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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 845 - ver ahora
Transcripción completa

La verdad es que nadie en el hospital

le ha dicho que trabajaba allí o que me conocen

porque estaban cumpliendo con su deber.

Yo, junto con el doctor Sisebuto Urdiales,

nos dedicamos a una actividad que requiere de máxima discreción.

Nuestros estudios de investigación consisten

en analizar científicamente el resultado de algunos medicamentos

en pacientes, sopesar los efectos secundarios que tienen.

Soy hija de los marqueses de Válmez

y, créame que eso me tiene del todo desconcertada.

Entiendo su inquietud. No se ofenda, pero...

no.

Dudo que se haga una idea de lo mucho que ha impactado en mí

esa noticia.

He hablado con el director del banco y, me ha comunicado que Samuel

ha logrado hacer frente al primer pago de la deuda.

Ahora, de dónde ha sacado el dinero, eso es para mí un misterio.

-"Alargarás la agonía"

y perderás tu dinero. ¿Y?

Quizás necesites ese dinero más adelante para tu manutención.

Les agradezco enormemente su preocupación,

pero no quiero que nadie opine sobre lo que hago con mi herencia.

-"Nunca he intentado arrebatarle" a alguien algo que no es mío.

-¿Te recuerdo que intentaste arrebatarme a mi esposo?

-Yo no soy una ladrona,

doña Rosina, y recuerde que lo que conocí antes que usted.

-Pero no te pidió matrimonio, ¿verdad? Pues eso, apechuga.

"Quizá yo pueda ayudarla". ¿Usted?

Yo la ayudaré a descifrar todo lo que sucede.

Creo saber cómo hacerlo.

¿De verdad me lo dice?

Confíe en mí y se lo demostraré,

pero deme algo de tiempo. -"¿Qué te pasa últimamente?"

-Por favor, no tengo fuerzas para discutir contigo.

-Ya sé que no estás bien, pero sigo sin saber

el motivo de tus males.

-No es nada, estate tranquilo. -No te voy a dejar tranquila

hasta que no obtenga una respuesta.

Así que ya te puedes dejar de mentiras y de vagas excusas.

No voy a cumplir con el encargo que me encomendó sobre Lucía.

No sin antes poner todas las cartas sobre la mesa.

¿A qué se refiere?

Quiero saber toda la verdad sobre Lucía.

¿No va a decir nada?

No estoy acostumbrado a su silencio.

Yo tampoco

a que un sacerdote a mi cargo me exija nada.

Insisto que es preciso para el buen fin de mi misión,

saberlo todo sobre Lucía.

Ya le he dicho todo lo que necesitaba saber.

¿Incluido que en realidad es hija de los marqueses de Válmez?

No parece sorprendido.

¿Cómo lo ha averiguado?

Lucía en persona me lo dijo. ¿Por qué me lo ocultó?

Sencillo. No consideré necesario que lo supiera

para llevar a cabo la misión que se le había encomendado.

¿De verdad cree que no era un dato importante a tener en cuenta?

Considerando que pretende que le arrebate una herencia,

que al parecer le corresponde.

Eso es más que discutible.

¿Lo es que los hijos hereden los bienes de los padres?

Me debe obediencia a mí y a la orden,

espero no tener que recordárselo de nuevo.

La verdad sobre Lucía Alvarado es algo que ni siquiera a usted

podía revelarle.

Por nada del mundo debe salir a la luz pública.

No comprendo tanta precaución.

Los marqueses de Válmez no podían reconocer a su hija.

La iglesia, aunque se enteró de la existencia de Lucía,

se vio obligada a ser cómplice del silencio.

¿Por qué los marqueses tenían que ocultar el parentesco

hasta a su propia hija?

Prior,...

mi éxito depende de que no siga ocultándome información.

Debería comprenderlo.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Campanillas)

-Agustina, hágase cargo de Servando una miaja, haga el favor,

que enseguida le llevo unos trapos limpios.

-Puedo preparar yo los trapos, Fabiana, así usted puede arreglarse

para ir a faenar. -Agradecida, pero, ya lo hago yo.

-Con todo, si quiere, puedo preparar el desayuno para usted o el enfermo.

-A Servando "na" le entra, y yo ya comeré algo luego.

-También puedo dar relevo a Agustina y quedar a su cuidado.

-Mire, María, las cosas claras y el chocolate, espeso.

"Na" necesitamos de usted, a ver si se entera de una santa vez.

-A las buenas. -Buenas.

-¿Cómo está Servando?

-Al parecer, igual que anoche,

pero no te puedo decir seguro, mi ayuda aquí no es bien recibida.

-No diga eso, María. -No te miento.

Fabiana me ha puesto la cruz

y el resto de las criadas obedecen sin rechistar.

Haciéndome de menos.

-Eso no es cierto, se equivoca usted.

No todas.

-Lo sé, y te agradezco que no me hayas dado la espalda.

-Eso nunca, María, la verdad es que a usted la tengo en alta estima.

¿Puedo preguntarle algo?

-Claro que sí, mujer, hay confianza. No me vengas con esos remilgos.

-¿Qué le llevó a casa de mis señores?

No vino a verme a mí,

y "aluego" decidí preguntarle a doña Rosina

y se puso como una gata panza arriba.

-Pues yo no tengo la culpa de su malhumor.

Fui a dar un recado de mi señor sobre la renta de la casa.

-Ah.

Bueno, pues entonces no sé qué tripa se le habrá roto ahora.

En fin, voy a marchar a ver a Servando,

antes de que se me haga tarde. -Mujer, desayuna un poco conmigo.

Total, el pobre de Servando no se va a mover de ahí dentro.

-¿Has dormido bien?

(ASIENTE)

No has comido nada, ¿quieres que Lolita que te prepare otra cosa?

No estás muy habladora esta mañana.

Cuando no hay nada bueno que decir, es mejor guardar silencio.

Vamos a dejarnos de niñerías, Lucía, y hablemos a las claras.

Yo solo quiero ayudarte,

y Felipe desea lo mismo.

-Así es,

aunque parezca dudar de ello.

-Deberías entender que estemos desconcertados con tu actitud.

No tienen por qué.

-¿Cómo que no?

Está claro que el tío Joaquín te dijo algo que te afectó.

Algo que insistes en no compartir.

Continúa sin confiar en nosotros.

No es eso. ¿Entonces qué, Lucía?

Te hemos abierto la puerta de nuestra casa,

y de nuestros corazones, te hemos dado cariño,

¿no deberíamos esperar lo mismo por tu parte?

Lucía, somos tu familia,

y vamos a apoyarte, y ayudarte,

en todo lo que necesites, pero no creo que sea justo

que nos lo pagues de esta forma.

No hay manera contigo.

Solo buscamos lo mejor para ti.

Pero no podemos ayudarte si nos ocultas la verdad.

Lucía, Lucía, aguarda.

He sido muy dura con ella.

¿Crees que debería ir a hablarlo? -No.

Déjala sola, y no te tortures,

has hecho lo que debías.

-Esperemos que recapacite y confíe en nosotros.

Oculta un secreto que la tortura.

-Qué "buenico" era mi Martín, y qué noble, hasta el final lo fue.

-Lo siento en el alma, Casilda, no sabía nada de tu desgracia.

-Ya.

Yo aún tampoco me hago a la idea de que ya no vaya a estar

más a mi "lao".

Nunca amaré a otro hombre como le amé a él.

Jamás de los jamases.

-El tiempo lo cura todo,

aunque el primer amor es verdad que no se olvida nunca.

-Bueno, en realidad, Martín no fue el primer amor.

Antes estuve en amoríos con otro muchacho

que también era pan de ángel,

pero se lo llevó la parca también de muy mala manera.

Se llamaba Pablo. El Pablico.

Y... hasta me quedé "preñá" de él,

lo que pasa es que

la criatura no salió adelante.

-Lo lamento. ¿Y él pasó por la vicaría?

-Sí, pero no con servidora, con doña Leonor.

-¿Con la hija de tu señora? ¿Te hicieron esa canallada?

-Bueno, pero tampoco es "pa" que nos pongamos tan estupendos.

Al final, ellos, pobres, no tenían culpa de "na".

Se amaban una "barbariá" y yo estaba tan "obnubilá", que no quería verlo.

Yo no soy más que una "criá", ahí en realidad no pintaba nada.

-No vuelvas a hablar así de ti,

eres una muchacha hermosa, alegre y simpática,

¿qué más da el parné que tenga una en el bolsillo?

A lo mejor eres más señora que muchas señoras.

-Casilda,

desde el cuarto vengo oyéndote darle a la húmeda.

Teníais que estar "avergonzás", aquí, de cháchara, en vez

de visitar a Servando.

-Mire, "señá" Fabiana, "mismicamente"

venía yo a ver al Servando,

pero viendo que están tratando como un trapo a la "señá" María,

he "decidío" quedarme con ella. -Ella tiene el trato que se merece,

y tú no te metas.

-Yo me meteré "ande" me venga en gana, ¿no te jeringa?

-No discutas por mí.

(Campanilla)

-Es la de mi señores.

A ti te ha salvado la campana,

mastuerza. Bajo, que tengo que atenderlos,

pero tú y yo ya hablaremos.

-Agradecida, pero no lo vuelvas a hacer,

no quiero que tengas dificultades.

-No, María, lo que es injusto es injusto y santas pascuas.

Y no se preocupe, que ya entrará en razón la "señá" Fabiana.

Voy a ir a ver a Servando.

(TOSE)

-A ver si cambiando de postura, acabamos con esas toses tan feas.

-Me van a llevar a la tumba.

Agustina.

-Pero bueno, Servando, no diga usted eso ni en broma,

pues anda que no le queda guerra por dar.

-¿Has venido a verme, Casilda? -"Pa" chasco que sí, Servando.

"Señá" Agustina, ya puede marcharse a la sastrería,

que yo me voy a quedar cuidando de él.

-Te lo agradezco, Casilda. Doña Susana ya me estará esperando.

Luego le pediré que me deje unas horas libres

para volver a atenderle. -No se preocupe usted,

entre "toas" nos iremos organizando.

-(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Con Dios.

Bueno, ¿cómo está hoy el enfermito?

-Pues... ya lo ves, muchacha,

hecho unos zorros.

-Ande, Servando, si ya verá como "enseguidica"

estará otra vez en la portería.

-Sí, con los pies por delante.

(TOSE) No me engañes.

Entre delirio y delirio,...

he oído al doctor decir que tenía neumonía.

-Bueno, pues entonces también sabrá que "tié" que poner

"toas" sus fuerzas en curarse.

-Me quedan muy pocas.

Creo que la suerte se me acaba.

Y puede que entregue la pelleja.

Creí que tenía más tiempo.

Tenía tantas cosas que hacer...

Tenía tantas ganas de reencontrarme con mi Paciencia.

(TOSE)

-Servando, no sea cenizo, que ya verá usted como así será.

-Me enterrarán... y nadie sabrá de mí.

Mi nombre se perderá y nadie lo recordará.

-Pero ¿cómo que no? ¿Cómo lo vamos a olvidar a usted?

Vamos, ni a usted ni todas las cosas que ha hecho.

-Solamente...

Recordareis... mis meteduras de pata,

nada más.

Lo único... de enjundia que he hecho en mi vida

nadie lo conocerá.

Siempre lo he mantenido en secreto.

(TOSE)

-Arrea, Servando, pero ¿se puede saber de qué está hablando usted?

-De la única hazaña...

digna de recordar,

la única acción digna de ser transmitida

de generación en generación.

-Arrea, pues hable ya, que me "tié" en ascuas.

-No sé si debiera.

Quizá...

me la debiera llevar a la tumba. -No.

-Que nadie supiera...

la gran aventura de Servando.

-Pero ¿qué es esto? Si es nuestro coloso.

Fabiana,

acaba de alegrarme el día.

Voy a recochinearme del portero.

-Ese no ha cumplido con su obligación de sereno,

que es abrir portales, y no cerrarlos.

-Servando, no acuse sin fundamento, que no sabe a ciencia cierta

si fue cosa suya. -Pero si di más palmas

que a un cantaor flamenco. -Uy.

-Por más que llamé, no apareció. -¿Quiere quedarse "parao",

que cada vez que se mueve le da la tiritona?

-Lo que le digo yo, que ese tiene muy mala baba y ha aprovechado

a que yo estaba fuera para cerrarla.

-Maldita sea la estampa del sereno.

Cesáreo.

Espere, que usted y yo vamos a tener unos palabros.

-¿Sucede algo? -"Pa" chasco que sí.

Se lo voy a decir muy clarito.

Mire, yo no estoy muy segura de que Servando haya enfermado

por su culpa, pero como sea así, le juro que se va a enterar

de lo que vale un peine.

-No tengo nada que temer, hice lo correcto.

-Nones.

De lo que sí estoy segura es que usted no acudió a abrirle el portal.

-No puedo estar en dos sitios a la vez.

Hubo un problema en el barrio y no escuché a nadie llamarme.

-No me venga con camelos, ¿qué se cree, que me he caído de un guindo?

Como todo Acacias, yo también sé que Servando

nunca ha sido santo de su devoción,

y que siempre le ha hecho la vida imposible,

pero esta vez se ha pasado usted de la raya.

-Nada puede demostrar. -Pues eso está por ver,

y no voy a parar hasta echarlo de esta calle, y de este barrio.

-No sabe lo que dice, está perdiendo los papeles.

-Ahora se va a enterar usted de lo que significa perder los papeles.

-Fabiana, deténgase, que se busca la ruina, mujer.

-Escúcheme,...

usted,

como aquel que dice, es un recién "llegao" a estas calles,

pero no tiene ni idea de lo que significa Servando.

-Y "pa" nosotras.

-Pero claro, no puede entenderme, porque los de su clase

no saben lo que es el cariño de verdad.

Ahora bien, como lo de Servando acabe en desgracia, le juro,...

le juro que se va a arrepentir. -Vámonos,

que no merece la pena.

Vamos.

-Fabiana es de armas tomar, y la Casilda no le anda a la zaga, ¿eh?

-Así que salió en tu defensa.

-Es la única que ha dado la cara por mí.

-Parece haberte cogido estima.

-Y yo a ella. Es pan de Dios.

-María, sabes que no debes encariñarte con la muchacha,

¿verdad? -Descuida.

Lo tengo claro.

No necesito que me lo recuerdes.

-Apenas me has comentado nada de tu visita a Rosina.

-No hay mucho que contar.

Le puse las cartas sobre la mesa, no sé cómo reaccionará,

pero supongo que no se quedará de brazos cruzados.

-Hiciste lo que debías.

-Rosina hará lo imposible por ocultar la relación

que hubo entre su difunto marido y yo.

Lo que ella ignora es que ese es tan solo nuestro primer paso.

-La pobre no se imagina lo que le espera.

Ya puedo oler el dinero de su fortuna entre mis manos.

-Una se conformaría con conseguir algo para comer

que no fuesen puerros.

(Llaman a la puerta de servicio)

-Ya va.

(Llaman a la puerta de servicio)

¡Ya va!

Buenos días, Carmen. Buenos días, señorita.

¿Llego en mal momento?

No, adelante, pase.

Regresaba de dar un paseo por los jardines,

cuando escuché algo de movimiento por la casa

y decidí pasar para ver si Samuel había regresado.

Pues lo lamento, señorita, pero el señor sigue ausente,

y ya ve que la actividad que usted apreció era yo.

¿Estás limpiando la casa? Sí.

He aprovechado su ausencia para hacer una limpieza

en profundidad de toda la casa.

Debe ser maravilloso tener un trabajo

que te mantenga la mente ocupada.

Bueno, pues en eso no hay problema, si quiere usted,

cambiamos los papeles y yo, por un día,

puedo ser una señorita acomodada y usted, una simple criada.

Carmen, ¿de verdad crees que mi condición me libra de sufrimientos?

Discúlpeme, señorita, no era más que un decir.

Sé perfectamente que la felicidad

no depende ni de la clase ni del parné.

Tranquila, sé que lo decías sin maldad.

Parece usted preocupada, ¿le sucede algo?

Sí, Carmen.

Me siento sola,

presionada por todas partes

y sin saber qué debo hacer.

Si quiere que le ayude en algo...

Te lo agradezco, pero...

no creo que nadie pueda hacerlo en este momento.

Dile a Samuel que he venido a visitarle.

Descuide, así lo haré.

Con Dios, Carmen. Con Dios.

-Una, dos, tres, cuatro.

-A las buenas, Peña. -Hola.

-¿No está Íñigo? -Nones,

no se ha dignado a aparecer todavía. Andará por ahí,

tratando de colocar el lote de tónicos que compramos anoche.

Le dijimos a las criadas que los venderíamos a nuestros clientes

y, así ellas podrían pagarle el médico a Servando.

-Hicisteis una buena obra.

-El problema es que vamos a tener que tomarnos el tónico

nosotros mismos, no hemos vendido ni uno.

-Ay, Peña, lo lamento.

-Aun así, les pagaremos lo acordado, todo sea por Servando.

Este monís es para llevárselo a Lolita.

Uno, dos, tres, cuatro y cinco.

Listo.

Voy a ver si la encuentro en casa de los Álvarez-Hermoso.

(SILBA)

-Con Dios, Peña. -Chao.

Ah, y dile a Flora que vuelvo en un santiamén.

-Pierde cuidado.

Ah.

-La he visto al entrar, doña Leonor.

-La he visto al entrar.

Casilda, ¿cómo está Servando? Pensaba ir a visitarle.

-Nones, mejor no lo haga, porque ya ha conseguido dormirse,

el "pobrecico".

Nos tiene muy "preocupás". Si le pasa algo a Servando...

-No, no, Casilda,

templa, Servando es un hombre fuerte y saldrá de esta.

-Y a mí me gustaría poder creerlo, que ha "sío" toda la vida

como un padre "pa" mí, pero "na", se va a ir como todos los pobres,

sin pena y sin gloria.

-No, no, Casilda, no digas esto.

-Pero si es que es la verdad, señora.

Servando la va a espichar sin que "naide" sepa que es un héroe.

Se va a llevar a la tumba un gran secreto.

-¿De qué hablas, Casilda?

-De la gran aventura de Servando.

-A ver, explícate.

-Es que, Servando me ha "confesao"...

que él ayudó a que se hiciera realidad una extraña,

pero preciosa historia de amor.

-Casilda, mira que te gusta dar rodeos.

¿Qué historia de amor es esa?

-La del primer matrimonio de la historia entre dos mujeres.

-Dos escobas, más el punto del siete, son tres,

más los seis que tenía antes, hacen nueve, ¿y tú?

-El siete, más tres escobas, hacen cuatro,

más el punto de los oros,

cinco. Suman 15.

-Pues ya has ganado otra vez.

-Para una vez que me acompaña la suerte, el premio son garbanzos.

-Ya sabes los problemas que nos han dado tus apuestas.

-Pero jugar sin apostar es como comer sin sal.

-Comer sin sal es mejor que no tener qué llevarse al buche.

-Falso, no hay vianda más placentera que una apuesta ganadora,

¿o ya se te ha olvidado? -Más quisiera, ¿otra?

(Llaman a la puerta)

¿Quién será?

-No sé, corre a abrir, eres la criada.

-(RÍE IRÓNICAMENTE) ¿Y qué hago...?

El señor tiene visita.

-Don Liberto, qué agradable sorpresa.

¿Puedo ofrecerle algo de beber?

-¿Un vaso de agua, sin ir más lejos?

-No me quedaré mucho tiempo. ¿Podemos hablar?

-Sí, por supuesto. María, déjanos solos.

Siéntese, usted dirá.

-Disculpe mi franqueza, pero...

quería hablarle sobre el alquiler.

-¿Hay algún problema?

-Tan solo que no hemos recibido ni un real.

Y eso que ya lleva tiempo siendo nuestro inquilino.

-Ya le comenté a su señora que, lamentablemente

atravesaba por ciertas dificultades financieras.

-Y por ese motivo se le hizo una generosa rebaja, ¿no es así?

Verá,...

desde que ayer nos contó la verdad sobre su actividad científica,

no he podido hacer otra cosa que darle vueltas

y es de suponer que, dada la importancia de su labor,

recibirá usted una retribución generosa.

-No crea, la investigación científica no está pagada

como merece, al menos hasta que se consiguen resultados.

-Ya.

Lamento de veras plantearle esta situación, pero si no nos paga

lo acordado, me veré en la obligación de pedirle que se marche.

-Tenga un poco más de paciencia,

le aseguro que mi suerte está cerca de mejorar.

-Pero es que yo creo que ya le hemos demostrado con creces

nuestro agradecimiento. Tiene una semana para ponerse al día.

O...

quizá podría haber otra solución.

-¿Cuál?

-Tal vez pueda comentarle usted algo a mi esposa

que le haga olvidar de momento el pago.

Estoy seguro de que, si lo piensa bien, se le ocurrirá algo.

-Ya. -Está en su mano.

No esperaba su visita.

Supongo que podrá imaginarse qué me ha traído aquí.

Nuestro interés mutuo por Lucía nos une.

¿Qué quiere de mí? Le advierto que soy hombre ocupado.

Descuide, no le entretendré demasiado.

Sepa que en los últimos días he estado buscando respuestas

y, gracias a la labor de unos abogados excelentes,

las he encontrado. Al menos en parte.

-Comprendo.

El bufete que ha indagado acerca del testamento

de los marqueses lo hizo bajo su requerimiento.

(ASIENTE)

El testamento dispone que Lucía Alvarado

sea la propietaria de un número importante de lienzos

pertenecientes a la pinacoteca del marqués

y que reciba 1000 pesetas mensuales como asignación hasta los 23.

Nada de eso era secreto. Ha derrochado usted su dinero,

no precisaba de un bufete para averiguarlo.

Se equivoca,

ha sido un dinero bien empleado.

Me han informado de que cuando cumpla la edad preestablecida,

se abrirá una aplica con nuevas disposiciones.

¿Qué se dice en dicha aplica?

Pregunte a sus abogados.

Así lo he hecho, y no han sabido darme respuesta.

Por eso me figuro que usted, como abogado de los marqueses,

podrá saciar mi curiosidad.

¿Y por qué habría de hacerlo?

Porque necesita aliados.

Su ahijada no quiere saber nada de usted, y yo, sin embargo,

cada día estoy más cercano a ella.

¿Exactamente qué es lo que me propone?

Que juntos le ayudemos.

Lucía es una chica ingenua y necesita orientación.

Usted y yo podemos dársela. Hará todo lo que yo le diga.

Soy su mejor socio.

Usted gana.

Le contaré todo acerca del testamento.

Solo le pido algo a cambio. ¿El qué?

Fidelidad.

¿No se encuentra el padre Telmo en casa?

Ah, lo lamento, salió ayer de viaje y aún no sé nada de él.

Precisamente estaba rezando por su pronto regreso.

Es una lástima, precisaba hablar con él.

Esperemos que no tarde ya.

Permítame que vuelva a agradecerle que me defendiera ante los vecinos.

Descuide, no tiene importancia.

Para mí sí que la tiene, no estoy acostumbrada

a tales consideraciones.

¿Hay alguna forma en la que pueda devolverle el afecto que me mostró?

¿Puedo servirle en algo?

(SONRÍE)

¿Qué sucede?

Nada, Úrsula,

simplemente acabo de darme cuenta que ni siquiera he comido.

Llevo todo el día caminando por los jardines, pensando.

Pero eso no está bien, hay que comer.

Le voy a servir un guiso que me ha quedado muy bien.

A mi señora Cayetana le gustaba en especial.

Es curioso.

Apenas soy capaz de recordar todo el mal que hice y,

en cambio, recuerdo recetas de cocina.

No se moleste, no es preciso.

No es ninguna molestia. Permítame que la atienda.

Yo me quedaré a su lado y, si lo desea,

puede contarme eso que la tortura.

Voy a preparárselo.

-Por más que lo oigo, menos me lo creo.

Dos mujeres pasando por vicaría como si fueran hombre y mujer.

-Pues "pa" que veas, Lolita, las cosas del amor,

que no saben de "na", ni siquiera entienden de macho y hembra.

-A mí no me parece normal.

Uy. -Pero bueno, doña Leonor,

¿qué hace usted aquí en el altillo? -Venía a ver a Servando.

¿Se ha despertado ya?

-Nanay, el pobre sigue durmiendo como un corderito.

-Ya. En tal caso,...

¿me puedo sentar aquí con vosotras?

-Por supuesto.

-Es que, Casilda, también quería hablar contigo,

porque no puedo dejar de pensar en aquello que te confesó Servando.

-Pues normal,

que esas cosas sorprenden al más "pintao",

que no son naturales. -No, no, Lolita.

Lo que no es natural es que dos personas que se aman

se tengan que esconder.

Hay ciertos tabúes que deberían caer de una vez por todas.

Voy a escribir lo que sucedió.

Quizá en forma de novela o de obra de teatro, no lo sé,

Lo que sí sé es, que la gran aventura de Servando,

es una historia que debe ser contada.

-Uy.

-Deja de dar vueltas, me estás mareando.

-¿Y te extraña que esté así?

¿Qué vamos a hacer ahora? -Nada,

acelerar lo que teníamos planeado.

-No sé si eso será posible ya.

-No queda otra.

Liberto ha venido a presionarme porque me resistí a echarte.

-Es posible que si hubieses accedido a los deseos de Rosina,

nada de esto hubiese ocurrido. -No lo dudes.

Es de entender que Rosina ha puesto al día a Liberto

de tus amoríos con Maximiliano. Por eso se ha presentado.

-Por descontado.

Si su mujer no le hubiese azuzado, él no se hubiera presentado aquí

a pedirte el parné. Y menos,

después de haberle salvado la vida. -Pero...

no quieren los monís de la renta, quieren tu cabeza.

-¿Te lo ha dicho así, con esas palabras?

-Me lo ha insinuado.

Que si no tenía dinero, había otras formas de arreglarlo.

-Estamos perdidos.

-No, María, juntos somos más fuertes,

no tenemos nada que temer.

-Descuida, mi amor, es cuestión de tiempo.

Muy pronto esa mujer estará lejos de aquí.

-Ojalá tengas razón, Liberto.

-Pero tenías que habérmelo contado antes, dejar que te ayudara.

-Ay.

La angustia de la noticia nubló mi entendimiento,

me obcequé en mi congoja,

ya sabes cómo me ahogan estas situaciones.

-Pues razón de más para haber confiado en mí.

-Entiéndeme, mi amor,

no es plato de gusto ver a la que fue amante

de tu esposo como si no hubiera pasado nada.

-Lo sé, pero no debería afectarte tanto.

María forma parte del pasado y tú ahora tienes otra vida.

Me tienes a mí.

-Y encima Casilda va y la defiende, que no sé por qué.

Como si su presencia no fuera ya bastante desconcertante.

-Bueno, deja de torturarte ya y olvídala.

Ha sido muy desagradable, pero creo que hemos hecho lo correcto.

Lo que tienes que hacer es tranquilizarte y dejar esto atrás.

-Eso no es tan fácil,

sobre todo cruzándome con ella cada vez que voy a Acacias.

-No, no, eso se acabó.

María muy pronto marchará, y tú volverás a ser la mujer ingeniosa

y alegre de la que me enamoré.

Pero ¿me prometes que no volverás a ocultarme algo así?

-Nunca, porque sé que siempre podré contar contigo.

-Así es.

Me duele mucho haber presionado tanto al doctor,

pero es que, yo no voy a consentir que ninguna otra mujer

haga infeliz a mi esposa, sea criada o señora.

-Liberto, ¿de verdad crees que la despedirá de su servicio?

¿De verdad? -Seguro que sí.

No es ningún simple y creo que ha captado a la perfección el mensaje.

Además, yo te aseguro que ese hombre

no se va a causar la ruina por proteger a una criada.

-Así me gusta, que me sonrías así, no tienes nada que temer.

Yo siempre te voy a proteger.

Hay cosas con las que Rosina y Liberto no cuentan.

-No. Cosas como esta.

-¿Has visto a mi sobrino, Leonor? -No.

Estará en casa con mi madre.

-Me han comentado que lo han visto por Acacias, me extraña

que no haya venido a saludarme. -Andaría con prisa, Susana.

-Seguro que menos que la que tú te das en comerte los churros.

Un poco de mesura, querida. -Bastante tengo

con mi Ramón, déjame merendar tranquila.

-Ay, no hemos comentado la reunión de ayer en casa de Celia.

¿No os pareció un poco extraña la actitud de Lucía?

-Mi madre me dijo que estuvo algo distante.

-¿Algo, dices?

No se integraba en las conversaciones

aunque Celia lo intentara.

-Sí. Yo también lo noté.

-Hasta Trini se dio cuenta, que solo tenía ojos para la comida.

Estoy segura de que a esa muchacha

le pasa algo malo.

-Quizás lo mejor sería preguntarle a Celia, ¿no?

-Pues si así lo desean, no van a tener mejor ocasión.

Ahí viene. -Celia.

Querida, ¿ocurre algo? Pareces preocupada.

-¿No habréis visto a Lucía?

-No, ahora mismo estábamos hablando de ella.

¿Ha ocurrido algo malo?

-Pues espero que no,

se ha marchado esta mañana de casa y no la he vuelto a ver.

La he buscado por todo el barrio sin resultado.

-¿No ha ido a comer a tu casa?

-¿El guiso ha resultado de su agrado?

¿Cómo no iba a serlo? Era simplemente exquisito.

Pues ya sabe,... puedo preparárselo siempre que quiera.

Úrsula, ¿puedo pedirle un favor?

Por supuesto, lo que precise.

¿Podría quedarme un rato más esperando el retorno

del padre Telmo?

Por mí encantada, espérele tranquila.

Ya me he dado cuenta que es al padre Telmo

al único a quien quiere usted contarle lo que le inquieta.

A mí no me ha soltado prenda.

Yo lo lamento, pero... No, no.

No se excuse, señorita, hace usted la mar de bien.

Es mejor no fiarse de nadie,

y menos en estas calles.

Aunque, si lo prefiere, marche a casa,

yo le aviso cuando el padre vuelva.

No es menester que espere usted aquí, incómoda.

Aunque tal vez sea eso lo que teme.

Volver a casa.

Parece adivinar mis pensamientos.

Puede usted quedarse refugiada aquí el tiempo que quiera.

Aguarde un momento, Úrsula.

¿Puedo hacerle una pregunta?

Por supuesto, lo que precise.

Usted parece una buena persona, pero...

Pero...

Pero, sin embargo,

se cuentan cosas terribles de mi pasado.

Así es.

Sí. Al parecer, fui un monstruo.

Una mala persona que solo hacía daño a todo el que le rodeaba,

pero ya no soy la misma.

Ahora solo soy una mujer llena de dolor.

Y de bondad. Ojalá sea así.

En el sanatorio me curaron y, la vida

puso en mi camino al padre Telmo.

Ahora, él es mi pastor y mi guía.

¿Sabe? En cierta manera, la envidio.

¿Envidiarme, cómo es eso posible?

A mí también me gustaría borrarlo todo y ser otra persona.

Empezar de nuevo.

Señorita, no diga eso.

Usted, lo único que tiene que hacer

es descansar y dejar de lado esos malos pensamientos.

Repose un rato, yo recojo la mesa

y le voy a comprar unos dulces.

Pase.

-No lo comprendo, querida.

Lucía parece una muchacha seria y decente.

Si ha desaparecido, es porque algo malo le ha pasado.

-Dios no lo quiera. No seas ceniza.

-¿Y qué otra explicación puede haber?

-Que no haya querido volver por decisión propia.

-Me temo que Leonor tiene razón, creo que se trata de eso.

-Celia, pero ¿qué ha ocurrido?

-Esta mañana, Felipe y yo discutimos con ella.

-¿Por qué motivo?

-Asuntos familiares, pero nada de enjundia.

-¿Y no la habéis vuelto a ver? -No.

Se fue sin dar ninguna explicación.

Espero que no se haya marchado para siempre

y que no haya hecho ninguna tontería.

Descuide, doña Celia,

la señorita Lucía se encuentra sana y a salvo.

-Úrsula, ¿qué haces aquí?

-Úrsula,

será mejor que te vayas. Ahora mismo me voy.

Tan solo quería que no se preocupara por ella.

La señorita Lucía se encuentra en casa del padre Telmo.

Ha ido a conversar con él.

-Úrsula, espere.

Le agradezco mucho que me haya informado.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Servando. Mire quién ha venido a verle.

-No, no, Servando, por favor, por favor, no te muevas, que soy yo.

Que yo no requiero de cortesía y protocolo, venga, sigue descansando.

-No, no, el hijo de mi madre no se puede permitir según qué relajos,

señorita, nunca he estado delante de una señora tan "despanzurrao".

-Como quieras.

¿Te encuentras mejor? -Mejor, mejor...

Me encuentro, que no es poco.

-Venga, Servando, no seas hipocondríaco.

-Ca, señora, no es hipocondríaco, lo que tiene es neumonía,

que lo ha dicho el matasanos. -Y, como sabe la señora,

la neumonía no tiene cura. O sales

o no sales. Igual

ya está esperándome san Pedro arriba con las puertas de par en par.

(TOSE)

-Venga, Servando, qué sandeces dices.

-"Pos" eso digo yo, señora.

Servando, si ya ve usted como nos va a enterrar a todas.

-Tú cállate.

-Servando, pero dejémonos de tonterías,

que eres un hombre fuerte y vas a vencer la enfermedad.

Antes de que te quieras dar cuenta,

estamos dando una fiesta para celebrar tu cura.

-¿Y habrá jamón? -Pues claro, yo te lo prometo.

-¿Y "bolicas" de estas negras que saben a "pescao"?

-¿Caviar? También.

Nuestro portero se lo merece todo.

-Ay, señorita, no voy a decir yo que no me lo merezca,

pero de ahí a probarlo...

-¿Puedes parar de tener pensamientos funestos?

-No es fácil, señorita.

-Vamos a cambiar de tema, así nos distraemos.

Casilda ya me ha explicado que guardas una historia preciosa

entre dos mujeres que se aman y que tú las ayudaste.

-Lo tenías que largar, ¿verdad?

-A ver... -Ya te dije que era un secreto

que me quería llevar a la tumba.

-Servando, no lo pagues con Casilda.

Es una historia que debe ser contada.

-Bueno, pues no me acuerdo.

-¿Cómo que no te acuerdas? Servando, claro que te acuerdas,

una historia así no se olvida. -Bueno, pues yo sí la olvido,

y más con neumonía.

-¿No me vas a permitir saber un poco más de esta historia prohibida?

-(TOSE)

Servando, Servando,...

(TOSE)

Servando, que no pasa nada, que se hará como tú digas.

¡Agua!

Casilda, démosle agua. -Lo del fuelle, señora.

-(TOSE)

-Que le sube la fiebre, señora.

-Paciencia,

Paciencia, te he dicho que abrieras la ventana,

que en el chiscón hace mucho calor, Paciencia.

Lucía,

¿qué hace aquí?

¿Y Úrsula?

Ha salido a comprar. Yo le estaba esperando.

Padre, preciso de su consejo,

solo sus palabras parecen aliviarme.

¿Sucede algo? Me mira de forma extraña.

¿Acaso ha podido averiguar algo más sobre mi pasado?

Sí, Lucía, así es.

¿Y a qué espera? Cuéntemelo ya.

Siéntese.

Lucía, no se equivocaba,

es hija de los marqueses de Válmez,

una de las grandes fortunas del país.

Cambiaría gustosa

la asignación que me dejaron por poder conocer toda la verdad.

¿Por qué no la he sabido hasta ahora?

¿Qué llevó a mis padres a rechazarme?

Lo que le voy a decir no debe salir de entre estas cuatro paredes.

Hay una poderosa razón

para que los marqueses tomaran tal determinación.

¿Cuál?

Se vieron obligados a ocultar su embarazo

y entregarla a don Joaquín,

su padrino, cuando nació,

porque ser padres era algo que les estaba prohibido.

¿Por qué?

Lucía, en realidad,...

los marqueses, sus padres, eran hermanos.

Eres de lo que no hay, pero ¿cómo se te ocurre hacerte pasar ahora

por investigador científico? -¿Cómo sabes tú eso?

-Las chicas lo han comentado en el altillo.

Una investigación secreta en el hospital, nada menos.

¿Cómo te vienen tamañas ocurrencias?

-Me sale sin más. -Ya, hombre, pero

¿investigador científico? Podría ser algo más modesto.

Eres un tunante tan redomado, que a veces pienso que me engañas.

-Si Maximiliano ya no está, ¿qué más te da que tuviera tratos con María?

-¿Cómo que qué más da? Hasta tú, si me quieres como dices,

tendrías que indignarte con esa entretenida.

Se trata del honor de nuestra familia,

del honor de mi hija. Quiero a la tal María, lejos, muy lejos.

-Y nadie puede reprochártelo, Rosina.

Tu esposa sería el hazmerreír de todos,

si se supiera de las correrías con la doncella.

-Que si usted es tan buena con la pluma,

pues valdrá la pena leer ese cuento, ¿no?

-Lola, eso ni se pregunta, mujer, "pos" claro que sí.

De verdad que tienes unas cosas a veces que...

-Que no tiene nada que ver que yo sea buena o mala literata,

si Servando no me informa...

-Que sí, que sí que tiene que ver.

Si la escribe usted, nos gustará leerla.

Las que no sepan, se lo leemos.

-¿Y qué? -Que no te enteras.

Podemos convencer a las demás para que cada una le saque un trozo

de historia al Servando,

luego se lo contamos a doña Leonor y ella lo junta.

Si los marqueses querían más a la iglesia que a mí,

es justo que su dinero se lo quede la iglesia.

¿Vendrá conmigo?

-¿Cómo podría negarme ante tamaña resolución?

Gracias, padre.

Donaré toda la fortuna de los marqueses

a la Orden del Cristo Yacente. Lucía es joven,

casi una niña, no tardará en desaparecer el tormento.

Eso pensaba yo,

pero es como si quisiera seguir removiendo su vida.

Sé por mi esposa que quiere volver a Salamanca,

no sé qué querrá hacer allí.

A ver si entre todos conseguimos que se comporte juiciosamente.

¿Podría avisarla

que la espero en casa para cenar? Hablaré con ella,

tal vez le venga bien. -"¿Se cree que soy un majadero"

y que no me estoy enterando de lo que pasa?

-¿Y qué está pasando? -¿Qué está pasando,

qué está pasando?

Que están todas conspirando.

-Hombre, conspiración, conspiración...

-Conspirando de lo mío.

Que saben ustedes que es más que una neumonía, mucho más,

infinitamente más.

-¿Por qué ha marcado ese día?

-Porque, según mis cálculos,

ya han pasado más de dos meses de la concepción.

-¿Y qué?

-"Qué", dice el pazguato.

"Pos" que ya es hora de hacer la oración del retoño.

-No había escuchado esa oración, ¿qué necesitamos, un cura?

-Sí, y un obispo, ¿no te amuela?

Explíqueselo, doña Trini, que es más bruto que un "arao".

-A ver, es una costumbre de Cabrahigo, una tradición.

-Ah, acabáramos.

-Al menos tienes que hacer un poder.

El tío Cándido atravesó el océano...

Volvió desde Argentina

para doblarla en Naveros.

Es lo mínimo que se le puede pedir...

a un hijo de tan noble villa.

-Han convencido a don Higinio de que soy una ladrona.

-¿Y se va a encaminar usted así, de noche?

-Podrán pensar de mí lo que gusten, pero una es cumplidora.

He querido dejarle la cena puesta al doctor.

Además, no es plato de buen gusto irse así, a la luz del día,

para ver las caras de desprecio de las que llaman señoras.

-Pues vaya usted con Dios.

-Mi portería.

(TOSE)

-¿Cómo te ha ido? Bien.

-¿Sí? ¿Qué has hecho?

Nada.

Bueno, todo el mundo tiene derecho a callar.

Mañana, si quieres, podemos hacer algo juntas.

Podríamos ir a la iglesia, a misa de ocho.

Ni a la iglesia, ni a misa de ocho ni a ninguna otra.

"Ni siquiera ante Samuel puedo ser yo".

"Samuel me hace sentir pequeña, poquita cosa ante su posición,

seguridad y hombría".

"Y su desgracia le hace tan amargo...".

"Solo el padre Telmo me proporciona paz".

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  • Capítulo 845

Acacias 38 - Capítulo 845

11 sep 2018

El estado de Servando es preocupante. En sus delirios, comparte con Casilda una historia que nunca había contado a nadie. Casilda le cuenta a Leonor que Servando colaboró para que dos mujeres se pudieran casar.

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    Capítulo 874 23 oct 2018 La llegada del nuevo párroco a Acacias es mal recibido por todos; echan de menos a Telmo. Felipe y Celia interrogan a Alicia sobre lo que le ocurre a Lucía, pero la muchacha no les cuenta la verdad....

Añadir comentario ↓

  1. María

    ¿Es que es normal esto? ¡Anda ya! Se nota que ha llegado el PSOE/PODEMOS para alegrar el cotarro.

    25 sep 2018
  2. Luna

    A ver si se les ocurre a los guionistas algo q sea mas creible pq aburren con guiones burdos y reiterativos. Yo m la duermo casi todos los dias. No es creible lo d Samuel; ni el noviazgo d Antoñito con una tia tan fea e indocumentada como Lolita y asi suvesivamente. In peñazo

    12 sep 2018
  3. Betty

    Todavía no entiendo que se traen entre manos Higinio y María, cual es su plan y si es algo, puntualmente dirigido a Rosina, es demasiada casualidad que el, falso médico, acceda tan fácilmente a un enfermo y " operarlo" y siendo ese enfermo justamente el marido de Rosina ? (¿?) Tampoco entiendo a Rosina, ( aunque en realidad, ella es así de escandalosa por naturaleza ) que se hace tanto problema y hace tanto escándalo con María; cual sería, el problema si la gente se entera de los " amoríos " de Maximiliano en su JUVENTUD, cosa que en aquellas épocas era por demás común el " vínculo " entre los señoritos y las criadas, ejemplos a montones,. incluso en esta serie

    12 sep 2018
  4. Saro

    ¡Qué elegante se muestra en todo Liberto! ... de qué forma tan sutil le planteó al médico "las alternativas" para el pago del alquiler. Hay que ver como se preocupa este hombre por Rosina ... la escena de ambos sentados en la cama dialogando y abrazándose contrastaba con la misma escena de María e Higinio. Me parece que a Rosina le queda bastante que aguantar todavía pero, tengo que decirlo una vez más, que Liberto y Rosina son IMPRESCINDIBLES en la serie. Y, qué voy a decir de Ursula? me gusta como es ahora, "humilde", "sencilla", "pobre"... he llegado a sentir pena por ella cuando he visto cómo la tratan pero ... seguramente "volverá por sus fueros" . Montse es una fuera de serie tanto de "buena" como de "mala". Espero que Servando se cure porque hace falta en el 38. Las tramas están interesantes.

    12 sep 2018
  5. Lolita

    La manera de hablar las criadas del amor entre dos mujeres ("el amor no distingue entre varón y hembra", dice Casilda con gran soltura) me parece un anacronismo gratuito. Muy mal.

    12 sep 2018
  6. Carmen

    Ay no! Esta ya muy tediosa la historia, yo la vi desde el principio y a mi ya no me gusta necesita un buen cambioooo!

    11 sep 2018
  7. Carmen

    Ay no!!! Samuel siempre se sale con la suya, me cae muy mal que no se quede en la ruina y ya están alargando demasiado la historia pero sin nada bueno

    11 sep 2018
  8. Marilu

    No llego a comprender si el " casamiento por vicaría " de las dos mujeres es realidad, o producto de la mente AFIEBRADA de Servando dadas sus circunstancias.- No obstante, no me extrañaría si nos enteramos que esa misma iglesia PERDONÓ los pecados del marqués A CAMBIO DE UNA FORTUNA, tal cual confesó el prior al padre Telmo, y a confesión de partes.................

    11 sep 2018
  9. Eugenia

    Dios mío, que mentes RETORCIDAS LAS DE LOS GUIONISTAS. ahora relaciones carnales entre hermanos, bodas ( nada mas ni nada menos que por IGLESIA !!! ) por parte de DOS MUJERES, ¿ con que seguirán ?????????

    11 sep 2018