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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 834 - ver ahora
Transcripción completa

Este café teatro es toda una novedad.

Podríamos ir allí con nuestras novias.

-Sí, me parece fetén.

Estoy deseando pasar tiempo con ella.

He recuperado unos diseños de mi padre y estoy muy emocionado

con la idea de lanzar una nueva colección para la firma.

¿Le gustaría verlos? -Por supuesto.

-Mire, este fue uno

de los primeros diseños que hizo mi padre.

-¡Es precioso!

-"A ver, sí, el doctor Baeza no anda muy boyante".

Resulta que los últimos años

trabajó en las misiones y no tiene ni un real.

-Mi madre ha tenido que financiarle en parte

el alquiler del piso.

-Ahora que lo pienso, le he puesto en un compromiso sin querer.

Con lo del ágape. ¡Ay, por favor!

¿No será usted la criada del nuevo galeno?

-Así es, ricura. Me llamo María, para lo que puedas necesitar.

-Yo soy Casilda Escolano.

-Encantada, Casilda.

-Me barrunto que nos vamos a llevar fetén.

El padre Telmo fue quien me salvó la vida en el momento de la explosión.

Desde entonces me ha ayudado a buscar una explicación

a los signos que hay en las dos cruces.

Y gracias a él he encontrado esta pista.

-Tengo que enseñarte una cosa. -"Díselo si no"

a mi amigo Rubén Garbí, que el pobre, a su edad,

va a ser padre en breve.

No sé si el hombre me da pena o risa.

-Sí.

Pobrecillo, ¿no?

-Los hombres a mi edad no estamos para esos menesteres,

estamos para disfrutar intensamente

de la vida.

-Parece que la conexión entre la cruz que me dejó mi madre

y los marqueses es evidente.

-"Usted es el único"

que me ha tendido una mano

después del infierno que he atravesado.

Y juro que no le defraudaré.

-Levántese, no debe hacer eso.

-¿Hacer el qué? -Rendirme pleitesía.

Usted no es mi sierva. -Soy su criada.

-Exactamente. Alguien que me ayuda.

Levántese, por favor.

-Es usted quien me ha ayudado a mí.

-Si la ayudé, es porque la vi necesitada.

-Es usted un buen hombre, padre.

Estar a su lado

me hará mucho bien. -¿Por qué dice eso?

-He de expiar mis culpas.

Me he portado mal con mucha gente.

He hecho cosas horribles.

Cosas que,...

que, aunque pudiera, no querría recordar.

-No tiene que ser para tanto. -Se equivoca.

Lo es.

En ese sanatorio, me sometieron

a tratamientos dolorosos y terribles,

prácticamente anularon mi identidad y mi vida anterior.

Eso ha hecho que recuerde mi pasado como...

una nebulosa, como...

si fuera de otra persona.

Lo recuerdo vagamente

porque me lo recuerdan a cada paso.

Pero yo no puedo entender

cómo pude albergar

sentimientos tan despiadados.

Pero no fue otro quien hizo todo eso, fui yo.

He hecho cosas que ni el mismísimo diablo haría

a mis vecinos,

a la gente que más quiero.

-Todo el mundo merece un perdón.

Todo el mundo merece perdonarse.

-Y a su lado lo conseguiré.

Usted me ha dado la oportunidad de ponerme

a bien con Dios primero

y con mis semejantes después.

Ha sido una bendición poder volver a Acacias.

A este lugar que me vio morir...

y que ahora me verá renacer.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Es posible que no me haya contado la verdad?

-¿Hablas del tío Joaquín?

-Él siempre me dijo

que llevaba pocos años trabajando para los marqueses.

Pero...

¿y si su relación viene de mucho antes?

-¿De mucho antes?

-Y si a mi nacimiento ellos ya se conocían.

-Yo recuerdo haber estado un verano en Salamanca cuando era pequeña

antes de que tú nacieras.

Y los marqueses

ya eran el matrimonio más importante de la ciudad.

¿Qué estás pensando, Lucía?

Supongamos que mi madre

entra a trabajar a casa de los marqueses.

Y una noche él se propasa con la criada...

y la echa.

Pero ella ya está...

Prima,... ¿quién es mi madre?

-Tengo algunas cajas de recuerdos familiares.

Buscaré a ver si encuentro algo que nos aclare

la relación entre nuestra familia

y los marqueses de Válmez.

Encontraremos alguna pista.

Ya verás.

¿Noche libre?

Qué suerte la suya, Fabiana.

Yo habré de bajar en un rato

a recoger y dejar las cosas preparadas para mañana.

-Yo ya lo hice hace una miaja.

Es que mis señores están de cena romántica en La Deliciosa.

Y don Antoñito ha ido con el Peña

a lo del cartel del Tónico El Coloso.

-¿Y qué pinta tenían esos dos?

-Uy, "apañaos" y bien requeteguapos.

Hechos un pincel que iban de los pies a la cabeza.

Bueno, ¿qué,

echamos una partidita de cartas? -Venga, al mus.

-Claro, si lo tengo todo preparado. -Por más acicalados que fueran

nada comparado a cómo voy yo mañana.

Así que venga, vamos a echar una partidita y a dormir.

Tengo que madrugar para ponerme guapetón.

-Aunque la mona se vista

de seda, mona se queda. A las buenas noches.

-Buenas noches. -Buenas.

-Casilda, qué bien acompañada te veo.

-Pues aquí la señora María, que es la nueva criada del médico que vive

"ande" mi señora.

-Bienvenida a nuestra humilde casa, María.

-Un palacio, señora, limpio y lleno de buena gente.

¿Qué más se puede pedir?

-Mire, para el uniforme tendrá que esperar porque no tenemos.

Pero habitación sí que hay.

Así que venga conmigo,

que se la enseño. -¿Y no se la puede dar luego?

Tengo que levantarme temprano.

-Servando, ¿esas son formas de tratar a María?

No me sea "desaborío".

-Deja, si lo entiendo. ¿Iban a echar la partida?

-Sí. -Sí, sí, pero se puede esperar.

A Servando no le va de media hora.

-Ni a mí tampoco. ¿Van a jugar al tute?

-Al mus. -Al mus, me encanta.

Pero ándense con cuidado, que soy un hacha.

¿Qué, cuánto nos jugamos?

-¡Uy!

-¡Arrea!

(Campanadas)

Las 10 en punto y sereno.

Las 10 en punto y sereno.

Ay...

Sí que tardan esos dos en volver.

-¿Crees que les han cogido para el cartel?

-O se habrán entretenido

en alguna taberna.

-Leonor.

-Buenas noches. -Buenas noches, mi amor.

Te he preparado una cena que te encantará.

-No lo dudo ni por un segundo.

¿Cómo fue la cena con doña Trini y Ramón?

-Qué pareja más cariñosa.

Parecían recién casados -Siempre han sido muy efusivos.

-Sí. Yo creo que quedaron contentos, aunque, bueno, la cosa...

fue breve.

-¿Breve? ¿Por qué? -No lo sé.

Algo le pasaba a doña Trini, que estaba como atormentada.

-¿Tú crees? -Sí, parecía que había algo raro.

-¿No serán ideas tuyas? -No lo sé.

Bueno, quizá sí, pero esa fue mi impresión.

-Pues yo les vi muy acaramelados,

aunque sí que es cierto que se fueron bastante pronto.

Ahí vienen esos dos.

A ver qué nos cuentan.

-¿Qué?

¿Os han cogido?

-"Hemos ganado".

-Sí que era verdad que es usted buena jugando a las cartas.

-Ya avisé, ¿otra? -Venga.

-¿Quieren? Las hice hoy

para el padre Telmo y me dejó algunas.

-¿De verdad que las ha preparado usted?

-¿Quién si no?

-Es que Agustina tiene unas manos...

-¡Están de lujo!

Hacía tiempo que no probaba algo tan requetebueno.

-Gracias, mujer.

-Vamos a echar otra.

Ahí va. -Venga, voy a la grande.

-Envido.

-Me da a mí que he caído en una buena casa.

-En la mejor del barrio.

-De toda la ciudad, diría yo.

-Se ve que son ustedes buena gente.

-Pobres, pero honrados.

-No voy. -Bueno, y "entodavía" no conoce

a la mejor de las mejores, con perdón

de los presentes. -No tienes que pedir perdón.

Ya sabemos que tienes debilidad.

-¿De quién están hablando?

-De la Lolita. -¿Y dónde está?

-Se ha tenido que marchar unos días a su pueblo

porque su tata Concha se ha puesto enfermica.

Ella es de Cabrahígo, ¿lo conoce usted?

-Pues no me suena de nada.

-Volverá pronto.

Y ya verá usted

como se van a llevar la mar de bien.

-Bueno, ¿jugamos o le damos a la sinhueso?

-Ganador de la chica, perdedor del mus.

-Ojito, que vamos ganando.

-No cantes victoria tan rápido.

-¿Usted no decía que tenía que madrugar?

-Carmen, ¿lleva pares?

-Pares, no.

-Paso. -Envido.

-Tengo juego.

-Sí. -Sí.

¿Cómo que aún no tienen el veredicto?

¿Cuándo lo van a decidir?

-Decían que querían hacer pruebas a más candidatos.

-Y al parecer seguirán con las pruebas mañana.

-Eso tengo entendido, Servando quería presentarse a primera hora.

-Servando,

el portero. -Menudo ridículo hará.

-¿En qué consistían esas pruebas?

-La verdad es que fue todo un poco extraño.

-¿Extraño? -Sí,

nos observaron y nos hicieron quitarnos las chaquetas.

-Nos peinaron de otra forma, nos dieron otra camisa.

-¿Qué tenía de malo tu camisa?

Y doy fe de que ibas peinado. -Sí, a eso me refiero.

No fue peinar de otra forma, ni siquiera mejor.

Fue despeinar.

-Sí, nos revolvieron todo el pelo y nos dieron una camisa más fea.

-¿Fea? ¿Cómo fea?

-Como de indigente.

-Por la mirada

de los jueces, yo diría que no nos van a escoger.

-No, no creo

que cuenten con nosotros en absoluto.

-Si ustedes no gustaron,

Servando no tiene nada que hacer.

Voy a decírselo ahora mismo

para que mañana no vaya a la prueba

y haga el ridículo.

-Voy contigo, Cesáreo.

-Bueno, ¿me vas a enseñar

lo que me has preparado? -Claro, claro. Vamos.

-Entonces

¿crees que no te van a coger para el anuncio?

-Lamento decepcionarte, querida,

pero creo que no.

¿Qué pasa? ¿No quieres que gane?

Pero si fuiste tú la que me animó.

Si hasta trataste de convencer a tu hermano,

que decías que podíamos ganar unas perras gordas.

Uy...

¿Qué pasa?

Flora, ¿me lo vas a contar o no?

-Está bien.

Que me muero de celos.

Que no quiero que tú, mi Peña,

despierte el apetito del resto de mujeres de la ciudad

y nada, eso, que me muero de celos. Pero lo pensé tarde.

Es que soy una idiota.

-No.

Tú eres mi niña bonita

y un encanto.

No te preocupes.

A mí ni la mismísima reina de Saba me tentaría.

(Cantos de pájaros)

Trini, no puedes quedarte escondida en la cocina para siempre.

-Claro que sí. No me quiero enfrentar con mi esposo.

-Vive con usted.

Tarde o temprano tendrá que salir de su escondite.

-¿Es tan grave lo que te he dicho?

-No quiere volver a tener hijos. Lo dejó clarísimo.

-¿Qué significa que lo dejó clarísimo?

-Pues agradecía que María Luisa y Antoñito ya fueran mayores.

Así nosotros dos tendríamos tiempo

para ir de viaje o al teatro o al casino.

Vamos, que quería tiempo para los dos solos

sin que nadie nos interrumpiera. -¿A quién no le gusta

una buena obra y un buen viaje?

-Celi, que me contó la historia de un amigo suyo, debe tener su edad.

Y también va a ser padre.

Y dijo que era como empezar de cero.

-Claro que es como empezar de cero. Las cosas, como son.

Pero bien sabe Dios

que son unos comienzos llenos de alegría

y de contentura. -Que no, Fabiana.

Se apiadó del matrimonio. Dijo que no sabía si le daban pena

o risa. -De acuerdo, Trini.

"A priori", no se lo espera y le sorprenderá.

Pero se dará cuenta de que es una gran noticia y cambiará de opinión.

-¿Tú crees, Celi?

¿Cómo le voy a decir a mi Ramón que va a volver a ser padre?

Pensaba que iba a ser

la noche más maravillosa de nuestras vidas.

-Bueno, basta ya, que se trata

de una criatura, doña Trini.

Cambie de cara, que me irrito.

La llegada de un niño a una casa es motivo de alegría infinita.

¿Sabe usted lo maravilloso que es traer a este mundo una vida nueva?

-Pues no, Fabiana.

No lo sé. -Yo tampoco, pero me lo imagino.

-Es como notar que brota una vida

dentro de tu vientre, sentir las pataditas

cuando empiezan a moverse.

Verle salir la cabecita,

descubrir que tiene tus ojos, tu misma sonrisa.

Eso es lo mejor que le puede pasar a nadie

en este mundo.

Así que chitón.

Y póngase contenta.

-Fabiana tiene razón.

Es el mejor regalo del cielo.

-Ay, Celi, si lo sé.

Pero temo que mi Ramón no piense igual,

que ya ha pasado por esto dos veces.

-Házselo ver.

-¿Qué quieres decir?

-Recuérdale lo bonito que fueron las dos primeras veces y despierta en él

su instinto paternal. -Eso está muy bien pensado.

Si él recordara de nuevo

lo mucho que le gustó ser padre, volvería a cogerle ilusión.

-Y cuando le des la noticia

del embarazo, la recibirá con alegría.

-¿Y si no?

-No tengas miedo, Trini.

Ramón estará muy feliz.

Y te apoyará. ¿Cómo no va a hacerlo?

Todo va a ir bien.

(Llaman a la puerta)

¡Voy!

-Veo que se ha puesto manos a la obra.

-Felipe, tome asiento, por favor.

Su sugerencia de recuperar mi antiguo trabajo de joyero

era el empujón que necesitaba

para salir adelante. Se lo agradezco mucho,

Felipe. -Me alegra oírle decir eso.

-Estoy empezando a hacer algún boceto

para las nuevas colecciones de joyas de la marquesa de Urrutia.

Me encantaría reinterpretar algún diseño antiguo de mi padre,

renovar el concepto.

¿Cree que le gustarán

a la marquesa?

-Es una mujer muy exigente y con muy buen gusto.

Pero esté convencido, son preciosos, Samuel, enhorabuena.

-Gracias, y gracias

por convencerme. -Para eso están los amigos.

-No solo mantiene mi mente ocupada,

sino que también será la llave para salir de mi ruina.

-El primer peldaño desde luego, a partir de aquí todo irá mejor.

Tiene usted mucho talento.

-Gracias.

-Supongo que necesitará

materia prima para la elaboración de las joyas.

Imagino que tendrá que comprar oro, plata, piedras preciosas.

La marquesa de Urrutia va a querer

lo mejor de lo mejor. -Lo sé.

-¿Ha hecho la cuenta de cuánto va a necesitar para las piezas?

-Así es, pero no se apure, podría asumirlo.

-Samuel, no se precipite.

Primero debería reunirse con la marquesa

para solicitar un adelanto. Sin este, no tiene liquidez.

-Saldré adelante. No se preocupe.

-Disculpe, no quería incomodarle ni cuestionarle.

Todo lo contrario. Quería que supiera

que, si necesita ayuda, don Ramón y yo estamos dispuestos

a darle un espaldarazo.

-Se lo agradezco, Felipe. Pero no va a hacer falta.

-Supongo que imaginaba la respuesta,

pero quería que lo supiera.

-Muchas gracias.

-Con Dios. -Con Dios.

-Señor. La correspondencia.

-Gracias, Carmen.

"Si no hace frente al pago inmediato de la cantidad

que nos adeuda correspondiente a los préstamos

que contrajo usted con este banco, nos veremos obligados

a expropiar

su patrimonio:

la vivienda situada en la calle Acacias 38,

principal derecha. Firmado,

Rómulo Rubiales Alonso".

Póntelo, por favor.

-No me gusta, ¿por qué he de llevarlo?

-Este es un barrio de alcurnia.

Aquí todas lo llevan. -Es lo que me preocupa.

-¿Qué? -Que sea un barrio de tanta ralea.

¿Podemos mantener el nivel de vida

que aquí se impone? -Ya veremos. Todo se andará.

(Llaman a la puerta)

-Voy a ver.

-Buenos días. Soy Susana, viuda de Séler.

Me gustaría ver al doctor Baeza. -Pase.

Doña Susana, señor. -Buenos días, doña Susana.

Le presento a mi criada, María.

¿Quiere tomar algo?

-No es necesario, seré breve.

He de regresar a la sastrería de inmediato.

-Como guste. Usted dirá.

-Lo siento. Les dejo a solas.

-¿Quiere sentarse? -Gracias.

-Cuénteme, ¿en qué puedo ayudarla?

-He venido a decirle algo un poco delicado, espero que no le ofenda.

-Yo también lo espero, ¿he hecho algo que la pueda molestar?

-No, de eso nada. Se trata de sus trajes.

-¿Qué le pasa a mis trajes? -Son viejos

y están algo desgastados, pero no se avergüence.

Ya me ha contado Rosina que el motivo es porque usted

se deja todo su salario en las misiones y en viajes altruistas.

-Siempre hay alguien más necesitado que nosotros.

-Le admiro por eso. No todo el mundo está dispuesto a renunciar

a su propio bienestar por los demás.

-Le agradezco sus palabras de aliento.

-He venido a algo más que a regalarle unas bonitas palabras.

Quiero hacer algo por usted.

-¿Por mí? -Como detalle

de buena fe y en agradecimiento por todo lo de mi sobrino.

-Pero ¿qué puede hacer usted por mí?

-Soy sastra. ¿No se lo imagina?

Un traje y muy señor mío.

-Le agradezco enormemente el ofrecimiento, pero no es necesario.

-Vive usted en Acacias. Sí lo es. Hágame caso.

Y no voy a aceptar un no por respuesta.

Solo he venido a decirle que se pase algún día para tomarle medidas.

-No va a dejar que me niegue, ¿verdad?

En ningún caso.

-Entonces gracias. No deja de sorprenderme este lugar.

Está lleno de gente maravillosa.

-Gracias, y ahora ya debo marchar. -Con Dios.

-Con Dios. -María.

-La acompaño a la puerta.

¡Venga, corre! -¡Vamos!

¡Vamos, que nos pilla!

¿No os parece que últimamente el barrio está lleno de críos?

-También lo he notado.

Da mucha alegría verles correteando. Una se llena de dicha.

-Eso es que la economía del país va bien,

los negocios prosperan y el nivel de vida sube.

Por cierto, doña Celia,

¿qué tal va su negocio de tintes?

-Muy bien, la verdad es que estupendamente.

-Me alegro. ¿Me da usted "El adelantado", por favor?

Gracias.

-Ramón, ¿os apetece que nos sentemos a tomar algo?

-Yo las invito.

-Ay...

Hola, guapo, ¿cómo te llamas?

-¡Qué mono!

Y qué tímido.

(Carraca)

-¿Qué mono? A mí me parece el demonio.

-Ramón, solo está jugando.

-Podría jugar en silencio.

Estamos en lo de siempre.

Si le digo a sus padres que le digan algo, me van a contestar

que todos los niños tienen una fase revoltosa.

-Eso no es cierto. Cada niño es como es. Además, depende mucho

de la educación que le den sus padres.

-Hoy en día todos los niños tienen esa fase insoportable.

Cuando yo era niño, estabas callado

o te daban con un capirote.

Si no saben comportarse en público, que se queden en su casa

con sus tatas.

Pero ¿no lo veis? Dale y dale con la matraca.

-A mí no me molesta. ¿A ti te molesta?

-¿Qué?

-Que si te molesta.

-No, no, no. Para nada.

Pues ¿sabéis qué?

Que aquí os quedáis.

Tomad lo que queráis.

Yo me voy a casa

porque se me está poniendo la cabeza como una jaula

de grillos y, por lo que parece,

su madre no tiene ninguna intención

de regañarle.

Y además,

yo ya no estoy para aguantar infantes.

Luego te veo en casa.

Doña Celia.

(Llaman a la puerta)

Buenos días. -Buenos días.

-Pase.

-Hay algo distinto aquí.

La casa está más limpia y ordenada. ¿O son cosas mías?

-He recogido a una mujer de la calle que me está ayudando con las tareas.

-¿Por qué no ha venido ella a abrirme la puerta?

-Está lavando ropa.

-Entonces ¿no puede escucharnos?

-No, ¿por qué?

¿Ha venido a decirme algo confidencial?

-Gracias a mi prima, anoche descubría algo.

-Siéntese.

Usted dirá.

-Las marcas de mi cruz también están representadas

en el escudo de la Casa Válmez. -¿Cómo lo saben usted y su prima?

-Ella conservaba una revista en la que aparece un reportaje

sobre el linaje de los marqueses de Válmez.

En ella aparece el escudo de la casa,

un pavo real igual que las plumas que aparecen

en mi cruz. -Quizá solo sean suposiciones suyas.

¿No cree que se está obsesionando demasiado

con este asunto?

-Quizá, pero es mi vida la que estoy recomponiendo.

-Una vida pasada.

Tal vez fuera bueno concentrarse en la que está por venir.

-Puedo hacer las dos cosas. ¿No lo cree?

-Solo creo que mirar atrás no tiene mucho sentido a veces.

Y la asignación que dejó el marqués no hace más que recordárselo.

¿Y si al final descubre algo que no le gusta o que le hace daño?

¿No cree que es mejor

dejar de indagar?

-Seguramente tenga razón, pero, padre, no puedo evitarlo.

Tengo la necesidad vital de encajar las piezas en mi cabeza

para saber de dónde vengo.

-Si es cosa de necesidad vital, entonces me callo.

Cuente con mi ayuda.

-Gracias, padre.

Muchas gracias.

¿Y de verdad estaban interesados en usted los del Tónico El Coloso?

-Ah, ¿que no se lo cree?

-No, hombre, solo que me sorprende.

-No sé por qué se sorprende, porque soy un hombre muy apuesto.

-Si usted lo dice. -Bueno, lo digo yo y los del tónico.

Usted no vea las preguntas que me han hecho.

Me han hecho hasta retratos.

-¿Qué me dice?

-Sí, uno de frente

y otro de lado. -¿Y no se equivocaría

y se colaría

en la comisaría, Servando? -Vaya, Fabiana.

Que se ha levantado guasona. -Bueno, Servando,

se hace lo que se puede.

Y mire, ¿no estará usted

exagerando un poquito

con lo del Tónico El Coloso? -No exagero nada.

Y si no, ya se darán cuenta ustedes esta tarde,

que va a ser elegido quién va a salir en el cartel,

y ya me pedirán disculpas y me pedirán

que pasee con ustedes para que ustedes presuman.

Venga, con Dios.

-Pobrecito...

Creo que se lo cree de verdad.

Y en otro orden de cosas,

qué simpática es la nueva criada.

-¿María? Pues sí, muy graciosa y resalada, sí, señora.

Y ha caído tan bien en el altillo entre las criadas

como don Higinio entre los señores.

-Pese a que nos ganó todas las manos al mus.

Nos reímos mucho con ella.

Buenas migas hizo con todos nosotros.

-Y sobre todo con Casildica,

que no ganaba a las cartas desde que vivía su esposo.

-Qué mala suerte

tiene la pobre en el juego.

-Desde luego, no es lo suyo.

-Me alegro que esa mujer, María, haya llegado.

Es aire fresco en el altillo. ¿No cree, Fabiana?

-Ya lo creo, siempre viene bien alguien tan alegre y chispeante,

que, desde que Lolita no está, la cosa

está tristona.

-¿No lo dirá por mí?

-Usted desde luego no es la alegría de la huerta.

Y Carmen tampoco.

-¡Anda!

¿Cómo que no? -Agustina, usted, resalada,

no es.

Y como Lolita y Casilda, no, no me lo vaya a negar, hombre.

-¿Y qué quiere que haga?

¿Que me ponga a pegar berridos como ellas?

Para chasco que sí.

Tráete la cazuela "pacá"

que haremos un guiso de agárrate y no te "menés" que ni mi tío Cosme

se lo echaría entre pecho y espalda. -Mire, mire,

no lo hace tan mal, ya le digo.

-A las buenas, señoras.

-Venga, Carmen, venga aquí. -¿Qué sucede?

-Que dice aquí nuestra comadre

que usted y yo somos unas siesas.

-Formalitas por demás.

-Aburridas es

lo que le entendí. -Que no,

era una broma.

No me lo tome a mal. -Claro que no.

Lo que pasa es que hoy no tengo el cuerpo para bromas.

-¿Qué le ocurre?

-Me extraña la ausencia de doña Úrsula.

Me tiene inquieta.

¿Nadie la ha vuelto a ver?

-Que yo sepa, no.

-A los buenos días, señoras. -Buenos días.

-¿Cómo se encuentran? -Bien gracias a Dios.

Fabiana,

dame ese ramo de gerberas.

Se las regalaré a mi prima, le alegran el día.

A propósito,

ya no hace falta que busque ninguna mujer para el padre.

-¿Ya no quiere criada?

-Al parecer ya han encontrado una. -No me diga, ¿y quién es?

-Andaba haciendo tareas cuando yo llegué.

No la conozco.

Conociendo al padre Telmo, seguro que ha escogido con buen ojo.

-Seguro que sí.

Tenga. -Gracias.

Tome. Con Dios.

-Bueno, señoras, marcho a la compra.

(Timbre)

"Disculpe la osadía de escribirle,

pero mi situación merece medidas extremas y gestos valientes".

"Ruego no me lo tenga en cuenta".

"Me dirijo a usted con toda la humildad de la que soy capaz

para pedirle que tenga en consideración mi caso

y lo atienda de forma particular".

"Necesito que me aplace usted

el tiempo límite para el pago de mi deuda pendiente".

"Recientemente he retomado mi antiguo oficio de joyero".

"Un oficio que ha supuesto la riqueza de mi familia

durante generaciones

y que estoy seguro supondrá ahora la salvación de mi ruina".

"Pero necesito pedirles una segunda cosa".

"La concesión de un pequeño crédito como capital inicial

para reiniciar las labores

en la prestigiosa joyería de mi familia. Estoy seguro

que pronto podré ponerme al día con mis responsabilidades financieras

para con ustedes".

"Le agradezco de antemano su valioso tiempo".

"Atentamente,

Samuel Alday".

(Llaman a la puerta)

(Puerta cerrándose)

¿Me ha hecho llamar? -Así es.

Tengo un encargo para usted. -Lo que guste, señor.

Necesito que entregue esta misiva

al director del banco, don Rómulo Rubiales Alonso.

Y que lo haga personalmente. -Por supuesto.

-Cesario,...

le ruego discreción.

-Por supuesto, señor.

Con Dios. -Con Dios.

Pues ya está, Fabiana. Este es el álbum de retratos

de Luisa y Antoñito cuando eran pequeños.

Lo de la terraza no salió bien

porque es verdad que el niño era insoportable,

pero esto va a salir perfecto.

-Seguro que sí, que los hombres se ablandan cuando ven a sus niños

de chicos. Seguro que en cuanto les vea

la carita de recién nacido, cae rendidico.

-Ay...

-¿Qué hacéis?

-Pues estábamos viendo retratos de los niños

cuando eran pequeños.

¿Te quieres sentar a verlos con nosotros?

-Sí, claro.

Mira, mira, mira la Luisi qué cosa más bonita.

Por favor, si es que ya era guapa

de chiquitina. -Sí que era preciosa, sí.

Ya desde los tres años se pegaba por los suizos.

Aquí está bien gordita.

-Sí.

Ay, por favor, mira Antoñito, que me lo como, parece un querubín.

-¿Un querubín? Lo que era

era un auténtico demonio. Me acuerdo

precisamente de este día como si fuera hoy mismo.

-¿Qué pasa, padre, que ya está hablando mal de mí?

-No te acordarás, pero ese día

el niño no se quería hacer un retrato

y le rompió dos cámaras al retratista.

-(RIENDO) ¿En serio?

-Entonces no hacías más que darme quebraderos

de cabeza. Tú ibas destrozando las cosas

y yo, pagándolas detrás. -Ya.

Y así hasta hoy, es lo que va a decir a continuación.

-Se ve que me conoces bien, hijo,

porque me has leído

el pensamiento. -Padre, ya no tiene que temer.

Y menos a partir de hoy, que voy a convertirme

en la imagen del Tónico El Coloso.

Se va a sentir muy orgulloso de mí.

-En aquella época, no lo estaba tanto.

Eras un auténtico terremoto.

Cuando no te tirabas

por un barranco, le quitabas las golosinas a los demás niños

o le mordías a un perro.

Menos mal que crecisteis, porque es que si no me daba

de cabezazos contra la pared.

¡Menuda niñez tuvisteis! -¿A ver, a ver el álbum?

Mira qué mofletes.

Era guapo de pequeño, ¿eh? Bueno, el que tuvo retuvo,

dicen.

Qué gracioso, ¡ole!

Flora, ¿no ha venido nadie del cartel del Tónico El Coloso?

Qué raro.

Ya deberían haber escogido al candidato.

-¿Y si no tienes noticias es que te han descartado?

-Pues eso parece, sí.

¿Otra vez los celos?

Mi amor, ya te he dicho que, por muchos carteles que haga,

yo solo tengo ojos para ti. -Ojos no sé.

Pero ese cuerpo que tienes,

que se quede a contonearse en el interior de esta chocolatería.

Y hablando de contonearse,

¿por qué no te contoneas hasta esa bombilla y la arreglas?

No para de tiritar.

-¡Uf! ¿Ahora? -No, mejor el año que viene.

Pues claro que ahora.

-No tengo la escalera a mano.

-Coge una silla. -No voy a llegar, Flora.

-Si no lo pruebas, seguro que no.

-A ver la bombillita.

¡Ah!

-Toma. -Gracias.

-Ay, esto no lo comparto yo ni con mi hermana gemela.

-¿Qué? -Nada, nada.

¿Y por qué no van a escogerme a mí?

-Porque es usted feo, gordo y bajito.

-Eso no me lo dice usted en la calle.

-Estamos en la calle

y se lo acabo de decir, ¿o quiere que se repita? Vamos a ver.

¿Cómo alguien tan poca cosa como usted va a ser representante

de la virilidad masculina?

-Usted no me ha visto a mí bien.

Acero para los barcos, ¿o es que se está quedando

completamente ciego? -Servando.

¿Ha venido alguien de tónicos El Coloso para informar

de que yo he sido seleccionado? -Pues lamento decepcionarle,

pero ni han venido a informar ni creo que vayan a venir.

-¿Y por qué? -Porque si viene alguien,

será para decir que he sido yo el escogido

-¿Usted? -Sí.

Mire, el cartero.

Voy a ver si nos trae correspondencia.

Pablo, ¿tienes algo para mí?

-Pobre hombre, yo creo que incluso lo dice en serio.

-Esta es para don Ramón.

Esta es para don Felipe.

Esta no sé para quién es. ¿Me lo puede decir usted?

-Es para Servando Gallo.

-¿Para mí?

¿Me la puede leer?

-Sí, es de Tónicos El Coloso.

-¿Qué pone?

-(MURMURA)

Has sido seleccionado para ser

el representante de El Coloso.

-No me lo puedo creer. -¿Me está tomando el pelo?

-En serio,

es lo que pone: "Seleccionado para representar

los Tónicos El Coloso". -¡Sí, sí, sí!

¡Sí, sí, sí!

¡Sí, sí, sí! ¡Sí, sí, sí!

¡Sí, sí, sí! ¿Se han enterado ya?

-¿Enterarnos de qué? -Ya han elegido el modelo

para la imagen del Tónico El Coloso.

-¿Y quién ha sido? -¿Y quién va a ser?

El más guapo de barrio.

El chache. -¿Qué?

¡Ah! -¡Cariño! ¿Estás bien?

Creo que sí.

¡Ah! -Cuidado.

¿Cómo se ha enterado usted?

-Hace nada, me ha llegado esta nota y don Antoñito me la leyó.

-Déjeme ver... ¡Ah!

-¿Está bien de verdad? -No, no.

Creo que tengo algo roto.

-Yo creo que debería ir al médico del 38.

-Tiene razón, que te has dado un buen cachiporrazo. Te acompaño.

-Pues la nota esta...

¿Nadie me va a dar la enhorabuena?

Enhorabuena, Servandito, eres un tío grande.

Me voy a tomar un chocolatito para celebrarlo.

(Llaman a la puerta)

Buenas tardes, doña Celia.

-Don Ramón, siento decirle que mi esposo no está en casa.

-No, si en realidad no venía a verle a él, sino a usted.

-¿A mí? Ah, pues siéntese.

-No hace falta, solo será un momento.

Doña Celia, usted es muy buena amiga de mi esposa

y, si a ella le sucediera algo, usted sería la primera en saberlo

y llevo unos cuantos días notando a Trini muy rara.

-¿Usted cree?

-Estoy seguro y estoy seguro que usted también tienen que saber algo.

-Yo no sé de lo que me está hablando, don Ramón,

pero, si cree que a Trini le ocurre algo, ¿por qué no se lo pregunta?

-Pero ¿le pasa algo?

-Tal vez necesite hablar algo con usted

y no haya tenido la oportunidad.

-Si hemos estado estos últimos días juntos en todo momento.

Ha tenido un millón de oportunidades de hacerlo.

Ayer mismo, en La Deliciosa.

Ahora que lo pienso, sí que...

creo que trató de decirme algo, pero luego cambió de idea.

¿Sabe usted algo?

-Tal vez Trini esté esperando

un cambio importante en su vida. -¿Un cambio?

-Los cambios son buenos.

-Yo no quiero ningún cambio.

-A veces uno cree que no lo quiere.

Y luego se da cuenta que es lo que siempre estaba esperando.

-¿Puede usted ser más clara?

-Lo que tiene que hacer es hablar con su esposa.

-Está bien, seguro que tiene usted razón.

Gracias de todas maneras. Con Dios.

-Con Dios.

Vamos a ver... -¡Ah!

¡Ah! -¿Qué hace? Le ha hecho daño.

-Un segundo, ponga el brazo aquí.

Tenga, tómese esto. -¿Calmantes?

-Le aliviarán el dolor. -Esto me lo podía haber tomado yo.

Entonces ¿usted cree que está roto? -Podría ser.

-¿Podría ser?

Es usted el médico.

Quizás deberían ir a ver a mi colega Urdiales,

experto en este tipo de dolencias.

Les dirá si se trata de una fisura o no.

-¿Una fisura? -¿Una fisura? ¿Está seguro?

-La verdad es que no.

Mejor que le vea mi colega, que una fisura mal curada

puede provocar problemas de movilidad en el futuro. Mire.

Le doy la dirección.

-Está bien, iremos. -Aquí tiene.

-Sí, sí, sí.

Muchas gracias, doctor.

-Les acompaño a la puerta. -Con Dios.

-Con Dios.

¿Has perdido el oremus? -¿Qué querías que hiciera?

-Pues no lo sé. Cualquier cosa, pero mandarlos a Sisebuto, no.

¿Cuánto nos va a costar su silencio?

-No lo sé.

Mira qué rebonito lo estás dejando, Casilda.

-Dentro de lo humanamente posible, se entiende.

-¿No sería mejor peinado para atrás? -Servando, que no me venga usted

con exigencias.

Que yo no puedo hacer milagros

con sus cuatro pelos.

-Va a ir hecho todo un pollo a hacerse los retratos.

-Quizás deberíamos tintarle

el pelo para que pareciese más joven.

Te encuentro...

extraña, pensativa.

No haces más que hablarme

de niños.

Y creo que ya sé lo que está pasando.

-¿De verdad?

-Sí.

Adivino que estás tratando de decirme

que en nuestra familia

puede haber algún cambio importante. De hecho,

creo que quieres decirme que nuestra familia

va a aumentar en un miembro más.

-¡Ay, Ramón!

-"Ya le he dicho"

que le voy a regalar el traje que le estoy haciendo.

-Vaya. Parece ser que el doctor

está acostumbrándose a que le salga todo gratis.

-¿Qué sugieres? ¿No te parece bien que se lo regale?

Pero si te ha salvado la vida. -Lo que quiero decir

es que el doctor anda más escaso de liquidez de lo que nos comentó.

Y no lo digo porque Rosina la haya rebajado el precio del alquiler.

-Lo cual es casi un milagro. Todo sea dicho.

-Es que el doctor siempre tiene una excusa

para no sacar de su bolsillo la cartera.

Qué tacto tiene este traje. -Antes lo trajo Agustina.

-La sastra me dijo que lo enviaría.

-¿Y también te dijo que no tenía pensado cobrarte ni un real?

-Soy tu señor, deberías tratarme de usted.

-Usted disculpe, señor.

-Ya me dijo que era un presente por haber salvado la vida a su sobrino.

La sastra ha hecho un estupendo trabajo.

Estoy adquiriendo un buen nombre

en estas calles. -¿Cómo no va a ser así?

Un hombre que entregó su vida a curar a los niñitos de África...

-¿Ves como el dinero invertido en Sisebuto

iba a resultarme de provecho?

Me tienen en un pedestal.

-Espero que no muy alto, la caída puede ser muy dura.

Es cierto que al principio le tuve cierta prevención,

pero es que siempre me sucede con los extraños.

Supongo que soy

de natural "desconfiá".

-¿Y conmigo también te ha pasado?

-Pues ahora que lo dice, con usted, nones.

Usted me cayó

de guindas desde primeras.

Trini, mi amor, no te esperaba tan pronto.

-Ya lo veo.

¿Nos disculpan un segundito? -Disculpen.

-¿Quiénes son estos hombres?

-Son un aparejador y su jefe de obras.

-Anda, ¿y me podrías explicar qué hacen en casa?

-Por supuesto. Después de la conversación que tuvimos ayer,

he estado pensando y me he dado cuenta de algunas cosas.

-¿De verdad?

-Dentro de poco, puede que tengamos un chiquillo corriendo

por estas habitaciones.

¡Diantres!

¡Úrsula! ¡Úrsula!

¿Se puede saber qué hace todavía en Acacias? ¿Adónde cree que va?

-Vengo de comprar.

-¿Comprar para quién?

¿De dónde ha sacado los cuartos si no tenía ni donde caerse muerta?

-Debo preparar la cena par mi señor. -¡Ja, mi señor!

¿Qué señor se atrevería a meter una serpiente en su casa?

Entra, Carmen, sentémonos.

-No, preferiría seguir de pie.

-Está bien, como quieras.

Carmen, te lo ruego, cuéntame qué ha estado haciendo Samuel

todo este tiempo que no he podido ir a visitarle.

-¿Y no sería mejor que se lo preguntase usted directamente?

-Lo haría gustosa, pero temo que no me contestara.

Carmen, sabes que nunca haría nada

que te causara perjuicio.

Solo trato de ayudarle.

-Ya, pero es que yo muy poca cosa puedo contarle.

El señor Alday ha estado muy atareado.

Es de suponer que organizando papeles

para ver si llega a algún acuerdo

con el banco. -Un acuerdo al que nunca ha llegado.

"Nuestra entidad lamenta denegarle el crédito que nos solicita

dada la elevada suma que nos adeuda".

-Malas noticias, supongo.

¿Desea el señor contestar al director del banco?

Yo le llevaré la respuesta de inmediato.

-"Discúlpeme, padre".

He roto un espejo mientras limpiaba el cuarto de baño.

-Ya lo he podido escuchar.

-Ya no sé lo que me hago.

-Tranquila. Tranquila, no pasa nada, siéntese.

Siéntese, de verdad.

-No sirvo para nada.

-Úrsula, tranquila.

No es más que un espejo roto. No pasa nada.

-No sirvo para nada.

-Tranquila, tranquila. -No sirvo para nada.

-No pasa nada, tranquila.

Estos son los marqueses de Válmez.

¿Por qué tiene usted

estos retratos?

-Fíjate en este hombre de aquí.

-Es mi tutor.

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  • Capítulo 834

Acacias 38 - Capítulo 834

27 ago 2018

Las primas especulan con la relación entre Lucia y los Marqueses de Velmez. Celia rebusca rebuscar en sus papeles y encuentra una foto del tío Joaquín con los Marqueses. Parece que su padrino les mintió.

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Añadir comentario ↓

  1. Hasta

    Jajaja ya no ponen lo que pasará en un próximo capítulo ni el resumen del anterior. Vaya, se ha terminado pues ver los resúmenes donde ya tenias bastante para ver la serie. Y encima Úrsula , buena. Por Dios, aqui nadie pringa por los asesinatos. Que serie tan, pero tan MALA!!

    29 ago 2018
  2. Yeni

    Esto va de mal en peor, no puedo ver el capitulo del Lunes ¿¿

    29 ago 2018
  3. Magaela

    Que clase de medico es el nuevo ocupante de Acacias 38

    28 ago 2018
  4. Barbara

    El médico no es médico y creo que Maria es su hermana

    28 ago 2018
  5. Mercedes

    Por qué no puedo ver los capítulos, la pantalla se queda negra

    28 ago 2018
  6. Cesar

    El " médico " NO es médico ? tenemos un nuevo farsante ? " bienvenido " a la nómina de sus émulos y a Acacias

    28 ago 2018
  7. Cesar

    ¿ el " médico " NO es médico ?, que marche otro farsante y delincuente, " bienvenido " a Acacias

    28 ago 2018