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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 810 - ver ahora
Transcripción completa

Blasco, su secuestrador,

está siendo defendido por Hermógenes.

Ha ganado juicios muy renombrados.

Es un hombre sin escrúpulos.

-Quiere decir que puede que saque a Blasco de la cárcel.

-Me temo que sí.

Es muy peligroso para usted. -Ya lo creo.

-"Está muy caliente".

Hay que bajarle la fiebre.

-¿Qué ha pasado?

-Se ha puesto a quejarse. Está muy caliente.

-Dios, Dios...

Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios, hijo, redentor del mundo,

ten piedad de nosotros.

Quiero que Elvira asista a la boda.

De todos los regalos posibles, es el que más ilusión le haría.

-No le quepa la menor duda.

-¿Me ayudará?

-Si viene Elvira, viene Simón. Me muero de ganas de verle.

Sí, le ayudaré.

-"¿Hay algo nuevo?".

-No. No, pero me temo que...

-¿Qué?

-No hay muchas esperanzas.

A mi sobrina le busca la muerte. -Vengo a pedirle un favor.

-¿Qué puedo hacer por usted? -En unos días,

vendrá un carpintero. ¿Podría atenderle?

-¿Un carpintero? ¿Para qué?

-Va a arreglar todas las ventanas del altillo.

-Verá,

es que los apaños se hablan con los propietarios, señorita.

Y ahora no creo que estén de cara para eso.

-Este arreglo lo pago yo de mi bolsillo.

-Me gustaría tocar tu rostro.

-Mi rostro... -Sí.

Creo que estoy olvidando tus rasgos.

Me gustaría palparlo milímetro a milímetro.

Esculpirlo en mi memoria.

-Claro.

-"Por cierto, me ha dicho Servando

que quieres pagar el arreglo de las ventanas en el altillo".

Esto es algo que tienen que asumir los propietarios.

-Y si ustedes no lo hacen, ¿está mal que yo les ayude?

Se congelan en invierno.

-¿Te has preguntado por qué lo haces?

¿Quieres desprenderte de esta asignación que tienes?

¿Cómo que no ha "regresao"?

-Pues eso.

Ramón estaba que trinaba y no me preguntes por qué.

No quise ni preguntarle.

Traía un humor que mejor no acercarse.

-Y Antoñito sin aparecer.

A mí me da que no va bien la cosa, ¿eh?

-O sí. -Ha "perdío", doña Trini,

lo noto en las tripas. -Ay, Lolita,

pero eso serán gases. Hija, no seas agorera.

Y si es así, tampoco pasa nada.

-Hombre, son "mu" malas noticias.

Estaba hecho un flan.

Y encima no sé cuántos días sin comer ni dormir.

-Hay cosas peores en la vida,

si no, que se lo digan a Diego y a Blanca.

Mírales, la criatura medio muriéndose.

Eso sí que es una desgracia.

-Eso es verdad.

No me lo tenga en cuenta, no he "caío".

-Voy a terminar de vestirme.

Que Susana nos ha convocado para que recemos por el crío.

Ya me cuentas.

-Que vaya bien.

Ay, que ya ha "regresao".

¿Qué? ¿Cómo ha ido?

Ah...

No te han "cogío".

-He llegado tres minutos tarde.

-¿Y por tres minutos te han "dao" puerta?

-Sí, porque son muy exigentes con el horario.

-¿No podían hacer una excepción? -No.

Publican los resultados en el periódico de mañana.

Tienen que cumplir a rajatabla el horario

para entrar en la hora del cierre.

-Pues lo siento mucho, Antoñito.

-Me ha fastidiado pero bien.

-Pues ahora que lo dices, tu padre no está contento contigo.

Te equivocarías y dejarías un informe que no era.

-Sí.

-No te equivocaste. Dejaste el que no era a sabiendas.

¿Cómo ibas a engañar a tu padre con tamaña trampa?

-Que no, sabía que no le iba a engañar,

pensaba que lo miraría más tarde.

-Pues lo miró al momento. -Ya.

Se habrá puesto hecho una hidra.

-Eso creo, sí.

-La he fastidiado

y por partida doble.

Es que soy una calamidad, Lolita.

Una auténtica calamidad. -Ay...

He dicho que me quedo.

-Blanca, tienes que descansar.

Tienes que dormir algo.

-¿Tú crees que podría dormir ahora?

-Al menos, darte un baño o cenar algo.

-No quiero darme un baño

y no quiero comer nada.

Quiero quedarme hasta que sepa cómo está mi hijo.

-Diego y yo te avisaremos en cuanto sepamos algo.

-Hacemos lo que tú quieras,

pero, entonces, yo me quedo contigo.

No pienso irme a ningún sitio.

-Gracias.

Gracias, mi amor.

Por entenderlo y por ayudarme.

-¿Qué tienes?

¿Qué te ocurre?

-Nada, ¿por?

-Tus gestos de rabia.

-No, no, es solo que... -¿Sí?

-¡Es rabia por todo lo que está sucediendo!

¡Moisés no debería estar así, no es justo!

-No tienes que ponerte así.

Todos lo estamos pasando muy mal. -Lo sé.

Lo sé y lo siento.

-¿Qué tienes, Samuel?

Soy tu hermano.

Conozco esa mirada.

Estás a punto de estallar.

A punto de contar algo que hace tiempo te arde por dentro.

Habla ya.

-Doctor.

¿Saben algo de mi niño?

-Me temo que no traigo buenas noticias.

-¿Qué ocurre, doctor?

-El niño no mejora.

Lo hemos intentado todo, pero tal vez sea hora

de llamar a un sacerdote.

No puede ser cierto.

Tiene que estar equivocado.

-Lo lamento,

pero la situación es crítica y deben hacerse a la idea.

-Hacernos a la idea dice.

¿De qué?

¿De que mi hijo va a morir?

-Tiene que hacer algo.

Nos ha dejado todo el día aguardando sin darnos ni una noticia.

¡Sin dejarnos verlo!

-Hemos tratado de encontrar una solución.

-¡Bueno, pues busque más!

No vamos a quedarnos de brazos cruzados esperando que llegue el fin.

-El doctor Guillén es un afamado médico.

Habrá hecho todo lo que está en su mano.

-Sí, así es.

Pero soy incapaz de salvar la vida de su hijo.

Por eso mismo

he decidido llamar a un reputado colega,

el doctor Esteve.

-¿Cómo dice?

-A partir de ahora, Esteve se encargará del niño.

Si alguien puede salvarlo es él.

No puedo apartar mi mente del pequeño Moisés.

Dios quiera protegerlo.

-Todos estamos angustiados por su suerte.

-Si hubieses visto lo acongojado que estaba don Samuel

cuando volvió del hospital...

Pasó la noche en vela.

Caminaba de un lado al otro como un poseído.

-Quizá no fuera la suerte de Moisés lo que le impedía conciliar el sueño.

-¿Cómo puedes decir tal cosa?

La simple idea

de que el niño pudiera morir ha afectado a mi señor.

-Carmen.

A veces las cosa no son lo que parecen.

No te fíes ni de tu sombra.

-Eres tú el que parece ocultarme algo.

¿Acaso tienes algo que decirme sobre don Samuel?

-De momento, nada más puedo.

Tan solo rogarte que tengas en consideración mis advertencias.

-¿Y de ti sí puedo fiarme?

Todavía no me has contado lo que te dijo ayer tarde Fabiana

cuando me pidió que os dejara.

-Sencillo.

Que cuidara de ti.

No quería vérmelas con ella.

-Pues más te vale hacerle caso, es de armas tomar.

-Ya pude apreciarlo.

Y también que te estima de veras.

-Lo sé.

Y el sentimiento es mutuo. Esa mujer es pan de Dios.

-Como pequeña muestra de que no voy a contradecirla

y de que pienso cuidarte más que a mi propia vida,

te he traído unos suizos de La Deliciosa.

Quizá desayunando algo dulce

recuperes tu hermosa sonrisa.

-Te lo agradezco.

Ni un vaso de agua he tomado esta mañana.

-No puedes seguir así.

Tienes que comer.

-Nada me entra desde que supe el estado de Moisés.

Ojalá pudiéramos hacer algo por ese inocente.

¿Y esa cara?

¿Acaso tú sí puedes?

¿Qué estás pensando?

-Aún no sé si nos conducirá a nada,

pero recuerda que esta tarde tengo una cita con unos informantes.

Quizá me confirmen un rumor sobre el doctor Guillén.

-¿Crees que esconde algo sucio?

-Hace días que lo sospecho. Su vida es demasiado perfecta.

Por el bien de Samuel,

espero averiguar la verdad sobre el galeno.

-Aunque tuvieras razón,

no podría estar detrás del mal del pequeño.

¿Quién iba a querer hacer sufrir a un niño?

Y menos, un médico.

Para amarla y respetarla todos los días de mi vida.

Esta vez sí he acertado con el dedo, ¿no?

-Así es. Y con la mujer.

-Ha puesto el anillo en el dedo anular sin duda una miaja.

-Gracias, Agustina, ha resultado ser una gran maestra.

-El mérito es todo de don Arturo.

-Por un lado, estoy ansioso porque llegue el día de nuestra boda.

Por otro, me gustaría tener más tiempo para prepararme.

-No necesitas preparación alguna.

Solo quiero que estés a mi lado en el altar.

-Pues eso no lo dudes ni un segundo.

-Les dejo a solas. Tengo faena en la cocina.

-Gracias, Agustina.

Esta mujer es una joya.

Con sus lecciones ha logrado devolverte la sonrisa.

-Tú eres la responsable de tal milagro.

Anoche, después de tocar tu rostro, volví a soñar contigo.

-Decías que no recordabas haber soñado

desde que perdiste la vista.

-Al refrescar tu cara, mi memoria volvió a hacerlo.

Y nunca había sido tan feliz durmiendo.

-¿Te sucede algo?

-Pensaba si con el tiempo iré olvidando el mundo que me rodea

y dejaré de soñar.

-No, Arturo, no permitiré que olvides mi rostro.

Y antes de que olvides esas imágenes, habrás recuperado la vista.

Y no lo digo solo por animarte,

pero hablas como si tu ceguera fuera a ser permanente.

-Sé que tengo que ser consciente

de que debo estar preparado para lo peor.

-Qué poco te ha durado la sonrisa.

Tal vez si me cuentas tu sueño,

esta vuelva a iluminar tu rostro. Dime, ¿qué es lo que soñaste?

-Que paseábamos juntos por la calle, pero no estábamos solos.

Apareció Elvira.

-Tu hija.

-A pesar del tiempo que ha pasado, no he olvidado su rostro.

Lo tengo grabado a fuego en mi mente.

Daría cualquier cosa por volver a verla,

al menos, escuchar su voz.

Sentirla a mi lado.

Tienes fortuna de que sepa lo afligido que estás

por no haber llegado a tiempo de presentar el invento,

de lo contrario, habría sido mucho más duro contigo.

-¿Más? No sé cómo. -Te lo aconsejo.

No me pongas a prueba. -Que no, padre.

Créame, lamento lo ocurrido. -Más lo vas a lamentar.

Pero ¿cómo se te ocurre dejarme un sobre con papeles de periódico?

-No fue a propósito, se me traspapeló alguna hoja.

-Se te traspapeló alguna hoja...

¿Pretendes que yo me crea eso?

Antes mentías mejor, hijo. -Que me caiga fulminado si miento.

-Mira, de eso me encargaré yo bien gustoso.

-Que fue una confusión.

Con las prisas del concurso, metí alguna hoja que no debía.

-Bien, ¿y dónde están esas hojas si se puede saber?

-No lo sé.

Las he buscado, pero no las encuentro.

-Vaya, qué pérdida más oportuna.

-A lo mejor me equivoqué y las entregué en el concurso

junto a mis planos.

-Espero que no fuera así porque había información

bastante confidencial sobre el negocio.

Pero qué tonterías estoy diciendo. No ha dicho ni una palabra cierta.

No te dio tiempo a hacer el informe.

-A ver, querido, cálmate, ¿eh?

Cálmate a ver si tenemos un disgusto. -No me extrañaría,

siempre pensé que me llevaría a la tumba.

Antoñito, hijo,

yo soy el primero que quiere que alcances tus sueños.

De hecho, ayer salí para decirte

que dejaras el informe para después, contraviniendo mis propias reglas,

con tal de apoyarte.

-Podrías haberte dado más prisa.

Nos habríamos ahorrado esto. -Así es.

Pero ¿sabes qué había hecho mi hijo?

Largarse con viento fresco dejándome un informe falso.

Y "pa" colmo de los males, ahora tiene que estar don Ramón

echándole la bronca en este momento.

-Es que el Antoñito ha "liao" una "mu" gorda, mujer.

-Parece una saeta de la pena que tiene.

Tantos sudores, "pa na". No le han dejado concursar.

-Y yo que lo lamento por él,

pero también por ti y por la "seña" Fabiana.

Le habéis aguantado todo este tiempo.

-No me creo que se tenga que comer el invento.

Si le hubieran dejado concursar, hubiera ganado lo del invento.

-¡Arrea!

Al parecer, todo el mundo habla del concurso.

-¿Y eso? -Los miembros del jurado

están en La Deliciosa. Les he oído hablar de los inventos,

pero no han citado al de Antoñito.

-Ya, es que a Antoñito no le han "dejao" participar.

-Pues eso se va a solucionar en un santiamén.

Esos del "jurao" van a saber lo que vale un peine cabrahiguense.

-Por amor de Dios, Lola, templa, mujer,

que eres más bruta que un "arao". -Me...

-(CASILDA SUSPIRA)

Ay, madre...

Se va a liar la de Dios es Cristo en la chocolatería.

Esos del "jurao" se van a arrepentir

de haberle "negao" participar al Antoñito.

-No me gustaría estar en sus pellejos.

-¡Pues vaya chufa de "jurao"!

-Ni a mí tampoco, no.

Fíjese.

Pero si cada vez se hacen más pequeñitos.

-Mientras nadie se lleve un mamporro, todo va bien.

-¡Sí, usted también!

Que sepan que lo tiene que presentar. Voy a subir y se lo voy a bajar.

Ye me he "quedao" a gusto.

-Ah... -Ya está.

Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Le agradezco que me haya acompañado en mis oraciones.

-Descuida, Carmen, es lo mínimo que podía hacer.

Ojalá sean escuchadas y Moisés salga del peligro.

-Así lo quiero creer.

Rezar por su vida es lo único que me aquieta

en estas horas de espera.

-La oración compartida es rápidamente escuchada.

Llámame para rezar cuando quieras.

Noto un cariño muy grande en ti por esa criatura, Carmen.

-No es para menos, señorita.

Yo perdí a mi familia.

Desde que llegué a Acacias,

la única persona que siempre me ha tratado con consideración

ha sido doña Blanca.

Estoy en deuda con ella.

Y eso que no siempre me he comportado con ella como debía.

-No te tendrá en cuenta esos errores pasados.

-Así lo creo.

Ha sido siempre un ángel.

Una víctima de su madre,

que no se merece ninguna de las desgracias que ha vivido.

Es una gran mujer.

-No lo dudo.

Ha sido capaz de enamorar a dos nobles hombres.

Diego y Samuel.

Entre tú y yo, Carmen, por mera curiosidad,

¿crees que Samuel aún la ama?

-¿Quién sabe lo que sucede en el corazón de los hombres?

No son como nosotras. Ellos...

lo guardan todo dentro.

Lo que sí puedo asegurarle es que...

don Samuel ha estado obsesionado con doña Blanca.

Él la salvó.

Y su matrimonio selló el amor de él

y el agradecimiento de ella.

-¿Solo agradecimiento?

¿Nunca amor?

-No.

El corazón de doña Blanca pertenece a don Diego.

Ya lo sabe.

-No debió ser sencillo para Samuel aceptarlo.

-No, claro que no.

Pero se sobrepuso a su propia debilidad

para convertirse en el mayor aliado de su hermano

y de la mujer que aún hoy es su esposa.

Algunos en Acacias le criticarán por ello,

creerán que es débil

por permitir la relación de su esposa con su hermano.

-Sí, Carmen.

No creo que todos comprendan su proceder.

-No.

Pero no les escuche, señorita,

porque hace falta tener

una enorme entereza moral y fortaleza

para hacer lo que hizo él.

-Carmen, ¿puedes...?

Lucía, no sabía que estaba usted en casa.

-Estaba rezando con Carmen por la salud de Moisés.

-Se lo agradezco

y le ruego que no le olvide. -No.

-Todos estamos sufriendo por su estado.

Ojalá los médicos se equivoquen y queden esperanzas para él.

Carmen, ¿puedes prepararme una tisana para la jaqueca?

Me está torturando.

-Ahora mismo, señor.

-Si me disculpa...

A ver...

¿A qué estás tú tan mal encarado?

-Estoy terminando el informe que me pidió mi padre.

-Vaya, pensé que tan solo habías traspapelado algunas hojas.

-Trini, no haga leña del árbol caído.

-Antoñito, te aseguro que yo lamento muchísimo lo que ha pasado.

Querías estar en todo y no has llegado a nada.

-Ya.

Por eso fingí mi cojera,

porque sabía que para hacer mi invento necesitaba tiempo,

pero usted fue con el cuento.

-No te ondula, ahora va a ser culpa mía.

Pues que sepas que fingir una enfermedad está muy mal.

Y entregar un informe falso, también.

-Sí, si tiene más razón que un santo.

Debería asumir mis errores.

Y aceptar que nunca cumpliré mis sueños.

A lo mejor era esto

a lo que se refería mi padre cuando decía: "Debes madurar".

En fin, ¿quién pudiera ser siempre joven?

-Ay, Antoñito, hijo, es lo que quisiéramos todos,

pero es prácticamente imposible.

Tienes que entender que todos tenemos responsabilidades.

Y tú también las tendrás. Te casarás con Lolita,

tendrás una casa y seguro que muchos hijos.

-Así que para obtener algunas cosas, debemos renunciar a otras.

-Así es la vida.

Ya me ves a mí.

¿Crees que a mí me apetecía

estar lejos de los míos y de Cabrahígo?

-Pues no.

Tuve que venir a la ciudad.

A labrarme un porvenir.

Y conocí a tu padre.

Ya ves... Tengo una familia maravillosa.

(Pasos)

-Ay...

Antoñito.

Ya está "to solucionao".

-¿Qué dices, Lolita?

-Que han admitido su proyecto.

-Mira, Lolita, no tengo el cuerpo para bromas.

-Mejor. No te lo puedo decir más en serio.

-Bueno, pero explícate bien.

-El "jurao" estaba desayunando en La Deliciosa.

Y les he puesto los puntos sobre las íes.

-Les habrá caído la del pulpo. -Sí.

Aún tienen que tener el susto en el cuerpo.

-¿Qué te han dicho? -Que han "entendío" su error

y han "admitío" tu proyecto.

-¿Todavía no han decidido el fallo?

-No, parece ser que aún se lo estaban pensando.

-¿Y yo cómo sé si gano o no?

-Si cogían tu proyecto, te llamaban a La Deliciosa.

-Más les vale hacerlo

si no quieren que vuelvas a por ellos.

-No te merezco.

-En eso estamos de acuerdo, Antoñito.

-Eh.

Vente a La Deliciosa, esperemos juntos la llamada.

-Tira. (RÍE)

-Otra vez con el informe sin hacer.

¡Antonio!

¿Te duele el cuello?

-No es nada.

Es una mala postura de haber pasado la noche en la silla del hospital.

¿Traes la ropa que te pedí? -Sí.

Pero no es necesario que volvamos, no podremos ver a Moisés.

Aprovecha para echarte y descansar un poco.

-¿Descansar?

Eso no podré hacerlo hasta que Moisés

esté fuera de peligro.

-Mi amor.

Te comprendo, yo siento lo mismo, pero temo que puedas enfermar.

-Es que no me puedo creer que sea verdad.

Que podamos perderlo.

-Ya.

Parece una pesadilla.

-Antes,...

cuando el sacerdote entró en la habitación,

me di cuenta...

de que ni siquiera sabemos si nuestro hijo está bautizado.

-Mi amor.

No te preocupes por eso.

Quizá Úrsula, tan religiosa como es,

a su extraña manera,

se haya ocupado de eso.

O tal vez las monjas del convento en el que estuvo.

-¿Y si no lo está?

¿Y si muere sin bautismo?

¿Te das cuenta de cuántas cosas nos hemos perdido

de la vida de nuestro hijo?

Y cuántas podemos perdernos si...

Si la enfermedad le vence.

Espero que Dios no lo permita.

Le ruego que me lleve a mí antes que a él.

-Mi amor.

No digas eso.

Debemos ser fuertes, Blanca.

No pierdas la esperanza.

Tal vez...

este médico que está al frente del caso...

sea la salvación para nuestro pequeño.

"Con sus últimos padecimientos, su camino de expiación ha concluido".

"Como ya te adelanté, tu padre no es el mismo".

-De eso no me cabe la menor duda.

"Querida Elvira:

Nada le haría más dichoso que vinieras a la boda".

"Te ruego que lo consideres".

"Os esperamos a ti y a Simón

con los brazos abiertos. Todo mi afecto, Silvia".

-Es una misiva preciosa.

-Esperemos que Elvira así lo crea. -El corazón de Elvira

se removerá con sus bellas palabras, no lo dude.

-¿Usted cree que Elvira y Simón asistirán a nuestra boda?

-Si pueden organizar el viaje...

-Les nombraría padrinos si supiera que van a asistir,

pero no puedo esperar su respuesta.

-¿Ha escrito la dirección exacta para que no se extravíe la carta?

-Así es, descuide.

Pues, entonces, solo nos queda esperar

y rezar para que la respuesta sea la correcta.

-Me marcho, siga con su labor.

Voy a llevar la carta a Correos.

-En un par de días tiene que volver para probarse el vestido.

Le tendré los arreglos.

-Así lo haré. Con Dios.

-Con Dios.

Silvia.

Precisamente iba a visitarla. -¿Sucede algo?

-Así es, tengo novedades.

He hablado con el fiscal de la causa contra Blasco.

Templa, Ramón, el muchacho lo hace sin mala intención.

-Descuida, Trini,

si más que rabioso, estoy desesperado.

Ya no sé qué hacer con él.

Le riño, le amonesto, pero él como si oyera llover.

-Bueno, Ramón, tampoco es eso, ¿eh? -¿Cómo que no?

Antoñito hace lo que le entra en gana.

Mira si no el informe... Encima de la mesa, sin terminar.

¿A los clientes de hoy habrá ido a visitarlos o se le habrá olvidado?

-Ya veo que no tengo que hacerme demasiadas ilusiones.

-Trini, te conozco, sabes algo. ¿Dónde está mi hijo?

-Ramón, por favor, qué tontuna, ¿qué voy a saber?

-Me tomáis por el pito del sereno.

Me da la sensación de que me estás engañando.

Trini, ¿tú crees que a mí me agrada

mostrarme siempre tan duro con él? Quiero ayudarle a cumplir sus sueños.

-Bueno, pues, entonces,

¿por qué no le liberas de sus responsabilidades?

-No puedo, Trini.

He estado ausente de su vida y debo ayudarle a reconducirse.

-Huy...

Pues con Antoñito eso no es tarea sencilla.

-Pero precisa.

Jamás imaginé que a mi edad

iba a seguir teniendo padeceres de padre.

Los hijos son un dolor de cabeza.

-Y no hay árnica que cure eso, ¿eh?

Mira, Ramón, vamos a hacer una cosa.

Tú ve a hacer tus recados, date un paseo, te vendrá bien.

Yo luego te veo.

Chist... Chist, chist.

Chist.

¿Y Antoñito? -Al lado del teléfono.

No se separa ni un segundo. Esperando que llame el jurado.

-Me temo que no ha sido así. -Nones.

Y una se tiene que marchar a faenar.

-Lolita.

Descuida, si llaman, le digo que te mande el "recao".

-Es que me temo que eso no va a suceder, doña Trini.

No han mirado el proyecto.

-Pero ¿qué estás diciendo ahora?

-Lolita, pero ¿no nos dijiste

que lo habían aceptado?

-Pues quizás.

Es que... me dejé llevar por el entusiasmo.

Y quería animarle una miaja.

-¿Una miaja?

Vamos a ver, ¿qué te dijeron? -Que se lo pensarían.

Pero no ha "sucedío".

-Estamos "apañaos", ¿eh?

Se va a creer con posibilidades. -De ilusión vive el hombre.

-Y de decepciones, muere.

Explíquese, se lo ruego, tengo el corazón en un puño.

-Puede estar tranquila. -Nada de esto me permite estarlo.

-He quedado muy aliviado de mi encuentro con el fiscal.

Me ha demostrado que no está dispuesto a que eluda su condena.

-¿Conoce usted al fiscal? ¿Su opinión?

-Inmejorable.

Me ha demostrado ser un profesional intachable.

-Esperemos que no se equivoque usted en su juicio.

-No lo hago, créame.

La suerte ha abandonado a Blasco.

Seguiré su caso de cerca.

Me aseguraré de que sigue encerrado. -Se lo agradezco.

Gracias, Felipe.

-Disculpe, Silvia.

Nada más lejos de mi intención que causarle más preocupaciones,

pero algo me inquieta.

-Dígame, ¿qué es?

-¿No cree que Blasco podría cobrarse su deuda

estando en la cárcel?

-No entiendo.

-Muy fácil. Contratando a un esbirro.

-No, eso no ocurrirá.

-Disculpe, pero ¿cómo está tan segura?

-Conozco a Blasco.

Si antes no se vengó de mí, ahora no lo hará.

Jamás dejaría en manos de un tercero la venganza que ansía.

-¿Tanto la odia?

-Así es, para mi fortuna.

Esa es su mayor debilidad.

Estoy convencida de que...

desea librarse de su condena, no porque aprecie su libertad,

sino para ir detrás de mí.

Por eso es importante que me mantenga al tanto.

Para prever sus movimientos. -Tranquila.

No le perderé la pista.

¡Esa ventana no está bien centrada! Un poquito más a la izquierda.

(RESOPLA)

No. No.

¡A esa izquierda no, a la otra izquierda!

¡Hay que clavar bien el marco! -¡Servando!

Deje que el carpintero haga bien su trabajo, hombre.

"Tie" que estar a punto de mandarle a freír espárragos.

-Así me agradece que esté al tanto.

Ese de carpintero y de ventanas no sabe nada.

-Seguro que más que usted.

-Y es normal el tiempo que está tardando.

Hombre... ¡Venga, por Dios!

Que son unas pocas ventanas, no la obra del escorial.

-Porque lo hace con mimo y con cariño

y no como usted, que es un chapuzas. -Así me agradece mis desvelos.

Muy bien, perfecto.

Pues muy bien.

Marcho.

Ya me llamará usted para que arregle el "desaguisao"

de su protegido. Anda que...

-Es como un niño chico. -Mire que le tengo aprecio, ¿eh?,

pero a veces me saca de quicio este hombre.

-¿Qué le ha "pasao" al Servando?

Se iba refunfuñando. -Ay, hija, mejor ni preguntes.

¿Y tú qué haces aquí a estas horas?

¿Ya estás evitando la faena?

-Nones, de eso "na". Me han "dao" la tarde libre.

Doña Rosina le está tan "agradecía" a don Liberto

por lo de la dichosa "portá",

que se lo quiere recompensar en especies.

Ustedes ya me entienden.

Pero el pobre don Liberto

no "tie" el cuerpo "pa" jolgorio.

Anda "apesadumbrao" con lo del chiquillo.

(Puerta)

-Disculpad.

Tan solo quería saber si ha venido el carpintero.

-Aquí lleva todo el día.

-Sí, y parece un hombre muy capaz.

Esperemos que también tenga paciencia para aguantar a Servando.

-Deje que le agradezcamos de nuevo

el haberse hecho cargo de todo, señorita.

Es usted más buena

que el arroz con leche. -No es nada.

-Sí lo es.

Llevamos años "acatarrás" por culpa de tantas corrientes.

-Y, por cierto, ¿"tie" usted novedades

sobre el pequeño Moisés?

-Nada.

Al parecer, sigue igual.

-Ay...

¿Cómo podrá nuestro Señor

permitir que un niño tan pequeño pueda perder la vida?

-No sería ni el primero ni el último, "seña" Agustina.

¿Cuántas criaturas mueren cuando apenas levantan un palmo?

Y aun en el vientre.

-Es el mayor castigo de los pobres.

Sobrevivir a sus hijos.

(LLORA)

Dos, tres, cuatro, cinco...

Ocho, nueve...

¿Qué?

¿Le sirvo algo de comer o le llega con sus uñas?

-Ay, Peña, que aquí no llama nadie.

-Ya lo veo, ya,

pero no van a hacerlo antes porque vele en el teléfono.

-Está muy claro que no he ganado el concurso.

He vuelto a fracasar.

-Le voy a poner una copa, usted necesita relajarse.

¿O prefiere un cafelito? -No, no, por favor,

ni me hables de expresos. Le estoy cogiendo un asco...

-¿Qué le pasa a Antoñito? Parece un alma en pena.

-Tenemos que hablar. -Te trae las escrituras.

-Y espero que todo te parezca correcto.

-Seguro que está perfecto.

Les estoy muy agradecido.

-¿Y si apeas ese tratamiento?

Que no se diga que entre los socios hay distingos.

-A mí me parece lo propio.

-Hecho.

Socio.

A más ver, señoras.

Lolita, hija, ¿adónde vas?

-A comprarle unos avíos a don Felipe. -Ah...

¿Y Antoñito? ¿En la chocolatería esperando a que le llamen?

-Pues ni idea, no me he "atrevío" ni a mirarle.

-Ah, pues no, "encerrao" no está.

-Qué vista tiene.

¿Lo ve desde aquí? -Viene por ahí.

Antoñito, hijo, ¿qué?

¿Te han "llamao"?

-Sí, sí, sí, me han llamado.

Y he ganado. Por eso tengo esta cara.

-Bueno, lo mismo están aún a tiempo de hacerlo.

-Iban a llamar por la tarde, a estas horas, ya imposible.

Tengo que asumir la verdad.

Que mi carrera de inventor se ha visto frustrada ya.

-No digas eso, que...

lo mismo el "jurao", en el último momento,

decidió no considerar el tuyo.

(TRINI CARRASPEA)

-Que no, que no, que no, no trates de animarme.

Además, ellos mismos te dijeron que evaluarían mi invento.

-Claro que sí.

O no.

-Sí o no.

Aclárate, no es tan difícil de responder.

Pues,

como puedes ver, la propiedad se divide

en tres partes: mi hermana, tú y yo.

-Se lo agradezco mucho, de verdad. -No tienes por qué.

-Es lo justo.

-Bueno, ¿qué? ¿Alguna novedad?

Flora, no te hagas la tonta, sabes bien a qué me refiero.

¿Ya se te ha declarado formalmente?

-Nanay.

Aunque ha estado a punto un par de veces.

-Jesús...

Le cuesta declararse. -No ha sido culpa suya.

Antoñito se ha pasado aquí toda la tarde esperando una llamadas.

No es plan de hacerlo con público.

-Ya no tenéis testigos.

-Sí, ha llegado el momento.

-Por Íñigo y por mí no os preocupéis,

ahora mismo os dejamos solos.

Vamos a volver al hospital. No quiero dejar sola a Blanca.

-¿Cómo está el niño?

-Mal.

Estamos esperando el fatal desenlace.

-Pobre Blanca... Dale un beso muy fuerte de mi parte.

-Íñigo.

¿Te falta mucho?

Tenemos que marcharnos. -Está casi solucionado.

Termina de revisarlo, y si te parece,

luego firmamos. -De acuerdo.

Así que ya somos socios.

-Ajá.

-Era de la mayor enjundia formalizar las cosas.

No es lo mismo ser socios de palabra que con escritura.

Hay que dejar las cosas claras entre las personas.

Y ante los demás.

Si tú lo dices... -Claro que sí.

Las relaciones deben estar establecidas

y formalizadas.

Que no haya duda de lo que hay

y de lo que deja de haber. -Ajá.

-¿Me sigues?

-No, la verdad es que no. ¿Para qué te voy a engañar?

-Voy a servir aquella mesa.

-Una de dos,

o este hombre es tonto o me está dando largas.

Estoy esperando a que me respondas.

-Yo mejor me voy a casa y os dejo solo.

-No, no, no, no. Usted se queda aquí.

Y juntos vamos a escuchar lo que tiene que decirnos Lolita.

¿Aceptaron o no aceptaron

mi invento? -Más o menos.

Vamos, que...

Que no lo dejaron "mu" claro.

Bueno, lo dejaron claro en silencio.

Con la mirada.

No sé...

-¿Me has mentido? -No.

No, no, no.

Todo es verdad de la buena.

No una verdad como las del Papa.

Ya me entiendes.

Está bien, te voy a decir lo que sucedió.

Pero prométeme que no te vas a enfadar conmigo.

-No estaría yo tan segura de eso. -¡Antoñito, hijo!

-Muy bien.

Ahora me trago el rapapolvo por el asunto del informe.

Que no, que viene de buen humor y acompañado.

-Mira lo que me ha dado Servando.

-Lo han entregado en el quiosco, señorito.

-Ya sabe que apenas sé juntar letras, pero he leído

algo sobre el concurso del señorito, sobre el invento del futuro.

-Han publicado la resolución del jurado.

¿No quieres saber lo que dice?

-Claro que quiere saberlo. Está muerto de miedo.

-"El primer premio

de la nueva edición del invento del futuro es para...".

-Ramón, déjate de ceremonias y dilo.

-"Antonio Palacios por su proyecto de limpialunas".

(GRITAN) -¡He ganado!

¡He ganado, no me lo creo!

-¡Pues anda que yo! -Enhorabuena.

Mañana sale usted "publicao"

en todas las revistas.

-Qué orgulloso estoy, hijo.

-¡Tres hurras por el señorito!

¡Hip, hip! (TODOS) ¡Hurra!

¡Hip, hip! (TODOS) ¡Hurra!

-¿Qué sucede? No monten escándalo.

-No sea sieso, ¿no ve que estamos de celebración?

-¡Aaah! -Contrólese, señorito.

-Sí, sí, sí,

o vamos todos para comisaría.

-¿Tú te das cuenta de lo que significa esto?

Que vamos a ser ricos y famosos.

Nos vamos a codear con la aristocracia del mundo entero.

-¿Tú crees? Con los aristócratas y "to".

-Oh, oh, oh.... (SERVANDO RÍE)

-Chico...

-¡A La Deliciosa! -Venga.

Ojalá la carta llegue a tiempo y Elvira pueda asistir.

-Qué gran idea ha tenido.

-El señor se pondría loco de alegría si pudiera reunirse con su hija.

-Chist... Baje la voz, no vaya a ser que se despierte

y estropeemos la sorpresa. -Me parece que no hay peligro.

Duerme como un bendito.

-Aprovecho su sueño para hacer unos recados.

-Vaya, yo estaré al tanto de atenderle cuando despierte.

-Con Dios.

-(RONCA)

-Descuide, soy yo.

Agustina.

Le he puesto encima una mantita.

Para que no coja frío.

Desperécese.

La tarde se escapa

y aún tenemos muchos ejercicios que hacer.

Arrea.

Parece que le ha molestado la luz.

¿La ha visto?

Dígame.

¿Nota algo?

¿Acaso puede ver?

Gracias por recibirme.

La nota que me envió parecía indicar que era urgente.

-Así es.

-¿Qué es tan importante como para apartarme de Blanca y Moisés

y tener que venir a casa?

-No podía contarle allí.

Tenía que ser a salvo de oídos indiscretos.

-Entonces no me haga esperar más.

-Riera. -¿Qué ha averiguado?

-Ya le dije que tenía intención de seguir investigando al doctor.

-Su empeño me pareció inútil. Comprobó que su vida es intachable.

-Tal y como sospechaba, no era así.

El buen doctor vende opiáceos que obtiene en el hospital.

-¿Está seguro?

-Sí.

He comprobado que trafica con ellos en el mercado negro.

-Nunca me lo hubiese imaginado de él.

Aun así, no prueba que esté actuando de mala fe con Moisés.

¿Por qué habría de hacerlo?

-Por el mismo motivo que mueve a tantos canallas: el parné.

Ha quedado probado que su moral es más que dudosa.

Es un hombre fácil de comprar.

-Me cuesta creer

que esté poniendo en peligro la vida de un niño por avaricia.

-Quizá no haya sido sobornado con monis, sino con silencio.

Alguien ha podido descubrir lo mismo que yo.

Y le está amenazando con sacarlo a la luz.

-Samuel.

Pero el doctor ha puesto la vida de Moisés en manos de otro doctor.

El doctor Guillén ya no puede hacerle daño.

Doctor, ¿dónde va con tanta prisa? -Ya no tenemos de qué hablar.

-Yo no opino igual.

¿Cómo se atreve a dejar a Moisés en manos de otro médico?

No debemos correr tal riesgo. -A mí eso ya no me importa.

-Debería. Si el niño muere,

habrá una autopsia y se descubrirá lo que ha sucedido en realidad.

-En tal caso, responderemos de nuestros actos.

-Ha perdido el oremus. -Al contrario.

Nunca he estado más cuerdo. He cometido errores muy graves,

pero se terminó.

Pagaré por ellos y la justicia caerá sobre mí.

Y le aconsejo

que usted también se prepare para ser juzgado.

-Se lo advierto, no permitiré que esto quede así.

-Nada puede hacer por evitarlo.

-De nuevo, se equivoca.

¿Dónde va usted tan solito, caballero?

Si he llegado antes,

no ha sido con ánimo de darte una sorpresa.

-Pues lo has conseguido. Muy grata, eso sí.

No sé si es por las ganas que tenía de verte,

pero la travesía se me ha hecho mucho más corta.

En pocas horas, he podido coger un tren nocturno.

-¿Ganas de verme?

Tú no sabes lo que son verdaderas ganas.

Ansia.

Apetito. Todo lo que he sentido por ti.

Damas y caballeros, no voy a decir que mi invento

fue una revelación,

porque tras el limpialunas se esconde mucho trabajo y tesón.

Puse todo mi cerebro al servicio de una idea.

Tengo testigos.

Pueden confirmar lo vertiginoso que fue el proceso

hasta alcanzar el diseño.

Porque, señores, las ideas hay que ponerlas en papel,

en planos...

Pero yo no estoy aquí solo para hablar de mi invento.

Quiero hablar de futuro.

Que mi limpialunas es un prodigio, sí,

pero es solo uno de tantos inventos

que ya bullen en mi mente. -¿Más? ¿"Cuálos"?

Perdonen, señores, aquí son ustedes los que curiosean.

Una no es nadie. -No.

Te equivocas, sí que es alguien. Es mi prometida.

Y siempre ha estado apoyándome.

El doctor tiene que reconocerte.

-Estoy seguro que urgente no es.

En el caso de que hubiera reaccionado a la luz,

no ha pasado nada más.

Sea lo que sea, será lento.

-Bueno, quizá, pero el doctor tiene que saberlo.

Lentos o rápidos, esos procesos empiezan por algo.

Por mucho o por poco. -Entiendo tu ansia,

pero no alborotemos. -Qué manía

con no llamar la atención.

-Nada de albortos, pero mañana iremos a ver al doctor.

Él nos dirá cuánto esperar.

-"El sacerdote me ha dicho que volvamos a la parroquia"

a ratificar el bautismo de Moisés cuando esté fuera de peligro.

Que los bautizos de necesidad lo requieren.

-Esa ratificación quizá no se retrase tanto.

El doctor Esteve confía en que Moisés se recuperará.

¿Verdad que sí, Moisés?

¿Verdad que te pondrás pronto bueno?

-Ojalá tuviéramos la certeza.

Yo lo único que quiero es volver a casa con mi hijo sano.

Y poder bautizarle en la parroquia de Acacias.

Don Arturo Valverde, coronel en la reserva.

Arturo, don Javier Abascal.

Profesor recomendado por el Centro Instructivo y Protector de Ciegos.

-Es un honor conocerle. -Mucho gusto, profesor.

Llevo mucho tiempo trabajando en ese centro protector.

-Claro que sí, Arturo. Ya te he dicho que el profesor

tiene acreditada experiencia en adiestramiento de invidentes.

-Permítame.

Entiendo las dudas y reparos de don Arturo.

No es fácil, y menos en su situación,

ponerse en manos de un desconocido. -Celebro que comprenda mis temores.

-¿Temores? Prudencia. Prudencia y lógica.

Solo un necio aceptaría que su calidad de vida

dependiera de otro.

"¿Te he dicho ya esta mañana"

que eres lo más bello que ha dados España y todas las tierras?

-¿Es eso todo lo que tienes que decirme?

Pero ¿tú te has vuelto loco?

-¿No era lo que esperabas?

-Vamos a ver, alma cándida.

¿Crees que con decirme bonita me voy a lanzar a tus brazos?

-Bonita, bella,

preciosa,

mi alma...

-No es lo que quiero oír de ti. -Bueno, pues ahora seguimos.

Tengo que atender la terraza.

Pero mi vocabulario no da para más. -"Tengo que decirle algo".

-Blasco.

-He hablado con el fiscal.

Quiere que comparezca en el juicio oral.

Considera imprescindible su testimonio.

-Silvia, no tienes por qué hacerlo.

Encontrarán la forma de condenarle sin que tengas que verte

con ese canalla. -Es posible,

pero no es segura esa condena.

(Ruido)

¿Quién anda ahí?

Me has dado un susto de muerte. ¿Por qué no has avisado que venías?

-No ha habido tiempo.

Necesito echar un vistazo.

-¿A qué?

-Avíseme si viniera Samuel. -"¿Qué pasó con el otro doctor?".

Guillén se llamaba, ¿no?

-Prefirió inhibirse del caso.

Como ellos dicen.

-No sé si sabe que anoche le vi hablando con Samuel.

-¿Samuel?

Doctor Guillén.

En el hospital hacen cábalas

sobre su ausencia.

-¿Quién es usted?

-Alguien a quien le conviene tratar con cortesía.

-Soy una persona cercana

a los padres de Moisés.

¿Se acuerda de él?

Pues, bien, sus atribulados padres sospechan

que ha habido algo extraño en su enfermedad.

¿Coincide usted?

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Acacias 38 - Capítulo 810

23 jul 2018

Guillén decide dejar en manos de otro médico el caso de Moisés, dejando a Samuel en la estacada. Lolita se entera de que el jurado del concurso está en La Deliciosa y corre a pedir el favor para Antoñito. Llega la prensa con una notición publicado: Antoñito ha ganado el concurso.

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  1. Josefa Ruiz

    Esto de tantos malos y que los buenos sigan sufriendo las consecuencias de sus maldades ya cansa,no podrian los ideólogos de esta novela buscar algo mejor? Que llenar sus renglones con solo maldad? Hasta cuando........ya esta aburriendo,y como muchos dejare de ver Acacias 38 ,que sea mas interesante

    31 jul 2018
  2. María

    La chiquita esta (Lucía creo que se llama) que está enamoriscada de Samuel se volverá mala porque ahora que Úrsula no está tiene que haber más de un malo. Como si lo viera...

    30 jul 2018