www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4726098
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 842 - ver ahora
Transcripción completa

¿El contrato que firmé les da derecho a hacer una cosa así?

-Me temo que sí. Les diste permiso para utilizar tu imagen.

-Me lo imaginaba. ¿Quién le obligó

a hacerse cargo de mí?

Los marqueses de Válmez.

¿Y... por qué aceptó usted?

Fue la condición que me impusieron para trabajar a su servicio.

-¿Y cómo vamos a conseguir que el doctor

despida a una criada que le ha sido fiel?

No podemos llegar y soltarle la tostada de golpe.

-Déjalo de mi cuenta, tengo la táctica infalible.

Las horas están contadas para esa criada en Acacias.

Encontraré a quién venderle las joyas.

Pensaba que no estaban a la altura. Y así es.

Comprender eso es lo que me ha sacado del pozo.

Volveré a tallarlas, a mejorarlas, hasta que estén a la altura

de mi padre, de nuestra firma.

¿Cuánto dinero le falta?

-115 pesetas, lo sé porque acababa de hacer el fajo.

Llevaba un lacito azul.

-115 pesetas

como 115 soles y un lacito azul.

¿Un fajo como este?

-Ay, gracias a Dios.

-¡Eso no es mío! Ustedes lo han puesto ahí,

yo no he tocado ese dinero. -Despida a su criada.

-¿Por qué? -¿No sabe qué ha hecho?

¡Ha robado en la sastrería! ¡A mi amiga Susana,

que es como mi hermana! ¿Dónde vamos a ir a parar?

-"¿No sabía usted" que Úrsula había vuelto?

Primera y desdichada noticia.

El nuevo cura, don Telmo, la tiene cobijada.

Le hace las labores domésticas.

Si el marqués era mi padre, ¿cuál era la verdad sobre mi madre?

¿Era de verdad una criada?

La marquesa era tu madre.

¿Era hija de los marqueses? Así es.

Y, entonces, ¿por qué no me criaron ellos mismos?

Me temo que esa pregunta solo ellos podrían haberla respondido.

-¿Y tu tío Joaquín, se ha marchado ya?

-No, no se ha marchado, y Lucía no me ha querido contar la conversación

que ha tenido con él. -No lo soporto.

Es un advenedizo.

Un hombre capaz de cualquier cosa por mejorar su posición social.

Lo quiero fuera de nuestra casa. -Ya ha comprado el billete de tren.

-En cuanto se marche, podremos dedicarnos a recomponer

los sentimientos de Lucía. Samuel,...

yo no soy quien creía ser.

¿Cómo?

Soy hija de los marqueses de Válmez.

Su hija. Así es.

Obligaron a mi padrino

a cuidarme y, a cambio le hicieron administrador

de todos sus bienes.

Disculpe que me haya quedado así, patidifuso.

He escuchado decenas de historias, de hijos de madres solteras

abandonados, de criaturas a las que las criadas no podían cuidar

y les dejaban en el torno de un hospicio,

pero los marqueses de Válmez eran un matrimonio con posibles.

¿Cree que he dejado de darle vueltas desde que lo supe?

Esto lo explica todo: las marcas de mi cruz,

el dibujo de las plumas de pavo real,

el escudo de los marqueses, la asignación.

Lo explica todo,

menos el por qué decidieron apartarla de ellos.

Lo único que de verdad importa y lo que me temo que no me dejará dormir

hasta que descubra.

-¿Les sirvo ya el pescado?

No, Carmen, es igual, ya nos serviremos nosotros.

Puedes retirarte al altillo.

¿No quiere que termine de servir la cena?

Haz lo que te ordeno.

Como usted desee.

Estaremos mejor solos, sin nadie que nos moleste.

Se lo agradezco.

Si le soy sincera,

no tengo mucho apetito. Todo esto me lo ha quitado.

No permitiré que se abandone y que todo sean brumas a su alrededor.

A ver si, a parte de la paz,

también va a perder la salud con esta nueva revelación.

Tal vez más tarde pueda comer algo.

Samuel, ahora quiero saber su opinión sobre todo esto.

Es evidente que hay algo irregular.

Un matrimonio normal no abandona a su única hija y la deja en manos

de un subordinado.

Yo pienso lo mismo,

pero cada vez dudo más del hombre y de sus instintos.

No todos respondemos a los naturales

de la bondad. En eso tienes razón,

para todo hay motivos, pero en este caso

hay tantos como su mente sea capaz de imaginar.

Ahora, lo único que puedo sacar en claro es,

que mis padres no me querían.

Me abandonaron en manos de un subordinado

para que me criara sin amor.

(Sintonía de "Acacias 38")

-¿Tú estás loca? ¿Cómo se te ocurre robar en el barrio?

¿Es que quieres echarlo todo a perder?

-Yo no he robado nada, no digas insensateces.

-Pues dime qué ha ocurrido.

-Pues mira, una encerrona que me han preparado

entre la sastre y el sereno.

Ella me llamó a la sastrería para regalarme un pañuelo para ti,

luego ha salido gritando y diciendo que le han robado,

y el sereno, conchabado con ella, me ha metido el dinero en el bolsillo.

-Pero, y la sastra, ¿por qué?

-El marido de Rosina, es su sobrino, ya lo sabes.

Esto no es una casualidad, quieren echarme del barrio.

¿Y tú cómo te has enterado?

-Rosina ha venido a exigirme que te eche.

Yo no sé cómo vamos a salir de esta.

-Tienes que dar la cara por mí, Higinio.

-¿Cómo? -Negándolo todo.

Y amenazando a todo aquel que quiera manchar mi reputación.

Tu criada no es una ladrona, digan ellos lo que digan.

Tienes que apostar por mí.

-Apostar.

-Quizá en tu caso no sea la palabra más adecuada.

Un perdedor debe alejarse del juego todo lo que pueda.

Tienes que porfiar hasta demostrar mi inocencia.

-El otro día,...

el que salí con Melquíades,...

no me aparté del juego. Estuve en una partida

en la que no debí meterme. -No me digas que otra vez.

-Cincuenta pesetas, 10 duros.

-Higinio, eres un irresponsable.

-No volverá a ocurrir. Le he dicho a Melquíades que no vuelva más.

-¿Y te va a hacer caso?

Pero si tú eres como una mina de oro para los jugadores.

No hay más que apostar contigo para conseguir dinero,

y siempre dices que no vas a volver a apostar y siempre apuestas.

-Esta gente son muy peligrosos, van a venir a por los 10 duros

y no los tengo.

-Pues mira, no es asunto mío.

Apáñatelas como puedas, estoy harta de sacarte las castañas del fuego.

Diez duros, todo lo que teníamos. No sé cómo vamos a comer mañana.

Lo cierto es que poco importan las causas del abandono.

¿Qué más da los motivos por los que los marqueses decidieron

ponerla al cuidado de su padrino?

Lo importante es quién es usted ahora.

Quién soy yo depende de todo aquello.

Desgraciadamente, crecí en una casa en la que nunca me sentí querida.

No. Usted lo superó.

Usted es una mujer hermosa,

¿distinta o igual de la que habría sido de haberse criado

con los marqueses?

Eso no lo sé. Hay doctores de la iglesia que piensan

que nacemos con nuestra historia escrita.

Y hay otros que defienden que la escribimos nosotros cada día.

Todo eso da igual, lo importante es quiénes somos.

Nadie podrá cambiar quién es usted ni la mujer

en la que se ha convertido.

Me reconforta que crea que no tiene importancia que yo en realidad

sea una hija a la que nadie quiso.

Es que no la tiene.

¿Le ha contado a alguien más que es hija de los marqueses?

A nadie, solo a usted.

¿Ni siquiera a Celia ni a Felipe?

Ni a ellos.

Quizá deba ir a decírselo. No.

Vamos, que yo no se lo recomiendo.

¿Por qué?

Cuando se lo cuente a ellos, todo el mundo conocerá su secreto.

Celia hablará con Trini,

Trini hablará con Rosina,

Rosina se lo contará a doña Susana. Cuando lo sepa Susana,

lo sabrá todo el barrio.

Y no solo eso, con los hombres ocurrirá lo mismo.

Don Felipe hablará con don Ramón, este hablará con Liberto, Íñigo,...

A mí en realidad no me importa que se sepa.

Usted no tiene nada de lo que avergonzarse, desde luego,

pero piense en la reacción de la gente cuando conozcan la noticia.

Es usted la hija despreciada de unos marqueses.

¿A qué se refiere?

Esta sociedad puede ser muy cruel, algunos le darán la espalda

cuando lo sepan, por considerarla casi una bastarda.

Los más ambiciosos se pegarán a su sombra, y buscarán sacar partido

de la situación que va a recibir.

Pero usted sabe que mi asignación es poco cuantiosa.

Pero es usted la hija de unos marqueses millonarios,

qué más da lo que trate de explicar al mundo,

ellos pensarán lo que quieran pensar.

No sé qué decirle.

Hágame caso y no le cuente a nadie la verdad sobre sus orígenes.

Entonces, ¿ya estás mejor de la tripa?

-Fetén, Fabiana, la "intemeritis" se ha quedado "olvidá".

-No era "intemeritis", el doctor dijo otra palabra:

"gastrintimitis". -Pues eso.

"Pa" entendernos,

la indisposición de las tripas, que "pa" mí que no fueron los cardillos.

-No seas tozuda, que eso quedó "mu" claro.

Los cardillos te han tenido más tiempo en el "excusao" que fuera.

-Ladrona, más que ladrona. -Mentira.

-Corre. -Eso es una mentira

como una catedral, es una patraña,

pero ¿cómo se atreve?

-Con las manos en la masa, la pillaron, y dice que no.

-A ver, que usted no estaba en el embrollo, que es lo que fue,

un truco de manos del sereno ese. -Silencio.

Esto no es una fonda de carreteros. Aquí no se grita.

-Se da cobijo a rateras. -Si la Fabiana manda callarse,

se callan y ya está. -Tienes razón,

perdone, señora Fabiana.

-A ver, ¿qué pasa? En orden y sin gritar.

María, usted primero. -Yo no robé nada.

A mí nadie me vio meterme ni una perra chica.

-Pero la pillaron con el botín

a buen recaudo en el delantal.

-El sereno lo metió ahí a traición.

-¿Está echando las culpas a Cesáreo? -Sí,

a él y a la serpiente de la sastra. No se fíen de esos dos,

que no son trigo limpio. -Eso no se lo consiento, ¿eh?

Doña Susana es toda una señora como no ha visto usted.

-Basta ya. -Hablen como personas civilizadas.

-¿Qué pasa aquí, que se escuchan las voces en la escalera?

-Tu amiga Agustina, que es la voz de su ama,

y su ama, una becerra sin mollera. -Un respeto,

que por hacer valer la opinión de una, no hace falta insultar.

-Y usted que es una recién "llegá",

no tiene derecho a venir aquí con ofensas.

-Y ella sí a acusarme de ladrona.

Nunca me he llevado nada que no fuese mío.

-Siempre hay una primera vez.

-Me voy a trabajar, porque me están entrando ganas de sacarle los ojos.

-¡María!

Pero "señá" Agustina, ¿usted la vio?

-Verla no la vi,

pero si había humo, es que hubo fuego.

El dinero lo tenía ella, fue ella.

-O no.

Cosas más raras se han visto en este barrio.

-Casilda, la cosa es que desapareció el dinero y lo tenía ella.

-Pero vamos a ver, que yo conozco a María,

y esta mujer tiene muy buen fondo. -Sí, eso ya lo veremos.

Casilda, decide si defiendes

a una recién "llegá" a la que no conoces de nada

o a tus compañeras de toda la vida.

-"Pos" entre defender a la María o defender

a quien ella acusa, que es Cesáreo,

no lo sé.

Bueno, sí, sí que lo sé yo.

Claro que lo sé,

lo que espero es que ustedes al tiempo lo sepan como yo lo sé.

-Ya.

-Vaya día. -Sí, no parece verano, la verdad.

Menos mal que ya marcho de esta ciudad.

-Lo celebro. Cuento las horas.

-Le aseguro que no tiene usted tantas ganas de que me marche

como yo de hacerlo. -Perfecto,

todos quedaremos muy satisfechos.

-Buenos días.

Lo de buenos es por decir algo,

porque no hace precisamente un día de verano.

-Si me disculpan, tengo mucho por hacer.

-Disculpe, pero el tío de Celia es un hombre muy desagradable.

-No lo sabe bien.

A ver si se marcha y no regresa. Yo no pienso visitarle nunca.

-En todas las familias hay garbanzos negros.

Quería comentarle algo. He estado desayunando en el Ateneo.

-Buen lugar. -Sí, pero...

me ha llegado un rumor que me ha preocupado.

Es sobre Samuel... -Samuel Alday

y la marquesa de Urrutia, imagino. -Sí, ¿lo conoce?

-No con detalle, pero sé que se hablaría de ellos.

-Parece que la marquesa ha comentado con sus amistades

que las joyas son muy deficientes, y empaña el nombre de su padre.

¿Tan imperfecta es la colección que le mostró?

-No entiendo mucho de joyería para valorarlo, pero he de suponer

que Samuel preparó una colección deprisa y corriendo.

-Pues qué gran error cuando se está jugando su futuro.

Ya me lo decía mi madre: "Vísteme despacio que tengo prisa".

-Así se lo quise hacer ver, pero ya sabe, nadie aprende en cabeza ajena.

-¿Y cree usted que se va a recuperar del batacazo?

Porque una mujer, famosa por su elegancia y sus joyas,

que diga que los diseños son malos, muchos serán los que le hagan caso.

-Si no se recupera del bache económico en el que se encuentra,

acabará con todos sus bienes embargados.

-¿Me acompaña?

-Cómo no.

(Suena la campanilla)

-Venga.

-Tómese esto, Agustina, que le va a templar los nervios.

-Y encima dice que Cesáreo estaba en el ajo y que fue él

quien metió el dinero en el bolsillo, qué desfachatez.

-Ay, no le dé más vueltas, Agustina.

-La verdad es que yo, del Cesáreo, me lo creo "to".

La Casilda tiene razón cuando tuerce el morro al hablar de ese hombre.

-¿Y por qué dices eso?

-Por lo de ayer, Fabiana.

Lo de los carteles del tónico El Coloso.

Eso es de tener poca decencia.

-No me he enterado de "na".

-Alguien pegó los carteles que habíamos retirado en la fachada.

Servando hizo el ridículo delante de los vecinos

y de todo el que pasaba.

-Qué mala entraña quien los pegara. -"Pa" mí que fue el Cesáreo.

-Ahora que lo dices,

yo le vi reír a mandíbula batiente

mientras Servando quería meterse debajo de una piedra.

-Y la ojeriza que le tiene al Servando es de las que marcan época.

-Pues si fue él, hay que darle una lección que no se le olvide.

Eso no se le hace a un compañero. -¿Y qué hacemos?

-Se me ocurre una idea.

Dejad,

dejad que la madure.

-Pues que sea tan retorcida como la del Cesáreo.

-Pues a ver si lo conseguimos.

-No sé a qué espera don Higinio para echar a esa criada.

Es una vergüenza que tenga a una ladrona viviendo en nuestro barrio.

-Tranquilízate un poco, él sabrá lo que tiene que hacer.

"Cada uno en su casa y Dios en la de todos".

-Pero es que te recuerdo que la casa del doctor es mía.

-No, no, madre, no se equivoque,

mientras le pague el alquiler, esa casa es del doctor, no suya.

-¿Has estudiado derecho y no me había enterado?

¿Ahora resulta que eres la que más sabe de caseros e inquilinos

de toda España o qué? -Oye, Rosina, ya está bien, ¿eh?

Nosotros no tenemos la culpa, y tu hija tiene razón,

no la tomes con ella.

-Da igual, Liberto, estoy acostumbrada.

-Yo le vi discutiendo en la calle con su criada.

-¿Sí? A lo mejor ha entrado en razón y a estas horas ya está despedida.

-La discusión fue antes del robo, así que sería por otra cosa.

-Ah, seguro que se trataba de otro robo, como si lo viera.

Esa mujer tiene que tener su habitación

que debe parecer la cueva de Alí Babá.

¿Crees que Casilda pueda entrar en la habitación de María para espiar?

-Rosina, por Dios, no digas enormidades.

-Me gusta muy poco ese hombre, y tiene una relación muy extraña

con su criada, eso desde luego. -Porque a lo mejor

lleva muchísimos años a su servicio.

Madre, ¿usted qué pensaría si alguien fuera de esta casa viene

y le pide que despida a Casilda?

-Casilda no es una ladrona. -Lo mismo pensará él de ella.

-La descubrieron con las manos en la masa.

-Eso no quedó probado, doña Rosina.

Y a mí me da muy mala espina ese hombre.

Lo del hospital es muy extraño.

-¿Qué es lo del hospital? ¿A qué se refiere?

-Rosina, no quise decirte nada para no inquietarte más, pero...

fui a buscarle y me llevé un chasco mayúsculo.

Allí nadie sabía del doctor Baeza. -Pero si él te operó allí.

-Sí, eso es lo más extraño, pero ni doctores ni enfermeras

le conocían.

-Ah, bueno, porque se referirán a él

llamándole de otra manera, por el segundo apellido.

Eso no es lo importante,

lo importante, te recuerdo, es que tiene en mi casa a una ladrona.

Casilda,

¿qué dicen tus compañeras del altillo de María?

Yo no dejaría nada por allí suelto, teniéndola a ella de compañera.

-Es que yo no creo que sea una ladrona,

doña Rosina.

-¿Qué?

-Lo que ha oído.

Nadie la vio robar, por tanto, pudo ser un malentendido.

-¿Un malentendido?

Ahora resulta que puede ser un malentendido.

Pues ve con cuidado,

no sea que por un malentendido acabes en la calle.

-Madre, madre, basta.

Está usted imposible. -Cariño, mi vida,

vamos a dar un paseo a ver si te calmas.

Que al final te echan del barrio y a esa criada le ponen una estatua.

¿Sabes qué es lo peor de tener un negocio? El papeleo.

Todo el día comprobando que los pedidos han salido,

que los pagos han llegado y que los suministros no se retrasen.

¿Y lo hace usted todo? Qué remedio.

Antes me ayudaba Simón, el mayordomo.

Pero ¿Simón no era el hijo de doña Susana?

¿El que se casó con Elvira y luego se fue a Italia?

Sí, pero también estuvo trabajando de mayordomo aquí.

Otra de esas historias largas y enrevesadas

que cuesta contar.

Otro día te pondré al tanto, ahora hay que trabajar.

Lucía, perdóname,

soy una insensible.

Yo preocupada por mis facturas y ni siquiera

te he preguntado cómo estás.

Bien.

Me imagino que la conversación con tu padrino no fue fácil.

No mucho.

Prima, siento no poder contarle nada más.

No crea que es por falta de confianza.

Cuando pasen unos días, podré ordenarlo todo en mi cabeza

y abrir mi corazón a todo lo que está sucediendo.

Tómate el tiempo que necesites, lo último que quiero es presionarte.

Lo sé, nadie nunca me ha tratado con tanto respeto

como usted y Felipe.

Espero que algún día puedas llegar a considerarnos como la familia

que Joaquín no fue.

Se lo agradezco, sé que así será.

Y espero que él se vuelva pronto a su casa.

Es que si no lo hace por las buenas, Felipe le manda a su tierra

con una patada en salva sea la parte.

¿Cómo fue la cena con Samuel?

Bien. Tranquila.

Me siento cómoda con su compañía.

-Ya tengo hecho el equipaje.

Un mozo viene de camino para cargar con la maleta.

(Llaman a la puerta)

-Voy a abrir.

Le deseo buen viaje, padrino.

Espero no volver a esta casa.

Yo tampoco deseo que lo haga.

La maleta es esa, bájela, ahora voy yo.

-También han traído esto para usted.

-"Ese hombre se apropió de algo que pertenecía a la iglesia"

y hemos de recuperarlo.

Usted ha de recuperarlo.

Esa es su misión,

hacer que la señorita Lucía renuncie a su herencia a favor de la iglesia.

¿Comprende ahora la importancia de todo esto?

Buenos días, Padre.

Buenos días, Úrsula. ¿Viene de la compra?

Sí.

Sabe que me gusta levantarme temprano para ir al mercado

y así evitar encontrarme los puestos llenos.

Le he comprado truchas, ¿le gustan?

Me encantan. Mi abuelo me llevaba a pescarlas cuando era un niño.

Qué bien.

Se las prepararé a la Navarra, con jamón.

Espero que las disfrute.

No lo dudo.

Úrsula.

¿Ha visto usted a doña Lucía?

No.

Aunque, al pasar por delante del número 38,

me ha parecido ver una sombra tras la ventana del salón.

Quizá se tratara de doña Celia, no lo sé.

Hace días que la señorita Lucía no le visita aquí en casa, ¿verdad?

Tampoco ha asistido a misa.

No sé, cuando canto misa no me fijo en los fieles que asisten.

Son cristianos que acuden al encuentro con el Señor, no conmigo.

Yo estoy concentrado en la ofrenda.

Por supuesto.

¿Quiere que vaya a decirle a la señorita Lucía que desea verla?

No he dicho que desee verla, solo que me extrañaba su ausencia.

No lo confunda.

Disculpe, no lo haré. Vaya a hacer sus deberes,

yo tengo trabajo. Con su permiso.

"No nos rendiremos nunca".

Hallaremos la verdad, ¿de acuerdo?

De acuerdo.

No.

No.

No debo pensar en ella de esta forma.

Ay.

-Menos mal que el paseo te ha tranquilizado.

-Me tranquilizaría que el mundo funcionara como debe ser.

-Pues anda que no hay cosas que no funcionan por las que enervarte:

guerras, terremotos, volcanes.

-Ninguna de esas cosas sucede aquí en Acacias,

así que no me trates como una orate.

Me preocupa lo que me pilla cerca.

-Desde luego, cariño, eres de lo que no hay. Ven aquí.

-Ay, a ver si nos va a ver alguien. -Pero si yo lo único que quiero

es que estés tranquila.

Tú imagínate si un enfado de esos te da un ataque al corazón.

-Si me da un ataque, es que estaba de Dios.

-Que no, mi amor, que no puedes llevarte esos berrinches.

Además, María no es tu criada y no te ha robado a ti.

-Pero le ha robado a Susana,

que es tu tía y mi amiga. -Será su problema.

-Egoísta. Lo que tendría que hacer

es echar a don Higinio de mi casa, para lo que me paga de alquiler.

Si no fuera porque te salvó la vida, ya estaría de patitas en la calle.

(Llaman a la puerta)

-¿Está Casilda? -(RÍE)

-Otra que me tiene contenta.

Se pasa más tiempo en el altillo que aquí, y me lleva la contraria.

(Llaman)

-Iré yo a abrir. -Sí.

-Buenas tardes, doña Rosina. -Buenas tardes.

¿Ha despedido a María?

-Tomé en consideración sus palabras, ya sabe

que la tengo en alta estima, pero

pedí explicaciones a mi criada y lo que me contó me satisfizo.

-¡Es una ladrona! -No, eso no es así, doña Rosina.

Es una muy buena criada que lleva conmigo toda la vida.

No sé qué clase de malentendido ocurrió,

pero yo doy la cara por María.

-¿Eso significa que va a quedarse sin castigo?

-Ya le he comunicado mi decisión, no la molesto más. Si me disculpa.

Don Liberto. -Con Dios, doctor.

Rosina, Rosina, el ataque al corazón, ¿recuerdas?

Siéntate. -Ay, si me da un ataque, que me dé.

-No, siéntate, no te vayas a marear.

Cuando venga Casilda le diré que te prepare un baño de sales.

-Sí. Eso si viene.

-Bueno, ¿qué, Fabiana? Hablad, que no os dé vergüenza.

¿Para qué nos habéis reunido?

-Con todo mi respeto, queríamos pedirle algo muy "delicao".

-Pero es "pa" evitar males mayores.

-Una cosa que hemos "pensao"

en el altillo y que puede ser bueno.

-¿Queréis hablar de una vez?

-Mira que sois ceremoniosas.

No paráis de darle vueltas y más vueltas.

-Queremos pedirles que cambien a Cesáreo a otro barrio.

-No lo queremos en Acacias. -Hale,

por decirles que se anduvieran sin circunloquios,

derechita y en la cabeza. -Eso que pedís es muy grave.

A ver, ¿qué ha ocurrido? -Creemos

que el sereno no es un hombre que tenga buen fondo.

O peor, que estamos seguras, vamos. -Que todavía no ha "pasao" "na",

pero no se sabe lo que puede pasar.

-A ver, contadnos en qué os basáis para pensar eso.

-Ustedes saben lo del anuncio de Servando, lo de tónico El Coloso.

-Vaya chasco para él.

-Hablaré con la firma para que lo retire,

hace escarnio de su imagen pública. -Pero lo que no saben

es quién empapeló todas las paredes del barrio.

-Pero ¿no fue la empresa? -Ca, señora,

"pa" "na". Fue Cesáreo, con la intención de hacer befa del portero.

-¿Estáis seguras? -Como que fuimos nosotras

las que quitamos los carteles, los que colgó la empresa.

Luego, el Cesáreo los volvió a poner.

-Para que todo el mundo se riera de él.

-Desde luego, eso es actuar a mala fe.

-En todo caso, no sería suficiente

para considerarlo un delito ni para pedir el traslado del sereno.

¿Qué opina usted, Felipe? -Delito no es,

pero sí una falta de civismo.

-Pues si el odio entre Servando y Cesáreo sigue creciendo,

la sangre llegará al río.

-Por litros. -Y ahí sí que va a haber delito.

Si tenemos que escoger en que se quede uno u otro,

escogemos a Servando. -Por "unanimiedad".

-La decisión de cambiar al sereno

no depende de nosotros, sino del consistorio.

-¿Y no se puede hacer "na"? -Sí,

hablar con el ayuntamiento para que Cesáreo reciba un apercibimiento.

-Pues que lo reciba. -Pero en la cocorota y bien fuerte.

-Dejad que pensemos a ver qué se puede hacer.

-Agradecidas por habernos atendido. Con permiso.

-¿Y qué se puede hacer? Yo, si hay que elegir,

también prefiero a Servando, por inoportuno que sea.

-Yo también, desde luego.

-Habrá que hablar con el sereno. Yo me encargo.

-A tila todo el día estoy, para que se me pase el sofoco.

Le he pedido a Casilda que me prepare un baño de sales.

-Eres muy exagerada, Rosina.

-En mi situación tendrías que estar para juzgarme, Susana.

Le alquilo al médico la casa a mitad de precio

y me mete el enemigo en casa. Eso me pasa por buena.

-Habla con don Higinio y le dices la verdad.

-La verdad, claro que sí. Le cuento que esa criada fue amante

de mi primer marido, ¿no te digo?

¿Cómo voy a hablar de eso con él?

-Pues ofrecela dinero para que se marche.

-¿Ah, sí, y promover un chantaje? Ni hablar.

Hoy le ofreces un par de billetes

y mañana, cuando se los hayan gastado,

te piden un par de ellos más, y así hasta el día del juicio final.

Algo tengo que hacer.

-Pues no sé qué más puedes hacer.

-Esa mujer se tiene que ir de aquí.

-¿Qué, ya estáis otra vez con lo de la criada del doctor Baeza?

-No, no, estábamos comentando

lo fea que viene la moda este año en las revistas francesas, ¿verdad?

-Fea y de mal gusto, no creo que se imponga en España.

-Rosina, deberías ir para casa a escape,

ya debes tener preparado tu baño de sales.

-Sí. Hasta mañana. -Hala, ve

y disfrútalo, pero sal antes de que se te arruguen los dedos,

-Paparruchas. -que es malo.

-Que no.

-Tía. Dígame la verdad.

¿Por qué le ha dado a mi esposa ese empeño por la criada?

-¿Te parece poco que sea una ladrona?

-Seamos sinceros, a mi esposa lo único que le importa

es lo que le toca directamente,

y a ella no le han robado, le han robado a usted.

-Qué mala imagen tienes de tu esposa, hijo.

-Porque la conozco muy bien, y usted sabe perfectamente que tengo razón.

Tieta, si no me lo cuenta, no voy a poder ayudarla.

(Llaman a la puerta)

Buenas, Carmen. Adelante, señor.

¿Me preparas algo ligero de cenar? Tengo mucho trabajo por delante.

¿Le parece bien un caldo y una tortilla a la francesa?

Me parece perfecto.

(Llaman a la puerta)

Don Felipe. ¿Le pillo mal?

No, pase.

¿Me aceptaría un aperitivo? Encantado.

-Se lo serviré en el salón principal.

He estado toda la tarde fuera, haciendo gestiones.

¿Fructíferas? Mucho.

Le veo muy animado.

Siento ser yo quien venga a hablar de los rumores que corren.

Se refiere a los que anda pregonando la marquesa

de Urrutia acerca de la calidad de mis joyas.

No me interesa en absoluto la opinión

que pueda tener esa vieja urraca.

-Su opinión sobre lo referente al buen gusto está muy valorada.

Una impostora que no sabe diferenciar la argolla

para la nariz de un caballo de una pulsera de lujo.

Puede que sea influyente, pese a todo.

-¿Desean algo más?

No, gracias, Carmen, puedes retirarte.

¿Y la cena?

Es igual, ya veré después.

Como usted mande.

Le pedí una cena ligera, pero tengo mucho que trabajar.

Para reparar los errores que cometí con la marquesa de Urrutia.

¿Va a arreglar las joyas para complacerla?

No sé si está a tiempo.

No. Ya le dije que esa mujer no tiene gusto.

El problema no está en las joyas,

está en que creí que salir de está situación sería algo inmediato

y, no es así, será un camino lleno de obstáculos,

pero al alcance de mi mano.

Cesáreo.

-Don Ramón, ¿en qué puedo servirle? -Me han comentado que tiene usted

ciertas tiranteces, por llamarlas de alguna manera, con Servando.

-¿Yo? ¿Quién le ha dicho esa falsedad?

-Personas a las que doy el mayor crédito.

Hasta me han informado que se ha encargado usted de difundir

los carteles de los tónicos El Coloso para hacer mofa

y escarnio de Servando. -Cuánta maledicencia,

yo nunca haría eso. Tengo gran afecto por el portero.

No somos los mejores amigos, pero no hay antipatía alguna.

-Nadie me habría venido a mí con el cuento si no fuera así.

-Pero si precisamente esa es una de las mejores armas de mi trabajo,

llevarme bien con los porteros.

Pregunte por ahí, todos me aprecian. -Solo le pido

que lime asperezas con él.

Servando Gallo es un hombre muy querido.

-Y por mí. -Si hubiera que prescindir

de alguien, no sería de él, yo mismo iría a hablar con el consistorio.

-Por favor, don Ramón, siento que haya habido este malentendido,

hablaré con Servando para aclararlo. -Hágalo,

y no quiero ni una queja más.

Con Dios, Cesáreo. -Con Dios.

-Buenas tardes, Servando.

-Buenas tardes, señor Palacios.

-Claro que voy a hablar con él, y va a aprender a ir con quejas

a los señores.

Oiga, vamos, a casa.

¿Y mi madre? ¿No ha cenado?

¿Cómo es que se ha retirado a descansar tan temprano?

-Porque se ha dado un baño de sales, y ya sabes que le encanta,

pero luego no puede moverse y se va a dormir.

-Está de un raro.

-El berrinche con esa criada no es normal.

-No debería extrañarnos, mi madre se lo toma todo a la tremenda.

-Sí, pero nunca ha exagerado tanto. Hay algo personal en esta historia.

-Para mi madre todo es personal. -Que no, Leonor,

que hay algo que huele a chamusquina.

Rosina nunca ha pasado tanto tiempo pensando en una criada.

-Buenas noches. -Cariño.

¿Qué haces aquí sin avisar, ha ocurrido algo?

-No. Sé que es tarde, pero no podía esperar.

Disculpe las molestias. -En absoluto, está en su casa.

-Doña Rosina no está, ¿no?

-Íñigo, ¿qué pasa?, me estás preocupando.

-Es que antes de que ella sepa lo que he descubierto,

preferiría que don Liberto y tú

valoraseis si se le debe decir. -Sí, pero adelante,

que estamos en ascuas.

-¿Se acuerdan que dije que no terminaba de fiarme

del doctor Baeza, que había algo que no me cuadraba?

-Sí, sí.

-Pues, al salir de aquí, fui al hospital a ver de qué me enteraba.

-¿Y?

-Ya sé toda la verdad sobre ese hombre.

Samuel, esa mujer no tiene derecho a vilipendiarle.

Se cree que por ser marquesa puede arruinarle la vida a un hombre.

Marquesa de Urrutia.

No merece llevar un título de nobleza quien no sabe comportarse

con decencia.

Felipe me contó que a usted no le importaba

lo que esa mujer dijera de sus joyas.

¿Y qué quería que hiciera? ¿Mostrar mi debilidad?

Esa lección ya me la enseñó mi padre:

No mostrar nunca mis verdaderos sentimientos

si estos fueran negativos.

¿Y conmigo está siendo sincero y reflejando lo que siente?

Sé que puedo confiar en usted.

Claro que puede hacerlo.

¿Sabe cuál es el verdadero problema?

La imagen que muchos tienen de mí en la alta sociedad.

La imagen que la historia de Blanca me dejó.

Samuel, eso ya está olvidado.

No, no se crea.

Traté de sobreponerme con la inauguración de las Galerías Alday,

crear algo nunca visto en esta ciudad.

Lo sé, yo también compartí ese sueño.

Todos mis esfuerzos se fueron por el desagüe con esa bomba.

Se acabó intentar recuperar mi nombre.

Se levantará, estoy segura.

Debe ser usted la única, yo tengo dudas,

muchas dudas. Samuel, no puede permitirse dudar.

Siempre hay que levantar la cabeza y seguir adelante.

Yo también pensaba así,

pero he dilapidado todo lo que mi padre me dejó.

Me temo que incluso su memoria.

Tiene que sobreponerse a ello e intentarlo de nuevo.

Pero ¿cómo?

Lleno de dudas como estoy es imposible.

Yo puedo ayudarle,

tengo mi asignación. Pero...

creí que no quería conservarla usted,

que preferiría que fuera a parar a los menesterosos.

Antes no estaba convencida de qué destino debía darle,

pero ahora lo sé.

Quiero ayudarle a levantar de nuevo el imperio Alday.

¿Por qué?

Porque creo que se lo merece.

Creo que será capaz de honrar la memoria de su padre.

Muchas gracias, es usted tan generosa.

Tiene sus problemas y, sin embargo, aquí está, ayudándome.

¿Cómo podré agradecérselo?

Dejando que le cuide. Ahora voy a preparar algo de cenar,

que sin fuerzas no se consigue nada.

-Buenas. -Buenas noches, Servando.

Vaya frío se ha levantado de repente.

-Sí, no es nada típico para esta época del año.

-Hace dos días estábamos en verano

y ahora hay que abrigarse para salir.

-Para mí que de todo esto tienen la culpa los chinos.

-¿Los chinos?

Vaya sorpresa,

pues eso me lo tienes que explicar. -Sí, sí.

¿Usted sabe cuántos chinos hay en China?

-Muchos.

-Pues más de 400 millones.

-Qué barbaridad. -¿Y sabe cuántos españoles somos?

Veinte millones, así es que,

echando una rápida cuenta de la vieja, tocamos por cada español

a más de 20 chinos.

-Qué curioso, parece que somos muchos más españoles.

Es muy interesante, Servando, pero

¿qué tiene que ver que haya tantos chinos con que de repente haga frío?

-Sí, ahora mismo se lo digo, porque los chinos se ponen a soplar

todos juntos

"pa" desestabilizar España.

-Qué suerte tenemos que no les dé por saltar.

-Bueno, tendríamos un terremoto.

-No sé si voy a pegar ojo. Lo voy a intentar y me voy a casa.

Ten cuidado, no vaya a ser

que sigan soplando cada vez más fuerte y te constipes.

-No, yo estoy fuerte como un jabato.

-Se te ve que eres un macho ibérico.

Que no lo digo por lo del cartel, que eso fue una infamia.

En fin, buenas noches, Servando.

-Con Dios, buenas noches, señorito.

Sí.

Pues sí que hace frío.

Ahí está.

Vamos "pa" allá.

Cómo pega.

¿No te amuela?

Esto ha debido ser el viento, que se ha "llevao" el tope.

Hay que ver los chinos, ¿eh?

Si es que, todo lo que se proponen lo sacan adelante,

qué raza más privilegiada.

Cómo está cayendo.

Bueno...

¡Sereno!

¡Sereno!

-Sí, sí, tú llámame, que voy a salir corriendo a ayudarte

para que aprendas a ir con quejas a los señores.

Carmen había dejado caldo hecho, solo he tenido que calentarlo.

Muchas gracias, un caldo caliente

es lo mejor que me podía sentar.

¿No ha hecho hoy mucho frío para la época del año en la que estamos?

Sí, como siga así,

el invierno será largo y duro.

He asegurado los postigos de las ventanas de la cocina.

Solo queda asegurar los del resto de la casa.

¿Tanto viento hace?

Como para salir volando.

Espero que los mendigos que suelen ponerse delante de la iglesia

hayan encontrado abrigo.

Pero hay albergues para ellos, ¿no?

Sí, pero creo que no hay plazas para todos.

Hay párrocos que en noches como esta

suelen abrir las iglesiaspara que por lo menos duerman guarecidos.

Esperemos que el padre Telmo sea uno de los que hace eso.

¿Por qué me mira usted?

Por nada.

Perdone si le he incomodado,

es que me gusta verle comer así, con apetito.

Sería maravilloso ser como usted, anda siempre preocupada

por el bienestar de los demás.

No crea, todos pecamos de egoísmo.

Yo pienso más en mí misma de lo que debería.

No lo creo.

Sí,

y más en tiempos de cambio como estos.

El descubrimiento de mi relación con los marqueses

ha alterado mi mundo.

¿Le ha contado la verdad a Celia y a Felipe?

He preferido hacerle caso, cuanto menos gente lo sepa, mejor.

Solo usted y yo.

Prior. -Por fin llega.

-Vengo directo desde la estación, el tren ha sufrido un retraso,

lo lamento.

Me alarmó la nota que me hizo mandar a casa de los Álvarez-Hermoso.

-Hay motivos para la alarma. Tomemos asiento.

-Dígame, ¿qué ocurre?

-Hay alguien que ha estado recabando información

sobre el testamento de los marqueses de Válmez.

-¿Quién?

-Esperaba que usted pudiera indicármelo.

-El viaje no ha sido como se esperaba.

Creo que las intenciones de mi sobrina Celia y su esposo

no eran las que anunciaban. Creo que el trabajo

para el que Felipe me llamó, no era tal.

-¿Qué buscaba, entonces?

-Sonsacarme información.

-¿Con respecto a los marqueses?

-Así es.

-Pero usted no les desvelaría nada, claro está.

-No pude negar lo evidente.

-Don Joaquín, no me deja más salida.

-Vaya.

Servando, ¿qué hace durmiendo al relente, hombre?

-Mire que el tiempo está muy frío para la época del año

en la que estamos. -Sí, yo creo que hasta ha "helao".

-Ay.

No exagere, no exagere,

que estamos en verano.

-Pues serán las temperaturas, que han bajado,

o lo fría que está la piedra, pero tengo los riñones

como dos témpanos de hielo. -Muy buena cara no tiene.

-Sí, creo que hasta le ha "dao" fiebre.

-Pero ¿en manos de quién he estado yo?

Por el amor de Dios, que ese hombre ha estado hurgando en mis sesos.

-No te preocupes, que tampoco te ha dejado mal,

-Eso si fue él quien realizó la operación.

-Da igual,

sea como sea, tenemos que resolver

este entuerto. -Sí, pero ¿cómo?

-Le tenderemos una trampa.

-¿En qué estás pensando?

-Te hemos "llamao" por Servando.

-¿Qué ha "liao" esta vez? -"Ná",

que tiene una fiebre de caballo. -Le hemos con Carmen.

-¿Cómo se le ha "ocurrío" semejante disparate a este hombre?

-Bueno, eso no es lo importante, lo que importa es que le vea un médico,

y más ahora que luego. Que parece que le hayan metido

tizones ardiendo por dentro.

-Hemos "pensao" que don Higinio le eche un ojo, como es vecino,

lo mismo no le cobra "na". -Pues sí, me parece fetén.

Pero ¿y qué pinto yo en eso?

-Pues hemos "pensao"

que se lo pidas tú, como tienes más confianza con el galeno.

-Me barrunto que las cosas le han ido de perlas con lo de María.

-Chist. En este barrio, las paredes tienen oídos y las ventanas, ojos.

-No diré ni chus ni mus de eso.

-¿Y qué es lo que quieres?

-Simplemente venía a decirle que estoy a su entera disposición

para los trabajos que requiera.

-Bien, lo tendré en cuenta.

-Pero, eso sí, que estén debidamente remunerados,

usted ya me entiende. -"Aún no ha llegado Higinio".

-Y mientras, los invitados arrasando con todos los pasteles.

Serán gente con dinero, pero cuando es gratis comen el doble

que cuando tienen que pagar. -Pues saca más,

que todavía no se pueden ir.

¿Crees que Higinio va a venir? -Sí.

He ido a su casa a invitarle personalmente y me ha dicho que sí.

-Esperemos que sea así, porque si no, esta merienda no sirve de nada.

"Felipe"

tiene fama de ser un hombre muy ambicioso.

A saber de lo que sería capaz

si conociera los detalles de la herencia.

Podría incluso engañarla a usted.

No quiero pensar que alguien sea capaz de algo tan deshonesto.

Y mucho menos Felipe.

Se sorprendería de lo que algunos son capaces por dinero.

Pero, créame,

es mejor que no le cuente a nadie su verdadera identidad.

Considere nuestra sociedad disuelta.

-¿Qué está diciendo?

-Que no quiero volver a verle nunca más.

-No puede hacer eso, hay mucho en juego,

yo me merezco mi parte. -No insista.

Esta es mi última palabra.

-Yo tengo mis derechos sobre esa herencia.

-Ningún derecho tiene usted, ninguno.

Y más le vale callar y guardar el secreto

o las consecuencias serán terribles para usted.

"Sin pecado concebida".

Me alegra que haya vuelto a la iglesia.

Como ya le dije esta mañana, la casa de Dios

está abierta para usted.

Para eso he venido, padre, para pedirle ayuda.

Cuénteme, ¿qué es lo que le aflige?

Hay algo que me corroe por dentro.

Continúe, estoy aquí para guiarla.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 842

Acacias 38 - Capítulo 842

06 sep 2018

Higinio está metido en un lio, ha contraído deudas de juego con unos tipos peligrosos que le matarán si no salda la deuda. María le da todo el dinero del que dispone para sacarlo del entuerto. Samuel convence a Lucia para que no cuente a nadie quien son sus padres, ni siquiera a sus primos. Felipe encuentra a Samuel muy optimista no le importa la mala prensa que le ha hecho la Marquesa de sus joyas y finge ante Lucía para provocar su compasión.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 842" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 842"
Programas completos (890)
Clips

Los últimos 3.291 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Nuevo Capítulo 888 Completo 53:50 83% ayer
    Capítulo 888 ayer Lucía se deshace de Telmo. Samuel regresa de su viaje con nuevas obras de arte y se entera de que Telmo estuvo en su casa con Lucía. Carmen se piensa la propuesta del Adonis: darle las llaves de Sam...
  • Nuevo Capítulo 887 Completo 54:34 81% pasado lunes
    Capítulo 887 pasado lunes Lucía felicita a Samuel por la presentación de los cuadros, ha sido un gran éxito. Venancio advierte a Susana y a Rosina que los Escalona acabarán dando con ella. Rosina y Susana est&a...
  • Nuevo Capítulo 886 Completo 54:18 87% pasado viernes
    Capítulo 886 pasado viernes Samuel y Lucía organizan la presentación de las obras restauradas. Telmo se entera y decide ir a pesar de que nadie le ha invitado. Felipe, contagiado de las dudas de Celia, demuestra que Alicia mie...
  • Nuevo Capítulo 885 Completo 54:31 85% pasado jueves
    Capítulo 885 pasado jueves Telmo no se amilana ante las amenazas de Samuel. Es más, afirma que es el Alday quien debería de temerle a él. Cesáreo acude a prevenir al sacerdote, pero Telmo se mantiene firme. Agus...
  • Nuevo Capítulo 884 Completo 54:05 89% pasado miércoles
    Capítulo 884 pasado miércoles Telmo no se enfrenta a Samuel y el Alday se marcha. Úrsula cura las heridas del párroco y él miente al negar que nadie le pegara. Samuel aprovecha la situación para hacerse la ví...
  • Capítulo 883 Completo 54:35 87% 06 nov 2018
    Capítulo 883 06 nov 2018 Samuel amenaza a Cesáreo para que no se vaya de la lengua con la muerte del cochero. Telmo descubre que el sereno no ha ido a hablar con las autoridades; tiene miedo de Samuel. El Adonis llega para exigirl...
  • Capítulo 882 Completo 54:39 83% 05 nov 2018
    Capítulo 882 05 nov 2018 Cesáreo, presionado por Telmo, decide acudir a las autoridades y confesar. Las criadas organizan una merienda al sereno, que no remonta tras la muerte del cochero. Leonor investiga por qué su madre ...
  • Capítulo 881 Completo 55:01 85% 02 nov 2018
    Capítulo 881 02 nov 2018 El cochero Gutiérrez muere sin que Telmo pueda evitarlo. Batán ofrece a Samuel terminar también con el cura. Cesáreo sufre con la muerte del cochero y Telmo se da cuenta. ¿Qu&ea...
  • Capítulo 880 Completo 53:39 93% 31 oct 2018
    Capítulo 880 31 oct 2018 Telmo se cita con Gutiérrez, el cochero, al día siguiente. Él tiene la clave para saber qué ocurrió entre el cura y Lucía en el monasterio abandonado. Rosina y Susana acu...
  • Capítulo 879 Completo 54:06 86% 30 oct 2018
    Capítulo 879 30 oct 2018 Telmo ceja en su intento de acercarse a Lucía para evitar que Samuel monte un escándalo en la calle. Úrsula le da una pista para descubrir la verdad: el cochero que pidió Samuel. El Al...
  • Capítulo 878 Completo 53:06 83% 29 oct 2018
    Capítulo 878 29 oct 2018 Alicia se muestra ante Telmo tal y como es, una aprovechada que manipula a Lucía, pero el cura no consigue sonsacar quién la llamó ¿Samuel? ¿Espineira? Carmen recupera la joya d...
  • Capítulo 877 Completo 55:47 88% 26 oct 2018
    Capítulo 877 26 oct 2018 Telmo intenta convencer a Lucía de que Alicia no es de fiar y ha sido engañada, pero la muchacha no puede fiarse ya del cura. El párroco pide a Úrsula que encuentre a Alicia. Samuel y ...
  • Capítulo 876 Completo 53:54 86% 25 oct 2018
    Capítulo 876 25 oct 2018 Todos los vecinos reciben de nuevo a Telmo, excepto Lucía y Samuel. Lucía comunica a su prima la intención de irse a Salamanca y Celia se extraña. ¿Tendrá algo que ver co...
  • Capítulo 875 Completo 53:27 91% 24 oct 2018
    Capítulo 875 24 oct 2018 Telmo hace un pacto con Espineira para librarse de su destino en las misiones. Lucía no es capaz de olvidar al sacerdote. ¿Qué le habrá pasado tras el juicio?. Rosina se ofende cuando ...
  • Capítulo 874 Completo 54:01 88% 23 oct 2018
    Capítulo 874 23 oct 2018 La llegada del nuevo párroco a Acacias es mal recibido por todos; echan de menos a Telmo. Felipe y Celia interrogan a Alicia sobre lo que le ocurre a Lucía, pero la muchacha no les cuenta la verdad....
  • Capítulo 873 Completo 54:44 84% 22 oct 2018
    Capítulo 873 22 oct 2018 Lucía declara en contra de Telmo al recordar el testimonio de Alicia y de cómo el cura se aprovechó de ella. Alicia le agradece su valentía, pero Lucía duda si ha hecho lo corre...
  • Capítulo 872 Completo 50:04 89% 19 oct 2018
    Capítulo 872 19 oct 2018 Alicia cuenta su historia con Telmo a Lucía y la muchacha parece creerla. Felipe curiosea quién es Alicia, pero Samuel le miente ¿con qué intención? Rosina sigue intentando desc...
  • Capítulo 871 Completo 54:41 84% 18 oct 2018
    Capítulo 871 18 oct 2018 Lucía se niega a declarar en el juicio en contra de Telmo y Samuel le presenta a Alicia, que se anuncia como una víctima más del párroco. El prior muestra a Samuel un bote de adormider...
  • Capítulo 870 Completo 50:52 90% 17 oct 2018
    Capítulo 870 17 oct 2018 Samuel logra disipar las dudas que Lucía tiene respecto a él. El promotor Benjamín Corral ha quedado encantado con la obra de teatro y cierra un trato con Leonor. Tras el éxito de la o...
  • Flora besa a Carmen Fragmento 3:39 40% 16 oct 2018
    Flora besa a Carmen 16 oct 2018 La obra de teatro ha puesto patas arriba el vecindario. Sin embargo, los vecinos se han unido, unos más que otros, para homenajear a Servando. Flora se ha metido de lleno en el papel de Martina, ha terminado besa...

Añadir comentario ↓

  1. anhipla

    Casilda es hija de María y Maximiliano

    10 sep 2018