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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 849 - ver ahora
Transcripción completa

Dios mío, está muerto.

Pero... ¿quién le ha hecho esto, por qué?

-"Menos mal que en este asunto,"

el sereno estuvo listo. -¿Que estuvo listo,... Cesáreo?

-Él te trajo. Deberías darle las gracias.

-¿Gracias, a él? ¡Nunca!

-"Quiero ayudar a Casilda".

Para mí, esa muchacha es...

como una hermana.

-Cómo no.

Es su hermana.

Casilda es hija de Maximiliano.

Lucía, ahora ya está en casa.

No debe preocuparse. Yo les ayudaré

en lo que sea necesario.

Lo importante ahora es que usted descanse y se recupere.

Es una gran historia de amor. -Entre dos mujeres, Leonor.

Es obsceno,

anti natura.

Me cuesta aceptar que hayas escrito

algo así, Leonor. Si quiere,

puedo pasarme por su casa para rezar juntos por Joaquín.

La señorita Lucía ya está acompañada.

Se lo agradecemos,

pero ahora precisa reposo.

-Servando, si cuchicheábamos, era para sonsacarle

cosas sobre la aventura esa que dice que pasó.

-La señora doña Leonor está escribiendo una obra para el teatro

contando esa historia. -Pero...

es no puede ser, le dije que no la contara.

-"Ya sé que no es fácil de entender,"

pero si me he mantenido alejada de ti, es solo por una razón,

para que no te faltara de nada.

-"¡Yo no sabía nada!".

Siempre supe que tu padre había mantenido una relación

con esa criada, ¡pero jamás supe

que había tenido una hija con ella!

-¡Miente, miente!

-Cuidado, me estás ofendiendo.

-¿Está insinuando que la Orden del Cristo Yacente está detrás

del asesinato de mi padrino?

Por desgracia, a mí no me sorprendería.

El padre Telmo y sus superiores son capaces de cualquier cosa.

-"Cuando he sentido su frialdad," ha sido como si un puñal

se clavara en mi alma.

Es algo que jamás había experimentado.

Un sentimiento impropio de un sacerdote.

El sufrimiento por el rechazo de una mujer.

Respira, mi amor, siéntate.

Respira.

Me temo que vais a tener que dejar la conversación para luego.

-Madre, ¿se encuentra usted bien? -No.

No. Lo que me duele no es el pecho, es el alma.

¿Cómo puedes dudar así de mí, de mis sentimientos?

¿Tú te crees que yo sabía que tu padre también lo era de Casilda?

¿Y cómo puedes dudar de que yo quiera a esa chica?

-Si la quisiera, haría algo para que ella y su madre se reunieran.

-¿Como qué? -Porque no ha hecho nada más

que separarlas. -¡Por Dios,

no empecéis otra vez!

-Si no crees en mí, cree al menos en tu padre, porque, hija, hija,

cree al menos en tu padre. ¿Crees que él era tan insensible,

tan cínico, como para tener a su hija,

a su propia hija, trabajando a su servicio?

De verdad, yo no tenía ni idea de que tenía

una hija con María.

-De lo que sabía mi padre,

usted no puede estar segura. -No, yo pongo

la mano en el fuego por él, ¡él nunca hubiera hecho algo así!

¡¿Vas a creer más en esa mujer que en tu propios padres?!

-Es que yo ya no sé lo que creer, ya no lo sé.

Lo único que sé es que Casilda se merece saber la verdad,

aunque ustedes no quieran que la sepa.

-¡No vuelvas a mencionar el nombre de esa mujer o te desheredo!

-¡Esto es lo que le preocupa, la herencia y el dinero!

-¡No! ¡No solo me preocupa el dinero,

también me importa el buen nombre, el honor!

-A mí nada de eso me interesa.

Si Casilda es mi hermana,

ustedes me han negado el derecho

de crecer con ella.

Y ese es un mal que ya no se puede reparar.

-Pero es que no... ¡Que no!

(Sintonía de "Acacias 38")

-Parece ser que va a ir al entierro del tío Joaquín

toda la ciudad de Salamanca.

Lo sé. Era un hombre conocido en la ciudad.

Felipe y yo tenemos pensado acudir.

Prima, yo no creo que les acompañe, no me veo con cuerpo.

Va a estar allí todo el mundo,

Lucía.

Y por eso precisamente prefiero quedarme.

No me veo capaz de enfrentarme a vecinos

y conocidos, no ahora, no tengo fuerzas.

No te apures,

nosotros iremos en tu nombre.

Nuestra existencia acallará los rumores.

Lolita, muchas gracias por las hierbas de San Juan.

Puedes retirarte a dormir. -Hasta mañana.

-Hasta mañana.

Lucía, quiero hablar contigo sobre una cosa.

Sé el afecto que tienes por Samuel, el afecto que siempre le has tenido.

Ha sido muy generoso conmigo.

A pesar de sus dificultades

financieras, lo ha dejado todo para darme su apoyo

en estos momentos. Lo sé.

Es solo que...

¿Qué ocurre, prima?

Que tanta cercanía podría ser malinterpretada.

¿Malinterpretada por quién?

Por los vecinos.

Ya sabes que hay ciertas normas de decoro.

Y mostrar excesiva cercanía puede dar lugar a rumores.

Rumores que intuyo le han llegado a usted.

¿No cree que lo indecoroso hubiera sido

darle la espalda a Samuel y rechazar su apoyo,

solo por el hecho de lo que la gente pueda pensar?

Yo solo te pido que no te olvides que es un hombre casado.

Si se me olvida, alguien procura recordármelo de vez en cuando.

Lucía, si te lo digo, es por tu bien.

Lo sé, prima, no es contra usted contra quien estoy molesta.

Este barrio a veces resulta... incómodo.

Prima, Samuel y yo somos amigos,

puede estar tranquila. No hago nada malo.

Dígame, ¿quién le ha ido con la copla?

¿No habrá sido el padre Telmo?

No ha sido nadie, Lucía.

Son cosas que se comentan en Acacias sin ninguna maldad.

Con maldad o sin ella, dígale a toda esa gente,

que entre Samuel y yo no hay nada pecaminoso.

¿De acuerdo?

Doña Leonor.

¿La importuno? -No, Agustina, ¿ocurre algo?

-Quería preguntarle yo por Casilda. En el altillo

estamos preocupados por ella. ¿Sabe usted si le sucede algo?

-No. -Es raro

que estando Servando enfermo, no haya aparecido a arrimar el hombro.

-Casilda está preocupada por Servando.

Le gustaría ayudar más,

pero mi madre apenas le deja salir

con la cantidad de trabajo que le manda.

-Entiendo.

-No te preocupes, en cuanto pueda, subirá a visitarle.

-Quizá debería ir usted también a visitarle, a Servando, digo.

-¿A Servando?

-Quiere hablar con usted, sobre el libreto teatral.

De la historia de esas dos mujeres.

No quiere que la escriba usted.

-Yo tampoco tengo la cabeza para tales menesteres.

-Está alterado con todo este asunto.

Hablar siquiera de ello le pone nervioso.

Y, en su estado, comprenderá que no es lo ideal.

Se iba a quedar más tranquilo si subiera usted a verle.

Por favor.

-Está bien. Subiré en algún momento a visitarle.

-Gracias, doña Leonor.

La dejo ya seguir con su paseo matutino. Buenos días.

-Buenos días.

-Leonor. Aguarda un momento, por favor.

-Íñigo,...

disculpa mi actitud de ayer,

estaba muy alterada. -No te preocupes,

yo tampoco estuve acertado.

-Te quiero.

-Y yo.

¿Cómo van las cosas?

Por tu cara, parece que no muy bien. ¿Van mal?

-La última discusión con mi madre no fue muy bonita.

No sé qué hacer, Íñigo,

no sé a quién creer. -Debes hacer

lo que te dicte tu corazón.

¿Qué es lo que sientes, Leonor?

-Siento felicidad cuando pienso que Casilda podría ser mi hermana.

Lo deseo.

-Si es eso lo que sientes, entonces tendrás que decírselo,

más tarde o más temprano.

Y decirle también que te alegras

de que haya recuperado a su madre.

-Ya.

Es que no voy a aceptar las condiciones de mi madre.

Esta vez no lo voy a hacer.

Aunque esto suponga romper con ella.

-¿Dónde está el padre Telmo? He de hablar con él.

Ya le he dicho que marchó esta mañana a primera hora.

¿Sabe dónde fue?

Debía hacer unos recados fuera de la ciudad,

pero no sé exactamente dónde.

¿A qué está jugando?

¿Perdón?

¿De verdad cree que me va a engañar?

¿De verdad cree que me voy a creer que la han hecho cambiar

en el sanatorio?

No sé qué quiere decir.

¿A qué espera para mostrar su verdadera cara?

Yo no espero nada, no juego a nada, solo pretendo

ser una buena criada para el padre Telmo, nada más.

No quiero molestar a nadie.

No la creo.

Hay personas que no cambian en la vida. Jamás.

Y usted es una de ellas. Usted es el demonio.

La estaré vigilando.

Hay que ver lo hermosa que iba doña Celia anoche de camino al tren.

Hasta para ir a un funeral se pone hecha un pincel.

¿Seguro que no quiere que le prepare "na" calentito?

¿Un tecito,

una hierba luisa?

¿Y qué piensa hacer en "to" el día?

Puede salir a dar un paseo, se ha "quedao" una mañana estupenda.

Lolita, no me apetece mucho salir. Ya.

También me puede acompañar

a hacer los preparativos de la oración del retoño.

Es en casa de doña Trini. Don Ramón

ha aceptado hacerla.

Es una tradición muy importante en mi pueblo, Cabrahígo.

Es mi pueblo natal, bueno, y el de doña Trini.

Y allí tenemos tradiciones... bah, desde que Cristo perdió la sandalia.

¿Sabe en qué consiste

la oración del retoño?

Se prepara un altar la mar de "apañao" y con flores,

y encima se pone una ristra de fotos de todos los que la han "diñao"

de la familia. ¿De los difuntos?

Sí, de "tos" ellos. Se ponen "tos" los retratos

de los muertos, y si no se tiene, no pasa "na",

se pone el nombre y se pone al "lao", y ya está.

A doña Trini le he tenido que poner un par.

El del Remigio, que lástima.

Era tan feo,

que su madre no le quiso hacer retrato ni en la Primera Comunión.

Bueno, y Facundo, el pocero, que decía

que eso de los retratos se le llevaba a uno el alma,

y nunca dejó que le retrataran. Y luego, ¿qué se hace?

Luego se ponen unos platos rebuenos encima de la mesa:

de chorizo, de queso bien "curao" de oveja,

una frasca de vino recio,... como ofrenda a los muertos,

y luego se rezan las oraciones.

Me suena

que vais a estar entretenidos.

-Sí. Eso le da a una "pa" entretenerse "to" el día.

¿No se quiere venir? Se va a divertir.

Lolita, no tengo cuerpo para ir a la oración del retoño,

pero tú puedes ir sin problema.

Ah, no, no, quite, quite, yo no le dejo aquí sola.

Claro que sí, si estaré bien.

Es que tiene usted una cara de compasión

que da penilla verle.

Gracias, hombre. Ah, no, no, no se lo tome a mal.

Tampoco es que tenga cara de verbena, perdóneme.

Pero Lolita, no me voy a tirar por la ventana.

No te apures, ve tranquila que yo prefiero estar sola.

No se preocupe, yo me quedo aquí limpiando.

Te voy a aceptar esa infusión.

¿Te importaría ir a prepararla? Como una saeta.

(LEE) "¿Tiene algún sentido?".

"¿Cuál es mi papel en esta vida?".

"Si tengo alguno". "Yo no encajo ni en lo más alto

ni en lo más bajo,

no encuentro la paz entre los señores y las criadas".

"Nunca, por más que yo me empeñe,

nunca me tratarán como a una igual".

"Y me siento tan sola,

tan irremediablemente sola".

"Apenas conozco personas ante las que pueda mostrarme como soy,

como yo misma, sin máscaras ni afectaciones".

"Quizás de verdad,

de verdad, solo ante el... padre Telmo".

Estúpida.

¿Qué te ha hecho esa pobre máquina?

Está acostumbrada a mis cambios de humor, no te preocupes.

-Me alegra ver que estás mejor.

-Bueno, sigo preocupada

por lo de Casilda, no te creas, pero escribir me distrae.

Y esta historia es ideal porque me encanta.

-Ya, ya veo. Y me alegro por ello.

-Estoy completando el testimonio de Servando

con unas referencias que encontré.

Es que me entusiasma tanto todo esto, Liberto.

¿Sabes que hay un productor...? -Un productor teatral,

te refieres. -Benjamín Corral, se llama.

Le he entregado unos folios, a modo de anzuelo, para ir abriendo boca.

-¿Y?

-Pues estoy esperando a ver si pica. Yo creo que le puede interesar,

pero quien me preocupa es Servando. Él se niega en rotundo

a que la escriba.

-Yo creo que más allá de que la historia sea interesante,

deberías valorar si la sociedad está preparada para una historia así.

-¿Cómo que si está preparada? -Ya te lo dije,

hay ciertas personas a las que le puede ofender, incluso molestar.

-¿El amor entre dos personas? -Entre dos mujeres.

-Es amor, a fin de cuentas.

-No creo que todo el mundo piense así,

creo que lo sabes muy bien, ¿o tengo que recordarte

lo que dijo ayer tu novio? -Pues por eso mismo

es necesario dar a conocer esta historia,

por esas voces retrógradas que no entienden que la única cosa

que importa es querer y que te quieran.

Liberto, yo viví el amor que sentía Claudio

por otro hombre, y te juro

que era tan real, como el que yo sentía por Pablo

y el que ahora siento por Íñigo.

-Pues lamento no ser tan abierto de mente como tú, Leonor,

pero me parece antinatural una relación entre dos hombres,

y mucho más entre dos mujeres. -¿Por qué?

-Pues yo creo que es obvio.

Los cuerpos están hechos para acoplarse y aparearse.

-Muy romántico. -No, muy tangible.

-Pues las cosas no siempre son así, Liberto.

Hay veces que el corazón decide amar a alguien

que es de tu mismo sexo.

-Pero, vamos a ver, Leonor, piénsalo bien.

¿Tú quieres invertir tu tiempo en escribir una historia

que sabes que te van a censurar? -Sí. Voy a hacerlo.

Porque las cosas que se pueden conseguir, bien merecen el riesgo.

-Lo que tienes que hacer es preguntarle a ese productor

si le merece la pena invertir,

porque que se podría quedar sin todo su dinero.

-Ya. Eso es lo que está valorando,

pero por suerte no soy la única valiente en esta sociedad obtusa,

hay más gente como yo y, si no es Benjamín Corral,

será otra persona. -Sí, muy pronto lo vamos a saber.

-Bueno, no lo tengo muy claro, es un hombre muy ocupado

y me ha dicho que va a tardar, pero mira, incluso me alegro.

-¿Y eso? Yo pensaba que querías sacar esta obra cuanto antes.

-Sí, y así es, pero producir una obra significa

dedicarle todo el tiempo que tengas disponible.

Y ahora mismo también me quiero ocupar

del asunto de Casilda.

-No deberías tomarte ese asunto tan a pecho.

La vida de Casilda no es tu responsabilidad.

-Le han negado la verdad, Liberto. -Sí, pero es su propia madre

quien se la ha negado. -Haya sido quien haya sido.

Casilda es mi hermana,

y no pienso dejarla en la ignorancia.

-Creo que deberías seguir escribiendo, estabas concentrada

y he venido yo a alterarte. -Sí.

Será mejor que siga escribiendo, que es lo único que me vale

de tanto pensar y de tanto tormento.

La muerte de don Joaquín ha sido muy repentina.

Nadie esperaba algo así.

En cuanto terminemos nuestra conversación, iré a las exequias

que se celebran hoy en su honor.

Lo cierto es que tenía una estrecha relación con ese hombre.

No sabía que usted le conocía tan bien.

Teníamos un acuerdo.

Un acuerdo que rompimos no hace mucho.

¿Qué clase de acuerdo?

Usted no era la única baza que jugábamos en todo este asunto

de Lucía.

Joaquín y yo teníamos un acuerdo para intentar convencer a Lucía

de que devolviera la herencia a la orden.

¿Y por qué rompieron ese acuerdo? Fui yo quien lo rompí.

Lo hice cuando don Joaquín confesó a su ahijada que era la verdadera hija

de los marqueses de Válmez.

¿Qué sucede, en qué piensa?

En lo extraño que es todo este asunto.

¿A qué se refiere?

El padrino de Lucía ha sido una pieza indispensable hasta ahora.

Cuando empieza a sobrar, unos ladrones entran en su casa

y acaban con su vida. Bueno.

A veces, estas cosas suceden sin más.

Sí, pero parece todo muy orquestado.

No lo creo,...

pero, sea como sea, ahora está muerto.

Y nosotros solo podemos rezar por su alma y porque Dios le acoja.

Además,...

usted y yo tenemos asuntos terrenales

importantes de los que ocuparnos.

De Lucía.

¿Se ha ganado ya su confianza?

Lo había hecho, pero algo ha cambiado de repente.

¿Qué quiere decir?

Es como si algo la hubiera alejado de mí.

Alguien, más bien. ¿Quién?

Don Samuel Alday.

No sé qué intereses mueven a ese hombre, quizá solo sean románticos,

pero no quiere que Lucía se apoye en mí.

Ese hombre no nos interesa,

padre Telmo. Lo sé.

Déjelo en mis manos.

Antes de regresar a Acacias, me gustaría indagar

sobre lo que ocurrió en casa de don Joaquín.

¿Sabe usted qué inspector lleva el caso?

,,,cinco...

-Qué raro que Flora no se haya presentado en toda la mañana.

-Sí que es raro, sí.

Y más cuando falta dinero. -¿Cuánto falta?

-Pues todo lo que teníamos guardado para el horno.

-Pero ¿qué está pasando aquí?

A ver...

-Cuatro...

Me temo que el dinero de la reparación del horno

ha ido a parar a sombreros y sombrillas.

-Pero Flora, ¿de qué vas vestida?

-Con tanto lazo, pareces un pastel.

-Muchacha, si fuera tan amable,

un vasito de agua templada con una rodajita de limón, por favor.

Agradecida quedo.

-¿"Si fueras tan amable"?

¿"Agradecida quedo"? Pero Flora, ¿tú te has tragado

un diccionario o qué?

-¿Y por qué nos ignoras?

Eh, Flora, ¿es que no nos oyes? -Pues claro que te oigo,

pero es que las revistas de moda

dicen que hay que ignorar a los hombres,

hacer como si no existiesen.

-Y no dicen que no se puede robar dinero de la caja, ¿no?

-Ay.

Hoy no voy a poder asistir al trabajo,

es que tengo una jaqueca terrible.

-Peña, ¿tú sabes de qué va todo esto?

-Mucho me temo que sí.

-Don Liberto, ¿qué opina usted?

-¿De qué?

-De "to" lo que está pasando. -Pues considero que no deberías

haber hablado así a la señora.

-Sí, lo sé, "tié" usted razón, don Liberto.

Yo tampoco me siento orgullosa de haberlo hecho,

pero es que "naide" me dice la verdad.

Ni siquiera mi propia madre, y tampoco me cuenta

todo lo que parece que hay.

Después de tantos años sin decir ni mu,

aparece y me cuenta que es mi madre,...

pero "a luego" se le come otra vez la lengua el gato

y no responde a mis preguntas.

-No sabría qué decirte, Casilda.

-Doña Leonor también está conmigo más rara que un perro verde,

y tengo la impresión de que me está ocultando algo.

¿Y usted,

don Liberto, usted sabe algo?

¿Doña Rosina le ha contado algo?

-¿A mí Rosina qué me va a contar?

Lamento no serte de más ayuda.

-Más lo siento yo.

Bueno, me marcho a la cocina. Con pena o sin pena,

tengo que seguir faenando, que la faena no se hace sola.

Además, le he "prometío" a mi madre que cumpliría con mis obligaciones.

-Higinio.

Higinio.

Higinio. -¿Qué?

-¡Ah!

Me acabas de dar un susto de muerte. -¿Qué haces aquí?

-Toma, te traigo dinerito fresco.

-Menos da una piedra. -No te quejes, que te arreo.

-Estamos en bancarrota. -Ya, por eso vine a escape.

¿Sabes lo que me ha costado conseguir eso?

-¿Quién te lo ha dado?

-Pues una miaja Leonor y otra, la Casilda.

Que con lo poco que gana, no sé cómo ha conseguido reunir esa gota.

-Cuidado, María, los sentimentalismos no nos convienen.

-Higinio, es mi hija, por el amor de Dios.

-Ya lo sé, por eso te lo advierto,

para que no te pierdas. Tenemos un plan, no lo olvides.

-¿Porque tengamos un plan ya no puedo decir lo buena que es la niña,

o lo bien que la ha cuidado mi madre?

-Puedes decir lo que quieras, siempre y cuando

mantengas la cabeza fría.

Ven.

Piensa que el sacrificio que hiciste dejándola con su abuela estuvo bien.

Piensa que la dejaste en buenas manos,

que por eso, ahora tiene un buen trabajo.

Tú no podías hacerte cargo de ella en aquel entonces.

-Podría haberme hecho cargo, si no hubiera conocido

a desalmados como tú, que les gusta más el vicio...

-¿Vamos a pelear ahora?

¿Me vas a echar a mí la culpa?

Porque te recuerdo que tú ya frecuentabas

todas las casas de apuestas de esta ciudad cuando te conocí.

Así que no me vengas con cuentos ahora.

Hemos venido a llevar a cabo un plan, y eso es lo que vamos a hacer.

No titubees, María, o saltará todo por los aires.

-Ahora mismo les traemos más café.

Mira quién llega por ahí, la reina de Saba.

-Flora, ¿has visto cómo está esto?

¿No nos vas a ayudar?

-Ay, de acuerdo, pero solo un rato, que todavía tengo jaqueca.

¿Qué desean los señores? -Perdón.

-¿No puedes quitarte estas ropas? -¿Qué les pasa a mis ropas?

-Pues que no son adecuadas para servir.

-¿Qué tienen de malo? -No me llegan las horas del día

para decirte lo que tienen de malo. -¿No puedes prescindir de ellas?

-Nones, mi muy señores míos,

una dama es una dama las 24 horas del día, no a ratos.

-Lo que tú digas, pero coge esos cafés

y llévalos a la mesa cinco, que llevan tres horas esperando.

(RÍEN)

(RÍEN)

(RÍEN)

-Venga, mano tiesa.

Ahí está.

"Palante".

La otra mano, tiesa.

Ya está, y "patrás". -Ya está, ya está, déjame,

que no soy tu marioneta. -No se me queje, que he dejado sola

a la señorita Lucía "na" más que "pa" venir a cuidarle a usted.

-¿Y a ti quién te lo ha pedido? -Uy.

Cállese, que se va a cansar.

-Os he dicho mil veces que no dejéis vuestras obligaciones por cuidarme.

-¿Tengo yo cara de que me importe lo que me diga usted?

-Ya te puedes ir, que ya estoy bien.

-No diga "tontás". Ahora viene la Fabiana a darme el relevo,

así que no se apure usted. -Si lo que no quiero es molestar.

-Pues cállese, que molesta menos.

-(LLAMA)

-Señorita Leonor. -¿Se puede?

-Sí, sí, pase, pase.

-¿Qué, Servando? Agustina me ha dicho que querías verme.

-Sí, señorita, y además iré

directamente al grano.

Usted es una señora y yo soy un simple portero,

pero la historia que está usted contando es mía y solamente mía,

y le prohíbo que siga trabajando en ello.

-Me alegra oírte hablar con esta firmeza.

-¿Que se alegra?

-Sí, sí, enormemente, porque eso quiere decir

que te estás recuperando, y es lo que todos deseamos.

-No sabía que estaban tan preocupados por mí.

-Hombre, Servando, es que has estado muy grave.

-No, no,

no, no haga eso, que ya sé

lo que está usted haciendo.

-¿Yo? -Sí, no se haga la mosquita muerta.

-Pero ¿qué está haciendo doña Leonor,

que no sea dedicarle bonicas palabras?

-Me está dorando la píldora para cambiar de tema

y no hablar de mi historia.

Mire, míreme bien, a los ojos.

Le prohíbo que siga con eso.

Esa historia tiene que quedar en secreto y no se tiene que conocer.

-¿Por qué? ¿Tú sabes la cantidad de mentes obtusas que se abrirían

al ver esa obra?

-Que no, que no, no, no.

-Y podríamos ayudar a gente que vive situaciones similares.

-No, no, no, no y no. (TOSE)

-Si lo que te preocupa es lo que le puede pasar a esas mujeres,

te aseguro que cambiamos los nombres.

-Ya he dicho mi última palabra.

-Está bien. Solo te voy a pedir una cosa.

Tú déjame terminar de escribir la obra y yo luego te la leo.

Y si entonces decides

que no quieres que vea la luz, yo respetaré tus deseos.

¿Trato hecho?

Venga, Servando, hazlo por mí.

-Trato hecho.

(Llaman a la puerta)

La puerta.

-Doña Rosina,... don Benjamín Corral.

-Gracias, puedes retirarte.

¿En qué puedo ayudarle, caballero?

-Ayer estuvo en mi oficina cuando yo estaba fuera Leonor Hidalgo.

Dejó un fragmento de una obra de teatro

que está escribiendo. ¿Es usted? -No, soy su madre.

-¿Está Leonor, podría hablar con ella?

-No está, pero puede hablar conmigo porque soy su representante.

-Eh... -Ya sé lo que me va a decir.

Sí, la obra que está escribiendo mi hija es...

osada y pecaminosa. -Sí, lo es.

-Pero escribir esa historia fue su primera idea, luego la descartó.

-¿Cómo que la descartó? -Ha roto el manuscrito.

Pero, si lo que le gusta es su estilo,

puede escribir cualquier otra obra que usted le encargue.

Es trabajadora, seria, y lo que necesita es escribir...

-Ya, pero... -¿Pero? ¿Ocurre algo?

-Yo entiendo que esta obra es escandalosa y subversiva,

pero por eso creo que puede ser un gran éxito.

-Ah. ¿Le ha gustado la obra?

-Esa obra es la que quiero que escriba.

Y estoy muy interesado en pagarle una enorme

suma de dinero.

-Siéntese.

¿Cómo de enorme?

¿Esto es un cero? -No, son varios ceros.

-(RÍE)

-Eh,... hablaré con mi hija,

trataré de convencerla. Ya está convencida,

¿Cuándo firmamos? (RÍE)

Qué letra tan bonita. -Gracias.

¿Qué le ocurre?

Nada. Parece nerviosa.

¿Nerviosa? Sí. Como inquieta.

¿Acaso le preocupa que el padre Telmo pueda vernos pasear?

Claro que no.

Lucía.

Doña Susana.

¿Felipe y Celia han regresado de su viaje?

No, aún no han llegado de vuelta.

Me ha extrañado verte aquí, quizá deberías haberte ido con ellos.

-No me veía con fuerzas para enfrentarme a todas esas personas.

A veces hay que hacer de tripas corazón.

¿Y por qué debería hacerlo?

Es cuestión de normas sociales, querida.

Todo el mundo comprenderá que Lucía no se sienta preparada

para asistir al sepelio. ¿Olvida que fue ella quien encontró

el cadáver de su padrino? Entiendo que ha sido un duro golpe.

Así es.

Y que estés impactada por el suceso.

No sabe usted cuánto.

Pero hay veces que hay que enfrentarse a la crudeza de la vida

y afrontarla,

eso hace madurar.

Gracias por sus sabios consejos, doña Susana.

Los tendré en cuenta

para ocasiones futuras.

Me alegra ver que Samuel te presta toda su atención

y que estás muy bien cuidada.

Buenas tardes. Buenas tardes, doña Susana.

Con Dios.

Ahora comprendo sus reparos de no salir a la calle.

De eso se trata, ¿verdad?

Los vecinos comentan al vernos juntos.

Ya me advirtió mi prima Celia.

No sé a usted, pero a mí poco me importa

lo que pueda opinar la gente, disfruto pasando tiempo con usted

y seguiré haciéndolo, si usted me lo permite, claro.

Se lo permito.

Esto solo corrobora lo que ya le dije hace unos días.

Es mejor que nadie sepa quién es usted realmente.

Si se ponen así solo con vernos pasear juntos,

qué dirán cuando se enteren que es usted hija de un incesto.

No sabe usted la razón que tiene.

Dicen que son novios.

-¿Quién lo dice? -Pues ya sabe usted,

por ahí se oye, se comenta.

-Pues es un embuste como una catedral,

porque don Samuel no ha olvidado a doña Blanca.

-Pero no se lo tome usted así, que es normal

que la gente le dé a la sinhueso.

-¿Ah, sí? ¿Y por qué habría de ser normal?

-No me negará que no se les ve siempre bien juntitos

y muy "aveníos".

-Eso no se lo niego, no, pero todo lo demás sí.

Que no son novios. ¿Cuántas veces he de aclararlo?

-Bueno, y que no pueden ser novios, porque don Samuel está "casao".

Como mucho, serían amantes.

-Válgame Dios, ¿qué cosas dices, Lolita?

-Ay, las cosas, claras.

-De todas formas,

no me extraña que la señorita Lucía se apoye en don Samuel.

No tiene que estar pasando unos días muy católicos

después de lo que le ha pasado a su padrino.

-Ay, Dios mío, qué desgracia tan grande.

-Asesinado "na" más y "na" menos.

-Tenían que haber visto a la pobre, "alicaía" todo el día,

pensando en que hoy iban a enterrar

al hombre que ha sido como su padre.

-No entiendo cómo no ha ido a Salamanca a darle sepultura.

-Carmen, eso no lo entiende ni usted ni nadie.

-Yo no lo sé bien, pero se conoce que la muchacha

allí es muy "conocía". -¿Qué quieres decir?

-Pues como yo en Cabrahígo, que es pisar el pueblo y me salen vecinos,

amigos, y tardo tres horas en llegar a casa.

Y es normal que la muchacha no tenga cuerpo de saludar

ni de florituras ni de "na".

Casilda, dichosos los ojos. -Hola a todas.

-Pues sí eres cara de ver, Casilda. ¿"Ande" te has "metío"?

-No he "podío" venir antes. -¿No? Pues muy mal hecho.

¿Tú te acuerdas que Servando está enfermo y que es responsabilidad

de "toas" cuidarlo? -Que sí, "señá" Fabiana,

no me regañe, que no sabe lo que me ha "pasao".

-¿Qué te ha "pasao"?

-Pues que me he "enterao" de una cosa muy gorda.

-¿Qué cosa, Casilda? Dilo ya.

-Es que... me he "enterao" de quién es mi madre.

¡Que no está muerta!

-¿Quién es tu madre?

-Pues ni más ni menos que María.

-¿Qué?

Había mucha gente.

Estaba allí toda Salamanca. Era de prever.

Y todos me preguntaron por ti.

Espero que entendieran mi ausencia.

Lo cierto es que nadie lo acusó con molestia, sino con preocupación

hacia ti.

Comprendieron que no te vieras con fuerzas de acudir a Salamanca.

Percibí el cariño que todo el mundo te tiene allí.

¿Qué hiciste hoy?

Estuve toda la mañana en casa y luego salí a dar un paseo.

¿Con Samuel Alday?

Supongo que eso usted ya lo sabía.

En Acacias, las noticias viajan más rápidas que una manada de caballos.

Aquí corren como saetas. Y duelen como puñales.

No quería afearte la conducta, tan solo que comprendieras

a lo que me refería. Usted tenía razón en todo.

Este barrio no es

muy grande. Con todos mis respetos,

lo que sí es grande es la boca de doña Susana,

porque intuyo

que ha sido ella quien ha empezado a correr el rumor

de que entre Samuel y yo hay algo más que una amistad.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir.

Disculpe que la moleste. Pase, padre.

Sé que es un poco tarde, pero vengo a ver a Lucía.

Les dejaré a solas para que puedan hablar.

No hace falta, prima. No haga eso.

¿Hacer el qué?

Evitarme. Tiene que escucharme.

A ver, Casilda, ¿tú estás segura que eso fue lo que te dijo,

que es tu madre? -Que sí, "señá" Fabiana, que sí.

Que estoy segura.

"Amos", qué cosas "tié". -Alguna prueba

te ha tenido que dar. -Sí.

-"Toas" las del mundo, Lolita, "pa" chasco que sí,

retratos, partidas de nacimiento, "to".

-Jesús bendito,

¿tu madre, María?

-¿Y tú cómo estás, Casilda? Quiero decir,

¿cómo se te ha "quedao" el cuerpo? -Pues suponte,

no todos los días le cae a una una madre del cielo.

Además, yo pensaba que la había "espichao".

"Fijaros", ¿eh? Mi "abuelica", que me dejó,

luego el Martín,

y también mi primo, que se ha "marchao"

con las ovejas. Ay.

Si ya es bonito cuando uno conoce a su madre,

así porque así,

imaginaos estando tan sola como lo estoy yo.

-Casilda, que tú no estás sola, nos tienes a nosotras.

-Si ya lo sé, Lolita, pero yo me refiero

a sangre de mi sangre,

a mirar a alguien a la cara

y saber que tú vienes de ahí.

-Di que sí, Casilda,

que yo te entiendo.

-Casilda,...

¿tú estás segura de lo que te dijo esa mujer,

es verdad? -Le digo que sí,

"señá" Fabiana.

Es verdad verdadera, no hay engaño alguno.

Pero bueno, yo no he "venío" aquí

a escape solamente "pa" contarles la buena nueva,

también querría pedirles

un favor. Bueno,

más bien quiero pedírselo a usted,

"señá" Fabiana. -¿A mí?

-Sí.

Verá, es que yo estoy muy "preocupá" por mi madre.

"Ende" que el matasanos la ha "echao",

no tiene ni faena ni reales.

-¿Y qué puedo hacer yo por ella?

-Darle cobijo aquí en el altillo, "señá" Fabiana.

-¿Aquí?

-Sí.

Por lo menos por un tiempo,

darle un empujoncillo hasta que se las pueda apañar sola.

Verán, María,...

o sea, mi madre,...

se quiere alejar de mí

porque no quiere ser una carga y tampoco quiere darme problemas,

pero necesita nuestra ayuda.

Y yo no puedo verla en la calle pidiendo limosna

como una menesterosa.

-Casilda,... eso puede traernos muchos problemas.

Sobre todo si se enteran doña Rosina y doña Susana.

-"Señá" Fabiana, no tienen por qué enterarse.

Además, le digo una cosa,

si se enteran,

yo me echo "toa" la culpa

y pago con "to",

pero a usted no le va a caer culpa de nada.

-Ay. Qué demonios.

Una madre es una madre.

-¿Eso es un sí?

-Anda,... dile a tu madre que se venga "pacá".

-Ay.

Muchísimas gracias, "señá" Fabiana, muchas gracias.

-Ay.

-Muchas gracias.

¿Cuándo ha ido a Salamanca? Hoy.

¿Hoy?

Otros asuntos me requerían allí desde primera hora

de la mañana y no quería irme sin indagar

sobre un asunto que me tiene inquieto.

¿No va a preguntarme qué asunto? ¿Qué asunto, padre?

El asesinato de su padrino.

No quiero hablar de ese tema.

Lo sé. No es plato de gusto, tampoco para mí,

pero tiene que escucharme. Tiene que saber la verdad.

¿Qué verdad?

-¿Está usted segura que está confiando en la persona adecuada?

¿Se refiere a Samuel Alday?

Don Samuel Alday estuvo con su padrino antes de que falleciera.

Antes de que fuera asesinado.

Padre, ¿adónde quiere ir a parar?

Lucía, creo que tras la muerte de su padrino

está la mano de Samuel Alday.

Mañana hablaremos con los señores para pedirles que la dejen quedarse.

-Así que no se ponga usted muy cómoda

que lo mismo mañana la tenemos que poner de patitas en la calle.

-Al menos me habré ahorrado una noche al raso.

-Quieta "pará", María.

¿Dónde cree que va?

-A mi cuarto. -No, de eso nada.

No hemos "terminao" de hablar.

Ahora mismito me va a explicar usted qué es esa "tontá"

de que usted es la madre de Casilda.

-"Aguarda, por favor,"

tenemos que hablar.

-Si quiere convencerme de que hace lo correcto, pierde el tiempo.

-Hija, por favor, ¿no te das cuenta de que te estoy protegiendo?

Solo deseo lo mejor para mi hija.

-Bueno, y yo lo que quiero es que se hagan las cosas de manera justa.

Hay que decirle la verdad a Casilda,

tiene derecho a saber quién es su padre.

-¡Nunca! -¿Lo ve, lo ve?

Como no nos ponemos de acuerdo, mejor no seguir hablando.

-Leonor, no era de Casilda de quien te quería hablar,

sino de Benjamín Corral.

-"¿Y tus ropas de ayer? -En casa".

No volveré a hacer el ridículo.

-No estés tan segura, no pienso dejar

que se muera la gallina de los huevos de oro.

-Flora, ¿por qué te crees que está La Deliciosa a rebosar?

Porque han venido a verte. -¿A mí?

-Claro. -¿Y por qué?

-Para que les diviertas comportándote

como la señorita del pan "pringao".

-¿Me estás diciendo que pretendes que tu novia haga el payaso

frente a unos desconocidos para sacar más parné?

¿De qué estaban hablando, que mi presencia ha motivado su silencio?

Nada de enjundia, Lucía.

Me he acercado por si le apetecía dar un paseo.

He creído que le vendría bien distraerse un rato.

¿No le apetece?

No, no es eso.

Se lo agradezco, pero prefiero quedarme en casa.

Quizá tema encuentros incómodos y habladurías,

pero eso tiene remedio, pasearemos por otro barrio.

Lo lamento, pero le aseguro que hoy no puedo,

quiero acabar de coser una labor que comencé hace unos días.

"La criada de Higinio"

sigue en el altillo a pesar de haber sido despedida.

-No se lo ha tomado tan mal.

-¡María no tiene derecho a estar en el altillo!

-Tal vez sí que le ha molestado un poco.

-Fabiana la acogió. -¡Maldita Fabiana,

no tendría que haberle dado permiso!

-¿Quieres calmarte un poco?

Que tenga un buen día, don Manuel.

Estamos haciendo el ridículo. -¡Me da igual,

que la gente mire lo que le entre en gana!

¡Fabiana me va a oír! -A este volumen,

ella y toda la ciudad.

-Ha faltado que le saliera espuma por la boca.

-Oh...

-¿Y cómo se lo ha tomado Casilda

que esa mujer sea su madre? -Pues la mar de bien.

Las que no lo hemos "encajao" somos las demás,

sobre todo Fabiana, que no la soporta.

-La verdad es que es todo un tanto extraño, esperemos que no acabe

como el rosario de la aurora.

Bueno, pues ya está todo perfecto, no falta nada.

-Se equivoca, falta su "marío".

-Espero que no tarde mucho en llegar, ¿eh?,

y que no se haya olvidado de qué día es hoy.

-Espero que no, que una vez montado el altar,

hay que empezar con el rito o la mala suerte viene.

-"Mi madre está subiéndose por las paredes".

-Así estará si Liberto no consigue calmarla.

-Dudo que pueda. Yo, al menos,

consigo evadirme un poco escribiendo,

pero mi madre no para de darle vueltas y hacer locuras.

¿A que no sabes cuál es su última ocurrencia?

Ayer, sin ir más lejos,

ejerció de mi representante literario.

-Creo recordar que ya me comentaste que anteriormente lo fue.

-Sí, pero pensaba que ya estaba olvidado.

-¿Y qué hizo

tu flamante representante?

-Se reunión con Benjamín Corral, el promotor teatral que, al parecer,

está interesado en la obra.

-¿Qué haces aquí tú sola? -Nada,

que estaba cansada y me he sentado un rato,

pero ahora mismo volvía. -No, no, no, no, de eso nada.

Tú no te mueves de aquí hasta que me cuentes qué te preocupa.

-¿Acaso no lo sabes?

-¿Es por haberte hecho servir las mesas vestida de señorita?

-Me he sentido como un mono de feria.

-Solo tratábamos de sacarnos unos cuartos,

no pensé que te fuera a sentar tan mal.

-Pues ya ves que te equivocabas.

-Estoy muy preocupada por la prima de una amiga,

la joven Lucía.

No sé si está al tanto de que pasa mucho tiempo

con el menor de los Alday.

Algo he oído.

He llegado a sospechar que la relación entre ellos dos...

es más que una amistad.

Y, aunque fuera así, eso no sería asunto de la iglesia.

Perdone que le diga que se equivoca.

No podemos olvidar que Samuel es un hombre casado.

Le agradezco que me lo haya recordado,

pero le ruego que se mantenga al margen.

Ya hablaré con Lucía.

Trataré de hacerle ver que no va por la senda adecuada.

-Usted y yo vamos a tener unos palabros ahora "mismico".

-Quizá la casa no sea tan tranquila como yo creía.

-¿Cómo te atreves?

¿Crees que puedes tratarme así?

-Usted no se merece otro trato.

Ya me he "enterao" del espectáculo que ha "montao"

pidiendo a gritos que echen a mi madre.

-Casilda, cálmate.

-¡No se merece estar en el altillo,

y yo no pararé hasta ponerla en la calle!

-Pero vamos a ver, doña Rosina,

por Dios, ¿tan poco aprecio me tiene?

¿Qué daño le ha hecho mi madre a usted para que la trate así?

¿Es que no se da cuenta de que ha "dejao" a la mujer en la miseria,

que la ha "dejao" sin una casa en la que faenar?

No debe compartirlo con nadie. ¿Ni siquiera con Felipe?

Lucía, lo que me pides no me resulta sencillo, no le oculto nada.

Confío plenamente en mi esposo.

Prima, no se lo pediría si no lo considerara preciso.

Está bien.

Puedes contar con mi discreción. "Úrsula, aguarde".

¿No me ha oído? ¡Deténganse!

¿Qué desea, señor?

Que me responda inmediatamente.

Sospecho que alguien trata de poner a la señorita Lucía en mi contra

y, creo saber de quién se trata. ¿Su señor, el padre Telmo,

ha estado recientemente con ella?

Yo no sé nada de eso, señor. Haga memoria.

¿Ha visitado Telmo a Lucía en las últimas horas?

No sabría qué decirle, señor.

Quizá puede que haya ido a ver a la señorita Lucía

tras su regreso de Salamanca.

¿Ha averiguado algo el sacerdote en ese viaje?

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  • Capítulo 849

Acacias 38 - Capítulo 849

17 sep 2018

Leonor defiende que Casilda debería saber la verdad sobre sus orígenes. Casilda pide a sus compañeras que acojan a María, su madre, en el altillo. Celia previene a Lucía respecto a los rumores sobre una relación entre ella y Samuel, pero la pareja sigue dejándose ver en la calle.

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  1. Marilu

    Con referencia a ciertas expresiones o modismos en el hablar de los personajes de esta serie, supongo que mucho tiene que ver la época en la que transcurre y luego de la cual el idioma español ha ido teniendo variables aceptadas por la RAE. Siendo nativa de un país de habla hispana pero algo diferente al español de España, muchas veces escucho de los personajes palabras o frases que en mi país no existen ni existieron por lo que debo hacer uso de mi imaginación para entender que quisieron decir..- Por ejemplo me sucede que me parece NO correcto cuando varios de los personajes dicen : " de ninguna de laS maneraS " así en plural; CREO que lo correcto es " de ninguna manera " (o quizás la errada soy yo, pero en plural me suena mal )

    19 sep 2018
  2. Lita

    Los guionistas deben tener cuidado con los "laismos" (yo la creo???). Una cosa es que de exprese así los personajes que son de pueblo, pero ya le he escuchado esa expresión incorrecta a varios personajes que de Acacias, que se supone que al ser de clase alta deben saber hablar.

    18 sep 2018
  3. Mabi

    Me encantó Flora practicando las " finuras" de señora!!! Que bonito vestido, tocado y sombrilla! Es muy bonita ella y le quedaba muy bien el atuendo.

    18 sep 2018
  4. soffia

    por que tanta payasadas con Servando el nunca aecho nadad siempre vive de los Demas el asecino es cleo o Samuel ahora Casilda no es hija de MAXIMILIANO ES UNA TRUFA DEL MEDICO Y LA MUJER NADAD BUENO SALE DE ACACIAS 38

    17 sep 2018
  5. Saro

    Liberto lo está pasando mal y me da pena, esta pareja no se merece tener tantos problemas ... los guionistas cada vez le ponen al personaje de Rosina las cosas más complicadas, cada día está más exaltada, gritona e histérica y el personaje antes gritaba en ciertos momentos pero, es que lo de ahora es exagerado y éso tiene a Liberto muy preocupado. Me pregunto dónde ha quedado aquella pareja que me enamoró, la que tenía preciosas expresiones de amor, a la que le era fácil ponerse de acuerdo, la que se entendía con unas miradas que te hacían temblar de emoción. Espero que los Sres. Méndez Aspe vuelvan a regalarnos escenas tranquilas y llenas de ese Amor tan grande que ellos siempre se han profesado.

    17 sep 2018