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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 781 - ver ahora
Transcripción completa

¡Maldita sea!

¿Qué está pasando aquí?

-"Si padre no estuvo ingresado allí,"

¿quién escribió la carta?

-No lo sé. -Alguien tuvo que hacerlo.

-Tiene que haber una explicación para todo esto.

-Quizá discutí un poco con mi padrino y quería alejarme.

-¿Por qué discutisteis?

-Se empeña en verme como a una niña,

pero no es nada de gravedad.

¿No podría quedarme una temporada aquí?

Un amigo aceptaría mis deseos. -Un amigo le protegería.

-¡Maldita sea! -No es eso.

-¿No puedo decidir morir en paz?

-Morirá en paz, pero no ahora. -¡No quiero ser

una carga para Silvia!

-Hoy Úrsula va a enviar esa carta y deberíamos evitarlo.

-Debemos interceptarla.

-Sí, pero ¿cómo?

-"Lo lamento mucho, madre".

Tiene razón.

He perdido la cordura. -"Ha conseguido que me aleje"

de mis pesares.

Me alegro de que haya venido,

aunque sea de paso.

-En realidad voy a quedarme una temporada.

-Espero que disfrute de su estancia.

-Seguro. -"Tengo algo que contarte".

-Después me lo cuentas.

Quiero que leas algo que te he traído.

-¿Qué es?

-Una carta de Elvira.

-"Tienen ustedes que ayudarme".

-Pero hiciste llegar nuestros datos a ese Indio

para que acabara con mi hermano. -Creía que era su esposo.

-¿Qué más da eso? -Estaba

enamorado de usted.

-"¿Lo conseguiste?".

-¿Y la carta?

-Solo necesitaba leer la dirección en el dorso.

La apunté a escape para que no se me olvidara.

Calle de las Casas, en Villamanzanos.

¡Aquí es donde está nuestro hijo, aquí es donde está Moisés!

¡Tenemos que ir!

¡Tenemos que ir cuanto antes!

Madre de Dios, tú, que eres madre,

devuélveme a mi hijo,

te lo suplico.

-Mi amor, eh...

No estés triste.

Ahora tenemos motivos para la esperanza.

Con la ayuda de Riera y un poco de suerte, todo saldrá bien.

-¿Encontrará

a ese doctor?

-No lo dudes.

-¿Y tendrá a Moisés con él? -Seguro que sí.

Pronto estaremos los tres juntos.

-Para siempre. -Eso es.

Para siempre.

-Veo que, por fin,

os anima el optimismo. Tenéis novedades, claro.

-Tenemos indicios.

-Creemos que hemos localizado a Moisés.

-¿Cómo?

-Blanca consiguió la dirección de Pallero,

un doctor relacionado con Úrsula. -Nos lo oculta allí.

-¿Habéis confirmado las señas del doctor?

-Estamos en ello.

-Pero ¡eso son magníficas noticias!

-No estoy tan segura. -¿Y eso?

Ha comportado mucho sufrimiento, pero bien está lo que bien acaba.

-Blanca cree que deberíamos habernos encargado

de enfrentar al doctor Pallero. -¡Porque es nuestro hijo!

¡Nadie pondrá más corazón en su búsqueda que nosotros!

-Sosiégate, mi amor,

hemos hecho lo que debíamos.

Si la gestión no resulta, yo mismo lo buscaré

y lo encontraré.

(Sintonía de "Acacias 38")

¡No, no fue exactamente así! -Poco más o menos.

-¡Era el día de mi primera comunión! ¡Estaba alegre, excitada!

Una cosa es el entusiasmo por el vestido nuevo

y otra quitarle las estampitas a otro comulgante.

-No se las quité, se las gané en buena lid.

La moneda tenía cara y cruz y él eligió cruz.

(RÍEN)

-Perdón. -¡Ay!

Adelante, Silvia, cómo la he echado de menos. ¿Qué tal su viaje?

-Bien. Lamento interrumpir.

Habría esperado de saber que tenía visita.

-No es exactamente una visita, es de total confianza.

Es mi prima Lucía. La señorita Silvia Reyes, aunque por poco tiempo

lo de señorita. -Un placer.

-Encantada. -Sentémonos y aprovechamos

para que os conozcáis.

Lucía se quedará con nosotros.

-Si no es molestia. -No es molestia.

Y tampoco usted, Silvia, que ya veo lo que piensa.

Hay habitaciones de sobra.

Y yo estoy encantada con las dos. ¿A que me he adelantado

a su preocupación? -Si tienen ustedes

algo de qué hablar, yo me retiro.

-No, no, por favor. -¡Me gustaría

que se hicieran amigas!

Y seguro que así será.

Tiempo tendrán, desde luego.

Me marcho unas semanas a Inglaterra a ver a Tano.

-¡Qué excelente noticia! Por fin podrá usted disfrutar de su hijo.

Después de tal separación,

no debe haber mayor deseo.

-Lo mismo le he dicho. Ninguno de los dos lo olvidará nunca.

-He creído entender que pronto dejará

la soltería. -Ya tenemos fecha fijada

para el enlace. -Silvia vivirá aquí

hasta la boda, día en que se convertirá en la señora de Valverde,

un vecino, un coronel retirado

y caballero de convicciones.

Don Arturo Valverde. -Mi más sincera enhorabuena.

-Gracias. -¿Y el encuentro?

Arturo desearía verla.

-Ya sabe que no es muy dado a efusividades.

Y tampoco ha tenido tiempo, le he traído una carta de su hija Elvira.

-¿Conoció a Elvira y Simón? ¿Cómo están?

-Muy felices, bien avenidos y entusiasmados con su nueva vida.

Se han adaptado a Génova,

pero siguen descubriendo sus rincones.

-¡Me encantaría visitar Italia!

Ya se dice: Españoles e italianos, primos hermanos.

O al menos así se dice

en Salamanca.

-¿No es un encanto mi prima?

Es de lo más vivaracha.

¿Qué le pareció a usted Elvira? -Me encantó conocerla.

En cierto modo fue como conocer un poco más a Arturo.

Tiene mucho de él, por mal que se llevaran.

-Que haya escrito significa que no todo está perdido.

El coronel puede mostrar poco

sus sentimientos, pero quiere a su hija.

A su modo, pero la quiere.

Recompondrán su relación.

-Eso espero.

Con todo los respetos, señor, ¿quiere que le lea

esa carta?

-No. Gracias, Agustina.

-De algo tendrá que servir que me exigiera usted

tener letras.

-Es una carta de mi hija,

sería poco decoroso y hasta desleal

permitir que la vieran ojos de terceros.

-No digo yo que no,

pero eso sería en circunstancias normales

y las suyas no lo son, señor.

-Gracias, Agustina, pero me las apañaré.

Retírese.

-Como quiera.

Si necesita algo, estoy en la cocina.

"Respetado padre:"

"No voy a negar

que me ha costado mucho decidirme a escribirle

y que, si ahora lo hago,

es porque Silvia me ha hablado

de los cambios de usted".

"Me dice que está arrepentido del trato que nos dio a Simón y a mí,

y que siente usted añoranza de mi persona".

"Me duele su sufrimiento. Que su sufrimiento y el mío

sirvan para que nuestro trato mejore".

"No quiero decir que todo esté olvidado,

fueron años de desencuentros y pesares,

pero espero que sea verdad que el tiempo lo cura todo".

"Por el momento, podríamos escribirnos".

"Cuénteme cómo es ahora

su vida".

"Yo le tendré al día

de nuestra dicha".

"Conformémonos con eso por el momento".

"Deseo sinceramente que doña Silvia y usted se hagan felices".

"Es una mujer que lo merece y será una buena esposa".

"Espero que no cometa con ella los errores y desatinos

con que nos castigó

a mi madre y a mí misma".

"Con esperanza, su hija que lo es,

Elvira".

¡Castañas, castañas, más castañas!

¡Cogía yo un par de castañas y se las lanzaba a la cabeza!

-En Cabrahigo, a los que son como el Servando

los embreamos con pez y plumas.

No nos gustan los tiranos y caciques,

y menos si son de pega. -Hay que ver.

Para un rato que hay de holganza, viene el negrero:

"¡Más castañas, fámulas!".

"Y a ver de dónde son, las que no son de Naveros saben a corcho".

-Eso, que encima las quiere de su pueblo.

Y en Cabrahigo hay tantos castañares que con ellas y argamasa se hizo

la carretera nueva. -¡Arrea!

¿Y dónde encontramos esas castañas

de donde Cristo perdió el garrote? -No hay más malos amos

que los que vienen de abajo. -¡Como doña Rosina!

¡Es igual que el Servando!

-¡Espera! -¿Qué?

¿Qué?

-No, nada.

Que se me va la cabeza y veo cosas

que no son. Pues ¿no me ha parecido ver

al Antoñito en la esquina? -Ay, Lola.

Tú sueñas más que cuando nos tomamos

las hierbas de mi primo.

Las que ven al novio en cada espalda

es que tienen ganas de boda.

De la boda y de lo que viene con ella.

-Anda, vamos,

que no te necesito a ti para saber de qué pinrel cojeo.

-En menudo embrollo nos meteríamos

si aparecieran de pleno los Palacios.

Nos caíamos todos con el andamio encima.

-¡No!

-¡Sí, sí!

-No son zarpas de gañán, rozan como la seda

y huelen a señorito.

-¡Caliente, caliente! -¡Calla, calla,

que ya lo tengo!

¡Don Liberto! -¿Perdona?

¿El Liberto te toca así y te lo tomas a guasa?

-¡Alelado, que sabía que eras tú por el resuello!

-La verdad que con lo arisca que eres no podría sentir celos.

Toma.

-Oh. -Dame un beso.

-¡Eh, descastado!

Me podías haber avisado, así me componía.

-Así habrías podido recomponerte y recomponer

alguna cosas.

-¡Coño, es verdad!

Con la sorpresa, se me había olvidado.

Antoñito de mis amores,

¿has venido tú solo o con los suegros?

-Están pagando al cochero y hablando con los Lozano,

que preguntan por Juliana y Víctor. ¿Qué te pasa?

Estás lívida. ¿No te alegra

que llegue con cuatro días de antelación?

-Pero ¿es que no la ves?

¡Está más contenta que unas castañuelas!

Pero tenemos mucha faena. ¡Mucha! -¡Eso, eso!

Vamos.

Luego me cuentas. Agur.

-¿Adónde vais? ¡Si veníais de allí!

-¡Que estábamos desorientadas! Se lo decía a la Casilda:

te echaba tanto de menos

que se me ha ido la cabeza.

Cuando acabe, te busco.

-Pero no te vayas.

Con lo que yo he soñado junto al Sena con tu recibimiento.

-Ah, no, es que...

ella se queda para achucharte y darte besos.

Yo me encargo, lo apaño en un pispás.

Y, además, el galanteo,

cuanto más calmoso, es mucho mejor.

Calmosito.

-Te voy a dar yo a ti

recibimiento. Junto al Sena ese decías, ¿no?

(Campanadas)

(LLORAN)

(Campanadas)

(Campanadas)

Disculpe, ¿quién es el finado? -El doctor Pallero.

(LLORAN)

(Campanadas)

¡Aquí no!

¡Vámonos más lejos! -No tenemos por qué escondernos.

Somos novios. Que se enteren todos que nos queremos

y nos hemos echado de menos. -Ya te digo, pero vamos.

-Mujer, mira, yo pensaba en ti al acostarme,

al despertarme, durante todo el día.

-Pues lo mismito que yo. -¿Sí?

Pues vente a casa que... -¡No!

¡A casa no! -¡Que sí,

que, mientras mis padres llegan,

te cuento lo que he soñado junto al río!

-¡Qué empeño te ha dado con el Sena!

-Es como un símbolo de nuestro amor,

que, con el correr, se hace más ancho,

más profundo, más... espumoso.

-¡Ay! No tenías que haber venido sin avisar.

-Quería darte la sorpresa.

-Ya, sí, me la has dado. Digo...

Era para ponerme más galana para ti, tonto.

-Si a mí me gustas en todas tus versiones, Lolita.

Cualquiera diría que la sorpresa no te ha parecido grata.

-Gratisísima, pero... si soy novia buena para despedirte,

también lo soy para recibirte. Si te vas

y me avisas, avísame también cuando vuelves.

No entiendo esta letanía. Estamos aquí,

gocémoslo. Vamos a mi casa.

-¡Vamos a La Deliciosa!

-Estás extraña. -Se me han antojado unos churros.

-Cualquiera diría que no te ha parecido bien mi llegada.

-Nones.

Pero se me ha puesto un cuerpo que me apetece comer churritos.

-¿En serio?

-Ya verás cuando me zampe la primera docena.

¡Yo recojo lo desparramado!

¡Casilda, cristalería y vajilla!

Servando, los muebles y que desaparezcan

las bebidas.

-¿Están en el barrio?

-¡No, se han ido a la Estación Norte!

-¿No te jeringa? -¡Venga!

-Esto es injusto. -¡Eso ya lo dirá cuando le echen!

¡Arreando, que nos pillan los astados!

¡Levante el culo y corra!

-¿No se lo pasaban en París de rechupete?

Siempre nos toca pagar. El extranjero es un timo.

No lo aguanta ni Dios.

-Dese por contento,

que, por el ansia del Antoñito, no le han pillado a usted

trasegando castañas.

Que no sé cómo no se le atrancan las cañerías del cuerpo.

-Ya sabía yo que esto acabaría como el rosario de la aurora. ¡Servando!

¡Quite de ahí la botella, que la van a ver!

-Es que se las van a encontrar vacías.

-Eso le pasa por tragaldabas. ¡Al mueble bar, hombre de Dios!

¡Y esperemos que no traigan sed!

-¡Quieto todo el mundo parado ahí! -Que no tenemos tiempo

para un descanso.

-Que ya voy coligiendo yo. Oye, Casilda,

¿no será idea tuya para fastidiarme el mandato

y de paso ahorrarte un viaje para surtirme de castañas?

-¡Mire, si no se fía de mí, asómese a la ventana

que "entoavía" estará la Lolita

entreteniendo a su novio!

-No, ya voy yo.

¡Han llegado como me llamo Fabiana!

Servando, déjese de monsergas

y aviemos todo a escape.

Toda la vida faenando para acabar en la rúa

y con razón, que se la hemos querido dar con queso.

-Hablando de quesos, ¿y todo lo que nos hemos zampado?

¡No hemos podido reponerlo!

O sea, que te da igual, ¿no?

¿No has oído las penalidades que ha pasado el pobre Peña?

-No querrás que me enternezca un desaprensivo

que quiso asesinarme.

-Ahora es él quien espera su sentencia.

-Al menos es responsable de lo que quiera

que le haya hecho al Indio ese. -Eso no.

Se llevó un ídolo y, aunque lo devolvió, no le han perdonado.

¡Nosotros nos habríamos enfangado igual!

-Eso no, Flora. Vosotros hace tiempo

que escogisteis una vida honrada. -¡Y él también!

-Creo que confías demasiado en la bondad del Peña.

-Espera, espera, que aquí hay más de lo que se deja ver.

Ya intuí yo algo el otro día.

-Es compasión, nada más que eso.

-Supongo que sabes que El Peña

sería capaz de contarte cualquier cosa para despertar esa compasión.

-Le conozco, sé cuándo miente y cuándo no.

-¿Te hace tilín?

-¡Quia! ¿A mí ese?

A ver, algo de ley sí que le he cogido.

El trato, que une mucho. Pero nada más.

Siento que deberíamos echarle una mano

y no dejarle a su suerte. -Tonterías.

No pienso ponernos en peligro. ¿Quieres correr su suerte?

-No sé... Yo... ¡No sé, ya está, es un lío,

todo es un lío! -Olvídale.

Por muchas historias lacrimógenas que cuente, no me fío de él.

Ansía cargarle el muerto a otro.

Conmigo que no cuente.

(LLORAN)

(Disparo)

Adelante, señoras.

Siéntense, por favor.

Doña Úrsula no tardará en reunirse con ustedes.

Llámenme si necesitan algo.

-Debe ser algo importante.

Úrsula no acostumbra a citar así porque sí,

por lo menos a nosotras. -Estará preocupada

por la seguridad del barrio.

Un atraco a cara descubierta no es moco de pavo.

El rey debería tomar cartas.

-¿El rey? Si no llegó la sangre al río.

Un simple pastor

con su cayado redujo a los asaltantes.

Yo creo que le preocupa el problema

en que se ha convertido La Deliciosa.

-¡Qué pelma estás con lo del negocio familiar!

Han sido mentirosos, sí, pero, al final,

el chocolate les quedaba espeso. Daba gusto.

-Pues ya me dirás tú a mí el motivo de esta reunión.

(Pasos)

-No se hagan más cábalas, señoras.

Con gusto les aclararé el objeto de mi convocatoria.

-¡Válgame Dios!

Tiene semblante de padecimiento. -Cierto.

Nada hay más sincero en este mundo que las ojeras.

Cuando sufro, dejo en la mesilla de noche

rodajas de patata que me aplico al levantarme.

-Siéntense,

por favor.

Tengo tan poco ánimo

que hasta aplicarme afeites se me hace un mundo.

Bueno...

Estamos en confianza.

Y sí, Susana, tienes razón, no estoy pasando

por mi mejor momento.

-Encomiéndate a la Virgen.

Ella jamás nos defrauda.

-Ya lo hago, querida.

Pero, cuando es tu propia sangre quien te defrauda,

el consuelo es difícil.

-Los hijos y, sobre todo, las hijas,

nos llevan por el camino de la amargura.

-Yo no me he descuidado.

He educado a Blanca en la religión

y el respeto a los mayores.

Pero...

la mujer propone y Dios dispone.

Se me hace un nudo en la garganta con solo hablar de ella.

-Es natural tu sufrimiento.

La que no sé de qué se queja es Rosina.

Tu hija, aparte de sacar los pies del tiesto

con lo de la literatura, no te da problemas.

-Tengamos la fiesta en paz, Susana,

que tú eres la que haces un mundo por todo.

-Por favor, señoras, no se alteren,

que precisamente el querer hablar con ustedes

tiene como fin justo lo contario:

la armonía entre nosotras. -No se preocupe.

Nosotras no le damos tanta importancia a un par de pullas.

Hasta diría que las echamos en falta cuando reina la concordia.

-Afortunadas son,

que consiguen que la amistad y el afecto

superen las desavenencias.

Ojalá tuviera yo la mitad del cariño y el apego que ustedes se profesan.

-Para recoger hay que sembrar.

Eso dice el Evangelio.

-Y no podría estar más de acuerdo.

Sé que, a veces, he pecado de orgullo y que quizá eso

haya hecho que mis relaciones con los vecinos

no hayan sido muy cordiales.

-Bueno, que tire la piedra

quien esté libre de pecado.

-Santas palabras.

En fin, seré breve.

El caso es que he hecho propósito de enmienda

y quisiera acercarme

con humildad a todos ustedes.

Quisiera llamarles amigos más que vecinos.

-¿A todos?

-A los que se avengan.

Este es el motivo de esta cita.

Quedan ustedes invitadas a una comida que organizaré

dentro de dos días en honor a los propietarios de la finca.

-¿Y quieres que nosotras transmitamos la buena nueva?

-Me enternece tu conocimiento de las Escrituras.

Sí,...

quisiera que les acercaran ustedes a los vecinos mis propósitos.

Yo cursaré las invitaciones oficiales.

¿Me ayudarán?

-¿Nos adelantaría el menú?

(Puerta abriéndose)

¡Hecho!

He encargado una comida con la que nos chuparemos los dedos.

Quiero que sea una velada deliciosa. Considéralo tu bienvenida.

Lucía, ¿qué pasa? No me asustes.

¿Malas noticias?

-Buenas no.

Podría, pero no quiero ocultárselo a usted, que se desvive por agradarme.

Lea.

Es de mi tío Joaquín. -Mi tutor.

-Está muy enfadado contigo. -Exagera.

-Pues a mí no me lo parece.

Te marchaste de casa sin avisar.

Solo hay que leer

sus palabras para ver lo preocupado que estaba.

-Quiere que vuelva de inmediato.

-Es lo que corresponde. ¿Me puedes explicar

por qué te marchaste de ese modo? -Preferiría

no hacerlo.

En ese caso, yo te quiero,

pero no voy a oponerme al tío Joaquín si no me das razones.

Aquí no te puedes quedar sin su consentimiento.

¿Qué pasa, Lucía? Lucía...

-Prométame que no se lo dirá

a nadie. -Te lo prometo.

-Ni siquiera a su marido.

-Cuéntamelo.

Es una simplona. Me preocupa.

No puede dejarse embaucar por quien no tiene reparo

en ofrecernos en sacrificio.

-Flora no es simple, al contrario,

en muchas ocasiones ha demostrado ser más lista que el hambre.

Pero su bondad hace que se olvide de sus propios intereses.

-Es una enamoradiza desde cría.

Se ha encandilado del alcalde, del hijo del enterrador,

de un cómico de las ferias.

¡Hasta de Paquito, que podría ser su abuelo!

-O su bisabuelo.

-Y ahora el Peña la embauca.

A saber qué nueva locura se le ocurre para ayudarle.

-Vaya, doña Susana, ya me ha extrañado ver la sastrería cerrada.

-A eso voy, a mi obligación,

que es más de lo que pueden decir algunos.

-Si es por mí, pincha hueso,

que yo sé lo que nos conviene.

-Usted lo que tiene es un egoísmo que se lo pisa.

¡Con lo que yo les he ayudado a levantar La Deliciosa

y deja que se vuelva a hundir

traspasándosela a un mozo sin oficio ni beneficio!

-Lleva un tiempo trabajando de camarero

y conoce el oficio desde abajo.

-Y que no es un simple mozo,

sino el heredero de un hombre famoso.

-¡Cállese, que no sabe de la misa la media!

¿Qué va a saber de chocolate porque su padre supiera de indígenas?

-Pues no hay vuelta atrás.

-Eso lo dirá usted. Yo tengo otros planes.

-Pues le deseo mucha suerte.

-Planes en los que ustedes van a auxiliarme.

Los tres.

-No se empecine. Nada tienen que ver con La Deliciosa.

Y mucho menos yo. -Permíteme que lo dude, rica.

Tu relación con la chocolatería y con el chocolatero

es mucho más estrecha de lo que das a entender.

-Terminará ofendiéndome.

-No se me pasa nada de lo que ocurre en Acacias

y tampoco se me pasó tu romance.

-¡Doña Susana! -Una noche,

cuando aquí el expropietario cerraba,

os pusisteis los dos más que melosos.

Y voy más allá.

¿Cómo te atreviste, Leonor, si era un hombre casado?

Yo te contesto.

Porque sabías del engaño desde el principio.

¿Nos has estado engañándonos a todos?

Ay, Leonor, si tu padre levantara la cabeza...

-A mi padre no le meta. -Esto ha terminado. Vámonos.

-Como prefiera. Pero, si no quiere que extienda

mis sospechas por el barrio, ya pueden arrimar el hombro

para que La Deliciosa se llene de clientes

y sea el centro de reunión del barrio.

-¡Íñigo! ¡Íñigo! -¡Cotilla del demonio!

Vamos a dar un paseo,

que no habrán venido de las Francias

solo para enchiquerarse en casa.

¿Un paseo y otro chocolate?

-Por el amor de Dios, Lolita,

que ya llevas docena y media de tejeringos.

-Estoy molida y tengo necesidad imperiosa de ir a mi excusado.

-¡En La Deliciosa hay uno...!

-Lolita, ya, por favor.

-Ay, Fabiana, de verdad.

-Es que da gusto, nos vamos un mes

y como si no nos hubiéramos ido. -Mira, Casilda.

¡Los señores!

¡Sean ustedes bienvenidos!

-Fíese de la Virgen y no corra, doña Trini.

¿Nos estaban robando viandas de la despensa?

-¡La duda ofende, señorito!

-Antoñito, hijo, no digas eso, por favor.

Fabiana tendrá una explicación.

-Más clara que el agua clara.

¿No ven lo hinchados que tiene los clisos la Casilda?

Una desgracia que ha acontecido.

-Estamos llevando todo esto a Naveros porque ha habido una riada.

-¿Podríais ser más explícitas?

¿Ha habido inundaciones

en Naveros?

¿Es lo que tratáis de explicar?

-El diluvio.

Se han quedado con lo puesto,

lo demás se lo ha llevado el agua.

Por eso me he permitido, conociendo la largueza

de los señores, coger rancho

para los desgraciados.

-Para chasco que sí.

¿Y ven esto?

Esta es la segunda tanda.

-¿Por qué no me has dicho nada, Lolita?

-Ya ves...

Para no aguaros la fiesta.

-¡Ay, pobre gente!

-No, no, Casilda, pierde cuidado,

no te apures, que entre todos

ayudamos a los damnificados.

-Pues si les turba Casilda,

tendrían que ver a Servando,

que es natural de Naveros y hasta familia

tiene en el lodo. -¡Ay!

-Vamos a sosegarnos todos.

Has hecho muy bien, Fabiana, nuestra despensa es para esas víctimas.

Y no solo eso, toma,

para que Servando les haga llegar

a sus connaturales algo de efectivo.

-¡No, señor, eso no! Bueno está lo bueno y lo demás es demasiado.

-Fabiana, hija, cógelo.

Para medicinas.

-Cógelo. -Déjelo, don Ramón,

que con las viandas van que chutan.

-Y no quedará aquí nuestra fraternidad con ese pueblo golpeado.

Pienso organizar con todos los vecinos

una colecta y enviar la recaudación.

-Terminaremos llorando todos.

Al tiempo. -Perdonadme.

-Vamos, Casilda.

Como te lo cuento, Úrsula nos ha invitado.

Se ha dado cuenta de que nos necesita.

-Cuidadito con la bicha, que tiene mil caras.

-Eso era antes de que, como quien dice, perdiera a sus hijas.

Prácticamente se ha arrastrado

para conseguir que asista a su convite.

-Acudiré contigo, no termino de fiarme.

-Y abundan las novedades.

Los Palacios han vuelto. Juliana, Leandro, la niña y Víctor

se apañan en París

y son felices. También ha regresado Silvia Reyes.

-Hala, ya estamos todos.

-Y cada uno en su ser. Ramón, con su corazón,

ya ha puesto en marcha una obra de caridad.

-¿Con qué objetivo? -Paliar

la desgracia de Naveros, el pueblo de Servando,

que han sufrido una riada

y han quedado a la intemperie. ¿Lo sabías?

-Pues no.

Ni siquiera el vespertino dice palabra.

-A saber qué pueblo es, será una aldea perdida de la mano de dios.

En todo caso, se puede colaborar con dinero o viandas.

Nosotros nos inclinaremos por los víveres

para que no se lo gasten en vino. -Y para colocar

lo que esté pocho. -Solo lo que esté todavía

en condiciones de alimentar. ¿Qué te has creído?

-¿Me había llamado la señora? -Sí, Casilda, cuéntanos.

¿Es tan tremendo lo de Naveros?

-Tremebundo, señora, el Apocalipsis, como si el cielo

se hubiera derrumbado en sus cholas.

Para que se hagan una idea,

el agua les llegaba a las caballerías por las orejas.

Menos mal que los animalicos saben nadar.

-Sí que impresiona.

No me extraña que Ramón haya tomado medidas.

-Tranquila, vamos a mandar comida

para que se harten.

También quería hablarte de tu primo Jacinto.

Ya sabes lo mustio que está.

¿Se te ocurre algo para levantarle el ánimo?

No sé, a él lo que le anima es el campo abierto,

la hierba fresca para sus rebaños, el agua pura del manantial.

Lo demás le resbala.

-Pues la dehesa

no podemos traérsela. Fuerza un poco las meninges, piensa en algo

que podamos prepararle en casa.

-No me viene. No me viene.

Siempre que pienso, no me viene.

¡Ah, espere, espere, que algo se me ha ocurrido!

-Pues cuenta.

¿Qué hora es? -Cálmate, por favor,

lo has preguntado dos veces en los últimos minutos.

-Debería estar ya aquí, deberíamos tener noticias.

-El retraso puede deberse a que ese doctor

no estaba en Villamanzanos y, por lo tanto, tampoco mi hijo.

-No digas eso, no podemos venirnos abajo.

-En eso tienes razón.

Blanca, no perdamos la esperanza.

-Tengo un mal presentimiento.

-No existen los presentimientos,

solo los hechos puros y duros

y nuestra deducción es exacta.

Úrsula ha llevado a Moisés a ese pueblo para escondérnoslo.

Y daremos con él.

-¿Cuándo?

-Si no vuelve, saldré a buscarle.

-¡Iré contigo!

-No seas impulsiva, Blanca.

Úrsula es capaz de cualquier barbaridad.

Moisés te necesita a salvo.

Ánimo, mi amor. Pronto terminará esta pesadilla.

-He cumplido con su encomienda, Samuel.

-Le pedí ayuda para buscar a padre.

-¿De qué forma? -Pidiéndole ayuda

al comisario Méndez. -¿Ayudará?

-Se pondrá en contacto con los servicios suizos de seguridad

para que indaguen.

-¿Confía el comisario en la policía suiza?

-Confía, aunque las gestiones

con fronteras son difíciles.

Se alargan más de la cuenta

y uno nunca sabe el interés que ponen.

-Parece que los Alday

tenemos magnetismo para los problemas.

-Lo siento.

Hacemos todo lo posible

y lamentamos nuestras limitaciones.

-No es culpa de ustedes.

Les quedamos muy agradecidos.

-Mi hermano habla por mí.

-Pero no nos conformamos.

Tomaremos nuestra medidas.

Diego, tú ocúpate de encontrar

a Moisés, yo iré a Suiza y averiguaré

yo mismo qué le ha sucedido a padre.

-También para las soluciones somos Alday.

-¡Madre, ya me está pidiendo excentricidades!

-¿Excentricidades? ¡Ay!

Dile que no es una excentricidad lo que le pido.

-Tampoco es una costumbre al uso. -¡Dale cuerda a la niña!

-No me hace falta. Estoy muy segura de lo que digo.

Es extravagante

y no creo que Jacinto se anime con algo tan...

Tan...

-¿Vas a decir tan vulgar?

Lo que aguanta una madre. -No, tan elemental, poco emotivo.

-¿Poco emotivo? Qué finolis.

¡No tienes ni idea de lo que alegra a la gente de campo!

-Pues háganlo ustedes, yo no me veo.

-Tenemos que estar todos los que compartimos hogar con él.

-Tampoco exageres tú con eso.

Lo tenemos cobijado, que no es poco.

¡Hija, hazlo por mí,

gordita! -No me llame gordita.

-Para una madre, su niña siempre será su gordita.

De cría eras una bola.

-Vale. -¿No te da pena Jacinto,

que echa de menos tanto a su rebaño que languidece como las amapolas?

-Claro que sí. Pero de ahí a... -¡Prepárense, prevengan,

que viene el melancólico!

-Vamos. Tú aquí, hija.

Lástima que no nos haya dado tiempo

a hacer gorgoritos. Venga.

¡Un, dos, tres! (TODOS) ¡Yepa ya!

-¡Yepa ya!

-¿Eso es todo? -Ya se lo advertí yo, madre.

-Pero Jacinto...

¿No te hemos transportado a tu pradera,

o lo que tengas por allí, ni por un momento?

-¡Primo, por el amor de Dios, haz un poder y sal del pozo!

-Se lo agradezco de verdad. Ha sido muy bonito por su parte.

Ahora, si puede ser,...

me vuelvo al jardín.

¿Carmen?

Carmen, ¿dónde estás!

¡Carmen!

¡Ven inmediatamente!

-Estaba haciendo la colada, señora.

-No te he preguntado por tus labores.

Solo quiero que, cuando llame, acudas inmediatamente.

-Apenas me he demorado, señora. -¡No me repliques!

-Lo siento.

-No sé si ha llegado a tus oídos

que daré una comida a las señoras y señores de Acacias.

-No, doña Úrsula, no me lo había comunicado.

-Pues te lo digo ahora. -¿Quiere que prepare algo especial?

-A eso iba.

¿Sabes cocinar arenques?

-Nunca los he hecho, señora, aunque no estoy muy segura

de que sean apropiados para un convite de alcurnia.

-En España, es comida de pescadores y de pobres,

pero en otros países son un manjar.

Quiero sorprender a mis invitados.

-Descuide, que me buscaré las mañas para informarme de cómo prepararlos

y presentarlos.

-No esperaba menos de ti.

Esa comida es muy importante para mí y mi futuro

y no quiero el menor desacierto.

-Procuraré complacerla.

-Estoy segura de que así será.

-¿Puedo retirarme?

-Solo una cosa más.

El banquete no será de mi agrado

si no acuden mi hija Blanca y Diego.

-¿Qué quiere usted, señora?

-Nunca aceptarán una invitación

que provenga de mí.

He pensado que hicieras de intermediaria.

-Si es lo que usted desea...

-Sí, es lo que me gustaría.

Invítalos de viva voz y procura que asistan.

-Así lo haré.

(HABLAN EN RUSO)

No es necesario, me fío por completo de sus gestiones.

-Es el conocimiento de embarque.

El armador no perdió tiempo.

-Si la burocracia nos favorece, espero que el mar

no se oponga a nuestras intenciones.

-Hola. -Hola, Silvia.

-Doña Silvia.

-No sabía que estaba aquí, Esteban.

-El coronel me mandó llamar.

-Sabía que vendrías a informarme y me pareció de justicia

que nuestro amigo estuviera presente.

-¿Le ha puesto usted al corriente? -No del todo.

-Esteban ha corroborado que vuestro tino e insistencia

han hecho que el armador se tome a pecho

la travesía. Mi más sincera enhorabuena.

-El vapor ha salido ya hacia Filipinas.

Solo queda preparar la acogida.

-¿Cuánto tiempo tenemos? -Un mes.

-Nos pondremos en contacto

con las familias para que nos informen de sus posibilidades

y gestionaremos ayudas para quienes las necesiten.

-No habéis dejado extremo sin contemplar.

-El primer grupo será nuestro bautizo.

Si logramos, no solo traerlos sanos y salvos,

sino reinsertarlos, habremos cumplido.

-Sé que así será.

-Pero no nos durmamos en los laureles.

Propongo elaborar una lista. -Naturalmente.

-Me parece una buena idea.

-Pero no ahora mismo.

Os habéis ganado un descanso.

Nos pondremos a ello,

no sé, mañana.

-¿Hemos terminado? Tengo algo de prisa.

-Sí, ¿verdad? -Sí.

Que pasen ustedes una buena noche.

-Aunque suene reiterativo, buen trabajo.

-Doña Silvia. -Con Dios.

No esperaba encontrarme a Esteban.

-Ahora podemos estar a solas.

-Pensé que preferirías estar solo para leer la carta de Elvira.

Ven... Te he echado tanto de menos...

-Yo también.

-¿Estás seguro?

¿Has pensado en nosotros? ¿Estás más tranquilo?

-Creo que sí.

-Arturo, he estado dándole vueltas

y creo que lo he entendido todo.

-¿El qué? ¿Tan difícil soy de comprender?

-Sé lo que te sucede, Arturo.

Intentemos no estar pendientes de la hora.

-El retraso es notorio.

No sé si seré capaz de esperar más.

-Démosle hasta medianoche.

Si Riera no llega antes de esa hora, saldré hacia Villamanzanos.

Me he sentido muy orgulloso de Samuel.

-Lo he notado.

-No solo por su disposición para ir a aclarar lo de mi padre,

también por el desprendimiento que supone

estar a nuestro lado y ayudarnos.

-No muchos hombres se amoldarían a esa situación.

Tiene mucho coraje y poco rencor.

-Vuelve a ser mi hermano, aquel niño desprendido

y animoso que siempre fue.

-Lo he estado pensando.

Cuando recuperemos a Moisés,

deberíamos permitir a Samuel que le viera crecer,

que estuviera a su lado.

-Me parece una idea excelente.

Se alegrará mucho cuando se lo digamos.

(Llaman a la puerta)

¿Qué sucede ahí fuera?

-¡Riera!

¿Qué ha sucedido?

Va a entrar doña Trini y verás.

-Yo no he podido disfrutar de París sin ti.

-Exagerado. -De verdad.

Me parecía la ciudad más triste del mundo, una cárcel.

-¡Descarada!

Lolita, haz el favor,

mujer. -"No voy"

a perder el sueño por ese hombre.

-Algo de cariño le tendrás a la chocolatería.

-Cariño

y amor y pasión te tengo a ti.

-¿Un macaron?

Son unos dulces franceses

que nunca había visto en España.

Me los han traído los Palacios,

hechos por mi nuera, por Juliana.

-Trini, qué gusto verla de nuevo

por el barrio. -Llegamos ayer.

-Espero que haya tenido

buen viaje.

Están invitados a comer en mi casa,

al igual que el resto de las vecinas.

Les haré llegar la invitación,

será mañana a mediodía.

-Muchas gracias. -"¿Cómo está?".

¿Ya instalada? -Ya instalada, gracias.

¿Asistirá a la comida de doña Úrsula?

-No, de ninguna manera.

Salgo de viaje y me resulta imposible.

-¿Se va de viaje? -Así es.

A Suiza.

De hecho necesitaba hablar con usted.

-Estoy a su disposición.

-¿Dónde se supone que van?

-No es de tu incumbencia. -¡No pueden dejarme solo!

-¿No? ¿Quieres probar? -¡Por favor! ¡Ya está bien!

-¿Quiere dejarme solo?

-¡Yo no sé lo que quiero ni lo que no quiero!

-Vámonos. -¿Y Flora?

-"¿No piensa contarle la verdad?".

-No mientras considere que seré una carga.

Solo lo haré si logro manejarme sin ayuda.

-Siempre habrá imprevistos.

Nadie se puede aprender el mundo de memoria.

-Me niego a ser un inválido.

-La valía de una persona está en el corazón.

-Eso solo a mí me compete. -"Te noto a punto de rendirte".

-No. Te agradezco lo que haces por nosotros.

-Es mi obligación.

Creo que contaré con ayuda en Suiza, Felipe ha quedado

en pedirle al comisario Méndez recomendaciones

en la policía.

-Fantástico. -"Te agradezco"

lo que haces por nosotros.

Y los riesgos que estás corriendo.

-No, señora, no me lo tiene que agradecer,

se trata de intentar salvar la vida de un niño.

Nada es suficiente.

  • Capítulo 781

Acacias 38 - Capítulo 781

12 jun 2018

Diego cuenta a Samuel que Riera sigue la pista del doctor Pallero. El investigador llega a Villamanzanos para el entierro del doctor (fue asesinado) y antes de marchar es atacado. Silvia regresa de Italia y conoce a Lucía. Arturo consigue leer a duras penas la carta de Elvira que le trajo su prometida de Italia. Los Palacios regresan por sorpresa de París y están a punto de descubrir a los criados en su casa. Éstos, para justificar el desorden, afirman que la falta de alimentos fue para donarlos al pueblo de Servando, desolado por una inundación... Pero la mentira se les va de las manos.

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  1. María

    Yo ya estoy harta. Cada vez me aburre más y me pone d muy mal humor.

    pasado domingo
  2. Livia

    Estoy de acuerdo con los cometarios anteriores, Cayetana=Úrsula, pan con lo mismo, todo poderosas, omnipresentes, siempre 5 pasos adelante de los demás e invencibles casi inmortales, todo les sale bien, todo saben y siempre ganan. Ya es de ley que si hay alguien que sepa de sus secretos y que pudiera desenmascararlas, hay un 100% de probabilidad de que esa persona vaya a morir. Ya chole, y la verdad es que la historia absurda de Blanca/Diego/Moisés como que aburre. Pintando a Blanca como una pobre víctima, cuando no lo es en absoluto, es una adúltera sinvergüenza junto con el golfo de Diego. Ya que se vayan de Acacias y le abran paso a otros personajes

    13 jun 2018
  3. Clara Ondeante

    Ursula y Cayetana, misma maldad, haciendo lo que les viene en gana. Guionista de ambas el mismo parece, váyase Sr. o Sra. XYZ. Déjenos merendar con más tranquilidad. Por cierto mejor en el horario anterior de 16:30, no como ahora tan tarde.

    13 jun 2018
  4. Maria Ester

    El marqués de Sade un poroto al lado de los pseudo guionistas de esta serie. Mas sadismo IMPOSIBLE, la multifacética y omnipresente ursula dicenta no baja la guardia y arremete desde su mas perversa condición contra todo y todos. Le atribuyen poderes ilimitados como los de saber que y quien hará¿que cosa ( Riera yendo en búsqueda del médico por ejemplo) este personaje ( UD), y a esta altura, da repugnancia y vergüenza ajena, lo cual no parece sucederle a los que escriben los guiones, a los que el " título" de guionistas LES QUEDA MUY GRANDE

    13 jun 2018