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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 815 - ver ahora
Transcripción completa

-Señor, doña Blanca.

-¿Estás bien? Pareces agitada.

-Quizá he subido las escaleras demasiado rápido.

-Te traigo un poco de agua.

He dormido como un niño de leche

sabiendo que nunca más volverá a molestarte.

-Nunca más es demasiado tratándose de Blasco,

pero sí durante una larga temporada.

Voy a anotar el día de su salida de prisión en un calendario,

porque ese día regresará a por mí. -¿Estáis listos?

-El doctor nos ha dado permiso

para que Moisés salga un par de horas.

-Carmen le traerá. -Me parece estupendo,

-"Silencio, por favor".

Yo también quería anunciar algo.

Quería comunicarlas que Íñigo y yo hemos formalizado nuestra relación.

-"Todo el mundo coincide en que es" usted el mejor abogado de la ciudad.

-La gente exagera.

-¿Vive en este edificio?

-En el tercero izquierda. -"Me da pena quedarme solo".

-No está solo.

Tiene aquí muchos amigos que le quieren.

En los que, si me permite la osadía, me incluyo.

-(SONRÍE) No se ofenda, Lucía,

pero el cariño de los amigos no sustituye al calor de una familia.

Vayámonos a vivir juntos. Tú podrías dejar el servicio.

Yo cuidaré de ti.

-¿Y qué dirá la gente si se entera de que no estamos casados?

-Que digan lo que quieran.

-"Punto uno,"

Antoñito te comprometerás a compaginar tu trabajo

como representante de las cafeteras y tu labor como inventor.

Tú, Ramón, accederás a reducirle la jornada.

Así tendrá tiempo para las dos cosas.

Y de paso se organizará para pasar más tiempo con su prometida.

Sí, que sí.

Cuídelo bien. -Descuide, señora.

-"El doctor dice que vaya al quirófano".

Pronto estarás con tus padres.

Pronto todo esto terminará.

¿Cómo puede Samuel ser tan cínico?

Hasta se ha atrevido a brindar por la salud de Moisés

en la celebración del bautizo,

cuando ha sido él el canalla que buscaba su mal.

-No puedo estar más de acuerdo contigo,

Samuel se ha mostrado, una vez más como un miserable.

Mi amor,...

ahora no debemos centrarnos en eso.

-Tienes razón.

Lo único importante es seguir con lo que nos hemos propuesto.

Pronto tendremos a Moisés en nuestros brazos, sano y salvo.

-No veo el momento de que se hagan realidad tus palabras.

-En cuanto le recojamos, marcharemos a Huelva a comenzar una nueva vida.

-¿Riera nos estará esperando ya en la pensión con Moisés?

-Tenlo seguro, así lo hemos acordado.

Él ya habrá tenido tiempo de recogerlo del hospital.

-Entonces, cojamos el equipaje y marchemos ya.

No esperemos ni un segundo más.

-¿Estás bien?

-Sí, sí, no es nada.

Ha sido un mal presentimiento.

¿Habrá salido todo bien?

-No lo dudes ni un momento.

Confío ciegamente en Riera.

-Vamos.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Llaman a la puerta)

-Buenos días, Agustina.

-Tiene visita, señorita.

-Buenos días. -Buenos días.

-Qué agradable sorpresa. Llega a tiempo para tomar el té.

-No, gracias.

-La hacía en el bautizo.

-Ya terminó.

Estaré poco tiempo. Quería comentarle algo.

-¿Sucede algo?

-¿No está el coronel en casa?

-No, se ha ido a la calle con a su profesor.

Iban a practicar con el bastón.

-Don Arturo está haciendo un gran esfuerzo.

-Sí. Estoy muy orgullosa de él.

-Si me lo permite,

bajaré a la calle por si el señor precisará de algo.

-Se lo agradezco, Agustina.

Siéntese.

Bien...

Ya estamos solas.

Puede contarme esas nuevas sin miedo a ser escuchada.

He recibido carta de Simón y Elvira.

-¿Y? ¿Qué se cuentan en ella? -La mejor de las noticias.

Elvira se encuentra en estado de buena esperanza.

-¡Qué maravilla!

-Así es.

Pero por desgracia, el resto de las noticias no son tan buenas.

Aunque ya no queda rencor en el corazón de Elvira hacia su padre,

nos confirman que no podrán asistir a la boda.

-¿Por qué motivo?

-No se atreven a hacer un viaje tan largo estando embarazada

y con tan pocos días de preparación.

-Es de entender.

-A cambio, le proponen algo.

-¿Qué es?

-Que acudan a visitarles a Génova en su viaje de novios.

Les recibirían con los brazos abiertos.

-Qué brillante idea.

-Sabía que le iba a ilusionar. Y espere a que lo sepa el Coronel.

¿Sucede algo?

-No, simplemente...

pensaba que es mejor que Arturo no sepa nada

hasta la celebración de la boda.

-No lo comprendo.

¿Por qué ocultarle la buena nueva?

-Arturo está preocupado con los preparativos,

y el doctor nos recomendó que no se llevara grandes impresiones.

-En ese caso, tiene más razón que un santo.

Debemos esperar.

Saber que va a ver a su hija y, además,

esta le va a dar su primer nieto, puede ser demasiado.

-Mientras, compraré los pasajes. Será mi regalo de boda.

-No va a recibir ninguno mejor.

Menuda alegría se va a llevar cuando se entere.

¿Sabe qué? A lo mejor me marcho con ustedes y veo a mi hijo Simón.

No.

-(RÍEN)

Los canapés salados aquí.

Y los dulces ahí, algo más alejados.

Despeja esta parte del salón.

Y aquí otro servicio de bebidas.

Es muy importante, que no falta de nada. Muchas gracias.

-Trini,

¿qué traje me quedará mejor para la fiesta de esta tarde?

-Querido, no hace falta que me lo consultes,

vas a estar guapo con lo que te pongas. El negro.

-¿Es acorde para el padre de un insigne inventor?

-Sí, así lo creo.

Ramón, veo que estás de buen humor.

-Y espero estarlo el resto del día.

Últimamente no ganamos para celebraciones.

Esta mañana el bautizo del pequeño de los Alday

y por la tarde, una fiesta en honor a Antoñito y su premio.

-Hay que aprovecharlo,

que últimamente no tenemos buenas noticias en Acacias.

-Has tenido una excelente idea organizando el ágape de esta tarde.

No solo tenemos que celebrar el premio de mi hijo,

gracias a ti, mi amor, la armonía ha regresado a esta casa.

-Y espero que sea para no abandonarla.

-De eso no puedo estar tan seguro.

-Buenas. -Buenas.

-Aguarden a ver lo que traigo. Se van a quedar patidifusos.

Antoñito, ¿por qué has enmarcado esos rayajos?

-De rayajos nada, son los planos del limpia lunas.

¡Así todo el mundo disfrutar de ellos!

Tengo que buscar un sitio

que esté a la altura, un sitio acorde a...

-Ya estamos con su soberbia de nuevo.

-No empieces a criticarle, que no es para tanto.

-Aquí, aquí, aquí. Este es el sitio.

-Ay, el cuadro del abuelo, ya verás.

Ni en el Prado tienen obras de arte como esta.

-Esperemos que se pase para esta tarde, ¿eh?

(Llama a la puerta)

Samuel,

¿está solo?

Creí que Diego y Blanca habrían regresado después de la celebración.

Se fueron tan pronto de la fiesta,

que daba por hecho que estaban preocupados por Moisés.

¿Y Moisés, dónde está?

-Está con sus padres, le están haciendo unas pruebas.

-¿Acaso está peor el pequeño? -No, no.

Tan solo es mero control, nada preocupante. No tema.

-Eso me tranquiliza. Sería una pena que una jornada tan especial

terminara con una mala noticia.

-No se preocupe, todo está bien.

-¿Se encuentra bien?

-¿Por qué, qué habría de ocurrirme?

-Entiendo su inquietud por la marcha de Diego y Blanca.

No es plato de buen gusto tener a la familia lejos.

-Son lo único que me queda.

-Lo importante es que se recuperen de todas las adversidades.

-Uno nunca supera la muerte de un padre.

-Samuel, ¿me permite una confesión?

-(ASIENTE)

-Admiro cómo ha gestionado la relación de Diego y Blanca.

Es un ejemplo para cualquier hombre.

-No pretendo ser modelo de nada, actúo como me dicta el corazón.

-Y eso le honra.

-No es menester que se quede aquí, Diego y Blanca tardarán en volver.

Les diré que ha venido a visitarles.

-De acuerdo. Con Dios.

-Con Dios, Felipe.

Flora, deberíamos tener ya preparadas las bandejas

que hay que subir donde Los Palacios.

-Lo que deberías es no decir ni mu sin enterarte antes.

He dado orden de que suban los dulces.

Ahora bajarán a por esto. Pásame eso, anda.

-Perdona, mujer, tampoco es preciso que te pongas hecha un basilisco.

-Disculpa, es que estoy de muy mal humor.

-Hoy y toda la semana. -No me faltan motivos.

-Al menos uno, que el Peña sigue sin formalizar vuestro noviazgo.

-No sé a qué demonios espera.

Para colmo de males, tú tenías que estropearlo aún más.

-¿Qué se supone que he hecho? -No te hagas el inocente.

Pedirle permiso a doña Rosina para cortejar a su hija.

¿Te parece poco?

-Mujer, no tenía sentido esperar más.

-Ya, pero vuestro compromiso está en boca de todos.

Y yo, mientras, me voy a quedar para vestir santos.

Llévate estas dos.

-No exageres,

seguro que en cualquier momento el Peña se lanza de una santa vez.

-Mejor que espere sentada, que a este paso,

lo hará cuando sea una anciana.

Voy a por más bandejas.

-Llévate esto.

¿Dónde está mi flamante novio?

Pues sí que parece que te alegras de verme.

-Disculpa, mi amor, es que estoy preocupado por mi hermana.

Sigue disgustada con el Peña.

-Ya, comprendo. ¿Y dónde está?

En la cocina.

-Cuando vuelva, déjanos a solas, que vamos a hablar de mujer a mujer.

-Hola, Leonor.

-A las buenas, Flora.

-Os dejo a solas. Voy a...

Ya encontraré una excusa.

-(CARRASPEA) Flora,

tenemos que hablar de tu prometido.

-Para eso, tendría que tener uno,

el Peña sigue igual, callado como un muerto.

-Ya me ha contado tu hermano. -Yo ya no sé qué hacer.

No capta las indirectas, ni tampoco las directas.

-Ya te lo dije, Flora.

Aquí solo hay una solución. Cada vez la tengo más clara.

Tú tienes que tomar las riendas.

-No, no pienso declararme. Eso le corresponde a él.

-Podrías haberte ahorrado lo que organizaste de la Tarde de novios.

Al parecer, no te va a servir de nada.

Flora, yo lo veo muy claro.

Tienes dos opciones.

-¿Alguna de esas es darle un mandoble en la mollera,

a ver si así espabila? -No, Flora.

O coges el toro por los cuernos o dejas que el toro te coja a ti.

-¿Cuándo hemos dejado de hablar del Peña para hablar de encierros?

-Te lo diré en otras palabras;

una, o tomas la iniciativa y le pides noviazgo al Peña

o dos; le mandas a tomar viento fresco.

Madera.

Y esto es,... esto es metal.

-Muy bien, señor, los ha acertado todos.

-Parezco un niño chico perdiendo el tiempo con sus juguetes.

-No diga eso,

está haciendo grandes progresos.

¿Puedo hacerle una pregunta, señor?

-Algo me dice que, diga lo que diga, me la va a hacer igualmente.

-¿Hay algo que le preocupa?

Últimamente le noto inquieto.

-No se equivoca,

reconozco que la proximidad de la boda me pone nervioso.

Parece mentira que a un viejo soldado

como yo, le impresione más contraer matrimonio,

que batirse en una trinchera.

Por cierto,

¿tiene listo mi traje de novio? -Descuide, señor, así es.

-¿Y los zapatos?

-También. Está todo en orden.

Podría casarse hoy mismo si así quisiera.

(Llaman a la puerta)

Voy a ver quién es.

Acaba de llegar el señor Palacios.

-Don Ramón. -Arturo.

Disculpe el retraso, sé que quedamos para leer la prensa del día,

pero me he entretenido en casa.

Estamos ultimando los preparativos

para una fiesta para celebrar el premio de mi hijo Antoñito.

Entonces no tendría que haber venido.

-De ninguna manera.

Estaba deseando que se acabaran los preparativos

para conversar un rato con un buen amigo.

-Se lo agradezco, me vendrá bien distraerme un poco.

No dejo de darle vueltas a la boda.

Por cierto, Agustina,

muéstrele a don Ramón los anillos de boda a don Ramón.

-Vaya, son muy bellos. -Eso espero,

los he escogido al tacto, con la ayuda de Agustina

-¿Dispuesto a escuchar lo que dicen los diarios?

-Veamos qué disparate se les ha ocurrido a nuestros políticos.

-¿Por qué no empieza? ¿Pasa algo?

-Coronel...

-Me está inquietando. Hable se lo ruego.

-Blasco se ha escapado

de la prisión.

Esta sopa sí que reconforta, Fabiana.

-Buena falta nos hace, que todavía nos queda una buena jornada.

Y que lo diga,

aún tengo que recoger los restos del bautizo.

-Pues ahora es a mis señores a los que les toca festejo.

-Bueno,

al menos estamos de celebración y no lamentando,

que los sudores así son menos.

-Eso es una "verdá" como un templo.

Qué alegría me dio saber que bautizaban al pequeño de los Alday.

Que la criaturita parecía estar más en el otro barrio, que en este.

-Sí. Gracias a Dios que ya pasó el peligro.

Me entran temblores de pensar que le podría haber pasado algo.

Qué alivio.

Uy, más que aliviada,

hoy la encuentro más feliz que unas castañuelas.

Y "pa" mí que eso no es solo por el pequeño.

-No sé a qué se refiere.

-Arrea, ¿cómo que no?

Carmen,

que yo no me he caído de un guindo.

Supongo que...

está así de sonriente por la cena que tuvo con su "enamorao".

-¿Con Riera? -No te amuela.

Yo no conozco a otro.

-(RÍE)

Mírela,

mírela, si se le ilumina hasta el alma cuando pronuncio su nombre.

-Fabiana, le estoy muy agradecida por habernos dejado un sitio

para estar tranquilos.

-Hágalo contándomelo "to".

¿Se portó como es "debío" ese Don Juan?

-Qué sí. Sus intenciones son buenas.

-Más le vale si no quiere vérselas conmigo.

-Espero que esto le sirva para convencerse.

Arrea, ¿y semejante alhaja?

No sabía una que su "enamorao" tuviese posibles.

-Fabiana, me ha pedido que deje el servicio para marchar con él.

Dice que así podrá cuidarme y protegerme.

-Viendo ese anillo parece que no lo dice por decir.

No, ya le aseguré yo que es hombre de ley.

-Me alegro mucho por usted, Carmen,

no se merecía otra cosa.

¿Qué le ha "contestao"?

Ah, ya,

no hace falta que diga "na", esa carita lo dice todo.

Está usted "enamorá" hasta las trancas.

-Pues sí, le reconozco que su propuesta me ha hecho muy dichosa.

A mis años no contaba ya con encontrar a un hombre

que se preocupase tanto por una servidora.

-Ya. A sus años dice, pero si es usted una cría.

-Ande ya, que una viste canas.

Pero cuando estoy con Riera me feliz, Fabiana,

y con fuerzas para encarar lo que se me ponga por delante.

-Eso, comadre,... se llama amor.

Ha caído usted en sus redes como una tonta.

-Ay, Fabiana. ¿Ande vas tan "apresurá", muchacha?

-¿No se han "enterao" de lo que dicen en la calle?

-¿El qué, Casilda?

-Que se ha "escapao" del presidio el secuestrador de doña Silvia.

-Madre del amor hermoso.

-Ay, Dios mío. Pobre Silvia.

Mucho se está retrasando Blanca.

-A ver si se ha equivocado de hora.

Lo mismo se ha olvidado de que habíamos quedado

para comprarle ropa a Moisés.

-No pasa nada, si al final no viene, podemos ir nosotras de compras.

Nunca está de más darse un capricho.

-Qué buen humor tienes, Lucía, de verdad.

-En ese caso no os acompañare, subiré a ver a Silvia.

-¿Es cierto lo que se dicen?

¿Que se ha fugado ese mal hombre de Blasco, aquel que la secuestró?

-Me temo que por una vez los rumores son ciertos.

Me imagino

lo mal que lo tiene que estar pasando.

-Silvia y el coronel tienen motivos para estar inquietos.

-No es normal que se retrase tanto, suele ser muy puntual.

-¿No habrá empeorado Moisés?

-No, no, no. -Dios no lo quiera.

-Tranquilas, no debe ser eso.

Felipe ha estado antes en el hospital y Samuel le ha asegurado

que el niño estaba bien.

Le estaban haciendo controles rutinarios.

-Me voy a acercar a La Deliciosa, a ver si que Blanca

ha llamado por teléfono para darnos aviso.

-Muy buena idea, aquí te esperamos.

Bueno, prima, vamos a sentarnos.

Así que, ¿Samuel fue al hospital a ver al niño?

-Sí, eso me ha dicho Felipe.

¿No te resultó curiosa la actitud de

Samuel durante la celebración del bautizo?

-¿La actitud de Samuel?

¿Por qué lo dice?

Porque estuvo todo el brindis mirando a Blanca.

-Yo no vi nada.

En tal caso, quizás necesites anteojos para verlo.

Es más que evidente.

Yo creo que Samuel sigue sintiendo algo por ella.

-¿Y acaso le extraña? Al fin y al cabo, es su cuñada.

Eres muy joven,

pero Samuel no miraba a Blanca como se mira a una cuñada.

Perdona,

lo siento si te he molestado con mis palabras.

-¿Y por qué habría de hacerlo?

-Prima, pareces celosa.

-Se equivoca.

Ya le he dicho que ni siquiera reparé en aquella supuesta mirada.

Bueno, y hablando

de cuitas de más enjundia,

le agradará saber que ya he decidido cómo emplear el dinero

que he heredado del marqués de Válmez.

-¿Sigues pensado en dedicarlo a la beneficencia?

-Así es.

Me he dado cuenta de que hay muchos niños que no tienen la oportunidad

de recibir tratamientos médicos por falta de posibles.

-¿Y tú vas a tratar de arreglarlo? -Dentro de mis posibilidades.

Voy a dar cada moneda que reciba al hospital,

para que sufrague los gastos médicos de esos pequeños.

-Lucía, es encomiable.

-¿Pero?

Por su actitud es obvio que hay un pero.

¿No estás desperdiciando una oportunidad

que te ha dado el destino?

Podrías dedicar una parte

a la beneficencia y, otra, a labrarte un porvenir.

-Eso pretende hacer,

a construirme una vida, pero por mí misma,

no a costa de un dinero que no me pertenece.

-Sí te pertenece, el marqués te lo dejó en herencia.

-Su decisión va a beneficiar a muchos.

-Lucía, piénsatelo. -Estoy decidida.

Pero quería pedirle algo.

Que me guarde el secreto ante mi padrino Joaquín.

Sé que no le agradará la decisión y, es mejor que no lo sepa.

-Bueno, vamos a buscar a Leonor.

No perdamos los nervios.

No conocemos sus planes.

Quizás opte por pone pies en polvorosa.

-No confíes en eso. Me la tiene jurada,

tarde o temprano tratará de hacérmelas pagar.

-Maldita sea mi suerte.

Si no estuviese impedido, saldría en su busca

para matar a ese miserable con mis propias manos.

-No sufras por eso, sabremos defendernos.

-Quizás deberíamos contratar algún tipo de protección.

Agentes a nuestro servicio

para protegerte.

-Me parece buena idea.

No estaría de más ser precavidos.

Puedo hablar Carvajal por si se le ocurre algo al respecto.

-Silvia, también

podríamos tomar alguna resolución respecto a la boda.

-¿Cómo? ¿No estarás considerando aplazarla?

-Tan solo hasta que haya pasado el peligro.

-No, de ninguna manera.

No permitiré que ese mal nacido de Blasco condicione mi vida.

-Tú misma has reconocido que irá tras de ti.

-Si lo hace, no me pillará desprevenida.

Te aseguro que no estropeará el día más feliz de mi vida.

(Llaman)

Celebraremos con nuestros amigos ese enlace

que tanto llevamos esperando.

-Tienen visita.

-Es Felipe. -Buenos días.

-Buenos días.

-Vengo directamente de comisaría.

Tengo noticias. -¿Qué ha podido averiguar?

-Que no tienen nada que temer.

-¿Cómo es posible?

-El comisario Méndez me ha informado

que los agentes localizaron al fugado en una casa.

Le dieron el alto, pero huyó.

Los agentes le siguieron a la carrera

y cuando estaban a punto de atraparlo,

Blasco cayó por un puente al río. Ha perdido la vida.

-Que Dios se apiade de su alma. Amén.

-¿Han encontrado el cuerpo?

-No, al menos de momento.

Lo buscaron durante horas, pero las aguas estaban muy revueltas.

No teman.

Es imposible que haya sobrevivido a la caída.

La pesadilla ha terminado.

Riera.

No está aquí.

-Y tampoco Moisés.

¿Dónde se habrán metido?

-No lo comprendo.

-Debería estar esperándonos aquí. Ese era el plan.

¿Por qué no han acudido?

¿Dónde está Moisés? No lo sé, Blanca.

¿Y si ha pasado algo malo?

Marchemos al hospital.

-No, no es buena idea. No nos precipitemos y sigamos con el plan.

Quizás solo se trate de un retraso.

-¿Qué podría haberlo provocado? Hace horas que deberían estar aquí.

-No lo sé.

Es probable que Riera se esté asegurando de que nadie le sigue.

Confiemos en su buen criterio.

Antoñito, no me puedo creer que no les hayas contado

cómo vislumbraste el limpia lunas.

Cuenta, cuenta. -Sí, se lo cuento.

No fue nada fácil, pero dije, lo voy a conseguir.

Así que, ¿ese canalla ha perdido la vida en la huida?

-Eso me ha confirmado Felipe. -Dios me perdone,

nunca es deseable la muerte de un ser humano,

pero en este caso es un alivio.

-Sobre todo para el coronel y su prometida.

¿No podemos hablar de un tema menos trágico?,

que estamos de fiesta.

-Mi esposa, una vez más, tiene razón.

Hoy tenemos mucho que celebrar.

Íñigo,

le felicito por los canapés que nos han preparado, son exquisitos.

-Se lo agradezco, pero el mérito no es mío,

sino de mi socio. Él los ha preparado en persona.

-Lo que me faltaba por oír, comida preparada por un exconvicto.

-Susana, al parecer, eres la única que tiene tales reparos.

-El mayor reto

al que me enfrenté fue,

conseguir que la varilla se moviera desde dentro.

-No me diga. -Sí, sí, sí.

Ahora les cuento cómo lo solucioné. -No es necesario.

Déjanos con la intriga. -No, no, no.

Tuve que hacer muchas pruebas,

y siempre error, sin éxito, pero seguí.

-Dame un par de canapés. -¿Te ha entrado hambre?

No, si son para taparme los oídos con ellos.

-Ay, Fabiana. -Qué guapa estás "condená".

Si te veo por la calle ni te reconozco tan "emperifollá".

-Ya sabe que aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

-No digas "tontás". Ve a alternar con los señores.

Prefiero quedarme con "usté". No sé que hablar con ellos.

-En tal caso, limítate a sonreír.

Pero tu sitio está con tu "prometío", no con las criadas.

-Buenas tardes.

-Le estábamos esperando. ¿Hay novedades?

-Así es. En comisaría me han confirmado la muerte de Blasco.

-Me alegra oírle decir eso,

qué demonios.

Y ahora, disfrute de la fiesta. -Con permiso.

Ya estoy con ustedes. ¿De qué hablaban?

-Pues ha llegado a tiempo, don Felipe.

Antoñito nos estaba explicando las excelencias de su invento.

-Y con todo lujo de detalles.

-Te dejamos con él, así te pone al día.

-Don Felipe,

la clave para entender el proceso van a ser os planos.

Ahí se esconde todo.

Tuve un reto, y fue: cómo consigo activar la varilla

desde dentro del coche.

Pues empecé a pensar noche y día, noche y día.

¡Ten más cuidado!

-Señor, ya está usted de regreso.

He dejado todo lo de la celebración recogido.

-Muy bien, Carmen,

te felicito por lo bien que lo has organizado.

Tómate el resto del día libre.

-Agradecida, señor, es usted muy amable.

-Con Dios.

-Buenos días, don Samuel.

-Querrá decir buenas tardes.

-Disculpe.

¿Marcha al convite de los Palacios?

-No, una fiesta al día es suficiente para mí.

-Me alegra verle de mejor humor, estaba muy alicaído.

-Estaba triste ante la idea de quedarme solo,

lejos de mi familia, ya le dije.

Pero he comprendido que es lo mejor para ellos.

Después de lo que han pasado, se merecen comenzar de nuevo.

-Tales sentimientos le honran.

-Aparte, hay que ser optimista. ¿Quién sabe?

Quizá el futuro me tenga reservadas grandes sorpresas.

-Estoy de acuerdo con eso.

-Si me disculpa, debo volver a casa. Aún me aguarda trabajo.

Que pase una buena noche. Un placer saludarla.

-Lo mismo digo. Con Dios. -Con Dios.

"Tienes dos opciones.

Una, o tomas tú la iniciativa y le pides noviazgo al Peña,

o dos, le mandas a tomar viento fresco".

-Flora, ¿tiene un momento?

-Usted dirá, Cesáreo.

-Me preguntaba si me puedo apuntar a la tarde esa de novios.

-Claro, ¿tiene algún amigo que esté interesado?

-No, es para servidor.

-Usted.

¿Es que acaso tiene novia?

-¿Tanto le extraña? -Eh...

Pues sí.

¿Para qué voy a negarlo?

-¿Puede apuntarme sí o no? -Sí, sí.

Pero tendrá que traer a una muchacha. -Sea.

Vendré con Salomé.

-Salomé.

Vaya nombre de enjundia.

-No solo el nombre. Es una mujer de bandera.

Con Dios. -Con Dios.

Aquí hasta el último mono tiene novia.

-(SILBA)

¿Qué?

¿Has probado los canapés que he preparado para los Palacios?

Me he superado.

-Menos lobos, ¿eh? Eran de lo más normalitos.

-Huy... Estás en pie de guerra, princesa.

-No lo sabes tú bien, estoy de un humor de perros.

-Pues eso lo soluciono yo antes de que me des un mordisco.

A ver si un achuchón te devuelve la sonrisa.

-Ay, suelta, que nos van a ver.

-Si están ensimismados con sus chocolates.

-Que no. -Ay.

¿Y por qué no aprovechamos para cerrar antes

e irnos tú y yo a dar un paseo?

Podemos ir al lago a comer barquillos.

-De eso nones.

Nada de paseítos.

¿Te has creído que soy una boba con la que entretenerse?

-Pero ¿por qué dices eso? No lo entiendo.

-Ya, es que solo te enteras de lo que te conviene.

Aquí se está a lo que se está o no se está. ¿Está claro?

-No, la verdad es que no. -Leonor tenía razón.

Llegó la hora de coger el toro por los cuernos.

-¿De qué toro hablas ahora? -Que te sirva de advertencia.

-Pe...

No lo soporto más.

Seguro que algo ha salido mal.

-Cálmate, tenemos que aguardar. -¿A qué?

Riera no va a aparecer, no va a traer a mi hijo.

-Cálmate, te lo ruego.

-No puedo hasta que no tenga a mi hijo en brazos.

¿Por qué no han acudido?

¿Dónde está Moisés?

-No lo sé.

-Ya lo perdí una vez.

No puedo soportar la idea de perderlo otra vez.

-Eh.

Blanca.

Eso no va a pasar.

-¿Por qué estás tan seguro?

No debí haberte hecho caso.

Teníamos que haber ido a recogerlo y no dejarlo allí,

en manos de los esbirros de Samuel.

-Blanca, por favor.

Recapacita.

Lo mejor es que no hagamos nada. -Diego,

no puedo quedarme sin proteger a mi hijo.

-Tenemos que seguir el plan acordado. Podemos ponerle en peligro.

-¡El plan ha fracasado!

¿No te das cuenta?

No me toques.

Tú tienes la culpa de todo.

Me aseguraste que todo iba a salir bien.

Eres un maldito embustero.

Queridos amigos,

permítanme que les agradezca su presencia aquí esta tarde.

Estamos reunidos

para festejar el triunfo de mi hijo en el prestigioso concurso:

"El invento del futuro".

-Después de escuchar su charla, creo que podría construirlo yo.

-Aún me duele la cabeza.

-Reconozco que, al principio,

albergaba ciertas dudas sobre su propósito.

-Dudas dice... Casi se lo pasa de un cuerno al otro.

-Suerte tiene don Antoñito

de que su padre sea más bueno que el arroz con leche.

-Espero que entiendan que temiera que volviera a las andadas.

Pero no,

reconozco que esta vez

era mi hijo el que tenía la razón.

Su tesón ha dado sus frutos.

Es un claro ejemplo de que en ocasiones

ser cabezota es el camino del éxito.

(RÍEN)

-En tal caso, a Antoñito le espera un gran futuro.

-Susana, no seas mala.

-Estar seguro de cuál es la meta que debemos perseguir,

tener claro cuál es nuestro objetivo en la vida.

Ser cabezota es no rendirse.

Como bien ha hecho mi hijo.

Amigos,

brindemos por mi hijo Antoñito,

por el que no me cabe la menor duda

será el primero de una larga carrera de éxitos.

Eso sí,

espero que no se olvide del todo del negocio de la familia.

(RÍEN)

Por mi hijo Antoñito.

(TODOS) ¡Por Antoñito!

-Hay que ver qué piquito de oro tienes, Ramón.

-Gracias, gracias.

Y ahora, a mí también me gustaría decir unas palabras.

-Como cuente de nuevo su invento, me tiro por la ventana.

-Padre, le agradezco enormemente la paciencia que ha tenido conmigo.

-Más que el santo Job.

-No tanta como tú conmigo.

-Pero es un caballero

y se ha mantenido firme guiándome y recordándome

cuáles son mis obligaciones.

Y, descuide,

que tampoco voy a olvidar el negocio familiar.

Incluso puede que mejore las cafeteras

con alguno de mis inventos.

-Huy...

-Hijo mío, dame un abrazo.

-Ay...

-Es la señora la que se merece todos los brindis.

Ella ha "lograo" que todo salga bien.

-Pero hay otra persona a la que quiero agradecerle mi éxito.

Y es... mi prometida Lolita.

-Ya se podría quedar "callaíco", que está más guapo.

-Tú eres la más bonita y buena del universo entero.

Me haces tener los pies en la tierra aunque mi cabeza esté por las nubes.

Y por eso te voy a querer toda mi vida.

-Ay...

(APLAUDEN)

-¿Qué dices ahora a eso, Lolita?

-Muchachos, conteneos.

-Ramón, por favor, no seas así.

-¡Quieto todo el mundo!

(GRITAN)

-¡Las manos en alto!

-¡Ay!

-¡¿Qué demonios es esto?!

Corremos un gran riesgo reuniéndonos aquí.

Podrían vernos.

-Descuide, seré breve.

¿Ha traído lo que acordamos?

Aquí la tiene, Blasco.

La llave de la casa del abogado.

Ay, ay... -Ay, Liberto,

tengo tanto miedo...

-Yo también, Rosina, pero de perder el brazo.

Afloja un poquito. -Ay...

-¿Qué van a hacernos? -No temas, solo quieren el dinero.

-Cojan las pertenencias de la casa,

pero no nos hagan daño. -Ramón, calla ya.

No van a atender a razones. -Tengo dinero en la caja fuerte.

Puedo abrirla para que se lo lleven.

-Estos "desgraciaos" parecen sordos.

-No parece que busquen dinero. -Entonces, ¿qué?

-¡Ah!

-Están aquí.

-¡No, no, no! ¿Qué hace? ¡Es mi invento!

-¡Antonio! -¡No lo hagas, Antoñito!

-¡Por favor! -¡Te va la vida en ello!

-¡Malnacido! -¡No disparen a mi hijo!

-No.

Ven. ¡Suéltame! ¡Que se lleva mis planos!

-¡No merece la pena!

-¡Sí merece la pena! ¡Es todo mi trabajo, Lolita!

-Para, por favor.

Ay...

(Puerta)

Te estaba esperando.

No pierdas de vista al niño.

Sé que tratarán de llevárselo, así que mucho cuidado.

Sobre todo con esa maldita criada.

Y una cosa más, la más importante.

Hay un hombre alto, espigado, con la cara afilada.

Responde al nombre de Riera. Si él apareciera,

olvídate de todo y concéntrate en él.

Él será quien trate de llevarse al niño.

¿Lo has entendido? -Confíe en mí, señor Alday.

-(CIERRA LA PUERTA)

Aquí tienes tu dinero.

Verás que puedo ser muy generoso.

Pero antes, dime,

has cumplido con tu parte. ¿Ha salido todo como había planeado?

-Todo perfecto.

Como acordamos.

Pronto estarás con tus padres.

Pronto todo esto terminará.

¡Ah!

-Chist...

-"Estoy seguro que Moisés tendrá una larga y feliz vida".

"Porque estará en las mejores manos". (RÍEN)

Marcha entonces.

Ay, señor,

qué desgracia y qué episodio.

¿Se quiere usted creer que unos atracadores

han asaltado la casa de los Palacios? -¿De los Palacios? ¿En nuestra finca?

-Serénese, don Arturo, ya nada se puede hacer.

-¿Huyeron? -Como alma que lleva el diablo.

-No habrá heridos. -Quía.

Solo querían robar, y a fe que lo han conseguido.

-No tenemos que lamentar desgracias. -¿Se han llevado mucho?

-A pesar de que las señoras vestían sus mejores joyas

y que don Ramón les ofreció lo que guardaba en su caja fuerte,

solo arramblaron con los planos del invento del señorito.

Piensan que es un caso de robo industrial.

-¿Y eso qué es?

-Pues no va muy "encaminao" el guindilla.

Si no han robado nada de industria.

-Sí, Lolita, han robado el Génesis industrial.

Lo que pone en marcha las fábricas. Han robado mi idea.

-Eso cada vez es más frecuente.

Con el auge de las manufacturas,

la picaresca ha encontrado nuevos campos de acción.

Hay una guerra de inventos. -Y he hecho el papel de primo.

-Alguien creyó que el invento de Antoñito daría dinero

y ha encomendado

que se lo agenciaran unos expertos del pillaje.

-Un anillo muy bonito, Carmen.

Está bien pensado

y engarzado.

Nuevo, ¿verdad? -Disculpe, señor,

se me olvidó quitármelo.

-¿Puedo preguntar quién es?

Déjame adivinar.

No es alguien del barrio, ¿verdad?

Aunque,

no sé por qué,

creo que tengo una intuición.

¿No será Riera?

-"Qué ganas tenía de verte".

Han asaltado a los Palacios.

En su propia casa.

-Vaya. -¿Llego en mal momento?

-No. No, no, no.

-¿Habéis discutido Diego y tú?

-¿Por qué preguntas eso?

-Pues por tu mirada

y su tensión.

No sé, no sé, me ha parecido. -No. No ha sido nada.

Un malentendido, nada... Nada que deba preocuparte.

-"Buenas noches".

-Buenas noches.

-Ante todo, gracias por confiar en mi consejo.

-De sobra se muestra generoso

al concederlo.

Eso le decía a mi hijo

que, como ve, está afectado.

-¿Cómo no? He exprimido mi cerebro para que se aprovechen otros.

-Eso está por ver.

-¿Cómo? ¿Hay posibilidad de que los atrapen?

-No va a ser fácil. He hablado con el comisario Méndez.

Me ha dicho que los buscarán. No me haría ilusiones,

esa gente sabe cómo darles esquinazo.

-No tuvimos que lamentar ninguna desgracia.

-Pues... yo todavía tengo un comecome,

que no puedo respirar tranquila.

¿Tú no crees que esos maleantes

podrían tener algo que ver con el Peña?

-Pero ¿cómo se te ocurre? Eso es imposible.

-Eso mismo es lo que me digo yo, pero...

podrían haberse conocido en la cárcel. No te puedes fiar.

-Olvida tus aprensiones. El Peña es un muchacho trabajador.

-"¿Qué te dije que hicieras?".

-Pues que hablara muy seriamente con él.

Vamos, que casi casi pidiera su mano.

-¿Y lo has hecho?

-Naranjas de la China.

-Estás en un ay.

En una indecisión. -¿Para qué voy a pedirle nada?

Se lo he dicho de todas las maneras que me sé.

Hasta le he echado un chorreo por no tomarme en serio,

pero que si quieres arroz, Catalina.

-Allá tú que no quieres escucharme.

-Si le pido relación, me va a tomar por el pito del sereno.

He decidido darle un escarmiento.

-¿Cómo?

-"Bastante es no pisar a la novia".

-Pero si lo estás haciendo muy bien. -Por supuesto.

Si no supiera

de su falta de visión, jamás lo sospecharía.

-Nada más que coba. -Se lo digo en serio.

¿Por qué se siente tan vulnerable?

-Cosas mías.

Siento si mi actitud es un poco derrotista.

-Ay, no seas ácido.

¿Qué te ocurre? -Que he recibido la confirmación

de nuestras invitaciones.

Vendrán algunas altas personalidades y muchos viejos amigos del ejército,

y no todos conocen mi problema.

-¿No estaréis allí?

-Nones. Solo nos invitan a la iglesia.

-Y ni siquiera allí podemos acudir porque no tenemos qué ponernos.

-O sea, tener tenemos,

tenemos el "vestío" de los domingos, lo que pasa

es que va a venir lo más "granao"

y nos da reparo.

-De eso nada.

Esa ceremonia no sería lo mismo sin vosotras.

Me encargaré de que no faltéis.

-"Ha llegado a mis oídos"

que algunas de las criadas no podrán asistir a la iglesia

por carecer de una indumentaria adecuada.

-¿Y qué le vamos a hacer?

Dios dispone. -No sea así, doña Susana.

Siempre hay remedio si se pone voluntad.

-¿Voluntad? La que tendrían que tener ellas

para ir ahorrando para estas ocasiones.

-No digo yo que el ahorro no sea una virtud,

pero también su escasez le podría dar pie para organizar una buena acción.

-Ay, ¿qué estás tramando?

Que he sido cocinera antes que fraile.

(CARRASPEA) Pero ¿os habéis creído

que esto es una verbena?

Toma.

Acaba de traérmelo Servando.

-¿Un telegrama?

¿Qué?

Mr. Welles.

Que está en España y que quiere quedar para comprar la patente.

-Oh.

Eso es por lo que bebías los vientos, ¿no?

¿El niño está bien? -Sí, en el hospital.

Necesito encontrar a Riera.

-No sé nada de él.

-¿Ni siquiera lo has visto?

-Estuve cenando con él la otra noche,

desde entonces, no he tenido noticias.

¿Cree que le ha podido ocurrir algo? -No, no tiene por qué.

-Explíqueme entonces por qué viene usted a preguntarme

con ese gesto de agobio. -No acudió a una cita.

-Él es hombre cumplidor.

No hubiera faltado sin un motivo grave.

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  • Capítulo 815

Acacias 38 - Capítulo 815

30 jul 2018

Blanca y Diego llegan a la pensión y descubren Riera y Moisés no están allí. Felipe llega con la noticia de la muerte de Blasco al intentar fugarse de la cárcel. Pero en realidad no ha muerto: Javier es su cómplice, y le entrega las llaves de casa de Celia donde estará Silvia el día de la boda. Trini organiza una fiesta en casa de los Palacios para templar ánimos entre padre e hijo. La fiesta es un éxito, pero los vecinos rehúyen a al joven inventor. Antoñito agradece a su padre y a Lolita todo su apoyo, cuando unos encapuchados irrumpen en la casa y se llevan los planos del invento.

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  1. maripili

    Estoy completamente de acuerdo con las personas a las que esta serie les gusta, a mi no me gusta, me encanta y pienso como tantos otros que a quien no le guste no tiene mas que cambiar el canal, o leer un libro o hacer aquello que les guste mas, pero por favor somos muchos los que la vemos. Por cierto a mi nadie me toma el pelo.

    21 ago 2018
  2. Dis

    A mi me gustaba mucho. Pero ya se hace cansina. Está perdiendo todo el sentido que tenía. Muertes y más muertes, y el niño, ¿cuantas veces ha desaparecido? Más hubiese valido acabar la serie y dejar a los seguidores con buen sabor de boca, que no alargarla con más y más desgracias, y hacer que a las personas que nos gustaba nos deje de gustar. Sí, la vida es difícil y tiene desgracias, pero la trama ya es muy irreal

    11 ago 2018
  3. Raul Inda

    Vivo en Miami y con mi familia hemos seguido por meses esta serie magistral en todo menos en el guon que es completamente patologico. Esta escrito y dirigido magistralmente para hacer daño. Hemos decidido no verlo mas. Les aconsejo atencipn psicologica..

    05 ago 2018
  4. Ana

    Por favor, a los guionistas, ser coherentes, hasta en la fantasia, o en el teatro hay dos caras, la de la alegría y la pena, pero en ésta serie solo hay penas. Todo es estupendo, decorados, vestuario, magníficos actores, pero no coge en cabeza humana que gane siempre el« mal » Y otra es la manía que les tienen a los niños, todos han muerto, menos Moisés, por ahora, veremos lo que dura.Guionistas mirar el porqué de tanta maldad.

    31 jul 2018
  5. Felisa

    Guionistas SÁDICOS y muchos seguidores MASOQUISTAS.- Demasiado tiempo en la serie viendo en continuación maldades y desgracias NO ES NORMAL, solo lo pueden aceptar INCONDICIONALMENTE mentes perversas al igual que ciertos personajes

    31 jul 2018
  6. Saro

    La ventaja de una serie diaria es que no tenemos que esperar una semana para seguir la trama pero, al mismo tiempo, tiene un serio inconveniente y es que los actores, al "entrar en casa" cada día, los sentimos como si fueran de la familia, sobre todo los que más nos gustan; pero, hay momentos en los que, por motivos de guión o porque el actor tiene otros proyectos, se ven obligados a dejar la serie y éso lo sentimos muchísimo pero no nos queda otra que aceptarlo. Las personas que, opinan en contra de la serie (están en su derecho) ya que a todos no nos gusta lo mismo pero, yo les diría con todo respeto, que lo tienen muy fácil sin tener que molestarse en estar comentando aquí, usar el "mando a distancia" de su TV y cambiar a lo que les guste más. Creo sinceramente que la sección "Comentarios" de esta web, está dedicada a los seguidores de la Serie y no a las personas que, por cualquier razón, no les gusta; cuando una cosa no nos gusta no tiene ningún sentido verlo y mucho menos perder el tiempo en hacer comentarios negativos. Me encuentro entre sus seguidoras y hay cosas que me gustan más y otras menos, pero el plantel de actores increíbles: Montse, Manu, Sandra, Amparo, Juanma, Marc, Jorge, Elia, Rubén, Elena, María, Pilar, etc; los decorados, el vestuario, peluquería, su extraordinaria música, etc. me encantan y es lo que cada tarde me hace disfrutar, solo espero que sea por mucho tiempo.

    31 jul 2018
  7. Mariluz

    Para los gustos los colores a mí me encanta la novela está .para eso hay más canales.yo no soporto el sálvame y sin embargo hay esta . cambio de canal y listo.es mi opinión....

    31 jul 2018
  8. Paola

    Serie de terror por partida doble. Que termine yaaaaaaaaaaaaa.

    31 jul 2018
  9. Manoli Carmona

    Fantástica actriz Doña Susana, magistral interpretación

    31 jul 2018
  10. Trinidad

    Está buenísima y la realidad puede ser peor. Los actores y actrices son excepcionales. Un gran ¿¿ para todos.

    31 jul 2018