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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 846 -  ver ahora
Transcripción completa

¿Mis padres... hermanos?

Pero eso es una barbaridad, un disparate,

y más viniendo de usted. Padre, eso sería incesto.

No los juzgue antes de conocer las circunstancias.

¿Quién se lo ha dicho? No me pida imposibles, se lo ruego.

Se dice el pecado, pero no el pecador.

Le aseguro que es cierto,...

y convendría que me permitiera contarle todos los pormenores.

¿Cómo lo sabe usted, padre?

Digamos que me preocupo por mis feligreses.

La vi sufrir a usted y he indagado

lo suficiente.

¿Quiere saber usted toda la verdad?

Créame, se sentirá aliviada.

Lo primero que debe saber es que usted es el fruto del amor.

Sus padres se enamoraron profundamente

antes de conocer su relación fraternal.

¿Cómo puede ser eso, padre?

Su padre, de joven, antes de recibir en herencia

el título de marqués de Válmez, conoció y se enamoró

de su madre en unos arrabales de Salamanca.

¿Arrabales?

¿Mi madre no era una aristócrata?

Su padre no pudo casarse con ella

hasta que el marqués, el abuelo de usted, muriera

y antes de su fallecimiento,

había prohibido la relación.

Pero ellos se seguían queriendo, ¿verdad?

Fueron felices, mucho,...

durante los primeros tiempos de su matrimonio.

Por eso Dios les bendijo

concediéndoles una hija. Aguarde.

Antes de su nacimiento,

antes de saber que la marquesa estaba embarazada,

su padre encontró una carta del antiguo marqués.

En ella confesaba que le había prohibido la relación

con la muchacha de los arrabales no tanto por su origen social,

sino porque eran hermanos.

Una hija bastarda.

La muchacha, su madre,

era fruto del pecado del antiguo marqués

con una lavandera de Salamanca.

Y...

¿qué hicieron mi padre y mi madre

cuando se enteraron?

Se amaban tanto, que nunca se les pasó por la cabeza separarse.

Y, sin embargo, ambos eran tan devotos católicos,

tan profundamente creyentes, que quisieron poner el caso

en manos del Vaticano.

Pretendían que el santo padre

les concediera bula para seguir casados.

Pero eso es imposible.

Quiero decir, la iglesia suele ser muy estricta en esos extremos.

Suele, sí, pero consiguieron la bula.

Solo les imponían

una condición.

Que se abstuvieran de tener descendencia.

Pero yo ya estaba en camino.

Sus padres no lo sabían cuando pidieron el permiso, pero sí,

usted ya estaba en camino. ¿Y la iglesia

no lo admitió cuando fue informada?

La iglesia no fue informada, al menos no oficialmente.

Hubiera sido un escándalo mayúsculo, desmesurado,

y para seguir a bien con nuestro Señor,

debieron renunciar a usted,

a la encarnación de su amor.

Y por eso me entregaron a mi padrino.

Era impensable que otro familiar se hiciera cargo de usted.

Fue como salvarme la vida.

Podrían haber optado por otra solución, sí,

pero la amaban demasiado, aun sin conocerla.

Padre,...

mi vida entera es una tragedia.

Ha sido un error. No hable así.

Yo soy alguien

que no debió haber nacido.

No, es usted una mujer magnífica.

Fruto del amor.

Un amor desgraciado.

Lucía...

Lucía, ¿está usted bien?

Necesito tiempo, padre.

Gracias por traerme la verdad.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Eres de lo que no hay, pero ¿cómo se te ocurre hacerte pasar

por investigador científico? -¿Cómo sabes tú eso?

-Las chicas lo han comentado en el altillo.

Una investigación secreta en el hospital, nada menos.

¿Cómo te vienen tamañas ocurrencias?

-Me sale sin más. -Ya, hombre, pero

¿investigador científico? Podría ser algo más modesto.

-Hay que pensar a lo grande. ¿Cómo crees

que he convencido a Rosina de que salvé la vida de su marido,

¿haciéndome pasar por enfermero? -(RÍE)

-El doctor Baeza, no dejas de sorprenderme.

Debió costarte Dios y ayuda. -No fue fácil.

Aunque lo único que se necesita es algo de imaginación

y mucha prestancia.

Es usted el doctor Hurtado, supongo.

-Sí. -Permítame que me presente,

soy el doctor Higinio Baeza.

-¿Es usted médico del hospital?

-No, pero voy a estar unos días por aquí como refuerzo

por la terrible situación que atraviesa.

-Y de eso a ti te sobra. -A decir verdad,

el caos que reinaba en el hospital me ayudó bastante.

El auténtico doctor de Liberto, Hurtado,

ni tenía tiempo para hablar con los familiares.

Conozco a la familia de cierto paciente y quiero conocer su estado.

-¿Cuál es el nombre del enfermo? -Liberto Méndez Aspe.

-Está bastante grave, ha sufrido una conmoción cerebral

que le ha producido un derrame, lo que a su vez le está provocando

una fuerte compresión en las estructuras cerebrales.

Van a intervenirle en breve. -¿Su pronóstico es crítico?

-Lo más probable es que le operen mañana.

-Supongo que es cuando le corresponde.

-Comprenda que estamos saturados. Tenía intención de informar

a la familia, pero no he podido hablar con su esposa.

-No se apure, puedo encargarme yo.

De colega a colega, el doctor Hurtado me dio todos los detalles

sin prácticamente

tener que preguntarle. ¿Y bien, doctor, cómo ha ido?

-Ha sido un éxito. Estoy cansado, pero satisfecho.

-¿De verdad? -Preparen al paciente de la 47.

El edema estaba más extendido de lo que esperaba,

pero el paciente se va a recuperar bien.

Esta noche la va a pasar en observación

y mañana pasará a la habitación.

-Enseguida le hago llegar la información a los familiares.

-Se lo agradezco, Tengo mucho trabajo.

A ver...

-(RÍE) Eres de lo que no hay, un caso.

-Aplomo y convicción, no nos queda otra.

-Eres un tunante tan redomado

y tan natural, que a veces pienso que me estás engañando a mí también.

-Imposible.

Me lo detectarías al instante. -Uf, no estaría yo

tan segura. -Jamás te engañaría.

Bueno, ahora hay que actuar.

-¿Cuándo? -Mañana te despediré.

Es lo que me ha exigido Liberto.

¿Estás preparada para contarle la verdad a Casilda?

María,

valor y al toro.

Mañana, nuestro plan

cogerá impulso. Un impulso que nos llevará al final.

Lo harás, ¿verdad?

Señorita Lucía, ¿le preparo ya el condumio?

No, gracias, Lolita,

no tengo apetito.

¿Usted sabe que el burro del pobre, cuando se acostumbra a no comer,

se muere?

Yo soy un burro resistente, ya lo verás.

Yo no sé cuáles son sus cuitas, y Dios me libre de preguntárselas,

pero una cosa le voy a decir: dejando de manducar

no se van a arreglar.

Que las penas con pan, son menos.

Se lo digo yo, hágame caso.

Bueno, si le entra el gusanillo, estoy en la cocina.

Ay.

Hija del pecado, Lucía,

eso es lo que eres.

Por eso siempre te has sentido tan sola.

Por eso no encajabas.

Y los marqueses de Válmez,

tan cristianos, que prefirieron mantener las apariencias

antes de cuidar de su hija.

Me dejaron sin padres, sin amor.

Yo jamás me habría separado de mi hija.

(Llaman a la puerta)

-Doña Celia.

La señorita Lucía está hecha unos zorros.

-¿Por qué? -Una qué va a saber,

pero se le ha puesto una cara así, de mirar al cielo esperando algo.

Como los santos, cuando tuercen los ojos, así,

"pa" arriba.

-(CARRASPEA)

No te he visto en toda la tarde. ¿Cómo te ha ido?

Bien.

¿Sí? ¿Qué has hecho?

Nada.

Bueno, todo el mundo tiene derecho a callar.

Mañana, si quieres, podemos hacer algo juntas.

Podríamos ir a la iglesia, a misa de ocho.

No voy a ir a la iglesia, ni a misa de ocho ni a ninguna otra.

Tal vez, amados feligreses,

no deberíamos ser tan rotundos al juzgar a nuestros semejantes.

Espero haberlo demostrado en esta homilía.

Pues, como dice nuestro Señor Jesucristo,

quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

(LLAMA)

Pase.

Perdone que le moleste, padre.

No se preocupe,

redactaba mi próxima homilía y prácticamente está pergeñada.

¿Qué ocurre? La señorita Lucía,

se ha olvidado su limosnera. Ah, muchas gracias,

mañana se la llevaré.

Puedo llevársela yo ahora.

No, no, las horas que son

no creo prudente llamar a casa de los Álvarez-Hermoso.

Déjelo ahí, sobre la mesa. Que no se me olvide.

Como prefiera.

Que descanse, padre.

Y usted, que le hace

más falta.

A veces,

los pecados de otros, incluso de personas cercanas

y hasta familiares, nos escandalizan.

Y sí, quizá hayan cometido algún pecado, pero...

Pero no por eso deberíamos...

No por eso deberíamos juzgarles, y menos con furia.

No sin antes mirar en nosotros mismos, en nuestro propio interior,

y preguntarnos: "¿No soy yo tan pecador como él?".

Y así lo dijo Matías de una forma muy bella:

"¿Por qué te pones a mirar la paja del ojo de tu hermano

y no te fijas en la viga que hay en el tuyo?".

Lucía,

guardas aquí tus pensamientos.

"Sin saber siquiera cuál es mi lugar en el mundo".

"¿Por qué tuve que haber nacido?".

"¿Tiene algún sentido?".

"¿Cuál es mi papel en esta vida?".

"Si tiene alguno".

"A todos los demás seres humanos se les asigna una función

el mismo día de su nacimiento.

"Unos arriba, otros abajo, unos ricos, otros pobres".

Lucía.

Dios nos da a todos un alma,

todas iguales a sus ojos.

"Pero yo no encajo, ni en lo más alto ni en lo más bajo,

no encuentro la paz entre los señores y las criaturas".

"Nunca,

por más que yo me empeñe, nunca me tratarán como a una igual".

"Y me siento tan sola, tan irremediablemente sola".

"Apenas conozco personas ante las que pueda mostrarme como soy,

sin máscaras, ni afectaciones".

"Quizá de verdad, de verdad, solo ante el padre Telmo".

"Ni siquiera ante Samuel puedo ser yo".

"Samuel me hace sentir pequeña, poquita cosa ante su posición,

seguridad y hombría".

"Y su desgracia le hace tan amargo".

"Solo el Padre Telmo me proporciona paz".

-Pobre Lucía.

Señor.

Pobre.

-Es que no me parece ni medio normal, tía.

-No lo hice para complacerte a ti. -Gracias a Dios,

porque no me gustaría cargar con eso sobre mi conciencia.

-Ni que hubiéramos cometido un crimen.

-Pues quizá no, pero han hecho creer a todo el mundo

que el crimen lo ha cometido otra. -Pero si ni la hemos denunciado.

-¡Solo faltaba!

¿Le parece de buena cristiana levantar falso testimonio?

-El único que dice lo que es pecado y lo que no, es el cura.

-Y cualquiera que tenga dos ojos en la cara.

¿No es pecado obligar a un hombre a despedir a su criada

por una mentira? -Sí, y más pecado es andar

en tratos carnales con mi Maximiliano,

y un pecado más gordo, seguir

en enredos con él después de haberse casado conmigo.

-Muy bien dicho, nadie tiene por qué defender

a una barragana. -Tu Maximiliano,

como dices, no está libre de culpa.

-Bueno, es que los señoritos acostumbran a refocilarse

con las criadas. Yo no digo que esté bien,

pero es casi una costumbre.

-Pues razón de más para no llegar a extremos, ¿no cree?

Si Maximiliano ya no está entre nosotros,

¿qué más te da a ti que tuviera tratos con esa mujer?

-¿Cómo que qué más da? Hasta tú, si me quieres como dices,

tendrías que indignarte con esa entretenida.

Se trata de prestigio, de mi honor,

del honor de mi hija.

Quiero a la tal María, lejos, muy lejos.

-Y nadie puede reprochártelo, Rosina.

Tu esposa sería el hazmerreír

de la sociedad si se supiera

de las correrías con la doncella, que justamente

vive en la casa de los Hidalgo, vamos,

parecería una broma pesada.

-A ver, no fueron correrías, ¿eh?

Correrías no, si acaso, algo solaz.

-Tratos carnales, quiero decir.

Si hubieron tratos más serios entre tu Maximiliano y la doncella,

eso ya no tengo ni idea.

-Es que no los hubo, nada de amor ni de fidelidad,

solo escarceos. -Bueno, para ti la perra gorda.

-Por favor, Liberto, ¿no vas a hacer nada?

-Pero ¿qué quieres que haga?

Me parece muy mal que Higinio tenga que despedir a su criada.

Si ese trato carnal hubiera dado sus frutos,

podría entenderlo. -¡Pero ¿qué frutos ni qué frutos?!

¿Te estás oyendo? A mí me da algo. Uy, qué mal me encuentro.

-Rosina, no exageres, Liberto no te ha querido decir eso.

-Que me ahogo.

-Pues será el climaterio, hija.

-Que no es el climaterio, son las ocurrencias de mi marido.

-No, no, no, cariño mío, sosiégate un poco.

Esa mujer va a salir de esta ciudad, en breve, y no se hable más,

pero sosiégate, mi amor, por favor.

Respira.

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Cómo ha pasado la noche Servando? -Mejor.

En cuanto se marchó usted, se le quitó lo del fuelle

y ya respiraba bien. -Cómo me alegro de escuchar esto.

Me había quedado con un mal sabor de boca

pensando que el ataque se lo provoqué yo.

Es que no sabía que estaba tan mal. -Va y viene, ¿por qué iba usted

a provocarle "na"? -Hombre, es que doña Leonor

le preguntó sobre el lance ese de las dos mujeres que se querían.

-Es que quiero escribir la crónica con todo el detalle posible.

-¿Y se lo ha explicado a usted? -Si no nos dio tiempo.

Si él no fue capaz de contarlo,

¿cómo va a querer que yo la escriba y la enseñe a todo el mundo?

-No. Y es una pena, ¿eh?,

porque sería instructiva, a la par que conmovedora.

-Se me ocurre que si usted es tan buena con la pluma

como dice el personal, pues valdrá la pena leer ese cuento, ¿no?

-Lola, eso ni se pregunta, mujer, "pos" claro que sí.

De verdad que tienes unas cosas a veces que...

-Que no tiene nada que ver que yo sea buena o mala literata,

si Servando no me informa...

-Sí que tiene que ver.

Que si la escribe usted, a nosotras nos gustará leerla.

Las que no sepan, se lo leemos.

-¿Y qué? -Que no te enteras.

Podemos convencer a las demás para que cada una le saque un trozo

de historia al Servando, luego se lo contamos a doña Leonor

y ella lo junta.

-Pero eso sin que él se dé cuenta.

-Claro, que en lo que te ha "costao" pillarlo, se han "cosechao"

tres eras, Casilda. -Yo no sé si esto sería muy ético,

engañar a Servando. -Ah, pero por eso no se preocupe,

nosotras le engañamos siempre. -Como él a nosotras.

-Sí. -Además, que "to" esto

lo hacemos para que la gente disfrute con su cuento.

-Hasta él se va a poner de orgulloso cuando lo vea "terminao",

pues no sabe cómo es. Bueno, y si sabe

que va a ser una obra de teatro, va a querer subirse él al escenario.

-Pues en eso lleváis razón. Claro, quizá

le cueste contarlo, pero seguro que va a disfrutar

cuando se lo lean o lo vea representado.

Sí, sería una alegría después de todo lo que le está pasando.

-Pues no se hable más, se lo sonsacamos a espuertas.

-"Pa" chasco que sí.

Anda que no se va a poner ancho cuando sepa que será un personaje

de una obra de teatro.

-¡Uy!

Gracias.

Enseguida sale, padre.

Estoy un poco inquieta por su estado.

No sé si usted habrá notado algo.

¿Cuáles son sus temores, doña Celia?

No quiere venir conmigo a la iglesia y temo por su fe.

Mejor no darle importancia.

Anoche me dijo que no iba a volver a pisar una iglesia nunca más.

Es joven, señora, su carácter se está formando todavía.

No tema,

a su edad es habitual sufrir crisis de fe,

incluso los que sentimos vocación temprana

nos vemos abrumados por la duda.

De eso sabe más usted.

Aquí la tiene.

Les dejo a solas, que tengo mucho trabajo.

Gracias, padre, iba a pasar yo por su casa.

¿A por el bolso o algo más?

Quiero pedirle un favor. Cuente con ello si está en mi mano.

Lo está. Me gustaría que me acompañara

a Salamanca.

Lucía, por Dios, ¿qué está pensando?

Si mis padres no querían saber nada de mí,

yo no quiero saber nada de ellos. La herencia.

No se precipite, por favor.

Han sido unas revelaciones muy desazonadoras, lo entiendo,

pero también entiendo que debería reflexionar sobre ello.

Padre, rechazaré su legado.

Si está tan decidida, ¿para qué me necesita?

Me sentiría más segura con usted a mi lado.

Mi padrino también es el albacea de los marqueses

y temo que no cederá fácilmente. No le culpe por ello.

Renunciar a su herencia, bueno,

no es algo que todo el mundo haría.

Yo sí. Y no pienso discutirlo más.

Si los marqueses querían más a la iglesia que a mí,

es justo que su dinero se lo quede la iglesia.

¿Vendrá conmigo?

¿Cómo podría negarme ante tamaña resolución?

Gracias, padre.

Donaré toda la fortuna de los marqueses

a la Orden del Cristo Yacente.

(RONCA)

(RONCA)

-A este, ahora, cualquiera le saca "na".

-¿Es normal que un hombre ronque así?

-Eso es que está sanando.

En Cabrahígo, cuando los gorrinos gruñen, es que gozan de salud.

-Parece mentira que alguien de la pachorra de Servando

haya ayudado a dos mujeres a estar juntas, ¿verdad?

Viéndolo así, nadie diría que es un sentimental.

Más bien un cenutrio.

-Es que "tos" tenemos nuestro corazoncito.

-Pues a él se le va a salir por la boca.

¿De verdad os parece bien que se cuente la historia

de las doñas "acaramelás"? -Mire, yo no sé si bien o mal,

pero a mí me suena todo extraño, como si no fuera verdad.

-Que lo es, lo es, se lo digo yo que lo es.

En Cabrahigo, había una mujer que no quería matrimoniar,

pero no le faltaban pretendientes, y entonces se trajo a vivir con ella

a una prima de Pamplona.

-¿Y qué tiene que ver Pamplona?

-Pues "na", pero se conoce que...

-Ea, ya se acabó la tormenta. -¿Qué...?

¿De qué hablabais

que os habéis callado tan de sopetón?

-De Pamplona, Servando, de Pamplona.

-Ay, Servando.

Hay que ver, Servando, lo descompuesta

que tiene usted la cama. Está hecha unos zorros, vamos.

-Yo, viendo que ya está usted mejor,

marcho, que tengo la comida al fuego.

-¿Tanta actividad para tapar de lo que estaban hablando?

-Pero ¿qué tapar, ni tapar, hombre?

Pero ¿qué "payasás" dice usted?

Es la fiebre.

Samuel. Felipe.

Dichosos los ojos, hacía días que no se le veía el pelo.

De viaje. Eso he oído.

Negocios, ya sabe.

Con la marquesa atentando contra mí,

he ido más lejos a buscar clientes.

¿Y los ha encontrado? No puedo quejarme.

Podré prosperar vendiendo a otras provincias.

¿Ustedes qué tal? Bien, bien, como siempre.

No podemos emitir queja.

¿Lucía también? -Bueno,

con sus más y con sus menos.

¿Y eso? Su padrino Joaquín,

parece que le ha removido algo por dentro.

Es natural, al fin y al cabo, ha sido su guía y mentor.

Habrá removido algún sentimiento del pasado.

Nostalgia, tal vez.

Quizá, pero acongoja verla tan atormentada.

Lucía es muy joven, casi una niña, seguro que no tardará

en desaparecer el tormento.

Eso pensaba yo, pero es como si quisiera seguir removiendo su vida.

Sé por mi esposa que quiere volver a Salamanca,

no sé qué querrá hacer allí.

Esperemos que entre todos consigamos

que se comporte juiciosamente.

¿Podría avisarla

que la espero en casa para cenar? Hablaré con ella,

tal vez le venga bien. -Así lo haré, si la veo.

Y ahora, si me disculpa, tengo cosas que hacer.

Con Dios.

Con Dios.

-Tenga.

-Tómeme la temperatura, Carmen. -¿Otra vez?

-Es que no me siento muy bien.

-Es que no está usted acostumbrado a sobrevivir solo con caldo.

Eso es lo que le pasa. -Ya.

-Vaya.

Pues sí que parece que le han subido un poco las décimas, sí.

-Si ya lo decía yo, al final

me van a echar ustedes de menos.

-Mire, déjese usted de simplezas y coma.

Que digo yo, ¿por qué no hablamos de otra cosa?

-¿Como de qué?

-Pues...

no sé, por ejemplo,...

¿cómo conoció usted a esas dos mujeres enamoradas

de las que habla Casilda? -Soy una tumba.

-Venga, Servando,

pero si solo es para pasar la tarde sin pensamientos sombríos.

Además, dicen que usted jugó un papel muy importante

en esa historia.

-Mire, ya está bien, que sé que estoy más que pachucho,

pero que no soy memo y, que bastante me arrepiento de haberle

abierto mi corazón a la Casilda, que total, para lo que me va a servir...

(TOSE)

-Servando, ¿va a empezar otra vez con sus aprensiones?

-¿Y usted va a seguir metiendo sus narices en mis recuerdos?

-¿No me diga que se están ustedes echando los trastos a la cabeza?

-No, qué exageración. Solo charlábamos.

-Sí, cuánto majadero hay aquí.

-Ese humor es por la dieta a base de caldo.

-Eso le he dicho yo,

pero como hoy no soy santo de su devoción...

¿Termina usted de darle la merienda?

-Faltaría más. Ahora mismo.

¿Se va usted? -Bueno, por no decir que me echan.

-Eh, espere, aguarde. Le tengo que dar un recado.

Venga, por favor.

Me han dicho Fabiana y Lolita

que tenemos que sonsacarle a Servando lo de las invertidas.

-Si es que a todas nos gustaría

que doña Leonor escribiera sobre ellas,

quizá así podríamos entenderlas mejor.

-No sé yo, entender a esas machorras.

No me cabe en la cabeza.

-¿Qué están cuchicheando por ahí? -Nada, ya se lo he dicho, un recado.

Hale. Al caldito, Servando.

-Eso, usted póngame buena cara por delante

y apuñáleme por detrás, so hipócrita.

-Vamos, Servando, Servando.

Tengamos la fiesta en paz. -Sí.

En paz las voy a dejar, pero para la eternidad.

(TOSE)

-A usted le falta un tornillo o se le ha debido caer,

porque no vino usted así de fábrica. -Con hipócrita me quedo corto.

¿Qué se cree, que soy un majadero y que no me estoy enterando

de lo que pasa?

-¿Y qué está pasando? -¿Qué está pasando,

qué está pasando? Que están todas conspirando.

-Hombre, conspiración, conspiración...

-Conspirando de lo mío.

Que saben ustedes que es más que una neumonía, mucho más,

infinitamente más.

-Pero ¿de qué habla usted? -Eso.

Hágase la tonta

otro rato más, que este me ha parecido corto.

Saben como yo, que la espicho,

que la doblo, que la diño

y creo que hasta saben

la fecha en la que voy a estirar la pata.

Llevo todo el santo día viendo cómo cuchichean por ahí.

-¡Ay!

-¿Qué hacen, por qué ha marcado ese día en el calendario?

-Según mis cálculos, ya han pasado más de dos meses de la concepción.

-¿Y qué?

-"Y qué", dice el pazguato.

"Pos" que ya es hora de hacer la oración del retoño.

-No había escuchado esa oración, ¿qué necesitamos, un cura?

-Sí, y un obispo, ¿no te amuela?

Explíqueselo, doña Trini, que este es más bruto que un "arao".

-A ver, es una costumbre de Cabrahigo, una tradición.

-Ah, acabáramos.

-Es imprescindible para traer una criatura cabrahíguense

sana por los cuatro "costaos". -Se le ruega a los abuelos,

a los bisabuelos, a los tatarabuelos,

a los tataratatarabuelos, a los... -Sí, sí, a los ancestros, Lolita,

muy típico del mundo rural. -Pues eso, se les pide

a los antepasados para que el embarazo sea sano.

-Y que la criatura salga más "bonica" que un San Luis.

-Pero ¿quién tiene que rogar, la embarazada?

-Pues todos los que han "participao",

¿no te amuela? Y a mí, si me deja.

-Claro. -¿Y mi padre también tiene

que participar en ese ritual? -Como un solo hombre.

-Pues no sé yo si...

O sea, que...

acabó bastante escamado después de la limpieza de la casa,

terminó molido.

-Es verdad, se nos había olvidado que su marido es un poco descreído

para esto. -Bueno, a mí me da igual,

habrá que convencerlo.

La oración del retoño se va a realizar sí o sí

como me llamo Trinidad Crespo.

-"Con lo aprensivo que es usted,"

más le valdría comer, venga. -Déjeme, déjeme, déjeme.

Lo que me apetece ahora es dormir.

Tal vez soñar, sobar un rato y...

¿Me toma la temperatura otra vez, por favor?

-Unas décimas, sí, nada alarmante.

-"Pa" usted, ¿no te amuela?

Déjeme un momento dormir,

se lo pido.

-Puede que sea lo mejor, sí.

Vuelvo cuando caiga el sol, a ver cómo va.

(TOSE)

-Servando,...

tú puedes.

Al menos tienes que hacer un poder.

El tío Cándido...

atravesó el océano.

Volvió desde Argentina para doblarla en Naveros.

Es lo mínimo que se le puede pedir...

a un hijo de tan noble villa.

Creo que...

también...

podría irme a Cuba.

Lo que no sé si llegaré.

Y si llego,...

¿para qué hacerle pasar un mal rato a mi Paciencia?

No.

Naveros está más cerca,

sí.

Además, en Naveros, los moribundos siempre han sido bien recibidos.

(TOSE)

Le dije que me pasaría a verle esta noche.

-Déjelo descansar, Agustina, no sea que se remueva

y empiece a roncar de nuevo. -Es raro, ¿no?

A juzgar por el silencio, duerme como un niño chico.

-¿Se va usted?

-Podría decirse así,

y también podría decir que me han puesto de patitas en la calle.

Al final han convencido a don Higinio de que soy una ladrona.

-¿Y se va a encaminar usted así, de noche?

-Podrán pensar de mí lo que gusten, pero una es cumplidora.

He querido dejarle

la cena puesta al doctor.

Además, no es plato de buen gusto irse así, a la luz del día,

para ver las caras de desprecio de las que llaman señoras.

-Pues

vaya usted con Dios.

-Este plato es para Casilda.

Se pirra por mis bizcochos.

Despídame de ella y de las demás, háganme el favor.

-No lo dude.

-Tantos años,...

tantas vicisitudes,...

tantas penas,...

entre estas cuatro paredes.

(TOSE)

Y tú,...

mi media naranja,...

para el final.

Te quiero.

No es que me apetezca palmarla solo, pero...

al menos...

te evito a ti pasar el mal trago.

(TOSE)

Adiós.

-¿Se puede creer que me ha "dejao" mal cuerpo María?

-Ni una cucharada me cabe.

-A las buenas noches.

Me he escapado de casa de doña Rosina "pa" ver cómo está Servando.

-No ha "dao" trabajo en toda la tarde.

-Pues eso es bueno, eso es que está reponiendo fuerzas

para darnos el tostón mañana.

¿Y esto qué es? -Te lo ha dejado María.

Ha dicho que era un bizcocho.

-"Ende luego" que esta mujer es oro "molío".

Como sabe que me pirran sus dulces.

¿Qué pasa?

¿María?

-Su señor la ha "despedío", Casilda.

-Ay, Dios mío, ¿su señor, dice? Más bien su verdugo.

Mira que dejar sin techo y sin pan a una inocente.

¿Hace cuánto se ha ido? -Pues "na" y menos.

-Me voy a marchar a escape, tengo que alcanzarla.

(TOSE)

(TOSE)

-Mi portería.

(TOSE)

(TOSE)

(Campanadas)

-"Las 11 en punto y sereno".

Las 11 en punto y sereno.

(AHOGA UNA TOS)

-Falsa alarma, sereno.

Las 11 en punto y sereno.

-Maldita sea mi estampa,

que al último que vea de Acacias sea al arrogante del sereno.

(TOSE)

Adiós,...

Acacias.

(TOSE)

-¿Ese que ha pasado era Servando? Ay, ves visiones, Flora.

-María, ¿dónde te habrás "metío"?

Me ha dicho Felipe que quería usted que viniera.

Así se lo he pedido, sí.

He pensado mucho en usted durante mi viaje.

Es halagador, pero me hace más difícil decirle

que no me puedo quedar a cenar.

¿Y eso?

Samuel, no sería una buena compañía.

Quería decírselo en persona.

Me duele, no crea que no, pero entiendo que no debo insistir.

Sus deseos son órdenes para mí.

¿Dispone siquiera de unos minutos?

Claro.

Perfecto. Pase, no la entretendré,

quiero contarle algo.

Tuve que visitar a unos clientes en Salamanca.

No me lo había dicho.

No, fue un imprevisto.

Ya sabe, un cliente me habló de otro cliente,

en fin, casualidades.

Pero una vez allí, no podía marcharme

sin visitar a su padrino Joaquín y decirle

cuatro cosas. ¿Usted le vio?

Quise echarle en cara todo el mal que le ha hecho a usted.

Samuel, cuando le conté lo que había habido entre mi padrino y yo,

yo no pretendía... No, no me sentí forzado,

es lo que cualquier amigo hubiera hecho.

Además, usted me ha ayudado

en innumerables ocasiones. Era mi deber.

Pero no reaccionó como yo esperaba.

Me dijo algo que me dejó perplejo. ¿Qué fue?

María, aguarde, espere.

¿Iba a marcharse así, sin despedirse de mí,

ni decirme "na", ni una miaja de cariño ni recuerdos?

-Me daba apuro que me vieras en este trámite.

Se me cae la cara de vergüenza.

Ya ves, yo, despedida por ladrona.

-Yo siempre he "confiao" en usted.

-Lo sé.

Y te lo agradezco. Y, por si lo quieres saber,

no te he decepcionado.

Esa arpía de doña Susana lo preparó todo.

Pagando o sin pagar, consiguió que el sereno

metiera el dinero en mi bolsillo. Lo que se deben estar riendo.

-Pero,... esto tenemos que contárselo a doña Rosina,

lo mismo ella puede defenderla a usted.

-No.

Doña Rosina no moverá un dedo por mí,

todo esto lo ha consentido ella o lo ha dirigido.

-¿Cómo? Pero ¿qué puede tener mi señora en contra de usted?

-No lo entenderías, Casilda, es igual.

Hasta siempre.

-María, yo no soy tan mema como parezco

y, si usted me explica las cosas poquito a poco, yo lo entiendo,

y hasta me adelanto.

¿Es que... usted ha "tenío" algo que ver con don Liberto?

Mire que yo sé cómo pueden llegar a ser los señoritos.

-No, Casilda, doña Rosina

no quiere alejarme de Liberto. -Entonces, ¿de quién?

-Es igual, tonterías mías, hija. Ea, cuídate mucho, muchacha.

-No me tome por tonta. ¿De quién quiere alejarla mi señora?

-De ti, quiere alejarme de ti.

-¿De mí? Pero, ¿eso a cuento de qué?

Si usted no me hace a mí mal ninguno.

-Temo que, no cree que yo te haga mal, sino que te separe de ella.

-Pero, vamos a ver, yo no voy a dejar a mi señora,

yo puedo seguir sirviéndola a ella y ser amiga de usted,

"pa" chasco que puedo.

-A ver,... tú ves a Rosina como una madre, ¿no?

-Bueno, como una muy mandona, y muy quejica también.

-Ella cree que vas a dejar de verla así, si te cuento la verdad.

-¿Qué verdad?

-Pues que si estás en este mundo es gracias a mí, hija.

Yo soy tu madre.

Su padrino tenía sus razones.

¿En qué se escudaba?

Verá, no es fácil para mí. Samuel, por favor.

Dejó entender que...

Dios, es tan humillante para usted.

Sabré soportarlo.

En fin,...

parece ser que había algún impedimento eclesiástico

o interdicción, no lo sé,

pero la gente decía que los marqueses eran hermanos.

¿La he ofendido a usted?

¿Y por qué no me lo contó a mí cuando hablé con él?

Eso no se lo puedo responder, pero hay más.

De alguna manera, no me pregunte cómo, hay una orden eclesiástica

involucrada. La Orden del Cristo Yacente.

Esa.

Al parecer, ayudó a los marqueses a mantener el secreto

y esperaba ser incluida en el testamento.

Como se podrá imaginar usted,

se sintieron muy despechados

al saber que todo se lo legaban a usted.

¿Le dijo mi padrino si pensaban hacer algo?

Me dijo que estarían dispuestos a todo,

con tal de recuperar lo que creían su legado.

¿Por qué lo sabe mi padrino?

Porque él tiene un acuerdo con la orden,

un acuerdo para despojarla a usted de su fortuna.

No pueden hacer nada

en contra de mi voluntad. Ya no soy una niña.

Yo no estaría tan seguro, Lucía.

Ya han empezado a acosarla y a vigilarla,

aunque usted no se ha dado cuenta. ¿Cómo?

El padre Telmo, nuestro entrañable

párroco es un miembro de la Orden del Cristo Yacente,

y ahora quieren su patrimonio.

(LLAMA)

Servando.

Servando.

Despierte usted, hombre, que le va a dar un...

-¿Has visto a Casilda?

-He ido a buscarla para que nos sirviera el desayuno

y ha dicho que lo hagamos nosotros.

-¿Se ha vuelto loca? -Para mí que se ha puesto en huelga.

-¿En huelga, como un anarquista? Pero, ¿ha perdido el oremus?

-Por el despido de María, está claro.

"Es un viaje importante,"

nunca antes lo había visto tan inquieto.

Lo es.

Pensé que solo lo era para la señorita Lucía

y, que usted únicamente la acompañaba.

(Pasos)

Ya he pedido el carruaje, estará aquí en una hora.

Gracias, Felipe.

No quiero estorbar durante los últimos preparativos.

Le deseo un buen viaje.

Se lo agradezco.

-"Le agradecemos"

que haya despedido a María.

-No quiero tratar ese tema. -¿Piensa buscar otra criada?

Quizá podamos preguntar en la iglesia.

-No, de momento no.

-¿Y si contrata a Casilda? -¿La suya?

-Sí. Es que no es bueno que una criada pase trabajando

al servicio de la misma familia muchos años, se acomoda,

y no hace bien su trabajo. -"Debemos marchar".

No es necesario que me acompañe a la estación.

Ya son ganas de andar dando paseos. ¿Seguro?

Seguro. El carruaje me deja en la estación,

y no es la primera vez que cojo un tren.

(SUSPIRA) No me perderé.

Ya me ha dicho Felipe que ha hablado contigo,

así que no insistiré en que suspendas el viaje.

No.

Pero obra con la mayor de las precauciones,

Lucía. -"Tanto Celia como yo,"

tememos que la relación de Lucía con Joaquín

no sea todo lo fluida que debiera. Eso no deben temerlo,

pueden estar seguros.

Don Joaquín no ha sido la figura paterna que Lucía necesitaba.

¿Le ha contado algo?

¿Hay alguien?

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Acacias 38 - Capítulo 846

12 sep 2018

Telmo cuenta a Lucía todo lo que ha descubierto de sus padres y la deja sumida en la confusión. Lucía pide a Telmo que la acompañe a Salamanca para renunciar a su herencia en beneficio de la Orden del Cristo Yacente.

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  1. Lolita

    Es verdad que Casilda tiene a su familia en su pueblo. Cómo se les ocurre sacar ahora que es hija de Maximiliano? No hay coherencia en esta nueva trama

    15 sep 2018
  2. Marilu

    MUY DIFÍCILMENTE, las criticas negativas pueden dar lugar a que cualquier serie se de por terminada y haya quien se quede " sin " trabajo, ya que al finalizar una se inicia la temporada de otra; además.a los RESPONSABLES de la serie poco y nada les importan nuestras opiniones y como decimos en mi país, las criticas " LES RESBALAN "

    13 sep 2018
  3. Mabi

    Dory, la mujer del portero, Pacienci, así se llama, se fue a Cuba a cuidar de su hermana enferma

    13 sep 2018
  4. Pilar Méndez

    A mí me dan pena las críticas negativas, sólo espero que no se queden sin trabajo por vuestra culpa.

    13 sep 2018
  5. Virginia

    En esta novela todo puede pasar.... así q se van creando tramas y más personajes aparecen.....y desaparecen ... Un verdadero culebrón.....

    13 sep 2018
  6. Santana

    Santana sigo la serie desde qué inicio, fantástica!!! Pero se le ha ido la pinza al que la escribe jajajaja porque Casilda ya tiene padres en su pueblo, con hermanos y recuerdos ¿¿¿¿.

    13 sep 2018
  7. Dory

    Pesada serie,donde está caetanya,y la .ujer del portero?

    13 sep 2018
  8. Dory

    Pesada serie, Lucía y Samuel uff dónde está caetanya, y la mujer del portero?

    13 sep 2018
  9. Ana

    Me encanta la serie. Pero esta nueva trama....que yo recuerde...Casilda vino de un pueblo a la ciudad y además tiene hermanos...

    13 sep 2018
  10. Conchita

    Cuanto va regresar Calletana otra vez en la serie

    13 sep 2018