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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 835 - ver ahora
Transcripción completa

¿Me buscaba?

-Sí, quiero enseñarte lo que he encontrado.

-No insista, prima, no sirve de nada rebuscar entre estos recuerdos.

-Quizá el padre Telmo tenga razón

y deba de olvidarme de este asunto. -No puedes olvidarte de esto.

Todos merecemos saber de dónde venimos.

Y más, cuando las respuestas pueden estar al alcance de tu mano.

Siéntate, Lucía.

A ver.

-Esta es usted, ¿no? (RÍE)

-Madre mía.

Mira qué vestido más pomposo llevaba.

¿Cómo podía llevar esas pintas?

-Quizá no conocía a doña Susana todavía.

-Desde luego que no.

Parezco una... -¿Una señora mayor?

-(RIENDO) Una mamarracha.

Yo te quería enseñar otro retrato.

Es de un picnic en el campo.

-¿Dónde?

-En Salamanca, en 1985.

-Mire.

Estos son los marqueses de Válmez.

Aquí están ella

y él.

Prima, ¿por qué tiene usted estos retratos?

-Fíjate en este hombre de aquí.

-Es mi tutor.

Al principio dude, pero está claro que es él.

Según esta foto,

se conocen desde hace muchos años. -Pero...

entonces, mi padrino me mintió.

La pregunta es,...

¿por qué?

¿Qué está ocultando?

(Sintonía de "Acacias 38")

Querido, deja de dar vueltas, pareces un león enjaulado.

-Tan solo trato de asimilar

todo lo que me habéis contado y, no resulta sencillo.

A ver, dices que tu cruz lleva las mismas marcas.

-También estaban presentes en el cuadro de los marqueses de Válmez

que se perdió en el atentado.

-Son plumas de pavo real, están en la heráldica de su casa.

-Las plumas de pavo real eran un símbolo

de los primeros cristianos.

-No es de extrañar que las usaran para representar a su familia.

Los marqueses eran conocidos por su religiosidad.

En especial, la esposa del marqués,

era habitual de obras pías y una famosa limosnera.

-Y eso me extraña aún más.

-¿Por qué motivo?

-¿Por qué me dejaron la asignación en herencia?

¿No habría sido más lógico destinar el dinero a una obra benéfica?

Lucía tiene razón, es muy extraño.

-Ya veo por dónde van vuestras sospechas.

-Hay suficientes motivos para creer que es así.

-Atar en corto a vuestra imaginación.

Detrás de todo esto hay una explicación más sencilla.

-Tú nos dirás cuál es.

Los marqueses tenían en alta estima a tu padrino,

a tu tío Joaquín. -Eso es cierto,

había sido su abogado durante los últimos años.

-¿Sabían que eras adoptada?

-Es de suponer.

-Siendo tan caritativos, apreciarían el gesto de tu padrino

y decidieron dejarte una asignación como muestra de su afecto.

-Olvidaba que hablamos con un abogado.

Es capaz de convencer a cualquiera de que lo blanco es negro.

-Yo pensaba igual,

pero cada vez dudo más que esa sea la verdad.

Hay demasiadas cosas que no encajan.

-¿El qué?

¿Un símbolo propio de los primeros cristianos que cualquier creyente

podría utilizar? -No solo eso,

también está el retrato que Celia ha encontrado.

Sí. Mi tío Joaquín le aseguró a Lucía

que su relación con los marqueses era reciente.

-¿Y qué hay de extraño en ello? -Que he encontrado una fotografía

de hace más de 15 años,

en la que aparece los marqueses y mi tío en un acto social.

-¿Por qué me engañó?

¿Por qué ocultarme que era amigo de los marqueses

desde hace mucho más tiempo?

-Hemos dejado al abogado sin argumentos.

-Solo hay una manera de resolver estas preguntas,

que sea tu tío Joaquín quien las conteste.

-¿Y por qué iba a contarnos la verdad,

si nos la ha estado ocultando durante tanto tiempo?

-Lucía tiene razón.

Es posible que le esté ocultando la verdadera historia de su madre.

-Es ese caso, hagámoslo venir a Acacias y yo le sacaré la verdad.

Lucía, comprendo que todo esto te turba,

pero pronto saldremos de dudas.

-No será fácil traerle sin levantar sus sospechas.

-Tranquila, con el trato que tuve con tu tío en el pasado,

sé que es un abogado ambicioso.

-Eso os une.

-Le hablaré de la posibilidad de conseguir un buen contacto,

alguien relacionado con la casa real.

Seguro que pica el anzuelo.

Le estoy muy agradecido, Rosina.

No solo estoy contento con mi nueva casa,

también con el vecindario. -Acacias es un lugar maravilloso.

Hemos pasado mucho juntos aquí, doctor.

Yo diría que, más que vecinos,

somos una gran familia bien avenida.

-Ojalá que los últimos acontecimientos no cambien eso.

-¿Se refiere al regreso de Úrsula, madre?

-Quiera el Altísimo mantenerla lejos.

-Ya he comprobado los reparos que muestran hacia ella.

No puedo evitar sentir curiosidad por ella.

-Cuidado con su curiosidad, ya sabe qué le pasó al gato.

-Lo único que debe saber es que esa mujer es mala.

-Puedes decir que es malvada. -Sí, madre.

Esta vez no la voy a contradecir.

Por mucho que digan que la han curado en ese sanatorio,

no es posible,

la maldad de esa mujer no es reversible.

-¿Sirvo más chocolate?

No, hemos tomado suficiente. Tráiganos la cuenta.

-¿Todavía no han vuelto Flora y el Peña del médico?

-No, y me preocupa tamaño retraso.

Quizás el accidente

del Peña fuese más grave de lo que creíamos.

-¿Usted qué opina? ¿Es una lesión de enjundia?

-Bueno, la exploración no...

En cierto modo... Pero no del todo... Quizás.

-Pues me ha quedado todo mucho más claro con su explicación.

-Es lenguaje médico.

¿Cómo lo va a entender?

-Si me disculpan. Había olvidado que tenía una cita.

Que tengan una buena noche. Con Dios.

-Con Dios.

-Doctor, aguarde.

-Al fin. ¿Qué os han dicho?

-Qué debo mantener el brazo inmovilizado por un tiempo.

Tengo una fisura. -Lo que suponía.

-Le estamos muy agradecidos por su recomendación,

el doctor Urdiales, es un profesional de tomo y lomo.

-Y nos ha atendido con especial dedicación por ir de su parte.

-Le tiene en alta estima y admiración.

Nos ha contado que se conocieron en las misiones.

-De cuando estuve en África. Ya les había comentado.

-Nos ha contado que el doctor fue a faenar a un hospital

y atender a indígenas sin cobrar una peseta.

-Cualquiera lo hubiese hecho. -Se equivoca, doctor,

no todo el mundo está dispuesto a entregar su vida

para ayudar a los más desfavorecidos.

-Tan solo hice lo que era mi deber. No tiene mayor importancia.

Si me disculpan, ya llego tarde. -Con Dios.

-Con Dios.

-Con Dios, doctor. -Este hombre es un santo en vida.

-Y muy olvidadizo.

Se ha ido sin pagar la cuenta. -No tiene importancia.

Quedan invitados. Solo faltaría, con lo que me ha ayudado.

Íñigo, ayúdame a preparar un chocolate, que con este brazo...

Ha hecho una buena compra, padre.

Ahora se puede decir que tenemos el mundo bajo nuestras manos.

-Espero que me ayude

a encontrar destino.

-¿Está organizando un viaje?

-Así se lo voy a proponer a Trini, creo que anda necesitada de cambios.

-¿Qué le hace pensar eso?

-Verás, hijo, he estado hablando largo y tendido con Celia,

y me ha hecho entender que quizá, Trini precise de emociones nuevas.

-Ya. En ese caso, un viaje es lo ideal.

Y descuide, que si se van, yo me quedo aquí, al mando de todo.

-Uy. ¿De dónde habéis sacado eso?

Parecéis dos críos con juguete nuevo.

-¿Qué lugar del mundo te gustaría visitar ahora?

El que sea. -Cabrahigo.

-El mundo es más grande que Cabrahigo.

-Ya lo sé, pero no estoy segura de que haya que conocerlo todo.

-¿Qué me dirías si te invitará a conocer la India?

-Te lo agradecería en el alma,

pero nada se me ha perdido por esos sitios tan lejanos.

-La distancia no es el problema. ¿Y Australia?

-Quita. Me dan miedo los canguros.

-Trini, creo que ahora sería un buen momento

para que tú y yo hiciéramos un viaje de varios meses.

-Creo que es el momento ideal,

doña Trini.

-Si estáis tan convencidos, iros vosotros, a mí me da pereza.

No quiero marcharme tanto de Acacias

ni de la familia, que nunca se sabe qué puede pasar.

-Antoñito, ¿me dejas que hable un momento a solas con Trini?

-Sí, sí, sí.

Me voy a mi habitación a darle al magín.

Pero si no convence a doña Trini,

también nos puede invitar a ese viaje a Lolita y a mí.

-Trini, amor mío,...

no creas

que no me he dado cuenta, que ya te conozco y, a mí no me engañas.

En estos días te he notado algo,

algo rara.

-Ramón, qué suspicaz.

-Te encuentro...

extraña, pensativa,

no haces más que hablarme de niños.

Y creo que ya sé lo que está pasando.

-¿De verdad?

-Sí.

Adivino que tratas de decirme que...

en nuestra familia puede haber algún cambio importante.

De hecho,

creo que quieres decirme que nuestra familia

aumentará en un miembro más.

-Ay, Ramón.

-María Luisa está en estado, ¿verdad?

-¿María Luisa? -Sí.

Y te lo ha dicho a ti antes para que tú vayas acostumbrándome a mí.

-No, Ramón, María Luisa no está en estado.

-Ay, menos mal.

No creas que no me ilusiona el asunto,

pero no me veía de abuelo.

Muchos compañeros del Ateneo ya lo son, y están hartos.

Los niños dan mucha guerra.

Y tú y yo estamos muy bien los dos, solitos, tranquilos.

Qué alegría que sea una falsa alarma.

Qué bonito le estás dejando, Casilda.

-Dentro de lo humanamente posible, se entiende.

-¿No será mejor con el pelo para atrás?

-No me venga con exigencias, Servando,

que no puedo hacer milagros con esos cuatro pelos que tiene.

-Va a ir hecho todo un pollo a hacerse los retratos.

-Quizá deberíamos tintarle el pelo "pa" que pareciese más joven.

-O podría ponerse un monóculo,

eso siempre da la impresión de inteligente.

-Tratándose de Servando habría que ponerle dos "monoculos",

uno "pa" cada ojo.

-¿No tiene otro traje más elegante que ponerse?

-"Señá" Carmen,

aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Lo del tinte sería lo más "apropiao", háganme caso.

-Pues les digo que ni tinte,

ni "monoculo", ni ocho cuartos. Yo voy a ir como soy, ya está.

-Piénselo bien, Servando,

porque "usté" es, cómo diría yo, pues muy Servando.

-Precisamente por eso me han llamado, porque soy así.

-O habrán "perdío" el oremus. -Al contrario,

nunca han estado más seguro de que yo era el auténtico

Coloso. -Dejémoslo mejor en...

El Colosito.

Qué dices,

yo soy un hombretón de los pies a la cabeza, ¿o no?

-¿De verdad quiere que le respondamos a eso?

-Pocos hombres quedarán como yo.

-Sí, gracias a Dios.

-En eso tengo que darle la razón,

con usted, desde luego se rompió el molde.

-Desde luego,

que no está hecha la miel "pa" la boca de la burra.

-Ea, allá va El Coloso.

-Yo, por más que le doy vueltas a la cabeza,

no me barrunto por qué han elegido al Servando estando Antoñito.

-O a cualquier otro hombre, quede todo dicho.

-Se ve que nosotras no entendemos de carteles,

porque si no, ¿por qué han elegido a Servando?

-No lo sé. Espero que tengan sus motivos y no haya gato "encerrao".

Porque Servando se parece al Coloso, lo que yo a la reina de Saba.

(RÍEN)

-Ay, señor.

Al parecer, tu médico no exageró,

pasó una larga temporada en las misiones de África, curando

desinteresadamente a esos pobres negritos.

-Lo sé, tía. Rosina no habla de otra cosa.

El doctor la tiene impactada.

-He de reconocerte que,

al principio, pensé que tu esposa exageraba,

pero Flora me lo ha confirmado.

No cabe duda de que el doctor Baeza es un hombre excepcional.

Aunque he de decirte que a mí ya me lo parecía,

por haberte salvado la vida.

Es más, ya le he comunicado

que le voy a regalar el traje.

-Vaya, parece que el doctor se está acostumbrando

a que todo le salga gratis.

-¿Qué sugieres? ¿No te parece bien que se lo regale?

Si te ha salvado la vida.

-Verá, tía, tan solo digo que el doctor anda más escaso de liquidez

de lo que comentaba.

No es solo porque haya conseguido que Rosina le rebaje el alquiler.

-Lo cual es casi un milagro, todo sea dicho.

-Siempre tiene una excusa para no sacar de su bolsillo la cartera.

Nunca le he visto pagar una cuenta.

Hoy mismo me pidió el periódico para leerlo, en lugar de comprarlo.

-La verdad es que yo también he tenido esa sensación.

Debe estar más desplumado que un pollo.

-Aquí le encuentro, don Liberto, venía a devolverle su diario.

-Ah, pero no es menester, puede quedárselo.

-Descuide, ya lo he leído. Le veo mala cara.

¿Acaso le molestan las cicatrices?

-No, las cicatrices... No es nada.

Me encuentro perfectamente, -Bueno,

me pasaré por su casa a hacerle una cura y revisar las heridas.

-No es necesario. -Me quedo así más tranquilo.

No quiero que recaiga y se pierda el ágape que estoy preparando.

-¿Va a dar una fiesta? -Sí, deseo presentarme oficialmente

a mis nuevos vecinos. Espero contar con su presencia.

-Cuente con ello.

Y sepa que podrá estrenar su traje, lo tengo casi terminado.

En cuanto lo tenga, se lo envío con Agustina.

-Muchas gracias. En fin, no les entretengo más.

Les enviaré las invitaciones. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-No debe estar tan arruinado cuando va a dar una fiesta.

-Sí, al parecer estábamos equivocados.

No nos habrá escuchado, ¿verdad? -Buah.

Sí que ha habido novedades en sus pesquisas.

-Lamento no haber venido a contárselas antes.

-Hay tantas incógnitas en el aire

que, apenas he podido dormir dándole vueltas.

-Sí. Hay algunas preguntas sin respuestas.

-¿Solo algunas?

¿Por qué mi padrino me ocultó su relación con los marqueses?

Padre, ¿por qué la marquesa tiene la misma cruz de madera?

¿Y... qué relación tiene

mi madre con esos señores?

-Le ruego

que no llegue a conclusiones precipitadas. Debe actuar

con cautela.

-Me gustaría, pero no encuentro la manera.

-Como ya le dije, quizás su madre tan solo fue la criada

de los marqueses,

eso explicaría que tuviera la cruz.

-¿Y el retrato de mi padrino junto a los marqueses?

-No lo sé. Una simple casualidad.

Pudieron coincidir

en la fiesta, sin llegar a tener más trato.

Es mejor tener los pies en la tierra,

no vaya a llevarse una decepción buscando respuestas que no existen.

-Sí, quizá tenga razón

y haya dejado volar mi imaginación demasiado lejos.

Tanto, que incluso he desatendido cuitas más inmediatas.

-¿A qué se refiere?

-Mientras yo fantaseaba sobre mi pasado,

Samuel debe estar sufriendo

por su situación financiera. -A mí también

me preocupa el joven Alday. ¿No ha ido a visitarlo?

-No. Y creo que es algo que debo solucionar de inmediato.

(Ruido)

¿Hay alguien más en la casa? -Es mi sirvienta.

Está limpiando el baño

y debe haber roto algo.

La pobre desdichada no está bien.

La encontré en la calle, sin un techo donde refugiarse.

Por lo que cuenta, arrastra un doloroso pasado.

-Entiendo. -¿Quiere saludarla?

-Me encantaría, pero ahora tengo algo de prisa.

Quiero visitar a Samuel cuanto antes.

-Descuide, ya tendrá ocasión. Le acompaño a la puerta.

Con Dios. -Con Dios.

-Discúlpeme, padre,

he roto un espejo mientras limpiaba el cuarto de baño.

-Ya lo he podido escuchar. -Ya no sé lo que me hago.

-Tranquila. Tranquila, no pasa nada, siéntese.

Siéntese, de verdad.

-No sirvo para nada. -Úrsula, tranquila.

No es más que un espejo roto, no pasa nada.

-No sirvo para nada. -Tranquilícese.

-No sirvo para nada. -No pasa nada, tranquila.

-No sirvo para nada. -No pasa nada.

-(LLORA)

A ver, le cuento la idea que yo tengo en mente.

En la habitación del fondo, esta pared es un muro de carga,

imposible derruirlo, pero esta medianera, si la quitamos de aquí,

podemos convertir este salón en un espacio...

Trini, no te esperaba tan pronto.

-Ya lo veo.

¿Nos disculpan un segundito? -Discúlpenme.

-Mi amor, ¿quiénes son estos hombres?

-Son un aparejador y su jefe de obras.

-Anda. ¿Y me podrías explicar qué hacen en casa?

-Claro. Después de la conversación que tuvimos ayer,

he estado pensando y me he dado cuenta de algunas cosas.

-¿De verdad?

-En cualquier momento puede que tengamos un chiquillo

corriendo por estas habitaciones.

-Y quizás antes de lo que te esperas.

-María Luisa pronto puede quedarse en estado.

Y no me extrañaría que quisiera educar a su hijo aquí, en España.

Por eso hay que aprovechar el momento.

He decidido que voy a convertir esta casa

en un hogar

libre de ataduras, sin complicaciones.

¿Qué te parece si tiramos los muros de la habitación de María Luisa

y levantamos una especie de salón de juego?

Con su billar, sus dardos, su mueble bar.

-Ahí, ahí, padre, eso es una brillante idea.

-Tú no te hagas ilusiones.

En cuanto te cases con Lolita, te vas de casa.

Es una idea que he pensado para que disfrutemos mi esposa y yo.

¿Qué, Trini, a qué estás contenta?

-Como unas castañuelas.

-Si te conozco yo. Discúlpame, Trini, sigo con ellos.

Bueno, como les decía,

si tiramos esta pared...

(LEE) "Nuestra entidad lamenta denegarle el crédito

que nos solicita, dada la elevada suma que nos adeuda".

-Malas noticias, supongo.

¿Desea el señor contestar al director del banco?

Yo le llevaré la respuesta de inmediato.

-No, no será necesario. Puede marcharse.

¿No me ha oído? Déjeme solo.

-Señorita Lucía, ¿viene a ver a Don Samuel?

-Así es. ¿Se encuentra en casa?

-Sí, pero hágame caso,

no es el momento más indicado para visitas. Con Dios.

-Con Dios.

-¡Cesáreo ya le he dicho...!

-Samuel. -Lucía, no la esperaba.

-Discúlpeme por no haber venido a verle antes, Samuel.

He estado muy ocupada y pensé que le gustaría estar solo.

-¿Y qué le hace pensar que ya no sea así?

-¿Puedo ayudarle? ¿Cómo van las negociaciones con el banco?

-De forma inmejorable. No se preocupe.

Lo lamento, pero debo marcharme.

-Se lo ruego, Samuel,...

sea franco conmigo. Tan solo trato de ayudarle.

-¿De verdad cree que puede ayudarme?

Cuando se marche, cierre la puerta.

Doña Natividad, a sus pies.

Tenía que haber visto que sesión de fotos, Antoñito.

Yo diría que ha sido única. Incluso homérica.

-Sí, sí que ha durado la sesión, sí.

-Si llega a ser por ellos, seguiría allí.

Estaban admirados con mi porte y belleza.

No podían parar de hacerme retratos.

-Quién podría imaginarlo.

-Mi donosura y virilidad arrolladora les tiene convencidos

de que el anuncio será un éxito.

Ese producto se va a vender solo y, todo, gracias a mi cuerpo apolíneo.

-Creo que tenemos distintos conceptos

de lo que significa esa palabra.

En fin, enhorabuena, Servando.

-Muchas gracias.

Ya me imagino la ciudad entera

empapelada con mi figura. -Yo prefiero no imaginarlo.

Parece mentira, pero aquí dónde me tiene,

soy un hombre a punto de ser famoso.

Pero descuide, porque voy a seguir siendo

el mismo Servando de siempre, sencillo, modesto.

-Me quita un peso de encima.

-Seguiré atendiendo mis tareas,

incluso le saludaré por la calle.

-Es todo un detalle. -El éxito no me aguará el seso.

Si quiere un recuerdo mío, pues... -¿Un recuerdo?

-Sí, antes de que se formen olas de admiradores,

y claro, luego quizá no tenga tiempo.

-Ya. Sí, sí, Servando, tiene razón.

Luego estarás nadando entre fama y gloria,

y no tendrás tiempo. Por favor.

-Ahí está. Ahí tiene el Antoñito.

Y este papel,

dentro de no mucho tiempo valdrá una fortuna.

-Y eso que es una equis.

-Es una equis, pero no me negará usted

que es muy estilosa.

Se imagina, si en vez de a mí, le hubieran llamado a usted,

sería usted ahora mismo el que estaría firmando autógrafos.

-No dejo de pensarlo. -Caballero,

¿quiere usted un autógrafo del futuro El Coloso?

Aquí tiene. Esto puede costar un dinero dentro de no mucho tiempo.

Muy amable. Señoritas,

un autógrafo del futuro El Coloso.

Se lo doy gratis.

Dentro de un tiempo puede costar una fortuna.

Para usted también, como no. -¿Qué pasa aquí? Disuélvanse.

¿Se puede saber qué hace?

-Estaba firmando autógrafos.

¿Quiere usted uno? -¿Bromea?

-No, no, no, es en serio, yo ya tengo el mío.

-¿Tiene envidia?

-Los del anuncio deben de estar ciegos para elegirle a usted.

-Señora, tengo firmas para todas.

Aquí tiene, del futuro El Coloso.

Qué suerte tiene de haberme conocido esta mañana temprano.

Un autógrafo del futuro El Coloso. Ahí lo tiene.

-¿Qué hace Servando? -Ni caso, señora, sus "tontás".

Le van a retratar para un anuncio y ya se le ha "subío" a la cabeza.

-(RÍE) Este Servando no cambia.

-Ay.

Ya que estoy, dame una docena de claveles.

Unos rojos, que me peguen con las gerberas.

-En un santiamén.

¿Se ha "enterao" ya de que mis señores

planean hacer obras en la casa?

-¿Obras?

¿Van a preparar la habitación para la criatura que llega?

-Nones, señora, un cuarto de juegos "pa" mayores.

Ya sabe, billar, dardos...

-¿Qué dices, Fabiana? No te entiendo.

-Anda que una...

Resulta que doña Trini

todavía no le ha dicho la "verdá" a su esposo,

y este sigue convencido de que deben vivir la vida como dos jovenzuelos.

Calle, que viene.

-Muy buenas, Celia.

Fabiana, el diario.

-Me ha comentado Fabiana que se dispone a hacer obras.

-Sí, vamos a preparar una sala de juegos.

Estoy entusiasmado con la idea. -¿Y Trini está

igual de contenta? -Sí, claro,

yo creo que sí. Y más se alegrará

cuando vea cómo transformo la casa

en un nido de amor.

Dese cuenta, Celia, es la primera vez que tenemos la oportunidad

de vivir solos, sin preocuparnos de los hijos.

Bueno, señoras, con Dios.

-¿Qué le decía?

-La cosa está peor de lo que creía. -Pues sí.

-Y cada día que pasa, la bola se hace más grande.

-Debo hablar con Trini. Tiene que contárselo ya.

-Sí. A este paso, mi señor se va a enterar de que es padre,

cuando el niño haga la primera comunión.

-¿Qué te debo?

-Lo mismo de siempre, señora.

-Aquí tienes. Gracias.

-Con Dios.

(Llaman)

Ya va.

Agustina, ¿deseaba algo?

-Le traigo a su señor su traje nuevo.

-Se lo agradezco.

-Déjeme la nota, que se la daré luego.

-Pierda cuidado, que no hay ninguna nota.

-Ah, ¿no?

-El traje es un obsequio de mi patrona, doña Susana,

en agradecimiento por haber salvado a su sobrino.

-Pase, Agustina, no se quede en la puerta.

-¿Casilda, que haces aquí? ¿Te has equivocado de cocina?

-Nanay, Agustina.

Es que, la "señá" María tenía dificultades con el horno

y he venido a ayudarla.

Como he "faenao" en esta casa tantos años.

-El truco está

en poner la leña bien al fondo, que si no, no tira.

-Sí, eso le he "explicao".

Ahora lo estamos probando con un bizcocho.

-Ya huele que alimenta.

-Cuantas horas he pasado faenando entre estas paredes,

sirviendo al coronel Valverde.

Dios lo tenga en su gloria.

Qué "desdichao" final tuvo ese hombre.

-Aún me cuesta creerlo.

-No me se venga abajo, Agustina.

Ya sabe que de malos tragos vamos "toas" servidas.

-Tienes más razón que un santo.

En cuanto me descuido, me pongo a cavilar en el pobre señor

y en la señorita Silvia,

¿Qué habrá sido de ella?

-No se preocupe.

Seguro que está bien.

No se merece otra cosa. -Así lo espero.

Pero no puedo evitar que me invada la congoja y me eche a llorar.

-Hágalo sin miedo, está entre amigas.

-No quiero amargaros el día.

Mejor me marcho con mis penas.

Doña Susana me espera y me viene de perlas estar ocupada

en mi faena.

Con Dios. -Con Dios.

Casilda,

no sabía que el anterior inquilino las había "espichao".

Hay que ver cómo estimaba Agustina a sus señores.

-"Pa" chasco que sí. Es más buena que el arroz con leche.

Y eso que en un principio le tuve cierta prevención.

Pero siempre me sucede con los extraños.

Supongo que soy de natural "desconfiá".

-¿También te ha pasado conmigo?

-Pues ahora que lo dice, con usted nones.

Usted me cayó de guinda desde primeras.

Qué raro.

-Ya ha pasado el tiempo, el bizcocho debe estar listo.

-Bueno, habrá que catarlo.

-Aguarda, hay que esperar a que se enfríe.

-Quite, que hay muchas muertes repentinas.

-Uy.

-Ay. -"Cuidao".

-No, así no. -A ver.

Eso es. -Ahí.

-(SOPLA)

-(RÍE)

¡Ay!

Arrea, ¿qué pasa?

¿Te has quemado?

-(TOSE)

-¿Está malo?

-No, no, si le ha "quedao" a usted fetén.

-¿Y por qué esa cara?

-Pues es que,

el sabor de este bizcocho...

me recuerda a algo,... pero no sé bien a qué.

-A saber. Lo importante es que esté bueno.

No quiero servirle a mi señor un postre que sepa a rayos.

Así que se queda ahí.

Ay, pues vaya faena lo de tu brazo, Peña.

-Ya le digo, Fabiana, con el brazo incapacitado no me apaño.

-No te preocupes, que yo te traigo los diarios hasta que te recuperes.

-Menos mal que el doctor Baeza me recomendó a su colega.

Creo que en unas semanas estaré como nuevo.

-Esperemos que te deje "apañao".

-Gracias, Fabiana. -Con Dios.

-Con Dios.

¿Qué diantres?

¡Úrsula! ¡Úrsula!

¿Se "pue" saber qué hace en Acacias? Quieta. ¿No me ha oído?

¿Ande va?

-Vengo de comprar.

-¿Comprar "pa" quién?

¿De dónde ha sacado los cuartos si no tenía donde caerse muerta?

-Debo preparar la cena para mi señor.

-(SE BURLA) Mi señor.

¿Qué señor metería a una serpiente en su casa?

¿A quién dice que está sirviendo?

-Déjeme marchar. No quiero molestar a nadie.

-Va "usté" dada.

De aquí no se mueve hasta que me diga qué está pasando.

-Estoy trabajando como ama en casa del padre Telmo. No te miento.

-¿En casa del cura?

-Fabiana, ¿qué pasa?

Qué tacto tiene este traje. -Antes lo trajo Agustina.

-Sí, la sastra me dijo que lo enviaría.

-¿Y también te dijo que no pensaba cobrarte ni un real?

-María, soy tu señor, deberías tratarme de usted.

-Usted disculpe, señor.

-Sí, me dijo que era un presente

por haber salvado la vida de su sobrino.

La sastra ha hecho un estupendo trabajo.

Estoy adquiriendo un buen nombre

en estas calles. -Cómo no va a ser así,

un hombre que entregó su vida a curar a los negritos de África.

-¿Ves como el dinero invertido en Sisebuto

iba a ser de provecho?

Me tienen en un pedestal. -(RÍE)

Espero que no muy alto, la caída puede ser dura.

-No tengo ninguna intención de caerme.

Soy un ejemplo para mis vecinos.

Y corresponderé agasajándoles con un ágape por todo lo alto.

-Espero que en ese ágape se les sirva aire.

No hay monís para comprar viandas.

-Descuida, está todo pensado.

Empéñalos.

Dará para comprar buenos vinos y aperitivos.

-Esto no va a acabar bien.

Entra, Carmen. Sentémonos.

-No, señorita, preferiría seguir de pie.

-Está bien, como quieras.

Carmen, te lo ruego, ¿qué ha estado haciendo Samuel

todo este tiempo que no he podido ir a visitarle?

-Señorita, ¿no sería mejor que eso se lo preguntase a él directamente?

-Lo haría gustosa, pero temo que no me contestara.

Carmen, sabes que no haría nada

que te causara perjuicio. Solo trato de ayudarle.

-Ya, pero yo, muy poca cosa puedo contarle.

El señor Alday ha estado muy atareado todo el día,

es de suponer que organizando papeles

para llegar a un acuerdo con el banco.

-Un acuerdo al que no ha llegado.

-Por su mal humor y preocupación, me temo que no.

Después de salir

a hacer unas gestiones, me ha dado la noche libre.

Se ha quedado haciendo cuentas. Es lo único que hace.

-Entiendo.

¿Y qué pinta el sereno en todo esto?

Antes le vi salir de casa tan tranquilo.

-Eso no es de extrañar. Se gana unas monedas

haciéndole recados a mi señor. Ya sabe usted que Cesáreo

es perro ladrador

con los pobres y adulador con los señores.

No se sienta culpable ni responsable de la situación de mi señor.

Usted nada de culpa tiene. -No puedo evitar sentirme

culpable.

Últimamente he estado algo alejada de él.

Tal vez, Samuel lo considere una traición.

-No debería, nadie se ha preocupado más por él que usted.

-Deberías haber visto con la frialdad que me ha tratado antes.

Y no puedo reprochárselo, la realidad es que le he fallado.

(Se abre una puerta)

Parece agitada, prima. -No me faltan motivos.

No me puedo creer lo que he visto en la calle.

Úrsula sigue en el barrio.

-¿No se ha marchado?

-No.

Y al parecer, pretende quedarse un tiempo.

Dice que está sirviendo en casa del padre Telmo.

¿Sabías tú algo, Lucia?

Quiero que mañana a primera hora tiren un par de tabiques.

El cuarto de recreo debe quedar bien espacioso.

Tiene que ser un auténtico oasis para mi esposa y para mí.

-Y para su hijo, he de suponer.

-Supones mal, hijo mío. Tú no la vas a ver ni en pintura.

Entonces, lo que deben hacer para empezar es, quitarme toda...

-¿Ha visto, doña Trini? Mi padre está deseando ponerme

de patitas en la calle para que se puedan quedar solos.

-Eso de quedarnos solos habrá que verlo.

-Estará contenta. -Sí, mucho. ¿No me ves dar saltos?

Por cierto, antes me encontré con doña Celia en la calle,

me dijo que vendría a verla esta tarde.

-Pues debe ser que se ha retrasado.

-Y es raro, parecía tener cierta urgencia.

Textualmente me dijo que iba a venir para ayudarle a aclarar las cosas.

No sé qué querría decir.

-Vete a saber, Antoñito, hijo.

El caso es que se está retrasando

y, preciso que venga para que no derriben mi casa.

-Bueno, yo me voy, que no quiero tener nada que ver.

-Insisto, mañana a primera hora.

A primera hora deben ustedes de empezar a demoler.

-¡Mira, ya está, basta! ¡Todo el mundo fuera! ¡Fuera!

¡Fuera!

-Trini, amor mío, ¿se puede saber qué te sucede?

¿Acaso no te gustan los cambios en la casa que propongo?

No hay quien te entienda. ¿Que no hay quien me entienda?

Pues mira, te lo voy a explicar bien clarito.

No quiero ni reformas ni viajes ni zarandajas, Ramón.

¿Cómo puedes ser tan lelo como para no darte cuenta de lo que me pasa?

-¿Estás pensando abrir un negocio? -¡No!

¿Un negocio, Ramón? Que no.

¡Lo que me pasa es que estoy preñada, preñada!

-(APLAUDEN)

¿Cómo es posible que hayas entrado al servicio del párroco?

-¿Qué mentiras le has contado? -Ninguna. Yo...

-¿Cómo se instala en Acacias después de lo que nos ha hecho?

-Lo siento. -¿Lo siente?

Más lo va a sentir, mala pécora. -Yo no quería ofenderles.

Solo necesitaba un techo bajo el que dormir.

-Haberlo buscado en otro lugar. -O en otro país.

¡A lo mejor es que se te ha olvidado el daño que nos has hecho,

pero nosotras no lo hemos olvidado!

-Pero no.... -¡Secuestró a Moisés!

-¡Su mala lengua difundió rumores de nosotras!

-¡Fuera de Acacias! -¡No recuerdo nada!

-(TODAS GRITAN)

-(TODAS GRITAN)

-¡Señoras!

¡Señoras, caridad, por favor!

Levántate, Úrsula.

-Pero...

-¿Trabaja "pa usté", padre?

Encontré a esta mujer sin una moneda, a punto de morir de hambre,

y le di cobijo en mi propia casa. -Pero ¿sabe usted quién es?

-Sí, una pobre desgraciada que precisaba de ayuda.

No necesito saber más. Úrsula no está bien

después de los tratamientos a los que ha sido sometida

en el sanatorio.

Les ruego que no sean duras con ella.

-Padre,

no sabe lo que no está pidiendo. -Sí,

caridad cristiana.

No sé lo que pudo hacer en el pasado,

pero sé que ahora es inofensiva. -Padre,

por el afecto que le tenemos, no insistiremos,

pero haga caso de nuestra advertencia,

aunque lleve piel de cordero, esa mujer fue y sigue siendo el demonio.

Apártela de su vida.

-Con Dios.

Le agradezco que haya venido a visitarme.

Pase, por favor.

He sabido que estuvo preguntando por mí en alguno de mis negocios.

-Le han informado bien, quería verle.

-Siendo un personaje tan ilustre, me pareció oportuno venir a verlo.

-Siéntese, por favor.

Supongo que no será necesario que le explique

por qué preciso de sus servicios. -Leo los diarios,

he sabido por los periódicos del desastre de la Galería Alday.

Pero antes de continuar y establecer una suma,

creo que debo advertirle que mis condiciones son inamovibles,

tanto para un mendigo como para un señor.

-Me parece justo. -Puedo prestarle dinero,

pero jamás dejo una deuda sin cobrar,...

ya sea con dinero o... con algo más valioso para mi deudor.

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  • Capítulo 835

Acacias 38 - Capítulo 835

28 ago 2018

Lucía y Celia ponen al tanto a Felipe y deciden hacer venir a la ciudad a Joaquín. Lucía comparte sus descubrimientos con Telmo quien intenta persuadirla. Ramón cree deducir equivocadamente qué le pasa a su esposa: planea hacer reformas en casa para contentar a Trini pero cuando llegan los obreros Trini explota ante todos.

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  1. Rossy

    Y es que la nueva empleada es la mamá de Casilda? El momento en que ella prepara un pastel que prueba Casilda y al momento la lleva a recuerdos q ella no entiende. La imagen perfecta q se ha hecho Casilda de ella. Y ahora la empleada diciendo que lleva tiempo evitando ese barrio... Por qué? Casilda fue abandonada?

    30 ago 2018
  2. Mabi

    Aparte de las vecinas y amigas de Trini, los más contentos por su preñez fueron los albañiles!!! Que manera de festejar con aplausos la noticia!!! Y la cara de Ramón!?!?!? Y la bronca de Trini!?!?! Por favor guionistas, denle un giro alegre y divertido a este embarazo y no penas y angustias!!!!

    29 ago 2018
  3. Betty

    La mayor parte de personajes, los nuevos y lo "antiguos" conocidos, tienen en esta serie un presente y un pasado oscuro, oculto y muchas veces " NON SANTO " .- En los últimos capítulos vemos a un cura por demás sospechoso, a un médico que parecería no ser tal, su " criada ", cómplice de váyase a saber qué, una Ursula de la que descreo UN CAMBIO, mas bien en cualquier momento recupera sus viejos hábitos y seguirá con sus maldades, que parecería son alimento imprescindible en su vida.- En definitiva, seguimos en la misma tesitura de siempre señores guionistas ???

    29 ago 2018
  4. Marce

    En cambio a mi me parece que porfin es Una serie entretenida mas sana. Que cambiara las condiciones del persoanje de ursula y Samuel ayudo mucho. Ademas le veo trakassere que dejan burmas expectativas como la de lucia, Samuel, el medico etc. Lo que aun me sigue fastidiando son todos los dramas sin resolver. Y la manera como sacaron a michos de los actoresnprincipales de la serie. Tanta muterte sin resolver y tanto papel de inutil en las autoridades...

    28 ago 2018
  5. soffia

    los nuevos uno es peor, quel otro

    28 ago 2018