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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 791 - ver ahora
Transcripción completa

Le debemos una disculpa.

-Le juzgamos con extrema dureza y muy rápido,

sin darnos cuenta de que estábamos equivocados.

-Descuide, han actuado como debían.

Lo único importante es aclarar todo cuanto antes.

-"Leonor, Íñigo" le contó la verdad.

Nacho no es su hijo.

Y si se casó con Eva fue para evitar que la mandaran a un convento.

-¿Todo eso fue una comedia?

-Así es.

"Pensión Castro de la Sal".

Ah, mi niña.

Muy pronto estaremos juntos.

-¿Los rumores son ciertos entre Íñigo y tú?

-Nos amamos.

-"He pedido un carruaje".

Baja las maletas que hay en el despacho, y sin preguntar.

-Como desee, señora.

Tu hermano

ya se ha metido en otro embrollo. -Marchaos. No lo permitiré.

-¿Qué sucede?

-El Indio ha muerto hace unas horas.

-Va a tener que acompañarnos a comisaría.

-¿Estoy detenida? -¿De qué se le acusa?

-Asesinato. -¿Alguna novedad sobre Silvia?

-Ayer estuve preguntando en un taberna.

El dueño me aseguró que le hablaron de Silvia.

Contó al tabernero que acaba de verla por la calle,

que la subían a un carruaje.

-Debemos hablar con ese hombre de inmediato.

Blasco, lo suponía. -Veo que se acuerda de mí.

Yo tampoco la he olvidado, Silvia.

No parece alegrarse de verme.

-Apresúrate, debo marcharme ya. -No, señora.

Usted no va a ninguna parte. -Llegan demasiado tarde.

No podré asistir al entierro de mi padre.

No podré darle mi último adiós.

No esperen que les agradezca que me hayan robado este momento.

-"Se merece el garrote".

¡Y es eso lo que va a obtener!

¿Sabe qué haremos? Vamos a esperar a que todos vuelvan.

Porque hoy se sabrá toda la verdad sobre usted.

¡¿Me está escuchando?!

¡¿Me escucha?!

"¿Pensabas que me tenías en tus manos?".

"En realidad, era yo quien te manejaba a mi antojo".

(Puerta)

Ayuda.

-Úrsula, ¿está usted en casa?

-Samuel.

Samuel.

-Carmen, ¿qué te ha ocurrido?

Por el amor de Dios, estás sangrando.

Hay que avisar a un doctor.

-Úrsula... se ha ido.

-¿Adónde? ¿Ha sido ella?

-Moisés, el niño.

-¿Úrsula ha ido a buscar a Moisés?

-Tiene que ir a buscar a Úrsula.

-No hables. Buscaré algo para tapar la hemorragia.

Procura no moverte mientras busco al doctor, ¿eh?

-Vaya tras Úrsula.

-Lo haré. Pero ahora lo importante es esperar ayuda médica.

-Sé cosas.

-¿Qué? -Sé cosas.

-¿Qué dices, Carmen? -De Úrsula...

Sé cosas de Úrsula.

-Carmen, Carmen.

-¡No, no, Carmen! ¡No! ¡Carmen, Carmen, abre los ojos!

¡Carmen, Carmen!

Dios mío.

¡Auxilio, auxilio!

(Sintonía de "Acacias 38")

El tiempo no pasa para usted.

Sigue tan bella como...

cuando tenía el honor de ser...

Es igual.

Quiero decir que su belleza no ha perdido lozanía,

a pesar del paso de los años.

-Lamento no poder decir lo mismo de usted.

Bueno, realmente no lo lamento. El tiempo

ha dejado huella en su rostro.

-Quizá, mi deterioro se deba a los muchos años

que he pasado en una prisión.

-¿Cuántos han sido? Perdone mi pobre memoria.

-Diez.

3680 días, contando los dos años bisiestos

y los 13 días que tardó en llegar la orden de libertad.

-No me parecen tantos teniendo en cuenta sus delitos.

-¿Delitos? Más que discretos,

hasta que usted los sacó a la luz. -No me arrepiento.

-Lo hará.

-Veremos.

-Se lo garantizo.

Ha bajado usted la guardia los últimos tiempos, y me duele.

Hubiera preferido enfrentarme a la Silvia de siempre,

pétrea, sin fisuras, la que jamás cometía un error.

-¿Qué le hace pensar que lo he cometido?

-Por el amor de Dios, agente Reyes,

permitió que su retrato apareciera en todos los periódicos.

La heroína de los servicios secretos que salva la vida a su majestad.

-Alguien tenía que hacerlo.

-Una majadería.

¿Permitió esos retratos por vanagloria?

-He cambiado de vida. -Algo he oído.

Pero nadie puede cambiar su pasado. ¿Creía que no iría tras su huella?

¿Que me olvidaría de mi venganza? -Fue la justicia...

-¡No, fue usted!

Usted y sus dobleces.

Esos retratos en portada fueron como un guiño de Dios.

"Hay la tienes, me dijo. Toda tuya".

¿Dios no le contó el final de esta historia?

-No.

Me dio vía libre para acabarla a mi antojo.

Dígame, por curiosidad,

¿sedujo también a algún incauto

para desbaratar el atentado contra el rey?

-Algunos hombres están tan pagados de sí mismos,

que no es difícil convencerles de que son únicos,

de que no hay otros como ellos.

No se me puede culpar por eso.

-Yo sí. Yo lo hago.

Y fíjese, con todo,

sigo convencido que sintió usted algo por mí.

Va usted a pagar caro, muy caro, lo que me hizo.

Su traición.

A veces, cuando pienso en su castigo, hasta creo que exagero.

Y aun así, no renuncio.

Sufrirá usted lo que no llega ni a sospechar.

(Se cierra la puerta)

¿Qué haces tú aquí? -Me han puesto en libertad.

-¿Cómo? ¿Qué has hecho para...?

-Ya habrá tiempo de explicaciones. No puedo entretenerme.

¿Que no tienes qué? ¡Hablamos del asesinato de padre!

-¡Es Carmen!

-Gracias. Deben darse prisa. -¿Qué le ha pasado a Carmen?

-Samuel, contesta. -Ahora no, Diego.

-¿Qué has hecho esta vez?

-Espera, Diego, quiero saber qué suerte ha corrido Carmen.

-Me han liberado hace apenas unas horas.

De comisaría fui a buscar a Úrsula.

Encontré a Carmen yaciendo en el suelo y con una herida.

El médico cree que ha sido una herida de arma blanca.

-¡Dios mío! Pero ¿cómo?

-Mejor sería preguntar quién.

-Apenas podía hablar cuando traté de auxiliarla.

-Si estaba consciente, ¿no le preguntaste por su atacante?

-¿Crees que no lo hice?

-¿Mi madre?

-Eso creo,

pero a Carmen le preocupaba Moisés.

Cree que Úrsula ha ido a buscarle.

-¡Maldita sea!

-¿Qué ha pasado? -Han atacado a Carmen.

-¿Es grave?

-El médico se ha reservado el diagnóstico.

Al menos ha mermado la hemorragia.

-Hacen falta muchas explicaciones. -No hay tiempo para eso.

Debemos seguir los pasos de mi madre,

tenemos que encontrarla.

¿Mientras estábamos dando tierra a Jaime Alday en el piso de al lado?

Es para que le dé un pasmo.

-Si la hubiera "usté" visto a la pobrecica en la camilla...

Más desvaída que un Ecce Homo.

-Si perdía tanta sangre, muchos colores no podía tener.

-Porque corrían mucho, si no, yo hubiera dicho que iba fiambre.

-¿No se sabe quién o cómo fue?

Ya le digo que esa mujer no estaba para dar muchas explicaciones.

-¿Y doña Úrsula no estaría en la casa, ¿no?

Porque al entierro no ha ido. Todo el mundo ha comentado lo suyo.

-"Pa" mí que en el piso no había nadie, hasta que llegó don Samuel.

Al parecer, se la encontró "tirá" y más sola que la una.

-Fabiana, no ganamos para disgustos.

Flora en la cárcel

por un sartenazo con resultado de muerte

y, la señorita Reyes desaparecida. Y yo...

-Y ahora, una criada "rajá" como un odre.

-Si eso también...

Menos mal que Samuel Alday ha solucionado su papeleta,

que no era pequeña.

-Eso es porque no le han encontrado culpa.

Ay, señora, mire, que he tenido un pronto.

Una cosa que se me ha "ocurrío".

Pero bueno, si no puede ser, no puede ser.

-Fabiana, por favor, hoy no tengo los nervios para rodeos.

¿Qué quieres?

-Que digo yo que, cuando haya "acabao" mi faena,

no sé, que podría dejarme ir a visitar a Carmen

a la casa socorro o "ande" la hayan "llevao".

-Claro que sí, Fabiana.

¿Cómo se te ocurre que te voy a decir que no?

Claro, mujer. Ve y visita a tu compañera de fatigas.

-Es que como tenían que aviarse "pal" viaje, pues...

-Mira, una cuita menos que resolver.

Al señor le ha surgido un compromiso de trabajo

y, no haremos excursión a Cabrahigo.

-¡Virgen santa, con la ilusión que le hacía a "usté"

visitar de nuevo su patria chica!

-¿Qué se le va a hacer? Más se perdió en la guerra.

-No me parece mal que se lo tome "usté" con resignación,

pero es que

no había más que ver los ojillos que se lo ponían

cuando hablaban de volver a su pueblo.

-Y a dar el pregón, Fabiana, ni más ni menos.

Pero así es la vida.

¿Qué le vamos a hacer?

¿Cómo se va a permitir él,

ir a un sitio tan ordinario y tan frívolo, como mi Cabrahigo?

-Desde luego, señora,

que no se puede dudar de la seriedad

del señor haciendo su trabajo,

pero mucho menos se puede dudar de lo muchísimo que la quiere.

¿Cómo le va a negar a usted ese capricho?

-Fabiana, jamás se lo reprocharía.

Mi Ramón se deja la piel para que nosotros tengamos lo mejor.

¿Cómo le voy a pedir que pierda su tiempo en ir

un simple día, o como muchísimo dos días,

allí donde Cristo dio las tres voces.

-Señora, que Cabrahigo no queda tan lejos.

Además, gracias a Dios, el señor no faena a jornal,

quiero decir, que no iba a perder las ganancias de un par de días.

Siempre podría trabajar una miaja más

antes o después.

-Pues sí, Fabiana, pero así lo vemos tú y yo.

Y donde hay patrón, no manda marinero.

-¡Ay, señora, qué gran verdad!

Anda, Fabiana, ve a visitar a Carmen

y trae noticias.

-Sí, señora.

-Aligero, y en cuento termine la faena me voy a escape.

-Gracias.

-Fabiana, gracias.

Es injusto. Es un abuso de autoridad.

¡Mi hermana solo se defendió!

La detienen para aclarar el lance, pero ¡de ahí a no dejarnos verla...!

¡Son unos matones! -No grites.

Podría escucharte un guardia y terminar en la cárcel.

-Pues no te extrañe según están las cosas.

¡Aquí primero se arresta y luego se pregunta!

¡Cómo me gustaría ver al comisario con un familiar entre rejas

y que ni le informaran de cómo está! -Reflexionemos, Íñigo.

Tratemos de hacer las cosas bien.

Se trata de ayudar a Flora, no de embarrar más el patio.

-¡Primero voy a buscar a El Peña!

Él se va de rositas y mi hermana paga por sus fechorías.

¡Le voy a dar hasta en la cédula de identidad!

-Sosiégate, por el amor de Dios.

Con esta actitud no vas a ayudar a nadie y, menos a tu hermana.

Cuando le ponga las manos encima, le voy a dar tal mamporro,

que le va a estorbar el cielo para dar la vuelta.

¿Y eso?

-Me apetecía.

Sé que no es momento, pero...

-Ni siquiera te ha importado que nos viera la gente.

-Muy perspicaz.

-¿Me he perdido algo?

-Quería contártelo, pero con todo ese jaleo en la comisaría...

-¿Contarme el qué?

-Ven.

Flora habló con El Peña para que este me contara la verdad.

-¿Sobre Eva y su hijo?

-Admitió que el embrollo había sido orquestado por él,

que le pagó a Eva para que mintiera,

que tú fuiste bastante bueno como para casarte con ella

y evitar así su deshonra.

-¿Adónde hay que ir a encender cirios para agradecer tal alivio?

-No hay nada que agradecer.

Fuiste limpio y claro.

Fui yo quien desconfío de ti.

Ni siquiera quise escucharte.

-Olvídalo.

Otras ni siquiera hubieran seguido indagando.

-¡Cuánta discreción!

¿No acabo de besarte yo?

¿Vamos a airearlo?

-Ya lo he hecho.

Se lo he dicho a mi madre.

-Que habrá puesto el grito en el cielo.

-Digamos que estaba más feliz antes de saberlo.

Pero se acostumbrará.

Al menos ahora, no habrá nada que nos lo recuerde.

Eva y su hijo se han marchado.

Me han dejado una nota disculpándose.

-De vuelta a la normalidad, pues.

Aunque ahora sin escondernos

y con la cabeza bien alta.

Me siento tan feliz, y tan libre.

-También yo.

O así me sentiré cuando dé con Peña y saquemos a Flora de la cárcel.

-Aquí no está.

Ni siquiera ha abierto.

O se esconde, como la gallina que es.

-La policía ha venido buscando al propietario para interrogarle

y no han dado con él.

-Por eso ha desaparecido. No quiere ni siquiera testificar.

Mi hermana tendrá que cargar con el muerto.

-Nunca mejor dicho.

-No vamos a dejarlo así. Algo se nos tiene que ocurrir.

-A ustedes se les puede ocurrir lo que quieran,

pero desde que el mundo es mundo, el que la hace la paga.

-¡Cállese! -¡Eso es desacato a la autoridad!

-Cesáreo, que es usted el sereno, no el jefe de la guardia real.

Y tú, Íñigo,

escucha, podríamos intentar hablar con don Felipe,

a ver si nos asesorara con el asunto de Flora.

-No creo que don Felipe tenga el horno para bollos,

la calle está muy alterada.

-¿Qué insinúa? ¿Ha ocurrido algo?

Yo no insinúo nunca.

Cuando tengo pruebas o testimonios, afirmo, y si no, callo.

-Hable de una vez, demontres.

-Me refiero a que algo le ha pasado a la criada de doña Úrsula.

-¿A Carmen? ¿El qué? -(ASIENTE)

¿Qué ha ocurrido?

¿Ya has buscado en las habitaciones?

-Sí. No he dejado cajón sin revolver.

¿Y tú?

-Nada. Aquí tampoco hay nada.

No es posible, todo el mundo comete algún desliz, olvida algo...

-Úrsula no. -Si hay ido a por el niño,

se habrá preocupado de no dejar ni una pista

que nos permita decir dónde está.

Espero que Blanca tenga más suerte. -No será fácil

localizar al cochero que se llevó a esa arpía.

-Confiemos en ella. Blanca es una mujer de recursos.

Y, tratándose de Moisés, no escatimará esfuerzos.

Al contrario,

si falla, si falla será por mostrarse demasiado vehemente.

-Siento en el alma lo que le ha ocurrido a Carmen.

Pero no me sorprende.

Todo el que se avecina a Úrsula termina lamentándolo de algún modo.

-Del peor de los modos,

en la mayoría de los casos.

-Incluido padre.

No es una indirecta.

Al contrario,

quiero pedirte perdón,

un perdón sincero,

por haberte culpado de la muerte de padre.

-No te censuro.

Todo estaba escenificado para inculparme.

-Pero soy tu hermano.

No debí dejarme llevar por mi primer impulso.

-No vale la pena darle más vueltas.

Como hermano mayor, mi obligación era mantener la cabeza fría

y poner por delante tu inocencia.

-Diego,...

éramos una familia íntimamente unida.

Ni tú ni yo teníamos la cabeza clara

cuando supimos que nuestro padre había sido asesinado.

De todos modos, cuando he entrado

y el maldito pisapapeles era una prueba falsa

colocada para inculparte,

he sentido vergüenza de mí mismo.

-Liberto o don Felipe podrían haberte puesto al tanto,

pero quería ser yo quien te lo dijera.

Claro que al volver a casa,

no esperaba encontrar a Carmen medio muerta.

-¿Crees que Úrsula está detrás de la muerte de padre y de tu inculpación?

-Así es. No dudes que conseguiremos demostrarlo.

Pero ahora tenemos problemas más acuciantes.

-Tenemos que encontrar a Moisés.

Daremos con Moisés.

-Eso es lo que quería escuchar.

-¿Me perdonas, Samuel?

De corazón.

-Me dolió la ligereza con la que me juzgaste.

Pero sin ese ardor, sin esa pasión, no serías Diego,

no serías mi hermano.

Claro que te perdono, majadero.

-Más unidos que nunca.

-Y para siempre. Daremos con Úrsula.

-Eso espero.

De lo contrario, no encontraremos a Moisés.

¿Así, sin más, la muy tunanta?

-Sin más. Acabo de dejarla en la estación.

Mañana estará cruzando el Canal de la Mancha

rumbo a la Gran Bretaña.

-Me quedo muy chafada.

-Mujer, no pongas a Felipe en un aprieto.

Cualquiera diría que Celia no te había avisado

que iba a pasar una temporada con su chaval.

-Avisarme, me avisó,

lo que no quiere decir que llegado el momento,

no la vaya a echar de menos.

-Esperemos que todo le vaya bien en esas tierras de protestantes.

-Dios lo quiera.

Pero sí, le irá bien,

incluso aprovechará para hacer algún negocio que otro con sus tintes.

Pero no crean, tuve que darle un empujoncito.

No se decidía a marchar.

-Ya. Por Silvia, ¿no?

Se habían hecho muy amigas.

Se han, querida, se han hecho muy amigas.

-También estaba muy dolida por lo de Carmen.

Pero, en fin, se ha ido.

Me quedo mucho más tranquilo sabiéndola lejos.

Por el momento.

-Lo comprendo perfectamente.

No está el barrio para garantizar la seguridad de nadie

y, menos, por lo visto, mucho menos de las mujeres.

-Don Felipe,

¿quién cree que atacó a Carmen?

-La policía no tiene ni idea, pero seguirán investigando.

-¿Y Úrsula?

Ya dijo en la comida que se marchaba.

Quizá ni siquiera sepa que su criada ha sido salvajemente herida.

-O quizá haya tenido algo que ver.

O quizá sea una víctima.

Lo que no es normal es que alguien entre en una casa

para atacar solo a la mucama.

-Confiemos en que se marchara por voluntad propia.

-Confiemos.

-También nosotros íbamos a salir de viaje a mi pueblo,

pero mi esposo no ha podido.

-¿Trabajo? -¡Imagínese!

Habían nombrado a Ramón pregonero mayor del mismísimo Cabrahigo.

-El mayor y el menor, don Felipe.

Déjalo estar, Trini.

¿Sabe usted algo de los hermanos Alday?

Los he visto salir del barrio. Estarán buscando a Úrsula.

-Sería lo lógico,

sea cual sea el papel que juega esa mujer en esa desdicha.

-¿Eso incluye el asesinato de Jaime Alday?,

porque el lance se las trae.

Debo entender que el hijo pequeño ha sido exculpado.

-La acusación se basaba en una prueba falsa.

Ya le contaré.

Volviendo a Úrsula:

imagino que la policía andará en su busca, al menos para ver

si puede aclarar lo de Carmen.

-Imagino que están al tanto, aunque con la despedida de Celia

no he podido pasar por la comisaría y no tengo noticias ciertas.

-Don Felipe Buenos días.

-Buenos días.

-Necesito hablar con usted urgentemente.

-Claro. Estoy a su disposición.

Disculpen.

-Con Dios. -Con Dios.

¿Se puede?

¿Qué quiere?

-(TOSE)

¿Agua?

¿El vaso de agua?

¿Le duele?

-Un poco.

¿No le hacen efecto las medicinas?

¿Quién fue el canalla, Carmen?

¿Pudo verle?

Fabiana,...

nunca he sido santa de su devoción.

¿Y qué?

Que nunca se preocupó...

si vivía o no.

Que usted y yo no somos las más "allegás" del altillo, ya lo sé yo.

Pero es "usté" una comadre y sufre como todas las pobres.

Pero si usted quiere, yo me marcho por donde he venido.

¿Cómo es el rancho de aquí?

¿"Pué usté" llenar la andorga?

Porque si es así,

le traigo unas albóndigas de gorrino que he "preparao" "pa" la cena.

-No está la lesión en buen sitio para comer.

-Entonces me ayuna usté,

pero, en cuanto empiece a sanar,

ya le traeré yo la pitanza que hagamos en el altillo.

Verá cómo se recupera en un santiamén.

A las enfermeras de aquí las mandaba yo una semana "na" más

con nuestros señores, ¿verdad?

No saben hacer ni una cama pa un enfermo.

¿Me va a decir que no, don Felipe?

-Quizás Flora se merezca mi ayuda legal,

no lo dudo, pero ando ocupado, en exceso. Lo siento.

-Don Felipe,

sé que le sobran obligaciones,

pero siempre se las ha arreglado para compatibilizarlas

de forma desinteresada a los vecinos de Acacias.

-Y no solo por fraternidad,

considero un deber amparar a mis amigos.

Tal vez no considere a Flora una amistad suya,

pero yo así lo considero.

Se lo pido como favor personal,

no solo a mí, también a mi familia.

-Me pones en un aprieto.

Además de mi labor junto al marqués de Viana,

me ocupa también la desaparición de Silvia,

así como asesorar a los Alday. No dispongo de tiempo.

En circunstancias normales, podría ayudarte...

-No son circunstancias normales, don Felipe.

-Serías muy buena abogada.

Negocias más duro que un sindicalista.

-Sea.

Me ocuparé de Flora Barbosa.

Lo haré por ti y por tu familia.

-Gracias.

Esta misma tarde hablaré con el comisario Méndez.

Si es inocente, como afirmas,

no debería pasar ni un minuto más entre rejas.

Se lo agradezco, don Felipe, no se imagina cuánto.

No olvidaré su deferencia.

-Como te digo, una de mis aficiones es proteger al desvalido.

Siempre que sea vecino de Acacias.

-Escuche una cosa. Perdone mi curiosidad,

ha dicho usted que asesoraba a los Alday.

-(ASIENTE)

-¿Cree que...

la agresión a Carmen

y la desaparición de Úrsula están relacionadas?

Quiero decir,

Algo tiene que haber pasado a doña Úrsula

para no acuda a las exequias de su esposo.

-De facto no hay nada que apoye mis sospechas,

pero sí, podrían estar relacionadas

incluso ser Úrsula, de un modo u otro, la instigadora.

-Es una pesadilla. -Insisto en que es mera intuición.

Los Alday andan buscando a su madrastra,

pero creen que tiene que ver con la desaparición del crío.

-Una pesadilla.

Y para mi amiga Blanca, un calvario que parece no tener fin.

Permíteme que te pregunte, Leonor,

¿por qué tanto afecto y tanta inclinación por Flora?

-Qué raro que no lo sepa, viviendo en este barrio.

Tengo una relación con su hermano, con Íñigo Barbosa.

-Ahora me queda más claro..

-Nos queremos.

Sé que usted, como la mayoría de vecinos

considerará un escándalo nuestro idilio.

Pero nos da igual. Ya se lo he dicho a mi madre.

-Eres una mujer muy valiente.

Tu padre estaría orgulloso.

Te deseo mucha suerte.

Aunque sea como recompensa por el coraje que demuestras.

-Tenemos amor

y eso es ir un paso por delante del destino.

¿Y la familia de él?

La tal Eva y el niño ese tan salao, ¿dónde están?

-Lolita.

-Perdón.

-Le acompaño.

¡Oiga, Peña, ¿qué hace esta puerta cerrada?!

¡Conteste, Peña, Íñigo, como se llame usted, responda!

-No se desgañite usted, doña Susana, ahí dentro no hay nadie.

¡Es intolerable, improcedente y un disparate!

¡A estas horas, La Deliciosa debería bullir de gentío, de tertulias,

de picatostes mojados en chocolate!

-Creo que el propietario ha preferido marcar distancias

con la autoridad, a servir meriendas.

Nada peor que la gente que no tiene el valor de enfrentarse

a las consecuencias de sus actos.

-¿Por qué buscan a ese irresponsable?

-Eso es lo más infame: huye aunque ni siquiera pretenden arrestarle,

solo interrogarle por el altercado que acabó con la muerte

de ese indio. -¡Ave María purísima!

No han podido arrastrar más el nombre de La Deliciosa.

¡Un indio de la India muerto en nuestro local!

¿Qué será lo siguiente?

-¿A qué viene tanto santiguarse?

Si no me santiguo me da un síncope o una apoplejía.

Desde que llegaron los supuestos Cervera,

sabía yo que esto no iba a acabar bien.

-No menciones a los Cervera. -Tengo que hacerlo.

Porque ella, Flora,

está en la cárcel acusada del homicidio de un indio de la India.

-No me refiero a ella.

-¿A él? ¿A Íñigo? -¡No me repitas su nombre!

-¿Qué atrocidad ha perpetrado ahora? -Bien dices.

Verás, me da vergüen...

Cesáreo,

por favor, ¿puede apartarse un poco? Es una conversación entre damas.

-Si no estoy al tanto, no podré protegerlas cuando haya ocasión.

-Cuando llegue la ocasión de protegernos,

yo le cuento lo habido y por haber. Fuera.

Oh.

Susana, ese se ha camelado, engatusado,

o como quieras llamarlo, a Leonor.

-¿Íñigo?

-Sí, ese, o a lo que quiera Dios que responda.

Ya lo sabía yo.

Estaba más claro que agua. No haces caso.

Quizá debería haber sido más propensa a escucharte.

Pero como te pasas el día malquistando.

-No te tendré en cuenta el comentario.

Pero, aprende, cuando el río suena, agua lleva.

Oye, ¿ese Íñigo no tenía familia?

Esa tal Eva y ese niño tan salao, ¿dónde están?

*

Me alegro de haberte encontrado, tengo algo importante que decirte.

-No me asustes, que las cosas importantes,

últimamente vienen acompañadas de desgracias y de las gordas.

-No, mujer, no es el caso. Vengo de Correos y Telégrafos.

Me he estado enviando telegramas con mi cliente,

el comprador de oro, ya sabes.

-Sí, ya sé, el que te impide ir al pregón de Cabrahigo.

-Impedía. -¿Qué?

Pues mira.

En uno de esos últimos telegramas me dice que tenía que viajar

a una comarca cercana

a tu pueblo y... A mí se me ha ocurrido una idea.

-¿Has quedado con él en Cabrahigo?

-En el casino.

-Ay. Pero Ramón, no te he dicho yo toda la vida que eres un ángel.

Ha sido pura casualidad,

pero me viene divinamente. -Ay, Ramón,

no solo me alegra que vayamos ir a pregonar a Cabrahigo,

sino que... me encanta que no te avergüences

de llevar a uno de tus clientes más importantes al trasero del mundo.

-Ha sido más fácil que eso.

A mi cliente le encantan las fiestas populares y, por extensión,

también las de Cabrahigo.

-Eres el marido más bueno y pomposo

que tiene una cabrahíguense.

Ven aquí, truhan, que te lo has ganado.

-Buenas.

¿Qué te pasa?

¿Te ha comido la lengua el gato?

Llevo toda la tarde buscando al Peña. ¿Le han visto?

Ha desaparecido como por ensalmo.

Nadie sabe nada de él desde que encarcelaron a Flora.

-¿Erais amigos?

Bueno, él admiraba mi habilidad con las cafeteras.

Quería contarle las ideas que tengo en la cabeza.

Me dolería

que se hubiera metido en un lío.

Servando, a las buenas. -¿Qué haces aquí, muchacha.

La casa de tus señores está "pal" otro lado.

-Tengo el alma en vilo.

He venido a por un vestido de doña Rosina,

y no me podía marchar sin saber cómo ha sido lo de Carmen.

-¿Qué cómo ha sido? ¡Con alevosía!

Aprovecharon a que tuve que salir

para subir con astucia a casa de doña Úrsula.

-Ay que ver. Le digo una cosa, ¿eh?,

si fueron tan salvajes como para pincharle en las tripas,

poco hubiera "podío" hacer "usté".

-Buenas. ¿Poco?

-La hubiera salvado la vida.

En cuanto hubiera "escuchao" un ruido,

me planto en el piso y les detengo o les pongo en fuga.

-Ah...Por cómo habla, parece que fueron varios.

-Como si hubieran sido cientos. Pocas bromas conmigo.

-Si "usté" lo dice...

Por cierto, ¿se sabe quiénes podrían ser los malhechores?

Le digo una cosa,

a mí me huele a que es el sacamantecas.

-¡Quiá! El sacamantecas es un animal.

Estos conocían bien el barrio.

Una banda organizada, como yo me llamo Servando era.

Y me da en la nariz que son los mismos

que se llevaron a la señorita Reyes. -¡Madre del amor hermoso!

¿De verdad lo cree?

Entonces van en busca de mujeres indefensas.

No te preocupes, Casildilla, que aquí estoy yo ojo avizor

pa que no se vuelva a cometer otra tropelía.

Tendrían que pasar por encima de mi cada...

Luego seguimos hablando. ¡Cesáreo!

-Pues bien estamos en manos de este.

Qué alegría verle.

Haciendo su ronda, tan puntual como siempre.

-Si quiere algo, dígalo,

que no hay descanso en la lucha contra el crimen.

-Me preguntaba yo, que conmigo no tiene que mostrarse tan marcial

y hosco.

Sé que detrás de ese aspecto glacial, hay un alma bondadosa.

-Al grano, Servando. -Ya va, ya va.

Usted sabrá más que bien,

que el sereno y el portero de la finca más reconocida,

deberían ser uña y carne,

agujero y calcetín...

Deberíamos de luchar juntos en pro del bien común.

-Si va a seguir con la retórica, servidor se abre.

-Espere que le quiero hacer un regalo.

-¿Qué regalo? Este silbato.

Yo tengo uno igual.

Qué aparece un forajido, nos silbamos y actuamos al unísono.

-Una porquería de silbato.

Ya tengo yo uno, reglamentario,

el que utilizan los guardias.

Esto sí que es una arma contra la delincuencia.

No ha sido coser y cantar,

pero he dado con el carruaje en el que se llevaron a Silvia.

Y no era un coche de punto, fíjese usted, era uno particular.

-¿Hay forma de identificarlo?

-Gracias a que tenía un distintivo rojo,

he conseguido averiguar el trayecto que realizó el día que desapareció.

-¿Adónde fue?

-Que esté allí o no,

es harina de otro costal,

pero hay testigos que han visto el carruaje en una finca, en Las Cañas.

-Una zona apartada y discreta.

Seguro que es allí donde retienen a Silvia.

Si está usted convencido,

deberíamos poner en conocimiento de la policía lo que sabemos.

-No hay tiempo para eso.

-¿A quién piensa encomendar tarea tan delicada?

-Los policías no irrumpirán en esa casa sin una orden judicial

y para cuando la consigan, puede que sea demasiado tarde.

Iremos nosotros.

-Se trata de liberar a Silvia, no de ejercer de héroes.

-¡Naturalmente que se trata de eso! ¡Y eso es lo que voy a hacer!

Con su ayuda, si quiere acompañarme.

-Perdone, pero su ansia le lleva al exceso, coronel.

Una cosa es indagar, preguntar aquí y allá,

y otra muy diferente es enfrentarse a unos facinerosos

que cuentan con mucho oficio.

-Si estuviera bien, me enfrentaría a ellos solo,

a cualquiera que haya puesto en peligro a Silvia,

por muy bárbaro que sea.

-Perdone que lo diga así, pero ese no es el caso.

No dispone usted de capacidad suficiente

para un enfrentamiento abierto.

Debemos conocer nuestras propias fuerzas.

-Lleva usted razón.

Es el primer mandamiento de un militar:

valorar justamente sus recursos.

-Me alegro de que no haya usted olvidado los manuales del ejército.

-Vigile usted cualquier movimiento en esa casa,

mientras yo denuncio la situación en comisaría.

Me parece factible.

Me mantendré en la distancia, salvo que vea algo extraño.

-No hay más que hablar. En marcha.

¿Qué me oculta?

¿Qué pretende?

¡Sea lo que sea, no dude de que pagará por ello!

Yo misma me encargaré de convencer al juez

de que no ejerza clemencia. -No me cabe duda.

Es usted especialista en manipular la voluntad

y las acciones de los hombres.

Sé que lo haría usted,

que usaría sus armas de mujer para que el juez me tratara como escoria.

Es su estilo.

Acabemos con esta farsa. ¡Quíteme la venda!

¡No tengo miedo!

¡Puedo enfrentarme a mi destino con los ojos bien abiertos!

-No nos pongamos dramáticos, querida.

Una vez más, ha logrado convencerme.

Dejaré que disfrute de mi compañía con todos los sentidos.

-Si cree que voy a plegarme de buen grado a sus aberraciones,

ya puede ir quitándoselo de la cabeza.

-A todos nos gusta recordar el pasado de vez en cuando,

aunque sea con la imaginación.

¿No han sido 10 años de presidio suficiente para usted?

¿Quiere volver 10 años más allí?

-No sea desagradable, querida.

Bien sabe Dios que yo también podría serlo,

pero prefiero pasar la velada en armonía,

como en los viejos tiempos.

-En los viejos tiempos

era usted un esclavista sin escrúpulos.

-Vamos, qué forma tan cruda de recordar los días de vino y rosas.

Yo era un armador con una gran flota

y, usted bien que supo disfrutar de mi fortuna.

-Solo pretendía desenmascararle.

-Y para ello me sedujo.

El contratiempo fue

que yo la creí,

creí en sus palabras y en sus caricias.

-Era mi misión, Acabar con la trata de esclavos.

-Estoy seguro de que necesita beber algo.

Vamos, no sea terca.

Es el mejor vino del mercado, como entonces.

¿Por qué tuvo que estropearlo todo?

Éramos felices.

Teníamos poder, dinero...

¿Acaso la traté mal alguna vez?

-Me dabas asco.

Jamás sentí nada por usted. -¡Falso!

Estaba usted cumpliendo una misión, ahora lo sé,

pero no se puede fingir la piel de gallina cuando la acariciaba,

no...

se fingen los estremecimientos cuando la tenía entre mis brazos.

Solo una vez más...

De acuerdo.

Usted decide.

Si no quiere plegarse de buen grado a lo que llama mis aberraciones,

será de mal grado.

Es el vestido que llevaba la última noche que pasamos juntos.

Póngaselo o le obligaré a ello.

Vamos a terminar lo que dejamos inacabado.

-Gracias de todas formas. -¿Has dado con algo?

-Como si se la hubiera tragado la tierra.

Nadie ha visto siquiera a una mujer con las características de Úrsula.

Imagino que tú no has tenido mejor suerte.

-Ha desaparecido como la bruja que es.

-Y lo peor es que no tenemos otro cabo del que tirar.

-Se ha escapado en nuestras propias narices.

Blanca no soportará perder la esperanza de encontrar a Moisés.

-Y nosotros no podremos esclarecer lo que le sucedió a padre.

-¡Gracias a Dios que os encuentro! -¿Has dado con algo, amor?

He recorrido todas las paradas de coches de punto de la ciudad.

Preguntando a los cocheros y describiendo a Úrsula.

-¿Has conseguido algo?

-He conseguido identificar al cochero que se llevó a Úrsula.

-¿Quién es? ¿Dónde está?

-No he podido hablar con él,

pero sus compañeros me dieron las señas de su esposa y he ido a verla.

-¿Te ha dicho algo que nos sea útil?

-Era reacia a hablar, no quería meter a su marido en líos,

en "enredos de señores".

Pero se apiadó al saber que yo solo pretendía encontrar al hijo

que me habían robado.

-¿No tendremos la suerte de que esa buena mujer

te hubiera dicho dónde había llevado a Úrsula?

-Sí.

Lo sabía porque su esposo tuvo que decírselo.

No era una carrera corriente. Tenían que salir de la ciudad.

-¡Adónde? Van camino de Valencia.

-Nos llevan mucha ventaja.

Llegarán a Valencia mucho antes que nosotros y se perderán en la ciudad.

-Está además el puerto. Úrsula podría ir donde quisiera.

-No adelantéis acontecimientos.

El cochero le dijo a su esposa que se detendrían en un pueblo,

Castro de la Sal.

-¿De veras? Todavía tenemos una posibilidad.

-Sí.

Siempre que Úrsula se detenga aquí y,

no sea una maniobra de distracción más.

-No podemos permitirnos la duda. ¡Marchemos de inmediato!

-Daremos con ella y con Moisés. Confía en ello.

-Ya lo hago.

Algo aquí dentro me dice que pronto tendré a Moisés conmigo.

Ya, ya, mi niño. Duerme, duerme bien.

Sí.

Te cuidaré siempre, pequeño.

Siempre. Nadie podrá hacerte daño nunca.

Jamás.

-(LLORA MOISÉS)

-Chist.

¿Y sabes por qué?

Porque siempre estaremos juntos.

Nadie será capaz de separarnos. Chist.

Ea, ea, ea, mi niño se duerme.

Bendito sea.

Ah...

Contigo todo volverá a empezar.

Olvidaré para siempre la traición de Cayetana,

el desprecio y el odio de mis propias hijas.

Todas me decepcionaron.

Todas.

Y gracias a ti, Moisés,

todas ellas caerán en el olvido.

Te educaré mejor que a ellas

y, serás,... serás en verdad

mi hijo.

Mi hijo.

Y todos se darán cuenta

de que se confundieron al juzgarme,

que soy una buena madre

y que nunca deberían haberme tratado con desprecio.

Tú serás...

mi primer y único hijo de verdad.

Sí.

Santa Olga, San Moisés,

a vosotros me encomiendo.

Proteged a mi hijo, a mi verdadero hijo

A santa Olga, San Moisés,

a vosotros me encomiendo.

¿Castro de la Sal, dónde está ese pueblo?

-Camino de Valencia.

Es donde creemos que se esconde mi madre con Moisés.

-¿Y cómo lo sabéis?

-Conseguí hablar con la mujer del cochero.

Me dijo adónde se dirigía.

-¿Por qué ese pueblo?

Tiene que ser un lugar muy pequeño.

-No lo sé.

Me imagino que...

le vio de camino al puerto y, ella iba a coger un barco.

Igual pasa varios días allí o solo una noche.

Por eso es importante que lleguemos cuanto antes.

No se puede escapar. -"Don Felipe".

-Buenas noches. -Buenas noches.

Dígame que tiene buenas noticias.

-Me temo que no. Me he reunido con el comisario.

Si no hacemos nada, Flora pasará a disposición del juez.

-¿Y qué podemos hacer?

-Convencer al juez de que se equivoca.

Aunque con su declaración, es imposible.

-Parece la declaración de alguien empeñado

en tirarse piedras sobre su tejado.

-Cuidado, los últimos coletazos de Úrsula

serán los más letales.

O querrá llevarse a alguien con ella.

-Lo sé. Por eso tenemos que armarnos contra ella.

Solo tú puedes decirnos cómo hundirla.

-Si pudiera hablar con Riera...

-Pero no está. Tienes que confiar en mí.

-"Entran en la casa"

y asaltan a la criada.

Y la señora desaparece.

-Por no hablar de lo de Diego y Blanca,

y ese niño no encontrado.

A Leonor le damos menos y nos hace una novela.

-A todo esto, ¿quién habrá matado a Jaime?

Si no ha sido Samuel,

alguien habrá sido.

Miedo me da pensar que tenemos cerca a un asesino.

Quisiera que nos acompañara a Cabrahigo.

Tengo que dar el pregón de las fiestas.

-¿Va a hacerlo? Qué alegría más grande.

-Cuenta con mi consentimiento.

-Uy, pero no puede ser.

-¿Por qué? -Porque...

no se puede quedar solo.

-Bueno. -Y doña Silvia a punto de llegar.

-No me acordaba de la ausencia de Celia y de la vuelta de Silvia.

-Ni que uno no fuera capaz de sobrevivir un par de días solo.

-Don Felipe protesta y...

Dice que no tiene mucho margen con la declaración que has hecho.

Que parece que te inculpas tú, y que...

exculpas al Peña. -Eso no es así.

Yo cuento las cosas como pasaron de verdad.

-¿Toda la verdad?

-La mayor parte.

-Deja de jugar. ¿No te das cuenta de la situación en la que estás?

-Me doy cuenta.

-Deja de proteger a ese hombre.

¿No ves que te ha vendido?

Cuando las cosas se han complicado, se ha esfumado.

-Los ingleses y japoneses han hecho un acuerdo

para respetar sus intereses en China y Corea.

¿Sabes cuánto van a durar esas intenciones?

-Posiblemente nada.

Es más, estoy convencida de que mientras que lo firman,

ya se lo estaban saltando.

-Ya.

No sé a quién pretenden engañar firmando

esos acuerdos en una especie de treatillo.

-¿Buscas algo?

-Yo amo a su hija.

-Espero que eso sea verdad.

Y... como juegue con mi hija, como le haga daño...

-Todo lo contrario.

Yo solo quiero que sea la mujer más feliz del mundo.

-Espero que así sea, porque aquí la conocen desde cría.

Todo quieren lo mejor para ella.

-¿Blanca? -Ha ido a por comida.

Así no tendremos que parar. Allí está.

-¿Se sabe algo de Carmen? Me hubiera gusta verla.

-Ayer tuve una charla con ella. -¿Algo de interés?

-Mucho. Ahora os cuento.

-Seguro que te ha dicho que mi madre la ha atacado.

Vamos, quiero encontrar a mi hijo. -Vamos.

-A Castro de la Sal. Lo más rápido que pueda.

-"Voy a salir".

Quiero que todo esté preparado para marcharme en cuanto regrese.

Chist.

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Acacias 38 - Capítulo 791

26 jun 2018

Samuel encuentra a Carmen gravemente herida en la casa de Úrsula. La criada le cuenta que su señora ha huido con el niño. Fabiana acude al hospital y se reconcilia con Carmen. Diego se reencuentra con Samuel y le pide perdón por haber creído que pudo asesinar a su padre. Blanca logra identificar al cochero que se llevó a Úrsula. ¡Va camino de Valencia! Blasco secuestra a Silvia para vengarse de que ella le entregara a la policía. Esteban y Arturo resuelven sus diferencias y dan con una pista que les encamina a dónde está Silvia. Flora es detenida por la muerte del Indio e Íñigo busca la forma ayudarla. Leonor intercede ante Felipe para que la defienda, pero Méndez confirma que el futuro de Flora es muy negro. Ramón acepta la oferta de Cabrahigo e irá junto a Trini para pronunciar el pregón de las fiestas.

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  1. Laura

    Si no fuera trágico, sería cómico: Ursula, una asesina serial (como todo el mundo sabe, siendo que sus crimens han sido desvelados varias veces en la novela) todavía no recibe su castigo por la Justicia y sigue con sus varios crimenes.Los guionistas nos contan que en España en el siglo pasado a ninguno le interesaba hacer justicia! Donde estan los buenos policias de la 1era serie, como Mauro, por ejemplo, poque no regresa junto a su Teresa? Eran los personajes mas positivos y los actores mas profesionales de la obra. Que se vayan Blanca y Diego actores fatales, parecen mumias embalsamadas (desde Italia)

    05 jul 2018
  2. Isabel

    Opino igual que Ana Serrano, y añado que no avanzan, los capítulos son muy repetitivos, es decir; ponen adelantos durante varios capítulos y repiten mucho las últimas escenas en demasiados capítulos.

    29 jun 2018
  3. Ana Serrano

    De verdad, de verdad que yo no critico por criticar. Esto no es una sólo una crítica, intento ayudar a los guionistas y asesores de época porque la conozco muy bien, la he estudiado, he hablado muchísimo con personas que le han vivido y además no sé si es una falsa apreciación mía pero me hace gracia que me parece que me están haciendo caso. Esto lo deben leer algunos guionistas y en realidad soy un chollo porque lo único que intento es ayudar y lo hago gratis. En fin, yo entiendo que a los actores no les gusta nada ponerse sombrero porque les sienta francamente mal y son muy feos pero en la serie hay muchísimos exteriores y los hombres siempre en la calle llevaban sombrero. Ahora lo llevan, que es por lo que pienso que me están haciendo caso, pero en la mano y así no vale y para saludar se lo levantaban levemente y se lo volvían a poner, no llegaban a quitárselo del todo. Es que las indicaciones que hago son muy sencillas y no encarecería nada, es cambiar pequeñas cosas ya a todos nos gustaría más cuanto más cuidado estuviera ¿o no?

    28 jun 2018
  4. Maria Ester

    Evidentemente, como es natural después de todo, en el mundo existe disparidad de criterios u opiniones; en el caso de esta serie hay quienes critican ( o criticamos ) ciertas cosas y otros que consideran que prácticamente no hay cosas negativas. Solo digo que los que CRITICAN A LOS QUE CRITICAN, están cometiendo lo mismo que reprueban en los demás-

    28 jun 2018
  5. Carmela

    ¿Porqué adelantan en el final la aparición de Silvia cenando con Alfredo?. Creo que así le quitan la emoción con la aparición del personaje secuestrado. Lo demás todo bien no entraré en tantos detalles como lo hacen algunos, porque me encanta la novela, el vestuario y la escenografía son espectaculares...¡¡¡Felicitaciones a todos los que componen Acacias 38!!!

    27 jun 2018
  6. Ana Serrano

    Sigo con el desastre de los guionistas de esta serie donde los matrimonios se deshacen casi como con el divorcio actual, y estamos a principios del siglo veinte, por medio de la anulación eclesiástica que entonces no utilizaba nadie. Todo el mundo va vedtido diempre como para una boda, con un vestuario precioso, pero completamente inadecuado porque entonces también tenían ropa más de diario. Unas gentes que no se sabe de qué vivan porque, salvo el abogado, nadie trabaja, como los grandes señores y no se sabe si son de clase alta porque no tienen tierras ni se ocupan de sus negocios, ni media, ni baja, lo que no puede ser por las pretensiones que tienen, por cómo se visten y las casas en que viven. Las señoras entonces no salían solas ni a misa, no entraban en las cafeterías solas, por mucho que fueran viudas, ni se sentaban en las terracitas en grupo a merendar, eso lo tenían que hacer con sus doncellas o con sus maridos. Una señora andando por la calle sola o en una cafetería es tan absurdo que yo creo que hasta la gente joven se tiene que dar cuenta cuando lo vea. Lo del altillo comprendo que es una solución para reunir al servicio, pero también es impensable; vivían en casa de sus señores y los buhardillas vivían lavanderas, planchadoras... las gentes que trabajaban por horas en distintas casas. Los señores todos llevaban sombrero y no entiendo la diferencia de la ropa del marido de Rosina. Lleva como un frac gris o smoking extraño y los demás de traje corto.

    27 jun 2018