www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4675484
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 813
Transcripción completa

¿Por qué dice que Samuel es responsable?

-Lo que ha oído.

Porque fue él quien le provocó la enfermedad.

Moisés es un niño con pocas defensas.

Solo hay un objetivo para provocarle eso.

-Su muerte.

-"He hablado con el fiscal".

Quiere que comparezca en el juicio oral.

Considera imprescindible su testimonio.

-Acudiré, no lo dude.

No será plato de buen gusto volver a verle el rostro

ni revivir los sucesos, pero lo haré por verle encerrado.

-"He decidido abrir mi viaje con una visita a España

para negociar la compra de su patente".

"No negocie con nadie más".

"Estoy dispuesto a hacerle una generosa oferta".

"Firmado: Jonathan Wells". -"Yo he cometido errores graves,"

pero ninguno tan grande como aliarme con ese asesino.

-Usted no va a ir a ningún lado,

hará lo que yo le ordene.

-Las llaves de los Álvarez Hermoso. Allí me cambiaré.

Ya sabes que el novio no puede ver el vestido.

Bueno, ya veo que todo va bien.

Será mejor que me vaya y les deje.

-Sí, será mejor. Hablaremos luego, doña Silvia.

¿Quién ha estado aquí? -Yo, señor.

Sus papeles no los toco.

-Había aquí una carpeta.

-Yo no he cogido ninguna carpeta, señor.

-¿Seguro que Diego no ha estado aquí? -No, nadie,

al menos, estando yo en la casa. -"¿Y nosotros?".

-¿Nosotros?

A ganar dinero, para eso son estos eventos.

-¿Solo piensas en el dinero? -¿En qué otra cosa voy a pensar?

Si esto es un negocio.

-"¿Ya de vuelta?".

-Sí, limpio y aireo el vestido de la señorita María Luisa

y se lo devuelvo, doña Trini. -El vestido es para ti.

-No sé si voy a tardar un tiempo en vestirme otra vez de pitiminí.

Muchas gracias.

-"Iremos a comer algo rápido",

pero volveremos enseguida.

-Vente con nosotros.

-Está bien, no dejaremos al niño solo, claro.

Enfermero.

"Volverán en un rato, cuando hayan comido".

No le pierdas de vista.

Esto aún no ha acabado.

¿Le importaría dejarnos un rato a solas?

Blanca.

Eh.

Te he traído un café.

A ver si te reconforta un poco.

-Te lo agradezco.

Tengo los huesos molidos.

No soporto la presencia de esos enfermeros, Diego.

Hay momentos en los que me siento tentada a saltar contra ellos.

-Haz un poder

y mantente en calma.

No sabemos cuáles están a las órdenes de Samuel.

-No sé si voy a poder resistir esto mucho más.

-No te apures.

Llega el momento de actuar.

Moisés está bien

y el doctor Esteve pronto le dejará ir a casa.

Tenemos que apartarlo de Samuel de una vez.

De una forma u otra.

-¿Estás seguro de eso?

-Por supuesto.

¿Qué es lo que te preocupa?

-¿Y si algo sale mal?

-Confía en mí.

-Todo saldrá bien. -Ya,

pero nuestro hijo estará en medio.

Yo no soportaría hacerle más daño. -No debes temer.

Lo peligroso sería seguir así.

-Sabes que Samuel no va a ponerlo fácil.

Que es capaz de todo.

Incluso de poner en juego su vida. -No tengas pena por eso.

Lo haremos todo buscando la seguridad para Moisés.

-¿Puedes garantizarme

que no le pondremos en peligro?

-Mira.

Me reuniré con Riera

y buscaremos la manera para llevarnos a Moisés

con la máxima seguridad.

-No termino de convencerme.

-Tenemos otra opción para acabar con todo esto.

Y tú ya sabes cuál es.

-No quiero ni que la propongas.

-Acabar con él sería lo justo.

-Pero sería una atrocidad y nosotros somos distintos.

-Es a lo que nos han empujado.

Si llega el momento, no me va a temblar la mano.

Mi amor.

Es la única forma que tengo de garantizarte

que Moisés nunca más va a estar en peligro.

-No podemos, Diego.

No quiero que lo sigas proponiendo.

Te necesitamos de nuestro lado.

Del lado de los inocentes.

Te lo digo porque lo he vivido.

Cuando me casé con tu padre, solo era una simple manicura

y todo me pilló de nuevas. -Pero usted aprendió muy rápido.

Lolita tendrá que hacer lo mismo. -Seguro que lo hará,

pero necesita tiempo y ayuda.

-Pero ¿y todo esto viene porque bailé en el Ateneo

con la condesa de Andújar? Tiene más de 60 años.

-No.

Viene porque no bailaste con Lolita.

La perdiste de vista nada más llegar. No le hiciste ni caso

y ella se sintió poco querida.

-¿Eso se lo ha dicho ella?

-No, no hace falta. Eso se ve.

-La gente venía continuamente a mí a darme la enhorabuena.

No podía estar pendiente de todo.

-No tienes que estar pendiente de todo, sino de Lolita.

La muchacha te quiere con locura.

No hagas que se arrepienta.

-Siempre saca una estúpida costumbre de Cabrahígo que lo arruina todo.

-Vaya, lo dices como si hubieras dejado de quererla.

-Que no, Trini, si yo la amo con toda mi alma,

pero son los demás los que deben poner de su parte.

Ella con decir que es costumbre en Cabrahígo...

-Los dos debéis poner de vuestra parte,

pero tú te tienes que esforzar.

Voy a buscar a Fabiana a ver qué va a preparar de comer.

-¿No está doña Trini?

-Acaba de ir a buscarte.

-Como el perro y el gato.

(CARRASPEA)

Señorito.

-Dime.

Perdone que me meta donde nadie me llama.

Es por Lolita.

Que es muy buena moza y está muy "enamorá".

-Ya, y yo también. Pero ¿por qué a mí nadie me cree?

-Pues porque usted conoce mundo,

tiene más experiencia, sabe comportarse,

pero ella es de pueblo y teme hacer el ridículo.

-Tendrá que aprender, Fabiana, que se fije en su suegra.

-¿Y cree usted que no lo intenta?

Pero tiene usted que tener paciencia.

No piense en lo que haga mal, sino en lo que hace bien.

Pero si hasta fue a hablar con los del jurado

para que presentara su invento.

-Sí, sí, sí.

Sí, si tiene razón, Fabiana.

Lo intentaré.

-Gracias.

-Fabiana.

Huele muy bien tu perfume.

-Tiene usted muy buen sentimiento, señorito.

(Campanadas)

Hoy será el juicio de ese tal Blasco.

-Usted no participa de abogado, ¿no es cierto?

-No, pero acompañaré a Silvia para que esté tranquila.

-No debe ser plato de buen gusto

el enfrentarse a ese hombre. -Buenos días.

-Es un placer verle con tan buen semblante.

-No es para menos. Traigo noticias que les encantarán.

-Cuente, cuente. -Según el doctor Esteve,

Moisés está fuera de peligro. Ha superado la enfermedad.

-Samuel, qué alegría. -Enhorabuena.

Felicite a su hermano y a Blanca.

-Me alegro de que ese niño esté fuera de peligro.

-Es usted muy amable.

Podremos celebrar el bautismo

en la iglesia de Acacias sin miedo alguno.

-Será una satisfacción para todos poder celebrar ese bautizo

sin la premura de tenerle en peligro.

-Después de la celebración, daré una recepción en casa.

Estos días han sido una pesadilla

y creo que nos vendrá bien a todos

liberarnos de esta presión. -Cuente con nosotros.

-Será un placer

acudir a su casa. -Sí.

-¿No dice nada, Lucía?

Contaba con usted para organizarlo.

-Siento fallarle, pero he de hacer unas gestiones

y no voy sobrada de tiempo.

-Seguro que puedes sacar un rato, Lucía.

-No insista. No puedo entretenerme en esos menesteres.

-Me barrunto que sé de dónde le viene su reticencia.

Quisiera pedirle perdón por cómo me dirigí a usted.

Fui un grosero.

-En eso estamos de acuerdo.

-Sé que no es motivo de excusa,

pero me sentí abrumado ante la idea de perder a mi sobrino.

Aun así, me comporté como un patán.

Le pido disculpas.

-Está bien.

Lo mejor será olvidar ese asunto.

Todos tenemos un mal día.

Además, que no quiero ser yo

la que enturbie un momento feliz.

-¿Puedo contar con su ayuda?

-No sé, no sé.

Me ha caído en gracia. Voy a hacer un poder.

Resolveré mis asuntos en un periquete

e iré a ver a Carmen para organizarlo todo.

-En tal caso, marcho tranquilo al hospital

a ver cómo siguen Blanca y Diego. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Yo también he de irme. Tengo prisa en apañar todo.

-¿Has visto eso?

Parece que Lucía siente mucha simpatía por Samuel.

-Sí, yo también lo he notado.

-Lo he hablado con ella y lo niega. -Deberíamos estar pendientes de ella.

Es una chica encantadora e inocente.

Demasiado inocente.

Y Samuel es un hombre casado.

Vamos.

Gracias.

Esta misma mañana, acabaré el vestido de novia.

-Es de lo más diligente, le estoy muy agradecida.

-Es mi trabajo.

No tiene que agradecerme nada.

Espero no tener que hacer más arreglos antes de la boda.

No sé si llegaría a tiempo. -Está todo bien.

Cuando acabe con el vestido,

déjelo en casa de Celia. Será allí donde me cambie.

-Qué empeño en que no la vea. Estando ciego,

no me voy a echar para atrás aunque no me guste.

-Las tradiciones son algo muy serio.

-No seré yo quien discuta esas palabras.

-Bueno, pues me voy a seguir trabajando.

Si sigo aquí de charla, no terminaré el vestido hoy.

-Aguarde.

Las llaves de los Álvarez Hermoso.

Van a estar fuera hoy.

-No se preocupe, quedaré con Celia

cuando se lo entregue.

-Como quiera. -Con Dios.

-Con Dios. -Agustina, por favor.

-Ya verá, don Arturo,

creo que los ejercicios de hoy le serán muy útiles.

-Yo también me marcho. No quiero entorpecer sus progresos.

-A mí no me molesta.

Tal vez pueda ayudarnos con algo.

-Eh... Disculpe, pero tengo un juicio muy importante y estoy algo nerviosa.

Prefiero retirarme. -Como gustes.

Javier y yo podemos apañarnos perfectamente.

-Lamento sus problemas legales.

¿Es muy importante el juicio ese? -No tiene problemas con la justicia.

Un delincuente al que Silvia ayudó a encerrar

atentó contra su vida

cuando salió de la cárcel. -Eso es terrible

-Pero ha vuelto a ser detenido y le condenarán a cadena perpetua.

Todas las pruebas hablan claro de su culpabilidad.

-Aun así, no debe de ser un trago fácil.

Ni siquiera para doña Silvia.

-No.

Por eso no ha dejado de jugar con su pulsera

pasando las cuentas de un lado a otro.

-Es asombroso que te hayas dado cuenta de ese detalle.

-Está usted aprendiendo muy deprisa, don Arturo.

-Sigo sus consejos.

Intento ver con otros sentidos. -Sigue así, cariño.

Con permiso. Y no olvides ponerte el colirio.

-Pierda cuidado. Si se le olvida, yo se lo recordaré.

-Pues, nada, cuénteme.

¿Qué vamos a hacer hoy? -Bien.

A ver si me puedes ayudar.

Quiero hacer algo muy gordo por mi Lolita.

Dejarle claro que es lo más importante para mí.

-¿Con decírselo no vale?

-No, no, no. Me temo que no.

El éxito de mi invento es como un huracán y la dejó atrás.

-¿Por qué no se apuntan a la tarde de novios?

¿Qué más prueba de amor que ganar?

-Sí, bueno, no me parece disparatado. Sí, sí.

Cuente con nosotros. -Perfecto. Les apunto.

-Pero, aparte, yo creo que debería hacer algo más.

No sé, dejar a Lolita un día entero enfadada

es como sentarse a esperar

a que te absorba un ciclón. -¿Qué piensa?

-Creo que una velada romántica para los dos.

Algunos manjares.

¿Podrías cerrar La Deliciosa hoy de cara al público para nosotros?

-Venga, vale, de acuerdo.

¿Como le voy a decir que no a un amigo?

-Voy a conseguir dejarla de patada. -Confíe en mí. Le prepararé un menú

digno del rey de copas. De lo bueno, lo mejor.

-Eso es, no hay que reparar en gastos.

En el amor no hay nada peor que quedarse corto.

Gracias.

-¿Qué quería Antoñito?

-Nada, que le prepare un ágape para Lolita.

De culo se va a caer cuando vea la velada romántica.

-Lo detallistas que son algunos hombres.

-Algunos... Yo creo que todos. Decís que no somos románticos,

pero eso no es cierto. -Ah, ¿no?

Pues... eso me gustaría a mí comprobarlo.

-No hay más que ver a los poetas.

El que escribió lo de las golondrinas, un hombre.

Eso es muy buena noticia.

Sobre todo, teniendo en cuenta por lo que han pasado esos padres.

-Sí, empieza a haber luz al final del túnel.

-Moisés se está recuperando a marchas forzadas.

-Con lo chico que es el niño

y cómo sale de las trabas.

-La verdad es que sí.

-Celia, tengo que quedar contigo.

-Si es para tomar café, siéntate. -Ni es por eso

ni tengo tiempo. -Susana, cuéntanos. ¿Qué te escuece?

-Nada, que tengo que entregar el vestido de novia

en casa de Celia.

No he querido coger las llaves para entrar cuando quisiera.

-Siempre tan estricta.

Ni que fueras a robar la plata.

-¡Huy!

Dejaos, que lo bien hecho, bien parece.

Prefiero quedar contigo

cuando sea menester. -Como gustes.

¿Sabes que Moisés está mejorando?

-Ay, gracias a Dios.

Después de lo que pasó con Úrsula,

solo faltaba que le pasara algo.

-Ay, sí, qué sucesos tan terribles.

¿Qué le pasaría por la mente para secuestrar

a su propio nieto? -¡Uh! ¿Quién sabe?

Acordaos de cómo se la tuvieron que llevar.

-Espero que los médicos sean capaces de devolverle la razón

y de sacar partido de ella. -Eres demasiado buena.

Nunca hizo nada a derechas

cuando estaba bien.

-Ni aunque la fundieran y la hicieran nueva.

-A mí con que la tengan a buen recaudo, me vale.

-Sí que me he perdido cosas

durante mi viaje a Inglaterra. -Como lo de La Deliciosa.

Es difícil hasta saber

cómo se llama cada uno.

-Tú lo tienes fácil. Íñigo va a ser tu yerno.

-No.

-¿Qué? ¿Leonor e Íñigo son novios?

-No. No exactamente.

-Llámalo como quieras.

-Amigos.

A mi pesar, porque a mí Íñigo

no me acaba de entrar por los ojos. -Rosina,

hazte a la idea.

Íñigo y Leonor son novios. -Por ahí sí que no paso.

A mí nadie me ha pedido permiso para cortejar a mi niña.

Y si eso sigue así, es como si ese chisgarabís

no existiera. -Niegas la realidad.

-Mucho tiene que llover

para que siga adelante ese compromiso.

-Pues se avecinan nubes de tormenta.

-¿Qué les pongo? -¡De muy mal humor!

Está tan bonito, Blanca...

Cómo se nota que está recuperado.

-Lo hemos pasado tan mal...

-Sí.

Pero ya todo ha terminado.

Es de suponer que estáis emocionadísimos.

-Bueno, aún quedan algunos asuntos por resolver.

-¿Vais a retomar vuestros planes de marchar a Huelva?

-Sí.

Eso será lo más posible.

-Blanca, ¿qué tienes?

¿Hay alguna cosa sobre su salud que no me hayas contado?

-No. No, no, no. Está todo bien.

-Entonces, ¿qué te ocurre?

-Leonor.

Me alegro de verla. Las buenas noticias

vuelan por el barrio.

Le he comprado un regalo a mi sobrino.

Es un sonajero.

-Más tarde se lo daremos.

-¿Dónde está Diego?

-Se fue a descansar.

-Me barrunto que el doctor Esteve no tardará en deciros

que os lo podéis llevar. -Eso espero.

-Aunque Diego no esté, quería proponeros que mañana celebráramos

el bautizo del niño. -¿Mañana?

¿No será algo precipitado?

-No veo por qué.

El párroco está dispuesto. -Temo que sea demasiado pronto.

Aún está convaleciente.

-Sí. Sacarle a la calle es un riesgo.

-He hablado con el médico y no tiene inconveniente.

Está recuperado.

-En ese caso, no sé qué decir.

-No digas nada, yo me ocupo de todo.

Encargaré a doña Susana un faldón y vendré a por él a primera hora.

Luego celebraremos un convite. -No sé, Samuel,

sigo teniendo dudas.

-¿Por qué?

Carmen puede quedarse con el niño

mientras estamos con los amigos. -No.

Ya celebraremos esa confirmación más adelante.

Como prefieras. Discúlpame si me he dejado llevar por el entusiasmo.

-No, es que Blanca ha pasado tanto miedo por su hijo,

que ahora se siente insegura.

-¿No es eso? -Eso mismo.

-Tómate el tiempo que precises para reponerte.

No quiero causarte ninguna inquietud.

Pon tu la fecha cuando lo creas oportuno.

Os dejo.

-Blanca, ¿todo está bien?

-¿Te puedo pedir un favor?

He de salir a hacer algo.

¿Podrías quedarte con el niño? -Por supuesto.

-No lo pierdas de vista.

Ni un segundo.

-Marcha tranquila.

Hola, pequeñín.

Muchas gracias, señor.

-Qué suerte tienen algunas.

Antoñito ha preparado una cena romántica a Lolita

y yo no consigo que me digan: "Ahí te pudras".

-Me alegro por la moza.

Lolita está muy "entristecía" por cómo se ha "comportao".

-No es para tanto.

Está contento con lo de su invento.

-"Demasiao". Parece que esté todo el día

dentro de una nube. No conoce ni a su padre.

-Bueno, rectificar es de sabios.

Ha visto que estaba obrando mal.

Le ha dicho a Peña que no repare en gastos.

-Ya veremos si lo consigue.

-¡Huy!

¡Que dejes de seguirme! Mira, que te doy una "tarascá".

No te voy a dar una respuesta ni una nota

ni na de na de na.

Así que humo.

Estás tardando en marcharte. Vamos.

-Un momento, rapaz.

¿Se "pue" saber qué tienes para tratar así al mozo?

-Lo que tengo es un coraje...

-¿Otro desplante del novio?

-No sé. Me ha "mandao" una nota diciéndome que me recoge a las siete

y que me va a llevar al palacio de sus sueños.

-Bueno, eso no suena mal. ¿Qué es lo que te inquieta

de esa nota? -Que el palacio de sus sueños

puede ser el de mis pesadillas.

-Seguro que es algo de tu gusto.

-Me extraña.

Seguro que me lleva a una fiesta de esas de alto copete

y me aburro mucho. -Pues...

Tendrás que darle el beneficio de la duda.

-Si te ha mandado esa nota,

será con buena intención. -Antes estaría segura de eso,

pero desde que ganó el concurso,

va más "estirao" que si se hubiera "tragao" un palo.

Vamos, que no hay quién lo aguante.

-Es verdad que anda "hinchao" como un pavo,

pero se habrá dado cuenta

y quiere recular. -No lo creo, Fabiana.

De haberle "conocío" ahora, no le daría ni los buenos días.

-Quía.

"Pa" mí que exageras. Peor estaba

cuando volvió de las Américas.

Tuvo que venirse haciendo fu como el gato.

-Eso es verdad.

Vendió la estatua de no sé qué

y querían coserle las costillas a palazos.

-¿Ves cómo era todo un trasto y terminaste enamorándote de él?

-Era cariñoso,

pero es que ahora es un cardo.

-Dale una oportunidad.

Te habrá preparado un plan a tu gusto.

-Venga, al menos, contéstale.

-Vamos.

-Sé que me voy a arrepentir.

¿Has notado alguna mejoría? ¿Algún cambio de luz?

-Eh... No.

Pero sigo a rajatabla

las instrucciones para administrarme este medicamento.

Tal vez con eso mejore.

-Haces bien en seguir las instrucciones.

-Esta noche tengo que ponérmelas otra vez.

-No dejes de hacerlo.

Eso y las clases con Javier.

Estás progresando mucho a su lado.

-Cuento con buen maestro.

Me dejaste sorprendida con lo de la pulsera.

-Es que Javier me ha enseñado que lo importante no es la habilidad,

sino saber despertar sentidos que antes tenía abotargados.

Por ejemplo, el tacto,

el olfato, el oído.

Ahora siento tu ansiedad,

noto tu pulso acelerado

y escucho tu respiración.

-Veo que no se te escapa nada.

-Ese juicio te intranquiliza.

-Más de lo que yo quisiera.

-Me siento una estúpida por ello. -No.

Es normal que te turbe.

-Trato de mantener sereno mi espíritu,

pero ese hombre es un peligro para mí.

-No te apures.

Verás cómo terminan encerrándole y tirando la llave.

-No espero otra cosa.

-Confía en la justicia

y no le des más importancia.

-Es la hora, señora.

-Debo marcharme al tribunal.

-Espera, dame cinco minutos. Te acompaño.

-No, de ninguna de las maneras.

Con Felipe es suficiente. -Lo sé,

pero quiero estar contigo. -Créeme, Arturo,

es mejor que te quedes en casa. No quiero exponerte a Blasco.

Serás su nuevo objetivo. -Yo no le tengo ningún miedo.

Con peores enemigos me he visto

en el campo de batalla. -Me consta,

pero es mejor que te quedes en casa.

Todo se solucionará de manera rápida y satisfactoria.

Quédate tranquilo.

La situación empeora. Tenemos que sacar a Moisés de allí.

-La visita de Samuel te ha sacado de quicio.

-No es para menos.

Debiste ver cómo se comportó. Su cinismo, su falsa alegría...

Me puso los pelos de punta. -¿Hasta dónde llega su inquina?

-No lo sé,

pero insistía una y otra vez

en que debíamos confirmar el bautismo de Moisés.

-Sin duda, está tramando algo para ese momento.

-Tenemos que adelantarnos a él.

Alejemos a nuestro hijo de ese monstruo.

-No dejaremos que nos lo arrebaten. -Sosiega.

Eso no va a ocurrir.

-¿Y si aprovechamos ese momento

para nuestro beneficio?

-¿En qué está pensando?

-Ustedes podrían ir con el niño a la iglesia,

y con la excusa de que lleva demasiado tiempo fuera,

mandarlo de regreso al hospital con Carmen,

que no sabrá nada del plan.

-No lo sé, ¿no sospechará Samuel? -No.

Porque ustedes acudirán con él a la celebración.

Y si intenta comunicarse con el hospital,

le dirán que el niño está allí. -Además,

fue Samuel quien propuso que Carmen cuidara al niño

durante la celebración. -No sabe que he vuelto.

Cuando esté más confiado, yo acudiré al hospital

y me llevaré a Moisés.

-Tendría que tener mucho cuidado con los enfermeros.

-No se apure por eso.

Sabré deshacerme de ellos.

-Yo no sé si es buena idea.

¿Y si le pasa algo al niño?

-No sufrirá ningún daño.

-Yo confío en usted.

-Ustedes lo único que tienen que hacer

es quedarse en casa hasta que termine la reunión.

Luego, recogerán sus pertenencias e irán a una pensión.

Pensión Torrelavega.

Allí estarán a salvo hasta que les lleve al niño.

-Me parece correcto todo lo que dice.

-Cuando Samuel se quiera dar cuenta de lo que ha ocurrido,

ustedes ya estarán a salvo y lejos de él.

-¿A ti qué te parece, Blanca?

-No sé.

Sí, supongo que es buena idea.

-Solo sé que si no actuamos rápido, mi hermano lo hará.

-Tenemos que hacer algo.

Sin duda.

-Iré preparándolo todo.

Ole tú.

Estás preciosa.

-No sé yo, Antoñito.

-¿Me acompañas? -A la fuerza ahorcan.

¿"Ande" vamos?

¿A coger un carruaje para que nos lleve a otra fiesta?

Mira, te aviso que si me vuelves a dejar sola en uno de esos salones,

yo me cojo el cesto de chufas y me vuelvo al barrio.

"Pa" que ni me miren, me quedo en el altillo,

que allí hay gente de bien.

¿Qué hacemos aquí "paraos"? -Te pido un poco de paciencia.

-Mejor harías pidiéndome dinero, que todavía ando más escasa.

-¿Serían tan amables los señores de acompañarme a su mesa?

-¿Y este paripé a qué viene? -Un poco de calma.

(Música)

Esta velada es solo para ti y para mí.

Ya va siendo hora de que te mime.

-Seré boba...

Yo que pensaba que me ibas a llevar a una fiesta finolis

de las que te gustan.

-A mí lo que más me gusta eres tú.

Nada vale más que tu presencia y tu sonrisa.

-Calla, tonto, que me estás poniendo "arrebolá".

-Hoy les puedo ofrecer langosta gratinada,

cordón blue o pato al "orange".

También tenemos sesos de cordero al ajo.

-¡Eso! Eso es lo que quiero yo.

-Marchando. "Tres bien".

-Menudo manjar.

Acompáñeme. -Date prisa.

Tengo mucha tarea. ¿Qué quieres? -Hablar contigo.

-Anda, déjame.

-¿No vas a escucharme ni un momento?

-¿Para qué?

No he sabido nada de ti desde que te colaste.

-Lo sé, pero te aseguro que no ha sido por mi gusto.

-Pues has de saber que don Samuel está bien alterado desde entonces.

¿Sabe que he vuelto? -No. ¿Por qué iba a hacerlo?

-Bien, muy bien.

-De bien nada.

Me tienes harta. Pensé que cuando volvieras,

las cosas serían distintas. -Confía en mí.

Lo serán. -No.

No hasta que me cuentes todo con claridad.

Ni siquiera sé en qué andas metido.

-Muy pronto podré aclarar tus dudas.

Si no te he contado nada, ha sido por tu seguridad.

-No trates de camelarme.

-No es esa mi intención.

Te digo la verdad.

Carmen, yo siempre he trabajado solo.

Nunca pensé que fuera a importarme tanto alguien.

Pero ahora todo ha cambiado y esa persona eres tú.

Me gustaría que nos viéramos mañana.

Pasar una tarde los dos juntos.

Tranquilos.

-¿Me estás pidiendo una cita?

-Eso mismo.

¿Aceptas?

-No sé si te lo mereces.

-Prometo hacer méritos a partir de ahora.

No me des un no por respuesta.

-Está bien. Mañana nos veremos.

-Entonces,

hasta mañana.

-La he visto hablando con ese hombre.

¿La estaba molestando? -No, lo más mínimo.

-Ajá. ¿De quién se trata? Del barrio no es.

-No creo que eso sea asunto suyo. -Oiga,

que yo le pregunto por un interés puramente profesional.

Es mi deber saber quién va

y quién viene aquí. -Buenas tardes.

-Qué poca conciencia ciudadana hay por estos lares.

(Música)

Cómo me alegro de que estés en casa. -Acabo de llegar del hospital.

¿Qué ocurre? -No aguantaba más en la chocolatería.

-Me barrunto que tu desazón viene por el Peña.

-Has dado en el clavo.

Me tiene a punto de explotar.

-Bueno, ya deberías saber que el Peña

es un poco especial. -Eso...

o que no me quiere como yo me figuro. Lo mismo solo soy un entretenimiento.

O que se está acercando a mí

como agradecimiento por sacarle de la cárcel.

-No creo que sean sus razones, Flora. -Yo no sé qué hacer.

Lo mismo me está tomando el pelo

como a una colegiala.

-Anda, siéntate.

Flora, los dos ya tenéis una edad.

¿No sería más fácil que te sinceres con él

y decirle cómo te sientes? -No me parece oportuno.

El hombre tiene que cortejar a su enamorada,

pedirle permiso para el noviazgo, y llegado el caso,

solicitar la mano a su familia.

-Eso era en la época de Mari Castaña. Ahora ha cambiado.

Si tú quieres que sea tu novio con todas las letras,

échale coraje y pídeselo tú.

-¿Cómo voy a hacerlo? ¿Quieres que me tome por una buscona?

-A ver, yo tampoco veo

qué tiene de malo. Si él necesita un empujón,

habrá que dárselo. -Por favor, Leonor,

es el hombre el que, si tiene interés, propone el cortejo.

-De verdad, hablas igual que mi madre.

-Es lo más razonable. -O lo más antiguo.

-Ay...

No vamos a llegar a ningún acuerdo.

De todas formas, gracias por escuchar mis cuitas.

-Flora...

-Con Dios.

-¿Qué tripa se le ha roto a esa zascandila?

-Que anda con males de amores. -Lo que nos faltaba,

tener que aguantar también a la hermanita.

Leonor, hoy me han sacado los colores

en la chocolatería.

-¿Porque se ha pasado comiendo churros?

-No.

Porque todas dan por sentado que Íñigo y tú sois novios.

-Pues no andan tan desencaminadas, madre.

Claro que somos novios. -¡No puede ser si yo no lo permito!

¡A día de hoy, nadie lo ha pedido!

-Ni creo que lo haga. -Entonces,

no puedo dar el visto bueno a una relación

entre vosotros. -Madre, ¿está hablando en serio?

¿Se cree que me puede tratar como a una niña?

-¡Por supuesto que hablo en serio! -Anda, muy desencaminada.

Voy a andar con quien me salga de las pestañas

y no pediré permiso. -¡Estoy hablando!

¡Un respeto! ¡Leonor!

Qué difícil es tener una hija moderna, de verdad.

-Coronel.

Se acerca el señor Liberto.

-Muy buenas tardes, don Arturo, ¿cómo se encuentra?

-Inquieto por Silvia. Aún no he recibido noticias.

-Tal vez el juicio se haya retrasado un poco, ¿no cree?

-Sí, es posible, pero ya no aguantaba más en casa.

Estoy perdiendo los nervios.

-Pues detrás de usted vienen doña Celia, doña Trini y don Ramón.

Tal vez sepan decirle algo. -Celia.

-Buenas. Buenas tardes.

-Buenas tardes. Disculpe,

¿ha recibido nota de su esposo? -No, en absoluto, ninguna.

¿Está preocupado por el juicio? -Me extraña que se prolongue tanto.

-Todo saldrá a pedir de boca.

Hoy, además de celebrar la despedida de soltera de Silvia,

celebraremos el final del maldito Blasco.

-Qué mala cabeza.

Acabo de recordar

que no hemos organizado nada para usted.

-Al menos, deberíamos reunirnos para una buena tertulia.

-No es necesario que se molesten.

-No es molestia reunirse con buenos amigos

para charlar un rato. -Buenas tardes.

-Buenas tardes. Quiero comentarle algo.

-¿En qué le puedo ayudar? -¿Se puede encargar

de preparar bebidas y unas viandas

para celebrar una reunión en honor del coronel?

-Por supuesto. Cuente con ello. -No es preciso.

-Sí que es preciso, don Arturo.

Además, ya está decidido.

Le haremos una despedida de soltero como se merece.

-¿A qué se debe esta reunión? ¿Les han echado a todos

de sus respectivas casas? -No. Nada de eso, amigo,

estamos organizando una fiesta previa a la boda del coronel.

-Entramos en una época de bonanza.

La recuperación de Moisés,

la boda... Todo son celebraciones.

-Ya veremos si las cosas no se tuercen.

-¿Y por qué habrían de hacerlo?

-¿Silvia?

¿Cómo ha ido el juicio?

-Divinamente, amor.

-Le han condenado a 30 años.

Nunca más volverá a pisar la calle.

-¡Qué alegría, por favor!

-Podemos respirar tranquilos.

-Si les parece bien, subamos a casa a brindar por ello.

-¡Perfecto, vamos!

-Amigo.

¿Debe hacer algún recado

o nos va a acompañar?

-Pues... será un placer acompañarles.

Mi amor,

anima el semblante.

Esto pronto habrá terminado.

-No sé si voy a poder aguantar tanto.

Cada vez me cuesta más tapar lo que siento.

-Todos tus males desaparecerán cuando tengas a Moisés en brazos.

Tranquilamente y sin miedos.

-El temor no me deja pensar más allá.

-Todo saldrá bien.

-Deja ya esa cantinela.

Sabes lo mismo que yo.

Cualquier cosa puede pasar.

-Tienes razón.

Nada sé de lo que pueda pasar.

-Disculpa.

Perdona, mi amor.

Me cuesta sujetar mis nervios.

Fui yo la que te alertó sobre Samuel, el que te metió prisa para actuar

y ahora me echo atrás asustada. -Es normal que estés así.

Moisés ya ha sufrido mucho

y ahora vuelve a estar en una situación de riesgo.

-Esa es mi principal cuita.

Por mucho que pretendamos tenerlo todo controlado,

surgirán imprevistos.

-No podemos hacer nada más.

-¿Y si nos estamos equivocando?

Diego, este podría ser el mayor error de nuestra vida.

-Mi amor,

a mí me rompe el alma verte así.

Sabes que tenemos otro camino.

-¿Serías capaz de hacer tal cosa?

-Ahora mismo solo me importa cuidar de mi familia.

-Haz lo que debas.

-No sufras. Tu conciencia tiene que estar tranquila.

No eres responsable, soy yo quien tomó la decisión.

-(ESTORNUDA)

-Todo saldrá bien.

Voy a hacer justicia.

Volveré pronto.

¿Don Javier? -Sí, estoy aquí.

-Disculpe el retraso.

Hemos recibido una buena noticia

y estábamos en casa de los Álvarez Hermoso celebrándolo.

Silvia me ha recordado nuestra cita. -No se turbe por eso,

hay más cosas importantes que los ejercicios.

-Ya lo creo.

Pero la obligación ha de estar por delante.

Sentémonos.

-Por esta vez, le voy a disculpar.

¿De tanta enjundia ha sido la noticia?

-Ya lo creo.

El acusado en el juicio de Silvia va a ser condenado a perpetuidad.

-Entiendo su alegría. Por fin han dado carpetazo a eso.

-Por eso quiero seguir mis clases.

Me hace mucho bien y no quiero perder ni un solo día.

Es un gran profesor. -Gracias por el cumplido.

-Buenas noches, señor. -Buenas noches.

Aquí le dejo el colirio. Recuerde que ha de ponerse las gotas.

-Gracias, Agustina,

puede retirarse. -Si me lo permite,

me voy a bajar a La Deliciosa.

Parece ser que se ha armado un buen lío con Antoñito.

-Puede salir. Las clases nos llevarán tiempo.

Recontra,

parece que Antoñito

va a terminar siendo el personaje más ilustre del barrio.

¡Por favor,

no se amontonen! Todos van a poder ver al inventor.

-Y como en todos los grandes inventos que han conmocionado a la humanidad

desde que se fabricó la primera rueda,

hay un segundo de inspiración, pero muchos meses de trabajo.

Poner en marcha mi limpialunas mecánico

no fue tarea baladí.

Son necesarios no solo conocimientos de ingeniería y mecánica...

-¿Desea la señora algo? -De señora, "na".

Y sí, que te dejes de zarandajas y saques a esta gente de aquí.

-No sé de dónde han salido. Se han presentado de golpe.

-Las creaciones deben integrarse en la vida cotidiana

para mejorar nuestra calidad de vida.

Es en este contexto

donde yo sitúo el limpialunas mecánico.

Una máquina sencilla.

-Dejen paso a este señor, que es un periodista muy importante

de "El adelantado". -Como, de hecho,

ya ocurrió conmigo.

Una repentina tormenta. -Menudo guirigay hay aquí "montao".

¿De dónde han salido tanto plumilla, verbigracia, periodistas?

-No tengo ni idea,

pero me estoy viendo negro para mantener el orden.

Nuestro Antoñito está cogiendo una fama...

-Climatológicas.

Si eso no es contribuir a salvar vida, entonces,

¿qué es, señores?

Algunos dudaban de mí y otros me dieron la espalda,

pero yo sabía que la verdad estaba de mi lado.

Que por encima de la cerrazón, sacaría adelante mi invento.

Y así lo hice.

Sin miedo, con valentía y seguridad.

Empujado por la ilusión de aquello que solo existía en mi cabeza,

en mis sueños, en... -Arrea, Lolita.

¿Qué se siente al ser la "prometía" de un hombre tan célebre?

-No te chancees, Casilda.

Estoy hasta el moño.

-Perdón.

No te lo decía con esa intención, mujer.

Si sabes tú que yo también pasé lo mío cuando mi Martincico,

que en paz descanse,

probó las mieles del éxito como actor sicalíptico.

-¿Qué quieres que te diga? Esto era una cena romántica

y ahora hay más gente que en un entierro.

-¿Qué está pasando aquí?

-Nuestro inventor,

que está siendo aclamado por las masas.

-¿Adónde vamos a ir a parar? Ya se trata como a un héroe

a cualquier botarate. -La verdad es que fue servidor

el que puso en marcha el aparato.

Uno siempre ha tenido manos de oro para la mecánica

y no me fue difícil

dar el toque para que eso funcionara.

-Y aunque las manos me sangraban y las fuerzas empezaban a fallarme,

mi determinación era inquebrantable.

Y jamás di un paso para atrás. Ni siquiera para coger impulso.

-No lo soporto más, me voy al altillo.

-Pero, Lolita, ¿y esa cara?

-Y esta es la historia de superación

que me ha llevado a convertirme

en uno de los mayores inventores del mundo.

Y yo tengo oído que van a dar unos importantes premios en Suecia.

Y si la justicia existe,

no me extrañaría que me otorgaran alguno de ellos.

Pero, en fin, bebamos para celebrarlo.

¡Peña! ¡Peña, champán para todos!

Yo invito.

(Puerta cerrándose)

(Pasos)

Don Samuel.

Su hermano.

-¿Qué te trae por aquí a estas horas?

-Con toda la preocupación que hemos tenido con Moisés,

apenas nos ha dado tiempo para hablar.

¿Te importaría dejarnos?

-¿Puedo ofrecerte una bebida?

-Te lo agradezco.

-Tenemos que brindar por Moisés. Por el buen hacer de los médicos.

La naturaleza del niño

y la ciencia han demostrado ser más fuertes.

-Sí.

Me alegro de que ayer en ese juicio todo saliera bien.

-Así es, por fin se hizo justicia.

Es algo que no siempre ocurre.

-Suenas a que estás de muy buen humor.

-Estoy tranquila.

Saber que Blasco pasará tiempo en prisión me ha quitado un peso.

-A los dos. He dormido como un niño de leche

sabiendo que nunca volverá a molestarte.

-Bueno, nunca más es demasiado tratándose de él.

Pero, al menos, sí una larga temporada.

Anotaré en un calendario

el día en que salga de prisión porque regresará a por mí.

-Es cierto, ese hombre está obsesionado contigo.

-Y de una forma enfermiza.

¿Qué ocurre? -Es por el concurso de parejas.

Lo inventé para que el Peña

me invitara formalmente a ser su novia.

-Flora, ¿de verdad hiciste eso?

-Pues sí, sí, lo hice,

pero de nada me ha servido. No me pide ni la hora.

-Si no te lo ha pedido,

será porque no ve que para ti es importante.

-¿Tú crees? -Seguro.

Hay muchos hombres muy despistados.

-Pero ¿cómo puede ser?

Todos saben que cualquier chica quiere que su chico entre

con un ramo de flores y una caja de bombones

y le pida formalizar su noviazgo.

-¿Sabes qué te digo? El Peña me cae bien.

Creo que tú le has cogido ojeriza.

-¡¿Ojeriza?!

Lo decís porque no habéis visto lo que yo vi anoche.

-A ver, ¿y qué viste?

-Pues al Peña ese y a Antoñito

parloteando y bebiendo como en una taberna portuaria.

-Estarían divirtiéndose, tampoco es nada grave.

Divertirse, se divertían, y mucho. Yo vi una algarabía indecente.

-Seguro... -¿Antoñito no tenía ayer una velada?

-Pues o se la saltó para ponerse tibio con el Peña

o la velada se alargó sin Lolita, claro.

Las bebidas corrían de aquí para allá.

Antoñito no paraba de invitar a champán.

-"Rosina, cariño,"

¿Leonor no es mayorcita para hacer con su vida lo que crea?

-¿Tú estás de acuerdo con ella?

-No, solo digo que no es ninguna zagala.

La pobre ya ha probado los sinsabores de la viudedad.

-Señores.

-Ay... -Que don Íñigo ha "venío".

-Lamento presentarme sin avisar. -Pero ¿qué haces aquí?

-He venido a presentar mis respetos a tu familia

y a pedir, con educación, que me permitan cortejarte.

-"'To' iba requetebién"

hasta que aparecieron unos periodistas y admiradores.

-¿Y qué hacían esos ahí?

-Yo solo sé que empezaron a hacerle preguntas

y Antoñito empezó a contestarles y a pegar la hebra.

Y a contarles cómo y cuándo hizo el invento.

Estoy hasta la coronilla del limpialunas.

-¿Y luego qué?

-Y luego na. "Aburría perdía" me quedé.

Me faltó dormirme encima de la mesa.

-¿Y qué hiciste? -Pues irme.

-¿Te fuiste a dormir? -Frita me quedé en cuanto llegué.

¿Y sabe qué hizo él?

-¿Qué? -"Na". Ni se enteró que me había ido.

-"Tendrás a Moisés entre tus brazos".

Nadie te volverá a separar de él nunca más.

-¿Cómo se encuentra hoy el pequeño Moisés?

-Tiene buena cara.

-¿Y vosotros? ¿Listos para el bautizo?

-El doctor nos ha dado permiso

para que le saquemos del hospital un par de horas.

-Y luego, Carmen le traerá. -Es estupendo.

Sin embargo, creo que un enfermero debería ir con ellos.

Debemos asegurarnos de que el niño esté atendido.

-No creo que sea necesario.

-"¿Mañana?".

Supongo que no hago nada. ¿Por?

-Perfecto. Y vosotras, ¿tenéis algún compromiso?

-Pues no. -No.

-Bueno,

pues reservarlo para mí. Mañana organizo una fiesta en casa.

-¿Una fiesta? ¿A santo de qué? -Ya lo veréis, es sorpresa.

-Ah, por favor,

no comentéis nada con mi familia.

Nada de la fiesta. Será una sorpresa para ellos.

-Sí que estás misteriosa. -"No sabía que era usted"

el famoso abogado Álvarez Hermoso. He oído hablar de usted.

-Espero que bien.

-Todo el mundo coincide en que es usted

el mejor abogado. -Bueno, la gente exagera.

-Y, dígame, ¿vive en este edificio? -Sí, en el tercero izquierda.

Son ustedes una comunidad muy bien avenida.

-Gracias. -Señores, vamos a brindar.

Por don Arturo.

Para que desde hoy, su vida esté llena de felicidad.

(TODOS) ¡Por don Arturo!

-Y por su maravillosa y encantadora futura esposa,

doña Silvia Reyes. (TODOS) Por Silvia Reyes.

-"Buenas noches".

Don Samuel, ¿cómo ha entrado? -Lolita me dejó pasar.

¿Las molesto? -No, no, en absoluto.

Supongo que vendrá a buscar a Felipe, pero no está.

-Lo cierto, doña Celia, es que venía a ver a su prima.

-¿A mí?

-Así es.

Quería agradecerle la ayuda prestada

con el bautizo de mi sobrino. -"Fabiana ha sido muy amable"

ofreciéndonos el altillo para estar a solas.

¿Y... dónde vas ahora?

Seguro que esta vez tampoco me lo vas a contar.

-Esta vez volveré pronto.

-No hagas eso.

-¿El qué?

-Necesito que vayas más despacio.

-Me temo que eso no va a ser posible.

-"Muy bien, don Arturo, hace auténticos progresos".

-Ya.

-¿Se encuentra usted bien?

Le encuentro algo menos enérgico últimamente.

-Lo cierto es que me había ilusionado con algo, pero ha sido una quimera.

-¿A qué se refiere?

-Creí que empezaba a ver mejor, pero estaba equivocado.

Solo fueron imaginaciones mías.

-Bueno, tal vez necesite algo más de tiempo.

-La medicación ha dejado de funcionar.

Está todo preparado.

Debemos de seguir los planes como están previstos.

No tengas miedo.

Carmen.

Por favor.

-Cuídelo bien. -Descuide, señora.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 813

Acacias 38 - Capítulo 813

26 jul 2018

Leonor anima a Flora a que dé el primer paso con El Peña. Lolita recibe una nota con una cita de Antoñito, cree se arreglarán las cosas entre ellos. La cita romántica termina en una rueda de prensa del invento de Antoñito. Diego, Riera y Blanca organizan como van a llevarse a Moisés. Las dudas de Blanca hacen que Diego opte por otro camino. Felipe y Silvia llegan del juicio: Blasco ha sido condenado. Javier le da el cambiazo al colirio de Arturo y confirma que Silvia dormirá en casa de Celia antes de la boda.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 813" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 813"
Programas completos (856)
Clips

Los últimos 3.239 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Penélope

    Lolita debería tratar de " pulirse" un poco TOMANDO y no dando clases de GLAMOUR y VOCABULARIO, que empieCe ya, y Antoñito BAJARSE del pedestal al que se subió o será la propia Lolita que lo bajará de una buena trompada como la que le propinó el día que llegó de EEUU

    27 jul 2018
  2. Francisca Bonnin

    Tanto Cayetana como Úrsula, creo que van a reaparecer de un momento a otro, el final de Cayetana no esta muy claro. Hay mucho enrredo en todo el vecindario de Acacias, Lolita deberia de darle un susto a Antoñito diciendole que le deja.

    27 jul 2018
  3. mar50nip

    No por Dios, que no acabe hasta que castiguen a la bruja y a Samuel. Los más sinvergüenzas de la novela y a quien no le guste que no la mire

    26 jul 2018
  4. ssofia

    es hora que Lolita, empiese adar clases de glamur y bocabulario.Samuel,como la hermana Cayetana mala que mato asu hija y el asu sobrino,veneno

    26 jul 2018
  5. Carlos Galaburda

    Me puede decir alguien cuando acaba esta tragedia de telenovela? Que trama tan deficiente. Ni hablar de todo lo que hizo la bruja ahora la sigue Samuel. Que se Termine ya por favor.

    26 jul 2018