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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 837 - ver ahora
Transcripción completa

Recuperará su dinero con creces.

Los Alday siempre hemos afrontado nuestras deudas.

No seré yo quien ensucie mi apellido a estas alturas.

No sabe cuánto me complace escucharle, don Samuel.

Admiro su entereza, dada la situación en que se encuentra.

Es solo una cuestión de honor y de carácter.

Vamos, Úrsula, deje de atormentarse.

Está en mi casa, no tiene nada que temer.

Ayúdeme a sentarla.

Lo siento.

Lo siento. Descanse un rato.

Ha pasado por una dura prueba. Reposada lo verá todo mejor.

"Y si no reaccioné" con alegría es porque

me quedé impresionado.

Pero claro que quiero un hijo tuyo, mi amor, nuestro.

-¿Lo dices de verdad?

-Nada podría hacerme más feliz.

-¿Cuánto? -Suficiente.

-¿Suficiente para qué, hasta cuándo?

-Podrás dar ese ágape por todo lo alto

y pasaremos un tiempo sin estrecheces.

-¿Nada más? -¿Te parece poco?

Podremos ocultar nuestro malpasar.

¿Ha vuelto a hablar con Samuel? Parece que va mejor de ánimo.

Fiemos en que ponga de sus medios para salir del agujero.

Pero no me ha informado sobre eso.

Esto es para ti.

"¿Tanto significa ese hombre para usted?".

Es algo más que amistad.

No creo que esta conversación sea adecuada para llevar con usted.

Ya sabe que puede decirme cualquier cosa,

no se le olvide.

-¿No creen que antes de dar la noticia

deberían haberlo confirmado antes?

-¿Confirmado? -Le pasó a una prima mía.

Se puso a regar a los cuatro vientos y, luego, nada de nada.

Tuvieron que intentarlo durante años.

(LEE) "El presente apremio certifica

que de no abonar 2000 pesetas en el plazo reseñado,

las fuerzas del orden procederán al desalojo

de la casa situada en Acacias 38, planta primera".

(Llaman a la puerta)

Carmen, no sé cuántas veces te he dicho que no quiero interrupciones.

Ya, señor, pero la señorita Lucía está aquí

y, dice que no se va sin verle.

Lo que vale para el resto del mundo, también vale para ella.

No me creo que no tenga un minuto

para una amiga.

Está bien, Carmen,

déjanos solos.

Vengo a ofrecerle mi ayuda para lo que necesite.

¿Sabe usted utilizar un calibre?

¿Sabe usar una bigornia, un palo para calibrar,

sabe usar unas tenazas?

¿Un tas?

No. ¿Qué es eso?

Herramientas de joyería.

Si no sabe usarlas,

no puede ayudarme.

Samuel, no puedo hacer su trabajo,

pero tal vez pueda hacer algún recado o...

No preciso de nada. Gracias.

No quería incomodarle.

Lo sé, pero estoy muy ocupado y no tengo tiempo

para charlas.

Si me necesita para algo,

mándeme llamar. Así lo haré.

Si es tan amable, cierre la puerta al salir.

¡Maldita sea!

(Sintonía de "Acacias 38")

En el altillo han dejado los uniformes de gala para el ágape.

-Gracias. -No hay de qué.

Los huevos, para hacerlos rellenos. Ya sabes, con atún

y un poco de tomate. -¿Ha traído cebollas?

-Sí, en el fondo del capazo. No tengas prisa, Casilda.

¿"Usté" sabe hacer huevos rellenos, María?

-En la cocina sé hacer todo lo que le gusta al señor.

Pero monerías de canapés, bocaditos, nanay.

-Bueno, no se apure, que nosotras la echamos una mano.

Porque de repostera es usted la mejor,

ya probamos su bizcocho.

-Higinio es goloso, a la fuerza ahorcan.

-No se preocupe, que "to" lo que no sepa, yo le enseño,

como la "señá" Fabiana me enseñó a mí.

-Y te queda mucho por aprender.

-Si hay alguien con la que llevarse fetén,

es con la "señá" Fabiana,

que es una madre para nosotras.

-¿Es "usté" madre, María?

-No, pero me gustaría.

Lo que pasa es que la vida no me ha dado la oportunidad.

-Las criadas no lo tenemos fácil.

-¿Usted tampoco tiene hijos?

-Sí. Tuve una, pero murió hace mucho.

-Por eso se vuelca en nosotras.

Vamos a trabajar, que hay que preparar el banquete.

-¿Qué más ha traído, "señá" Fabiana? -Pues mira,

queso cremoso "pa" los canapés. -(RÍE)

-¿Y caviar?

¿No ha traído?

A mí me pierden los "canapieses" de caviar.

-(RÍEN)

-Eso es muy caro, chiquilla.

Oye, que ya voy tarde.

Os dejo todo esto aquí,

que yo me voy al quiosco a colocarlo.

Vengo más tarde por si necesitáis ayuda.

-Muchas gracias, señora Fabiana. -No hay de qué.

Estamos "pa" ayudarnos las unas a las otras.

A más ver.

-¿Conociste a la hija de Fabiana?

-Pues sí.

Pero es una de esas personas a las que uno conoce

y luego quiere olvidar. Se llamaba Cayetana.

Ya se enterará

de esa historia. Mire que espárragos.

Estos van a quedar fetén

con una mahonesa que hagamos en el último minuto.

"Pa" rechupetearse las yemitas de los dedos. Tenga.

¿Has firmado un papel sin saber lo que decían?

-Era la emoción del momento de que me habían seleccionado.

-¿Y si el contrato dice que les debes un millón de pesetas?

-¿Un millón? No existe tanto dinero.

-Pues imagínate en el problema en el que te ves. A ver...

Parece que está todo en orden. No les debes un millón de pesetas.

Pero que sea la última vez que firmas un contrato sin leerlo.

-Si es que apenas sé leer.

Sus nombres para llevarles el correo y poco más.

-Pues que te acompañe un abogado. -Eso vale un parné que no tengo.

-Pues me lo dices a mí y te lo hago gratis.

-Gracias, don Felipe. Y ya que lo ha leído,

¿me puede decir qué he firmado? -A ver.

El único punto importante del contrato es este.

Les das tu autorización para usar

el anuncio en cualquier parte del mundo.

Si me lo hubieras dicho antes,

habríamos conseguido sacar unos cuartos.

-¿En cualquier parte del mundo? -Sí, eso pone.

-¿Incluso en Cuba? -Si venden el tónico allí, sí.

-Entonces podrá verme mi Paciencia.

-Sí, Servando, te vas a hacer famoso.

Más famoso que el rey de España.

Quizá un día me contratas.

-Si eso me pasa, será al primero al que llame.

-Gracias. Y no firmes ningún contrato sin saber lo que pone,

puedes buscarte la ruina.

-Muchas gracias, don Felipe. A mandar.

-Con Dios. -Con Dios, don Felipe.

(SILBA)

Ay.

-¿Qué? ¿Le ha dicho algo don Felipe del contrato?

-Se ha "quedao" atónito. Ha dicho

que no ha visto un contrato igual en su vida.

-¿No le han engañado?

-Al contrario, me ha dicho que ni siquiera él lo habría hecho mejor.

Que se nota que me respetan y me tienen en gran estima.

Y que posiblemente me hagan una estrella mundial.

-¿Mundial? -Sí.

Y no le extrañe

que dentro de poco tenga que recorrer lo largo

y lo ancho de este mundo viajando:

América, Argentina,

EE. UU., Pernambuco, Cuba...

-Ya. Pues a ver si se lo llevan pronto.

-(RÍE)

(SILBA)

Esto se merece palillo nuevo, hombre.

Ya está. Así está perfecta.

-¿Me queda bien esta corbata?

-Está hecho un Adonis.

Si Miguel Ángel le viera, le haría una escultura.

-El único problema es el grano que le ha salido en la frente.

-¿Qué grano, cómo que grano? Déjeme un espejo.

-No le haga ni caso, no tiene ningún grano.

-A ver, parece que le estás requebrando, me tendré que defender.

-Si al Miguel Ángel le hacen una escultura,

a ti Goya te hace un cuadro. -Sí, El majo desnudo.

-(RÍEN)

-¿A qué hora llega Lolita?

-Viniendo de Cabrahígo nunca se sabe.

Se sabe más o menos cuándo sale el tren,

y en teoría llegará en tres horas.

A saber.

-Si no se retrasa, podemos ir esta noche a un café teatro los cuatro.

-No. Esta noche quiero estar a solas con Lolita.

-Como debe ser. -Además,

seguro que luego la rondan mi padre, doña Trini,

y no tendremos un minuto a solas. -Usted persevere.

-Pero que el plan del café teatro no caiga en saco roto.

-En absoluto, más ganas que yo no tiene nadie.

En fin, ¿cómo estoy?

-Perfecto.

-Pues me voy a la estación. -Pero si el tren tarda tres horas.

-Mejor ir con tiempo que no llegar corriendo.

Además, quiero comprar un ramito de flores.

-Se muere de ganas de ver a su Lolita.

-Las mismas que yo tendría de verte a ti.

-¿Sí? ¿Irías a la estación con cuatro horas de margen?

-No.

Yo, el día antes, dormiría en el andén.

¡Flora, que estamos en un lugar público!

Vaya batiburrillo de papeles tiene desperdigados por la sala.

Oh. Sé que debería de trabajar en el despacho,

pero no me apaño, demasiado formal. Mejor en el salón.

Mientras saque adelante el trabajo. No la molesto más.

¿Estás bien?

Sí, sí, perfectamente.

Lucía, te conozco, ¿qué ocurre?

Estoy bien, prima, no se apure.

¿Samuel?

Ayer fui a visitarle a su casa para ofrecerle

mi ayuda. Muy generoso por tu parte.

Me ignoró por completo.

Entiendo que esté ocupado, que tenga en la cabeza preocupaciones,

y que trate de salir adelante a través de su trabajo,

pero quien te aprecia no merece desplantes.

Lo más probable es que eligiera un mal momento para visitarle.

Es normal que le quieras justificar, pero no tiene justificación.

Quizá haya ocurrido algo que no sepamos

y haya empeorado aún más su situación.

(RESOPLA)

Viene Felipe. Tal vez sepa algo de cómo van sus asuntos.

-Mirad con quién me he encontrado en la calle.

-Tío Joaquín.

Ah.

Deje, que la ayudo.

No, no hace falta.

Puedo sola.

Entre las dos tardamos la mitad. Lleva usted un capazo muy viejo.

Es el que había en casa.

Pues dígale al padre Telmo que se gaste unos cuartos y le compre otro.

-¿Qué hace, señorita Flora?

-Ayudar a doña Úrsula, que se le ha caído la compra.

-¿Desde cuándo a una criada se la trata de doña?

Deje que recoja ella sola.

Ya está todo recogido.

Muchas gracias, doña Flora.

Con Dios.

-Están siendo muy crueles

con ella. -Lo que merece.

-Se ve que no está bien.

-Y peor estaría si de mí dependiera.

Viviendo junto al arroyo de la Santísima me gustaría verla:

peleando por cada mendrugo de pan con las ratas.

-Fabiana, usted no es así,

la conozco de hace tiempo

y, siempre está dispuesta a ayudar y a perdonar.

-Usted no sabe ni la mitad de la historia de Úrsula, señorita.

Llegó al barrio siendo criada, al altillo,

y nos hizo la vida imposible.

Luego se convirtió en señora y fue todavía peor.

-Pues vuelve a ser criada,

¿no cree que el destino ya ha sido suficientemente cruel con ella?

-¿Sabe quién era doña Cayetana?

-Sé que era una vecina del barrio, pero apenas sé nada más.

-Algún día se lo contarán.

Doña Cayetana era mi hija y murió.

Pregunte si alguien sabe que Úrsula tuvo algo que ver con su muerte.

En la vida todo se perdona, todo menos eso.

Cuando tenga hijos lo sabrá.

-Lo siento.

-Y no la llame doña Úrsula, no es más que una criada.

No se preocupe, Felipe, estaré perfectamente.

-Ya sabe que si necesita algo, es solo pedirlo.

-Hemos estado unos días sin criada, ha tenido que ir a su pueblo

para atender a una pariente enferma, pero vuelve hoy.

Mañana estará trabajando.

-No quiero causarles molestias.

-¿Quiere tomar algo?

-Bueno, nada más que un vaso de agua fresca.

-Ahora mismo se lo traigo.

¿Qué tal ha ido el viaje, padrino?

Bien, muy bien, los trenes son cada vez más cómodos y más rápidos.

-Siempre que se viaje en primera. -Por su puesto, amigo Felipe.

No se me ocurriría viajar en otra categoría.

Aunque, bueno, el lugar donde vivo no tenga

tantos lujos como esta casa. -No le creo.

Seguro que los adelantos de la sociedad han llegado a su ciudad.

-Ya nos gustaría que todo fuera tan rápido.

-Aquí tiene, bien fresquita. -Gracias.

¿Ha visto algo de la ciudad?

-Poco, vine derecho

de la estación.

Puedo enseñarle los Jardines del Príncipe.

Es un parque maravilloso.

Tengo una casa en el campo, Lucía.

Decenas de hectáreas para ver y recorrer cada mañana.

No vengo a urbe como esta para conocer un parque.

Es lo último que deseo.

-Además, tenemos que hablar de asuntos muy importantes.

¿Quiere refrescarse y después charlamos en el despacho?

No sabía cómo abordar el tema sin parecer precipitado.

Me muero de ganas de saber por qué una familia relacionada

con la casa real puede necesitar los servicios de un abogado como yo.

-Ya hablarán de eso, tío Joaquín.

En su cuarto tiene todo lo necesario para asearse.

Hay un baño en la puerta de al lado.

-Le acompaño y se lo muestro.

-No ha sido

muy agradable, ¿o me lo ha parecido?

Es un hombre poco dado a mostrar sus afectos.

No hay que darle más importancia.

Esto... Esto está perfecto.

-(SUSPIRA ALIVIADA)

-No necesita ni seguir usando vendaje.

-¿Eso significa que estoy curado? -Y requetecurado.

-Ay, qué bien. Qué alegría más grande, doctor.

Si no fuera por usted...

-Se habría curado igual.

No exagere con mis méritos, doña Rosina,

algo ha tenido que ver don Liberto también.

-Y usted no sea tan modesto, que sabemos que tiene manos de santo.

Ya me gustaría.

Por cierto, don Liberto, no conviene que le dé el sol,

mientras le termina de crecer el pelo, use sombrero,

al menos en la calle.

-Ah, bueno, pues hoy le voy a comprar un elixir capilar.

-No haga eso, doña Rosina.

A saber lo que le echan a esos elixires.

Mejor no arriesgarse a una infección.

-Me he acostumbrado al sombrero y lo echaría de menos de no hacerlo,

así que me apañaré sin el elixir.

-Mejor, ya verá cómo el pelo le cubre la herida en pocos días.

-¿Cómo se está portando Casilda?

-Maravillosamente bien.

Sin ella no podría dar el ágape.

María es una muy buena criada,

pero cocinando deja mucho que desear.

-En la Deliciosa preparan comidas y bebidas para eventos

y, lo hacen muy bien. -Bien y caro.

Cuando acabe de pagar mis deudas,

haré otra merendola encargándolo todo en la Deliciosa.

-Se está gastando tanto en esta celebración, que me siento culpable.

Yo fui quien le propuso

que reuniera a los vecinos.

-No se preocupe,

era mi deber hacerlo y me alegro de que me lo indicara.

-Pero con sus estrecheces económicas...

-Dios proveerá. -¿Ha invitado

a compañeros del hospital?

-Pues ahora que lo menciona,

no, ni lo había pensado.

Les voy a confesar algo, sin que se lo digan a nadie: los médicos son

tan aburridos... -(RÍE)

No lo dirá por usted.

-Debe ser que soy el único médico entretenido de España.

Ahora tengo que marchar, tengo mucho trabajo.

Un placer verles, como siempre.

-Le acompaño. -No se preocupe, conozco el camino.

Con Dios. -Con Dios.

Qué suerte tenemos con este hombre. Ay.

-(CHISTA)

Bueno, mi amor, adelante, ya estamos en casa.

Venga, así, despacito.

¿Estás cansada?

Ven y siéntate ahí

y, descansa. Así.

Así. Siéntate. Eso es.

Ramón, ¿me dejas...

que vaya a coger el libro que me estoy leyendo?

-¿El de la mesilla de noche? Yo te lo traigo.

Tú descansa, que has caminado mucho. Siéntate.

Además, te vas a poner esta mantita para las piernas.

-Ramón, no hace falta.

-Las corrientes de aire son traicioneras y en este salón

hay muchas. Así que... Eso es.

Voy a por el libro yo.

-Vaya nueve meses te esperan.

-Siete, que según el doctor Aguado estoy de dos.

Menos mal.

-Es normal que Ramón te quiera cuidar.

-No sé si es normal o no,

de lo que estoy segura es de que no sé cuánto tiempo lo soportaré.

-Aquí tienes el libro.

Y esta chaquetita para los hombros.

Así. Mira qué guapa. -Ramón, no hace falta.

-Si no me cuesta nada.

Tenía que haber conocido a la eminencia del doctor Aguado.

-Ya, ya me ha contado Trini.

-No creo que haya nadie que sepa más de embarazos.

-Las mujeres sabremos algo, ¿no?

-Sí, de la práctica sabéis más,

pero de la teoría, él sabe más que nadie. Eso es lo importante.

-Tú dile que tenga un hijo en teoría, verás que cosa más fea sale.

¿Sabes lo que me apetecería, Ramón?

-¿Tienes un antojo? Dime.

-Unas uvas.

-¿Y de dónde saco yo unas uvas?

-De la cocina. Es temporada. Seguro que Fabiana ha comprado.

-Sí. Pues voy por ellas.

-¿De verdad tienes un antojo?

-Que antojo ni nada. Lo único que quiero es que me deje en paz.

¿Te crees que es normal?

Una manta, una chaqueta de lana...

Solo me falta un abrigo.

A este paso voy a coger el sarampión de tanto calor.

-Tranquila, esto le durará dos días. -Eso espero.

Yo que pensaba que no le iba a hacer ilusión lo del embarazo.

-Era imposible.

-Aquí tienes, mi amor, tus uvas. -Gracias, mi amor.

Querido, digo yo, haz una cosa,

ves a comprar los libros esos que te ha recomendado el doctor.

Aprovecha, que está Celi haciéndome compañía.

-¿No le importa?

El doctor me ha recomendado

que lea unos libros que contienen los últimos avances

y descubrimientos sobre el embarazo.

Quiero conocer

cada cambio que se produzca en el cuerpo de mi esposa.

-Pero a mí no me lo cuentes. No tengo el menor interés.

-Vaya, vaya, don Ramón, yo me quedo con ella.

-Gracias, Celia. Volveré lo antes que pueda, Trini.

-Ve sin prisas.

(RESOPLA)

-¿Podrás ir a la merienda que da don Higinio?

-Eso espero. No lo sé.

Lo mismo a mi esposo le da por decir que las embarazadas

no podemos merendar. ¿Tú vas?

-Sí. Intentaré llevar a mi tío Joaquín, así lo presento.

-Mejor, así le diré a Ramón que no nos lo podemos perder.

(SUSPIRA)

María, hágame sitio "pa" poner los canapés.

-Tiene todo un aspecto maravilloso.

-Ya solo falta que les guste a los invitados.

-Que no les guste, que nos lo comemos nosotras.

-Pues se nos iba a poner la tripa hinchadísima.

¿Nos hemos "dejao" algo?

-Creo que está todo lo que pusimos en la lista. ¿Será bastante?

-Sí, más que de sobra. ¿Y la bebida? -Por ahí.

-¿Ha "probao" el ponche?

-Un sorbito, que no quiero que se me mezclen los nombres de los vecinos.

-Yo ni lo cato, porque que una vez me pasé

y, doña Rosina casi me pone de patitas en la calle.

Me puse a bailar

en medio de la sala y "to".

Qué vergüenza.

-¿Qué tal, todo listo?

-No me diga que no parece una comida de una recepción en el palacio real.

-Pues nunca he estado en una, pero

creo que no tenemos nada que envidiarle a don Alfonso.

Mis dos cocineras son mejores que las suyas.

-Gracias, señor doctor.

¿Quiere probar algo mientras llegan los invitados?

-Pues... una croqueta.

-Muy buen elección.

Es una receta de la "señá" Agustina, la antigua criada de esta casa.

Es de puerro y gambas.

-¡Está exquisita! ¿Una servilleta no hay?

-Ya sabía yo que algo nos dejábamos.

Ahora mismo las traigo.

-Si tú te comes una, yo otra. -Cuidado, no te vea tratarme así.

-Sí que está rica.

Si no es por Casilda, no damos este ágape.

-Un auténtico descubrimiento esta chica.

-Ni se te ocurra, déjala en paz.

-Aquí le traigo, tenga.

-Muchas gracias. -No hay de qué.

¿Don Antoñito,...

"andé" está la Lolita?

-Eso me gustaría saber a mí.

He esperado a que salieran todos los pasajeros, pero ella no estaba.

-¿No se habrá equivocado de tren, o de día?

-He comprobado mil veces la fecha y el tren que ella me decía.

-¿No habrá "perdío" el tren?

-No creo. Además, me habría avisado, en Cabrahígo tiene teléfono.

-A la pobre ni se le habrá "ocurrío".

-¿Y si la han secuestrado?

-Señor, no piense eso. -¿A Lolita?

Solo con darle de comer, ya no les compensa el rescate que le den.

-Lo digo en serio.

En los periódicos, se ve cómo secuestran a chicas jóvenes

para venderlas como esclavas.

-Lolita le da dos mandobles al secuestrador

y, se le acaban las ganas de llevar muchachas a ningún sitio.

-Qué va. Ella es tan delicada...

-¡Antoñito!

-¿Maritornes?

-Ven "pa" acá. -¿Lolita?

Pero...

-Ay.

Ay.

-¿De dónde sales? No estabas en el tren.

-Me bajé "pa" orinar y no me dejaron subir.

He corrido lo menos 100 metros detrás del tren.

-¿Y cómo has llegado?

-En un carro de mulas que traía miel a la ciudad.

Mira, me han "dao" un tarro. Vente. "Pa" ti.

-Gracias. ¿Y el equipaje?

-En el tren. Tendremos que ir a la estación a por él.

-Lolita, eres un desastre.

-Lolita, qué alegría de verte, hija.

Te hemos "echao" mucho de menos.

-Y yo a ustedes, Fabiana.

Muchas gracias. Ya tenía ganas de volver.

-¿Y cómo está tu tata Concha?

-La mar de bien. Ya fuera el peligro.

Y tuve tiempo de hacerle la fiesta. -¿Las fiestas del pueblo?

No, las más importantes, las del "Tumbao" "resucitao".

Para celebrar la mejoría de la tata Concha

después de un mes "tumbá".

-¿Cuántas fiestas hay en Cabrahígo? -14.

No, 15. Que se me olvida la de la Romería de la pata coja.

-¿Quince?

-No intente entenderlo Agustina, es Cabrahígo.

-¡Lolita!, qué ganas tenía de que llegaras.

Qué golpes. -Gracias, Servando, qué emoción.

-¿Te lo han contado?

Voy a ser la imagen de Tónico El Coloso en todo el mundo.

Voy a ser más famoso que el Lagartijo.

-Hay novedades en el barrio, Lolita, ven y te las cuento.

-No, no, no, no, pero, pero

nos dejarán a solas a mi prometida y a mí, ¿no?

-Tendremos tiempo, Antoñito.

¿Qué novedades son esas, Fabiana?

-Primero lo de mi Tónico, ¿eh?

-Ya habrá tiempo, Servando, ya habrá tiempo.

Señor, no ha probado la comida.

No tengo tiempo.

No come nada desde ayer.

Si sigue así, terminará desmayándose

y no podrá trabajar.

Carmen, sé que quieres ayudar, pero no lo estás consiguiendo,

solo quiero quedarme tranquilo y seguir trabajando.

Si cambia de opinión

y quiere comer algo, a la hora que sea.

Samuel, esto es absurdo.

¿Es que no voy a poder trabajar tranquilo en mi propio despacho?

No digo que deje de trabajar, pero necesita comer algo,

porque su salud no entiende de problemas económicos

y plazos por cumplir.

No me voy a mover de aquí hasta que le vea comer.

Ya está, ya he comido. ¿Puedo seguir trabajando tranquilo?

Samuel, no me merezco

este trato.

Antes me ofreció su ayuda. ¿Quiere ser útil de verdad?

Claro, nada me haría más ilusión.

Dese la vuelta, voy a ponerle una gargantilla.

Míreme.

Perfecta.

Preciosa.

Mi padre estaría orgulloso de esa gargantilla.

¿Qué le parece?

Un poco incómoda.

¿Qué?

Me pregunta y le digo la verdad.

Es muy bonita, sin duda,

pero es incómoda.

Me oprime y me pellizca por los lados.

Usted no sabe nada.

Lo siento.

Quizá, si fuera más amplia,

se adaptaría mejor. Quizá si su cuello fuera más fino...

Nunca me habían dicho que no lo fuera.

Quizá la marquesa para la que los está fabricando

sea más fina que yo.

¿Me ayudaría a quitármelo?

Solo habría que añadir uno o dos eslabones más.

Tampoco creo que fuera para tanto.

¿Puedo ver esa ninfa?

Este diseño es de mi padre.

¿Qué ocurre?

Nada.

No, no. Quiero saber cuál es su opinión.

Hay algo raro en la cara.

Como una imperfección de la joya o algo así.

Y encima viene a darme lecciones.

Toda la vida trabajando con joyas y viene a darme lecciones.

Lo siento.

De verdad, no pretendía ofenderle, solo ayudarle.

Váyase. Váyase y llévese la bandeja.

"¡Doña Trini!".

¡Doña Trini!

¡Doña Trini!

¡Ay! ¡Doña Trini!

-¿Qué ocurre, Lolita, hija? -¡Enhorabuena!

-¿Cómo que...? -Perdón, perdón.

-Pero ¿ya te lo han dicho?

Te quería dar la sorpresa. Antoñito, eres de lo que no hay.

Ni un segundo te lo has guardado. -Yo no he dicho nada.

-He sido yo.

No sabía que no se lo podía decir. -No pasa nada.

-Lo importante es que usted esté bien y que esa criatura

venga a esta casa. Hacen falta críos. ¿Cómo has "sío"?

-Eso ya los sabes.

Quieres preguntar que desde cuándo lo sé.

-Eso. ¿Y qué ha dicho don Ramón?

-Hoy ha sido la confirmación oficial, pero lo sé desde hace dos semanas.

Y, Ramón, pues imagínate cómo está.

-Pues encantado, Lolita, ¿cómo voy a estar?

Solo espero que se parezca a su madre, la mujer más guapa.

-¿Me permite, suegro?

-Puedes, pero miedo me das. -Si es que...

¡Ay! ¡Enhorabuena! (RÍEN)

Suegro, que sepa

que ese niño o niña no podría tener mejor padre que usted.

-Gracias, hija, gracias.

Sin respiración me has dejado, Lolita.

(TRINI RÍE)

Bueno, Lolita, lo más importante, cómo está la tata.

-El médico no supo lo que tuvo.

A veces le daba fiebre, otras veces no se podía mover...

Pensamos que teníamos que darle el requiemtempache.

-Pobre mujer.

-Ya. Afortunadamente,

ya está bien. Tiene una salud de roble.

Toma jugos de erizo de campo. Bueno para no coger enfermedades.

Usted debería de tomarlo, doña Trini.

¡Ay! Le he traído cardo cagrahiguense.

-¡¿No me digas?!

-Se lo daré cuando recupere el equipaje.

-Nada que no recete el médico.

-Descuide, padre, que de aquí al parto,

quedan unos cien ritos de Cabrahígo.

-No me los pierdo por nada.

-La limpieza de los rincones con romero y tomillo.

-Ay, sí, con la corona de flores de jara.

-Y la bendición del nombre por san Pantaleón.

-Y de San Castellote. -Ese santo no existe.

(AMBAS) En Cabrahígo sí.

-Bueno,

ya repasaremos todos los santos,

yo creo que ahora tienen que irse a casa de don Higinio.

-Ay, sí. -¿Es que tú no vas?

-No lo sé, a lo mejor más tarde,

pero me gustaría quedarme, al menos, cinco minutos con mi prometida.

-Ay, hijo, claro que sí. Vámonos.

Fuera todo el mundo. Celi, ayúdame.

(LOLITA RÍE)

Te he echado tanto de menos...

-Y yo a ti.

-¡Ay!

Ay... Quita, quita, quita "p'allá".

Ay, mi Lolita, ven a mis brazos.

Ay, Dios mío, lo que te he echado de menos, Lolita.

No te "pues" imaginar

la cantidad de cosas que han "pasao", ¿eh?

Fíjate tú. Doña Úrsula ha vuelto.

-¡Uh! -Sí.

(LOLITA RÍE) -¡Ay!

¿Estaba todo a su gusto?

Sabe usted que sí.

No me lo pregunte a cada rato.

Es que no quiero que tenga ninguna queja de mí.

Y no la tengo.

Usted tranquila.

¿Quiere que le prepare un café?

No me da tiempo.

Quiero llegar a la Biblioteca Nacional.

Recuerde que el sacristán vino a avisarnos

que tenía usted confesiones.

Hay una dama que únicamente quiere confesarse con usted.

Es verdad.

Lo había olvidado.

La gente debía pecar menos,

así no tendría que confesarse.

Se acabó mi deseo de perder la tarde en la Biblioteca.

Voy a la iglesia. Con Dios.

Por Dios...

(Puerta)

Buenas tardes, doña Úrsula.

¿Puedo pasar? Por supuesto, doña Flora.

Le traigo un regalo.

¿A mí?

Es un capazo nuevo.

Para que no se le caigan las compras.

Muchas gracias.

Y también le he metido una prenda para que se adecente.

Y unos bizcochos borrachos, los que más le gustan.

Tenga.

Muchas gracias.

Dios la bendiga.

Usted y el padre son lo único bueno que me ha pasado

desde que salí de la clínica. No tiene importancia.

Con Dios.

Con Dios.

Gracias.

Lo que esta familia quiere es que lleven sus bienes.

-¿Cuantiosos?

-No vi los libros, pero es de suponer.

Tiene mucha relación con la familia real.

Ya sabe a lo que me refiero.

Pertenecen a la élite económica de este país.

-Fincas, inversiones en bolsa, administración de la casa familiar,

alguna industria...

-No conozco los detalles, pero es de suponer, sí.

-¿Y por qué ha pensado en mí para recomendarme?

-Pues, en primer lugar, porque somos casi familia.

Y en segundo, porque sé que hizo una gran labor con los marqueses.

¿Cuánto tiempo fue su administrador?

-Cuatro años. -Ah.

Pensé que había sido más.

Lucía dijo que se conocía desde siempre.

-Les conocí hace cuatro años.

-Curioso siendo tan famosos como eran.

Lucía también nos comentó... -No crea todo lo que dice esa joven.

Solo es una jovencita soñadora... Se habrá inventado una vida

en la que se codeaba

con lo mejor de la aristocracia.

-Buenas tardes. ¿Camino de casa de don Higinio?

-Sí, para allá voy yo. ¿De verdad que no quiere venir?

-Prefiero descansar.

-Disculpe. Liberto, un amigo, don Joaquín.

Tío de Celia y padrino de Lucía. -Encantado.

-Mucho gusto. Si no les importa, subo a casa.

-Por supuesto, no le molestamos. -Con Dios.

-¿Sabe algo de Samuel?

Ayer estuve visitándole y parecía un poco esquivo.

-No.

Y estoy preocupado por él.

¿Va a subir?

-Sí, pero antes voy a por Rosina. -Vaya.

Luego comentaremos sobre nuestro amigo.

Nos vemos donde don Higinio -Será un placer.

-Con Dios. -Con Dios.

¡Ay!

Un párroco nuevo entonces...

-Sí, el padre Telmo.

Bien guapo que es.

-¡Carmen, que es un cura!

-Pues yo estoy con Carmen.

Todo lo cura que se quiera, pero un hombre la mar de rebonito.

-¡Uh!

Tendré que ir a conocerle

a ver si me gusta más que mi Antoñito.

-Pues vete a conocerle y luego me cuentas.

-Bueno, pues "na",

enseguidita me bajo a ayudar a la María.

La "criá" de don Higinio.

-Oh.

-El nuevo inquilino de la casa del coronel. Un médico.

-Ha estado años en misiones, sin cobrar nada.

-Un gran hombre.

-Mejor era don Arturo.

Me he quedado trabajando en la sastrería.

-Sí, me lo contó Antoñito.

Y también lo de las galerías Alday. Cómo tuvo que ser eso.

-Terrible. Pensamos que don Liberto

las iba a espichar.

-Tampoco se lo contéis todo hoy. Podéis dejar algo para mañana.

Si no os importa,

cada mochuelo a su olivo, quiero estar con Lolita.

-Venga, eso es verdad.

Que no han podido hacerse carantoñas.

Hala, arreando todas, venga.

¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

Sin efusividades, que estoy ahí al lado.

(Música lenta)

La llegada de una criatura siempre es motivo de alegría.

-Sí. -Pásate por la sastrería

y escogemos ropa

para cuando te cambien las medidas. -Eso es lo que más miedo me da.

-Mire de qué cosas se preocupa, doña Susana.

Trini, el embarazo embellece a las mujeres.

-Doña Trini,

enhorabuena de nuevo. Y a usted. -Muchas gracias, doctor.

-Mi especialidad no son los embarazos,

pero estoy a su disposición para lo que necesiten.

-Me tranquiliza. Un honor tenerle en el barrio.

-El honor es mío. ¿Me disculpan?

-Todo está riquísimo. -Gracias a Casilda, lo ha hecho todo.

Si pudiera, se la robaría.

-Por encima de mi cadáver.

(RÍE)

-Amigos.

Un momento, por favor.

Un aplauso para Casilda.

Gracias a ella, disfrutamos de estas exquisiteces.

-Pues, gracias. Muchas gracias.

A usted, señor doctor,

y a todos los presentes.

Pero, vamos,

que esto también ha "sío"...

Que el aplauso también es para María, que ha "estao" en la cocina

cocinando con servidora.

Que si no llega a ser por ella,

yo no habría "sío" capaz.

-Qué divertido aplaudir a la que ha cocinado.

Este es hombres es original. -Desde luego.

Yo es la primera vez que lo hago. ¿Y Lucía? ¿No ha venido?

-Ha dicho que se encontraba mal.

-No sé qué qué pasa con ella. -Samuel.

-Me temo que sí. Mira que la hemos advertido.

-Samuel se equivoca con la venta de joyas a la marquesa.

Las está haciendo de forma precipitada.

Pero cada uno es libre de cometer los errores que desee.

Por cierto, pobre Lucía.

Tu tío es desagradable.

No me hubiera gustado criarme a su lado.

-Apenas le conozco.

-Dudo que podamos sacarle información sobre los marqueses.

-Don Felipe, doña Celia...

¿Todo a su gusto?

-Sí, no me podría imaginar una fiesta más divertida.

-Todo un éxito.

-Muchas gracias.

Menos mal... No se iban ni con agua hirviendo.

-¿Y "pa" qué querías que se marcharan?

-Para no escandalizar sus inocentes ojos.

-Huy. Ahora la que está inquieta soy yo.

¿Qué piensas hacerme?

-Digamos que vas a conocer al nuevo párroco, este tan guapo,

directamente en el confesionario.

-Oh.

Huy...

Este beso me va a costar unos cuantos avemarías.

-Te he echado tanto de menos...

-Y yo a ti.

(Música lenta)

Pues sí, están buenos,

pero, sin duda,

los de La Deliciosa están mejor.

-Porque sois unos profesionales.

-Eso sí, Leonor.

Todos hablan como si lo que hiciéramos no tuviera valor.

-Pero no te pongas celoso.

-Don Íñigo, doña Leonor... Son los últimos por saludar.

-Es que es el hombre más solicitado de la fiesta.

-Le comentaba a Leonor que, bueno,

que está muy rico todo lo que nos ha servido.

-Muchas gracias. No es La Deliciosa,

pero Casilda ha hecho un gran trabajo.

Han bajado a su establecimiento

a comprar los pasteles. -Ah...

No lo sabía.

-Nos atendió su hermana. ¿No ha venido?

-Sí, dijo que lo haría,

pero supongo que algo le habrá retenido

y que llegará en cualquier momento. -Flora siempre llega tarde.

-Los pasteles.

-¿No quieres un pastel?

-Me voy a casa.

-¿Te encuentras mal?

-No, no, me voy a casa. Quédate si quieres.

Ave María purísima.

Sin pecado concebida. Cuénteme sus pecados.

No vengo a confesarle mis pecados.

Quería hablarle bajo secreto de confesión.

¿Lucía?

Sí, padre. Soy yo.

¿Qué es eso que no puede contarme paseando por el parque?

Un sentimiento que no debería tener.

Si es odio, si es pecado...

No es odio, padre, es amor.

Amor por alguien inadecuado.

Así es.

No puedo ocultarlo más.

Amo a Samuel Alday y ese amor cada día me duele más.

¿Qué te ha ocurrido en casa del doctor?

-Nada.

No te apures.

-¿Cómo que no? Has salido de la fiesta a escape.

-He dicho que tenía algo que hacer.

-¿Y se puede saber qué es eso tan urgente?

-"Espero que merezca la pena".

-Ya has visto lo bien que ha salido. Todos se han quedado encantados.

-Todos menos Rosina.

-(RÍE)

Qué buena la espantada que ha pegado.

-Me preocupa lo que pueda hacer.

-Espero que vengas con ganas, vamos a tener lío.

-Si lo dicen por la señorita Lucía, eso es peccata minuta.

-Vamos a tener al tío también. Hasta que se marche a Salamanca.

-Esmérate con el menú de hoy. Vamos a comer juntos.

-Úrsula solo ha hecho "barrabasás".

Le dije que se mantuviera alejada de ella.

Es peor que un dolor de muelas. -Un momento.

Le he comprado ese capazo porque se me ha antojado.

No me parece tan terrible. Ni que deba criticarme.

-"¡Que no! ¡Dejadme ya!".

No pienso salir a la calle. Qué pesados.

-¿A qué se debe? -Nada, que estoy fatigada.

-¿Fatigada, Rosina?

Te has levantado hace diez minutos.

-Bueno, sigo cansada.

-Hemos quedado en ir a visitar a Trini.

-Ya iremos en otra ocasión. -"Estuve hablando con Peña"

y con Flora de ir a un café teatro. Uno que se está poniendo de moda.

-A mí lo que digas, me parece fetén, pero...

no tengo yo mucha confianza con esos dos.

-Si son más majos que las pesetas, además, en tu ausencia,

he hecho buenas migas con él.

-"Cuando tenía ocasión,"

se fugaba a las cocinas

a jugar con los hijos de las criadas.

Aparecía manchada de hollín, de grasa...

Me hizo pasar vergüenza.

Los niños de la casa eran mayores que yo

y no me prestaban atención.

Ese ha sido siempre tu defecto.

Pretendes que estén pendientes de ti.

-Señora, marcho "pa" el "mercao". Si desea algo, dígamelo.

Me voy con la María.

-¿Con qué María?

¿La criada del doctor?

-Sí. ¿Pasa algo?

-"Es que su hermana de usted"

se está arrimando mucho a Úrsula. Le he advertido,

pero me ha hecho menos caso que al pito de un sereno.

-Ya.

¿Y qué es lo que quieres? ¿Que nos ocupemos del asunto?

-Justamente.

A ver si así hace más caso.

He tomado una decisión sobre mi asignación

y he decidido renunciar a ella.

¿Está usted segura? Sí.

Necesito hacer punto y aparte con mi pasado

y empezar de cero.

Úrsula, prepara mis cosas inmediatamente.

Me voy de viaje.

Sí, padre.

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Acacias 38 - Capítulo 837

30 ago 2018

Samuel ignora a Lucía cuando llega ofreciéndole su ayuda. Pero no le da tiempo a entristecerse: su padrino Joaquín acaba de llegar a Acacias. Joaquín deja claro desde el primer momento que ha venido solamente por el negocio que le ofrece Felipe. La conexión entre María y Casilda es evidente mientras preparan el ágape que ofrece Higinio a los vecinos. Rosina reconoce a María y se marcha corriendo de la casa del médico.

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  1. Joa

    Me encantaban la novelas españolas porque son rapidas .Pero esta ya se volvio muy larga ...y predictiva

    08 sep 2018
  2. Clara Martinez

    Mejorando la novela

    31 ago 2018
  3. Mabi

    Estaba equivocada con respecto a María, por lo visto no fue criada de Lourdes... Pero tampoco le encuentro conexión con Casilda, pues si es su madre ella la recordaría, puesto que los Hidalgo, creo recordar, la recogieron cuando tenía 12 años...

    31 ago 2018