www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4668341
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 807 - ver ahora
Transcripción completa

Cuando el señor Alday trajo a su hijo,

presentaba una fiebre muy alta. No le oculto que nos asustó.

-¿Y le ha bajado? -Con mucho esfuerzo.

-Hemos tenido que bañarlo incluso en agua helada.

-¡Pobre!

-"La operación ha sido un fracaso".

Quiero volver a mi casa.

-No es conveniente el traslado.

-Haz caso.

-No puede retenerme. -¡Enfermero!

¡Enfermero, venga aquí!

¡Por favor, enfermero, ayúdeme!

-¡Suélteme!

De buena te has librado,

bellaco. -Si es que hay que ver,

bicho malo nunca muere.

-Eso no lo hubiera dicho tan bien ni el juez.

-Hay que felicitar a mi abogado,

don Felipe Álvarez Hermoso,

sin él ahora mismo sería carne de presidio.

-"Esto es una burla".

Es una mentira muy bien urdida

y Samuel esta vez está detrás. -Baja la voz.

No sabemos muy bien por qué ni para qué,

pero ponerle en alerta no nos va a ayudar.

Hemos de ser más fuertes que él, que ellos.

-"Solo me lo quería

traer lejos del invento ese"

que fabrica.

Pues ¿no decías que el invento ya lo había acabado?

Lo había acabado.

¡Que me lo he cargado!

Cuando se entere, me deja, Fabiana.

Este me deja. -"Por el amor de Dios,"

que es solo una criatura.

-Pensé que las cosas habían quedado más nítidas.

-Pídame otra cosa, pero eso no.

-Es lo que necesito, y pronto. -Piénselo, don Samuel.

Lo que está... -¡Cállese!

-¿Qué sucede?

Samuel no orquestará nuevas intrigas.

-Entonces encontramos el hueco para llevarnos a Moisés, lo sé.

La furia no me traicionará. -Le creo.

No le toques.

-Sé cómo cuidar de él. No lo molestaré.

-He dicho que le dejes.

-¿Por qué? Solo quiero abrazar a mi hijo.

¿Por qué no puedo?

¿Por qué no puedo cogerle? -Órdenes del doctor.

-El cariño de una madre

nunca le han hecho mal a un niño,

y mucho menos estando enfermo. -Es necesario que te contengas.

-Pero ¿por qué? Es que no entiendo nada.

¿Qué hacen estos hombres aquí?

-Vigilan que Moisés no sufra recaídas.

Solo eso.

Se hace todo lo posible para que tu hijo esté bien.

Blanca, el doctor Guillén le ha suministrado tratamiento.

-¿Tratamiento?

-Pero ¿qué enfermedad tiene? -No lo sé.

No lo sé, pero no mejora.

-No sé de qué no mejora, Moisés tiene buen aspecto,

tiene el aspecto normal

de un niño de leche. -Sin embargo no está bien.

-¿Por qué discutías con el doctor?

-No he discutido.

-No lo niegues.

Te he visto hacerlo.

-Preferiría que no lo hubieras visto.

-¿Por qué?

-Por algo que habrías hecho tú,

porque no nos dice qué le sucede, porque no le veo hacer nada.

Y se niega a dárnoslo.

-¿Qué te ha dicho?

-Que ya le ha dado los medicamentos

por los posibles efectos secundarios.

-¿Qué medicamentos?

¿Para qué?

-Ahora solo podemos confiar

y seguir sus indicaciones.

Moisés debe permanecer

en reposo, por eso te he pedido que no lo cogieras en brazos.

Blanca, es mi sobrino,

solo quiero lo mejor para él.

-Al menos podré quedarme a su lado.

(Sintonía de "Acacias 38")

Como que me llamo Servando que este muelle debe ir en algún lado.

-Arrea, muchachas, mirad al ingeniero.

-Pues si eso lo sabe

hasta doña Rosina,

y eso que ella no entiende ni el mecanismo de la espumadera

de sacar las albóndigas de la olla.

-Me gustaría veros con el muelle este en la mano

y todos estos archiperres, a ver dónde van.

Este muelle va aquí, o no, va aquí. Anda que...

-Diga que sí.

Que por una vez estoy de su lado.

A mí me pasó lo mismo con el pitorrillo.

-¿Que también lleva pitorrillos el artilugio este?

-Sí. -¿Qué es un pitorrillo?

-Es una cosa así,

con esto así, más estirado que el Cesáreo.

-Calla, que ya sé dónde va el muelle.

Este engancha aquí

a la perfección. -No, no, no.

Eso ahí ya le digo yo que no copla.

-¿A mí me lo va a decir, que llevo toda mi vida inventando?

-Si fuera el pitorrillo, aún, pero el muelle ahí no entra.

Y no me suena ahí.

-Callaos y dejadme reflexionar.

Ese muelle va ahí como va Cristo en la cruz.

No solamente voy a arreglar esto, sino que lo voy a mejorar.

-Usted verá como rompa el invento de mi novio.

(Llaman a la puerta)

¡Chitón, que solo puede ser el susodicho!

¡Antoñito!

Ay, que me gusta verte

con esos ojitos que tienes.

Pareces un angelote.

-Acabo de despertarme, no sabía ni dónde estaba.

Y, bueno, perdón,

perdón por lo de anoche. -Quita, calla.

Pero si salió de rechupete.

Que digo que yo prefiero esperar a la noche de bodas,

como todas las mujeres decentes

de Cabrahígo. -Ya, qué remedio.

-Déjame que me tome un cafelito, que luego mi padre

me ha colocado otra reunión. -¿Pasar aquí? Tú estás chalado.

-Sí, por ti. -No.

Chalado por no preocuparte por tu salud.

Que aquí no se puede pasar, que han fumigado.

Para los bichos,

que aquí no se puede respirar.

-Tú estás respirando. -Porque he matado estos bichos

desde que el mundo es mundo y estoy hecha a todo.

Pero para un señorito como tú es peor que para las chinches.

-Bueno, pues gracias, me voy a desayunar a La Deliciosa.

Y a ver si en la luna de miel te veo por lo menos el otro pie.

-Fresco, que eres un fresco.

Tira.

¡Deja de darme trapazos! Este muelle cabe aquí a la perfección.

-Ese cabe ahí a estacazos.

Que lo va a desgraciar y ya se fastidió el invento.

¿Nota la incidencia de la luz? -No, en absoluto.

¿Y ahora?

-Noto una fuente de calor en los párpados

y alrededor del ojo, pero no siento ninguna fuente de luz.

Entonces, doctor, ¿me quedo ciego? -Arturo, por favor,

tienes que tener confianza.

-Mi vista no depende de la confianza,

sino del resultado de la operación.

Doctor, no me mienta, tengo derecho a saber la verdad sea cual sea.

-Esperaba que con el reposo mejoraría,

pero de momento no ha sido así.

-De momento.

-Sí, hay ocasiones en que la mejoría es muy paulatina.

No se trata de destapar el ojo

y que la vista se recupere.

Hay primero una sensibilidad

y, con los días, esta se incrementa.

-¿Es normal la situación?

-Diga lo que de verdad esté pensando.

-No, la situación no es normal.

No noto esa mínima sensibilidad.

No noto nada,

pero es una técnica pionera y espero que la mejoría

llegue aunque se demore más.

-Es decir, que no tiene ni idea de lo que va a pasar.

-Es una forma muy descarnada

de decirlo, pero se ajusta a la realidad.

Verán, durante la operación,

tuvimos un problema.

-¿De qué tipo? -Su reacción

a la anestesia no fue la esperada.

Es la primera vez que nos encontramos con esto,

de ahí que nos movamos

en un terreno que desconocemos.

-¿Tú lo sabías, Silvia?

-Sí, lo sabía.

-Te pedí que no me mintieras, que no me ocultaras nada.

Solo por confianza en ti me embarqué en esto.

-Yo se lo pedí,

coronel.

Confiábamos en que la intolerancia

a la anestesia no tuviera consecuencias en la vista.

-Pues ya ve que sí,

la consecuencia es un mundo de tinieblas.

-No tiene por qué ocurrir eso.

-No quiero falsos optimismos.

La situación es la que es, las palabras amables

no la van a cambiar.

Acompaña al doctor a la puerta, yo iré a descansar.

-"Ahora estaba el médico

en la casa con don Arturo".

Cuando llegue, me enteraré

de algo. -Vaya usted con ánimo

y serán buenas noticias. -Me da a mí que no.

La operación de mi señor tiene mal cariz.

Les he oído hablar y algo malo ocurrió durante la operación.

Temen que se quede ciego.

-Pobre hombre. -Y más con el carácter que tiene.

Yo no sé si lo va a poder soportar.

-Que Dios no nos dé lo que podemos soportar, dicen.

Rezaremos por él y usted, Agustina,

vaya con tino,

que al final las desgracias las pagan

las que menos culpa tienen.

En fin, marcho para el mercado.

-Que haya suerte, que hoy no he visto

ofertas buenas. Con Dios. -Con Dios.

-Buenos días, doña Fabiana. -Buenos días tengas tú, Peña.

¿De paseo? -No, ya me gustaría.

A buscar faena, que los dineros se acaban.

-Vaya, ¿no vuelves a La Deliciosa?

-No quiero obligar a Flora e Íñigo.

-Pues a mí me da

que estarían muy felices. Ve y no andes por ahí

como pollo sin cabeza.

Mira,

ahí la tiene.

Mejor que ahora no la vas a pillar nunca.

-Pues tiene razón, allá que voy.

-Suerte. -Gracias.

-Espero que hayas descansado.

Ya ves como tenemos de La Deliciosa, llena de clientes.

-Toma este delantal, Peña.

Ponte a la faena.

Di que tenemos pasteles de coco.

-Pero pensé que iba a costar más que me dieran empleo.

¿Está seguro de que quiere que trabaje aquí?

-No olvido lo bien que te has portado

con mi hermana.

-Buenos días. Íñigo, ¿estás listo?

-Cojo una bandeja de pasteles que he preparado y salgo.

-Estupendo, vamos a ver a Blanca. -Sí, ya me lo ha dicho.

Mándale un saludo de mi parte.

-De tu parte será.

-¿Vamos?

Sé bienvenido, Peña. -Gracias.

-Peña, yo...

Que no deberías estar sirviendo.

Esto es tuyo. -Mala memoria tienes,

princesa.

Ahora es vuestro. -No, no es justo.

-Lo que es justo

es que todo haya salido bien.

Y que tengamos toda la vida por delante.

Dame esta bandeja, anda.

-Si es que te comería a besos ahora mismo.

-Menudo espectáculo iba a ser.

Mejor voy a recoger esa mesa.

-Fíjese, doña Araceli,

mire La Deliciosa.

Un exconvicto sirviendo, qué vergüenza.

La señorita Lucía ha venido a visitarle.

-¿La prima de Celia?

Está bien, dile que pase.

Lucía,

qué grata sorpresa. -No sabía si era buen momento

para visitar. -Siempre lo es. Carmen,

¿podría servirnos unos tés? ¿O prefiere café?

-Té está bien, gracias. -Enseguida, señor.

Por favor, tome asiento.

Y disculpe que disponga de tan poco tiempo,

me ha pillado saliendo de casa.

-Si lo desea, regresaré en otro momento.

-No, por favor. -Venía a interesarme por la salud

de Moisés, sé lo mucho que significa ese niño para usted.

-Para mí y toda la familia. Figúrese, es mi único sobrino,

la siguiente generación con el apellido Alday.

-Blanca y Diego deben de estar en la desesperación.

Hágales saber que todos en el barrio

estamos muy preocupados, que pueden contar conmigo.

-Se lo haré saber encantado.

-¿Ha habido novedades en su estado?

-No, el médico está muy preocupado.

Pese a los tratamientos, Moisés no remonta.

-Una antigua institutriz que me educó

decía que los niños pequeños están hechos de acero,

que parece que no van a remontar,

pero al día siguiente están como rosas.

Quién sabe si es lo que le ocurrirá a Moisés.

-Ojalá. -Ya verá como sí,

como sus padres podrán hacer ese viaje

que tanto desean con él. Todo esto quedará olvidado.

-Ese viaje quizá no se haga.

Carmen, ve a terminar tus tareas.

Ya sirvo yo a la señorita.

-¿Le pongo azúcar? -No, lo tomo solo.

Y disculpe que disponga de tan poco tiempo para compartir.

Querría volver al hospital.

-No quería incomodarle con mi visita.

-Le repito que estoy encantado.

-Más tarde iré a la iglesia.

Me acordaré de la familia Alday en mis oraciones.

-No sé si Dios nos tiene en sus prioridades.

-No sea pesimista,

estoy segura de que Dios

le tiene a usted entre sus favoritos igual que le tienen muchos otros.

Así es como le gusta la patata a mi Antoñito.

Bien finica, pero no tanto que no se note.

-Muy mimado tienes tú al Antoñito.

-Ay, Fabiana, recuerde que se quede por dentro jugosita

y por fuera, doradita.

Cuando se queda la tortilla muy cuajada, el Antoñito dice:

"Eso no sirve ni para argamasa

para las paredes".

-Ya, y todo eso me lo cuentas para no hablar de lo que hay que hablar,

¿verdad? Que llevo cascando huevos

desde mucho antes de que tú nacieras, niña.

-¿De qué me habla, Fabiana? -¿Tú me has visto a mi cara de lela?

Tienes que contarle a tu futuro lo que ha pasado con su invento.

-Es que me da estremecimiento solo de pensarlo.

-Pues valor y al toro.

-Si hubiéramos conseguido arreglarlo...

-Ya has visto tú el arreglo, el mecanismo está

más quieto que un finado de cuerpo presente.

Ahora sí,

eso tiene fácil solución,

que don Antoñito lo arregle con sus propias manos.

Si lo hizo una vez, lo puede hacer dos.

-Se va a enfadar tanto que no va a dejar prisioneros

y me quedo sin novio.

-Calla, mujer, que no será para tanto.

Voy a llevar esto.

¡Chist!

-Anda, estás aquí.

-Estaba pelando unas patatas

para hacerte una tortilla española.

-Qué rico.

Pues te dejo, que voy a echarle un vistazo a mi invento.

-¡Chist, chist! -Para darle unos retoques.

-¿Sin antes darme un beso?

-¡Uno y mil!

-Uh, Antoñito, ven, ven, ven, ven aquí.

Ven aquí.

Ya no te gusta.

-¿Qué?

Pero ¿cómo no me vas a gustar?

Más que la tortilla cuando está jugosita.

-Antoñito, te quedaste dormido.

-Bueno, sí, pero ya lo hemos hablado,

yo creo que fue la infusión.

Es que se me cerraban los ojos. -¿Y te hace más efecto

la infusión que yo?

Antoñito,

que eso es que no te gusto.

¡Que ya no te gusto!

Mira, ¿sabes qué? Que te haga otra la tortilla.

-Pero ¿cómo no me vas a gustar?

Pero si eres lo más bonito de este mundo. Lolita.

Lola, ven.

Lola...

¿Quieres que recemos por él?

-Bastante he rezado ya. Ahora los médicos tienen que hacer su trabajo.

Con eso basta.

Moisés se va a recuperar.

-Te veo tan segura de eso...

-No, no estoy segura de nada,

solo puedo confiar en Diego, en mí misma

y en algunos amigos... -Blanca...

Hemos conseguido que una enfermera nos dé lo necesario

para acompañar con un té

los pasteles que ha traído Íñigo.

-No tengo hambre.

-No hace falta tener hambre para probar estos pasteles,

que además son nuevos, van a ser un éxito.

-Mi amor...

Esta merienda la hemos preparado para ti.

¿Cuánto hace que no comes nada?

-No me acuerdo.

Desde ayer por la mañana.

-Pues así no puede estar,

a ver si se va a recuperar y la van a tener que ingresar a usted.

-Don Felipe tiene razón, Blanca.

Deberías comer, ¿quieres que aprovechemos

ahora que está dormidito?

-Vamos, yo lo preparo todo.

-¿Sigue igual?

-No ha tosido

ni se ha quejado ni ha tenido fiebre.

-Yo no entiendo mucho, pero eso es buena señal.

-Eso parece al menos.

-Aquí tiene su té, doña Blanca.

Con un poquito de leche, que me ha dicho Leonor que le gusta así.

-Gracias.

-Coge un pastel. Mi amor, por lo menos uno.

-Si necesita algo de ropa o lo que sea,

esta tarde se lo hago llegar con Lolita.

-Lo único que necesito es poder irme a casa con mi hijo.

-Eso será pronto, seguro.

-Antes...

vi a Samuel discutir con el doctor Guillén.

-¿De qué?

-No sé, no pude oírlo.

Pero me temo que le estén haciendo daño a mi hijo.

-¿Daño?

¿Quién puede hacerle daño

a un inocente? -No sé.

Pero yo no voy a estar tranquila

mientras mi hijo siga ingresado.

Al final no han venido los señores a comer.

-No sé si habrán almorzado por ahí.

Si no, le calientas la tortilla.

-Pues tenían que haber avisado,

que recalentada no queda tan rica.

Y con el cariño que había puesto Lolita

en cortar la patata como le gusta al señorito...

Si es que se mata a trabajar para nada, señora.

-Qué le vamos a hacer.

Además, a mí la tortilla al día siguiente me gusta.

-Perdone que la interrumpa, doña Trini.

Era por Antoñito. ¿Aún no ha vuelto?

-No, ha ido con su padre a visitar a un cliente.

No creo que tarden en volver.

-¿Hay alguien en casa? ¿No se da de comer al hambriento?

-Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

-Cuánta gente buena.

-¿Qué tal, querido?

¿Cómo ha ido con el cliente?

-Todo solucionado, era una avería sin importancia.

Lo peor es que no paraba de hablar.

-Le habían dado cuerda, por eso llegamos tarde.

-Tarde, pero con dinerito en la faltriquera.

Fabiana, ¿nos pones de comer?

-Enseguida, señor, caliento la tortilla y se la pongo en el plato.

-He conseguido

las bases del concurso

al que quiero presentar mi limpia lunas.

Se llama El invento del futuro.

-¿Y hay premio en metálico?

-Sí, pero no mucho. Lo importante

es contactar con industriales que estén dispuestos a fabricar

a gran escala los inventos ganadores.

-Pero eso tiene que ser muy difícil de ganar.

A ver, que aquí se presentan

los mejores inventores de todo el país.

-Anda ya, ¿y mi Antoñito qué es?

El número 1. -Ahí.

Anda, que confíe más en mí mi madrastra que tú...

-Huy, no me llames madrastra, hijo.

-Bueno, ¿comemos? Fabiana, tengo un hambre de lobo.

-Bueno, en lo que está la comida yo voy a ver

cómo puedo preparar mi invento

para transportarlo.

-Lolita, ¿qué tienes?

¿Estás bien?

-Es verdad, tienes mala cara.

¿No estarás incubando una fiebre?

-Bueno, ¿aquí qué ha pasado?

¡Si estaba perfecto! -¡Anda!

-Las cosas, como son, Liberto.

Yo a Moisés no le veo enfermo. -Pues no creo

que le hayan ingresado por gusto. -No, si seguro que algo tiene.

Lo que digo es que no se puede observar.

-Pues mal asunto.

Los males ocultos son peores que los que podemos ver.

Leí en el periódico que la fiebre es un aviso que manda el cuerpo

para que el que la sufre vaya al galeno.

-Queda tanto por aprender

del cuerpo humano, y del alma ya que estamos.

-Mucho quieres abarcar tú.

¿Estaba Samuel en el hospital?

-No, pero esta mañana sí que estaba.

-Esta tarde me gustaría ir a visitarle.

Tal vez él sepa algo nuevo del estado de Moisés.

No sé, algo que no quieran contarle a los padres para no preocuparles.

-Leonor, dile al figurín de las portadas de las revistas

que esta tarde debe ir a recoger un encargo

para mí a la sastrería. -¿Y por qué no se lo dice usted?

-Esto es absurdo, Rosina.

¿Hasta cuándo vamos a seguir con esta majadería?

¿Y todo esto por hacerme las fotografías?

Pues que sepas que es una buena oportunidad.

-¿Para esas jovencitas que te paran por la calle,

que te piden autógrafos, que se derriten

al conocerte? -Una buena oportunidad

para que los empresarios me ofrezcan buenos negocios.

-Los empresarios no quieren nada de un actor de comedietas.

-Esa es una manera muy torticera de verlo.

-No, lo que es torticero es que yo te pida que no te los hagas

y que tú te comportes así. -Te voy a decir una cosa,

tú no eres nadie para darme permiso para hacer nada.

Pero ¿tú quién te has creído que eres?

¡Oh!

De verdad, no entiendo a tu madre. -Pues es muy fácil de entender.

Pues explícamelo, Leonor, porque yo creo

que se ha vuelto loca. -A ver, Liberto,

que son celos, son solo celos, ¿no lo ves?

Está casada con un hombre que es más joven,

atractivo y que encima ahora tiene éxito.

Tiene miedo a que una de esas jovenzuelas termine arrebatándoselo.

Pero si yo bebo los vientos por tu madre, si esas jovenzuelas

no le llegan siquiera a la suela de los zapatos.

Yo adoro su madurez, sus años, sus imperfecciones.

-Pero es que los celos son irracionales

y yo sé que tú la amas y todo el mundo que os conoce lo sabe,

la única persona en el mundo que no lo sabe es ella.

¿Qué pasa?

Si funcionaba perfectamente.

A ver, Antoñito, hijo,

si no nos los explicas...

-El limpia lunas, padre, funcionaba a la perfección.

La biela movía la varilla,

limpiaba el agua, pero es que ahora...

-¿Ahora qué?

-Ahora no funciona nada,

ese como si un cabestro con manos de oso

se hubiera puesto a toquetearlo todo.

-¿Y eso es tan grave como para dar esos gritos?

-Llevo días y días sin dormir,

dejándome las pestañas y llenándome de ilusiones, ¿para qué?

-Bueno, venga, que seguro que se arregla.

-¿No habréis sido vosotras?

¿Habéis dejado que alguien se acerque?

-No, no, no, no, por Dios, Antoñito.

¿Cómo se te ocurre echarnos las culpas?

-Sí,

sí, perdón.

-A ver, ¿qué dicen las bases del concurso?

¿Cuántos días faltan para presentar el invento?

Habrá tiempo. -Que no, padre, que no tengo tiempo.

No voy a ganar el concurso del invento del futuro,

sino el del desastre del presente.

En fin.

Creo que me voy a mi cuarto,

me apetece estar un rato solo.

¿Qué es lo que ha podido pasar al invento?

-Yo no quería que se metiera

en estas cosas, pero me da pena ver

lo afectado que está.

-¿Seguro que vosotras no sabéis nada?

No habrá sido el metomentodo de Servando,

¿no? -No, no, señora,

si él ni se acercado. -Que hayamos visto por lo menos.

No lo soporto. -Blanca,

tranquilízate.

No ganamos nada poniéndonos nerviosos.

-¿Seguimos con nuestro hijo allí, fingiendo que está enfermo?

-Mi amor, no sabemos de cierto que no esté enfermo.

No debemos mostrar nuestras sospechas.

Por eso te he hecho venir a casa.

Samuel no debe pensar que intuimos que alguien le puede hacer daño.

-Diego, abre los ojos, Moisés no está enfermo,

está preso, retenido allí.

Tú mismo has visto dos hombres vestidos de enfermeros

que no se mueven de allí y que vigilan al niño

y a nosotros. -Tenemos que ser más inteligentes.

Por la fuerza no lograremos sacarlo.

-¿Y si le hacen daño a Moisés?

Diego, yo no me fío de ese médico, del doctor Guillén.

Se trae algo con tu hermano. -Hablaré con Riera, ¿de acuerdo?

Le pediré que averigüe todo lo que pueda.

-¿Y mientras?

-Estaremos pendientes de Moisés.

-No soporto ver a nuestro hijo encerrado allí.

Y no soporto las palabras amables de Samuel.

Vamos a sacar a nuestro hijo.

Y a tu hermano le vamos a hacer pagar por sus maniobras.

Tu hermano...

Mi madre...

Diego, ¿qué hemos hecho para merecer tanto daño?

-Blanca, todavía no podemos enfrentarnos a Samuel.

No podemos destapar nuestras sospechas.

Samuel es capaz de cualquier cosa.

-No le tengo miedo. -Ni yo.

Pero, mi amor, no se trata de nosotros,

se trata de Moisés.

Pues a Ramón le habría gustado venir,

pero tenemos un gallinero en casa... -¿Ha sucedido algo?

-¿Sabes lo del invento de Antoñito? -Sí, algo he oído.

Era un aparato para limpiar las lunas.

-Justo, pues, cuando tiene el invento ya preparado

y a punto para presentar al concurso, pues que alguien

se lo ha estropeado.

-¿Alguien?

-Antoñito dice que los estropicios se los ha podido hacer una persona,

y yo te aseguro que,

aunque mi Ramón no quiere concursos, no ha sido.

-¿Y no sospechan de algún competidor que optara al premio?

-No, Antoñito no está metido

en el mundo de los inventos.

Fue una criada sin mala intención.

-¿Fabiana?

-No, lo habría dicho.

Yo pienso más bien

en una criada de las que vienen a recoger la colada

o el repartidor del carbón

de la cocina.

-Si no fuera por la situación que tenemos,

te ayudaría a investigar, pero...

Bueno, siempre que hay un daño hay un responsable.

-Habría estado bien que pudieras ayudarme, Silvia.

Pero me da más lástima que no puedas por la enfermedad de Arturo.

-¿Cómo está?

-Mal, está mal.

Él pensaba que saldría del quirófano y que vería a la perfección.

-Debe ser duro enterarse de que algo así

no ha salido bien. -Lo sería para cualquiera.

Pero, para Arturo, que hacía esgrima, montaba a caballo,

leía los periódicos... -¿Sabes lo que podemos hacer?

Puedo hablar con Ramón

y que venga a comentarle las noticias.

Le vendrá bien un ratito así. -Y lo va a necesitar,

pero vamos a dejar que pase tiempo.

Ahora mismo Arturo está que... -Silvia,...

has de tener paciencia,

probablemente seas tú la que lo pague todo

aunque sea solo por la cercanía. -Yo lo sé.

Todas las mañanas me hago la misma promesa.

No tengo que saltar,

tengo que aguantarlo todo y llegarán tiempos mejores.

-En fin, pruebas que nos ponen la vida.

Me ha encantado tomar el té contigo. Mañana me paso.

-Encantada. Siempre está bien olvidar de los problemas.

-Ahora me voy a casa,

a ver si encuentro al misterioso destructor del lava lunas.

-Suerte.

-No, por favor, quédate en la butaca descansando.

Me da que vas a tener pocas oportunidades.

-Gracias. Con Dios. -Con Dios.

-¿Silvia? -Estoy aquí.

¿Necesitas ayuda? -No...

si no has movido los muebles.

-No. Están donde siempre.

-Quiero hablar contigo.

-Claro.

Aquí me tienes.

Pero antes me gustaría volver a pedirte perdón

por no haberte avisado de los problemas.

-Solo seguiste las instrucciones del doctor.

Hiciste bien.

-Gracias por entenderlo.

¿Qué es lo que querías decirme?

-Voy a ser directo.

La ceguera es irreversible, los dos lo sabemos.

-No, eso todavía no es seguro.

-No tiene sentido negar la realidad.

Es así, tenemos que asumirlo.

Vas a marcharte.

-Pero ¿qué dices? -Lo entendería.

No soy el que tú conociste. -No.

Tú eres el mismo de siempre.

Hemos llegado juntos hasta aquí y no nos vamos a separar nunca.

Ni se te ocurra pensarlo. -No podría vivir sin ti.

-Ni yo sin ti.

Al fin de encuentro.

-Me he ido a dar un paseo por el río.

-No has cenado.

-No tenía hambre.

-Antoñito, no has comido,

no has cenado, no puedes estar tan triste por el invento.

Que lo puedes arreglar. -Pero ¿para qué?

Si es un cachivache inútil.

Al final tenías tú razón. Bueno, tú,

mi padre

y hasta Fabiana, que le quitaba sitio en la cocina.

-A ver, un día me dijiste que lo más importante

eran los planos.

-Sí, porque los planos son la base para poder fabricar.

Fíjate si era iluso que imaginaba que iban a fabricar

miles, que todos los conductores

iban a llevar limpia lunas. -Todavía se puede.

-Que no, Lolita, de verdad, no seas ilusa,

está todo perdido.

-El prototipo se ha "escuaregingado",

pero los planos están bien.

Pues, igual que se hizo un primer limpia lunas,

pues se puede hacer un segundo. Yo te ayudo.

-Por favor, no insistas.

Es absurdo pensar que los coches

pueden llevar un cacharro

en el cristal de delante y, además, si no fuera absurdo,

lo habrían inventado los americanos o los alemanes.

-¿Esos extranjeros van a ser más listos que tú?

-Pues eso es lo que parece. -Pues no lo creo.

-Pues sí, hazte a la idea.

Todo lo que invento o intento me sale mal.

Menos mal que todavía sigo vendiendo cafeteras

y a lo mejor es eso en lo que me tendría que centrar

y no pensar tanto. -¡Antoñito!

Escucha, te tengo que confesar una cosa.

-¿Me vas a abandonar?

Claro que lo entendería.

Si tiene todo el sentido del mundo.

Una mujer guapa e inteligente y un inútil como yo, pues no.

-Que no digas "tontás".

¿Cómo te voy a abandonar?

Que yo creo en ti y estoy segura

de que vas a conseguir todo lo que te propongas.

-Te equivocas.

Bueno, mejor seguimos hablando mañana,

que hoy no soy buena compañía. -Pero que te quiero

decir algo. -Mañana me lo dices.

Perdone que venga a esta hora.

Pero prefería ser maleducada que morosa.

-No la tengo por ninguna de las dos cosas.

-Aquí tiene la primera parte de mi deuda.

-Guárdelo, yo ya he cobrado todo lo que tenía que cobrar.

-Pero si quedamos en que le pagaría poco a poco

la defensa del Peña.

Lucía, dígale a don Felipe

que se deje de ceremonias y me cobre.

-Yo no me meto, que nadie me ha dado vela

en ese entierro. -Vamos, que usted merece cobrar

por su trabajo. -Ya lo creo.

Incluso creo que debería cobrar más.

Pero ya he sido pagado

y en dinero contante.

-¿Por quién?

-Por el Peña.

Vino a visitarme.

Cuando se enteró que iba a pagar la minuta,

mi prohibió cogerle dinero. Ha quedado

en pagarme poco a poco.

-Pero va a tardar meses. -A mí no me corre ninguna prisa.

Además, le comprendo, una persona íntegra

no puede permitir que otro abone sus deudas.

-Es un hombre maravilloso.

-Bueno, no me corresponde a mí decirlo.

-Pero prométame una cosa.

Si el Peña tiene algún problema para pagarle,

me lo diría.

-Flora, no quiero quedarme sin mi dinero.

-Pues no le molesto más, que pasen buena noche.

Y no hace falta que me acompañe. -Lo mismo le digo. Con Dios.

-Hasta mañana. -Buenas noches.

-El día menos pensado anuncian su boda.

Esa mujer está enamorada

hasta la médula. -Sí,

es posible, hacen buena pareja. Los dos, igual de desastrosos.

-Si me da su permiso, me voy a dormir.

-Me gustaría hablar contigo.

Ahora que no está Celia,

es mi obligación. -¿He hecho algo?

-No, en absoluto, pero me siento responsable.

Sé que has recibido una carta.

Y has dado un óbolo cuantioso en la iglesia.

-¿Cómo lo ha sabido?

-La gente cree que el confesor se entera de todo,

pero no es así, es el abogado.

Solo quiero saber si ha ocurrido algo

que debería saber

y en lo que te pueda ayudar.

Quizá pueda yo quedarme por la noche en el hospital,

así doña Blanca podrá descansar.

-Se lo pregunto luego a don Diego, pero no creo que acepte.

Es normal que no quiera separarse del niño.

-Lo entiendo, pero toda resistencia tiene un límite.

-Si el asunto se eterniza, sabrán apreciar tu ofrecimiento.

-Gracias por haber venido. -No hay por qué darlas.

Estamos deseosos de saber el estado de Moisés.

-Nosotros también lo estamos.

Aparentemente está bien, pero no le dan el alta.

-Don Samuel sabrá algo que los médicos no le han dicho.

-No tendría que ser así.

Nos piden paciencia y eso haremos.

-Había pensado en que podría quedarme en el hospital

esta noche para que doña Blanca pueda descansar.

-Gracias, pero no será necesario.

Sí que le quiero pedir que le lleve esta maleta.

Los pasillos son fríos y Blanca no ha ido

lo suficientemente abrigada. -Como desee.

¿Lo llevo ahora? -Bien.

-Yo me quedo con don Diego.

-Riera, averigüe cualquier cosa con respecto

al doctor Guillén, creo que tiene un acuerdo con Samuel.

-¿Ha sabido algo?

-Blanca les ha visto discutir esta mañana.

Me aseguró que no era una charla cordial.

-Intentaré ver si hay algún punto débil en ese médico.

Deudas, vicios, adicciones... -Le estará chantajeando.

No sé, averigüe si está casado y tiene un amante.

-No se preocupe, sé hacer mi trabajo.

-Qué ganas tengo de encarar

a mi hermano y hacerle pagar el mal que nos está haciendo.

-Llegará el momento, no se precipite porque perderá su ventaja.

Siempre tiene las de ganar el que escoge

el momento de iniciar la batalla.

-Tiene razón.

Solo espero que ese momento llegue pronto.

-Me voy, ya sabe que mi trabajo se hace mejor de noche que de día.

-Suerte.

# Arrorró, mi niño.

# Arrorró, mi sol.

# Arrorró, pedazo...

# de mi corazón. #

(TARAREA)

Nos vamos.

Moisés...

(LLORA)

Mi amor, por lo que más quieras, no llores.

Ya. Ya.

(LLORA)

(LLORA)

-"¿Sabe usted quién es el marqués de Válmez?".

-He leído algo sobre él.

Es un hombre muy importante en Salamanca.

Industria, mecenazgo, fincas.

-Sí, creo que hasta fue alcalde

y un importante cliente de mi padrino.

La carta que recibí estaba relacionada con el marqués.

-¿Y se puedes saber qué te decía?

-Que ha fallecido y que me deja una asignación mensual de 1000 pesetas.

-¿Mil pesetas al mes?

Desde luego te has convertido

en un gran partido.

Pero ¿conocías al marqués?

-No, bueno, sí le vi tres o cuatro veces en mi vida.

Siempre en eventos sociales y creo que no hablé con él

más de dos frases de urbanidad.

-¿No te dice por qué te deja el dinero?

-Dice que por afecto a mi padrino, es una forma de agradecerle

el ahorrarle el peso de tener que mantener una joven casadera.

-Pues enhorabuena, es lo único que puedo decir.

-¿A usted le parece normal?

-No. En todos los años que llevo ejerciendo no he visto nada igual.

Pero sin don Joaquín ha visto los papeles y el testamento,

no creo que haya nada ilegal.

-No es eso, si estoy segura de que es legal.

Pero es que es extraño.

Yo ya estaba pensando en la forma de ganarme la vida,

estudiar, trabajar y, de repente, me encuentro con la vida resuelta.

-Tienes que darle las gracias al cielo.

No hay que darle más vueltas.

-No estoy segura. -Lucía,

acabas de ver a Flora,

ha venido a pagarme a plazos

por haber defendido al Peña,

cosa que ya había hecho él antes. Conoces a las criadas,

al portero del edificio. Tú me dices que quieres ganarte la vida.

¿Para qué para pasar las mismas necesidades que ellos?

-No, no, si estoy agradecida, pero es que...

-Déjate de peros. La vida te ha sonreído. Abrázala.

(LLORA)

Hola, mi amor.

-Hola.

No esperaba que vinieras.

Carmen vino y me trajo una chaqueta. -Te echaba de menos.

Y quería visitarte

antes de ir a dormir.

-Nos lo llevamos.

(LLORA)

-¿Qué? -Ya me has oído.

No dejes que el enfermero me pare.

-¡No se ponga en medio

si no quiere tener problemas! -¡Diego!

¡Está ardiendo!

Antoñito,...

te tengo que confesar una cosa que me ha pasado.

-¿Y no puede esperar? Estoy revisando las notas.

-No, antes de nada, tienes que escucharme.

Yo soy la culpable de que este cacharro no se mueva.

-"Quiero aprender a ir a la iglesia"

sin ayuda de nadie. -Mañana mismo empezamos.

Pero eso es nuevo, tú no eres muy de rezos.

-En realidad solo quiero ir un día.

-A ver. Explícame eso.

-El día de nuestra boda.

No podemos permitir que la ceguera dicte nuestras vidas.

-"Se te ve de muy buen humor".

-Mis motivos tengo para no estar triste.

-Pues yo estaría preocupada teniendo un expresidiario.

¿Cuándo cometerá el Peña otro delito?

-El Peña no es ningún delincuente.

Y eso lo ha dicho un juez, que le ha declarado inocente.

-Eso solo demuestra que la justicia no siempre acierta.

-"Me he dado cuenta gracias"

a Lolita que algunos cálculos estaban mal,

pero ya los estoy arreglando. -Muy interesante.

-Puedo conseguir que las varillas sean

un 20 % más eficaces.

-Me alegro de que se te haya pasado el disgusto.

Pero vas a tener que aparcar el prototipo un tiempo

porque te he concertado un par de reuniones.

-"Voy a seguir ejercitándome".

Tengo que estar a punto. -Será mejor

que tengas paciencia, te va a costar adaptarte a tus limitaciones.

-¿Me estás llamando inútil? -No, pero necesitas un profesional

para que puedas avanzar.

-Pero ¿hay profesores para ciegos? -Por supuesto que sí.

-¿Qué te pasa? Qué poco te ha durado tu ímpetu.

-Me alegro de haberos encontrado a los dos.

Lo que le tengo que decir al Peña quiero que lo escuches.

-¿Qué ocurre? ¿Ha pasado alguna desgracia?

-No, nada. -¿Y a qué viene tanta seriedad?

Pareces un notario.

Quiero que el Peña deje de trabajar aquí como camarero.

-Se me ha hecho tarde, os agradezco vuestra hospitalidad,

he disfrutado mucho de este rato.

-Ay, esta Lucía es más maja que las pesetas.

-Bueno, bueno,

ya veremos, ya veremos, que tanto interés por nosotros

es un poquillo raro.

¿Vas a quedar con esa lagarta?

-Te dije que iba a hacer esa portada.

-¿Tan poco te importa mi opinión?

-Soy el hombre de la casa y puedo tomar mis propias decisiones.

-¿Y yo soy un cero a la izquierda? -No me reproches más.

Te dejé bien claro que iba a hacerme esos retratos.

-¿Qué pasa, que ya no me quieres?

¿No me respetas o qué? -Será mejor

que te sosiegues y escuches.

-No me sale de las pestañas calmarme.

En algunos momentos estoy tentado,

pero me recompongo, acepto mi ceguera

e intento valerme por mí mismo.

-Eso no es una tarea baladí.

-Tengo a Agustina al borde del colapso.

Tal vez no sea mala idea eso que me propuso Silvia de contratar

a un profesor especializado.

-Sea lo que sea, me barrunto que usted saldrá adelante.

Yo puedo ayudarle a encontrar un especialista en esas lides.

-Gracias. -"Carmen".

Un momento, por favor. ¿Qué se sabe del hijo de Blanca?

-Pues vengo del hospital y las noticias no son muy buenas.

Ha empeorado.

No hay forma humana de bajarle la fiebre.

-Pobre querubín. Gracias, Carmen.

-Con Dios.

-"¿Cree que debe seguir investigándole?".

-Sí,

si a usted no le parece mal.

-Haga lo que considere más oportuno, Riera,

yo creo que nos estamos equivocando.

-Hasta ayer pensaba de otra forma.

-Así es. Estaba seguro

de que estaban confabulados para retener aquí a Moisés.

Pero me he dado cuenta de que no es así.

-¿Confían entonces en el médico?

-"Samuel,"

creíamos que el médico estaba exagerando

y que Moisés no estaba tan mal.

-¿Qué os hizo pensar eso? -Nosotros le veíamos normal,

incluso contento,

pero es evidente que nos estábamos equivocando.

-No entiendo vuestra desconfianza, os conté

cómo estaba la criatura.

-Sí, y gracias a tu reacción tan rápida le has salvado la vida.

-Vosotros habríais hecho igual de haberos visto en el mismo brete.

-Pero fuiste tú quien reaccionó de forma tan precisa.

  • Capítulo 807

Acacias 38 - Capítulo 807

18 jul 2018

El Peña regresa a su trabajo en la chocolatería, pero Leonor hace ver a Íñigo que no está bien tener al Peña como un simple trabajador. Flora se entera de que el Peña se ha hecho cargo de su deuda con Felipe. Fabiana aconseja a Lolita que le diga la verdad a Antoñito.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 807 " ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 807 "
Programas completos (829)
Clips

Los últimos 3.139 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Saro

    Gracias por haber "completado" el capítulo ... sabemos que son imponderables pero lo importante es que está solucionado. Gracias de nuevo. Saludos.

    20 jul 2018
  2. Mar

    CSe está saliendo de madre la serie, se viven situaciones totalmente irreales y disparatadas, tratan a algunos personajes de tontos e idiotas. Sabemos q es una novela pero los guionistas se molestan bien poco por no decir nada. La novela q me enganchó me está defraudando...

    20 jul 2018
  3. Paloma

    Nos retrasaron,la hora de acacias ,para meter en nuestra hora ,servir y proteger, con sus pesimos actores y como siempre ,mas retraso con el ciclismo .Se aprovechan en RTVE de nuestra fidelidad ,no a los guiones,pero si a los actores y actrices ,que siguen siendo lo mejor.

    19 jul 2018
  4. Maria Ester

    A los responsables de este sitio de internet: seguramente leerán los comentarios que se les envían, ya que " tienen la atribución" de considerar si los publican o no, por lo tanto a Uds. señores les sugiero tener a bien encontrar el modo de, dentro de la misma página, responder a las inquietudes de los seguidores de la serie y también INFORMAR DE CAMBIOS U OTRAS SITUACIONES que nos impidan verla oportunamente.- Esto sería factible, lógicamente, si tienen Uds. un mínimo de respeto hacia quienes somos fieles seguidores de la programación

    19 jul 2018
  5. Adriana

    Espero que publiquen el capítulo completo. Para una vez que no estoy en casa y me llevo la sorpresa de que está a la mitad. :(

    19 jul 2018
  6. Ana

    Pobre Moisés espero q se recupere y q Blanca y Diego puedan ser libres y Samuel les deje.

    19 jul 2018
  7. Lourdes

    Se pasan por el traste al televidente. .

    19 jul 2018
  8. Elida

    Que poco ( o nada ) respeto tienen los de RTVE hacia el televidente que les proporciona audiencia. desconozco si en España dan aviso previo al cambio de horario o a la no emisión de un programa. Los demás nos tenemos que " conformar " con la SORPRESA de no ver emitido nuestro, quizás, programa favorito.- Cuidado,señores, ciertas malas artes se pagan a la corta o a la larga..............

    19 jul 2018
  9. María José

    Me parece indignante el trato que se le da a acacias. Es una falta de respeto a sus seguidores, entre los que me encuentro, y un menosprecio a la serie. No entiendo porque si hay un canal para el deporte, tienen que poner en la primera la vuelta ciclista

    19 jul 2018
  10. Saro

    Cada año, inexplicablemente, RTVE nos "obliga" a ver el Tour de Francia en la 1ª además de emitirlo en Teledeporte. Nunca he entendido el por qué dicho evento ha de tener también "repetición" por la 1ª, lo que obliga a que las dos series que se emiten por la tarde, sufran un retraso considerable, por lo que muchos seguidores de las mismas, sobre todo los de Acacias 38, no podamos ver los capítulos. Hoy, además, entro en la web de la serie y me encuentro con la "sorpresa" de que solo hay 20 minutos del capítulo y que, entre otras escenas, falta la "jugosa" entre Rosina y Liberto. Siempre he comentado que la serie debe ser cuidada y ya que tenemos cambio horario por el Tour, por favor, cuiden más su web Oficial.

    18 jul 2018