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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 836 - ver ahora
Transcripción completa

Descuide, recuperará su dinero con creces.

Los Alday siempre hemos afrontado nuestras deudas.

No seré yo quien ensucie mi apellido a estas alturas.

No sabe cuánto me complace escucharle, don Samuel.

Admiro su entereza, dada la situación en que se encuentra.

Es solo una cuestión de honor y de carácter.

Entiendo que es consciente

que una vez explicadas mis condiciones,

ya no cabe el paso atrás.

No esperaba menor presión.

Su fama de firmeza le precede.

Sé perfectamente a lo que me expongo.

Mejor.

Porque llegado el momento, no le valdrán súplicas.

No las escuchará de mí.

¿Cree que habría recurrido a usted

de no encontrarme entre la espalda y la pared?

Usted ha sido mi último recurso.

Y créame, bien meditado.

Ojalá recuerde usted esas palabras, si Dios, no lo quiera,

las cosas no van como usted espera. Irán.

La cantidad que le pido no es para gastos.

Con ella haré una inversión.

Abriré un negocio lucrativo, conozco bien el sector.

Tendrá su dinero. Ya le digo, quede tranquilo.

Tranquilo estoy.

Quien no debería estarlo es usted, sabiendo lo que se juega.

Todo irá bien. Mientras usted

no falle en sus pagos.

No le fallaré.

Y no insista más o empezará a ser ofensivo.

Nada más lejos de mi intención.

Solo quería que usted supiera a qué atenerse.

¿Tenemos un trato entonces?

Tenemos un trato.

(Sintonía de "Acacias 38")

Vamos, Úrsula, deje de atormentarse.

Está en mi casa, no tiene nada que temer.

Ayúdeme a sentarla.

Lo siento.

Lo siento. Descanse un rato.

Ha pasado por una dura prueba. Reposada lo verá todo mejor.

Lo siento. ¿Le preparo una tila?

Tranquilizará sus nervios. Buena idea.

Yo mismo la prepararé.

Lo haré yo. Se lo ruego.

Ustedes se entenderán, no tardo.

(LLORA)

Llore. A veces llorar hace mucho bien.

# Cuando salí de La Habana. Válgame Dios.

# Nadie,...

# nadie me ha visto salir, si no fui yo. #

# Y una linda Guachinanga,

# allá voy yo,

# se vino tras de mí.

# Que sí, señor.

# Si a tu ventana llega una paloma,

# trátala con cariño

# que es mi persona.

# Coronarla de flores es cosa mía. #

(TARAREA)

(TARAREA)

¿Te conozco?

Yo a ti te conozco.

Chist.

(TARAREA)

(TARAREA)

¿Adónde ibas?

-A buscarte.

Has estado llorando.

-No, Ramón, me he estado dando puñetazos en los ojos.

-No llores, mi amor, no llores.

Trini, que tú siempre has sido... -Más simplona.

¿Eso es lo que he sido?

-No iba a decir eso. -No, ibas a decir

una simplona "echá palante".

-Deja de hacerte de menos. -Claro,

para eso ya estás tú, ¿no?

-¿Lo dices por lo de ayer?

No tiene importancia. Es que, la sorpresa me pilló...

-Ramón, no es por lo de ayer.

Ni siquiera te fijas en mí.

Si no te lo digo, no te habrías ni dado cuenta.

-Trini, lo siento.

Los hombres no tenemos ese sexto sentido vuestro tan femenino...

-Ramón, te lo pido por favor,

no me dores la píldora, que no está el horno para bollos.

-Trini, sabiendo como sabes lo lerdo que soy para estas cosas,

me lo podrías haber dicho antes.

-¿Ahora la culpa es mía? -No hay culpas, mi amor.

-Eso dices, pero no es lo que piensas.

Voy a tener un niño, Ramón, un niño.

Y los niños son esas cosas que gritan, lloran, lo desordenan todo,

que te hace la vida imposible, vamos.

-No te aproveches. Cuando yo dije esas cosas...

-Ramón, por eso me siento más culpable.

¿No te das cuenta?, voy a ser yo la que va a traer a este mundo

a un crío, que te hará la vida imposible.

-No es así.

-Por favor, no me toques. -Soy tu marido.

-Precisamente por eso.

(RESOPLA)

Y ahora, si me lo permites,

me voy a poner como el Quico, que es lo me toca.

-No te lo tomes a la tremenda.

-Sí, Ramón.

Me tengo que poner fuerte, porque aunque no quieras,

voy a tener a ese crío, aunque sea sola.

-¿Y quién te ha dicho que yo no lo quiero?

-Tú, Ramón. Te reíste de ese hombre del Ateneo

porque iba a tener un hijo a su edad.

Por favor.

-Cálmate, por el amor de Dios. Sosiégate y déjame hablar.

Si dije...

todas esas palabras... es porque soy un cenutrio

y un insensato y un bocazas.

Y si no reaccioné con alegría es porque

me quedé impresionado.

Pero claro que quiero un hijo tuyo, mi amor, nuestro.

-¿Lo dices de verdad?

-Nada podría hacerme más feliz.

-¿No lo dices para que me calle?

-Se me ocurren ideas mejores para hacerte callar.

-Ramón,

¿y los viajes,

los juegos...?

-¿Y qué mejor juguete que un niño que tenga tu alegría y tu carácter?

Te lo voy a decir yo,

tú, mamá.

(Se abre una puerta)

¿Te lo han aceptado?

-Claro. Eran unos gemelos preciosos, buen tamaño, bien tallados...

-Déjate de palabrería. ¿Cuánto te han dado?

-Menos de lo que valen, pero ahí está la ganancia.

-¿Qué quieren, enfadarme?

-Míralo, impaciente. Aun así,

no se han portado mal del todo. He sacado un buen precio por ellos.

-María, ¿cuánto? -Suficiente.

-¿Suficiente para qué, hasta cuándo?

-Podrás dar ese ágape por todo lo alto

y pasaremos un tiempo sin estrecheces.

-¿Nada más? -¿Te parece poco?

Podremos ocultar nuestro malpasar.

Voy al mercado a llenar la cesta de viandas,

que hasta ahora he tenido que llenarla de piedras para fingir.

Casilda vendrá a buscarme.

-Yo lo administraré. -El dinero está bien aquí.

-Dame una parte.

Tengo que pagarle a Sisebuto el capote que nos echó con Peña.

-No verás un céntimo.

-No podemos fallarle a Sisebuto.

Podemos volver a necesitarlo. -Yo arreglaré cuentas con él.

-Me duele tu suspicacia, no debes ser tan desconfiada.

-No conseguirás ablandarme.

-Que me des el dinero. -¡Suéltame!

(Puerta)

-Levántate, levántate.

-Claro, como usted prefiera.

-A las buenas. Dispénseme, doctor,

estaba la puerta del servicio "entorná", por eso he "entrao".

-Te esperaba. -¿Está lista

o tiene algún "recao" pendiente? -¿Tengo recados pendientes?

-No, podéis iros.

-Le traeré de todo al señor.

Casilda conoce los puestos con las viandas más frescas.

-"Pa" chasco que sí. Y al mejor precio.

Descuide, que emplearemos

muy bien la guita.

-Con Dios. -Con Dios.

Esa mujer tiene más cara que espalda.

Asentarse aquí para mendigar, ¿qué es eso, si no regodeo?

-Y con nocturnidad y alevosía,

como diría mi señor marido.

Dios quiera que no tengamos que aplicarle la reincidencia.

-Por una vez tengo que darle a Rosina razón plena.

Si hubiera venido para algo, pero para extender la mano

y pedir caridad...

¿A qué volver al sitio donde hizo todas sus perfidias?

Eso es complacencia y regocijo.

-Todos merecemos una segunda oportunidad, pero...

es cierto, creo que Úrsula está metiendo el dedo en la llaga

y retorcerlo.

Una crueldad gratuita.

-No digo yo que no estén en su derecho de criticar a esa infeliz,

pero está más "pa" allá que "pa" acá.

No está en sus cabales.

-¿Y lo estaba cuando secuestro al hijo de Diego y de Blanca?

-Cuando queramos conocer las opiniones

de alguien que no conoció a Úrsula como nosotras,

ya se las pediremos.

De momento, tome nota del desayuno y arreando.

-¿Qué va a ser?

-Chocolate con churros, ¿os parece?

-Por mí de perlas.

Pero en cuanto a los churros, hágase a la idea que somos una más, cinco.

-Madre, que luego se queja de que le estallan las costuras.

-Tú a lo tuyo. Cuatro chocolates y cinco de churros.

-Vuelvo en un periquete.

-Puede que Flora lleve algo de razón.

Tal vez Úrsula no haya venido con un objetivo,

sino que sus pasos le han traído al lugar que conoce.

-Conozco casos de enfermos de la memoria

que sin ellos ser conscientes,

consiguieron regresar a sus casas,

incluso décadas después.

-De buenas parecéis tontas, por Dios.

Esa mujer no da puntada sin hilo. Algo trama

y, no quisiera descubrir lo que es.

-También podría ser que el Señor quisiera castigarla

a un infierno, y nos la haya enviado aquí

para que arrastre sus miserias ante los ofendidos.

-Sea como sea,

yo prefiero tenerla lejos de nosotras

y de nuestros seres queridos.

-Eso será difícil teniéndola por nuestras calles

campando como Pedro por su casa.

-Ay, ese padre Telmo tenía que acogerla.

Bueno, su corazón de hombre de iglesia

le ha podido más que su razón lo que nuestros consejos.

-Él solo cumple con su condición de cura, dar de comer al hambriento.

-Telmo tendrá que hacer sus caridades.

Pero temo que acabe implicando a mi prima.

Solo pensar que pueda rozarla, me da escalofríos.

-Mosca, qué pesada.

-Oh...

-A ver.

Se te ha estallado la costura.

-Ya se lo advertí.

-Gracias, profeta.

-No es mucho. Si me acompañas, te la coso en un plis plas.

-Qué remedio. No te rías.

Y si traen los churros, guardadme mi ración.

-Ay.

Doña Celia, yo creo que debería hablar con Lucía

para que no se deje enredar por Úrsula,

ni aun estando avalada por el cura.

-Es más fácil decirlo que hacerlo. Lucía es muy impulsiva.

Hará lo que le dé la gana.

-Buenas. ¿Y las demás no han acudido?

-Sí.

-Pero se han tenido que ausentar.

Nada, doña Trini, una historia muy larga.

Siéntese, que llega el desayuno.

-Te lo agradezco, pero he venido a ver a Celia.

-Pareces anhelante.

-¿Podemos hablar un momento?

Discúlpame, Leonor, pero es algo íntimo.

-Claro, claro, vayan, yo...

me quedo haciendo guardia.

-¿Y la concurrencia?

-Da igual.

No hagas muchas preguntas y siéntate.

Si me tengo que terminar esto sola, que podría,

¿eh?, pero...

terminaré reventando vestidos como mi madre.

A tu salud.

Estate quieta o te pincharé sin querer.

-Tendrías que poner un hilo más resistente en tus confecciones.

Se descosen con mucha reincidencia.

-Ahora van a tener la culpa mis costuras y no tu apetito.

Vale ya.

-Ay, sí. No hay mal que por bien no venga.

Mejor descoserse ahora, que no en casa del doctor Baeza.

-Me lo pondré en el convite.

-Y hablando de él, ¿cómo está Liberto?

-Como un monumento.

Era broma, quiero decir que muy bien.

Repuesto casi por completo.

-¿Vendrá luego? -No creo.

Le he pedido que descansara si mañana quiere acompañarme.

-¿Sabemos algo más del doctor? -¿De su situación económica?

No he averiguado más, pero desde luego,

no nada en la abundancia, por cuidar negritos y eso.

-Que no tiene un real, como te dijo.

-Pobre. ¿Te quieres creer que me siento como culpable

por haberle metido en el lío del agasajo?

Menudo dispendio para alguien como él.

-No será para tanto.

Con su doctorado y su talento, mal tendrá que ir la cosa

para que no empiece a ganar su dinerito.

-Dios te oiga, que el galeno se lo merece.

-Si vieras lo bien que le sienta el traje que le he cortado...

Parece un marqués. -Tiene buen planta, ¿verdad?

Es un dechado de virtudes.

Porque es valioso con el escalpelo,

listo, buen mozo,

un buen partido que más de una querrá. Al tiempo.

-(ASIENTE)

-A las buenas señora y doña Susana.

¿Quiere usted algo? Acabo de verla.

-Si ya vienes de la compra, ¿qué más voy a necesitar?

¿Para qué preguntas?

-Es verdad.

No sé, será la costumbre.

No se lo he dicho antes porque había "quedao" con María

"pa" ir al "mercao".

María, la "criá" de don Higinio, el matasanos.

-Llámale doctor. ¿Qué tal es la María esa?

-Parece buena,

sencilla. -¿De qué la conoces?

-De cuando pasé a decirle al doctor que quería regalarle un traje

por haber salvado a mi sobrino, a la sazón, tú esposo.

-En eso tiene usted mucha razón, doña Susana.

La María es muy buena gente.

Es más buena que el pan con azúcar.

-Quiero conocerla, para por más buena que sea,

pedirle que cuide el piso como si fuera suyo.

-Pero señora, que eso no va a hacer falta, hombre.

Ella lo va a hacer de todos modos.

Es una mujer que no tiene maldad

ni medias vueltas.

Y ha nacido "pa" currelar. -Pero por muy trabajadora que sea,

no se podrá hacer cargo ella sola del ágape.

Échala una mano. Le debemos al doctor nuestra felicidad.

-Con mucho gusto. Ahí estaremos, como una sola mujer.

-¡Ay, Susana!

-Si no te estás quieta, Rosina.

Eso es maravilloso, Trini.

¿Ves como no tenías motivos para azorarte tanto?

Sabía que Ramón se iba a alegrar cuando lo supiera.

-Sí, mucho más que alegrarse, está majareta de contento.

Ha paralizado las obras.

Ni sala de juegos ni zarandajas.

Nuestro hijo va a tener una habitación amplia y confortable.

-Me alegro tanto, Trini. -Yo sí que me alegro.

Me he quitado una losa de encima. -No entiendo

porque si todo ha salido bien,

me has llamado y has dejado sola a Leonor.

-Ya, lo siento.

Es que me sabía mal ir soltándolo así de sopetón.

Pensaba hacerlo poco a poco.

Y primero, decíroslo a vosotras,

que tanto me habéis apoyado. -Arrea, señora,

¿acaso pensaba que la dejaríamos sola en este trance?

-Fabiana, claro que no. Gracias, gracias. Ven.

Ay, gracias.

Y ven tú también aquí.

Gracias, Celi.

Bueno, pues...

creo que ya puedo ir contando por ahí la feliz noticia.

(RÍE)

-Supongo que no debo preguntar el motivo de tal alboroto.

-Enhorabuena, Ramón.

Tenía ganas de felicitarle.

-Pues anda que una. Estos días han sido un tormento

sabiendo lo que sabía y sin poder decir nada.

-Gracias, Fabiana, por lo que también considero una felicitación.

-Agradece, Ramón, que si no llega a ser por ellas,

lo mismo sigues in albis.

-Las cosas claras ha sido un alivio para todos.

-Así es.

Las cosas claras y el chocolate espeso.

Hablando de chocolates,

Celi, lo mismo llegamos al desayuno. ¿Estarán las señoras?

-Estar estarán,

pero no los churros y el chocolate,

si Rosina ha conseguido embutirse de nuevo su vestido.

-Mira cómo va sacando el colmillo.

-Trini, no me gustaría ser aguafiestas, pero creo que...

No deberías salir. -Oh, Ramón, salir.

A cualquier cosa le llamas tú salir.

-Debes cuidarte, querida.

No puedes comportarte tan alegremente.

A partir de ahora, tranquilidad y buenos alimentos.

-Que no tengo ningún achaque.

Tengo una preñez como las que le dan a cientos.

-Más vale prevenir que curar. -Mira que sois

pavisosos los hombres. Que no hay que exagerar.

Estoy bien.

Tengo una preñez normal y corriente. Algún antojo, algo de sueño,

pero puedo seguir con mi vida normal.

-Permíteme que insista. A partir de ahora,

nada de excesos.

El estado interesante

es un estado delicado y milagroso.

Así que, a partir de ahora estaré pendiente

de cada uno de tus pasos, que te quede claro.

-¿Tú te crees, Celi?

(RÍEN)

Tenías que haber visto a Ramón, más serio que un sargento.

Y Trini y yo mirándonos de reojo.

-Suele tomárselo todo a la tremenda. -Le quiere cortar las alas a Trini.

A Trini con cortapisas.

Ramón va a sufrir mucho más con el embarazo que ella misma.

Muchísimo más.

-Lo importante es que estén felices.

Echo de menos los días en que Tano era un crío.

-Volveremos a tenerle aquí con nosotros

y, nos sentiremos orgullosos de cómo le hemos criado.

Uy, perdón. Pensaba que me había olvidado el chal.

Lucía, ¿dónde vas? No te escapes.

No me escapaba, solo intentaba ser discreta.

Siéntate.

-Escucha a tu prima.

Voy a por el correo.

Me temo que quiere hablar conmigo de algo no agradable.

Ni agradable ni desagradable, necesario, diría yo.

Tienes que hacerle un favor al padre Telmo.

¿Lo necesita? Sí.

Eres la única que creo que puede sacarle de ese embrollo.

Tienes que meterle en su compasiva cabeza que sea precavido con Úrsula.

Ya se han encargado ustedes de hacerle saber

lo que opinan sobre esa mujer.

Por un oído le ha entrado y por otro le ha salido, Lucía.

No es que estemos resentidas con ella,

es que sabemos de su maldad, porque la hemos sufrido.

¿Usted la ha visto?

Fuera como fuese esa mujer en otros tiempos, que yo no lo niego,

ahora no es ni su sombra.

Es más bien una persona incapaz de valerse por sí misma.

En cualquier caso, no es buena idea que la acoja.

¿Crees que nosotras y todo el barrio

no le dimos una oportunidad en su momento?

La aceptamos, fuimos a sus agasajos

y a sus cenas, ella vino a las nuestras. Pero rebosa maldad, Lucía.

No voy a discutir lo que fue, solo sé lo que es.

Debería haberla visto ayer noche. Parecía un pajarito tembloroso.

Casi incapaz de hablar. No daba miedo,

daba pena.

Felipe, ¿ha vuelto a hablar con Samuel?

Parece que va mejor de ánimo.

Fiemos en que ponga de sus medios para salir del agujero.

Pero no me ha informado sobre eso.

Esto es para ti.

Es mi padrino Joaquín.

Confirma que viene a visitarnos.

Parece que la propuesta de conseguirle un cliente

ha dado en el clavo.

Padre, estoy ocupado.

¿No me lo puede contar en otro momento?. No me voy a escapar.

-Tú te sientas aquí y escuchas.

No sé lo que te traes entre manos,

pero lo que tenemos que contarte es importante.

Siéntate.

-Si no fuera por esa sonrisa de doña Trini,

diría que estoy en un consejo de guerra.

-Tal y como está tu padre, casi casi.

-Tenemos algo que comunicarte, hijo.

-Padre, yo con las cafeteras no doy más de sí.

Hago lo que puedo. Hace mucho que ningún cliente se queja.

-No son las cafeteras lo que nos ha reunido hoy.

-Pues dígame qué es, que me va a dar una angina de pecho.

-Vas a tener un hermanito.

-(RÍE)

-Ya, muy gracioso, padre, pero no es el Día de los Inocentes.

-Hablo en serio, mequetrefe.

-Antoñito, hijo,

haz caso a tu padre.

-Pero ¿un hermano, a mi edad?

-Aquí la edad que importa es la mía.

-Sí, sí...

Que me alegro. No sé, me parece maravilloso.

Doña Trini,

felicidades, mamá.

Padre, vaya jabato. Está en forma.

-Oye, que te estoy escuchando, bocazas.

-Agradezco tu enhorabuena, pero menos tus comentarios.

Eres un metepatas.

-Es la felicidad, que me hace hablar sin pensar.

Pero me alegro una barbaridad.

Lolita se va a poner como loca.

-¿Cuándo viene? -Mañana.

Esta noche sale.

Puf...

Va a cuidar a ese niño

como si fuera el papa de Roma.

-Para cuando nazca, ya estaréis casados, o eso espero.

Y es probable que tengáis vuestras propias preocupaciones.

-Bueno, un hijo, claro. Otro hijo.

Que el de Lolita y mío

sería sobrino del de ustedes.

Vaya lío de familia.

Voy a llamar a María Luisa para contárselo,

lo del inopinado suceso. -Antoñito, hijo.

-Lo de la nueva y maravillosa noticia.

-Ay...

(Llaman a la puerta)

Carmen, ya voy yo.

Tenga. De parte del señor Jimeno Batán.

Gracias.

Los mejores caldos que guarde usted será mi presentación

ante los vecinos.

Necesito que se lleven una buena impresión.

Por cierto, veo que ya no lleva el cabestrillo.

-Como no me dolía, me lo han quitado para trabajar.

-Ya está tardando. Será mañana.

Tendré que echarle un vistazo a las botellas

para saber cuál se sirve antes o después.

-Claro.

Disculpe que entre en lo crematístico,

pero nuestra bodega tiene vinos de mucho tronío,

así que le daré un presupuesto.

-No sufra por eso. Aceptaré los costes y sabré ser generoso

si todo está a mi gusto.

-Bueno es saberlo. Pero permítame que insista,

me gustaría que aceptase nuestro precio final.

-¿Tan alta está la parra? Quiero decir,

¿tanto subirá ese presupuesto?

-Hombre, usted me ha pedido lo mejor de lo mejor,

así que subirá seguro.

-Cuénteme. -Muy contenta.

-Hacía tiempo que no se escuchaban carcajadas tan felices.

-Y tú también te troncharás cuando sepas la nueva.

-Doctor.

-Hola.

-Bueno, si está aquí la eminencia.

Encantada de conocerle, doctor.

He oído hablar mucho y bien de usted.

Tanto, que es probable que pronto me ponga en sus manos.

Trini Crespo, señora de Palacios.

-Nada me gustaría más que serle de utilidad,

pero creo que no me necesita. Se la ve muy saludable.

-Sí, la verdad es que sí.

No le necesito para que me sane,

sino para que me ayude a salir bien de esta.

Estoy en estado, doctor. Estoy en estado, vecinos.

-Y así estamos desde que salimos de casa.

Se lo explica a todo el mundo.

¿Entiendes Flora nuestro motivo de chanza?

-Lo entiendo y lo comparto.

Enhorabuena. -Gracias, Flora.

-Que lo críe con salud. -Ramón estará contentísimo.

-Uy, Ramón lo está, le aseguro que lo está.

-Mis felicitaciones, señora.

Nada me gustaría más que acompañarla en el trance y serle de utilidad,

como ya lo fui para Liberto y el Peña.

Lamentablemente, la ginecología

y la obstetricia no son mis especialidades.

-Pero podrá recomendarle un buen médico, como hizo conmigo.

-Y a fe mía que le resultó, no hay más que verle.

-Como un mulo estoy. Muchas gracias.

-Me tengo que marchar. Lo único que puedo recomendarle

es una alimentación sana, reposo y mucho optimismo.

-Descuide, doctor,

de eso no me va a faltar. -La maldita billetera.

-No se preocupe, yo le invito.

Faltaría más, después de las felicitaciones y recomendaciones.

-Muchas gracias. Ya la resarciré. -Íñigo.

-Si me disculpan. -¿Va afuera?

-Sí. -Le acompaño.

Me quedan vecinos a los que informar.

-Muy bien. -A más ver.

Gracias.

-¿Te has fijado? -¿En qué?

¿En el doctor?

-En la cartera del doctor. En su ausencia. No es la primera vez

que lo hace. Lo tengo calado.

Siempre se las arregla para no poner un real.

-No seas mal pensado.

El doctor ha pasado mucho tiempo haciendo misiones y no ha cobrado

ni un céntimo por sus servicios.

Tiempo al tiempo.

Quizá se convierte en un buen cliente.

-Lo dudo.

Habrá estado en África o en Sebastopol,

pero conozco muy bien a los de su raza.

He vivido entre ellos. Son gente con trucos para vivir del cuento.

-No, es el pasado que tú has vivido lo que te hace ser tan suspicaz.

Pero Higinio no solo es un buen doctor,

es que es muy buena persona.

Venga, no te emperres.

(Llaman a la puerta)

Carmen, Carmen, la puerta.

Ya voy, señor.

Señor, es don Liberto.

Como dijo usted que abriría la puerta, no quería importunarle.

Es igual, Carmen. Por favor, hazle pasar.

Amigo, cómo celebro ver su rápida recuperación.

Por favor, tome asiento.

Yo también pensé que sería más largo y penoso el proceso.

Créame, me habría encantado poderle hacer más compañía,

pero con las destrucción de las galerías...

No tiene que disculparse.

En cierto modo, ha sido y sigue siendo un episodio más penoso

para usted que para mí.

Bueno, tampoco hay que exagerar las cosas.

Como mi padre decía:

"Las cosas que se solucionan con dinero no son problemas arduos".

Siempre que se tenga ese dinero.

Sí, estoy en ello.

Aunque agradezco su compañía, tengo que irme. Lo siento.

Por supuesto. Imagino que estará muy ocupado.

¿Le importa que le acompañe y así charlamos un rato?

Lamento ser tan arisco, pero me dirijo a una reunión de negocios.

Y como comprenderá, no sería apropiado

presentarse con su compañía.

Me hago cargo. Pero no se negará a que le acompañe hasta el lugar.

Es que voy a coger un carro, no iré andando.

Pero tendremos tiempo de hablar largo y tendido.

Claro. Claro, naturalmente.

Bueno, yo me marcho ya. Lo dicho, ya hablaremos.

Con Dios. Con Dios.

Trini, ¿estás segura segura?

-Bueno, tan segura como que estoy esperando las pataditas.

-Es que no puede ser.

Bueno, a ver, a ver.

Me refiero, quiero decir...

Es que nadie pensaría que don Ramón estaba en condiciones

de semejante proeza. -Por la corona de espinas,

Rosina, ¿qué barbaridad estás diciendo?

-Pues a las pruebas me remito.

-Pues, pues ¡felicidades, Trini!

Ay, perdón, perdón.

Menuda sorpresa. -Qué alegría.

-Te voy a regalar

un libro de horas para que se lo vayas leyendo

mientras lo tienes en tus entretelas.

Dicen que les hace ser más piadosos, en vida plena.

-Quita, no vaya a ser que me salga cura.

-Es cosa de Dios que un matrimonio de tantos años

siga amándose tanto, como para traer a un nuevo ser al mundo.

-Sí. Da gusto saber

que don Ramón y señora hacen uso del matrimonio

con resultados concluyentes.

-Detente, antes de que empieces

a explicarnos el uso del matrimonio que hacéis mi sobrino y tú.

-Como si yo contara mis intimidades. -Mira.

-Bueno, lo he comentado alguna vez. No es pecado.

-Corramos un velo. ¿Cómo te sientes por dentro?

-Susana, mejor que por fuera, que ya es decir.

-Aun así debes estar en guardia,

que los embarazos, por experiencia, pueden ser muy traicioneros.

-Pero no hay que tenerles miedo. Pero sí cierto respeto.

-Nada que no se cure con una vida ordenada: tus horas de comer,

de dormir... -De pasear.

-Pasear poco, que el sol no es bueno.

-Parad, por favor.

Me estáis agobiando. Estáis peor que Ramón, que se ha puesto más mandón

que un teniendo de civiles.

-Vuelve con él, no vaya a ser que por la edad le dé un telele.

(RÍEN)

Abur, Sonsoles. -Una ya lo sabía.

Pero no podía darle a la húmeda hasta que doña Trini se lo comentara

a su esposo, que esto es de mucha enjundia

como "pa" meter la pata. -Ya, "señá" Fabiana, pero

¿se sabe algo de Lolita?

-Se me olvidaba. Que viene mañana.

-¿De verdad, seguro? ¿Quién se lo ha dicho?

Que ha habido muchas falsas alarmas. -El señorito.

Está majara de contento.

Como "pa" no estarlo. Lo estoy yo, y a mí no me hace carantoñas.

Ay, Dios mío,

la he echado más de menos, que al verano en diciembre.

-Vosotras tenéis más confianza con ella,

pero creo que deberíamos hacerle un recibimiento.

Una fiesta o algo así.

-Buena idea. ¿Qué dicen los señores?

Yo me encargaré de "to". -¿Qué se celebra?

¿Hay un plato "pa" mí?

-A lo primero, celebramos la vuelta de la Lolita.

Y a lo segundo, espere, que le traigo un plato.

-Pues entonces va a llegar a tiempo "pa" ver las calles "empapelás"

con mi cara y mi cuerpo.

-No venda usted la piel del oso antes de haberla "cazao".

-El oso está "cazao"

y en el morral. Además, mire,

ya he puesto la equis en el contrato.

-Pero ¿qué dice ahí, que hay tantas letras y tan menudas?

-Aquí dice cosas muy buenas "pa" mí.

-Pero bueno,

¿usted ha "firmao" sin leerlo?

-Sí, claro, ¿cómo lo iba a leer si no sé leer?

Agustina, a ver qué pone.

-Son muy apretadas las letras, pero en fin.

(LEE) "La parte contratante,

en adelante, Servando...".

-¿En adelante Servando qué? -No sé.

-Peor sería por detrás.

-Es complicado.

Juntar las letras puedo, pero entenderlo no.

-A saber lo que ha "firmao" el mequetrefe este.

Lo mismo se ha enrolado en la marina y se lo llevan a la Conchinchina.

-Señora, un respeto, que yo no le paso su ignorancia por los morros.

Además, era esto o no hacerme los retratos. ¿Qué iba a hacer?

-¿Qué escándalo es este que se oye por toda la escalera?

-Aquí, el "iluminao",

que se habrá dejado enredar

y, ha firmado un contrato antes de haberlo "estudiao".

-Empresario, señora. Si quieren que sea yo la imagen de El Coloso,

¿"pa" qué me van a enredar?

Yo soy su futuro,

su talismán para ganar dinero.

-Qué incrédulo, madre mía.

-¿No piensa que se pueden aprovechar de usted?

Por ejemplo, cuanto menos le den

al tonto, más ganan ellos.

-¿Qué sabrá?

Eran buenas personas, "trajeaos" y "atildaos".

Además, me voy, que es usted un envidioso, sereno.

Ah, espere.

-(RÍE)

-Usted deje de reírse, que parece tonto.

-Con Dios.

Don Manuel, su café.

Claro que sí, hija, claro que estamos tranquilos.

Tranquilos y contentos.

Pero si me enteré anoche

y te he llamado cuando he podido. -Yo se lo explico.

Luisi. -Hija, es mediodía

porque toda las líneas con el extranjero han estado ocupadas

toda la mañana.

Descuida, hija. Sí, sí. Pero si se le ha iluminado la cara

como si fuera una virgen en una procesión.

-Las vírgenes no tienen críos.

Déjame hablar. -Sí, sí.

-Luisi, escúchame. -De tu parte, de tu parte.

Descuida, te tendremos al tanto. Sí, sí.

Yo se lo doy. Bueno, hija. Sí, sí, otro para ella.

Que corto, que esto vale un riñón.

Hale, ya te llamaremos otro día. Adiós, adiós.

"Que te tendremos al tanto", dice. Pero si no me has dejado hablar.

-Trini, las emociones fuertes no son convenientes en tu estado.

Bastante es que me acompañaras.

-Muchas gracias.

Espero que no me tengas que romper una pata para estar en cama.

-Mujer, no creo que sea necesario. -Anda ya, Ramón, por favor.

-¿Ya le han informado? -Sí.

Estaba más contenta que unas castañuelas. Eso creo.

-Se notaba que daba saltos de alegría a través del cable.

-Entonces no sé si debo decirlo. -¿El qué?

-Nada.

-Venga, que bastante tengo con las preocupaciones de este. ¿Qué?

-¿No creen que antes de dar la noticia

deberían haberlo confirmado antes?

-¿Confirmado? -Le pasó a una prima mía.

Se puso a regar a los cuatro vientos y, luego, nada de nada.

Tuvieron que intentarlo durante años.

-Tenga usted,

la llamada. -Gracias.

-Ramón, por favor, no hagas un mundo. Espérate, espérate.

Ramón, espera. Ramón, espérate.

No hagas caso del pájaro de mal agüero ese.

Las de Cabrahigo sabemos de preñeces.

-Se me tenía que haber ocurrido a mí.

No estoy donde tengo que estar.

Teníamos que habernos asegurado antes.

Pero claro, Ramón sentía tanto orgullo,

que tenía que mostrar su hombría antes de confirmarlo.

-Tranquilo, que el doctor ya me ha visto y estoy en estado.

-Yo no me fío de cualquiera.

Tenemos que ir a ver al mejor ginecólogo de la ciudad.

-(RESOPLA)

Pero entonces, su visita ya es segura.

Eso es lo que trato de decirle, padre.

Mi padrino viene, lo ha confirmado por escrito.

¿Y por qué está tan nerviosa?

Será grato y hasta provechoso para usted reunirse con él.

Siéntese.

-¿Y si descubro algo que no me gusta?

Además, últimamente no me llevaba muy bien con él.

-Si es para congraciarse ante ustedes,

yo le echaré una mano, no se preocupe.

-Disculpe. Si no tiene inconveniente,

me retiro a mi cuarto a reposar un rato.

-Vaya. Vaya usted y descanse.

Gracias, padre.

Pobre mujer.

Me da pena. Ha mejorado.

Todo irá bien. No hay mal que 100 años dure.

Eso espero.

El que parece remontar es Samuel.

Felipe me ha dicho que le ha visto más animado.

Me enternece el cuidado que procesa a su prójimo, señorita.

Pero debería contener su entusiasmo cuando se trate del señor Alday.

Alguien puede considerar que su interés

es excesivo, siendo como es un hombre casado.

Bueno, un hombre casado en los papeles.

Y ante la santa madre iglesia.

Y sin embargo, su mujer le abandonó y vive con otro hombre.

¿Eso se considera matrimonio?

A los ojos del Señor, así es.

Que no se le vaya nunca de la cabeza.

¿Tanto significa ese hombre para usted?

Es algo más que amistad.

No creo que esta conversación sea adecuada para llevar con usted.

Ya sabe que puede decirme cualquier cosa.

Que no se le olvide.

¿Quiere más café? Sí, claro, gracias.

Deja ese dinero donde estaba.

-Es mío.

Lo conseguimos gracias a los gemelos que me regaló doña Rosina a mí.

Es de los dos, y te pongas como te pongas,

no permitiré que lo malgastes.

-Dame el dinero. -No.

-Dame el dinero. -No.

-¿Qué haces?

-Soy capaz de quemarlo. -No, no, no, no.

Cálmate, no hagas tonterías.

-¿Cuándo vamos a terminar con esto?

Si estamos a la cuarta pregunta es por tu culpa.

¿Eh?

Tu insensatez nos ha traído hasta la ruina.

Yo decidiré en adelante.

-No grites, que nos van a oír. -Gritaré mientras sigas

creyéndote el gallito.

Yo no quería venir a este barrio. Llevo toda la vida evitándolo.

Estamos aquí por ti, vale, apechugaré con ello,

pero solo si hacemos las cosas a mi manera.

Me alegro de su visita. La esperaba como agua de mayo.

Ya he comprado los materiales para engarzar y pulir las joyas.

Me alegro. Ha sido muy diligente.

Esperemos que usted también.

Me gustaría que me consiguiera la cita con la marquesa de Urrutia.

¿No es mejor tener las joyas listas antes de dar el siguiente paso?

Estarán en unos días. ¿Duda de mí?

No es eso, amigo.

Solo trataba de que no se abrumara a la hora de engarzar.

Eso no ocurrirá. De todos modos, sería mi problema.

¿No se estará desdiciendo de su propuesta?

Samuel, terminará por ofenderme.

Tranquilo.

Tendrá su cita.

Gracias.

Si me disculpa, todavía tengo mucho trabajo.

Con Dios. Con Dios.

(LEE) "El presente apremio certifica

que de no abonar 2000 pesetas en el plazo reseñado,

las fuerzas del orden procederán al desalojo

de la casa situada en Acacias 38, planta primera".

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Acacias 38 - Capítulo 836

29 ago 2018

Samuel acepta las abusivas condiciones del prestamista Jimeno Batán. Le llega un aviso del banco anunciándole su desahucio si no empieza ya a pagar sus cuotas. Los vecinos encajan mal la reaparición de Úrsula por el barrio, y más todavía que el párroco la acoja en su propia casa. Ramón se muestra feliz de tener un retoño y todos los miedos de Trini se esfuman. Las vecinas acogen con alegría la buena nueva.

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  1. Manuela

    A mis tambien me gustaba que pusieran lo anterior y un poco del siguiente capítulo

    08 sep 2018
  2. Clara Martinez

    Momentos hermosos de Lucia,consolando a Ursula,se sentio la compasión y el amor

    30 ago 2018
  3. Alfonso

    Que voz tan Hermosa tiene Lucía

    30 ago 2018
  4. Marilu

    Si bien por momentos desaparecen, colocando el cursor sobre la pantalla aparecen: en el centro de la misma tanto el tiempo transcurrido como el que falta y también en un angulo aparece el icono de pausa o play y el del volumen. Al cabo de unos instantes vuelven a " desaparecer " Al menos así sucede en mi ordenador

    30 ago 2018
  5. Ma. Teresa Vázquez Villaseñor

    Estoy completamente de acuerdo, ya no pasan lo del día anterior ni lo del día siguiente así como que ya no ve uno el tiempo restante y no puede poner uno pausa ni letreros de lo que dicen ya que a veces no se entiende.

    30 ago 2018
  6. Mabi

    Si mal no recuerdo...ésta nueva criada, fue en su momento la criada de Lourdes la primera esposa de Don Ramón y no se fue en buenos términos.. De allí que Casilda pueda recordar el aroma y sabor del bizcocho recién horneado.. Quizás no la recuerde por haber sido ella muy niña, pero según los avances Rosina la reconoce...Reevere algunos capítulos para saber si estoy en lo cierto...

    30 ago 2018
  7. soffia

    creo que Ursula, y el padre estan de acuerdo para tenderle una trampa a Lucia, hacerle del mal como siempre que pasa con Servando siempre sale ganando en todo hasta los Empleados le dieron pesetas donde el trabaja como siempre quiere vivir del projimo....

    29 ago 2018
  8. lizeth

    Me gustaba mas la presentación de antes, donde muestran lo del capitulo anterior y al final lo que pasa en el siguiente.

    29 ago 2018