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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 808 - ver ahora
Transcripción completa

Moisés debe permanecer en reposo,

por eso te he pedido que no lo cogieras en brazos.

Blanca, es mi sobrino,

quiero lo mejor para él. -"No deberías estar sirviendo".

Esto es tuyo. -Mala memoria tienes,

princesa.

Ahora es vuestro. -No, no es justo.

-Lo que eso justo

es que todo haya salido bien.

-"Vi a Samuel discutir con el doctor".

-¿De qué? -No sé, no pude oírlo.

Pero me temo que le estén haciendo daño.

-"Que son celos,"

son solo celos, ¿no lo ves?

Está casada con un hombre que es más joven,

atractivo y que encima ahora tiene éxito.

Tiene miedo a que una de esas jovenzuelas termine arrebatándoselo.

-Pero si yo bebo los vientos por tu madre, Leonor.

Vas a marcharte.

-Pero ¿qué dices? -Lo entendería.

No soy el que tú conociste.

-Eres el mismo de siempre.

Hemos llegado juntos hasta aquí y no nos vamos a separar nunca.

Ni lo pienses. -"¿Tenemos que seguir fingiendo"

que está enfermo?

-Mi amor, no sabemos de cierto que no está enfermo.

Samuel no debe pensar que intuimos

que le puede hacer daño. -"Ya ha sido pagado".

-¿Por quién? -Por el Peña.

Ha quedado en pagarme a medida que vaya cobrando.

-"El doctor Guillén"

tiene un acuerdo con Samuel.

-¿Ha sabido algo?

-Blanca les ha visto discutir esta mañana.

-Intentaré ver si hay algún punto débil en ese médico.

La carta que recibí estaba relacionada con el marqués.

-¿Y se puedes saber qué te decía?

-Que ha fallecido y que me deja una asignación mensual de 1000 pesetas.

-¿Mil pesetas al mes?

¡Está ardiendo!

¿Qué ocurre? -No lo sé,

pero tiene una fiebre altísima.

-¿Estás segura? -¿Lo notas?

-Arde como un ascua.

-¿Qué está ocurriendo aquí? -Está ardiendo

de fiebre. -¿Y pretendían

llevárselo?

-¿Qué le ocurre, doctor?

-Le ha vuelto a subir la fiebre.

Ya les advertí de las subidas y bajadas de temperatura.

-¿No puede hacer nada por él?

-Por supuesto que sí, estamos medicándole

para que mejore, estamos cuidándole lo mejor que sabemos.

-Yo pensaba

que estaba bien,

que no era necesario el hospital. -Ojalá fuera así,

pero su hijo está muy enfermo y necesita atención.

No sé cómo han podido ser tan inconscientes.

Sacarlo en estas condiciones es condenarlo a muerte.

-¡No!

-Cuanto antes nos entreguen a su hijo,

antes podremos atenderle.

-Dale a Moisés, no podemos dejarlo

con una fiebre tan alta.

-Avise para que preparen inmediatamente una bañera con hielo.

Tenemos que bajarle la temperatura como sea.

-¿Estará en buenas manos?

-No lo sé, no podemos hacer otra cosa

que confiar en el doctor y en la ciencia.

(Sintonía de "Acacias 38")

Yo no vuelvo hasta que no la encontremos.

-¿Seguro que no estará con el Antoñito?

-Ella no estaría sola nunca con él de noche

ni aunque le dieran con un palo.

-Pero, a lo mejor, tras la discusión por el cachivache,

tiene menos remilgos por hacer las paces.

-Mejor le iría si fuera así,

pero ya te digo yo que no, esa está sola por ahí penando,

como si la viera.

-Hala, señora Fabiana, pues mírela.

-¡Ay, alabado sea Dios!

Que no son horas de andar sola por la noche.

-Para chasco que no.

Ya estaba pensando que habías dado la virtud y por eso trasnochabas.

-Casilda, no digas chaladuras.

¿Y tú le has contado la verdad a tu novio?

-Pues lo he inventado, pero no he podido.

Cuando me he echado a hablar, se ha marchado.

-Eso es que está bravo. -Qué va.

Está sin ganas de nada.

Ni de arreglar el invento ni de estar conmigo ni nada.

-Ya se le pasará.

-¿Y si no se le pasa?

-Huy, huy, a ver qué pasa aquí.

Ay, mi niña, hay que levantar la frente, hija,

hay que levantar la frente.

-Pues sí, que nuestra Lolita ha nacido para luchar

y no para llorar por las esquinas.

-¡Si es que soy más torpe que el tío Amancio!

-A ver, ¿quién era, uno del pueblo?

-Pues sí, que vio una piedra bajo la iglesia,

la fue a coger y se le vino la iglesia encima.

-¡Arrea, pues ya es mala suerte!

Coger "en" precisamente esa piedra. ¿Y se mató?

-No, se rompió unos huesos, pero no se mató.

-Pues mira, no escapó mal del todo.

De todo hay que sacar la enseñanza.

-Y la enseñanza de esto es que os vais a olvidar del cachivache,

vais a hacer las paces

y tu novio te va a sacar de paseo otra vez.

-Pero a él lo que le hace ilusión

es el lava lunas.

-Peor hubiera sido que se hubiera presentado al concurso

y lo hubiera perdido. -Eso es verdad.

-Claro.

-Así que, hale, mujer, a olvidarse del cachivache, a hacer las paces.

-No es eso, Casilda.

Es que no me he atrevido a decirle la verdad

y eso no está bien. -Ahí

sí tienes razón, mira que te lo he dicho veces.

-Voy a decirle que fui yo.

-Que no, Lola, a ver si va a ser peor, mujer.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

-Que no, que ya está bien de miedos.

Y que si me quiere,

me va a perdonar. -O no.

-Voy a buscarlo. -¡Ay!

¿Cómo va a terminar esto?

-Un solo golpe no derriba un roble,

Casilda.

Si se aman tanto como dicen,...

nada ha de pasar.

-Dios la oiga. ¿Nos vamos?

-Vamos.

Ay...

Voy a cambiarme los zapatos, me hacen muchísimo daño.

-Un momento. El señor la espera en el salón.

Ya se cambiará luego los zapatos.

-¿Ha pasado algo? -Nada, pero no le haga esperar.

-¿Celebramos algo?

-Celebro cada día

que estés conmigo.

Te habría preparado yo solo esta sorpresa,

pero no sabía dónde poner las cosas.

He tenido la ayuda de Agustina. -Gracias, Agustina.

-Más feliz que me hace verles así de bien.

Les dejó solos mientras termino de preparar la cena. Coronel,

la copa.

-Es verdad.

Silvia, espero ser capaz de hacerte feliz.

-A mí me hace feliz que quieras hacerme feliz.

-Vaya trabalenguas.

Quiero pedirte que me ayudes a una cosa.

-Lo que quieras.

-Igual que aprendí a moverme por la casa sin tropezar,

quiero aprender a ir a la iglesia

sin ayuda de nadie. -Mañana mismo empezamos.

Pero eso es nuevo, tú no eres muy de rezos.

-En realidad solo quiero ir un día.

-A ver. Explícame eso.

-El día de nuestra boda.

No podemos permitir que la ceguera dicte nuestras vidas.

-No.

¿Te falta mucho?

-No, ya acabo.

Oye...

¿Te apetece que demos un paseo antes de ir a casa?

-Pues no hay nada que me apetezca más,

es el mejor momento del día.

-¡Ay!... Cada mes es mejor que el anterior.

Ahora pienso la cantidad de dinero que dejamos de ganar al principio

por ignorancia y es que me dan ganas de arrancarme los pelos.

-Estoy muy orgullosa de ti.

Y de tu hermana también, de los dos.

Sois los mejores chocolateros de España.

-Listo, terraza vacía.

-¿Cansado?

-He perdido la costumbre de ir y venir con la bandeja.

-Pues a descansar. -Pero hay que limpiar.

-No, no, no, eso lo dejamos para mañana.

Llegamos media hora antes y lo limpiamos todo. Cierro yo.

-Pues de acuerdo, aquí estaré.

Buenas noches.

-Buenas noches.

-Ah, ¿la señorita Flora se ha ido ya?

-Ha ido a hablar con don Felipe, ¿le digo algo?

-Que se despida de ella de mi parte.

Buenas noches.

-¿No te cuesta tenerla aquí como empleado?

-Leonor, no le voy a dejar tirado.

Por muchos problemas que nos haya dado,

yo ya lo tengo todo olvidado. -Pero no me refiero a eso.

Es todo lo contrario.

Que lo convirtáis en vuestro socio.

-Eso es una locura, el Peña nuestro socio.

Pero ¿tú estás perdiendo el sentido? -Sería lo justo.

No olvides que él os cedió La Deliciosa.

Y que salvó a Flora de la cárcel.

-Que no, es un hombre problemático. Además, la relación esa

que tiene con Flora... No.

-Oye, no te hacía yo tan egoísta.

El Peña es el dueño moral de este negocio y tú tendrías

que reconocerlo. Además, las cuentas te van muy bien,

pues qué menos que convertirlo en vuestro socio.

Antoñito,...

te tengo que confesar una cosa que me ha pasado.

-¿Y no puede esperar? Estoy revisando las notas.

-No, antes de nada, tienes que escucharme.

Yo soy la culpable de que este cacharro no se mueva.

-¿Cómo que tú eres la culpable?

-Pues eso, que se me cayó al suelo y se despanzurró,

y luego intenté arreglarlo, pero terminamos de desajustarlo.

Te juro que me muera ahora mismo

si miento

que fue sin mala intención.

-¿Y por qué no me habías dicho nada?

-Porque me daba miedo contártelo, no quería que te enfadaras.

Y pues fui escurriendo el bulto

hasta que ya no podía más, que es que me quemaban las entrañas.

-A eso normalmente se le llama conciencia.

Antoñito, yo estoy enamorada de ti hasta las trancas,

pero entiendo que, después de este desaguisado,

pues no quieras verme ni en pintura.

¿Tan enfado estás que no me vas a decir ni chus ni mus?

-Esto va a tener consecuencias.

-De verdad que fue sin mala intención.

Yo creo que el dejarme de ver un tiempo

es suficiente castigo.

¿O también quieres romper el compromiso?

-No, no, no estoy pensando en eso.

Más bien pensaba

en...

darte las gracias y un beso enorme.

Porque tú eres la responsable de que mi invento

haya mejorado de firme.

-¿Cómo voy a hacer yo eso? -Sí, Lolita, gracias al golpe

me he dado cuenta de que mi limpia lunas puede mejorar.

-Pero ¿entonces funcionará?

-Sí, como un reloj suizo, el problema es que antes

la varilla era muy corta,

pero ahora oscilará de derecha a izquierda,

ampliando así la superficie de limpiado.

-¿Y eso es bueno? -Eso es buenísimo.

Estoy revisando los cálculos y me he dado cuenta del error,

es que eres

la mejor novia del mundo.

-Habérmelo dicho antes,

que he pasado las de Caín. -Tampoco iba a dejar

que te fueras de rositas, que lo he pasado mal.

¿Estás enfadada? -Pues sí.

Pero ya se me ha pasado.

Que yo lo que quiero

es seguir siendo novia de mi Antoñito.

-Y lo vamos a ser,

y más ahora, que, gracias a ti, voy a ganar el concurso.

-Oye, apártate una miaja, que estás apretando en demasía.

-Es que uno no es de piedra.

-Ya, bueno, pues sosiega que, hasta después de la vicaría,

pues no hay mucho más que hacer.

-Ya, ¿y cuánto queda?

Entonces el pequeño Moisés continúa en el hospital.

-Sí, el pobre no termina de recuperarse.

-Pobre, qué vida tan ajetreada está teniendo, ¿no?

-Él y sus padres.

-Y tanto, que, hasta que el pequeño no se mejore,

no se pueden marchar de la ciudad.

-Las calamidades se están cebando con ellos.

-¿Y Liberto va a hacerse esos retratos para la revista?

-Bueno, para mí es un tema tan baladí

que ni siquiera lo hemos comentado.

-Mi madre solo se ocupa de asuntos

de enjundia, ya lo sabe.

-Tres chocolates calientes

como si hubieran salido de una caldera

de Pedro Botero.

-Qué poco afortunado, yo del infierno no quiero nada.

-No seas tan estricta.

Flora bromeaba.

Se te ve de muy buen humor.

-Mis motivos tengo para no estar triste.

-Pues yo estaría preocupada teniendo un expresidiario.

¿Cuándo cometerá el Peña otro delito?

-El Peña no es ningún delincuente.

Y eso lo ha dicho un juez, que le ha declarado inocente.

-Eso solo demuestra que la justicia no siempre acierta.

-Buenos días, señoras. -Buenos días.

-Me he encontrado con la prometida del coronel y la he invitado.

-Unos chocolates para las señoras.

Y más churros.

-Doña Silvia tiene una muy buena noticia

que darnos.

-Bueno, al menos para mí lo es.

Esta ventana no se abre

y yo no puedo respirar. -Blanca...

Perder los nervios no nos ayudará.

-No puedo hacerlo, Diego.

Temo que mi hijo pueda fallecer.

Yo no podría soportarlo.

-Eso no va ocurrir, el médico sabe lo que hace.

-No sé qué pensar. A pesar de los baños fríos,

apenas ha estado un rato en toda la noche sin fiebre.

-Ya verás como esta vez sí que hacen efecto.

-Dios lo quiera.

Cada vez que se va yo creo que no lo voy a volver a ver con vida.

-Por favor te lo pido, quita esos pensamientos funestos

de tu cabeza, en nada nos ayudan.

-¿Qué tipo de madre soy?

¿Cómo no me di cuenta de que mi hijo estaba enfermo?

He estado a punto de llevármelo del hospital.

-Mi amor...

Pensábamos que esto era otro engaño de Samuel.

-Pero nos equivocamos.

Yo he estado a punto de llevar a mi hijo hacia una muerte segura.

-Por suerte

hemos tenido la oportunidad de enmendar nuestro error.

-Yo no sé qué pensar.

-Mi amor,...

Moisés... es un niño fuerte,

nació en un páramo y sobrevivió.

-Nada ha sido fácil para él.

-Es fuerte.

Es fuerte como el acero.

Ya verás como supera esta enfermedad que padece.

Sí.

-Deseo con todas mis fuerzas que sea verdad lo que dices.

-"Arturo salió muy bajo de ánimo"

del hospital.

-Si te dicen que te vas a quedar más ciego

que un gato de madera, no es plato de gusto para nadie.

-Es fuerte y ahora lo ha asimilado.

-Sería un chasco que, después de tantas batallas,

ahora se amilanara como un crío.

-Todo lo contrario, de hecho hemos decidido retomar la boda.

-¿Van a casarse pronto?

-En dos semanas.

-Qué gran noticia, la felicito.

-Ya era hora de que tuviéramos una buena noticia

por estos lares. -Hoy mismo

vuelvo a coser el vestido. Es la confección más interrumpida

de la historia.

-Menos mal que no te cobra por horas. Si no, no habría dinero

en todo el reino.

-Con el permiso de las señoras,

me gustaría preguntar por la salud del coronel.

-Mi prometido se recupera perfectamente en casa, gracias.

-Me alegra saber que caballero tan principal

sigue mejorando. Mis respetos.

-Se los daré.

-Estoy deseando verle de nuevo pasear por estas calles.

Con Dios, señoras.

-Con Dios. -Con Dios.

-Qué hombre, de verdad,

siempre preocupándose por todos

los vecinos.

-Demasiadas confianzas. No sé quién se ha creído que es

hablando con nosotras como un caballero.

-Desde luego, no sabe cuál es su sitio.

-A los buenos días. Espero que don Arturo esté bien.

No he podido preguntarle.

-Las cosas no han salido como esperábamos, pero vamos a seguir.

Le estaba comentando a las señoras

que vamos a celebrar la boda.

-Qué emoción, mi primera boda en el barrio.

Les deseo que sean la mar felices.

-Gracias. ¿Sabe si Celia regresará pronto?

Me gustaría que estuviera presente en el enlace.

-Llegará a tiempo.

-Lucía, siéntese.

Hay churros de sobra. -Tampoco tantos.

-Se lo agradezco, pero tengo recados.

Esta tarde bajaré a merendar con ustedes.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Adónde irá sola esta muchacha?

-Pero ¿qué le importa a usted?

No sea cotilla.

-¡No digas tonterías!

¡Hey!

-¿Qué haces tú por aquí a media mañana?

-Pues que me he escapado un ratito para darle algo a mi Antoñito.

-Me encanta.

Puedes darme todos los algos que quieras.

Me gusta verte tan animada.

Es que me siento muy bien, he dormido como un lirón.

Estoy bien tranquila tras anoche. -Sí, yo también

he descansado bien,

pero he madrugado para seguir con mi invento.

-Mira que eres listo, pero podías dejarlo para otro día,

que andas falto de sueño.

-No, ya descansaré más adelante, que tengo que terminar esto rápido.

Me queda solo un día para el concurso.

-Te lo vas a llevar de calle. -Eso espero, pero creo

que no me va a sobrar ni un minuto.

Antoñito, tú eres capaz de eso

y de lo que te propongas.

Qué contenta estoy.

Que ya me veía para vestir santos.

-Habrías encontrado otro novio mejor.

-Pues sí, seguro que sí, pero mejor que tú, no.

-(CARRASPEA)

Un poco de decoro, jovencitos,

esto es una casa decente.

-Perdone, don Ramón,

pero estoy más contenta que unas castañuelas.

-Ya lo veo y me alegro por ello.

Solo pido contención.

-Mire, padre, estoy trabajando en los nuevos cálculos para mi invento.

Voy a conseguir que sea más rápido.

Me he dado cuenta, gracias a Lolita, que algunos cálculos estaban mal,

pero ya los estoy arreglando. -Muy interesante.

-Puedo conseguir que las varillas sean

un 20 % más eficaces.

-Me alegro de que se te haya pasado el disgusto.

Pero vas a tener que aparcar el prototipo un tiempo

porque te he concertado un par de reuniones.

Han abierto dos cafés en el centro y tienes que visitar a los dueños

para contarles las excelencias de las máquinas exprés.

-Si no le parece mal, ya los visitaré

cuando me haya presentado al concurso.

-Pues claro que me parece mal, ya tienes las citas.

No podemos esperar una semana, la competencia

nos adelantará. -Nuestras cafeteras son las mejores.

Deme unos días. -No podemos correr ese riesgo.

Debes acudir cuanto antes.

-Habré trabajado para nada.

-Lo lamento, pero antes está la obligación

que la devoción, el trabajo es lo primero tal y como acordamos.

¿Estás más sosegada?

-Ya lo creo.

La fiebre ha bajado y descansa por fin.

-Tal vez sea una buena ocasión para que reposaras algo.

-No, no estoy cansada.

-Cualquiera lo diría después de la noche que hemos pasado.

-Te ruego que hagas un poder y descanses un rato.

Me quedo con el niño. -No podría, Diego, alejarme de él,

me crearía una ansiedad que no me permitiría reposar.

Estoy mejor aquí.

-Te comprendo.

Yo tampoco me atrevo a dejarle.

(Pasos)

¿Cómo está el pequeño? ¿Ha empeorado?

-No, no ha empeorado, pero la noche ha sido tremenda.

-El doctor Guillén me comentó que ayer intentasteis llevaros al niño.

-Así es.

Pero fue antes de que descubriésemos que el niño tiene tantísima fiebre.

-¿Cómo se os ocurrió tal locura?

-Samuel, creíamos que el médico estaba exagerando y que Moisés

no estaba tan mal.

-¿Qué os hizo pensar eso? -Nosotros le veíamos normal,

incluso contento,

pero es evidente que nos estábamos equivocando.

-No entiendo vuestra desconfianza, os conté

cómo estaba la criatura.

-Sí, y gracias a tu reacción tan rápida le has salvado la vida.

-Vosotros habríais hecho igual de haberos visto en el mismo brete.

-Pero fuiste tú quien reaccionó de forma tan precisa.

-Al fin y al cabo, es mi sobrino.

Quiero a este pequeño tanto como vosotros.

-No hay nada más triste que ver a un hijo

en esta situación.

-Se le ve tan tranquilo...

Ya veréis cómo se recupera.

Pues nada, no me queda otro remedio que guardar todo esto en un cajón.

-No te amostaces, Antoñito.

Vas a la reunión y luego continúas.

-Que no, ¿de qué me va a servir eso?

No me puedo presentar al concurso sin hacer los planos.

No me va a dar tiempo.

-Si yo te pudiera ayudar en algo,

pero dibujo peor que un burro con un pincel.

Pídeme lo que quieras. -¿Vas a ir a hablar con los dueños

de las cafeterías? -¿Y por qué no?

Con las veces que os he escuchado, me sé la lección al dedillo.

-Que no, que es una locura. -Que yo vendía las gallinas

mejor que un tratante de ganado.

Si yo me lo propongo, vendo un botijo a un aguador.

-La verdad es que eso me daría tiempo para terminar.

Qué demonios, de perdidos, al río. Padre, padre.

Quiero...

decirle algo.

¿Qué le parecería si Lolita me sustituyera en la reunión?

-Que yo me aprendo lo que haga falta.

A desparpajo no me gana nadie, don Ramón.

-No sería tan descabellado

porque yo me barrunto que tendría

más éxito que yo mismo.

-Es una broma, ¿no?

-No, no, así yo tendría tiempo para terminar.

Si no la creyera capaz,

no se lo hubiera dicho.

-Hijo de mis entretelas,

¿de verdad crees que Lolita es la persona más adecuada

para realizar esa labor comercial?

¿Crees que ella es la más adecuada

para encargarse de estos menesteres?

-Pero ¿por qué, porque es una criada?

-Pues claro. A ver qué empresa manda al servicio a cerrar un trato.

Avisaré al portero para que

le asesore en cuestiones financieras.

Venga, hijo, céntrate

y deja de decir tonterías.

-"Sobre todo tenga cuidado"

de no cortarse la punta de un dedo

en vez del extremo del cigarro.

-Descuide, no quiero quedarme mutilado además de ciego.

-Una cosa buena, ahora podrá fumar todo lo que le plazca.

-Aún me falta encenderlo sin prender las cortinas.

-Buenos días. -Buenos días.

-Veo que estás practicando.

-Sí, no pienso parar hasta valerme en casa sin problemas.

-Don Arturo ha aprendido a distinguir

al tacto todas las monedas.

Es el hombre con más tesón del mundo.

-Al menos, el más tozudo.

-Agustina, tráigame el saco,

quiero hacer una demostración a Silvia.

Has de saber que pone botones en las monedas para ver si me equivoco.

Esta es

de cinco pesetas.

Esta es más pequeña, así que ha de ser

de una peseta.

Y esta es de diez céntimos

sin duda.

-No es necesario continuar, lo has hecho muy bien.

-No, no, quiero que me traiga otra cosa.

Voy a seguir ejercitándome

Tengo que estar a punto. -Será mejor

que tengas paciencia, te va a costar adaptarte a tus limitaciones.

-¿Me estás llamando inútil? -No, pero necesitas un profesional

para que puedas avanzar.

-Pero ¿hay profesores para ciegos? -Por supuesto que sí.

-Nadie será tan diligente

y abnegado como Agustina.

-Yo haré todo lo que esté de mi mano, no se apure.

-Y no lo dudo, pero la idea también la digo por usted.

-No comprendo por qué. -Cuando Arturo pierda la paciencia,

que la perderá, usted va a ser la más perjudicada.

-Yo soy un hombre templado.

-Hasta que dejas de serlo, y es normal que desesperes.

-Eso no ha de preocuparla, ya he capeado ese temporal

otras veces.

Ha de ver como juntos seguimos practicando de firme.

-Diga que sí, Agustina, vamos a seguir.

Acérqueme los útiles de escritura, quiero cargar una pluma.

-Voy a la carrera.

(SILBA)

Buenos días.

Ay, todavía no me puedo creer que esté ya en la calle.

-Si no fuera por la faena, te comería a besos ahora mismo.

-Puedes hacerlo,

no creo que a la dueña le vaya a importar que te retrases.

-¿Qué te pasa?

Qué poco te ha durado tu ímpetu.

-Me alegro de haberos encontrado a los dos.

Lo que le tengo que decir al Peña quiero que lo escuches.

-¿Qué ocurre? ¿Ha pasado alguna desgracia?

-No, nada. -¿Y a qué viene tanta seriedad?

Pareces un notario.

Quiero que el Peña deje de trabajar aquí como camarero.

-Si es por la harina que he echado a perder, la pagaré de mi bolsillo.

-Menudo jefe tirano que estás hecho. Ha sido un error.

No puedes despedir a alguien por semejante menudencia.

-Pero ¿me podéis escuchar? Yo no he venido a despedir a nadie.

-¿No has dicho que ya no puede ser camarero?

-He estado meditando sobre la situación del Peña

y he pensado que no es razonable

el trato que recibe de nuestra parte.

-Yo no me he quejado.

-Considero que lo más justo

es que compartamos el negocio con él.

-¿Como socios?

-Sí, propongo que repartamos el negocio a partes iguales.

Un tercio para cada uno es lo más justo.

Y repartiremos ganancias y responsabilidades. ¿Qué te parece?

-¿Qué me va a parecer? Miel

sobre hojuelas. -Soy la mujer

más feliz del mundo.

(TARAREA)

¡Arrea!

Señorita, ¿qué necesita usted,

que tiene que venir por estos andurriales?

-Se ha empeñado

en conocer el altillo.

-Calla, descarada, deja que conteste ella.

-No la reprendas, que vengo a visitar sus habitaciones.

-Bueno, es que no es muy normal

que los señores se interesen de lo que pasa escaleras arriba.

-No yo, siempre me he sentido cómoda conversando con el servicio.

-Pues aquí se va a hartar.

Enseguida estamos pegando la hebra.

-Y tratarán de mejores cosas,

que los señores solo hablan de inversiones.

-Pues sea bienvenida entonces.

Este chamizo también en su casa.

-¿En qué estabais ocupadas?

-Pues mire, estábamos remendando unas mantas viejas.

-Aunque fuera temple, aquí hace frío de montañas.

-No es de extrañar, entran corrientes por todas partes.

-Como que ninguna de las ventanas cierra.

Mírelo usted misma.

-Cualquiera diría que está abierta.

-Ahora no importa tanto, pero en invierno por ahí entran

carámbanos de hielo. -Señorita, el tejado es tan viejo

que, cuando llueve, algunas tienen que dormir con palanganas en la cama

para que no se les moje el jergón.

-Pues sí que estáis viviendo en penosas condiciones.

-Si quiere, le contamos más cosas.

¿Quiere una achicoria? -Sí, gracias.

Me vendrá muy bien algo caliente.

-Muy bien, pues siéntese, que se la preparo en una miaja.

Dos pesetas.

Cincuenta céntimos.

Dos céntimos.

Y cinco pesetas.

¿Cómo lo he hecho?

-Fetén, no ha errado ni una.

Ya se le podía haber dado tan bien delante de doña Silvia.

Qué coraje me dio, parecía que no le estaba ayudando en nada.

-Usted no tiene la culpa.

Soy yo el que no atina ni la mitad de las veces.

¿Ha conseguido limpiar ya la tinta?

-Más o menos.

Muy angosto es este camino que estamos recorriendo.

-Por eso es mejor que doña Silvia no conozca nuestras penurias,

porque nosotros no vamos a rendirnos,

¿verdad, soldado?

(Llaman a la puerta)

-Don Ramón ha venido a visitarle. Buenas tardes.

-Me llegó un aviso de que quería usted verme.

-Sí me gustaría verle, pero me voy a conformar con escucharle.

Siéntese.

-¿Y en qué puedo ayudarle?

-Quería disculparme por lo impertinente que fui con usted.

-No se preocupe, todos tenemos un mal día.

-Acababa de enterarme de que no iba a recuperar la visión

y lo pagué con el primero que me encontré.

-Eso es agua pasada.

Sepa que tiene a todos los vecinos muy preocupados por usted.

-Se lo agradezco, su apoyo me infunde coraje

para la batalla que estoy librando. -Siempre he pensado

que redaños no le faltan. -No se engañe.

En algunos momentos estoy tentado,

pero me recompongo, acepto mi ceguera

e intento valerme por mí mismo.

-Eso no es una tarea baladí.

-Tengo a Agustina al borde del colapso.

Tal vez no sea mala idea eso que me propuso Silvia de contratar

a un profesor especializado.

-Sea lo que sea, me barrunto que usted saldrá adelante.

Yo puedo ayudarle a encontrar un especialista en esas lides.

-Gracias. Me siento muy afortunado por haberte encontrado en esta casa

tan buenos amigos. -Ya es uno de los nuestros.

Y más desde que va usted a celebrar su boda aquí.

Le felicito por ese importante paso.

-Gracias, y debemos brindar por ello.

Agustina. -"Siento no poder ofrecerle"

unas galletas, pero es que aquí para merendar

solo tenemos pan y está más duro que un ladrillo.

-Bastante es una bebida caliente

viviendo como vivís. -No se crea,

que, aunque no lo parezca, aquí estamos fetén.

-Nos ayudamos las unas a las otras

y vivimos en paz y compaña.

-Y lo más importante

es sentirnos útiles para nuestros señores.

Yo trabajo para doña Trini y don Ramón Palacios,

que son más que oro molido. -Qué le voy a decir yo que no sepa

de don Felipe y doña Celia. -O don Diego

y doña Blanca.

¡Ay, Dios! Esperemos que ese niño se recomponga.

Aquí, señorita,

no hay ninguno malo.

-Y el que había está encerrado, el endriago de la Úrsula.

-Da gusto ver los buenos deseos que tenéis

para vuestros patrones.

-Se me ha hecho tarde, os agradezco vuestra hospitalidad,

he disfrutado mucho de este rato.

-Ay, esta Lucía es más maja que las pesetas.

-Bueno, bueno,

ya veremos, ya veremos, que tanto interés por nosotros

es un poquillo raro.

-Ay, Fabiana,

siempre buscándole el pelo al huevo. Qué desconfiada.

-¿Y tú, ya te has confesado con tu prometido?

-Sí, que le tenía más miedo que a un morlaco,

pero dice que hasta la he ayudado a que su invento funcione mejor.

-No hay mal que por bien no venga.

-Lo que pasa que ahora está otra vez más liado que un saco de fideos.

-Es que andarse con los amores me parece a mí

que trae más quebraderos de cabeza que alegrías.

-Se equivoca de lado a lado, Fabiana.

¿Qué me dice de la Flora, lo contenta que está con el Peña?

¿Usted cree que esos dos andan ennoviados?

-Yo no creo nada, Lolita.

Anda, recoge esto y vete a la faena.

-A más ver.

Traiga más chocolates, que las raciones

son muy escasas. -No se preocupe,

que le traigo más que lo que se come una clase de párvulos.

-Yo no soy una glotona. -Ni mucho menos.

Lo que quiero es que se marche satisfecha.

-Perdonen, andaba enredada con un asunto.

-Tú no pases pena por eso, mi madre ha dado buena cuenta de tu ración.

-Igualito que allá arriba.

-¿Cómo dices?

-Aquí tienen

la segunda ración de chocolate que habían pedido.

-Muchas gracias. -Esta va bien servida.

-¿Qué, cómo te sientes? ¿Te vas acostumbrando a la libertad?

-Y tanto, a lo bueno

se hace uno en seguida.

Señoras.

-No entiendo cómo dan trabajo a este delincuente.

-Delincuente, no. Su inocencia ha sido demostrada y se lo merece.

-Mi hija, siempre igual, defensora de pleitos pobres.

-Señoras.

-A este hombre alguien le tendría que parar los pies.

¿A qué santo nos saluda?

-Un día de estos, se sienta a merendar con nosotras.

-Está en su derecho. Le convidan ustedes y todos tan contentos.

Y no creo que le falten los cuatros para eso.

No se alarmen, solo bromeaba.

-Tú no te tenses con ellas,

que en el fondo son más inocentes que un recién nacido.

-Carmen.

Un momento, por favor. ¿Qué se sabe del hijo de Blanca?

-Pues vengo del hospital y las noticias no son muy buenas.

Ha empeorado.

No hay forma humana de bajarle la fiebre.

-Pobre querubín. Gracias, Carmen.

-Con Dios.

-Lástima que a esta hora no haya misa

para pedir por el pobre niño.

-Podemos igualmente ir a la iglesia a rezar.

-¿Podemos acabarnos la merienda antes?

-No vamos a dejar todo esto aquí. Sería un pecado y de los gordos.

¿Usted cree que sus averiguaciones son completamente ciertas?

-No del todo.

Aparentemente, es un hombre de una moral intachable

y un profesional excelente.

-Pero hay algo que no le cuadra.

-Todos los testimonios son tan favorables a él

que me parecen sospechosos.

-¿Cree que debe seguir investigándole?

-Sí,

si a usted no le parece mal.

-Haga lo que considere más oportuno, Riera,

yo creo que nos estamos equivocando.

-Hasta ayer pensaba de otra forma.

-Así es. Estaba seguro

de que estaban confabulados para retener aquí a Moisés.

Pero me he dado cuenta de que no es así.

-¿Confían entonces en el médico?

-No tenemos otra opción.

Moisés está entre la vida y la muerte

y el doctor Guillén es el único que nos da alguna esperanza.

Arrea, don Liberto, está usted hecho un pincel.

Vamos, ni un marqués luciría tan fetén.

-Has hecho un gran trabajo con el traje, Casilda,

no tiene ni una arruga.

-Fíjese usted se me han quedado los dedos como morcillas

de quemarme con la plancha. -Vaya,

pues ya lo siento, pero te ha quedado impecable.

-Se van a caer de culo las criadas en el mercado

cuando lo vean salir así en la revista.

-No será para tanto. -Para chasco que sí.

Si está usted más bonito que un san Luis,

aunque yo le digo una cosa,

a quien creo que no le va a hacer tanta gracia es a doña Rosina.

-De eso no tienes que preocuparte.

-Yo es que no me jugaría ni una perra chica que se lo toma bien.

-Ay, querido, he quedado con Lucía.

Es buena mujer, pero parece un poco pazguata.

Vaya, veo que te has puesto el traje para el retrato.

Casilda, sal un momento.

¿Vas a quedar con esa lagarta de la revista?

-Te dije que iba a hacer esa portada.

-¿Tan poco te importa mi opinión?

-Soy el hombre de la casa y puedo tomar mis propias decisiones.

-¿Y yo soy un cero a la izquierda? -No me reproches más.

Te dejé bien claro que iba a hacerme esos retratos.

-¿Qué pasa, que ya no me quieres?

¿No me respetas o qué? -Será mejor

que te sosiegues y escuches.

-No me sale de las pestañas calmarme.

-Como gustes.

-Vaya sofoco que tengo.

-Ponte como quieras, Rosina, pero la decisión está tomada, voy a hacerme

esas fotos te guste o no.

Ah, y no solo eso. -Ah, ¿que hay más?

-Sí, ¿me vas a escuchar de una maldita vez?

¿Cómo se le ocurre acudir a esta casa? Es una auténtica locura.

-Era menester que nos encontráramos.

-Ha sido toda una suerte que no esté la criada.

-No, temple, le aseguro que nadie me ha visto.

-Dejémonos de tentar a la suerte

y cuénteme qué es lo que ha venido a decirme.

-Estoy preocupado por lo que le está ocurriendo a ese niño.

Estamos jugando con su vida.

-Lo sé, lo sé, pero es necesario.

-¿Es que no ve por lo que están pasando esos padres?

¿No contempla su sufrimiento?

-Perfectamente, no tendría que haber venido a contarme lo que ya sé.

-No deberíamos seguir adelante.

-Me aseguró que no se echaría atrás una vez hubiéramos comenzado.

-Mi trabajo es salvar vidas... -No voy a permitir que se cuestione

lo que haga, no hay tiempo para andarse con remilgos.

¿Lo ha comprendido? -Sí.

Lo he comprendido perfectamente.

No pienso dejar que nada arruine mis planes.

Voy a llevarlo todo hasta las últimas consecuencias,

advertido queda.

Sí que tarda don Samuel.

-Sí, llevamos un rato esperando.

-Y, bueno, qué,

¿cómo se va sintiendo en el barrio? ¿Le gusta?

-Sí, aunque acabo de llegar y aún no conozco a todo el mundo.

-Y cuanto más lleve en él, mejor se sentirá.

La gente hace que uno se sienta de este lugar

desde el principio, es muy acogedora.

-Lo son, solo que me resultaba más fácil

cuando mi prima Celia estaba aquí.

Me facilitaba la relación con las vecinas.

Es que a veces pueden ser muy...

-¿Chismosas?

-Curiosas.

Si sigo bajo su protección es porque no me ha permitido demostrar

mi valía.

Este concurso es mi oportunidad y usted, en vez de darme tiempo,

me lo quita con absurdas reuniones de negocios.

-Ya está bien, deja de decir tonterías.

En tu tiempo de ocio, haz lo que te plazca,

pero el resto lo dedicas al negocio o si no...

-O si no, ¿qué?

-Si no cumples con los clientes,

ya puedes ir pensando en marcharte de casa.

Y la boda con Lolita la pagas de tu bolsillo.

¿Está claro?

-"¿Y qué tal todo por aquí, algún problema?".

-Ninguno, entre el Peña y yo nos apañamos requetebién,

así que puedes irte cuando quieras. Ese hombre es un tesoro.

-Para ponerle medallas, serías capaz de hacer tu trabajo y el suyo.

Me voy al notario, he quedado

para formalizar las escrituras de La Deliciosa.

Señorita.

-Se te ve muy contenta, Flora.

-Lo estoy, es la primera vez desde que nací que la vida me sonríe.

-"Doña Silvia, ¿me estaba esperando?".

-No se apure, venía a probarme mi vestido de novia

y a hablar con usted de un asunto.

-¿Conmigo? ¿De qué se trata?

-No me andaré con rodeos. -Por favor.

-Me gustaría que Elvira asistiera a la boda.

Es el regalo que más ilusión haría a Arturo.

-No le quepa la menor duda.

-Entonces ¿me ayudará?

-Vendría Simón y me muero de ganas de verle, así que sí, te ayudaré.

-"¿Qué te parece?".

-Me parece muy bien aunque no entienda ni papa.

Si lo entendiera, me parecería perfecto.

Es muy bonita la presentación, como escrito para el rey.

Oye, deberías irte ya. -Salgo como una saeta.

-Deséame suerte.

-¿Para qué? Si no la necesitas. Sabe Dios

que vas a ganar ese concurso de inventos del futuro

por apañado, por trabajador y por no rendirte nunca.

Venga, a ganar este concurso, Antoñito Palacios.

-Voy a ganar.

-Hijo, qué bien que te encuentro.

¿Tienes los informes de los clientes?

-Esta tarde, esta tarde los hago.

-No, tengo una reunión con el contable y necesito los balances.

Además me dijiste que los tendrías hoy.

-"Siento portar malas noticias".

Pero creo que usted debe saberlas. Me he encontrado

con un amigo de la judicatura, me ha comentado que su secuestrador

está siendo defendido por un abogado

que ha ganado juicios muy renombrados.

Es un hombre sin escrúpulos,

famoso por defender a los peores para conseguir su libertad.

Es sucio, pero resolutivo.

-¿Quiere decir que existe la posibilidad

de que salga de la cárcel?

-Me temo que sí.

Ese hombre es muy peligroso para usted.

-"¿Qué ocurre cuando trata"

de imaginar los detalles de su rostro?

-Que los he olvidado, Agustina.

El recuerdo está empezando a difuminarse.

Yo hago esfuerzos por retener sus rasgos en mi memoria,

la forma de sus ojos, el dibujo de su sonrisa, pero no sirve de nada.

El recuerdo de Silvia se está borrando de mi mente, Agustina.

Mi pequeño.

Mi angelito.

Ayúdale, Señor.

Cuida de mi niño.

Te lo ruego.

-"¿Qué pasa?".

Está muy caliente otra vez.

-¡Moisés!

Mi amor, ¿qué pasa? ¿Qué tienes?

Diego, está muy caliente.

Avisa a un médico, apúrate, por favor.

-¿Qué ocurre? -Doctor, está muy caliente otra vez.

-Ayúdele, se lo ruego.

Se lo ruego, ayúdele.

-Está muy caliente.

-Pero ¡haga algo!

-Hay que bajarle la fiebre

o va a convulsionar.

-¿Qué ha pasado? -Está muy caliente otra vez.

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Acacias 38 - Capítulo 808

19 jul 2018

Lolita confiesa a Antoñito que fue ella la que rompió el prototipo. Antoñito prepara unos planos del nuevo diseño para el concurso, pero su padre le hace un encargo. Antoñito le propone que Lolita le sustituya, pero Ramón se niega.

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  1. Assai

    Noo, ahora ya Samuel va a ser malvado de la novela. Que falta de imaginación.

    28 jul 2018
  2. Marisa

    Feliz dia entonces! Marisa ( arg) desde suecia.

    20 jul 2018
  3. Marilu

    Hoy, 20/07, en Argentina celebramos el Día del Amigo.- Un saludo muy afectuoso a mis amigos acacieros de todo el mundo

    20 jul 2018