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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 847 - ver ahora
Transcripción completa

¿Mis padres... hermanos?

Pero eso es una barbaridad, un disparate,

y más viniendo de usted. Padre, eso sería incesto.

No los juzgue antes de conocer las circunstancias.

¿Quién se lo ha dicho? No me pida imposibles, se lo ruego.

"Mañana te despediré". Es lo que me ha exigido Liberto.

¿Estás preparada para contarle la verdad a Casilda?

María,

valor y al toro.

"Lucía es joven,"

casi una niña, seguro que no tardará en desaparecer el tormento.

Eso pensaba yo, pero es como si quisiera seguir removiendo su vida.

Sé por mi esposa que quiere volver a Salamanca,

no sé qué querrá hacer allí. -"Mi tío Cándido"

atravesó el océano.

Volvió desde Argentina para doblarla en Naveros.

Es lo mínimo que se le puede pedir...

a un hijo de tan noble villa.

-¿Se va usted? -Podría decirse así,

y también podría decir que me han puesto de patitas en la calle.

Al final han convencido a don Higinio de que soy una ladrona.

-¿Y se va a encaminar usted así, de noche?

-Podrán pensar de mí lo que gusten, pero una es cumplidora.

(TOSE)

(TOSE)

-"Tú ves a Rosina como una madre, ¿no?".

-"Bueno, como una muy mandona, y muy quejica también".

-Ella cree que vas a dejar de verla así, si te cuento la verdad.

-¿Qué verdad?

-Pues que si estás en este mundo es gracias a mí, hija.

Yo soy tu madre.

Hay una orden eclesiástica involucrada.

La Orden del Cristo Yacente.

Al parecer, ayudó a los marqueses a mantener el secreto

y esperaba ser incluida en el testamento.

Como se podrá imaginar,

se sintieron muy despechados

al saber que todo se lo legaban a usted.

No pueden hacer nada en contra de mi voluntad.

Ya han empezado a acosarla y a vigilarla,

aunque no se haya dado cuenta. ¿Cómo?

El padre Telmo es un miembro de la Orden del Cristo Yacente.

Quieren su patrimonio.

El padre Telmo, miembro de esa orden lo sabía,

pero que fuera tras mi patrimonio de esa manera tan taimada, no.

A mí también me costó creerlo.

No puede ser, Samuel.

Él es un simple párroco destinado a la iglesia de este barrio.

Se hace pasar por tal para estar cerca de usted.

Su único objetivo ha sido ganarse su confianza...

para arrebatarle lo que es suyo.

Me ha ofrecido su ayuda.

Me ha ayudado a buscar mis raíces.

Se ha hecho pasar por mi único amigo.

¿Era todo mentira?

Todo.

Siento ser yo quien se lo haya descubierto

y quien se lo diga.

No es culpa suya.

El padre Telmo me desveló parte de lo que usted cuenta,

los lazos sanguíneos de mis progenitores.

La vergüenza de ser hija de una...

relación incestuosa.

¿Él se lo dijo? Creí que era para animarme.

Pero ahora lo veo claro.

Él pretendía que me asqueara la idea

de cobrar la herencia de unos padres que prefirieron a la iglesia

antes que a su hija.

Quería que renunciara a la herencia para entregársela a su orden.

Eso parece.

Lucía,...

es su herencia y usted decide, nadie debe influir.

Yo le recomiendo que decida usted lo que decida,

no se vea marcada por los engaños de esos desalmados.

Yo pensaba hacer caso al padre Telmo,

viajar con él a Salamanca

para cumplimentar los papeles necesarios

para renunciar a ese dinero y a esas propiedades.

Si es lo que usted desea... No.

Claro que no.

Me parece miserable que hayan querido utilizarme así.

¿No tienen decencia?

Desconozco si el valor material es elevado.

Imagino que sí, pero lo que ellos querían recuperar

eran unas obras de arte que consideran suyas.

¿Cómo sabe eso?

Su padrino me lo dijo.

De mi padrino me esperaría cualquier cosa,

pero no del padre Telmo.

Parece mentira. Un hombre consagrado a Dios

como él, dedicando su vida a rapiñar una herencia de una mujer

a la que confiesa y da la comunión todas las semanas.

No todos los hombres de la iglesia son así.

Él merece el infierno con el que muchos amenazan.

¿Se da cuenta de que se ha aprovechado

de todo lo que ha sabido bajo secreto de confesión?

Es un ser abyecto.

Le recomiendo que se mantenga lejos de él.

Eso haré.

Quiero hablar personalmente con mi padrino.

Quiero escucharle todo de su propia boca.

Y quiero que me lo cuente mirándome a los ojos.

Perdone que me marche,

pero necesito soledad para pensar y preparar mi viaje.

Por supuesto.

(Sintonía de "Acacias 38")

Agustina, se pasa el día cosiendo en la sastrería,

y aún le queda ánimo para coser la ropa de los señores.

Con compañeras como usted, da gusto.

-Tardo cinco minutos con los arreglos

y le echo una mano a las jóvenes.

¿Sabe lo que pasa? Que a las mozas de ahora

no las enseñan a coser como a nosotras.

Hay muchas que saben

las cuatro reglas, antes de aprender a coser un botón.

Toma, niña.

Para esto... necesito hilo negro.

-Mire, Agustina, aquí lo tiene.

-Es una pletina en un pantalón.

Esto yo sabía hacerlo antes de los nueve años.

-Y yo, Agustina, y yo.

Pero ¿sabe lo que le digo?

Que me alegro de que las mujeres no solo aprendan a coser.

Ojalá, algún día, hombres y mujeres aprendan lo mismo.

Al igual que hay un hombre médico,

¿por qué no puede haber una mujer médica?

-Quién me diera verlo. -O jueza,

ya puestos.

Porque las mujeres tenemos más sensibilidad

para saber lo que está bien y lo que está mal.

-No le digo que no. A mí nada me hizo más feliz

que aprender a leer y a escribir.

Pero por muchas médicas y juezas que haya, los botones se caen

y los fondillos de los pantalones hay que zurcirlos.

-Pues mire, que los zurzan los hombres,

que ya llevamos nosotras muchos siglos haciéndolo.

-¿Se imagina a don Samuel cosiendo un roto?

(RÍE)

Porque yo, al coronel, que en gloria esté, no me lo imaginaba.

Antes salía en cueros a la calle.

-Nuestras nietas lo verán. Y hasta serán juezas.

-Buenas. -Buenas.

-¿Servando no se ha "levantao" todavía?

-Ni se le ha oído. Duerme como un bendito.

Ni ronca. -Desde ayer

a la hora de la merienda.

-¿No es mucho sueño para un adulto?

-Tanto que sí. Voy a despertarlo, aunque se enoje conmigo.

(LLAMA) ¿Servando?

Servando.

(LLAMA)

Servando.

Servando.

Despierte usted, hombre, que le va a dar...

Ha "desaparecío".

¡El Servando ha "desaparecío"!

-No es posible. No me he movido de aquí.

-Como no se fuera anoche. -¿Dónde se habrá metido ese hombre?

-Si él pensaba que estaba cerca de entregar la pelleja.

No quería ni levantarse. -A ver si ha sido por eso

por lo que se ha "marchao". -Hay que buscarle, vamos.

Voy a la portería.

-Y yo a avisar a las demás criadas.

-Vamos. Niñas, venid conmigo.

Voy a buscar hasta en el último rincón de esta ciudad.

Venga.

¿Cómo va el mundo? -De mal en peor,

Rosina.

Inundaciones, terremotos, incendios...

Y un volcán en el Pacífico que no se sabe si va a entrar en erupción.

-Eres la alegría de la huerta.

No sé para qué lo lees, está lleno de desdichas.

Mejor, piensa en cómo nos va a nosotros.

-Ay... Ricos, felices y con María lejos de Acacias.

-Sabes que no gusta, Rosina.

No comparto la inquina que tienes por esa mujer.

-Esa mujer

ya está fuera de nuestras vidas.

Costó convencer a don Higinio para que la despidiera,

pero ya lo ha hecho.

-Vamos a dejar ese asunto, que no sé cómo puedes dormir tranquila.

-Pues ya ves, tan ricamente.

Es poner la cabeza sobre la almohada y caer en los brazos de Morfeo.

También me levanto con un apetito de hiena.

¿Y el desayuno?

-Estaba esperando a que te levantases.

-Pero debería de estar ya listo. ¿Y Casilda?

-¡Casilda! ¿La has visto esta mañana?

-Tampoco la he oído. Y eso sí que es raro,

porque canta esas canciones mientras limpia.

-Un día se lo prohíbo. ¡Casilda!

¡Casilda! ¿Has visto a Casilda?

-He ido a buscarla para que nos sirviera el desayuno

y ha dicho que lo hagamos nosotros.

-¿Se ha vuelto loca? -Para mí que se ha puesto en huelga.

-¿En huelga, como un anarquista? Pero ¿ha perdido el oremus?

-Por el despido de María, está claro.

Ya sabía yo que eso nos iba a traer problemas.

-Voy a por ella. -No, madre.

No se moleste porque no está en la cocina.

-Me temo que hoy desayunamos en La Deliciosa.

-Eso parece.

-¿Va a decidir ella dónde vamos a desayunar?

-Pues hoy sí.

-El problema es lo bien que la hemos tratado

desde que la trajo Maximiliano. Se cree que es de la familia.

-Madre, es que es de la familia. Lleva toda la vida con nosotros.

-De la familia son los de tu misma sangre. El servicio es el servicio.

Dos horas le doy para que recapacite y se ponga a limpiar,

si no, de vuelta a la iglesia. ¡Ella verá!

Nada, yo no sé arreglar esa pieza. Habrá que mandar hacer una igual.

-El problema es que ya se estropeó una vez

y es carísima. -Ya, pero sin el horno

a pleno rendimiento, no sacamos adelante el negocio.

Hoy, lo más importante estaba hecho,

pero mañana no sé si lo conseguiremos.

-¿Problemas?

-Una pieza del horno que se ha estropeado.

-Se arregla y ya está, ¿no? -Se lo ha explicado mal.

Es una pieza muy cara del horno,

que es la segunda vez que se nos estropea,

y nos descabala las cuentas,

justo la semana que tenemos que pagar el trimestre.

-Eso sí que es un problema.

-He intentado arreglarla yo, pero no sé hacerlo.

-Yo tengo buena mano. Puedo mirarla.

-No. Al final va a ser peor el remedio que la enfermedad.

Que la mire alguien que sepa.

No sea que tengamos que pagar dos reparaciones en vez de una.

Díselo al dueño de la empresa de hornos.

A lo mejor tiene un detalle con un vecino y aplaza el pago.

-¿Con un vecino?

-Sí, él no sé cómo se llama,

pero su mujer es doña Cristina. Viene mucho a la terraza.

Es vecina de aquí, del 32.

-¿Doña Cristina? Ah, sí. Una muy guapa y muy elegante.

-Eso es. La misma.

¿No sabías que su marido es el dueño de la empresa de los hornos?

-No.

-¿Guapa y elegante?

-Sí, una que viene a veces con una amiga mayor que ella,

que lleva abanico.

Llama la atención.

Es muy guapa. Creo que podría ser modelo.

-Y con mucho estilo.

-¿Yo no tengo estilo?

-Vamos, tú,...

cien veces más que ella. Mil veces más. Y eres más guapa.

-Pues deja de hablar de esa tal Cristina, que la tenemos.

-La culpa es tuya.

-Yo solo quería que hablaras con su marido,

para ver si te fiaba la pieza.

No sabía que Flora fuera tan celosa. -¿Lolita no lo es?

No.

Ella es mucho peor.

No puedo hablar con él.

Flora me cuelga de los pulgares de la farola.

Pensará que hablé con la mujer.

-Flores. A Flora, flores.

Le regalas un ramo de flores y, va a ser ella

la que te diga que hables con ese señor.

-¿Tú crees?

-No tienes otra solución.

¡Suerte!

Muy guapa y con mucho estilo.

Aquí la quería ver yo pasando el trapo a las mesa,

a ver su estilo.

-Señorita, ¿ha visto a Servando?

-No. Por aquí no ha pasado. Aquí no ha entrado.

¿Qué ocurre? -Ha "desaparecío".

Creíamos que estaba en su alcoba.

Hemos ido a buscarlo y allí no estaba.

-Pero ¿no estaba enfermo? -Por eso me preocupa.

-Lo mismo está en su chiscón.

Lo mismo estaba más cómodo allí.

-No. Allí es donde primero hemos "mirao".

Y lo peor, falta su ropa y el retrato de Paciencia.

-Pues eso es que se ha ido bien lejos.

-Señorita, que ese hombre no tiene cabeza

ni "pa" ponerse la gorra.

-Siéntese un momento, que le da un síncope.

-Ay, Servando por fuera es como un hombre,

pero por dentro sigue siendo un niño.

-¿Le traigo un vaso de agua o algo?

-No. -¿No?

-Señora Fabiana, ¿se encuentra bien?

-Usted no venga a hacerse el bendito, ¿eh?,

que si Servando lo ha "pasao" mal en los últimos tiempos,

en parte es por su culpa.

-¿Qué ha pasado con Servando?

-Que ha desaparecido. -Pero ¿no estaba en el altillo?

-Porque usted lo dejó fuera "pa" que durmiera al relente.

Por eso guardaba cama en el altillo.

Y ahora ha "cogío" el portante y se ha "marchao" con viento fresco.

-¿Tienen ninguna pista? -Venga, hombre,

no venga ahora con buenos modos, que no lo necesitamos,

que las criadas nos bastamos "pa" encontrarlo.

-No desprecie su ayuda. Da igual cómo sea el gato,

lo importante es que cace. -¿Han mirado en su chiscón?

-Lo primero. ¿Qué nos cree, "atontás"?

Ay, yo no estoy "pa" las memeces del sereno este.

-Ya aclararán

sus diferencias después.

Lo importante es saber dónde está.

A ver, ¿cuándo desapareció?

-La última vez que lo vi fue ayer a la hora de la merienda.

Dijo que quería dormir y que no lo molestáramos ni "pa" cenar.

-¿Desde ayer?

Entonces, ¿pudo haber salido anoche?

-Pudo, sí, sí.

-Pues creo que yo le vi.

(TOSE)

Adiós,... Acacias.

(TOSE)

¿Ese era Servando?

Ves visiones, Flora.

Como sabía que estaba enfermo, pensé

que me había equivocado y que no era él.

-¿"Pa" dónde tiró? -Hacia allá.

-A ver si lo pillo.

-Si lleva más de 12 horas de ventaja,

imposible pillarlo.

Hay que hacer algo para encontrar a Servando.

-Pues hágalo, que no sé a qué espera.

-A ver si entre todos los serenos de la ciudad lo encontramos.

Con Dios.

-"¿De huelga?". -Sí.

Eso es lo que dice la insensata de Casilda, que está de huelga.

-¿Y qué pide?

-¿Crees que voy a preguntárselo? Ni lo sé ni me importa.

Sea lo que sea, no se lo voy a conceder.

A trabajar y a callar.

Mira que son desagradecidas.

-Templa, los tiempos están cambiando.

Ya no es como antes,

que con darles de comer y de cenar estaban encantadas de la vida.

Ya te digo. Y ahora con sueldo, como si fueran directores de banco.

Pero que no se crea que este mes lo cobra entero.

He calculado lo que nos ha costado desayunar en La Deliciosa

y, se lo voy a descontar a ella.

Que le entre en esa mente de pajarillo,

que no puede hacer lo que le venga en gana.

-¿Has pensado en despedirla?

-¿A Casilda? ¿Te has vuelto loca?

Casilda es de la familia.

-No tenías tantos miramientos cuando exigías

que don Higinio despidiera a su criada.

-Es que no es lo mismo. -Porque tú lo digas.

Esa chiquilla, Casilda te toma por el pito del sereno.

¿Ahora huelga?

Imagínate que todas las criadas del barrio la copian.

Para esas cosas solo hay una solución,

amputar por lo sano.

-Es una buena criada.

-Pasa más tiempo zascandileando por el barrio

y en al altillo, que faenando en tu casa.

-No sé, Susana.

Lleva con nosotros desde que era una mica.

Bueno, sigue siendo una mica, que no ha crecido ni dos cuartas.

-Pues tú verás.

Mira, ahí va el doctor Baeza.

Don Higinio, buenos días. -Buenos días.

Voy a La Deliciosa a tomar un café. Es un lío estar sin criada.

-Nosotras le agradecemos en el alma que haya despedido a María.

-No quiero volver a tratar ese tema. ¿Va a buscar

una nueva criada? Podemos preguntar en la iglesia.

-De momento, no.

-¿Y si contrata a Casilda?

-¿La suya?

-Sí.

No es bueno que una criada pase muchos años al servicio

de la misma familia, se acomoda y no hace bien su trabajo.

Eso sí, en una casa nueva, vuelve a brillar y a ser eficaz.

-Siento rechazar su generosa oferta.

Me ocuparé yo de mi casa.

Con su permiso. Mis respetos, doña Susana.

-Que va a ocuparse él mismo.

Me gustaría verle con el plumero y el delantal.

-Susana, ¿qué hago con Casilda?

Si la despedido, mejor tenerla cerca,

por si me arrepiento.

-Yo qué sé.

-Pero ¿qué hago?

Sus...

¿Lista para marcharte?

Sí, cuando sea la hora.

¿Has comprobado que lo llevas todo?

Sí. Espero que sean pocos días,

si me dejo algo, no será grave.

Todavía es muy temprano.

Ni siquiera he pedido el carruaje para la estación.

Lo sé, me he adelantado un poco.

Es por los nervios.

Lucía, siéntate.

¿Estás segura de que quieres ir a Salamanca?

Estoy segura de que no quiero, pero debo hacerlo.

¿No quieres informarte de las gestiones

que tienes que cumplimentar allí?

No te lo digo por curiosidad, simplemente,

podría ayudarte y no haría falta que viajaras.

Se lo agradezco, Felipe,

pero se trata de algo que debo afrontar yo personalmente.

¿Aunque te duela volver a encontrarte con tu padrino?

Sé que será así,

pero se trata de algo tan íntimo, que solo yo puedo resolverlo.

Supongo que sigues sin querer contarme la conversación

que tuvisteis antes de que se marchara.

No insista, Felipe.

Como quieras.

Pero te recomiendo que no afrontes sola problemas

cuya solución te supera.

-Don Samuel desea verles.

Don Felipe.

Lucía, no estaba seguro de que no se hubiera ido ya.

Pensaba despedirme de usted antes de partir.

Les dejo a solas unos minutos.

Voy a pedir el carruaje.

No es cuestión de llegar tarde y perder ese tren.

Gracias, Felipe.

Muchas gracias, Úrsula.

Lleva ropa suficiente para unos días.

¿Sabe cuánto tiempo estará allí?

Espero que alcance.

No sé los días exactos, quizá sea ir y volver.

Un momento, por favor,

ahora vuelvo.

¿Faltaba alguna prenda?

No.

Quería que metiera esto en la maleta.

Es San Cristóbal.

Ya sabe que protege a los viajeros de los peligros del camino.

Gracias, Úrsula.

No me separaré de la estampa, necesito la ayuda del santo.

¿Puedo preguntarle algo? Sí, claro.

¿Es un viaje importante?

Nunca antes lo había visto tan inquieto.

Lo es.

Pensé que solo lo era para la señorita Lucía,

y, que usted solo la acompañaba.

Es una feligresa de mi parroquia

que se enfrenta a una dura decisión

y, es mi obligación estar a su lado.

Pero, sobre todo, que todo salga según los planes del Señor.

Qué distinto sería el mundo

si todos los párrocos se entregaran de forma tan desinteresada

al servicio de los feligreses.

Son muchos los párrocos que lo hacen, se lo aseguro.

Más con una joven como Lucía,

que nunca se ha visto obligada a enfrentarse sola a los problemas

de la vida. No la proteja demasiado, padre.

Llegará un día en que no tenga a nadie

y, deberá solucionar sus problemas en completa soledad.

Debo evitar que reciba malos y malintencionados consejos.

Nadie mejor que usted.

¿Se va ya?

No, aún falta para la partida del tren.

Pero antes quiero ir a la iglesia a rezar y pedirle a Dios

que nos ilumine y que todo salga bien.

Le llevo la maleta. No se preocupe.

Ya puedo yo solo.

Tenga mucho cuidado los días que pase yo fuera.

Tenga usted buen viaje.

Cuidaré de la casa hasta su regreso.

"Espero que no le moleste"

que haya venido a despedirme de usted antes de irse.

¿Por qué habría de molestarme? Todo lo contrario.

Desde que supe sobre mis orígenes,

temo que todo el mundo me dé de lado.

Yo sería incapaz.

Hija ilegítima,

fruto del pecado entre dos hermanos,

no es algo para sentirme orgullosa.

Eso ni lo pienso:

usted para mí es esa hermosa joven que tantas veces me ha ayudado.

Deseo de corazón que eso nunca cambie, Samuel.

Anoche, antes de dormir, me vino a la mente

la idea de una flor que crece bella en un vertedero.

Es bella, pero sus raíces se hunden en los desperdicios.

No,

no piense así.

Tenga ánimo antes de emprender el viaje.

Ayer parecía haber tomado una decisión.

¿Sigue firme?

Sí, nada ha cambiado.

Cuídese de los cantos de sirena que saldrán de la boca del padre Telmo.

Tengo muy clara mi decisión.

(Pasos)

Ya he pedido el carruaje. Estará aquí en una hora.

Gracias, Felipe.

No quiero estorbar en los últimos preparativos.

Le deseo un buen viaje.

Se lo agradezco.

Con Dios, Felipe. Con Dios.

Lolita, te agradezco que hayas venido a sustituir a Fabiana

mientras busca a Servando. -"To" es poco "pa" encontrarle.

-¿Y no tenéis ni idea de dónde está?

-Ni la más remota.

A Servando se le ha "tragao" la tierra. Todas le hemos "buscao".

-¿Habéis mirado en los Jardines del Príncipe?

-Sí, ese es uno de los primeros sitios donde hemos estado.

¿Por qué lo dice, una premonición?

-Ah, no, no.

Me he imaginado a Servando perdido y le he visto sentado en un banco

dando de comer a las palomas. -¿Cómo si se hubiera vuelto orate?

-Lolita, Servando nunca ha estado muy fino de entendederas.

-No diga eso, doña Trini, a saber dónde está el pobre.

-Tienes razón.

-La que no ha ayudado es Casilda. Algo raro le pasa.

Está "to" el día "encerrá", sin hablar con nadie y sin trabajar.

Muy rara.

-No hay día tranquilo en este barrio.

Debería irme a parir a Cabrahígo.

-Qué bonito eso.

La que nace en Cabrahígo, vuelve "pa" ser madre.

Acuérdese de decirle a don Ramón lo de la oración del retoño.

-Os he oído, la oración del retoño.

¿Qué es eso?

-Costumbres de Cabrahígo.

-¿Tengo que participar yo?

-El padre de la criatura es fundamental.

-Pues desde ya os digo que no, que no contéis conmigo.

-Ay, no, Ramón, eso no puede ser.

De ninguna de las maneras.

No hay criatura que haya nacido en Cabrahígo,

que no haya tenido su oración. -Muy bien.

Pero como la criatura no va a nacer en Cabrahígo, no es necesario.

Me tuvisteis el otro día limpiando todos los rincones de la casa.

Se acabaron las supersticiones.

-Ramón, es solo una oración.

-Bueno, si es solo eso.

-Es "pa" que los difuntos de la familia protejan al bebé.

-En Cabrahígo decimos que, si se le presenta el bebé a los difuntos,

pues no se lo quieren llevar "pa" conocerlo.

-En Cabrahígo estáis como cencerros.

-Ah, no, Ramón, en Cabrahígo somos todos muy tradicionales.

Se ponen retratos de las personas que ya no están con nosotros:

un primo, abuelos, tíos... y se reza una oración.

-No tengo retratos de mis abuelos. -No pasa "na".

En un papel se escribe: abuelo y ya está.

-Si es solo eso, no me parece mal.

Una oración y listo. Sin líos ni componendas.

-Una oración por cada difunto.

-Eso pueden ser horas. -O un día entero

si la familia es grande.

-O día y medio en el caso de la mía, que somos la más grande.

-No, no y no. ¿Es que os habéis vuelto locas?

Vuestro pueblo

y sus costumbres deberían desaparecer.

-Hay que convencerlo.

-Lolita, pues no sé.

A veces pienso que la gente tiene razón,

y que en Cabrahígo somos muy tradicionales.

-No diga eso, doña Trini. ¿Qué seríamos sin las costumbres?

¿Qué seríamos, señoritingos de ciudad?

Una calamidad.

Ahora sí.

Pues sí que son cómodas estas butacas, sí.

No me extraña que las señoras no se levanten de ellas

así las maten.

-¿Qué haces?

-Mejor asentar las posaderas en una butaca con relleno y "tapizao",

que no en un taburete de palo, que nos dejan a nosotras.

-Casilda, ¿qué te pasa? Estás muy rara.

-A lo mejor era antes cuando estaba rara y, ahora estoy muy normal.

Porque "naide" ha "nacío" "pa" ser esclavo de "naide".

-Casilda, no te entiendo.

Y lo peor es que no te entiende nadie.

Tus compañeras no han dejado de buscar a Servando todo el día

y tú ni te has dignado a ir.

No haces los trabajos de la casa, le faltas al respeto a mi madre...

-A lo mejor es que no soy buena "pa" hacer esas cosas.

Porque yo solo valgo para limpiar la porquería de los demás,

sin derecho alguno.

-Casilda, ya está bien.

Dime qué te ocurre. Levántate.

-Dichosos los ojos. ¿Has visto, Liberto?

La criada ha decidido salir de su alcoba

y, en lugar de ponerse a limpiar,

ha preferido sentarse en nuestra butaca y hacer tertulia.

-Pues míreme, señora. Míreme bien, porque a lo mejor no me ve más.

-Si sigues así, desde luego que sí.

-Y mucho menos limpiando "pa" usted, me va a ver.

-Vamos a tranquilizarnos un poco,

ver cuál es el problema y ver si podemos darle solución.

-Sí, que diremos cosas que no queremos.

-¡Esto es un escándalo!

¿Con quién te crees que estás hablando? ¡Mírame!

¡Soy tu señora, ni una amiga ni tu madre!

-¡Mi madre, "endeluego" que no es usted!

¡Ha hecho lo que ha "podío" "pa" que la echen del barrio!

-¿Qué dices, Casilda?

-Digo lo que digo.

Su madre de usted ha hecho que a mi madre la echen del barrio,

con trampas y con mentiras.

-Pero ¿quién es tu madre?

-¡María!

La criada de don Higinio.

Bueno, su antigua criada, porque ahora está en la calle.

Casilda, ¿me estás diciendo que María...

es tu madre? -Sí.

Yo siempre he sido huérfana, y no he tenido nunca a "naide"

a quien llamar madre

y, tampoco he tenido a "naide" que me diera calor.

Y ahora,... que me encuentra mi madre,

la que me ha "parío", y me cuenta "toa" la verdad,

la echan del barrio como si fuera un leprosa.

Yo no voy a seguir sirviéndola a usted.

Yo le tenía ley,... pero ya no se la tengo.

-¿Usted sabía algo de esto?

-¿Yo? Claro que no.

-Te voy a traer un vaso de agua.

-Ay, Dios mío.

Ay, Dios mío, creo que me voy a desmayar.

-No, no. Madre, madre, siéntese aquí.

-Ah. -Ya.

Siéntese bien.

Madre, respire, por favor.

Felipe ya te ha bajado la maleta. El carruaje te espera.

Venga, debemos marchar.

No es necesario que me acompañe a la estación.

Ya son ganas de andar dando paseos. ¿Seguro?

Seguro. El carruaje me deja en la estación

y, no es la primera vez que cojo un tren, no me perderé.

Felipe me ha dicho que ha hablado contigo.

No voy a insistir en que no suspendas el viaje.

No.

Pero te pido que obres con la mayor de las precauciones, Lucía.

No es necesario que me aconseje, así lo haré.

Los equipajes ya están en el trasportín. Debemos irnos.

Prefiero que usted

no me acompañe en este viaje.

¿Qué?

No lo entiendo.

Ya lo ha oído. El tema

que debo tratar es personal y solo me concierne a mí.

Pero ¿quién sabe si el padre puede servirte de ayuda?

Ya me han escuchado.

Creía que contaba con su confianza.

Viajaré sola.

Le ruego me disculpe las molestias.

La iglesia y el confesionario

tienen sus puertas abiertas para usted.

¿Quiere que la escuche en confesión?

No es necesario, se lo agradezco. Bajo a la calle.

Le diré a Felipe que saque su maleta del carruaje.

¿Ha ocurrido algo?

No. Nada que yo sepa, doña Celia.

Íñigo.

¿Nada? -Nada.

Servando no aparece por ningún lado.

Por lo menos en la zona por la que yo he buscado.

-¿Y dónde ha buscado? -En el barrio de las Flores.

Las criadas le siguen buscando,

pero cada vez tengo menos esperanzas.

-Nada. Ya no sé ni por dónde buscar.

Puede que Servando haya abandonado la ciudad.

-¿Y dónde has estado tú? -Por todos lados.

He alquilado un coche a motor para recorrer la ciudad entera.

De la ceca a la meca, como todos.

-Servando no es una persona normal.

Deberíamos intentar entrar en su mente para adivinar

dónde ha podido ir.

-¿Meternos en su mente? Eso es más difícil que encontrarle.

-Perdóneme, don Ramón, ahí lo que hay es, un vacío enorme.

-No es momento

ni de ingenios ni de chanzas,

es momento de ayudar a un hombre que ha hecho mucho por el barrio.

-Tiene razón, disculpe.

-¿Qué creen las criadas? ¿Dónde se ha marchado?

-Fabiana dice que cree que Servando piensa que le están engañando.

El médico dijo que nos preparáramos para lo peor,

pero que eso se lo están ocultando.

-Que estaba en el lecho de muerte. -Perfecto.

¿Qué haríais vosotros si creyerais que la parca os está rondando?

-Yo pasaría todo el tiempo

con Leonor.

-Sí, y yo con Lolita.

Ahora, no les voy a decir lo que haría con ella, claro.

-Creo que habría que descartar

que Servando quiera estar con Paciencia,

porque Paciencia está en Cuba,

y no creo que haya podido ir a su encuentro.

-Quizás tenga una amante. -¿Servando?

-Venga.

-Tienen razón, no sé por qué he dicho eso.

Bueno, ya sabemos lo que haríamos nosotros,

pero seguimos sin saber lo que haría Servando.

-El otro día, leí una cosa muy interesante en una revista.

Decía que cuando un animal siente que se va a morir,

abandona la manada.

Para que el resto no se retrase por su culpa.

-Es cierto, yo también lo leí. Eran los elefantes.

-Eso tendría lógica.

Servando, como un viejo elefante, se aparta de los suyos para morir.

¿Y adónde van los elefantes?

-Según la revista, al cementerio de elefantes.

Pero no saben dónde está.

Simplemente, llegan por instinto.

-Vaya...

Entonces, nos va a ser de poca ayuda esa costumbre.

-¿Alguna idea más? -Sí.

Ir a la comisaría

y denunciar la desaparición de Servando.

-Sí.

Será lo mejor. Le acompaño, padre.

-Yo de lo que no me he enterado es de cómo Casilda

sabe que esa mujer es su madre. -Lo sabe y ya está.

-Se lo habrá dicho la propia María.

Vamos, digo yo que habrá sido así.

-Pero eso puede no ser verdad.

No hay ninguna prueba que diga de quién es hijo uno.

Llega una señora, te dice que es tu madre

y tú no te lo crees. -Como cuando te vino a ver Simón.

-Si Casilda lo ha creído, sus razones tendrá.

-¿Le habrá dado alguna prueba?

-Yo supongo que sí.

-Vamos, Liberto. Esas criadas se creen todo.

Con tal de darle un poco de alegría a sus vidas...

Les dices que su madre es la hermana de la reina de España

y se lo creen.

Con tal de heredar... -Tía.

Por favor, no haga de menos a Casilda por ser del servicio.

Además, no va detrás de ninguna herencia.

María es tanto o más pobre. -Encima,

Leonor ha ido a buscar a Casilda para ayudarle a encontrar a María.

Lo que nos faltaba.

-Es lo lógico, ¿no? -Yo no le veo la lógica a nada.

¿Qué buscará María?

-A su hija, está claro. -¿Le han dicho ya

quién es el padre? -Igual ni lo sabe.

Una mujer capaz de encamarse con un hombre sin estar casada...

(SUSPIRA) Vaya moral debe tener.

-¿Rosina?

Cariño, ¿qué te ocurre?

-¿Qué te ha dado?

-¡No puede ser!

¡Maximiliano!

-¿Maximiliano qué?

-Casilda tiene los mimos años

que yo llevaría de matrimonio con Maximiliano.

-Un momento. ¿No estarás pensando tú...?

-No. -Sí, sí, sí.

Si Maxi fuera el padre de Casilda...

-No.

-Casilda y Leonor serían...

-Hermanas.

-Ay, Dios, no. ¡Ay!

Ay...

(Puerta)

Señor, ha venido a verle don Felipe, ¿le hago pasar?

Sí, dile que pase.

Felipe, buenas noches.

Disculpe que le reciba así, no esperaba visita.

-Perdone que me presente sin avisar.

Sabe que está usted en su casa. Siéntese.

¿Ha cenado ya? Acabo de hacerlo.

¿Un digestivo tal vez? No.

Gracias. Tan solo tomaré unos minutos de su tiempo.

Ya ha oído a don Felipe, Carmen, puedes retirarte.

-Don Samuel, si no le importa,

me gustaría subir al altillo a informarme sobre Servando.

¿Sigue sin aparecer?

Al menos, que yo sepa.

Ve. Y si los señores podemos ayudar de alguna manera, házmelo saber.

Gracias, señor.

Ese hombre, Servando,

es peculiar, pero se le coge afecto. Todos se lo tenemos.

Esperemos que haya un desenlace feliz para su desaparición.

Ojalá.

Dígame, ¿qué le trae por aquí?

Verá...

Lo cierto es que tanto Celia como yo estamos muy preocupados por Lucía.

Y como sabemos que usted tiene muy buena relación con ella...

No deberían estarlo en exceso.

Lucía es una joven muy espabilada

y sabrá salir adelante en cualquier situación.

Este viaje tan precipitado y sin decirnos cuál es el objetivo...

En eso no le puedo ayudar.

Me dijo que se trataba de algo personal.

Lo mismo que nos dijo a nosotros.

Pero que decida prescindir de la compañía del padre Telmo

nos ha inquietado todavía más.

¿No la ha acompañado el párroco?

Pensé que esos eran sus planes. No.

Nos pidió que bajáramos su equipaje en el último minuto.

Cuando ya estaba acomodado en el trasportín.

Fue donde primero buscamos, en los Jardines del Príncipe.

-Ya. -¿Nada?

-No, Carmen,

no aparece por ningún "lao".

Como si se lo hubiera "tragao" la tierra.

-No desespere. Antoñito y don Ramón ya han denunciado.

Están todos buscándole.

-Como si fuesen a poner interés en un pobre portero.

Si fuese la hija de un duquesa, hubieran movido cielo y tierra.

-No podemos perder la fe. -Eso nunca.

Hay que tener esperanzas.

-¿Y si ha muerto?

-Ay...

-¿Cómo se lo vamos a decir a Paciencia?

-¡Ni se le ocurra pensar eso!

Servando no está muerto, está perdido, pero aparecerá.

Lo mismo que aparece un botón que se ha caído bajo un mueble.

-Dios la oiga.

-Todavía me acuerdo el día que conocí a Servando.

Ni sé la de años que hace ya.

-Cuéntenos cómo fue, Fabiana.

-Servando me dijo que le tenía que dar

un perra chica al día por dormir en el altillo.

Tres días le pagué,

hasta que me enteré que me engañaba. (RÍEN)

-Vaya sinvergüenza. -Genio y figura hasta la sepultura.

Perdón, no quería decir eso.

-No se preocupe, Agustina,

que sabemos que lo dice sin mala intención.

-Y la Paciencia lo trajo arrastrando de la oreja

"pa" que me devolviera las perras chicas.

Los tengo... Los tengo aquí.

Como si estuvieran delante.

Y Paciencia le decía:

"Verídicamente, Servando, eres de lo que no hay".

"Venga, devuélvele las perras a la Fabiana

y reza "pa" que no te metan en el calabozo.

-¿Por qué no rezamos un rosario?

-Es lo único que nos queda, Agustina.

A ver si Dios nos lo devuelve.

Ayuda aquí.

Aquí traigo a este trasto. -¡Servando!

-¿Dónde lo ha encontrado? -Está en las últimas.

-Debe llevar mucho sin comer.

-Por lo que pesa, sí, es un saco de huesos.

-¿Dónde le ha "encontrao"?

-El mérito no es mío, lo reconozco.

Fue otro compañero sereno quien lo vio.

-Intentemos que beba.

-Pero... Pero ¿en la estación?

¿Y adónde iría ese hombre?

-A su pueblo, a Naveros del Río.

-Servando, ¿me oye?

Intente usted beber.

-¿Saldrá de esta?

-Una tonelada de castañas le quedan por comer

a este desastre de hombre.

Gracias por traerlo, Cesáreo.

Le ha "salvao" la vida.

Tanto Celia como yo tememos que la relación de Lucía con Joaquín

no sea todo lo fluida que debiera.

Eso no deben temerlo.

Pueden estar seguros.

Don Joaquín Alvarado no ha sido la figura paterna que necesitaba.

¿Le ha contado algo? No.

Lucía es muy discreta y es un tema del que apenas habla.

Solo hay que observarla cuando se le escapa alguna frase.

Lo cierto es que Joaquín, que es tío de mi esposa,

no es un hombre fácil.

Los días que ha pasado en mi casa me han resultado eternos.

Se llega a quedar un día más, y lo echo hoy mismo.

Lucía no tuvo esa opción.

Por una parte, siente antipatía hacia él,

pero por otra, es lo más parecido a un padre.

¿Le ha contado algo de la conversación que tuvieron?

No.

¿No lo sabe o no quiere contármelo?

No lo sé.

Y si lo supiera, no sé si se lo podría contar.

Sería traicionar la confianza de Lucía.

Me hace pensar que sabe más de lo que dice.

Don Felipe,

le ruego que no siga interrogándome sobre este asunto.

Yo no puedo decirle nada.

¿Hay alguien?

Padrino, ¿está en casa?

Padrino...

Padrino.

(LLORA) ¡Padrino!

Pero ¿quién le ha hecho esto? ¿Qué ha pasado?

Padrino. Padrino.

No.

¿Cómo te encuentras?

-Con pasar de un día a otro ya tengo bastantes.

-Ya.

Ya me he enterado de todo.

Sé que eres la madre de Casilda.

-Mi pobre niña.

Hubiera dado lo que fuera por cuidarla y estar a su lado.

-Pero hay algo que no comprendo.

¿Por qué le has ocultado que eras su madre?

-¿Cómo hacía su hermana para tener tanta clase?

Dicen que se comportaba como una princesa.

-Al menos, en lo caprichosa.

-Bueno, pero ¿tenía clase o no?

-Sí, sí, se puede decir que tiene clase.

Es elegante y nunca dice una palabra más alta,

menos cuando se enfada, claro.

-¿Y de dónde sacó ese buen hacer?

-No lo sé, Flora,

imagino que de los libros, las revistas...

Ahí aparecen recomendaciones

para cómo comportarse.

Felipe ya me ha puesto al tanto.

¿Cómo se encuentra, Lucía?

Mal.

Ya... puede figurarse

el pasmo que sentí al ver a mi padrino en el suelo.

Ha tenido que ser un trago terrible para usted.

No me hago a la idea de lo que ha sentido.

Ha sido horrible.

Lucía, ahora ya está en casa.

No debe preocuparse por nada. -"Parece que huyes"

de tus amigas. -Solo de Susana.

-Esa mujer será impertinente hasta su último día.

-Me ha dejado desasosegada.

-¿Qué te ha dicho?

-A mí nada,

pero creo que empieza a llamar la atención la relación

entre Samuel y Lucía.

-Nadie puede criticar una amistad.

-Mientras solo sea eso.

No podemos olvidarnos de que es un hombre casado.

¡Es indignante!

Vergonzoso y terrible. -Lo sé,

pero trata de calmarte. -¿Y todo para que Casilda

no pierda su trabajo? Es mi hermana y debería saberlo.

-Sí, pero debes guardar el secreto. -No sé si voy a poder.

¿Cómo me voy a callar que mi padre pactó con María

para que la hija de ambos fuera su criada? Es una aberración.

-Es algo impactante. -Aún es pronto

para decírselo a Casilda. Cada paso debe darse a su tiempo.

-No sé si podré mantener la situación.

-Haz un poder.

Debes lograr que Leonor

esté siempre de nuestro lado. -No lo dudes,

pero ha preparado un encuentro entre Casilda y yo.

Espero que no diga nada de que son hermanas.

-María, tienes que estar atenta para que no lo haga.

No moveré ficha antes de tiempo. -Ya.

(Puerta)

Podría pasarme por su casa para rezar por el alma de Joaquín.

La señorita Lucía está acompañada.

Se lo agradecemos,

pero ahora precisa reposo.

La oración siempre es un refugio para los creyentes.

Siempre que la salud lo permita. ¿No le parece?

Por supuesto. Nadie pretende que la señorita Lucía

caiga enferma.

Entonces, deberíamos permitirle que se tomé un descanso.

Sin duda.

Pero es ella quien debe decidir qué es lo que le conviene.

Estoy preocupado por ti, Leonor. De verdad,

¿seguro que quieres generar un escándalo?

¿Quién representará la historia de amor entre dos mujeres?

-A mí me parece que es una obra muy tierna y muy conmovedora.

Es una gran historia de amor, Íñigo. -Entre dos mujeres, Leonor.

Es obsceno.

Antinatura.

-"Ven, es importante que veas a alguien".

-Pero, señora, que tengo muchas cosas que hacer

y no quiero que la madre de usted me lea la cartilla.

-Espera un momento.

Te interesa dejar las labores para más tarde.

-Arrea.

María.

Bueno...

Madre. Puedo llamarla madre, ¿no?

-Has de poder. ¿Cómo estás, hija mía?

"Da la sensación"

de que el padre y sus superiores son capaces de todo.

Manchan el buen nombre de la iglesia con sus maquinaciones.

Todo esto es terrible.

Me siento morir.

Sosiéguese.

Le traigo un reconstituyente. Vuelvo enseguida.

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  • Capítulo 847

Acacias 38 - Capítulo 847

13 sep 2018

Samuel previene a Lucía en contra de Telmo y Lucía agradece sus atenciones. Mientras, el sacerdote se prepara para partir con Lucía, pero ella le rechaza: no quiere que le acompañe en su viaje. Las criadas descubren que Servando ha desaparecido y todos ayudan en su búsqueda.

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Añadir comentario ↓

  1. María

    No se devanan los sesos estos guionistas, desde luego...

    25 sep 2018
  2. Rosa

    Cada día va de mar en peor . Una lástima cuando empezó prometía . Pero ya no puedo más lo siento pero dejó la serie

    14 sep 2018
  3. Santi

    anda que no hay hijxs y padres secretxs en Acacias

    14 sep 2018
  4. Betty

    El padrino de Lucía resultó EL MUERTO NUESTRO DE CADA DÍA, ¿ Samuel ? no creo ya que pensaban hacer de las suyas juntos, ¿ la Santa Iglesia Católica, representada por el prior? es mas factible, ya que lo amenazó,aunque veladamente al " despedirlo " de su sociedad

    14 sep 2018
  5. Victoria

    Samuel quiere "ser como Ursula" pero ... Ursula es y será siempre única; ni Cayetana ni Samuel se pueden comparar con ella. Montse Alcoverro es la mejor actriz que ha tenido nunca la serie, ha "construído" su personaje, su forma de hablar, sus tonos de voz según cada momento, sus miradas, sus gestos, su forma de andar, su porte, Conste que sus acciones pasadas no me gustan pero la actriz es EXTRAORDINARIA.

    14 sep 2018
  6. FGH

    Tienen pensado estos guionistas que "se pinchan" terminar algun año de estos? Ya no tiene seguidores. Esta mucho mejor SERVIR Y PROTEGER

    14 sep 2018
  7. Mabi

    Bueno, bueno... A falta de Ursula, " apareció en las sombras URSULO SAMUEL "!!!!! Que buena escuela ha dejado la ( por ahora) beata ex asesina!!!

    14 sep 2018
  8. Lulu

    Lucia casi una niña?

    14 sep 2018
  9. Dunia G.B

    Que asco me da Samuel, ojala y pronto termine su tiempo en la novela.

    14 sep 2018