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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 820 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Qué está ocurriendo aquí?

-He estado intentando ayudar a Antoñito a recuperar los planos.

-¿Cómo?

-Sí, llevamos dos noches buscando a los ladrones en la Taberna del Mudo.

-La tata Concha, que está muy enferma.

Que no sé si se va a morir.

-Pero ¿por qué no me habías dicho nada?

-¿Cómo te lo voy a decir con "to" lo que tienes encima?

-Los ladrones saben que Antoñito anda buscándoles

para recuperar los planos y le piden una recompensa por la patente.

-"¿Qué cree que hará Blanca," cuando Diego se marche?

-A lo mejor se vuelve a vivir con Samuel.

-¿Usted cree? Pero ¿no sería un poco extraño?

-Al fin y al cabo, sigue siendo su marido.

-"Lo único que importa es Moisés y voy a ser capaz de cualquier felonía

con tal de recuperarle".

-"¿Crees que Samuel será tan ingenuo como para acogerte?".

-"Sí".

(Se abre una puerta)

-"Espero que todo te vaya muy bien".

-Gracias.

-Hale, vámonos, Silvia, que ya estoy lista y es la hora.

-"Puedes hacer conmigo lo que quieras, pero dime solo una cosa:"

¿Moisés está bien?

¿Está sano y salvo?

-Nunca pensé que se pudiera querer tanto como yo te quiero a ti.

-Te amo, te amo, Arturo Valverde.

Y pronto seré tu esposa para siempre y hasta el día de nuestra muerte.

-Maldita seas, Silvia Reyes.

-Moisés. -Pensé que te gustaría verle.

-Mi amor.

(Disparo)

-¡Arturo!

-¡Arturo, no!

¡No! -¡Coronel!

-¡Coronel!

-¡No! No, por favor.

Arturo, amor mío.

No me dejes, por favor.

Mírame, Arturo,

por favor, abre los ojos.

No te rindas, estoy aquí.

-Pero ¿qué ha pasado? -No lo sé, hijo, no lo sé.

-Por todos los santos. -¿De dónde ha salido el disparo?

-Sosiéguese, Agustina,

se lo ruego, mujer.

-¿Cómo está mi señor? -Agustina,

será mejor que vayamos al portal. -Eso, haga caso a la "señá" Carmen.

-(SILVIA LLORA)

-Ah... Coronel...

-Agustina, ¿se encuentra usted bien? -Íñigo, saquémosla de aquí.

-Hay que llamar a una ambulancia. -Yo voy.

-Vamos. -Llamo desde la chocolatería.

-Corre, antes de que sea demasiado tarde.

-¿Y no hay ningún médico aquí?

-No te rindas,

no me dejes,

por favor.

No te rindas, mírame, por favor,

háblame, Arturo, por favor.

No me dejes, no me dejes.

No me dejes, por favor.

-Ay, Felipe, que se le está yendo la vida.

-Arturo, no, por favor,

Arturo, te qui...

Amor. -Te amo.

-¡Arturo, no!

¡No!

¡No!

¡No!

(LLORA)

(Disparo)

"¡Arturo!".

Felipe, el disparo vino de su casa.

-Liberto, acompáñeme. -Cuidado, por favor.

-Cesáreo, suba con nosotros. -Yo subo con...

-No, llame a la policía.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Necesito que me envíe una ambulancia urgentemente, por favor.

-Dígale que es cuestión de vida o muerte.

-¿Me está escuchando?

Hágame caso o me va a oír, ¿eh? Me va a... Antoñito, ¿qué haces?

-Trini, déjelo.

Que es inútil, el,...

el coronel ha fallecido.

-¿Cómo?

Ay, Dios mío, pobre coronel.

-Pobre Silvia, a las puertas del altar.

-Ay, Lolita, qué desgracia más grande.

-Esto es "pa" no levantar cabeza ni "na".

-Voy a verla,

no puedo dejarla sola. -Y la Agustina, ¿cómo está?

Estimaba de corazón al coronel. -Bueno, ya la has visto, Lolita,

casi pierde el conocimiento. Menos mal que Íñigo

ha podido sacarla de allí. -¿Qué va a ser ahora de Silvia?

-Silvia es una mujer muy fuerte,

aunque le va a costar recuperarse de esto.

A parte de nosotros, yo no he conocido ninguna otra pareja

que estuviera tan unida como ellos. -Con lo que han pasado juntos.

¿Y Agustina adónde se va a ir?

-Le va a resultar más fácil encontrar una casa donde faenar,

que otro señor como el coronel, que el respeto mutuo que se tenían

era digno de admiración.

-¿Cómo se puede pasar de la pena a la alegría en tan poco tiempo?

-La vida, Maritornes, que tiene estos duros contratiempos.

-"Pa" chasco que sí, que nunca sabes cuándo te va a tocar la pena negra.

-Por eso tenemos que estar pendientes de lo importante

y olvidarnos de las minucias. Yo reconozco que últimamente

he estado demasiado pendiente de mi invento, de la patente,

de míster Welles. No, lo realmente importante

es estar cerca de la gente a la que amamos, por...

lo que pueda pasar.

-Ya, como va a pasar con mi tata Concha.

-Por eso tienes que ir a verla cuanto antes.

Yo voy a ir contigo.

-¿Y tu invento? -Da igual,

ahora lo importante es que tú y yo estemos juntos.

-En la cocina no hay nadie, y la puerta de servicio está cerrada.

-Y en las habitaciones, tampoco.

La casa está recogida, no parece un robo.

-Es evidente que el disparo se hizo desde aquí.

-Una buena panorámica del barrio y de la iglesia, sin duda.

-Y desde donde vigilar la boda del coronel de forma discreta

y actuar en el mejor momento. -Se ve que alguien

no quería bien al finado. -¿Quién ha podido ser?

(Ruido de motor)

-Silvia.

Han venido a buscarle.

Tiene que dejar que se lo lleven. -No voy a dejar que se lo lleven

de mi lado. -Debe hacerlo.

(LLORA)

-Llore, Agustina, llore, que no se le quede esa pena dentro.

-Aquí estamos con usted, mujer, y no la vamos a dejar sola.

-No puede ser verdad.

Es todo un mal sueño.

-Carmen, ¿por qué no va a La Deliciosa

a por una tisana para Agustina? -No, no, no vaya.

No me entra nada en el cuerpo. -Haga un poder, mujer,

que le hará bien. -De todo se sale, Agustina,

y no desespere, mujer, que tiene usted mucha vida por delante.

-Ay. -Temple, Agustina,

vamos, respire hondo. Eso es.

-Ay, pobre de mi señor.

Hoy tenía que haber sido el día más feliz de su vida.

Dios sabe cuánto luchó por conseguirlo,

por ser un hombre mejor.

Tenían tantos planes la señorita Silvia y él.

Con lo ilusionado que estaba con ese nieto.

¿Cómo le voy a contar a la señorita Elvira

que no volverá a ver a su padre?

-Usted no tendrá que hacer nada, Agustina,

ya se encargará doña Susana de comunicárselo.

-Ay. -Voy a por la tisana.

-Carmen, ¿qué ocurre? ¿A qué espera, mujer?

-Qué extraño.

Acabo de ver salir del edificio a uno de los enfermeros

que cuidaba a Moisés en el hospital.

Esperemos que no haya pasado nada.

(LLORA)

-Siéntese, Silvia.

(Se cierra una puerta)

-¿Ha revisado su casa?

-Sí,

pero sin ningún resultado. No había nadie.

Ni ninguna pista de quién pudo disparar.

-El disparo provenía de ahí. -Sí, eso resulta evidente.

La puerta de la calle y el balcón estaban abiertos.

-¿Estaba la cerradura forzada?

-No, Celia.

Sea quien sea, ese canalla entró con la llave.

Pasaré por comisaría para informarles.

-¿Qué ocurre, Silvia?

-No está.

La llave que me dejaron la han robado, por eso no la encontraba.

-¿Quién puede estar detrás de todo esto?

-¿Acaso lo duda?

Blasco.

-Silvia, eso es un disparate.

Blasco murió, nos lo dijo la policía.

-Pero no encontraron el cuerpo.

Ese hombre me odiaba con toda el alma.

-Pero fue a Arturo a quien dispararon.

-No. La bala iba dirigida a mí,

no a Arturo. Él me protegió con su cuerpo.

Dio su vida por mí.

(Disparo)

¡Arturo!

¡Arturo, no! ¡No!

Soy yo la que tendría que estar muerta.

-Supongamos que tiene razón,

que Blasco no murió, que estaba herido.

¿Por qué volver aquí, arriesgando su libertad

para orquestarlo todo?

-Por venganza.

Ya se lo dije, Felipe, eso es lo único que le mueve.

-¿Y cómo se hizo con la llave?

Debería haber entrado en esta casa, saber dónde estaba la llave

y disponer de un tiempo que no tenía.

-No tratemos de buscar culpables ahora,

en estos momentos es muy difícil pensar con claridad.

-(GOLPEA LA MESA)

-Ay, Fabiana, qué desdicha.

Quitarse la alegre ropa de la boda

para ponerse estos malditos ropajes.

-Pues sí, señora, ojalá pudiésemos guardar la ropa de luto

"pa" siempre jamás.

-¿Y Agustina? ¿Cómo está?

-Pues hecha un mar de lágrimas, quería de corazón a su señor.

-No la habréis dejado sola, ¿no? -Nanay, señora.

Hemos tratado de que se quedara allí

y se echara una miaja, pero es muy terca.

-Y, entonces, ¿dónde está?

-En casa de su señor ayudando a doña Silvia

a preparar el velatorio.

Servidora no sabe cómo va a poder faenar,

estaba que no se podía mantener en pie.

-Ay.

-¿Han llevado el cuerpo del coronel a su casa?

-Creo que no, señor.

-No.

Y esperemos que no tarden demasiado con los trámites policiales,

que bastante está sufriendo Silvia ya.

-La señorita Silvia querrá empezar a velar el cuerpo

del que iba a ser su esposo cuanto antes.

-A todos los efectos ya lo era, Fabiana,

deberíamos considerarlos como esposos.

Que esta calamidad no le quite a Silvia el derecho

de ser la viuda del coronel. -Tienes más razón que un santo,

Ramón. Por fin iba a recuperar

su dicha.

-Tenemos que ser fuertes, Trini. Ahora tenemos que estar apoyando

a Silvia en todo lo que precise.

-Lo sé, Ramón, pero es muy difícil no venirse abajo.

-Ya lo sé, amor mío.

Trataré de llegar antes

que comience el velatorio. -¿Cómo?

¿Te vas, Ramón? No me puedes dejar sola.

-Volveré enseguida, te lo prometo, es que es una cita

que no puedo eludir. -Ramón, me da igual lo que sea,

no es momento para marcharse de pingos.

-No, señora, yo se lo explico.

Verá, yo he hecho un pedido para las flores del velatorio,

pero me han puesto pegas con la entrega.

Entonces, el señor se ha ofrecido amablemente para arreglarlo,

que seguro que a él le hacen más caso.

-Haberlo dicho antes. Ve, Ramón, ve, que no falten flores.

-Quédate con la señora Fabiana, volveré enseguida.

-Señora. -Ay, Fabiana, qué pena.

-Ya, señora, ya.

-Pues sí. Parece que es el coronel

el desdichado que ha dejado la vida. Alguien le ha disparado.

-Pobre hombre. En el día de su boda.

Silvia tiene que estar desecha. Quizá deberíamos ir a su casa,

a presentar nuestros respetos.

O quizá podrías ir tú solo, yo me quedaré aquí en casa, esperando.

-Eso te gustaría, ¿verdad?

Quedarte a solas con Moisés, apartarme de esta casa.

-No. No, Samuel, yo no pretendía... -Debería dar aviso al enfermero

y que se lleve al niño.

-No. No hagas eso, por favor.

Nos quedaremos en casa. Haremos lo que tú quieras.

Samuel,...

¿qué tengo que hacer para que dejes de dudar de mí?

¿Es que no te has dado cuenta? Lo he dejado todo

atrás.

Mi orgullo, todo lo que hiciste,...

incluso a Diego.

Todo eso ya no me importa.

A cambio, lo único que pido es estar siempre con Moisés.

Solo le quiero a él.

Y a ti te obedeceré en todo.

Puedes hacer conmigo lo que te plazca.

No encontrarás resistencia.

-Por primera vez eres honesta.

Creo que no estás mintiendo.

Está bien, permitiré que el niño se quede.

-Gracias. -Pero nosotros

no iremos a ninguna parte, nos mantendremos al margen

de lo sucedido.

-Como desees.

-Ya estás listo.

-Gracias, cariño.

Con los nervios, soy incapaz de hacer nada.

-Vamos ya para casa de Silvia, no quiero dejarla sola

en estos momentos.

-Ve marchando con Lucía.

Quiero pasar por comisaría por si hubiera alguna novedad.

-Está bien, pero no tardes,

te necesito en estos momentos.

-Te quiero.

-Y yo.

-¿Y don Felipe? -Se ha marchado a comisaría.

¿Estás mejor?

-Sí.

Me he tomado una tila y me ha asentado algo el cuerpo.

Creo que, en lo que me resta de vida,

jamás podré olvidar lo que ha sucedido hoy.

-Ninguno lo haremos.

Estas imágenes nos van a perseguir para siempre.

-¿Usted cree que Samuel acudirá al velatorio?

-No lo sé.

Como vecino de Acacias que es, me imagino que sí.

-Bueno, también estaba invitado a la boda y finalmente no apareció.

-A lo mejor tenía cosas de enjundia que hacer fuera del barrio.

-Sí, sí, claro, será eso.

-¿Qué pasa?

-Nada. Solo recordaba...

la extraña conversación que mantuve con Blanca,

en especial, aquel comentario, que las cosas

no son siempre lo que parecen.

-¿No dijo nada más?

-Simplemente se marchó, y no sé si refería a Samuel o a quién.

-Seguramente estaría hablando de sí misma.

Algo grave ha tenido que pasar para que se separara de Diego.

Yo creía que le amaba con todo su ser.

-Sí, quizá fuese eso.

Aun así, sigo inquieta por Samuel, si no acude al velatorio,

trataré de pasarme por su casa, a ver si está allí o no.

-Lucía, mejor que le dejes tranquilo.

Me da que, una vez más,

no vas a seguir mi consejo.

-¿Estás seguro?

-¿Va a olvidarse de tratar de recuperar los planos del invento,

con todo lo que ha luchado por él? -Sí, sí,

mi camino ahora es Lolita,

y voy a acompañarla a Cabrahigo para poder estar junto a su tía.

-¿Qué le ha podido hacer cambiar de parecer?

-Lo que ha sucedido esta mañana, ver cómo el cruel destino

puede cambiar todos tus planes y a bocajarro.

-Sí. Nadie sabe qué le espera a la vuelta de la esquina.

-Por eso mismo.

Hay que saber cuándo dejar todo

y centrarse en lo realmente importante.

-Ha tomado la decisión correcta.

Para Lolita es muy importante su tía.

-Sí, sí, sí, debe estar a su lado.

-Buenas tardes, ¿qué hacen aquí?

-Hemos quedado para asistir juntos

al velatorio del coronel.

-Y no es lo único que me aguarda.

La tata Concha no va a tardar en acompañar al coronel.

-No digas eso, mi amor, todavía queda esperanza.

-Cada vez menos, Antoñito. De nada vale engañarse.

-Doña Susana.

No sabíamos si iba a preferir subir sola al velatorio.

-Prefiero ir acompañada.

No me veo con fuerzas de entrar en esa casa sola.

A pesar de las terribles diferencias que tuve con el coronel,

al final nos habíamos tomado verdadero afecto.

-Doña Susana,

le honra haberle sabido perdonar.

-Es de cristianos, Lolita.

Y él había cambiado de verdad.

-Voy a ver a qué hora es el velatorio.

Pobre Elvira, no ha podido despedirse de su padre

para hacer las paces, en persona.

-No sé cómo le voy a contar

a Elvira lo ocurrido y, para colmo,

en su estado. -Poco a poco, doña Susana,

ya encontrará usted la forma.

Ahora debemos concentrarnos todos en ayudar a Silvia.

-Así es.

Va a necesitar de la ayuda de todos los vecinos.

-Sí, es verdad.

No la hagamos esperar más, marchemos para su casa.

-Espera, debo decirte algo.

-No, no, descuide, padre, si, como bien ha dicho antes,

ahora hay asuntos más importantes.

Además, he pensado que voy a hacer un punto y aparte

y acompañar a Lolita a Cabrahigo.

-¿Me vas a dejar hablar de una santa vez?

Me parece muy bien que acompañes a tu prometida a Cabrahigo,

pero antes que tomes una decisión,...

quiero entregarte algo.

-¿Y esto qué es?

-Míralo tú mismo.

-¿Mis planos?

Y la patente. Pero es imposible, ¿cómo lo ha conseguido?

-Eso ahora no importa.

Eran tuyos y lo justo es que volvieran a tus manos.

-¿Se lo ha comprado a esos canallas? -Deja de hacer preguntas,

lo hecho, hecho está, ya habrá tiempo de aclaraciones.

-Gracias, padre, yo esto no lo voy a olvidar en mi vida.

Gracias por devolverme

mi destino.

-Venga, que debemos despedir al coronel.

-No podía dejar de venir para mostrarle mis respetos al coronel.

-Sé que mostrabas gran admiración por él, Servando.

-Y no podía ser de otra forma, él dedicó su vida

a la defensa de nuestra patria.

-¿Desean tomar algo, señoras? -Agustina,

deja de servir y ven con nosotras a velar a tu señor,

sabemos que estás deshecha.

-Se lo agradezco, doña Susana, pero es mi obligación atenderles.

A don Arturo

le hubiese gustado que todo resultara perfecto.

-Querida, ¿te encuentras bien?

-Sí, Liberto.

Tan solo estaba recordando que en este mismo salón también velé

a mi querido Maximiliano.

¿Tendrá esta casa una maldición?

¿Por qué el destino se ceba con todos los que viven aquí?

-No, cariño, lo que ha ocurrido

no ha sido culpa de una maldición, sino de un desalmado.

Espero que pronto la policía dé con él.

-¿Ha hablado con la policía?

¿Ha habido algún avance en la investigación?

-Lo lamento.

El comisario no tiene ningún indicio.

-Pobrecilla, está desecha.

¿No le parece un poco extraño que Samuel siga sin venir

a presentar sus condolencias?

Quizá debería ir a su casa a comprobar que esté bien.

-Será mejor que te quedes aquí,

si Samuel precisara algo, ya nos lo habrían hecho saber.

(Llaman a la puerta)

-Quizá sea él.

(Pasos)

-Ya va.

Carmen, ¿qué haces aquí? -Señor,

venía a informarle de que ya se está celebrando el velatorio del coronel.

-Gracias. En cuanto tenga un momento iré a presentar mis condolencias.

Querrás estar con Agustina, puedes ir a consolarla,

aquí no te precisamos.

-Se lo agradezco, señor.

Disculpe,...

pero vi salir del edificio a uno de los enfermeros que cuidaba a Moisés

en el hospital

y, no sé, no le habrá pasado nada, ¿verdad?

-Descuida, Moisés está perfectamente, gracias a Dios.

-Qué alivio. Me había preocupado, señor.

-Ya ve que no hay motivo. -Gracias.

-¿Cómo está Moisés?

-Se ha quedado dormido después de cenar.

-Debería ir al velatorio a presentar mis condolencias.

Mi ausencia podría causar extrañeza. -Haz lo que desees,

yo te esperaré aquí.

-No, mejor será que vengas conmigo.

-¿Y el niño?

-Acabas de decir que está durmiendo, será solo un momento.

-No, Samuel.

Creo que es mejor que nos quedemos aquí los dos.

Aún tenemos que terminar de aclarar nuestra situación.

-¿Por qué? Pensé que estaba todo dicho.

-No es así.

Samuel,...

deseo que aceptes mi presencia aquí,

a tu lado, con todo lo que eso significa.

Quiero que me trates como lo que soy,

tu legítima esposa.

-Señorita,...

don Javier quiere darle el pésame.

-He venido en cuanto lo he sabido, aún no puedo creerlo.

No se imagina cuánto lo lamento.

Pobre coronel,

ahora que estaba recuperando la visión.

-Ojalá no fuera así. Si hubiese continuado ciego,

no se habría dado cuenta de que iban a matarme,

no se habría interpuesto en la trayectoria

de la bala y, ahora sería a mí a quien estarían velando.

-Don Arturo murió como vivió, como un valiente.

-Uf, estoy "agotá", Fabiana. -Ay, a ver, hija,

ha sido un día muy duro y muy largo.

-Entre la pena

y que he estado todo el día de pie, podría dormir durante días.

-Pues tendrás que levantarte pronto, que mañana te vas a Cabrahigo.

-Ay, no sé, Fabiana, ¿y si retrasara el viaje?

Es que la Agustina,

ahora mismo nos necesita, la pobre.

-No digas "tontás", Lolita, que ahora quien te precisa es tu tía.

Además, que la Agustina no va a estar sola,

no pienso moverme de su lado y, voy a tratar de levantarla

de tan duro golpe. -No lo dudo.

Es usted más buena que el arroz con leche.

Hay que ver,

que parece que nos haya cagado la moscarda en el altillo,

que no ganamos para desdichas.

-Ahí tienes más razón que un santo, hija.

Primero Martín y Casilda, luego Riera y Carmen

y, ahora, el señor de Agustina.

-Que el de arriba quiera darnos un respiro.

-(LLAMA)

¿Qué haces aquí, Antoñito?

-Fabiana, ¿te importa dejarnos un momento a solas?

-Señorito, yo no sé si es correcto que usted se quede aquí a solas

con ella en su cuarto. -Descuida,

no voy a hacer nada indecente.

-Más le vale si no quiere vérselas conmigo.

-¿Ha pasado algo más?

-No, no, templa, que son buenas noticias.

-No te las guardes, que de esas no andamos sobrados últimamente.

-Mi padre ha recuperado los planos de mi invento y la patente.

-Arrea, pero ¿cómo lo ha "lograo"?

-No lo sé, no ha querido darme explicaciones.

Habrá llegado a un acuerdo con los ladrones.

-Ole. Si es que te tocó la lotería con semejante padre.

A pesar de todo, siempre es capaz

de ayudarte, cueste lo que cueste.

Aguarda, pero eso significa que no vendrás a Cabrahigo conmigo.

-No, no, no, imposible, yo voy contigo, te di mi palabra.

-Pero más quiero tu dicha. -Lolita, no bromeaba

cuando te dije que para mí lo más importante es mi familia

y, sobre todo, tú.

-Qué piquito de oro tienes, "desgraciao".

Pero no es menester que lo hagas, que...

yo... no sé el tiempo que voy a tener que estar junto a mi tía.

-Esperemos que sea mucho, eso significa

que estará aguantando la enfermedad,

incluso puede que mejorando.

-Ya, pero no podemos parar la vida a nuestro antojo.

Tú tienes un futuro por delante, Antoñito, que también es el mío,

así que es mejor que tú te quedes arreglando lo de tu invento

y yo mientras marcho a Cabrahigo.

-Pero yo quiero ir contigo. -Pero no voy a cambiar de parecer.

Yo te lo agradezco con toda mi alma, pero mañana

parto más sola que la una.

Ay.

-Con una condición.

-A ver, tú dirás.

-Que me dejes pasar la noche aquí, contigo, en tu habitación.

-Arrea con lo que me sale, el pollo. Que no.

Que yo soy una mujer decente, deberías saberlo ya.

Hasta que no pases por vicaría, "na de na".

-Que no te voy a tocar, solo quiero sentarme y ver cómo duermes.

-Arrea, qué capricho te ha entrado.

-Mujer, voy a estar muchos días sin verte, y quiero observarte,

tus ojos, tu nariz, tu boca,

tu piel y guardarlo en mi corazón.

-¿Y la Fabiana?

-Con Fabiana hablo ahora y seguro que la convenzo.

Y si no, atrancamos la puerta y listo.

-Cómo te voy a echar de menos, Antoñito.

-¿No vas a besarme?

-Blanca, vístete, ponte la bata.

-Samuel,...

¿ya no sientes lo mismo por mí?

¿Ya no sientes... la misma pasión?

Tal vez mis errores...

te han hecho aborrecerme.

-Nunca.

Te deseo desde la primera vez que te vi.

No sabes cómo he sufrido viéndote entre los brazos de mi hermano.

-No temas,... vuelvo a ser tuya.

-Esos celos,...

ese dolor,...

me ha hecho hacer actos deleznables que no soy capaz ni de nombrar,

pero yo no soy así, Blanca. -Lo sé. Lo sé, Samuel.

No sufras más por ello. -Tú me conoces,

no soy ni malvado ni cruel, tan solo un hombre enamorado,

dispuesto a hacer cualquier cosa por ti.

Necesitaba tenerte entre mis brazos.

Te amaré como nadie lo hará nunca.

-Señorita, disculpe.

-Dime, Agustina. -Los invitados ya se han marchado,

como usted ha pedido.

-Gracias. -Volverán

para acompañarla al cementerio. -Gracias.

¿Puedo hacer algo más por usted?

-¿Puedes dejarme un momento a solas con él?

Ya lo ves.

Por más que me lo he prometido, no logro contener el llanto.

¿Y cómo podría hacerlo si ni siquiera se me ha concedido

poder convertirme en tu esposa ante los ojos de Dios y de los hombres?

Pero yo me siento así, unida a ti por siempre, y eso ni la muerte

me lo va a poder arrebatar.

¿Por qué?

¿Por qué, Arturo?

¿Por qué lo hiciste?

¿Por qué evitaste que esa maldita bala llegara a tu destino?

¿No te das cuenta de que me ha matado igualmente?

Sin ti...

Sin ti he muerto por dentro,

muero al perderte

del mismo modo en que nací cuando te conocí.

Gracias a ti...

conocí un amor que ni siquiera imaginé que pudiera sentir.

Yo estaba sola y pensé que no necesitaba a nadie

y tú me demostraste lo equivocada que estaba.

Y ahora vuelvo a estar sola.

No es justo, no lo es.

Tendría que haberme ido contigo.

Pero tendrás que esperarme,...

aún no puedo abandonar este cruel mundo,

tengo una tarea pendiente.

Te prometo, amor mío,

que no dormiré en paz hasta encontrar al hombre

que nos arrebató la vida, y entonces,

me cobraré mi propia justicia.

-Mi amor.

-¿Qué ha sucedido?

-No temas.

Todo ha pasado como lo habíamos planeado.

-¿Samuel...?

¿Samuel está...?

-Ha pagado por sus pecados. No volverá a hacernos daño.

-Yo también he cumplido con mi parte.

-¿Está todo preparado para que nos vayamos?

-No vamos a esperar más. -Ya no hay que temer a tu hermano.

-No es él lo que me preocupa, sino la policía.

Mi amor,...

pueden detenerte por el crimen que acabas de cometer.

-No he cometido ningún crimen, solo he hecho justicia.

-Lo sé.

Lo sé, mi amor.

Y con tu acto valiente has concedido la dicha a nuestra familia.

Una nueva oportunidad, Blanca, una vida nueva.

Marchemos ya. El coche nos espera con el equipaje.

(MOISÉS LLORIQUEA)

Eh.

Blanca.

¿Estás lista para abandonar Acacias

para siempre?

-Sí.

Estoy lista.

(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

Auxilio.

Que alguien me ayude.

(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

(LEE) "Querido prometido:

a lo mejor te enfadas al verte más solo que la una,

pero no te enfades con tu Lolita, tampoco es para tanto".

-No podré conciliar el sueño si no hablo con Carmen de un asunto.

-Usted dirá.

-Carmen, no he visto a Samuel en todo el día.

Y me extraña que no haya podido pasar a darle el pésame

a doña Silvia.

¿Sabes dónde puede estar?

-Le dejé hace unas horas en su casa.

Me dio permiso para acompañar a Agustina en el velatorio.

-Con Welles o sin él, la vida sigue.

Nosotros somos muy afortunados de tener un negocio propio

y, además, funciona bastante bien.

-Eso es hablar con cordura

y ponderación.

Ni me imaginaba que ibas a salir tan pronto

y con tanto arrojo del revés de tu míster.

-Me he dado cuenta que la profesión de inventor es dura como el mármol,

y muy desagradecida.

-"¿Qué personas nos han visitado los últimos días?".

-Algunos vecinos...

-Felipe y Celia, Lucía...

-También ha estado aquí, claro, don Javier.

¿No estará usted pensando...

que don Javier ha tenido algo que ver?

-"Me temo que se ha marchado".

-¿Adónde? -No lo sé.

-Podrían haber tenido que volver al hospital con el pequeño.

-Pasé por allí antes.

Consta que se marcharon con Moisés, vi sus firmas,

pero no han registrado nuevo ingreso.

-"Ayúdame. -Dios".

Dios.

-Ah.

-Espero que no esté muerto.

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Acacias 38 - Capítulo 820

06 ago 2018

Un acontecimiento vuelve a conmocionar el barrio. Silvia especula con que Blasco puede estar detrás de lo sucedido y duda del profesor Javier. Antoñito decide que irá con Lolita a su pueblo para cuidar de la Tata Concha, pero Ramón consigue los planos y la patente del invento.

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  1. María

    Pues a mí Samuel me da mucha grima.

    13 ago 2018
  2. Assai

    Yo no puedo creer que Samuel sea el malo de la serie. Además que no se de cuenta que el niño rubio sea de él y que lo quiera matar. Porque Blanca tiene pelo oscuro y Diego también, quien es rubio? El, Samuel. Ya guionistas arreglen eso, no puede ser Samuel el malo.

    13 ago 2018
  3. Vanessa

    Al ver a Samuel acostado en cama con pecho descubierto ¿¿¿¿me enamore es hermoso ¿¿ saludos desde México

    08 ago 2018
  4. MARTHA Y GERMAN

    Justo ayer no lo vimos, decidimos ver solo el resumen los viernes. Lo veremos y co fiemos en que mejore porque ya da pereza. GER-MAR

    08 ago 2018
  5. María Emilia Ledezma

    Acacias 38. El capítulo de ayer lunes 06/08 fué excelente!!!.

    07 ago 2018
  6. María Emilia Ledezma

    Por suerte, veo esta serie desde Argentina. El capítulo de ayer, me pareció buenísimo: la edición, montaje, esenografía y de la actuación de doña Silvia: excelente!!!.

    07 ago 2018
  7. GERMAN Y MARTHA AGUILAR...MEXICO

    Ya estamos hartos de tanta desgracia con muertos y malas acciones. Como es que desaparecen los nefastos personajes como Cayetana y su maestra Ursula sin que nos podamos convencer que se hizo justicia. La policia es inutil, muertos en la calle y nadie los ve, uno tras otro. Ya por favor terminen con tan aburrida historia que prometía estar interesante con buena musica y fabuloso vestuario.

    07 ago 2018
  8. Maria Ester

    No " cantemos victoria" ,dudo que Samuel haya muerto o vaya a morir en breve, los guionistas no van a perder así nomas a un perverso del cual están muy orgullosos y " no nos van " a privar de sus nefastos actos. .- ¿ como coincidieron Blanca y Diego a las puertas de Acacias 38 ? ¿ previo mensaje de Whatsap? JAJAJA

    07 ago 2018
  9. raul alonzo

    !Otroooo difunto mas para la galeria de DESGRACIAS 38!!!! Que capacidad para despachar gente con tanta facilidad en esa serie!!! Es que ni en los Cuentos de la Cripta......En La Deliciosa deberian abrir un Museo de Cera para exhibirlos a todos jajajajaj....A ese paso solo quedaran vivas las plantas del kiosko de Fabiana jajajaja.......

    07 ago 2018
  10. Saro

    Hoy me ha dado mucha pena de Rosina porque D. Maximiliano también murió en la calle, en la boda de D. Ramón y Trini y, tal como ella decía, en el mismo salón en el que hoy estaba el coronel, veló ella a su primer marido. Me ha gustado mucho la forma en que Liberto está atento a ella y como la tranquiliza y consuela, incluso la forma en que la besa. Agustina ¡qué mujer! cómo quería a su señor ... y qué puedo decir de Carmen, sumida aún en el dolor por la muerte de Riera, tiene gestos y palabras para animar a Agustina. En fin, todos han estado muy bien en un capítulo muy triste.

    06 ago 2018