www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4700780
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 829 - ver ahora
Transcripción completa

Usted me sacó de aquel edificio. No sé qué decir.

-No tiene por qué decir nada. Solo traté de ayudar a mi prójimo.

-Disculpe mis modales.

Pero la sorpresa de encontrarle aquí

me tiene algo perpleja.

Me parece que le debo una explicación.

Soy el nuevo párroco de Acacias.

-"¿A qué viene lo de engañarlo?".

¿Por qué no le cuenta que se ha dado un porrazo

de órdago a la grande? -Fabiana,

no exageres. Solo se me ha ido la cabeza un segundo.

No quiero preocupar a Ramón

con melindres. -Pero los médicos le dijeron

que acudiera a la carrera al hospital.

-No voy a salir de casa.

-Dios quiera que Liberto salga bien.

Yo no sé si podría superar

una pérdida así.

Otra vez. -Madre, madre, no diga eso.

Ha de ver como salimos adelante.

Dios te oiga. -"Sea razonable, Samuel".

Esos cálculos que está haciendo

son una fantasía.

-¿Qué es lo que ocurre? ¿Acaso Don Ramón o Felipe

la han enviado para fiscalizarme?

-No sé cómo puede pensar eso.

Tengo una buena noticia.

-Cuéntemela. -He convencido al doctor

para que dé prioridad a su caso.

No me ha sido nada fácil, pero la operación va a ser mañana.

La señora no está bien.

-¿No se ha recuperado bien?

Parecía que sí, pero eso es solo fachada. Está floja

como un niño chico y cada vez que se descuida

le dan unos vértigos que acabará rompiéndose la cabeza.

-"Tenéis que entender"

que estás haciendo una montaña de un grano de arena.

-Pero es que eso significa que estás muy afectada.

-Que no, que yo ya me mareaba antes del atentado.

¿Quién no se marea de vez en cuando? -"La operación"

es complicada.

Existen posibilidades de que...

no salga bien.

-¿Nos está diciendo que es posible que Liberto

no salga de esta?

-Le voy a hablar con mucha franqueza.

Es posible que muera.

-"He estado dándole al magín sobre ese vínculo con los marqueses".

Me gustaría investigarlo. Si a usted no le importa, claro.

-Por supuesto.

-Eso sí, de forma discreta.

No me gustaría que la gente del barrio me vea distraído

con lo que hay que hacer. -Descuide.

Será

nuestro pequeño secreto.

(Campanadas)

Nos reunimos hoy aquí para homenajear

a las víctimas de un terrible atentado que ha asolado al barrio.

Soy nuevo en este lugar y muchos no me conocen,

pero he de decir que sé reconocer a las personas buenas,

generosas y solidarias y con buen corazón.

Sé que ustedes lo son por cómo se han volcado en ayudar

a aquellos que lo han pasado mal,

por cómo han tratado de darles cariño y apoyo.

Eso es ahora lo único importante.

Ruego a Dios misericordioso

que proteja a las víctimas de este terrible atentado

infundiéndoles fuerza y ánimo para soportar tanto dolor.

Esta tarde, don Liberto, esposo de doña Rosina,

se someterá a una grave intervención quirúrgica.

Les ruego recen por él

y porque Dios guie las manos de ese médico

al intervenirle.

Recemos también por don Samuel Alday.

La destrucción de sus pertenencias ha sido un duro golpe para él.

Y se merece todo nuestro apoyo y respeto. Oremos.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,

no desprecies nuestras súplicas y necesidades,

antes bien, líbranos de todo peligro.

(TODOS) Oh, Virgen gloriosa y bendita. Amén.

Muchas gracias por el apoyo, padre. Es muy importante para el barrio.

-Un placer. -Gracias, ha sido bonito.

-Gracias, padre.

-Padre Telmo,

creo que aún no nos conocemos.

-No personalmente. Pero su fama le precede.

-Samuel Alday. -Estaba deseando conocerle.

Siento muchísimo

lo ocurrido con sus galerías.

Si necesita apoyo espiritual, no dude en pedírmelo.

-Gracias, padre.

A Dios gracias, creo que esto no terminará con mi empresa.

Se necesita algo más que una bomba para detenerme.

Me alegra oírle decir eso.

Los finales a veces suponen nuevos comienzos

más luminosos y mejores.

-Se lo agradezco, padre, sus palabras alientan

en estos momentos. -Cuente con ellas cuando quiera.

Ya sabe dónde encontrarme.

-Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

Pase usted, señorita Lucía.

Supongo que ha venido a ver a don Samuel.

-Así es. Después de la ofrenda floral,

he ido a hablar con doña Rosina

y, cuando me he querido acercar a él, ya no lo he encontrado.

¿Está aquí? -Siento decirle que no ha regresado.

Pero la última vez que le vi se quedó hablando con el nuevo párroco.

¿Le conocía usted?

-¿Perdón? -Al nuevo párroco,

que si le conocía. -Sí, sí.

-La ofrenda ha sido preciosa. ¿No cree?

-Sí, sí.

Y el discurso, emotivo y respetuoso con las víctimas.

-Un hombre muy agradable el padre Telmo, Acacias necesitaba

a alguien como él. -Carmen,

¿te puedo hacer una pregunta sincera?

-Ya sabe usted que sí, pero siéntese.

-Siéntate, Carmen, por favor.

-Está bien.

-¿Qué opinas del estado

de don Samuel?

-Reconozco que estoy algo preocupada.

Creo que no termina de darse cuenta

de cuál es la gravedad de su situación.

-Me alegra no ser la única que piensa así.

Creo que don Samuel ha querido llevar

el apellido de su padre más lejos de lo que él mismo hubiera podido

y se ha encontrado con una terrible tragedia.

Y temo que su orgullo

le impida encajar tal desgracia

pese a que nada de lo que ha ocurrido sea culpa suya.

-Bueno, ahora,

lo importante es que Samuel actúe con cabeza y con sentido común.

Si lo hace, todo le irá bien, pero si no...

-¿Qué quieres decir?

-Pues que las decisiones que ahora tome don Samuel serán cruciales

para su futuro y para la recuperación de su empresa.

-Hablas como si ya hubieras pasado en por ello.

Carmen, ¿qué ocurre?

-Ya le conté una vez que yo...

estuve bien posicionada.

Y que mi situación era holgada.

Además, mi marido... -¿Estuviste casada?

-Sí.

Mi marido no tenía muy buena cabeza, ¿sabe?

Lo perdió todo por tomar malas decisiones.

Yo solo espero que don Samuel no repita los errores que cometen

algunos hombres sometidos a situaciones extremas

o por culpa de su orgullo.

-Por eso quiero estar cerca de él, para evitarlo.

-Qué afortunado es él teniéndole a usted a su lado.

Da tanta pena ver a Rosina tan preocupada.

Tan falta de vida. -Ay...

Y espero que la operación de Liberto salga bien.

-Tiene que salir bien.

La vida no puede ser tan cruel y hacerle pasar

dos veces por la misma. -Ay, sí.

Además de verdad.

Ay, ¿y lo guapo que es el nuevo párroco?

-Trini... -¿Qué?

-Pues que es sacerdote.

-Y guapo, ¿acaso miento?

-Sí, es guapo a rabiar. Ha dado un discurso precioso.

-Qué lástima que sea cura, qué desperdicio.

-Por favor -Si no lo digo por mí.

Yo soy una mujer casada y felizmente, lo digo

porque hay mucha moza por ahí falta de cariño.

En fin, cuéntame,

¿para qué me has traído a tu casa?

-He citado al médico. -¿Al médico?

-Felipe no está. Tenemos intimidad para que te revise

y nos diga qué tienes. -Celia, exageras.

-Muy bien, pues que nos diga él.

-Ya verás como tengo razón. -Si no dejas que te mire

un médico, no vamos a salir de dudas nunca.

-Bueno, que me mire, está bien, no pasa nada.

Yo lo que no quiero es que no se entere Ramón.

-No se va a enterar.

(Llaman a la puerta)

Debe ser él. Quédate aquí.

Es por aquí.

Ella es doña Trini, la paciente.

Cuéntale, Trini, cuéntale qué es lo que te ocurre.

-A las buenas, doctor, verá. Yo en realidad estoy como un roble.

Sí que es cierto que a veces...

-¡Señora! -¿Qué pasa?

-Que viene. -¿Quién viene?

-Don Ramón viene a buscarla. -¡Ah!

(Llaman a la puerta)

-¡Usted, para dentro, por favor! Siento tratarle así.

-Ramón... -¡Entre!

-¿Está aquí Trini? -Eh...

Sí, sí, está aquí.

-¡Hola, querido! ¿Ocurre algo?

-¿Quieres tomar algo, Ramón? -No, gracias. Me extrañaba

que hubieses subido donde Celia sin pasar por casa, estaba preocupado.

-Ay, perdona. Es que necesitábamos...

hablar a solas. ¿Tú necesitas algo?

-Supongo que no.

¿De verdad no ocurre nada?

-Celia tiene algún problemilla y necesita mi opinión.

-Muchos, muchos problemas. -¿Y no puedo ayudar yo?

-Ah, no, por favor, son cosas de mujeres.

-Y son tan tediosas y tan aburridas que no las soportaría.

-Bueno, vámonos

pues.

-¿Cómo?

-Sí, habíais terminado de hablar, estabas leyendo

una revista. -Oh.

Sí.

Sí, la verdad es que habíamos terminado.

Pues nada, Celi, a más ver.

Adiós, Celia. -Adiós, Ramón.

¿Y ahora qué hago yo con este hombre?

Ay,

señora Agustina, me han dicho que la operación de mi señor es una cosa

muy peligrosa y arriesgada, que le tienen que hurgar el cerebro.

-Saldrá bien, ya lo verás.

-No sé yo si con buenas palabras

se sale airoso de algo así. -Las buenas palabras

atraen los buenos pensamientos y, con ellos, la fortuna.

-Ahí tiene usted mucha razón, "señá" Agustina.

Ya habrá tiempo para ponerse en lo peor.

-Claro que sí.

-Con lo bonico

que es don Liberto.

Y lo que quiere a doña Rosina.

Es el único que la aguanta.

No sé yo si ella sin él...

¡Ay, me cago en todo lo que se menea!

-¿Te has quemado, Casilda? ¿A ver?

Qué cabeza la tuya, hija. -Es el tormento, doña Carmen,

que la trae a maltraer.

-Por lo de tu señor, entiendo.

-No saben ustedes lo malamente que lo lleva

doña Susana. Don Liberto es como un hijo

para ella.

-A las buenas. El correo.

-¿Para quién? -Para ti, de Lolita.

-¡Ay! Por favor, "señá" Agustina, ¿me la lee?

-Sí.

Casildica: Que soy

la Lola, que sigo aquí,

en el pueblo. Por aquí, todo bien,

salvo porque la tata Concha

no termina de alzar

la cabeza.

Un día parece que se va a echar al monte

con las cabras y al otro no se alza ni en pie.

Por eso aquí sigo ayudándola

y rezando por que se recupere prontico

y pueda yo volver a casa.

Tengo ganas de ver a mi Antoñito

y a ti

y a todos los del altillo. Hasta al Servando

echo de menos.

Como aquí nadie me pide reales

ni me intenta hacer el lío...

El lío.

El Antoñito me envió

misiva para contarme lo del cachiporrazo.

¿Cómo está doña Trini?

Aquí, en el pueblo, están todos consternados.

Y por si fuera poco, lo de tu señor.

Que lo siento mucho, amiga,

y solo quería que supieras

que, aunque estés lejos,

cierro los ojos y te doy achuchones en mi cabeza

por si te llegan,

por si mis deseos vuelan hasta ahí

y te llenan

de buenas suerte. Besos a todos,

Lolita.

Ánimo, Casilda.

-Es que la echo una barbaridad de menos.

¿Por qué no rezamos todos juntos?

Por ti.

Por Lolita, por su tata y por tu señor.

Padre nuestro que estás en los cielos.

(TODOS) Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy.

"Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos...".

Doña Celia, buenos días. -Qué bueno encontrarle.

Quería agradecerle la ofrenda de hoy.

Tuvo usted muy buena idea. -Me alegro de que le haya gustado.

-Nos ha dado consuelo.

-Son ustedes una comunidad muy unida.

-Tenemos nuestros más y nuestros menos, pero somos una familia.

-¿Su prima se encuentra mejor?

-¿Lucía?

-Me pareció verla algo afligida.

¿Es por Liberto?

-No, si apenas se conocen.

Bueno, pero sí, me imagino que estará sintiendo mucha pena por él.

-Parecía algo personal.

-Sí, bueno, es que ella...

-Soy sacerdote, doña Celia, lo que me cuente

puede considerarlo secreto de confesión.

No saldrá de aquí.

-Es por Samuel Alday.

Ellos tienen una profunda amistad. -¿Una amistad?

-No es nada romántico, al menos no para don Samuel.

Ella sí tiene sentimientos sinceros.

Yo no lo veo con buenos ojos, pero es lo que siente ella.

-¿Por qué no lo ve usted con buenos ojos?

-Lucía hace poco que ha llegado al barrio.

Samuel ya lleva un tiempo.

Y nos conocemos.

-Y temo que no tiene buena opinión sobre su persona.

-Es un hombre complicado.

Amén de casado.

Un matrimonio muy tortuoso. Ella lo abandonó,

pero siguen casados a los ojos de Dios.

Un impedimento insalvable pues. Además

de las consideraciones

de su carácter. -Sí.

No siempre ha sido tan amable como se muestra ahora.

Y temo que en algún momento saque su lado más...

-Oscuro.

-Arisco. -Y teme que le haga daño.

Lucía tiene suerte

de contar con una prima que se preocupe.

-Para eso está la familia.

-Y los curas.

Si necesita mi ayuda, no dude en pedírmela.

-Gracias, padre.

Con Dios. -Con Dios.

¿Seguro que solo quiere usted agua?

-Vengo algo sediento.

Y bien, usted dirá.

-Le he mandado venir porque he estado hablando

con el director del banco que le concedió los créditos.

-¿Y?

-Está dispuesto a reunirse con usted para encontrar una solución.

Se ha mostrado benevolente con la situación y quiere elaborar

un plan de pagos

para cubrir la deuda.

-Por fin buenas noticias.

-Tampoco le quiero engañar, me ha dejado muy clara su preocupación

por lo elevado de esa deuda, es una fortuna.

-Una fortuna salvaje, sí.

-¿No está usted preocupado?

-He estado revisando concienzudamente mis cuentas

y sé cómo saldar las deudas.

-Eso es una gran noticia. ¿Cómo?

-Entregándole al banco las tierras de mi familia en Astorga

y la mansión Alday.

Con eso será suficiente para cubrir las deudas que debo.

-Posiblemente sí, y no es mala idea.

-Cuando todo esto esté arreglado, me gustaría empezar de cero

y trataré de sacar adelante unas nuevas galerías.

-Es usted inasequible al desaliento. -No fracasa

quien no lo consigue la primera vez, sino quien se rinde.

-Envidio su determinación.

Yo no sé si sería capaz de tener tanto coraje.

¿Está usted seguro de lo que va a hacer?

-Podría perderlo todo.

-El mundo es para los audaces.

-Y también de los prudentes.

Pero no quiero contagiarle.

Mucha suerte en su reunión de mañana.

-Muchas gracias por interceder. Ha sido usted muy amable,

don Ramón. Don Felipe. Con Dios.

-Con Dios.

¿Cree que esas propiedades son suficientes

para saldar deudas tan cuantiosas?

-Yo no sé los cálculos que ha hecho, pero a mí me cuesta creerlo.

Va a resultar mucho más difícil de lo que él cree.

¿Qué hacemos aquí?

-Aprovechando que nuestros maridos están reunidos con Samuel,

he querido hablar en privado.

-¿Hablar de qué?

-De lo que te pasa.

-Celia... -No, me vas a escuchar.

Y luego dices lo que piensas.

Tienes que ir al médico.

Tienes que hacerte pruebas.

Lo que te ocurre no es normal.

Sientes mareos, debilidad,

tienes que saber por qué te ocurren y cómo remediarlos.

Sé que no quieres alarmar a tu esposo.

Pero una cosa es no armarle

y otra mentirle como ha ocurrido aquí antes.

-Por eso... -Odio la mentira.

No pienso volver a mentirle

Ni a él ni a nadie.

Nos haces cómplices a Fabiana y a mí.

Y eso no está bien.

Fabiana piensa como yo.

Además, estamos preocupadas

por ti, no vamos a apoyarte en esto.

Irás al médico y punto.

-Sí.

Iré.

-Señora, ¿no va a negarse?

-Es lo que estaba tratando de deciros.

Que me he dado cuenta de que no puedo seguir así.

-¿De verdad?

-No está bien lo que hice antes,

y más sabiendo lo mucho que odias la mentira.

Te obligué a esconder al médico como si fuera un amante.

Anda que si llega a ser Felipe el que entra,

no sé lo que habrías hecho para no delatarme.

-Entonces nos prometes que irás al médico.

-Sí, os prometo que si vuelvo a encontrarme mal, se lo diré a Ramón

y juntos iremos al médico.

-¿Cómo que si vuelve?

-¿Ya no te encuentras mal?

-Desde que me mareé y me caí,

no he vuelto a encontrarme mal.

Estoy mejor incluso que antes.

-¿De verdad, no nos estarás mintiendo?

-¿Por qué os iba a mentir? Estoy bien, confiad en mí.

¿Cómo iba a hacerlo sabiendo cómo están Rosina y Susana con Liberto?

Estoy bien. Si me encuentro mal, iré al hospital.

Por cierto, ¿sabéis cuándo operan a Liberto?

Enseguida vienen para llevarle a quirófano.

-¡Ay!

Bueno, mi hija y mi amiga han salido a preguntar

porque no nos decían nada.

-Estamos ultimando los preparativos,

pero prácticamente estamos listos.

-¿Va a salir, doctor? ¿Va a salir? ¿Va a salir?

-Sabe usted lo difícil que es esta operación.

-Sí... -Ya se lo dije, pero me gustaría

recordarle que será una intervención muy complicada.

Vamos a abrir el cráneo para extraerle el líquido

que se le ha acumulado en el cerebro debido al golpe.

Es muy importante

que entienda todo esto para poder estar preparada.

-No voy a estar preparada, no voy a estar preparada.

Haga todo lo posible por salvar a mi esposo, ¿me entiende?

Por favor, no permita que le pase nada a mi Liberto.

Yo a lo mejor sí me lo merezco,

pero él es muy bueno, es muy cariñoso.

Tiene un corazón como este hospital de grande, por favor.

-Le prometo

que haré todo lo que esté en mi mano por salvar la vida de su esposo.

-Liberto, mira, ¿me oyes?

Puedes escucharme, ¿verdad, Liberto?

Li... Liberto,

tienes que encontrar la manera de volver a mí.

¿Me oyes? Tienes que hacerlo.

Por favor, Liberto. Mira...

No me dejes sola, tienes que volver a mi lado.

Ya sé que vas a encontrar la manera.

Daría lo que fuera para que no te tuvieran que operar

y te despertaras ahora mismo. ¿Te imaginas?

Y empezaras a regañarme y a callarme

como tú solo sabes.

Liberto, nadie me entiende cómo tú, ni siquiera

mi hija, Liberto.

No sé qué me has hecho.

Ay, Liberto, por favor.

Tenemos muchas cosas

que hacer todavía.

¡Por favor,

Dios, no permitas que me pase como con Maximiliano!

¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo, Liberto!

¿Te acuerdas?

Tú me ayudaste cuando me quedé sin Maximiliano.

Pero si ahora me faltas tú, ¿quién me va a ayudar?

Liberto, que yo no puedo vivir sin ti.

# Monísimo, monísimo, monísimo

# cuando me ven bien repeinado

# y bien vestido. # Ahí va...

# Monísimo, monísimo.

# Monísimo. #

(TARAREA, CARRASPEA)

# Monísimo... # Ahí estás, Servando.

Para adelante.

# Monísimo, monísimo. #

# Monísimo, monísimo. #

Eh, ¿dónde vas? Je, je.

# Con tu flor en el ojal y repeinado. #

Ahí estamos.

# Monísimo, monísimo, monísimo. #

(TARAREA)

-Servando, -¿Dónde están las cinco pesetas

que nos hemos apostado?

-No veo a ninguna moza de su brazo. -Pero pronto la verá.

¿No ve que estoy hecho un pincel? -No exagere,

solo se ha peinado para un lado y poco más.

-Tenga cuidado, que no siempre

va a ganar y le ha salido un duro rival.

-Cuando vea su conquista.

-A recogerla voy.

-Me la muestra y ya hablaremos de las pesetas.

-Bueno, pues quedamos en el callejón del Príncipe,

que dar por ahí una vuelta, que...

es un sitio tranquilo. -¿Tranquilo?

-Sí, es que no quiero que me vean con ella

y que piense las cosas que no son.

Vaya, que no me quiero meter en líos.

Con Dios.

# Monísimo, monísimo. #

No puede ser.

¿Cómo...? ¿Cómo tiene la marquesa la misma cruz de mi madre?

(Explosión)

(Golpe)

Disculpe. Estaba limpiando un poco y...

le he molestado.

(Llaman a la puerta)

Es don Samuel, señora. -¡Don Samuel!

-Buenas tardes. -Siéntese, se lo ruego.

Carmen, ¿nos puedes traer un poco más de té, por favor?

-Por supuesto.

-Me alegra mucho que haya venido a visitarme.

-No podía pasar un día más sin disculparme.

Mi comportamiento de ayer

con usted fue imperdonable, no debí haber hablado así.

-Lo cierto es que me sorprendió su reacción.

Solo pretendía ayudarle.

-Y le ruego no desista en el empeño de hacerlo.

Sé que no tengo defensa alguna,

pero estaba nervioso tratando de solucionar el pago de la deuda

y pensando en Liberto. -¿Está usted más tranquilo?

-Así es. Mañana me reuniré con el banco a ver cómo podemos solventar

esta situación.

Y Liberto es un nombre fuerte, saldrá adelante.

Así que parece que,

poco a poco, todo se va resolviendo.

-Si es así, me alegro mucho por usted.

Se le ve con buen ánimo.

-Tanto es así que estoy pensando en abrir una galería más adelante.

-¿De verdad? -Así es.

Quería contar con su ayuda.

-¿Con mi ayuda? -No sé

si es mucho pedir. -Es pedir muy poco

para lo feliz que me hace ayudarle.

La luz de la Luna no hace sombra

a esos ojos preciosos que parecen dos luceros

profundos como el mar.

Profundos como el océano, profundo, profundo entero.

Esos labios, que son como pétalos que vuelan.

Vámonos, morena, que se ha levantado el viento.

-Quieto ahí parado, Servando. -¿Adónde se cree que va?

-Esto no es lo que parece.

-Eso esperamos, porque lo que parece es una marranada.

-Una canallada muy fea.

-Una cosa es que usted sea más flojo que el borrico del pesebre.

Y otra cosa es pasearse por el barrio

de esta guisa.

-Pocas entendederas si pensó que no íbamos a enterarnos.

-¿A enterar de qué? -No, no apabullen,

que todo tiene una explicación.

-Estamos deseandico escucharla.

-¿No va a decir nada?

-Mejor callar que admitir lo evidente.

-Es usted

un sinvergüenza. -Chorlito.

-Cantamañanas. -Donjuán.

-Pare esto, por Dios. -Vamos a ver.

¿No te lo ha dicho?

-Angelico mío, ven. Este

es un hombre casado. -Casado

y recasado.

Buena suerte,

Servando.

-¿Y?

-Es que si te lo cuento, no te lo vas a creer.

¡Qué fuerza tiene en el brazo la tía!

¡Maldita sea!

¡A las buenas!

Venga, Ramón, querido, no quiero llegar tarde al hospital.

-Estate tranquila, mujer, Rosina no está sola.

-Doña Trini. -Sí.

-¿Van al hospital? -Sí.

-Deles ánimos a Leonor y a su madre. -De tu parte.

Flora, ¿eso qué es?

-Unos pasteles portugueses que ha aprendido a hacer el Peña.

-Qué pinta tienen. -Pues mejor saben.

Me los están quitando de las manos, a todo el mundo le han encantado.

-Nos preparas unos y cuando volvamos del hospital los recogemos.

-No va a poder ser.

-¿Por qué? -Son los últimos y ya tienen dueño.

Es que están teniendo

muchísimo éxito. -Ay, chasco.

Qué pena más grande.

-Tampoco es para tanto, mujer, ¿qué te ha dado con los pasteles?

-Ramón, no sé, siento que no puedo vivir sin probarlos.

-Si es por eso, tome uno. -Gracias, Flora.

Otro día le digo al Peña que haga. -Eso, otro día, que llevamos prisa.

-A más ver.

-¿Te encuentras bien? Te veo rara. -No sé.

¿Qué te ha entrado con esto?

-Ni que fuese una tragaldabas, Jesús, Ramón.

-"¿Cómo ha podido hacerles eso"

a la "seña" Paciencia?

-¿Y cómo se le ocurre ir por la calle del brazo con una moza?

-Y a la luz del día para que todo el mundo lo vea.

-Como si no le importara que su esposa

se vaya a enterar.

-Qué feo. -Descastado.

-Sinvergüenza. -¡Bueno! ¿Puedo hablar?

-Hable. -Vamos a ver.

Para mí, esa moza no significa nada y, si he ido del brazo con ella,

era por una buena causa.

-¿Qué buena causa?

-Por darle en las narices al sereno.

-¿Y qué tiene que ver en todo esto? -Pues mucho,

porque es un engreído y siempre se está metiendo conmigo.

Siempre quiere quedar por encima,

como la tarde de novio con Salomé. -¿Y qué?

-Esta vez quería quedar por encima demostrándole

que podía ir con una muchacha del brazo.

Por eso me aposté cinco pesetas.

-¿Cinco pesetas? -Sí, cinco pesetas.

Y si ganaba, pues...

le compraba un regalo a mi Paciencia

que me hacía ilusión mandarle algo bonito hacia Cuba.

Y así mataba dos pájaros de un tiro.

-¿Qué pájaros? -Pues darle en las narices al sereno

y tener un detalle con mi Paciencia.

-Ya, usted sí que está hecho un buen pájaro.

¿No nos estará engañando?

-Que no, que no, se lo juro por lo que más quiero en el mundo,

que es mi Paciencia.

Esa es toda la verdad y...

Y que nada más.

-¿Cree usted que está diciendo la verdad?

-Mira, yo creo que sí.

Servando será un gañán, un aprovechado

y más agarrado que una garrapata,

pero quiere un potosí a la Paciencia.

-Y tiene buen corazón.

Es incapaz de matar a una mosca.

-Ahora que caigo, fue Cesáreo quien nos dijo

que Servando iba a estar por ahí con una moza,

¿por qué si no lo hizo?

-Para ganar la apuesta.

Vaya dos.

Bueno, "seña" Fabiana,

yo me marcho, que quiero estar cuando operen a mi señor.

Con Dios. -Yo me pondré a rezar por él.

Doña Susana, doña Rosina,

quería presentar mis respetos.

Me siento especialmente mal porque uno de los afectados fuera Liberto.

Siempre se ha portado como un gran amigo.

-No se preocupe, don Samuel.

Mi esposo la aprecia muchísimo.

-Muchas gracias, Samuel.

-Susana,

¿crees que estará bien? -Él es

un hombre fuerte, saldrá de esta. Tiene que salir.

-Si le pasara algo malo...

-Eso no va a pasar, ¿me oyes?

No va a pasar.

Rosina,...

no siempre vi bien vuestra relación,

pero ahora me alegro mucho de que seas su esposa.

Eres la mejor esposa que ha podido tener mi sobrino.

La mejor.

Padre nuestro que estás en los cielos.

(TODAS) Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad así en la tierra

como en el cielo.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy.

Perdona nuestras deudas

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal, amén.

Dios te salve, María.

Llena eres de gracia.

El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Padre nuestro, que estás en los cielos.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy.

Perdona nuestras deudas

así como nosotros perdonamos

a nuestros deudores.

No nos dejes caer en la tentación,

más líbranos del mal,

amén.

Mira, Agustina, qué lástima las flores.

Deme una, haga el favor.

-Qué suerte tengo, me han salido dos ayudantes.

-Se habían caído unos ramos, padre.

-Gracias por preocuparse tanto por la parroquia.

-De corazón lo hacemos, padre.

¿Qué?

¿Está usted a gusto por aquí? ¿Le gusta todo esto?

-Mucho.

Son ustedes muy devotos. ¿Estaban rezando?

-Sí, por don Liberto.

El marido de doña Rosina. ¿No le conoce?

Es...

un buen hombre.

Apañado.

Simpático.

Como usted. -Le están operando ahora mismito.

-No tengo el gusto de conocerlo en persona,

pero sí en boca de todos ustedes.

Es muy querido aquí.

-Es que es muy resalado. -Dios lo ayudará a salir de esta.

Me sorprende lo unidos que están todos aquí.

Cuando a uno le pasa algo, van todos a apoyarle.

-Como debe ser, padre.

Los Palacios, los Álvarez-Hermoso, incluso Lucía,

la prima de doña Celia, recién llegada,

todos se han volcado en ayudar a las víctimas.

-A menuda ha ido usted a nombrar, padre.

Doña Lucía es un pedazo de cielo.

-Demasiado, diría yo, que en este mundo no toda la gente

es tan buena y un día va a salir a escaldada.

-Hablan de ella como si la conocieran de toda la vida.

Creí que hacía poco que había llegado.

-Hace ya un poco, sí. Pero enseguidita

se hizo querer.

-Porque ella no es mirada con las formas.

Además, sube mucho

a vernos al altillo.

-¿Al altillo siendo señora?

-Como si no lo fuera.

A veces parece que se encuentra mejor entre nosotras

que con los de su condición.

¿O no, Agustina? ¿Miento?

-Ni un poco de nada.

¡Doctor! ¿Cómo ha ido? ¡Doctor!

-Ha sido... una operación muy complicada.

No se lo voy a negar. Pero ha sido un éxito.

-¡Ah! -¿De verdad?

-De verdad.

Prepare al paciente de la 47.

Ya le dije que iba a hacer

todo lo posible por salvar la vida de su marido y eso he hecho.

-¿Cuál es el procedimiento? ¿Qué es lo que va a pasar?

-Lo llevan a observación.

-¿Podemos verle? -Aún es pronto.

Hay que esperar que se recupere.

Pero mañana mismo podrán verlo.

-¡Alabado sea el Señor!

-¡Gracias, doctor, es usted un ángel!

Usted ha salvado a mi esposo, ha obrado el milagro.

-Solo he hecho mi trabajo.

-Estaré en deuda

con usted toda la vida.

Estaré en deuda.

-Gracias.

(RÍEN)

Lucía.

-Somos los únicos clientes de La Deliciosa.

Se me hace extraño verla tan vacía.

-A estas horas, este es el lugar más tranquilo de Acacias.

¿Quiere tomar algo? -No, gracias.

-Pero tome asiento, se lo ruego.

¿Dónde los he puesto? -¿Quiere que vuelva en otro momento?

Quizás lo ha olvidado en su casa. -No, no, para nada.

Deme un minuto.

Dentro de mi desorden, suelo encontrarlo todo.

Aquí.

Son dos libros de simbología cristiana.

-¿Dónde los encontró?

-En la biblioteca del Obispado. Espero que sean útiles

para descifrar los dibujos que hay en su cruz.

-Lo que me gustaría que eso fuera así.

¡Ay!

Lo siento.

-Ha sido culpa mía. -No. Ha sido culpa mía.

Me he despistado.

-No parece que se haya mojado mucho.

-Solo es agua caliente. No pasa nada.

Gracias.

¿Empezamos a trabajar?

-Padre...

-Dígame.

-¿Cree que descubriremos qué relación tenía yo con los marqueses?

Quizá, por mucho que descifremos esos símbolos,

nunca lleguemos a saber quién era mi madre,

por qué me abandonó,

qué relación tendría yo con los marqueses.

-Lucía, descifraremos el enigma, se lo prometo.

Si no está en estos libros, buscaremos en otros.

Y si esta biblioteca se nos queda corta, buscaremos en otra.

No nos rendiremos nunca.

Hallaremos la verdad. ¿De acuerdo?

-De acuerdo.

¿Cómo está?

-Aún inconsciente. -Menos mal.

Temí no verle con vida nunca más.

-Pero, señora, tenga cuidado,

no lo espachurre, que el señor no está para muchos trotes.

-Parece más muerto que vivo.

¿Seguro que está bien, doctor?

-¿Cómo ha resultado la intervención?

-Tranquilas, les informé anoche que resultó un éxito.

-Cualquiera lo diría con la facha que tiene el pobre.

-Está muy débil, pero esperemos que no tarde mucho en despertarse.

-"Tanta preocupación"

no le quita el hambre.

-Yo creo que me ha dado más.

Tráeme un poquito más de pan, por favor.

Te has quedado un poco escasa con el desayuno.

-Pero si he servido para un regimiento.

-Es posible, me he levantado canina.

-Ya, no hace falta que me lo jure.

Que a usted, mejor regalarle un vestido

que invitarla a desayunar.

-Es normal, Fabiana, me acosté sin cenar por las nauseas.

-Eso me escama

todavía más, señora,

que no entiendo cómo se le han podido revolver las tripas

viendo los platos típicos

de Cabrahígo.

Tenía el corazón en un puño. ¿Cómo está Liberto?

-Inconsciente, pero está en la habitación, mi madre está con él.

-Me alivia escucharlo.

-No lo hagas en exceso.

El peligro todavía no ha pasado.

Según el doctor, las próximas horas serán cruciales.

Tengo tanto miedo...

Tanto...

-Me sorprende verte tan alicaída, en el hospital parecías entera.

-Me veo obligada a ello.

Tuve que mantenerme fuerte delante de mi madre para trasmitir entereza.

Le costó muchísimo superar la muerte

de mi padre.

Sepa que no puedo dejar de pensar en sus planes.

-Pierda cuidado, ya le dije que está todo solucionado.

-Eso es precisamente lo que me preocupa.

No puedo compartir su optimismo.

Las posesiones en Astorga y la mansión no son suficiente patrimonio

para saldar esa deuda.

-Eso no es lo que indican mis cálculos.

-Si quiere, podemos sentarnos juntos para revisar esos cálculos,

ver si hay algún error y, en su caso, encontrar

una posible solución.

-Crea que se lo agradezco, pero pierda cuidado.

No será menester centrarse en tal tarea.

He revisado cuidadosamente mis cálculos.

¿O es que acaso no me cree capaz de hacer bien tal acto?

Volviendo al párroco,

ayer estuviste con él en la chocolatería.

-Sí, suele acudir a La Deliciosa a comer de vez en cuando.

Es un hombre entregado a la oración y poco más.

-No te comprendo.

Digamos que sus muchas virtudes intelectuales

no son acompañadas por las mismas habilidades domésticas.

-Hombres, capacitados para las más complicadas disquisiciones,

pero incapaces de freír un huevo.

-Pobre, no sé cómo se las va a apañar en su casa.

-Puede que tenga

la solución.

Ya te estás recuperando si no quieres enterarte,

que no se diga, hombre, eres fuerte, joven y tienes

toda una vida por delante.

Una vida que tienes que compartir conmigo, ¿me oyes?

Así que déjate de tontunas y ponte bueno, Liberto.

¿No te das cuenta de que te necesito como el aire que respiro?

Por favor,...

¡despierta de una santa vez, que mira que te gusta llevarme

la contraria!

¡Ay, Liberto!

Si llego a saber que me vas a hacer caso, te lo digo antes.

No te apagues ahora, no te quedes a medias.

¡Abre los ojos!

¿Traes malas noticias del hospital?

¿Le ha ocurrido algo a Liberto? -No, no se trata de eso.

Por lo que sé, sigue igual, no tenemos más noticias.

Entonces ¿qué es? Habla, Celi, que me estás asustando.

-A ver, Trini, es que...

no he venido sola.

Me acompaña

al doctor Morena.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

Se trata de un manuscrito.

-Qué belleza de volumen.

Sus páginas están repletas de reproducciones

de cuadros medievales.

De ornamentos arquitectónicos de iglesias románicas.

-Veo que no me equivocaba. ¿Le agrada?

-¿Cómo no iba a hacerlo? Es un tema que me apasiona.

De hecho,

ya conocía algunas de las obras que aparecen aquí reseñadas.

-Parece saber mucho

de arte.

-Siempre me ha gustado la pintura y la escultura.

De hecho, he aprendido más

cuando ayudé a don Samuel a poner en marcha las galerías.

-Parece estar muy unida a él.

-Así es, le tengo en alta estima.

-"Te iba a buscar".

¿Y bien?

¿Qué te ha dicho el médico?

No me tengas así.

-Y dígame, doña Celia, ¿estaba yo equivocada?

-Pues no lo sé, porque no parece

capaz de articular palabra.

-Uy, pero si está patidifusa.

-Trini,

por favor, di algo.

Fabiana y yo

nos estamos empezando a preocupar.

-"He hablado con don Ramón"

y no se muestra optimista.

-¿No cree que pueda cubrir la deuda con su patrimonio?

-A pesar de ser muy extenso, no será suficiente.

Las pérdidas han sido cuantiosas.

-Pero entonces ¿qué va a pasar, en qué situación va a quedar?

-No quiero ser pájaro

de mal agüero, pero tendrá que declararse en quiebra.

-¿La ruina?

-Si no nos equivocamos,

es posible que tenga que deshacerse de todas sus posesiones.

-Incluyendo la casa de Acacias?

-Sí.

Puede verse en la calle.

-Por todos los santos.

No sabía que la situación era tan desesperada.

-"Primer misterio".

La encarnación del Hijo de Dios.

(TODAS) Padre nuestro, que estás en los cielos.

Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros

tu reino.

Hágase tu voluntad

así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro

de cada día dánosle hoy.

Perdona nuestras deudas

así como nosotros

perdonamos

a nuestros deudores.

No nos dejes caer en la tentación,

más líbranos del mal, amén.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 829

Acacias 38 - Capítulo 829

20 ago 2018

Telmo oficia una ofrenda floral a la Virgen y allí conoce a Samuel. El sacerdote intenta sonsacar información sobre Lucía entre vecinas y criadas. Celia ha concertado una cita médica para Trini, pero Ramón está a punto de sorprenderlas y tienen que anularla. Celia y Fabiana encaran a Trini para que deje de mentir. Trini presenta un extraño síntoma: tiene mucha hambre. Samuel cree saber cómo saldar su deuda, pero Ramón y Felipe no lo ven tan claro.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 829" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 829"
Programas completos (855)
Clips

Los últimos 3.234 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Betty

    En un mundo libre de dictadores es posible emitir opiniones aunque sean distintas a las de otras personas. Ambas son válidas, pero que bueno emitirlas sin recibir críticas

    22 ago 2018
  2. Pilarr

    Pues a mi no me gusta, me encanta y opino igual que mucha gente, a quien no le gusta solo tiene que cambiar de canal o apagar la television como yo hago con tantas cosas que no me gustan. Con todo respeto, ojala que dure mucho,

    21 ago 2018
  3. Marilu

    Pensé lo mismo que Mabi sobre el cura y Lucía, solo que en este caso ella no ve mas allá que a Samuel, aunque diga otra cosa,.-Y que le pasa a Trini ?, me parece que ella sabe o sospecha que está embarazada y no quiere que se sepa antes de estar segura, por lo cual es ridículo que no consulte a un médico para salir de dudas......................." cada loco con su tema....."..

    21 ago 2018
  4. Mabi

    Al mejor estilo de la película " CAMILA " que protagonizaron Susu Pecoraro y el gran Imanol Arias....

    21 ago 2018
  5. GEMMA

    Más vale lo tenga con el cura que con el víbora de Samuel.

    21 ago 2018
  6. Anonimo12

    Vamos a tener romance entre el cura y lucia.

    20 ago 2018