo que precise para aclarar sus dudas.

Mi único deseo es que usted sea dichosa.

Señor, le estaba buscando.

Ha venido un mozo a entregarle esta nota,

le aseguraba que es muy urgente.

¿Quién la envía?

Pues no me lo ha dicho, y tampoco viene firmada.

Gracias, Carmen,

puedes retirarte.

Si me disculpa, Lucía, será solo un segundo.

"Me ha defraudado,

hoy debía haberme pagado un plazo de su préstamo".

"Le advertí que no era un hombre paciente".

"Aténgase a las consecuencias".

Jimeno Batán.

¿Sucede algo?

No, no, nada importante.

Pero volvamos a casa, se ha hecho tarde.

¡No, no, no, no!

¡Vamos!

(GRITA)

Dejen que ella se marche.

¡Samuel, no!

Calla.

(GRITA) No, por favor, se lo ruego.

Se lo ruego, le daré lo que quiera, no lo haga. No lo haga, por favor.

No, por favor, por favor.

¡No, no, no! ¡No, no, no, no, no!

(GRITA)

¡No, no!

¡Socorro! ¡Socorro, ayúdennos! Por favor.

¡Ayúdennos, por favor!

-Venga, mi amor,

tómate esta tisana, seguro que te va a templar los nervios.

-No sé si eso será posible.

-Más tranquila que esta tarde ya estás.

-Por fortuna, que estaba a punto del síncope,

pero la procesión va por dentro, Liberto, continúo muy desasosegada,

tremendamente disgustada.

-Ahora tienes que olvidarte de eso. Relájate un poco, estás en casa.

-Doña Rosina,

usted y yo vamos a tener unos palabros ahora "mismico".

-Quizá la casa no sea tan tranquila como yo creía.

-¿Cómo te atreves?

¿Crees que puedes tratarme así?

-Usted no se merece otro trato.

Ya me he "enterao" del espectáculo que ha "montao"

pidiendo que echen a mi madre del altillo.

-Casilda, cálmate. -Así es.

Aunque sea tu madre, no debe estar en el altillo,

y no pararé hasta ponerla en la calle.

-Pero vamos a ver, doña Rosina,

por Dios, ¿tan poco aprecio me tiene?

¿Qué daño le ha hecho para que la trate con tamaña crueldad?

¿Es que no se da cuenta de que la ha "dejao" en la miseria,

que la ha "dejao" sin una casa en la que faenar?

Contésteme, se lo ruego.

-¿Qué pesadilla es esta? ¿No puedo despertar o qué?

Además de discutir con mi hija, ¿ahora tengo que discutir contigo?

-Ya veo que la fiesta continúa. -Calla,

que no está el horno para bollos.

Casilda, haz el favor de calmarte un poco, ya hablaremos de esto

más adelante, la señora ha tenido un día muy duro.

-"Pa" día duro el mío, ¿no te jeringa?

Que quiere echar a mi madre a la calle.

De verdad que esto es una vergüenza, ¡es una vergüenza!

¿Por qué le molesta que María sea mi madre?

-No me molesta eso,

¡lo que me acongoja es que Maximiliano sea tu padre!

¡Samuel, Samuel!

Deje que le ayude a descansar la espalda.

¡Dios!

¡Debo tener todos los dedos rotos!

Sujétese la mano.

Váyase, váyase.

No, no hasta que alguien le socorra.

¿Qué hace? Intentar que deje de mover la mano.

(GRITA) Lo siento, lo siento.

Con la mano en alto, retrasaremos la hinchazón.

Gracias, gracias, pero preferiría que se marchara.

Ni lo sueñe, no le voy a dejar solo.

¡Que alguien nos ayude! ¡Por favor, que alguien nos ayude!

Pueden volver en cualquier momento. ¡Un médico, necesitamos un médico!

Samuel,

no, Samuel, tiene que resistir.

Samuel, por favor.

¡Por favor, que venga alguien!

¡Por favor, que alguien nos socorra!

(GIMOTEA)

Lo mereces, Samuel.

Sabías que iba a pasar y ha ocurrido.

¿Qué está diciendo? Te lo mereces.

¿Merecer? Tú mismo te lo has buscado, Samuel.

Nadie merece tal cosa.

Samuel, estás delirando.

¡Auxilio, por favor,

que alguien venga!

Por favor. Cesáreo.

¿Qué ha ocurrido? Nos atacaron.

¿Quién, señorita? Eran dos.

Le han destrozado la mano, los dedos.

Apenas puede seguir consciente.

No se quede aquí, vaya a buscar un médico.

Sí, claro, ya voy. Ahora vengo.

Casilda ya lo sabe.

-Casilda sabe ¿el qué?

-Que es fruto de mi extinto Maximiliano.

-¡Lo sabía! Lo sabía, sabía que esa María

no se iba a contentar con agachar la cabeza.

-No te embales, Susana. -¿Que no me embale?

Somos unas buenazas, eso es lo que somos.

Teníamos que haberla subido al tren

con destino a los Monegros. ¿Cómo se lo ha dicho?

-No se lo ha dicho María. -¿Y quién, entonces?

¿Quién ha sido tan estúpida?

-Yo. -¿Tú?

Pero ¿por qué estás tan chiflada?

-No, no,...

se me escapó.

-Tenemos que tomar medidas, esto se nos ha ido de las manos,

Rosina, se nos ha ido de las manos.

-"Es que mi familia le debe muchísimo a esa muchacha".

Tanto, que yo no sé cómo pagárselo y qué forma encontrar

para equilibrar la balanza. -Sé que no es nada fácil,

esa de saber que has estado conviviendo con Casilda,

tú entre algodones,

ella entre espinas. Pero no es tu culpa.

-Yo la he querido como una hermana, y no porque lo supiera,

o porque llegara a pensar que esto podría suceder, no,

sino porque ella era la más cercana a mí en cuestión de edad.

-Y siempre la has defendido cuando discutía con tu madre.

Por eso debes escucharme.

No te obceques con el pasado, habla con Casilda,

anímala, que sienta tu amor y deja que las cosas sigan su curso.

-"Para aceptarte como criada"

en su casa, exigió que yo no apareciera

nunca y que nunca te tratara.

-Pero si don Maximiliano me encontró por casualidad en la calle.

-No, hija, eso te hizo creer, pero él estaba detrás

de que nos separaran.

-Es que no entiendo por qué, ¿qué le importaba a él que una criada

tuviera madre o no la tuviera?

-Pues sería que en su egoísmo, no quería que le recordaras

su falta de contención y pecado, a más, ya estaba casado con su señora,

y no sería plato de buen gusto que su querida rondase la casa familiar.

-Y aun así, usted, madre, ¿no hubiera podido venir a verme antes,

aunque hubiera sido de tapadillo? -¿Y poner en peligro

tu sustento y tu techo

y que nos sorprendiera y te pusiera de patitas en la calle?

Si yo casi no ganaba para mí, ¿cómo hubiese podido sacarte adelante?

-"Di lo que deseas,"

que es de justicia que obtengas de esta familia lo que a ti te plazca.

-¿Yo?

Pues si yo, lo único que quiero "pa" ser feliz, con lo que me conformo

es con tener a mi madre a mi vera.

-¿Lo ves?, es una egoísta.

Si tantas ganas tienes de estar con tu madre,

coge tus bártulos y te vas con ella.

-No, señora, verá usted, yo lo que quería pedirles

es que mi madre se viniera aquí a vivir conmigo

a la casita de guardeses. -"Lo que me extraña"

es que a Servando no le haya gustado verse como protagonista.

-Eso es porque Servando parece muy adelantado,

es más mojigato que la "sunsulina"

y no le gusta verse "mezclao" con según qué cosas.

-Puede que sí, no le digo yo que no, pero el Servando

se portó como un animal, ¿eh?

Que es más cabezón que el sacristán de mi pueblo,

que cuando va a beber de la fuente, se le va el cuerpo al pilón

detrás de la mollera.

-¿Y qué va a hacer ahora doña Leonor?

-Pues no lo sé,

pero a mí me da que va a obedecer al portero.

-Bueno,

a no ser que alguien haga algo para que Servando

dé su brazo a torcer.

-¿Algo como qué?

-Él me puso verde porque él es así.

-Y no te da permiso para continuar, claro.

-Da igual. Yo he decidido abandonar.

-Pero espérate, mujer, quizá entre en razón.

-No entrará en razón.

Voy a hablar con Benjamín Corral

y voy a rescindir el acuerdo.

-No hay motivo para hacerlo. Que no le guste al cenutrio

de Servando, no es razón para que tú desistas.

-El cenutrio de Servando, que no te digo yo que no lo sea, porque lo es,

es verdad que no puede apoyarse en la ley,

pero es que, a mí tampoco me parece cabal

desempolvar una parte de su vida sin que él me dé permiso.

"¿Sabe usted si ha denunciado" los hechos en comisaría?

No lo ha hecho. Y dudo que lo haga.

¿Por qué dice eso?

Preferirá no meterse en lances que no llevan a nada.

¿Cómo que no llevan a nada?

Anoche se sentía culpable.

-Lucía, deja que sea el señor Alday quien elija lo que es mejor para él,

tal vez prefiera que los hechos no trasciendan.

¿Por qué? Si es una víctima.

-Es posible que el incidente... No fue un incidente,

fue una agresión, un ataque.

De acuerdo.

Es posible que la agresión tenga su causa

en una mala decisión de Samuel. ¿Qué decisión?

"Espero que se recupere pronto".

Dicen que su prima iba con él.

Sí.

Eso es lo que me trae a usted. Me gustaría que hablara con ella.

Si está muy asustada, no es para menos.

Asustada está.

No quiero que la consuele, necesito que la persuada

de que siga acompañando a Samuel Alday.

¿Por qué?

Tanto mi marido como yo consideramos que puede ser peligroso para ella.

El asalto podría repetirse.

Siendo así, no lo dude, hablaré con ella.

Tengo la suficiente experiencia para saber que ahora o en su momento,

el prestamista le advirtió que si hay algo tan malo como no pagar,

es ir con el cuento a la policía. ¿Me equivoco?

Tranquilo, no se acongoje, estoy con usted.

Incluso le puedo defender legalmente si lo necesita.

Y prestarle dinero.

Se agradece. Tan solo voy a poner una condición.

Aléjese de Lucía.

¿No se le llama a eso chantaje?

Es la prima de mi esposa, Samuel.

Es mi familia, y no voy a ceder.

¿Acepta usted?

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Acacias 38 - Capítulo 850

18 sep 2018

Lucía se niega a creer que Samuel esté detrás de la muerte de Joaquín, pero la advertencia de Telmo ha hecho mella en ella. Samuel lo nota y averigua que Telmo estuvo reunido con Lucía. Leonor se enfada cuando se entera de que Rosina se ha hecho pasar por su representante. Benjamín Corral hace una oferta a Leonor, pero a Servando no le gusta la obra que ha escrito la Hidalgo y se niega a que sea representada. A pesar de las suspicacias de Ramón, los Palacios celebran en su casa la Oración del Retoño, un ritual típico de Cabrahigo, para que el embarazo de Trini llegue a buen puerto. Rosina monta en cólera cuando se entera de que María ha sido acogida en el altillo. Casilda se enfrenta duramente a Rosina y ésta le cuenta que es hija de Maximiliano. Unos mafiosos atacan a Samuel y Lucía cuando están dando un paseo y le rompen la mano al joyero.

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  1. Irene

    Yo lo he podido ver sin ningún problema. Se ve perfectamente como siempre

    19 sep 2018
  2. Mabi

    Yo tengo el mismo problema... Comienza a rodar, se frena y no tiene audio, que lastima que nos descuiden tanto...ya que muchos de los que aquí comentamos seguimos la novela desde el principio, y si por diversas razones no podemos verla por tv, ésta es la opción, ya que a YouTube suben capítulos pero no el del día de emisión o hay que suscribirse a algún canal de telenovelas y no siempre son gratuitos... Señores responsables de rtve a la carta, por favor traten de solucionar éste problema a la brevedad, ya que he leído otros comentarios afines a éstos. Desde ya, muchas gracias.

    19 sep 2018
  3. Mercedes

    Yo tampoco nos puedo ver, le doy al play y no hace nada

    19 sep 2018
  4. Amerika

    Por que el video no lo puedo ver? Me gusta mucho esa novela. Soy fan del xanal espanol internacional. Como pueden ayudarme? Saludos, Amerika

    18 sep 2018