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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 830 - ver ahora
Transcripción completa

Padre Telmo, creo que aún no nos conocemos.

-No personalmente, pero su fama le precede.

-Samuel Alday. -Estaba deseando conocerle.

Siento muchísimo

lo ocurrido con sus galerías.

Si necesita apoyo espiritual, no dude en pedírmelo.

-Gracias, padre. A Dios gracias creo que esto

no terminará con mi empresa.

Se necesita algo más para detenerme.

-"Ella es doña Trini, la paciente".

Cuéntale, Trini, cuéntale qué es lo que te ocurre.

-¡Señora! -¿Qué pasa, Fabiana?

-Que viene. -¿Que viene quién, quién viene?

-Don Ramón, que viene a buscarla.

(Llaman a la puerta)

-Usted, "pa" dentro, "pa" dentro, por favor.

Siento tratarle así.

Entre, entre.

-¿Está aquí Trini? -Eh...

Sí, sí, está aquí.

-Por favor, Dios, no permitas que me pase como con Maximiliano,

no puedo, no puedo.

Liberto...

¿Te acuerdas?

Tú me ayudaste cuando me quedé sin Maximiliano.

Pero si ahora me faltas tú, ¿quién me va a ayudar, Liberto?

-"Entonces ¿nos prometes que irás al médico?".

-Sí, os prometo que, si vuelvo a encontrarme mal,

se lo diré a mi Ramón y juntos iremos al médico.

-¿Cómo que si vuelve a encontrarse mal?

-¿Ya no te encuentras mal? -Desde que me mareé y me caí

no he vuelto a encontrarme mal. Me encuentro mejor.

Estoy mejor incluso que antes.

-¿De verdad? ¿No nos estarás mintiendo?

-"Se le ve con buen ánimo".

-Tanto es así que estoy pensando en abrir una galería más adelante.

-¿De verdad? -Así es.

Quería contar con su ayuda.

-¿Con mi ayuda? -No sé

si es mucho pedir. -Es pedir muy poco

para lo feliz que me hace ayudarle.

-"Es por Samuel Alday".

Ellos tienen una profunda amistad. -¿Una amistad?

-No es nada romántico, al menos no para don Samuel, pero ella

sí tiene sentimientos hacia él.

Yo no lo veo con buenos ojos, pero es lo que siente ella.

-¿Y por qué no lo ve con buenos ojos?

-Temo que saque su lado más...

-¿Oscuro?

-Arisco. -"Ha sido..."

una operación muy complicada, no se lo voy a negar,

pero ha sido un éxito.

-¡Ah! -¿De verdad?

-De verdad.

Prepare al paciente de la 47.

Ya le dije

que iba a hacer todo lo posible por salvar su vida

y eso es lo que he hecho.

¿Cree que descubriremos qué relación tenía yo

con los marqueses de Válmez?

Quizá, por mucho que estudiemos, nunca lleguemos a saber

quién era mi madre.

-Descifraremos el enigma, se lo prometo.

-¿Por qué me mira así?

¿Acaso he hecho algo inoportuno?

Al contrario.

La estaba observando con admiración.

-¿Por qué motivo? -Sencillo.

Es usted una joven bien educada y leída. Y al tiempo no se enoja

si ha de hincar la rodilla

para recoger el estropicio que forma un cura torpe.

-No merezco tal reconocimiento por algo que me sale

sin esfuerzo alguno.

-No estoy de acuerdo en absoluto.

¿No es de admirar un don aunque sea natural?

-Nunca se me había ocurrido que tuviera algún don.

-Su naturalidad y falta de engolamiento.

Me han dicho que tan pronto lee latín

como confraterniza con el servicio.

-Eso tampoco es impostura, siempre me he sentido muy a gusto

con el servicio.

-Disculpe mi curiosidad, pero ¿cómo es posible que una joven así,

de tan buena familia, muestre tales querencias?

-La respuesta es sencilla.

Ha de saber que, aunque yo me he criado en una familia

de buena posición, en realidad soy hija de una criada.

¿Hola?

¿Hola?

Fabiana.

¿Qué, no han regresado del hospital?

¿Y se sabe algo de la operación?

-Nada todavía, señor, nada. -Quería escribirle

una carta a Lolita, que quería enterarse de todo.

-Ya sé, Casilda me dijo que usted le había escrito para mantenerla

al tanto de todo lo que estaba pasando por aquí.

-Si no lo hago, me mata.

¿Esto es la cena? -Así es,

señor.

-Pero ¿es el...? -Estofado de perro viejo,

receta de Cabrahígo, como lo ve.

Con su hígado, sus sesos, su lengua. Esto es

para darle contentura a doña Trini.

-No entiendo cómo le puede gustar esta cosa.

-¿Gustarle, dice?

No me deja ni una miaja en el plato.

Bueno, ¿qué digo en el plato?

En el puchero, que lo rebaña

y me lo deja limpio como los chorros del oro.

Señora, ¿ya está usted aquí? ¿Cómo está don Liberto?

-Sí, ¿y mi padre?

-Se ha quedado en la escalera hablando con Felipe y Celia.

-Diga algo, señora, que nos tiene en ascuas.

-Es que no sabemos nada, Fabiana.

Cuando nos hemos vuelto, Liberto no había salido del quirófano.

-Vaya operación más larga. -Se han quedado Rosina,

Susana y Leonor, así que, en cuanto sepan algo,

nos enteraremos.

¿Esto...?

¿Esto es...? -"Estofao" del perro viejo.

Se lo he preparado para "usté".

-Uh, hey, perro viejo, sí que le rechifla, sí.

-"No parece mostrar ningún reparo"

en reconocerlo.

-No tengo por qué sentirme avergonzada de un pasado

del que no tengo ninguna culpa.

Mi madre me abandonó al nacer.

Fue mi padrino el que me educó.

O, al menos, eso es lo que siempre me han contado.

-¿Por qué dice eso?

¿Acaso lo duda?

-Disculpe, estaba pensando en voz alta.

Es que últimamente me estoy planteando

si todo lo que creía saber sobre mi pasado es cierto.

-Por motivo de esa cruz que vio en aquel cuadro.

-Así es.

Cada vez me siento más atormentada

por lo que voy averiguando al respecto.

-Hace mal. No debería atormentarse

de tal manera por el cuadro de los marqueses.

Las explicaciones a nuestras dudas son más sencillas

de lo que imaginamos.

-Por desgracia,

no creo que en este caso la respuesta sea simple.

Padre, ¿qué razón puede haber para que la marquesa tuviera colgada

en el cuello la misma cruz que mi madre me dejó como único recuerdo?

-No lo sé.

Quizá su madre estuvo trabajando un tiempo para los marqueses

y ellos le regalaran esa cruz.

Es imposible saberlo con seguridad,

pero no debe turbarse por ello.

Lo más natural es que su tutor le contara la verdad

sobre sus orígenes.

-Quizá tenga razón y estoy haciendo una montaña

de un granito de arena.

Se lo agradezco.

Sus palabras me han reconfortado un poco.

Ahora debo irme, ¿le importa que me lleve este libro?

-Descuide, ya sabe que yo estoy aquí para ayudarla

en todo lo que precise. -Gracias.

Con Dios. -Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ya pueden pasar.

-¿Cómo está?

-Aún inconsciente. -Menos mal,

temí no verle con vida nunca más. -Pero señora, tenga "cuidao",

no lo espachurre,

que el señor no está "pa" trotes. -Pobre Liberto,

si parece más muerto que vivo.

¿Seguro que está bien, doctor?

-Díganos la verdad, ¿cómo ha resultado?

-Ya les informé anoche que había resultado un éxito.

-Cualquiera lo diría con la facha que tiene el desdichado.

-Todavía está muy débil,

esperemos que no tarde en despertarse.

-¿Cuándo será eso? -No puedo darles

una respuesta clara,

la medicina ha hecho su trabajo, debemos esperar

a que el cuerpo de don Liberto reaccione debidamente.

No voy a engañarla, las próximas horas resultarán cruciales.

-Ay, Dios mío, mi sobrino.

-No pierdan la esperanza,

el paciente es un hombre joven y fuerte, nada debería torcerse.

Ahora deben disculparme, lo lamento,

pero tengo otros pacientes que me necesitan.

-Claro, no le entretenemos más. -Descuiden,

vendré a comprobar la evolución a cada hora.

-Gracias.

Doctor...

Permítame agradecerle de nuevo todo lo que ha hecho,

ha salvado a mi esposo, ha obrado un auténtico milagro.

-He cumplido con mi obligación, no tiene importancia.

-No, no, sí la tiene.

Usted es peritísimo en su materia y amable, comprensivo con nosotras,

ojalá hubiera más doctores

con su valía.

Estaremos en deuda siempre con usted, siempre.

-Gracias.

-Fabiana, ¿tienes alguna nueva de Liberto?

-Pues sí, señora. Antes de marchar al hospital

esta mañana, Casilda me aseguró

que la operación acabó a las tantas,

pero que al parecer todo ha salido muy bien.

-Bueno, menos mal, me alegro mucho, ¿eh? Porque estaba preocupada.

-Ya, pues, al parecer, tanta preocupación,

a usted no le quita el hambre.

-De hecho, creo que me ha dado más.

Anda, Fabiana, tráeme un poquito más de pan, por favor,

que te has quedado un poquito escasa con el desayuno.

-Señora, pero si he servido para un regimiento.

-Bueno, es posible, pero me he levantado canina.

-Ya, ya, eso no hace falta que me lo jure,

que a usted mejor regalarle un vestido

que invitarla a desayunar.

-(RÍE)

Bueno, es normal, Fabiana, anoche me acosté sin cenar

por culpa de las dichosas náuseas.

-Eso me escama todavía más, señora.

No entiendo cómo le ha podido pasar

viendo los platos típicos de Cabrahígo,

con lo que le gustan

a usted esos manjares. -Sí es raro, ¿verdad?

Pero no te preocupes,

que luego en el almuerzo le echo buenas cuentas.

-Aquí tiene la señora sus pasteles. -Madre del amor hermoso.

¿Se va a zampar los pasteles? -Ay, sí, Fabiana, no sé qué pasa,

pero me he levantado pensando

en lo ricos que estaban los pastelitos de La Deliciosa .

-Así que yo los he comprado.

-Es que eres un amor, Ramón.

-No hay nada que a mí me guste más en esta vida

que darte a ti capricho. -(RÍE)

-Vuelvo con mal cuerpo, deberíamos habernos quedado junto a Liberto.

-Pierda cuidado, doña Susana, mi madre se ha quedado con él.

Y más nos vale guardar fuerzas, es muy posible

que tengamos que hacer turnos a su lado.

-¿Y si despertara ahora, que no estamos?

-Si es así, mi madre nos mandará aviso.

Además, deberemos informar a nuestros amigos

de cómo está Liberto. Estarán todos muy preocupados.

-Tienes razón. He pensado en organizar esta tarde

un rosario para rezar por Liberto. La medicina ya lo ha hecho todo,

ahora todo queda en manos de Dios.

-Lo primero es visitar a Trini para preguntarle

si podemos reunirnos a rezar en su casa,

es la más grande de todas.

-No creo que tenga inconveniente. -No, yo tampoco lo creo.

Luego daré aviso a las señoras.

¿Me acompañas a verla?

-No, voy a ir a La Deliciosa, a ver si encuentro a Íñigo.

-¡Leonor!

Tenía el corazón en un puño, ¿cómo está Liberto?

-Pues está inconsciente, pero al menos está en la habitación.

Mi madre está con él. -Me alivia.

-Pues no lo hagas en exceso, el peligro todavía no ha pasado.

Según el doctor, las próximas horas serán cruciales.

Íñigo, tengo tanto miedo,

tanto...

-Me sorprende verte alicaída. En el hospital, parecías más entera.

-Me vi obligada a ello.

Tuve que mantenerme fuerte delante de mi madre

para tratar de transmitirle entereza.

A mi madre le costó mucho superar la muerte de mi padre...

y, en parte, lo hizo gracias a Liberto,

pero si ahora él...

Yo no sé qué será de ella.

-Cálmate, que todo va a salir bien.

Y nosotros siempre estaremos al lado de tu madre.

(Puerta cerrándose)

-Don Samuel, tiene visita.

-Hombre, don Ramón, no le esperaba.

-Disculpe, pero quería verle

antes de que se marchara a su reunión con el banco.

-Por poco no llega usted, en este momento iba a salir.

-¿Puedo entretenerle un momento? -Por favor, siéntese, se lo ruego,

pero he de advertirle que no dispongo de tiempo, antes del banco

me gustaría ir al hospital y ver a Liberto.

-Yo tengo información. Doña Susana ha venido del hospital

y nos ha contado que ha ido muy bien, aunque Liberto

aún no se ha despertado.

-Esperemos que no tarde. Ojalá esta pesadilla acabe cuanto antes.

Y bien, dígame, ¿para qué deseaba verme?

-Samuel, sepa que no puedo dejar de pensar en sus planes.

-Pierda cuidado, ya le dije que está todo solucionado.

-Eso es precisamente lo que me preocupa,

no puedo compartir su optimismo.

Astorga y la mansión Alday no son suficiente patrimonio

para saldar esa deuda.

-Eso no es lo que indican mis cálculos.

-Si quiere, podemos sentarnos juntos para revisar esos cálculos,

ver si hay algún error y, en su caso, encontrar

una posible solución. -Crea que se lo agradezco,

pero pierda cuidado, no será menester centrarse en tal tarea.

Le dije que he revisado cuidadosamente mis cálculos.

¿O es que acaso no me cree capaz de hacerlo bien?

-Le ruego que no se moleste usted conmigo,

simplemente quería asegurarme de que lleva usted

todo bien atado en su reunión con el director del banco.

-Puede quedarse tranquilo,

así es.

-Considérelo solo un consejo de un empresario a otro empresario.

Es evidente que tengo muchos más años que usted

y en mi vida ha habido muchos negocios, con sus éxitos

y sus fracasos a mis espaldas.

-No me molesta, todo lo contrario, le quedo agradecido

por la consideración y preocupación que me muestra,

pero le aseguro que no hay nada de lo que alarmarse.

Mis cálculos son realistas y, aunque lamente perder las tierras

y la mansión Alday, es lo que hay que hacer para empezar.

(Campanadas)

Esperemos que nuestras oraciones ayuden a Liberto en tan duro trance.

-Ya me siento algo más reconfortada después de escuchar al párroco.

-Tenemos mucha suerte de que le hayan destinado a nuestra parroquia.

No cabe duda de que es

un hombre excepcional. -Sí.

A pesar de lo poco que lleva con nosotras,

me ha hecho mucho bien conocerle.

-Eso me parece, Lucía, te veo más relajada, más tranquila.

-Eso no es solo responsabilidad suya, me anima pensar que hoy

por fin Samuel podrá solucionar el pago de la deuda

que tiene con el banco.

-Ojalá, ojalá sea así.

-Aunque sus palabras tratan de serlo, su semblante

no parece muy tranquilizador.

¿Hay algo que deba saber? -No me hagas caso, ya sabes

que siempre me pongo en lo peor.

Volviendo a nuestro párroco, ayer estuviste con él

en la chocolatería, ¿no?

-Sí, suele acudir a La Deliciosa a comer de vez en cuando.

Es un hombre entregado a la oración y poco más.

-No te comprendo.

-Digamos que sus muchas virtudes intelectuales no son acompañadas

por las mismas habilidades domésticas.

-Hombres, capacitados para las más complicadas disquisiciones,

pero incapaces de freír un huevo. -Pobre, no sé

cómo se las va a apañar en su casa. -Puede que tenga la solución.

-Señora.

¿Se han enterado ya? Doña Susana ha vuelto del hospital

con noticias de don Liberto. -¿Y cómo está?

-Pues, al parecer, el señor ya está en una habitación,

pero todavía sigue dormidito.

-Muchas gracias por informarnos, Fabiana.

Iré ahora a la sastrería y le preguntaré a Susana

para que me cuente con más detalle.

Fabiana, quería pedirte un favor.

-Usted dirá, señora.

-Tenemos que buscarle criada al nuevo párroco.

-Una ama de cura. Pierda cuidado,

preguntaré en el "mercao" por alguien de confianza y pía.

-Prima, si no le importa, voy a ir subiendo a casa.

-Vale, dile a Felipe que voy a la sastrería y ahora subo.

¿Qué, Fabiana,

hay novedades sobre Trini?

¿Y esa sonrisa? ¿A qué viene tanta guasa?

No es posible, ¿estás segura?

(RÍE)

-Ay, Liberto.

Te parecerá bonito.

Menudo susto me has dado al cuerpo.

Contigo no gano para sobresaltos.

Ya te estás recuperando si no quieres saber lo que vale un peine,

que no se diga, hombre. Eres joven, fuerte, y tienes

toda una vida por delante.

Una vida que tienes que compartir conmigo, ¿me oyes?

Así que déjate de tontunas y ponte bueno, Liberto.

¿No te das cuenta que te necesito como el aire que respiro?

Por favor... ¡Despierta de una santa vez,

que mira que te gusta llevarme la contraria!

Ay, Liberto. Que si llego a saber que me vas a hacer caso,

te lo digo antes.

No te pares ahora, no te quedes a medias.

Abre los ojos.

Abre los ojos. Liberto.

-Madre.

¿Qué sucede? -No lo sé, hija, parecía

que movía los ojos, que iba a abrirlos,

pero se ha quedado quieto.

-¿Sí?

-Ay, Liberto.

-Liberto.

Eh.

Madre, habrá sido un movimiento reflejo.

-Sí, habrá sido eso.

-Venga.

¿Sabe que las vecinas se han reunido en casa de Trini para rezar?

-Se lo agradezco.

Ojalá que sus rezos sirvan para algo y que no caigan en saco roto.

-Claro que sí.

Vamos, madre.

No desfallezca.

Muchas gracias por haber venido. -No se merecen,

qué menos que rezar por nuestro vecino y amigo.

-Tengo el corazón en un puño por Liberto.

-Esperemos que nuestras oraciones sean escuchadas y le ayuden

a recuperarse. -Estoy segura de que será así.

El Señor es misericordioso.

-Tomen asiento, por favor. -Sí.

-Señora, nosotras también vamos a rezar por el señor en la cocina.

-Ah, no, de ninguna manera, os quedáis aquí,

con nosotras. Os parece bien, ¿no?

-Claro que nos parece bien,

Dios no entiende de clases a la hora de escuchar nuestras plegarias.

-Señora, se lo agradecemos,

pero de verdad que no es menester.

-Nosotras estaremos bien en la cocina, es nuestro sitio.

-Carmen, por favor, no discutáis, uníos a nosotras.

-La ocasión lo merece.

-Ya podrían acordarse también de servidoras a la hora de festejar.

-Antes de empezar,

permitidme que le agradezca a Trini

que nos haya cedido su salón, el más grande de todos,

para rezar el rosario. -No hay de qué, Susana,

hoy estamos aquí por tu sobrino.

-Comencemos ya, que con tanta cortesía no nos va a dar tiempo

ni a un Padre Nuestro. -Por una vez,

Flora tiene razón.

Primer misterio.

La encarnación del hijo de Dios.

(TODAS) "Padre Nuestro, que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre, venga a nosotros"

tu reino,

"hágase tu voluntad,

así en la tierra como en el cielo, el pan nuestro"

de cada día dánosle hoy,

"perdona nuestras deudas

así como nosotros"

perdonamos a nuestros deudores

"y no nos dejes caer en la tentación,

mas líbranos del mal,"

amén.

(Llaman a la puerta)

Ya va.

(Llaman a la puerta)

¡Ya va, ya va!

-¿Puedo pasar? Me han dado aviso de que quería verme.

-Y no le han mentido. Entre, haga usted el favor.

-Sepa usted que no acostumbro

a acudir a los avisos de los criados.

-Agradecida entonces por el detalle. -No lo esté.

Si he subido, ha sido porque he pensado que quizá tuviera que ver

algo con el señor Palacios.

-Pues en un santiamén yo se lo explicaré.

Ahora, si me hace el favor, aguarde un suspiro,

que cuando usted ha "llamao" iba yo a atender a mis señores.

-Mire que soy un hombre ocupado.

-Ahora vuelvo.

-¡Fabiana! ¿Quería usted verme...?

¿Se puede saber qué hace usted aquí?

-Eso me gustaría saber a mí.

Aunque ya empiezo a sospechar algo. -Bueno.

Pues no ahorre saliva y dígame qué está pasando.

-Me temo que Fabiana nos ha hecho venir para que usted y yo

nos encontrásemos cara a cara.

-Pues vaya capricho más tonto, ¿no?

Yo a usted le tengo vista la cara de más.

-Y nada tenemos que decirnos. -Me da usted

las cinco pesetas que me debe

y ya se puede largar. -Va usted dado,

nada le debo.

-¿Cómo que no? Pero ¿no salí con esa buena moza del brazo,

que es lo que habíamos acordado?

-Eso lo dirá usted.

Yo estuve en el callejón para comprobarlo

y no se dignó a aparecer. -¿No te amuela?

Y usted sabe por qué, se chivó a la Fabiana

y a la Casilda y me pillaron infraganti,

que menudo rapapolvo me echaron.

Y lo peor no es eso, lo peor es que se entere

mi Paciencia,

que es lo que más quiero. -Arrea.

¿Y por qué estuvo pelando la pava con otra?

-Porque era una apuesta

y no trate de negar que me hizo una jugarreta.

-Tranquilo, que no lo haré.

En el amor y en la guerra, todo vale.

Ah, y dígale a Fabiana que, si quería

comentarme algo sobre mi trabajo,

que baje a la calle, aquí nada se me ha perdido.

-La poca vergüenza que tiene.

¡Maldita sea su estampa!

Ojalá que, cuando se muera una mosca, lo haga en su sopa.

-Temple, Servando, temple.

-¿Usted de dónde viene? -Del pasillo,

y lo he estado oyendo todo.

Les he hecho venir para comprobar

si por una vez en la vida usted dice la verdad.

-Y se ha "dao" usted cuenta que sí. -"Pa" chasco que sí.

"To" ha sido un embrollo necesario, sí.

-Me creen menos que a un preso.

Mi Paciencia no dudaba de mi palabra ni una miaja.

¡Dios, cuánto echo de menos a mi Paciencia!

-Cariño,...

te estaba esperando para comer.

¿Dónde has estado?

-Perdona por el retraso.

He pasado por el hospital a interesarme por Liberto.

-¿Cómo está? -Estable,...

pero sigue sin despertar y las horas pasan.

-Comprendo. Hemos estado en casa de Trini,

rezando por su recuperación.

-Vuestras plegarias no han llegado a su destino.

¿Y Lucía, no nos acompaña?

-No, ha salido a dar un paseo después de los rezos.

Ha ido a visitar a nuestro nuevo párroco.

Ha hecho muy buenas migas con él. -¿Está de mejor ánimo?

-Sí, eso parece.

-¿Y qué ha logrado ese milagro? ¿Su amistad con el sacerdote?

-No, yo creo que más bien la convicción de que Samuel

logrará sanear sus cuentas.

-En ese caso, no creo que le dure mucho la alegría.

He hablado con don Ramón y no se muestra muy optimista.

-¿No cree que pueda cubrir la deuda con su patrimonio?

-A pesar de ser muy extenso,

no será suficiente.

Las pérdidas han sido cuantiosas. -Entonces ¿qué va a pasar,

en qué situación va a quedar él? -No quiero ser pájaro de mal agüero,

pero me temo que tendrá que declararse en quiebra.

-¿La ruina?

-Es muy posible que tenga que deshacerse de todas sus posesiones.

-¿Incluyendo la casa de Acacias?

-Sí.

Puede verse en la calle.

-Por todos los santos, no sabía que la situación era tan desesperada.

-Casilda, que te digo que es imposible

que haya salido aquí una mancha de humedad.

-"Pos" usted dirá, pero la gotera ya cubre medio techo.

-Pero si hace meses que no llueve.

-Habrá sido otra cosa. -¿Y qué otra cosa

puede hacer una gotera que no sea la lluvia?

-¿Las palomas?

-Las palomas. -Sí, las palomas.

Imagínese usted que se han puesto entre todas de acuerdo

para hacer pis en el "tejao" y ha "terminao" por calar.

-Pero ¿qué tontuna es esa?

Vamos a ver, ¿has perdido el poco seso que tenías, Casilda?

-Bueno, arregle la gotera,

no vaya a ser que "aluego" tengamos que lamentarnos.

-¿Qué voy a arreglar?

Tendré que ver la mancha. No puedo arreglar nada si no lo veo.

-Pues, si no lo ve, es porque está ciego,

porque está delante de sus narices.

-¿Delante de...?

¿Qué hacen ustedes aquí tan "parás"?

¿No me irán a echar otra pelotera?

-Que no, descuide, Servando, no queremos regañarle.

-No, hombre, todo lo contrario.

-Fabiana nos ha contado todo lo que echa de menos a su Paciencia.

-Y por eso hemos querido tener

una atención con usted.

Hemos juntado dos pesetas y media para que pueda enviarle

un presente a Cuba, como planeaba.

-No llega a las cinco pesetas

que se apostó con el sereno, pero tenga, que será suficiente.

-Menos da una piedra.

-Vamos, que me dejan ustedes de ídem.

-Y eso no es todo.

También le hemos comprado...

un detalle. -¿Eso es para mí?

Una foto...

de mi Paciencia. -¿Le gusta?

-¿Que si me gusta? Que...

Que no sabría cómo darles las gracias,

que son ustedes lo mejor que tengo

y son como mi familia. -Servando,

quite usted el "como".

-Eso sí, como le volvamos a ver cogerse del brazo de una moza,

le vamos a dar la del pulpo.

-No, no, Casilda, no te apures

que la próxima vez la cogeré de la pierna.

-Venga ya.

Padre.

-Lucía, usted por aquí.

Espero que no haya venido para algún servicio,

acabo de recoger la sacristía. -No se inquiete,

solo venía a comunicarle

que mi prima Celia ha dado orden a Fabiana

de que le busque una mujer.

-Veo que el incidente con la taza le impresionó tanto que ha decidido

tomar cartas en el asunto.

-Digamos tan solo que me mostró que no era muy ducho

para tales tareas. -No se equivoca,

toda la vida dedicado al estudio y, sin embargo,

nunca aprendí a prepararme una mísera sopa.

-Deberemos darnos prisa en encontrarle criada,

no vaya a morir de hambre.

-Habiendo pan, aceite y vino, no creo.

Ah, por cierto, yo también tengo una sorpresa.

-¿Para mí? -Sí. He dado con un nuevo libro

que quizá le interese.

Se trata de un manuscrito de arte sacro

muy interesante.

-Qué belleza de volumen.

Sus páginas están repletas de reproducciones

de cuadros medievales.

Y de ornamentos arquitectónicos de iglesias románicas.

-Veo que no me equivocaba. ¿Le agrada?

-¿Cómo no iba a hacerlo? Es un tema que me apasiona.

De hecho, ya conocía

alguna de las obras que aparecen aquí reseñadas.

-Parece saber mucho

de arte.

-Siempre me ha gustado la pintura y la escultura.

De hecho, he aprendido aún más

cuando ayudé a don Samuel a poner en marcha las Galerías Alday.

-Parece estar muy unida a él.

-Así es.

Le tengo en alta estima.

-Disculpe que me entrometa,

pero la forma en que se le ilumina el rostro cuando habla de él

me hace pensar que lo considera más

que un amigo.

No hace falta que conteste, el rubor de sus mejillas

ya lo ha hecho por usted.

Lucía,

sea cauta.

Aplaque ese sentimiento imposible ahora que está a tiempo.

(Puerta cerrándose)

Señora, tiene usted visita. -Gracias. ¡Ay!

Celi, pasa y siéntate, así merendamos juntas.

-Como que le va a dejar a usted algún bollo.

-Lo siento, Trini, pero la merienda tendrá que esperar.

No he venido a hacerte una simple visita.

-Entonces ¿a qué has venido?

Ay, no me digas que traes malas noticias del hospital.

¿Le ha ocurrido algo a Liberto? -No, no, templa.

Sigue igual, no tenemos más noticias.

-Bueno, entonces ¿qué es? Habla, Celi, que me estás asustando.

-A ver, Trini, es que...

no he venido sola.

Me acompaña

el doctor Morena.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

¿Hay alguien enfermo?

-Pues esperemos que no, pero me quedaría más tranquila

si te ausculta y te reconoce.

-¿A mí?

Pero si estoy perfectamente.

Ya os dije que no me había vuelto a marear. Fabiana, díselo.

Estoy estupenda, no hago más

que comer y dormir. -No, sí, sobre todo lo primero.

-Trini, si estás bien, no pasa nada

porque un médico disipe cualquier duda.

-¿Qué está ocurriendo aquí? Me tenéis escamada las dos.

-Precisamente eso es

lo que queremos averiguar.

-Tranquila, no la entretendré mucho.

Estoy pensando seriamente acercarme al hospital

a ver cómo sigue Liberto. -No es menester.

Leonor dijo que nos avisaría si pasaba algo.

-Sí, ya lo sé,

pero estoy más nervioso esperando en casa.

Al menos así me parece que hago algo.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-¿Saben si Samuel ha llegado de su reunión en el banco?

-No que yo sepa.

-Se está retrasando ya.

-Quizá eso sea buena señal.

-O quizá todo lo contrario, no peque usted de optimista.

-Creo que pronto tendremos noticias.

-Parece muy serio.

-Lucía, espera a ver qué noticias nos trae.

-Samuel, precisamente ahora mismo

estábamos hablando de usted.

-¿Qué le ha dicho el banquero? ¿Qué nos puede contar?

-Ha ido todo bien.

-¿En serio?

-Sí,

reconozco que la reunión no ha sido todo lo satisfactoria

que me habría gustado, pero hemos llegado a un buen acuerdo.

-¿Y en qué consiste este? -Empezaré pagando a los dueños

de las obras de arte

y más adelante nos reuniremos de nuevo para afrontar

el resto de pagos.

-Parece un buen trato, debería mostrarse

más satisfecho. -Lo estoy.

-Pues lo disimula muy bien, su gesto es tenso y disgustado.

-¿Es verdad eso, Samuel? ¿Nos oculta algo?

-En absoluto, no tienen por qué dudar de mi palabra.

Es solo que estoy cansado, la reunión ha sido larga y muy tensa.

-Comprendo su fatiga, se jugaba usted mucho.

-Si me disculpan, marcho a casa, todavía tengo mucho trabajo

antes de poder descansar.

-Bueno,

finalmente ha salido todo bien.

¿O no lo creen así?

-Ay, señora, ¿el doctor no está tardando mucho en reconocerla?

-Sí, yo también lo creo.

Será que nos parece que el tiempo se detiene con los nervios.

-Como tarde mucho, me voy directa "pa" el cuarto y le pregunto.

-No será necesario, ahí le tienes. -Le acompaño a la puerta, doctor.

Ahora ya nos dice la señora.

-¿Y ahora Trini por qué no vuelve de su alcoba?

Está bien,

si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma.

Trini...

Te iba a buscar.

¿Y bien? ¿Qué te ha dicho

el médico?

Trini, no me tengas así. -Y dígame, doña Celia,

¿estaba yo equivocada o no?

-No sé, Trini no parece capaz

de articular palabra.

-Uy, pero si está patidifusa.

-Trini,

por favor.

Di algo. Fabiana y yo nos estamos empezando a preocupar.

-El doctor me ha dicho que...

Que...

-Diantres, señora, ¿qué le ha dicho?

-Que estoy en estado. -¿Qué, qué?

¡Lo sabía!

Ay, yo lo sabía, yo lo sabía.

-Enhorabuena, Trini. -Si no hacía falta

ser médico para reconocer los síntomas.

Mareos, vértigos,

náuseas, antojos.

-Estaba claro como el agua.

-Eso será para vosotras, que nunca he estado embarazada

y no me lo veía venir.

Pero ¿cómo es posible que yo vaya a tener un niño?

-Ya debería saberlo, ¿eh? -Fabiana.

Ay, Dios mío,

¿y cómo se lo digo yo a mi Ramón?

-Tranquila, Trini, que le va a llenar de dicha.

-Si no se muere antes de un pasmo.

-Sí que va a ser una sorpresa.

-O dos, señora, o dos, como traiga gemelos...

-Ay, Fabiana, eso no lo digas ni en broma, por favor.

Un niño, un niño, Celi.

No me lo esperaba después de tantos años.

Ay.

Os pido por favor que no digáis nada.

Necesito el momento para contárselo a mi Ramón.

Ay...

-Madre.

Madre, ¿por qué no va a casa

a descansar un rato? Yo me quedo con él.

-No, no voy a separarme de su lado.

-Por favor, madre. -No insistas, te lo ruego.

Pero ¿por qué todo sigue igual?

El médico nos dijo que las próximas horas serían vitales.

-Ya lo sé.

-¿Y si lo pierdo? Leonor, ¿y si no despierta,

y si lo pierdo para siempre?

¿Y si lo pierdo para siempre? -No, no.

Eso no va a pasar.

Se va a poner bien.

-¿Cómo puedes estar tan segura?

-Voy a ver si... encuentro al doctor,

¿eh?

-Ay, Liberto. Ay, por favor.

Ay, Dios mío.

¡Oigan, mi marido está despertando!

Liberto.

Ay, Liberto.

Liberto, ¿me oyes, estás bien?

Liberto. -Rosina...

¿Dónde estoy? -Ay.

Estás en el hospital, has estado muy grave,

muy grave.

-Apenas recuerdo nada.

-Te tuvieron que operar de lo mal que estabas,

pero ya ha pasado todo, estás a mi lado.

-Rosina...

No me abraces con tanta fuerza.

Todavía estoy muy débil. -Te aguantas,

te aguantas.

Ay, afortunadamente, un médico maravilloso te ha salvado.

-¿Sabes qué?

No he dejado de pensar en ti ni un solo instante.

Era todo como un sueño.

-Pues ahora esto es real.

Estás conmigo para siempre, ¿eh?

Ay, ¿te hago daño?

-"¿Cómo pretende que me deshaga también de mi casa,

dónde voy a vivir?".

"Le he dado todas mis pertenencias, las joyas, las tierras y la mansión,

¿qué más puede querer, cómo que no es suficiente?".

"Yo no tuve la culpa de que pusieran una bomba, jamás podré pagar

esa cantidad y usted lo sabe".

"Me obligará a vivir en la calle como un perro,

le exijo un poco de misericordia".

-Samuel.

-Carmen.

Si vienes del mercado es porque Samuel

ha recuperado el apetito.

-No, señorita, no eche usted las campanas al vuelo,

que es para el altillo. Hoy me tocaba a mí hacer la compra.

-Entonces ¿Samuel sigue igual?

-¿Es que no ha ido usted a verle?

-He llamado, pero nadie me ha abierto.

-Tampoco a mí me ha abierto cuando he bajado a prepararle el desayuno.

Aunque me ha hablado,

eso sí. Me ha dicho

que prefería estar solo.

-Servando ya ha traído el correo. Hay algo para usted, señorito.

-¡Es de Lolita!

-Vaya, ¿qué te cuenta tu prometida?

-Que vuelve. Sí, regresa.

La tata Concha ya ha sanado,

así que ya está recogiendo.

-Díganos, doctor, ¿cuándo cree

que podrá volver a casa Liberto?

-Pues déjeme que mire un segundo.

Vamos a ver.

No ha dicho usted palabra, Liberto.

-Pero si es que mi mujer

no me deja decir palabra. La verdad,

doctor, me encuentro bien, estoy fuerte.

-Ah, y con un apetito. Hasta nos ha pedido

hace un rato un potaje.

Se lo hemos negado hasta que usted

dé su permiso.

-Perfecto.

Pasará aquí la noche y, si va bien, mañana podrá irse.

-Ay. -Y hasta comer potaje.

-"Ay, Celi, no sé".

-¿Qué no sabes?

-Pues que no sé, no quiero soltárselo así de sopetón,

quiero hacer algo especial.

Quiero que, si va bien, sea un momento

que recordemos el resto de nuestras vidas.

-No digas "si va bien", que me da rabia. ¿Qué estás pensando?

-Es que no sé, Celi, de ahí mi ansiedad.

-Trini,

no le busques tres pies al gato.

Se lo digas como se lo digas, no lo olvidará.

-"Tengo una idea"

que nos dará ese dinero para vivir tranquilos.

-Si es ampliar el horario, olvídalo, que ya no nos da el día.

-Estaban repartiendo estos volantes

en el mercado. Se trata

de una fábrica o una compañía, lo que sea,

de bebidas tonificantes.

Están buscando a hombres apuestos, así como vosotros,

para que salgan en los retratos.

-"Después de ver el ánimo de Samuel,"

don Ramón decidió personarse en el banco

y hablar con el director. -Y no le confirmó su versión.

-Al parecer, el plan de pagos que ha presentado

ha resultado ser insuficiente. Y con insuficientes garantías.

-¿Qué alternativas le propusieron?

-La deuda es tan grande que solo se contentarán si Samuel

entrega todo su patrimonio.

-¿Todo? Pero ¿se han vuelto locos?

-Se han vuelto muy desconfiados y no aceptarán otra cosa.

-Encantado de saludarles. ¿Cómo se encuentra don Liberto?

-Sin novedades, muy bien gracias a usted.

-Gracias a la ciencia, señorita. -No.

-Me alegro que la situación haya mejorado en el hospital,

o no estaría paseando por aquí.

-Lo peor ha pasado ya, acabo de terminar mi turno

y me apetecía dar un paseo para echar un vistazo al barrio,

me parece un excelente lugar para vivir.

-¿Para vivir?

Pensé que su presencia en el hospital

era interina, que le habían llamado como refuerzo.

-Y no estaba usted equivocada, pero esta misma tarde,

me han confirmado en el puesto.

-Ah, pues esa es muy buena noticia. -Así es.

Me trasladan. Por eso ando buscando donde vivir.

-"Trini, ¿ha visto a Fabiana?".

Necesito que me cosa un botón de la chaqueta.

-Pues ha salido y no va a volver,

le he dado horas libres. -¿Horas libres?

¿A media mañana?

¿Y sin ser domingo?

-Ay, hijo, mira que eres metomentodo.

-No me chupo el dedo. ¿Por qué se quiere quedar

a solas?

-¿A solas, yo? Antoñito, por favor.

-"¿Qué le aflige?".

-Es Samuel, padre. Desde que volvió de intentar arreglar

la situación con los acreedores,

no ha salido de casa ni tampoco se ha dejado ver.

Temo que esta situación se le vaya de las manos.

-¿Quiere que intente hablar

con él? -"No es posible".

-¿Qué, señora?

-Úrsula.

Por los clavos de Cristo, Úrsula,

¿qué haces aquí?

-Buscar a mi hija.

He salido... y he venido a buscar

a mi hija.

-No te me acerques.

-Doña Susana, necesito auxilio.

-Todos necesitamos la ayuda de Dios,

tú más que nadie, lo sé,

pero ¿por qué has pensado que aquí encontrarías ese amparo?

-"Úrsula está en el barrio. -¿Cómo?".

-Estábamos donde Trini y ha subido Susana a contárnoslo.

-Pero ¿cómo ha podido regresar?

Debería estar en la clínica por imperativo legal.

-Quizá haya escapado.

-Es una opción. Daré parte ahora mismo a las autoridades.

Mandaré una nota a comisaría.

-Olvídala. Debería estar en un manicomio encerrada de por vida.

Cuanto más lejos la tengamos, mejor.

Esa mujer es veneno puro.

Y si vuelve por aquí,

échala sin contemplaciones.

¿Me has oído?

-"Lo cierto es que no es muy propio"

de ella el mendigar, el rogar.

-Ni el mostrarse poco dueña de sí misma.

Quizá el tratamiento le ha mermado facultades.

-O quizá... aún peor: esté fingiendo.

-"¿Qué sabor tiene la derrota?".

Amargo, ¿verdad?

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Acacias 38 - Capítulo 830

21 ago 2018

Telmo se gana la confianza de Lucía. Ella y su prima Celia encargan a Fabiana que busque criada para Telmo. Trini sigue teniendo mucha hambre. Fabiana ata cabos y hace partícipe a Celia de lo que le pasa a su señora.

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  1. Lucinda

    Cómo podemos ver los capítulos los que estamos en Chile?

    30 ago 2018
  2. Rosa

    Otra vez Ursula??? Pufff la serie va siendo cada vez mas pesada, lo pasado pasado está

    23 ago 2018
  3. María

    Otra vez Úrsula no por favor! Ya cansa

    22 ago 2018
  4. Rodrigo

    Trini está embarazada debido a sus síntomas agonías,hambre ,mareos son los primeros síntomas del embarazo

    22 ago 2018
  5. Mabi

    Si Liberto. No reaccionaba luego de las súplicas gritonas, los acomodamientos de brazos fuera de las sábanas, los sutiles golpecitos en la frente que le propinaba Rosina ahí sí que habría que haberse preocupado por la salud del personaje!!!! Rosina genio y figura!!!!

    22 ago 2018
  6. Mabi

    Al fin podremos ver un embarazo normal, deseado, festejado, sin complicaciones, llegar al fin de los 9 meses, deleitandonos con las locuras de Trini, loa apuros de Don Ramón y Antoñito junto con Lolita cambiando pañales???? Que así sea!!!!!!!

    22 ago 2018
  7. Livia

    Tengo que venir a ver el capítulo aquí porque la aplicación falla demasiado y a veces resulta imposible ver un triste capítulo

    22 ago 2018
  8. soffia

    ahora los malos aparecen Ursula falta Cayetana esta acacias va de mal en peor ahora la iglesia

    21 ago 2018