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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 844 - ver ahora
Transcripción completa

Considere nuestra sociedad disuelta.

-¿Qué está diciendo?

-Que no quiero verle más.

-No puede hacer eso. Merezco mi parte.

-No insista. Esta es mi última palabra.

-"Me duele verte de esta guisa".

Entiendo que no quieras contarnos tus cuitas a Felipe y a mí,

pero ¿por qué no buscas consuelo en la iglesia?

Podrías hablar con el padre Telmo.

Él podría arrojar luz a tus penumbras.

¿Qué ha dicho el médico? -Pues nada de enjundia,

que has cogido un poco de frío y vas a tener que reposar unos días.

-De todo esto tiene la culpa el sereno.

-Si hubiera hecho su trabajo el sereno...

(TOSE)

no hubiera dormido a la intemperie

como un maleante.

-"Me estoy jugando" mi empleo y mi nombre.

Sean conscientes del daño que me hacen.

-No sigas. -¿No les interesa saber la verdad?

-Yo lo único que sé es que robaste un dinero.

-"Se las manda al Servando por haber "sío" uno de los modelos".

-Ahora, esto... va todo por el canalón.

-Fabiana, espere, espere.

¿No dice que quería juntar dinero "pa" pagarle a don Ramón?

Pues con esto podemos hacer algo.

¿Por qué cree que debería habérselo contado al sacerdote?

Él me ayudó a indagar en mi pasado.

Tenga cuidado con él.

¿También tengo que desconfiar del sacerdote?

Es un hombre de Dios. Así es.

Pero hay algo en él que levanta mis sospechas.

Puede que no sea tan santo. ¿Qué le hace pensar eso?

No comprendo cómo ha acogido en su casa a una mujer como Úrsula.

Hay algo que me corroe por dentro.

Continúe. Estoy aquí para guiarla.

Soy hija de los marqueses de Válmez.

-"He estado en el hospital,"

y tras entrevistarme con varios miembros del consejo,

he comprobado que allí no trabajaba nadie que se llamara

doctor Baeza, es más,

nadie había oído nunca hablar de él.

¿Se le ha comido la lengua el gato?

-No. Solo que no quería llegar a contar la verdad.

-Yo creo que todos los presentes queremos la verdad.

-Está bien.

Nadie del hospital le ha dicho que trabajaba allí o que me conocen

porque están cumpliendo con su deber.

-Con su deber. -Así es.

Yo, junto con Sisebuto, nos dedicamos a una actividad

que requiere de máxima discreción.

Todos están aleccionados en el hospital para mentir,

si alguien llega preguntando por alguno de los dos

o por nuestro trabajo.

Nuestros estudios de investigación consisten

en analizar el resultado de algunos medicamentos en pacientes.

Los efectos secundarios que tienen.

Como comprenderán,

a las farmacéuticas les incomoda mucho

nuestra actividad, ya que a veces

les dejamos en evidencia y les hacemos perder cantidades ingentes

de dinero.

De ahí que traten boicotear nuestro trabajo

enviando detectives o infiltrados

que tiran por tierra nuestro trabajo de meses y años.

Por ese motivo hemos de llevar nuestro trabajo en secreto.

Todo el personal del hospital, absolutamente todo el personal

del hospital, tiene una cláusula en su contrato

que especifica proteger la investigación,

incluso llegando a mentir si hiciera falta.

El único que no ha cumplido con su palabra he sido yo

contándoles la verdad.

Pero... no quería que pensaran que era una especie de... farsante.

Lo que lamento es que yo venía a una merienda

y a no verme en medio de una encerrona de los que se suponen son

mis nuevos amigos.

Y menos, después de haber salido

con éxito de una complicadísima operación

de don Liberto.

Por supuesto, era mi trabajo

pero para mí, cada vida es algo personal.

Y si aun así después de esto, siguen desconfiando de mí,

pueden preguntar a Sisebuto,

el médico que curó con éxito el brazo del señor Peña.

Él les corroborará que lo que les estoy diciendo

es cierto.

Ahora, si no tienen otra pregunta...

Me lo imaginaba. Pues me marcho.

He perdido el apetito.

Señora.

Te has cubierto de gloria, amigo.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Estás segura? Estoy segura.

Soy hija de los marqueses de Válmez.

Y eso me tiene del todo desconcertada.

Entiendo su inquietud. No se ofenda,

pero no,

dudo que se haga una idea de lo mucho que ha impactado en mí

esa noticia.

No pretendía restarle importancia a su preocupación.

Ayer era hija de una criada y, hoy pertenezco

a una de las familias más nobles del país.

Sigue usted siendo la misma Lucía de siempre.

Yo no voy a cambiar, padre, de eso estoy segura.

Pero ¿y los demás?

¿Cree que la gente no me va a mirar de forma distinta cuando

sepa que mi padre es todo un marqués

y uno de los hombres más influyentes del país?

Mi vida ha cambiado por completo y, me temo que ha cambiado

para mal.

No tiene por qué ser así. Quizá no ocurra nada

de lo que dice.

Quizá esté pasando por un mal rato inútilmente.

Se está adelantando a lo que aún no ha acontecido,

porque lo que va a pasar no lo sabe nadie.

Pero sí sé que deberá darle tiempo a este asunto.

Tener paciencia consigo mismo ahora.

¿Qué quiere decir?

Acaba de recibir la noticia.

Lo primero es meditarla y no precipitarse.

Algunas cosas cuestan encajar más que otras.

Al principio parece algo malo,

pero luego resulta que no lo es tanto.

Me gustaría creerle, quiero creerle, pero...

Confíe en mí.

Y puede contar conmigo para desahogarse siempre que quiera.

No sabe lo mucho que agradezco sus palabras en este momento.

Pero padre,

no quiero que nadie se entere de esto.

Esto es secreto de confesión.

Y aunque no fuera así,

sus cosas, para mí, son algo privado entre nosotros.

Lo sé.

Pero le rogaría

que no cambiara su actitud ni se mostrara

excesivamente preocupado por mí.

Eso podría alertar a mi prima

y, aún no se lo he contado a ella.

No estoy preparada para hablar de ello.

Sabrá cuándo es el momento.

No se exija más de lo necesario.

Padre, a mí no me interesa el dinero ni el poder.

Yo solo quiero encontrar respuestas.

Solo quiero saber por qué mis padres me abandonaron

y me dejaron al cuidado de otra persona.

¿Por qué, por qué me separaron de la familia?

He de marchar.

Aguarde. Hablemos un poco más de ello.

Gracias por escucharme, padre.

"La relación entre los marqueses de Válmez"

y Lucía, es algo que no es de nuestra incumbencia.

Pero... Tiene que comprender la importancia

y seguir adelante con su misión.

Sin embargo,...

¿Y sin embargo? viendo lo intrigado que está,

le contaré algo que no le he revelado hasta ahora.

La asignación de Lucía no es solo dinero.

Heredó algo más.

¿Algo más, qué?

Una importante colección de arte religioso,

que el marqués debería haber donado a la Orden del Cristo Yacente.

¿Qué significa que debería haber donado? ¿Por qué?

Porque esa era su intención inicial.

Pero a última hora cambió de opinión.

Y decidió donársela a Lucía.

La iglesia debe asegurarse que su legado quede bajo su protección,

y a buen recaudo.

Entiendo. No.

No entiende la importancia de todo esto.

¿Sabe por qué fue escogido para esta misión?

(NIEGA)

Solo usted es capaz de comprender la importancia cultural

y artística de este legado.

Y el marqués está en su derecho de dejar su herencia a quien él desee.

Es de justicia.

No, padre, siento contradecirle,

pero no me hable de justicia.

Ese hombre hizo una promesa y debió cumplirla.

¿Sabe por qué nos legó esa colección?

A cambio de perdonar sus pecados.

Y no solo eso,

también hicimos por ocultarlo socialmente.

Algo de lo que a veces me arrepiento.

Ese hombre se apropió de algo que pertenecía a la iglesia

y, hemos de recuperarlo.

Servando, un poco más, que casi no ha probado la sopa.

-(TOSE)

No me entra.

-Pues tiene que entrar comida en su cuerpo, o no se va a recuperar.

(Llaman)

-¿Se puede?

-Adelante, don Felipe, pase.

-Servando, ¿cómo te encuentras?

Te veo mejor que en un hotel. No podrías estar mejor atendido.

Una hermosa enfermera y comida deliciosa.

Me he reunido con los representantes del tónico El Coloso.

Han accedido a quitar tu imagen.

-¿Ha oído, Servando? Es una noticia maravillosa.

-Es usted muy amable, don Felipe.

Toda su familia lo es.

Doña Celia, el pequeño Tano...

Estaba aquí hace un rato cuidándome.

Está muy mayor el muchacho, don Felipe.

-Tano...

Está desvariando.

¿Cuándo ha sucedido eso?

-Hace un rato, en la chocolatería.

-¿De verdad?

-Como lo oyes.

El metomentodo de Íñigo ha ido al hospital a investigar

y, le ha preguntado a todo el mundo.

-¿A médicos, enfermeros...?

-Celadores y a todo el que ha encontrado a su paso.

Claro, todos le han dicho que no me conocen.

Ni siquiera les suena mi nombre.

-¿Y qué ha pasado?

-Se lo ha contado a todos en la chocolatería.

Y yo ahí en medio, más blanco que la pared.

-¿Y qué has hecho?

-¿Qué iba a hacer?, mentir como un bellaco.

Me he inventado una milonga que se la han creído, pero...

no sé hasta cuándo aguantaré esta farsa.

-Te advertí que no iba a ser fácil. -No me vengas con monsergas.

Hemos de tomar medidas y, hemos de tomarlas ya.

-¿Medidas?

-Hemos de acelerar el plan, hacer lo que hemos venido a hacer.

-¿Tan pronto? -Yo estoy en la cuerda floja

y,¡ tú estás en entredicho con el asunto del robo.

No nos queda otra.

-Podemos olvidarnos de todo y marcharnos.

-No. No nos queda dinero.

Lo mejor será terminar lo que hemos venido a hacer.

-Está bien, lo haré.

Daré el paso que no me he atrevido a dar aún.

Y espero que sea definitivo.

"Qué vergüenza".

¿Por qué desconfiaste de él?

-Porque todo en él emana desconfianza, Leonor.

-Aunque he de reconocer

que fue bastante convincente en su actuación.

-¿Y si no fue una actuación? ¿Lo has pensado, al menos?

-(SUSPIRA)

Ya me han contado todo lo que sucedió ayer.

¿Estabais hablando de eso?

No sabes la rabia que me dio perdérmelo.

¿Es verdad que en el hospital nadie le conocía?

-Porque estaba inmerso en un trabajo de investigación

que requiere secretismo. -No estoy yo tan segura de eso.

-¿Usted tampoco?

-Hay algo en ese doctor que no me cuadra.

No se comporta como el personaje que dice que es.

Se supone que es un hombre reputado que ha estudiado

en las mejores escuelas del país.

Por muy altruista que sea,...

-¿Qué?

-la forma que ha tenido de comportarse ante el robo de María,

lo único que indica es que es cualquier cosa, menos un caballero.

No ha dudado.

Ha creído a su criada antes que a mí.

Si él desconfía, yo desconfío de él.

Y marcho, que no quiero que me vuelvan a robar.

-Te prometo que ya no sé qué pensar.

-Yo no sé si don Higinio es médico o no,

pero es un sinvergüenza.

No ha abonado ni una cuenta.

Y casi no le paga el alquiler a tu madre.

Atacamos, Leonor.

Por muchas misiones que haya tenido, no es normal que se haya quedado

sin monís.

Yo no me lo trago.

Me he escapado un momento del trabajo

para ver cómo está Servando. -Justo ahora se ha quedado dormido.

Le ha "bajao" una miaja la fiebre.

-Eso es buena señal. -No sé qué decirle, Agustina.

Carmen, que le ha cuidado por la noche,

me ha dicho que no ha "dejao" de delirar.

Hablaba de Paciencia, de Cesáreo, del tónico...

-Ese hombre está pasando un tormento.

-A saber lo que "tie" en la cabeza. -¿Cómo haremos para cuidarle?

-Seguiremos haciendo los turnos como hasta ahora.

Si anoche se quedó Carmen, hoy nos toca a una de las dos

o a Lolita y, o a Casilda.

-Yo podría quedarme con él.

-¿Usted? -Yo también vivo en esta casa.

-Pero Servando no le tiene confianza, no estaría cómodo.

-Las he oído decir que desvaría, lo mismo ni se entera.

-No, gracias, ya nos apañamos bien.

-Dígame si cambia de idea.

-Qué apuro he pasado.

-Y yo, Agustina.

Después de haber robado, no es bueno mezclarla

con ninguno de nuestros menesteres.

(SUSPIRA)

Celia, apártame eso, haz el favor.

Gracias.

Ahí. Ya podríais haber traído unos dulces,

que es lo que les corresponde a las visitas.

-Para que Ramón nos monte un pitote por cebarte,

no, gracias, ya tengo mis problemas.

-Nos habría requisado la mercancía antes de llegar.

-Con la hambruna que tengo y los antojos, me lo habría comido antes.

-No creo. Ramón no te quita ojo.

-Ay, desde luego. Parece un vigilante de aduanas.

-¿Estuvisteis ayer en la merienda de La Deliciosa?

-Qué apuro pasé.

-¿Qué opináis de las excusas del doctor?

-A mí no me pareció ninguna excusa.

Me pareció una verdad como un templo.

-¿Piensas lo mismo, Celia?

-No tengo motivos para desconfiar, pero por tu tuno intuyo

que tú sí. -Tras ver

cómo se comportó ante el robo, han demostrado

que son astillas del mismo palo.

De un palo malo, vamos.

-Pronto lo sabremos,

porque las mentiras tienen las patas cortas.

-Hablemos de algo más agradable.

¿Vais a venir a la comida que voy a preparar?

Me gustaría que Lucía se distrajera y pasara un buen rato.

-Comer de todo sin los ojos vigilantes de Ramón,...

cuenta conmigo.

Allí estaré como un clavo. Es más,...

creo que me voy a echar hasta una mistela "pal" cuerpo.

Qué harta me tiene mi santo.

-He invitado a Rosina, pero no sé si vendrá.

No se prodiga mucho por el barrio. Le he enviado a un mozo

con una nota. -Yo también asistiré.

¿Qué sabemos de Servando?

Parece que su neumonía no va a mejor.

-Felipe subió ayer al altillo y bajó muy preocupado.

Dice que no deja de delirar. -Pobre Servando.

Menos mal que las criadas le están cuidando con todo detalle.

-No sé si me parece correcto que se haya instalado en el altillo

y reciba cuidados de mujeres que no son la suya.

Que bien lejos que está. -Susana,

es ayuda. No sé cómo puedes ver algo lascivo en eso.

-El demonio está en todas partes, querida.

-Pues espero que sea la mano de Dios quien le saque de esta

y que no acabemos lamentando una desgracia.

¡Vecinos de Acacias, tónico El Coloso!

¡Tónico El Coloso!

Caballero, tónico El Coloso, se volverá bello y hermoso.

Tónico El Coloso. ¿No?

¡Tónico El coloso! ¡Tónico El coloso!

Señorito, tónico El Coloso.

Se volverá usted fuerte y valeroso.

¡Tónico El coloso! ¡Tónico El coloso!

¡Tónico El coloso! Uy.

¡Tónico El coloso!

Señorito,

tónico El coloso. Se volverá usted

como un toro bravío.

Llévese uno y pruébelo. Son dos reales.

No se me escape.

Oiga... Malcarao.

¡Tónico El coloso!

-¿Estás increpando a los vecinos? -Yo no.

-Eso no es lo que yo he visto.

-Le falla la vista. Póngase gafas.

-Te estás ganando una multa.

-Y usted una torta.

-¿Qué? -"Na".

No sé por qué la toma conmigo

cuando no le estoy haciendo ningún mal a nadie.

-Haces una actividad ilegal en la calle que vigilo,

y procuro mantener en orden.

-¿Ilegal, por qué? -¿Qué vendes,

Lolita?

-"Pos" ya ve. -Virgen santa.

Esto es indignante. -Eso le decía yo a la muchacha.

-¿Le parece ilegal?

-Lo que pienso es que es pecado, Lolita.

Ese tónico es un invento del demonio.

-Está exagerando una miaja. -Ni un poco de nada.

¿Sabes para qué sirve eso?

-Me lo puedo imaginar, pero vamos...

Yo no me meto en eso. Cada uno en su alcoba hace lo que quiere.

Siempre que la unión esté bendecida por Dios.

-Qué sabrás tú de tales menesteres.

-Pues "na".

-Ponga orden. Usted no sirve para nada.

-En eso estaba, doña Susana. Usted siempre metiendo la puntilla.

-Está usted aquí para algo.

-Recoge el tenderete si no quieres que llame a los guardias.

-Espere una miaja. Es por una buena causa.

Es "pa" que el Servando recoja unas perras y se pague unos médicos.

-Como si es para niños pobres,

recoge esto de forma inmediata.

-Cuando mejore Servando, le pondrá los puntos sobre las íes.

Que no se me olvida lo malamente que le ha tratado.

-Sí, bla, bla. Arreando y deprisa.

Saca esto de mi calle ya.

-¿Y dónde me pongo? -Lleva la mercancía

al quiosco de Fabiana.

-Ah, no. El quiosco de Fabiana está cerca de mi sastrería,

y no pienso consentir que haya viciosos merodeando

mi negocio para comprar esa bebida.

-Tenga usted corazón.

Lo escondo entre los hierbajos.

-He dicho que no.

El quiosco está para vender flores y periódicos, y punto redondo.

Saca esto de aquí, como te ha dicho el sereno.

Y rápido, que no tengo por qué ver esta indecencia.

¿Llegaste a ir ayer a la iglesia?

Y hasta me dio tiempo a confesarme. Celebro oírtelo decir.

Lo cierto es que me siento algo mejor.

La charla con el padre me dio mucha paz.

Ese hombre es pan de oro.

Tienes que hacer un poder por animarte.

Ya verás como la charla con las amigas

te viene estupendamente.

(Llaman)

Voy a abrir.

-A las buenas, Lucía. Qué bien verte.

Oh... Ay, ¿puedo catar uno?

Dios te bendiga, Celia. -Que bendiga a Lolita,

que es quien lo ha preparado.

No salió de la cocina hasta tenerlo todo listo.

-Ay, Lolita... Le ha sobrado tiempo para vender a gritos en la calle

el tónico pecaminoso, hombre.

-¿A venderlo? -Lolita es muy buena chica,

pero es un poco rústica, Trini.

-Ya. Pero si Lolita estaba haciendo algo, es por ayudar a alguien.

¿Y por qué tendría que ser eso algo malo?

La muchacha no hace daño a nadie

vendiendo ese tónico a los transeúntes.

¿O le perjudica a usted en algo? -¿Empezamos a comer?

Que si no, Trini se comerá los canapés.

(Llaman)

¿Quién será?

-No sé el tiempo que no me comía un suizo.

-Está exquisito, ¿eh?

-(CARRASPEA) ¿Empezando sin mí?

-Me alegra que hayas venido. No las tenía todas conmigo.

-Ay. ¿Cuándo rechazo yo una invitación?

-Me reconocerás que es difícil verte por el barrio.

Parece que estás enojada con nosotras.

-No. Los asuntos de la mina, que últimamente me tienen a mal traer.

-¿Qué me dices? Mi Ramón no me ha dicho nada.

¿No me digas que ha sucedido algo?

-Bueno, yo no he dejado la sastrería para venir a hablar

de algo tan tedioso, como los asuntos de negocios.

Con el lío que tengo últimamente. ¿Sabéis quién ha venido a visitarme?

El mayordomo de la condesa de Olavide.

Ha solicitado un catálogo de vestidos

para elegir uno y que yo se lo confeccione.

-Qué detalle tan exquisito. Claro.

Enviar a su mayordomo, en vez

de personarse el mismo.

-Eso denota clase, distinción.

-Eso diferencia a la aristocracia del resto de mortales.

-Son diferentes a nosotros,

no cabe duda.

-Qué os queréis que os diga,

si yo fuera aristócrata, iría yo misma

a escoger mis trajes.

Además, un paseíto, no le hace mal a nadie.

-Y mezclarte con el pueblo... -(RÍE)

Todos somos personas de carne y hueso.

-Sí, querida, pero...

sobre esa carne y esos huesos,

los noble visten tan distinguidos, elegantes...

Tienen una luz distinta.

-Yo, por mi trabajo, me he visto a veces entre ellos

y, todo en ellos tiene una marca de distinción,...

exclusividad...

Ay, son otra pasta.

-Lucía,...

¿te ocurre algo?

Lo siento, prima, no tengo mucho apetito.

¿Estás bien?

-Lolita tiene las mejores recetas de todo el pueblo.

-¿Trini, cómo va el embarazo?

-Ay, Rosina, divinamente.

Aunque mi Ramón me tiene la cabeza como un bombo.

Pero bien, bien.

Ay, Dios mío, qué sin vivir.

-¿Qué ocurre?

-"Na," que le ha vuelto la fiebre a Servando.

-No sé qué hacer para que le baje. -Al caer la noche,

la cosa irá a peor.

¿Qué hace, Agustina?

-Un remedio casero de eucalipto y menta

para que se le despejen los pulmones.

-Cualquier ayuda es poca.

¿Me ayuda, Carmen? -¿Qué quiere hacer?

-Traiga los cuchillos.

Vamos a hacer un puré de patatas

y verduras, a ver si se le asienta el cuerpo.

(LLAMA)

Señorita, ¿qué hace usted aquí?

Siéntate, Fabiana, no te apures.

He venido a ver a Carmen.

-Usted dirá.

¿Has tenido noticias de Samuel?

¿Ha mandado aviso anunciando su regreso?

No, pero a juzgar por el equipaje que se llevó,

no tardará en regresar.

¿Puedo yo ayudarle? No.

No, pero gracias por el ofrecimiento.

En cuanto sepas, algo, házmelo saber.

Por supuesto.

¿Os puedo pedir un favor?

Lo que usted quiera.

¿Os importaría que me quedara un rato mas aquí?

¿Cómo...? ¿Aquí?

¿Os supone algún problema?

Pues... no,

supongo que no.

Perfecto.

¿Qué hacíais?

Preparábamos un puré para Servando.

De acuerdo.

Os ayudo.

Me siento más cómoda aquí que en ningún otro lugar.

-Flora. -¿Le pongo otro café?

-No, gracias.

Permítame que le haga una pregunta.

¿Esas... botellitas de tónico

las vende usted?

-Sí. ¿Quiere una? -No, no.

¿Y no le parece un poco extraño venderlas aquí?

-No veo por qué. Esto es un negocio y yo vendo muchas cosas.

Puede usted tomarse un café, comprar unos bollos y, de paso,

llevarse un tónico.

-¿Me deja usted ver una? -Ajá.

Glucosa.

Azafrán,...

centella asiática.

-Don Ramón,

que es usted un hombre casado.

-No, discúlpeme, solo estaba leyendo los componentes.

-Ah, pues lea, lea, pero mejor que leerlo, es probarlo.

Yo no lo he experimentado,

pero dicen que es mano de santo.

¿Quiere usted recuperar la energía de un zagal?

¿Quiere que su mujer le vea como un domador de leones?

Llévese una botella y pruebe este brebaje milagroso.

-No, no, no creo...

-Estoy segura de que se lleva una antes de que acabe la semana.

-Mejor que no. -Bueno, pero...

puede que le haga falta.

Llévese una.

-Pero padre, no sabía que usted necesitara ayuda adicional.

-Claro que no.

¿O tengo que recordarte que he dejado en cinta a mi esposa?

-Sí. Yo creo que el tónico deberían prohibírselo.

¿Y por qué lo tenía en las manos?

-Estaba leyendo los componentes.

Tiene una fórmula de lo más sencilla.

Sería bien fácil elaborar tónicos

y venderlos luego en el mercado.

-Luego dice de mí, pero también sabe olfatear un buen negocio.

-Al menos pensaré en ello.

Me voy, que tengo una cita con los señores.

Flora.

-Me ha estropeado el negocio. Le tenía a puntito.

-Flora,

¿usted cree de verdad...

que alguien va a comprarle un frasco aquí, delante de todos

y a cara descubierta?

-¿No?

-No. No conoce en absoluto a los hombres.

-¿Sabes para qué vale eso?

-Pues... es un vigorizante para recuperar la energía

en caso de cansancio.

-Sí, es para recuperar el vigor.

Pero otro tipo de vigor.

-(RÍE)

-Pero ¿esto qué es? -Es el...

tónico vigorizante El Coloso. -Si sé lo que es,

pero ¿qué hace aquí?

-Eso les iba a contar.

Me los dio Lolita. Las criadas lo están vendiendo por una buena causa.

La pobre intentaba venderlo en la calle, pero nadie se lo compraba.

-¿Y qué buena causa?

Quieren reunir unos reales para pagar al médico de Servando.

Parece que no anda muy católico. -Lolita tiene un corazón

que no le cabe en el pecho. Siempre piensa en los demás.

No tenía ni idea que la iniciativa fuese suya.

Hemos acordado repartir las ganancias al 50 %.

-No le quiero estropear el negocio

y menos siendo por tan buena causa,

pero La Deliciosa

no es el sitio más adecuado para vender esto.

-Pero está claro que necesitan vender unos cuantos

para sacar dinero.

¿Qué?

¿Piensa lo mismo que yo?

Lucía. Padre...

¿Cómo está?

¿Va a dar un paseo?

Sí. El aire de la tarde

me ayuda a despejar malos pensamientos.

De eso quería hablarle, de sus pensamientos.

¿Se encuentra algo mejor?

¿Ha podido pensar en lo que hablamos?

No he dejado de darle vueltas a la noticia.

No se me va de la cabeza.

Entonces, ¿aún no ha encajado todo lo que le está pasando?

¿Cómo voy a encajar que ya no soy la mujer que creía ser?

No logro hacerme a la idea

de que soy la hija de unos marqueses tan poderosos

como los marqueses de Válmez.

¿Quiere que le confiese algo?

Sí.

Siempre me he sentido mejor con las criadas que con los señores.

Hoy me ha pasado algo que me ha hecho recordarlo.

Estaba almorzando con las amigas de mi prima Celia

y me he sentido tremendamente incómoda en su conversación.

En cambio, luego he subido al altillo

y he pasado un rato la mar de agradable con las criadas.

Entiendo.

No quiero que mi vida cambie de repente.

Me gusta hacer esas cosas y quiero seguir haciéndolas. Me apetece.

Y todo eso podría cambiar.

Cuando todo el mundo sepa mi secreto

eso es lo que sucederá. Y usted lo sabe.

Dios a veces tiene planes para nosotros que no comprendemos.

Ojalá ese no sea mi caso.

Ojalá algún día llegue a comprender

por qué me está ocurriendo todo esto.

Qué razones llevaron a mis padres a alejarme de ellos.

Quizá yo pueda ayudarla en todo esto.

¿Usted?

Yo le ayudaré a descifrar todo lo que sucede.

Creo saber cómo hacerlo.

¿De verdad me lo dice?

Confíe en mí y se lo demostraré,

pero deme algo de tiempo.

Gracias, padre.

Siéntense, se lo ruego.

Lamento haberles convocado a última hora,

pero la razón bien lo merece.

Se trata de Servando. -Antes de abordar el tema,

quiero preguntarles si saben algo de Samuel.

-¿Algo más allá de que se fue de viaje?

-Sí, eso es sabido, pero ¿saben ustedes dónde?

-A buscar clientes fuera de esta ciudad,

lejos de la marquesa.

-Los rumores extendidos por esa mujer

le han perjudicado sobremanera.

-Una mujer muy poderosa, sin duda.

-O tal vez haya ido a pedir consejo a algún que otro orfebre.

No sé, es algo que no sería de extrañar

dado que su padre no está entre nosotros.

Lamento decirlo con tanta crudeza,

pero quien realmente tenía cierto talento

y se hizo un nombre fue don Jaime. -Y hasta don Jaime

tuvo que aprender y necesitó una vida para ello.

Quizá Samuel está en camino de convertirse en una figura igual.

-Yo siempre he aprendido más de mis fracasos que de mis éxitos.

Aunque parece que está logrando salir adelante.

He hablado con el director del banco y me ha comunicado que Samuel

ha logrado hacer frente al primer pago de la deuda.

Ahora, de dónde ha sacado el dinero es para mí un misterio.

-(CARRASPEA) Cambiando de tercio,

¿eran conscientes de que Íñigo desconfiaba del doctor Baeza?

-La primera noticia fue ayer,

en la chocolatería.

-Yo sí que hablé con él de ese asunto.

Ambos vimos cosas extrañas en ese hombre,

pero estábamos equivocados.

-Desde luego que sí.

Su discurso sonaba a verídico y solvente.

-¿Y bien?

Nos había citado aquí para hablar de Servando.

-Sí, cierto. Disculpen por desviar el tema.

Anoche le visité y salí muy preocupado.

No dejaba de delirar.

-¿De verdad? ¿Tan mal está?

-Tiene una neumonía

y eso es muy grave.

No hay medicación que la cure.

Su cuerpo tiene que pelear solo contra la enfermedad.

-Recuperarse es complicado

y más cuando se es mayor, y Servando no es un zagal.

-¿Creen que deberíamos enviarle un telegrama a Paciencia?

-Desde luego, si algo ocurriera,

ella tendría que saberlo. -No nos pongamos en lo peor.

Lo mejor será dejar pasar unos días a ver cómo evoluciona.

Siempre estamos a tiempo de llamar a otro doctor

y buscar tratamientos alternativos. -Sí, tiene razón.

¿Les parece bien que sufraguemos los gastos entre todos?

-Por supuesto. -Lo importante

es que Servando salga de esta sea como sea.

(Puerta)

¡Casilda!

(Puerta)

¡Casilda!

(SUSPIRA)

¿Adónde se habrá metido? ¡Nunca está cuando se la necesita!

¡Todo tengo que hacerlo yo!

Dios.

¿Qué haces aquí?

-Lamento haber entrado. -Te he preguntado

qué haces aquí.

-Usted y yo tenemos una conversación pendiente.

-No tenemos nada de qué hablar. -Doña Rosina.

-No te atrevas a abrir la boca.

¿Cómo te atreves a venir a mi casa? -(CARRASPEA)

Necesito que me escuche.

-Lo que necesites a mí me trae al pairo.

No eres bien recibida. ¡Fuera!

-Escúcheme solo unos minutos, no voy a molestarla.

-Pero ¿qué no has entendido de que no quiero hablar contigo?

-No será agradable verme después de tanto tiempo.

-Agradable no explica lo que siento.

-Y lo entiendo.

Las dos enamoramos a Maximiliano

y eso nos une.

-Ni menciones su nombre. ¿Me oyes?

Con jabón lávate tras pronunciarlo.

-Me enteré de su muerte por los periódicos

y lloré mucho por él, pero eso ya pasó,

no estoy aquí para remover su dolor. -¿Qué quieres?

-Quiero que me deje quedarme en el barrio.

Sé que es amiga de doña Susana

y que sabrá la trampa que me han tendido.

-Pues no.

No sabía nada.

-Y estoy muy afectada por ello.

No soy una manganta.

Nunca he intentado arrebatar algo que no es mío.

-¿Te recuerdo que intentaste arrebatarme a mi esposo?

-Yo no soy una ladrona,

y recuerde que lo conocí antes que usted.

-Pero no te pidió matrimonio.

Apechuga. ¡Y, ahora, ve...!

-María, ¿qué hace usted aquí?

-He venido a verte. -¿Ha "pasao" algo?

-¿Y qué va a pasar, Casilda?

-Bueno,

pues sea lo que sea, venga a la cocina. Es por aquí.

-Ajá.

(SUSPIRA)

Perdona el retraso, cariño. Estaba en casa de don Ramón.

-No te apures.

¿Algo importante? -No.

Departiendo varios asuntos.

¿Y Lucía? ¿No cena con nosotros?

-Sé lo mismo que tú. -¿No la has visto?

-Desde el almuerzo.

Y ni lo probó.

-¿Se encontraba mal?

-Dijo que estaba algo indispuesta.

Yo pensé que estaba en su cuarto,

pero cuando las vecinas se marcharon, fui a ver y no estaba.

-Tan mal no se encontraría.

Debió agotarle la conversación con tus amigas,

cosa que entiendo.

-Desde luego.

Susana no es santo de su devoción.

(Puerta abriéndose)

¿Dónde has estado todo el día?

-Dando un paseo y haciendo algunos recados.

-¿Cenas con nosotros?

-No tengo apetito.

Si me disculpan.

-No, Lucía, por favor, quédate.

Me gustaría que habláramos.

¿Qué ocurre?

Te marchaste de la reunión algo turbada

y no te he vuelto a ver.

-Ya le he dicho que he estado ocupada.

-Ya.

Pero ¿por qué te marchaste?

Había organizado esa reunión para ti.

-Lo sé y les agradezco los esfuerzos que hacen por mí,

por ayudarme, pero...

-Pero nada podemos hacer si no nos cuentas qué te ocurre.

Lucía, no te vamos a juzgar.

Puedes contarnos cualquier cosa que te preocupe.

-Lucía, nosotros estamos poniendo todo de nuestra parte

para que estés cómoda.

Y necesitamos que tú lo hagas.

-Lo estoy haciendo. -Más.

Necesitamos que hagas un esfuerzo mayor.

Nos sentimos responsables de ti

y no queremos que cometas otra tontería.

-¿Una tontería?

¿A qué se refiere?

¿Qué tontería he cometido?

-Entregar tu asignación a Samuel

para que haga frente al pago de las deudas.

Es un gesto muy bonito

y demuestra el gran corazón que tienes,

pero no será suficiente para sacar a Samuel de ahí, todo lo contrario,

alargarás la agonía y perderás tu dinero.

-¿Y?

-Sin hablar de que quizá necesites ese dinero

para tu manutención.

-Les agradezco enormemente su preocupación,

pero no quiero que nadie opine sobre lo que hago con mi herencia.

-¿Por qué reacciona así? Tan solo queremos ayudarla.

-Yo ya no sé cómo hacerlo.

Señora, ¿desea algo?

-¡Sí, que guardes silencio!

-Perdóneme si la he "despertao".

-¡No! No me has despertado, solo trataba de relajarme.

¡Tarea harto complicado en esta casa!

-Bueno, ¿y quiere una tila para terminar de calmarse?

-¡Sí!

-Ya he visto

que la visita de la María le ha "molestao" a usted

un rato largo.

¿Qué es lo que ha "pasao" "pa" que esté tan "alterá"?

-¡No se puede saber!

¿A qué viene semejante interés?

-Curiosidad solamente.

-Pues ya sabes lo que le pasó al gato.

No seas indiscreta.

-¿Qué sucede que estás tan seria? -¿Qué va a pasar?

He tenido que cantarle las 40 al servicio.

-Yo solo he "preguntao" por la María. -¿Y te parece poco?

¡¿Crees que puedes inmiscuirte en nuestras cuestiones privadas?!

-Perdone, señora.

-¡Se te paga no para hablar,

sino para atendernos, nada más!

-Casilda, ve a la cocina, ¿quieres?

La señora y yo tenemos que hablar.

-Gustosa me marcho porque me está cayendo la del pulpo.

-Rosina.

Esto no puede seguir así.

-Me alegro que estés conmigo. Claro que sí.

Hay que ponerla en su sitio. -No lo digo por Casilda,

lo digo por ti.

¿Qué te pasa últimamente?

-Ay, Liberto, por favor, no quiero discutir contigo.

-Ya sé perfectamente que no estás bien,

pero no sé el motivo de tus males.

-No es nada, estate tranquilo.

-Estoy muy lejos de estarlo.

Rosina, últimamente estás inquieta.

Como... Como preocupada, y de un humor de perros.

-Tú insistencia no hace que me sienta mejor.

-Lo siento, pero tienes que soportarla.

No te dejaré tranquila hasta que no obtenga respuesta.

Así que déjate de mentiras y de vagas excusas.

¿No ves que estoy tratando de ayudarte?

-Es que dudo que puedas hacerlo.

(SUSPIRA)

-Al menos, déjame intentarlo, mi amor.

Me duele mucho ver que no confías en mí.

¿Por qué reniegas de la ayuda de tu esposo?

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Disculpe que le moleste, prior.

No me parece que esto sean horas de visita, padre.

Posiblemente no.

¿Ocurre algo?

Me está preocupando.

No voy a poder cumplir con el encargo sobre Lucía.

No sin antes poner todas las cartas sobre la mesa.

¿A qué se refiere?

Quiero saber la verdad sobre Lucía.

Querida, ¿ocurre algo? Pareces preocupada.

-No habréis visto a Lucía.

-Ahora mismo estábamos hablando de ella.

¿Ha ocurrido algo malo?

-Pues espero que no.

Se ha marchado esta mañana y no la he vuelto a ver.

La he buscado por todo el barrio.

-¿No ha ido a comer a tu casa?

¿Hay alguna forma en la que yo pueda devolverle el afecto que me mostró?

¿Puedo servirle en algo?

¿Qué sucede?

Nada, Úrsula.

Simplemente acabo de darme cuenta que ni siquiera he comido.

Llevo todo el día caminando

por los jardines, pensando...

Pero eso no está bien.

Hay que comer.

Le voy a servir un plato de un guiso que me ha quedado bien.

A Cayetana le gustaba en especial.

"¿Cómo está Servando?".

-Pues, al parecer, igual que anoche,

pero no te puedo decir, Mi ayuda no es bien recibida.

-No diga eso, María. -No te miento.

Fabiana me ha puesto la cruz

y el resto de las criadas obedecen sin rechistar.

Haciéndome de menos.

-Eso no es cierto. Se equivoca usted.

No todas.

-Lo sé, y te agradezco que no me des la espalda.

-Eso nunca, María.

La verdad es que a usted la tengo en alta estima.

¿Puedo preguntarle algo?

-Claro que sí, mujer, hay confianza.

No me vengas con esos remilgos.

-¿Qué le llevó a casa de mis señores?

"Bueno, ¿cómo está hoy el enfermico?".

-(TOSE)

Pues ya lo ves,

muchacha.

Hecho unos zorros.

-Ande, Servando,

ya verá cómo enseguidica estará otra vez en la portería.

-Sí.

Con los pies por delante. (TOSE)

No me engañes.

Entre delirio y delirio,

he oído al doctor decir

que tenía neumonía.

-Bueno, pues entonces también sabrá

que "tie" que poner "toas" sus fuerzas en curarse".

-Ya me quedan muy pocas.

-"Mire".

No estoy segura de que haya enfermado por su culpa,

pero como sea así,

le juro que se va a enterar de lo que vale un peine.

-No tengo nada que temer. Hice lo correcto.

Nones.

De lo que sí estoy segura es de que no acudió a abrir.

-No puedo estar en dos sitios a la vez.

Hubo un problema en la otra punta y no le escuché.

-No me venga con camelos. ¿Cree que me he caído de un guindo?

Como todo Acacias,

yo también sé que Servando nunca ha sido santo de su devoción

y que le ha hecho la vida imposible,

pero esta vez, esta vez se ha pasado de la raya.

-"Servando me ha 'confesao'"

que él ayudó a que se hiciera realidad

una extraña, pero preciosa historia de amor.

-Casilda, mira que te gusta dar rodeos.

¿Qué historia de amor?

-La del primer matrimonio de la historia entre dos mujeres.

-"María, no debes encariñarte"

con la muchacha, ¿verdad?

-Descuida.

Lo tengo claro.

No necesito que me lo recuerdes.

-Apenas me has comentado nada de tu visita a Rosina.

-No hay mucho que contar.

Le he puesto las cartas sobre la mesa.

Supongo que no se quedará de brazos cruzados.

-Hiciste lo que debías.

-Rosina hará lo imposible

por ocultar la relación que hubo entre Maximiliano y yo.

Lo que ella ignora es que ese es tan solo nuestro primer paso.

La verdad sobre Lucía Alvarado es algo que no podía revelarle.

Por nada del mundo debe salir a la luz pública.

No comprendo tanta precaución.

Los marqueses de Válmez no podían reconocer a su hija.

La iglesia, aunque se enteró de la existencia de Lucía,

se vio obligada a ser cómplice del silencio.

¿Por qué los marqueses tenían que ocultar el parentesco

a su propia hija?

"Continúas sin confiar en nosotros".

No es eso.

¿Entonces qué, Lucía?

Te hemos abierto la puerta de casa y de nuestros corazones.

Te hemos dado cariño y apoyo.

¿No deberíamos esperar lo mismo de ti?

Lucía, somos tu familia

y vamos a apoyarte y a ayudarte

en todo lo que necesites,

pero no creo que sea justo que nos lo pagues de esta forma.

Su ahijada no quiere saber nada de usted.

Y yo, sin embargo, cada día estoy más cercano a ella.

¿Exactamente qué es lo que me propone?

Que juntos la ayudemos.

Lucía es ingenua y necesita orientación.

Usted y yo podemos dársela.

Hará todo lo que yo le diga.

Soy su mejor socio.

Usted gana.

Le contaré todo acerca del testamento.

Solo le pido algo a cambio.

¿El qué?

Fidelidad.

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Acacias 38 - Capítulo 844

10 sep 2018

Higinio improvisa una mentira saliendo indemne de las acusaciones ya que tiene una coartada del médico que atendió al Peña. Íñigo queda en evidencia delante de todo el barrio. Telmo ofrece su ayuda a Lucía para comprender por qué fue repudiada. La muchacha quiere respuestas, no le importa el dinero. El cura se debate entre sus sentimientos y el deber de obedecer a su orden. Se marcha a Salamanca en busca de respuestas sobre Lucía. Lucia está triste y Celia le organiza una fiesta, pero inmediatamente se marcha refugiándose en el altillo con las criadas. Higinio ordena a María que ponga en marcha el plan por el que están en Acacias. María acude a casa de los Hidalgo y se revela que María estuvo con ¡Maximiliano!. Rosina le pide que le explicaciones de su aparición después de tantos años. Justo cuando va a responder les interrumpe Casilda.

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  1. María

    Qué pena. Cada día me aburre más y más.

    pasado domingo
  2. Ana

    La novela ya aburre. Muchos personajes sobran por cansinos y aburridos. Ahora la última en entrar, me refiero a Lucía, es la protagonista principal, no me parece para nada bien. Los demás llevan desde los principios y siguen siendo segundones.

    11 sep 2018
  3. espe

    los capitulos han cojido un rumbo aburrido y repetido, me gustaba pero ahora es tedioso

    11 sep 2018
  4. Marilu

    Peligro en puerta, parece que ursula está recordando ( nombró a " su señora cayetana" ) O será que NUNCA la " curaron " ? me inclino mas a pensar que la ursula actual es una " genial actuación " y en cualquier momento reinicia su carrera de arpía, asesina y despreciable " ser humano" y a los seguidores de Acacias no seguirán sirviendo SOPA !!!!!!!!!

    10 sep 2018
  5. soffia

    secretos y secretos y mas secretos

    10 sep 2018
  6. Dory

    Los de antes, caetana!?

    10 sep 2018
  7. Marisa

    Excelente la " lavada de cabeza " de Celia hacia su prima; yo hubiera ido mas allá y la hubiera " invitado " a buscarse otro lugar donde vivir; con su comportamiento, esa señorita, tan altanera y creída de si misma no merece otra cosa, como la que se le viene, con Samuel aliado con el padrino, la van a " desplumar " ya que aunque ella diga no interesarle el dinero, una cosa es disponer de el para regalarlo y otra que se lo birlen impunemente.

    10 sep 2018