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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 788 - ver ahora
Transcripción completa

¿Crees que es mi madre la responsable de la muerte de Jaime?

Creo que su madre puede ser la responsable

de todo lo malo que ocurra a nuestro alrededor,

hasta puede hacer recaer todas las pruebas sobre Samuel.

-"Perdiste el control"

cuando tu padre se puso de parte de Diego.

Era un hombre anciano

y enfermo. ¿Cómo pudiste matarlo?

-No la crea, Felipe, no la crea.

Necesito hablar con Diego, aclararlo todo.

-Está bien, hablaré con él.

-Sé que es difícil confiar. -Son demasiadas mentiras.

¿Por qué habría de creerte? -Porque te digo la verdad.

Todo es una maniobra del Peña para que no nos vayamos del barrio.

-"¿Cuándo sabrá si lo defiende?".

-Cuando esté seguro de si es culpable o no.

Y tengo ciertas dudas.

Fui a la cárcel a que me las despejara y no lo hizo.

¿Cómo pude ser capaz?

-"Buenas noches, señorita. ¿Ha visto a un hombre extraño

merodeando por el barrio?".

-¿Un hombre extraño?

No sé a qué se refiere.

-No parece español, yo diría que es hindú.

-¿Un indio? -Sí, eso le he dicho.

-No, no le he visto,

pero le agradezco el aviso. -"¿Cree que se ha ido con él?".

-No, no lo creo,

si Silvia hubiera querido estar con Esteban,

no habría regresado de Italia.

-Tiene razón.

-Tampoco creo que haya desaparecido voluntariamente,

se habría llevado ropa de mi casa.

-A estas alturas no sé si eso me tranquiliza o me preocupa más.

¡Abra!

-"¿Ha descubierto algo?".

-Sí,

algo importante. Tengo el nombre

de la persona que cuida de Moisés.

-Le debo mi propia vida, descubrir al que tiene a mi hijo

es lo único que me importa en este mundo.

Pronto podré tenerle entre mis brazos.

-He de advertirla de que no será fácil encontrarlo.

-Pero ¿la pista es fiable?

-Sin duda, Úrsula tenía gente a su servicio en Villamanzanos.

El hombre que me disparó

sería el que mató al doctor Pallero.

-Tiene lógica, mi madre quiere borrar

cualquier pista que pueda involucrarla.

-Según he podido averiguar, ese hombre no actuó solo.

Iba acompañado de un pollo bien conocido

en la comarca. -¿De quién se trata?

-De un tal Muñiz al que apodan El Viejo.

Es un bala perdida conocido por toda la comarca

por asaltar los caminos.

-¿Puede ser el mismo que nos asaltó?

-Es muy posible. Según cuentan, se hace acompañar

por un muchacho para detener los carruajes.

Por favor.

¡Ayuda!

-¿Qué pasa? -Es mi hijo.

Un accidente. Tiene la pierna rota.

¡A este chico no le pasa nada!

¿Qué es esto? -¡Vamos!

Quiero todo lo que lleven de valor, dinero, joyas, todo.

-Se lo daremos todo, pero a ella ni la toquen.

-¡Diego, nos van a matar!

-Pero antes nos vamos a divertir contigo.

¿Qué os parece?

Si te portas, te dejamos verlo.

Sin duda se trata de ese hombre horroroso.

No me diga que ese monstruo es el que tiene a mi hijo.

-Me temo que es así.

Según he podido averiguar,

Muñiz le arrebató el niño a Pallero y se ocultó en el Junco.

-¿Por qué no le arrestaron?

-La presencia de la policía debió de alertar

a Úrsula y ella avisó a su esbirro para que huyera.

-Apenas hemos avanzado nada. Si acaso, hemos retrocedido.

Sabemos quién tiene a mi hijo, pero no dónde está.

Y en manos de ese canalla puede pasarle de todo.

-Le encontraremos.

Ese hombre no le hará daño,

piense que está a las ordenes de Úrsula: Moisés es su nieto.

-Lo que no acabo de entender

es cómo encaja la muerte de Jaime en todo esto.

-No puedo decírselo, pero tal vez Samuel

no esté tan limpio como creíamos.

-Yo ya puedo esperarme cualquier cosa.

-Confíe en mí, más pronto que tarde daré con Muñiz.

(Sintonía de "Acacias 38")

Cinco, diez, veinte, veinticinco.

Treinta. Ahí van.

¿Y esos dineros?

¿Por qué le está pagando a esta mujer?

-Le estaba dando la vuelta de su consumición.

-Pues le ha dado

un buen puñado de pesetas,

demasiadas por tomar algo

en una churrería.

-Es que le he dado

un billete de 25 pesetas.

No tenía otro.

-Es una mujer potentada,

no muchos salen a la calle

con ese capital. -¡Quia!

Son los ahorros que nos quedan, pero se ha empeñado en unos dulces

y nos hemos parado en la terraza. -¡Qué extraño!

He pasado y no les he visto.

-No se habrá fijado bien.

-Me he fijado bien.

¿Me van decir la verdad

o van a seguir intentando tomarme el pelo?

-Yo no me atrevería

a andar con embustes con una señora como usted.

-Si no fuese porque se lo he pedido.

Me da mucha vergüenza

que se sepa que estoy a dos velas.

-Sí, sí.

Es verdad, no era cambio de nada,

el dinero era un préstamo.

Pero me pidió ser discreto

y he dicho esa pequeña mentira.

-Estoy desesperada, mi marido

no se hace cargo del niño y apenas tengo para pagar la pensión.

-Podrían haber empezado por ahí, lo otro no había

quién se lo creyera.

Qué bien verles por aquí.

¿Cómo está el pequeño Nacho? -Bien,

entretenido jugando. -Este niño es tan rico.

Les invito a chocolate.

-¡Qué bien! Mi madre nunca me lo da. Hace mucho que no tomo.

-Pues vas a tomar el que quieras. Leonor, siéntate con nosotros.

Con permiso, don Ramón.

Le traigo

la correspondencia. -Muy bien, déjala en la mesa.

-Quería comentarle un par de cosas.

-Sé breve, tengo un cerro de trabajo esta mañana.

-Ya me ha dicho Fabiana que anda agobiado con el pregón.

Tenía que haberles dicho que no.

Mejor ponerse colorado una vez que amarillo cientos.

-Te agradezco los consejos que no te he pedido.

Aunque no sea lo que más me preocupa,

tengo que admitir que me tiene algo inquieto.

-No se inquiete: a la gente se le gana por el corazón

y por el estómago. Y a los de pueblo, más.

-No sé qué tiene eso que ver con el discurso.

-Si no se le ocurre qué decir, encargue matar unos gorrinos,

encargue vino y haga una buena comilona

y tiene a la gente entregada sin abrir la boca.

-Ya pensaba en colaborar para que no faltara de nada en la fiesta,

pero quiero hacer un buen discurso,

desde el corazón,

para que Trini y sus paisanos sepan lo que les aprecio.

-Pues a mí los paisanos de mi esposa me han traído siempre al fresco.

-Hombre, a mí tampoco es que me quiten el sueño,

pero sé lo importantes que son para Trini

y ella quiere que mi discurso quede fetén.

-No hay nada más agradecido que una panza llena de panceta.

-Bueno...

¿Cuál es ese otro asunto que querías contarme?

-Me he enterado que busca gente para que ayude

a Celia y a Trini en la búsqueda de Silvia.

Y me quería apuntar.

-Te lo agradezco porque aunque la búsqueda no esté dando frutos,

Celia y mi esposa no pararán hasta encontrarla.

-Si le parece, me abona y no le molesto más.

-Ya cobras como portero y la búsqueda

es en horario de trabajo,

así que date por pagado.

-Ya, pero esto es una acción peligrosa,

y merece una propinilla.

Yo se lo haría gratis, pero es por no hacer un feo.

-Está bien, voy a por mi cartera.

-Un gusto verle tan de mañana y tan bien.

¿En qué puedo ayudarle?

-Siéntese un momento, ahora vuelvo.

-"Si eres capaz de comerte ocho churros,"

¿cuántos caramelos te comerías?

-¿De caramelos? Todos. -¡Uh!

Pues ve a comprarle algunos a Fabiana,

pero no te los comas todos de golpe,

no sea que te salgan lombrices. Ten.

¡Qué niño más rico!

¿El padre ha aceptado hacerse cargo de él?

-No, sigue en sus trece y no nos da ni un real,

no sé qué va a ser de nosotros.

-Ese hombre no tiene conciencia. -No,

hay que ser muy desalmado para dejarlo

a merced del hambre y la pobreza.

-Un corazón de piedra hace falta para no compadecerse de la criatura.

-Ya lo está viendo, ni el menor gesto de cariño

ha tenido con su hijo, ni un beso, ni un abrazo...

Si terminamos durmiendo en la calle, tirados en el arroyo,

él no moverá un dedo para socorrernos.

En la cárcel deberían estar los tipos de esa calaña.

Y medirles las costillas

con una vara.

No queremos chusma en este barrio.

-Me van a perdonar, pero tengo

que atender otros asuntos.

Le he hecho llamar para preguntarle si sabe de Silvia Reyes.

Ya estará al tanto de que estoy financiando su búsqueda.

-Lo sé y ayer estuve recorriendo cada rincón de los jardines

buscando indicios.

-Y no encontró nada. -Ni allí ni por las calles.

Y eso que pasé toda la noche ojo avizor.

De momento no hay ni rastro,

pero la encontraré. -Si no lo hace otro antes.

-Se lo agradezco,

se toma interés por los vecinos siendo un recién llegado.

Me gustaría darle una propina. -No.

De ninguna forma,

es mi obligación.

Lo importante es que en el barrio esté todo tranquilo.

-Me parece muy bien,

pero no es óbice para que se le recompense.

-A mí no me importa trabajar más o menos,

lo importante es hacerlo bien.

Y no voy a cobrarles de más si por algo

tengo que emplear más horas. -No me parece bien.

Si un señor pudiente

quiere dar una propina, no somos quién para impedirle

esa buena acción.

-Lo dicho, cuente con mi apoyo desinteresado

para esto y para lo que necesite.

-Es un placer tratar con usted, es una suerte haberle traído al barrio.

-Buenos días. -Un momento, don Ramón,

quería devolverle el dinero que me ha dado,

que no tiene que venir nadie de fuera a darnos lecciones.

Con su permiso,

me voy a hacer mis cosas de la casa, que son muchas y muy variadas.

-Por favor, pase usted. -Pase, pase, pase.

Espere un segundo.

-"Ya son tres noches las que ha pasado fuera,"

empiezo a perder la esperanza de encontrarla con bien.

-Comprendo su desazón.

-¿Por qué la policía no pone todos los medios para encontrarla?

-Hablaré con Méndez y trataré de presionar.

-Es el caso más importante que tiene.

-Lo sabe. -Pero no la encuentra.

-Tenga paciencia, que redoblen sus efectivos no es garantía de éxito,

todo el barrio está implicado en la búsqueda.

-Lo sé, pero todo me resulta insuficiente,

debemos contar con más recursos.

-No se trata de medios, don Ramón está contratando gente.

-Estoy al corriente...

y se lo agradezco. A él y a todos.

-Se está haciendo todo lo humanamente posible.

-Me gustaría hacer más, remover Roma con Santiago,...

pero este maldito mal de mis ojos sigue avanzando

y no me deja hacer otra cosa que esperar.

-Debe ser terrible para un hombre de acción como usted.

-No sabe hasta qué punto.

En la calle me siento desubicado,

apenas puedo manejarme sin la ayuda de Agustina.

Me siento incapaz limitándome a dar órdenes desde mi casa.

-No puede hacer otra cosa.

-¿Qué opina la calle sobre mi actitud?

¿No es sorprendente para los vecinos?

-En absoluto, ven bien que dirija la investigación desde su casa.

-No quiero que piensen que no presto suficiente atención.

-Tranquilo,

saben todos lo preocupado que está por su prometida.

Me marcho a ver qué pesquisas han hecho

en comisaría. -Liberto anda localizando a Esteban,

pero aún no sé nada.

-Es de suponer que no le ha encontrado,

es posible que Esteban haya emprendido ya su viaje.

-Supongo que sí.

-Con Dios.

-Si pudiera ver, si pudiera buscarla...

¿Estará herida?

¿Cree que conseguiremos encontrarla?

-Confío en que sí.

-Nunca he sentido un miedo así.

Ni en la peor de las batallas.

(Gritos lejanos)

¡Felipe! Felipe, ¿es usted?

¡Diego!

Esperaba a mi abogado,

pero agradezco igualmente tu visita.

¿No crearás todas esas patrañas que han urdido contra mí?

-Parecen de lo más convincentes.

-Tienes que creerme, yo no maté a padre.

Es todo una trampa.

-Deja de mentir y apechuga con tus actos.

Hay personas que solo buscan perjudicarnos,

no caigas en sus embustes.

-¿Cómo has podido hacerlo?

¿Cómo has podido?

Padre nos amaba a los dos.

¿Ya no recuerdas cómo nos cuidaba y jugaba con nosotros?

-Por favor, no sigas.

-¿Ya no recuerdas el amor que te tenía?

Lo hubiese dado todo por ti.

-Soy inocente. Úrsula ha enredado todo esto.

-¡Deja de mentir! Las pruebas te incriminan.

Había pertenencias de padre en tu equipaje

y yo vi el pisapapeles con tu sangre junto a su cuerpo.

-Solo quería llevarle cosas que había dejado.

Eso no prueba nada.

-Para mí es más que suficiente.

-Diego, por favor, reconsidéralo, ya sabes cómo es esa mujer.

¿No la crees capaz de cualquier cosa para salirse con la suya?

-Tratas de salvarte de cualquier forma.

-No, trato de hacerte entender la verdad.

-Me das asco.

Para mí, has muerto.

-¡Diego!

¡Diego! ¡Diego!

¡Ah, Diego!

¡Diego!

(LLORA)

Olvídate de él. -No me puedo creer

que me pidas eso. Es mi amigo. -Y un asesino.

-Que yo sepa, no ha admitido nada.

-Le apretarán las tuercas y cantará hasta "La Traviata".

-Estoy seguro de que Samuel es una gran persona.

-¿Además de un parricida?

No deberías de acercarte a él, eso sin duda nos perjudica.

Te ruego que no me pidas algo así, iré a visitarle

y a darle mi apoyo.

-Al final te acabará salpicando este asunto

y acabarás sufriendo.

Y yo no quiero que eso suceda.

-Agradezco tu celo, cariño,

pero no sufras por mí,

la amistad requiere que nos sacrifiquemos.

-Hazlo por mí. Tener líos con los Alday puede pasarnos factura.

-Lo sé, cariño,

pero no tengo miedo a nadie y haré

lo que crea oportuno.

-No sé cómo puedo quererte con lo tozudo que eres.

-Anda, ven.

-¡Ay!...

-¿Qué haces ahí parada como un pasmarote?

-Nada, me emociono viendo tanto cariño.

-Anda, alma de cántaro,

vete a la cocina y, si quieres romanticismos, al teatro.

-Has sido un poco dura con Casilda.

-¿Quieres que nos hagamos arrumacos para entretenerla?

-A mí me vendrían bien.

-Pues hoy no va a poder ser, que no estoy nada católica.

-¿Qué te preocupa?

-Lo que hemos hablado y Leonor.

-Tú tía me ha lanzado un par de indirectas

sobre ella e Íñigo que no me han gustado nada.

-¿Desde cuándo haces caso a mi tía?

Conoces su pasión por enredar.

-Pero puede que algo de razón lleve, desde que llegó esa tal Eva

al barrio, mi hija está tensa como un gato escaldado.

¿Cómo puede enredarse con un casado y con un niño?

-Por ese entonces no sabía nada del niño.

-¿Cómo que entonces? ¿Qué sabes tú?

-Nada. ¿Qué voy a saber yo?

-Tú me ocultas algo. -Te digo

que no sé nada de Leonor y sus apaños.

-Eres muy honesto con todo el mundo.

Proteges a tu amigo en exceso y a mí me dejas al pairo.

-No te sofoques. -¿Cómo que no?

Y puestos a preguntar, ¿dónde estuviste ayer?

-Ayudando en la búsqueda de Silvia y de Esteban.

-¿Y qué averiguaste?

-De Silvia, nada, pero conseguí dar con Esteban,

tiene que estar reunido con el Coronel.

-¿Con el Coronel?

¿Qué se deben estar diciendo?

Liberto fue el que me avisó.

Pensé que se trataba de una broma de mal gusto.

-Ya ve que no es así, no soy amigo de chanzas

y menos con asuntos de tanta enjundia.

-A punto han estado de no encontrarme, ultimaba mi viaje,

salía en dos días. -Me alegro de haber llegado,

quería que supiera lo que pasa. -Y yo se lo agradezco,

en estas circunstancias he decidido posponer mi marcha.

-He de confesarle que estoy desesperado,

no sé qué hacer ni dónde buscarla.

Necesito toda la ayuda

que pueda prestarme.

¿Alguna novedad?

-Entre doña Trini, doña Celia y yo nos hemos recorrido

todos los hospitales y en ninguno nos han dado razón

de la señora.

-Le agradezco su esfuerzo. Descanse un poco.

-Lo justo para reponer fuerzas y seguir buscando.

-Muy desalentado debe de estar para solicitar mi ayuda.

Sé lo incómoda que le resulta mi presencia.

-Tratándose de Silvia no voy a andarme con melindres,

todo lo que pueda hacer es poco.

El barrio al completo se está volcando por ella.

-Me alegro de que sea así, es lo que Silvia merece.

Y le agradezco

que cuente conmigo, no me hubiera perdonado nunca

quedar al margen.

-Sabía que podía contar con usted.

-Si unimos las fuerzas de todos, pronto la encontraremos.

-Agradezco su optimismo,

pero aunque hemos removido hasta la última piedra,

no hallamos rastro que nos indique dónde está.

-Alguna pista tiene que haber dejado,

es cuestión de tiempo encontrarla.

-Es como si se la hubiera tragado la tierra.

¿Dónde estará?

Diego,... ya hemos terminado con todos los preparativos

para el entierro de tu padre.

-Pronto dispondremos de su cadáver para el sepelio.

-¿Estará listo el panteón familiar?

-Sí, no te preocupes por nada,

ya he dado aviso en el cementerio y en la iglesia.

-Os agradezco en el alma vuestra ayuda.

Yo...

no tengo ánimos para organizar nada.

-Mi amor...

Es comprensible,

todo esto es muy duro para todos y especialmente para ti.

-No sabes hasta qué punto,

he perdido a la vez a mi padre y a mi hermano.

-¿Cómo fue el encuentro con Samuel?

-Mal,

muy mal.

-¿Confesó su crimen?

-No, lo negó hasta el último momento,

pero yo no podía dejar de ver culpa en su mirada.

-Lo tiene todo en su contra.

-¿Qué clase de loco es mi hermano?

-No, no creo

que sea un loco,

pero su carácter es débil y ha caído en las manos de mi madre.

-Eso no le excusa, debe pagar por sus actos.

Sin duda lo hará. Las pruebas son concluyentes.

Y el juez no será benévolo con un parricida.

-¿Cree que le condenarán a muerte?

-Cuente con ello.

-A pesar de todo, no puedo dejar de sentir pena por él.

-No, Blanca.

No sientas lástima,

él tiene lo que se merece.

(CARRASPEA)

Cabrahiguenses

y cabrahiguensas,...

es un honor para mí estar

en la antigua Capraficus,

si nos atenemos a su nombre en latín.

Capraficus no aparece en la Biblia,

aunque podía haber sido aquí

donde Cristo multiplicó

los panes y los peces.

Aquí, habría multiplicado las cabras y los higos.

-Sigue, sigue, que vas muy bien,

está quedando bordado.

-Pues para mí que la mitad de las cosas

que ha dicho no se entienden ni papa.

¿Cómo nos ha llamado? ¿Capra qué?

-Tú, a esta, ni caso,

que no sabe lo que dice. Mira, los pelos como púas

tengo de escucharte. -Sí, de la vergüenza.

-Y así, la cabra,

que representa al capricho,

y el higo, símbolo de la fecundidad,

se conjugaron una noche

en que dos nobles lugareños de estas tierras

concibieron

a Trinidad Crespo, mi esposa.

-¡Ole! Míralo, si hasta me sacas en el discurso,

eres un sol más grande que el que sale todas las mañanas.

Y con esto ya has acabado, ¿no?

-No, qué va, si quedan

tres pliegos por lo menos.

¿Os va gustando?

-Sí.

Sí, gustarnos nos gusta, nos encanta, pero...

-Pero es un desastre.

-No, querido, no te amostaces.

-Yo solo quiero que sepas

que los del pueblo no van a entender tanta palabrería y latinajo.

-Eso no lo entiende ni el cura, que es el más leído del contorno.

-Esto no vale para nada.

-Pero se ve que se ha esforzado,

rellenar todos esos papeles

lleva su tiempo.

-¿Sabes lo que pasa?

A los de Cabrahígo nos gustan las cosas más directas,

cortas. -Oveja que bala,

bocado que pierde

y usted ha balado por todo un rebaño.

-¿Sabes qué pasa?

La gente está esperando a que acabe el pregón

para hincharse a comer y a bailar.

-Pues si es por eso, nos olvidamos del discurso y todos contentos.

-Yo sería la primera

que no escucharía la perorata de cualquiera, pero...

la tradición es la tradición.

-En Cabrahígo, para eso,

somos muy nuestros.

Lo que se hacía de antiguo... (AMBAS) Se hace ahora.

-Así ha progresado vuestro pueblo.

Quién me mandará meterme

en este berenjenal.

Esto solo lo hago por vosotras.

-Y nosotras

te lo agradecemos. -¿De qué me sirve eso

cuando me vea delante de vuestros paisanos?

-Todo tiene solución, yo te ayudo.

A ver estos papeles.

¿Has visto a alguien extraño por aquí?

-Ver he visto a muchos.

A Cesáreo, que es más raro que un perro verde,

a la Úrsula y al monaguillo chepudo

que está por aquí después de la misa.

Hay mucha gente peculiar en este barrio, como para jartarse.

-No me refiero a eso. -Pues explíquese mejor.

-Quiero saber si has visto

a algún forastero que te llamara la atención.

-Nones, los mismos que andan por aquí día sí, día también.

-Gracias, Casilda. -Con Dios.

(CARRASPEA)

¿Es usted el Indio?

-Es posible.

-Sé que busca a Íñigo Cervera

por cierto ultraje que cometió contra sus creencias.

-Parece que está

muy bien informada.

-Sí, sí que lo estoy,

como también sé que hasta ahora no ha podido acercarse a él.

-Así es, siempre anda acompañado.

-Eso puede solucionarse.

-¿Cómo?

-Conservo la llave de La Deliciosa.

Debe esperar a que caiga la noche,

pero tenga cuidado,

el sereno anda tras su pista.

-Su ayuda me resulta de mucha utilidad.

Deme la llave.

-¿Qué le hará a Íñigo?

-Nada. Lo que marca mi religión en estos casos.

-¿Una ceremonia purificadora o algo así?

-Algo así, más o menos.

-No quiero que acabe en tragedia.

Si va a liarse a mamporros, yo me marcho.

-Usted está haciendo lo justo.

No se lo piense más

y entrégueme

la llave.

-"Te ruego que andes"

con todo el cuidado del mundo,

ese Muñiz tiene que ser un barrabás.

-Cuenta con ello,

he de regresar a tu lado cuanto antes.

-Voy a estar rezando todo el tiempo para que des con él

y todo esto acabe bien

y pronto, a duras penas

puedo soportar más esta situación.

-Me barrunto

que estamos a punto de dar con el niño.

-Dios te oiga.

-He de irme.

-Será lo mejor,

ha sido muy imprudente por tu parte subir aquí en pleno día.

-Aunque no lo parezca, es lo más razonable.

Para pasar desapercibido,

estas son las mejores horas, hay gente

entrando y salido de la casa todo el tiempo.

-Estoy harta de vivir con el miedo en el cuerpo por culpa de Úrsula.

Si no fuera porque temo que le ocurra algo al niño,

contaría todo lo que sé de ella.

-Pronto nos podremos cobrar nuestra venganza de ella.

-Sí, ya.

Pero mientras tanto tendré que seguir aguantando a esa mujer.

-¿Podrás hacerlo?

-¿Acaso no llevo haciéndolo durante este tiempo?

Es por ti por quien temo.

-Entonces puedes estar tranquila, nada me va a suceder.

-¡Perdón!

-Eso sí, ten vigilada a Úrsula.

-Lo haré, aunque ha aplazado su viaje

hasta después del entierro de don Jaime.

-Lo más sensato es que siga interpretando su papel

hasta ese momento, pero no debemos confiarnos.

En cualquier momento puede intentar irse, pillándonos desprevenidos.

-Te aseguro que eso no va a pasar,

no voy a perderla de vista ni un segundo.

Mire, por ahí viene su prima.

-Menuda carrera me he dado.

Creía que no llegaba a despedirte.

-Antes habría pospuesto el viaje que marcharme sin decirle adiós.

-Te deseo muy buen viaje. -No es el viaje

lo que me preocupa, es el encuentro con mi padrino.

-Todo irá bien.

-Me hubiera gustado pasar más tiempo en el barrio.

-Siempre puedes volver.

-Tomaré eso como una invitación,

pero me da coraje irme sin saber qué ocurre

con Samuel.

-Si tienes mucho interés, te lo puedo contar por carta.

-Se lo agradecería, le he cogido algo de afecto.

Me hubiera gustado verle, pero Felipe me aconsejó que no.

-Y con muy buen criterio, es mejor mantenerse alejada de ese asunto.

-Ya estoy deseando regresar.

-Insisto en que siempre serás bienvenida.

Pero sin mentiras.

-Prometido, estoy penando mucho por culpa de los embustes,

eso ha provocado las discusiones con mi padrino.

-Ahora que vas a ir con la verdad, te irá bien.

-¿Ya partes para Salamanca? -No me queda otro remedio,

les agradezco mucho las atenciones.

-Esperamos que vuelvas, tener a mujeres de bien,

educadas y temerosas de Dios como tú,

siempre es de agradecer por estos lares.

-Es usted muy amable, ¿cómo no voy a estar deseando regresar?

-¿Trini no se pasa a despedirse?

-Está organizando a los contratados por Ramón para buscar a Silvia.

-Mis condolencias, Úrsula.

-Lamentamos mucho la muerte de su esposo.

-Le acompañamos

en el sentimiento.

-Es una gran pérdida de la que no sé si podré recuperarme.

Nunca pensé que pudiera tener un final así tan buen hombre.

-Es una mujer fuerte, seguro que saldrá adelante.

-No sé

si lo conseguiré.

Después de darle sepultura, intentaré seguir con mi vida,

como les dije, lejos de este barrio,

donde tanto he sufrido.

Les ruego me disculpen.

-Demasiada pena...

para alguien sin entrañas.

-Al menos la perderemos de vista un tiempo.

-Por mí como si no vuelve nunca.

En cambio, a ti estaremos deseando verte.

-Rezaré para que tengas un viaje sin incidentes.

-Será mejor que me vaya deprisa,

las misas y las despedidas, mejor si son cortas.

-Estate tranquila, todo va a ir bien.

-Si no me entiendo con mi padrino, me vuelvo.

-Mejor será que te comportes.

Me alegra verte tan atareado.

¿Es algo relacionado con las cafeteras?

-Sí. -¿Algún encargo?

-No exactamente.

Estoy preparando un artilugio para limpiar el interior.

Los clientes se quejan de que,

al preparar café, los posos se van quedando en el interior.

Es difícil de limpiar y necesita mucho tiempo.

Pero con este invento se acabará el problema.

-Me parece un excelente invento,

seguro que se venderá bien, sigue por ese camino.

-No es esa la única idea que tengo.

Se trata

de una cafetera expreso para casa.

El funcionamiento sería parecido,

con la diferencia de que, en vez de un colador, usaría una pastilla

para cada café que, después,

se tiraría.

-¿Y todo eso

para preparar un café?

-Sí. -¡Menudo despilfarro!

Me parece una idea disparatada además de cara.

Y si me aprietas, hasta una guarrada.

-La idea es buena y nos haríamos de oro vendiendo las cápsulas.

-Para hacernos de oro, ya tenemos la mina.

¿Alguna pista sobre Silvia?

-Qué va, Ramón, ni rastro.

Ya solo quedan

dos opciones: o le ha pasado algo terrible

o ha tomado las de Villadiego sin decir a nadie ahí te pudras.

-No me cuadra lo segundo,

Silvia es una señora de los pies a la cabeza,

no se marcharía así.

-Pues la otra opción es peor.

-Pero tengo buenas noticias.

Lolita y yo te hemos preparado tu discurso para el pregón.

-No os habéis extendido mucho.

-Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Los de Cabrahígo no pueden estar pendientes mucho de una cosa

sin soltar garrotazos.

-Entonces normal lo breve

del texto.

Paisanos de Cabrahígo, viéndoos a "tos" reunidos,

me entra tanta alegría que me dan ganas de soltar

un regüeldo de esos que hacen temblar

hasta los refajos las mozas.

¡Qué ordinariez! ¿Cómo quieres que lea esto?

-Pues con gracia, a los de Cabrahígo les va a encantar. Sigue, sigue.

-Con esto de la fiesta

estamos "tos" más dichosos que un gorrino en su cochiquera,

"to argamasao con su enristramiento".

Si no sé ni lo que estoy diciendo.

¿Qué quiere decir "argamasao" o "enristramiento"?

-Nadie lo sabe, pero tiene más gracia que sus latinajos.

Seguro que en el diccionario no aparecen esas palabras.

-¡Qué van a aparecer! Son del pueblo.

A nosotros nos encanta inventar palabras y el chito.

-No pregunto qué es eso.

-Mejor. Venga, sigue.

-En estos días de holganza y de goce,

la sesera "na más tié que dar pa empinar la bota",

que las penas se las lleva el viento.

Esto sí lo he entendido.

¿Debe parecer que no he pisado nunca una escuela?

-Si quieres caer en gracia, sí.

-No sé si voy a poder. -Sí puede, padre.

A mí me está cayendo en gracia.

-Tú eres un descastado.

-No te amostaces, lo estás haciendo muy bien.

Empieza.

-Paisanos de Cabrahígo,... -Sube la voz.

...viéndoos a "tos" reunidos...

¡Ay, Señor, qué vida esta!

-Al fin te encuentro, hay algo que me tiene turbada.

-Luego me cuentas, tengo los riñones machacados

de tanto cargar cajas.

-No me puedo esperar, tengo que contarte una novedad.

Muy pronto se van a acabar nuestros problemas. Voy a hacer que el Peña

desaparezca y que detrás se marchen Eva y ese demonio.

-Te lo agradezco, pero ¿cómo lo vas a hacer?

-Le he dado la llave de la puerta trasera al Indio

para que entre en La Deliciosa y le dé un susto al Peña.

-¿El Indio está aquí y le has dado la llave?

-Eso te he dicho.

-¿Te das cuenta de lo que has hecho?

Lo más seguro es que el Indio

se lleve por delante al Peña. -No,

me ha dicho que solo va a darle un susto.

-Flora, eres más cándida que un ruiseñor.

-Pero le he preguntado y me ha dicho que era

una especie de ceremonia y poco más.

-A saber cómo son por esos andurriales,

lo más seguro es que le corte la cabeza.

Que no es que me importe lo que le pase a ese malnacido,

pero me preocupa que te relacionen con un crimen.

-No, me prometió que no iba a hacerle daño.

-Poco valor le daría yo a la palabra

de un asesino que viene del otro lado del mundo.

¡Claro que lo va a matar!

-"No hay un solo sitio"

donde no hayamos mirado.

-Tendremos que volver a empezar, pedir a la policía

que ponga más interés.

Silvia no puede desaparecer así.

-No se apure, daremos con ella

aunque tengamos que poner patas arriba toda la ciudad.

(Llaman a la puerta)

-Felipe, por favor, vaya a abrir.

Agustina está buscando a Silvia.

¿Quién era?

No había nadie, pero han dejado una nota.

-Ábrala.

-Es de Silvia.

-Léala.

Arturo: He de pedirte perdón por lo repentino de esta decisión,

pero tengo que separarme de ti.

Doy por terminada nuestra relación,

nunca me volverás a ver.

Silvia.

-¿Eso es todo? ¿Ni una sola palabra de afecto?

-No, no pone nada más.

Nunca pensé que Silvia

llegara a ser tan desalmada.

-Eso no lo ha escrito ella.

Durante todo el viaje, no paraba de hablar

de lo que le quería y lo impaciente que estaba

por celebrar la boda.

Sin duda es su letra. La han obligado a escribir la nota.

-Tiene razón,

esa carta no puede haberla escrito por propia voluntad.

Si quisiera marcharse, no lo haría de modo tan cruel.

-Quizá haya sido raptada y sus captores de esta forma

traten de detener la investigación.

-Si llega a manos del comisario, detendrá la búsqueda,

debemos mantenerle al margen.

-Yo no puedo ocultar información a la policía.

-Da igual lo que hagamos, es poco lo que recibimos de ellos.

-Seguiremos por nuestra cuenta,

esta nota nos confirma que debemos

redoblar nuestros esfuerzos.

-Y yo, sin poder ayudar de firme.

Mi debilidad me hace sentir un inútil.

-¿A qué debilidad se refiere?

¿Tiene que ver con que apenas salga de casa?

¡Liberto!

Cómo agradezco ver una cara amiga.

-No podía dejar pasar el día sin venir.

Usted es mi único amigo, todos los demás están en mi contra.

-Eso no ha de preocuparle,

lo importante es sacarle de aquí.

-Lo veo difícil, Úrsula ha tendido una tupida red para culparme

de algo que no he hecho.

-Estoy seguro que la verdad terminará saliendo a la luz.

-Le agradezco que trate de animarme,

pero lo veo difícil.

Las pertenencias de mi padre,

que aparecieron en mis maletas,

el pisapapeles junto a su cuerpo...

Ni siquiera he pisado ese pueblo,

se lo puedo jurar, Liberto,

no tengo la menor idea de cómo pudo acabar allí el cuerpo...

ni el pisapapeles.

¡Un momento!

¡Eso es, el pisapapeles!

(RÍE)

Úrsula ha cometido un error.

¿Está dispuesto a sacarme?

-Por supuesto que sí, me considero su amigo.

-Solo usted puede sacarme de la cárcel

y evitar que acabe en el garrote.

¿Crees que el Peña está en peligro de muerte?

-Como que han encendido los faroles.

-Y todo, por mi culpa. -No,

si fuera un hombre de ley, nada pasaría.

-Se lo he puesto al asesino como se las ponían

a Fernando VII. -Es posible,

pero ya poco

se puede hacer.

-Te juro que no quería que lo asesinaran,

yo pensaba que a lo sumo le daba un par de bofetadas.

-Lo mismo tiene suerte y se libra.

-La verdad es que no es fácil de matar,

acuérdate cuando Paquito le dio el porrazo.

Ese hombre es más duro

que el pedernal, pero el Indio tiene una cara de bruto...

¿Qué podemos hacer?

-Yo, irme a dormir.

Si la cosa sale torcida,

ya nos lo contarán mañana.

-No puedes dejarle en peligro.

-Ahora vas a ver. Abur. -¿Dónde vas, desgraciado?

¿No te pesa un muerto en tu conciencia?

-Si es el Peña, no.

Cuanto antes le perdamos de vista, mejor.

-¿Y si se me aparece desde la otra vida para ajustar cuentas?

-Pero ¿qué estás diciendo? ¿Has perdido el oremus?

-Por lo que más quieras, Íñigo, que yo no quiero vivir con ese miedo.

¿A dónde vas?

-A buscar al sereno antes de que sea tarde.

-Gracias, hermano. Ojalá llegues a tiempo.

¿Cómo ha entrado aquí?

Será mejor que me deje marchar.

-Infiel, vas a pagar por tus sacrilegios.

-Déjele, salvaje, me dijo

que no iba a hacerle daño.

-¡No, no, Flora!

Suélteme, por favor,

me hace daño.

-O baja ese arma o le parto el cuello.

¡Eh, eh, eh!

¿Dónde vas? ¿De dónde ha sacado

este sombrero? Es el de Silvia.

Será mejor que me contestes antes de que llame a los guardias.

-"Le ha pasado algo grave, aunque la policía no lo crea".

Ella no se marcharía dejando una estúpida carta,

la conozco.

-La vamos a buscar hasta que aparezca,

le doy mi palabra.

-"Los análisis de los médicos indican"

que mi padre lleva meses fallecido.

Desde que creíamos salía a Suiza.

-¿Y?

-Ese pisapapeles estaba en casa de Úrsula después.

Hay una fotografía. Cuando Cristina Novoa estuvo en el barrio,

Blanca y yo nos hicimos un retrato.

Ese pisapapeles aparece en ella.

-"¿Vas a Acacias?".

-Sí. ¿Por qué?

-Si ves a Carmen, dile que venga.

Necesito hablar con ella.

-Por supuesto.

He dicho que la suelte.

-No te ha hecho ni caso. ¡Haz algo! -¿Y qué quiere?

-No sé, dispárale.

-Si dejara usted de moverse...

-¿A qué espera?

-No soy buen tirador, ¿y si le vuelo

los sesos a usted? -"¿Cuándo es"

el sepelio de mi esposo?

-Mañana en el panteón familiar.

-No sé cómo haré para despedirme de mi marido para siempre.

Será muy doloroso.

Espero que la policía no dé permiso a Samuel

para asistir a la ceremonia.

Sería insultante.

-"¿Crees que mi madre irá al sepelio?".

-Muy a mi pesar, me temo que sí.

Ojalá pudiera impedirlo.

No sé si podré soportar verla allí.

Esa mujer ha destruido a mi familia.

Desde que llegó a mi vida, no ha hecho más que esparcir maldad.

-También a la mía.

Temo que eso lo hace allá donde va y con todo

el que se cruza en su camino.

¿A quién quiere engañar con ese velo?

-A mí no.

-Se la ve muy afligida.

-Se la ve,

pero no me creo nada.

-Sabe Dios que yo tampoco. -Si me disculpan,

he de hacer un recados.

-"¿Querías verme?".

-¿Le importaría dejarnos a solas?

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Acacias 38 - Capítulo 788

21 jun 2018

El Indio sigue rondando al Peña y Flora le entrega la llave trasera de La Deliciosa. Íñigo le hace ver a su hermana que ha mandado al Peña al patíbulo. Ella, angustiada al darse cuenta de que Íñigo tiene razón, corre a salvar al Peña. El Indio atrapa a Flora de rehén. Leonor ve cómo El Peña paga a Eva. Ramón lee a Lolita y a Trini su discurso de pregonero de Cabrahigo, pero es un desastre. Ellas se ofrecen a rehacerlo. La impotencia de Arturo es total al no poder buscar personalmente a Silvia. Esteban llega: tampoco sabe nadad de Silvia, pero colaborará en su búsqueda. Llega una carta de despedida de Silvia; los hombres asumen que ha sido obligada a escribirla. Lucía sale rumbo a Salamanca, dispuesta a aclarar las cosas con su padrino. Diego acude a la celda para medir a su hermano. Samuel se defiende, pero Diego no le cree. Samuel se da cuenta de un fallo en el plan de Úrsula: ¡el pisapapeles!.

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